Historia del Imperio Español
Historia del Imperio Español
El Imperio español alcanzó los 20 millones de Regiones de influencia (exploradas y/o reclamadas, pero
kilómetros cuadrados a finales del siglo XVIII1 2 nunca controladas) o colonias en disputa o de corto control.
aunque algunos autores como el historiador Posesiones portuguesas gobernadas por España entre 1580
Raymond Carr, señalan uno de sus momentos de y 1640 por unión dinástica.
máxima expansión es el comprendido entre los años Territorios cedidos en 1713 por el Tratado de Utrecht o
1580 y 1640, durante los reinados de Felipe II, anteriormente.
Felipe III y Felipe IV, período en el que tuvo lugar Territorios cedidos en 1898 por el Tratado de París o
la unión dinástica con Portugal (considerada una posteriormente.
conquista española por un amplio número de Territorios españoles en África hasta la segunda mitad del s.
historiadores).3 4 5 6 7 8 XX .
Orígenes
A principios del siglo XV d. C. los distintos reinos de la península ibérica perseguían objetivos diferentes
con su política exterior. Navarra quedó pronto confinada por la expansión de los otros dos reinos y sus
sucesivos monarcas orientaron más sus miradas hacia Francia,9 pero el Tratado de Almizra fijó los límites
para la reconquista de las otras dos coronas,10 forzandolas a emprender políticas exteriores similares, pero
al mismo tiempo diferentes:
Castilla trataba de culminar la Reconquista y evitar nuevas incursiones musulmanas tomando plazas e islas
en el norte de África, incluso antes de reconquistar el Reino nazarí de Granada.11 Al mismo tiempo,
atravesaban momentos difíciles por la guerra civil librada entre partidarios de la futura Isabel la Católica y
los de Juana la Beltraneja, en la lucha por suceder a Enrique IV.
Aragón, por su parte, orientó su política expansionista al Mediterráneo central y oriental.11 Su corona
tampoco contaba con un claro pretendiente para suceder a Martín el Humano (fallecido en 1410), pero se
resolvió pacíficamente con el Compromiso de Caspe. Al mismo tiempo, este acto plantó las bases para la
futura unión con la Corona castellana tras ser elegido Fernando de Antequera, miembro de la dinastía
Trastámara reinante en Castilla, abriendo así la puerta para la posterior llegada de Fernando el Católico y la
consiguiente unificación de los dos reinos.12
Por último, Portugal había terminado su reconquista imponiéndose al rey castellano Alfonso X el Sabio en
la toma del Algarbe, por lo cual Enrique el Navegante enfocó su expansión hacia el Atlántico,
conquistando Ceuta, tomando el control de Madeira en 1425, las islas Azores en 1427 y prosiguiendo la
expansión con la implantación de asentamientos en los continentes africano y asiático para ir abriendo una
ruta comercial con la India y China que circunnavegara el Continente Negro.13
El matrimonio de los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) produjo la unión
dinástica de las dos Coronas cuando, tras derrotar a los partidarios de Juana «la Beltraneja» en la guerra de
Sucesión castellana, Isabel ascendió al trono. Sin embargo, cada reino mantuvo su propia administración
bajo la misma monarquía. La formación de un estado unificado solo se materializó tras siglos de unión bajo
los mismos gobernantes.n. 4 Los nuevos reyes introdujeron el estado moderno absolutista en sus dominios,
que pronto buscaron ampliar.
Castilla había intervenido en el Atlántico, en lo que fue el
comienzo de su imperio extrapeninsular, compitiendo con Portugal
por el control del mismo desde finales del siglo XIV d. C., momento
en el cual fueron enviadas varias expediciones andaluzas y
vizcaínas a las islas Canarias. La conquista efectiva de dicho
archipiélago había comenzado durante el reinado de Enrique III de
Castilla, cuando en 1402 Jean de Béthencourt solicitó permiso para
tal empresa al rey castellano a cambio de vasallaje; mientras, a lo
largo del siglo XV d. C., exploradores portugueses como Gonçalo
Estandarte de la Corona de Castilla.
Velho Cabral colonizarían las Azores, Cabo Verde y Madeira. El
Tratado de Alcáçovas de 1479, que supuso la paz en la guerra de
Sucesión castellana,
separó las zonas de
influencia de cada país en
África y el Atlántico,
concediendo a Castilla la
soberanía sobre las islas
Canarias y a Portugal las
islas que ya poseía, la
La rendición de Granada, óleo de Guinea y, en general,
Señal de la Corona de Aragón.
Francisco Pradilla, 1882. Representa «todo lo que es hallado e
la entrega de las llaves de la ciudad se hallare, conquistase o
a los Reyes Católicos en 1492. descubriere en los dichos
términos». La conquista del Reino de Fez quedaba también
exclusivamente para el reino de Portugal. El tratado fue
confirmado por el papa en 1481, mediante la bula Aeterni regis. Mientras tanto los Reyes Católicos
iniciaban la última fase de la conquista de Canarias, asumiendo por su cuenta dicha empresa ante la
imposibilidad por parte de los señores feudales de someter a todos los indígenas insulares en una serie de
largas y duras campañas. Los ejércitos castellanos se apoderaron de Gran Canaria (1478-1483), La Palma
(1492-1493) y finalmente de Tenerife (1494-1496).
Como continuación a la Reconquista castellana, los Reyes Católicos conquistaron en 1492 el reino taifa de
Granada, último reino musulmán de al-Ándalus, que había sobrevivido por el pago de tributos en oro a
Castilla, y su política de alianzas con Aragón y el norte de África.
La política expansionista de los Reyes Católicos también se manifestó en el África continental. Con el
objetivo de acabar con la piratería que amenazaba las costas andaluzas y las comunicaciones mercantes
catalanas y valencianas, se realizaron campañas en el norte de África: Melilla fue tomada en 1497, Villa
Cisneros en 1502, Mazalquivir en 1505, el Peñón de Vélez de la Gomera en 1508, Orán en 1509, Argel,
Bugía y Trípoli en 1510. La idea de Isabel I, manifiesta en su testamento, era que la reconquista habría de
seguir por el norte de África, en lo que los romanos llamaron Nova Hispania.
La política europea
Véanse también: Imperio español en Europa, Italia española y Países Bajos Españoles.
Los Reyes Católicos también heredaron la política mediterránea de la Corona de Aragón, y apoyaron a la
Casa de Nápoles aragonesa contra Carlos VIII de Francia y, tras su extinción, reclamaron la reintegración
de Nápoles a la Corona. Como gobernante de Aragón, Fernando II se había involucrado en la disputa con
Francia y Venecia por el control de la península itálica. Estos conflictos se convirtieron en el eje central de
su política exterior. En estas batallas, Gonzalo Fernández de Córdoba (conocido como «El Gran Capitán»)
crearía las coronelías (base de los futuros tercios), como organización básica del ejército, lo que significó
una revolución militar que llevaría a los españoles a sus mejores momentos.
Después de la muerte de la reina Isabel, Fernando, como único
monarca, adoptó una política más agresiva que la que tuvo como
marido de Isabel, utilizando las riquezas castellanas para expandir
la zona de influencia aragonesa en Italia, contra Francia, y
fundamentalmente contra el reino de Navarra, al que conquistó en
1512.
Con el objetivo de aislar a Francia, se adoptó una política matrimonial que llevó al casamiento de las hijas
de los Reyes Católicos con las dinastías reinantes en Inglaterra, Borgoña y Austria. Tras la muerte de
Fernando, la inhabilitación de Juana I, hizo que Carlos de Austria, heredero de Austria y Borgoña, fuera
también heredero de los tronos españoles.
Carlos tenía un concepto político todavía medieval, y lo desarrolló empleando las riquezas de sus reinos
peninsulares en la política europea del Imperio, en vez de seguir la que, con mayor amplitud de miras, había
marcado su abuela Isabel en su testamento: continuar la Reconquista en el norte de África. Aunque algunos
consejeros españoles lograron que hiciera algunas campañas hacia ese objetivo (Orán, Túnez, Argelia), sin
embargo, no consideró ese fin tan importante como las inacabables disputas religioso-políticas de su
herencia centroeuropea y, como además, gran parte del ímpetu conquistador de los castellanos se dirigió
hacia las tierras nuevamente descubiertas de las Indias Occidentales, no colaboró decididamente en el
engrandecimiento de sus reinos peninsulares, salvo en lo que se refiere a las campañas italianas. Ese
abandono de la política de conquista del norte de África daría quebraderos de cabeza a la Europa
mediterránea hasta el siglo XIX d. C..
Las nuevas tierras fueron reclamadas por los Reyes Católicos, con la oposición de Portugal. Finalmente el
papa Alejandro VI medió, llegándose al Tratado de Tordesillas, que dividía las zonas de influencia española
y portuguesa a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde (el meridiano situado a 46º 37’) longitud
oeste, siendo la zona occidental la correspondiente a España y la oriental a Portugal. Así, España se
convertía teóricamente en dueña de la mayor parte del continente con la excepción de una pequeña parte, la
oriental —lo que hoy día es el extremo de Brasil—, que correspondía a Portugal. En adelante, esta cesión
papal, junto a la responsabilidad evangelizadora sobre los territorios descubiertos, fue usada por los Reyes
Católicos como legitimación en su expansión colonial. Poco después, esta «legitimación» fue discutida por
la Escuela de Salamanca.
La colonización de América continuó mientras tanto. Además de la toma de La Española, que se culminó a
principios del siglo XVI d. C., los colonos empezaron a buscar nuevos asentamientos. La convicción de que
había grandes territorios por colonizar en las nuevas tierras descubiertas produjo el afán por buscar nuevas
conquistas. Desde allí, Juan Ponce de León conquistó Puerto Rico y Diego Velázquez, Cuba. Alonso de
Ojeda recorrió la costa venezolana y centroamericana, Hernán Cortés llegó a México, Diego de Nicuesa
ocupó lo que hoy día es Nicaragua y Costa Rica, mientras Vasco Núñez de Balboa colonizaba Panamá y
llegaba al mar del Sur (océano Pacífico).
Años después, bajo Felipe II, este «Imperio Castellano» se convirtió en una nueva fuente de riqueza para
los reinos españoles y de su poder en Europa, pero también contribuyó a elevar la inflación, lo que
perjudicó a la industria peninsular. Como siempre ocurre la economía más poderosa, la española, comenzó
a depender de las materias primas y manufacturas de países más pobres, con mano de obra más barata, lo
cual facilitó la revolución
económica y social en
Francia, Inglaterra y otras
partes de Europa. Los
problemas causados por el
exceso de metales
preciosos fueron
discutidos por la Escuela
de Salamanca, lo que creó «Descubrimiento» del río Misisipí.
un nuevo modo de
entender la economía que
los demás países europeos
tardaron mucho en
comprender. [cita requerida]
Se decía durante el reinado de Felipe II que «el Sol no se ponía en el Imperio», ya que estaba lo
suficientemente disperso como para tener siempre alguna zona con luz solar. Este imperio tenía su centro
neurálgico en Madrid sede de la Corte con Felipe II, siendo Sevilla el punto fundamental desde el que se
organizaban las posesiones ultramarinas.
Como consecuencia del matrimonio político de los Reyes
Católicos y de los casamientos estratégicos de sus hijos, su nieto,
Carlos I heredó la Corona de Castilla en la península ibérica y una
incipiente expansión en América (herencia de su abuela Isabel); las
posesiones de la Corona de Aragón en el Mediterráneo italiano e
ibérico (de su abuelo Fernando); las tierras de los Habsburgo en
Austria a las que él incorporó Bohemia y Silesia logrando
convertirse tras una disputada elección con Francisco I de Francia
en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el
nombre de Carlos V de Alemania; además de los Países Bajos a
los que añadió nuevas provincias y el Franco Condado, herencia
de su abuela María de Borgoña; conquistó personalmente Túnez y
en pugna con Francia la región de Lombardía. Era un imperio
compuesto de un conglomerado de territorios heredados,
anexionados o conquistados.
Pese a que Carlos I era flamenco y su lengua materna era el francés vivió un proceso de españolización o,
más concretamente, de castellanización. Así, cuando se entrevistó con el papa, le habló en español y más
tarde, cuando recibió al embajador de Francia, un obispo francés se quejó por no haber entendido el
discurso, a lo que el emperador contestó: «Señor obispo, entiéndame si quiere y no espere de mí otras
palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente
cristiana».15 Esta frase ha calado bastante en los españoles y, siglos después, aún se utiliza el dicho «Que
hable en cristiano» cuando un español (o casi todo otro hispanoparlante) quiere que se le traduzca lo dicho.
En 1528, el gran almirante Andrea Doria se alió con el emperador para desalojar a Francia y restaurar la
independencia genovesa. Esto abrió una nueva perspectiva: en este año se produce el primer préstamo de
los bancos genoveses a Carlos I.
Como consecuencia de la defensa que la Escuela de Salamanca y Bartolomé de las Casas hicieron de los
nativos, la Corona española se dio relativa prisa en dictar leyes para protegerlos en sus posesiones
americanas. Las Leyes de Burgos de 1512 fueron sustituidas por las Leyes Nuevas de Indias de 1542.
En 1543, Francisco I de Francia anunció una alianza sin precedentes con el sultán otomano Solimán el
Magnífico, para ocupar la ciudad de Niza, bajo control español. Enrique VIII de Inglaterra, que guardaba
más rencor contra Francia que contra el emperador, a pesar de la oposición de este al divorcio de Enrique
con su tía, se unió a este último en su invasión de Francia. Aunque las tropas imperiales sufrieron alguna
derrota como la de Cerisoles, el emperador consiguió que Francia aceptara sus condiciones. Los austriacos,
liderados por el hermano pequeño del emperador Carlos, continuaron luchando contra el Imperio otomano
por el este. Mientras, Carlos I se preocupó de solucionar un viejo problema: la Liga de Esmalcalda.
Mientras, el Mediterráneo se convirtió en campo de batalla contra los turcos, que alentaban a piratas como
el argelino Barbarroja. Carlos I prefirió eliminar a los otomanos a través de la estrategia marítima, mediante
ataques a sus asentamientos en los territorios venecianos del este del Mediterráneo. Solo como respuesta a
los ataques en la costa de Levante española se involucró personalmente el emperador en ofensivas en el
continente africano con expediciones sobre Túnez, Bona (1535) y Argel (1541), por el Sudeste Asiático se
consolidaba el dominio español en el archipiélago de las Filipinas (nombradas así en honor a Felipe II) e
islas adyacentes (Borneo, Molucas —fortaleza de Tidore—, fuertes en la isla de Formosa y anexos en las
ya oceánicas Palaos, Marianas, Carolinas y Ralicratac, etc.).
El emperador Carlos repartió sus posesiones entre su único hijo legítimo, Felipe II, y su hermano Fernando
(al que dejó el Imperio de los Habsburgo). Para Felipe II, Castilla fue la base de su imperio, pero la
población de Castilla nunca fue lo suficientemente grande para proporcionar los soldados necesarios para
sostener el Imperio. Tras el matrimonio del rey con María Tudor, Inglaterra y España fueron aliados.
España no consiguió tener paz al llegar al trono el agresivo Enrique II de Francia en 1547, que
inmediatamente reanudó los conflictos con España. Felipe II prosiguió la guerra contra Francia, aplastando
al ejército francés en la batalla de San Quintín, en Picardía, en 1558 y derrotando a Enrique de nuevo en la
batalla de Gravelinas. La Paz de Cateau-Cambrésis, firmada en 1559, reconoció definitivamente las
reclamaciones españolas en Italia. En las celebraciones que siguieron al Tratado, Enrique II murió a causa
de una herida producida por un trozo de madera de una lanza. Francia fue golpeada durante los siguientes
años por una guerra civil que ahondó en las diferencias entre católicos y protestantes dando a España
ocasión de intervenir en favor de los católicos y que le impidió competir con España y la Casa de
Habsburgo en los juegos de poder europeos. Liberados de la oposición francesa, España vio el apogeo de
su poder y de su extensión territorial en el periodo entre 1559 y 1643.
La bancarrota de 1557 supuso la inauguración del consorcio de los
bancos genoveses, lo que llevó al caos a los banqueros alemanes y
acabó con la preponderancia de los Fúcares como financieros del
Estado español. Los banqueros genoveses suministraron a los
Habsburgo crédito fluido e ingresos regulares.
La derrota acabó con la amenaza turca en el Mediterráneo e inició un periodo de decadencia para el
Imperio otomano. Esta batalla aumentó el respeto hacia España y su soberanía fuera de sus fronteras y el
rey asumió la carga de dirigir la Contrarreforma.
El tiempo de alegría en Madrid duró poco. En 1566, los calvinistas habían iniciado una serie de revueltas
en los Países Bajos que provocaron que el rey enviase al duque de Alba a la zona. En 1568, Guillermo I de
Orange-Nassau encabezó un intento fallido de echar al duque de Alba del país. Estas batallas se consideran
como el inicio de la guerra de los Ochenta Años, que concluyó con la independencia de las Provincias
Unidas de los Países Bajos. Felipe II, que había recibido de su padre la herencia de los territorios de la Casa
de Borgoña (Países Bajos y Franco Condado), para que la poderosa Castilla defendiese de Francia el
Imperio, se vio obligado a restaurar el orden y mantener su dominio sobre estos territorios. En 1572, un
grupo de navíos neerlandeses rebeldes conocidos como los watergeuzen, tomaron varias ciudades costeras,
proclamaron su apoyo a Guillermo I y rechazaron el gobierno español.
Para España la guerra se
convirtió en un asunto sin
fin. En 1574, los Tercios
de Flandes, bajo el mando
de Francisco de Valdés,
fueron vencidos en el
asedio de Leiden después
de que los neerlandeses
rompieran los diques,
causando inundaciones
masivas. La «furia española» del 4 de
noviembre de 1576 en Amberes.
En 1576, abrumado por
los costes del
mantenimiento de un ejército de 80 000 hombres en los Países
Fernando Álvarez de Toledo y Bajos y de la inmensa flota que venció en Lepanto, unidos a la
Pimentel, III duque de Alba. creciente amenaza de la piratería en el Atlántico y especialmente a
los naufragios que reducían las llegadas de dinero de las
posesiones americanas, Felipe II se vio obligado a declarar una
suspensión de pagos (que fue interpretada como bancarrota).
El ejército se amotinó no mucho después, saqueando Amberes y el sur de los Países Bajos, haciendo que
varias ciudades, que hasta entonces se habían mantenido leales, se unieran a la rebelión. Los españoles
eligieron la vía de la negociación y consiguieron pacificar la mayor parte de las provincias del sur con la
Unión de Arras en 1579.
España estaba todavía renqueante de la bancarrota de 1576. En Ilustración de la batalla de San Juan
1584, Guillermo I de Orange-Nassau fue asesinado por un católico de Ulúa durante la guerra comercial
francés. Se esperaba que la muerte del líder popular de la anglo-española (1568-1573).
resistencia significara el fin de la guerra, pero no fue así.
En 1585, la reina Isabel I de Inglaterra envió apoyo a las causas protestantes en los Países Bajos y Francia,
y sir Francis Drake lanzó ataques contra los puertos y barcos mercantes españoles en el Caribe y el
Pacífico, además de un ataque especialmente agresivo contra el puerto de Cádiz. En 1588, confiando en
acabar con los entrometimientos de Isabel I, Felipe II envió la «Armada Invencible» a atacar a Inglaterra.
Al contrario de lo que comúnmente se cree, la Armada española no fue derrotada por los buques
ingleses17 sino por una serie de fuertes tormentas, problemas de coordinación entre los ejércitos implicados
e importantes fallos logísticos en los aprovisionamientos que la flota había de hacer en los Países Bajos
provocaron la derrota de la Armada española.
No obstante, la derrota del contraataque inglés contra España, dirigido por Drake y Norris en 1589, marcó
un punto de inflexión en la guerra anglo-española a favor de España. A pesar del fracaso de la armada
española, la flota española siguió siendo la más fuerte en los mares de Europa hasta el siglo XVIII, a pesar
de que en 1639, fue derrotada por los neerlandeses en la batalla naval de las Dunas, cuando una
visiblemente exhausta España empezaba a debilitarse. El tratado de Londres fue favorable a España y el
desastre de la contra armada inglesa dejó en bancarrota al Reino de Inglaterra, que había reunido una flota
de 200 naves y 20 000 hombres (aún mayor que la Gran Armada española de 1588) con la intención de
sublevar Portugal y afianzar un estado hostil a España, cosa que no consiguió, y también con el deseo de
amenazar a los territorios de ultramar de la monarquía hispánica.
España se involucró en las guerras de religión francesas tras la muerte de Enrique II de Francia. En 1589,
Enrique III de Francia, el último del linaje de los Valois, murió a las puertas de París. Su sucesor, Enrique
IV de Francia y III de Navarra, el primer Borbón rey de Francia, fue un hombre muy habilidoso,
consiguiendo victorias clave contra la Liga Católica en Arques (1589) y en Ivry (1590). Comprometidos
con impedir que Enrique IV tomara posesión del trono francés, los españoles dividieron su ejército en los
Países Bajos e invadieron Francia en 1590. Implicada en múltiples frentes, la potencia hispana no pudo
imponer su política en el país galo y finalmente se llegó a un acuerdo en la Paz de Vervins.
Se ha mostrado en varias obras literarias y especialmente en películas el agobio causado por la continua
piratería contra sus barcos en el Atlántico y la consecuente disminución de los ingresos del oro de las
Indias. Sin embargo, investigaciones más profundas18 indican que esta piratería realmente consistía en
varias decenas de barcos y varios cientos de piratas, siendo los primeros de escaso tonelaje, por lo que no
podían enfrentarse con los galeones españoles, teniéndose que conformar con pequeños barcos o los que
pudieran apartarse de la flota. En segundo lugar está el dato según el cual, durante el siglo XVI d. C., ningún
pirata ni corsario logró hundir galeón alguno; asimismo, de unas 600 flotas fletadas por España (dos por
año durante unos 300 años) solo dos cayeron en manos enemigas y ambas por marinas de guerra no por
piratas ni corsarios.18 Los ataques corsarios en todo caso, entre los cuales destacó Francis Drake causaron
serios problemas de seguridad tanto para las flotas como para los puertos, lo que obligó al establecimiento
de un sistema de convoyes así como al incremento exponencial en gastos defensivos destinados al
entrenamiento de milicias y a la construcción de fortificaciones. Sin embargo, fueron las inclemencias
meteorológicas las que bloquearon con mayor gravedad todo el comercio entre América y Europa. Más
grave era la piratería mediterránea, perpetrada por berberiscos, que tenía un volumen diez o más veces
superior a la atlántica y que arrasó toda la costa mediterránea así como a las Canarias, bloqueando a
menudo las comunicaciones con este Archipiélago y con las posesiones en Italia.
Pese a todos los ingresos provenientes de América, España se vio forzada a declararse en bancarrota en
1596.
Después de la paz con Inglaterra, Ambrosio Spínola, como nuevo general al mando de las fuerzas
españolas, luchó tenazmente contra los neerlandeses. Spínola era un estratega de una capacidad similar a la
de Mauricio, y únicamente la nueva bancarrota de 1607 evitó que conquistara los Países Bajos.
Atormentados por unas finanzas ruinosas, en 1609 se firmó la Tregua de los Doce Años entre España y las
Provincias Unidas. La Pax Hispanica era un hecho.
España tuvo una notable recuperación durante la tregua, ordenando su economía y esforzándose por
recuperar su prestigio y estabilidad antes de participar en la última guerra en que actuaría como potencia
principal. Estos avances se vieron ensombrecidos por la expulsión de los moriscos entre 1611 y 1614 que
dañaron gravemente a la Corona de Aragón, privando al imperio de una importante fuente de riqueza.
Aunque como contrapartida a la expulsión, se desterraba a un grupo que apoyaba el principal problema de
piratería de España, la piratería berberisca, que asolaba las costas de levante, produciéndose rebeliones
moriscas, y con el peligro de que el apoyo a la piratería otomana, pasara a ser apoyo de una invasión del
Imperio Otomano de la península, razón esta última de la expulsión de los moriscos.
Actualmente, la opinión de los historiadores es casi unánime respecto al error de involucrarse en guerras
europeas por la única razón de que los reinos heredados debían transmitirse íntegros. Sin embargo, esta
postura también existía en aquellos años. Así un procurador en cortes escribió:
¿Por ventura serán Francia, Flandes e Inglaterra más buenos cuanto España más pobre? Que el
remedio de los pecados de Nínive no fue aumentar el tributo en Palestina para irlos a
conquistar, sino enviar la persona que los fuera a convertir.
Citado por Gómez-Centurión (1987, p. 89)
Olivares era un hombre avanzado para su tiempo y se dio cuenta de que España necesitaba una reforma
que a su vez necesitaba de la paz. La destrucción de las Provincias Unidas se añadió a sus necesidades, ya
que detrás de cualquier ataque a los Habsburgo había dinero neerlandés. Spinola y el ejército español se
concentraron en los Países Bajos y la guerra pareció marchar a favor de España, retomándose Breda. En
ultramar se combatió también a la flota neerlandesa, que amenazaba las posesiones españolas. Así, la
presencia neerlandesa en Taiwán y su amenaza sobre las Filipinas llevó a la ocupación del norte de la isla,
fundándose la ciudad de Santísima Trinidad (actual Keelung) en el año 1626 y Castillo (actual Tamsui) en
1629.
El año 1627 acarreó el derrumbamiento de la economía hispana. Los españoles habían devaluado su
moneda para pagar la guerra y la inflación explotó en España como antes lo había hecho en Austria. Hasta
1631, en algunas partes de Castilla se comerció con el trueque, debido a la crisis monetaria, y el gobierno
fue incapaz de recaudar impuestos del campesinado de las colonias. Los ejércitos españoles en Alemania
optaron por pagarse a sí mismos. Olivares fue culpado por una vergonzosa e infructuosa guerra en Italia.
Los neerlandeses habían convertido su flota en una prioridad durante la Tregua de los Doce Años y
amenazaron el comercio marítimo español, del cual España era totalmente dependiente tras la crisis
económica; en 1628 los neerlandeses acorralaron a la Flota de Indias provocando el Desastre de Matanzas,
el cargamento de metales preciosos que era fundamental para el sostenimiento del esfuerzo bélico del
Imperio fue capturado y la flota que lo transportaba totalmente destruida, con parte de las riquezas
obtenidas los neerlandeses iniciaron una exitosa invasión de Brasil.
La guerra de los Treinta Años también se agravó cuando, en 1630, Gustavo II Adolfo de Suecia
desembarcó en Alemania para socorrer el puerto de Stralsund, último baluarte continental de los alemanes
beligerantes contra el emperador. Gustavo II Adolfo marchó hacia el sur y obtuvo notables victorias en
Breitenfeld y Lützen, atrayendo numerosos apoyos para los protestantes allá donde iba.
La situación para los católicos mejoró con la muerte de Gustavo II Adolfo precisamente en Lützen en 1632
y la victoria en la batalla de Nördlingen en 1634. Desde una posición de fuerza, el emperador intentó pactar
la paz con los estados hastiados de la guerra en 1635. Muchos aceptaron, incluidos los dos más poderosos:
Brandeburgo y Sajonia. Francia se perfiló entonces como el mayor problema. Paralelamente, la guerra de
Sucesión de Mantua, en Italia, dio una nueva victoria a España, consolidando su presencia en Italia.
El cardenal Richelieu había sido un gran aliado de los neerlandeses y los protestantes desde el comienzo de
la guerra, enviando fondos y equipamiento para intentar fragmentar la fuerza de los Habsburgo en Europa.
Richelieu decidió que la Paz de Praga, recientemente firmada, era contraria a los intereses de Francia y
declaró la guerra al Sacro Imperio Romano Germánico y a España dentro del periodo establecido de paz.
Las fuerzas españolas, más experimentadas, obtuvieron éxitos iniciales: Olivares ordenó una campaña
relámpago en el norte de Francia desde los Países Bajos españoles, confiando en acabar con el propósito
del rey Luis XIII y derrocar a Richelieu.
En 1636, las fuerzas españolas avanzaron hacia el sur hasta llegar a Corbie, amenazando París y quedando
muy cerca de terminar la guerra a su favor. Después de 1636, Olivares tuvo miedo de provocar otra
bancarrota y el ejército español no avanzó más. En la derrota naval de las Dunas en 1639, la flota española
fue aniquilada por la armada neerlandesa, y los españoles se encontraron incapaces de abastecer a sus
tropas en los Países Bajos.
En 1643 el ejército de Flandes, que constituía lo mejor de la
infantería española, se enfrentó a un contraataque francés en
Rocroi liderado por Luis II de Borbón, príncipe de Condé.
Aunque fuentes francesas decimonónicas y sobre todo las fuentes
originales, siempre informaron de que los españoles, liderados por
Francisco de Melo, no fueron ni mucho menos arrasados, la
propaganda gala logró un notable éxito exagerando aquella
victoria.19 La infantería española fue seriamente dañada pero no
destruida, mil muertos y dos mil heridos de un total de seis mil Rocroi, el último tercio, por Augusto
soldados de los tercios, los tercios resistieron hasta seis ataques Ferrer-Dalmau (2011).
conjuntos de la infantería, artillería y caballería francesas sin perder
la integridad. Agotados ambos bandos, se acabó negociando la
rendición y el asedio fue levantado. La batalla tuvo pocas repercusiones a corto plazo, pero un impacto
tremendo a nivel propagandístico.
La gran habilidad del cardenal Mazarino para manejar esa victoria logró dañar la reputación de los Tercios
de Flandes, creando una falsa propaganda que aún permanece; el de una victoria en la que, para saber el
número de enemigos al que se enfrentaron, los franceses solo tenían que «contar los muertos».
Tradicionalmente, los historiadores señalan la batalla de Rocroi como el fin del dominio español en Europa
y el cambio del transcurso de la guerra de los Treinta Años favorable a Francia.
En 1648 los españoles firmaron la paz con los neerlandeses y reconocieron la independencia de las
Provincias Unidas en la Paz de Westfalia, que acabó al mismo tiempo con la guerra de los Ochenta Años y
la guerra de los Treinta Años. A esto le siguió la expulsión de Taiwán y la pérdida de Tobago, Curazao y
otras islas en el mar Caribe.
La guerra con Francia continuó once años más, ya que Francia quería acabar totalmente con España y no
darle la oportunidad de que se recuperara. La economía española estaba tan debilitada que el Imperio era
incapaz de hacerle frente. La sublevación de Nápoles fue sofocada en 1648 y la de Cataluña en 1652 y
además se obtuvo una victoria contra los franceses en la batalla de
Valenciennes (1656, última de las victorias españolas), pero el fin
efectivo de la guerra vino en la batalla de las Dunas (o de
Dunquerque) en 1658, en la que el ejército francés bajo el mando
del vizconde de Turenne y con la ayuda de un importante ejército
inglés, derrotó a los restos de los Tercios de Flandes. España
aceptó firmar la Paz de los Pirineos en 1659, en la que cedía a
Francia el Rosellón, la Cerdaña y algunas plazas de los Países
Bajos como Artois. Además se pactó el matrimonio de una infanta
española con Luis XIV.
Paz de Westfalia.
En los últimos años del reinado de Felipe IV, concluidos los
grandes conflictos, Felipe IV pudo concentrarse en el frente
portugués. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Meses antes de su muerte (ocurrida en Madrid, el 17 de
septiembre de 1665), la derrota en la batalla de Villaviciosa (17 de junio) permitía vaticinar la pérdida de
Portugal. La situación en España no era más halagüeña, y la crisis humana, material y social afectaba
profundamente a las regiones del interior.
España tenía un inmenso imperio en ultramar (ahora reducido por la separación de Portugal y su imperio así
como por ataques franceses e ingleses), pero Francia era ahora la primera potencia en Europa.
Declaro mi sucesor (en el caso de que Dios se me lleve sin dejar hijos) el de Anjou, hijo
segundo del Delfín de Francia; y, como a tal, lo llamó a la sucesión de todos mi reinos y
dominios sin excepción de ninguna parte de ellos.
Citado por Alonso Mola y Martínez Shaw (2000, p. 45)
La segunda parte de su reinado comenzaría en 1680 con la toma de poder del duque de Medinaceli como
valido, quien retoma las medidas tomadas por don Juan José de Austria para llevar a cabo el proyecto
económico del rey para estabilizar la economía. El valido consiguió una de las mayores deflaciones de la
historia, si no la mayor, lo que perjudicó las arcas de la monarquía, pero supuso un incremento considerable
del poder adquisitivo de los ciudadanos.20
En 1685, ocupa el cargo Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, conde de Oropesa, al dimitir el de
Medinaceli. Álvarez de Toledo propuso un presupuesto fijo para los gastos de la Corte como medio para
evitar nuevas bancarrotas, reducir impuestos, condonar deudas a varios municipios, reformar el catastro y
colocar en los puestos clave a expertos en lugar de a nobles.20
A lo largo de todo su reinado terminaron las guerras contra Francia, especialmente tras el Tratado de
Ryswick por el que se produce la partición de la isla de La Española entre Francia y España. Tras él el
proyecto de Carlos II para sus reinos se consiguió: mantuvo bajo su poder los dominios de América y
Europa, además de posibilitar una recuperación económica de la que disfrutaría después su sucesor.20
El cambio de dinastía
El deseo de las otras potencias por España y sus posesiones no podía quedar zanjado con el testamento real.
Por lo que los enfrentamientos eran casi inevitables; el archiduque Carlos de Austria no se resignó, lo que
dio lugar a la guerra de Sucesión (1702-1713).
Esta guerra y las negligencias cometidas en ella llevaron a nuevas derrotas para las armas españolas,
llegando incluso al propio territorio peninsular. Así se perdió Orán, Menorca y la más dolorosa y
prolongada: Gibraltar, donde había únicamente cincuenta soldados españoles defendiéndolo contra la flota
anglo-neerlandesa.
Está hecha mi elección y nada hay en la tierra capaz de moverme a renunciar a la corona que
Dios me ha dado, nada en el mundo me hará separarme de España y de los españoles.
Citado por Martínez Shaw (2000, p. 54)
Con el monarca Borbón se modificó toda la organización territorial del Estado con una serie de decretos
llamados Decretos de Nueva Planta eliminándose fueros y privilegios de los antiguos reinos peninsulares y
unificándose todo el Estado español al dividirlo en provincias llamadas Capitanías Generales a cargo de
algún oficial y casi todas ellas gobernadas con las mismas leyes; con esto se consiguió homogeneizar y
centralizar el Estado español utilizando el modelo territorial de Francia.
Por otra parte con Felipe V llegaron ideas mercantilistas francesas basadas en una monarquía centralizada,
puesta en funcionamiento en América lentamente. Sus mayores preocupaciones fueron romper el poder de
la aristocracia criolla y también debilitar el control territorial de la Compañía de Jesús: los jesuitas fueron
expulsados de la América española en 1767. Además de los ya establecidos consulados de Ciudad de
México y Lima, se estableció el de Vera Cruz.
Entre 1717 y 1718 las instituciones para el gobierno de las Indias, el Consejo de Indias y la Casa de la
Contratación, se trasladaron de Sevilla a Cádiz, que se convirtió en el único puerto de comercio con las
Américas.
Los órganos ejecutivos fueron reformados creando las
secretarías de estado que serían el embrión de los
ministerios. Se reformó el sistema de aduanas y
aranceles y el contributivo, se creó el catastro (pese a no
llegar a reformarse totalmente la política contributiva) se
reestructuró el Ejército de Tierra en regimientos en
lugar de en tercios ...; pero quizá el gran logro fue la
unificación de las distintas flotas y arsenales en la
Armada. A estas reformas se dedicaron hombres como
José Patiño, José Campillo o Zenón de Somodevilla,
que fueron ejemplos de meritocracia y algunos de los
mejores expertos en material naval de su época.23 Detalle de una galería de retratos de los
emperadores del Perú donde los reyes españoles
A estas reformas le siguió una nueva política (lado derecho) figuran como sucesores de los
expansionista que buscaba recuperar las posiciones soberanos incas (lado izquierdo). Lámina
perdidas. Así, en 1717 la armada española recobró publicada en 1744 en la obra Relación del Viaje a
Cerdeña y Sicilia, que tuvo que abandonar pronto ante la América Meridional en la que Jorge Juan y
la coalición de Austria, Francia, Gran Bretaña y los Antonio de Ulloa fueron sus autores.
Países Bajos, que vencieron en Cabo Pessaro. Sin
embargo la diplomacia española, apoyada por los
Pactos de Familia con sus parientes franceses, lograría que la
corona del Reino de las Dos Sicilias recayera en el segundo hijo
del rey español. La nueva rama dinástica sería conocida
posteriormente como Borbón-Dos Sicilias.
Las guerras coloniales durante el siglo XVIII Principales rutas comerciales del
Imperio español con las Indias.
Una de las victorias españolas más importantes de todo el periodo
colonial en América, y sin duda la más trascendente del
Siglo XVIII d. C., fue la de la batalla de Cartagena de Indias en
1741 (ver Guerra del Asiento) en la que una colosal flota de 186
buques ingleses con 23 600 hombres a bordo atacaron el puerto
español de Cartagena de Indias (hoy Colombia). Esta acción naval
fue la más grande de la historia de la Marina inglesa, y la segunda
más grande de todos los tiempos después de la batalla de
Normandía. Tras dos meses de intenso fuego de cañón entre los
buques ingleses y las baterías de defensa de la bahía de Cartagena Castillo San Felipe de Barajas en
y del Fuerte de San Felipe de Barajas, los asaltantes se batieron en Cartagena de Indias. En 1741 una
retirada tras perder 50 navíos y 18 000 hombres. La acertada enorme flota británica liderada por el
estrategia del gran almirante español Blas de Lezo fue almirante Vernon fue derrotada por
determinante para contener el ataque inglés y lograr una victoria las fuerzas españolas de Blas de
que supuso la prolongación de la supremacía naval española hasta Lezo que defendían este fuerte.
principios del siglo XIX d. C.. Tras la derrota, los ingleses
prohibieron la difusión de la noticia y la censura fue tan tajante que
pocos libros de historia ingleses contienen referencias a esta trascendental contienda naval. Incluso en
nuestros días poco se sabe de esta gran batalla, frente al muy conocido episodio de Trafalgar o incluso al de
la Armada invencible.
España también se enfrentó con Portugal por la Colonia del Sacramento en el actual Uruguay, que era la
base del contrabando británico por el Río de la Plata. En 1750 Portugal cedió la colonia a España a cambio
de siete de las treinta reducciones guaraníes de los jesuitas en la frontera con Brasil. Los españoles tuvieron
que expulsar a los jesuitas, generando un conflicto con los guaraníes que duró once años.
El desarrollo del comercio naval promovido por los Borbones en
América fue interrumpido por la flota británica durante la guerra de
los Siete Años (1756-1763) en la que España y Francia se
enfrentaron a Gran Bretaña y Portugal por conflictos coloniales.
Los éxitos españoles en el norte de Portugal se vieron eclipsados
por la toma inglesa de La Habana y Manila. Finalmente, el Tratado
de París (1763) puso fin a la guerra. Con esta paz, España
recuperó Manila y La Habana, aunque tuvo que devolver
Sacramento. Además Francia entregó a España la Luisiana al oeste
Pabellón naval del Reino de España del Misisipi, incluida su capital, Nueva Orleans, y España cedió la
desde 1785, posteriormente elevado Florida a Gran Bretaña.
a la categoría de bandera nacional.
En cualquier caso, el siglo XVIII d. C. fue un periodo de
prosperidad en el imperio de ultramar gracias al crecimiento
constante del comercio, sobre todo en la segunda mitad del siglo debido a las reformas borbónicas. Las
rutas de un solo barco en intervalos regulares fueron lentamente reemplazando la antigua costumbre de
enviar a las flotas de Indias, y en la década de 1760, había rutas regulares entre Cádiz, La Habana y Puerto
Rico, y en intervalos más largos con el Río de la Plata, donde se había creado un nuevo virreinato, el
llamado Virreinato del Río de la Plata en 1776. El contrabando, que fue el cáncer del imperio de los
Habsburgo, declinó cuando se pusieron en marcha los navíos de registro.
La recuperación gradual de las guerras se vio de nuevo interrumpida por la participación española en la
guerra de Independencia de los Estados Unidos (1779-1783), en apoyo de los Estados sublevados y los
consiguientes enfrentamientos con Gran Bretaña. El Tratado de Versalles de 1783 supuso de nuevo la paz y
la recuperación de Florida y Menorca (consolidando la situación, puesto que habían sido recuperadas
previamente por España) así como el abandono británico de Campeche y la Costa de los Mosquitos en el
Caribe. Sin embargo, España fracasó al intentar recuperar Gibraltar después de un duradero y persistente
sitio, y tuvo que reconocer la soberanía británica sobre las Bahamas, donde se habían instalado numerosos
partidarios del rey inglés o lealistas procedentes de las colonias perdidas, y el archipiélago de San Andrés y
Providencia, reclamado por España pero que no había podido controlar.
Mientras, con la Convención de Nutka (1791), se resolvió la
disputa entre España y Gran Bretaña acerca de los asentamientos
británicos y españoles en la costa del Pacífico, delimitándose así la
frontera entre ambos países. También en ese año el rey de España
ordenó a Alejandro Malaspina buscar el Paso del Noroeste
(Expedición Malaspina).
Las reformas económicas e institucionales produjeron sus frutos, Por España y por el Rey, Gálvez en
militarmente hablando, cuando se derrotó a los ingleses durante la América (2015), pintura al óleo de
guerra del Asiento en su intento de conquistar la estratégica plaza Augusto Ferrer-Dalmau que recrea la
de Cartagena de Indias, con gran actuación del almirante Blas de batalla de Pensacola en 1781.
Lezo.
Tras la Revolución francesa de 1789, España se unió a los países que se aliaron para combatir la
revolución. Un ejército dirigido por el general Ricardos reconquistó el Rosellón, pero apenas unos años
después, en 1794 las tropas francesas les expulsaron e invadieron territorio español. El ascenso de Godoy a
primer ministro supuso una política de apaciguamiento con Francia: con la Paz de Basilea de 1795 se logró
la retirada francesa a cambio de la mitad de La Española (lo que hoy en día es República Dominicana).
En 1796 el Tratado de San Ildefonso supuso la alianza con la Francia napoleónica contra Gran Bretaña, lo
que supuso la unión de sus respectivas fuerzas armadas. El combate naval del cabo de San Vicente fue una
victoria relativa para los británicos, que no supieron aprovechar, aunque en Cádiz y Santa Cruz de Tenerife
la flota británica sufrió sendos fracasos. Lo más reseñable fue la pérdida de isla Trinidad (1797) y Menorca.
En 1802, se firmó la Paz de Amiens, tregua que permitió a España recobrar Menorca.
Pronto se reanudaron las
hostilidades,
desarrollándose el
proyecto napoleónico de
una invasión a través del
canal de la Mancha. Sin
embargo, la destrucción
de la flota aliada franco-
española en la batalla de El motín de Aranjuez.
Trafalgar (1805) arruinó el
plan y minó la capacidad
de España para defender y mantener su imperio. Tras la derrota de
La muerte del brigadier Churruca a Trafalgar, España se encontró sin una armada capaz de enfrentarse
bordo del navío San Juan a la inglesa, y se cortó la comunicación efectiva con ultramar.
Nepomuceno, en la batalla de
Trafalgar. Mientras las sucesivas coaliciones eran derrotadas una y otra vez
por Napoleón Bonaparte en el continente, España libró una guerra
menor contra Portugal (guerra de las Naranjas) que le permitió
anexionarse Olivenza. En 1800 Francia recobró Luisiana. Cuando Napoleón decretó el Bloqueo
Continental, España colaboró con Francia en la ocupación de Portugal, país que desobedeció el bloqueo.
Así, las tropas francesas entraron en el país, acuartelándose unidades en guarniciones de la frontera.
En 1808 Napoleón se
aprovechó de las disputas
entre el rey español Carlos
IV y su hijo, el futuro
Fernando VII, y consiguió
que estos le cediesen el
trono, de modo que
España fue tomada por
Napoleón sin disparar ni
La rendición de Bailén.
una bala.
Juramento de las Cortes de Cádiz. Entonces se produjo el
levantamiento popular del 2 de mayo de 1808. Los españoles
rebeldes a Napoleón se desplazaron al sur de España y
comenzaron la conocida como guerra de la Independencia española que tendría un momento de optimismo
y ferocidad nunca vista en Europa con la derrota de los ejércitos franceses en la batalla de Bailén al mando
del general Castaños (siendo la primera derrota del Ejército napoleónico en un campo de batalla europeo).
Las campañas de los mariscales napoleónicos no pudo con la ferocidad del pueblo Español hasta el
posterior contraataque francés capitaneado por Napoleón y su Grande Armée que restableció la autoridad
de su hermano José I de España, al que nombró rey. Los enfrentamientos continuaron, ahora con la
aparición de la «guerra de guerrillas» sufriendo los ejércitos franceses una cantidad considerable y
constante de bajas. La ayuda inglesa a España facilitó a expulsar a los franceses junto con los ejércitos
portugueses y españoles y tras la batalla de Waterloo, Fernando VII recuperó el trono, tuvo que enfrentarse
con la independencia de los virreinatos.
El virrey Fernando de Abascal, y Pablo Morillo jefe de la expedición pacificadora, fueron los principales
organizadores de la defensa de la monarquía española en América del Sur. Félix Calleja en Nueva España.
Pero los movimientos populares de las colonias españolas profundizaron las insurrecciones para enfrentarse
abiertamente en una guerra de alcance continental con el objetivo de establecer estados independientes, que
generalmente devinieron en regímenes republicanos. Sin embargo, los repetidos pronunciamientos liberales
contra el rey absoluto llevan a la rebelión del ejército de Ultramar en 1820 que conduce al efímero gobierno
del Trienio Liberal y este ordena el cese al fuego español, acaba con el envío de tropas peninsulares y
debilita decisivamente la posición militar española, pero no establece tratados de paz ni reconoce las
independencias.
A partir del año 1820, Simón Bolívar y José de San Martín, los llamados Libertadores en América del sur,
y Agustín Iturbide en México, condujeron las campañas finales de los ejércitos patriotas que consiguen
imponerse sobre las tropas de la monarquía española, llamadas Realistas. Los últimos reductos que resisten
en fortificaciones costeras, las guerrillas supervivientes del interior, y la guerra naval en el Caribe, alentaron
utópicos proyectos españoles de reconquista que tuvieron su punto final con la muerte del rey Fernando VII
en 1833.n. 9 n. 10
Por último, en 1836 las Cortes de España autorizan al Gobierno para renunciar a todo derecho territorial o
de soberanía y reconocer la independencia en sucesivos tratados de paz y amistad. Posteriormente, a lo
largo del siglo XIX d. C., y luego de complejos procesos políticos, las posesiones españolas en América
formaron los actuales estados hispanoamericanos. El expansionismo estadounidense se hizo presente tanto
sobre los últimos restos del Imperio español, forzándose la compra de Florida por cinco millones de dólares
en el año 1821,27 así como adquiriendo posteriormente los derechos sobre las pretensiones españolas en
Oregón, como también sobre los nuevos países americanos (a través de influencia económica y política y
con la anexión de Texas y el norte del nuevo estado mexicano: Nuevo México, Utah, California y Nevada).
En Norteamérica, México liderado por Agustín de La batalla de Ayacucho, marco el fin del Imperio
Iturbide y Vicente Guerrero, declaró su español en la América continental.
independencia en 1821.
El desencadenante de esta guerra fue el hundimiento del acorazado Restos del hundimiento del
Maine, del que se culpó a España (tras una agresiva campaña de acorazado estadounidense Maine en
prensa de William Randolph Hearst). Las últimas investigaciones el puerto de La Habana.
no han llegado a demostrar nada de forma concluyente: ni si fue un
accidente o un sabotaje externo, ni quién sería el responsable, aun
así existe la teoría de que fueron los propios estadounidenses quienes provocaron el incendio en el Maine
con el propósito de hundirlo, culpar a España y provocar una guerra para apoderarse de las colonias
españolas, autodefiniéndose como defensores de los cubanos contra la tiranía española. Esta guerra acabó
con una humillante derrota española y la independencia de Cuba. En Filipinas, los independentistas
también contaron con el apoyo estadounidense. España se vio forzada a pedir un armisticio, y se firmó el
Tratado de París, por el cual se renunciaba definitivamente a Cuba y se cedían a EE. UU.: Filipinas, Puerto
Rico y Guam. Esta serie de sucesos son conocidos como el «desastre del 98». Los últimos territorios
españoles en Oceanía fueron finalmente vendidos a Alemania en el Tratado germano-español de 1899.
Mientras, los enfrentamientos en el Mediterráneo habían continuado, perdiéndose las posiciones españolas
en el norte de África. En 1848, sin embargo, las tropas españolas conquistaron las islas Chafarinas.
La pérdida de la mayor parte del Imperio americano llevó a España a volcarse cada vez más en su dominios
en África, especialmente tras la derrota contra los Estados Unidos en 1898.
En 1860, tras la guerra contra Marruecos, este país cedió el territorio del Sidi Ifni por el Tratado de Wad-
Ras. Las siguientes décadas de colaboración franco-española implicaron el establecimiento y la extensión
de protectorados españoles al sur de la ciudad. España reclamó también un protectorado en la costa
occidental desde la desembocadura del río Draa hacia el sur incluyendo el territorio del Sáhara desde Cabo
Bojador hasta Cabo Blanco, la soberanía española fue reconocida en la Conferencia de Berlín de 1884:
España administraba Sidi Ifni y el Sáhara Occidental conjuntamente, en esa época España llegó a reclamar
el Adrar (actualmente parte de Mauritania) aunque luego Francia ocupó tal territorio.
En cuanto al territorio de las costas de Guinea en el África ecuatorial occidental, España tenía posesiones
costeras, llamadas Guinea Española y reclamaba un territorio litoral que difusamente se extendía entre la
desembocadura del río Níger por el norte hasta el río Ogoué al sur,28 sin embargo tales reclamaciones se
fueron restringiendo hasta las costas e islas de la actual Guinea Ecuatorial, si bien aún a fines de
siglo XIX d. C. España mantenía reclamaciones del Transpaís hasta casi llegar a las orillas izquierdas del río
Congo.29 Las reclamaciones conflictivas sobre Guinea fueron resueltas en el Tratado de París de 1900, Río
Muni se convirtió en un protectorado en 1885 y en colonia en 1900.
Entre 1926 y 1959, Bioko y Río Muni estuvieron unidas bajo el Tropas coloniales españolas y
nombre de Guinea Española. portuguesas en 1900.
En 1959, se le otorgó al territorio español del golfo de Guinea el estatus de provincia española ultramarina.
Como Región Ecuatorial Española, era regida por un gobernador general que ejercía los poderes militares y
civiles. Las primeras elecciones locales se celebraron en 1960, y se eligieron los primeros procuradores en
cortes ecuatoguineanos. Mediante la Ley Básica de diciembre de 1963, las dos provincias fueron
reunificadas como Guinea Ecuatorial y dotadas de una autonomía limitada, con órganos comunes a todo el
territorio (entre ellos un cuerpo legislativo) y organismos propios de cada provincia. Aunque el
comisionado general nombrado por el gobierno español tenía amplios poderes, la Asamblea General de
Guinea Ecuatorial tenía considerable iniciativa para formular leyes y regulaciones.
En marzo de 1968, bajo la presión de los nacionalistas ecuatoguineanos y de las Naciones Unidas, España
anunció que concedería la independencia. Ya independiente en 1968, Guinea Ecuatorial tenía una de las
mayores rentas per cápita de toda África. En 1969, debido a la presión internacional, España entregó Sidi
Ifni a Marruecos. El dominio español en el Sahara Occidental duró hasta que en 1975 la marcha verde
forzó la retirada española. El futuro de la antigua provincia española continúa siendo incierto.
América
Véanse también: Organización territorial del Virreinato de Nueva España, Organización territorial del
Virreinato del Perú, Organización territorial del Virreinato de Nueva Granada y Organización territorial
del Virreinato del Río de la Plata.
Virreinato de las Indias (1492-1535): primera entidad
territorial formada tras el descubrimiento de América por
Cristóbal Colón, estaba compuesta por todos los
territorios descubiertos, explorados, reclamados y
controlados por los españoles en el Nuevo Mundo,
principalmente las Antillas y Castilla de Oro (Panamá).
Sucedido por el virreinato de Nueva España tras la
conquista del imperio azteca.
Virreinato de Nueva España (1535-1821): compuesto
por los actuales países de México, Guatemala,
Nicaragua, Honduras, Salvador, Costa Rica, y los
estados del suroeste de los Estados Unidos (California,
Nuevo México, Arizona, Texas, Nevada, Florida, Utah,
Luisiana y parte de Colorado, Wyoming, Kansas y
Oklahoma) y las Antillas (Cuba, La Española, Puerto Imperios español y portugués en
Rico, Bahamas, Antigua y Barbuda, Montserrat, isla de 1790.
San Martín, Anguila, Bonaire , Trinidad y Tobago,
Granada , Curazao, Aruba, Jamaica, islas Vírgenes,
San Cristóbal y Nieves, Dominica, Guadalupe, Martinica, San Bartolomé, Barbados, islas
Turcas y Caicos, Santa Lucía e islas Caimán),
perdiéndose la mayoría de estas en el siglo XVII a
excepción de Trinidad (cedida a Reino Unido en 1797),
La Española, Cuba y Puerto Rico, además de las islas
Filipinas en Asia y las islas Marianas y las Carolinas en
Oceanía. También incluía pretensiones sobre la costa
este de los modernos Estados Unidos. España mantuvo
bajo su control estos territorios hasta 1821, año en que
se independizó, aunque en varios de los estados de las
Grandes Llanuras y las Antillas Menores no hubo una
presencia española estable
Capitanía General de Santo Domingo (1535-1795;
1809-1821; 1861-1865): fue la primera provincia
española en el Nuevo Mundo, y comprendía la
totalidad de la isla de La Española, cuya parte
oriental se convirtió más tarde en la República
Dominicana, mientras que la parte occidental se América española hacia el año 1800,
convirtió en 1697 en la colonia francesa de Saint- los territorios coloreados eran
Domingue, la cual se acabaría independizando considerados provincias en algunos
como Haití. mapas del Imperio español.
Capitanía General de Cuba (1777-1898): durante
los dos siglos anteriores una gobernación
novohispana, estaba formada por la isla de Cuba y
adyacentes, además de la Florida y la Luisiana.
Gobernación de la Luisiana (1764-1803):
cedida por Francia, incorporaba territorios de los
actuales estados del medio oeste
estadounidense (Luisiana, Arkansas, Oklahoma,
Kansas, Nebraska, Dakota del Sur, Dakota del
Norte, Wyoming, Montana, Idaho, Minnesota e
Iowa).
Capitanía General de Guatemala (1542-1809;
1814-1821): también conocida como Reino de Territorio de Nutca (reclamaciones
Guatemala, estaba formada por los territorios de territoriales de España en la Costa
Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Oeste de Norteamérica,
Costa Rica, y el estado mexicano de Chiapas. siglo XVIII d. C.) y toponimia
Declaró su independencia en 1821, para sumarse al española.
Primer Imperio Mexicano, del que se separó (salvo
Chiapas) el 1 de julio de 1823.
Capitanía General de Puerto Rico (1582-1898), posteriormente provincia: abarcó la
isla de Puerto Rico y otras menores adyacentes a ella.
Capitanía General de Yucatán (1565-1821): comprendía los actuales estados
mexicanos de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y el este de Tabasco. La inclusión de
Belice y El Petén son motivo de controversia por algunos historiadores.30
Comandancia General de las Provincias Internas (1776-1821): fue creada por el rey
Carlos III mediante una real cédula del 22 de agosto de 1776, dando al comandante
general, sobre estas previamente establecidas provincias, las facultades equiparables a
las del virrey de Nueva España; comprendía los actuales territorios de Sonora y
Sinaloa, las Californias, Coahuila, Nuevo Reino de León, Nuevo Santander, Texas,
Nueva Vizcaya, y Nuevo México. Entre 1787 y 1790 y entre 1813 y 1821 estuvo divida
en dos Comandancias Generales: Oriente y Occidente.
Territorio de Nutca (1789-1794): fue cedido a Gran Bretaña en 1795. Incluía los
territorios de los actuales estados del noroeste estadounidense (Oregón, Idaho,
Montana y Washington), además el suroeste de la provincia canadiense de la Columbia
Británica, el territorio de Yukón y el actual estado estadounidense de Alaska hasta el
paralelo 61º N. Gran parte de la región formaba el denominado territorio del Orejón. La
presencia española se reducía a los fuertes de San Miguel de Nutca y Nuñez Gaona.
Virreinato del Perú (1542-1824): en su máxima extensión abarcó a los actuales países de
Perú, Colombia, Argentina, Ecuador, Panamá, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay, territorios
en Brasil, Las Guayanas, parte sur del actual Venezuela y las islas Galápagos. Incluía
algunas pretensiones en Oceanía y la Amazonia.
Capitanía General de Chile (1541-1818): también llamada Reino de Chile, comprendía
el actual Chile y la región de Patagonia hasta que la parte oriental de esta última pasó a
la Gobernación de Buenos Aires en 1570.
Virreinato de Nueva Granada (1717-1723;1739-1822): comprendía los actuales países de
Panamá, Colombia, Ecuador, Venezuela, norte de Brasil, oeste de Guyana y las islas
Galápagos.
Capitanía General de Venezuela (1777-1823): creada por Carlos III de España, civil y
militarmente autónoma del Virreinato de Nueva Granada. Correspondía al territorio
actual de Venezuela, el oeste de Guyana y la isla de Trinidad.
Virreinato del Río de la Plata (1776-1818): comprendía los actuales países de Argentina,
Bolivia, Paraguay, Uruguay y parte de Brasil. Incluía las islas Malvinas (hasta 1810) y
territorios en el Golfo de Guinea, África. Es de mencionar que el control del extremo sur
(Patagonia) no fue efectivo por el Estado argentino hasta después de la independencia de
Argentina. Sin embargo, el dominio español de Patagonia a raíz de sus descubrimientos no
fue disputado a España.
Territorios portugueses
Durante la Unión Ibérica (1580-1640), los territorios del imperio portugués en América también pasaron a
estar bajo el gobierno de la casa de Austria:
Asia y Oceanía
Véase también: Imperio español en Asia y Oceanía
Capitanía General de las Filipinas (1565-1898): también conocida como las Indias
Orientales Españolas, formó parte el Virreinato de Nueva España hasta la independencia
de México en 1821. Estaba compuesta por el archipiélago de las Filipinas, incluidas las
islas de Mindanao y Joló, a pesar de que estas no fueron subyugadas hasta el siglo XIX, y
en Oceanía por las islas Carolinas y las Marianas (principalmente Guam). También incluyó
pretensiones sobre Sabah, en el norte de Borneo hasta 1885. Múltiples territorios ocupados
temporalmente por España (como Brunéi durante setenta y dos días en 1578) también
formaron parte de la Capitanía General de las Filipinas.
Protectorado sobre Camboya (1597-1599): brevemente controlado cuando un grupo
de aventureros españoles y portugueses colocaron en el trono al rey Barom Reachea II
y le hicieron aceptar un protectorado español, pero
tanto el monarca como sus partidarios extranjeros
fueron asesinados por musulmanes malayos dos
años después.
Gobernación de las Molucas (1606-1663):
consistente en un protectorado sobre el sultanato de
Tidore (1526-1545; 1580-1663) y en la mitad de la
isla de Ternate (1606-1663), además de algunos
asentamientos menores en el resto de las islas
Molucas, la costa de Papúa y el norte de Célebes,
en Indonesia.
Gobernación de la Formosa (1626-1642): ubicada
en el norte de la isla de Taiwán con el propósito de
comerciar con China, formó parte del Virreinato de
Nueva España durante 16 años. Territorios que alguna vez fueron
Santa Cruz: (1595): único asentamiento de corta españoles en Asia y Oceanía.
Territorios portugueses
Durante la Unión Ibérica (1580-1640), España también pasó a abarcar los asentamientos del imperio
portugués en Asia:
Estado da Índia (1580-1640): a pesar de su nombre y de que su capital era la ciudad india
de Goa estaba formado por todas las posesiones portuguesas en el Índico y en el Pacífico
desde Mozambique hasta Japón e Indonesia.
Golfo Pérsico y Mar Rojo: varias fortalezas, puertos y ciudades ocupados por los
portugueses desde los que controlaban el comercio en Oriente Medio. Además, los
reinos insulares de Ormuz y Queshm eran vasallos de Portugal.
Mascate (1580-1640), Ormus (1580-1622), Queixome (1580-1622) y Comorão
(1580-1615).
India: Portugal estableció y conquistó múltiples ciudades y puestos comerciales en los
modernos Estados de India y Bangladés.
Diu (1580-1640), Surate (1580-1612), Damão (1580-1640), Baçaím (1580-1640),
Salsete (1580-1640), Bom Bahia (1580-1640), Chaul (1580-1640), Goa (1580-
1640), Honavar (1580-1640), Barcelore (1580-1640), Mangalore (1580-1640),
Cannanore (1580-1636), Cranganore (1580-1640), Cochin (1580-1640), Coulão
(1580-1640), Tuticorin (1580-1640), Negapatam (1580-1640), São Tomé de
Meliapore (1580-1640), Paliacate (1580-1610), Masulipatão (1598-1610), Calicut
(1580-1640), Hugli e Bandel (1580-1632) y Chittagong (1580-1640).
Ceilão (1580-1640): la mayor parte de la isla de Sri Lanka llegó a estar bajo control
portugués.
Sirião (1603-1613): ciudad costera en Birmania conquistada por el mercenario
portugués Filipe de Brito e Nicote, quién se la ofreció a las autoridades coloniales de la
India a cambio de ser nombrado gobernante la ciudad, siendo esta reconquistada por
los birmanos diez años después.
Macau (1581-1640): puesto comercial en China abierto al comercio exterior. Tardó un
año en aceptar el dominio español, hasta que se le confirmó la continuación de su
monopolio comercial. Su capitán-mayor estaba al cargo de las flotas y emporios
portugueses desde Malaca hasta Japón.
Malaca (1580-1640): estratégica ciudad comercial en el estrecho homónimo.
Nagasaki (1580-1587) y Dejima (1634-1639): puestos comerciales en Japón
abiertos al comercio europeo.
Islas de las Especias: Portugal mantuvo bajo su control varias islas pequeñas desde
las que controlar el comercio de especias, en la actual Indonesia.
Adonara (1580-1613), Amboina (1580-1605), Macasar (1580-1620), Solor (1580-
1613), Flores (1600-1640), Timor (1580-1640).
África
Véase también: África española
Territorios portugueses
Portugal controlaba múltiples colonias en las costas africanas, por lo general poco más que puestos
comerciales fortificados o feitorías dedicas al comercio de esclavos u otros bienes lujosos, que pasaron a
estar bajo el control de la casa de Austria:
Europa
Véase también: Imperio español en Europa
La situación se mantuvo similar durante el reinado de Felipe II, que hereda de su padre la Corona de
España, pero no la del Sacro Imperio Romano Germánico y las posesiones de los Habsburgo. Bajo su
reinado, Portugal y su imperio fueron anexionados a la Monarquía Hispánica, aunque no así a la Corona de
Castilla, manteniendo Portugal una posición semejante a la Corona de Aragón. Bajo los llamados Austrias
Menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) las Provincias Unidas alcanzaron una independencia de facto
que les sería reconocida en 1648.
A la muerte de Carlos II, le sucede Felipe V. Dos años después de su toma de posesión, se presenta un
nuevo pretendiente, Carlos de Austria, apoyado por Inglaterra y Austria, y esto provoca la Guerra de
Sucesión Española que supuso la pérdida de los reinos italianos y de lo que quedaba de los Países Bajos
Españoles.
Tras la derrota del pretendiente austriaco a la sucesión del trono, el nuevo rey, Felipe V de España va
publicando los decretos de Nueva Planta, diferentes para Aragón y Valencia (1707), Aragón (1711),
Baleares (1715), y Cataluña (1716). En ellos, como castigo por su rebelión, deroga parte de los fueros y
derechos de los territorios de la Corona de Aragón sobre los que considera tener derecho de conquista. Los
decretos tenían matices y efectos diferentes según el territorio histórico y no afectaron ni al Valle de Arán,
ni a Navarra ni a las Provincias Vascongadas, los cuales mantienen todos sus fueros por haber sido leales a
Felipe de Anjou. Por ejemplo, Cataluña mantiene su derecho civil y parte de sus fueros e instituciones,
mientras que Valencia no.
América y Filipinas
En las Indias, dada su lejanía con la metrópolis, se fue desarrollando paulatinamente una organización
administrativa, que descansaba en una serie de órganos o autoridades territoriales (virreyes, gobernadores,
reales audiencias, corregidores, etc.), sujetos a los órganos centrales (rey y el Consejo de Indias).
Consejo de Indias
El Consejo de Indias, desde su fundación en 1524, fue el máximo órgano administrativo en relación a las
Indias. Entre sus funciones estaban:
Se convirtió en la responsable del aprovechamiento económico de las colonias americanas. Entre sus
responsabilidades figuraba el cobro de los impuestos al comercio con América (entre ellos, el famoso
Quinto Real), y tenía competencias en asuntos de política poblacional.
Establecida primero en Sevilla y luego en Cádiz, estos fueron los puertos obligados de salida y entrada para
el comercio de Indias. La prohibición de comerciar con América impuesta a los demás puertos españoles
fue la base del crecimiento y prosperidad primero de Sevilla y luego de Cádiz, al obligar a los comerciantes
españoles y extranjeros a establecerse en el puerto base de la Casa de Contratación si deseaban comerciar
con América. Esto hizo que las colonias forasteras (castellanos, vascos, catalanes, gallegos, valencianos,
etc.) y extranjeras (genoveses, franceses, etc.) fuesen importantes en Sevilla y Cádiz.43
Corona de Aragón
La integración de los territorios de la Corona en la nueva monarquía estuvo marcada por el poder
hegemónico de Castilla. Como en todos los territorios no incorporados en la estructura castellana (Flandes,
Indias, Nápoles, Sicilia, Navarra, Vizcaya, etc.), el Consejo de Aragón y el virrey se convierten en el centro
de la administración. El Consejo Supremo de Aragón era un órgano consultivo de la corona creado en
1494, a raíz de una reforma en la cancillería real realizada por Fernando el Católico, que desde 1522 estaría
integrada por un vicecanciller y seis regentes, dos para el reino de Aragón, dos para el reino de Valencia y
dos para Cataluña, Mallorca y Cerdeña. Por su parte, los virreyes asumieron funciones militares,
administrativas, judiciales y financieras.
Los conflictos entre las instituciones locales y los reyes absolutistas
se sucedieron a lo largo de los siglos modernos, hasta la guerra de
Sucesión. En 1521 tenían lugar las Germanías, un movimiento
surgido en Valencia entre la incipiente burguesía contra su
aristocracia, que se extendió hasta 1523. En Mallorca tuvo lugar en
los mismo años otro movimiento similar, dirigido por Joanot
Colom. La derrota final de los agermanados supuso una fuerte
represión y la reafirmación del dominio señorial. Asimismo, en
1569, todos los diputados de la Generalidad de Cataluña eran
encarcelados bajo la acusación de herejía, en el marco de la disputa
por el pago del impuesto del excusado.
Tras entrar en guerra la corona con Francia en 1635, el despliegue de los tercios sobre Cataluña generó
graves conflictos, que desencadenaron la guerra de los Segadores en 1640. La Generalidad de Cataluña,
tratando de dominar la sublevación popular, declaró la formación de una República catalana pero, ante la
imposibilidad de mantenerla, nombró a Luis XIII de Francia conde de Barcelona. El conflicto terminó con
la Paz de los Pirineos (1659), por la cual el condado del Rosellón y la mitad norte del condado de la
Cerdaña pasaban para siempre a dominio galo y Francia devolvía a España la Cataluña del sur de los
Pirineos. A finales del siglo, en 1693, estallaría también en Valencia la Segunda Germanía, un alzamiento
campesino y antiseñorial en torno a la partición de las cosechas.
Tras el reinado de Carlos II, la guerra de Sucesión española dividió el país. La antigua Corona de Aragón
fue partidaria del archiduque Carlos de Austria, cuya derrota acarrearía la supresión de gran parte de sus
instituciones y fueros y la unificación de la organización administrativa bajo el modelo del reino de Castilla
por los Decretos de Nueva Planta.
Españoles
Aquellos súbditos de origen europeo, nacidos en América (criollos) o en la metrópoli (peninsulares). Los
españoles nunca fueron mayoritarios en ninguno de los territorios del imperio, salvo en la metrópoli y
algunos otros como Cuba, Argentina, Chile, Puerto Rico y el Nuevo Reino de León (Noreste de
México).44 45 46 El coste demográfico para España, especialmente para la Corona de Castilla, fue
irrelevante, de forma que el crecimiento de población apenas se vio afectado por la emigración a
América.n. 12 47 48 49 50
Indígenas
La defensa de los derechos de los indígenas tuvo en la Escuela de Salamanca y en Bartolomé de las Casas
sus máximos exponentes. En la Junta de Valladolid de 1550, y pese a la oposición de Juan Ginés de
Sepúlveda, se dictaminó que los indígenas tenían alma. Previamente, el testamento de la reina Isabel la
Católica había declarado a los amerindios súbditos de la Corona de Castilla, y por tanto, no susceptibles de
esclavitud, lo que propició la llegada de esclavos negros de África. Sin embargo, esta protección legal en
muchos casos fue más teórica que práctica. Acorde a la historiadora americana Jane Landers los españoles
ya habían llevado consigo hasta lo que hoy son los Estados Unidos de América a los primeros africanos,
que bajo el dominio hispano tuvieron un tratamiento mucho más humano. De hecho, a pesar de que en la
Florida española también hubo esclavos, esta tierra se llegó a convertir a partir del siglo XVII en la promesa
de libertad para los esclavos sometidos en la cruel explotación de las plantaciones británicas.58
Fue en la ciudad más antigua de Estados Unidos, San Agustín (Florida), donde se estableció el primer
asentamiento de negros libres; se leyó la proclamación de emancipación, y se manifestaron los activistas en
favor de los derechos civiles. En realidad, los primeros hombres de origen africano llegaron incluso antes
de la fundación de San Agustín. El primer contingente de esclavos fue llevado a Norteamérica por Lucas
Vázquez de Ayllón, que en 1526 fundó San Miguel de Guadalupe en el actual territorio de Georgia, pero
este asentamiento finalmente fracasó. También hubo esclavos africanos, entre otras expediciones, en la
desdichada aventura de Pánfilo de Narváez de 1528. Uno de ellos, llamado Estevan, se contaba entre los
cuatro supervivientes encabezados por Álvar Núñez Cabeza de
Vaca que vagaron durante ocho años por los inhóspitos territorios
norteamericanos hasta que consiguieron regresar a Nueva España
(México).
Tanto africanos libres como esclavos participaron también desde las primeras décadas en la conquista y en
la posterior defensa militar de la colonia, creando unidades normalmente integradas por negros libres que
trabajaban como artesanos y otras labores cualificadas.
Conquistadores españoles negros famosos fueron, por ejemplo, Juan Garrido y Sebastián Toral, en México,
Juan Bardales en Honduras y Panamá, Juan García en Perú, o Juan Valiente y Juan Beltrán en Chile.
Con el tiempo, la Florida española llegó a ser la esperanza de libertad para los esclavos de las colonias
británicas del sur. En 1693, Carlos II garantizó a todos los esclavos que serían hombres libres si se
convertían al catolicismo. A cambio, los liberados prometían derramar hasta la última gota de sangre en
defensa de la Corona y de la Fe.59
A partir de entonces empezó a aumentar el número de negros que escapaban de la esclavitud en las
plantaciones británicas hacia Florida. El creciente flujo de evadidos llevó en 1738 a la creación por parte
del gobernador, Manuel de Montiano, del poblado de Gracia Real de Santa Teresa de Mose, la primera
comunidad autogestionada por negros libres y nativos americanos con respaldo de las autoridades en el
territorio de lo que ahora son los Estados Unidos. En esta comunidad, situada a tres kilómetros de San
Agustín y más conocida como fuerte Mose, vivían hombres, mujeres y niños de diversas etnias y todos los
varones participan en la milicia, que capitaneaba un africano mandinga llamado Francisco Menéndez.60
En el siglo XVII d. C., los jesuitas establecieron misiones o «reducciones» en la zona fronteriza entre el
Brasil portugués y la América española con el propósito de evangelizar la región. Dichas reducciones
gozaron de una gran autonomía, inspiradas en las libertades y fueros de las ciudades, aunque adaptadas al
modo de vida indígena. Su existencia no fue muy bien vista por los colonos, especialmente los portugueses
de Brasil, siendo motivo de tensión en la región. Tras la expulsión de los jesuitas con Carlos III, fueron
desmanteladas.
Mestizos
La sociedad hispanoamericana tenía un fuerte componente mestizo que no se hallaba en las colonias
francesas o británicas. El mestizaje fue realizado casi en su mayoría por los varones españoles. Desde los
primeros años de la conquista, el matrimonio con indígenas bautizadas estuvo autorizado por las leyes
españolas. [cita requerida] Así, por Real Cédula de Fernando el Católico, de 14 de enero de 1514, se
autorizaron los matrimonios entre españoles e indígenas americanos. Uno de esos matrimonios resultó
emblemático: el de Isabel Moctezuma (Tecuichpo Ixcazochtzin, antes de bautizarse, hija de Moctezuma II y
última emperatriz de los aztecas) con el extremeño Juan Cano, del que nacerían 5 hijos que iniciarían la
genealogía de los duques de Miravalle, título aún existente hoy en día.
El historiador alemán Enrique Otte recoge en la página 61 de su libro Cartas Privadas de emigrantes a
Indias: 1540-1616 (FCE 1993) una carta de un colonizador llamado Andrés García, fechada el 10 de
febrero de 1571, dirigida a su sobrino Pedro Guiñón, en Colmenar Viejo, en la que le comunica su
matrimonio con una indígena americana:
Caséme en esta tierra con una mujer muy a mi voluntad. Y aunque allá os parezerá cosa reçia
en aberme casado con hindia, acá no se pierde honrra ninguna, porque es una nación la de los
hindios tenida en mucho.
Desde el comienzo de la conquista, la Corona restringió los permisos de matrimonio para que sus súbditos
no se casaran con las indias ni con ningún grupo étnico diferente a los europeos, pero con el tiempo no tuvo
más remedio que tolerar, a su pesar, las uniones mixtas interraciales libres.62 Las uniones matrimoniales
legítimas sancionadas por el credo católico se realizaban preferentemente entre personas del mismo grupo
étnico por lo que el sustrato de la ilegitimidad marcará definitivamente a los hijos nacidos de las uniones
extramatrimoniales interraciales. En Lima, por ejemplo, durante los siglos XVII y XVIII, el 91,2 % de los
matrimonios legítimos fueron entre personas del mismo grupo étnico.62 En 1778 se prohibieron las uniones
entre miembros de distintos grupos étnicos a no ser que contaran con el consentimiento paterno.62 De
hecho, la ley española prohibía, incluso, el matrimonio entre un funcionario español peninsular en ejercicio
y una criolla; es decir, mujer nacida en América aunque fuera blanca descendiente de españoles. Esto no
impedía que se efectuaran uniones de hecho entre mujeres criollas y funcionarios españoles.63
Las costumbres eran más relajadas que en Europa, la poligamia era tolerada y cada español podía tener
varias concubinas (barraganas). El escritor y cronista de Indias Bernal Díaz del Castillo cuenta sobre un tal
Álvarez que había tenido treinta hijos en solo tres años.69
Los mestizos, minoritarios en la primera época del imperio, estaban llamados a formar la mayoría de la
población en casi todos los territorios del mismo. La variedad de mestizajes desarrolló una nueva sociedad
de castas jerárquicas en las que había blancos, negros, mulatos, mestizos, y otras mezclas.
En lo más alto de la jerarquía social estaba el europeo y solamente si se sometía a él la mujer india podía
escapar de las minas de oro o de las otras formas de trabajos forzosos.69
Africanos y otros
Véanse también: Comercio atlántico de esclavos y Dum Diversas.
A partir de 1495, durante los primeros años de la conquista se capturaron indios en las islas del Caribe y se
los envió como esclavos para ser vendidos en España.52 53 54 55 Hasta que la reina Isabel lo
prohibió.53 52 La protección legal a los amerindios (patrocinada por fray Bartolomé de las Casas) y las
Leyes de Indias, favoreció la importación de esclavos africanos, que llegaron a ser la mayoría de la
población en algunos territorios de la cuenca del mar Caribe y en Brasil.
El catolicismo es la rama del cristianismo con más fieles a nivel mundial; esto es debido en buena medida a
la labor evangelizadora que se desarrolló durante siglos en la cuasi totalidad de los otrora dominios
imperiales.[cita requerida] A día de hoy el catolicismo es mayoritario en toda Iberoamérica, Filipinas, Guam
y otras islas del Pacífico; o en territorios en los que el dominio español ha sido más corto, como Guinea
Ecuatorial.
Sumando gran parte de los países americanos (incluido Estados Unidos, Canadá y varias islas
caribeñas[¿cuál?]) y Filipinas, existen 52 conjuntos históricos y monumentos (sin incluir parajes naturales)
construidos durante el período virreinal que hoy son Patrimonio de la Humanidad.70
El estilo arquitectónico colonial español dominó en las primeras provincias españolas de América del
Norte, Central y del Sur, y asimismo fue visible en sus otros dominios. En España, cuando el
descubrimiento de América, estaba en boga el espíritu y el arte renacentista. Desde entonces, la corriente
colonizadora será el vehículo para el trasplante y acompasamiento del arte occidental europeo a América,
que en poco tiempo, con el contacto con las culturas indígenas, producirá un mestizaje artístico lleno de
matices y novedades. Y ese acompañamiento de los estilos artísticos europeos - americanos, también
desembocará en el rico barroco hispanoamericano, caracterizado sobre todo por los porches y las entradas
muy ornamentadas, que en Nueva España tomará una dirección, en parte diferenciada con el denominado
barroco novohispano, y que se distinguirá desde el principio del barroco español en el que se inspira.
Los asentamientos sucesivos pueden ser contemplados en la arquitectura y en los aspectos de planificación
urbana de las ciudades conservadas todavía en la actualidad. Estos dos aspectos visibles de las ciudades
están conectados y son complementarios. La fundación de ciudades constituyó el núcleo de la colonización
hispánica, siendo una de las medidas de su éxito en controlar el territorio ganado y la clave de su dominio
ultramarino.71 Hoy día se promueve en muchos países la arquitectura colonial española como una de sus
principales atracciones turísticas.
Véase también
Portal:España. Virreinato del Río de la Siglo de Oro
Contenido relacionado Plata Portugal bajo la Casa de
con España. Virreinato de Nueva Austria
Historia de España Granada Guerra de Granada
Historia de América Imperialismo Conquista de Navarra
Ciudad colonial española Colonización española de Panhispanismo
Carlos I de España América Expediciones españolas
Felipe II de España Colonización europea de Leyenda negra española
Virreinato de Nueva América
Hispanidad
España Imperio español en Asia y
Oceanía Hispanismo
Virreinato del Perú
Notas
1. En 1402, comenzó la conquista de las islas Canarias, primera expansión territorial
castellana en ultramar y antecedente de las exploraciones atlánticas españolas. Con el
descubrimiento de América en 1492 se iniciará el proceso de conquista de estos nuevos
territorios.
Por ser el año en el que España perdió sus últimas posesiones en América (Cuba y Puerto
Rico) y Asia (Filipinas), 1898 es la fecha tradicionalmente asociada al final del imperio. Sin
embargo, España conservaría varios archipiélagos en Oceanía (islas Marianas, Carolinas y
Palaos) hasta su venta a Alemania en 1899. También mantuvo e incorporó varios dominios
coloniales en África, los cuales conservó hasta la segunda mitad del siglo XX d. C.: el
Protectorado español de Marruecos (independizado en 1956), la Guinea Española
(emancipada en 1968), Ifni (entregado al Marruecos independiente en 1969) y el Sahara
español (anexionado por Marruecos en 1976).
2. Entre 1873 y 1874, el régimen político vigente fue una república, al igual que entre 1931 y
1936. Entre 1939 y 1975, la forma de gobierno fue una dictadura.
3. Según Ruiz Martín (2003, p. 466), esta denominación se aplicaba para diferenciarlo del
Sacro Imperio Romano Germánico.
4. Henry Kamen comentaría después, España fue creada por el Imperio, y no el Imperio por
España.
5. Actualmente son cifras equivalentes a la extracción industrial de plata de poco más de dos
años (26 meses) y la aurífera de medio año. Y aunque el estudio de Hamilton no abarca los
casi 150 años hasta que en 1808, bajo un mismo ritmo, desde la Conquista hasta el año
1808 no se alcanza a superar el equivalente a cuatro años de extracción de Plata y un año
de Oro. El contrabando estimado por Hamilton, pudo estar más cerca del 10 % que de un
imposible 50 %. Los cálculos equivalentes se basan en datos actuales de extracción
tomados de Gold Fields Mineral Services Ltd (GFMS) y el International Copper Study Group,
y reproducidos por publicaciones mineras, y que describen como la República del Perú
solamente durante el año 2007 tuvo una extracción industrial de 170 toneladas de oro,
respecto de la producción mundial de oro (2008) [1] (http://www.dani2989.com/gold/worldgol
d08es.htm)
6. Para el historiador estadounidense Charles Mann (2006, p. 179-180) dice que España «no
habría vencido al Imperio (azteca) si, mientras Cortés construía las embarcaciones,
Tenochtitlán no hubiera sido arrasada por la viruela en la misma pandemia que
posteriormente asoló el Tahuantinsuyu... La gran ciudad perdió al menos la tercera parte de
población a raíz de la epidemia, incluido Caitlahuac».
7. Según Mann (2006, p. 133) el Imperio incaico sufrió la primera ola epidémica en 1529 y
mató entre otros al Emperador Huayna Cápac, padre de Atahualpa. Nuevas epidemias se
declararon en 1533, 1535, 1558 y 1565, así como de tifus en 1546, gripe en 1558, difteria en
1614 y sarampión en 1618. Dobyns estimó que el 90 % de la población del Imperio inca
murió en esas epidemias
8. Según las pesquisas del economista Earl S. Hamilton (1934, p. Capítulo IV), que estudió los
registros de la Casa de Contratación sevillana, en el período de esplendor de las
exportaciones metalíferas comprendido entre 1503 y 1660, llegaron a Sevilla a 185 000
kilos de oro y 16 886 000 kilos de plata. Sobre esa investigación Luis Vitale (1992) ha
estimado que para establecer el total del oro extraído por España durante la colonia había
que sumar 700 000 kg.
9.
Sin embargo, no fue el fracaso de la expedición de Barradas en 1829 lo que
retrajo a Fernando VII de la reconquista, sino una vez más, los acontecimientos
europeos —ahora la revolución de 1830— que pondrán en primer plano la
situación peninsular y el colapso financiero. Solo por ese motivo, recordará
Ballesteros, el rey dio al fin libertad a sus ministros para tratar, ya sin ningún
género de restricciones, la liquidación del problema de América.
Guerra (1995, p. 87)
10.
No obstante, los proyectos de reconquista, oficiales o particulares, no
escasearon hasta 1833, fecha de la muerte de Fernando VII.
Delgado (1960, p. 113)
Referencias
bajo el mando del ahora cargado de años
1. «The 10 Biggest Empires in Human pero siempre dispuesto duque de Alba. En
History» (https://steemit.com/history/@vieir dos semanas ordenó a esta fuerza que
a/the-10-biggest-empires-in-human-histor entrara en Portugal. A pesar de su derrota
y/). en las Azores, Antonio de Crato se había
2. «The 10 Greatest Empires In The History proclamado rey y, si Felipe no hubiera
Of The World» (https://www.businessinside intervenido, habría gobernado sin duda.
r.com/the-10-greatest-empires-in-history-20 Las ciudades principales de Setúbal,
11-9?international=true&r=US&IR=T). Santarém e incluso Lisboa habían tomado
3. Parker, Geoffrey. Felipe II. La biografía partido por él. Siguió una campaña militar
definitiva. Planeta. 2010. ISBN: 978-84-08- de cierta importancia. (…) La lucha fue
09484-5: «No obstante, la rápida y mayor de lo esperado, pero de todos
completa conquista de todo el Portugal modos acabó con la victoria del duque de
continental consta como una de las Alba. La batalla de Alcántara culminó la
hazañas militares más impresionantes del rápida y triunfal campaña militar. Entonces
siglo XVI». Pág. 728. «Diez días después todo Portugal pasó al dominio de Felipe,
de enterarse de la muerte de Enrique, quien fue declarado rey el 12 de
Felipe se quitó la máscara y firmó órdenes septiembre de 1580. Don Antonio huyó
para la movilización de tropas por toda pero fue derrotado de nuevo en Terceira,
Castilla para la «Jornada de Portugal». en las Azores». Pág. 297.
Pág. 721. «En mayo, Felipe se trasladó a 5. Schneider, Reinhold. El rey de Dios, 2002,
Mérida (…) para pasar revista a un página 148, Edit. Cifra. ISBN: 84-95894-04-
impresionante ejército de 20 000 soldados 1: «Nunca hubo un momento cumbre de
de infantería italianos, alemanes y ninguna nación tan brillante como la
españoles, 1500 soldados de caballería y conquista de Portugal por Felipe (…)
136 piezas de artillería». Pág. 725. «El Cuando Felipe hubo realizado, tanto por
duque (de Alba), de setenta y tres años de los medios diplomáticos como por la
edad, libró entonces una de las más guerra, sus pretensiones, que eran, por lo
exitosas campañas del siglo XVI». Pág. menos, tan fundamentadas como las de los
726. «El virrey de la India le proclamó rey otros pretendientes y que, además
(a Felipe II) en Goa en septiembre de 1581, representaban el derecho,
seguido de otros puestos de avanzada del independientemente de documentos, del
imperio portugués, creando el primer más capaz, se cerró de hecho el círculo del
imperio global de la Historia: desde Madrid poderío español alrededor de la tierra. (…)
y a través de Lisboa, Madeira, México, Para Felipe, que no para su padre, fue
Manila, Macao y Malaca, hacia la India, acuñada la palabra de que el sol nunca se
Mozambique, Angola, Guinea, Tánger, y de ponía en sus dominios: su imperio colonial
nuevo hasta Madrid. Los quince arcos es el más gigantesco que hasta entonces
triunfales erigidos para la entrada del rey ha tenido ningún príncipe europeo».
en Lisboa en junio de 1581 reflejaban esta 6. Manuel Fernández Álvarez, "Felipe II y su
concentración de poder sin precedentes». tiempo" Edit. Espasa Calpe, 1998, pág.
Pág. 730. 537, ISBN: 84-239-9736-7:
4. Thomas, Hugh. El señor del mundo. Felipe «Definitivamente, bajo el reinado de Felipe
II y su imperio, 2013, Planeta, ISBN 978- II, Portugal se convertía en provincia».
84-08-11849-7: «El 13 de junio Felipe se 7. John Lynch, Los Austrias (1516-1598)
dio cuenta de que tal vez fuera necesaria (1993), Edit. CRITICA, ISBN: 84-7423-565-
alguna acción militar para ganar la corona 0, pág. 370: «En los primeros meses de
de Lisboa y movilizó un ejército de 20 000 1.580, y alentados por el gobierno, los
soldados de infantería y 1500 de caballería nobles castellanos comenzaron a reclutar
fuerzas costeando ellos mismos los gastos, barcos españoles, en
mientras que las ciudades aportaban diferentes diseños, era la
tropas, barcos y dinero en un esfuerzo cruz de Borgoña roja
nacional que hizo resaltar aún más la sobre un campo de
colores diferentes, con
inacción portuguesa. (...) Felipe II se jactó mayor frecuencia blanco
diciendo: "lo heredé, lo compré, lo [aunque también en azul].
conquisté"». Sólo unas pocas veces
8. Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el eran vistos los
mundo mediterráneo en la época de Felipe estandartes reales o
II, Tomo II, Edit. Fondo de Cultura estandartes con símbolos
religiosos, en campos de
Económica, segunda edición en español, color rojo y púrpura. La
1976, ISBN: 84-375-0097-4, págs. 713- única enseña
716: «La guerra de Portugal, que no pasó documentada aparte de
de ser, por lo demás, un simple paseo esas es una utilizada por
militar, se desarrolló con arreglo a los los galeones españoles.»
planes previstos. (...) Fue la rapidez con José Carlos Alegría
que obraron los españoles, y no el
desfallecimiento que se atribuye por
15. Vaquero, Carmen (30 de octubre de 2014).
algunos al prior, lo que condujo al fracaso
«El mundo de Garcilaso» (http://www.marc
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enteramente ocupada por los españoles 100118&l=1) (audio). Ciclo: Garcilaso de la
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sometieron a su vez, sin combate. Las noviembre de 2014. «1 hora - 1 minuto».
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en las Azores fue sofocada por Álvaro de estampas, para quienes han olvidado cuál
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Enlaces externos
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Fortalezas Españolas de América
Biblioteca de información ibérica en línea de Stanley G. Payne, Historia de España y
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El imperio Ibérico, "donde nunca se ponia el sol" (https://www.youtube.com/watch?v=xvwU
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