Lección 7 Orientación Ministerial
Lección 7 Orientación Ministerial
MINISTERIAL
Lección VII
PRIORIDADES MINISTERIALES
2 Corintios 10:15-18 “No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos
que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra re-
gla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro
para gloriarnos en lo que ya estaba preparado. Mas el que se gloría, gloríese en el Señor; porque no
es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.”
¿Por qué?
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La vida cristiana tiene un proceso hermoso desde que conocemos a Cristo como Señor y Sal-
vador, pues cada día vivimos experiencias gloriosas y maravillosas. Ese trato de Dios con noso-
tros empezó con nuestra respuesta a Su amor, creyendo en Él, por el deseo de libertad y res-
tauración. Comenzamos a orar, a asistir a la iglesia, a leer la biblia, a cambiar hábitos destructi-
vos, a ejercitar nuestro espíritu, a tratar de ser testimonio en nuestra familia, entre muchas co-
sas que empezaron a cambiar desde el momento que abrimos nuestro corazón al Señor. Lo
importante de recordar nuestros comienzos, es entender que esos mismos ejercicios, deseos,
amor, determinaciones y firmeza en Dios son los que nos mantienen y nos hacen crecer de
manera continua. Por lo tanto, es importante resaltar que no podemos olvidar de lo que hici-
mos y lo que hizo Dios para sacarnos de donde estábamos, pues eso es lo que nos mantendrá
enfocados en el propósito de Dios. Cuando las personas se olvidan de la esencia del evangelio y
se desenfocan, se desvían y se enfrían espiritualmente.
1 Samuel 15:22 “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en
que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el
prestar atención que la grosura de los carneros.”
Quienes se disponen a servir al Señor, deben tener la revelación y la visión de los planes que
Dios tiene con sus vidas. Los fundamentos nunca se deben olvidar, la responsabilidad del creci-
miento integral continuo debe ser una prioridad, y las tareas básicas como creyentes deben ser
nuestra bandera. Cuando alguien está sirviendo a Dios en algún área de apoyo o de cualquier
otra forma en las que desarrollamos los dones, talentos, habilidades, llamado y ministerios,
quienes le ven dan por sentado, y es el ideal ministerial, que esa persona se ha esforzado por
tener cualidades básicas del creyente. Tener vida de comunión, buen testimonio y las demás
evidencias que la persona que sirve a Dios debería haber aprendido y establecido en su propia
vida, aunque sabemos que el proceso es durante toda nuestra vida, debe notarse la diligencia
por el cumplimiento de los mandamientos de Dios a todo creyente. Así que debemos agradar al
Señor antes que a los hombres; servir a Dios antes que a nosotros mismos; vivir para agradar al
Señor. Que desde nuestro secreto, con nuestra familia y aunque nadie nos vea, le seamos fieles
a Dios y Él nos recompensará en público.
1 Juan 4:20-21 “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que
no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros
tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”
Es nuestro reto recordar y mantenernos enfocados en lo que Dios nos ha mandado a hacer sin
menospreciar las primeras cosas que ahora podríamos ver como pequeñas, pero que en nues-
tros comienzos fueron contundentes, pues el engaño del enemigo lleva a la gente a que lo más
básico se dé por obvio y que se olviden los fundamentos de lo que hacemos, y cuando eso pasa,
las cosas que al principio nos parecían un privilegio puede tornarse aburridoras o una carga para
nuestra vida. Por ejemplo, es posible que una persona que sirva dentro de la iglesia, llegue tem-
prano a sus reuniones y asista a los servicio, pero haya dejado a un lado la lectura de la Biblia, la
vida de oración, y pronto esa persona comienza a abandonar el ministerio porque dejó los fun-
damentos a un lado.
Otras personas podrían servir en la iglesia y saludan con amabilidad, respeto y alegría a quienes
vienen a la congregación, sin embargo, al olvidar el orden de las prioridades, en su propia casa
son personas iracundas, imponentes y altaneras; y esto pasa porque la persona ha puesto el mi-
nisterio del servicio dentro del templo como prioridad antes que la familia en la que Dios le pu-
so. No se le está quitando importancia al ministerio dentro del templo, sino que se da por su-
puesto que una persona que sirve a Dios, debe poner por obra lo que sabe hacer delante de la
gente, el ministerio demanda que no hayan pecados o actitudes ocultas, sino que la persona
tenga una comunión constante con el Señor, que se esfuerce por obedecer a Dios aunque nadie
le vea y que aplique con su familia lo que Dios le ha pedido. Del secreto a lo público.
1 Timoteo 3:5 “(pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de
Dios?)”
A.DEVOCIONAL PERSONAL: Vida de comunión con Dios. Jeremías 23:21-24 “No envié
yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran
estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su
mal camino, y de la maldad de sus obras. ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios
desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice
Jehová, el cielo y la tierra?”
La mayor de nuestras prioridades es nuestra comunión con Dios. De ahí depende todo en
nuestra vida. Una vida de comunión con Dios es tener tiempos de intimidad con Él, es decir,
establecer un devocional donde diariamente oremos con fe, creyendo que Él está ahí, que ejer-
citemos la disciplina de leer la biblia y de recibir direccionamiento para nuestra vida. Todos los
días tenemos tentaciones, pruebas y necesidades, en las que debemos saber cómo debemos
proceder, y si no tenemos nuestro espíritu despierto para Dios, seguramente el enemigo toma-
rá ventajas. Es por eso, que nuestra vida depende de nuestra comunión con Dios. ¿Cómo pre-
tende servir alguien que no tiene comunión con Dios? Pues si hablamos de ministerio, este está
ligado directamente con lo que Dios quiere que hagamos. Sino, cualquier impío podría hacer lo
que hacemos, ya que muchas personas que no conocen al Señor, en su ignorancia tratan de ha-
cer las cosas para Dios, obviamente errando en la mayoría de las ocasiones. Por lo tanto, es im-
portante una vida de comunión con el Señor que nos puso en el ministerio, pues podríamos
servir al ministerio, pero no al Dios del ministerio.
Jeremías 10:21 “Porque los pastores se infatuaron, y no buscaron a Jehová; por tanto, no prospera-
ron, y todo su ganado se esparció.”
Mateo 6:6 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está
en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
Considerando que tenemos comunión con Dios, no es para alardear de ello, sino que en nues-
tro secreto Dios se nos manifiesta. Al salir de ese cuarto secreto con Dios, el primer escenario
al que llegamos es el de nuestra familia. Nuestra comunión con Dios es la despierta el amor y la
compasión por ver a nuestra familia transformada por Su poder. Quienes descuidan su comu-
nión con Dios no les interesa ser usados como instrumentos en las manos de Dios para bende-
cir su propia casa. Y si a pesar que estamos sacando esos momentos de oración no hacemos
nada por nuestra familia, debemos evaluar a qué Dios le estamos hablando, pues de seguro el
Dios que nos llamó, así como a Abraham, tiene un propósito con la familia de la que hacemos
parte. Este es uno de los retos más grandes en la vida de cualquier persona. Quienes nos cono-
cen con mayor certeza son las personas que han estado a nuestro lado la mayor parte de nues-
tra vida y que saben de dónde hemos venido.
Génesis 12:2-3 “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás
bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en
ti todas las familias de la tierra.”
Muchas personas pretenden salir a predicar o servir en otros lugares, y llegan a sentirse inútiles
porque no están haciendo lo que otras personas en la congregación hacen, o de la manera co-
mo lo están ejecutando, esto es porque han olvidado que en su casa tienen un escenario mara-
villoso y que Dios respalda con poder y autoridad, sin embargo, buscan gloria de hombres en
vez de ser útiles en servir a su propia familia. El llamado a servirle al Señor viene en un paquete
completo que Dios prepara, lleno de Su gracia, unción, poder y revelación. Esto se puede utili-
zar directamente en beneficio de nuestra familia, pues es nuestro primer ministerio. Si servimos
en nuestra propia casa tendremos un tremendo en el ministerio fuera de esta. Tenemos testi-
monios en nuestra casa que respaldan lo que le compartimos a la gente que nos rodea. Como
puede pretender una persona guiar a otras personas a algo que ni siquiera han intentado en su
propia casa.
Marcos 5:18-20 “Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase
estar con él. Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales
cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. Y se fue, y co-
menzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravilla-
ban.”
Una de las estrategias que Dios ha confirmado para ejercer el ministerio dentro de la familia es
el Devocional Familiar, pues este es un tiempo donde una persona puede aplicar lo aprendido
en su tiempo de comunión con Dios. Entre muchas cosas que hay para hacer en la casa con las
que podemos ejercitar el servicio dentro del hogar, el Devocional Familiar es el momento
cumbre, pues es ahí donde podemos ser específicos en nuestra predicación del evangelio. Mu-
chas personas se impiden así mismas el establecer el devocional familiar, pero es más por no
querer renovar su testimonio en otras áreas que por falta de respaldo de Dios. El Devocional
Familiar es la estucada final de una serie de estrategias que Dios le muestra a cada persona en
particular para su propia familia. Generalmente sabemos lo que le gusta a nuestra familia, y eso
será parte de nuestra estrategia; hacer y tratarles como más les gusta, siempre y cuando no
atente contra nuestra santidad y comunión con Dios. Por otra parte, debemos cuidarnos de
utilizar lo que sabemos que no les gusta u ofende, pues el enemigo también podría usarnos para
destruir. Por lo tanto, las confrontaciones y formas de predicarles serán trazadas por el Espíritu
Santo. He aquí que aun en esto se requiere una vida de constante revelación en comunión con
Dios.
El ministerio se va haciendo más público cuando entendemos que es Dios quien nos ha puesto
en cada lugar donde estamos, no para adornar o recibir lo que allí nos darán, sino también para
ser de bendición y llevar la Luz del Evangelio con lo que Dios nos indique. De igual forma po-
demos resumir hasta ahora, que una persona debe estar primero en el secreto de Dios, impar-
tir a su familia y donde esté tendrá la motivación para compartir lo que vive a diario en la pre-
sencia de Dios. Muchas personas tratan de que nadie les note donde se encuentren, hacen solo
lo que les indican y no se comprometen más allá de lo que les toca. Eso laboralmente es acep-
table, sin embargo, Dios nos puso allí con un propósito, el cual Él ya debió indicarnos. Esto se
aplica a cada lugar donde sabemos que Dios nos ha puesto; en nuestro barrio, conjunto, univer-
sidad, grupo, entre muchos escenarios en el que Cristo Jesús será glorificado por nuestro minis-
terio.
Hechos 1:7-8 “Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso
en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me
seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
Las personas están expectantes de todo lo que hacemos, no por lo maravilloso que podamos
ser, sino porque tenemos la referencia de cristianos, y por lo tanto esperan que reflejemos esa
verdad. Hay muchas formas de servir a la gente que nos rodea, desde una buena atención hasta
la excelencia en lo que se nos ha delegado, hablan de nuestro ministerio. En esas formas de
servicio se nos abre una puerta directa para compartir el evangelio de Cristo, y además se pre-
para el corazón para que se convierta en una buena tierra donde la Palabra de Dios de frutos
abundantes. Si el Señor nos da la oportunidad de dar testimonio de Su evangelio, no debemos
callar, sino aprovechar para hacer cumplir el propósito que Él trazó a ponernos allí.
Hebreos 12:1 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de tes-
tigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera
que tenemos por delante”
Así como el Devocional Familiar es una estrategia para ejercer el ministerio dentro de la familia,
es necesario establecer estrategias que nos comprometan con esta prioridad de nuestro servi-
cio para Dios. El evangelismo continuo, tener la buena costumbre de evangelizar donde este-
mos, con tratados, con frases contundentes, o de la manera que Dios nos regale para hacerlo,
aprovechando cada oportunidad para compartir el mensaje de salvación. No podemos ser
bomberos que miremos a la gente correr al fuego del infierno sin hacer nada. Tanto quienes
nos vemos regularmente en el trabajo, estudios y vecindad, como aquellas personas que even-
tualmente nos encontramos en los trasportes, en el comercio o que coincidimos en un lugar
específico, son momentos preparados por Dios como conexiones para ejercer nuestro ministe-
rio.
Marcos 1:38-39 “El les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque
para esto he venido. Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demo-
nios.”
Además, tenemos a la mano la estrategia de establecer una célula de evangelismo donde ten-
gamos la oportunidad de predicarles a un grupo de personas que tienen en común su trabajo, el
sector donde viven o intereses personales. Pueden ser nuestros mismos círculos sociales a
quienes decidamos reunir en un mismo lugar para compartirles la verdad de Dios, utilizando las
estrategias versátiles de la Casa Central. Las estrategias son estocadas finales, en este caso la
Casa Central será el escenario donde las personas puedan recibir la palabra de parte de alguien,
que de alguna forma ha demostrado a Cristo en algún área de su vida y que testifica con su vida.
Una persona que establece una Casa Central o participa como parte del Equipo de Servidores
de la misma, está ejerciendo su ministerio de servicio al Señor. Recordando siempre la depen-
dencia de mantenerse en una vida de comunión con Dios y siguiendo el orden de servir a su
familia. ¿Puede alguien predicar del Dios que no conoce? ¿Merece una mayor atención nuestra
comunión con Dios y nuestra familia que el servicio a otras personas? Sin caer en el menospre-
cio de una labor y otra, debemos reconocer las prioridades en nuestra vida, y el hecho de que
no hagamos una cosa no quiere decir que debamos renunciar al ministerio. Por el contrario, si
nos damos cuenta que estamos bajándole intensidad a nuestra comunión con Dios y a la aten-
ción a nuestra familia, es sabio ponernos a nivelar todas las áreas de nuestra vida de manera in-
mediata.
2 Timoteo 4:1-2 “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a
los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera
de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”
El Señor nos ha puesto en el lugar indicado para desarrollarnos, por eso nos ubicó en la congre-
gación y con los líderes que Él mismo escogió para discipularnos en nuestro proceso de creci-
miento integral. Debemos tener referencias claras del liderazgo que nos rodea, pues algunas
personas desarrollan roles específicos en el liderazgo, y siempre debemos procurar tener al-
guien a quien podamos rendir cuenta para ser evaluados en el temor de Dios. Aunque sabemos
que nuestra guía, sustento y pastor debe ser el Espíritu Santo, sin embargo, reconocemos la
unción y el llamado que Dios depositó en las personas que Él estableció para apoyarnos en el
proceso. Hay diferencias particulares en el liderazgo que se ha responsabilizado en nuestra
formación y cuidado espiritual, y otras personas a quienes debemos responderle por resultados
en el servicio que asumimos delante de Dios. Es decir, tenemos una persona que Dios puso pa-
ra dirigirnos en el área de servicio, aunque también nos puso alguien para discipularnos. Sin
menospreciar a ninguna persona, debemos establecer prioridades y mantener los roles claros
de lo que recibimos de cada uno.
1 Corintios 4:1-4 “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de
los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado
fiel. Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a
mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me
juzga es el Señor.”
El mismo Jesús estableció el discipulado como herramienta eficaz para la edificación de la Igle-
sia, estableciendo personas que discipulan y llevar a los discípulos a convertirse en discipulado-
res. Dios nos ha dirigido a establecernos en una estructura ministerial que le dé cobertura per-
sonalizada a cada creyente de la iglesia, es decir, cada creyente debe tener alguien que le disci-
pule. Además hay personas asignadas en liderar las tareas de servicio en las áreas de apoyo, pa-
ra coordinar las responsabilidades y delegarlas a quienes se disponen a servir dentro de la igle-
sia. Una persona en el nivel de Orientación Ministerial debe tener bien claro el papel de las per-
sonas con quienes tiene vínculos de cobertura. Además, debe aplicar bien el trato con ambas.
Aunque las personas que lideran deben tener una formación y desarrollo espiritual, no debe-
mos cargar a un líder de área de apoyo con asuntos de discipulado, pues este también debe te-
ner discípulos a quienes atiende personalmente. No quiere decir que nunca pediremos apoyo a
estas personas o que Dios no las use en algún momento para hablarnos con autoridad, sin em-
bargo, esa identidad debemos desarrollarla con nuestro líder de discipulado.
Juan 17:19-20 “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en
la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la pa-
labra de ellos”
Muchas personas se sienten apáticas al discipulado, sin embargo quieren servir dentro de la
iglesia. Esta raíz viene primero de la deficiencia en su comunión con Dios y demás prioridades
ministeriales. Cuando alguien realmente tiene un enfoque ministerial se mantiene bajo cobertu-
ra personalizada en la estructura que Dios establece para la Iglesia. No hay coherencia en una
persona que no quiera ser discipulada pero que sí quiera que otros reciban su servicio, pues lo
que hace el líder es servir con su cobertura ministerial. El ideal es que cada persona reconozca,
valore y honre a quien Dios le puso como líder. Esto lo hace asistiendo fielmente a su célula de
discipulado, poniéndose metas ministeriales y avanzando en su proceso de crecimiento integral.
Dentro de las responsabilidades que asume un líder está la de acompañar dentro del PCI, apo-
yándole, monitoreándole y ayudándole a cumplir las metas en cada etapa. Una persona bajo
cobertura ministerial puede ministrar y liderar en cualquier área de servicio dentro y fuera de la
iglesia. La idea es que una persona que sirva en la iglesia pueda tener una vida de comunión con
Dios, que sirva en su casa, que comparta el evangelio y que esté bajo cobertura ministerial.
Cuando estamos en un lugar sirviendo debemos cargar el ADN de la unción que Dios ha puesto
en la cobertura ministerial y que estemos completamente identificados con la forma de trabajo
que Dios ha dado al liderazgo en el que Él mismo nos puso. De lo contrario, fácilmente es una
puerta abierta a la rebelión. (Lea Efesios 4:11-16)
En ocasiones, cuando se habla de ministerio o servicio para Dios solo se enmarcan las tareas del
qué hacer en el templo. Ya hemos descubierto una serie de prioridades y responsabilidades que
corresponden como prioridad en el propósito de ser útiles en las manos de Dios. Servir a Dios
con nuestras capacidades es algo que se demanda por la gracia, es decir, esos dones, talentos y
experiencias que tenemos no fueron por nuestra fuerza, sino porque Dios nos ha alargado la
vida, permitiéndonos aprender y saber lo que hoy podemos usar para su servicio. Damos de
gracia lo que hemos recibido de gracia. Es bueno ser útiles en las manos de Dios haciendo cosas
que hemos aprendido o estamos dispuestos a realizar, es un privilegio enorme. No siempre sa-
bemos o hemos aprendido lo que requiere nuestra disposición para el servicio, en ocasiones,
tendremos que prepararnos técnicamente para el servicio, lo importante es tener un corazón
enseñable y entender que lo hacemos para el Señor. (Lea Hechos 6:1-8)
Dentro de la Iglesia hay muchas áreas establecidas para participar en el servicio. Todas son im-
portantes y aportan significativamente al Reino Dios, y también son recibidas como ofrenda de-
lante de Dios. Lo ideal es descubrir, pidiendo dirección y confirmación en la presencia de Dios,
cuál sería esa labor específica en la que podemos servir de acuerdo al plan Divino, para no estar
dando vueltas y haciendo pruebas impulsadas por emociones. Podemos vincularnos a una de
estas áreas de servicio sin olvidar las prioridades en nuestra vida. El conducto regular siempre
será el camino más efectivo para esa vinculación, es decir, que cada líder que descubra una ha-
bilidad o deseo de servir en alguien que haga parte de su ministerio, debe recomendarles a las
personas encargadas del área de apoyo donde podría ser útil ese discípulo por sus capacidades
o dones. No está bien que la persona sea persuadida u obligada por nadie para ingresar a un
área de servicio. Otras personas cometen el error de saltarse la opinión y orientación de su lí-
der inmediato. En la mayoría de ocasiones, quienes se saltan el conducto regular, tienen pro-
blemas en el carácter y además están demostrando menosprecio a la cobertura ministerial que
Dios les ha puesto. Si seguimos el conducto regular, este proceso es sencillo, sin embargo, en
ocasiones requiere un tiempo prudencial que sirve de prueba y evaluación, pues debemos so-
meternos a los pasos, requisitos y condiciones que también han sido establecidas para integrar
las áreas de apoyo de la iglesia.
2 Crónicas 23:18-19 “Luego ordenó Joiada los oficios en la casa de Jehová, bajo la mano de los sa-
cerdotes y levitas, según David los había distribuido en la casa de Jehová, para ofrecer a Jehová los
holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, con gozo y con cánticos, conforme a la disposi-
ción de David. Puso también porteros a las puertas de la casa de Jehová, para que por ninguna vía
entrase ningún inmundo.”
Al vincularnos a algún área de apoyo debemos someternos al plan de trabajo y a las responsabi-
lidades que se nos deleguen, porque puede que nos estemos imaginando o prefiriendo que se
nos asignen ciertas tareas, pero el servicio no se basa en lo que a mí se me antoja hacer, sino en
donde realmente seré útil. Además, debemos mantener el enfoque en las demás áreas, es de-
cir, que cuando servimos dentro de la iglesia, no podemos desplazar nuestra comunión con
Dios, ni la responsabilidad con nuestra familia, ni nuestra labor evangelística respondiendo a la
gran comisión, ni mucho menos alejarnos de nuestra cobertura ministerial. Es importante servir
al cuerpo de Cristo, sin embargo, hay otras responsabilidades prioritarias que Dios demanda de
nosotros. Es por eso, que se da por sentado que una persona que participa sirviendo en algún
área de apoyo, está desarrollando sus prioridades ministeriales a cabalidad. Tampoco es tomar
una actitud de rebeldía permitiendo pensamientos de persecución o menosprecio por no desa-
rrollar las prioridades, es mejor tomar determinaciones y ponernos al día en tales cosas, pues al
fin de todo, lo que hacemos es para honrar al Dios todopoderoso.
1 Pedro 4:10-11 “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos ad-
ministradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de
Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorifi-
cado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”
El fundamento es donde descansa todo el edificio. Depende como estén las bases vamos a po-
der construir hacia arriba, o sencillamente todo lo que queramos construir se va a desplomar.
Es necesario atender a cada instrucción que Dios nos da. Primeramente nuestra vida de comu-
nión con Dios. En segundo lugar, pero no menos importante es nuestra responsabilidad con
nuestra familia, la cual podemos corresponder básicamente a través del Devocional Familiar.
EN tercer lugar, entendiendo que requiere nuestra verdadera disposición, es responder a la
gran comisión, el mandato de predicar y discipular en Cristo Jesús; que es la inevitable respon-
sabilidad de todo creyente. La cuarta es nuestra diligencia en la capacitación manteniéndonos
bajo cobertura; entendiendo que las demás pueden alimentarse considerablemente de esta úl-
tima, pues es donde nos damos a la tarea de aprender de las experiencias y conocimientos de
personas que Dios ha puesto en nuestro camino, con autoridad y delegación Divina. Y por últi-
mo, es disponerse a servir en las áreas de apoyo dentro de la iglesia, que complementan la la-
bor principal de la iglesia que es predicar y discipulado a la gente para Cristo Jesús.
Génesis 17:1-2 “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo:
Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te
multiplicaré en gran manera.”
a. Crecer en gracia, delante de Dios y los hombres. Lucas 2:52 “Y Jesús crecía en sabiduría
y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”
Si fortalecemos nuestra relación con Dios, que es la primera piedra de nuestro fundamento,
hallaremos gracia y todo lo que hagamos será dirigido por el Espíritu de Dios. Sabemos que no
somos perfectos y esto nos debe llevar a depender más de Dios y no a justificar los pecados en
nuestra vida. No obstante, se debe notar el avance en el trato de Dios en cada área de nuestra
vida. Debemos mostrar frutos de un verdadero arrepentimiento en dependencia a Dios, de
formación de carácter mientras nos despojamos de la vieja naturaleza, cambiando cada día para
agradar a nuestro Padre Celestial. Cuando mantenemos las prioridades enfocadas, entonces
vamos a tener un crecimiento sólido desde los fundamentos. No nos encontraremos persi-
guiendo aprobación, reconocimiento y alabanza por nuestro servicio de la gente que nos rodea,
y mucho menos estaremos preocupados, cargados o decepcionados de lo que hemos logrado
ministerialmente, pues sabemos lo que Dios nos ha mandado a hacer, conocemos Su plan y te-
nemos la certeza que estamos en el punto oportuno del proceso que el Señor nos ha trazado.
Proverbios 4:18 “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta
que el día es perfecto.”
Cada proceso es distinto en cada persona, por lo tanto, no debemos compararnos con lo que
viven otras personas, o las familias de otras personas, pues Dios es el que nos muestra por cuál
etapa está nuestra familia. No crecemos si nos dedicamos a empezar por el final de nuestro
proceso, es necesario comenzar nuestro ministerio en la presencia de Dios, después tratar de
servir a nuestra familia con verdadero amor, luego lanzarnos a predicar el evangelio de todas las
formas posibles, al mismo tiempo debemos mantenernos bajo cobertura con un líder y un
aprendizaje constante, para después dedicarnos a otras áreas de servicio que también son im-
portantes, si retomamos ese enfoque tendremos un ministerio sólido, fructífero y estable, pues
nuestro fundamento es firme.
Mateo 23:28 “Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero
por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.”
El trato de Dios empieza desde la intimidad con Él, nos prueba con obediencia en medio de
nuestra familia y con valentía delante de nuestros círculos sociales. Cuando entramos a la Pre-
sencia del Señor diariamente, debemos escucharle y dejar que impacte nuestra vida, de tal ma-
nera que sea manifiesto en público lo que Dios trata con nosotros en secreto. No debemos an-
dar divulgando ni alardeando de nuestra intimidad con Dios, sino que las actitudes que exterio-
rizamos deben ser suficientes pruebas de lo que estamos experimentando en la Presencia de
Dios. Si eso no está pasando, debemos revisar si estamos acercándonos realmente al Señor o
simplemente estamos haciendo un rito de oración. El fin de una vida de comunión con Dios es
conocerle más, conocer Su voluntad, recibir la fuerza para cambiar eso que Él nos muestra, y
permitir que nuestro carácter sea moldeado al de Cristo. Ya no tenemos que empujar puertas,
sino que Dios mismo las abre por nosotros, vemos como Él pelea por nosotros y nos llena de
Su Paz para estar tranquilos. Nuestra vida cristiana está directamente ligada a nuestra comunión
con Dios y la obediencia a Su Palabra.
Éxodo 33:11 “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él
volvía al campamento; pero el joven Josué hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio
del tabernáculo.”
Debemos mantener este enfoque en nuestra vida; nuestra vida devocional, pues Dios respalda
a quienes entran a Su Presencia con gozo y alegría. Además, cuando ejercitamos la disciplina de
la oración y la lectura de la Palabra de Dios; cuando obedecemos las instrucciones que Dios nos
da con respecto a nuestra familia; cuando servimos de alguna manera a quienes nos rodean y
les predicamos de Cristo; cuando sencillamente nos mantenemos bajo cobertura en sujeción y
lealtad; y respetando ese mismo orden, ponemos al servicio de Dios nuestras capacidades, do-
nes y talentos que Él nos pidió poner en Sus manos, entonces alcanzamos una verdadera auto-
ridad espiritual, es decir, porque sí estamos aplicando lo que predicamos. No podemos caer en
una actitud hipócrita, tratando de persuadir a otras personas a que busquen a Dios, si no lo es-
tamos haciendo; tampoco podemos pretender criticar a las personas por su falta de carácter, si
no estamos dejando que Dios moldee el nuestro en Su Presencia. Dios respalda con autoridad
especial para servir, pues Él sabe quién realmente está desarrollando una comunión íntima en
Su Presencia y le está obedeciendo en todo lo que le manda. La gracia de Dios es derramada
para respaldar a quienes ÉL conoce en Su secreto, y recompensarles en público. (Lea Mateo
23:3-7)
b. Abrir las puertas al ministerio en mi familia. 2 Samuel 7:28-29 “Ahora pues, Jehová Dios,
tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien
bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová
Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.”
Cuando mantengo el enfoque y siempre recuerdo el segundo pilar de los fundamentos ministe-
riales, entonces voy a desarrollar un ministerio poderoso. Puede ser que apenas ahora en la
iglesia es que puedo tener contacto con los asuntos espirituales y ministeriales, pero eso no es
argumento para amedrentarse, por el contrario, es el reto que Dios nos pone para abrir un
nuevo camino en nuestra familia para que juntos le sirvamos al Señor. Podemos convertirnos en
la primicia del servicio a Dios en nuestra casa y dar testimonio de la bendición de ser útiles en
las manos del Señor. Dios no solo llama a personas, también llama a su familia para que le sirva
en esta tierra. Si hay otras personas en la familia que ya están desarrollando el ministerio, en-
tonces podemos complementarnos mutuamente, apoyándonos y motivándonos a seguir ade-
lante. Lo ideal es que toda la familia le sirva al Señor, y no debe haber dificultades en el desarro-
llo de los ministerios, pues Dios le da un llamado especifico a cada persona y lo debe ejecutar
de la manera específica que Dios le ha dicho. El diablo es tan atrevido e irrespetuoso que trata-
rá de usar nuestro llamado a servir al Señor como un punto de conflictos, discusiones y
desacuerdos, sin embargo, debemos discernir las trampas del enemigo para no permitirle que
la bendición del ministerio se opaque, ni mucho menos olvidarnos del efecto en el mundo espi-
ritual de nuestro servicio a Dios.
1 Crónicas 23:13-14 “Los hijos de Amram: Aarón y Moisés. Y Aarón fue apartado para ser dedica-
do a las cosas más santas, él y sus hijos para siempre, para que quemasen incienso delante de Jeho-
vá, y le ministrasen y bendijesen en su nombre, para siempre. Y los hijos de Moisés varón de Dios
fueron contados en la tribu de Leví.”
Quienes son la primicia de ministros en su familia tienen el reto doble de servir y ser ejemplos
de vida cristiana. Y es por eso que debemos recordar nuestras tareas básicas y el fundamento
de nuestro llamado. Mantener el enfoque es demasiado importante, pues nuestra familia es la
primera que podrá evaluar los resultados, los frutos y la verdadera conversión en nuestra vida.
Algunas personas cuando pierden el fundamento se olvidan de su relación con Dios y comien-
zan a tropezar en muchos errores y a traer el hombre viejo a la vida. Además, quienes se des-
cuidan en los fundamentos vuelven a maltratar a su familia, repiten conductas del pasado y le
restan importancia al tiempo del devocional familiar, y hasta lo dejan de hacer, levantando ar-
gumentos en contra del resto de sus familiares y culpándoles por su enfriamiento espiritual. Es-
to no le sucede a alguien que mantiene sus fundamentos y el enfoque ministerial. Debemos re-
cordar que nuestra prioridad no es agradar a nuestra familia ni a quienes nos rodean, sino a
Dios. Esto no quiere decir que no nos esforzaremos por evitar dar motivos de predisposición y
menosprecio hacia el ministerio. El devocional es fundamental en nuestro servicio hacia nuestra
familia, y es el que apertura directamente el escenario ministerial en nuestra casa.
1 Samuel 12:14-15 “Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la
palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro
Dios, haréis bien. Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jehová, la
mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.”
Posiblemente nuestra familia no entienda muchas cosas de lo espiritual o del área específica en
la que estemos, este tampoco debe ser un motivo de conflicto, por lo tanto, debemos mante-
ner la altura del llamado que Dios nos ha hecho y tratar de enseñar a nuestra familia y el resto
de personas que nos rodea, con sabiduría y paciencia, el compromiso que requiere nuestro lla-
mado ministerial con el objetivo de agradar a Dios por sobre todas las cosas, sin pisotear las
prioridades ni desplazando el amor por mi familia y quienes me rodean. Aunque no lo entien-
dan ahora, tenemos la plena confianza que Dios tienen un plan con sus vidas y algún día estarán
hablando nuestro vocabulario de bendición y de compromiso ministerial. Debemos poner bue-
nas bases y parámetros, es decir, que noten nuestro esfuerzo por ser puntuales, por responder
al ministerio y que vean el gozo que sentimos por servir, que perciban el deleite del ministerio.
En nuestras oraciones debemos incluir el arrepentimiento y el quebrantamiento de toda maldi-
ción generacional por no servirle al Señor, y convertirnos en intercesores para ver a nuestra
familia sirviendo al Señor, pues ese debe ser nuestro deseo y que nuestra descendencia reciba
una herencia de bendición ministerial. Podemos cambiar la perspectiva equivocada de muchas
personas en nuestra familia y de nuestros círculos sociales acerca del ministerio, pues pueden
considerar que esta labor de servicio es un imposible de alcanzar o es para gente sacro santa,
en el más alto nivel de perfección, y demostrarles con nuestra sencillez y amor genuino que lo
que Dios busca es corazones dispuestos a ser útiles en sus manos para ser canales de bendición.
Si tengo presente el llamado de Dios en todo lugar donde me encuentre, entonces podré ejer-
citar el tercer cimiento del fundamento ministerial, predicando el evangelio, además que podré
convertirme en un discipulador en Cristo. Cuando tengo la pasión de compartir el mensaje de
salvación, también soy consciente de la necesidad de continuar un proceso con quienes les pre-
dico. Al establecer la célula de discipulado puedo desarrollar ambas responsabilidades. El man-
dato de Jesús fue predicar Su evangelio por todo el mundo, y este llamado es para todo creyen-
te en Cristo. Sin embargo, no es solo predicar, sino hacer discípulos. La predicación más pode-
rosa es la que enseña con la vida, esto es lo que percibe las personas que reciben nuestro men-
saje. El ministerio demanda autoridad para llevarlo a cabo. Una de las formas efectivas de sumar
autoridad sobre nuestro ministerio es manteniendo el enfoque de lo más básico.
Lo que nos levanta espiritualmente es lo mismo que nos sostiene; la oración, la lectura de la
Palabra y la vida de adoración a Dios. Si Dios nos ha instruido en establecer el Devocional Fami-
liar en nuestro hogar, seguramente es la manera que el Señor dispuso para levantar un altar en
nuestra casa donde la Cobertura Divina se manifieste para gobernar con un habiente de paz y
armonía. Esto es lo que nos da autoridad, el que estemos haciendo lo que nos corresponda en
lo más básico. Por otra parte, el enemigo lanzará ataques para debilitar los fundamentos que
sostienen nuestro ministerio, es decir, mi vida de devocional personal, el devocional familiar y la
gran comisión. Si dejamos de hacer estas cosas básicas, estamos descuidando las bases del mi-
nisterio, pues es lo primero que Dios nos ha manado a hacer y lo que demanda aun de parte
nuestra. Debo estar haciendo lo que me corresponde; evaluar cada día si estoy haciendo lo que
Dios me dijo.
La autoridad es el poder de hablar y hacer las cosas con el respaldo de nuestros conocimientos
o experiencias. Es decir, lo que hemos experimentado y lo que hemos aprendido nos da auto-
ridad para todo lo que tienen que ver con eso que sabemos por experiencia. Otra forma de
adquirir autoridad para hacer algo, es cuando Dios nos delega algo, entonces tenemos un poder
que nos respalda, aunque no sepamos ni conozcamos exactamente lo que hacemos. Esto quie-
re decir que cada vez que aprendemos algo o vivimos algo, se nos abona en autoridad. Esto es
lo que escasea en el mundo desde la época de Jesús, pues la gente le admiraba porque hablaba
con autoridad. El evangelio es poder de Dios para todo el que cree, y debe ser demostrado en
las vidas. Nuestras vidas son una referencia clave para mostrar el poder de Dios. La gente está
esperando a alguien que les hable con autoridad. Hay mucho conocimiento en el mundo que
genera confusión y que ha despertado un sinnúmero de religiones. La gente está cansada de
solo conocimientos acerca del proceder de una religión, sino que desea percibir la autoridad
por la vivencia de las personas. Cuando vivimos lo que predicamos podemos ganar a quienes
nos rodean, no solo por escuchar lo que tenemos que decirle, sino porque ven ejemplo en
nuestra vida dignos de imitar.
d. Sembrar fidelidad, humildad y obediencia para las generaciones que tendremos ba-
jo nuestra cobertura. Josué 1:1-2 “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová,
que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto;
ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos
de Israel.”
El cuarto fundamento es uno de los que más aporta a la formación de nuestro carácter, pues
nos estamos exponiendo a la dirección de personas que Dios utiliza de una manera especial pa-
ra enseñarnos, mentorearnos y confrontarnos con lo que debemos cambiar. Nuestra oración
debe ser dirigida a que Dios bendiga y dé sabiduría a aquellas personas que Él mismo estableció
como nuestra cobertura, para que nos orienten en el temor del Señor y les recompense por
sus servicios de amor. Además, al dedicar tiempo a nuestra formación, estudios bíblicos y
reuniones de discipulado, estamos sembrando semillas que producirán cosechas de gran bendi-
ción para nuestra propia vida; cosechas de edificación, conocimientos y entrenamiento para co-
sas mayores de las que hemos experimentado. Debemos tener la capacidad de darle crédito a
toda persona que Dios utilice para bendecir nuestra vida y para formar nuestro carácter. Pues
no hemos llegado aquí sin la intervención de la nada, de seguro hoy podemos recordar una de-
cena de nombres de personas que se dejaron utilizar por Dios para enseñarnos y aportar a
nuestro crecimiento en algún área.
Josué 3:7 “Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los
ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.”
Aunque cada proceso de Dios con las personas se aplica particular y únicamente a alguien, por
lo general, Él mismo nos pone con personas que han coincidido con situaciones similares a las
que nosotros vivimos, de tal manera, que se conviertan en un Moisés que levante la vara y nos
aconsejen con precisión y autoridad mientras batallamos con esas circunstancias. De igual ma-
nera, Dios también nos pone como intercesores y entrenadores espirituales de personas que
son probadas en circunstancias similares a las que nosotros ya hemos vencido. Por eso, es una
tremenda bendición mantenerse bajo la cobertura espiritual que Dios mismo nos ha designado,
y podemos afirmar, que estamos sembrando esa fidelidad en ellos para también cosecharla con
las personas que Dios ponga bajo nuestra cobertura. Cuando se menosprecia a la autoridad de-
legada sobre nosotros, y exigimos a quienes están bajo nuestra cobertura ese respeto que pre-
sumimos, caemos en el pecado de la hipocresía, por lo tanto, el respaldo de Dios no se puede
hacer evidente a nuestro favor. Debemos clamar a Dios que nos ayude a mantenernos en hu-
mildad para que, aunque crezcamos mucho más rápido o lleguemos más lejos que nuestros lí-
deres, no permita que nuestro corazón se enorgullezca y caigamos en la arrogancia, la prepo-
tencia y el egoísmo.
Dios pondrá varias personas, no solo será nuestro líder inmediato a quien debemos darle nues-
tro respeto y hacerle partícipe de toda cosa buena, sino que debemos aprender a reconocer a
toda persona que le aprendemos, sobre todo si es alguien que ha sembrado fidelidad y tiene
autoridad en lo que nos ha impartido. Hay personas que quieren evitar la cobertura, la entrega
de informes, de tareas investigativas, y otra serie de responsabilidades que utilizan nuestros
maestros y líderes para encaminarnos en el conocimiento y la obediencia a la Palabra. Esta eva-
sión demuestra falta de madurez espiritual y falta de formación en el carácter. Si tenemos la
valentía de detectar la actitud de prevención y desprecio a la cobertura, podemos clamar a Dios
para que nos ayude a verles como Él los ha puesto. Debemos recordar siempre, que estamos
sembrando una semilla que recogeremos en el futuro. La rebelión es el enemigo de la fidelidad
a la cobertura, que empieza solo cuestionando la autoridad de las personas, después lleva a las
personas a considerar el no hacer lo que se les delega, y por último sencillamente hay una de-
claración directa de oposición a lo que se hace y dice. La rebelión debe ser detectada, repren-
dida y sacada de nuestra vida. No podemos sembrar rebelión, pues eso sería la cosecha en
nuestro futuro ministerial.
e. Servir con eficacia y eficiencia. 1 Reyes 3:14 “Y si anduvieres en mis caminos, guardando
mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.”
Muchas personas desean servir para ser reconocidas o para que le den alabanza por lo que ha-
cen. Obviamente esta no es la motivación correcta. Lo que realmente agrada a Dios es que
queramos servir; que realmente deseemos ser útiles en Sus manos. Cuando ponemos al servi-
cio de Dios nuestros talentos, capacidades, dones y habilidades, también estamos sembrando
una semilla que tendrá frutos de bendición a nuestro favor. Muchas personas se involucran el
servicio en la iglesia, porque así sienten que están pagando un servicio comunitario, o para
compensar lo malo que han hecho en la semana. Este tipo de actitudes es contrario a un verda-
dero servicio a Dios. Otras personas quieren integrar algún grupo de servicio en la iglesia por-
que sienten que no hacen nada y quieren ocupar algo de tiempo para Dios. Generalmente, es-
tas personas no están haciendo lo básico del fundamento ministerial, es decir, su vida de comu-
nión con Dios está deteriorada, ni siquiera han procurado ser constantes en su deber familiar y
mucho menos se involucra en alguna célula de discipulado o clase bíblica.
Malaquías 2:5-7 “Mi pacto con él fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me te-
miera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su
boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo
apartar de la iniquidad. Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el
pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.”
El reto de la iglesia es que cada persona que sirva dentro de la iglesia siga las instrucciones de
Dios para su vida, pues quienes hacen parte de un área de apoyo, están representando al Reino
de Dios y a la comunidad, por lo tanto, se espera que estén identificadas con el reino y con la
visión de la iglesia local. Nuestro desafío no es aprender a hacer algo que pueda hacer en la igle-
sia, sino esforzarnos por hacer lo básico que nos corresponde, nivelarnos en los fundamentos
del ministerio. La persona que sigue sus fundamentos y se esfuerza por honrar a Dios en obe-
diencia, cuenta con el respaldo Divino, con la gracia que abre puertas y con el poder del Espíri-
tu Santo para ministrar. No ha y labor pequeña. La exigencia de volver a los fundamentos no es
solo para pastores o lideres veteranos, sino para cada creyente que ha recibido a Cristo en su
corazón y quiere ser útil en las manos de Dios. Aunque nadie nos esté viendo, Dios si lo hace, y
Él es quien conoce todo el esfuerzo y lo que hacemos por agradarle, no en público ni por nues-
tro alarde, sino porque realmente Él conoce nuestro secreto de hacer todo para Su gloria, y Él
mismo nos recompensa en público. Una persona que no quiera intimidad con Dios, ¿A quién
está sirviendo?. Quien no quiere cumplir su responsabilidad con su familia ¿Cómo administrará
los dones Divinos?. Alguien que no quiere predicar el evangelio a los que se pierden ¿De qué le
hablará a los ganadores de almas?. Quien no está recibiendo capacitación y no está bajo cober-
tura ¿De donde está recibiendo lo que da?
Hechos 6:8 “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pue-
blo.”
Una persona que cumple sus fundamentos se da por entendida de las cosas espirituales, por lo
tanto, cuando esté sirviendo en algún área de apoyo dentro de la iglesia, tendrá la sensibilidad
de lo que ocurre a nivel espiritual y podrá acertar en la necesidad que apremia. Eso es ser ver-
daderamente útil en las manos de Dios. La eficacia y eficiencia en el servicio la da el Espíritu
Santo, y quienes han obedecido en lo que nadie ve, pueden obedecer en lo que todos ven.
Aunque nuestra labor aparente ser sencilla e insignificante, está siendo registrada en la eterni-
dad y evaluada en el Reino de los cielos, y de allá será enviada la recompensa, primeramente
con el respaldo en lo que hacemos y de inmediato con bendiciones a favor nuestro. El servicio
dentro de la iglesia, o el ser enviado a una labor específica, o estar trabajando en ideas que
aporten a la iglesia, nunca jamás debe desplazar nuestros primeros y prioritarios compromisos
con Dios. El servicio en la iglesia es un complemento a lo que hacemos fuera de ella. La gente
viene a las congregaciones y cuando ven a alguien con un uniforme o ejerciendo una obra de
servicio, inmediatamente esperan o dan por hecho que esta persona puede ministrarle bendi-
ción a su vida, por lo tanto, quienes están desarrollando su ministerio desde los fundamentos,
van a cumplir con su labor de servicio con un total respaldo de Dios, y las personas serán edifi-
cadas con poder y unción del Espíritu Santo.
La mayoría de cosas que Dios nos manda a hacer no son de manifestaciones públicas, es decir,
es posible que nadie se dé cuenta de lo que hacemos. Sin embargo, todo lo hacemos para agra-
dar a Quien nos llamó por Su gracia e infinita misericordia. En ocasiones seremos tentados para
alardear de lo que hacemos en secreto o que la gente reconozca lo que hacemos en privado.
Debemos orar al Señor de manera continua que nos recuerde que nuestro objetivo principal es
hacer todo para Él. Nuestro enfoque debe estar en los fundamentos del ministerio, que no son
los que mucha gente quiere resaltar, o los que parecen a simple vista, sino aquellos que nacen
desde nuestro secreto y se establecen como prioridad, antes de convertirse en una cosecha de
autoridad delante de la gente. El ministerio se desarrolla para multiplicar lo que Dios nos da en
secreto. Si no tenemos intimidad en el secreto con Dios, no tenemos nada que dar. Si no que-
remos responder al llamado de ministrar a nuestra familia, no podremos administrar las demás
cosas grandes que Dios quiere entregarnos. Si no queremos evangelizar y discipular, no esta-
mos haciendo más que engordarnos espiritualmente y enfermarnos con la letra. Si no queremos
mantenernos bajo cobertura, ni estudiando, ni aprendiendo de quienes Dios estableció en la
iglesia para edificarnos, no tendremos nada que dar.
Romanos 12:11 “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Se-
ñor”
Mantenerse en el fundamento del ministerio nos da más autoridad que saber más que todos los
demás acerca de teología, administración y de servicio, pues lo que Dios está buscando es obe-
diencia. Además, es un riesgo enorme aprender sin aplicar, pues a quienes más saben se les
demandará más. No podemos evadir el ministerio pues desobedeceríamos a Dios y no conde-
naríamos por rebeldía, lo que sí debemos cuidar, es hacerlo bien. Todo lo que hagamos para
Dios debe asumirse con gran responsabilidad, por lo tanto, debemos mantenernos conectados
con el Espíritu Santo para saber lo que debemos hacer. Si queremos misterios sólidos, debemos
revisar las bases que lo sostienen. No podemos dar nada por obvio, sino tener la disciplina de
evaluarnos de manera continua para corroborar que estamos haciendo lo que nos corresponde
sin descuidar lo que sostiene el ministerio. Una persona que sirva entendiendo las prioridades
cuenta no solo con el respaldo Divino, sino el de Su familia y su cobertura, y su servicio es reci-
bido como una ministración para la Iglesia. (Lea Apocalipsis 2:1-6)
TALLER VII
ORIENTACIÓN
MINISTERIAL
4. ¿Por qué es necesario desarrollar nuestro ministerio primeramente con nuestro Devocional Familiar?
7. Explique tres maneras en las que el Proceso de Crecimiento Integral aporta al enfoque ministerial de las
personas.
8. Aprenda de memoria el versículo 1 Samuel 16:7 “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni
a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el
hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”