PARTENONINFORMACION
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PARTENON
El Partenón (literalmente «la residencia de las jóvenes»,1 es decir, aquí «la residencia de
Atenea Partenos») es uno de los principales templos dóricos que se conservan, construido
entre los años 447 a. C. y 432 a. C. en la Acrópolis de Atenas. Sus dimensiones aproximadas
son: 69,5 metros de largo, por 30,9 de ancho; las columnas tienen 10,4 metros de altura. Está
dedicado a la diosa griega Atenea, a la que los atenienses consideraban su protectora.
Historia
La construcción del monumento, realizada casi exclusivamente en mármol blanco
procedente del monte Pentélico, fue iniciada por Pericles como agradecimiento de la
ciudad a los dioses por su victoria contra los persas, y se desarrolló entre los años 447 y
432 a. C. Los arquitectos encargados de la obra fueron Ictino y Calícrates y estuvieron,
en la mayoría de los casos, bajo las órdenes del arquitecto y gran escultor ateniense
Fidias, autor de la decoración escultórica y de la gran estatua crisoelefantina de Atenea
Partenos que estaba situada como pieza central del templo (medía doce metros de altura
y para su elaboración se necesitaron 1200 kilogramos de oro).
El Partenón conservó su carácter religioso a lo largo del tiempo como iglesia bizantina,
como iglesia latina y como mezquita musulmana. Pero en 1687, los turcos utilizaron el
Partenón imprudentemente como depósito de pólvora durante el sitio por la República
de Venecia de la Atenas dependiente del imperio otomano. Las tropas venecianas
estaban bajo el mando del almirante Francesco Morosini. Uno de los cañonazos
venecianos cayó en el Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran parte
de la edificación, preservada en buenas condiciones hasta ese entonces. Hay leyendas
que sugieren que Morosini tenía información de que el Partenón se había convertido en
un polvorín.
El posterior proceso de deterioro y erosión continuó pero no terminó ahí, sino que los
daños siguieron a principios del siglo XIX, cuando el embajador británico en
Constantinopla, Thomas Bruce Elgin, decidió quitar la mayor parte de la decoración
escultórica que quedaba del monumento (frisos, métopas, frontones) y trasladarla a
Inglaterra para venderla al Museo Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una de
las colecciones más significativas del museo en la actualidad. La fachada occidental del
Partenón está conservada relativamente intacta
ARQUITECTURA
El diseño del Partenón estuvo condicionado inicialmente para albergar la imagen de oro
y marfil de Atenea Parthenos, esculpida por Fidias. La colosal estatua de doce metros de
altura precisaba de una inmensa cella de más de 18 metros de anchura, dividida en tres
naves mediante una doble columnata conformada por dos órdenes superpuestos de estilo
dórico. La nave central medía diez metros de anchura. Dentro de la cella del lado este,
la columnata se dispuso en forma de "U" y estaba compuesta por nueve columnas con
un entrepaño entre cada una de ellas, en los lados largos de la "U". Tres columnas con
dos entrepaños formaban el lado corto.
La cella del este estaba dedicada a Atenea Polías (protectora de la ciudad), y la cella del
oeste estaba dedicada a Atenea Párthenos, "la virgen", por lo cual todo el edificio acabó
siendo conocido como el Partenón.
Esta construcción es uno de los ejemplos más claros del saber en geometría por parte de
los matemáticos y arquitectos griegos. Es octástilo y períptero –que tiene columnas en
todo su perímetro–, ocho en las dos fachadas más cortas y 17 en las laterales. Consta de
una doble cella con pronaos y opistodomo, pero con próstilo de seis columnas.
Los arquitectos consiguieron que el efecto visual que mostrara el Partenón no permitiera
apreciar la antiestética deformación que se percibe al situarse en las proximidades de los
grandes monumentos. Lograron obtener el efecto visual más estético con certeras
alteraciones en su construcción: columnas con éntasis, un poco curvadas hacia el centro,
no equidistantes, y algo más gruesas en las esquinas; frontón levemente arqueado y
estilóbato ligeramente convexo.
Decoración
La decoración escultórica del Partenón es una combinación única de las metopas
(esculpidas en altorrelieve extendiéndose por los cuatro lados externos del templo), los
tímpanos (rellenando los espacios triangulares de cada frontón) y un friso (esculpido en
bajorrelieve abarcando el perímetro exterior de la cella). En ellos se representan varias
escenas de la Mitología griega. Además, las diversas partes del templo estaban pintadas
de colores vivos. El Partenón es, sin duda, el máximo exponente del orden dórico, como
se puede apreciar en el diseño del friso o sus columnas..
Erigido entre los años 447 y 438 a.C. en la Acrópolis, el Partenón es uno de los monumentos
más importantes de la antigua civilización griega, además del edificio más representativo de
toda Grecia.
El edificio del Partenón, construido en mármol blanco del Monte Pentélico, fue
concebido para albergar la imagen de oro y marfil de Atenea Parthenos, una
colosal estatua de doce metros de altura elaborada por Fidias.
En 1687 fue utilizado como polvorín por los turcos, los explosivos sufrieron una
detonación y el Partenón pagó las consecuencias. Más tarde, entre 1801 y 1803, los
ingleses expoliaron gran parte de los detalles decorativos del Partenón. Lejos de ser
devueltas a sus legítimos dueños, estas piezas aún se exhiben en museos como el Museo
Británico de Londres.
La vista del imponente edificio del Partenón mientras se recorre la Acrópolis resulta
impresionante y no deja indiferente a nadie.
PARTENON
Las obras comenzaron en 447 a.C. y finalizaron en tan sólo nueve años, el 438 a.C. lo que se
explica por el poderío económico de la Atenas de Pericles. Las esculturas del frontón diseñadas
por Fidias se colocaron seis años más tarde, el 432 a.C.
CARACTERISTICAS ARQUITECTONICAS
El Partenón es uno de los ejemplos más significativos del orden dórico griego, aunque combina
elementos de orden dórico y jónico por lo que el resultado es una nueva forma arquitectónica
que podría llamarse ática.
ELEMENTOS
KREPIS O CREPIDOMA
LA COLUMNATA EXTERIOR
El templo es períptero octástilo. Por tanto tiene 8 columnas en las fachadas y 17 en los
laterales que en conjunto suman 46 columnas dóricas cuyo fuste, de 10,43 metros, está
dividido en 11 módulos o tambores y está recorrido en sentido longitudinal por estrías,
unidas a arista viva.
Las columnas no tienen basa, asientan directamente sobre el estilóbato. Los capiteles
son también dóricos y están formados por equino y ábaco; se unen al fuste por medio de
una moldura cóncava denominada collarino y sobre ellos descansa el entablamento.
ENTABLAMENTO
arquitrabe
friso
cornisa
El arquitrabe es liso. El friso está constituido por una sucesión alternante de triglifos
(formados por estrías verticales) y metopas (que presentan decoración escultórica).
Remata el conjunto una cornisa, saliente respecto a los elementos anteriores.
Las ocho columnas del frente dan lugar a catorce metopas (dos por cada uno de los siete
intervalos) y, en consecuencia, a quince triglifos. Los triglifos coinciden con los ejes de
las columnas, mientras que los extremos se desplazan al filo del entablamento.
CUBIERTA
FRONTÓN
En cada uno de los lados menores, entre la cornisa y el tejado se genera un amplio
espacio triangular denominado frontón, cuyo perímetro exterior aparece recorrido por
una cornisa saliente, de modo que el espacio interior, o tímpano, queda libre para ser
decorado con esculturas. El frontón tiene forma de triángulo isósceles de base seis y
altura cuatro. Sus lados iguales miden cinco. Pueden descomponerse en dos triángulos
rectángulos de proporción 3-4-5.
CÁMARAS DEL TEMPLO
El Partenón está compuesto por dos pórticos y dos cámaras interiores no comunicadas
entre sí. Ambas cámaras estaban cerradas por puertas de bronce.
PÓRTICOS
El templo es anfipróstilo, es decir, tiene dos pórticos, uno anterior, el Pronaos y otro
posterior, el Opistódomos. Estos dos pórticos son hexástilos, y sus columnas son
ligeramente de menor diámetro que las exteriores.
NAOS O CELLA
Es la sala principal del templo. En esta estancia se alojaba, cerca del fondo, la estatua de
Atenea Parthenos (Atenea Virgen), a quien estaba consagrado el templo.
Es de planta rectangular y estaba aislada del resto del edificio mediante un muro de
sillares.
Estaba dividida en tres naves por una columnata de estilo dórico, de dobles columnas
superpuestas en dos pisos, dispuesta en forma de pi griega (Π), que enmarcaba la estatua
crisoelefantina de Atenea, cuyo basamento aún permanece in situ. Delante del
basamento existía un estanque, poco profundo, cuya agua producía un efecto de brillo
en la estatua de Atenea.
Era una pequeña sala rectangular donde se guardaba el tesoro del templo y el tesoro de
la Liga de Delos. Tenía cuatro altas columnas jónicas que sostenían la cubierta. En esta
sala jóvenes vírgenes (parthénoi) atenienses preparaban el peplo de Atenea para las
Panateneas. Por eso esta sala fue llamada Partenón, denominación que más tarde se
extendió a todo el templo.
ESCULTURAS DEL PARTENÓN
Las esculturas del Partenón representan el genio estético del arte clásico griego y son el
más alto resultado artístico que ha conseguido la humanidad en todos los tiempos.
Fidias decoró profusamente el templo con esculturas y relieves en los que representó
escenas de la Mitología griega y la procesión de las Panateneas.
PROPORCIÓN CONSTANTE: 4 A 9
Las dimensiones del Partenón están regidas por la proporción 4:9 (0,444) que se repite
en las dimensiones del estilóbato (30,88/69,50), en la relación entre la altura y anchura
del templo (13,72/30,88) y en la relación entre el diámetro de las columnas (1,907) y el
intercolumnio (4,296).
CORRECCIONES ÓPTICAS
TODO DE MÁRMOL
UN RECORD DE CONSTRUCCIÓN
A pesar de que por sus dimensiones el Partenón es el templo dórico más grande
terminado del mundo griego se construyó en tan sólo nueve años, del 447 a.C. al 438
a.C.
El Partenón es el único templo dórico en que las 92 metopas están decoradas por
decisión de Fidias que fue injustamente acusado de haber robado el oro destinado a la
construcción de la estatua crisoelefantina de Atenea y expulsado de Atenas.
MUCHO METAL Y NADA DE ARGAMASA
Los diferentes bloques de mármol se unían entre sí con grapas metálicas, colocadas en
agujeros prefabricados que después eran rellenados con plomo fundido. Las diferentes
inclinaciones de los planos, usadas como artificio de corrección óptica, hacían que los
bloques no fuesen nunca perfectamente cúbicos, sino trapezoidales. Esto exigía que
cada pieza tuviese que ser colocada con una precisión milimétrica.
DE TEMPLO A POLVORÍN
La colosal escultura crisoelefantina (de oro y marfil) de Atenea Parthenos (Atenea Virgen), obra
de Fidias, se alojaba en el Partenón de la Acrópolis de Atenas.
Atenea, patrona de Atenas, aparece representada como una diosa guerrera, con escudo y
casco, preparada para la defensa de la ciudad.
«... la imagen está hecha de marfil y oro. En medio del casco hay una figura de la
Esfinge... y a uno y otro lado del yelmo hay grifos esculpidos... La estatua de Atenea es
de pie con manto hasta los pies y en su pecho tiene insertada la cabeza de Medusa de
marfil. Tiene una Victoria de aproximadamente cuatro codos y en la mano una lanza;
hay un escudo junto a sus pies y cerca de la lanza una serpiente. Esta serpiente podría
ser Erictonio. En la base de la estatua está esculpido el nacimiento de Pandora».
Atenea en pie apoya el peso del cuerpo sobre la pierna derecha manteniendo la rodilla
izquierda ligeramente flexionada. La cabeza la tiene ligeramente inclinada hacia adelante y los
mechones del cabello caen sobre el peto de la diosa. Su mano izquierda se apoya sobre un
escudo circular (égida). Su quitón (túnica) se ajusta a la cintura con un par de serpientes, cuyas
colas se entrelazan en la parte posterior. Sobre su mano derecha extendida se yergue una Niké
alada de marfil (se discute si había un soporte bajo el original de Fidias). Una lanza se apoya en
el brazo derecho y hombro derecho de la diosa sostenida por una de las serpientes del escudo.
FIDIAS
Escultor griego, nacido en Atenas (490 a. C. - 431 a. C.) que llevó la escultura a las cotas más
altas de perfección y armonía.
Vivió en la época de Pericles, su amigo y protector, que le encargó la supervisión de los
trabajos escultóricos y arquitectónicos de la Acrópolis.
Fidias realizó la estatua criselefantina de Atenea Parthenos y diseñó el friso, las esculturas de
los frontones y las noventa y dos metopas del Partenón (+info).
El 437 a. C. se trasladó a Olimpia para confeccionar la estatua crisoelefantina de Zeus olímpico,
considerada una de las siete maravillas de la antigüedad.
Regresó a Atenas en 433 a. C. donde se le acusó de haber robado parte del oro de la Atenea
Parthenos en una maniobra política que pretendía desacreditar a su protector Pericles.
Aunque demostró su inocencia más tarde se le acusó y condenó por blasfemia porque se había
representado a sí mismo y a Pericles en la amazonomaquia del escudo de la diosa Atenea. Tras
salir de la cárcel se exilió a Olimpia donde murió el 431 a. C.
OBRA DE FIDIAS
Se situaban en las fachadas este y oeste rellenando los espacios triangulares de cada
frontón. Cada tímpano del templo estaba decorado con una escena mitológica. Las
figuras son de tamaño mayor al real.
El del oeste, sobre la entrada principal del edificio, representa el nacimiento de Atenea,
observado por los dioses del Olimpo y el del este, la disputa entre Atenea y Poseidón
por el patrocinio de Atenas
Constituyen la novedad más espectacular del Partenón ya que el friso interior nunca se
había decorado anteriormente.
Fidias decidió representar en el friso interior, de 160 metros, la procesión de las
Panateneas. El friso, de estilo jónico, se esculpió en bajorrelieve, rematando el muro
exterior de la naos o cella (en la galería del peristilo).
Desde el ángulo sudoeste, partía en las dos direcciones y después de recorrer los cuatro
lados del edificio finalizaba en la cara oriental.
El friso representaba la procesión de las Panateneas, el festival religioso más importante
de Atenas en el que los atenienses presentaban a los dioses el nuevo peplo o manto para
la antigua estatua de madera de Atenea. La escena incluye figuras de dioses, bestias y
unos 360 seres humanos y se conserva, en la actualidad, en el Museo Británico de
Londres.
Atenea, la hija predilecta de Zeus, nació de la cabeza de Zeus un día que éste sufría un
fuerte dolor de cabeza y pidió a Hefesto que le abriera el cráneo por la mitad.
Atenea y Poseidón discutían por la soberanía de la ciudad y esta disputa llegó a oídos de
Zeus que convocó al tribunal de los dioses. Estos decidieron conceder la ciudad a quien
creara la mejor obra para los hombres.
PARTENON
¿ QUÉ ES ?
PARTENON
Sin embargo, el rey Jerjes de Persia destruyó este Partenón más viejo cuando saqueó
Atenas en el 480 d.C., durante la Segunda Guerra Pérsica. Lo peor es que los atenienses
todavía estaban construyendo el Partenón, por lo que todo su trabajo quedó en nada
Tras ganar la guerra, se construyó de nuevo el Partenón, entre los años 447 y 432 a.C.
Su construcción se hizo casi en exclusiva en mármol blanco procedente del cercano
monte Pentélico. Los El arquitecto responsable de Fidias, comandando a otros dos
arquitectos célebres de la época: Ictinio y Calitres. Fidias hizo la gran estatua
crisoelefantina de Atenea Partenos, situada como pieza central del templo, con doce
metros de altura y 1200 kilogramos de oro.
Las columnas se construyeron para ser ligeramente más anchas en la zona media y
ligeramente más delgada en la parte superior, cerca del capítol. Los antiguos griegos
hicieron esto como una ilusión óptica para que pareciera como si el techo estuviese
poniendo demasiada tensión en las columnas.
Los arquitectos también curvaron ligeramente los escalones más altos de la escalera, lo
que también hace que el templo parezca más grande de lo que realmente es, y flotase
sobre el horizonte lejano. Y, por último, los atenienses remataron el Partenón con un
techo de madera, usando la madera de los barcos persas derrotados de su victoria naval
en Salamina como el material de construcción.
La fase clásica del Partenón se mantuvo durante bastante tiempo. Sin embargo, los
cristianos más alterarían más tarde la arquitectura y el uso del Partenón.
El Partenón de Atenas
El Partenón es, sin ninguna duda, el símbolo por antonomasia de Atenas. Su efigie se
encuentra plasmada en un sinfín de pinturas, fotografías, películas, platos, vasijas, motivos
ornamentales, medallones, camisetas,... Pero ninguna hace justicia a la magnificencia del
templo más conocido de toda Grecia. Toda expectativa se ve superada ante la contemplación
en directo de esta majestuosa obra arquitectónica que se erige dominante en lo alto de la
Acrópolis de Atenas.
Han transcurrido casi dos mil quinientos años desde su construcción y, tras franquear
los Propíleos, el perfil del templo consagrado a la diosa Atenea va tomando cuerpo,
recortándose contra el fondo celeste, llenando toda la escena con su porte hasta que
parece ser la única realidad existente entre el cielo y la tierra, sencillamente colosal y
armoniosa a los ojos de quien lo contempla, pues tal es su fuerza visual.
Los planos del proyecto fueron realizados por los arquitectos Calícrates e Ictinio,
cuyo trabajo se encontró bajo constante supervisión del gran Fidias, artífice del nuevo
plan de Pericles. Las obras se iniciaron en el año 437 a.C. y culminaron en el 432 a.C.,
dando lugar a un edificio de orden dórico con unas dimensiones aproximadas de 70
metros de largo por 31 de ancho, con columnas de más de diez metros de alto, casi todo
ello puro mármol traído de las canteras del vecino monte Pentelis. Una inmensa
cámara interior albergaba la espectacular escultura de Atenea Parthenos (virgen), de
la cual deriva el nombre del templo, Partenón. Fue esculpida en oro (se precisó más de
una tonelada) y mármol por Fidias, alcanzando una altura de 12 metros.
La perfección de la obra llega a tal punto que el basamento sobre el que se erige el
templo está curvado a propósito para corregir el defecto óptico que se produce en el
ojo humano en la percepción de una superficie recta. Esta pequeña elevación en el
centro de la base ayudaba, además, a la expulsión del agua hacia el exterior de la
estructura. Igualmente, el empleo de columnas de distinto tamaño según su disposición
no equidistante sobre la planta, con un mayor diámetro en su zona central (llamada
éntasis) y ligeramente arqueadas hacia el centro, así como otros pequeños detalles,
colaboran a corregir el efecto de leve deformación visual que produce la
contemplación según la distancia de estas monumentales obras.
Resulta realmente complicado, hasta para la mente más fantasiosa, imaginar cómo fue
en realidad el templo en su máximo esplendor, tras su inauguración en el siglo V a.C.
Pues donde hoy se presenta una desnuda estructura de mármol blanco, una vez hubo
adornos y colores. En la parte superior de cada frontispicio, la magnitud de algunas de
las figuras que componían las escenas contrastaba con las del Friso de las Panateneas,
de menor tamaño. Bajo los gigantescos frontones, las metopas, separadas por triglifos,
presentan relieves con motivos inspirados en la mitología griega, como la
gigantomaquia o la Guerra de Troya. Toda esta formidable combinación de escultura
integrada estaba adornada con tonos vivos que daban a la estructura un aspecto muy
distinto del que conserva actualmente. Hoy día, los huesos del esqueleto del Partenón
resplandecen con el fulgor de la luz del sol, creando una atmósfera digna del tiempo de
leyenda que se recrea en los relieves del templo.
La Acrópolis en 1863
En esta vista, los escombros de la explosión de 1687 son aún visibles. Óleo por Ippolito
Caffi. Museo di Ca’ Pesaro, Venecia.
Desde cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa colina
de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo alto, dominando
el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy dañado que está el
espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa Atenea, el templo que fue
el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles, en los tiempos de mayor gloria de la
democracia ateniense. El Partenón perdió gran parte de sus columnas y todo su techo, y de su
magnífica decoración y sus relieves escultóricos casi nada queda. Sus ruinas revelan una larga y
azarosa historia. Aun así sigue impresionando al visitante, por mucho que antes lo haya visto
reproducido en mil ocasiones.
El Partenón se erigió entre 442 y 432 a.C., dentro del programa de reconstrucción
impulsado por Pericles en la Acrópolis. La ciudadela había sido arrasada en 480 a.C.
por los persas, que pegaron fuego a sus muros y destruyeron el antiguo Partenón, pero
Pericles decidió reconstruirla con un nuevo esplendor que expresara el poderío de
Atenas. Ese plan incluía la construcción de la gran escalinata de los Propileos, el vecino
templo de Erecteo, el templete dedicado a la Victoria y el espectacular Partenón, en
honor de la diosa patrona y protectora de la polis, Atenea Virgen (Parthénos). Los
arquitectos Ictino y Calícrates habían construido un templo sin par, y Fidias, el gran
escultor y amigo de Pericles, revisó con ejemplar maestría el genial proyecto.
De iglesia a mezquita
Durante los siglos siguientes, las diversas crisis y la decadencia política de Atenas
fueron despojando a su Acrópolis de sus múltiples riquezas y de grandiosos
monumentos. Sometida al dominio romano, algunos ilustres visitantes lograron adquirir
allí famosas estatuas. A la destrucción contribuyó además un enorme incendio que tuvo
lugar en el siglo III d.C. Pero, sin duda, lo que más afectó a la conservación de los
templos de la Acrópolis fue la llegada triunfal del cristianismo. A finales del siglo IV, el
emperador Teodosio prohibió el culto a los dioses "paganos" y como consecuencia, la
morada de la diosa Atenea –cuya estatua revestida de oro y marfil, esculpida por el
genial Fidias, ya había desaparecido– fue reutilizada y consagrada como iglesia de la
Virgen María.
A fines del siglo XII, cuando Atenas era ya tan sólo una pequeña ciudad de
provincias, el arzobispo Miguel Coniata podía felicitar a sus fieles por acudir a adorar
allí, en el espléndido templo de Nuestra Señora de Atenas, ya no a la falsa virgen
Atenea, madre de Erictonio, sino a la Virgen María, madre del Salvador. La estructura
del edificio no cambió mucho, pero la nueva sensibilidad religiosa introdujo algunos
cambios en el interior y en las fachadas: se construyó un altar con baldaquino, se
levantó un muro que cerraba los espacios laterales entre las columnas, se cambió la
orientación de la entrada y se añadió una torre junto a la puerta. La decoración interior
se enriqueció con brillantes mosaicos y en torno al altar se construyó un pequeño
ábside, cerrando así la entrada oriental del antiguo Partenón.
Durante más de dos siglos, entre 1204 y 1456, la Acrópolis de Atenas estuvo en poder
de distintos invasores procedentes de Europa occidental, desde francos a catalanes,
para acabar en manos de una familia de banqueros florentinos, los Acciaiuoli. El
Partenón dejó de ser una iglesia bizantina para convertirse en una catedral católica, y en
su extremo sudoccidental se erigió una torre a modo de campanario. En ese tiempo
llegaron a la ciudad algunos viajeros que nos dejaron descripciones del antiguo
monumento. Un tal Niccolò de Martoni estuvo en Atenas en 1395 y escribió sobre ella
en su Libro del peregrino. Más tarde, Ciríaco de Ancona la visitó dos veces, en 1436 y
en 1444, y dejó noticias y algunos dibujos muy interesantes sobre el edificio.
La mezquita y el bombardeo
Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed
II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia,
visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció
una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de
Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos
quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que
decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno
mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los
turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes
extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo
hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler,
quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como "la más elegante mezquita del
mundo".
Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de
la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa
Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos
convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar
tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron
también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo
bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio.
El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo
unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus
frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre
Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo
logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.
La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que
ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de
comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque
su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los
turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del
derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón
se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se
llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran
coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-
Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el
Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro
y al pillaje durante muchos decenios.
Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed
II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia,
visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció
una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de
Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos
quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que
decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno
mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los
turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes
extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo
hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler,
quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como "la más elegante mezquita del
mundo".
Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de
la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa
Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos
convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar
tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron
también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo
bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio.
El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo
unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus
frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre
Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo
logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.
La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que
ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de
comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque
su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los
turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del
derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón
se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se
llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran
coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-
Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el
Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro
y al pillaje durante muchos decenios.
Y entonces llegó lord Elgin, quien entre 1801 y 1811, a través de sus agentes, despojó al
Partenón de sus relieves –una gran parte del friso de la procesión de las Panateneas– así
como de las espléndidas estatuas sobrevivientes del frontón oriental, el único que se ha
conservado. Su espléndido botín se puede ver en la sala del Museo Británico
dedicada al Partenón. Su actuación fue, y sigue siendo, objeto de enconadas
discusiones, ya que privó a Atenas de un incomparable tesoro artístico, pero, por otro
lado, puso a salvo esos restos del arte clásico transportándolos a Londres.
Ocho columnas decoran los frontales del Partenón, y diecisiete sus flancos laterales. De
estilo dórico, cada una mide 10,93 metros de alto y 1,91 de diámetro
PARTENON
Para conmemorar la victoria sobre los persas en Maratón en el año 490 a.C., los atenienses
decidieron construir un templo a Atenea sobre la colina sagrada de la Acrópolis, que dominaba
la ciudad. Diez años después, un nuevo ejército persa irrumpió en Grecia y, tras franquear el
paso de las Termópilas, arrasó la ciudad de Atenas. Los vengativos persas se ensañaron
especialmente con los edificios religiosos de la Acrópolis, de modo que el nuevo templo, que
estaba todavía en fase de construcción, fue destruido hasta sus cimientos.
Durante más de tres décadas, la Acrópolis permaneció en ruinas hasta que Pericles,
aprovechando la buena situación militar y económica de Atenas, propuso a los
atenienses su reconstrucción. La pieza clave del ambicioso proyecto era un nuevo
templo a Atenea, la diosa tutelar de la ciudad, que iba a tener diversas funciones:
custodiar el tesoro ateniense; conmemorar la gesta de Maratón o, en general, de las dos
guerras libradas contra los persas, y, sobre todo, ser la residencia de una enorme estatua
criselefantina (en oro y marfil) que debía realizar Fidias, amigo de Pericles y supervisor
general de todo el proyecto. De hecho, se puede decir que templo y estatua estaban
construidos el uno para la otra.
Sabemos por las inscripciones que los trabajadores eran ciudadanos de Atenas, metecos
(extranjeros con carta de residencia) y esclavos; y que todos cobraban lo mismo por el
mismo trabajo. Las labores especializadas se retribuían a razón de un dracma por día.
Por sorprendente que nos parezca, los arquitectos cobraban un dracma también, a
pesar de su responsabilidad.
De la cantera a la obra
El templo se realizaría por entero con el mármol procedente del monte Pentélico, que se
levantaba a unos 16 kilómetros al noreste de Atenas. Era un brillante mármol blanco
que con el paso del tiempo adquiría una fina pátina dorada por las inclusiones de hierro
y cuya dureza lo hacía especialmente indicado para la construcción. Sobre la vertiente
suroeste de la montaña todavía se puede reconocer la zona de la cantera donde se
extrajo el mármol para los edificios de la Acrópolis; sólo para el Partenón se
utilizaron 22.000 toneladas.
Los canteros separaban bloques de la misma altura por medio de canales tallados con
cincel. Luego se hacían agujeros alargados paralelos a la veta del mármol y se
introducían en ellos cuñas de madera. Cuando éstas se mojaban, se hinchaban y
desprendían el bloque de mármol del resto de la roca. El bloque se trabajaba en la
misma cantera hasta casi darle la forma definitiva; sólo se dejaba por pulir una capa
de pocos centímetros. La pieza resultante debía ser lo más ligera posible para facilitar el
transporte.
Una vez terminadas, las piezas descendían ladera abajo a bordo de trineos que
discurrían por una especie de pista visible aún hoy. A ambos lados de la pista había
unos agujeros cuadrados donde encajaban unas estacas de madera por donde se pasaban
unas cuerdas atadas al trineo para controlar la velocidad de descenso. Al pie de la
montaña se cargaban los bloques en unos carros tirados por bueyes y se llevaban a
la ciudad en un viaje que podía durar hasta dos días. En la obra, los bloques se
alzaban por medio de poleas y grúas; las piezas del Partenón no eran de grandes
dimensiones, precisamente para facilitar su manejo.
Los arquitectos aprovecharon los cimientos del antiguo templo destruido por los persas,
pero hubo que ampliarlos hacia el lado norte de la explanada de la Acrópolis. El nuevo
templo iba a ser más ancho, y contaría con ocho columnas en las dos fachadas o lados
cortos y 17 en los lados largos. A continuación, se elevaron tres escalones y sobre el
superior, llamado estilóbato, se levantó la columnata exterior o peristilo.
Cada columna estaba formada por diez o doce tambores. Como el estilóbato no era
totalmente plano había que hacer cuidadosos ajustes para asentar los tambores de las
columnas. Apoyados en ellas se colocaron los arquitrabes, bloques de mármol
dispuestos en forma horizontal. Y sobre ellos se añadió el friso, en cuya decoración se
alternaban triglifos y metopas.
Los triglifos eran rectángulos de mármol decorados con acanaladuras: se trataba de una
representación en piedra del final de una viga, que recordaba los primitivos templos de
madera. Las metopas, con figuras esculpidas en altorrelieve, se situaban entre los
triglifos. Había 92 metopas, que rodeaban todo el templo. Puesto que las metopas
eran parte de la estructura que debía soportar el techo fueron las primeras esculturas
realizadas para el edificio y, seguramente, la necesidad de acabarlas rápidamente
explica que Fidias tuviera numerosos colaboradores.
La magnífica estancia de la diosa
A continuación se levantaron los muros del templo. Los sillares se ponían uno sobre
otro sin argamasa y se enlazaban por medio de abrazaderas de hierro que luego se
recubrían de plomo para evitar la oxidación. Dentro del templo se crearon dos estancias
totalmente separadas por un muro interior. En la más amplia, la naos (a la que se
accedía por el pórtico delantero, el principal), se alojaría la monumental estatua
criselefantina que estaba realizando Fidias. Quien entrase en la naos, iluminada por unas
ventanas a los lados de la puerta, quedaría sobrecogido ante la imagen de Atenea.
La otra estancia, a la que se accedía por el pórtico trasero, era mucho más pequeña. En
ella, los arquitectos decidieron usar cuatro esbeltas columnas jónicas para sostener el
techo, en lugar de un doble piso de columnas dóricas. Esta sala, donde se guardaba el
tesoro de la ciudad, era la que recibía el nombre de Partenón, "cámara de las
doncellas", por ser, en principio, un espacio destinado a las jóvenes que cumplían un
importante papel en el culto a Atenea. Ya en el siglo IV a.C., este nombre pasó a
designar todo el edificio en su conjunto.
En la parte exterior del muro se decidió añadir un friso, de un metro de altura, que
rodearía el templo en su totalidad, con unos 160 metros de longitud. Parece que fue una
alteración del proyecto decorativo inicial, y no se sabe con seguridad si se esculpió allí
mismo o en el taller. En todo caso, representaba un considerable esfuerzo para un
elemento que se situaba a doce metros del suelo y que no iba a ser especialmente visible
desde fuera del templo. De nuevo podemos pensar que Fidias se encargó del diseño del
conjunto que luego plasmaron en el mármol diversos artistas. El friso parece que
representaba la procesión de las Panateneas, una procesión cívica que cada año subía
a la Acrópolis para ofrecer un nuevo peplo o vestido a la estatua de la diosa.
Finalmente se construyó el techo, formado por un armazón de madera que sostenía las
tejas. Éstas se solían hacer de barro cocido, pero en el Partenón se decidió usar también
mármol. Las tejas eran planas y en sus uniones, para conseguir que el tejado fuera
impermeable, se colocaba otra, la "teja de cubierta", que en el alero del edificio se
remataba con un elemento decorativo llamado antefija, con forma de cabeza o palmeta,
para romper la monotonía de la línea recta del tejado.
Divinidades en el friso
Los dioses Poseidón, Apolo y Ártemis contemplan desde el Olimpo la procesión de las
Panateneas en este fragmento de friso del Partenón. Museo Británico.
LO QUE SOBRÓ
INTRODUCCION/CONCLUSION
El Partenón de Atenas
Han transcurrido casi dos mil quinientos años desde su construcción y, tras franquear
los Propíleos, el perfil del templo consagrado a la diosa Atenea va tomando cuerpo,
recortándose contra el fondo celeste, llenando toda la escena con su porte hasta que
parece ser la única realidad existente entre el cielo y la tierra, sencillamente colosal y
armoniosa a los ojos de quien lo contempla, pues tal es su fuerza visual.
Los planos del proyecto fueron realizados por los arquitectos Calícrates e Ictinio,
cuyo trabajo se encontró bajo constante supervisión del gran Fidias, artífice del nuevo
plan de Pericles. Las obras se iniciaron en el año 437 a.C. y culminaron en el 432 a.C.,
dando lugar a un edificio de orden dórico con unas dimensiones aproximadas de 70
metros de largo por 31 de ancho, con columnas de más de diez metros de alto, casi todo
ello puro mármol traído de las canteras del vecino monte Pentelis. Una inmensa
cámara interior albergaba la espectacular escultura de Atenea Parthenos (virgen), de
la cual deriva el nombre del templo, Partenón. Fue esculpida en oro (se precisó más de
una tonelada) y mármol por Fidias, alcanzando una altura de 12 metros.
La perfección de la obra llega a tal punto que el basamento sobre el que se erige el
templo está curvado a propósito para corregir el defecto óptico que se produce en el
ojo humano en la percepción de una superficie recta. Esta pequeña elevación en el
centro de la base ayudaba, además, a la expulsión del agua hacia el exterior de la
estructura. Igualmente, el empleo de columnas de distinto tamaño según su disposición
no equidistante sobre la planta, con un mayor diámetro en su zona central (llamada
éntasis) y ligeramente arqueadas hacia el centro, así como otros pequeños detalles,
colaboran a corregir el efecto de leve deformación visual que produce la
contemplación según la distancia de estas monumentales obras.
Resulta realmente complicado, hasta para la mente más fantasiosa, imaginar cómo fue
en realidad el templo en su máximo esplendor, tras su inauguración en el siglo V a.C.
Pues donde hoy se presenta una desnuda estructura de mármol blanco, una vez hubo
adornos y colores. En la parte superior de cada frontispicio, la magnitud de algunas de
las figuras que componían las escenas contrastaba con las del Friso de las Panateneas,
de menor tamaño. Bajo los gigantescos frontones, las metopas, separadas por triglifos,
presentan relieves con motivos inspirados en la mitología griega, como la
gigantomaquia o la Guerra de Troya. Toda esta formidable combinación de escultura
integrada estaba adornada con tonos vivos que daban a la estructura un aspecto muy
distinto del que conserva actualmente. Hoy día, los huesos del esqueleto del Partenón
resplandecen con el fulgor de la luz del sol, creando una atmósfera digna del tiempo de
leyenda que se recrea en los relieves del templo.
Desde cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa
colina de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo
alto, dominando el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy
dañado que está el espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa
Atenea, el templo que fue el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles,
en los tiempos de mayor gloria de la democracia ateniense. El Partenón perdió gran
parte de sus columnas y todo su techo, y de su magnífica
El Partenón es, sin ninguna duda, el símbolo por antonomasia de Atenas. Su efigie se
encuentra plasmada en un sinfín de pinturas, fotografías, películas, platos, vasijas, motivos
ornamentales, medallones, camisetas,... Pero ninguna hace justicia a la magnificencia del
templo más conocido de toda Grecia. Toda expectativa se ve superada ante la contemplación
en directo de esta majestuosa obra arquitectónica que se erige dominante en lo alto de la
Acrópolis de Atenas.
El Partenón conservó su carácter religioso a lo largo del tiempo como iglesia bizantina,
como iglesia latina y como mezquita musulmana. Pero en 1687, los turcos utilizaron el
Partenón imprudentemente como depósito de pólvora durante el sitio por la República
de Venecia de la Atenas dependiente del imperio otomano. Las tropas venecianas
estaban bajo el mando del almirante Francesco Morosini. Uno de los cañonazos
venecianos cayó en el Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran
parte de la edificación, preservada en buenas condiciones hasta ese entonces. Hay
leyendas que sugieren que Morosini tenía información de que el Partenón se había
convertido en un polvorín.
El posterior proceso de deterioro y erosión continuó pero no terminó ahí, sino
que los daños siguieron a principios del siglo XIX, cuando el embajador británico en
Constantinopla, Thomas Bruce Elgin, decidió quitar la mayor parte de la decoración
escultórica que quedaba del monumento (frisos, métopas, frontones) y trasladarla a
Inglaterra para venderla al Museo Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una
de las colecciones más significativas del museo en la actualidad. La fachada occidental
del Partenón está conservada relativamente intacta
PARTENON
PARTENON
IMAGENES
La explosión del Partenón en 1687
La Acrópolis en 1863
En esta vista, los escombros de la explosión de 1687 son aún visibles. Óleo por Ippolito
Caffi. Museo di Ca’ Pesaro, Venecia.
Divinidades en el friso
Los dioses Poseidón, Apolo y Ártemis contemplan desde el Olimpo la procesión de las
Panateneas en este fragmento de friso del Partenón. Museo Británico.
Ocho columnas decoran los frontales del Partenón, y diecisiete sus flancos laterales. De
estilo dórico, cada una mide 10,93 metros de alto y 1,91 de diámetro
UN RECORD DE CONSTRUCCIÓN
A pesar de que por sus dimensiones el Partenón es el templo dórico más grande
terminado del mundo griego se construyó en tan sólo nueve años, del 447 a.C. al 438
a.C.
El Partenón es el único templo dórico en que las 92 metopas están decoradas por
decisión de Fidias que fue injustamente acusado de haber robado el oro destinado a la
construcción de la estatua crisoelefantina de Atenea y expulsado de Atenas.
DE TEMPLO A POLVORÍN