Sentencia C-277/98
SENTENCIA ANTICIPADA-Procedencia
La sentencia anticipada, contenida en el artículo 37 del Código de
procedimiento penal, tal como quedó modificada por el artículo 3° de la ley
81 de 1993, norma que a su vez fue reproducido casi en su integridad por el
artículo 11 de la ley 365 de 1997, tiene lugar, exclusivamente, a instancia del
imputado, quien puede intentarla en dos momentos procesales: 1°- durante la
etapa instructiva, a partir de la ejecutoria de la resolución que define la
situación jurídica hasta antes de que se cierre la investigación; y 2°- en la
etapa del juzgamiento, una vez ejecutoriada la resolución acusatoria hasta
antes de que se fije fecha para la celebración de la audiencia pública. El
momento procesal elegido para presentar la solicitud incide necesariamente
en el monto de la rebaja de pena. Por ello, si la solicitud tiene ocurrencia en
la etapa de la instrucción, el sindicado tiene derecho a una disminución de la
pena "de una tercera (1/3) parte", mientras que si ocurre en la etapa de
juzgamiento, el beneficio de rebaja de pena será "hasta de una octava (1/8)
parte".
SENTENCIA ANTICIPADA-Requisitos
Para que el juez pueda dictar la sentencia anticipada se exige el
cumplimiento de dos requisitos sustanciales: (1°) que el imputado acepte
íntegramente su responsabilidad en relación con los hechos que se investigan
y, (2°) que exista plena prueba sobre la ocurrencia del hecho y sobre la
culpabilidad del sindicado (art. 247 C.P.P.). Con el fin de dar cumplimiento a
estas exigencias, la ley faculta al Fiscal para que, una vez presentada la
solicitud, ordene la ampliación de la indagatoria y la práctica de pruebas.
DERECHO A LA JUSTICIA-Contenido
El derecho a la justicia se constituye entonces en una manifestación concreta
del principio según el cual todas las personas tienen derecho a una igual
protección por parte del Estado. Por ello, siguiendo la jurisprudencia
constitucional, "el artículo 229 de la Carta debe ser concordado con el
artículo 13 ibídem, de tal manera que el derecho a ‘acceder’
igualitariamente ante los jueces implica no sólo la idéntica oportunidad de
ingresar a los estrados judiciales sino también el idéntico tratamiento que
tiene derecho a recibirse por parte de jueces y tribunales...".
INDEMNIZACION DE PERJUICIOS EN PROCESO
PENAL/DERECHOS DE LAS VICTIMAS DE LOS DELITOS
Los derechos de las víctimas del proceso penal y, en particular a la
indemnización de perjuicios, no son sólo una manifestación de los derechos
de justicia e igualdad sino que se constituyen también en una expresión de los
deberes constitucionales del Estado. De allí que la Carta Política le haya
impuesto a la Fiscalía General de la Nación, en desarrollo de su misión de
investigar los delitos y acusar a los presuntos infractores, la obligación de "...
tomar las medidas necesarias para hacer efectivos el restablecimiento del
derecho y la indemnización de los perjuicios ocasionados por el delito.".
Dentro de la concepción de Estado social de derecho, que reconoce como
principios esenciales la búsqueda de la justicia y el acceso a la misma, el
derecho procesal penal no sólo debe operar, como manifestación del poder
sancionador del Estado, a favor del incriminado, sino que debe procurar
también por los derechos de la víctima. Debe entonces -el proceso penal-
hacer compatibles los intereses de ambos sujetos procesales, pues, el
perjudicado con el delito no puede convertirse en una pieza suelta e ignorada
por la política criminal del Estado ya que, como se ha explicado, los
derechos de los sujetos procesales constituyen valores y principios
reconocidos por la Constitución Política.
DERECHO A CONSTITUIRSE COMO PARTE CIVIL EN
PROCESO PENAL
El derecho que tiene el afectado con el delito a constituirse en parte civil
dentro del proceso penal o, en su defecto, a obtener del juez penal el
reconocimiento de los perjuicios cuando éstos se encuentren debidamente
probados, tiene fundamento en el derecho constitucional de las víctimas a
participar en el proceso penal y en la obligación estatal de restablecer los
derechos afectados con el ilícito.
SENTENCIA ANTICIPADA Y RESPONSABILIDAD CIVIL-
Relevar al juez de pronunciarse sobre responsabilidad desconoce
derechos y principios constitucionales
La norma acusada, al relevar al juez penal de la obligación de pronunciarse
sobre la responsabilidad civil, en los casos de sentencia anticipada, está
desconociendo los derechos y principios constitucionales que en materia de
igualdad y justicia tiene la víctima o el perjudicado con el delito.
Desconocimiento que resulta aun más evidente cuando el juez penal, a pesar
de haber encontrado probados los perjuicios ocasionados por el delito, no
puede pronunciarse sobre ellos, por la circunstancia de haberse acogido el
sindicado, durante la etapa instructiva o de la causa, a la figura de la
sentencia anticipada en cualquiera de sus modalidades. La norma acusada,
entraña entonces una medida desproporcionada e irrazonable por cuanto en
el afán de proteger a ultranza el interés colectivo, sacrifica sin prudencia el
interés particular del afectado que también es objeto de protección
constitucional.
SENTENCIA DE CONSTITUCIONALIDAD CONDICIONADA-
Improcedencia
Es claro que el juez constitucional, so pretexto de aplicar los principios de
conservación del derecho y de interpretación armónica y sistemática de la
ley, no puede sostener algo que el precepto no contempla ni proponer
fórmulas de entendimiento que exceden el sentido natural y obvio de la
norma, mucho menos, cuando se trata de disposiciones que por fijar
prohibiciones deben ser interpretadas en forma restrictiva.
Referencia: Expediente D-1912
Demanda de inconstitucionalidad contra
el numeral 5° del artículo 37B del Código
de Procedimiento Penal, modificado por
el artículo 12 de la Ley 365 de 1997.
Actora: Silvia Isabel Reyes Cepeda.
Magistrado Ponente:
Dr. VLADIMIRO NARANJO MESA
Santafé de Bogotá, D.C., tres (3) de junio de mil novecientos noventa y ocho
(1998)
I. ANTECEDENTES
La ciudadana Silvia Isabel Reyes Cepeda, en ejercicio de la acción pública de
inconstitucionalidad consagrada en los artículos 241 y 242 de la Constitución
Política, demandó la inexequibilidad del numeral 5° del artículo 37B del
Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo 12 de la Ley 365
de 1997.
Admitida la demanda se fijó en lista el negocio en la Secretaría General de la
Corporación para efectos de la intervención ciudadana y se dio traslado al
procurador general de la Nación, quien rindió el concepto de su competencia.
Una vez cumplidos los trámites previstos en el artículo 242 de la Constitución
y en el Decreto 2067 de 1991, procede la Corte a resolver sobre la demanda
de la referencia.
II. TEXTO DE LA NORMA ACUSADA
El tenor literal de las normas es el siguiente, con la aclaración de que se
subraya lo demandado.
“Ley 365 de 1997
“(febrero 21)
“Por la cual se establecen normas tendientes a combatir la
delincuencia organizada y se dictan otras disposiciones
“(…)
“Artículo 12. El ”artículo 37B del Código de Procedimiento Penal,
quedará así:
“ARTICULO 37B: Disposiciones Comunes. En los casos de los
artículos 37 y 37ª de este Código se aplicarán las siguientes
disposiciones:
“(…)
“5. Exclusión del tercero civilmente responsable y de la parte civil.
Cuando se profiera sentencia anticipada en los eventos contemplados en
los artículo 37 ó 37ª de este código, en dicha providencia no se
resolverá lo referente a la responsabilidad civil.
“(…)”
III. LA DEMANDA
1. Normas constitucionales que se consideran infringidas
Estima la demandante que la disposición acusada es violatoria de los artículos
2° y 13 de la Constitución Política.
2. Fundamentos de la demanda
Según la demanda, la norma acusada, al impedir que se defina la
responsabilidad civil dentro de los procesos en los que los sindicados se han
acogido al beneficio de la sentencia anticipada, establece un privilegio
discriminatorio en favor de los criminales confesos, perjudicando con ello a
las víctimas que se han constituido en parte civil dentro del proceso penal.
“Tamaño desequilibrio -agrega la impugnante- ocasionado por la
modificación de la norma en comento, rompe el principio de igualdad ante la
ley en perjuicio de la víctima del delito confesado y (sic) que tiene derecho a
la reparación de los perjuicios que tal delito le ocasionó; y se rompe el
principio de la igualdad en la medida en que se crea una situación de
privilegio para el delincuente, frente a la evidente desmejora moral y material
que el delito le ha ocasionado a la víctima, quien quedará obligada, por tal
situación, a larguísimos trámites ante la justicia civil para intentar obtener la
reparación del daño.”
La demanda sostiene que al actor civil no se le están garantizando ni el
principio de la igualdad ni su derecho a obtener una reparación de los daños
derivados del delito, lo que constituye una violación del artículo 2° de la Carta
Política y una evidente denegación de justicia.
Adicionalmente, cree que los debates legislativos que dieron con la
aprobación del artículo acusado, no fueron lo suficientemente profundos ni
razonados frente a la posibilidad de impedir el pronunciamiento sobre la
responsabilidad civil en procesos con sentencia penal anticipada. Considera,
en consecuencia, que la modificación introducida por la Ley 18 de 1996
carece de justificación pues, además de favorecer de manera
desproporcionada al delincuente con la disminución de la pena, lo hace con el
aplazamiento de su responsabilidad civil al obligar a la víctima a acudir a la
jurisdicción ordinaria para definir por esa vía la responsabilidad de su
victimario.
IV. INTERVENCIONES
Intervención del Ministerio de Justicia y del Derecho
Dentro de la oportunidad legal prevista en el proceso de la referencia
intervino el Ministerio de Justicia y del Derecho, representado por el
ciudadano Alvaro Namén Vargas, para defender la constitucionalidad de la
expresión demandada.
El interviniente señala que la inconsistencia de los cargos radica en suponer
una desigualdad generada por la imposibilidad de reclamar el pago de los
perjuicios generados por el delito, porque ya sea a través de los
procedimientos autónomos de la jurisdicción ordinaria o por el mecanismo de
la demanda civil en el proceso penal, las víctimas siempre podrán ver
resarcidos los daños infligidos. “De otro modo -agrega- no puede entenderse
cómo nuestro ordenamiento consagra la facultad de que la víctima escoja
entre la acción civil en el proceso penal o en un proceso ordinario ante la
jurisdicción civil; en uno y otro caso el resultado que se persigue siempre será
el mismo”.
Para el representante del Ministerio, el fin último del trámite de la sentencia
anticipada, que radica en definir sumariamente y de forma ágil la
responsabilidad penal del sindicado, se vería frustrado si se admitiera resolver
inmediatamente la civil, incluso con riesgo para el debido proceso de las
víctimas, dadas las vicisitudes y complicaciones que identifican este tipo de
procedimientos.
Por último, señala el interviniente que la ley establece la posibilidad de
solicitar medidas provisionales para impedir que los procesados distraigan sus
bienes y hagan nugatoria la ejecución de la sentencia, medidas que cobran
mayor efectividad en beneficio de los perjudicados, si está de por medio la
confesión del responsable.
V. CONCEPTO DEL PROCURADOR GENERAL DE LA NACION
El señor procurador General de la Nación, dentro de la oportunidad legal
prevista, solicitó a esta Corporación la declaración de constitucionalidad de la
norma demandada, por cuanto considera que ésta contempla la posibilidad de
que al momento de definir la responsabilidad penal del sindicado, se resuelva
también la responsabilidad civil, siempre y cuando el juzgador tenga en su
poder los elementos probatorios que le permitan hacerlo. “De lo contrario
-agrega- se estaría enviando a la víctima del delito a iniciar un juicio civil
ordinario, cuando la jurisdicción penal se encuentra facultada y en la
posibilidad de resolver sobre el monto de los perjuicios ocasionados por el
delito”.
En suma, el señor procurador estima que la norma acusada no patrocina una
denegación de justicia por cuanto el juez penal puede resolver sobre las dos
responsabilidades, la penal y la civil, si tiene los elementos de juicio
necesarios.
VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE
1. La competencia
Esta Corte es competente para decidir en definitiva sobre la constitucionalidad
de la norma acusada, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 241,
numeral 4, de la Constitución Política.
2. Lo que se debate
Según la demandante, la norma acusada, al relevar al juez penal de la
obligación de pronunciarse sobre la responsabilidad civil derivada del delito
en los casos en que el sindicado se acoja a la figura de la sentencia anticipada,
desconoce lo establecido en los artículos 2° y 13 de la Constitución Política.
A su juicio, la disposición demandada crea una grave desigualdad entre los
sujetos que intervienen en el proceso penal pues mientras el sindicado confeso
es beneficiado con la disminución de la pena imponible, la víctima o el
perjudicado resulta seriamente afectada en su interés jurídico de obtener la
reparación del daño causado por el delito.
2.1 Formas de terminación abreviada del proceso penal
En desarrollo de una política criminal dirigida a descongestionar los
despachos judiciales y a lograr una mayor eficiencia y eficacia en la
administración de justicia1, el legislador colombiano consagró en el estatuto
procesal penal dos formas de terminación abreviada del proceso: la sentencia
anticipada y la audiencia especial. Mediante tales figuras jurídicas se busca
prescindir de algunas etapas procesales y proferir anticipadamente la
sentencia cuando el imputado, a cambio de una disminución o rebaja de la
pena imponible, admite o negocia su responsabilidad con fundamento en los
cargos que han sido elevados en su contra. Estas formas de terminación
abreviada del proceso son aplicables para toda clase de delitos y, por
configurar un acuerdo previo sobre la culpabilidad del sindicado, la sentencia
que se profiera tendrá que ser necesariamente condenatoria.
Es importante precisar que, a pesar de que ambas figuras jurídicas constituyen
formas de terminación abreviada del proceso y, en consecuencia, terminan
con sentencia condenatoria anticipada, existen algunas diferencias en cuanto a
las circunstancias legales que convocan a su realización material. Esto explica
por qué aparecen reguladas en forma independiente dentro del ordenamiento
procesal penal.
La sentencia anticipada, contenida en el artículo 37 del Código de
procedimiento penal, tal como quedó modificada por el artículo 3° de la ley
81 de 1993, norma que a su vez fue reproducido casi en su integridad por el
artículo 11 de la ley 365 de 1997, tiene lugar, exclusivamente, a instancia del
imputado, quien puede intentarla en dos momentos procesales: 1°- durante la
etapa instructiva, a partir de la ejecutoria de la resolución que define la
situación jurídica hasta antes de que se cierre la investigación; y 2°- en la
etapa del juzgamiento, una vez ejecutoriada la resolución acusatoria hasta
antes de que se fije fecha para la celebración de la audiencia pública. El
momento procesal elegido para presentar la solicitud incide necesariamente
en el monto de la rebaja de pena. Por ello, si la solicitud tiene ocurrencia en la
etapa de la instrucción, el sindicado tiene derecho a una disminución de la
pena “de una tercera (1/3) parte”, mientras que si ocurre en la etapa de
juzgamiento, el beneficio de rebaja de pena será “hasta de una octava (1/8)
parte”.
Para que el juez pueda dictar la sentencia anticipada se exige el cumplimiento
de dos requisitos sustanciales: (1°) que el imputado acepte íntegramente su
responsabilidad en relación con los hechos que se investigan y, (2°) que exista
plena prueba sobre la ocurrencia del hecho y sobre la culpabilidad del
sindicado (art. 247 C.P.P.). Con el fin de dar cumplimiento a estas exigencias,
la ley faculta al Fiscal para que, una vez presentada la solicitud, ordene la
ampliación de la indagatoria y la práctica de pruebas.
1
Cfr. las Sentencia C-425/96 (M.P., doctor Carlos Gaviria Díaz) y C-394/93 (M.P. doctor Antonio Barrera
Carbonell), mediante las cuales, atendiendo a su naturaleza jurídica, la Corte encontró ajustada a la
Constitución la figura de la Sentencia Anticipada y la audiencia especial.
Los cargos formulados por la autoridad judicial y su aceptación por parte del
procesado se deben consignar en un acta que, por expresa disposición legal, se
equipara a la resolución acusatoria. Dicha acta deben suscribirla el Fiscal y el
procesado, si la diligencia tiene lugar en la etapa de instrucción y el juez y el
procesado si ocurre durante el juzgamiento. Suscrita el acta, se remite al juez
competente quien tiene diez (10) días hábiles para dictar sentencia “conforme
a los hechos y circunstancias aceptados, siempre que no haya violación de las
garantías fundamentales”.
Por su parte, la audiencia especial, contenida en el artículo 37A del Código de
Procedimiento Penal, incorporado a dicho ordenamiento por el artículo 4° de
la ley 81 de 1993, tiene lugar a instancia del fiscal o a iniciativa del procesado
y sólo puede solicitarse en la etapa instructiva, a partir de la ejecutoria de la
resolución que define la situación jurídica del sindicado y hasta antes de que
se ordene cerrar la investigación. Por acogerse a la figura de la audiencia
especial, el sindicado tiene derecho a una rebaja de pena de una sexta (1/6) a
una tercera parte (1/3).
Para que proceda la audiencia especial y, por ende, para que pueda dictarse
sentencia anticipada, es también necesaria la concurrencia de dos
presupuestos sustanciales: (1°) que el imputado acepte la responsabilidad del
delito o delitos investigados y, (2°) que existan dudas probatorias sobre
aspectos distintos a la responsabilidad penal. Es esta, precisamente, la
circunstancia que impide que la audiencia especial tenga lugar en la etapa del
juzgamiento pues una vez proferida la resolución acusatoria, debe entenderse
que las dudas probatorias suscitadas ya han sido despejadas y, por tanto, al
sindicado sólo le quedaría la posibilidad de acogerse a la figura de la
sentencia anticipada si desea obtener una rebaja de pena por este concepto.
Terminada la audiencia se suscribirá un acta que contenga lo acordado entre
sindicado y fiscal, acta que se remitirá al juez competente para que proceda a
dictar sentencia dentro de los diez (10) días siguientes, siempre y cuando
encuentre el acuerdo ajustado a la ley y no se hayan violado derechos
fundamentales del procesado. De no encontrarlo ajustado a la ley, el juez
puede formularle observaciones, caso en el cual se devolverá el expediente al
Fiscal para que cite a una nueva audiencia, o declararlo improbado,
retomando el proceso su trámite normal.
Para efectos de adelantar el acuerdo, la ley tiene prevista la suspensión de la
actuación procesal por un término que no podrá exceder de treinta (30) días
hábiles. Sin embargo, se autoriza la práctica de diligencias urgentes de
instrucción que tiendan a evitar la desaparición y alteración de pruebas
orientadas a demostrar la ocurrencia y responsabilidad del hecho punible.
Ahora bien, el artículo 37B del mismo ordenamiento, tal como quedó
modificado por el artículo 12 de la ley 365 de 1997, contempla unas
disposiciones comunes a las dos formas de terminación abreviada del proceso.
Entre ellas, la correspondiente al numeral 5°, objeto del presente debate, que
expresamente consagra:
“Exclusión del tercero civilmente responsable y de la parte civil. Cuando
se profiera sentencia anticipada en los eventos contemplados en los
artículos 37 ó 37A de este código, en dicha providencia no se resolverá lo
referente a la responsabilidad civil.”
La circunstancia de relevar al juez penal del compromiso de condenar al pago
de los perjuicios ocasionados con el delito ocasiona, a juicio de la actora, una
discriminación que afecta substancialmente los derechos de la parte afectada
pues en la práctica la excluye de su participación en el proceso. Sobre el
particular, debe la Corte hacer algunas precisiones, referidas al alcance de los
derechos procesales de las víctimas o perjudicados con el delito y a la
obligación del juez penal para resolver sobre los perjuicios. Esto con el fin de
determinar si la norma acusada es inconstitucional.
2.2 La responsabilidad civil derivada del delito y el derecho de las víctimas
o perjudicados a su reconocimiento dentro del proceso penal.
El delito, como hecho típico, antijurídico y culpable, genera un daño público
que se materializa en el desconocimiento de aquellas normas que han sido
impuestas por el legislador para mantener las condiciones de existencia,
conservación y desarrollo de la sociedad, y un daño privado en cuanto afecta
el patrimonio de una o varias personas.
Del daño público se deriva la acción penal que otorga al Estado, como titular
del poder punitivo, la facultad para investigar y juzgar la conducta ilícita que
ha atropellado bienes jurídicamente tutelados, relevantes para la vida en
comunidad. Del daño privado nace la acción civil que se interpreta como el
derecho que tiene la víctima o el perjudicado para reclamar el pago de los
perjuicios que se hayan ocasionado con el delito.
Por tener origen en una misma fuente (el delito), la normatividad vigente ha
establecido la posibilidad de que estas dos acciones, civil y penal, puedan
acumularse y decidirse en un sólo proceso. De ahí que se le otorgue a la
víctima o al perjudicado la opción de reclamar los perjuicios ocasionados por
el delito, o bien ante la jurisdicción civil, mediante el trámite de un proceso
ordinario, o bien dentro del proceso penal, a través de la constitución de parte
civil. Al respecto, el artículo 43 del Código de Procedimiento Penal (C.P.P.)
dispone:
“ART. 43.- Titulares de la acción civil. La acción civil individual o
popular para el resarcimiento de los daños y perjuicios individuales y
colectivos causados por el hecho punible, podrán ejercerse ante la
jurisdicción civil, o dentro del proceso penal, a elección de las personas
naturales o jurídicas perjudicadas, o por los herederos o sucesores de
aquéllas, o por el Ministerio Público o el actor popular cuando se afectan
intereses colectivos.”
En concordancia con la norma citada, el artículo 149 del mismo ordenamiento
señala:
“ART. 149.- Definición: Con la finalidad de obtener el restablecimiento
del derecho y el resarcimiento del daño ocasionado por el hecho punible,
el perjudicado o sus sucesores, a través de abogado, podrán constituirse
en parte civil dentro de la actuación penal”. (Negrillas fuera de texto).
Al margen del derecho que le asiste a la víctima del delito para constituirse en
parte civil dentro del proceso penal y con el propósito de garantizar la
reparación de los daños causados con el delito, la ley le impone al juez la
obligación de liquidar los perjuicios en todos los casos en que se profiera
sentencia condenatoria y se encuentre demostrada la existencia de los
mismos. Sólo cuando el ofendido haya promovido en forma independiente la
acción civil, el juez penal debe o abstenerse de imponer condena al pago de
perjuicios, o dejarla sin efectos cuando la misma se haya producido.
Al respecto, anotan los artículos 55, 56 y 180 del C.P.P.:
“ART. 55.- Sentencia condenatoria y pronunciamiento sobre los
perjuicios. En todo proceso penal en que se haya demostrado la existencia
de perjuicios provenientes del hecho investigado, el funcionario procederá
a liquidarlos, para lo cual podrá disponer la intervención de un perito
según la complejidad del asunto, y condenará al responsable de los daños
en la sentencia.
“En los casos de perjuicios materiales o morales no valorables
pecuniariamente, la indemnización se fijará en la forma prevista en los
artículos 106 y 107 del Código Penal.
“Cuando en el proceso obrare prueba de que el ofendido ha promovido
independientemente la acción civil, el funcionario se abstendrá de imponer
condena al pago de perjuicios. Para todos los efectos legales, será ineficaz
la condena impuesta en un proceso penal al pago de perjuicios, cuando se
ha ejercido independientemente la acción civil.
“ART. 56.- De la liquidación de perjuicios. En la sentencia que declare la
responsabilidad penal del procesado, el juez deberá señalar el monto de
los perjuicios individuales o colectivos ocasionados por el hecho punible
“...
“ART. 180.- Redacción de la sentencia. Toda sentencia contendrá:
“...
“8. La condena en concreto al pago de perjuicios si a ello hubiere lugar.”
Para hacer efectiva la condena en perjuicios y garantizar los derechos
patrimoniales de las víctimas o los perjudicados, el funcionario penal puede
adoptar una serie de medidas de carácter preventivo como son, entre otras, la
de decretar el embargo y secuestro de los bienes del procesado, disponer la
cancelación de títulos y registros obtenidos en forma fraudulenta, ordenar el
comiso o remate de bienes con los cuales se haya cometido el delito o que
hayan servido de instrumentos para su consumación (arts. 338 y 339) e
incluso declarar la extinción de dominio sobre bienes obtenidos ilícitamente
(art. 340). Todas ellas, ordenadas de oficio cuando el funcionario, por
cualquier medio, conozca claramente las circunstancias o razones que le dan
origen.
Incluso, cuando no puedan avaluarse pecuniariamente los perjuicios por no
existir elementos de juicio suficientes para fijarlos por medio de perito, la ley
penal le otorga al juez la facultad de tasarlos prudencialmente tomando en
consideración factores como la naturaleza del hecho, la ocupación habitual
del ofendido, los gastos ocasionados por el delito y la disminución de su
capacidad económica (art. 107 C.P.).
Este derecho de las víctimas para constituirse en parte civil y la obligación del
juez para pronunciarse sobre los perjuicios ocasionados por el delito, no son
el resultado de una simple acumulación de acciones ni una mera consecuencia
de la atribución legal para fijar las formas propias del juicio. Se trata
realmente de la aplicación de algunos principios rectores que gobiernan el
proceso penal, en particular, aquellos que ordenan a las autoridades penales la
protección de las víctimas y testigos y el restablecimiento pleno de los
derechos que hayan resultado quebrantados por la actividad delictiva; los
cuales, a su vez, tienen asiento en los principios generales de economía
procesal y eficacia jurídica.
Los mencionados principios aparecen consignados en los artículos 11 y 14 del
ordenamiento procesal penal, en el título preliminar de las normas rectoras
que consagran su filosofía y orientación:
“ART. 11.- Protección de víctimas y testigos. La Fiscalía General de la
Nación dentro de la actuación penal proveerá la protección y asistencia a
las víctimas, testigos y demás intervinientes en el proceso que lo requieran,
para garantizar el restablecimiento del derecho y la cooperación judicial
plena y libre.
“...
“ART. 14.- Restablecimiento del derecho. Cuando sea posible, las
autoridades judiciales deberán Adoptar las medidas necesarias para que
cesen los efectos creados por la comisión del hecho punible y las cosas
vuelvan al estado anterior, de modo que se restablezcan los derechos
quebrantados.”
Estos principios, a su vez, constituyen un conjunto normativo que tienen
fundamento en valores constitucionales de singular importancia y que
encuentra su norte en la obligación que le asiste a las autoridades estatales de
hacer efectivos los derechos y deberes de las personas, protegerlas en su vida,
honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y asegurar la
convivencia pacifica y la vigencia de un orden justo (art. 2° de la C. P.). En
efecto, a las autoridades judiciales, como representantes del Estado social de
derecho, les asiste el compromiso de investigar y juzgar los delitos, no sólo
con el ánimo de reivindicar aquellos bienes jurídicamente tutelados de
singular importancia para la comunidad, sino también para administrar
justicia en favor del perjudicado quien es concretamente el titular del bien
jurídico afectado.
En este orden de ideas, ha de entenderse que los principios citados son una
consecuencia del derecho de toda persona para acceder a la administración de
justicia, el cual no puede ser interpretado como una simple atribución formal
de acudir a las autoridades judiciales, sino como una garantía que obliga al
juez de la causa a resolver integralmente sobre el fondo del asunto planteado.
Así, las víctimas y perjudicados con el delito, como manifestación del
derecho a acceder a la administración de justicia, tienen también un derecho
constitucional a participar en el proceso penal que el Estado está en la
obligación de adelantar, derecho que no debe limitarse a la declaratoria de
responsabilidad penal, sino que, además, ha de extenderse a la obtención de la
reparación del daño cuando este se encuentre probado.
Ya esta Corporación había tenido oportunidad de señalar que “las personas
involucradas en los hechos punibles tienen un verdadero derecho al proceso
cuya naturaleza y configuración en el Estado democrático debe ser
eminentemente participativa2”. Ha de suponerse que ese derecho no sólo
abarca a los presuntos responsables sino que se extiende también a las
víctimas y perjudicados por el delito.
El derecho a la justicia se constituye entonces en una manifestación concreta
del principio según el cual todas las personas tienen derecho a una igual
protección por parte del Estado. Por ello, siguiendo la jurisprudencia
constitucional, "el artículo 229 de la Carta debe ser concordado con el artículo
13 ibídem, de tal manera que el derecho a ‘acceder’ igualitariamente ante los
jueces implica no sólo la idéntica oportunidad de ingresar a los estrados
judiciales sino también el idéntico tratamiento que tiene derecho a
recibirse por parte de jueces y tribunales...”3
En igual sentido se pronunció la Corte en la Sentencia T-275 de 1994 cuando
sostuvo:
2
Sentencia C-412/93, M.P., doctor Eduardo Cifuentes Muñoz.
3
Sentencia C- 104/93, M.P., doctor Alejandro Martínez Caballero.
“Sea lo que fuere: constituirse en parte civil y/o tener acceso al
expediente y aportar pruebas, forma parte del derecho a acceder a la
justicia (art. 229 C.P.), y es esta una expresión válida de fortalecimiento
de la justicia, la igualdad y el conocimiento (Preámbulo de la Carta).
(Negrillas fuera de texto). (M.P. Alejandro Martínez Caballero).
Pero los derechos de las víctimas al proceso penal y, en particular a la
indemnización de perjuicios, no son sólo una manifestación de los derechos
de justicia e igualdad sino que se constituyen también en una expresión de los
deberes constitucionales del Estado. De allí que la Carta Política le haya
impuesto a la Fiscalía General de la Nación, en desarrollo de su misión de
investigar los delitos y acusar a los presuntos infractores, la obligación de “...
tomar las medidas necesarias para hacer efectivos el restablecimiento del
derecho y la indemnización de los perjuicios ocasionados por el delito.” (art.
250-1). (Subrayas fuera de texto original).
Se trata entonces de una clara protección constitucional a las víctimas de los
delitos, pues el Estado reconoce que debe brindar seguridad y protección
integral a los titulares de estos derechos, incluyendo la compensación de los
perjuicios ocasionados. En efecto, dentro de la concepción de Estado social de
derecho, que reconoce como principios esenciales la búsqueda de la justicia y
el acceso a la misma, el derecho procesal penal no sólo debe operar, como
manifestación del poder sancionador del Estado, a favor del incriminado, sino
que debe procurar también por los derechos de la víctima. Debe entonces -el
proceso penal- hacer compatibles los intereses de ambos sujetos procesales,
pues, el perjudicado con el delito no puede convertirse en una pieza suelta e
ignorada por la política criminal del Estado ya que, como se ha explicado, los
derechos de los sujetos procesales constituyen valores y principios
reconocidos por la Constitución Política.
Hecha la anterior observación, es de mérito advertir que el Estado, antes que
impedir o limitar la participación de la víctima o el perjudicado en el proceso
penal, como ocurre con el precepto acusado, debe procurar su consolidación y
fortalecimiento en aras de lograr una verdadera administración de justicia. Es
esta actitud del Estado, la de dar un trato igualitario y justo a todos los sujetos
procesales, la que corresponde a una verdadera manifestación de respeto por
los derechos humanos de los ciudadanos.
Con fundamento en lo expuesto, ha de concluir la Corte que el derecho que
tiene el afectado con el delito a constituirse en parte civil dentro del proceso
penal o, en su defecto, a obtener del juez penal el reconocimiento de los
perjuicios cuando éstos se encuentren debidamente probados, tiene
fundamento en el derecho constitucional de las víctimas a participar en el
proceso penal y en la obligación estatal de restablecer los derechos afectados
con el ilícito. Así, debe entenderse que frente al daño público y privado
derivado del delito, existe unidad de jurisdicción en el juez penal para
resolver, sin que con ello se ignore la naturaleza privada de la acción civil.
Sobre el particular, resulta pertinente citar algunos apartes de una
jurisprudencia de la h. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, en
la que se anotó:
“Es tan clara la naturaleza civil, que no penal, de los perjuicios
ocasionados con el delito, que su resarcimiento puede pretenderse
alternativamente por la vía civil o mediante el ejercicio paralelo de la
acción civil dentro del proceso penal ; ejercicio que es facultativo para
la persona perjudicada patrimonialmente con la delincuencia, porque de
su voluntad dependerá instaurarla o no ; aunque es preciso reconocerlo,
esta última parte ha sido modificada parcialmente por cuanto a partir
del Código Procesal de 1987 se consagró a norma rectora del
restablecimiento del derecho que se conserva en la actual normatividad
procesal y que tiene una amplia reglamentación a lo largo y ancho de la
codificación, que impone al juez, entre otras imperativas obligaciones, la
de condenar en concreto en aquellos casos donde se hubieren producido
perjuicios.”4 (negrillas y subrayas fuera de texto original)
Así las cosas, para la Corte es claro que la norma acusada, al relevar al juez
penal de la obligación de pronunciarse sobre la responsabilidad civil, en los
casos de sentencia anticipada, está desconociendo los derechos y principios
constitucionales que en materia de igualdad y justicia tiene la víctima o el
perjudicado con el delito. Desconocimiento que resulta aun más evidente
cuando el juez penal, a pesar de haber encontrado probados los perjuicios
ocasionados por el delito, no puede pronunciarse sobre ellos, por la
circunstancia de haberse acogido el sindicado, durante la etapa instructiva o
de la causa, a la figura de la sentencia anticipada en cualquiera de sus
modalidades.
La norma acusada, entraña entonces una medida desproporcionada e
irrazonable por cuanto en el afán de proteger a ultranza el interés colectivo,
sacrifica sin prudencia el interés particular del afectado que, como ha quedado
explicado, también es objeto de protección constitucional.
Ya esta Corporación, al asumir el estudio de la norma que regula la figura de
la sentencia anticipada y reconocer sus beneficios, había dejado en claro que
la misma debía interpretarse de conformidad con los principios y normas
generales que gobiernan el proceso penal. Por ello dispuso que la sentencia
debía contener la condena en perjuicios a que hubiera lugar. Expresamente
señaló la Corte:
“Sentencia anticipada
“Esta institución jurídica que se encuentra regulada en el artículo 37 del
Código de Procedimiento Penal, tal como quedó modificado por el artículo
3o. de la ley 81 de 1993, objeto de acusación, es una de las formas de
terminación abreviada del proceso penal, y responde a una política
criminal cuya finalidad es la de lograr mayor eficiencia y eficacia en la
4
Sentencia No. 8087, Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, M.P., doctor Edgar Saavedra Rojas,
citando anteriores pronunciamientos en los que fue ponente.
aplicación de justicia, pues mediante ella se autoriza al juez para emitir el
fallo que pone fin al proceso antes de agotarse o cumplirse todas las
etapas procesales establecidas por el legislador, las que se consideran
innecesarias, dada la aceptación por parte del procesado de los hechos
materia de investigación y de su responsabilidad como autor o partícipe de
los mismos. Dicha actuación por parte del procesado es catalogada como
una colaboración con la administración de justicia que le es retribuida o
compensada con una rebaja de pena cuyo monto depende del momento
procesal en que ésta se realice.”
“...”
“El acta se remite al juez competente, quien tiene diez (10) días hábiles
para dictar sentencia “conforme a los hechos y circunstancias aceptados,
siempre que no haya violación de las garantías fundamentales”. Así las
cosas, es el juez del conocimiento quien debe velar por la protección de los
derechos fundamentales del procesado, mediante un control de legalidad
de la actuación, el que cubre no sólo los aspectos formales o
procedimentales sino también los sustanciales o de fondo. Contra la
sentencia anticipada procede el recurso de apelación y, en algunos casos,
el de casación, y pueden interponerlo el procesado y su defensor, el fiscal y
el representante del Ministerio Público. El tercero civilmente responsable
está autorizado para apelar la decisión en el caso a que alude el inciso 2o.
numeral 4o. del artículo 37B del C.P.P. que dice: ‘la sentencia no será
oponible a la parte civil, sin embargo, si tal sujeto procesal quiere
acogerse a la condena que se haya hecho en perjuicios, está legitimado
para apelar en relación con su pretensión’.
“Finalmente, cabe agregar que la sentencia anticipada procede en
cualquier clase de proceso sin importar el delito. Y, como toda sentencia,
debe cumplir los requisitos exigidos en la ley, entre otros, la debida
congruencia entre los cargos formulados y el fallo de condena, el pago
de perjuicios en caso de que haya lugar, los recursos que proceden
contra ella, la notificación, la dosificación de la pena incluyendo las
rebajas respectivas, etc.”(Sentencia C-425/96, M.P. , doctor Carlos
Gaviria Díaz) (Negrillas y subrayas fuera de texto original).
Los fundamentos expuestos son suficientes para que la Corte considere que la
norma acusada es inexequible, sin que sea posible, como lo sugiere la vista
fiscal, proponer su constitucionalidad condicionada a la circunstancia de que
“el juez, al proferir sentencia anticipada y en el evento de contar con los
elementos probatorios suficientes, debe decidir sobre los perjuicios civiles
ocasionados a la víctima del delito”. Es claro que el juez constitucional, so
pretexto de aplicar los principios de conservación del derecho y de
interpretación armónica y sistemática de la ley, no puede sostener algo que el
precepto no contempla ni proponer fórmulas de entendimiento que exceden el
sentido natural y obvio de la norma, mucho menos, cuando se trata de
disposiciones que por fijar prohibiciones deben ser interpretadas en forma
restrictiva, como ocurre en el presente caso. Obsérvese que el sentido literal
de la norma acusada es claramente comprensivo de la intención del legislador
de relevar al juez penal de la obligación de pronunciarse sobre la
responsabilidad civil, en todos los casos en que el sindicado se acoge a la
figura de la sentencia anticipada. Así se advierte de las discusiones
legislativas suscitadas en primero y segundo debate que, finalmente, dieron
paso a la norma acusada. Al respecto se dijo:
“Ahora, dada la naturaleza de estas dos figuras, la forma anormal como
dan fin al proceso y la escasa posibilidad de intervención de la parte civil
en el mismo, se comparte la modificación aprobada, en el sentido de
precisar que en estos casos no habrá pronunciamiento sobre la
responsabilidad civil derivada del delito.” (Subrayas fuera de texto
original).5
DECISION
En mérito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional, oído el
concepto del señor procurador general de la Nación y cumplidos los trámites
previstos en el decreto 2067 de 1991, administrando justicia en nombre del
pueblo y por mandato de la Constitución,
R E S U E LV E :
Declarar INEXEQUIBLE el numeral 5° del artículo 37B del Código de
Procedimiento Penal, tal como fue modificado por el artículo 12 de la ley 365
de 1997.
Cópiese, notifíquese, publíquese, comuníquese, insértese en la Gaceta de la
Corte Constitucional y archívese el expediente.
VLADIMIRO NARANJO MESA
Presidente
ANTONIO BARRERA CARBONELL
Magistrado
-En comisión-
EDUARDO CIFUENTES MUÑOZ
Magistrado
5
Gaceta del Congreso, Santafé de Bogotá, D.C., viernes 14 de febrero de 1997, (año VI - N° 14), pág. 3.
CARLOS GAVIRIA DÍAZ
Magistrado
JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ GALINDO
Magistrado
HERNANDO HERRERA VERGARA
Magistrado
CARMENZA ISAZA DE GÓMEZ
Magistrada (E)
ALEJANDRO MARTÍNEZ CABALLERO
Magistrado
FABIO MORÓN DÍAZ
Magistrado
MARTHA VICTORIA SÁCHICA DE MONCALEANO
Secretaria General
LA SUSCRITA SECRETARIA GENERAL DE LA CORTE
CONSTITUCIONAL
HACE CONSTAR QUE:
El H. Magistrado doctor Antonio Barrera Carbonell, no firma la presente
sentencia por encontrarse en comisión oficial en el exterior.
MARTHA VICTORIA SÁCHICA DE MONCALEANO
Secretaria General