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Joker

El documento analiza la figura del Joker y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo para reflejar la maldad de nuestra época. Se describe cómo el Joker comenzó como un ladrón payaso pero se volvió más siniestro, transformándose en un asesino serial y genocida con una profunda maldad y odio. Su apariencia física también se ha ido deformando para reflejar su corrupción interior. El autor argumenta que el Joker es un símbolo de las sociedades modernas que han perdido los anclajes espirituales y

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El documento analiza la figura del Joker y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo para reflejar la maldad de nuestra época. Se describe cómo el Joker comenzó como un ladrón payaso pero se volvió más siniestro, transformándose en un asesino serial y genocida con una profunda maldad y odio. Su apariencia física también se ha ido deformando para reflejar su corrupción interior. El autor argumenta que el Joker es un símbolo de las sociedades modernas que han perdido los anclajes espirituales y

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JOKER

SIGNO DE NUESTRO TIEMPO

Por Pablo J. Davoli (*).

I.- Que el Joker (o, en castellano, Guasón) haya cobrado tanto protagonismo en
nuestra época, sólo puede sorprender inicialmente. Basta con ponérselo a pensar
un poco para advertir con nitidez el por qué de tan singular relevancia... Desde
luego, análogas consideraciones pueden hacerse en torno a la ostensible
agudización que, con el correr de los años, este extraño personaje ha
experimentado en sus características de personalidad fundamentales. Ciertamente,
a lo largo del tiempo, el Joker ha incrementado exponencialmente su patetismo, su
vileza y, sobre todo, su maldad...
Vamos por partes...

II.- Una de las curiosidades que, desde su nacimiento, presenta la figura en


cuestión, es que reúne en sí al payaso y al delincuente. Inicialmente, el Joker fue
presentado como una suerte de truhan, en ambos sentidos del vocablo; como un
ladrón vulgar y estrafalario. Pero, como es notorio, el personaje fue recibiendo
tonos cada vez más sombríos, que lo convirtieron -primero- en un temible criminal
(asesino por dinero) y -finalmente- en un perverso de ribetes diabólicos: el brutal
asesino serial que nos muestra la película homónima, que recientemente se le ha
dedicado; pero, más aún, el potencial genocida, movido por un voraz apetito de
destrucción, que se nos pinta en The Dark Knight (aquí aparece explícitamente una
de las características típicas del perverso: el odio frío y gratuito; el odio por el odio
mismo).
En esta última película, el demonismo del Joker se manifiesta de manera elocuente
en la que termina revelándose como su pretensión principal. En efecto, en este
último peldaño del proceso de corrupción interior por el cual se ha deslizado, el
personaje, más que matar a otros, busca corromperlos, sabedor -al menos,
intuitivamente- de que esto último -en el fondo- es peor que aquello otro...
Consecuentemente, en este estadio cúlmine, a quienes más odia es a aquellos que
hacen el bien (¡máxime si llegaren a practicarlo con él!).
Otra característica típica de la instancia final del aludido proceso de
corrompimiento, es el odio (solapado o explícito) hacia los niños. Hostilidad, ésta,

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que, en el film Joker se encuentra preanunciada en su breve encuentro con el -
entonces- niño Bruce Wayne...

El Guasón interpretado por César Romero, en los años ’60.


Con la profundización de su maldad, el payaso fue perdiendo su gracia originaria
(muy pobre, por cierto) hasta quedar completamente vaciado de ella. En rigor de
verdad, desde un principio, el clown exhibió una exótica ridiculez. Extravagancia,
ésta, que -siendo tan marcada y chocante- ya insinuaba una empinada inclinación
al mal... Sin embargo, a medida que el personaje se fue corrompiendo, la imagen
caricaturesca que aquél ofrecía fue adquiriendo notas de horrorosa
monstruosidad. El declive moral y emocional fue acompañado por la decadencia
estética: los rasgos faciales del Guasón, que ya primigeniamente eran grotescos,
han aparecido -en los últimos tiempos- completamente deformados, tornándose
horripilantes... Sus ojeras se han ido expandiendo sobre su rostro... Su estructura
corporal -desde siempre, escueta- se ha hecho cada vez más lastimosa, hasta llegar
a la figura desgarbada que nos exhibe el último film...

El Guasón interpretado por Jack Nicholson (1989).

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En el mismo sentido, cabe añadir que, con el correr de los años, las muecas del
Joker fueron privando a su semblante de toda dignidad; hasta que no dejaron
rastro alguno de la imagen Divina que se fragua en el rostro humano... Hablamos
de contorsiones que rompen el equilibrio y la armonía de la cara de un hombre;
espantosa expresión de la sinrazón y arbitrariedad propia del mal...

El Guasón en los últimos años:


interpretado por J. Phoenix (2019), H. Ledger (2008) y J. Leto (2016).
Esta imagen repugnante es expresión de una psiqué completamente contaminada,
en la cual ya no puede habitar bien alguno ni amor de ninguna especie... Es la
imagen de un hombre sin luz; el reflejo de un hombre consumido por el odio... Por
eso mismo, el personaje es eminentemente destructivo (y, por lo tanto,
autodestructivo también)... Tanto que nos recuerda al Oulanem del joven Karl
Marx, en donde se puede leer:
Si hay alguna cosa capaz de destruir
Allí me arrojaré a cuerpo descubierto
Con riesgo de arrastrar el mundo a la ruina.
Sí, este mundo que hace de cortina entre mí y el abismo
Yo lo romperé en mil pedazos a fuerza de maldiciones.
Y al Orgullo humano, del mismo autor, en donde puede leerse:
Con desdén arrojaré mi guante
En la misma cara del mundo,
Y veré el colapso de este pigmeo gigante
Cuya caída no ahogará mi ardor.
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Entonces vagaré como un dios victorioso
Entre las ruinas del mundo
Y, dando a mis palabras fuerza activa,
Me sentiré igual al Creador.
¡Vaya! ¡Cuánto odio nihilista destilan estas estrofas! Las mismas resultan muy
reveladoras al momento de ponderar las inocultables veleidades de revolucionario
que el Guasón parece haber adquirido en varias de sus apariciones, de los ’80 en
adelante...
El complejo proceso de corrupción que aquí comentamos, está bien planteado por
la seguidilla de diseñadores que el Joker ha tenido: como bien advirtieran
tempranamente los grandes filósofos clásicos, el mal -una vez instalado en
nosotros- nos desordena y desbarata, erosionando nuestra humanidad e
impidiéndonos ser felices. Por eso, para Sócrates, era mucho peor cometer la
injusticia que padecerla. Y por la misma razón, para Platón, el tirano, en el fondo,
era el más infeliz de todos los hombres. En consonancia con todo ello, puede
afirmarse -ante todo, en un sentido simbólico- que el mal nos desfigura y afea.

III.- La chocante ridiculez del Guasón, que -como hemos visto- ha devenido en
repugnante monstruosidad, es -precisamente- expresión elocuente del despliegue
de maldad insolente que nuestro Enrique Santos Discépolo, en su célebre tango
Cambalache, atribuyó al siglo XX (y que seguramente atribuiría al corriente siglo
XXI, puesto que -al menos, en este aspecto- poco han cambiado las cosas)... Con su
apariencia extravagante y obscena, el Joker exhibe descaradamente la maldad que
lo embarga y trastorna, tal vez, como amenaza explícita para todos aquellos que le
rodean...
Es que el mal, sin duda alguna, nos amenaza permanentemente... No sólo porque
podemos ser blanco de la malicia ajena; sino también porque ninguno de nosotros
está exento de caer en la tentación, convirtiéndose en uno más de los innumerables
agentes que la maldad ha logrado reunir... Dado que, en nuestra época, el mal
campea a sus anchas, reclamando para sí los fueros de la Verdad, el Bien y la
Belleza, el fiero rostro de ese gran impostor que es el Joker, con su sonrisa
cadavérica y su risa demencial, puede ser interpretado como una suerte de espejo
de las sociedades modernas y -por extensión- posmodernas...
Esos sórdidos aglomeramientos urbanos -como la ficticia Gotham City- construidos
y habitados por hombres insectificados, carentes de anclajes espirituales, que han
perdido de vista el Norte trascendente, que han extraviado la virtud y cuya brújula
existencial ha enloquecido... Sociedades crepusculares signadas por la muerte de
Dios, perpetrada por tales hombres, conforme anunciara Friedrich Nietzsche en
La gaya ciencia... Sociedades en penumbras por el ocultamiento del rostro de Dios,
en las cuales se encuentra interrumpido el contacto entre el Cielo y la tierra, al decir

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de Martin Buber en su obra En la encrucijada. Trágico fenómeno, éste, del que
podemos encontrar antiguas advertencias en el Salmo 89, 47 de la Biblia; pero
también en Platón (Gorgias) y en Hermes Trismegisto (Tres Tratados)... (¿Será
por eso que el joven Marx formuló el título Oulanem, nombre, éste, que -según R.
Wurmbrandt y A. Boixadós- es anagrama -desbaratador y posiblemente brujeril-
de Emmanuel, o sea, de: Dios-con-nosotros?).
Se trata de sociedades narcotizadas por una hipnotizante parafernalia de
sofisticadas diversiones, a través de la cual se insinúan hombres tomados por una
angustia inmensa. Angustia, ésta, que contrasta con la alegría de los hombres del
pasado, que se sabían hijos de los dioses y que -según explicara Ernesto Sábato en
La Resistencia- por ello mismo no podían ser reducidos a la condición de
engranajes... Se trata de sociedades crueles, en las que, detrás de sus altisonantes
declamaciones pro homine, se promueve un gélido egoísmo y la deshumanización
más oprobiosa... De sociedades hipócritas y mendaces, cuyos apologéticos
discursos sobre la libertad humana apenas ocultan las cadenas -sutiles pero
efectivas- que aprisionan a sus multitudes, hasta en los aspectos más íntimos de
nuestra vida... De sociedades berretas, saturadas de bazofia cultural (entre muchas
otras estulticias y puerilidades: predominio del show business, tiranía del fashion
system, industria del escándalo, prensa amarillista, paparazzi, culto de las
celebrities, televisión-basura, música enlatada, pseudointelectuales de diverso
pelaje, comida-chatarra...) destinada a la masificación de los hombres y el
embrutecimiento y encanallamiento de las masas... En suma, se trata de sociedades
farsantes, incapaces ya de engañar a nadie... Como los chillones atuendos del
Guasón... Como el repulsivo maquillaje en su rostro... Como sus muecas harto
grotescas... Rasgos, todos estos, de un payaso que, lejos de ocultar al criminal
pervertido, lo delatan a los gritos...

IV.- Si la última película de Batman (The Dark Knight) nos muestra el grado de
corrupción interior en el que, finalmente, ha caído el personaje, el film -más
reciente- que lo tiene por protagonista principal (y ya sin súper-héroe que lo
contrapese) nos revela las causas originarias del problema. Se trata, ni más ni
menos, que del resentimiento, ese tóxico que envenena almas y arruina vidas
(propias y ajenas).
Según ha relatado Charles Dickens en su libreta de apuntes, en un día espléndido,
iluminado por un sol radiante, en la maravillosa Plaza de España de Roma, un
anciano se acercó a una apacible florista... ¡Y la mató a puñaladas! Interrogado al
respecto por el juez que intervino en la causa del nefando crimen, el asesino puso
de manifiesto que había actuado de manera consciente y voluntaria; respondiendo
que no conocía a su víctima, que tampoco le importaba de quién se trataba y que la
había matado simplemente por rabia: la rabia que le había causado ver tanta
felicidad junta... Según el psicólogo Oliver Brachfeld, estamos ante un caso de
resentimiento llevado al extremo del crimen gratuito...

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Hace, aproximadamente, un par de años, en las inmediaciones de un hospital de la
ciudad de Rosario, un adolescente se aproximó a un auto estacionado, asaltando a
su conductor... El hombre no ofreció resistencia alguna. Antes bien, sumiso, se
limitó a entregarle sus pertenencias al ladrón... Este, al momento de huir, se
despidió descerrajando un tiro sobre la cabeza del niño de cuatro años que
acompañaba al asaltado... Era su hijo... Murió en el acto... Resulta harto difícil
calificar el criminal episodio, expresando la airadísima indignación que el mismo
merece, sin caer en formulaciones superlativamente soeces, que omitimos
reproducir para evitar incomodar a nuestros lectores más pudorosos y recatados.
Más allá de ello, se nos ocurre que, muy probablemente, este caso amerite la misma
explicación que Brachfeld dio al del asesinato de la florista...
Resulta -cuanto menos- llamativo que Jesucristo haya sido asesinado bajo la égida
de uno de los resentidos más notorios de la historia: el emperador Tiberio. Muy
probablemente, la ignominiosa condena a muerte dictada por el sanedrín no
habría podido ser ejecutada si, a la cabeza del Imperio romano, hubiera habido un
hombre menos cruel. Tiberio fue un tipo despiadado, cuyo interior estaba cargado
de odio. Como bien recordara Castellani, no perdonó ni a su propia madre, a quien
mandó a encarcelar y con quien, hasta donde sabemos, tenía razones para estar
dolido (similares apreciaciones pueden hacerse en relación al Guasón, quien -de
acuerdo con la película Joker- habría sido abandonado por su madre biológica y
asfixiado por su madre adoptiva; mujer, esta última, a quien el personaje habría
terminado asfixiando con una almohada; a ello debe añadirse otra semejanza:
tanto Tiberio como el Guasón son hombres sin padre). En su lecho de muerte, este
indigno emperador declaró: no me acuerdo de nada de lo que he sido, para -
finalmente- exclamar: después de mí, que el fuego haga desaparecer al mundo...
¡Otro sujeto enojado con la vida y enemistado con todos!

V.- El resentimiento también constituye un signo de estos tiempos. Fueron varios y


muy distintos los pensadores lúcidos que supieron detectar la híper-actividad de
este peligroso corrosivo psíquico y espiritual en nuestra época. Entre ellos, se
destacan: los alemanes Friedrich Nietzsche y Max Scheler; los argentinos
Leopoldo Lugones y Leonardo Castellani; el rumano-argentino Stan M.
Popescu; etc.
Ahora bien, dado que la palabra resentimiento suele utilizarse con alguna
flexibilidad, cabe aquí preguntarse: ¿qué es -exactamente- el resentimiento? Pues
bien, se trata, básicamente, de una suerte de encono que se torna insuperable y
expansivo... Un enojo (muchas veces, entendible y hasta legítimo, en su origen) que
no hemos podido tramitar correctamente... Y que, por lo tanto, lejos de irse en
cierto tiempo, se enquista en el alma y hace metástasis... No en vano, el citado
Castellani solía referirse al mismo como ira ulcerada y también como herida
enconada y después gangrenosa, aclarando que la misma, a veces, se presenta
mezclada con envidia e, incluso, con soberbia...

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En efecto, dicho encono puede obedecer a la propia soberbia, a la propia envidia o
bien, a otro factor psíquico o espiritual, el cual, por alguna razón, nos complica al
momento de empatizar con quien hemos entrado en disputa y otorgar nuestro
perdón a quién nos ha hecho un mal... Cuando de envidia se trata, el resentido
suele asumir los legítimos logros de un tercero, como una suerte de agravio
personal... A los resentidos de este tipo les humilla la felicidad ajena... Por esta
pendiente, se puede llegar al punto de sentirse injuriado por la bonhomía del
prójimo, ofendiéndose y resintiéndose hasta por el favor recibido del mismo...
En muchos casos, detrás de todo esto subyace una profunda vulnerabilidad
psíquica y espiritual (es que, acaso, la soberbia, en muchos casos, ¿no constituye
una suerte de coraza detrás de la cual se esconde nuestra propia debilidad?). De
todos modos, el resentimiento conduce a una suerte de victimismo dogmático y
agresivo, que convierte a la (presunta) víctima en victimario, con la pretensión de
no perder su aquella condición; antes bien, como si aquella condición (la de
víctima) avalara comportarse conforme a la segunda (la de victimario).
Es, precisamente, cuando esta actitud se exacerba y multiplica, que en las
sociedades comienza a difundirse la locura de invocar al Derecho para perpetrar
una injusticia; la infamia de esgrimir un pretendido derecho a actuar el mal... Así,
verbigracia, apelando a los pretextos más inverosímiles (e, incluso, a veces, sin
siquiera tomarse la molestia de formularlos) se reclama el derecho a sesgar la vida
de los más inocentes... La mentira reclamando los fueros de la Verdad... Una
auténtica aberración ética…
Según nos lo descubre su última película, el Joker es, básicamente, un resentido.
Alguien extremadamente vulnerable que, habiendo sido injusta y cruelmente
atropellado por varios de sus semejantes, sin que nadie le protegiera, en vez de
sobreponerse ante tamaño infortunio, acumula broncas, deslizándose por las
vertiginosas pendientes del rencor... Para quedar envuelto en un odio negro que no
duda en poner en acto a través de crímenes nefandos...
Las sociedades modernas y -por extensión- posmodernas son campo fértil para la
proliferación de este terrible mal... De hecho, son sociedades nacidas del
resentimiento: del resentimiento generalizado de la burguesía frente a la nobleza...
Un resentimiento que condujo a las orgías de sangre que protagonizó Francia en
aquellos terribles años, que -no en vano- fueron los del Marqués de Sade...
Tomando en cuenta este origen, podemos decir que las sociedades de este tipo son
sociedades mal paridas... Y no es casual (¡nada lo es!) que esos mismos burgueses,
lejos de evitar caer en lo mismo que tanto les había agraviado, no hayan dudado en
abusar de su poder, convirtiéndose en los explotadores de los sectores sociales
menos aventajados y, de este modo, reduciéndolos a la condición de proletarios...
Como tampoco es casual (insisto: ¡nada lo es!) que estos últimos -en muchos casos-
se convirtieran en revolucionarios sedientos de sangre... En verdugos masivos e
implacables, que no dudaron en sesgar la vida de millones de inocentes,
incluyendo la de otros proletarios e, incluso, la de niños, en nombre de la tan
cacareada revolución preconizada por el ya citado Marx y su amigo Friedrich
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Engels, quienes prometían científicamente un extraño y dudoso paraíso terrenal al
final de la historia...
Desde luego, tampoco es casual que, hoy, mil resentimientos, de todo tipo y color,
revestidos de recicladas ideologías slim-fit o mal disfrazados de reivindicaciones
principistas, atraviesen nuestras sociedades, desquiciándolas, provocando
incendios por todos sus rincones y amenazando con disolverlas (este horrible
fenómeno también puede advertirse en la película Joker)...
Detrás de la máscara del payaso -con mayor o menor disimulo, según los casos- se
encuentra el criminal -potencial o ya actual- movido por el odio acumulado por su
resentimiento... Un resentimiento que puede provenir del padecimiento de
injusticias reales o imaginarias, pero que, en todo caso, han sido mal procesadas...
¡Atención!: dentro de tales injusticias, también hay que incluir a las omisivas: es
decir, aquellas en las que incurren todos aquellos que, frente a una injusticia
perpetrada a otro por un tercero, pudiendo hacer algo para evitarla, se lavan las
manos... Queremos destacarlo expresamente: porque -a nuestro entender- esa
denostable pasividad -sea por cobardía, egoísmo o indiferencia- es uno de los
factores responsables de que los males que hoy nos aquejan hayan podido avanzar
tanto...
Este resentimiento, en lugar de aportar a la correspondiente reparación, se
convertirá en causa de nuevas e, incluso, mayores injusticias... A la luz de ello, se
advierte con claridad que el resentimiento puede dar lugar a una peligrosísima
rueda de odio en constante aceleración... Nefando ciclo, ésta, cuya conformación se
produce con las sucesivas injusticias que los hombres atrapados en el mismo se
perpetran recíprocamente. Un proceso circular que -por su propia dinámica-
tiende a arremolinarse; en cuya vorágine, quienes han sido arrebatados por el
mismo, se agravian sistemática e indiscriminadamente entre sí, pretendiendo
absurdamente que la felonía ajena justifica la propia.
Dicha pretensión -a nuestro modo de ver- constituye una de las depravaciones que
-según Ludwig Klages y los ya citados Nietzsche, Scheler y Castellani- el
resentimiento provoca en la inteligencia humana. Aquélla brinda cobertura pseudo
legitimadora a la rueda de odio en cuestión. Proceso, éste, cuyo desenlace no puede
ser sino la disolución social y la ruina de los seres humanos.

VI.- Para finalizar estas breves reflexiones que nos hemos permitido esbozar en
torno al Joker y con motivo del impacto que tan siniestro personaje ha logrado
hacer... Cabe preguntarse: frente al preocupante panorama humano aludido en los
párrafos precedentes, ¿qué hacer? Es decir, ¿qué se debe y qué se puede hacer?
Sin ánimo de agotar la respuesta que tal interrogante merece, se me ocurre que la
misma debe estructurarse sobre las siguientes bases...

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Ante todo, que Hollywood no nos llame a engaño: ¡no necesitamos a Batman -
personaje ambiguo, si los hay- ni a ningún otro supuesto súper-héroe de comic!
Pero sí necesitamos (¡y con urgencia!) héroes y heroínas... Hombres y mujeres
reales, forjados en la virtud y templados por ella...
Como es sabido, la virtus (virtud) se constituye con vir (fuerza). Por eso mismo,
ella, amén de iluminarnos y equilibrarnos, nos hace fuertes.
Así las cosas, lejos de temerle al mal, debemos estar firmemente dispuestos a
combatirlo sin tregua, allí donde aquél se presente... Empezando por el mal metido
adentro de nosotros mismos...

(*) ACERCA DEL AUTOR:

Pablo Javier Davoli nació en Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina; el 11 de Febrero
de 1975. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Nuestra Señora del Rosario de los
Hermanos Maristas. Se recibió de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del
Rosario, de la Pontificia Universidad Católica Argentina, a principios del año 2.000. Ha cursado la

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Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata y el Doctorado
en Derecho de la facultad arriba mencionada. Desde el año 1.995, se ha desempeñado como docente
de diversas asignaturas: Ciencia Política, Formación del Pensamiento Jurídico-Político, Filosofía del
Derecho, Derecho Político, Derecho Constitucional, Sociología del Derecho, etc.; en la facultad arriba
nombrada, la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Abierta Interamericana
(U.A.I.) y otras casas de estudios. Autor de varios libros, también ha escrito decenas de artículos
sobre diferentes temas pertenecientes a las asignaturas ut supra aludidas. Materias, éstas, en
relación a las cuales también ha dictado gran cantidad de disertaciones y conferencias en distintos
ámbitos (universitarios, profesionales, gremiales y políticos). Gran parte de sus artículos y libros,
así como algunos de sus vídeos, obran en su website personal, de donde pueden ser descargados en
forma gratuita (www.pablodavoli.com.ar).

En el mes de Agosto del año 2.011, participó del Encuentro de S. S. Benedicto XVI con los Jóvenes
Docentes Universitarios, en El Escorial (Reino de España). Fundó el Instituto de Derecho Político
del Colegio de Abogados de Rosario, dirigiéndolo durante varios años. Entre los años 2014 y 2017,
participó -junto al Mg. Lucas J. Carena- del programa televisivo La Brújula, dedicado al abordaje de
diversos cuestiones sociales, culturales y políticas, emitido a través de Internet.

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