El concepto de experiencia en
PROLEGÓMENOS A TODA METAFÍSICA FUTURA QUE
HAYA DE PODER PRESENTARSE COMO CIENCIA
de Immanuel Kant
Cristina González Fernández
Pensamiento filosófico y científico
1º Curso grado en Filosofía
Grupo 2
2
ÍNDICE
Resumen y palabras clave ………………………………………………….. 4
Introducción ………………………………………………………………….. 5
El concepto de experiencia ………………………………………………….. 6
Los fenómenos y su origen sensorial ………………………………………….. 8
Las categorías: vía para alcanzar la objetividad ………………………….. 10
El conocimiento: colaboración entre sensibilidad y entendimiento ………….. 12
Los límites de la experiencia …………………………………………………. 14
Conclusión ………………………………………………………………… 17
Bibliografía ………………………………………………………………… 18
3
Resumen
La importancia del concepto de experiencia en la argumentación de Kant para
demostrar la existencia de la metafísica. La experiencia como conjunto de conocimiento
y como colaboración de sensibilidad y entendimiento. La necesidad y los límites de la
experiencia. Análisis sobre la relevancia de los fenómenos y reflexión acerca de si todo
es experiencia o si, por el contrario, existe algo más allá de ella.
Palabras clave
Experiencia, sensibilidad, percepción, entendimiento, fenómeno, concepto.
4
INTRODUCCIÓN
Metafísica y experiencia
En Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como
ciencia, Immanuel Kant lleva a cabo una investigación cuya finalidad es comprobar la
existencia de la metafísica, objeto de estudio de la cual queda definido por el autor de la
siguiente manera: “además de ocuparse de los conceptos de la naturaleza, que encuentran
siempre su aplicación en la experiencia, la metafísica se ocupa también de conceptos
puros de la razón, que jamás son dados en experiencia alguna posible; se ocupa, por tanto,
de conceptos cuya realidad objetiva (…) no puede ser confirmada ni revelada por ninguna
experiencia, y de afirmaciones cuya verdad o falsedad tampoco puede ser confirmada por
experiencia alguna”1.
La metafísica se nos presenta, por tanto, como una ciencia que va más allá de los
límites de la experiencia y que por lo tanto abarca, en su objeto de estudio, cuestiones que
no pueden ser resueltas a través del conocimiento sensible. No obstante, tanto para dar
cuenta de estas cuestiones como para demostrar su propia existencia, la metafísica debe
servirse de la experiencia.
De esta manera, no cabe duda de la importancia que toma la experiencia en tanto
que supone un conjunto de conocimiento más allá de una simple recopilación de
percepciones. Además, la experiencia toma un papel muy relevante como fuente de
conocimiento de todo conocimiento físico. El método analítico aplicado en los
Prolegómenos parte de la experiencia.
El concepto de experiencia en sí, el modo en que, a través de fenómenos,
percibimos el mundo sensible, la formación de la objetividad, el resultado de la
colaboración entre sensibilidad y entendimiento y, por último, los límites de la
experiencia misma serán los principales puntos de análisis de esta exposición.
1
Kant, Prolegómenos, p. 199.
5
El concepto de experiencia
“La experiencia consiste en la conexión sintética de los fenómenos (percepciones)
en una conciencia, en la medida en que esta conexión es necesaria”2. Tenemos
experiencia cuando tenemos un mundo de conocimientos, esto es, un mundo organizado
conceptualmente y no un simple conjunto de percepciones.
La experiencia puede dividirse en experiencia externa, la cual supone la fuente de
conocimiento de la física, y en experiencia interna, que constituye en fundamento de la
psicología empírica. Las fuentes de un conocimiento metafísico, sin embargo, no pueden
venir dadas por la experiencia, sino sería un conocimiento físico.
“La experiencia consta de intuiciones, que pertenecen a la sensibilidad, y de
juicios, que son exclusivamente asunto del entendimiento”3. La tarea de los sentidos es
intuir, y la del entendimiento, pensar. Por tanto, la experiencia surge de la colaboración
entre la sensibilidad y el entendimiento. Kant afirma en la primera parte de la obra que la
existencia de la metafísica quedará demostrada si se responde a la pregunta: “¿Cómo son
posibles los juicios sintéticos a priori?” Para llegar a esta respuesta, debemos renunciar a
la pretensión del entendimiento, de ser la única y suficiente de conocimiento, lo que lleva
a admitir la sensibilidad como facultad cognoscitiva al mismo nivel que el entendimiento.
La sensibilidad nos permite obtener percepciones que vienen dadas por la información
que obtenemos de nuestros sentidos; solo gracias a ella son posibles los juicios sintéticos
a priori en los que el conocimiento consiste. Para Kant, el espacio, y por tanto el tiempo,
son la forma de nuestra sensibilidad. La sensibilidad es, por tanto, facultad de
conocimiento.
Kant expone un ejemplo para demostrar la necesidad de la sensibilidad en el
conocimiento: explica como, ante el entendimiento, lo más semejante a una mano es su
reflejo en el espejo, por lo que mano y reflejo serían idénticos; no obstante, la mano del
espejo no se puede poner en el lugar de la original, pues si la real es derecha, la reflejada
2
Kant, ibid., p. 145.
3
Kant, ibid., p. 143.
6
es izquierda. De este hecho solo podemos dar cuenta a través de una intuición sensible,
esto es, un fenómeno.
La sensibilidad tiene lugar, tal y como su nombre indica, en el mundo sensible.
Para Kant, “el mundo sensible no es nada más que una cadena de fenómenos conectados
según leyes universales, por consiguiente, no tiene existencia alguna por sí mismo, no es,
propiamente, una cosa en sí misma, y por tanto se refiere necesariamente a aquello que
contiene el fundamento de estos fenómenos, a seres que no sólo pueden ser conocidos
como fenómenos, sino como cosas en sí mismas” 4. Al contrario que en el párrafo anterior,
no nos encontramos aquí con la necesidad de la sensibilidad para completar con el
entendimiento, sino que queda expuesta la necesidad del entendimiento para completar a
la sensibilidad. Tan solo la colaboración de ambos puede dar lugar al conocimiento, puede
acercarnos a conocer la “cosa en sí misma”.
“Naturaleza es la existencia de las cosas, en tanto que esta existencia está
determinada según leyes universales”5. Según Kant, si la naturaleza significase la
existencia de las “cosas en sí mismas”, no podríamos conocerla nunca, por lo que el autor
afirma aquí que es imposible conocer algo en sí mismo, ni a priori ni a posteriori. En su
intento de demostrar la existencia de una ciencia pura de la naturaleza, el autor afirma
que conceptos como movimiento, impenetrabilidad, inercia y otros, siempre van a ser
dependientes de fuentes empíricas, esto es, siempre van a venir dados por la experiencia.
La demostración buscada por Kant vendrá de la mano de las leyes naturales
“verdaderamente universales”, las cuales subsisten completamente a priori y suponen
una ciencia pura de la naturaleza. Son independientes de la experiencia.
4
Kant, ibid., p. 259.
5
Kant, ibid., p. 115.
7
Los fenómenos y su origen sensorial
“Todos los objetos que se hallan en el espacio son meros fenómenos, esto es, no
cosas en sí mismas, sino representaciones de nuestra intuición sensible, y puesto que el
espacio, tal y como lo piensa el geómetra, es precisamente la forma de la intuición
sensible, que encontramos a priori en nosotros y que contiene el fundamento de la
posibilidad de todos los fenómenos externos, estos deben concordar necesariamente y
con toda precisión con las proposiciones del geómetra, proposiciones que él no extrae de
ningún concepto inventado, sino del fundamento subjetivo de todos los fenómenos
externos, a saber, de la sensibilidad misma”6. Solo de esta forma puede asegurarse el
geómetra de sus proposiciones por lo tocante a la realidad objetiva. El geómetra nunca se
encontraría trabajando sobre cosas en sí mismas, sino sobre las intuiciones y dentro de la
subjetividad de los fenómenos.
El mundo sensible contiene solo fenómenos, que no son cosas en sí mismas. Por
lo que, tal y como afirma Kant: “Espacio y tiempo, junto con los fenómenos que hay en
ellos, no son nada existente en sí mismo y fuera de mis representaciones, sino que son
solo modos de representación, y es manifiestamente contradictorio decir que un mero
modo de representación exista también fuera de nuestra representación”7. Con esto,
entendemos según el autor, que una representación de un objeto determinado no se da
dentro de los límites del espacio y del tiempo, sino que tanto espacio como tiempo son
representaciones, son fenómenos y no cosas en sí mismas.
En lo que trata a los sentidos, “los objetos de los sentidos existen, pues, solamente
en la experiencia; otorgarles, por lo contrario, aun sin la experiencia o antes de ella, una
existencia propia, subsistente por sí, significa tanto como imaginar que la experiencia
fuese efectivamente real aun sin la experiencia o antes de ella misma”8. Por tanto, carece
de toda lógica hablar de sentidos y de sus objetos de forma ajena a la experiencia, pues
es la experiencia la que nos aporta el conocimiento de nuestros sentidos como fenómenos.
6
Kant, ibid., p. 97.
7
Kant, ibid., p. 231.
8
Kant, ibid.
8
Los fenómenos toman gran relevancia en el sentido material de la naturaleza
expuesto por Kant, entendido como el conjunto de los fenómenos tales como el espacio
y el tiempo y lo que llena a ambos, así como el objeto de la sensación. El autor explica
que la naturaleza es posible en este sentido “por la índole de nuestra sensibilidad, índole
según la cual ella es impresionada, de manera que le es propia, por objetos que le son en
sí mismos desconocidos y que son enteramente diferentes de aquellos fenómenos”9.
Complementario al sentido material de la naturaleza estaría el sentido formal,
entendido por Kant como “el conjunto de las reglas a las que deben estar sometidos todos
los fenómenos”10 y cuya posibilidad se justifica por medio del entendimiento.
Tras confirmar que los juicios sintéticos a priori nunca pueden referirse a cosas
en sí mismas sino solo a fenómenos como objetos de experiencia, Kant concluye que
dichos juicios son, efectivamente, principios de la experiencia posible. “Ni la matemática
pura ni la ciencia pura de la naturaleza pueden jamás referirse a otra cosa que a meros
fenómenos, y solo representan, o bien aquello que hace posible la experiencia en general,
o lo que, siendo derivado de estos principios, debe poder siempre ser representado en
alguna experiencia posible”11. Es decir, que tanto la matemática como la ciencia pura de
la naturaleza, pueden referirse únicamente a aquello que extraen de la experiencia en
general o a aquello que podría ser representado hipotéticamente en dicha experiencia.
El concepto de experiencia posible supone un concepto importantísimo para
entender como pensó Kant la noción de experiencia, estableciendo las “condiciones de
posibilidad” de la experiencia12.
Como conclusión de este apartado, Kant afirmaría que el conocimiento humano
solo puede referirse a los fenómenos y no a el objeto en sí mismo, es decir, a lo que el
mismo denominaría noúmenos. Dicha afirmación supondría la parte esencial de la
producción filosófica de Kant, a la que él mismo etiquetaría como “idealismo
trascendental”.
9
Kant, ibid., p. 179.
10
Kant, ibid.
11
Kant, ibid., p. 169.
12
Apuntamientos de la materia (comentario de la profesora).
9
Las categorías: vía para alcanzar la objetividad
Todos los juicios de la experiencia son empíricos, pero no todos los juicios
empíricos son juicios de la experiencia. La condición que tienen que cumplir los juicios
empíricos para ser juicios de la experiencia es la objetividad. “Los juicios empíricos, en
la medida en que tienen validez objetiva, son juicios de experiencia; pero a lo que son
válidos solo subjetivamente los llamo meros juicios de percepción”13. Estos últimos no
necesitan, para su existencia, ningún concepto puro del entendimiento. Los juicios de la
experiencia, si que requieren, además de las representaciones de la intuición sensible,
conceptos originados en el entendimiento. Para que un juicio de percepción se constituya
como juicio de la experiencia debe ser objetivamente válido.
La validez objetiva, en términos de Kant, funciona como sinónimo de validez
universal necesaria. Esto quiere decir, que cuando consideramos que un juicio es válido
para todos y, por tanto, necesario, entendemos que su validez es objetiva. “Mediante este
juicio conocemos el objeto (aunque este permanezca desconocido respecto de como sea
en sí mismo) por medio de la conexión universalmente válida y necesaria de las
percepciones dadas”14. Esta condición de la validez universal de los juicios empíricos no
se funda en las condiciones empíricas ni sensibles, sino que supone un concepto puro del
entendimiento.
Por un lado, un juicio de percepción es un juicio de validez subjetiva y expresa
solamente una referencia de dos sensaciones al mismo sujeto. Por otro lado, lo que la
experiencia me enseña en ciertas circunstancias debe enseñármelo siempre, a mi y a
cualquier otro. Su validez no se limita al sujeto ni a su estado en ese momento.
El entendimiento puro tiene lugar, en este caso, cuando realizamos una síntesis
entre todas las interpretaciones que percibimos de un objeto; síntesis cuya finalidad es
dotar al objeto de validez objetiva.
Para que de la percepción pueda resultar la experiencia, “la intuición dada debe
ser subsumida bajo un concepto que determina la forma de juzgar en general con respecto
a la intuición, conecta la conciencia empírica de esta en una conciencia en general, y
13
Kant, ibíd., 125.
14
Kant, ibíd., 127.
10
procura, mediante ello, validez universal a los juicios empíricos; tal concepto es un
concepto puro a priori del entendimiento, concepto que no hace más que determinar, para
una intuición, el modo general como ella puede servir a los juicios”15.
De todo esto comprendemos que la única vía para realizar un enunciado objetivo
es adoptar una forma de enlace de los elementos de dicho enunciado, que no se base
únicamente en mi propio y particular estado perceptivo. Esta forma de enlace deberá
basarse en la forma de la conciencia en general y las formas de enlace propias de la
conciencia en general son las categorías. Estas suponen la forma en que las
representaciones del enunciado deben enlazarse para que la nueva unidad que configuran
sea admitida, en general, en una conciencia. Los juicios de percepción, combinados con
las categorías dan lugar, por tanto, a juicios de experiencia.
Esta demostración realizada por Kant y aquí expuesta, supone el propósito de la
deducción transcendental, que se encuentra, por tanto, cumplida: la objetividad de los
enunciados resulta de la intervención de las categorías.
Cabe destacar que el apartado dedicado a la deducción transcendental en los
Prolegómenos sufrió una transformación drástica a modo de síntesis en relación con
Crítica de la razón pura, donde aparece el tema desarrollado en mayor complejidad16.
Podemos afirmar, con todo, que la categoría es el instrumento principal que utiliza
el entendimiento para pensar el fenómeno. Las categorías, según Kant, son conceptos
puros, vacíos de contenido y que necesitamos para comprender la naturaleza.
En su obra, Kant ofrece un listado de las que serían las 12 categorías del
entendimiento. En primer lugar, estarían las de la unidad: unidad, pluralidad, totalidad.
En segundo lugar, estarían las de la cualidad: realidad, negación y limitación. En tercer
lugar, estarían las de relación: inherencia y subsistencia (sustancia y accidente),
causalidad y dependencia (causa y efecto) y comunidad (acción recíproca entre agente y
paciente). Por último, estarían las categorías de la modalidad: posibilidad-imposibilidad,
existencia-no existencia y necesidad-contingencia.
15
Kant, ibíd., p. 135.
16
Apuntamientos de la materia (comentario de la profesora).
11
El conocimiento: colaboración entre sensibilidad y entendimiento
Tal y como adelantábamos en el primer apartado, la experiencia surge de la
colaboración existente entre la sensibilidad y el entendimiento. La sensibilidad y el
entendimiento suponen dos factores o elementos de conocimiento de igual importancia.
El entendimiento solo daría lugar a conceptos vacíos, mientras que la sensibilidad aislada
daría lugar a representaciones ciegas privadas de conceptos, a meras modificaciones de
la receptividad no integradas aún en una conciencia. Para la producción de conocimiento
se requiere una cooperación de ambos factores.
En primer lugar, analizaremos en esta relación de necesidad mutua, la forma en la
que la sensibilidad necesita del entendimiento. La experiencia se genera mediante la
adición del concepto del entendimiento a la percepción. La percepción sin entendimiento
y por tanto sin conceptos, supone simple información sin sentido concreto, la cual llega
a nuestros sentidos y se encuentra atada a la subjetividad, tal y como vimos en el apartado
anterior. Con el concepto del entendimiento, sin embargo, lo que hacemos es ordenar esta
información de una forma tal que la subjetividad pasa a objetividad, pues con esta forma
ordenada los juicios que cualquier individuo emita sobre dichas percepciones serán
iguales necesariamente, cobrarán validez objetiva. Si se relaciona intuición y forma
general de entendimiento, el resultado supone conocimiento universal y objetivo.
En segundo lugar, analizaremos la forma en la que el entendimiento necesita de
la sensibilidad. En palabras de Kant, “tampoco los conceptos puros del entendimiento
tienen significado alguno, si se pretende apartarlos de los objetos de la experiencia y
referirlos a cosas en sí mismas (…) Sirven solo, por así decirlo, para deletrear los
fenómenos, con el fin de poder leerlos con experiencia; los principios, que surgen de su
referencia al mundo sensible, sirven solo a nuestro entendimiento para el uso de la
experiencia; fuera de ello son enlaces caprichosos sin realidad objetiva”17.
La posibilidad de estos enlaces no se puede conocer a priori y su referencia a
objetos, además, no se puede confirmar con ejemplos, pues estos ejemplos solo pueden
ser tomados de alguna experiencia posible. Además, tampoco los objetos de estos
17
Kant, ibíd., 167.
12
conceptos pueden encontrarse en ninguna otra parte más allá de la experiencia posible.
El entendimiento, por tanto, supone algo vacío sin la experiencia.
En una parte más avanzada de su argumentación, Kant remarca que, “a pesar de
que nuestros conceptos puros del entendimiento y nuestros principios puros son
independientes de la experiencia, e incluso a pesar del alcance, aparentemente mayor de
su uso, con ellos no se puede, sin embargo, pensar nada fuera del campo de la
experiencia”18. Esta afirmación de Kant se sustenta sobre la idea de que los conceptos
puros del entendimiento determinan la forma lógica sobre intuiciones dadas, pero
teniendo en cuenta que más allá de la experiencia ninguna intuición puede tener lugar,
estos conceptos carecen de significado alguno.
Estos conceptos serían, por tanto, representaciones de un problema cuyo objeto sí
es posible pero cuya resolución es, debido a la naturaleza de nuestro entendimiento,
imposible. Esto se debe a que nuestro entendimiento no es facultad de intuición, sino de
conexión, la intuición debe ser aportada necesariamente por la experiencia. ¿En que se
basa entonces esa facultad de conexión del entendimiento? Pues en conectar,
precisamente, esas intuiciones dadas dentro de una experiencia. Sobre dicha experiencia,
asegura Kant que ya se mostró que debe contener todos los objetos de nuestros conceptos,
pero que fuera de ella, todos los conceptos carecerán de significado, al no poder ponerse
bajo ellos ninguna intuición.
En conclusión, los conceptos puros son incapaces de suministrar conocimiento sin
la cooperación de la sensibilidad.
18
Kant, ibíd., 175.
13
Los límites de la experiencia
En el desarrollo argumentativo que Kant lleva a cabo en los Prolegómenos,
plantea una cuestión acerca de la magnitud del mundo según el espacio y el tiempo.
Afirma que, para todos sus conceptos es tan imposible decir que es finita como infinita,
pues ninguna de estas alternativas está contenida en la experiencia. Aquí nos presenta
pues, el autor, cosas que la experiencia no puede determinar, pues se encuentran más allá
de sus límites. “No es posible la experiencia de un espacio infinito, ni de un infinito
tiempo transcurrido, ni de la limitación del mundo por un espacio vacío o por un tiempo
vacío precedente; estas solo son ideas”19.
Tras esta limitación de la experiencia aparece, en la argumentación de Kant, una
contradicción. Pues si bien es cierto que la experiencia no puede determinar la magnitud
del mundo y esta se encuentra, por tanto, reposando sobre sí misma, se esta
contradiciendo el concepto de mundo sensible. Este fue definido por el propio Kant como
un conjunto de fenómenos, los cuales solo pueden tener lugar en la representación, es
decir, en la experiencia.
Parece que, en este punto, nos vemos imposibilitados a comprender y dar solución
al problema de magnitud, de ahí que el autor afirme: “los objetos que nos son dados por
la experiencia nos resultan incomprensibles en muchos aspectos”20. Por el contrario,
cuando abandonamos la naturaleza y en el proceso de su conexión sobrepasamos toda
experiencia sumiéndonos en meras ideas, dice Kant que entonces nada nos parecerá
incomprensible y la naturaleza de las cosas ya no nos planteará problemas insolubles.
Solo nos ocuparíamos, de esta manera, de conceptos cuyo origen se encuentra en nuestra
razón. “La razón puede y debe rendir completa cuenta de su propio proceder”21. El
entendimiento no causaría ninguna incomprensión en nosotros principalmente porque no
extrae sus leyes de la naturaleza a priori, sino que se las prescribe a esta. En resumen,
dentro de nuestras ideas, sin la experiencia, nada nos parecerá incomprensible.
19
Kant, ibíd., p. 231.
20
Kant, ibíd., p. 247.
21
Kant, ibíd.
14
¿Pero como puede este entendimiento y por tanto la razón aportar conocimiento
sin extraer leyes de la naturaleza? Por los juicios sintéticos a priori, los cuales, de existir
realmente, demuestran la existencia y la necesidad de una ciencia metafísica.
Los juicios sintéticos contienen en su predicado algo que no estaba pensado en el
concepto general de cuerpo, y dan lugar, por tanto, a un aumento de conocimiento al
agregar algo al concepto. Este tipo de juicios pueden ser a posteriori, cuyo origen es
empírico y por tantos sí deben extraer leyes naturales para su formación. Sin embargo,
existen también juicios sintéticos a priori, los cuales surgen del entendimiento puro y de
la razón pura. No necesitan, en absoluto, de la experiencia.
Lo que Kant califica como el error de Hume, es la afirmación que este último hizo,
asegurando que este conocimiento a priori “no es sino una larga costumbre de hallar
verdadero algo y por ello tener por objetiva la necesidad subjetiva”22.
Kant demuestra dicho error afirmando que la existencia de estos juicios sintéticos
a priori, la cual demostraría la existencia de la metafísica, se encuentra, a su vez,
demostrada por la matemática. “Todo conocimiento matemático (…) debe presentar su
concepto previamente en la intuición, y ello a priori, por consiguiente, en una intuición
tal que no sea empírica, sino pura”23. El conocimiento matemático tiene su fuente,
nuevamente, más allá de los límites de la experiencia.
En este punto puede surgir la duda de cómo determinar los límites de la
experiencia, hacia los cuales, según Kant, somos conducidos por la propia razón, pues
nos lleva “hasta la referencia a algo que no debe ser objeto de la experiencia, pero que,
sin embargo, debe ser el fundamento supremo de todos los objetos de la experiencia”24.
Debemos recordar este fragmento de la definición del objeto de la metafísica
propuesta por Kant y por la que ya hicimos referencia en la introducción de esta
exposición: “la metafísica se ocupa también de conceptos puros de la razón, que jamás
son dados en experiencia alguna posible; se ocupa, por tanto, de conceptos cuya realidad
objetiva (…) no puede ser confirmada ni revelada por ninguna experiencia, y de
afirmaciones cuya verdad o falsedad tampoco puede ser confirmada por experiencia
22
Kant, ibid., p. 69.
23
Kant, ibíd., p. 79.
24
Kant, ibíd., p. 275.
15
alguna”25. En él, queda reflejado el papel de la metafísica como ciencia de aquello que
no es objeto de la experiencia, que va más allá de sus límites. Estos objetos serían los
noúmenos, los entes suprasensibles, que no se podrían conocer más que por analogía con
los objetos de la experiencia, por lo que solo tendrían un uso práctico. Los propios límites,
a su vez, también serían estudiados por la metafísica.
25
Kant, ibíd., p. 199.
16
CONCLUSIÓN
Tras la lectura y posterior análisis de los Prolegómenos a toda metafísica futura
que haya de poder presentarse como ciencia, y poniéndonos en constante relación con el
concepto kantiano de experiencia, nos vemos capacitados para formular y responder a la
pregunta: ¿todo es experiencia o existe algo más allá de ella?
Efectivamente, existe algo más allá de toda experiencia, sería lo que Kant
denominaría noúmeno, esto es, el objeto en sí mismo. Los noúmenos serían las cosas tal
y como son independientemente de la experiencia, esto es, en su realidad física objetiva.
Estas cosas existen, pero no podemos saber nada sobre ellas, pues para el conocimiento
humano es imposible conocer las cosas en sí mismas, limitándose, de tal forma, a meros
fenómenos.
Kant etiquetó su producción filosófica como “idealismo trascendental”, a
sabiendas de que él no es idealista en el sentido tradicional de la palabra. Lo que quiere
decir con trascendental es que lo que forma las ideas son los contenidos del conocimiento,
no los objetos en sí. El autor afirma que, aunque solo podamos conocer los fenómenos de
las cosas tal y como nos llegan a través de nuestros sentidos, dichas cosas sí existen, pero
no conocemos, por tanto, su realidad efectiva.
El problema de la metafísica tradicional era la pregunta por la cosa en sí, lo que
se conoce como sueño dogmático. Para Kant, tal y como hemos observado, ese no es el
problema, sino la condición que nos permite conocer estas cosas. Como sujetos pensantes,
imprimimos ya una forma a la cosa que nos permite pensarla en sí. Solo podemos
conocerla como fenómeno, dentro de la experiencia.
Por lo tanto, sí existe algo más allá de la experiencia, pero nuestro conocimiento
humano no puede alcanzarlo, sino que se encuentra dentro de los límites de la experiencia,
donde solo percibe fenómenos. La ciencia encargada del estudio de las cosas en sí
mismas, situadas tras estos límites no es otra que la metafísica.
17
BIBLIOGRAFÍA
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http://www.bdigital.unal.edu.co/22391/1/18993-62023-1-PB.pdf
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