El machismo es una actitud o mentalidad, basada en la presunta superioridad del hombre sobre la mujer.
Este término se hizo
común en los años sesenta para indicar una actitud sociocultural basada en la idea de la supremacía masculina y en la
continuidad del sistema patriarcal. El neologismo se obtuvo de las palabras macho o machos y el término feminismo, por
error, con la intención de un tipo de oposición al feminismo. Por lo tanto, el machismo puede también definirse como:
"Término, acuñado en el modelo del feminismo, usado para indicar polémicamente la adhesión a aquellos comportamientos y
actitudes (personales, sociales, culturales) con los que los hombres en general, o algunos de ellos, expresarían la creencia de
su propia superioridad hacia las mujeres en un nivel intelectual, psicológico, biológico, etc. y por lo tanto intentaría justificar
su posición privilegiada en la sociedad y en la historia.
Por lo tanto, el machismo es una actitud que se manifiesta en contextos sociales y privados y que se traduce en prácticas cotidianas que
pueden ser violentas, represivas, ofensivas o incluso simplemente paternalistas, basadas en la creencia de que los hombres son
superiores a las mujeres: a partir de una diferencia innata.
El machismo es, por lo tanto, una forma de sexismo, es decir, discriminación contra las personas por motivos de género. Como cualquier
discriminación, transforma las diferencias en reclamos de superioridad, confundiendo, interesadamente, los dos conceptos
En cuanto grupo dominante, el género masculino tiende a considerarse a sí mismo como “la normalidad”, es decir, como medida de
comparación con los demás.
A veces es difícil reconocer el machismo. A menudo, de hecho, se esconde bajo un comportamiento inofensivo a primera vista. Nuestra
cultura misma lo alimenta y nos lo transmite en pequeñas dosis diarias. Pero esas pequeñas dosis, sumadas, crean una visión general que
continúa relegando a las mujeres a un papel altamente cuestionable en la sociedad. No hay espacio en la vida diaria que esté libre del
machismo. Es un comportamiento con raíces tan profundas que continúa transmitiéndose y retransmitiéndose inconscientemente. Todos
los días las mujeres enfrentan insinuaciones o actitudes discriminatorias que a veces pasan desapercibidas, pero que dejan heridas
profundas.
La calle es otro de los escenarios en los que muy a menudo se produce una verdadera batalla entre los géneros. Hay
ciudades en el mundo donde se han tenido que crear medios de transporte exclusivamente femeninos para proteger a las
mujeres. Que tales cosas aún sucedan en el siglo XXI es realmente preocupante.
La asignación de roles de género es una cuestión puramente cultural. No existe una ley biológica a la que un hombre no
pueda ser sensible, o una mujer no puede ser grosera. Simplemente, las culturas atribuyen arbitrariamente características
de comportamiento y carácter, como delicadeza o dulzura a las mujeres. Quizás para evitar que estas se rebelen contra el
hombre.
El sexismo es prejuicio o discriminación basada en el sexo o género de una persona. Se ha relacionado con estereotipos y roles de
género y puede incluir la creencia de que un sexo o género es intrínsecamente superior a otro. El sexismo extremo puede fomentar
el acoso sexual, la violación y otras formas de violencia sexual.
Las ideas sexistas se manifiestan en una especie de esencialismo según el cual los individuos pueden ser entendidos y juzgados de
manera simplista sobre la base de algunas características físicas o del grupo al que pertenecen, en este caso el grupo masculino o
femenino.
El sexismo se refiere a todas aquellas prácticas y actitudes que promueven el trato diferenciado de las personas en razón de su
sexo biológico, del cual se asumen características y comportamientos; se espera que las mujeres y los hombres muestren
cotidianamente.
Las prácticas sexistas afectan principalmente a las mujeres dada la vigencia de creencias culturales que las consideran inferiores
o desiguales a los hombres por naturaleza. Por ejemplo, nuestra sociedad asume que las mujeres tienen menos capacidad para
tomar decisiones, participar en la política, ser líderes empresariales o profesionales competentes por méritos propios. La forma
cómo dichas creencias se reflejan en el lenguaje y en las prácticas cotidianas da lugar al sexismo.
Al revisar la literatura sobre el sexismo, es posible encontrar variadas definiciones de este concepto, las que comparten que el
sexismo sería una forma de discriminación basada en el sexo, donde el sexo masculino es entendido como “lo universal”, es decir,
como aquello que supedita o contiene al sexo femenino, tendiendo a concebirlo en una posición secundaria e inferior. Así, según los
autores mediante el sexismo se han oprimido, subordinado y negado los derechos de las mujeres en todos los ámbitos de las
relaciones humanas, a veces con mecanismos sutiles, y en otros casos incluso violentos, que invisibilizan, estereotipan,
desvalorizan y humillan a las mujeres.
La educación, por su parte, es uno de los instrumentos, tal vez el más importante, a través de los cuales se realiza la socialización
de las personas. Es decir, se adquieren hábitos sociales, autoestima, formas de relación y creencias; en una palabra, se esculpe la
personalidad humana y sus formas de actuar de acuerdo a lo que el grupo espera de cada persona. En una educación sexista, se
transmiten y refuerzan los roles femeninos y masculinos, haciendo aparecer como “natural” relaciones de poder jerárquicas e
inequitativas entre hombres y mujeres.
La visión "androcéntrica" segmenta a mujeres y hombres y refuerza estereotipos de unas y otros según los papeles (roles) que deben
cumplir en diversos ámbitos de la vida pública y privada.
Es importante considerar que esta visión androcéntrica no sólo minimiza o desvaloriza a las mujeres, también impone un tipo de
masculinidad para los hombres y anula el reconocimiento de otras formas de vivirla, ya que el "modelo masculino" que aparece como
representación de la humanidad reúne un conjunto de atributos caracterizados por la condición social, preferencias sexuales, credos
religiosos y apariencia física.
El lenguaje, como vehículo para la comunicación y expresión de las emociones, opiniones o ideas, también constituye un medio para
reproducir o perpetuar creencias de género que desvalorizan o invisibilizan a las mujeres y lo femenino. Por ello se afirma que el lenguaje
es sexista. No obstante, hay quienes afirman que en realidad el lenguaje, es decir el conjunto de códigos y símbolos que permiten la
comunicación, en sí mismo no es sexista, sino, que más bien, que el sexismo está en el uso y los significados que se le dan a ciertas
palabras y conceptos.
El sexismo en el lenguaje es un acto de discriminación de personas que se consideran superiores respecto al otro sexo. Es decir, que
también a través de las palabras se pueden cometer actos de discriminación.
Con el término misogynus , del griego misóghynos (compuesto de mîsos , odio y un derivado de ghynḗ , mujer) define quién se ve
afectado por la misoginia y quién, por lo tanto, experimenta una aversión patológica hacia las mujeres, por las cuales no muestra
ningún interés y que, por el contrario, evita y desprecia.
En pocas palabras, la misoginia sería, el odio en todos los aspectos del género femenino, el mundo femenino y quien desprecia
totalmente a las mujeres, es aún peor y se muestra con más intensidad en aquellos que son machistas.
Por lo general, se considera un adjetivo que se refiere a la esfera masculina, por lo que a menudo el término se usa incorrectamente
como sinónimo de machismo, que en cambio subyace a una actitud cultural, más que individual, y que no siempre va acompañado de
odio y aversión, Las razones que conducen a fomentar esta aversión pueden ser de varios tipos: sociales, familiares, experiencias
personales, traumas, aspectos culturales, la forma en que se experimenta la competencia, etc.
Misógino es el adjetivo que deriva del término misoginia, que se considera, en la mayor parte de los casos, como una
enfermedad. Se trata de aversión y rechazo hacia todo el género femenino, que puede presentarse en formas muy graves,
tener consecuencias negativas y permanentes, como perjuicios, bromas ofensivas y opresión contra las mujeres. De hecho,
misoginia significa precisamente una actitud de aversión genérica por las mujeres o de repulsión por parte del hombre
hacia las relaciones sexuales con mujeres. Las razones que pueden llevar a una actitud de este tipo pueden ser de
naturaleza variada: experiencias personales traumáticas, aspectos culturales propios o transmitidos durante generaciones,
rivalidad en ámbitos familiares y sociales o el modo en el que se vive la competición en el plano pasional e incluso en el
contexto laboral.