Encuadre
La economía es la disciplina ineludible de los tiempos modernos. En realidad, la economía es una ciencia social,
donde los valores no están ni pueden estar ausentes, pero a la cual varias generaciones de economistas
conservadores han tratado de convertir en una ciencia exacta, revestida por lo tanto de un andamiaje analítico
donde las relaciones causan efecto son matemáticas y en consecuencia indiscutibles.
Simplemente, toman como dogma la idea que sustenta el trabajo de Adam Smith sostiene que cada individuo busca
su interés personal, pero en el mercado esos intereses se confrontan y equilibran, consiguiendo así la mejor
situación general.
Es decir: la economía está por encima de las personas aisladas. Incluso de sus valores y metas, a las cuales subordina.
Por lo tanto, podríamos agregar, sería interesante si los seres humanos fuéramos altruistas. Pero si no lo somos, la
economía se encarga de condicionarnos, para construir el mejor escenario posible.
La llamada economía neoclásica se encargó de perfeccionar este concepto y configurar el arquetipo del "hombre
económico", ese ser racional que toma decisiones buscando optimizar la asignación de sus recursos, detrás de la
maximización de sus beneficios, con lo cual, a través del mercado, se logra la mejor condición social general.
Tal vez la expresión más precisa de esta búsqueda de generar una ciencia exacta fue el trabajo de Frederick Winslow
Taylor y sus seguidores. El pensamiento económico hegemónico ha evolucionado hacia una idea del progreso
permanente, que se consigue con el crecimiento sistemático y sin límites a la vista, de la producción de bienes y
servicios. La condición para subirse a ese exitoso barco es ser un "hombre económico". Si esto no se concreta, pasa a
ser un problema individual. Cuando los individuos incluidos en esta categoría de fracaso son numerosos, el problema
es asistencial. Pero en ningún caso es considerado consecuencia necesaria y sistémica de la lógica económica
imperante. Esta lógica coloca a la economía neoclásica en el lugar del referente de verdad.
Esto ha recibido cuestionamientos ideológicos basados en los valores morales de la tesis fundante. Embates de este
tenor hubo varios y algunos de tal fuerza como los expresados en los escritos de Carlos Marx y Federico Engels y la
acción práctica correlativa de sus seguidores en varias partes. del mundo. El marxismo cuestiona de raíz la
distribución económica al interior de cada unidad productiva, con su correlato inmediato en la distribución del poder
de decisión.
Ha conseguido con eso que todas las clases medias del mundo y buena parte de los proletarios rechacen las
opciones colectivas, básicamente por restrictivas de la libertad.
Los finales del siglo 20 y lo que va de este siglo han conseguido poner en crisis el modelo capitalista, esta forma de
ver la sociedad y la vida de cada uno, con fundamentos que no tienen un componente moral en primera instancia,
sino que lo incorporan luego. En efecto, lo que ahora resulta cuestionada es la escala, esto es: la idea del
crecimiento permanente.
La economía mundial no puede ni podrá crecer más que lo que el planeta le permita. Y el planeta impone
condiciones a través de su capacidad de proveer recursos naturales y de absorber desechos generados en los
procesos productivos.
Ahora bien, si la escala tiene un límite, la frase de F. Taylor citada más arriba, no es cierta. La justa distribución de los
frutos de la actividad humana es un tema a considerar, que no podrá ser soslayado por el crecimiento sin barreras. Si
la canasta tiene un número finito de uvas, quien es el que las come y por qué, pasa a ser un tema de análisis
ineludible.
El escenario social resultante está en construcción. No es el capitalismo de equilibrio automático ni tampoco el
socialismo con un Estado omnipresente. Seguramente será un sistema donde muchos mercados funcionen; el Estado
tenga una gran presencia; y los instrumentos comunitarios, de análisis, propuesta y toma de decisiones, sean
moneda corriente y en muchos casos decisiva.
En esa construcción de la que no conocemos su mobiliario, pero si entendemos como podrán ser sus cimientos,
deberá tenerse instrumentos básicos para medir el progreso.
Empecemos por conocer cómo se mide hoy y cuáles son las evidencias de que se trata de un método insuficiente e
inadecuado.
Producto bruto interno
El PBI es la suma de todas las transacciones acumuladas de bienes finales y servicios de un país. Busca medir el nivel
de actividad económica, pero a la vez se ha convertido - a falta de otro parámetro en un indicador natural del
bienestar de una sociedad. Si el PBI aumenta, la vida va bien. Lo contrario si disminuye.
Cómo se calcula el PBI
Hay dos maneras habituales de calcular el índice. Por los ingresos y por los egresos.
Puede ser considerado suma de la retribución de todos los factores de la producción, esto es: salarios y honorarios;
pagos por la propiedad; beneficios de las corporaciones o unidades productivas; impuestos y conceptos similares.
O puede ser calculado como suma de los gastos de consumo personal; la inversión privada; la compra de bienes y
servicios por el gobierno; el saldo de la balanza comercial internacional.
Por un lado, o por el otro debería llegarse a valores equivalentes.
Las insuficiencias metodológicas propias
Parece más útil concentrar la atención en aquellos aspectos que tienen que ver con los valores sociales implícitos
detrás del método, que constituyen un menú amplio y bien discutible.
A saber:
1. Es bueno lo que se compra y se vende. Lo restante vale menos. En el límite, no vale nada.
Esto se evidencia en situaciones como las que siguen.
- La salud atendida por un hospital público se mide por los salarios e inversiones en ese lugar. Si la misma prestación
surge de una clínica privada, se mide por la facturación, que es un valor mayor que el anterior, ya que incluye la
utilidad del propietario.
- Los alimentos que se producen en el hogar o incluso los que se manufacturan allí para lograr se conservación
extendida en el tiempo, no se computan en el PBI. Si, en cambio, se compran a un local de entregas a domicilio, su
valor se suma al PBI. En este sentido, todo el trabajo en el hogar y para la familia, como no es remunerado, no es
computado.
- Lo dicho para la salud pública vale para la escuela pública o hasta para la
universidad pública y gratuita. Si la Universidad cobrara aranceles, aumentaría el PBI.
[Link] deformación de las cadenas de valor, sea por aparición de monopolios u oligopolios o por aumento de
intermediarios innecesarios, aumenta el PBI y por lo tanto, termina siendo bien valorado.
En sentido inverso, toda acción que busque acercar los productores a los consumidores, eliminando eslabones que
se apropian de valor sin justificación técnica, en tanto reduzca los precios de los bienes pagados por quienes los
necesitan, reducirá el PBI.
3. La presencia del Estado en la prestación de servicios a título gratuito, va en
contra del aumento del PBI. Este concepto puede extenderse, abarcando toda actividad. fines de lucro. En términos
de su aporte al PBI, éstas quedan desvalorizadas respecto de la lógica capitalista estándar.
4. Nada de lo calculado permite tener en cuenta la distribución del ingreso. Para conocerla, es necesario apelar a
índices complementarios, por lo que está claro - aún por este único elemento que el PBI es insuficiente para describir
el estado de una economía.
[Link] se computa el valor agregado en cada proceso productivo por el uso de capital o trabajo. No se reconoce
aporte alguno por el uso del recurso natural, sea éste extinguible, como un mineral, o supuesto renovable, como el
agua o el sol o la tierra fértil.
Este ítem es crucial. El sistema actual de cuentas nacionales permite perfectamente computar un PBI creciente,
aunque montado sobre el agotamiento de un recurso no renovable, cuyo stock en disminución no aparezca registra
do en instancia alguna del cálculo. Este abanico de objeciones no es homogéneo. Los tres primeros ítems podrían ser
calificados de debilidades técnicas y corregidos con algunas estimaciones especiales, como se verá más adelante.
El cuarto es insalvable y en caso de considerarlo importante para nosotros. es esencial nunca debería difundirse un
valor de variación del PBI sin ser acompañado por un parámetro complementario que mida la distribución del
ingreso.
En cuanto a la falta de valorización del recurso natural, tanto su extracción como su stock disponible, por todo lo
dicho más arriba, se trata del hecho fundamental a discutir. Si se acepta que este tema debe ser incorporado,
automáticamente aparece la secuencia: escala - justicia distributiva -asignación de recursos que la economía
ecológica sostiene como idea central.
En tal marco, toda la metodología hasta hoy aplicada debe ser revisada y seguramente otras pasan a ser las
prioridades del desarrollo.
Principales propuestas de corrección
Podría señalar que es sorprendente la cantidad de objeciones que se han planteado al modo de cálculo del PBI y al
concepto mismo, junto con su correlativa lista de propuestas de corrección o adaptación.
Indicador de progreso genuino (GPI)
Este índice es una variante del Índice de Bienestar Económico Sustentable (ISEW), creado por Herman Daly y Clifford
Cobb en [Link] intento lleva a un largo planteo, que es necesario reseñar mínimamente, para advertir cuales son
las fortalezas del cambio y cuales las debilidades subsistentes.
La secuencia de cálculo del GPI es, entonces:
- Tomar el consumo de las personas, que se computa en el PBI. Es aproximada mente el 65% del PBI.
- Aplicar una corrección al total a través de multiplicar por un índice de mejora o deterioro de la distribución de
ingresos, que se referencia a un año base.
- Sumar:
»Un valor por el trabajo en casa y la tarea de cuidado de niños no retribuida.
» Un valor por educación superior.
» Un valor por trabajo voluntario.
» El valor de los servicios obtenidos por el uso de bienes de consumo durables.
» El valor del uso de carreteras y autopistas.
- Restar:
» El costo del delito o la inseguridad.
» La pérdida de tiempo de descanso por exceso de trabajo.
» La pérdida por el subempleo.
» La amortización de los bienes de consumo durables.
> El costo del transporte desde el hogar al trabajo.
» Costo de remediación de polución domiciliaria.
» Costo por los accidentes automovilísticos.
» Costo de la polución del agua.
» Costo de la polución del aire.» Pérdida de humedales.
» Pérdida de bosques naturales.
» Agotamiento de recursos no renovables.
» Daño por las emisiones de dióxido de carbono.
> Costo de la reducción de ozono atmosférico.
- Sumar o restar:
» Inversión neta de capital.
» Préstamos externos netos.
El resultado final es el Indicador de Progreso Genuino, que se puede calcular en una serie anual y que además de su
valor intrínseco, sirve para comparar con el componente de consumo personal del PBI. Esta comparación permite
inferir si el balance neto de factores que afectan la calidad de vida tiene una influencia positiva o negativa, creciente
o no. Así en cada caso. En definitiva, se aplican criterios seguramente opinables para cada ítem, con el mejor sentido
común disponible que busque describir lo que se quiere premiar o castigar, como componente del consumo
personal global.
Este seguramente es el intento más detallado de construcción de un parámetro que reemplace al PBI. Se lo puede
evaluar desde dos miradas distintas.
En realidad, se cuestiona cualitativamente el PBI y se le hacen modificaciones que profundizan ese cuestionamiento,
pero solo en términos cuantitativos.
En definitiva, el GPI sigue reduciendo a un número la medida del progreso cuando hay obstáculos de calidad, de
condición de existencia, para que ese progreso nos deje satisfechos, que están presentes en la sociedad actual.
Esos obstáculos pueden cuantificarse, se los puede y debe medir. Pero lo que tal vez no pueda hacerse es
incorporarlos a una ecuación donde aparecen solo como cantidades negativas que restan a las positivas, sobre todo
si las positivas son idénticas al PBI: el aumento del consumo.
La crítica desde la academia
Partha Dasgupta para este crítico, el índice de bienestar más adecuado es la medida global de riqueza de una
sociedad, entendida como el valor del stock de todos los activos, incluyendo por supuesto los recursos naturales,
valorizados por sus precios sombra, o sea por el costo de aquello a lo cual reemplazaría o la estimación de su valor
para el funcionamiento colectivo.
Esta propuesta es conceptualmente superadora de la anterior, a mi criterio. Tiene sin embargo dos debilidades:
a) Necesita de estimaciones de "capital natural" para las que no existe un método lineal ni sencillo, ni siquiera es fácil
alcanzar acuerdos conceptuales.
b) No tiene en consideración la distribución de ingresos o, como alternativa, la de patrimonio. P. Dasgupta se limita a
señalar que el problema es simple, ya que se debería valorizar distinto el patrimonio según quien lo posea, en
función de la distribución de ingresos que se conozca.
Una vez más, de manera realmente sorprendente, se cae en la tentación de la economía matemática de meter
dentro de una misma ecuación a elementos que pertenecen a planos sociales diferentes.
Aproximaciones más focalizadas
Quisiéramos medir la disponibilidad y el uso de bienes y servicios en la economía, pero no queremos hacerlo sin
tener en cuenta dos elementos:
a) La distribución de ese uso. La equidad distributiva.
b) La sustentabilidad del sistema, esto es: las variaciones del capital social, especialmente del capital natural, como
resultado de los insumos consumidos y de los desechos generados.
Esta vocación de medir los tres aspectos no surge de un voluntarismo ideológico, sino que se hace imperativa a
partir de admitir la vinculación entre la capacidad finita del planeta; la necesidad de aplicar criterios de justicia
distributiva en tal escenario y finalmente seguir la evolución de la economía.
Mi conclusión, después de revisar numerosos intentos, que incluyen el Índice de Desarrollo Humano propuesto por
Naciones Unidas, o sofistica das definiciones de salud o de felicidad económica, es que lo mejor que se puede y debe
hacer es tomar las tres cuestiones por separado y considerarlas interactivas, pero asumir que ese vínculo debe
examinarse en un escenario donde cada faceta esté presente con su identidad, eliminando esfuerzos por construir la
"tabla única".
En consecuencia, agregaré algunas reflexiones sobre la medición de la equidad distributiva; luego sobre la
sustentabilidad y cerraremos con lo que empezamos: la disponibilidad de bienes y servicios.
Lo justo es justo
La medida más generalizada de justicia distributiva en una sociedad es el llamado índice de Gini. Se trata de un
parámetro de cálculo muy simple, el que surge de un análisis gráfico.
Es claro que si la distribución fuera absolutamente homogénea, aparecería una línea recta. Pero en verdad, lo más
probable será una curva como la dibujada.
El indice de Gini se define como el cociente: a /a+b.
O sea es cero si la distribución es totalmente igualitaria y 1 si una sola perso na tuviera todo el ingreso. La
popularidad de este parámetro se origina en la simplicidad de su cálculo y en su relación "casi" lineal con el
problema que se busca caracterizar. Digo "casi" lineal, porque es posible imaginar las dos curvas del gráfico
siguiente:
Quiero decir que la medida más ácida - y seguramente la más responsable - de la injusticia distributiva será calcular
la cantidad de habitantes o de familias de un país cuyo ingreso no les permite cubrir necesidades mínimas de
subsistencia. Esto sin importar la dimensión del ingreso medio de la población o la distribución relativa de ese
ingreso.
En definitiva, más allá de la literatura internacional y nacional sobre el tema, mi opinión es que deberíamos tener el
modo de señalar con cierta periodicidad - dos o tres veces por año cuantas son las familias que no llegan al umbral
de ingreso de subsistencia y localizarlas geográficamente, por provincia y hasta por departamento provincial para las
situaciones de pobreza más concentrada. Estos valores absolutos seguramente tendrían un efecto de interpelación
sobre la política pública y sobre la solidaridad social más fuerte que los índices y los promedios que podamos
calcular.
La sustentabilidad
Podríamos identificar problemas de medio ambiente y monitorear su magnitud a lo largo del tiempo. Contaminación
de cauces; población afectada; contaminación de napas, y así siguiendo. O finalmente, podríamos identificar
situaciones deseables y conocer su diseminación en la comunidad. Proporción de energía renovable respecto del
total generada sería el caso típico.
El problema es que el planeta tiene una capacidad limitada de proveer ciertos recursos para la producción de bienes
y servicios y también una capacidad limitada para absorber los desechos generados en el proceso productivo. Los
economistas ecologistas sostienen una buena imagen física. Dicen que la economía se ha limitado a analizar el
sistema circulatorio del cuerpo global, omitiendo el sistema digestivo. El planeta es quien provee el alimento y
absorbe las excretas, por lo que ese flujo de materia y energía es un componente ineludible del análisis económico.
La definición de Huella Ecológica es: Una medida de cuanta tierra y agua biológicamente productivas necesita un
individuo, una población o una actividad para producir todos los recursos que consume y absorber todos los
desechos que genera, usando las tecnologías y la administración de recursos vigente. La HE se mide habitualmente
en hectáreas globales.
Esa Huella se compara con la Biocapacidad, que es la capacidad del ecosis tema en cuestión para producir materias
biológicas útiles (MBU) y absorber desechos generados por los humanos, usando las técnicas de administración y de
extracción corrientes. El concepto de "útil" se define como aquéllas materias biológicas usadas por la economía
humana. La biocapacidad se calcula multiplicando el área fisica aplicada a un tema, por un factor de rendimiento y
por un factor de equivalencia y también se mide en hectáreas globales.
Qué se mide
Esencialmente, para calcular la biocapacidad se trata de sumar las superficies dedicadas al cultivo con cosecha; al
pastoreo animal; a la pesca; a la producción de madera y finalmente, el área de biomasa con capacidad de absorción
de CO2.
Cuando se trata de calcular la huella ecológica, se calculan las producciones en cada área y las emisiones de CO₂.
Para llegar a un término homogéneo - hectárea global - se hacen dos correcciones a cada uno de los términos.
*Rendimiento: Se aplica un factor que tenga en cuenta la diferencia de productividad en diferentes países, de tierra
asignada al mismo fin.
*Equivalencia: Es un coeficiente que tiene en cuenta la diferencia de productividad entre sectores y que por lo tanto,
valora más la tierra agrícola que la ganadera o la maderera. Este factor de equivalencia es el mismo entre sectores
para todos los países del mundo en cada año.
Esos valores se combinan luego en un solo índice, tanto para la capacidad biológica como para la huella ecológica,
que se usa referido al país todo o - dividiendo por la respectiva población en términos per cápita. Como elemento
muy interesante debe tenerse en cuenta que es posible medir la huella ecológica del consumo y también de la
producción de un país.
Comentario global sobre la huella ecológica
Esta propuesta ha recibido críticas técnicas, que hacen probable el ajuste a futuro del modo de cálculo. La principal
se refiere a la falta de consideración del uso del agua, tanto para destino humano como para riego. Pueden
agregarse otras, de las que una no menor es el cálculo de productividades comparadas entre territorios, sobre la
base de comparar producciones reales actuales y no potenciales, lo cual lleva a valorar positivamente la aplica ción
de paquetes tecnológicos con riesgo de generar daños al medio ambiente, por uso y abuso de fertilizantes o
herbicidas de origen petroquímico.
La situación actual, más partida que llegada
Para reseñar el actual estado de cosas a nivel mundial, podríamos decir:
1. Hay unanimidad de criterio entre académicos, funcionarios de organismos regionales y una vasta gama de
interesados en el tema, señalando que el PBI es un parámetro enteramente insuficiente para medir la calidad de vida
o el progreso de una comunidad.
[Link] todos los intentos de corrección o complementación del indice, el que creo mejor fundamentado es el de la
economía ecológica, que señala que la economía es un subsistema del ecosistema planetario y que en definitiva el
planeta establece un límite objetivo a todo crecimiento.
3. El hecho que el crecimiento permanente no sea un objetivo técnicamente viable instala la justicia distributiva
como tema técnico, además de ético.
[Link] el planeta es el límite y no se puede expandir, el tercer componente a considerar - además de la economía y la
justicia distributiva - es el efecto de la economía sobre el recurso natural, porque puede suceder que la actividad
humana "achique" el planeta, en el sentido que deteriore la calidad o la accesibilidad de los recursos.
5. Hay entonces una terna de escenarios cuya evolución debe acompañarse: la economía, la justicia distributiva y la
sustentabilidad del recurso global.
6. Como criterio personal, he señalado la inconveniencia de construir indices de alta fantasía, que con toda la buena
intención del caso, sin embargo terminen sumando y multiplicando peras con manzanas con tanta arbitrariedad del
operador que finalmente se llegue a números sin una implicancia práctica concreta.
7. Con esa ácida medida, he propuesto que la justicia distributiva se mida directamente por la población que no
cubre sus necesidades básicas. Conociendo la cantidad de gente que come, se viste o se aloja mal, junto con su
localización geográfica, se identifica de la manera más directa la injusticia a corregir. Creo que esta medida es
superior a las medidas de brecha relativa de ingresos entre los que más tienen y los que menos o similares.
8. En relación con la sustentabilidad la huella ecológica y su comparación con la capacidad biológica es una
aproximación sistemática, perfectible pero ordenada, que permite comparar los efectos de la actividad humana con
lo que podríamos llamar la capacidad portante del planeta. Quedan algunos aspectos fuertes a profundizar, como ya
se ha señalado. El agua de consumo es el más importante. Los recursos no renovables es otro.
Volviendo al pbi
Si se descarta la ampulosa pretensión de corregirlo para que se convierta en la referencia excluyente del bienestar y
si se acepta que hay formas de cuantificar la (in)justicia distributiva y la sustentabilidad, las modificaciones al PBI
pueden concentrarse en su objetivo más elemental: medir mejor la actividad económica.
Para eso, hace falta agregar a lo hoy medido dos elementos:
A. Una estimación del valor agregado por el trabajo productivo y de servicios personales, realizado en el hogar o en
organizaciones sociales, no remunerado. Aquí es necesario revisar a fondo diversas metodologías propuestas y
aplicadas y esencialmente no confundir algunos planos. Quedarían excluidas así todas las responsabilidades típicas
de un padre o una madre que tienen su origen en el sentido de existencia de una familia, como la supervisión de la
educación de los hijos o la contención afectiva, o tantas otras.
B. Un factor de equivalencia entre las prestaciones realizadas por el Estado y por terceros en salud, educación o
cualquier otro plano donde hay prestaciones privadas, que valorice las primeras en los mismos términos según se
alcance las mismas metas. Con estos dos ajustes se podría obtener un indice de actividad económica, al que
probablemente habría que llamarlo exactamente así, señalando que algo esencial ha cambiado respecto del PBI.
Todos los demás elementos considerados en ejercicios como el del GPI descrito antes, quedarían ahora
comprendidos en el análisis de justicia distributiva o de sustentabilidad. Se reitera el concepto: no veo valioso
"castigar" el índice de actividad con la estimación del costo de accidentes viales, por caso, sino que al igual que todas
las otras enfermedades sociales, ese tema debería ser analizado en sí mismo y encarado en términos absolutos.