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Cristian Rosa-Cruz

Este documento contiene la transcripción de tres conferencias dadas por Rudolf Steiner en 1911-1912 sobre Cristian RosaCruz. La primera conferencia se centra en presentar a Cristian RosaCruz, describiendo la satisfacción de Steiner al hablar sobre esta figura mística con la rama recién fundada que lleva su nombre. Steiner indica que no podrá agotar el tema en una sola velada y que hablarán mañana sobre la obra de Cristian RosaCruz.

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Cristian Rosa-Cruz

Este documento contiene la transcripción de tres conferencias dadas por Rudolf Steiner en 1911-1912 sobre Cristian RosaCruz. La primera conferencia se centra en presentar a Cristian RosaCruz, describiendo la satisfacción de Steiner al hablar sobre esta figura mística con la rama recién fundada que lleva su nombre. Steiner indica que no podrá agotar el tema en una sola velada y que hablarán mañana sobre la obra de Cristian RosaCruz.

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CRISTIAN ROSACRUZ



Rudolf Steiner
(1911-1912)

“Biblioteca Rosacruz”
Volumen I
Transcripción de la primera edición castellana, abril 1986. Biblioteca Esotérica, dirigida por
Miguel Ángel Muñoz Moya. Muñoz Moya y Montraveta, Editores, S. A. Barcelona, España.

2
H.E.F.R.A
“HERMANDAD DE ESTUDIOS
DE LA FRATERNITAS ROSICRUCIANA ANTIQUA”
Avenida 3G, No. 65-65. Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela.
Director General: Dr. Hernando Rodríguez Hno. Mayor Zain.
E-mail: [email protected]

Transcripción, diagramación y montaje: Dr. Alexis Fuenmayor.
Escorpio 2020 E.V.

3
Rudolf Steiner

Cristian RosaCruz y
Cristianismo Rosacruz

Índice
Rudolf Steiner. Minibiografía
Página 5.

Cristian RosaCruz
Conferencia I. Cristian RosaCruz
Página: 8
Conferencia II. Cristian RosaCruz y Su Obra
Página: 15
Conferencia III. La Misión de Cristian RosaCruz
Página: 21

Cristianismo Rosacruz
Conferencia I. El Misterio de Christian Rosenkreutz
Página: 28
Conferencia II. La Obra de Christian Rosenkreutz
Página: 35

4
Rudolf Steiner
Minibiografía
Nació en Kraljevec, Hungría-Croacia, el 27 de febrero de 1861. Murió en Dornach, Suiza,
el 30 de marzo de 1925. Filósofo, conferenciante y autor esotérico, fundador de la
antroposofía. Hijo de un empleado ferroviario, pasó su niñez en Neudörfl, un apartado y
encantador pueblito austríaco.
Cursó sus estudios en Wiener, Neustadt, en la Technische Hochschule de Viena y
finalmente en la Universidad de Rostock, en la que obtiene un Doctorado en Filosofía. Cultivó
especialmente ciencias y matemáticas, y la lectura de filósofos como Kant, Fichte, Schelling y
Hegel, ganándose simultáneamente la vida como preceptor. Su más íntimo amigo en aquella
época fu un simple herbolario ambulante, considerado por algunos como un maestro espiritual,
quien logró ejercer gran influencia sobre él.
Desde niño había tenido un conocimiento intuitivo y clarividente de los aspectos ocultos
de la naturaleza y el hombre, y paulatinamente logró desarrollar una clarividencia consciente
que le permitió el acceso a planos más elevados. Fue gestando así su doctrina Antroposófica o
Ciencia Espiritual que pretende alcanzar el conocimiento del hombre, del mundo suprasensible
y de las fuerzas espirituales que dominan la materia.
Simultáneamente, su temprana preocupación por Goethe hizo que se le encomendara la
edición comentada de la obra científica de este autor. La notable introducción que escribió
para los primeros volúmenes hizo que fuera contratado por los Archivos Goethe y Schiller de
Weimar, donde se radicó durante varios años y terminó su edición de la obra goethiana. De
Weimar, donde tuvo lugar lo que él llama una “profunda revolución” de su mente, pasó a
Berlín como editor de una revista literaria (1897) y anteriormente,, desde 1894, ya había
comenzado a publicar su larga serie de obras. Hacia 1901 se lanzó abiertamente a la
enseñanza de la Ciencia Espiritual, habiendo aceptado el cargo de Secretario General de la
Sección Alemana de la Sociedad Teosófica en 1902; hasta 1913 tuvo la posibilidad de difundir
sus ideas como conferenciante independiente dentro del marco de la Sociedad Teosófica, en
cuyo seno encontró sus primeros discípulos. En 1913, en disidencia con el anuncio acerca de J.
Krishnamurti, se separó de la misma, siguiendo a esto la fundación preliminar de la Sociedad
General Antroposófica, en la cual actuó en un principio como maestro y asesor, finalmente
como presidente al establecerse definitivamente su sede en Dornach, cerca de Basilea. Allí
bajo la dirección del mismo Steiner, se erigió el primer Goetheanum, inaugurado en 1920,
destruido por el fuego en 1922 y ahora reemplazado por un segundo edificio.
La labor de Steiner como preceptor durante muchos años con alumnos de los más
diversos orígenes y capacidades, le permitieron obtener una valiosa experiencia en el campo
psicológico-pedagógico, que concretó en 1919 al fundar la Escuela Waldorf en Stuttgart, para
desarrollar nuevos y radicales conceptos pedagógicos desde un punto de vista espiritual. Esta
organización cuenta ahora con más de 70 filiales diseminadas en varios países.
Estudioso de todas las facetas del saber humano, Steiner llegó a pronunciar más de seis
mil conferencias en casi todos los países europeos. La simple lista de sus temas pone en
evidencia la cohesión orgánica y la excepcional envergadura de este proceso educativo
constantemente renovado por la continua investigación espiritual.

5
Según R. Landau todas las visiones que obtenía en la experiencia oculta trataba de
controlarlas por la conciencia plena y nunca hizo uso de sus poderes por medio de trances
inconscientes. Para el propio Steiner sus insólitas facultades paranormales formaban una parte
tan íntima de su misma naturaleza que ya no las consideraba de ninguna manera
extraordinarias.
F. Rittelmeyer (1872-1938) y un grupo de científicos que estudiaron su notable
clarividencia que le permitía obtener una segunda visión para los reinos animal, vegetal y
mineral, admitieron plenamente la autenticidad de sus poderes psíquicos, comprobando
asimismo la asombrosa amplitud de sus conocimientos.
La doctrina Antroposófica creada por Steiner, intenta deducir la naturaleza del mundo
de la naturaleza del hombre, acusando una fe fundamental en su grandeza y en la postrer
realización de la meta divina. No solo podrá el hombre alcanzar conocimientos e información
científica acerca del mundo, sino también sabiduría, ya que tiene la posibilidad de encontrarse
a sí mismo en su entidad verdadera y hallar su lugar en el universo. Sus teorías están
matizadas por el misticismo alemán, las enseñanzas rosacruces y el esoterismo cátaro,
abarcando en su conjunto los dominios de la filosofía, la ciencia y el arte enfocados desde un
punto de vista esotérico. La acción encarada por Steiner en múltiples campos de la actividad
humana fue asombrosa como surge de la sucinta enumeración siguiente. Creación de nuevos
sistemas pedagógicos para la infancia normal y anormal; desarrollo de ejercicios espirituales y
físicos para despertar los poderes ocultos subyacentes en el hombre; invención de un sistema
biodinámico de agricultura; establecimiento de una nueva forma de medicina; introducción de
nuevas ideas en la industria, ciencias naturales y ciencias políticas; creación de un arte
denominado Euritmia, basado en movimientos corporales en armonía con estados mentales y
emocionales especiales; introducción de un nuevo estilo de arquitectura ejemplificada en la
construcción del monumental Goetheanum en Dornach; restauración de Misterios escénicos
con resemblanzas medievales; apoyo a un movimiento renovador religioso encabezado por F.
Rittelmeyer denominado “Christliche Gemeinschaft” (Comunidad Cristiana) en íntima relación
con las enseñanzas antroposóficas. A todo esto hay que agregar su intensa labor como
conferenciante y autor de más de cien libros.
Es interesante señalar que el herbolario que guió sus primeras experiencias espirituales
se llamaba Félix Koguzki, quien fue una individualidad predestinada para guiar el desarrollo de
Steiner y que por su parte el ocultista y teósofo Friedrich Eckstein (1861-1939) a quien conoció
en Viena en 1889, influenció sus ideas en lo relativo a la espiritualización de la ciencia
materialista y su fusión con la religión. También la feminista Rosa Mayrender lo introdujo en el
estudio de los problemas sociales.
En 1906 fundó la logia Mysteria Mystica Aeterna, como filial de la Ordo Templi Orientis,
aunque Steiner señaló posteriormente que nunca pretendió trabajar en la línea de las
doctrinas mágicas de la OTO. Su rosacrucianismo, como su teosofía, fueron una creación de
carácter muy personal. Albert Schweitzer dijo de él: “Su gran personalidad y su profunda
humanidad pertenecen al mundo. Todo hombre debería emprender su camino”.
Dalmor, E. R. “Quién fue y quién es en ocultismo”. Diccionario biográfico de ocultistas,
registro de entidades y publicaciones. Segunda edición. Editorial Kier, S. A. 1989. Buenos
Aires, Argentina.

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En la Revista RosaCruz del Dr. Krumm Heller  Maestro Huiracocha puede encontrarse
el siguiente artículo:
La Personalidad del Dr. Rudolf Steiner por E. Shuré  Revista Año III, 6. (Parte I).
La Personalidad del Dr. Rudolf Steiner por E. Shuré  Revista Año III, 7-8. (Parte II).

7
Rudolf Steiner

CRISTIAN ROSACRUZ
Tres conferencias dadas en Neuchâtel 1911-1912

Conferencia I
CRISTIAN ROSACRUZ
Me encuentro aquí por vez primera, en esta rama recién fundada que lleva el nombre de
Cristian RosaCruz, con profunda satisfacción. La elección de dicho nombre me permite hablar
de esta personalidad con un poco de precisión. Como el tema no puede agotarse en una
velada, hablaremos hoy del propio Cristian RosaCruz y mañana por la tarde de su obra. Hablar
sobre Christian RosaCruz implica una gran confianza en la realidad de la vida espiritual,
confianza no solo en la persona, sino también en los misterios de la vida del espíritu. Y esta
misma fe es la que nos alimenta cuando tomamos la decisión de fundar una nueva rama.
Cristian RosaCruz es una personalidad que actúa tanto si está desencarnada como si
está encarnada en un cuerpo físico; no solo actúa en tanto que entidad física y a través de las
fuerzas del plano físico, sino, sobretodo, en tanto que entidad espiritual y mediante fuerzas
espirituales.
Como sabemos, la existencia humana tiene que ser considerada no como un hecho
aislado sino en conexión con la evolución general de la humanidad. Cuando muere un hombre,
su cuerpo etérico se disuelve en el universo ambiente. Sin embargo, una parte de dicho cuerpo
permanece y, de hecho, estamos constantemente rodeados por los residuos de los cuerpos
etéricos de los muertos, y ello para nuestro bien pero también en perjuicio nuestro. Estos
residuos actúan sobre nosotros en buen sentido o en malo según nosotros mismos seamos
buenos o malos. Los cuerpos etéricos de las grandes personalidades ejercen sobre nosotros una
acción poderosa. Así pues, del cuerpo etérico de Cristian RosaCruz emana una fuerza infinita
que puede influenciar nuestra alma y nuestro espíritu. Nuestra obligación es intentar
conocerla. Mientras seamos Rosacruces, esa será la fuerza que invocaremos.
El movimiento rosacruciano nació en el siglo XIII y en esta fecha dicha fuerza comenzó a
actuar en el sentido que decimos. Desde entonces su trabajo ha sido inmenso, y desde
entonces la corriente rosacruciana no ha cesado de intervenir en la vida espiritual. Existe una
ley según la cual esta corriente se manifiesta de manera particularmente activa cada cien años
aproximadamente. Hoy aparece en el movimiento teosófico. En su última encarnación, cuyas
huellas se encuentran en la historia exotérica en el siglo XVIII, Cristian RosaCruz aludió él
mismo a su actividad futura hacia finales del siglo XIX.
En 1785 fueron publicadas las revelaciones de los rosacruces en un libro cuyo título es
“Las Imágenes Secretas de los Rosacruces”. Dicha publicación que contiene, entre otros,

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textos de Henricus Madathanus Theosofus, nos proporciona algunas sucintas indicaciones sobre
las actividades de los rosacruces durante los cien años precedentes. Cien años después vemos
manifestarse la actividad rosacruciana en las obras de H. P. Blavatsky, especialmente en su
libro “Isis Desvelada”.
Algunas revelaciones que las “Imágenes Secretas” presentan en forma simbólica se
encuentran transcriptas al lenguaje ordinario en “Isis Desvelada”. Esta obra, pese a que la
composición del libro es especialmente confusa, contiene una suma de sabiduría oculta de
inspiración occidental que está lejos de haber sido comprendida y asimilada. Es interesante
comparar las “Imágenes Secretas” con “Isis Desvelada”. Podemos constatar que la influencia
rosacruciana se manifiesta sobretodo en la primera parte del libro; en la segunda parte es
menos sensible. En sus publicaciones posteriores Blavatsky, se desvía de la corriente
rosacruciana y tenemos que diferenciar sus primeras obras de las que siguieron, aunque ya
desde el principio se pone de manifiesto la falta de sentido crítico de la autora. Al mencionar
estos defectos sabemos que estamos enteramente de acuerdo con el alma actualmente
desencarnada de H. P. Blavatsky.
Si intentamos hacernos una idea del estado de conciencia que caracteriza a los hombres
del siglo XIII, constataremos que la clarividencia no elaborada de la que antiguamente estaban
dotados todos los hombres, había desaparecido paulatinamente. A mediados del siglo XIII llegó
un momento en que, de repente, se extinguió todo resto de clarividencia. Comenzó un período
de noche espiritual. Los espíritus más evolucionados, los iniciados incluso, ya no tuvieron
acceso al mundo espiritual y hubieron de limitarse a interrogar antiguas tradiciones o a
despertar en sí mismos los recuerdos de encarnaciones anteriores. Durante un corto período
esos iniciados no tuvieron posibilidad alguna de percibir directamente el mundo espiritual.
Era necesario que se produjera este período de oscurecimiento con el fin de preparar la
cultura intelectual basada sobre la razón, característica dominante de nuestra época actual, la
quinta época post-atlante. En efecto, el intelectualismo que caracteriza nuestro tiempo no
había nacido aún en la época grecolatina y una especie de intuición intelectual, y una
percepción global del mundo y permitía al espíritu un dominio directo sobre los objetos
transmitidos por los sentidos. El griego tenía todavía la capacidad de identificarse de alguna
manera con lo que pensaba. Este conocimiento, que hemos perdido, ha dejado sitio en
nuestros días a un afinamiento cada vez más acentuado de las fuerzas intelectuales.
Pero, tras este período del que hablamos, la clarividencia reapareció lentamente y, en
el futuro, se difundirá cada vez más.
El origen del movimiento rosacruciano se sitúa por lo tanto en el siglo XIII. En este
momento fueron escogidas cuidadosamente personalidades particularmente dotadas para que
les fuese conferida la iniciación a fines del período de oscurecimiento espiritual del que hemos
hablado.
En algún lugar de Europa que aún no puede descubrirse aunque no está lejos el tiempo
en que podrá hacerse dicha revelación, se constituyó una logia de una alta espiritualidad, un
colegio de doce hombres que reunían entre ellos toda la ciencia de su tiempo, así como toda la
sabiduría de los tiempos pasados. Imagínense Uds., en esta época de noche espiritual, a doce
hombres, a doce espíritus trascendentes que se reúnen para servir al progreso de la
humanidad. Estos hombres no podían percibir directamente el mundo espiritual aunque podían
despertar en ellos el recuerdo de una iniciación anterior. El karma de la humanidad había
querido que siete de estos doce hombres fuesen los representantes de la antigua sabiduría que
la época atlante había transmitido a las épocas siguientes. En “Ciencia Oculta” ya he

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mencionado que los Siete Rishis, los santos instructores de la antigua India, habían conservado
la herencia espiritual de la antigua Atlántida.
Las siete personalidades que se han reencarnado en el siglo XIII y que formaban parte
del colegio de los doce, tenían precisamente el poder de volver a encontrar, mediante el
recuerdo, las siete corrientes surgidas de la evolución atlante. Cada uno de los siete
representaba una de las corrientes y podía discernir lo que del antiguo conocimiento aún podía
dar frutos en su época, así como en el futuro. A estas siete se añadieron otras cuatro
individualidades cuyo recuerdo no podía remontarse hasta tan lejos, pero que habían podido
apropiarse la sabiduría de las cuatro épocas post-atlantes. El primero podía llegar hasta la
época de la India antigua, el segundo hasta la antigua Persia, el tercero hasta la época egipcia,
y el cuarto hasta la época grecolatina. El doceavo no podía remontarse a épocas pasadas
mediante la memoria, pero era el más evolucionado en cuanto al intelecto, y su papel
consistía en asimilar la ciencia de su época. Estas doce individualidades no se limitaban en
absoluto a representar al ocultismo occidental sino que creaban, mediante la acción conjugada
de las doce corrientes, un cuadro general de la sabiduría universal. En Goethe, en su poema
“Die Geheimnise” “La Serpiente Verde”, encontramos una muy velada alusión a este colegio
de los doce.
Por lo tanto, hemos de buscar el punto de partida de una cultura nueva en el siglo XIII,
en la época en que parecían secas las fuentes espirituales, cuando el acceso al mundo
espiritual estaba velado incluso a los espíritus más esclarecidos. Fue entonces cuando se
constituyó esta logia altamente espiritual en la que encontramos a los doce sabios,
representantes de las doce corrientes principales. Los siete sucesores de los Siete Rishis beben
su sabiduría en el recuerdo de sus pasadas encarnaciones, los otros cuatro han asimilado la
sabiduría de las cuatro épocas post-atlantes transcurridas, y el doceavo posee la ciencia
espiritual de su tiempo en el más alto grado.
Sin embargo, para que pudiese nacer una nueva corriente espiritual, hacía falta que un
treceavo se juntara a los doce. Este treceavo no era un sabio en el sentido en el que se
entendía dicha palabra en la época. Era una individualidad que había sido encarnada en la
época del misterio del Gólgota. En sus encarnaciones posteriores se había preparado para su
misión mediante una vida de piedad ardiente impregnada de humildad y devoción. Cuando se
encarnó en el siglo XIII, estas virtudes le eran innatas. Era un alma grande, un ser piadoso,
profundamente místico y lleno de devoción respecto a su Dios. Este joven creció enteramente
bajo los cuidados y la educación de los doce sabios y recibió de cada uno de ellos toda la suma
de sabiduría que podía serle impartida. Aislado del mundo exterior fue educado con el mayor
cuidado, resguardado de cualquier otra influencia ajena a la de los doce. Desde su infancia fue
de una constitución física delicadísima. Así, la educación que le dieron los sabios pudo
penetrar hasta su cuerpo físico e influenciarlo.
En cuanto a los doce, aunque enteramente compenetrados como estaban con su tarea
espiritual y con la grandeza del verdadero cristianismo, se daban clara cuenta que la religión
predicada por la Iglesia no era sino una caricatura del cristianismo verdadero. Aunque
profundamente cristianos, pasaban a los ojos del mundo por enemigos de la religión. Su
objetivo era fundir todas las religiones en una vasta síntesis. Estaban convencidos de que la
totalidad de la vida espiritual se hallaba contenida en las doce corrientes que representaban,
así que se esforzaban por transmitir a su discípulo los diversos aspectos de la verdad que cada
uno de ellos había asimilado especialmente. Pero sabían también que esta síntesis no podía
lograrse por enseñanza o doctrina, sino solo mediante un acabamiento al que debían concurrir

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todas las fuerzas del espíritu. Y para ello era necesario que el treceavo fuese educado de la
manera que hemos descrito.
Mientras que las fuerzas espirituales del joven aumentaban infinitamente, sus fuerzas
físicas declinaban hasta un punto tal que desapareció todo interés por el mundo material. No
vivía sino para el desarrollo espiritual al que le empujaba el impulso de los doce. Llegó el
momento en que cesó de tomar toda clase de alimentos y entró en un estado de extrema
debilidad. Entonces se produjo un acontecimiento único en la historia, un acontecimiento que
no pudo suceder sino porque actuaron simultáneamente tendiendo hacia el mismo fin fuerzas
del macrocosmos. Al cabo de algunos días el cuerpo del joven se volvió transparente. Estaba
como muerto. Los doce sabios se reunían alrededor de él a intervalos de tiempo regulares,
dejando fluir de su boca toda la sabiduría de la que estaban impregnados. En fórmulas cortas,
parecidas a oraciones, vertían todo su saber en el alma de este treceavo quien, parecido a un
muerto, yacía en medio de ellos. ¡Imagínense a estos doce sabios agrupados en círculo y,
yaciendo en el centro del círculo, el treceavo! Este estado culminó, en el momento del
despertar, en una renovación prodigiosa de su espíritu. Se despertó como dotado de un alma
completamente nueva. Acababa de vivir una inmensa metamorfosis. En él habían nacido de
nuevo las doce formas de la sabiduría que le habían sido infundidas. A su vez, los doce sabios
pudieron aprender de él verdades indecibles.
Simultáneamente su cuerpo fue vivificado y, desde el momento en que pudo describir el
estado extraordinario por el que había pasado, los sabios reconocieron que acababa de vivir la
experiencia de Pablo en el camino de Damasco. Para él se reprodujo la visión de Pablo.
Durante las semanas que siguieron, el treceavo retransmitió a sus maestros toda la
sabiduría recibida, aunque en una forma completamente nueva, en una forma que parecía
haber sido dada por el mismo Cristo.
Los doce sabios comprendieron que lo que así se revelaba ante ellos era el verdadero
cristianismo, la síntesis de todas las religiones, y se dieron cuenta en cuanto difería este
cristianismo de la religión practicada en su tiempo.
Este treceavo murió relativamente joven y los doce se consagraron a la tarea de
describir en figuras y símbolos lo que les había revelado. Así adquirieron forma las figuras e
imágenes que se encuentran en las “Imágenes Secretas” y algunas de las evocaciones
contenidas en “Isis Desvelada”.
El proceso oculto era el siguiente: el fruto de la iniciación del treceavo, incorporado a
su cuerpo etérico, se conservó en la atmósfera intelectual de la tierra. La sabiduría impresa en
ese cuerpo etérico inspiró a los doce y a sus discípulos sucesivos; de esta manera pudo nacer la
corriente oculta rosacruciana.
Finalmente la acción persistente de este cuerpo conservado en la atmósfera espiritual
de la tierra penetró a su vez el cuerpo etérico del treceavo cuando su alma se reencarnó.
Pues la individualidad del treceavo se reencarnó ya a mediados del siglo XIV y, en esta
nueva reencarnación, vivió más de 100 años. El nuevo joven fue educado entre los alumnos y
sucesores de los doce de manera idéntica a la primera vez, sin que sin embargo se le
mantuviera apartado del mundo. A los veintiocho años concibió un ideal singular. Para
alcanzarlo debió viajar y abandonó Europa. En primer lugar fue a Damas y allí vivió por
segunda vez la experiencia que en este mismo sitio tuvo San Pablo.
La experiencia por la que había pasado en el siglo XIII debe ser considerada como un
germen de esta segunda visión.

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Las fuerzas prodigiosas impresas en el cuerpo etérico de la individualidad del siglo XIII
habían permanecido intactas durante más de un siglo ya que, después de la muerte, ninguna
parcela de este cuerpo se había disuelto en el éter cósmico. Este mismo cuerpo enteramente
espiritualizado fue el que iluminó de nuevo, desde lo alto del mundo espiritual, a la misma
alma en su encarnación en el siglo XIV. Tal fue la razón por la que dicha alma tuvo que volver
a hacer la experiencia de Damas.
Esta es la individualidad de Cristian RosaCruz; él era el treceavo en el círculo de los
doce.
Durante el siglo XIV se le designó con este nombre. Desde el punto de vista esotérico ya
era Cristian RosaCruz en el siglo XIII aunque no fuera conocido con este nombre sino un siglo
más tarde. Y los alumnos que agrupó alrededor suyo en el siglo XIV fueron los sucesores de los
doce primeros sabios. A su vez tomaron el nombre de RosaCruz.
Cristian RosaCruz recorrió todas las regiones conocidas de la tierra. Una vez que le fue
impartida la sabiduría de los doce, fecundada por la entidad sublime de Cristo, le fue fácil
apropiarse de toda la ciencia de su época en el lapso de siete años.
Cuando volvió a Europa al cabo de siete años, escogió como alumnos a los sucesores más
evolucionados de los doce sabios. Hablando propiamente, entonces comenzó el verdadero
trabajo de los RosaCruz.
Gracias a las fuerzas que emanaban del cuerpo etérico de Cristian RosaCruz pudo
abordarse el estudio del hombre y de la naturaleza con medios completamente nuevos. El
trabajo realizado hasta hoy por los RosaCruz concierne tanto al macrocosmos como al
microcosmos. El estudio de la naturaleza exterior tiene la finalidad de determinar lo que se
oculta detrás de la “Maya”, el velo de la ilusión. Al igual que cada hombre posee un cuerpo, en
la base del macrocosmos también encontramos un cuerpo etérico universal, un éter
macrocósmico. Pero entre un cuerpo físico y una sustancia etérica más sutil existe algo
parecido a una zona intermedia. Si examinamos la zona que separa a un cuerpo físico de la
sustancia etérica, encontramos un elemento que no puede compararse a nada de lo que existe
en el mundo sensible. No es ni oro, ni plata, ni plomo, ni cobre, sino una sustancia que difiere
de todas las sustancias físicas conocidas, pese a que constituye la esencia de todas ellas. Está
presente en todos sitios y los cuerpos físicos no son sino modificaciones suyas. La tarea de los
RosaCruz es la investigación clarividente de esta sustancia.
Consideraban que la primera condición para un estudio semejante consistía en reforzar
las fuerzas morales del alma, únicas que pueden hacer perceptible esta sustancia. Se
preparaban a la clarividencia mediante una acentuada actividad moral.
Esta sustancia ha sido realmente descubierta y contemplada por los RosaCruz. La
estudiaron en el macrocosmos y en el microcosmos; en la naturaleza exterior la veneraban
como la gran vestidura, la librea por decirlo así, del universo. La veían alborear en el hombre
cuando reinaba la armonía en la acción recíproca de su pensamiento y voluntad. Pero
percibían estas fuerzas voluntarias no solo en la naturaleza humana sino también en el
macrocosmos, en la tormenta, en el rayo. Y volvían a encontrar fuera del pensamiento humano
el elemento espiritual que se haya en su base; en el arco iris, en la aurora. La fuerza para
equilibrar y armonizar su pensamiento y su voluntad la bebían en la radiación del cuerpo
etérico de Cristian RosaCruz.
Se acordó que todos los descubrimientos que pudieran hacer los RosaCruz deberían ser
mantenidos en secreto durante cien años, pudiéndose divulgar solo una vez transcurrido este

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plazo. Para poder hablar de ellos de manera adecuada se requería un siglo. El contenido de las
“Imágenes Secretas” fue por lo tanto elaborado desde el siglo XVII al XVIII.
Por otro lado es importante subrayar que la inspiración rosacruciana ha sido conferida
en cada época de manera tal que la individualidad que las recibía nunca era designada por su
nombre. Solo la conocían los más altos iniciados.
Por ejemplo, hoy no se puede hablar en público sino de acontecimientos o hechos
ocultos que remontan a cien años atrás. La autoridad que confieren semejantes revelaciones
si se beneficiara de ella una persona determinada posibilitaría el nacimiento entre sus
discípulos o entre quienes le escucharan, de lo peor que podría ocurrir: un sentimiento
fanático de veneración. Aunque el anonimato no solo se necesita a causa de las solicitaciones
de la ambición y del orgullo, de las que podría uno protegerse, sino a causa de los ataques
astrales, de los asaltos ocultos que serían dirigidos sin cesar contra una persona semejante. De
ello proviene la necesidad del secreto y el anonimato durante cien años.
Siglo a siglo, el trabajo de los RosaCruz contribuye a incrementar las fuerzas y la
radiación del cuerpo etérico de Cristian RosaCruz. A las fuerzas de este cuerpo etérico
vinieron a juntarse las de todos aquellos que se hicieron discípulos suyos. Cristian RosaCruz se
ha reencarnado incesantemente desde el siglo XIV. La radiación de este cuerpo aporta y
refuerza todas las enseñanzas de la teosofía, y aquellos que difunden estas enseñanzas están a
la sombra de este cuerpo cuya actividad continúa tanto si Cristian RosaCruz está encarnado
como si no.
En el siglo XVIII el Conde de Saint Germain fue una reencarnación de Cristian RosaCruz
aunque como este nombre de Conde de Saint Germain ha sido atribuido también a otras
personalidades, no todo lo que se cuenta de él está forzosamente relacionado con el verdadero
Cristian RosaCruz. Hoy Cristian RosaCruz se encuentra encarnado de nuevo.
Antes de inspirar la “Isis Desvelada” de Blavatsky, la influencia oculta de su cuerpo
etérico ya había actuado sobre Lessing, sin que él mismo lo supiera, inspirándole su obra “La
Educación del Género Humano” (1780). Sin embargo, a causa de la ola creciente de
materialismo que llegó a su apogeo en el siglo XIX, cada vez se hizo más difícil transmitir
inspiraciones de naturaleza rosacruciana; de ello deriva el carácter fragmentario y episódico
de las mismas. Sin embargo, en 1851 apareció un escrito de Windenmann en el que se resuelve
el problema de la inmortalidad en el sentido de la reencarnación. La obra incluso recibió un
premio. En 1849 ya Drossbach había tratado la reencarnación desde un punto de vista
psicológico.
Así pues, la actividad del cuerpo etérico rosacruciano sigue siendo sensible incluso en el
siglo XX. En 1899, al terminar el curso de lo que se denomina Kali Yuga menor, ha sido posible
una renovación de la vida teosófica. A partir de ese momento, el acceso al mundo espiritual se
hizo más fácil y hoy el impulso rosacruciano actúa de nuevo, en medida mucho mayor. Si a
través de su consagración a las fuerzas del espíritu los hombres llegan a dirigir sus
pensamientos hacia la acción potente del cuerpo etérico rosacruciano, alcanzarán una nueva
clarividencia y despertarán en ellos una nueva vida espiritual. Aunque eso solo será otorgado a
quienes se comprometan a seguir la disciplina rosacruciana de una manera correcta.
Hasta ahora era indispensable una preparación esotérica para alcanzar la clarividencia,
pero en el transcurso del siglo XX le será conferido a este cuerpo etérico un poder tal que
podrá actuar incluso exotéricamente. Los hombres que se hayan empapado de él podrán vivir
la experiencia que San Pablo vivió en el camino de Damas. Hasta nuestros días no ha ejercido
su actividad sino en el seno de la escuela rosacruciana. En el siglo XX, un número cada vez
13
mayor de hombres recibirán su influencia y, por ello, serán capaces de percibir la aparición de
Cristo en su cuerpo etérico. La actividad, el trabajo de los RosaCruz, hace posible la visión
etérica de Cristo. El número de los que serán capaces de contemplarla aumentará en el curso
del siglo.
El que esta visión de Cristo sea posible debemos atribuirlo al gran viraje de la historia
humana constituido por el trabajo de los doce sabios desde el siglo XIII al XIV.
Cuando os transforméis en un instrumento entre las manos de Cristian RosaCruz
podréis estar seguros de que el menor esfuerzo que hagáis sobre vosotros mismos perdurará
eternamente.
Mañana hablaremos de la obra de Cristian RosaCruz. Un impulso vago, sin orientación
precisa, empuja hoy a los hombres a la ciencia espiritual. Pero podemos estar seguros que por
doquiera que trabajen los discípulos de los RosaCruz con seriedad y constancia, quedarán
depositadas semillas que no perecerán. El más minúsculo esfuerzo espiritual contribuye a
elevarnos. Esta es una tarea santa a la que hay que consagrarse con celo y discernimiento.



14
Conferencia II
CRISTIAN ROSACRUZ Y SU OBRA
Mi Tarea de hoy consistirá en hablarles de la obra realizada por Cristian RosaCruz. Esta
obra, cuyo inicio se sitúa en el siglo XIII, todavía prosigue y proseguirá eternamente. La
Iniciación de Cristian RosaCruz y los acontecimientos que marcaron dicha iniciación en la
logia de los doce sabios fueron su primera manifestación.
En su encarnación durante el siglo XIV, encarnación que duró más de cien años, el
trabajo de Cristian RosaCruz consistió esencialmente en enseñar a los alumnos de los doce.
En esta encarnación Cristian RosaCruz apenas fue conocido fuera del círculo de sus doce
alumnos. No porque se abstuviera de cualquier clase de relación con sus contemporáneos, sino
porque estos no lo reconocieron. De hecho, lo mismo ocurre hoy. Pero las fuerzas del cuerpo
etérico de Cristian RosaCruz, que no cesaban de inspirar a sus alumnos, tocaron
paulatinamente otros medios y ya hoy muchos hombres se encuentran en estado de dejarse
penetrar por ellas.
Aquellos a los que Cristian RosaCruz distinguió para hacer de ellos alumnos suyos
fueron escogidos por él de manera completamente particular. Para comprender de que se
trata, es indispensable prestar una atención continua a determinados acontecimientos que
pueden marcar el curso de una vida. Supongamos que durante su existencia un hombre llega a
un viraje decisivo que constituye para él una crisis kármica. Imaginemos que esté a punto de
realizar una acción que le conduzca a la muerte, cosa que puede suceder de muchas maneras.
Por ejemplo sigue un camino sin darse cuenta que el mismo lleva a un precipicio. A unos pasos
del abismo escucha una voz que le dice: ¡ten cuidado! Y se para sin saber porque. Casos de
esta índole pueden producirse a millares.
La voz, por supuesto, no es sino la señal externa de un aviso espiritual; su condición
moral sería el interés o el apego que ya ha sentido el futuro discípulo por la teosofía o por
cualquier otro movimiento espiritual. El acontecimiento del que hablamos es un hecho del
mundo físico, pero la voz oída no es una voz humana. Puede que en primera instancia el
alumno crea que la voz procede de un ser humano oculto a su vista. Pero si ha alcanzado la
madurez de espíritu requerida, se dará cuenta enseguida que no ha intervenido personalidad
física alguna. Resumiendo: empezará a comprender que del mundo espiritual pueden emanar
comunicaciones y que estas pueden hacerse visibles en el mundo físico. Un acontecimiento
parecido puede suceder una o varias veces en la vida de un hombre. Su reacción puede ser la
siguiente: decirse que su existencia terrestre habría debido llegar a su fin y que ha sido
prolongada por una gracia especial. A partir de ese momento dicha gracia iluminará toda su
vida.
Se da cuenta de que sin dicha intervención ya no existiría, y que la misma voz va a
conferir a su vida ulterior una dimensión completamente nueva. Sin duda es posible que un
hombre viva varias veces una experiencia semejante antes de abordar la ciencia espiritual; en
tal caso su recuerdo podrá surgir más tarde. Si muchos de los que están reunidos aquí
escudriñaran su pasado descubrirían que les marcó un acontecimiento así. En nuestros días se
presta muy poca atención a estos hechos. Pero ¡con cuántos acontecimientos nos rozamos cada

15
día sin penetrar su alcance! Lo que acabo de exponerles es una simple indicación sobre la
manera como son escogidos los verdaderos alumnos de los RosaCruz.
Puede suceder que una experiencia similar a la que acabo de describir pase sin dejar
huellas: quien la vivió no comprendió su importancia y la impresión se desvaneció. Si, por el
contrario, despertó su atención, no la puede considerar desprovista de significado y quizás le
lleve al siguiente pensamiento: “En verdad te has encontrado frente a una crisis, frente a un
accidente kármico que debió provocar tu muerte en ese momento preciso. Has sido salvado
por algo que se parece a un azar. En el mismo instante en que tu vida debía llegar a su fin, una
vida nueva se ha injertado sobre la primera. Esta segunda vida debes considerarla como un don
y desde ese momento tienes la obligación de comportarte consecuentemente”.
Si, de resultas de una experiencia de este tipo, el hombre reconoce que en adelante su
vida ya no le pertenece como cosa propia y la considera como un don de las potencias
espirituales, se hará un adepto del rosacrucismo. Esta es la manera como Cristian RosaCruz
llama las almas a sí. El que recuerda una experiencia similar puede decirse: “Desde el mundo
espiritual Cristian RosaCruz me ha hecho saber que pertenezco a la corriente que él dirige. El
mismo Cristian RosaCruz es quien ha dado a mi karma la posibilidad de vivir esta experiencia.
Me ha sido indicado un camino para que lo siga. Tengo que ver en que medida puedo poner mis
fuerzas a su servicio”.
Los que no han comprendido el sentido de la señal se unirán posteriormente, pues todo
el que ha sido llamado queda marcado por ello para siempre.
El que un hombre pueda tener una experiencia parecida a la que he descrito se debe a
que ha estado en contacto con Cristian RosaCruz en el período de su vida comprendido entre
su muerte y su último nacimiento. Ahí lo escogió Cristian RosaCruz; entonces fue cuando
depositó en él el germen kármico que le lleva a vivir dicha experiencia. Así se forman lazos de
naturaleza espiritual.
Si pasamos ahora a la enseñanza de Cristian RosaCruz, constataremos que, en sus
comienzos, la misma se basó sobre todo en las ciencias naturales, en tanto que hoy tiene por
objeto las ciencias del espíritu. Así, en los primeros tiempos se hablaba de fenómenos
naturales y a la ciencia que trataba de ellos se la denominó alquimia. En la medida que estos
fenómenos sucedían fuera de la esfera terrestre se hablaba de astrología. Hoy tomamos como
punto de partida consideraciones de índole espiritual. Aprendemos a conocer la naturaleza de
la evolución psicológica del hombre por el estudio de períodos sucesivos: la India antigua, la
antigua Persia, la cultura Egipcio-caldea-asirio-babilónica, el período Grecolatino.
En cuanto al RosaCruz de la Edad Media estudiaba los fenómenos naturales y distinguía
tres grandes procesos en los cuales veía el fundamento de toda la naturaleza terrestre.
El primero de estos procesos era “la salificación”. Todo lo que en la naturaleza se
separa de una solución para depositarse en partículas de naturaleza sólida, todo lo que
precipita, todo lo que cristaliza, el RosaCruz de la Edad Media lo llama “sales”. Pero cuando
el RosaCruz ve formarse esta sal, la idea que saca de ello difiere por completo de la del
hombre de hoy. Pues la contemplación de un proceso semejante, cuya verdadera naturaleza
quiere penetrar, despierta en él como una plegaria. Trata de entender que es lo que pasa en
su alma cuando se produce en ella el fenómeno correspondiente a la salificación. Piensa que la
naturaleza humana se destruye a sí misma constantemente bajo la acción de los deseos y las
pasiones. Nuestra vida sería de hecho un proceso constante de descomposición y putrefacción
si nos entregáramos exclusivamente a nuestras pasiones. Y si el hombre quiere protegerse

16
realmente contra este proceso de putrefacción debe dirigir sus pensamientos hacia la
contemplación del espíritu. Se trata por lo tanto de una evolución del pensamiento hacia un
plano superior. El RosaCruz de la Edad Media sabía que si no combatía sus pasiones en su
encarnación presente, nacería en una encarnación siguiente con gérmenes de enfermedades.
Si, por el contrario, depuraba sus deseos, abordaría su próxima encarnación con sanas
disposiciones. La purificación del alma por las fuerzas del espíritu es una salificación
microcósmica. Así podemos comprender como la contemplación de un proceso natural se
transforma para el RosaCruz en una meditación, en una oración ferviente. Al considerar la
salificación, el RosaCruz de la Edad Media puede decirse con el sentimiento de la más pura
piedad: “Desde hace millares de años las fuerzas espirituales divinas actúan en este fenómeno
de la misma manera que los pensamientos puros actúan en mí. Y dirijo mi oración a los
pensamientos de los Dioses, de las entidades divinas que están detrás de la maya de la
naturaleza”.
El RosaCruz se dice aún: “Si dejo que la naturaleza me incite a alimentar semejantes
sentimientos, me volveré parecido al macrocosmos; pero si no considero sino la forma exterior
de este proceso, me separo de Dios, me alejo del macrocosmos”.
Esto era lo que sentía el teósofo o el RosaCruz de la Edad Media.
El proceso de “disolución” o proceso mercurial constituía el segundo fenómeno natural
que podía suscitar, tanto como el primero, un sentimiento de piedad en el alma del
RosaCruz.
Toda sustancia capaz de disolver a otra era llamada por el RosaCruz “Mercurio”. Se
plantea de nuevo la pregunta: ¿Cuál es, en el alma humana, el fenómeno correspondiente a
este proceso mercurial? ¿Cuál es la facultad que actúa en el alma humana como el mercurio en
la naturaleza? Ahora bien, el RosaCruz sabía que lo que corresponde en el alma humana al
mercurio del macrocosmos es el amor en todas sus formas. Distingue un proceso mercurial
inferior y uno superior, al igual que existen formas inferiores del amor y formas superiores. Y
la contemplación de un fenómeno mercurial suscita a su vez una ferviente plegaria en el alma
del RosaCruz. Se dice: “Desde hace millares de años el amor divino actúa en la naturaleza de
igual manera a como actúa en mi corazón el amor humano”.
El tercer proceso era la combustión o “sulfuración”. Es el proceso de destrucción de la
materia por la llama. Al igual que en los procesos precedentes el RosaCruz busca aquello que,
en su alma, corresponde a la sulfuración. Lo encuentra en la ardiente devoción a la divinidad.
Llama “azufre” a todo lo que puede ser consumido por la llama. Así como en la evolución de la
tierra ve un proceso de lenta depuración pues sabe que la tierra será un día depurada por el
fuego, en la devoción ardiente ve un fenómeno de sulfuración. En el proceso terrestre de
sulfuración ve la obra de determinadas divinidades que elevan su mirada hacia otras más altas.
Penetrado por un profundo sentimiento de piedad, por un ardiente deseo religioso, se dice al
contemplar el fenómeno de sulfuración: “En este momento los dioses hacen sacrificios a las
divinidades superiores”. Y cuando en su laboratorio provoca el mismo fenómeno, piensa:
“Ahora cumplo lo que hacen los dioses cuando se sacrifican”.
El mismo no se cree digno de proceder a una experiencia de sulfuración sino sintiéndose
penetrado por el deseo de entregarse a los dioses, de inmolarse por el fuego del espíritu. La
potencia de la llama lo llena de sentimientos profundamente religiosos, y puede decirse:
“Cuando contemplo la llama en la naturaleza, en el macrocosmos, veo expresarse el
pensamiento, el amor, y el espíritu de sacrificar de los dioses”. El RosaCruz procede a estas
experiencias en su laboratorio; pero al provocar estos tres procesos naturales, se deja penetrar
17
por las fuerzas que ha liberado así. Su trabajo adquiere un carácter religioso: en su meditación
se siente religado a todas las fuerzas del macrocosmos. En él se desarrolla un verdadero
drama: contempla la transmutación en pensamiento divino de una experiencia de salificación,
la de un proceso mercurial en amor divino, la de una combustión en espíritu de sacrificio;
siente que estas tres fuerzas, volviendo sobre él mismo, le penetran de pensamientos puros,
de amor divino, y de deseo de sacrificarse a sí mismo sobre el altar del mundo.
Estas son las experiencias por las que pasaba el alquimista y si hubiera estado presente
un clarividente, hubiera percibido una metamorfosis en su aura.
Esta aura que, antes de la experiencia, quizás fuera muy confusa, llena de los deseos y
pasiones a los que el RosaCruz se hubiera entregado, tomaba entonces un tinte uniforme: en
primer lugar la tintura del cobre por la salificación pensamientos puros de los dioses y,
finalmente, el tinte esplendoroso del oro por la sulfuración espíritu de sacrificio de los
dioses.
Los alquimistas decían entonces que habían transmutado su aura en cobre subjetivo, en
plata subjetiva, en oro subjetivo. Por lo tanto, el que había vivido estas experiencias
verdaderamente, el que había despertado en él la pureza, el amor y la voluntad de sacrificio,
se encontraba dotado de una cierta clarividencia. Esta le permitía mirar un poco tras el velo
de maya y ver ahí las entidades espirituales que hacen brotar la vida o que dejan que la misma
se extinga en el mundo de los sentidos.
El RosaCruz aprendía a conocer también las fuerzas buenas o malas que agitan el alma
humana, las que la estimulan y la sostienen y las que la degradan. Veía en estas fuerzas de
regeneración y de decadencia, tanto en el alma humana como en la naturaleza.
El teósofo Henri Khumrath ha llamado a este doble proceso la ley de la evolución
ascendente y de la evolución descendente. El RosaCruz expresaba los conocimientos que
adquiría mediante este tipo de clarividencia, a través de símbolos, en figuras como las que
encontramos, por ejemplo, en las “Figuras Secretas de los RosaCruz”.
Así fue como trabajaron los mejores alquimistas desde el siglo XIV al XVIII e incluso
hasta principios del XIX. No se ha publicado nada sobre el aspecto verdaderamente moral,
ético, e intelectual de este trabajo. Lo que ha sido impreso sobre alquimia concierne
únicamente al lado puramente exterior de esas experiencias, no ha sido hecho sino por los que
practicaban la alquimia con fines lucrativos. El falso alquimista esperaba un resultado
práctico. No veía en estas experiencias, por ejemplo en la sulfuración, sino la posibilidad de un
beneficio material. El verdadero alquimista no concedía valor alguno a la materia, que obtenía
al final de la experiencia. Solo contaban para él los sentimientos que coloreaban su alma, los
pensamientos que surgían en él durante la operación de la transmutación. Por ello es por lo
que existía una severa ley prohibiendo a los verdaderos alquimistas obtener beneficios
personales del oro o de la plata que obtenían por transmutación; pero si les estaba prohibido
guardar el oro para sí, no les estaba vedado en absoluto hacer que otros se beneficiaran del
mismo.
El hombre de hoy es incapaz de imaginarse lo que eran esas experiencias. Ni siquiera
sospecha lo que podía sentir el operador. El alquimista podía vivir todo un drama en su
laboratorio y, por ejemplo, cuando obtenía el antimonio, el elemento moral que implicaba la
operación era para él de un interés capital.
Si este trabajo no hubiera sido hecho, actualmente no podríamos dedicarnos al estudio
rosacruciano en su forma moderna de “Ciencia Espiritual”. Lo que el RosaCruz experimentó

18
antaño frente a los fenómenos naturales le ha permitido dar a las ciencias naturales un
carácter sagrado. La disposición al sacrificio que sentía, la alegría y el dolor, también la
tristeza que se desprendía de ello, todo eso reaccionaba sobre él liberándolo, rescatándolo.
Pero hoy todo se ha olvidado y descansa en lo más profundo del subconsciente.
En nuestros días, para volver a encontrar estas fuerzas ocultas que antiguamente
condujeron a la clarividencia, debemos estudiar la ciencia espiritual, debemos regular y
desarrollar nuestra vida interior mediante ejercicios de concentración y meditación. Es preciso
que el estudio de la naturaleza vuelva a encontrar un carácter religioso, que vuelva a ser algo
parecido a un culto. Para que en el futuro la realidad espiritual pueda volver a ser encontrada
detrás del velo de la naturaleza, para que sea aprehendido el espíritu detrás de la maya, es
preciso que millares de hombres se sientan tocados por el espíritu, que hagan un esfuerzo
sobre sí mismos. Con esta condición, un cierto número de hombres, muy restringido al
principio, podrá vivir la experiencia de San Pablo en el camino de Damasco: percibir al Cristo
etérico, suprasensible, descendiendo entre los hombres. Pero hace falta primero que el
espíritu humano adquiera una concepción espiritual de la naturaleza. Y mientras el trabajo
interior no haya sido realizado por los métodos de la ciencia espiritual, los humanos no podrán
acceder a esta visión etérica.
Cristo descendió al cuerpo de Jesús de Nazaret cuando el bautismo en el Jordán. El
misterio del Gólgota hizo que la humanidad en su conjunto fuera capacitada para contemplar
en el futuro a Cristo en su cuerpo etérico. Ello será ya posible en nuestro siglo, a partir de
1930 aproximadamente.
Cristo no se ha encarnado sobre la tierra en un cuerpo físico sino una sola vez. El
retorno de Cristo significa que podremos percibirlo, de manera suprasensible, en su cuerpo
etérico. Por lo tanto hay que intentar despertar en sí la visión espiritual, la clarividencia.
Imaginarse que la vuelta de Cristo podría producirse de otra manera equivaldría a admitir que
la humanidad aún está a nivel de principios de la era cristiana. No habría habido progreso
alguno en la evolución si Cristo debiera volver la segunda vez en un cuerpo físico. Aquel que
conoce el verdadero sentido del trabajo de los RosaCruz sabe que Cristo se revelará en
adelante en su cuerpo etérico.
Cristian RosaCruz y el colegio de los doce hicieron durante la Edad Media una síntesis
de lo que había de válido en las diferentes confesiones. Lo que habían buscado los seguidores
de las mismas, las aportaciones específicas de las religiones, todo ello volverá a encontrarse,
gracias al mencionado trabajo, en el impulso crístico.
El trabajo de los tres mil años futuros consistirá en preparar a la humanidad para
comprender el papel de Cristo en la evolución.
Ya a partir del siglo XX todas las confesiones podrían unirse en la comprensión del
misterio rosacruciano. Así la humanidad futura ya no necesitará los documentos antiguos para
orientarse en la vida cristiana puesto que la contemplación del propio Cristo le enseñará a
conocer el alcance de la visión de San Pablo. Entonces la humanidad podrá vivir ella misma la
experiencia del camino de Damas.
Cinco mil años después de la iluminación de Buda, dicho de otra manera,
aproximadamente dentro de tres mil años, aparecerá el Maitreya Buda que será el sucesor del
Gautama Buda. No puede haber discusión al respecto entre verdaderos ocultistas. El ocultismo
occidental y el oriental son unánimes en este punto.
Dos hechos están firmemente establecidos:

19
1. Cristo no ha podido aparecer sino una vez en un cuerpo físico pero reaparecerá
durante el siglo XX en un cuerpo etérico. Es verdad que durante el siglo XX se
encarnarán grandes individualidades, entre otras el Bodhisattva que será, dentro de
3.000 años, el sucesor del Gautama Buda. Pero ningún verdadero ocultista espera
ver a Cristo reencarnarse en un cuerpo físico. El mismo Bodhisattva hablará de
Cristo en este sentido.
2. El Bodhisattva que se encarnó bajo el nombre de Jeshu ben Pendira, no llegará a ser
el Maitreya Buda sino en tres mil años. Los verdaderos ocultistas de la India se
escandalizarían si se pretendiera que el Maitreya Buda fuese a aparecer antes de
esta fecha. Incluso pudiera suceder que haya en la India pseudo-ocultistas que, con
fines interesados, hablen de un Maitreya Buda actualmente encarnado. Es un error
en el que se cuidará mucho de caer todo estudiante de la teosofía rosacruciana.
La enseñanza de los RosaCruz está impartida de tal manera que los elementos que
aporta pueden ser controlados por la razón. Tosas estas nociones pueden ser sometidas a la
prueba de la sana razón humana. No me crean por principio de autoridad sino consideren lo
que les digo como una conjetura que necesitan poner a prueba. Estoy muy tranquilo: mientras
más controlen, más cuenta se darán de que la ciencia espiritual concuerda con la razón. Lo
que equivale a decir que mientras menos nos basemos sobre el principio de autoridad, mejor
se comprenderá a Cristian RosaCruz. Lo que se necesita es absorberse en la meditación de su
obra y de su individualidad, dándose bien cuenta de que su espíritu está vivo y vivirá siempre.
Y en la medida en que nos aproximemos a este gran espíritu, seremos fortificados y sostenidos.
Si invocamos su ayuda, las fuerzas de su cuerpo etérico siempre presente nos sostendrán,
serán para nosotros socorro y apoyo.
Así podremos concebir el hecho excepcional del extraño languidecimiento por el que
hubo de pasar Cristian RosaCruz cuando, en el siglo XIII, se encarnó en un cuerpo que se
espiritualizó hasta hacerse transparente; comprenderemos entonces que, en este estado, se
apropió toda la sabiduría de los doce sabios y que vivió la experiencia de Damas.
Pueda el espíritu de la verdadera RosaCruz reinar en esta rama: tanto más activas
serán en ellas las fuerzas del cuerpo etérico rosacruciano.
Que esta invocación sirva de introducción al trabajo de nuestros amigos y que todos los
que se han reunido aquí aporten a sus hermanos de Neuchâtel el apoyo de sus pensamientos
fraternos para que este trabajo pueda proseguirse sin descanso. Mientras más nos elevemos a
la contemplación de las verdades espirituales, más nos aproximaremos a nuestro objetivo. En
cuanto a mí, deseo recordarles siempre, una vez más, la grandeza y el alcance de nuestra
tarea, e invoco para ella la ayuda y la asistencia del gran Guía de Occidente. Que pueda ser
esta rama una de las piedras angulares del templo que deseamos edificar. La hemos
inaugurado en el espíritu de Cristian RosaCruz y nos esforzaremos en proseguir nuestro
trabajo en el mismo espíritu.



20
Conferencia III
LA MISIÓN DE CRISTIAN ROSACRUZ
Según el deseo de nuestros amigos vamos hoy a proseguir el estudio del movimiento
rosacruciano que emprendimos aquí mismo el año pasado. Ya hemos descrito como se realizó
la Iniciación de Cristian RosaCruz en el siglo XIII y hemos insistido sobre el hecho de que esta
individualidad no ha cesado de actuar a lo largo de los siglos. Hoy abordaremos nuestro tema
desde otro punto de vista, intentando comprender la gran tarea que se impuso en los albores
de nuestra época, destinada al intelectualismo, para salvaguardar el futuro de la humanidad.
Todo ocultista consciente de su responsabilidad debe contar con el carácter específico
de su época. La nuestra se inició cuando nació la ciencia moderna con Copérnico, Giordano
Bruno, Galileo y muchos otros. Nuestros contemporáneos se han familiarizado con el sistema
de Copérnico desde su infancia y las impresiones que sacaron del mismo les han marcado para
toda la vida. Antiguamente no ocurría lo mismo. Desde este punto de vista existe una inmensa
diferencia entre nuestro estado de espíritu y el de nuestros antepasados. Antes de Copérnico
todo hombre creía que la tierra permanecía inmóvil en el espacio y que el Sol y los astros
gravitaban alrededor de ella. Cuando Copérnico decretó que la tierra se movía
vertiginosamente en el universo, fue un choque tan rudo que los hombres parecieron perder
tierra bajo sus pies. No hay que subestimar una revolución parecida; el estado de los espíritus,
las ideas, los sentimientos, fueron trastocados por ella.
Formulemos ahora la pregunta siguiente: ¿Cuál es la actitud del ocultismo respecto a
esta revolución? Quien plantea la cuestión en tanto que ocultista puede admitir, por supuesto,
que con los métodos inaugurados por Copérnico, la ciencia moderna se ilustrará en el
conocimiento del mundo sensible, aunque simultáneamente subrayará que la misma es
completamente incapaz de hacernos comprender los fundamentos espirituales del universo. De
hecho, las ideas de Copérnico son el peor método que nunca se haya inventado para explicar
los principios espirituales que fundamentan nuestro mundo, y ello porque estas nuevas
concepciones están directamente inspiradas por Lucifer. El sistema de Copérnico y los métodos
que se derivan del mismo son uno de los más grandes asaltos que Lucifer haya dirigido contra
la evolución humana. Si en los tiempos antiguos el velo de la ilusión ya se extendía sobre el
mundo sensible, al menos aún se tenían en el espíritu concepciones sanas sobre la naturaleza
de las cosas. Todavía estaban vivas antiguas tradiciones. Mientras que después de Copérnico, a
“Maya” no solamente está en la percepción de los sentidos, en lo que el hombre percibe
alrededor suyo, sino que sus conceptos, incluso sus ideas, están infectados por la misma. Hoy
le parece completamente natural que el Sol permanezca fijo y que los planetas describan
elipses alrededor suyo. Sin embargo, en un futuro bastante próximo, se caerá en la cuenta de
que el sistema de Copérnico es mucho menos correcto que el más antiguo de Ptolomeo. El
sistema de Copérnico es ciertamente muy cómodo, pero, de alguna manera, es una almohada
para perezosos y no puede aclararnos sobre la realidad del macrocosmos.
Por lo tanto Cristian RosaCruz debía contar con el hecho de que a partir del siglo XVI
las concepciones científicas, sobre todo en cuestiones astronómicas, estaban teñidas de
“Maya”. En efecto, la obra de Kepler “De Revolutionibus Orbium Coelestium” había aparecido
en 1543. Para Cristian RosaCruz se trataba de tomar posición y de buscar que corrección
21
podría aportar el ocultismo a una visión del mundo que no consideraba al macrocosmos sino
como una inmensa maquinaria compuesta por globos materiales.
Hemos recordado en el año último como en el siglo XIII el mismo Cristian RosaCruz
había sido iniciado durante una reunión de doce sabios que formaban una logia. Hacia finales
del siglo XVI, Cristian RosaCruz volvió a encontrar a los doce sabios y a algunas otras
individualidades trascendentes en una reunión oculta del mismo género. Los asistentes en este
concilio no estaban todos encarnados en el plano físico; algunos participaban en él desde el
mundo espiritual. Entre estos últimos se encontraba la individualidad que en el siglo VI a. de
J.C. había sido el Gautama Buda.
Los ocultistas orientales creen con razón, pues ello es verdad, que el Bodhisatva de 29
años que accedió a la divinidad de Buda se encarnó entonces por última vez en un cuerpo
físico. De hecho, si una individualidad del rango de Buda no aparece más en una encarnación
física, ello no significa en absoluto que se desinterese por la suerte de la tierra. Continúa
ejerciendo su acción desde el plano espiritual. Las palabras citadas por el Evangelio de San
Lucas y que se dirigen a los pastores: “Paz sobre la tierra y buena voluntad hacia los hombres”
son un mensaje de Buda cuyas fuerzas, desde lo alto de los mundos espirituales, han
impregnado el cuerpo del mismo Jesús de la casa de Nathan. Este hermoso mensaje de amor y
de paz es una contribución de Buda al cristianismo naciente. Buda intervino aún en la
evolución humana en los siglos VII y VIII después de J.C.
En esta época había no lejos del Mar Negro un centro iniciático de una enorme
influencia. En estas escuelas hay ciertamente maestros que enseñan en su cuerpo físico; pero
para los alumnos avanzados también es posible recibir enseñanzas de una entidad que no está
encarnada más que en su cuerpo etérico. En este centro fue donde Buda enseñó a aquellos
alumnos que estaban en condiciones de elevarse al grado superior del conocimiento. Uno de
ellos se reencarnó bajo el nombre de San Francisco de Asís. Si la actitud característica de San
Francisco y de los monjes de su orden tiene grandes analogías con los preceptos morales
puestos en práctica por los primeros budistas, ello se debe al hecho de que él mismo fu un
discípulo de Buda.
Basta considerar el espíritu de un hombre como San Francisco, cuyos esfuerzos tendían
todos hacia el espíritu, para medir la inmensa distancia que le separa de un hombre a quien los
descubrimientos de la ciencia moderna van a empujar hacia la técnica y la industria. Desde el
siglo XVI se podía preveer que en el futuro habría dos clases de hombres: los unos estarían
inmersos en las exigencias de la vida práctica, se dedicarían a la producción industrial, a la
construcción de máquinas, etc., mientras que los otros se consagrarían a la vida interior y, por
eso mismo, se alejarían de la vida práctica como lo hizo San Francisco.
Por lo tanto fue un momento crucial en la evolución humana cuando, en el siglo XVI,
Cristian RosaCruz convocó a un determinado número de ocultistas para exponerles la
situación que iba a resultar de la divergencia de estas dos grandes corrientes. Comenzó por
reunir a un número relativamente elevado de personalidades; después, al cabo de algunos
años, convocó un segundo concilio más íntimo. No era que tuviera dudas sobre lo que convenía
empezar, sino que, de esta manera, quiso llevar a sus oyentes a que reflexionaran por sí
mismos sobre los problemas que reservaba el futuro. El mundo, les dijo en sustancia, estará
cada vez más absorbido por las necesidades de la vida práctica. Estas harán que los hombres se
vuelvan parecidos a bestias de carga. En cuanto a los que se opongan a ello y se confinen en su
vida interior, serán rechazados por la comunidad y vivirán como eremitas. Ahora bien, Anunció
Cristian RosaCruz, no existe sobre la tierra ningún medio de prevenir este estado de cosas.
Todo lo que se haga por los hombres entre su nacimiento y su muerte no podrá impedir que la
22
humanidad se escinda en dos clases más o menos enemigas. El único remedio posible sería una
especie de educación del alma que debería efectuarse no entre la vida y la muerte sino en el
mundo espiritual, entre la muerte y un nuevo nacimiento.
Intenten imaginarse la magnitud de la tarea que estos RosaCruz iban a emprender:
buscaban el medio de influenciar a toda alma humana en el momento en que, desencarnada,
vive en las esferas del espíritu. Para comprender lo que iba a pasar debemos considerar la
existencia del alma entre la muerte y un nuevo nacimiento desde un punto de vista muy
particular.
El hombre vive en la tierra entre el nacimiento y la muerte. Después de la muerte pasa
por diversas esferas planetarias. En mi “Teosofía” encontrarán Uds. una descripción del
Kamaloka. El alma desencarnada evoluciona en un mundo “psíquico”, dicho de otra manera,
penetra en la esfera lunar. A continuación pasa sucesivamente por las esferas de Mercurio, de
Venus, del Sol, de Marte, de Júpiter, de Saturno y, a fin de cuentas, se difunde en el espacio
estelar donde evolucionan las estrellas fijas. Por lo tanto no es incorrecto hablar de
encarnaciones del alma en otros planetas, a condición sin embargo de que se comprenda bien
que no se trata de encarnaciones físicas. En nuestros días el hombre no está aún bastante
evolucionado para acordarse de estas experiencias espirituales cuando se reencarna sobre la
tierra, pero en el futuro lo recordará.
Aunque, por ejemplo, no recuerde lo que ha pasado en el planeta Marte, no por ello es
menos cierto que las fuerzas de las que se impregnó su alma durante su paso por ese planeta
siguen estando en él, enterradas en su inconsciente. Puede decirse: “Actualmente estoy
encarnado en la tierra, pero algunas fuerzas que llevo en mí no son de origen terrestre.
Proceden de mi paso por Marte antes de mi nacimiento”.
Consideremos ahora el estado de espíritu de los hombres que vivían en la época en que
el sistema de Copérnico se difundió en Europa. ¿De dónde proceden las facultades que llevaron
a Copérnico, Galileo, Giordano Bruno y otros a realizar sus descubrimientos?
En particular el caso de Copérnico es inquietante. Poco tiempo antes de su nacimiento
había muerto el gran místico Nicolás de Cusa (1401-1464); ahora bien, volvemos a encontrar en
Copérnico la misma individualidad que animaba a Nicolás de Cusa. Si comparamos la “Docta
Ignorantia” de Cusa con los escritos de Copérnico podremos medir la distancia que separa el
estado de espíritu de una misma alma en dos vidas sucesivas singularmente cercanas. ¿De
dónde procede un cambio tan radical? Ha sido precisamente la influencia prenatal de Marte la
que en su vida siguiente metamorfoseó en astrónomo al místico de Cusa. Igual sucede con
Galileo, Con Giordano Bruno, con la humanidad entera. Que los hombres acepten las nuevas
teorías como otras tantas verdades se debe al hecho de que también ellos se han impregnado
de fuerzas marcianas entre la muerte y un nuevo nacimiento. Pero que tales fuerzas actúen en
ese sentido se debe a una grave crisis interna de toda la evolución sobre Marte. Anteriormente
emanaban de este planeta fuerzas mucho mejores. Pero en los siglos XV y XVI la situación
moral en la esfera de Marte es tan crítica, tan grave, como en la Tierra en los tiempos del
misterio del Gólgota. Cristo murió para dar nacimiento al verdadero yo del hombre. Hacia
finales de la Edad Media tuvo lugar en Marte un “nacimiento” muy diferente: el de una
orientación intelectual que impregna a las almas de paso en su esfera y que, en la tierra, se
transforma en la corriente materialista.
Se podía prever a donde conduciría todo ello: un número cada vez mayor de almas iban
a sufrir esta influencia y a caer en su encarnación terrestre bajo el imperio de una ideología
teñida de “Maya”. En Marte una verdadera decadencia había transformado las fuerzas buenas

23
del planeta en fuerzas de ilusión. Estas últimas no carecían ni de poder ni de astucia. Hacían
posibles algunas conquistas de la ciencia aunque no por ello estaban menos infestadas de
“Maya”.
Por lo tanto podía saberse desde el siglo XV que era urgente dar a la evolución marciana
un nuevo impulso que le hiciera enderezar su curva descendente. De ello dependía la salvación
de la tierra. Había que provocar en Marte una reacción capaz de sanear el ambiente de toda
esa esfera. Como el sacrificio de Cristo lo hizo con la tierra.
Esta era la inmensa tarea ante la que se encontraban colocados los RosaCruz. Las
entidades espirituales que poblaban la esfera marciana no hubieran podido nunca encontrar
por sí mismas una salida a esta situación. No se daban cuenta en absoluto de la decadencia de
su planeta; no era sino en la tierra donde se podía medir toda su gravedad.
Por lo tanto, esta conferencia oculta de la que hemos hablado se reunió a fines del siglo
XVI con un fin muy preciso. En esa época, el amigo y alumno más íntimo de Cristian RosaCruz
era precisamente la individualidad que antaño se había encarnado en la tierra bajo el nombre
de Gautama Buda. Desde su última encarnación en la que había accedido al rango de Buda, era
una entidad puramente espiritual revestida de un cuerpo suprasensible.
En esta conferencia se anunció que, en adelante, esta alta individualidad iba a residir
en Marte. Fue, si podemos expresarnos así, delegada a la esfera de Marte por Cristian
RosaCruz. Allí, en 1604, realizó un acto cuyo alcance es para el planeta marte comparable al
del Misterio del Gólgota para la tierra.
Cristian RosaCruz había reconocido la importancia del papel que la obra de Buda podía
tener para el universo entero. Sabía que la doctrina del Nirvana, que tendía a liberar el alma
del dominio material, adquiriría todo su valor en Marte. Esta doctrina ya no era de ninguna
utilidad para la tierra. No podía sino alejar a sus adeptos de las tareas prácticas que incumbían
a los hombres. Pero lo que ya no podía servir al progreso de la humanidad entre el nacimiento
y la muerte, podía influenciar favorablemente a las almas entre la muerte y un nuevo
nacimiento. Por lo tanto las enseñanzas de Buda podían purificar la atmósfera moral sobre
Marte. Como antes Cristo había descendido a la tierra por amor a los hombres que lo elevaron
sobre la cruz, Buda, ese apóstol de la paz, fue a principios del siglo XVIII a Marte donde
reinaban la guerra y la disensión. Allí realizó un sacrificio cósmico parecido al de Cristo sobre
el Gólgota. Encargarse de esta misión en un ambiente tan guerrero, para Buda equivalía
verdaderamente a una crucifixión. La misión fue realizada en servicio de Cristian RosaCruz.
Así se ayudan mutuamente estas grandes personalidades en la dirección del universo, no solo
sobre la tierra, sino de planeta a planeta.
Desde el momento en que tuvo lugar este sacrificio, el alma humana quedó sometida
durante su paso prenatal en la esfera de Marte a influencias mucho más favorables. Son
fuerzas nuevas las que aporta cuando se encarna sobre la tierra.
Pero la acción de Buda no se limita a eso. Cuando el hombre de aquí abajo se entrega a
la meditación es como llevado y sostenido por dichas fuerzas. Si se somete a la disciplina
espiritual inaugurada por Cristian RosaCruz, siente que las fuerzas enviadas por Buda desde
Marte le penetran y le secundan.
Así Cristian RosaCruz nos aparece como el gran servidor de Cristo. Pero no pudo
culminar la misión que le incumbía sino con la ayuda de Buda. El alma de este último ya no
está en la esfera terrestre aunque se ha consagrado enteramente al servicio del verdadero
cristianismo. Ya en el Evangelio de San Lucas resuenan las palabras de paz que son un

24
llamamiento de Buda a los hombres de buena voluntad. Y este llamamiento, viniendo de un
planeta antiguamente “marcial”, continúan hoy resonando misteriosamente en las almas
humanas.
Así pudo evitarse la escisión de los hombres en dos clases distintas. Si Buda hubiera
permanecido en la esfera terrestre no habría tenido ascendente alguno sobre los hombres
dedicados a la vida práctica. En cuanto a los otros, habría hecho de ellos monjes como San
Francisco. Pero, gracias a su sacrificio, se hizo posible impregnarnos en Marte de un ambiente
franciscano. Puede parecer grotesco pero es la verdad. Desde el siglo XVII toda alma humana,
al penetrar en la esfera de Marte, se vuelve por un tiempo discípula de San Francisco y, de
alguna manera, lleva allí una existencia monacal teñida de budismo. En cuanto al mismo San
Francisco, después de su última reencarnación solo ha aparecido una vez sobre la tierra. Murió
a corta edad. Desde entonces no se ha reencarnado más. Despliega su actividad en Marte, en
el círculo de Buda del que es uno de los más fervientes adeptos.
Si resumimos de una ojeada las diferentes etapas del movimiento rosacruciano a partir
del siglo XIII, cuando Cristian RosaCruz reunió por primera vez a sus adeptos, llegamos a su
encarnación de los siglos XIV-XV y, posteriormente, a esta conferencia que permitió evitar la
escisión entre los hombres. De hecho, el sacrificio de Buda hace posible que cada uno de
nosotros pueda trabajar en su desarrollo oculto sin tener que descuidar los deberes que le
impone la vida práctica.
Este es uno de los puntos más importantes del camino rosacruciano del que ya he
hablado en mi obra sobre “La Iniciación”. Que el que se dispone a seguir su camino no sea
forzado a abandonar las funciones que su karma le asigna sobre la tierra. Una evolución
psíquica en el sentido rosacruciano es compatible con cualquier situación y con cualquier
profesión.
Evidentemente no se puede hablar de la obra de Cristian RosaCruz como lo hemos
hecho sin tocar el dominio esotérico. En este dominio es precisamente donde aparece la lógica
interna del movimiento rosacruciano. Recordemos cual fue el desarrollo de nuestra teosofía
occidental después de haber fundado una sociedad teosófica. Aquí en Suiza es donde se dieron
los ciclos de conferencias sobre los cuatro Evangelios. Pero todos estos ciclos estaban ya
contenidos en germen en mi obra “El Cristianismo un Hecho Oculto” que fue escrito hace doce
años. En mi libro “La Iniciación”, en el que se describe la vía oculta occidental, insisto sobre la
compatibilidad de esta vía con cualquier actividad práctica. Hoy he podido darles la razón de
ello, que ha de ser buscada en la misión de Buda sobre el planeta Marte. Así podrán tocar con
el dedo el desarrollo lógico de las enseñanzas de la teosofía, en el que cada piedra viene a
unirse exactamente con la anterior para que el edificio esté fundado sobre la verdad.
Efectivamente toda concepción del universo, si pretende la verdad, debe presentar este
carácter de lógica interior. Y esta lógica es la que caracteriza toda la actividad de Cristian
RosaCruz a los ojos de quienes están en condiciones de seguir sus etapas. Consideramos con
una respetuosa admiración la misión que él asumió, misión rosacruciana y cristiana que ha
echado los cimientos del ocultismo moderno.
Me gustaría agregar algunos consejos prácticos a las reflexiones precedentes. Hemos
visto en la última conferencia cuales eran los acontecimientos de la vida corriente que podían
sugerir que inconscientemente estamos en contacto con Cristian RosaCruz. Si tratamos
nosotros mismos de entrar en contacto con él, debemos interrogar a nuestro destino para
darnos cuenta de las condiciones requeridas. Esto puede hacerse de la manera siguiente:
tratemos de imaginarnos el gran Iniciador de los tiempos nuevos, Cristian RosaCruz, en medio
de sus doce alumnos, enviando al espacio cósmico al Gautama Buda; tratemos de imaginarnos
25
al Gautama Buda realizando durante el siglo XVI, en Marte, su obra comenzada en Benarés en
el siglo VI antes de Cristo cuando, en su primer sermón después de su iluminación, trata de la
vía óctuple y de las causas del sufrimiento. Si logramos colocar este cuadro con todo su
significado ante nuestra mirada interior y si nos produce, como si fuera un choque, una
impresión que puede traducirse con estas palabras: “como hombre no eres solamente un ser
terrestre, en tu esencia eres una entidad cósmica”, en este caso podemos aceptar con una
confianza total la posibilidad de hacernos discípulos de Cristian RosaCruz. El cuadro que
describe la relación entre Cristian RosaCruz y Buda es una imagen eficaz que debe hacerse
tema de meditación. Ese era en definitiva el objetivo que me había propuesto: incitarles con
estas cuantas consideraciones a que se entreguen a un trabajo y a un esfuerzo personales.
Nunca olvidemos que debemos aplicarnos no solo al estudio de las verdades ocultas, sino que a
continuación debemos sacar de ellas las fuerzas y los medios para proseguir nuestro propio
desarrollo espiritual.



26
CRISTIANISMO ROSACRUZ


Rudolf Steiner
(1911)

“Biblioteca Rosacruz”
Volumen I
Transcripción de la edición castellana, Ediciones Obelisco. España.

27
Rudolf Steiner

CRISTIANISMO ROSACRUZ
Dos conferencias pronunciadas en Neuchâtel el 27 y 28 de septiembre de 1911,
con motivo de inaugurar la Rama Local de la Sociedad Antroposófica.

Conferencia I
EL MISTERIO DE CHRISTIAN ROSENKREUTZ
Me llena de honda satisfacción estar por primera vez en esta Rama, de reciente
fundación, que lleva el sublime nombre de Christian Rosenkreutz, lo que me permite hablar
por primera vez con más amplitud sobre esta personalidad. ¿En que consiste el misterio de
Christian Rosenkreutz? En una sola noche no se puede agotar este tema; lo dividiremos en dos
sesiones: dedicaremos nuestra plática de hoy a la figura de Christian Rosenkreutz, y la de
mañana a su obra.
Hablar sobre Christian Rosenkreutz presupone una gran confianza, no en la persona, sino
en los grandes secretos de la vida espiritual, de la misma manera que la fundación de una
nueva Rama presupone siempre la fe en esa vida espiritual.
Christian Rosenkreutz es una individualidad que actúa, lo mismo cuando mora en un
cuerpo físico que cuando no lo habita; actúa, no solo como entidad física mediante energías
físicas, sino también, y sobre todo, espiritualmente mediante energías superiores.
Como sabemos, el hombre vive no solo para si mismo, sino vinculado a la gran evolución
de la humanidad. Cuando el hombre normal muere, su cuerpo etéreo se disuelve en el
universo; pero de ese cuerpo etéreo en vías de disolución, siempre se conserva una parte, de
modo que estamos circundados por doquiera, de restos de cuerpos etéreos, lo que puede ser
benéfico o perjudicial para nosotros, según seamos buenos o malos.
De los cuerpos etéreos de grandes individualidades irradian hacia nosotros efectos de
gran alcance. Así, del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz emana una gran fuerza que
puede actuar sobre nuestra alma y sobre nuestro espíritu.
Es nuestra tarea llegar a conocer estas fuerzas; a ellas apelamos como rosacruces.
En sentido estricto, el movimiento rosacruz tuvo su origen en el siglo XIII. En aquel
entonces, esas fuerzas actuaban con vigor inusitado y dieron origen a una corriente vinculada
con el nombre de Christian Rosenkreutz cuya continuidad en la vida espiritual sigue
subsistiendo. Hay una ley según la cual esa corriente de energía espiritual debe manifestarse
con particular intensidad cada 100 años más o menos.
De esto es manifestación hoy el movimiento teosófico. En sus últimas disertaciones
exotéricas, el propio Christian Rosenkreutz aludió a esta necesidad.

28
En el año de 1785, las revelaciones esotéricas reunidas por los rosacruces se
compendiaron en la obra “Los Símbolos secretos de los rosacruces” de Hinricus Madathanus
Theosophus. Esta publicación contiene, aunque en cierto sentido limitado, alusiones a lo que
como corriente rosacruz había actuado durante los cien años anteriores y que solo halló
expresión en los trabajos reunidos y recopilados por Hinricus Madathanus Theosophus. Otros
100 años después, vemos manifestarse el efecto de la corriente rosacruz en las obras de H. P.
Blavatsky, particularmente en su libro “Isis sin velo”.
He aquí una obra que contiene un acervo de sabiduría occidental oculta, no totalmente
aprovechada todavía, si bien el enfoque es a veces bastante confuso. Es interesante comparar
“Los símbolos secretos de los rosacruces” de Hinricus Madathanus Theosophus con la obra de
H. P. Blavatsky. En sus obras posteriores, ella se alejó de esa corriente espiritual rosacruz, por
lo que hemos de saber distinguir entre sus primeras y sus posteriores publicaciones, aunque ya
en las primeras haya infiltraciones de la mente poco crítica de H. P. Blavatsky. El que digamos
esto cuenta con el beneplácito de la propia H. P. Blavatsky aunque no pueda decírnoslo ahora
de viva voz.
Si enfocamos la particularidad de la conciencia humana en el siglo XIII, notamos que la
clarividencia primitiva esa clarividencia elemental que los hombres de antaño poseían, había
desaparecido paulatinamente. A mediados del siglo XIII se produjo un anticlimax a este
respecto y de repente ya no hubo clarividencia, sino que para todos se extendió la obscuridad
espiritual. Hasta los espíritus más iluminados, las personalidades más egregias y aun los
iniciados, ya no tenían entonces acceso a los mundos espirituales, y sus afirmaciones respecto
a esos mundos tenían que circunscribirse a lo que conservaban en el recuerdo. De los mundos
espirituales solo se sabía algo por tradición, o por los iniciados que evocaban el recuerdo de lo
que habían experimentado anteriormente, pues durante una breve época, ni incluso ellos
tenían una visión directa de esos mundos.
Este breve período de ofuscamiento fue necesario para preparar lo preeminente de
nuestra época, la civilización intelectualista que caracteriza la quinta época cultural post-
atlante1. En la época cultural greco-latina no existía esa civilización en el mismo sentido;
dominaba entonces la intuición directa en vez del pensamiento intelectual. El hombre se unió,
se confundió con lo que veía y oía y hasta con lo que pensaba. En aquellos tiempos no se
sutilizaba tanto como sucede y tiene que suceder hoy, pues en ello consiste la misión de la
quinta época post-atlante. Más adelante volverá a alborear la clarividencia de los hombres, y
surgirá la clarividencia del porvenir.
El origen de la corriente rosacruz cae en el siglo XIII. En aquel tiempo había que
seleccionar las personas particularmente idóneas para la iniciación; ésta, sin embargo, solo
pudo tener lugar transcurrido el breve tiempo de ofuscamiento.
En un lugar de Europa que no se puede mencionar todavía, aunque en un futuro no muy
lejano sea permitido identificarlo, se constituyó una logia de alta espiritualidad, un Colegio de
doce hombres que habían asimilado la suma total de la sabiduría espiritual de los tiempos
antiguos y del suyo propio. Esto quiere decir que durante ese período tenebroso vivían doce
hombres, doce espíritus egregios, unidos para fomentar el progreso de la humanidad. Ninguno
de ellos poseía la visión directa del mundo espiritual, pero todos podían resucitar dentro de si
el recuerdo de lo que habían experimentado en una iniciación anterior. El karma de la
humanidad había dispuesto que en siete de estos doce hombres se hallara incorporado lo que
la humanid.ad había conservado de los restos de la antigua época atlante. En mi “Ciencia
1 Véase Steiner, Rudolf: “La Ciencia Oculta”, México 1957, págs. 259-260.

29
Oculta”2 ya se ha dicho que los siete antiguos Rishis, los santos instructores de la época
cultural de India primitiva, conservaban y transmitían lo que había quedado de la época
atlante.
Los siete hombres reencarnados en el siglo XIII, integrantes del Colegio de los Doce,
eran los que podían remontarse a las siete corrientes de la antigua época atlante de evolución
humana ya lo que persistía de estas siete corrientes. Cada una de esas siete individualidades
no podía hacer fecunda para aquella época y para hoy más que una de esas corrientes.
A estos siete se incorporaron otros cuatro que no tenían la facultad de retrotraer su
mirada, como los primeros siete sabios, hacia aquellos tiempos prístinos, si bien eran capaces
de remontarse hasta la sabiduría oculta que la humanidad se había apropiado en los cuatro
períodos culturales post-atlantes. El primero de ellos podía captar la realidad cultural de la
antigua India, el segundo la de la Persia primitiva, el tercero la egipcio-caldeo-asiria y el
cuarto la greco-latina.
Estos cuatro, unidos con los otros siete, integraron el Colegio de Sabios del siglo XIII. El
doceavo miembro era el que menos se asentaba en el pasado; plenamente intelectual tenía la
función de cultivar sobre todo las ciencias exteriores. Estas doce individualidades no vivían
únicamente en las experiencias del ocultismo occidental, sino que las doce corrientes
sapienciales confluían en un cuadro global. Alusión muy peculiar a esto la hallamos en el
poema de Goethe “Los Secretos”.
De modo que hemos de referirnos a doce individualidades egregias y buscar, a mediados
del siglo XIII, el punto de partida de una cultura nueva. En ese tiempo se había llegado a una
especie de nadir de la vida espiritual. El acceso a los mundos espirituales estaba vedado
incluso a los más desarrollados, y fue entonces cuando se constituyó aquella logia de alta
espiritualidad. En un lugar de Europa no divulgado hasta ahora, se congregaron los doce
hombres que presentaban la suma del saber espiritual de su época y que representaban las
doce tendencias espirituales.
En este Colegio de los Doce existía en parte una clarividencia basada en recuerdos
únicamente y en parte una sabiduría de orden intelectual: los siete sucesores de los siete
Rishis recordaban su antigua sabiduría; los otros cinco representaban la sabiduría de las cinco
culturas post-atlantes.
De manera que en los Doce se conjugaba la suma total de la sabiduría atlante y post-
atlante: once de ellos, privados de la visión espiritual directa, alcanzaban su saber
sumergiéndose en los recuerdos de sus encarnaciones anteriores; y el doceavo era el que
poseía en el más alto grado la sabiduría intelectual de la suya.
Empero el punto de partida de una nueva cultura solo fue posible gracias a que un
treceavo entró en el círculo de los Doce. Este treceavo no era un erudito en el sentido de
aquella época; era una individualidad que había estado encarnada en tiempos del Misterio del
Gólgota. En encarnaciones subsiguientes se había preparado para su misión por un ánimo
devoto y una vida de fervorosa entrega a Dios. Era una gran alma, un hombre devoto y
profundamente místico que tenía innatas estas cualidades, no que las había adquirido
simplemente. Si ustedes se imaginan a un joven muy devoto, en íntegra e incesante entrega a
su Dios, tendrán ante sus ojos la imagen de cómo era la individualidad del treceavo. Este
treceavo creció enteramente bajo el cuidado y la educación de los Doce y de cada uno de ellos
recibió toda la sabiduría que eran capaces de darle. Se le educó con sumo esmero y de tal
2 Ob. cit., pág. 237.

30
manera que solo los Doce, y nadie más que ellos, pudieron ejercer una influencia sobre él. Se
le mantuvo aislado del resto del mundo. En aquella encarnación del siglo XIII, era un niño muy
endeble; de ahí que la educación que los Doce le otorgaron tuvo que influir hasta en su cuerpo
físico. Los Doce, a su vez, profundamente compenetrados de sus respectivas misiones
espirituales y profundamente henchidos de Cristianismo, eran conscientes de que el
Cristianismo exterior de la Iglesia no era más que una caricatura del Cristianismo genuino.
Pletóricos de la grandeza del Cristianismo se les consideraba, exteriormente, como sus
enemigos. Cada uno de ellos estudiaba y profundizaba solamente un aspecto del Cristianismo,
en aspiración de reunir las diversas religiones en una gran unidad; estaban convencidos de que
sus doce corrientes abarcaban la totalidad de la vida espiritual y cada uno de ellos, en la
medida de sus fuerzas, ejercía su influencia sobre el discípulo. Su meta era llegar a la síntesis
de todas las religiones, pero sabían que esto no podía alcanzarse por teorías sino solo por la
realización de la vida espiritual. Y para esto fue necesaria la correspondiente educación del
treceavo.
Mientras las energías espirituales del treceavo se acrecentaban infinitamente, sus
fuerzas físicas disminuían sin cesar. Esto le llevó al extremo de que cesó casi toda conexión del
discípulo con la vida exterior, todo su interés por el mundo físico: vivía únicamente para el
desarrollo espiritual, orientado por los Doce; en él existía un reflejo de la sabiduría de los
Doce. Finalmente el treceavo rehusó todo alimento y lentamente se consumía. Entonces
sobrevino un acontecimiento realizable solo una vez en la historia, uno de esos
acontecimientos que pueden tener lugar cuando las potencias macrocósmicas, en atención a
sus frutos, obran en conjunto. Tras de algunos días, el cuerpo del treceavo se volvió
completamente transparente y durante varios días estuvo como muerto. Entonces, en torno a
él se reunieron los doce a ciertos intervalos, y en esos momentos fluía de su boca toda
sabiduría. En breves fórmulas, comparables a rezos devotos, hacían fluir su sabiduría hacia el
treceavo que yacía como si estuviera muerto. Lo mejor es imaginarse a los Doce agrupados en
forma de círculo en torno al treceavo. Este estado terminó cuando el alma del treceavo, que
había vivido una grandiosa transformación, pareció despertar como alma nueva.
Existía en ella algo como un renacimiento de las doce sabidurías, de suerte que también
los doce sabios pudieron aprender algo enteramente nuevo de ese joven. También el cuerpo
transparente se vitalizó en forma tal que no puede compararse a nada. El treceavo pudo en
adelante hablar de vivencias completamente nuevas; y los doce pudieron comprender que él
había pasado por la Experiencia de Damasco: se trataba de una repetición de la visión que tuvo
San Pablo en Damasco. En el curso de pocas semanas, el treceavo transmitía en forma nueva la
sabiduría que había recibido de los Doce. A lo que él les revelaba los Doce lo llamaban el
Cristianismo verdadero y el de la época en que vivían. El treceavo murió relativamente pronto
y los Doce se dieron a la tarea de transcribir en forma de imaginaciones única en que era
posible hacerlo, lo que el treceavo les había revelado. Así nacieron las figuras e imágenes
simbólicas contenidas en las obras de Hinricus Madathanus Theosophus, y también las
comunicaciones de H. P. Blavatsky en su obra “Isis sin velo”. El proceso oculto hemos de
imaginar que consistió en que el fruto de la iniciación del treceavo se conservó en su cuerpo
etéreo postmortem y, por lo tanto, persiste en el aura espiritual de la tierra.
Este fruto tuvo efecto inspirador sobre los Doce así como sobre sus discípulos
posteriores, de modo que de ellos pudo originarse la corriente rosacruz oculta. Y el cuerpo
etéreo continuó activo, y al reencarnarse el treceavo de nuevo, ya en el siglo XIV, compenetró
el cuerpo etéreo de éste. Más o menos nació a mediados del siglo y vivió en esa encarnación
más de 100 años; se educó en el círculo de los discípulos y sucesores de los Doce, de manera
semejante pero no tan ajeno al mundo como en su encarnación anterior. Al llegar a los 28 años

31
de edad surgió en él un ideal extraño: Se sintió impelido a viajar ya salir de Europa. Primero
fue a Damasco, y allí se repitió para él una vez más la Experiencia que San Pablo había tenido.
Esta experiencia debe considerarse como fruto de un germen de la encarnación anterior. Todas
las energías del maravilloso cuerpo etéreo de la individualidad del siglo XIII habían quedado
intactas, y nada de él se desvaneció después de la muerte en el éter universal; era un cuerpo
etéreo íntegro permanente, intacto desde entonces en las esferas etéreas. Ese mismo cuerpo
etéreo, de sutil espiritualidad, iluminaba e irradiaba desde el mundo espiritual la nueva
encarnación que esa individualidad tenía en el siglo XIV. De ahí el impulso de volver a vivir el
Evento de Damasco. Esta es la individualidad de Christian Rosenkreutz; él era el treceavo en el
círculo de los Doce y de esa encarnación en adelante se le llamó así. Esotéricamente él ya era
Christian Rosenkreutz en el siglo XIII, pero no se le dio este nombre exotéricamente hasta el
siglo XIV y los discípulos del treceavo, los sucesores de los Doce del siglo XIII, son los
rosacruces.
Christian Rosenkreutz viajaba por todo el mundo conocido. Habiendo recibido instilada
toda la sabiduría de los Doce, fecundada por la gran Entidad de Cristo, le resultó fácil asimilar,
en el curso de siete años, toda la sabiduría de esa época. Regresó a Europa después de siete
años de ausencia y aceptó como discípulos a los más avanzados de entre los discípulos y
sucesores de los Doce y fue entonces cuando propiamente comenzó la labor de los rosacruces.
Gracias a las irradiaciones del maravilloso cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, fue
posible emprender un enfoque del mundo totalmente nuevo. Ahora bien, el trabajo realizado
por los rosacruces hasta nuestro tiempo ha sido externo e interno. El externo tuvo por objeto
explorar lo que se halla detrás de maya, mundo fenoménico concebido como imagen falaz.
Todo el macrocosmos se basa en un macrocosmos etéreo o cuerpo etéreo, en analogía al que
tiene el hombre. Existe cierta transición limítrofe de la sustancia más burda a la más fina.
Dirijamos nuestra mirada sobre el límite entre la sustancia física y etérea. Nada en el mundo
se parece a lo que se encuentra entre la sustancia física y la etérea; no es ni oro ni plata, ni
plomo ni cobre; es una sustancia incomparable con cualquier otra sustancia física: es la
esencia de todas ellas. Tenemos ahí una sustancia que está contenida en todas las demás
substancias físicas, de modo que estas pueden considerarse como modificaciones de aquélla.
Llegar a la visión clarividente de esa sustancia ha sido preocupación de los rosacruces. Ellos
han considerado como preparación para el desarrollo de esa visión la actividad acrecentada de
las energías morales del alma, actividad que luego hace visible la sustancia: en las energías
morales del alma veían la potencia para la visión. Los rosacruces efectivamente contemplaron
y descubrieron esa sustancia; encontraron que vive en forma determinada en el mundo, tanto
en el macrocósmico como en el humano. Fuera, en el exterior, la veneraron como el gran
manto, el ropaje del universo; en el interior, en el hombre la vieron brotar cuando en él existe
una reacción armoniosa entre pensamiento y voluntad. Veían las energías volitivas no solo en
el hombre, sino también en el macrocosmos, por ejemplo, en el trueno y el relámpago.
Asimismo, observaban también las energías intelectivas, por una parte en el hombre y, por
otra, en el mundo exterior, en el arco iris o en la aurora. Los rosacruces buscaban en las
irradiaciones del cuerpo etéreo del treceavo, de Christian Rosenkreutz, la energía para
realizar en la propia alma esa armonía entre voluntad y pensamiento.
Ha sido regla entre los rosacruces que todos sus descubrimientos permanecieran
secretos por cien años y que solo transcurrido ese tiempo se comunicaran al mundo. Solo
después de una labor de cien años sobre algo nuevo, se permitía hablar de él en forma
adecuada. Así se preparó del siglo XVII al siglo XVIII, lo que en 1785 halló expresión en el libro
“Los símbolos secretos de los rosacruces”.

32
También es de gran importancia saber que la inspiración rosacruz se transmite en cada
siglo en forma tal que su mensajero nunca se identifica exteriormente. Solo los supremos
iniciados lo saben. Hasta hoy, por ejemplo, no se podía hablar públicamente de los
acontecimientos de cien años atrás, período fijado para que se caractericen, ya que es
demasiado grande la tentación de otorgar a una autoridad personificada, si es portadora de un
mensaje, un culto de idolatría fanática, lo peor que puede suceder. Este peligro es muy
natural, y la discreción es una necesidad, no solo contra las tentaciones de la ambición y de la
altanería, quizá neutralizables, sino, sobretodo, contra los ataques astrales ocultos que se
dirigirían continuamente hacia una individualidad de esas características. De ahí la
importancia de no hablar de esos hechos durante cien años.
A consecuencia de la labor rosacruz, el cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz se
vigorizó y se hizo más potente de siglo en siglo. Ejercía su influencia no solo a través suyo, sino
asimismo a través de todos los que eran sus discípulos.
Desde el siglo XIV, Christian Rosenkreutz ha encanado una y otra vez. Todo lo que se
promulga como Teosofía recibe el vigor del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, y los que
la proclaman dejan que les haga sombra este cuerpo etéreo que puede actuar sobre ellos lo
mismo cuando Christian Rosenkreutz está encarnado que cuando no lo está.
En el siglo XVIII, el Conde de Saint-Germain fue la reencarnación esotérica de Christian
Rosenkreutz, solo que ese nombre se atribuía también a otras personas, de modo que no todo
lo que en diversas partes se dice del Conde de Saint-Germain es válido para el auténtico
Christian Rosenkreutz. También hoy Christian Rosenkreutz se halla encarnado. De las
irradiaciones de su cuerpo etéreo brotó la inspiración para la obra de H. P. Blavatsky “Isis sin
velo”. Esta misma influencia de Christian Rosenkreutz actuó también, invisible, sobre Lessing y
le inspiró su escrito sobre “La educación del género humano” (1780). Por el alud materialista
se hizo más y más difícil lograr inspiraciones en sentido rosacruz. En el siglo XIX, el
materialismo llegó a su pleamar. En consecuencia, mucho pudo presentarse únicamente en
rayos polirefractados. En 1851, Wiedenmann3 resolvió el problema de la inmortalidad, en el
sentido de la reencarnación; su escrito fue premiado. Hacia 1850, Drossbach4 escribió en
sentido reencarnacionista desde el punto de vista de la psicología.
Así es como también en el siglo XIX las irradiaciones del cuerpo etéreo de Christian
Rosenkreutz han seguido actuando. Y fue posible renovar la vida teosófica cuando, en 1899,
había expirado el pequeño Kali Yuga. Por esta razón, el acceso al mundo espiritual es hoy más
fácil, y el efecto espiritual es posible en mucha mayor medida. La entrega al ya poderoso
cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz significará para los hombres la nueva clarividencia y
despertará los poderes espirituales latentes, pero esto solo será posible para las personas que
sigan correctamente la disciplina de Christian Rosenkreutz. Hasta ahora se requería para ello
la preparación rosacruz esotérica; el siglo XX .tiene la misión de procurar que este cuerpo
etéreo cobre tanto poder que pueda asimismo obrar exotéricamente. Los que reciban su
influencia, podrán vivir la Experiencia que San Pablo tuvo ante las puertas de Damasco. Hasta
ahora, ese cuerpo etéreo solo ha influido sobre el movimiento rosacruz; en el siglo XX habrá
más y más personas que experimentarán ese efecto y de esta manera serán capaces de vivir la
aparición de Cristo en su cuerpo etéreo. La labor de los rosacruces hará posible que tengamos
la aparición etérea de Cristo y que aumente de día en día el número de quienes puedan
3“Reflexiones sobre la inmortalidad como repetición de las vidas terrenales” (1851).
4 “Renacimiento, o la solución del problema de la inmortalidad por el método empírico según leyes
naturales conocidas” (1844).

33
percibirla. Hemos de atribuir esta reaparición a la magna labor de los Doce y del treceavo
miembro en los siglos XIII y XIV.
Una vez convertidos ustedes en instrumentos de Christian Rosenkreutz, podrán estar
seguros de que hasta su más pequeño esfuerzo anímico tendrá valor para la eternidad.
Mañana nos ocuparemos de la obra de Christian Rosenkreutz. Un confuso instinto hacia
la ciencia del espíritu palpita hoy en la humanidad. Y podemos estar seguros de que por
doquiera que discípulos rosacruces trabajen seria. y conscientemente, crearán valores para la
eternidad. Toda labor espiritual, por pequeña que sea, nos hará ascender. Es necesario brindar
comprensión y veneración a la causa sagrada.



34
Conferencia II
LA OBRA DE CHRISTIAN ROSENKREUTZ
Hoy me corresponde decirles algo sobre la obra de Christian Rosenkreutz, obra que
comenzó con el siglo XIII, que ha durado hasta hoy y que seguirá durando para toda la
eternidad. El primer acto de esta obra lo constituye, desde luego, lo que ayer dijimos de la
iniciación de Christian Rosenkreutz y sobre lo que tuvo lugar entre el Colegio de los Doce y el
treceavo miembro. Al renacer Christian Rosenkreutz en el siglo XIV, encarnación que duró más
de cien años, tuvo por misión, como obra principal, la instrucción de los Doce. Durante ese
tiempo, apenas conocieron a Christian Rosenkreutz, otras personas fuera de los Doce, lo que
no quiere decir que él no se hubiera mezclado con la gente, sino simplemente que los demás
no lo conocieron. En el fondo, sigue siendo lo mismo hasta hoy, pero el cuerpo etéreo de
Christian Rosenkretz actuaba siempre en el recinto de sus discípulos, y sus energías actuaban
en círculos cada vez más amplios, y hoy ya existen muchas personas susceptibles de ser
compenetradas por las energías de este cuerpo etéreo.
Christian Rosenkreutz escoge de una manera muy peculiar a los que quiere convertir en
sus discípulos. Se trata siempre de que el escogido sea consciente de uno o varios eventos de
su vida. Esta elección por parte de Christian Rosenkreutz se efectúa en forma especial: el
candidato se ve conducido a un punto de viraje decisivo, a una crisis kármica.
Supongamos, por ejemplo, que una persona está en trance de cometer un acto que
puede causarle la muerte. Estos eventos pueden ser de la más variada índole: por ejemplo,
una persona camina por una vereda peligrosa y al llegar junto a un despeñadero sin darse
cuenta de ello, oye una voz que le dice ¡Detente!, y se para sin saber porque. Puede haber
miles de casos similares. Hemos de notar, sin embargo, que esto no es más que la señal
exterior, si bien la más importante de la llamada espiritual exterior. El pre-requisito para la
llamada interior es que el escogido se haya ocupado de algo espiritual, teosófico o de otra
ciencia espiritual. El suceso exterior que acabo de mencionar es un hecho del mundo físico,
aunque no procede de una voz humana; este hecho siempre tiene una estructura tal que el
candidato sabe de seguro que la voz procedió del mundo espiritual. En un principio puede
creerse que existe un hombre escondido por ahí, de quien la voz procede, pero cuando el
discípulo tiene la madurez necesaria, llega a comprender que ninguna persona física ha
intervenido en su vida. En resumen: el discípulo sabe de seguro que existen mensajes
procedentes del mundo espiritual, y estas experiencias las puede tener una sola vez o varias
en el curso de su vida.
Ahora bien hemos de comprender el efecto que este suceso produce en el alma del
discípulo. Se dice a sí mismo: por gracia me ha sido concedida una nueva vida cuando la
primera parecía perdida.
Esta nueva vida por gracia concedida otorga al discípulo luz para toda su vida posterior.
Tiene la clara sensación que se puede cifrar en las palabras “Sin esta mi vivencia rosacruz, yo
habría muerto”. Sin aquel suceso la vida que sigue no tendría el mismo valor. Puede suceder,
por cierto, que alguna persona haya tenido una o varias de esas experiencias y no obstante, no
encuentre luego el camino a la teosofía o a la ciencia espiritual: en estos casos puede

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posteriormente ser el recuerdo de dichas experiencias lo que permita la realidad del
encuentro. Muchos de los aquí presentes pueden examinar el curso de su vida y encontrarán
que en ello tuvieron lugar hechos parecidos, aunque generalmente hoy pasen inadvertidos. En
general, conviene que nos demos cuenta de que salen a nuestro encuentro muchos sucesos
importantes sin que los notemos. Sirva pues, esto de alusión a la manera de cómo el
rosacrucianismo elige a sus discípulos superiores.
Se presenta luego ante el discípulo la siguiente alternativa: o tal evento se cruza ante él
sin dejar huella, en cuyo caso la impresión se borra y él no atribuye a ella importancia alguna;
o bien intuyendo el significado de esa experiencia, llega a pensar: te encontrabas ante una
crisis, crisis kármica; tu vida había de terminar en aquel momento, llegaba a su fin; un a modo
de casualidad te salvó. Desde aquella hora, una segunda vida se halla, como si dijéramos,
injerta en la primera. Esta segunda vida la tienes que considerar como regalo, y vivirla de
conformidad.
Si una experiencia de esta índole provoca en un hombre la actitud anímica de que, en
adelante, su vida ha de ser considerada como regalo, se convierte en adepto de Christian
Rosenkreutz, ya que ésta es la manera como él atrae a las almas hacia sí. Quien recuerde una
experiencia de esta índole, quien la viva conscientemente podrá decir: Christian Rosenkreutz,
desde el mundo espiritual, me dio una señal de que pertenecía a su corriente; confirió a mi
karma la posibilidad de una experiencia como la que tuve; me señaló un camino; he de
seguirlo y ver cómo puedo poner mis energías al servicio del rosacrucianismo. Los que no
entendieron la señal, la entenderán más tarde; pues el que la haya recibido ya no se
emancipará de ella.
La posibilidad de que un hombre pueda tener una experiencia de la índole descrita, se
debe a que él, en el período entre su última muerte y su nacimiento a esta vida, se encontró
con Christian Rosenkreutz en el mundo espiritual; de ese momento parte la elección; fue
entonces cuando depositó en nosotros un impulso volitivo que después nos lleva a esas
experiencias. Así es como se producen las relaciones espirituales.
Para profundizar el tema, refirámonos ahora a la diferencia entre la enseñanza de
Christian Rosenkreutz en tiempos anteriores y en el actual. Antes, era más bien del tipo de las
ciencias naturales; ahora lo es más bien del tipo científico-espiritual. Así por ejemplo, antaño
se hablaba de procesos naturales y se llamaba a esa ciencia alquimia o, en la medida en que se
trataba de procesos extraterrestres, astrología. Hoy partimos más bien de la reflexión
espiritual. Si, por ejemplo, estudiamos las sucesivas épocas culturales post-atlantes: la cultura
india antigua, la persa, la egipcio-caldeo-babilónica y la greco-latina, este estudio nos aclara
la naturaleza de la evolución psíquica humana. El rosacruz medieval estudiaba aquellos
procesos naturales que consideraba como los procesos telúricos de la naturaleza.
He aquí el primer proceso importante: La salificación: el rosacruz medieval llamaba sal
a todo aquello que puede precipitarse o sedimentarse en una solución como sustancia sólida.
Sin embargo, al observar el rosacruz medieval esa salificación su concepto de ella era bien
distinto del que tiene el hombre actual; para que en aquél se operara la debida comprensión,
la contemplación del proceso debía suscitar en él la actitud de una plegaria. Por eso, el
rosacruz de la Edad Media trató de darse cuenta de cuál habría de ser el proceso que debería
tener lugar, para que esa misma salificación se produjera también en el alma. Pensaba: la
naturaleza humana se aniquila continuamente, debido a sus instintos y pasiones. Nuestra vida
sería una desintegración, un proceso de putrefacción, si nos entregáramos únicamente a
nuestros apetitos. Si el hombre quiere realmente protegerse contra ese proceso de
putrefacción, tiene que entregarse continuamente a pensamientos puros que tiendan hacia lo

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espiritual. Había que ennoblecer el pensamiento. Ese rosacruz sabía que, si en alguna
encarnación no transmutaba sus pasiones, nacería en la siguiente con determinadas
disposiciones patológicas; en cambio, que si las purificaba, reencarnaría en un cuerpo sano. El
proceso de superar, por la espiritualidad, las fuerzas de putrefacción, puede considerarse
como salificación microcósmica. Así comprenderemos cómo aquel proceso natural pudo
convertirse, para el rosacruz medieval, en la más fervorosa plegaria. Al contemplar la
salificación, los antiguos rosacruces se decían con casto sentimiento de devoción: Aquí, las
potencias divino-espirituales han actuado, durante milenios, de la misma manera que en mí
actúan los pensamientos puros. A través de la naturaleza como maya, adoro los pensamientos
de los Dioses, de las entidades divino-espirituales; me hago similar al macrocosmos si la
naturaleza suscita en mí sentimientos de esta categoría; en cambio, me separo de Dios,
abandono el macrocosmos, si me limito a observar el proceso exteriormente.
Otra experiencia era: la disolución, proceso natural que también conducía al rosacruz
medieval hacia la plegaria. Todo lo que es capaz de disolver, el rosacruz lo llamaba mercurio,
lo que le inducía a preguntar: ¿Cuál es la cualidad correlativa en el alma humana? ¿Qué factor
actúa en ella en forma semejante al mercurio del mundo exterior? El rosacruz medieval sabía
que ese factor significa cualquiera de las formas del amor, y distinguía, en analogía con las
formas inferiores y superiores del amor, entre los procesos de disolución inferiores y los
superiores. De esta manera, la contemplación del proceso de disolución se convirtió en otra
fervorosa plegaria en la que el teósofo medieval expresaba: El amor de Dios ha actuado
durante milenios en el mundo exterior, de manera parecida a como el amor actúa en mi
interior.
El tercer proceso natural importante era para el teósofo medieval, la combustión, esto
es, la consunción por medio del fuego de una sustancia exterior. y también en este proceso de
combustión buscaba el rosacruz medieval la contraparte anímica que encontraba en su entrega
fervorosa a la Divinidad. Y llamaba azufre o sulfur a todo lo que fuera capaz de destruirse
mediante el fuego. En los estados evolutivos de la tierra veía el proceso de la purificación
paulatina, comparable a un proceso de combustión o un proceso sulfúreo. Así como sabía que
en un futuro la tierra sería purificada por el fuego, así también consideraba la entrega
fervorosa a la Divinidad como un proceso de combustión. En los procesos telúricos reconocía la
labor de unos dioses que levantaban la mirada hacia otros superiores. Y, penetrado de
profunda devoción y de hondo sentimiento religioso, al contemplar la combustión se decía: en
este acto los dioses inferiores presentan su ofrenda a los dioses superiores, del mismo modo
que yo lo hago al llevar a cabo un proceso de combustión en mi propio laboratorio y solo se
consideraba digno de actuar en esta forma en su laboratorio, si se sentía penetrado de una
actitud de sacrificio, si sentía dentro de sí el deseo de entregarse en ofrenda a los dioses. El
poder de la llama henchía al teósofo medieval de profunda religiosidad que se manifestaba en
las palabras: al observar la llama en el macrocosmos, intuyo en ella el pensamiento de los
dioses, su amor y su actitud de sacrificio.
El rosacruz de la Edad Media llevó a cabo todos estos procesos en su propio laboratorio y
luego se entregó a la contemplación de la salificación, la disolución y la combustión,
entregándose siempre a sentimientos profundamente religiosos, lo que le llevaba a sentir su
conexión con las potencias macrocósmicas. Estos trámites anímicos provocaban en él: 1)
Pensamientos divinos, 2) Amor divino, 3) Sacrificio divino. Luego descubría que, al llevar a
cabo un proceso de salificación, surgían en él mismo pensamientos puros y purificantes; en el
de disolución se sentía impulsado hacia el amor penetrado de amor divino, y en el de
combustión se sentía atizado hacia un servicio de ofrenda, impelido a sacrificarse en aras del
mundo. Esto era lo que vivía el experimentador.

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Si, dotados de clarividencia, hubiéramos asistido a alguno de estos experimentos,
habríamos registrado un cambio en el aura de la persona que los hacía. Esta aura que, antes
del experimento, se veía muy turbia, impregnada de los apetitos e instintos que esa persona
había alimentado, se tornaba, como consecuencia del experimento, en aura de un solo color:
en el experimento de salificación era cobrizo, correspondiente a los pensamientos divinos
puros; en el de disolución, argentino, correspondiente al amor divino, y finalmente, en la
combustión, áureo, característico de la ofrenda a la divinidad. Los alquimistas decían que del
aura habían hecho el cobre subjetivo, la plata subjetiva y el oro subjetivo. A consecuencia de
ello, quien había pasado por semejante experiencia, quien había vivido semejante
experimento en efectividad interior, se penetraba por completo de amor divino.
El resultado de esas manipulaciones era, pues, un hombre impregnado de pureza, de
amor y de voluntad para el sacrificio y, mediante este servicio de ofrenda, los teósofos
medievales preparaban cierta clarividencia. Así es como el teósofo medieval podía intuir la
manera cómo los seres espirituales tras del velo de maya, hacían nacer y perecer las cosas; así
como comprender cuáles de entre las aspiraciones del alma favorecen nuestro desarrollo y
cuáles no. Conocía así nuestras propias fuerzas generatrices y de descomposición.
Con base en la contemplación de la naturaleza, el teósofo medieval comprendió la ley
de la evolución ascendente y descendente, y expresó en imágenes y figuras imaginativas, la
ciencia de esta manera adquirida. Se trataba de una especie de conocimiento imaginativo, y
resultado de ello es lo que ayer comentamos como “Los símbolos secretos de los rosacruces”.
Así es como trabajaron los mejores alquimistas del siglo XIV al XVIII, incluso hasta a principios
del XIX. Sobre esta labor realmente moral, ética e intelectual, nada se ha impreso, pues lo que
se ha divulgado sobre la alquimia en letra de imprenta, escrito por quienes se ocuparon de ella
como finalidad en sí, han sido únicamente los experimentos puramente exteriores. El pseudo-
alquimista pretendía producir sustancias; en los experimentos de combustión de sustancias tan
solo le interesaba la ganancia del resultado material; en cambio, el alquimista verdadero no
atribuía importancia alguna al producto final; solo le interesaban las vivencias anímicas que se
tenían durante la formación de la sustancia, los pensamientos y vivencias que latían en su
interior. De ahí que fue una ley estricta para el teósofo medieval que en sus experimentos
llegara a producir oro o plata, no beneficiarse personalmente de ello; solo le era permitido
regalar los metales producidos. El hombre de nuestra época ya no tiene una idea correcta de
esos experimentos; nada sabe de lo que vivió el que los llevaba a cabo; el que, por ejemplo,
en los procesos que condujeron a la obtención del antimonio, los experimentadores
registraban importantes impresiones de orden moral: el teósofo medieval podía vivir en su
laboratorio verdaderos dramas anímicos.
Si esas cosas no hubieran tenido lugar en aquel entonces, hoy no podríamos dedicarnos
al rosacrucianismo en el sentido de la ciencia espiritual. Lo que el rosacruz medieval
experimentaba en presencia de los procesos naturales, era una ciencia natural sagrada; lo que
él vivía a través de las actitudes de sacrificio espiritual, de los regocijos, de los inusitados
fenómenos de la naturaleza, del dolor y la tristeza, de todos los incidentes agradables que lo
exaltaban durante sus experimentos: todo esto tenía para él un efecto redentor y de
liberación. Pero hoy yace en los repliegues más íntimos del alma todo lo que en aquellos
tiempos se sembró en ella.
¿Como podernos volver a encontrar actualmente aquellas energías escondidas que
conducían entonces a la clarividencia? Buscándolas en la ciencia espiritual por medio de la
meditación y la concentración serias; entregándonos por entero a la vida interior del alma.
Gracias a este desarrollo interior la atención hacia la naturaleza paulatinamente vuelve a

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convertirse en una ofrenda, solo posible si los hombres se ocupan, con todo su ser, de lo que
hemos llamado ciencia espiritual. Para que en el porvenir vuelva a ser posible percibir la
verdad espiritual detrás de la naturaleza, comprender lo espiritual detrás de maya, es
indispensable que miles de personas se dediquen a la ciencia espiritual, lleven una vida
interior. Entonces será posible que un grupo, pequeño al principio, pueda participar del evento
de San Pablo en el camino de Damasco, y percibir al Cristo etéreo que, en forma
suprasensible, desciende hacia los hombres.
Pero ante todo es necesario que el hombre recobre la visión espiritual de la naturaleza.
El que no conoce todo el significado íntimo del esfuerzo rosacruz puede creer que la
humanidad está todavía en el mismo escalón de hace 2.000 años. Mientras el hombre no se
sume a ese esfuerzo solo posible a través de la ciencia del espíritu no podrá llegar a la visión
espiritual.
Por el Hecho del Bautismo en el Jordán, cuando Cristo descendió en el cuerpo de Jesús
de Nazaret, y por el Misterio del Gólgota, la humanidad obtuvo la facultad de ver y de vivir a
Cristo todavía en nuestro milenio, más o menos a partir de 1930. Cristo pisó la tierra en un
cuerpo físico una sola vez, y es necesario comprender este hecho. El retorno de Cristo
significa tener de El una percepción suprasensible en el cuerpo etéreo. De ahí que todo aquel
que quiera apreciar el curso correcto de la evolución, deberá conquistar la facultad de poder
ver con el ojo espiritual.
No habría progreso en la humanidad, si Cristo tuviera que reaparecer en un cuerpo
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físico . La próxima vez se manifestará en un cuerpo etéreo. Lo que las diferentes confesiones
religiosas podían suministrar fue recopilado por Christian Rosenkreutz y el Colegio de los Doce.
El efecto de esto será que lo que han dado las religiones particulares, lo que sus adeptos han
inspirado y deseado, se encuentra de nuevo en el impulso crístico. La evolución de los
próximos tres milenios ha de consistir en creer y fomentar la comprensión de esto impulso
crístico. Del siglo XX en adelante todas las religiones se reunirán en el Misterio Rosacruz. Y
esto será posible en los próximos tres milenios debido a que ya no será necesario instruir a la
humanidad con base únicamente en documentos: por la visión de Cristo, ellos mismos
comprenderán el Evento que San Pablo vivió en el camino de Damasco; la humanidad misma
pasará por la vivencia de San Pablo.
5.000 años después de la iluminación del Buda bajo el árbol Bodhi, aparecerá el
Maitreya-Buda; esto es, aproximadamente en el tercero de los milenios que siguen al nuestro.
Él será el sucesor de Gautama Buda. Sobre este punto no puede haber discusión entre los
ocultistas auténticos; están de acuerdo los occidentales y los orientales. Dos son, pues, los
hechos incontrovertibles:
Primero: Que el Cristo no pudo aparecer en cuerpo físico más que una sola vez y que en
el siglo XX reaparecerá en cuerpo etéreo. Si bien es cierto que en el siglo XX surgirán grandes
individualidades como, por ejemplo, el Bodisatva que, como sucesor de Gautama Buda, se
convertirá dentro de unos 3.000 años en Maitreya Buda, ningún ocultista verdadero designará
como Cristo a un hombre físicamente encarnado en el siglo XX; ningún ocultista verdadero
esperará al Cristo en el siglo XX en un cuerpo físico6. Todo ocultista auténtico considerará
semejante afirmación como incorrecta. Será función del Bodisatva llamar la atención sobre
Cristo.

5Obvia crítica de Steiner a el “affaire Krishnamurti”.


6La insistencia de Steiner sobre este punto se debe a su inminente separación de la Sociedad
Teosófica (1912), donde se proclamaba a Krishnamurti como el “Instructor del Mundo”.

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Segundo: El Bodisatva que apareció como Jeshu ben Pandira, solo aparecerá como
Maitreya Buda 3.000 años después de nuestra época. Los auténticos ocultistas de la India se
indignarían si se afirmara que Maitreya Buda pudiera aparecer antes de ese tiempo. No es
imposible, sin embargo, que existan también en la India ciertos ocultistas que no sean
ocultistas verdaderos y que mencionen, por intereses particulares, la encarnación de un
Maitreya Buda en nuestra época.
La entrega correcta a la teosofía rosacruz y la devoción correcta hacia Christian
Rosenkreutz nos preservará contra el peligro de caer en esos errores.
Todo esto se presenta en el rosacrucianismo de una forma accesible al escrutinio de la
razón; todo esto puede examinarse mediante el sano y cotidiano sentido común. No crean
nada por mi autoridad, sino recíbanlo todo como simple invitación a examen. Estoy sosegado y
confiado: a mayor examen, más razón encontrarán en la teosofía o ciencia espiritual. Cuando
menos fe le otorguen a la autoridad, más comprensión tendrán para Christian Rosenkreutz. La
mejor manera de conocerlo es ahondar con todo corazón en su individualidad y comprender
que su espíritu subsistirá para siempre; cuanto más nos acerquemos a él, más su energía nos
fortalecerá. Si invocamos la ayuda de este gran Guía siempre presente, podemos esperar de su
cuerpo etéreo mucha energía y auxilio.
También comprenderemos el extraño fenómeno del letal debilitamiento de Christian
Rosenkrelitz, si profundizamos correctamente la labor científico-espiritual. Recordemos que
esta individualidad vivió en el siglo XIII en un cuerpo físico enervado hasta la transparencia, en
cuyo estado yació como muerto durante varios días recibiendo de los Doce la sabiduría que
ellos poseían y viviendo precisamente también entonces el Hecho de Damasco.
¡Que el espíritu del rosacrucianismo verdadero inspire esta Rama de nuestra Sociedad y
palpite en ella, porque entonces el gran cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz está presente
aquí con tanta mayor intensidad!
Con esto doy por inaugurado el trabajo de esta Roma. Suplico a los aquí reunidos
ayudar, en la medida de sus fuerzas, a sus hermanos de Neuchâtel así como mandarles muchos
buenos pensamientos para que el espíritu de la Rama aquí fundada persista para siempre.
Cuanto más nos acerquemos a la elevada causa, tanto más rápidamente llegaremos a la meta.
Yo mismo quiero recordarles, una y otra vez, nuestro gran trabajo prometedor y suplico al gran
Guía de Occidente que nos preste su ayuda. ¡Que esta Rama sea uno de los ladrillos del templo
que queremos erigir! Dentro del espíritu de Christian Rosenkreutz inauguramos esta Rama y
dentro de él trataremos de llevar adelante el trabajo emprendido.

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