PREDISPOSICION:
La predisposición es una actitud que surge de la libertad personal de
aquellos que tienen la opción de elegir libremente si quieren dedicar
su tiempo a un problema o prefieren marcar la distancia y cerrar esa
puerta.
DELITO
La idea del delito toma su origen en la ley penal. Entre la ley penal y el
delito existe un nexo indisoluble, pues el delito es propiamente la violación
de la ley penal o, para ser más exactos, la infracción de una orden o
prohibición impuesta por la ley; en consecuencia, delito será todo hecho al
cual el ordenamiento jurídico penal le adscribe como consecuencia una
pena, impuesta por la autoridad judicial por medio de un proceso.
Cabe indicar que, en el delito para su existencia, deben de incidir dos
sujetos: el sujeto activo y el sujeto pasivo, y en ocasiones intervienen otros
en conjunción con el activo, ya sea antes o después de la realización del
delito.
Existen diversos factores, que van a contribuir que las personas, se pierdan
en el camino (pierdan los valores inculcados en el entorno familiar y/o
escolar). Entre estos factores o posibles causas vamos a mencionar solo algunas,
detallamos:
1. Factores biológicos. Herencia y genética
El aspecto relativo a ciertas características biológicas, cromosómicas o
neurofisiológicas, que incrementan o predisponen a la delincuencia se
transmiten genéticamente y, por ello se heredan, —el delincuente nace o
se hace—, ha sido objeto de numerosas y encendidas polémicas,
continuando así las discusiones que en la Criminología han aportado los
enfoques biologicistas, desde que LOMBROSO publicara en 1876, su obra
L’Uomo delinquente, donde desarrolló su teoría del delincuente nato.
Estudios recientes realizados por WEST y FARRINGTON, por
CHRISTIANSEN y por MEDNICK y VOLAVKA, han acumulado evidencias
que sugieren que las características biológicas incrementadoras de la
conducta delictiva pueden transmitirse genéticamente, por lo que,
cuanto menos, existen indicios acerca del papel genético en la
probabilidad de cometer delitos. Para GARRIDO GENOVÉS la explicación
biológica puede explicar plenamente la delincuencia de unos pocos
sujetos, pero en la generalidad de los casos su rol parece limitado al de
favorecer o no una mayor probabilidad de cometer delitos.
Esto puede ocurrir en aquellos supuestos en los que el menor tiene unos
parámetros físicos anormales, lo que puede ser indicativo de un
desarrollo somático retardado. Estamos refiriéndonos a factores
orgánicos que han constituido para el adolescente una posible fuente de
desarreglo emotivo, como significativo obstáculo en su proceso de
crecimiento y en el logro de una madurez en consonancia con su edad.
Una simple condición de sobrepeso, baja estatura, un defecto físico que altere su
estética, etc., llevan aparejados en muchos casos, un complejo
de inferioridad que puede ser considerado como un elemento impeditivo
de un normal desarrollo evolutivo y emocional y, por lo tanto, ser
invocado como una causa favorecedora de una futura actividad delictiva.
La realidad parece indicarnos que estos factores, por sí solos no inciden
en la criminalidad de los jóvenes, si no van asociados a otros factores
(sociales o ambientales), ya que el delito no es el hecho de un individuo
aislado, sino de un individuo social.
2. Factores familiares
La importancia de la familia en cuanto al normal desarrollo de los niños y
jóvenes está fuera de toda duda.9 Juega un papel relevante en el
proceso de socialización, el cual es definitivo en la primera etapa de la
juventud. Como factores que interrelacionan a la familia con
comportamientos desviados, influyendo significativamente en futuras
conductas delincuenciales, se pueden citar los siguientes1:
2.1 Falta de supervisión o control por parte de los padres:
Supervisar consiste en saber qué hace el menor dentro y fuera de
casa. A medida que los niños van creciendo es necesario que los
padres ejerzan un cierto grado de control sobre sus actividades,
modificándolo en relación con las experiencias, las capacidades y el
grado de madurez de estos, de tal forma que aprendan a asumir responsabilidades,
pero sin correr riesgos ni sufrir daños.
En un estudio realizado por WILSON se pone de manifiesto que, de
todas las variables examinadas, la escasa supervisión de los padres
era la más fuertemente relacionada con la delincuencia. Esta escasa
supervisión se caracteriza por una serie de evidencias de entre las
que se pueden destacar: desconocimiento por parte de los padres
sobre lo que hace el niño o dónde está (por ejemplo: el hijo no
comunica a sus padres dónde va, ni con quién; se le permite vagar
por las calles; los padres desconocen el paradero de su hijo y no
establecen horas fijas para volver a casa; no saben los nombres o las
direcciones de los amigos del niño; etc.).
La ausencia de preocupación o intervención cuando el niño se
encuentra en situaciones de riesgo o peligro (por ejemplo: cuando se
mezcla con amistades poco recomendables, presenta
comportamientos de los que se deduce consumo de drogas, etc.).
2.2 Actitudes crueles, pasivas y negligentes de los padres con los
hijos.
Violencia de padres contra hijos.— En estos supuestos, los padres
muestran unos sentimientos negativos, hostiles o crueles hacia el
niño, que en su forma más extrema lleva al abuso psicológico del
niño, a través del cual éste es humillado, atormentado y denigrado
sistemáticamente, lo que se puede manifestar a través de una
tendencia irracional a culpabilizar automáticamente al niño de los
problemas, dificultades o fracasos de la familia; atribuir al niño
que del comportamiento del niño, intervenciones disciplinarias
expresadas en términos generales e imprecisos (por ejemplo: se
bueno, no seas travieso), más que en términos explícitos acerca de lo
que se espera del niño; una disciplina inconsistente y realizada sin un
posterior seguimiento que permita observar los resultados.
Debemos pues convenir con RECHEA y FERNÁNDEZ que “será la
constancia en las prácticas disciplinarias, incluso siendo punitivas, las
que supongan un menor riesgo en el desarrollo de la conducta
antisocial”.
2.4 Conflictos familiares: La ruptura de la familia tradicional, sobre
todo por el aumento de separaciones y divorcios que dejan, con
frecuencia, a los hijos a cargo de uno de los padres —generalmente la
madre—, que tiene que trabajar obligatoriamente para sacar adelante
a sus hijos, produciéndose una desatención de los mismos, en
muchos casos, ha sido esgrimido como una de las causas
generadoras de la delincuencia juvenil.
La Criminología norteamericana suele asociar la quiebra de la
emancipación juvenil (fracaso escolar, delincuencia juvenil) al
síndrome del padre ausente y a la incidencia de la desorganización
familiar. Esto que puede ser cierto en algunos casos (sobre todo en
Estados Unidos en la que la mayor parte de la delincuencia juvenil,
sobre todo en jóvenes de raza negra e hispanos, proviene de
“hogares rotos”), no se puede considerar como una afirmación
absoluta, ya que por ejemplo, como afirma GIL CALVO en Suecia la
mitad de los nacimientos se producen en familias “no
convencionales”, sin que por ello aumente la delincuencia juvenil, por
lo que la disgregación familiar no influye directamente en la génesis
de la delincuencia.
Será un factor añadido cuando se combine con una falta de
supervisión o de control, falta de comunicación, de afecto,
desatenciones, etc., o cuando se relacione con problemas
económicos, ya que la pobreza es por lo menos tres veces mayor en
las familias encabezadas por una madre que vive sola que en las
familias tradicionales en las que viven ambos progenitores.
2.5 Familia numerosa: FARRINGTON y WEST32 establecieron que
cuando un niño tenía mas de cinco hermanos antes de cumplir los
diez años, la probabilidad de llevar una conducta delictiva en un
futuro no muy lejano aumentaba casi el doble. Este dato no se debe
tomar en consideración de forma aislada. Para que el tamaño de la
familia pueda influir en la conducta de los hijos, es necesario además
que se den los siguientes factores concurrentes: una mala posición
económica de la familia y un bajo status social que lleva a que los
padres no puedan dedicar a sus hijos los cuidados y atenciones
necesarios, produciéndose una desatención y una falta de control de
los hijos por parte de sus padres de nacimiento (birth order), señalando que los
hijos medianos
tienen más posibilidades de delinquir que los mayores o los
pequeños, ya que los primeros reciben la total atención y afecto de
sus padres, y los pequeños se benefician de la experiencia adquirida
por sus padres así como de la presencia de otros hermanos que sirven
de modelos.
2.6 Malos ejemplos conductuales: Los padres son responsables de
garantizar que sus hijos tengan unas experiencias de aprendizaje
apropiadas y adecuadas. Está demostrado que los niños tienen una
tendencia natural a imitar el comportamiento que observan en casa,
como modelo a seguir, por lo que los hijos con padres o hermanos
mayores delincuentes poseen una más alta posibilidad de llegar a
delinquir.
Un estudio realizado por WEST y FARRINGTON (1973) determina la
importancia de un padre delincuente en la futura conducta delictiva
de los hijos. También pueden influir en la futura delincuencia de los
hijos, comportamientos de los padres que sin llegar a ser delictivos si
son claramente perniciosos o negativos: prostitución, drogadicción,
alcoholismo, ludopatía, etc.
2.7 Falta de comunicación entre padres e hijos: Este es uno de los
problemas de la sociedad actual, sobre todo en las familias de clase
media y alta. El exceso de trabajo, el ritmo de vida, el estrés, las
relaciones sociales, etc., por parte de los padres y, las actividades
escolares y extraescolares (en exceso sobrecargadas, la mayoría de
las veces) por parte de los hijos, unido al “culto a la televisión” en los
hogares españoles, llevan a una, a veces, total incomunicación entre
padres e hijos. Esto implica una desatención de los padres para con
sus hijos, lo que conlleva un desconocimiento de las actividades que
realiza, los lugares que frecuenta, los amigos con los que sale, etc., lo
que dará lugar a que sea imposible prever por parte de los padres,
posibles conductas problemáticas o delincuenciales cometidas por los
hijos. Cuando se enteren, ya será tarde. Además, que ejemplo puede
llevarse un hijo de unos padres con los que rara vez juega, con los
que nunca se comunica, que no saben cuales son sus problemas, sus
esperanzas, sus sueños, sus ilusiones, etc.
Un posible factor de riesgo lo constituye también una comunicación
familiar deteriorada, en la que los mensajes entre padres e hijos
son confusos y contradictorios, se produce una marcada tendencia a
hablar a nadie en particular sin responder a lo que ha dicho otro
miembro de la familia, disputas infructuosas que no lleva a ninguna
parte, o el rechazo o negativa como respuesta a los problemas y
conflictos familiares.
2.8 Carencias afectivas: La ausencia de cariño se caracteriza por un
fracaso a la hora de resaltar las cualidades o logros del niño
positivamente o con orgullo (amor de padres), por una incapacidad de
demostrar afecto, cariño y amor hacia sus propios hijos. Las carencias
afectivas de carácter absoluto (indiferencia, frialdad, actitud egoísta o
incapacidad de amar de los progenitores) conducen a un deterioro
integral de la personalidad del niño40; aquellos que crecen sin amor
son dañados en parte de su vida y están siempre dispuestos a