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Liderazgo y Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es indispensable para el liderazgo. Consta de cuatro componentes: autoconciencia, autorregulación, empatía y capacidad social. Los líderes exitosos demuestran altos niveles de inteligencia emocional, especialmente en la autorregulación de las emociones y la capacidad social para motivar a los demás. Aunque el coeficiente intelectual es importante, la inteligencia emocional también puede desarrollarse y ofrece grandes beneficios tanto individuales como organizacionales.

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Liderazgo y Inteligencia Emocional

La inteligencia emocional es indispensable para el liderazgo. Consta de cuatro componentes: autoconciencia, autorregulación, empatía y capacidad social. Los líderes exitosos demuestran altos niveles de inteligencia emocional, especialmente en la autorregulación de las emociones y la capacidad social para motivar a los demás. Aunque el coeficiente intelectual es importante, la inteligencia emocional también puede desarrollarse y ofrece grandes beneficios tanto individuales como organizacionales.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL

la inteligencia emocional es la condición indispensable para ejercer el liderazgo. Sin


ella, un individuo puede tener la mejor formación del mundo, una mente aguda y
analítica y una enorme abundancia de ideas inteligentes, pero le faltará madera de gran
líder.

COMPONENTES
la autoconciencia, la autorregulación, la empatía y la capacidad social.
CAPACIDADES EN TRES CATEGORÍAS:
las habilidades puramente técnicas, como la contabilidad y la confección de planes
comerciales
las capacidades cognitivas, como el razonamiento analítico, y las competencias que
eran reflejo de la inteligencia emocional, como la capacidad de trabajar en equipo
y la eficiencia al dirigir un proceso de cambio.

En otras palabras, cuanto más alta era la categoría laboral de una persona considerada
trabajador estrella, más capacidades de la inteligencia emocional aparecían como
motivos de su eficiencia.
En resumen:
las cifras nos muestran una realidad convincente sobre la vinculación entre el éxito de
una empresa y la inteligencia emocional de sus líderes. Y, lo que es igual de
importante, las investigaciones también demuestran que, si la gente da los pasos
adecuados, puede desarrollar su inteligencia emocional.

LA AUTOCONCIENCIA
La autoconciencia implica comprender en profundidad las emociones, los puntos
fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo.
-no es ni demasiado crítica ni excesivamente optimista,
sino sincera consigo misma y con los demás. El individuo que posee un alto
grado de autoconciencia reconoce cómo afectan sus sentimientos a él mismo,
a los demás y a su rendimiento laboral
-Una persona muy autoconsciente sabe adónde se dirige y por
qué;
¿Cómo podemos reconocer la autoconciencia?
- se manifiesta como franqueza y como capacidad de autoevaluación realista
- sabe hablar con certeza y naturalidad de sus emociones y de cómo repercuten en
su trabajo
- Los candidatos autoconscientes reconocen con sinceridad el error cometido y con
frecuencia lo cuentan con una sonrisa.
- La autoconciencia también puede identificarse durante las evaluaciones de
rendimiento. La gente autoconsciente está al tanto de sus limitaciones y sus puntos
fuertes, se siente cómoda hablando de ellos y con frecuencia demuestra afán de
recibir críticas constructivas. Por el contrario, los que tienen poca autoconciencia
interpretan el mensaje de que deben mejorar como una amenaza o un síntoma de
fracaso.
En muchos casos confunden la franqueza en la expresión de los sentimientos con
debilidad y no respetan como se merecen a los trabajadores que reconocen sus
limitaciones sin cortapisas. Con frecuencia consideran que esas personas «no tienen lo
que hay que tener» para dirigir a otros.

En primer lugar, la gente suele admirar y respetar la franqueza. Es más, a los líderes
se les pide constantemente que hagan juicios que requieren una evaluación franca de
las capacidades de sí mismos y de los demás.

LA AUTOGESTION
La autorregulación, una especie de conversación interior continuada, es el componente
de la inteligencia emocional que nos libera de la prisión en la que pueden encerrarnos
nuestros propios sentimientos.
La gente que entabla ese tipo de conversación tiene momentos de mal humor e
impulsos emocionales como todo el mundo, pero encuentra formas de controlarlos e
incluso de canalizarlos de forma útil.
¿Por qué es tan importante la autorregulación para los líderes?
En primer lugar, quienes controlan sus sentimientos y sus impulsos (es decir, las
personas razonables) pueden crear un entorno de confianza e imparcialidad
en el que la política y las peleas internas se reducen drásticamente y la
productividad es elevada. La gente con talento acude en masa a ese tipo de
empresas y no siente tentaciones de marcharse. Además, la autorregulación
tiene un efecto goteo. Nadie quiere parecer un exaltado cuando la jefa es
famosa por la tranquilidad con la que aborda los problemas.
La persona que domina sus emociones puede avanzar con los cambios. Cuando se
anuncia un nuevo programa, no se asusta, sino que logra no emitir juicios precipitados,
busca información y escucha a los ejecutivos encargados de explicarlo.

indicadores de la autorregulación emocional:


tendencia a reflexionar y a meditar, comodidad ante la ambigüedad y el cambio, y
también integridad, es decir, capacidad de reprimir deseos impulsivos.
¿cómo podemos identificar a la gente motivada por el impulso de obtener
resultados, y no por las recompensas externas?
El primer indicio es la pasión por el trabajo en sí: ese tipo de gente busca retos creativos, siente
pasión por aprender y se enorgullece mucho del trabajo bien hecho. También muestra una
energía inagotable para hacer las cosas mejor. Con frecuencia quienes la poseen parecen
impacientarse con el statu quo y se muestran insistentes al preguntar por qué se hacen las
cosas de una forma y no de otra; están ansiosos por explorar nuevas formas de trabajar.

En esos casos, la autorregulación se combina con motivación para obtener resultados con el fin
de superar la frustración y la depresión que aparecen tras un revés o un fracaso.

LA EMPATIA
La empatía implica considerar detenidamente los sentimientos de los
subordinados, junto con otros factores, en el proceso de toma de
decisiones inteligentes.
Importante por mínimo 3 razones:
*El incremento en la utilización de equipos: El líder debe ser capaz de notar y comprender
los puntos de vista de todos los que se sientan a la mesa
*El rápido avance de la globalización: Entender el dialogo intercultural y el lenguaje corporal
* La necesidad creciente de conservar a los buenos trabajadores: Cuando se marcha un
buen trabajador se lleva el conocimiento de la empresa. Ahí intervienen los coaches y los
mentores. Se ha demostrado repetidamente que la mediación de esas dos figuras es una
buena inversión que no solo propicia un mejor rendimiento, sino también una mayor
satisfacción laboral y una menor movilidad.
LA CAPACIDAD SOCIAL
Los dos primeros componentes de la inteligencia emocional son habilidades de autogestión.
Los dos últimos, la empatía y la capacidad socia.
Es una simpatía con un objetivo determinado: hacer avanzar a los demás en la dirección que
deseamos, se trate del consenso sobre una nueva estrategia de marketing o del entusiasmo
ante un nuevo producto.
-Son personas que tienen preparada una red cuando llega el momento de actuar. La capacidad
social es la culminación de las demás dimensiones de la inteligencia emocional
-Recordemos que la gente motivada para obtener resultados suele ser optimista, incluso ante
los reveses o los fracasos. Y la actitud positiva ante la vida se refleja en las conversaciones y
demás encuentros sociales.
-también destaca por sus grandes dotes de persuasión, donde se manifiestan tanto la
autoconciencia como la autorregulación y la empatía
¿La capacidad social se considera una aptitud clave para el liderazgo en la mayoría de
las empresas?
La respuesta es que sí, sobre todo si se compara con los demás componentes de la
inteligencia emocional. Da la impresión de que la gente sabe instintivamente que los líderes
tienen que gestionar las relaciones adecuadamente; ningún líder vive aislado del mundo. Al fin
y al cabo, su labor es conseguir que otras personas trabajen, algo que la capacidad social hace
posible.

Conclusiones
Sería una tontería negar que, como se nos ha dicho toda la vida, el coeficiente intelectual y la
capacidad técnica son ingredientes importantes de un buen liderazgo, pero la receta no estaría
completa sin la inteligencia emocional

En ese sentido, es una suerte que la inteligencia emocional pueda aprenderse. El proceso no
es sencillo. Hace falta tiempo y, sobre todo, compromiso, pero las ventajas que ofrece una
inteligencia emocional bien desarrollada, tanto para el individuo como para la organización,
hacen que el esfuerzo valga la pena.

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