Pablo
Neruda: Walking around
El poema, perteneciente al poeta chileno Pablo Neruda, se ubica en su obra Residencia en la
tierra. Este texto aparece en la Segunda Residencia (1927‐1935). Considerada la obra en su
totalidad, es decir, teniendo en cuenta las tres Residencias, su unidad acabará sustentada por
el concepto de que el sentimiento de solidaridad triunfará en el mundo sobre el individualismo
–sensibilidad tocada por la experiencia de la Guerra Civil española (1936‐1939) y convicción
que asomará recién con fuerza en su Tercera Residencia –. Ese sentimiento está ausente en
esta Segunda Residencia (y en la Primera también) en la que el fuerte pesimismo
predominante del poeta será la nota dominante y Walking around será uno de sus ejemplos
más potentes.
Residencia en la tierra fue escrita por Neruda en un momento muy particular de su historia.
Para contextualizarla podemos establecer una división de su obra en cuatro épocas y ubicar
esta obra en la segunda de ellas, cuando sale de Chile en 1927 hacia Oriente como embajador
en Java, lo que pone ante sus ojos todo un nuevo mundo. Este “descubrimiento” impactará en
su sensibilidad en la que la materialidad de las cosas, las presentes y también las ausentes,
inundará su poesía. Neruda no reside, es ajeno al mundo: la obra –su título es por demás
significativo– es una forma de canalizar tal vez su necesidad de pertenecer a un lugar.
En cuanto a su evolución estilística, Neruda buscó distintos estilos para comunicarse con el
lector. Al realizar una clasificación de los mismos identificamos cuatro facetas: la primera
denominada “estilo directo”, la segunda “estilo experimental”, la tercera “estilo indirecto” al
que corresponde esta obra, y la cuarta y última “estilo directo” nuevamente (representa esta
un retorno parcial a formas anteriores).
Neruda llega al denominado período de “expresión indirecta” luego de una etapa de búsqueda
de un estilo propio que lo despegue totalmente de sus primeras épocas, expresando cierto
rechazo hacia posiciones estilísticas modernistas como las de Rubén Darío.
El primer fruto de este período es precisamente Residencia en la tierra, cuyo proceso de
elaboración llevó muchos años. Los cambios son notorios: el poema de amor corto y de
expresión directa se transforma en un extenso poema unitario, con cierta unidad de
inspiración y muchas veces expresión indirecta. Utilizará recursos incomunicables a menudo
para el lector, como los sueños, o la metáfora surrealista, descomponiendo la realidad desde
una visión íntima y extremadamente subjetiva e irracional. Este proceso impactó en los
lectores del propio autor, por un lado a aquellos seguidores que se sintieron extraviados ante
el cambio de estilo y el carácter expresivo de su primera poesía, y por otro lado los llamados
“snobs” quienes creían que la poesía no debía partir de la condición de ser entendible o
inteligible para el lector común y vieron en este estilo de Neruda, conocido como un período
oscuro, una etapa fértil y positiva. Las técnicas de expresión indirecta reciben la influencia
vanguardista que hacen que la distancia entre escritor y lector se vaya haciendo más grande,
tanto así que corre riesgo la función comunicativa del arte (la poesía juega cada vez más al
solitario, como afirmara un crítico uruguayo).
La obra consta, pues de tres partes, tres Residencias. La primera y la segunda son
probablemente las más importantes del punto de vista poético, mientras que la última posee
un carácter más marcadamente político y circunstancial. Reparando en el título de la obra, el
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hecho de “residir” contrasta con el sentido del título del poema que remite al andar alrededor
de algo, a la no residencia, al sujeto que está de paso, que no pertenece a un lugar y que
observa sin ser observado, que no encuentra el centro sino que se resigna y también protege
en la periferia. Ese andar lo asociamos al peregrinar: Neruda y el yo lírico peregrinar, son
peregrinos cuyos andares los vuelven retazos de hombres‐figuras. Al estar de paso, el yo lírico
se siente por fuera y esa sensación le duele. A causa de dicho dolor el sujeto poético se siente
fragmentado y no se reconoce como totalidad –…con ojos, con zapatos, con furia, con
olvido…– . Por ello sus ojos funcionan como una cámara la que sucesivamente irá
construyendo planos parciales y cercanos de objetos puntuales.
En otro orden, Walking around, poema que integra la Segunda Residencia, es un texto
compuesto por diez estrofas, cuyos versos son libres, por lo que Neruda no se ajusta a una
estructura formal predeterminada. Construye, pues, un poema flexible, a tono con las
tendencias artísticas del siglo XX, las que rechazaban radicalmente lo tradicional y las
estructuras regulares de las obras poéticas.
El título del poema, pues, está íntimamente relacionado con la realidad del autor: al viajar
conocerá otros lugares que se abrirán frente a sus ojos, nuevos idiomas, nuevas culturas, lo
que le imprimirá un carácter cosmopolita. Por ello se explica el título Walking around, ese
viajar alrededor del mundo, de las cosas, ese andar vagabundo y sin descanso. Andar del
poeta‐yo lírico –el poema está tocado por un fuerte carácter autobiográfico– que sugiere una
relación de ajenidad o extrañamiento con aquello que tiene delante de sí, extrañamiento que
alcanza también al universo lingüístico evidenciado en el mismo título en inglés, que contrasta
con el cuerpo del poema cuyo vehículo es el español: desencuentro de lenguas, de culturas,
encrucijada del yo. Como en muchos títulos de Neruda, este sugiere, es abierto, nos inclina a
hipótesis diversas acerca de los contenidos del texto en sí. Ese “caminando alrededor” como
sentido primero del título se liga a la situación del yo lírico de movimiento marginal, de
tránsito permanente en torno al mundo, de imposibilidad de ocupar el centro o algún punto
de centralidad. Acaba como una especie de espectador del mundo, el que se le ofrece como
mero espectáculo, y en su calidad de testigo nos transfiere una visión íntima de la realidad a
nosotros en tanto lectores.
El yo lírico se encuentra, a lo largo del poema, rodeado de imágenes cotidianas y urbanas.
Apelará a este tipo de imágenes ya que de acuerdo a su especial sensibilidad a la naturaleza de
las cosas busca en ellas conocer el mundo y mostrarlo, escapando de la abstracción. En el texto
va a tener una gran importancia la materia; el poeta nos habla constantemente de lo urbano,
lo artificial de la ciudad, nos pone frente a nuestros ojos un mundo que se desarma frente a
nosotros, frente a nuestros pasos, a nuestra trascendencia como seres en la Tierra. El mundo
para Neruda no es un mundo nuevo, no es un mundo habitable: es un mundo catastrófico en
el que suceden hechos como la Shoá, las guerras, etc. En el poema la ciudad es el espacio
privilegiado aunque negativo; elemento antipoético acuñado ya por el vanguardismo –el
futurismo en particular– y más allá, y originalmente, por Baudelaire, que puebla el texto:
satrerías, cines…
El poema comienza con la frase Sucede que me canso de ser hombre; es un cansancio de tipo
existencial. En esta estrofa encontramos un símbolo típico del modernismo llevado a la ruina:
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el cisne, bello e inofensivo, es cubierto por lo artificial, el fieltro. El ser de fieltro también le
implica absorber lo oscuro del mundo.
La segunda estrofa refleja la desesperación que tiene el hombre cuando huele lo artificial; el
solo olerlo le alcanza para repudiarlo. Hay un efecto de acumulación con la repetición de la
conjunción copulativa ni que sirve a la enumeración de aquellas cosas que rechaza o repudia;
la repetición enfatiza ese sentimiento.
La tercera estrofa nos remite al comienzo: Sucede que me canso…; nos sugiere ese cansancio o
agobio del inicio, se cansa incluso de todas las partes de su cuerpo, se cansa de sí mismo.
TEXTO.
La cuarta estrofa es una de las más ricas en cuanto al contenido del poema. Comienza con un
conector con el que se inicia un rescate de algo positivo: Sin embargo… Aparecerá una
comparación y una contradicción simultáneamente entre un notario y un lirio, lo que busca
explicar la materialidad del mundo. Neruda nos quiere mostrar que se puede asustar al
notario, que es un trabajo en el que se está rodeado constantemente de elementos artificiales
– el papel, la tinta, el estar en un universo oficinesco– con una flor, símbolo de lo natural.
Aparece aquí una expresión típica surrealista; aparece asociada la imagen de una monja y la de
un golpe de oreja, asociación ilógica que nos recuerda la metáfora surrealista que invita a que
la idea se comprenda al tomar la totalidad de la imagen con la que podemos entender que el
matar a una monja se manifiesta en contra de la Iglesia y Dios. Este fue el creador de este
mundo y lo que se pregunta Neruda aquí es cómo Dios pudo crear este mundo material,
artificial, catastrófico. Si lo vinculamos con su terrenalismo sabemos que Neruda es ateo, por
lo que nos puede sugerir que para él Dios es artificial también, una invención, como un
“artefacto abstracto”; importa para él el aquí y ahora y no otra fuerza en el mundo.
Hay un paralelismo: sería bello, sería delicioso; mediante este sugiere aquellas cosas que son
necesarias para terminar con tanta artificialidad. El ir con un cuchillo verde nos sugiere darle
vida al mundo, expresa la necesidad de matar este mundo artificial con lo natural, esa cualidad
surrealista del verdor asociado, en tanto elemento asociado a la naturaleza, con lo inorgánico y
frío y rígido y artificial del cuchillo.
La séptima estrofa comienza con la expresión El día lunes…, expresión ambigua al anticipar la
posibilidad de inaugurar algo, de ruptura con lo mecánico, pero que al mismo tiempo anticipa
lo rutinario de la vida, que es lo que acaba imponiéndose y multiplicando la asfixia y el agobio
de un ser cuya superficialidad se potencia.
La octava estrofa dice: …los hospitales donde los huesos salen por la ventana. El recinto
hospitalario desborda casi por “sus poros”, como hastiado, y es una sensación similar a la del
yo lírico que se siente agobiado de tanta carga, de la acumulación.
La novena estrofa es otra de las más ricas y es totalmente surrealista; utiliza un polisíndeton
para hacer más pesado a través del efecto acumulativo, como antes lo hiciera con los
hospitales.
Yo paseo con calma… Neruda después de todo lo que expresa nos dice que pasea con calma,
imagen de tranquilidad interior que va a culminar con furia y olvido. Hay dos posiciones frente
al mundo: puede pasear con calma como si lo que lo rodea fuera ignorado por sus ojos,
mientras que por otro lado nos da la sensación de que este mundo lo tocase hasta generarle
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furia, como si experimentara un doble movimiento de huida y retorno al mundo, de
desencuentro y encuentro doloroso. Pero el yo lírico parece tocar el mundo pero no lo alcanza
porque se coloca finalmente como espectador, ve al mundo pero no lo habita ya que no es un
mundo habitable. Lo ve con furia y olvido porque aunque no habite en él no le agradan las
cosas que ve en él, le producen furia, le repugna lo artificial, trata de olvidarlo y lo tranquiliza
aparentemente ese no estar en el mundo.
Lo artificial, además, sirve como escenografía por la que transita: Cruzo oficinas y tiendas de
ortopedia. Esta ser artificial en un mundo de tiendas que construyen artefactos que remedan
el cuerpo, lo sustituyen como prótesis. Incluso no nombra al humano sino a sus prendas, a su
entorno, a aquello que oficia de ornamento, que lo inviste y lo deshumaniza; sugiere la idea de
un hombre vacío.
La metáfora surrealista es una buena aliada del poeta que halla en su entorno la impronta de
lo irracional o absurdo. Es recurso poético pero también visión del mundo. Es asociación por la
emoción antes que por la lógica de aquello que genera perplejidad y la imposibilidad de darle
un sentido y alojarlo en nuestro mundo interior. Así: navegando en un agua de origen y ceniza,
o hay pájaros de color de azufre, o tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la
tierra, o el día lunes arde como el petróleo… Ejercicio de interpretación para el lector, de
asociación, que no elude el contraste con lo concreto y aparentemente univalente de
imágenes como hay ropas colgadas de un alambre… que posee el efecto de lo concreto sin
más, del paisaje con apenas rastros de humanidad, que se deshumaniza –todo acaba en la
enumeración de elementos vulgares que parcializan al sujeto: calzoncillos, toallas y camisas
que lloran lentas lágrimas sucias–.
El poema va a culminar con la expresión lentas lágrimas sucias. La imagen genera un
contrasentido: las lágrimas cumplen la función de limpiar, de purificar, pero no en este caso en
el que son sucias, asociadas a la fatalidad de lo contaminado por formar parte de este mundo.
A lo largo del poema podemos apreciar cómo el poeta nos muestra la realidad desfigurada,
nos ilustra otra realidad y, de este modo, la percibimos desde otras perspectivas. En este
sentido, podemos considerar a Neruda un poeta que educa nuestra mirada permitiéndonos
redescubrir las cosas que en él habitan no solo pensándolas sino, especialmente, sintiéndolas.
Modificado de: Scanavino S, Carreño G, Hermosilla S y Tagliaferro S. Prueba
bimestral: Análisis del poema Walking around, Agosto 2008.
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