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El Poder Transformador del Perdón

Este documento habla sobre la importancia del perdón. Relata la historia de Mey, una niña camboyana que fue vendida a la prostitución por su abuela pero que encontró la paz perdonándola. También cuenta la historia de Simon Wiesenthal, un sobreviviente del Holocausto a quien un nazi moribundo le pidió perdón en su lecho de muerte por los crímenes cometidos. El documento argumenta que el perdón es fundamental para sanar el dolor y liberarse del resentimiento.

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El Poder Transformador del Perdón

Este documento habla sobre la importancia del perdón. Relata la historia de Mey, una niña camboyana que fue vendida a la prostitución por su abuela pero que encontró la paz perdonándola. También cuenta la historia de Simon Wiesenthal, un sobreviviente del Holocausto a quien un nazi moribundo le pidió perdón en su lecho de muerte por los crímenes cometidos. El documento argumenta que el perdón es fundamental para sanar el dolor y liberarse del resentimiento.

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CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS (SPANISH EDITION)

ELPERDÓN

El perdón es un acto de amor, una actitud superior ante los demás y ante la vida. Perdonar es dar
un bien tras recibir un daño. Es una forma especial de entrega y eleva al ser humano.
No soy una ingenua, no ignoro la dificultad de perdonar determinadas conductas. No es lo mismo
excusar tras ser herido de forma insignificante que hacerlo tras sufrir de forma importante y real-
mente dañina. El des precio, la agresión injustificada, la humillación, la traición, la infidelidad marital
o la crítica contumaz pueden generar niveles de sufrimiento tales que resulte muy dificil, por no decir
casi imposible, su superación.
En Camboya escuché las historias más aterradoras y escalofriantes de mi vida. Anotaba en libretas
lo que llegaba a mis oídos y en alguna ocasión, al releerlas, he acabado con lágrimas en los ojos. Quería
ayudar a aquellas niñas prostituidas que habían padecido cruelmente, pero no sabía cómo encontrar
una salida a su sufrimiento. Desde siempre he pensado que los psiquiatras y psicólogos ayudamos a
la gente que sufre, herida o bloqueada a encontrar una salida; pero en camboya no sabía desde dónde
articular «la terapia».
Un día conocí a Mey, ella me dío una solución.
Conocí a Mey en un día plomizo y caluroso de agosto. Somalylfil me había hablado de una casa
en los montes de camboya que albergaba un centro para chicas muy jóvenes. Al llegar al centro lo
que observé se quedó plasmado en mi retina. Las niñas vestían igual -para no marcar diferencias-:
una camisa y pantalón de tipo floral-hawaiano. Somaly se dirigía a ellas sentándose en el centro de
la estancia. Había llegado su maman y las niñas acudieron raudas a abrazarla. En algunas miradas
se percibía una tristeza profunda, ojos perdidos en un pasado doloroso y cruel. Las más pequeñas de
cinco o seis años revoloteaban y bailaban alrededor de ella. Otras, sentadas en las esquinas, se mante-
nían inmóviles. Somaly, con su voz dulce, comenzó a contarles una historia en jemer, su lengua. Poco
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a poco, las niñas más rezagadas se iban acercando sentándose alrededor de ella; los semblantes cam-
biaban y se tornaban en caras menos tensas y frías.
Mientras observaiba la escena, una niña risueña con cara de pilla se acercó a mí. Me presenté en mi
jemer rudimentario y básico, pero suficiente para entablar una conversación simple. Se llamaba Mey,
tenia trece años y llevaba pocos meses en el centro. Al ver mis problemas con el idioma me sonrió muy
divertida y me dedicó unas palabras en inglés. Estaba claro que iba a ser más sencillo comunicarse
en su inglés que con «mi jemer». Tras una breve conversación le pregunté si era feliz. Me contestó
fijamente:
-Ahora sí. Quiero ser periodista para escribir cuentos para niños para que sus madres se los lean.
Los cuentos tienen que tratar de cómo los padres quieren y cuidan a sus hijos y no los venden para la
prostitución.
Mey había tocado la fibra de la prostitución sin miedo, sin pestañear. Un sudor frío recorrió mi
espalda. Tras unos segundos de silencio, recuperé mis fuerzas y pregunté:
-¿Te vendieron?
-sí, mi abuela, y nunca lo entenderé.
Silencio... Levantó la mirada y continuó:
-No tengo padr,es. Mis recuerdos empiezan con mi abuela, con la que yo vivía. Hace un año me
llevaron a la casa de un empresario extranjero mayor. Éramos muchas chicas en la casa, algunas coci-
naban, otras limpiaban... Un día me llamó a su habitación me quitó la ropa y me hizo cosas horribles
que yo no sabía que existían. Yo solo gritaba pero nadie podía escucharme...
La abracé para intentar consolarla ante semejante evocación, pero ella no traslucía dolor alguno,
parecía recordarlo desde la distancia. Prosiguió:
-Esto se repitió otros días, hasta que me di cuenta de que no podía aguantar más. Decidí esca-
parme y una noche salté la verja y me fui. No sabía dónde ir, no tenia sitio al que volver. Recordé que
hacía tiempo había conocido a un señor de la India que nos traía arroz al barrio ,c uando no teníamos
comida. Era un hombre bueno. Me fui a la casa donde vivía. Era un misionero. Yo nunca había oído
hablar de christians. Él me habló de su Dios y de cómo murió en una cruz. Yo no he sido educada en
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CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS (SPANISH EDITION)

ninguna religión, pero me interesó su historia y pregunté: «¿Cómo lo superó?». Su respuesta fue: «Les
perdonó». Comencé a acudir por las mañanas a la pequeña capilla cercana, y hablaba con ese hombre
puesto en una cruz de madera, le pedía que me ayudara a perdonar para librarme de la angustia y de
la rabia. Un día, mientras estaba sentada en el suelo me dí cuenta de que ya no sentía odío ni enfado.
He perdonado al extranjero. Desde ese día mi vida ha cambiado.
Empiezo a vislumbrar, emocionada, una solución viable a tanto dolor. Continuó:
-El misionero se estuvo informando sobre cuál era el mejor lugar para llevarme. Finalmente deci-
dímos denunciarlo a la Policía, que fue la que me trajo aquí. Días después conocí a Somaly. Ahora soy
feliz. Tengo una madre y muchas hermanas. Es fundamental superar el dolor tan inmenso a través del
perdón. No existe otra manera para alcanzar la paz. Yo lo intento con mis hermanas -sisters: como se
llaman entre ellas en el centro-. Las quiero, las escucho... Soy muy afortunada. Soy muy feliz.
Hablé con Mey largo y tendído. Me resultaba impresionante cómo el poder del perdón había sanado
sus heridas más profundas. A lo largo de las semanas siguientes intenté seguir el «modelo del perdón»
que ella me había mostrado.
Me marcó profundamente, estudíé, leí todo lo que encontraba sobre la capacidad de perdonar, y
fundamenté el proceso en «comprender es aliviar». Esto significa que cuando comprendes o entiendes
las razones que impulsan a alguien a herirte -su biografía, su forma de ser, su envidía, sus conflictos
internos ...- consigues aliviar tu sufrimiento.
En el caso de Mey, ella, rabiosa contra su abuela que la había vendído, me decía:
-Ella, ante la desesperación de no tener nada, buscó una solución fácil, sin maldad, para que mis
hermanas tuvieran de qué comer.
Existe gente mala, por supuesto, pero la mayor parte de la gente que te hiere tiene sus razones. A
veces ni ellos mismos las conocen, pero si las buscas, si indagas, puede sorprenderte el consuelo que
recibes.
El sufrimiento en la vida puede ser realmente doloroso y tormentoso, razón por la cual hay que
luchar para superar ese daño. Cuando uno se queda anclado en un odío, cuando uno no es capaz de
sanar las ofensas o humillaciones recibidas, puede convertirse en alguien resentido, agrio y neurótico.
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CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS (SPANISH EDITION)

Para evitar esas consecuencias negativas, incluso en los casos en los que quien provocó el trauma no
tiene justificación posible, a la víctima le conviene «egoístamente» perdonar.

El drama y el trauma que a unos aplasta y destruye, a otros los fortifica y re-
genera, dotándoles de mayor capacidad de amor.

Un ingrediente tóxico derivado de lo que estamos hablando es el resentimiento -re-sentimiento


-: la repetición de un sentimiento -y de un pensamiento- de forma recurrente y perjudicial. Todas
las religiones y sistemas éticos tienen en el perdón uno de sus ejes básicos. El budismo lo trata en
profundidad; existen lecciones magistrales de Buda sobre la necesidad del ser humano de perdonar.
En el judaísmo, el concepto de perdón es fundamental, muy similar al que poseen los cristianos. Para
expresar este tema, paso a relatar una historia impresionante.
¿Y si no se puede comprender... de ninguna manera?
Simon Wiesenthal fue un judío austriaco de profesión arquitecto. Tras haber estado internado en
cinco campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, fue liberado de Mauthausen por
los americanos en 1944. Una vez recuperado comenzó su tarea, más que conocida, de implacable ca-
zanazis por todo el mundo. Consiguió llevar ante los tribunales a más de mil nazis.
En sus libros, El girasol y Los límites del perdónl2l relata su historia personal y su idea ante el gran
dilema del perdón.
La anécdota que marca sus páginas -¡y su vida!- es la siguiente. Un día, estando en un campo de
concentración, una enfermera le pidió que la siguiera. Fue llevado a una habita-c ión donde un joven
de las SS, Karl Seidl, moribundo de veintiún años, le hizo una petición peculiar. Había recibido una
bala mortal y estaba agonizando. Karl, vendado casi totalmente, sin apenas poder hablar, solicitó a
la enfermera que le trajera a un judío antes de morir porque quería hablar con él. Durante las horas
que siguieron, Simon se mantuvo al lado del joven quien le iba relatando su vida. Necesitaba expresar
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CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS (SPANISH EDITION)

quién era, su infancia y cómo había acabado en las juventudes de las SS cometiendo atrocidades. Re-
veló a Simon, míentras le agarraba fuertemente la mano, una de las mayores brutalidades que había
realizado azotando y agrediendo brutalmente a familias judías hasta terminar quemándolas en una
casa en Dnipropetrvosk, actual Ucrania. Karl proseguía su relato incidiendo en los aspectos que más
dolor le provocaban, entre ellos la mirada de un niño pequeño, que intentaba saltar por la ventana, al
que disparó. Durante las horas que permaneció a su lado, Simon no musitó ni una palabra.
Las últimas palabras de Karl fueron:
-Estoy aquí con mí culpabilidad. En las últimas horas de mí vida tú estás aquí conmigo. No sé
quién eres, solamente sé que eres judío, y eso es suficiente. Sé que lo que te he contado es terrible. Una
y otra vez he anhelado hablar sobre ello con un judío y suplicar su perdón. Sé que lo que estoy pidiendo
es demasiado para ti, pero sin tu respuesta no puedo morir en paz(1OJ.
Simon no lo resistió y salió por la puerta. Su libro ahonda esta cuestión: «¿Debería haberle perdo-
nado?... ¿Fue mí silencio al lado del lecho de aquel nazi moribundo arrepentido correcto o incorrecto?
Esta es una profunda pregunta moral que desafía la conciencia (... J. El meollo del asunto es la cuestión
del perdón. Olvidar es algo de lo que solamente el tiempo se ocupa, pero perdonar es un acto de lavo-
luntad y solamente el que sufre está calificado para tomar la decisión».
La situación que he descrito provocó en Simon un gran dilema moral sobre la culpa, la capacidad
de perdonar y el arrepentimiento. En la segunda parte del libro, Los límites del perdón, entrevistó a
cincuenta y tres pensadores, intelectuales, políticos, líderes religiosos -judíos, cristianos, budistas,
testigos de los genocidios de Bosnia, camboya, Tíbet y China-, sobre qué habrían hecho en su lugar.
Veintiocho de ellos respondieron que no serían capaces de perdonar, dieciséis hablaron de que sí era
posible y nueve no tenían clara su postura. De los que sí apostaban por el perdón, la mayoría eran
cristianos y budistas. La posición del dalái lama basándose en el drama del Tíbet, era de apoyo al per-
dón, pero sin olvidar para que nunca jamás puedan volver a suceder atrocidades semejantes.
Este libro, que no llega a ninguna conclusión en este tema porque en última instancia se trata de
un tema de conciencia, representa un clásico sobre el perdón y la reconciliación desde diferentes pun-
tos de vista -tanto religiosos como personales-.
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CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS (SPANISH EDITION)

Perdonar no significa aceptar que lo que la otra persona cometió fuera aceptable o comprensible.
En ocasiones el crimen es tan atroz e inhumano que no existe forma de descifrar la conducta del
otro para que ello produzca un alivio. Pese a todo aun en esos casos el perdón es necesario porque el
dolor que genera no merece estar anclado en tu mente. Por culpa de esa herida, de ese veneno, de ese
resentimiento, puedes convertirte en alguien amargado, al no ser capaz de soltarlo. Perdonar alivia el
dolor causado, evita el resentimiento y, por ello, abre a la víctima las puertas del futuro, que, sin él,
estarían inevitablemente cerradas. La capacidad de perdonar es exclusiva de la víctima, no depende
del arrepentimiento de quien provocó la ofensa. El perdón libera de cargas y ayuda a seguir adelante
aunque la causa sea terrible, aunque el que la provocó no se arrepienta. En mi experiencia clínica,
siempre compensa. El perdón es un trampolín, un puente seguro para la liberación del dolor, pero en
ocasiones puede resultar imposible.

Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo.

Si no perdonamos, si no somos capaces de purificarnos podemos quedarnos anclados en el rencor,


el odio y en la revancha. En la revancha decido que quiero devolver la ofensa al otro, quiero que sufra
y que le sucedan cosas negativas. En el rencor, me mantengo herido, apuñalado y no soy capaz de ol-
vidar y superarlo. Si esto nos sucede, seremos incapaces de recuperar la paz y el equilibrio.
¿Cómo perdonar?

- Aceptar lo que ha pasado. No negar la realidad.


- Intentar comprender lo que ha sucedido con perspectiva. A veces somos protagonistas de
algo ajeno donde no hemos podido intervenir de ninguna manera. La vida conlleva injusti-
cias y complicaciones que no podemos controlar.
- Intentar alejar la imagen del escenario mental usando, por ejemplo, técnicas como el
EMDR. El EMDR, desensibilización y reprocesamiento por los movimientos oculares (Eye
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Movement Desensibilization and Reprocessing), fue descubierto por Francine Shapiro en 1987.
Es un abordaje psicoterapeútico y una técnica empleada para trabajar el trastorno de estrés
postraumatico. Integra elementos de diferentes enfoques psicológicos. Usa la estimulación
bilateral, mediante movimientos oculares, sonidos o tapping (golpecitos) por los que se es-
timula un hemisferio cerebral cada vez. El EMDR presenta múltiples estudios de validación
científica. Es útil para pacientes con traumas severos (muertes, atentados, abusos psicológi-
cos o físicos) u otros eventos difíciles que han bloqueado al paciente por alguna u otra razón.
Lo empleé en Camboya con resultados muy satisfactorios.
-Trabajar el nivel de autoestima. La capacidad de perdonar, de sobreponerse a la rabia, a la sed
de venganza o a la autocompasión es propia de las personas que poseen fortaleza interior. Si
ante un acto grave quien lo sufre es capaz de sobreponerse y perdonar, está haciendo una ex-
hibición de seguridad en sí mismo propia de alguien con autoestima sana.
-Ser optimista. A veces requiere tiempo, pero el simple hecho de saber que se puede crecer ante
el dolor, la esperanza de superarlo, puede resultar un bálsamo para aliviar las heridas.
- Evitar anularnos con sentimientos de culpa. ¡Cuidado con convertirnos en víctimas! Hay per-
sonas que ante una fatalidad se encierran en sí mismas y evitan progresar. Acudir a hechos
pasados para autojustificarnos una y otra vez nos acaba enquistando, deteniendo nuestra
trayectoria vital.
- Mirar hacia adelante.
-A perdonar se aprende cuando a uno le han tenido que perdonar. Es un ejercicio sano rebus-
car en nuestro pasado reciente, en nuestra propia vida, el perdón de otros.
- Ver a la otra persona como digna de compasión. Decía Juan Pablo II: «No hay justicia sin
perdón, no hay perdón sin misericordia». Hay que tratar de sustituir lo negativo por senti-
mientos poderosos como la compasión y la misericordia.

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