0% encontró este documento útil (0 votos)
75 vistas4 páginas

Cambios de Paradigma y Principios Humanos

Este documento discute el concepto de paradigmas y principios. Explica que los paradigmas son mapas mentales que guían cómo vemos el mundo, pero que existen también principios objetivos que gobiernan el desarrollo humano, como la rectitud y la dignidad. Estos principios son leyes naturales evidentes por sí mismas. Cambiar nuestros paradigmas para alinearlos con estos principios puede transformar nuestra efectividad. El documento usa el ejemplo de un capitán que cambia su paradigma al entender que una luz que veía era

Cargado por

Cristian Davîd
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
75 vistas4 páginas

Cambios de Paradigma y Principios Humanos

Este documento discute el concepto de paradigmas y principios. Explica que los paradigmas son mapas mentales que guían cómo vemos el mundo, pero que existen también principios objetivos que gobiernan el desarrollo humano, como la rectitud y la dignidad. Estos principios son leyes naturales evidentes por sí mismas. Cambiar nuestros paradigmas para alinearlos con estos principios puede transformar nuestra efectividad. El documento usa el ejemplo de un capitán que cambia su paradigma al entender que una luz que veía era

Cargado por

Cristian Davîd
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ver y ser

Desde luego, no todos los cambios de paradigma son instantáneos. A diferencia de mi instantánea
comprensión en el subte, la experiencia de cambio de paradigma que Sandra y yo tuvimos con
nuestro hijo fue
un proceso lento, difícil y pausado. Nuestro primer enfoque era el resultado de años de
condicionamiento y
experiencia con la ética de la personalidad. Era la consecuencia de nuestros paradigmas más
profundos acerca
de nuestro propio éxito como padres y acerca de la medida del éxito con nuestros hijos. Y hasta
que no
cambiamos esos paradigmas básicos, mientras no vimos las cosas de otro modo, no pudimos
generar una
transformación importante en nosotros mismos y en la situación.
Para ver de otro modo a nuestro hijo, Sandra y yo tuvimos que ser diferentes. Creamos nuestro
nuevo
paradigma cuando invertimos en el crecimiento y desarrollo de nuestro propio carácter.
Los paradigmas son inseparables del carácter. Ser es ver en la dimensión humana. Y lo que
vemos está
altamente interrelacionado con lo que somos. No podemos llegar muy lejos en la modificación de
nuestro modo
de ver sin cambiar simultáneamente nuestro ser, y viceversa.
Incluso en mi experiencia con el cambio de paradigma aparentemente instantáneo de aquel
domingo en el
metro, mi cambio de vi sión fue el resultado de (y estaba limitado por) mi carácter básico.
Estoy seguro de que existen personas que (incluso comprendiendo de súbito la verdadera
situación) no
habrían sentido nada más que un cierto remordimiento o una vaga culpa mientras hubieran
seguido sentadas
en un silencio embarazoso junto a aquel hombre confundido y apesadumbrado. Por otra parte,
estoy igualmente
seguro de que hay personas que de entrada habrían sido más sensibles, capaces de reconocer la
existencia de
un problema más profundo, y de com prender y ayudar con más rapidez que yo.
Los paradigmas son poderosos porque crean los cristales o las lentes a través de los cuales vemos
el
mundo. El poder de un cambio de paradigma es el poder es encial de un cambio considerable, ya
se trate de un
proceso instantáneo o lento y pausado.
El paradigma basado en principios
La ética del carácter se basa en la idea fundamental de que hay principios que gobiernan la
efectividad
humana, leyes naturales de la dimensión humana que son tan reales, tan constantes y que
indiscutiblemente
están tan «allí» como las leyes de la gravitación universal en la dimensión física.
Una idea de la realidad de estos principios y de sus efectos puede captarse en otra experiencia de
cambio
de paradigma tal como la narra Frank Koch en Proceedings, la revista del Instituto Naval.
Dos acorazados asignados a la escuadra de entrenamiento habían estado de maniobras en el mar
con
tempestad durante varios días. Yo servía en el buque insignia y estaba de guardia en el puente
cuando caía la
noche. La visibilidad era pobre; había niebla, de modo que el capitán permanecía sobre el puente
supervisando
todas las actividades.
Poco después de que oscureciera, el vigía que estaba en el extremo del puente informó: «Luz a
estribor».
«¿Rumbo directo o se desvía hacia popa?», gritó el capitán. El vigía respondió «Directo, capitán»,
lo que
significaba que nuestro propio curso nos estaba conduciendo a una colisión con aquel buque.
El capitán llamó al encargado de emitir señales. «Envía este mensaje: Estamos a punto de chocar;
aconsejamos cambiar 20 grados su rumbo.»
Llegó otra señal de respuesta: «Aconsejamos que ustedes cambien 20 grados su rumbo».
El capitán dijo: «Contéstele: Soy capitán; cambie su rumbo 20 grados».
Los7há[Link]
21
«Soy marinero de segunda clase —nos respondieron—. Mejor cambie su rumbo 20 grados.»
El capitán ya estaba hecho una furia. Espetó: «Conteste: Soy un acorazado. Cambie su rumbo 20
grados».
La linterna del interlocutor envió su último mensaje: «Yo soy un faro».
Cambiamos nuestro rumbo.
El cambio de paradigma experimentado por el capitán —y por nosotros mientras leíamos el relato
— ilumina
la situación de un modo totalmente distinto. Podemos ver una realidad que aparecía reem plazada
por una
percepción limitada; una realidad tan importante para nuestra vida cotidiana como lo era para el
capitán en la
niebla.
Los principios son como faros. Son leyes naturales que no se pueden quebrantar. Como observó
Cecil B.
de Mille acerca de los principios contenidos en su monumental película Los diez mandamientos:
«Nosotros no
podemos quebrantar la ley. Sólo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la
ley».
Si bien los individuos pueden considerar sus propias vidas e interacciones como paradigmas o
mapas
emergentes de sus experiencias y condicionamientos, esos mapas no son el territorio. Son una
«realidad
subjetiva», sólo un intento de describir el territorio.
La «realidad objetiva», o el territorio en sí, está compuesto por principios -«faro» que gobiernan el
desarrollo
y la felicidad humanos: leyes naturales entretejidas en la trama de todas la sociedades civilizadas a
lo largo de
la historia, y que incluyen las raíces de toda familia e institución que haya perdurado y prosperado.
El grado de
certeza con que nuestros mapas mentales describen el territorio no altera su existencia.
La realidad de tales principios o leyes naturales se vuelve obvia para todo el que examine y piense
profundamente acerca de los ciclos de la historia social. Esos principios emergen a la superficie
una y otra vez,
y el grado en que los miembros de una sociedad los reconocen y viven en armonía con ellos
determina que
avancen hacia la supervi vencia y la estabilidad o hacia la desintegración y la destrucción.
Ninguno de los principios enseñados en este libro corresponde a una doctrina o religión en
particular,
incluida la mía. Estos principios son parte de las principales religiones, así como también de las
filosofías
sociales duraderas y de los sistemas éticos. Son evidentes por sí mismos y pueden ser
comprobados fácilmente
por cualquier per sona. Es como si tales principios formaran parte de la condición, conciencia y
moral humanas.
Parecen existir en todos los seres humanos, independientemente del condicionamiento social y de
la lealtad a
ellos, incluso aunque puedan verse sumergidos o adormecidos por tales condiciones y por la
deslealtad.
Por ejemplo, me estoy refiriendo al principio de la rectitud, a partir del cual se desarrolla todo
nuestro
concepto de la equidad y la jus ticia. Los niños pequeños parecen tener un sentido innato de la
idea de rectitud,
que incluso sobrevive a experiencias condicionadoras opuestas. La rectitud puede definirse y
lograrse de
maneras muy diferentes, pero la conciencia que se tiene de ella es casi universal.
Entre otros ejemplos se cuentan la integridad y la honestidad.
Éstas crean los cimientos de la confianza, que es esencial para la cooperación y el desarrollo
personal e
interpersonal a largo plazo.
Otro principio es la dignidad humana. El concepto básico de la Declaración de Independencia de
los
Estados Unidos evidencia este valor o principio. «Sostenemos que estas verdades son evidentes:
que todos los
hombres han sido creados iguales y dotados por el Creador de ciertos derec hos inalienables,
contándose entre
ellos los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.»
Otro principio es el servicio o la idea de contribuir. Otro es la calidad o excelencia.
Está también el principio del potencial, la idea de qu e tenemos una capacidad embrionaria y de
que
podemos crecer y desarrollarnos, liberando cada vez más potencial, desarrollando cada vez más
talentos. Muy
relacionado con el potencial está el principio del crecimiento —el proceso de liberar potencial y
desarrollar
talentos, con la necesidad correlativa de principios tales como la paciencia, la educación y el
estímulo.
Los principios no son prácticas. Una práctica es una actividad o acción específica. Una práctica
que da
resultado en cierta circunstancia no necesariamente lo dará en otra, como pueden atestiguarlo los
padres que
han intentado educar a un segundo hijo exactamente como al primero.
Mientras que las prácticas son específicas de las situaciones, los principios son verdades
profundas,
fundamentales, de aplicación universal. Se aplican a los individuos, las familias, los matrimonios, a
las
organizaciones privadas y públicas de todo tipo. Cuando esas verdades se internalizan como
hábitos, otorgan el
poder de crear una amplia variedad de prácticas para abordar diferentes situaciones.
Los principios no son valores. Una pandilla de ladrones puede tener valores, pero violan los
principios
Los7há[Link]
22
fundamentales de los que es tamos hablando. Los principios son el territorio. Los valores son
mapas. Cuando
valoramos los principios correctos, tenemos la verdad, un conocimiento de las cosas tal como son.
Los principios son directrices para la conducta humana que han demostrado tener un valor
duradero,
permanente. Son fundamentales. Son esencialmente indiscutibles, porque son evidentes por sí
mismos. Para
captar rápidamente su naturaleza evidente basta con considerar el absurdo de tratar de vivir una
vida efectiva
basada en sus opuestos. Dudo de que alguien pueda seriamente considerar que la mala fe, el
engaño, la
bajeza, la inutilidad, la mediocridad o la degeneración sean una base sólida para la felicidad o el
éxito
duraderos. Aunque se puede discutir el modo en que estos principios se definen, manifiestan o
logran, parece
haber una conciencia innata de su existencia.
Cuanto más estrechamente nuestros mapas o paradigmas concuerden con estos principios o leyes
naturales, más exactos y funcionales serán. Los mapas correctos influyen en gran medida en nues
tra
efectividad personal e interpersonal, mucho más que cualquier cantidad de esfuerzo consumido en
cambiar
nuestras actitudes y conductas

También podría gustarte