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PARTENON

El Partenón (literalmente «la residencia de las jóvenes»,1 es decir, aquí «la residencia de
Atenea Partenos») es uno de los principales templos dóricos que se conservan, construido
entre los años 447 a. C. y 432 a. C. en la Acrópolis de Atenas. Sus dimensiones aproximadas
son: 69,5 metros de largo, por 30,9 de ancho; las columnas tienen 10,4 metros de altura. Está
dedicado a la diosa griega Atenea, a la que los atenienses consideraban su protectora.

Historia
La construcción del monumento, realizada casi exclusivamente en mármol blanco
procedente del monte Pentélico, fue iniciada por Pericles como agradecimiento de la
ciudad a los dioses por su victoria contra los persas, y se desarrolló entre los años 447 y
432 a. C. Los arquitectos encargados de la obra fueron Ictino y Calícrates y estuvieron,
en la mayoría de los casos, bajo las órdenes del arquitecto y gran escultor ateniense
Fidias, autor de la decoración escultórica y de la gran estatua crisoelefantina de Atenea
Partenos que estaba situada como pieza central del templo (medía doce metros de altura
y para su elaboración se necesitaron 1200 kilogramos de oro).

El Partenón conservó su carácter religioso a lo largo del tiempo como iglesia bizantina,
como iglesia latina y como mezquita musulmana. Pero en 1687, los turcos utilizaron el
Partenón imprudentemente como depósito de pólvora durante el sitio por la República
de Venecia de la Atenas dependiente del imperio otomano. Las tropas venecianas
estaban bajo el mando del almirante Francesco Morosini. Uno de los cañonazos
venecianos cayó en el Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran parte
de la edificación, preservada en buenas condiciones hasta ese entonces. Hay leyendas
que sugieren que Morosini tenía información de que el Partenón se había convertido en
un polvorín.

El posterior proceso de deterioro y erosión continuó pero no terminó ahí, sino que los
daños siguieron a principios del siglo XIX, cuando el embajador británico en
Constantinopla, Thomas Bruce Elgin, decidió quitar la mayor parte de la decoración
escultórica que quedaba del monumento (frisos, métopas, frontones) y trasladarla a
Inglaterra para venderla al Museo Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una de
las colecciones más significativas del museo en la actualidad. La fachada occidental del
Partenón está conservada relativamente intacta

ARQUITECTURA

El diseño del Partenón estuvo condicionado inicialmente para albergar la imagen de oro
y marfil de Atenea Parthenos, esculpida por Fidias. La colosal estatua de doce metros de
altura precisaba de una inmensa cella de más de 18 metros de anchura, dividida en tres
naves mediante una doble columnata conformada por dos órdenes superpuestos de estilo
dórico. La nave central medía diez metros de anchura. Dentro de la cella del lado este,
la columnata se dispuso en forma de "U" y estaba compuesta por nueve columnas con
un entrepaño entre cada una de ellas, en los lados largos de la "U". Tres columnas con
dos entrepaños formaban el lado corto.

En la zona oeste, al fondo del interior de la columnata de cuatro columnas, existía el


basamento de la estatua, para el culto a Atenea Parthenos con un amplio estanque, poco
profundo, que producía un efecto de brillo mediante el agua frente a ésta. Ambas cellas
estaban cerradas por puertas de bronce.

La cella del este estaba dedicada a Atenea Polías (protectora de la ciudad), y la cella del
oeste estaba dedicada a Atenea Párthenos, "la virgen", por lo cual todo el edificio acabó
siendo conocido como el Partenón.

Esta construcción es uno de los ejemplos más claros del saber en geometría por parte de
los matemáticos y arquitectos griegos. Es octástilo y períptero –que tiene columnas en
todo su perímetro–, ocho en las dos fachadas más cortas y 17 en las laterales. Consta de
una doble cella con pronaos y opistodomo, pero con próstilo de seis columnas.

Los arquitectos consiguieron que el efecto visual que mostrara el Partenón no permitiera
apreciar la antiestética deformación que se percibe al situarse en las proximidades de los
grandes monumentos. Lograron obtener el efecto visual más estético con certeras
alteraciones en su construcción: columnas con éntasis, un poco curvadas hacia el centro,
no equidistantes, y algo más gruesas en las esquinas; frontón levemente arqueado y
estilóbato ligeramente convexo.

Decoración
La decoración escultórica del Partenón es una combinación única de las metopas
(esculpidas en altorrelieve extendiéndose por los cuatro lados externos del templo), los
tímpanos (rellenando los espacios triangulares de cada frontón) y un friso (esculpido en
bajorrelieve abarcando el perímetro exterior de la cella). En ellos se representan varias
escenas de la Mitología griega. Además, las diversas partes del templo estaban pintadas
de colores vivos. El Partenón es, sin duda, el máximo exponente del orden dórico, como
se puede apreciar en el diseño del friso o sus columnas..

Las metopas de cada fachada representaban distintas escenas: la gigantomaquia en el


lado este, la amazonomaquia en el oeste, la centauromaquia en el sur, y escenas de la
guerra de Troya en el norte. Cada tímpano del templo tenía una escena mitológica: al
este, sobre la entrada principal del edificio, el nacimiento de Atenea, y al oeste, la lucha
entre Atenea y Poseidón por el patrocinio de la ciudad de Atenas. En el interior, el friso
mostraba la representación de la procesión de las Panateneas, el festival religioso más
importante de Atenas. La escena se desarrollaba a lo largo de los cuatro lados del
edificio e incluye figuras de dioses, bestias y de unos trescientos sesenta seres humanos.
PARTENON

Erigido entre los años 447 y 438 a.C. en la Acrópolis, el Partenón es uno de los monumentos
más importantes de la antigua civilización griega, además del edificio más representativo de
toda Grecia.

Consagrado a la diosa Atenea Parthenos, el Partenón es uno de los principales templos de


construcción dórica que se conservan, y también el más grandioso de los monumentos
creados durante la época de Pericles.

Detalles sobre el edificio


El Partenón fue erigido sobre un templo del siglo VI a.C., conocido como
Hecatompedón, que fue destruido por los Persas.

El edificio del Partenón, construido en mármol blanco del Monte Pentélico, fue
concebido para albergar la imagen de oro y marfil de Atenea Parthenos, una
colosal estatua de doce metros de altura elaborada por Fidias.

Con unas dimensiones aproximadas de 70 metros de largo y 30 de ancho, el Partenón


estaba rodeado por columnas en todo su perímetro, 8 en las fachadas principales y 17
en las laterales.

En el friso se representaba la procesión de las Panateneas, el festival religioso más


importante que se llevaba a cabo en Atenas. A lo largo de las cuatro caras del edificio se
desarrollaba la escena incluyendo más de 300 figuras humanas, dioses y bestias.

Las desgracias del Partenón


A lo largo de los siglos el Partenón ha sufrido diferentes transformaciones que han ido
deteriorando el edificio a pasos de gigante. Entre los años 1208 y 1258, el interior del
Partenón albergó una iglesia bizantina, y en 1458 fue transformado en una
mezquita.

En 1687 fue utilizado como polvorín por los turcos, los explosivos sufrieron una
detonación y el Partenón pagó las consecuencias. Más tarde, entre 1801 y 1803, los
ingleses expoliaron gran parte de los detalles decorativos del Partenón. Lejos de ser
devueltas a sus legítimos dueños, estas piezas aún se exhiben en museos como el Museo
Británico de Londres.

Después de tantos y tan variados avatares, aún no había terminado el cúmulo de


desgracias que afectarían al edificio del Partenón y en 1894 se vio afectado por uno de
los terremotos más importantes en la historia de Grecia.
En la actualidad aún continúan las labores de conservación y reconstrucción en el
edificio del Partenón. Se encuentra rodeado de grúas y elementos de contención, pero
todo esto no es suficiente para eclipsar la magia del impresionante edificio.

El elemento más importante de la ciudad


Aunque Atenas es una ciudad que tiene mucho que ofrecer a sus visitantes,
probablemente la imagen que todo el mundo tiene en su cabeza antes y después de
realizar el viaje sea la del edificio del Partenón.

La vista del imponente edificio del Partenón mientras se recorre la Acrópolis resulta
impresionante y no deja indiferente a nadie.

PARTENON

Es el monumento más grandioso de la Atenas de Pericles y refleja en la arquitectura el


extraordinario florecimiento cultural, de las artes y del pensamiento que alcanzó Atenas
durante el siglo V a. C. que culminó con la implantación de la democracia.

El templo se consagró a la diosa Atenea, protectora de Atenas. Los arquitectos Ictino y


Calícrates, dirigidos por el escultor ateniense Fidias, diseñaron un edificio para albergar la
gigantesca estatua crisoelefantina de Atenea, obra de Fidias, que se custodiaría en la cella del
templo.
Todo el proyecto del templo se supeditó a la presencia de la gran estatua de Atenea, de doce
metros de altura, por eso se diseñó una cella de 19 metros de ancho.

Las obras comenzaron en 447 a.C. y finalizaron en tan sólo nueve años, el 438 a.C. lo que se
explica por el poderío económico de la Atenas de Pericles. Las esculturas del frontón diseñadas
por Fidias se colocaron seis años más tarde, el 432 a.C.

El templo se construyó sobre el inacabado Hecatompedón, templo del que se aprovecharon


algunos materiales.

CARACTERISTICAS ARQUITECTONICAS

El Partenón es uno de los ejemplos más significativos del orden dórico griego, aunque combina
elementos de orden dórico y jónico por lo que el resultado es una nueva forma arquitectónica
que podría llamarse ática.

El templo es de planta rectangular, períptero (con columnas en todo su perímetro) octástilo


(con la clásica proporción de 8 columnas al frente y 17 en los laterales), anfipróstilo
(flanqueado por dos pórticos) y con doble cella.

ELEMENTOS
KREPIS O CREPIDOMA

Es el elemento de transición entre el suelo natural y el edificio. Todo el conjunto se


asienta sobre una plataforma o basamento, formada por tres escalones, dos inferiores
que en conjunto se llaman estereóbato y uno superior estilóbato, sobre el que se alzan
las columnas.

LA COLUMNATA EXTERIOR

El templo es períptero octástilo. Por tanto tiene 8 columnas en las fachadas y 17 en los
laterales que en conjunto suman 46 columnas dóricas cuyo fuste, de 10,43 metros, está
dividido en 11 módulos o tambores y está recorrido en sentido longitudinal por estrías,
unidas a arista viva.
Las columnas no tienen basa, asientan directamente sobre el estilóbato. Los capiteles
son también dóricos y están formados por equino y ábaco; se unen al fuste por medio de
una moldura cóncava denominada collarino y sobre ellos descansa el entablamento.

ENTABLAMENTO

Por encima de los capiteles de las columnas se dispone un entablamento organizado, de


abajo arriba, en tres partes:

 arquitrabe
 friso
 cornisa

El arquitrabe es liso. El friso está constituido por una sucesión alternante de triglifos
(formados por estrías verticales) y metopas (que presentan decoración escultórica).
Remata el conjunto una cornisa, saliente respecto a los elementos anteriores.
Las ocho columnas del frente dan lugar a catorce metopas (dos por cada uno de los siete
intervalos) y, en consecuencia, a quince triglifos. Los triglifos coinciden con los ejes de
las columnas, mientras que los extremos se desplazan al filo del entablamento.

CUBIERTA

La cubierta es dintelada a dos aguas. El tejado es de madera y las tejas de mármol


pentélico.

FRONTÓN

En cada uno de los lados menores, entre la cornisa y el tejado se genera un amplio
espacio triangular denominado frontón, cuyo perímetro exterior aparece recorrido por
una cornisa saliente, de modo que el espacio interior, o tímpano, queda libre para ser
decorado con esculturas. El frontón tiene forma de triángulo isósceles de base seis y
altura cuatro. Sus lados iguales miden cinco. Pueden descomponerse en dos triángulos
rectángulos de proporción 3-4-5.
CÁMARAS DEL TEMPLO

El Partenón está compuesto por dos pórticos y dos cámaras interiores no comunicadas
entre sí. Ambas cámaras estaban cerradas por puertas de bronce.

PÓRTICOS

El templo es anfipróstilo, es decir, tiene dos pórticos, uno anterior, el Pronaos y otro
posterior, el Opistódomos. Estos dos pórticos son hexástilos, y sus columnas son
ligeramente de menor diámetro que las exteriores.

 PRONAOS o pórtico anterior. Constituye el Vestíbulo que precede a la Naos. Su


fachada es hexástila (con seis columnas).

 OPISTÓDOMOS o pórtico posterior. En la parte trasera se adopta un esquema


semejante, también con seis columnas (hexástilo) en la fachada. Da acceso al Partenón
o Cámara de las Vestales.

NAOS O CELLA

Es la sala principal del templo. En esta estancia se alojaba, cerca del fondo, la estatua de
Atenea Parthenos (Atenea Virgen), a quien estaba consagrado el templo.
Es de planta rectangular y estaba aislada del resto del edificio mediante un muro de
sillares.
Estaba dividida en tres naves por una columnata de estilo dórico, de dobles columnas
superpuestas en dos pisos, dispuesta en forma de pi griega (Π), que enmarcaba la estatua
crisoelefantina de Atenea, cuyo basamento aún permanece in situ. Delante del
basamento existía un estanque, poco profundo, cuya agua producía un efecto de brillo
en la estatua de Atenea.

La escultura crisoelefantina de Atenea Parthenos, obra de Fidias, tenía 12 metros de


altura y representaba a la diosa Atenea armada y sosteniendo en su mano derecha una
Niké (Victoria) de marfil de dos metros de altura.

PARTENÓN O CÁMARA DE LAS VESTALES

Era una pequeña sala rectangular donde se guardaba el tesoro del templo y el tesoro de
la Liga de Delos. Tenía cuatro altas columnas jónicas que sostenían la cubierta. En esta
sala jóvenes vírgenes (parthénoi) atenienses preparaban el peplo de Atenea para las
Panateneas. Por eso esta sala fue llamada Partenón, denominación que más tarde se
extendió a todo el templo.
ESCULTURAS DEL PARTENÓN

Las esculturas del Partenón representan el genio estético del arte clásico griego y son el
más alto resultado artístico que ha conseguido la humanidad en todos los tiempos.
Fidias decoró profusamente el templo con esculturas y relieves en los que representó
escenas de la Mitología griega y la procesión de las Panateneas.

PROPORCIÓN CONSTANTE: 4 A 9

Las dimensiones del Partenón están regidas por la proporción 4:9 (0,444) que se repite
en las dimensiones del estilóbato (30,88/69,50), en la relación entre la altura y anchura
del templo (13,72/30,88) y en la relación entre el diámetro de las columnas (1,907) y el
intercolumnio (4,296).

CORRECCIONES ÓPTICAS

Los arquitectos Ictino y Calícrates crearon un edificio dotado de armonía visual.


Estudiaron las proporciones óptimas para corregir los defectos ópticos que generan las
líneas rectas y crear en el espectador una imagen de perfección. Para que en un edificio
las líneas rectas, horizontales y verticales, aparezcan como tales no deben serlo en
realidad. Para buscar la perfección óptica y la ilusión perfecta de horizontalidad y
verticalidad hicieron que las columnas convergieran en un punto lejano.
Para ello las columnas no son completamente rectas, a un tercio de su altura el fuste se
ensancha (éntasis) 2 centímetros, las columnas de las esquinas son un 2,5 % más anchas
que el resto, todas las columnas están levemente inclinadas hacia dentro, las columnas
no son equidistantes entre sí y, por último, el entablamento y el estilóbato son
ligeramente convexos.

TODO DE MÁRMOL

El templo se construyó casi exclusivamente en mármol blanco del monte Pentélico,


desde las tejas a las columnas.

UN RECORD DE CONSTRUCCIÓN

A pesar de que por sus dimensiones el Partenón es el templo dórico más grande
terminado del mundo griego se construyó en tan sólo nueve años, del 447 a.C. al 438
a.C.

LAS 92 METOPAS DECORADAS

El Partenón es el único templo dórico en que las 92 metopas están decoradas por
decisión de Fidias que fue injustamente acusado de haber robado el oro destinado a la
construcción de la estatua crisoelefantina de Atenea y expulsado de Atenas.
MUCHO METAL Y NADA DE ARGAMASA

Los diferentes bloques de mármol se unían entre sí con grapas metálicas, colocadas en
agujeros prefabricados que después eran rellenados con plomo fundido. Las diferentes
inclinaciones de los planos, usadas como artificio de corrección óptica, hacían que los
bloques no fuesen nunca perfectamente cúbicos, sino trapezoidales. Esto exigía que
cada pieza tuviese que ser colocada con una precisión milimétrica.

UNA COPIA DEL SIGLO XIX

En Nashville (Estados Unidos) los arquitectos William B. Dinsmoor y Russell E. Hart


construyeron en 1897 una réplica exacta, a escala real, del Partenón, para conmemorar
el centenario de la unión de Tennessee a los Estados Unidos de América.
Además de las dimensiones exactas todas las decoraciones son idénticas, incluso una
colosal estatua de Atenea, excepto que no es de oro ni marfil como la original.

DE TEMPLO A POLVORÍN

El Partenón conservó su carácter religioso en los siglos siguientes a su construcción y


fue convertido en una iglesia bizantina, una iglesia latina y una mezquita musulmana.
En 1687, los turcos lo utilizaron como depósito de pólvora durante el sitio veneciano,
bajo el mando del almirante Morosini. Una de las bombas venecianas cayó en el
Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran parte del edificio.
A principios del siglo XIX, el embajador británico en Constantinopla, Elgin, trasladó la
mayor parte de la decoración escultórica de las metopas y frontones del templo a
Inglaterra, donde fue vendida al Museo Británico.

Estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos

La colosal escultura crisoelefantina (de oro y marfil) de Atenea Parthenos (Atenea Virgen), obra
de Fidias, se alojaba en el Partenón de la Acrópolis de Atenas.

Atenea, patrona de Atenas, aparece representada como una diosa guerrera, con escudo y
casco, preparada para la defensa de la ciudad.

La escultura tenía 12 metros de altura (incluyendo el pedestal de 1,50 metros) y se


guardaba dentro del Partenón. Su núcleo estaba construido con madera cubierta con
placas de bronce, recubiertas con láminas de oro y marfil. El manto y el casco tenían
incrustaciones de oro.
La obra es conocida por fuentes antiguas, así como por una descripción muy detallada
de Pausanias (siglo II d. C.):

«... la imagen está hecha de marfil y oro. En medio del casco hay una figura de la
Esfinge... y a uno y otro lado del yelmo hay grifos esculpidos... La estatua de Atenea es
de pie con manto hasta los pies y en su pecho tiene insertada la cabeza de Medusa de
marfil. Tiene una Victoria de aproximadamente cuatro codos y en la mano una lanza;
hay un escudo junto a sus pies y cerca de la lanza una serpiente. Esta serpiente podría
ser Erictonio. En la base de la estatua está esculpido el nacimiento de Pandora».

Atenea en pie apoya el peso del cuerpo sobre la pierna derecha manteniendo la rodilla
izquierda ligeramente flexionada. La cabeza la tiene ligeramente inclinada hacia adelante y los
mechones del cabello caen sobre el peto de la diosa. Su mano izquierda se apoya sobre un
escudo circular (égida). Su quitón (túnica) se ajusta a la cintura con un par de serpientes, cuyas
colas se entrelazan en la parte posterior. Sobre su mano derecha extendida se yergue una Niké
alada de marfil (se discute si había un soporte bajo el original de Fidias). Una lanza se apoya en
el brazo derecho y hombro derecho de la diosa sostenida por una de las serpientes del escudo.

FIDIAS
Escultor griego, nacido en Atenas (490 a. C. - 431 a. C.) que llevó la escultura a las cotas más
altas de perfección y armonía.
Vivió en la época de Pericles, su amigo y protector, que le encargó la supervisión de los
trabajos escultóricos y arquitectónicos de la Acrópolis.
Fidias realizó la estatua criselefantina de Atenea Parthenos y diseñó el friso, las esculturas de
los frontones y las noventa y dos metopas del Partenón (+info).
El 437 a. C. se trasladó a Olimpia para confeccionar la estatua crisoelefantina de Zeus olímpico,
considerada una de las siete maravillas de la antigüedad.
Regresó a Atenas en 433 a. C. donde se le acusó de haber robado parte del oro de la Atenea
Parthenos en una maniobra política que pretendía desacreditar a su protector Pericles.
Aunque demostró su inocencia más tarde se le acusó y condenó por blasfemia porque se había
representado a sí mismo y a Pericles en la amazonomaquia del escudo de la diosa Atenea. Tras
salir de la cárcel se exilió a Olimpia donde murió el 431 a. C.

OBRA DE FIDIAS

Fidias sobresalió tanto en la escultura como en el relieve.


Su primera obra conocida es la Atenea Lemnia, una estatua de la diosa destinada a la
Acrópolis de Atenas.
Para conmemorar la victoria de los atenienses sobre los persas en la batalla de Maratón
se le encargó la estatua de bronce de Atenea Prómacos que se ubicó sobre un pedestal
en el centro de la Acrópolis.
El 438 a. C. finalizó la estatua criselefantina de Atenea Parthenos que se alojó en el
Partenón.
Fidias y su taller se ocuparon de la decoración escultórica del Partenón que incluía un
friso en bajorrelieve de ciento sesenta metros de longitud, dos frontones decorados con
esculturas y noventa y dos metopas en altorrelieve. Las piezas que se conservan se
encuentran en su mayoría en el Museo Británico destacando el grupo de las Tres Parcas
y los fragmentos de la Procesión de las Panateneas, sobre todo el grupo de los dioses del
Olimpo por su magistral tratamiento de las telas, que se adhieren y dibujan los
contornos del cuerpo.
Fidias realizó también la estatua crisoelefantina de Zeus en Olimpia, una de las siete
maravillas de la antigüedad.
Otras obras atribuidas a Fidias son el Apolo Parnopios, estatua de bronce de la
Acrópolis de Atenas, el Anadumeno, estatua de bronce de Olimpia, las Amazonas de
Éfeso y el Anacreonte.

Esculturas del Partenón


Las esculturas del Partenón representan el genio estético del arte clásico griego y son el
más alto resultado artístico que ha conseguido la humanidad en todos los tiempos.
Fidias decoró profusamente el templo con esculturas y relieves en los que representó
escenas de la Mitología griega y la procesión de las Panateneas.
Además el colorido del templo era espectacular. Los triglifos estaban pintados de azul y
blanco, el fondo de los tímpanos de azul brillante, el fondo de las metopas y del largo
friso de rojo, en las figuras se pintaban los ojos y el cabello y algunos elementos eran de
metal.

El conjunto escultórico del Partenón está compuesto por:

 La gran estatua de Atenea Parthenos.

 Altorrelieves de las metopas.

 Esculturas de los tímpanos (rellenando los espacios triangulares de cada


frontón).

 Bajorrelieves del friso interior.

ESTATUA CRISOELEFANTINA DE ATENEA

La gran estatua crisoelefantina (de oro y marfil) de Atenea Parthenos (Virgen) se


alojaba en la cella del templo. Tenía 12 metros de altura y representaba a la diosa
Atenea armada y sosteniendo en su mano derecha una Niké (Victoria) de marfil de dos
metros de altura
ALTORRELIEVES DE LAS METOPAS

Situadas en el friso exterior. Originalmente existieron 92 metopas, separadas unas de


otras por triglifos. En cada una de las fachadas menores había catorce metopas y treinta
y dos en cada uno de los lados externos del templo.
Las metopas representaban la gigantomaquia en el lado este, la amazonomaquia en el
oeste, la centauromaquia en el sur, y escenas de la guerra de Troya en el norte.

ESCULTURAS DE LOS TÍMPANOS

Se situaban en las fachadas este y oeste rellenando los espacios triangulares de cada
frontón. Cada tímpano del templo estaba decorado con una escena mitológica. Las
figuras son de tamaño mayor al real.
El del oeste, sobre la entrada principal del edificio, representa el nacimiento de Atenea,
observado por los dioses del Olimpo y el del este, la disputa entre Atenea y Poseidón
por el patrocinio de Atenas

BAJORRELIEVES DEL FRISO INTERIOR

Constituyen la novedad más espectacular del Partenón ya que el friso interior nunca se
había decorado anteriormente.
Fidias decidió representar en el friso interior, de 160 metros, la procesión de las
Panateneas. El friso, de estilo jónico, se esculpió en bajorrelieve, rematando el muro
exterior de la naos o cella (en la galería del peristilo).
Desde el ángulo sudoeste, partía en las dos direcciones y después de recorrer los cuatro
lados del edificio finalizaba en la cara oriental.
El friso representaba la procesión de las Panateneas, el festival religioso más importante
de Atenas en el que los atenienses presentaban a los dioses el nuevo peplo o manto para
la antigua estatua de madera de Atenea. La escena incluye figuras de dioses, bestias y
unos 360 seres humanos y se conserva, en la actualidad, en el Museo Británico de
Londres.

Esculturas de los Tímpanos


Cada uno de los tímpanos del Partenón, situados en las fachadas este y oeste, estaba
decorado con esculturas que representaban escenas mitológicas. Las figuras son de
tamaño mayor al real.

El tímpano de la fachada oeste, situado sobre la entrada principal del templo,


representaba a los dioses del Olimpo contemplando el nacimiento milagroso de Atenea
de la cabeza de Zeus.
El tímpano del este representaba la lucha entre Atenea y Poseidón por el patrocinio de la
ciudad de Atenas.

Tímpano oeste, el nacimiento de Atenea

Atenea, la hija predilecta de Zeus, nació de la cabeza de Zeus un día que éste sufría un
fuerte dolor de cabeza y pidió a Hefesto que le abriera el cráneo por la mitad.

Es la diosa de la sabiduría, de la razón y de la guerra justa y la protectora de Atenas.


No tuvo amores con otros dioses o mortales, por eso se le aplica el apelativo de Atenea
«Partenos» (virgen) y se le rinde culto en el Partenón de Atenas. También se relaciona con el
arte de hilar y de tejer y en la procesión de las Grandes Panateneas las sacerdotisas le ofrecían
un manto («peplo»), en reconocimiento de su protección.
Sus atributos son el casco, la lanza y la «égida» en la que suele llevar grabada la cabeza de la
Gorgona Medusa, para así petrificar a sus enemigos.
Se asocia con la lechuza (símbolo de la inteligencia) y el olivo.

Tímpano este, la disputa entre Atenea y Poseidon por Atenas

Atenea y Poseidón discutían por la soberanía de la ciudad y esta disputa llegó a oídos de
Zeus que convocó al tribunal de los dioses. Estos decidieron conceder la ciudad a quien
creara la mejor obra para los hombres.

En una roca de la Acrópolis Poseidón clavó el tridente e hizo brotar un manantial de


agua salada. Atenea golpeó el suelo con su lanza e hizo brotar un olivo. Los dioses
deliberaron en el Olimpo y Atenea obtuvo la victoria.

PARTENON

¿ QUÉ ES ?

El Partenón es un templo griego situado en la Acrópolis de Atenas


y dedicado a la diosa Atenea. Se le considera como una de las más
bellas construcciones arquitectónicas de la humanidad.
Fue construido entre los años 447 y 432 a.C. por los arquitectos
Ictino y Calícrates bajo la supervisión de Fidias autor de la
decoración escultórica y de una gran estatua de Atenea en oro y
marfil .

Esta construcción es uno de los ejemplos mas claros del saber en


geometría por parte de los matemáticos y arquitectos griegos. Éstos
consiguieron que el efecto visual que produjera el Partenón no fuera la
deformación que se produce al estar situado debajo de grandes
monumentos; por ello lo que hicieron fue deformarlo en su construcción
para conseguir el efecto visual perfecto. Estas deformaciones fueron
(como puedes ver en la figura):
 

a) Que no dejaron la misma distancia entre columnas .


b) Las columnas estaban abombadas en su centro .
c) La base estaba arqueada hacia arriba .
d) El frontón también estaba arqueado .
Para comprobar el efecto puedes comparar el dibujo (obtenido de la Hª
del Pensamiento) con el esquema de las deformaciones y la foto inicial que
da una imagen de perfecta armonía.

PARTENON

La historia del Partenón


En la antigua Grecia, los ciudadanos construyeron templos adornados para honrar y
adorar a su panteón, o grupo colectivo, de dioses. Atenas deidad era Atenea, la diosa de
la guerra justa y de la sabiduría. Según la mitología griega, Atenea nació de la cabeza de
Zeus. Poco después de su nacimiento, Poseidón y Atenea se pelearon por el patrocinio
de Atenas. Atenea ganó la batalla, y por lo tanto, el patrocinio de la gloriosa ciudad.

Como reconocimiento, los ciudadanos construyeron un templo llamado el Partenón en


honor a Atenea. El Partenón fue construido en la Acrópolis, la parte más alta y
fortificada de Atenas. Partenón significa literalmente la casa de Atenas.

Los atenienses iniciaron la construcción del primer Partenón, a menudo llamado el


Partenón Mayor, en la Acrópolis alrededor del 490 a.C. El Partenón más viejo fue
construido con una base de piedra caliza en las proximidades de la actual Partenón.

Sin embargo, el rey Jerjes de Persia destruyó este Partenón más viejo cuando saqueó
Atenas en el 480 d.C., durante la Segunda Guerra Pérsica. Lo peor es que los atenienses
todavía estaban construyendo el Partenón, por lo que todo su trabajo quedó en nada

Tras ganar la guerra, se construyó de nuevo el Partenón, entre los años 447 y 432 a.C.
Su construcción se hizo casi en exclusiva en mármol blanco procedente del cercano
monte Pentélico. Los El arquitecto responsable de Fidias, comandando a otros dos
arquitectos célebres de la época: Ictinio y Calitres. Fidias hizo la gran estatua
crisoelefantina de Atenea Partenos, situada como pieza central del templo, con doce
metros de altura y 1200 kilogramos de oro.
Las columnas se construyeron para ser ligeramente más anchas en la zona media y
ligeramente más delgada en la parte superior, cerca del capítol. Los antiguos griegos
hicieron esto como una ilusión óptica para que pareciera como si el techo estuviese
poniendo demasiada tensión en las columnas.

Los arquitectos también curvaron ligeramente los escalones más altos de la escalera, lo
que también hace que el templo parezca más grande de lo que realmente es, y flotase
sobre el horizonte lejano. Y, por último, los atenienses remataron el Partenón con un
techo de madera, usando la madera de los barcos persas derrotados de su victoria naval
en Salamina como el material de construcción.

La fase clásica del Partenón se mantuvo durante bastante tiempo. Sin embargo, los
cristianos más alterarían más tarde la arquitectura y el uso del Partenón.

El Partenón de Atenas

El Partenón es, sin ninguna duda, el símbolo por antonomasia de Atenas. Su efigie se
encuentra plasmada en un sinfín de pinturas, fotografías, películas, platos, vasijas, motivos
ornamentales, medallones, camisetas,... Pero ninguna hace justicia a la magnificencia del
templo más conocido de toda Grecia. Toda expectativa se ve superada ante la contemplación
en directo de esta majestuosa obra arquitectónica que se erige dominante en lo alto de la
Acrópolis de Atenas.

Han transcurrido casi dos mil quinientos años desde su construcción y, tras franquear
los Propíleos, el perfil del templo consagrado a la diosa Atenea va tomando cuerpo,
recortándose contra el fondo celeste, llenando toda la escena con su porte hasta que
parece ser la única realidad existente entre el cielo y la tierra, sencillamente colosal y
armoniosa a los ojos de quien lo contempla, pues tal es su fuerza visual.

Los planos del proyecto fueron realizados por los arquitectos Calícrates e Ictinio,
cuyo trabajo se encontró bajo constante supervisión del gran Fidias, artífice del nuevo
plan de Pericles. Las obras se iniciaron en el año 437 a.C. y culminaron en el 432 a.C.,
dando lugar a un edificio de orden dórico con unas dimensiones aproximadas de 70
metros de largo por 31 de ancho, con columnas de más de diez metros de alto, casi todo
ello puro mármol traído de las canteras del vecino monte Pentelis. Una inmensa
cámara interior albergaba la espectacular escultura de Atenea Parthenos (virgen), de
la cual deriva el nombre del templo, Partenón. Fue esculpida en oro (se precisó más de
una tonelada) y mármol por Fidias, alcanzando una altura de 12 metros.

La perfección de la obra llega a tal punto que el basamento sobre el que se erige el
templo está curvado a propósito para corregir el defecto óptico que se produce en el
ojo humano en la percepción de una superficie recta. Esta pequeña elevación en el
centro de la base ayudaba, además, a la expulsión del agua hacia el exterior de la
estructura. Igualmente, el empleo de columnas de distinto tamaño según su disposición
no equidistante sobre la planta, con un mayor diámetro en su zona central (llamada
éntasis) y ligeramente arqueadas hacia el centro, así como otros pequeños detalles,
colaboran a corregir el efecto de leve deformación visual que produce la
contemplación según la distancia de estas monumentales obras.

Resulta realmente complicado, hasta para la mente más fantasiosa, imaginar cómo fue
en realidad el templo en su máximo esplendor, tras su inauguración en el siglo V a.C.
Pues donde hoy se presenta una desnuda estructura de mármol blanco, una vez hubo
adornos y colores. En la parte superior de cada frontispicio, la magnitud de algunas de
las figuras que componían las escenas contrastaba con las del Friso de las Panateneas,
de menor tamaño. Bajo los gigantescos frontones, las metopas, separadas por triglifos,
presentan relieves con motivos inspirados en la mitología griega, como la
gigantomaquia o la Guerra de Troya. Toda esta formidable combinación de escultura
integrada estaba adornada con tonos vivos que daban a la estructura un aspecto muy
distinto del que conserva actualmente. Hoy día, los huesos del esqueleto del Partenón
resplandecen con el fulgor de la luz del sol, creando una atmósfera digna del tiempo de
leyenda que se recrea en los relieves del templo.

La explosión del Partenón en 1687

Bombardeo del partenón en 1687. Grabado aparecido en el libro Attene Atica, de


Francesco Fanelli, Venecia, 1707.

La Acrópolis en 1863

En esta vista, los escombros de la explosión de 1687 son aún visibles. Óleo por Ippolito
Caffi. Museo di Ca’ Pesaro, Venecia.

El asedio griego de 1827

En plena guerra de independencia, los griegos sitiaron a la guarnición turca en la


Acrópolis e incluso planearon volar el Partenón. Óleo por Panagiotis Zografos.

Desde cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa colina
de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo alto, dominando
el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy dañado que está el
espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa Atenea, el templo que fue
el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles, en los tiempos de mayor gloria de la
democracia ateniense. El Partenón perdió gran parte de sus columnas y todo su techo, y de su
magnífica decoración y sus relieves escultóricos casi nada queda. Sus ruinas revelan una larga y
azarosa historia. Aun así sigue impresionando al visitante, por mucho que antes lo haya visto
reproducido en mil ocasiones.
El Partenón se erigió entre 442 y 432 a.C., dentro del programa de reconstrucción
impulsado por Pericles en la Acrópolis. La ciudadela había sido arrasada en 480 a.C.
por los persas, que pegaron fuego a sus muros y destruyeron el antiguo Partenón, pero
Pericles decidió reconstruirla con un nuevo esplendor que expresara el poderío de
Atenas. Ese plan incluía la construcción de la gran escalinata de los Propileos, el vecino
templo de Erecteo, el templete dedicado a la Victoria y el espectacular Partenón, en
honor de la diosa patrona y protectora de la polis, Atenea Virgen (Parthénos). Los
arquitectos Ictino y Calícrates habían construido un templo sin par, y Fidias, el gran
escultor y amigo de Pericles, revisó con ejemplar maestría el genial proyecto.

De iglesia a mezquita

Durante los siglos siguientes, las diversas crisis y la decadencia política de Atenas
fueron despojando a su Acrópolis de sus múltiples riquezas y de grandiosos
monumentos. Sometida al dominio romano, algunos ilustres visitantes lograron adquirir
allí famosas estatuas. A la destrucción contribuyó además un enorme incendio que tuvo
lugar en el siglo III d.C. Pero, sin duda, lo que más afectó a la conservación de los
templos de la Acrópolis fue la llegada triunfal del cristianismo. A finales del siglo IV, el
emperador Teodosio prohibió el culto a los dioses "paganos" y como consecuencia, la
morada de la diosa Atenea –cuya estatua revestida de oro y marfil, esculpida por el
genial Fidias, ya había desaparecido– fue reutilizada y consagrada como iglesia de la
Virgen María.

A fines del siglo XII, cuando Atenas era ya tan sólo una pequeña ciudad de
provincias, el arzobispo Miguel Coniata podía felicitar a sus fieles por acudir a adorar
allí, en el espléndido templo de Nuestra Señora de Atenas, ya no a la falsa virgen
Atenea, madre de Erictonio, sino a la Virgen María, madre del Salvador. La estructura
del edificio no cambió mucho, pero la nueva sensibilidad religiosa introdujo algunos
cambios en el interior y en las fachadas: se construyó un altar con baldaquino, se
levantó un muro que cerraba los espacios laterales entre las columnas, se cambió la
orientación de la entrada y se añadió una torre junto a la puerta. La decoración interior
se enriqueció con brillantes mosaicos y en torno al altar se construyó un pequeño
ábside, cerrando así la entrada oriental del antiguo Partenón.

Durante más de dos siglos, entre 1204 y 1456, la Acrópolis de Atenas estuvo en poder
de distintos invasores procedentes de Europa occidental, desde francos a catalanes,
para acabar en manos de una familia de banqueros florentinos, los Acciaiuoli. El
Partenón dejó de ser una iglesia bizantina para convertirse en una catedral católica, y en
su extremo sudoccidental se erigió una torre a modo de campanario. En ese tiempo
llegaron a la ciudad algunos viajeros que nos dejaron descripciones del antiguo
monumento. Un tal Niccolò de Martoni estuvo en Atenas en 1395 y escribió sobre ella
en su Libro del peregrino. Más tarde, Ciríaco de Ancona la visitó dos veces, en 1436 y
en 1444, y dejó noticias y algunos dibujos muy interesantes sobre el edificio.

La mezquita y el bombardeo
Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed
II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia,
visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció
una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de
Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos
quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que
decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno
mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los
turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes
extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo
hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler,
quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como "la más elegante mezquita del
mundo".

Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de
la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa
Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos
convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar
tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron
también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo
bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio.

El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo
unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus
frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre
Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo
logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.

La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que
ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de
comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque
su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los
turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del
derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón
se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se
llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran
coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-
Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el
Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro
y al pillaje durante muchos decenios.

Renacido de sus cenizas

Tan sólo unos años después, en 1456, la ciudad fue tomada por los turcos. El sultán Mehmed
II, conquistador de Constantinopla y soberano de un imperio que comprendía ya toda Grecia,
visitó Atenas y expresó su admiración por la Acrópolis y su antiguo esplendor. Allí estableció
una fuerte guarnición y convirtió la iglesia de Nuestra Señora, es decir, el antiguo templo de
Atenea, en una brillante mezquita. La torre edificada para campanario por los cristianos
quedó convertida en minarete para la plegaria del muecín, las pinturas y los mosaicos que
decoraban el interior de la iglesia fueron blanqueados y el altar fue sustituido por el oportuno
mimbar. Peor le fue al vecino Erecteion, que los cristianos usaban como iglesia, donde los
turcos instalaron un notorio harén. La Acrópolis quedó cerrada durante siglos a los visitantes
extranjeros, aunque algunos lograron contemplarla sobornando a los guardias turcos. Así lo
hicieron dos famosos pioneros del turismo europeo en Grecia, Jacob Spon y George Wheeler,
quienes en 1675 calificaron lo que quedaba del Partenón como "la más elegante mezquita del
mundo".

Las crecientes hostilidades entre los turcos y los venecianos fueron la causa decisiva de
la catástrofe del Partenón, en 1687. Los venecianos, adelantados en la lucha de la Santa
Liga contra el Imperio otomano, asediaron con su flota la ciudad. Los turcos
convirtieron el Partenón en el almacén de pólvora y armas, confiando que un lugar
tan famoso quedaría a salvo del cañoneo de las fuerzas cristianas. Allí refugiaron
también a mujeres y niños. El general veneciano, el sueco conde Koenigsmark, lo
bombardeó sin piedad y una gran explosión arruinó el venerable edificio.

El techo entero saltó por los aires y el centro quedó reducido a escombros, incluyendo
unas treinta columnas. Quedaron en pie, aunque maltrechos, los dos extremos con sus
frontones, separados por un gran hueco. El jefe de la armada veneciana, el ilustre
Morosini, quiso llevarse a Venecia las estatuas centrales del frontón oeste, pero no lo
logró. Ese despojo llegaría más de un siglo después, de manos de lord Elgin.

La gran explosión convirtió al Partenón en una triste ruina, mucho mayor de lo que
ahora vemos, ya que la línea de columnas actual es el resultado de la reconstrucción de
comienzos del siglo XX. Los venecianos abandonaron Atenas tras unos meses, porque
su defensa les resultaba una carga y la ciudad era muy insalubre. De modo que los
turcos volvieron a instalar una guarnición allí y construyeron en la Acrópolis, dentro del
derruido Partenón, una pequeña mezquita. De los quebrados mármoles del Partenón
se aprovecharon no pocas construcciones vecinas, y algunos turistas ilustrados se
llevaron fragmentos del friso y pequeñas piezas de escultura. Por ejemplo, un gran
coleccionista de antigüedades griegas, el embajador francés, el conde de Choiseul-
Gouffier, logró hacerse con una magnífica metopa y un trozo de friso (ahora en el
Museo del Louvre). Las ruinas del templo de Atenea quedaron expuestas al deterioro
y al pillaje durante muchos decenios.

Renacido de sus cenizas

Y entonces llegó lord Elgin, quien entre 1801 y 1811, a través de sus agentes, despojó al
Partenón de sus relieves –una gran parte del friso de la procesión de las Panateneas– así
como de las espléndidas estatuas sobrevivientes del frontón oriental, el único que se ha
conservado. Su espléndido botín se puede ver en la sala del Museo Británico
dedicada al Partenón. Su actuación fue, y sigue siendo, objeto de enconadas
discusiones, ya que privó a Atenas de un incomparable tesoro artístico, pero, por otro
lado, puso a salvo esos restos del arte clásico transportándolos a Londres.

Desde su independencia en 1831, Grecia ha cuidado con especial esmero de la


Acrópolis, eliminando todo lo que no era antiguo y tratando de recobrar el primitivo
esplendor de antigua nobleza del conjunto. A comienzos del siglo XX se recompuso la
silueta del Partenón, volviendo a erigirse muchas de las columnas truncadas y caídas, al
tiempo que se recogieron y expusieron todos los fragmentos y reliquias del recinto en un
museo. El nuevo Museo de la Acrópolis, inaugurado en 2009, es la coronación de un
admirable empeño. Grecia aún mantiene la reclamación al Gobierno británico de los
mármoles que se llevó lord Elgin. Y en ese nuevo museo hay una sala esperándolos,
dispuesta para albergarlos cuando regresen

Las inmensas columnas

Ocho columnas decoran los frontales del Partenón, y diecisiete sus flancos laterales. De
estilo dórico, cada una mide 10,93 metros de alto y 1,91 de diámetro

PARTENON

Para conmemorar la victoria sobre los persas en Maratón en el año 490 a.C., los atenienses
decidieron construir un templo a Atenea sobre la colina sagrada de la Acrópolis, que dominaba
la ciudad. Diez años después, un nuevo ejército persa irrumpió en Grecia y, tras franquear el
paso de las Termópilas, arrasó la ciudad de Atenas. Los vengativos persas se ensañaron
especialmente con los edificios religiosos de la Acrópolis, de modo que el nuevo templo, que
estaba todavía en fase de construcción, fue destruido hasta sus cimientos.

Durante más de tres décadas, la Acrópolis permaneció en ruinas hasta que Pericles,
aprovechando la buena situación militar y económica de Atenas, propuso a los
atenienses su reconstrucción. La pieza clave del ambicioso proyecto era un nuevo
templo a Atenea, la diosa tutelar de la ciudad, que iba a tener diversas funciones:
custodiar el tesoro ateniense; conmemorar la gesta de Maratón o, en general, de las dos
guerras libradas contra los persas, y, sobre todo, ser la residencia de una enorme estatua
criselefantina (en oro y marfil) que debía realizar Fidias, amigo de Pericles y supervisor
general de todo el proyecto. De hecho, se puede decir que templo y estatua estaban
construidos el uno para la otra.

Comienzan las obras

Fidias se centró en la decoración escultórica del conjunto, mientras de la construcción se


encargaban dos arquitectos, Ictino y Calícrates; el ingeniero romano Vitrubio, que
escribió cuatro siglos más tarde, menciona a un tercer arquitecto llamado Carpión
del que no tenemos más noticias. No sabemos el tipo de relación que mantenían los
arquitectos y la forma en que se ocupaban de los trabajos. Las obras necesitaron,
además, gentes dedicadas a los más variados oficios: canteros, albañiles, carpinteros,
doradores, pintores, escultores, herreros, modeladores de cera, transportistas y
operadores de poleas.

Sabemos por las inscripciones que los trabajadores eran ciudadanos de Atenas, metecos
(extranjeros con carta de residencia) y esclavos; y que todos cobraban lo mismo por el
mismo trabajo. Las labores especializadas se retribuían a razón de un dracma por día.
Por sorprendente que nos parezca, los arquitectos cobraban un dracma también, a
pesar de su responsabilidad.
De la cantera a la obra

El templo se realizaría por entero con el mármol procedente del monte Pentélico, que se
levantaba a unos 16 kilómetros al noreste de Atenas. Era un brillante mármol blanco
que con el paso del tiempo adquiría una fina pátina dorada por las inclusiones de hierro
y cuya dureza lo hacía especialmente indicado para la construcción. Sobre la vertiente
suroeste de la montaña todavía se puede reconocer la zona de la cantera donde se
extrajo el mármol para los edificios de la Acrópolis; sólo para el Partenón se
utilizaron 22.000 toneladas.

Los canteros separaban bloques de la misma altura por medio de canales tallados con
cincel. Luego se hacían agujeros alargados paralelos a la veta del mármol y se
introducían en ellos cuñas de madera. Cuando éstas se mojaban, se hinchaban y
desprendían el bloque de mármol del resto de la roca. El bloque se trabajaba en la
misma cantera hasta casi darle la forma definitiva; sólo se dejaba por pulir una capa
de pocos centímetros. La pieza resultante debía ser lo más ligera posible para facilitar el
transporte.

Una vez terminadas, las piezas descendían ladera abajo a bordo de trineos que
discurrían por una especie de pista visible aún hoy. A ambos lados de la pista había
unos agujeros cuadrados donde encajaban unas estacas de madera por donde se pasaban
unas cuerdas atadas al trineo para controlar la velocidad de descenso. Al pie de la
montaña se cargaban los bloques en unos carros tirados por bueyes y se llevaban a
la ciudad en un viaje que podía durar hasta dos días. En la obra, los bloques se
alzaban por medio de poleas y grúas; las piezas del Partenón no eran de grandes
dimensiones, precisamente para facilitar su manejo.

Los arquitectos aprovecharon los cimientos del antiguo templo destruido por los persas,
pero hubo que ampliarlos hacia el lado norte de la explanada de la Acrópolis. El nuevo
templo iba a ser más ancho, y contaría con ocho columnas en las dos fachadas o lados
cortos y 17 en los lados largos. A continuación, se elevaron tres escalones y sobre el
superior, llamado estilóbato, se levantó la columnata exterior o peristilo.

Cada columna estaba formada por diez o doce tambores. Como el estilóbato no era
totalmente plano había que hacer cuidadosos ajustes para asentar los tambores de las
columnas. Apoyados en ellas se colocaron los arquitrabes, bloques de mármol
dispuestos en forma horizontal. Y sobre ellos se añadió el friso, en cuya decoración se
alternaban triglifos y metopas.

Los triglifos eran rectángulos de mármol decorados con acanaladuras: se trataba de una
representación en piedra del final de una viga, que recordaba los primitivos templos de
madera. Las metopas, con figuras esculpidas en altorrelieve, se situaban entre los
triglifos. Había 92 metopas, que rodeaban todo el templo. Puesto que las metopas
eran parte de la estructura que debía soportar el techo fueron las primeras esculturas
realizadas para el edificio y, seguramente, la necesidad de acabarlas rápidamente
explica que Fidias tuviera numerosos colaboradores.
La magnífica estancia de la diosa

A continuación se levantaron los muros del templo. Los sillares se ponían uno sobre
otro sin argamasa y se enlazaban por medio de abrazaderas de hierro que luego se
recubrían de plomo para evitar la oxidación. Dentro del templo se crearon dos estancias
totalmente separadas por un muro interior. En la más amplia, la naos (a la que se
accedía por el pórtico delantero, el principal), se alojaría la monumental estatua
criselefantina que estaba realizando Fidias. Quien entrase en la naos, iluminada por unas
ventanas a los lados de la puerta, quedaría sobrecogido ante la imagen de Atenea.

La escultura de la diosa se alzaba en medio de un marco escenográfico imponente,


formado por dos pisos de columnas dóricas que recorrían las paredes laterales y el fondo
de la estancia. Esta innovación, tal vez concebida por Fidias, fue copiada posteriormente
en otros templos, como el dedicado a Hefesto en el ágora ateniense, o el de Basas en el
Peloponeso, obra de Ictino, uno de los arquitectos del Partenón. La anchura del edificio,
con sus ocho columnas en las fachadas, contribuía al mismo propósito: conseguir un
espacio excepcionalmente amplio, más apropiado para el lucimiento de la
monumental estatua.

La otra estancia, a la que se accedía por el pórtico trasero, era mucho más pequeña. En
ella, los arquitectos decidieron usar cuatro esbeltas columnas jónicas para sostener el
techo, en lugar de un doble piso de columnas dóricas. Esta sala, donde se guardaba el
tesoro de la ciudad, era la que recibía el nombre de Partenón, "cámara de las
doncellas", por ser, en principio, un espacio destinado a las jóvenes que cumplían un
importante papel en el culto a Atenea. Ya en el siglo IV a.C., este nombre pasó a
designar todo el edificio en su conjunto.

En la parte exterior del muro se decidió añadir un friso, de un metro de altura, que
rodearía el templo en su totalidad, con unos 160 metros de longitud. Parece que fue una
alteración del proyecto decorativo inicial, y no se sabe con seguridad si se esculpió allí
mismo o en el taller. En todo caso, representaba un considerable esfuerzo para un
elemento que se situaba a doce metros del suelo y que no iba a ser especialmente visible
desde fuera del templo. De nuevo podemos pensar que Fidias se encargó del diseño del
conjunto que luego plasmaron en el mármol diversos artistas. El friso parece que
representaba la procesión de las Panateneas, una procesión cívica que cada año subía
a la Acrópolis para ofrecer un nuevo peplo o vestido a la estatua de la diosa.

Los detalles finales

Finalmente se construyó el techo, formado por un armazón de madera que sostenía las
tejas. Éstas se solían hacer de barro cocido, pero en el Partenón se decidió usar también
mármol. Las tejas eran planas y en sus uniones, para conseguir que el tejado fuera
impermeable, se colocaba otra, la "teja de cubierta", que en el alero del edificio se
remataba con un elemento decorativo llamado antefija, con forma de cabeza o palmeta,
para romper la monotonía de la línea recta del tejado.

Cuando el templo estaba prácticamente terminado se eliminaron las protuberancias de


los sillares y de los tambores –las que se habían empleado para elevarlos mediante
sogas–, y se realizó el estriado de las columnas. Ésta era una tarea sumamente delicada,
pero aportaba una gran belleza al monumento. Sólo el primer tambor de la columna, que
se apoyaba sobre el estilóbato, se estriaba antes de su colocación para evitar que en el
proceso se dañase el pavimento del templo. Finalmente, las superficies de las columnas
se alisaron y pulieron con tal cuidado que apenas se pueden ver las junturas o
uniones de las piezas.

El templo, con la estatua en su interior, se inauguró en el festival de las Panateneas del


año 438 a.C., cuando aún faltaban las esculturas de los frontones. Por entonces, Fidias
fue acusado de apropiarse de parte del oro destinado a la efigie de Atenea y de haberse
representado en el escudo que portaba la diosa, por lo que tuvo que marchar al exilio.
Los frontones se terminaron sin contar con su mano, aunque, sin duda, se siguieron los
modelos que había preparado, y se colocaron en el año 433 a.C. En adelante, el
Partenón, creado para demostrar la grandeza y el poder de Atenas, se convirtió, por su
singular perfección y belleza, en el símbolo de la ciudad y de toda la civilización
griega.

Divinidades en el friso

Los dioses Poseidón, Apolo y Ártemis contemplan desde el Olimpo la procesión de las
Panateneas en este fragmento de friso del Partenón. Museo Británico.

LO QUE SOBRÓ
INTRODUCCION/CONCLUSION

El Partenón de Atenas

Han transcurrido casi dos mil quinientos años desde su construcción y, tras franquear
los Propíleos, el perfil del templo consagrado a la diosa Atenea va tomando cuerpo,
recortándose contra el fondo celeste, llenando toda la escena con su porte hasta que
parece ser la única realidad existente entre el cielo y la tierra, sencillamente colosal y
armoniosa a los ojos de quien lo contempla, pues tal es su fuerza visual.

Los planos del proyecto fueron realizados por los arquitectos Calícrates e Ictinio,
cuyo trabajo se encontró bajo constante supervisión del gran Fidias, artífice del nuevo
plan de Pericles. Las obras se iniciaron en el año 437 a.C. y culminaron en el 432 a.C.,
dando lugar a un edificio de orden dórico con unas dimensiones aproximadas de 70
metros de largo por 31 de ancho, con columnas de más de diez metros de alto, casi todo
ello puro mármol traído de las canteras del vecino monte Pentelis. Una inmensa
cámara interior albergaba la espectacular escultura de Atenea Parthenos (virgen), de
la cual deriva el nombre del templo, Partenón. Fue esculpida en oro (se precisó más de
una tonelada) y mármol por Fidias, alcanzando una altura de 12 metros.
La perfección de la obra llega a tal punto que el basamento sobre el que se erige el
templo está curvado a propósito para corregir el defecto óptico que se produce en el
ojo humano en la percepción de una superficie recta. Esta pequeña elevación en el
centro de la base ayudaba, además, a la expulsión del agua hacia el exterior de la
estructura. Igualmente, el empleo de columnas de distinto tamaño según su disposición
no equidistante sobre la planta, con un mayor diámetro en su zona central (llamada
éntasis) y ligeramente arqueadas hacia el centro, así como otros pequeños detalles,
colaboran a corregir el efecto de leve deformación visual que produce la
contemplación según la distancia de estas monumentales obras.

Resulta realmente complicado, hasta para la mente más fantasiosa, imaginar cómo fue
en realidad el templo en su máximo esplendor, tras su inauguración en el siglo V a.C.
Pues donde hoy se presenta una desnuda estructura de mármol blanco, una vez hubo
adornos y colores. En la parte superior de cada frontispicio, la magnitud de algunas de
las figuras que componían las escenas contrastaba con las del Friso de las Panateneas,
de menor tamaño. Bajo los gigantescos frontones, las metopas, separadas por triglifos,
presentan relieves con motivos inspirados en la mitología griega, como la
gigantomaquia o la Guerra de Troya. Toda esta formidable combinación de escultura
integrada estaba adornada con tonos vivos que daban a la estructura un aspecto muy
distinto del que conserva actualmente. Hoy día, los huesos del esqueleto del Partenón
resplandecen con el fulgor de la luz del sol, creando una atmósfera digna del tiempo de
leyenda que se recrea en los relieves del templo.

Desde cualquier rincón de Atenas se divisa la silueta blanca del Partenón sobre la rocosa
colina de la Acrópolis. Incluso desde el puerto del Pireo se puede ver el templo en lo
alto, dominando el panorama de la ciudad. Pero cuando uno se acerca, advierte lo muy
dañado que está el espléndido edificio que en su día albergó la gran estatua de la diosa
Atenea, el templo que fue el símbolo y orgulloso emblema de la ciudad de Pericles,
en los tiempos de mayor gloria de la democracia ateniense. El Partenón perdió gran
parte de sus columnas y todo su techo, y de su magnífica

El Partenón es, sin ninguna duda, el símbolo por antonomasia de Atenas. Su efigie se
encuentra plasmada en un sinfín de pinturas, fotografías, películas, platos, vasijas, motivos
ornamentales, medallones, camisetas,... Pero ninguna hace justicia a la magnificencia del
templo más conocido de toda Grecia. Toda expectativa se ve superada ante la contemplación
en directo de esta majestuosa obra arquitectónica que se erige dominante en lo alto de la
Acrópolis de Atenas.

El Partenón conservó su carácter religioso a lo largo del tiempo como iglesia bizantina,
como iglesia latina y como mezquita musulmana. Pero en 1687, los turcos utilizaron el
Partenón imprudentemente como depósito de pólvora durante el sitio por la República
de Venecia de la Atenas dependiente del imperio otomano. Las tropas venecianas
estaban bajo el mando del almirante Francesco Morosini. Uno de los cañonazos
venecianos cayó en el Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran
parte de la edificación, preservada en buenas condiciones hasta ese entonces. Hay
leyendas que sugieren que Morosini tenía información de que el Partenón se había
convertido en un polvorín.
El posterior proceso de deterioro y erosión continuó pero no terminó ahí, sino
que los daños siguieron a principios del siglo XIX, cuando el embajador británico en
Constantinopla, Thomas Bruce Elgin, decidió quitar la mayor parte de la decoración
escultórica que quedaba del monumento (frisos, métopas, frontones) y trasladarla a
Inglaterra para venderla al Museo Británico, en donde todavía se exhibe, siendo una
de las colecciones más significativas del museo en la actualidad. La fachada occidental
del Partenón está conservada relativamente intacta

PARTENON

En el friso se representaba la procesión de las Panateneas, el festival religioso más


importante que se llevaba a cabo en Atenas. A lo largo de las cuatro caras del edificio se
desarrollaba la escena incluyendo más de 300 figuras humanas, dioses y bestias.

PARTENON

IMAGENES
La explosión del Partenón en 1687

Bombardeo del partenón en 1687. Grabado aparecido en el libro Attene Atica, de


Francesco Fanelli, Venecia, 1707.

La Acrópolis en 1863

En esta vista, los escombros de la explosión de 1687 son aún visibles. Óleo por Ippolito
Caffi. Museo di Ca’ Pesaro, Venecia.

El asedio griego de 1827

En plena guerra de independencia, los griegos sitiaron a la guarnición turca en la


Acrópolis e incluso planearon volar el Partenón. Óleo por Panagiotis Zografos.

Divinidades en el friso

Los dioses Poseidón, Apolo y Ártemis contemplan desde el Olimpo la procesión de las
Panateneas en este fragmento de friso del Partenón. Museo Británico.

Las inmensas columnas

Ocho columnas decoran los frontales del Partenón, y diecisiete sus flancos laterales. De
estilo dórico, cada una mide 10,93 metros de alto y 1,91 de diámetro

UN RECORD DE CONSTRUCCIÓN

A pesar de que por sus dimensiones el Partenón es el templo dórico más grande
terminado del mundo griego se construyó en tan sólo nueve años, del 447 a.C. al 438
a.C.

LAS 92 METOPAS DECORADAS

El Partenón es el único templo dórico en que las 92 metopas están decoradas por
decisión de Fidias que fue injustamente acusado de haber robado el oro destinado a la
construcción de la estatua crisoelefantina de Atenea y expulsado de Atenas.

MUCHO METAL Y NADA DE ARGAMASA


Los diferentes bloques de mármol se unían entre sí con grapas metálicas, colocadas en
agujeros prefabricados que después eran rellenados con plomo fundido. Las diferentes
inclinaciones de los planos, usadas como artificio de corrección óptica, hacían que los
bloques no fuesen nunca perfectamente cúbicos, sino trapezoidales. Esto exigía que
cada pieza tuviese que ser colocada con una precisión milimétrica.

UNA COPIA DEL SIGLO XIX

En Nashville (Estados Unidos) los arquitectos William B. Dinsmoor y Russell E. Hart


construyeron en 1897 una réplica exacta, a escala real, del Partenón, para conmemorar
el centenario de la unión de Tennessee a los Estados Unidos de América.
Además de las dimensiones exactas todas las decoraciones son idénticas, incluso una
colosal estatua de Atenea, excepto que no es de oro ni marfil como la original.

DE TEMPLO A POLVORÍN

El Partenón conservó su carácter religioso en los siglos siguientes a su construcción y


fue convertido en una iglesia bizantina, una iglesia latina y una mezquita musulmana.
En 1687, los turcos lo utilizaron como depósito de pólvora durante el sitio veneciano,
bajo el mando del almirante Morosini. Una de las bombas venecianas cayó en el
Partenón y causó una enorme explosión que destruyó gran parte del edificio.
A principios del siglo XIX, el embajador británico en Constantinopla, Elgin, trasladó la
mayor parte de la decoración escultórica de las metopas y frontones del templo a
Inglaterra, donde fue vendida al Museo Británico.

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