Cuaderno 25
Cuaderno 25
Y PARLAMENTARIOS
CUADERNOS
PARLAMENTARIOS # 25
CUADERNOS
PARLAMENTARIOS #25
REVISTA ESPECIALIZADA DEL CENTRO DE
ESTUDIOS CONSTITUCIONALES Y PARLAMENTARIOS
CUADERNOS
PARLAMENTARIOS
REVISTA ESPECIALIZADA DEL CENTRO DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES
Y PARLAMENTARIOS (CECP) DEL CONGRESO DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ
COMITÉ DE REDACCIÓN
Hugo Arbieto Sarmiento, especialista del Departamento de Redacción del Diario de los Debates
Groffer Rengifo Arévalo, especialista del Departamento de Redacción del Diario de los Debates
COORDINADOR DE LA EDICIÓN
Samuel Abad Párraga, profesional del Servicio Parlamentario
EDICIÓN
Centro de Estudios Constitucionales y Parlamentarios
FOTO DE CARÁTULA
Archivo del Congreso de la República
DIAGRAMACIÓN E IMPRESIÓN
Silvia Vásquez Trujillo, diseñadora de la Imprenta del Congreso de la República
Jr. Junín 330 – Lima
Abril, 2021
De esta manera, nuestra institución da continuidad al acercamiento del Poder Legislativo con la co-
munidad académica nacional e internacional, no obstante las dificultades derivadas de la pandemia
que afectan la normalidad de nuestras labores.
En la primera sección, se presenta cuatro artículos que desarrollan desde el enfoque constitucional
instituciones del estatuto de los altos funcionarios como son el antejuicio político, las inmunidades
parlamentarias, las responsabilidades del Ejecutivo y la vacancia presidencial, temas que han sido
de especial relevancia en la actual coyuntura política. Los textos tienen diferentes perspectivas, pero
destaca en todos el propósito común de enriquecer el conocimiento sobre las referidas materias.
El primer artículo del Mag. Gustavo Gutiérrez-Ticse expone el marco histórico del «El antejuicio polí-
tico en el Perú», y la evolución de esta figura desde 1993, al igual que su viabilidad como prerrogativa
en el Estado democrático constitucional. En esa línea, pone sobre la mesa de discusión la convenien-
cia de retornar al modelo de la Constitución de 1979.
De otro lado, en el segundo artículo «Las inmunidades parlamentarias: contenido, alcances y pro-
puestas de reforma», el doctor Francisco Eguiguren Praeli nos da luces acerca de un tema tan actual
como debatido: el contenido y los alcances de las inmunidades parlamentarias por votos y opiniones,
de arresto y proceso y; asimismo, presenta algunas de las interrogantes que surgen respecto de su
aplicación, así como las propuestas planteadas para su reforma.
Por su parte, el Mtro. Pedro Hernández Chávez, escribe «El régimen de Responsabilidades del Poder
Ejecutivo en el modelo de gobierno peruano». Luego de exponer consideraciones generales sobre el
concepto y los tipos de responsabilidad a que se encuentran sujetos los altos funcionarios, estudia el
régimen de responsabilidad correspondiente al presidente de la República.
El doctor José Alberto Estela Huamán, en su artículo «Permanente incapacidad moral como causal
de vacancia presidencial”, trata esta institución actualmente cuestionada por su falta de definición y
contenido. Resalta los enfoques de diferentes autores sobre el tema, recordando que la Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos, en el caso de la destitución de los magistrados del Tribunal Consti-
tucional (2001), establece que el procedimiento tiene que estar dotado de las garantías mínimas del
debido proceso; para decantarse finalmente por la propuesta de la Comisión de Estudio de Bases de
la Reforma Constitucional, que trabajó durante el gobierno del presidente Paniagua, así como por lo
que propuso la Comisión de Reforma Política del año 2019.
7
También en esta sección se presentan dos estudios que analizan diferentes aspectos que condicionan
el funcionamiento del Congreso. Tenemos así en «La legitimidad del Congreso de la República en con-
textos de crisis y cambios sociales», una sugerente entrega del Mag. Manuel Bermúdez Tapia, en la que
sostiene que, en épocas de crisis social, el primer poder del Estado tiene por función natural elaborar
las leyes que el país requiere, adaptando la legislación a los requerimientos sociales en función a las
exigencias económicas y políticas de la comunidad. Añade que esta actividad no debe limitarse solo
al ámbito legislativo, además debe tener una visión del modo en el cual deba funcionar el Estado y el
sistema normativo nacional para afrontar el proceso de cambios estructurales en todos los sentidos
de la vida del país.
A su vez, el Mag. Juan Francisco Loayza Lora nos alcanza su aporte en el trabajo «Opiniones institu-
cionales para dictaminar proposiciones de ley», que se refiere al papel de las comisiones ordinarias
del Congreso en la etapa de estudio, cuando se solicitan opiniones institucionales para conocer la
posición de las diferentes entidades y organizaciones respecto del contenido de la proposición de ley.
Loayza resalta dicho procedimiento como un acto democrático, participativo, transparente y legítimo,
que –sostiene– permite conocer los diferentes puntos de vista de los actores sociales a los que, de
una u otra forma, les alcanzarán los efectos de la futura ley.
Asimismo, contamos con dos reflexiones de mayor alcance en el sistema político. En la primera la
valiosa colaboración del Mag. Italo Felix Dill’Erva, «Contexto histórico del sistema político peruano
(1978 - 2000)», expone los mecanismos jurídicos ineficientes e ineficaces que –aduce– debilitan la or-
ganización de la sociedad peruana. Afirma que actualmente el Perú carece de un sistema de partidos
institucionalizado, que en cambio es atomizado, con factores negativos que desvirtúan los verdaderos
conceptos de la definición de una organización partidaria.
Del mismo modo, el Mag. Óscar Pazo Pineda nos presenta su estudio sobre «El concepto de identidad
como límite material a la reforma constitucional en el ordenamiento peruano». En el que explora y
desarrolla la identidad constitucional y, a través del estudio del derecho comparado, indaga respecto
de sus raíces». También brinda algunas pautas que harán posible facilitar a los operadores jurídicos
un adecuado acercamiento a los rasgos centrales de la identidad constitucional en el ordenamiento
peruano.
En la tercera sección, Misceláneas, se presentan las más recientes actividades académicas realizadas
por el Centro de Estudios Constitucionales y Parlamentarios. Para terminar, se incorporan cuadros de
las leyes y resoluciones legislativas publicadas en el diario oficial El Peruano, que fueron aprobadas
en el Período Anual de Sesiones 2020- 2021, del Congreso de la República, que tengo el honor de
presidir.
Finalmente, no quiero dejar de expresar mi agradecimiento a los autores que han participado en esta
edición de la revista por su importante contribución académica, que estoy segura redundará en la
práctica parlamentaria y en los aspectos del ordenamiento jurídico constitucional.
8
Sección I
ARTÍCULOS
Los artículos que se publican en la revista Cuadernos Parla-
mentarios son de exclusiva responsabilidad de sus autores,
poseen el carácter de opinión y no generan ningún efecto
vinculante.
EL ANTEJUICIO POLÍTICO EN EL PERÚ1
GUSTAVO GUTIÉRREZ-TICSE2
Profesor de derecho constitucional
Presidente del Instituto de Derecho Público
«Los pueblos son lo que son sus gobernantes. ¿Y qué derecho exigirá
estricta observancia a la ley el que con ella es poco respetuoso?»
(Palabras pronunciadas por el diputado Juan Manuel Osores en el debate de la
acusación constitucional contra los ministros Freyre y Morales en el año de 1882)
SUMARIO
RESUMEN
El presente trabajo de investigación analiza la evolución de la figura del antejuicio político desde
su reconfiguración con la Constitución de 1993 y su viabilidad como prerrogativa en el Estado
democrático constitucional.
Se plantean algunas alternativas para compatibilizarla con los derechos, así como la conveniencia
de retornar al modelo de la Constitución de 1979, con el propósito de preservar su naturaleza
institucional como mecanismo de control político.
1
Una primera versión del presente trabajo fue publicada en [Link]. «Limitación del poder y estructura del Estado. Estudios sobre
la parte orgánica de la Constitución». Serie: Estudios Constitucionales. Lima: Grijley, 2008.
2
Magíster en Derecho Constitucional (PUCP). Profesor de Derecho Constitucional en las universidades San Martín de Porres y
Antenor Orrego. Exjefe de la Oficina de Defensa de las Leyes del Congreso de la República.
11
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I. INTRODUCCIÓN
El parlamento es la expresión popular de una nación y, como tal, se constituye en el primer
poder del Estado; le toca la alta función de legislar y fiscalizar. En ese horizonte, ejerce diversos
mecanismos de actuación para cumplir con sus funciones constitucionales. Así, podemos advertir
que el Congreso aprueba las leyes, autoriza al Poder Ejecutivo a legislar vía decretos legislativos,
verifica la constitucionalidad de los decretos de urgencia, controla a los ministros mediante la
censura y autoriza el procesamiento de los más altos funcionarios del Estado, entre otras formas
de actuación. Es decir, no solamente dicta las normas más importantes del país, sino que además
controla a los otros estamentos del poder. Ese control es el denominado control político, el cual
en verdad ha adquirido pleno relieve en el Estado democrático contemporáneo y es tal vez la
función más importante de los parlamentos actuales.
Precisamente dentro de esa gama de mecanismos que forman parte del llamado control político
ubicamos al antejuicio, que, por un lado, protege al funcionario de las denuncias sin fundamento
jurídico ni político, y, por otro, viabiliza la persecución penal cuando haya mérito para tales
propósitos. Es decir, a la par establece los mecanismos para la fiscalización de los que ostentan
el poder e impide que los cuestionamientos terminen por destruir la credibilidad de los altos
funcionarios y vulnerar la organización del Estado.
Ciertamente, en el Estado democrático el poder no está exento de control. Díez Picazo recuerda
al respecto lo siguiente:
Esto se debe esencialmente a la superación del poder despótico de los reyes y sus cortes,
que actuaban con absoluta impunidad. En la actualidad, aun en los regímenes monárquicos,
los gobernantes en el ejercicio del poder deben regirse por los principios de transparencia y
honestidad en el manejo de los bienes públicos.4
Se trata, en otras expresiones, de la superación del Estado totalitario para transitar hacia el Estado
democrático constitucional, es decir, hacia las relaciones entre el poder y la ciudadanía sobre los
dispositivos prescritos por las normas legales emitidas por el parlamento como expresión de la
soberanía popular. En ese sentido, queda claro que los gobernantes no solamente reciben un
mandato para dirigir a los pueblos, sino además un deber de actuar en defensa de los intereses
de la comunidad.
3
Ver: Díez Picazo, Luis María. La criminalidad de los gobernantes. Barcelona: Crítica, 1996, p. 20.
4
Así, Diez Picazo sostiene que todo ello es incluso más importante cuando se trata del Estado democrático de derecho, porque
este se apoya sobre un conjunto de delicados equilibrios, que pueden resumirse en el binomio igualdad ante la ley y confianza
de los ciudadanos en los gobernantes. Por esta razón, desde el punto de vista del contrato social —es decir, la decisión
colectiva fundamental de organizar la convivencia según principios liberal-democráticos, propios del Estado democrático
de derecho—, no es errado sostener que los gobernantes tienen un especial deber de diligencia, pues son particularmente
responsables del clima moral global de la sociedad. Toda la tradición del constitucionalismo, en consecuencia, rechaza por
principio la idea misma de que los gobernantes puedan gozar de inmunidad penal. No existe ejemplo histórico alguno del
país que, genuinamente constituido como Estado democrático de derecho, haya declarado a sus gobernantes exentos de
responsabilidad penal (Véase Díez Picazo, Op. cit., p. 22).
12
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Ahora bien, es cierto que dicho ejercicio genera adversidades. Los poderes político, económico,
social y otros encubiertos podrían —como que pueden— objetar la conducta de un alto
funcionario por móviles nada justificables. Ahí debe guardarse reserva de los derechos de los
altos funcionarios, tanto como de las exigencias de la ciudadanía de poder acceder a los recursos
adecuados para controlar a sus gobernantes.
Ello implica que el Estado, a la par de garantizar la fiscalización del poder, debe prever
mecanismos que, sin menoscabar la igualdad ni tornarse privilegios, constituyan medios de
protección legítima de los gobernantes. Es ese el fundamento del antejuicio político hoy en
día.
El antejuicio político tiene raíces en algunas instituciones que con el paso del tiempo han caído
en desuso, como es el caso del juicio de residencia y el impeachment. No obstante, debe señalarse
que hay en la historia mecanismos de control perversos, como el ostracismo y el bill of attainder.
El primero tiene por objeto la expulsión de los enemigos del tirano, mientras que el segundo
constituye un modo de sanción penal en forma legislativa.
El juicio de residencia se practicó en la baja Edad Media con la finalidad de controlar la actuación
de los agentes regios en las provincias. Su uso se generalizó, sobre todo con respecto a los cargos
públicos de las colonias de América, en el siglo . Como explicita Díez Picazo:
El aspecto más interesante del juicio de residencia es que reflejaba una lógica típicamente
burocrática. Es un instrumento de control interno de la estructura político-administrativa,
principalmente dirigido a los agentes de la periferia. Los cargos públicos centrales, sobre los
que era más fácil ejercer una supervisión directa y cotidiana, no estaban sometidos a juicio de
residencia.
Era pues una oportunidad para poder determinar si el régimen había satisfecho al reino y
también a los súbditos. Como señala Javier Valle Riestra, «en el juicio de residencia se invitaba
a los quejosos «de cualquier estado, calidad y condición que fuesen» a comparecer y presentar
5
Díez Picazo, Luis María. Op. cit., p. 19.
13
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demandas contra el Virrey cesante, sus asesores, secretarios y criados, si es que consideraban
haber sido víctimas de «agravio, perjuicios, injusticias y sinrazones».6
Durante este período se practicaron varios juicios de residencia. Uno de ellos ocurrió con el
primer presidente de la República, don José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete, por supuestas
negociaciones con los españoles orientadas a desalojar a Simón Bolívar del Perú; sin embargo,
no prosperaron, como ocurrió con la mayoría de eventos que generó este instituto, hasta caer en
desuso hacia 1860.7
2.2. EL IMPEACHMENT
Otra de las instituciones de control de los gobernantes, y que constituye un antecedente del
antejuicio, a pesar de que en algunas realidades se mantiene y en otras coexiste con él, la
encontramos en el impeachment.
Dermikazy explica que «el impeachment nació en Inglaterra, bajo el reinado de Eduardo , y
se aplicó desde entonces, especialmente en los siglos y , contra los altos oficiales de la
Corona que después se llamaron ministros; pero no contra el monarca que, como el presidente
en las democracias parlamentarias, es irresponsable».8
Desde 1376, en que apareció, hasta el siglo , el carácter del impeachment fue penal. Sólo
se admitía la acusación contra el gran oficial del reino que hubiera cometido crimen o delito.
Paulatinamente este proceso fue desvistiéndose de su carácter penal y adquiriendo fisonomía
política. Se empezó a apuntar contra los Ministros por faltas graves cometidas en el ejercicio
de sus funciones, como por ejemplo la falta de haber aconsejado o negociado un tratado
desventajoso para el país.
Bajo Carlos , los ministros debían responder ante los Comunes por la honesty, justice y utility
de su gestión. Más tarde se vuelve un medio de fiscalizar la acción del Gobierno y los lores
asumen una libertad irrestricta para incriminar los hechos y fijar la pena. Se empezó a juzgar
a los funcionarios del reino, concreta y especialmente a los ministros, por haber abusado de la
confianza. El impeachment se hizo innecesario: había sido reemplazado por la responsabilidad
6
Valle Riestra, Javier. La responsabilidad constitucional del Jefe de Estado. Lima: Benítez Rivas y Montejo editores asociados, 1987,
p. 84.
7
Cf. Basadre, Jorge. Historia de la República del Perú. Tomo I, 8ª. Edición. Lima: La República, 2001, p. 29.
8
Dermikazy, Pablo. Derecho constitucional. Cochabamba: s. e., 1998, p. 443.
14
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política ministerial o «deber de contestar las preguntas del parlamento, con la consiguiente
perspectiva del voto de confianza y la dimisión».9
En suma, como afirma Black, el impeachment no afirma la inocencia o culpabilidad del acusado
para desempeñar funciones en el futuro.11
Desde esta perspectiva, y en clave latinoamericana, el impeachment tiene el mismo matiz que en
los Estados Unidos. Es por ello que, para Eguiguren, «no tiene otro efecto que apartar al acusado
del cargo público que ocupa y excluirlo, en el futuro, de cualquier cargo honorífico de confianza o
retribuido. De ninguna manera el Senado podrá juzgar conforme con la ley penal. El sancionado
por el impeachment, sin embargo, puede luego ser sometido a un procedimiento penal ordinario
para imponerle una sanción de acuerdo con las leyes penales.12 Hoy por hoy, esta figura ha sido
recepcionada por Argentina, Brasil y Venezuela, que tienen incorporados mecanismos de juicio
político, aunque con escaso éxito».13
En el resto de países latinoamericanos también el juicio político se emplea contra altos dignatarios;
y en algunos lugares se estipulan procedimientos propios o juicios políticos autónomos para el
caso de la figura presidencial, como en Argentina, con el juicio por mal desempeño, y en el Perú
con la vacancia presidencial por incapacidad moral.
9
Valle Riestra, Javier. Op. cit., p. 55.
10
García Mahamut, Rosario. «Responsabilidad política vs. responsabilidad penal». En AA. VV., Estudios de Derecho Constitucional.
Homenaje al profesor Joaquín García Morillo. Valencia: Tirant Lo Blanch, 2001, p. 376.
11
Black, Charles (Jr.). Juicio político. Buenos Aires: Prolam, 1975, p. 10.
12
Charles Black refiere que «a la larga, debemos guardar la lanza del juicio político (impeachment), aunque cubierta de vaselina
para evitar el óxido». Black, Charles (Jr.). Op. cit., p. 10; y Black, Charles (Jr.). Juicio Político. Buenos Aires: Prolam, 1975, p. 15.
13
Eguiguren Praeli, Francisco. La responsabilidad del presidente, razones para una reforma constitucional. Lima: Fondo Editorial
PUCP, 2007, p. 57.
15
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Eguiguren sostiene que «es una prerrogativa que el Derecho Constitucional otorga a
determinados altos magistrados del Estado, con la finalidad de que no sean procesados ante
el Poder Judicial, sin antes recibir la venia del Congreso a través del procedimiento establecido,
tanto en la Constitución como en el Reglamento del Congreso».14 En ese mismo horizonte, el
profesor Marcial Rubio precisa que «el antejuicio es una prerrogativa porque el principio general
es que toda persona pueda ser demandada o denunciada ante los tribunales y, en tal caso, queda
sometida a jurisdicción. Cuando se trata de las personas a quienes se hace antejuicio, la situación
es distinta: ninguna demanda o denuncia que se haga contra ellos los somete a jurisdicción de
los tribunales, a menos que el Congreso autorice tal procesamiento».15
En la doctrina comparada, el antejuicio político tiene el mismo origen. Se trata de una prerrogativa
para el juzgamiento penal de los altos funcionarios. En efecto, estamos ante un sistema de
juzgamiento especial que establece una serie de variantes entre los modelos constitucionales,
«desde un sistema de juzgamiento directo por los tribunales comunes, el juzgamiento por
el poder legislativo, por un tribunal especial y un sistema mixto: juzgamiento entre el poder
legislativo y judicial».16
La Constitución de 1993 altera la figura del antejuicio histórico al darle carácter imperativo al
contenido de la resolución que declara haber mérito a formular acusación constitucional, de
suerte que el Ministerio Público y el Poder Judicial deben acatar estrictamente la voluntad del
parlamento. De otro lado, aparece una especie de juicio político por medio del cual el parlamento,
en caso de acusaciones por infracciones constitucionales, no solo puede separar sino además
sancionar al funcionario acusado con la inhabilitación para el desempeño de la función pública
por hasta 10 años, conforme al tenor del artículo 100 de dicho cuerpo constitucional.
14
Eguiguren Praeli, Francisco. «La infracción constitucional como límite a la inviolabilidad por votos u opiniones de los
parlamentarios». En Estudios Constitucionales. Lima: Ara Editores, 2002, p. 451.
15
Rubio Correa, Marcial. Estudios sobre la Constitución Política, Tomo . Lima: Fondo Editorial PUCP, 1999, p. 125.
16
Escobar Fornos, Iván. «Sistemas de juzgamiento de altos funcionarios públicos». En Anuario Iberoamericano de Justicia
Constitucional, n.º 6. Madrid: 2006, p. 74.
16
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
No obstante ello, el antejuicio político pasó así a convertirse en una figura inusual, distinta
a la perfilada a lo largo de nuestra etapa republicana, de suerte que se convirtió —a nuestro
criterio— de una institución de control político a una institución semijurisdiccional, en la cual el
parlamento tiene potestades extraordinarias de carácter fiscal y judicial.
Sin embargo, esto tiene justificación: la dificultosa situación a la que conllevó la temeridad de
los componentes del sistema de justicia (Ministerio Público y Poder Judicial), sobre todo con el
caso Alan García: acusado el expresidente por cinco delitos, en el camino se redujeron a dos, los
cuales, finalmente, prescribieron por decisión de los órganos jurisdiccionales.
Ello fue lo que motivó la necesidad de redefinir nuestro sistema de control político de la
legalidad por medio del antejuicio, de suerte que se pudieran superar las barreras jurídicas que
imposibilitan un control eficaz de los gobernantes. Ese fue el sentido que dio origen a esta nueva
forma de antejuicio político, en el cual la acusación constitucional se encuentra determinada por
el mandato del parlamento que vincula de modo imperativo tanto al Ministerio Público como al
juez para formular denuncia y abrir instrucción, respectivamente, conforme a los mandatos de la
resolución legislativa correspondiente.
17
A todos los rasgos señalados, se añade un hecho que, aunque anecdótico, es tradicional. Se produce desde hace ciento treinta
años. Es tradición —iniciada en 1868— la de que no se cabe la acusación constitucional por infracciones constitucionales no
tipificadas. Ello si bien la Ley de acusación constitucional del 15 de junio de 1834, que reguló por primera vez el procedimiento
de acusación, distinguió también los delitos de las infracciones constitucionales y tipificó algunas de ellas, imponiéndoles
—como se verá— muy severas penas. Su rigor la hizo ilusoria. La Ley de responsabilidad de los funcionarios públicos del 28 de
setiembre de 1868 reguló minuciosamente el procedimiento. Y así a partir de 1868 solo cabe el procesamiento de los altos
funcionarios por delitos de función. Los reglamentos de la Cámara de Diputados se remitieron invariablemente a dicha ley.
El actual Reglamento del Congreso (1995) no se ha apartado de esa tradición, de suerte que hasta ahora no se han tipificado
las infracciones constitucionales. Ver Paniagua Corazao, Valentín, «La justiciabilidad de los actos político-jurisdiccionales del
Congreso», en Anuario Iberoamericano de Justicia Constitucional, n.º 3, Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales,
1999, p. 187.
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CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Para nosotros sin embargo, desde una perspectiva constitucional, como no podría ser de otra
manera, la segregación que hace el constituyente es válida en tanto y en cuanto no afecte la
potestad sancionatoria en materia penal del juez, con lo cual la excepcionalidad en la acusación,
fuera del margen del Ministerio Público, no atenta contra la autonomía de dicho organismo
constitucional autónomo, sino que confiere dicha prerrogativa al parlamento, en un sistema en el
cual los poderes se entremezclan (checks and balances) y así también sus funciones.
El Tribunal Constitucional ha expuesto de forma similar esta postura: «… en los casos de antejuicio,
las funciones del Congreso pueden ser, en cierta medida, asimiladas a las del Ministerio Público
(porque acusa), e incluso a las del juez instructor (porque previamente investiga), pero nunca a
las del juez decidor (porque nunca sanciona)» (Expediente 04747-2007-PHC/TC, fundamento 3).
Ahora bien, el constituyente pensó en superar las deficiencias judiciales del procedimiento del
antejuicio con estas medidas, pero no supuso que ello originaría un gran problema a partir de
los años dos mil como consecuencia de la compleja tarea asignada al Congreso en la tipificación
de los delitos imputados.
Se trata sin lugar a dudas de una aproximación al impeachment, instituto que consuma un acto
político. Su finalidad histórica y comparada no es sancionatoria, sino esencialmente lo que se
busca es retirar al funcionario de la administración pública, haya o no de por medio la comisión
de un delito, que será materia de los cauces ordinarios a que hubiera lugar.
Precisamente he allí uno de los grandes problemas en debate. Si bien es cierto que no le falta razón
a la doctrina cuando apuesta por dotar a las cuestiones políticas no justiciables de un ejercicio
sobre la base del principio de razonabilidad, se corre por cierto el peligro de judicialización de
la política, ya que ello implica un control jurisdiccional de por medio. Por tal motivo, creemos
—a despecho de sabernos minoría en la opinión jurídica— que el juicio político no puede estar
18
Luna Cervantes, Eduardo. «Responsabilidad ministerial y Constitución: evitando la impunidad», en Diálogo con la jurisprudencia.
Año 9, n.º 56, Lima: Gaceta Jurídica, mayo de 1996, p. 44.
18
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
sujeto al control jurisdiccional; más bien debería reformarse el modelo peruano a fin de suprimir
su carácter sancionatorio y convertirlo únicamente en un instrumento de defensa del decoro de
la función pública; es decir, que sea un vehículo de apartamiento del alto dignatario del cargo
por haber incurrido en una contravención de los mandatos constitucionales.
Este tipo de juicio político sí está previsto en esos términos para el presidente de la República.
Así se infiere de lo previsto por el artículo 113, inciso 2, de la Constitución vigente.
Tampoco estamos de acuerdo con aquellas voces que proponen tipificar las infracciones
constitucionales.19 En efecto, es nuestra creencia que un juicio político es una expresión de la
autonomía parlamentaria (interna corporis acta) y que, por tanto, está exento de todo control;
antes bien, es una atribución absolutamente discrecional del legislador, como el caso del juicio
por mal desempeño argentino, que es en sí un juicio político.
En ese sentido, consideramos que el instituto debe reformarse con el objetivo de precisar su
carácter eminentemente protector del decoro de la administración pública y de despojarlo en
cambio de ese matiz sancionatorio, que al final da cabida para penetrar en los estamentos
legislativos sin justificación alguna.
Evidentemente, un procedimiento como el que consta en la Carta de 1993 es sin duda alguna
persecutorio de los adversarios, razón por la cual, más allá de tipificar infracciones o de regular
el procedimiento, hay que guardar coherencia con el procedimiento del juicio político para
dejarlo en su verdadera dimensión: valoración política que, en tanto tal, es ajena a los cánones
jurisdiccionales.
19
Así, García Toma sostiene que las infracciones constitucionales se infieren del texto constitucional y en forma expositiva
señala algunos tipos de infracción (García Toma, Víctor, Legislativo y ejecutivo en el Perú, Lima: Gráfica Horizonte, 2001, p. 172).
Landa, con igual parecer, sostiene que «en la base de los inconvenientes que genera el antejuicio político por infracción de
la Constitución está en que las infracciones carecen de una tipificación» (Landa, César. «Antejuicio político». En Congreso
Internacional sobre Culturas y Sistemas Jurídicos Comparados. México: UNAM, 9-14 de febrero de 2004, p. 7.
19
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Estado, los miembros del Tribunal Constitucional, los miembros de la Junta Nacional de Justicia,
los vocales de la Corte Suprema, los fiscales supremos, el defensor del Pueblo y el contralor
general de la República.
De otro lado, de conformidad con el artículo 89 del Reglamento del Congreso de la República,
tienen legitimación activa los congresistas, el fiscal de la Nación y cualquier persona que se
considere directamente agraviada.
Landa hace notar que «cabría preguntarse quién asume la legitimidad activa de la denuncia
constitucional cuando los hechos o conductas denunciadas no sólo afectan a una persona en
particular sino a toda una comunidad, por ejemplo, o quién denuncia por la comisión de un delito
de función cuando la persona agraviada no se muestra resuelta a denunciarlo». En ese caso,
¿quedaría impune el delito? El mismo jurista se responde precisando que «debe abrir(se) margen
de legitimidad activa de la denuncia constitucional»; además de justificar la intervención del
Tribunal Constitucional «a efectos solamente de calificar la admisibilidad y procedencia de las
denuncias constitucionales».20
Nosotros creemos, opuestamente al citado autor, que corresponde al Ministerio Público, conforme
a la atribución prevista en el artículo 159 de la Constitución, ser la instancia que persiga el
delito. En consecuencia, cualquier persona puede recurrir al Ministerio Público para activar el
procedimiento, con lo cual el aparente vacío alegado, proclive a la impunidad, no resulta cierto;
asimismo, tampoco se evidencia la necesidad de prever un mecanismo para que el Tribunal
Constitucional termine interfiriendo con las atribuciones de los poderes del Estado. En todo caso,
una mejor articulación coronaría con éxito cualquier falencia que se advierta.
De otro lado, debe quedar claro que, en el caso de la figura presidencial, el tema de las materias
comprendidas es puntual, en razón de la investidura que ostenta el presidente de la República.
20
Landa, César. Op. cit., p. 5.
20
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
En ese sentido, de acuerdo con el artículo 117 de la Constitución, únicamente puede ser acusado
por el delito de traición a la patria, por impedir las elecciones y por disolver el parlamento
injustificadamente, entre otras prohibiciones definidas. En los demás casos, aun cuando se trate
de delitos de función, la formulación de una acusación deberá viabilizarse una vez concluido el
mandato constitucional presidencial.
Por cuerda separada se considera el asunto de la vacancia presidencial por incapacidad moral,
la cual tiene como finalidad un objetivo eminentemente político, por lo que no se requiere de la
definición de una infracción constitucional sino de una valoración de la ética pública que define
la asamblea.
Conforme al artículo 99 de la Constitución, el plazo se extiende hasta cinco años después de que
los funcionarios hayan cesado en sus cargos. Para Marcial Rubio esta medida trae las siguientes
consecuencias:
- La primera, que los magistrados aludidos se hallan protegidos por el antejuicio hasta cinco
años después de haber cesado en sus funciones, lo que debe entenderse como un plazo que
caduca cumplidos cinco años medidos por período natural, no útil, como se mide todo plazo
dado en años dentro del Derecho.
- La segunda, que transcurrido ese plazo, caduca la posibilidad de que esa persona sea
procesada por el hecho imputable, ya que el antejuicio es imposible y, sin él, tiene el
privilegio de no ser procesada. Violar este principio sería inconstitucional y procedería una
acción de amparo.
- La tercera, que como el plazo de cinco años es de caducidad, la tarea de investigación
y moralización del Congreso tiene que ser particularmente rápida y eficiente. Si el plazo
caduca y la acusación contra quien presuntamente ha cometido delito no se realiza, entonces
el propio Congreso estará avalando conductas antijurídicas en los hechos, problema de cuya
gravedad no es necesario hacer ningún comentario.21
Ello hace imperativo prever mecanismos que terminen por evitar que el antejuicio se pervierta
y concluya como un elemento de impunidad. El antejuicio suspende en efecto los plazos
prescriptorios para la judicialización, es verdad, pero también caduca la posibilidad de dar
inicio a la persecución penal luego de la conclusión de los cinco años posteriores al término del
mandato.
Ahora bien, los congresistas que integran esta subcomisión están impedidos de presentar
denuncias constitucionales, en razón de que, de hacerlo, su actuación terminaría asemejándose
a la del juez y parte, prohibido en sede judicial, principio este que se hace extensivo a
21
Rubio Correa, Marcial, Op. cit., pp. 131-132.
21
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
La subcomisión se encuentra facultada para ejercitar todos los recursos necesarios a efectos
de tramitar un pedido de antejuicio. En ese sentido, puede ejercer apremios de las comisiones
investigadoras.
5.6. PROCEDIMIENTO
- Que hayan sido formuladas por persona capaz, por sí o mediante representante debidamente
acreditado.
- Que la persona que formula la denuncia sea agraviada por los hechos o conductas que se
denuncian.
- Que se refieran a hechos que constituyan infracción de la Constitución y/o delitos de función
previstos en la legislación penal
- Que cumpla con los requisitos señalados en el segundo párrafo del literal a) precedente.
- Si a la persona denunciada le corresponde o no la prerrogativa funcional del antejuicio, o si
ésta se encuentra o no vigente.
- Si el delito denunciado no ha prescrito.
a) Inadmisibilidad.- En este caso, el denunciante tendrá un plazo de tres días hábiles para
subsanar las omisiones a que hubiere lugar.
d) Acumulación.- En caso de existir nueva denuncia que tenga relación con una que es materia
de investigación, la Comisión Permanente, al momento de notificar a la Subcomisión de
Acusaciones Constitucionales sobre el plazo de la investigación, le comunicará —sobre
la base de su informe de calificación— del acuerdo aprobatorio de acumulación, en cuya
22
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Cabe precisar que en este periodo es donde se manifiesta más claramente el carácter político-
jurisdiccional de la acusación, toda vez que el procedimiento utiliza como medio supletorio —y
en muchos casos, directo— la legislación procesal.
La denuncia es notificada dentro de los tres días hábiles siguientes a la toma de conocimiento
del plazo aprobado por la Comisión Permanente para realizar su investigación. Se otorga al
denunciado un plazo de cinco días hábiles para formular su descargo y ofrecer los medios
probatorios que considere necesarios.
Una vez determinados los hechos que son materia de la investigación y las pruebas e indicios
que se han de actuar, el congresista delegado dará cuenta por escrito a la presidencia
de la subcomisión sobre estos actos, en mérito de lo cual se convocará, en un plazo no
mayor de cinco días hábiles, a sesión para realizar la respectiva audiencia, y se notificará al
denunciante, al denunciado, a los testigos y a los peritos.
c) Audiencia
23
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
De otro lado, la Comisión Permanente o el Pleno del Congreso pueden solicitar al Poder
Judicial que imponga, cese o modifique las medidas limitativas de derechos contra el
funcionario denunciado.
d) Debido proceso
Landa ha esbozado el siguiente catálogo de garantías que deben ser cumplidas durante el
desarrollo del antejuicio político, que transcribimos acá:
A tales consideraciones habría que agregar el derecho de defensa, de modo tal que durante
las diferentes etapas del procedimiento de acusación constitucional el denunciado puede
ser asistido o representado por abogado.
Castillo considera que el derecho de defensa además contempla «la pertinencia del tiempo
para la preparación de la defensa, el acceso en forma irrestricta a las pruebas de cargo y
combatirlas, la designación eventual de un intérprete, la libre y privada comunicación con
el defensor».24
e) Informe final
Este documento se elabora una vez concluida la audiencia y actuadas todas las pruebas,
siendo el congresista responsable de su elaboración el parlamentario a quien se delegó la
determinación de los hechos materia de la investigación y la pertinencia de las pruebas en
la fase postulatoria.
22
Castillo Torres, Percy. Informe de Asesoría al Congreso de la República sobre la Denuncia Constitucional n.º 286, Lima:
Congreso de la República, marzo de 2004.
23
Landa Arroyo, César. Op. cit., p. 4.
24
Castillo Torres, Percy. Ibidem.
24
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Debe señalarse que el informe final, en su parte resolutiva, puede concluir con la acusación
del investigado o el archivamiento de la denuncia, y debe ser remitido a la Comisión
Permanente, conforme con lo establecido en el literal g) del artículo 89. No son admisibles
otro tipo de conclusiones y/o recomendaciones.
Esto, sin duda alguna, coadyuva a garantizar un adecuado control que evite la afectación de
derechos en vía de antejuicio, así como a corregir los problemas suscitados en los regímenes
anteriores.
Representa la última etapa del proceso del antejuicio político. Va desde el momento en que se
aprueba el informe final y se designa a los integrantes de la Subcomisión Acusadora.
La acusación debe contener elementos o indicios razonables que confluyan como sustento.
No se trata de simples elementos de juicio sino de «verdaderos indicios». Esto no podría
ser de otra manera, más aun hoy en día, cuando la acusación del parlamento tiene mandato
imperativo, de tal suerte que el Ministerio Público debe en todos los casos formular la
denuncia penal correspondiente.
25
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
¿Cuál es la naturaleza jurídica de esta medida? ¿Puede el parlamento establecer una medida
de privación del cargo, incluso de manera cautelatoria, sin haber de por medio una sanción
judicial en el antejuicio político? Precisamente ahí se ha centrado la polémica, en razón
de que el argumento lógico de considerar dicha sanción como cautelar le da razón para su
procedencia; no obstante, si así fuera, dicha medida tendría que ser temporal y no ilimitada,
pervirtiéndose de esta manera la finalidad de la medida y evidenciándose un claro móvil de
«judicialización de la política».25
Nadie discute la medida de suspensión, y estamos de acuerdo con el profesor César Delgado
Guembes cuando señala que «la suspensión en la acusación constitucional tiene una
connotación especial en razón de que como instituto de control político y moral, protege el
Estado constitucional de Derecho y el mantenimiento de estándares de conducta políticos
(democráticos y éticos); sin embargo, creemos que la suspensión sin plazo vulnera los
principios constitucionales que informan el ordenamiento jurídico y del cual no pueden
estar exentos de valorar ni siquiera el parlamento, más aún cuando adopte decisiones que
afecten derechos fundamentales como el caso de la suspensión que termina anulando en el
cargo que ostenta a la persona acusada sin evidente condena».26
Por otra parte, tampoco es justificable la inoperancia judicial como condición para
extender distorsionar la suspensión cautelatoria. Todo lo contrario, el Estado democrático
constitucional exige respuestas y soluciones concretas y oportunas de los poderes del
Estado en los precisos momentos en donde se juega la legitimidad.
25
Hubiera sido interesante la actuación del TC frente a la defensa de su interpretación, toda vez que las confrontaciones políticas
que seguramente conlleva la suspensión parlamentaria constituyen situaciones delicadas para la estabilidad institucional de
la democracia.
26
Delgado Guembes, César, Prerrogativas parlamentarias, aplicación y límites en un caso de antejuicio, Lima: Grijley, 2007. Véanse
especialmente pp. 157-187.
26
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Igual ocurre con casos tan notorios como el de la excongresista Luciana León: pese a los audios
y correos que evidenciaban potenciales coordinaciones para el desarrollo de actividades ilegales
en el distrito de La Victoria, la acusación constitucional en contra de ella no se ha activado por
largo tiempo.
Evidencia lo expuesto la necesidad de redefinir la figura del antejuicio para evitar que se
constituya un manto de impunidad en favor de los altos dignatarios, sobre todo para el caso de los
parlamentarios, ya que estos no ejercen funciones gubernamentales. Por tanto, el antejuicio no
es propiamente una figura pertinente para el cargo representativo que ostentan los legisladores,
en cuyo favor —en sentido contrario al populismo reformista de los últimos tiempos— debe
preservarse la prerrogativa de la inmunidad parlamentaria.
Otra alternativa sería mantener la inmunidad tal como está diseñada en la Constitución; en tal
caso, tendría que constituirse un cuerpo de letrados profesionalizados en la materia a fin de
garantizar la sustanciación de la acusación, lo que hoy en día no ocurre y no ha podido realizarse
en todos estos años.
27
Nakasaki, César Augusto. «El antejuicio y la responsabilidad solidaria de los ministros de Estado», en Diálogo con la
Jurisprudencia. Lima: Gaceta Jurídica, 67.
27
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Ciertamente, como explica García Morillo, «cuando se ha cometido un delito, la activación del
proceso penal, encaminado a dilucidar y aplicar las correspondientes responsabilidades penales,
no sólo es inevitable, sino saludable». Pero la intromisión de la búsqueda de responsabilidades
penales en las actividades políticas, utilizando los Juzgados como sustitutivo del Parlamento y
la responsabilidad penal como sustitutoria de la política opera efectos sumamente nocivos en
el complejo y delicado entramado institucional de la democracia parlamentaria; en particular, la
aparición en el horizonte de la responsabilidad penal implica casi ineluctablemente la pérdida
de operatividad de la responsabilidad política, que es el instrumento específico de depuración de
responsabilidad característico del parlamentarismo.
En ese orden de ideas, garantías sean validadas con los derechos ciudadanos.
Por estas razones, el parlamento debe ser muy cauteloso en utilizar estas herramientas de
control; y los funcionarios controlados deben ser alturadamente respetuosos de la investidura
parlamentaria y someterse a dichos procedimientos. Al final, el éxito de un sistema es el respeto
a sus instituciones y la sujeción a los mandatos constitucionales.
VIII. BIBLIOGRAFÍA
Basadre, Jorge
2001 Historia de la República del Perú. Tomo I, 8ª. Edición. Lima: La República.
Dermikazy, Pablo
1998 Derecho constitucional. Cochabamba, s. e.
28
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
29
LAS INMUNIDADES PARLAMENTARIAS:
CONTENIDO, ALCANCES Y PROPUESTAS
DE REFORMA
FRANCISCO JOSÉ EGUIGUREN PRAELI1
Constitucionalista
SUMARIO
RESUMEN
El presente trabajo analiza el contenido y los alcances de las inmunidades parlamentarias por votos y
opiniones, y de arresto y proceso, presentando algunas de las interrogantes que surgen respecto a su
aplicación, así como las propuestas planteadas para su reforma.
La Constitución de 1993, en su artículo 93º, segundo y tercer párrafo, reconoce a los congresistas la
inviolabilidad por los votos y opiniones que emiten en el ejercicio de sus funciones parlamentarias y
la inmunidad de arresto y proceso para efectos de su detención, denuncia o procesamiento penal. La
referida norma constitucional dispone:
[Inmunidad Parlamentaria]
Artículo 93.- Los congresistas representan a la Nación. No están sujetos a
mandato imperativo ni a interpelación.
No son responsables ante autoridad ni órgano jurisdiccional alguno por las
opiniones y votos que emiten en el ejercicio de sus funciones.
1
Abogado, magíster en Derecho Constitucional y doctor por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Profesor prin-
cipal de Derecho Constitucional de la PUCP. Ha sido: director de la Maestría en Derecho Constitucional de la Escuela de
Posgrado de dicho centro de estudios; jefe del Departamento Académico de Derecho; juez ad hoc de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos; presidente de la Asociación Peruana de Derecho Constitucional; presidente de la Comisión Interame-
ricana de Derechos Humanos. Embajador del Perú en el Reino de España; ministro de Justicia y Derechos Humanos; director
general de la Academia de la Magistratura y director ejecutivo de la Comisión Andina de Juristas.
31
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
32
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Esta inviolabilidad por opiniones y votos de los congresistas se encuentra recogida en el artículo
17º del actual Reglamento del Congreso, que señala: «Los Congresistas no son responsables ante
autoridad ni órgano jurisdiccional alguno por las opiniones y votos que emitan en el ejercicio de
sus funciones». Como se puede observar, el Reglamento del Congreso no hace mucho más que
repetir el precepto constitucional.
Existe relativo consenso en la importancia de asegurar a los congresistas que no puedan ser
demandados ni perseguidos o responsabilizados ante ningún tipo de autoridad por lo expresado
en los votos u opiniones que emiten en los debates, dictámenes o informes propios del desempeño
2
Constitución de Cádiz (1812). «Artículo 128º.- Los diputados serán inviolables por sus opiniones, y en ningún tiempo ni caso, no
por ninguna autoridad podrán ser reconvenidos por ellas. En las causas criminales, que contra ellos se intentaren, no podrán
ser juzgados sino por el tribunal de Cortes en el modo y forma que se prescriba en el reglamento del gobierno interior de
las mismas. Durante las sesiones de las Cortes, y un mes después, los diputados no podrán ser demandados, civilmente, ni
ejecutados por deudas».
3
Constitución del Perú de 1823. «Artículo 57º.- Los diputados son inviolables por sus opiniones, y jamás podrán ser reconvenidos
ante la ley por las que hubieren manifestado en el tiempo del desempeño de su comisión».
33
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
de sus funciones parlamentarias. Cabe recalcar que no se trata del mero reconocimiento del
derecho a la libertad de expresión del que goza toda persona, pues la inviolabilidad por opiniones
y votos que se otorga a los congresistas tiene como elemento particular que confiere una
exoneración o excepción total de imputación de responsabilidad, mientras que para la libertad
de expresión existe la regla de la responsabilidad ulterior por lo que la persona haya expresado.
Sin embargo, a pesar de lo que pudiera sugerir una interpretación literal de esta norma
constitucional, considero que el contenido de estas opiniones no puede interpretarse sin
imponerle algunos límites, ya que no resultaría justificado ni razonable que se permita utilizarlas
para emitir ofensas, comentarios discriminatorios o contrarios a la dignidad de sus colegas o
de terceros. Así se establece, por ejemplo, en los casos de los parlamentos de Alemania4 y de
España,5 en el entendido de que se estaría desnaturalizando el sentido de esta inviolabilidad,
cuya finalidad es garantizar la mayor libertad de expresión para el congresista cuando se utiliza
para ofender.
Cuando las opiniones emitidas por el congresista conllevan proferir ofensas, injurias o
difamaciones, sin perjuicio de la autoridad del presidente de la Cámara para exigirle el retiro
de tales expresiones, puede resultar procedente aplicar al congresista una sanción disciplinaria
(incluso de suspensión) si el Congreso así lo aprueba, según lo previsto en los artículos 95º de la
Constitución (segundo párrafo) y 24º del Reglamento del Congreso. La situación puede revestir
mayor gravedad cuando la persona o autoridad aludida por el parlamentario no forma parte del
Congreso o no se encuentra presente en la sesión.
Es por ello que considero posible que una persona, más aún si es ajena al Congreso, en caso de que
piense que ha sido víctima de expresiones u opiniones ofensivas, difamatorias o discriminatorias
de algún congresista, pueda interponer ante el órgano jurisdiccional una denuncia penal para la
defensa de sus derechos fundamentales al honor o a la dignidad. Estimo que, en principio, la regla
sería interpretar a favor de la protección de la inviolabilidad e irresponsabilidad del congresista
por las expresiones y opiniones vertidas en el ejercicio de sus funciones parlamentarias, pero
que debería admitirse la demanda de la persona afectada cuando se trate de expresiones
manifiestamente ofensivas o discriminatorias, cuya utilización luce innecesaria o exagerada para
expresar, en forma razonable, una opinión o crítica. En consecuencia, de formular el ofendido una
denuncia penal por estos delitos, bajo la normativa actual, el Poder Judicial (a través de la Corte
Suprema) tendría que solicitar al Congreso el levantamiento de la inmunidad del parlamentario
involucrado, quedando la procedencia y continuidad de este proceso sujeta a que el Congreso
así lo autorice.
Otro aspecto que puede resultar controvertido respecto a los alcances de esta inviolabilidad
es determinar cómo se debe interpretar que se trata de opiniones emitidas en el ejercicio de
las funciones parlamentarias. Una interpretación restringida circunscribiría esta protección a lo
expresado por el legislador en actos parlamentarios que, por tanto, se realizan en sesiones y
recintos del Congreso y forman parte de las actividades de los congresistas (debates en sesiones
4
La Ley Fundamental de Bonn, en su artículo 46º, (1), excluye expresamente del ámbito de protección de la inviolabilidad a las
declaraciones o votos de contenido ofensivo o calumnioso.
5
Conforme señala Ángel Manuel Abellán, el artículo 103º del Reglamento del Congreso en España faculta a los presidentes de
las cámaras a llamar al orden al diputado o senador cuando profirieren palabras ofensivas al decoro de la Cámara o de sus
miembros, de las instituciones del Estado o de cualquier otra persona o entidad. En este sentido, considera que debe atender-
se al contenido real de la ofensa, resultando aceptable la expresión o crítica intelectual que proviene del autor, pero estaría
vedado, por respeto al decoro y cortesía parlamentaria, el exabrupto y el insulto (1992: pp. 43-44).
34
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Especial controversia puede suscitar si esta inviolabilidad se extiende a las opiniones expresadas
por un parlamentario en circunstancias como declaraciones o entrevistas ante medios de
comunicación, fuera o dentro del Congreso; a publicaciones de sus escritos, exposiciones
en certámenes, actos en lugares públicos (como mítines, movilizaciones o protestas) o en
reuniones privadas. Manuel Abellán señala que la doctrina y jurisprudencia española acogen una
interpretación restrictiva, entendiendo que no corresponde incluir dentro de la inviolabilidad
por opiniones los actos «extraparlamentarios» o externos del congresista, en los que actúa como
un político o como cualquier ciudadano; pues la inviolabilidad es un privilegio que no debe
utilizarse para colocar al representante en una posición de superioridad injustificada frente
al resto de ciudadanos (1992: pp. 58-59). Sin perjuicio de ello, creo que esta inviolabilidad sí
alcanzaría al congresista cuando emite opiniones, declaraciones o críticas relacionadas con actos
derivados de sus labores parlamentarias (de investigación o fiscalización política, por ejemplo),
aunque se realicen fuera de recintos o sesiones del Congreso.
La primera Constitución peruana, de 1823, consagraba en su artículo 59º esta inmunidad, que
comprendía no solo una protección frente a acusaciones de índole penal (de las que conocería
exclusivamente el Congreso), sino también la prohibición de que el diputado pueda ser demandado
civilmente o ejecutado por deudas mientras permanezca en las sesiones del Congreso.6 Este texto
recogía lo estipulado en la segunda parte del ya citado artículo 128º de la Constitución de Cádiz
de 1812.
6
Constitución de 1823. «Artículo 59º.- En las acusaciones criminales contra los Diputados no entenderá otro Juzgado ni
Tribunal que el Congreso, conforme a su Reglamento interior, y mientras permanezcan las sesiones del Congreso, no podrán
ser demandados civilmente, ni ejecutados por deudas».
35
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
sentencia era suspender del cargo al congresista, quien quedaría sujeto a juicio (artículo 32º).
Como se puede apreciar, ante acusaciones de contenido penal se seguía un procedimiento similar
al que luego correspondería al antejuicio.
La Constitución de 1860, en su artículo 55º, estableció que esta inmunidad se extendía desde
un mes antes de instalarse las sesiones del Congreso y hasta un mes después de concluidas,
correspondiendo a la Comisión Permanente autorizar la detención o procesamiento del
congresista durante el receso del Congreso.
Las constituciones de 1933 y 1979, en sus artículos 105º y 176º, respectivamente, mantuvieron
esencialmente dicho tratamiento, precisando la última que esta inmunidad se inicia con la
elección del congresista y culmina un mes después de cesar en su mandato. Ambas cartas
políticas encomiendan a la Cámara respectiva o a la Comisión Permanente emitir la autorización
para la detención o procesamiento del congresista, precisando que el plazo para someterlo a
estas instancias, en caso de detención por delito flagrante, será de 24 horas.
El artículo 16º del actual Reglamento del Congreso regula, extensamente, los alcances de esta
inmunidad y el procedimiento para su levantamiento. Una precisión importante que establece
es que esta inmunidad solo alcanza a procesos de tipo penal, motivados en delitos comunes,
siempre que se hayan suscitado desde el momento de la elección como congresista; por lo que no
se aplica a procesos penales iniciados con anterioridad al desempeño de la función congresal, los
que continuarán tramitándose normalmente. Esta interpretación, más restrictiva, fue adoptada
por el propio Parlamento a propósito de una reforma de esta norma del Reglamento aprobada
mediante Resolución Legislativa n.º 015-2005-CR (publicada el 3 de mayo de 2006). Con esta
reforma se abandonó la aplicación que anteriormente daba el Poder Legislativo al tercer párrafo
del artículo 93º de la Constitución, que comprendía dentro de los alcances de esta inmunidad
también a los procesos penales iniciados contra el parlamentario antes de asumir sus funciones
(que quedaban suspendidos hasta que se decida el levantamiento de la inmunidad) o por hechos
imputados como delitos ocurridos antes de su elección como congresista.
Esta reforma del Reglamento del Congreso, referida a la restricción del lapso temporal de
los delitos a los que alcanza la aplicación de esta inmunidad, fue objeto de una demanda de
inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional (caso Javier Valle Riestra en representación
36
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Finalmente, como señala Fernández Segado (1992: p. 597), cabe precisar que la inmunidad de
arresto y proceso no conlleva una exoneración o irresponsabilidad penal del congresista, sino
que para su detención o juzgamiento criminal se requiere la autorización previa del propio
Parlamento, por lo que se convierte en una suerte de privilegio o garantía procesal que debe
cumplirse antes de que el congresista pueda ser procesado, lo que queda supeditado a la
aprobación de dicho poder.
7
STC dictada en el Exp. n.º 0026-2006-PI/TC: «(…).
27. Por ello, no es inconstitucional per se la interpretación estricta que el propio Congreso hubiese realizado en una materia
que es interna y que tiene visos de ser una cuestión política no justiciable, ya que se trata de situaciones de excepción.
Consecuentemente, este Colegiado estima que, conforme al artículo 93° de la Constitución, caben las dos posibilidades de
protección (inmunidad de proceso amplia y estricta), y que corresponde al Congreso de la República adoptar cualquiera de
ellas conforme a la natural evolución de las instituciones parlamentarias y al fin constitucional que se persigue.
De otro lado, también debe reforzarse la capacidad autorregulatoria del Congreso de la República cuando emite o modifica su
Reglamento. (…) En efecto, en ambas posibilidades interpretativas se protege el núcleo esencial de la garantía institucional
de la inmunidad de proceso, esto es, la autorización del Congreso para levantar la inmunidad; en los dos casos el congresista
está protegido. Lo que ocurre es que la extensión de la protección (todo proceso penal independientemente del momento de
su inicio o sólo los procesos penales iniciados con posterioridad a la elección) es lo que conforma el contenido no esencial,
sobre el cual el legislador ordinario tiene un amplio margen de regulación.
Pero, asimismo, este Colegiado considera que la disposición cuestionada es constitucional debido a que, ante la ausencia de
un dispositivo afirmativo o negativo del artículo 93° de la Constitución, con relación a si la inmunidad de proceso comprende a
los procesos penales anteriores a la elección, la frase restante de la cláusula señala lo siguiente: la protección se da (...) desde
que son elegidos hasta un mes después de haber cesado en sus funciones (...) Puede entenderse, entonces, que la modificación
del mencionado segundo párrafo del artículo 16 del Reglamento no contradice lo que tal norma expresa.
28. En este caso, el legislador democrático (la representación parlamentaria elegida para el periodo 2001–2006), decidió
regular el contenido accesorio de la inmunidad de proceso autolimitándose en sus privilegios y regulando restrictivamente
una situación de excepción, a fin de potenciar la legitimidad del Parlamento ante la ciudadanía».
37
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
De no otorgar el Congreso esta autorización, habrá que esperar (en el caso peruano) hasta que
el parlamentario concluya su mandato y transcurran otros 30 días más, lapso después del cual
podrá ser procesado normalmente. En cambio, si el Legislativo aprueba el levantamiento de esta
inmunidad, el congresista podrá ser procesado, pero no perderá su calidad de parlamentario
ni quedará suspendido en ella, pudiendo seguir realizando todas sus actividades y funciones.
Obviamente, dentro del proceso penal se podrá ordenar su detención, imponerle condena o
disponer su absolución, lo que tendrá incidencia en la continuidad de su mandato parlamentario.
38
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
ambos órganos, que tuvo como desenlace la disolución del Poder Legislativo en setiembre de
2019. Fue por ello que en las elecciones para el nuevo Congreso muchas de las organizaciones
políticas participantes ofrecieron que eliminarían esta inmunidad, lo que requería una reforma
constitucional.
Puede observarse que la reforma constitucional propuesta amplía los alcances de la inviolabilidad
por opiniones y votos, pues incluye dentro de esta inviolabilidad a «las acciones legislativas, de
representación, de fiscalización, de control político u otras inherentes a la labor parlamentaria que
realicen en el ejercicio de sus funciones». Me parece que este añadido es inconveniente, pues la
norma constitucional vigente puede interpretarse que ya protege los votos y opiniones contenidos
en expresiones y decisiones de los congresistas respecto a la aprobación de leyes, dictámenes
e informes en comisiones investigadoras o de fiscalización, debates en sesiones plenarias o de
comisión, reuniones de portavoces o de grupos parlamentarios. En cambio, aludir a «acciones»
8
Cabe tener presente que el día anterior (sábado 4 de julio) se había aprobado con 82 votos (más de la mitad del número
legal de congresistas, pero menos de los 2/3) un texto de reforma constitucional exclusivamente referido al artículo 93º de la
Constitución, sobre inviolabilidad e inmunidad parlamentaria. No obstante, ante el pedido de reconsideración formulado por
algunos congresistas, el asunto volvió a revisarse y votarse al día siguiente. Pero en la sesión se presentaron textos sustitu-
torios no solo sobre la reforma ya aprobada de la inmunidad parlamentaria, sino que incluían la reforma de los artículos 99º,
117º, 161º y 201º, referidos a la eliminación de la inmunidad para los magistrados del Tribunal Constitucional y el Defensor
del Pueblo, del antejuicio político para los ministros, y la ampliación de las causales para la acusación del Presidente de la
República durante su mandato; a pesar de que estos nuevos asuntos no habían sido contemplados en el dictamen en mayoría
aprobado en la Comisión de Constitución.
9
El texto en negrita indica los cambios propuestos en la reforma de la norma constitucional vigente.
39
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
hace referencia a actos, lo que es distinto a votos u opiniones. Con ello podría pretenderse
otorgar irresponsabilidad (e impunidad) frente a acciones del congresista realizadas en tareas
de representación, fiscalización, control político o de otro tipo, a pesar de que pudieran suponer,
por ejemplo, negociaciones incompatibles, actos ilícitos o de abuso de autoridad, conflicto de
intereses, etc.
En relación con la reforma propuesta aprobada (en primera legislatura ordinaria) sobre la
inmunidad de arresto y proceso de los congresistas, queda claro que esta no se elimina y que,
más bien, se reemplazaría totalmente el párrafo del precepto constitucional vigente que regula
esta materia, siendo sus principales modificaciones las siguientes:
- Se incluye en la norma constitucional una referencia expresa y precisa a que esta inmunidad
comprende a acusaciones de índole penal por imputación de delitos comunes al congresista.
Considero que la eliminación de la inmunidad de arresto por delitos comunes, cuando exista
flagrante delito, resulta positiva y justificada. También encuentro favorable que se elimine toda
intervención del Congreso y la necesidad de la aprobación del levantamiento de inmunidad
del congresista para que proceda su procesamiento penal. Parece una opción razonable que la
evaluación de la procedencia de esta detención o del juzgamiento penal sea realizada por la
Corte Suprema, que deberá verificar que tras la denuncia no exista encubierta una motivación de
persecución política, de venganza o de discriminación en contra del congresista. Se trata de una
medida muy similar a la adoptada en los casos de Colombia y Chile.
No obstante, una vez autorizado el juzgamiento del congresista por la Corte Suprema, parecería
más razonable que el proceso se desarrolle ante el juez ordinario competente, ya que se trata
de delitos comunes y no de delitos de función. Ello para guardar coherencia con la diferencia
que debe existir para el procesamiento penal tratándose del antejuicio (referido a delitos de
función) y de la inmunidad parlamentaria. Además, sería conveniente que la Constitución o
el Reglamento del Congreso precisen si la evaluación y autorización para el juzgamiento del
congresista corresponderá a la Sala Plena de la Corte Suprema, a una comisión especial de jueces
supremos o a la Sala Penal o Constitucional Permanente.
40
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
reforma constitucional aprobada (aún pendiente de ratificación para que se haga efectiva) solo
la ha modificado; pudiendo considerarse un avance que la decisión sobre la autorización del
juzgamiento penal del congresista haya dejado de estar en manos del propio Congreso y pase a
corresponder a la Corte Suprema, lo que puede contribuir a una evaluación más objetiva y menos
política respecto de su procedencia.
V. BIBLIOGRAFÍA
Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política
2019 Hacia la democracia del Bicentenario. Lima: Konrad Adenauer Stiftung.
PLANAS, Pedro
1997 Derecho Parlamentario. Lima: Ediciones Forenses.
41
EL RÉGIMEN DE RESPONSABILIDADES
DEL PODER EJECUTIVO EN EL MODELO DE
GOBIERNO PERUANO
PEDRO A. HERNÁNDEZ CHÁVEZ1
Constitucionalista
SUMARIO
RESUMEN
El presente artículo se inicia con las consideraciones generales sobre el concepto y los tipos de
responsabilidad a que se encuentran sujetos los altos funcionarios, con especial incidencia en las
instancias conformantes del Poder Ejecutivo peruano: el presidente de la República y los ministros
de Estado, dentro del particular marco establecido por el modelo de gobierno peruano. Se analiza de
esta manera el régimen de responsabilidad a que se encuentra sujeto el presidente de la República,
el más importante actor de nuestro sistema político, no siempre sujeto ni a los controles ni a las
responsabilidades que sus competencias y atribuciones ameritan; así como las responsabilidades a
que se encuentran sujetos los ministros de Estado.
En tal propósito, como parte de un modelo disfuncional, el gobierno peruano establece un inadecuado
régimen de responsabilidades al interior del Poder Ejecutivo, generando así la disfuncional exigencia de
responsabilidad política a actores que son ajenos a las decisiones de gobierno; con la sobreprotección
1
Abogado y maestro en Derecho Constitucional por la Universidad de San Martín de Porres (USMP), con estudios de maes-
tría en Ciencia Política en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV). Actualmente cursa el Doctorado en Derecho
(USMP). Diplomado en Derechos Humanos de la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del
Washington College of Law de la American University (Estados Unidos) (2010). Profesor de la USMP, en las áreas de Ciencia
Política y Derecho Constitucional. Profesor Asociado de la Academia de la Magistratura. Profesor de la Maestría en Derecho
Constitucional de la UPAO (2019). Miembro fundador y actual Presidente del Centro de Estudios en Derecho Constitucional
(CEDC) de la Facultad de Derecho USMP. Profesor de las Maestrías en Derecho Constitucional y Derecho Procesal de la USMP
(2020). phernandezc@[Link]; phernandez@[Link]
43
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
distorsionante a favor del Presidente de la República que ello supone para el conjunto del sistema
político y jurídico-constitucional peruano.
De manera general, los agentes del Estado están sujetos a los siguientes tipos de responsabilidad:
i.) la responsabilidad política, ii.) la responsabilidad ética, y iii.) la responsabilidad jurídica.
Sobre la responsabilidad política, es bueno afirmar que ahí donde existe «representación» existe
«responsabilidad» y, por ende, el sistema de Gobierno «representativo» es un sistema de Gobierno
«responsable», al extremo que Friedrich (1975 vol. : 23) identificó ambos conceptos como
sinónimos; se puede sostener que la «representación política» presupone que los representantes
han de rendir cuentas de alguna forma ante el pueblo, pudiendo afirmar —con Oliver (1999: 78)—
que más que una responsabilidad debemos aludir a una «red de responsabilidades» con multitud
de hilos y que se plasman en diversos tipos de relaciones y de consecuencias que tendrán como
único hilo conductor el propósito de establecer un proceso de rendición de cuentas de los
gobernantes por sus actos.
La responsabilidad política supone la asunción de las consecuencias de los actos realizados por
los funcionarios y servidores al interior del Estado, en el ejercicio de las competencias que le han
sido asignadas por razón de su cargo, siendo directamente
De lo afirmado, se puede colegir que nos encontramos ante un necesario medio de control de la
gestión gubernamental —que realiza control de idoneidad, control de eficiencia y control de gestión,
como lo planteara el profesor argentino Ricardo Haro (1992: 371-374) años atrás—, así como ante
una importante forma de control, represión y sanción de la corrupción política, según lo sostiene
Rose-Ackerman.2
2
Para Rose-Ackermann (1999: 143 y ss.), son cuatro las formas de control, represión y sanción de la corrupción política: a.) los
checks and balances en el procedimiento legislativo (que permite la legislación más adecuada imaginable para evitar estos
fenómenos); b.) el control de la Administración en la ejecución de las leyes (a fin de asegurar que los poderes públicos respe-
ten escrupulosamente su contenido); c.) el control judicial; y d.) la transparencia y responsabilidad de los gobernantes (con el
subsiguiente control por el Parlamento y por la opinión pública).
44
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Dicho esto, es posible distinguir los siguientes subtipos de responsabilidad política: i.) la
responsabilidad político-constitucional, y ii.) la responsabilidad político-funcional3.
Sobre la responsabilidad ética, partiendo de que todos los funcionarios públicos existen para
servir a los intereses de la comunidad política, resulta indispensable que estos sean moralmente
aptos (con unos estándares mínimos de moralidad) para la gestión del bien común de una sociedad
y el cumplimiento de los encargos públicos que asumen; para así permitir que la ciudadanía
tenga certeza sobre la rectitud de sus decisiones, en todos los niveles de la Administración
Pública. Y es que, como una especie de la ética profesional, la denominada ética profesional del
servidor público, exige al profesional de la función pública que tenga como principio rector y
decisivo la exigencia de subordinar el interés privado a los valores públicos, el bien común y el
servicio al ciudadano, como correspondencia a la confianza de recursos y atribuciones al Estado y
sus funcionarios públicos que depositan los ciudadanos en la lógica del Estado moderno.
Sin embargo, en nuestra opinión, la afirmación del maestro Paniagua Corazao no es técnicamente
cierta puesto que un régimen absolutista supone la inexistencia de responsabilidad y —por
3
La responsabilidad político-constitucional se encuentra en directa relación con el propósito de protección de la Parte Orgánica
de la Constitución, aquella que consagra la organización del poder político (poderes constituidos) y las competencias y
atribuciones («orden competencial») de los órganos creados por el poder constituyente; razón por la que procede para el
caso de los Altos Funcionarios del Estado señalados específicamente en el Texto Fundamental (art. 99 de la CP), todos los
cuales son funcionarios de naturaleza política. En opinión de Montoya Chávez (2005: 135), la denominada «responsabilidad
constitucional», tiene como finalidad esencial «determinar en qué momento se ha vulnerado la distribución de funciones
orgánicas, a través de un abuso de las atribuciones asignadas a un alto funcionario del Estado, determinadas a través de las
infracciones constitucionales».
Por su parte, la responsabilidad política-funcional es aquella derivada del ejercicio de la función pública que realiza todo
agente del Estado, sea cual fuere su categoría y denominación, teniendo por finalidad contener el exceso y el abuso del poder
y, con ello, resguardar el derecho de los ciudadanos ante tales inconductas. Tiene, pues, como referencia obligatoria a los
actos o conductas políticas del involucrado, con excepción de aquellos(as) que conllevan, a su vez, la comisión de un delito con
motivo del ejercicio de la función o de una infracción constitucional, en cuyo caso estaremos ante la ya aludida responsabilidad
político-constitucional.
4
Sobre el particular, Bustos Gisbert (2004: 75) señala: «El sometimiento de los gobernantes al ordenamiento jurídico,
y específicamente al derecho penal, es una exigencia evidente del constitucionalismo democrático ya que éste exige el
acatamiento del poder al derecho y la igualdad de todos ante la ley».
45
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
ende— el irrespeto del principio de responsabilidad de la función pública, según el cual todo
ejercicio de poder político supone asumir la responsabilidad inherente a sus posibles excesos.
En el modelo de gobierno peruano, en cambio, lo que existe es un régimen disfuncional de
responsabilidad presidencial que no comprende la real dimensión de ésta, confunde los ámbitos
que involucra y, además, los asigna a diferentes actores jurídico-políticos, por lo que —en la
práctica— resulta ineficiente para controlar al presidente de la República, precisamente el actor
político más importante del régimen.
Esta situación, sin embargo, es muy distinta a la que se configura en un régimen presidencial
de gobierno, donde el presidente no sólo es jefe de Estado, sino también —en tanto órgano
unipersonal— asume, conjuntamente con el aludido rol de jefe de Estado, las funciones de jefe
de Gobierno, jefe de la Administración Pública y jefe militar y policial, cualidades separables
sólo para efectos explicativos y metodológicos pero que, en la realidad práctica, se encuentran
claramente entremezcladas por la naturaleza abarcativa y comprehensiva de su cargo. En la
versión pura de este régimen gubernativo, al no existir ministros sino meros colaboradores
llamados «Secretarios», el carácter unipersonal del gobierno y el rol preponderante dentro del
sistema y la dinámica políticas que tiene el presidente, hace que necesariamente se le tenga que
considerar como el más importante actor político, por lo que debe encontrarse sujeto, en forma
directa, a cuatro (4) tipos de controles: i.) el control socio-político, que expone al escrutinio de la
ciudadanía y la opinión pública cada medida de gobierno que adopte el presidente, asumiendo
así en forma directa las consecuencia de sus actos; ii.) el control político-electoral, a través de la
rendición de cuentas que tiene lugar al final del período presidencial, a través del mecanismo
de la reelección presidencial inmediata; iii.) el control jurídico-penal, mediante el impeachment
de carácter penal o criminal; y iv.) el control competencial, que es resultado de la consagración
del particular modelo de Estado que se haya adoptado, y la distribución competencial entre el
Gobierno nacional y los gobiernos subnacionales, por ejemplo.
46
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
A esta inicial incomprensión de la lógica interna del régimen presidencial, en el caso peruano,
se suma la forzada cualidad asignada al presidente de la República de «personificar a la nación»,
según se ha consagrado en el primer párrafo del Art. 110 de la Constitución de 1993,5 como
prerrogativa adicional que, según Chirinos Soto (2006: 208), tiene el propósito de no sujetar
al vaivén de la política cotidiana al «inviolable primer magistrado que representa al Perú en su
continuidad histórica».
Sin embargo, según hemos visto en líneas precedentes, ¿es cierto que el presidente no participa
en la política cotidiana? Acaso, el presidente de la República peruano ¿está alejado de las
cuestiones políticas, como sucede —por ejemplo— con cualquier rey de las modernas monarquías
constitucionales?
(…) lo que resulta incomprensible es por qué el Presidente puede ser ajeno al
vaivén de la política cotidiana si está metido en ella de pies a cabeza. Desde que
dirige la política general hasta que nombra a los ministros y se encarga de cada
uno de los actos de gobierno, pasando por la injerencia acostumbrada en todas
las demás instituciones, que incluye aquellas que se suponen autónomas e
independientes, el Presidente de la República está a cargo de todos los asuntos
administrativos del Estado, en lo que no hay nada que le sea ajeno (p. 152).
En nuestro país, pues, el presidente de la República es el principal actor del sistema político,
y, por ende, el eje central de su dinámica y desenvolvimiento, en tanto constituye el inspirador
y definidor, primero y último, de las decisiones políticas y las diversas medidas de gestión
gubernamental, conforme al tantas veces aludido inciso 3 del Art. 118 de la Constitución de
1993, que lo consagra como jefe de Gobierno.
Así las cosas, entendiendo que todo funcionario público puede estar sometido a responsabilidades
de tipo personal de carácter político, ético y jurídico, se puede señalar que, en el modelo de gobierno
peruano, el presidente de la República está sujeto a los siguientes tipos de responsabilidad:
5
El primer párrafo del art. 110 de la Constitución peruana de 1993, señala:
«Art. 110.- El Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica a la Nación.
(…)».
47
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Para el caso del presidente de la República, esta se encuentra consagrada en el Art. 113
inciso 2 de la Constitución de 1993, donde se señala como causal de vacancia del presidente
de la República la «permanente incapacidad moral» declarada por el Congreso.
No pudiendo ser acusado por cualquier otra infracción constitucional —pues, en ese caso,
habrá de esperarse la culminación de su mandato para iniciar la respectiva acusación
constitucional—; es claro que el presidente de la República detenta una suerte de inmunidad
relativa temporal consagrada a su favor.
6
Según el art. 117 de la Constitución de 1993, el Presidente de la República sólo puede ser acusado durante su mandato
gubernamental, por: i.) traición a la patria; ii.) por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o
municipales; iii.) por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos en el art. 134 de la Constitución; y iv.) por impedir la
reunión o funcionamiento del Congreso o de los organismos del sistema electoral (Jurado Nacional de Elecciones – JNE, el
Registro Nacional de Identificación y Estado civil – RENIEC, la Oficina Nacional de Procesos Electorales – ONPE).
7
El art. 117 Constitución peruana de 1993, señala:
«Art. 117.- El Presidente de la República sólo puede ser acusado, durante su período, por traición a la Patria; por impedir las
elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos
en el Art. 134 de la Constitución, y por impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros
organismos del sistema electoral».
8
El art. 113 de la Constitución Política de 1993, señala:
«Art. 113.- La Presidencia de la República vaca por:
(…)
5. Destitución, tras haber sido sancionado por alguna de las infracciones mencionadas en el artículo 117 de la Constitución».
(El subrayado es nuestro).
48
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
En materia civil, debe quedar claro que la aludida prohibición de formular acusaciones
contemplada en el art. 117 de la Constitución de 1993, no constituye impedimento
alguno para la interposición de demandas civiles contra el presidente de la República,
inclusive durante su mandato, por tratarse de consecuencias jurídicas que surgen, en tanto
responsabilidad, por su condición de mero ciudadano, en los distintos ámbitos que ello
comprende (ej.: el presidente podrá ser demandado por un deuda puesta a cobro por un
acreedor, o, inclusive, por su propia esposa en caso ella decida plantearle el divorcio).
De esta manera, debe quedar en claro que —respecto de los también denominados
«delitos funcionales»— la Constitución ha consagrado una suerte de «inmunidad absoluta
temporal» («inmunis quasi supremus») orientada a proteger y garantizar la independencia
de la institución de la Presidencia de la República frente a pretensiones jurisdiccionales
que pudieran —so pretexto de la aplicación de la ley penal— interferir con el desempeño de
dicha función, siendo pues una suerte de garantía política.
Sin embargo, distinto es el panorama cuando se trata de delitos comunes (también llamados
delitos comunes no funcionales) que hayan sido o pudieran ser cometidos por el ciudadano
que ejerce la presidencia de la República, pues —respecto de ellos— ni la Constitución ni
ninguna otra norma legal ha contemplado supuesto de inmunidad temporal alguno.
9
Ver: Sentencia de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia de la República (Exp. A.V. 23-2001), pp. 48-49.
49
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
persecuciones a las que sus crímenes están sometidos por las leyes comunes, en
las formas prescritas por ellas, y ante los tribunales ordinarios (p. 388).
Por lo señalado, consideramos que, cuando se trata de una imputación penal referida a
delitos comunes que el ciudadano que ejerce la Presidencia de la República puede haber
cometido tanto antes de asumir el cargo como durante el ejercicio del mismo, no existe
ninguna limitación para desarrollar y ejercer plenamente la función de administración
de justicia y, por ende, ejercer el ius puniendi del Estado contra el ciudadano autor de un
delito, que circunstancialmente detenta el cargo de presidente de la República, pues una
interpretación en sentido contrario significaría una irrazonable e injustificada discriminación
entre ciudadanos, sin que —a nuestro modo de ver— sea admisible ninguna justificación
capaz de establecer una diferencia legítima;10 dando origen así a lo que Valle Riestra (1988)
denominara la «responsabilidad extraconstitucional» del presidente de la República.
Así las cosas, se puede colegir que el particular régimen de responsabilidad presidencial peruano
presenta los siguientes matices:
10
Al respecto, Cairo Roldán (2015: 406) sostiene que la prohibición u obstrucción temporal contra la persecución de la
criminalidad del primer mandatario por la mayor parte de delitos previstos en la legislación penal, es incompatible con
la igualdad de las personas, puesto que –siendo la finalidad del Derecho Penal y la sanción de los delitos, la defensa del
interés público de la sociedad «en mantener una convivencia pacífica por medio de la protección de los bienes jurídicos
fundamentales»– la supresión de esta protección por el plazo de cinco (5) años respecto de la mayor parte de delitos que
podría cometer el Presidente de la República, genera una sensación de injusticia que es aprovechada por quienes desprecian
el sistema constitucional.
En nuestra opinión, la evaluación de lo afirmado por Cairo Roldán dependerá de qué tipo de delito sea aquel respecto de cuya
investigación y juzgamiento se pretende aplicar esta inmunidad. Si es respecto de delitos comunes, nos parece plenamente
válida la opinión del profesor Cairo Roldán. Pero si se afirma respecto de delitos «cometidos en el ejercicio de la función», este
planteamiento no resulta del todo exacto, puesto que supone trasladar el criterio de igualdad —propio de la Parte Dogmática
y, por ende, aplicable a las relaciones entre ciudadanos en igualdad de condiciones— al análisis e interpretación de la Parte
Orgánica y la organización del poder que regula, olvidando que por la posición que tiene el Presidente de la República en
el modelo de gobierno vigente —y en todo régimen de base presidencial—, exige que su continuidad en el cargo no se vea
afectada por simples denuncias que si bien —en teoría— podrían causar una alteración al trato igualitario, exige una protección
especial que se encuentra plenamente justificada por la finalidad constitucional de garantizar la estabilidad de quien es el
«eje» del sistema político, resguardo constitucional que se otorga al ciudadano que ejerce la Presidencia de la República no
como persona (y, por ende, no como «derecho fundamental»), sino como ciudadano legitimado democráticamente para ejercer
dicho cargo (a manera de «atribución» o «prerrogativa» de carácter estrictamente funcional).
50
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
11
Esta precisión nos parece sumamente importante, porque –a nuestro modo de ver– no sería posible que al ciudadano que
ejerce la Presidencia de la República se le imputen inconductas, conductas inmorales o inidóneas que cometió cuando
detentaba cargos anteriores.
12
En el art. 81 la Constitución de 1856 se estableció que la responsabilidad presidencial se hace efectiva: i.) concluido su
período (conforme los arts. 11 y 12), y ii.) durante el período presidencial, en los casos en que vaque de hecho la Presidencia
de la República, conforme al art. 83: por celebrar cualquier pacto contra la independencia o integridad nacional (inciso 2), por
atentar con la forma de gobierno (inciso 3) o por impedir la reunión del congreso, suspender sus sesione o disolverlo (inciso
4).
13
El inciso 24 del art. 59 de la Constitución de 1860, estableció como atribución del Congreso la de examinar los actos
administrativos del Jefe del Poder Ejecutivo, al final de cada período constitucional, con el fin de i.) aprobarlos (si fuesen
conformes a la Constitución y a las leyes) o ii.) entablar la correspondiente acusación de la Cámara de Diputados antes el
Senado.
51
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
De acuerdo a lo señalado, se puede sostener que —conforme a las jefaturas que detenta (de
Estado, de Gobierno, Militar y Administrativa)— el presidente de la República en el Perú cuenta
con un haz de competencias muy vasto que, sin duda, lo convierte en el principal actor del
sistema jurídico-constitucional y político. Sin embargo, el aludido empoderamiento no siempre
ha estado acorde con las limitaciones y controles respectivos, que son exigibles en el Estado
Constitucional de Derecho, por lo que es posible sostener, con Abad Yupanqui (2006: 49) que «el
modelo constitucional peruano cuenta con un presidente de la República con muchos poderes
y pocos controles».
2. Como responsable de la gestión del Sector a su cargo (art. 119 de la Constitución de 1993, y
segunda parte del segundo párrafo del art. 25 de la Ley n.º 29158, LOPE),15 responsabilidad
que es exigida en virtud de los arts. 132 y 133 de la Constitución de 1993, que consagran el
voto de censura y la cuestión de confianza, respectivamente.
3. Como titular de pliego presupuestal (art. 22.1 de la Ley n.º 29158, LOPE), asumen las
responsabilidades de tipo jurídico y presupuestal de cada uno de los respectivos Sectores
que dirigen.
4. Como Alto Funcionario del Estado sujeto a la Constitución Política (arts. 99, 100 y segundo
párrafo del 128 de la Constitución de 1993), los ministros —al igual que otros Altos
Funcionarios del Estado— están sujetos a una responsabilidad política-constitucional por
sus propios «actos violatorios de la Constitución» o en los que incurra el presidente de la
República o que se acuerden en el Consejo de Ministros; responsabilidad que es exigida por
medio del procedimiento de Acusación Constitucional.
14
El art. 25 de la Ley n.º 29158, Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, señala:
«Art. 25.- Ministros de Estado
El Ministro de Estado, con arreglo a la Constitución Política del Perú, es el responsable político de la conducción de un sector
o sectores del Poder Ejecutivo.
Los Ministros de Estado orientan, formulan, dirigen, coordinan, determinan, ejecutan, supervisan y evalúan las políticas
nacionales y sectoriales a su cargo (…)».
(El subrayado es nuestro).
15
El art. 25 de la Ley n.º 29158, Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, señala:
«Art. 25.- Ministros de Estado
El Ministro de Estado, con arreglo a la Constitución Política del Perú, es el responsable político de la conducción de un sector
o sectores del Poder Ejecutivo.
Los Ministros de Estado orientan, formulan, dirigen, coordinan, determinan, ejecutan, supervisan y evalúan las políticas
nacionales y sectoriales a su cargo; asimismo, asumen la responsabilidad inherente a dicha gestión en el marco de la política
general del gobierno».
(El subrayado es nuestro).
52
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
5. Como resultado de la refrendación que realiza de los actos presidenciales (art. 128 de la
Constitución de 1993, en concordancia con los arts. 120 y 126), la responsabilidad ministerial
admite las siguientes modalidades:
i. Responsabilidad política-funcional individual. Por sus propios actos y por los actos
presidenciales que refrendan, los ministros asumen una responsabilidad política-
funcional, de conformidad con el primer párrafo del art. 128 de la Constitución de 1993,
en concordancia con el art. 120.16
16
Los arts. 120 y 128 primer párrafo, de la Constitución peruana de 1993, señalan:
«Art. 120.- Son nulos los actos del Presidente de la República que carecen de refrendación ministerial».
«Art. 128.- Los ministros son individualmente responsables por sus propios actos y por los actos presidenciales que refrendan.
(…)».
17
Los arts. 126, primer párrafo, y 128, segundo párrafo, de la Constitución peruana de 1993, señalan:
«Art. 126.- Todo acuerdo del Consejo de Ministros requiere el voto aprobatorio de la mayoría de sus miembros, y consta en acta.
(…)».
«Art. 128.- (…)
Todos los ministros son solidariamente responsables por los actos delictivos o violatorios de la Constitución o de las leyes
en que incurra el Presidente de la República o que se acuerden en Consejo, aunque salven su voto, a no ser que renuncien
inmediatamente».
18
El art. 128 de la Constitución peruana de 1993, señala:
«Art. 128.- Los ministros son individualmente responsables por sus propios actos y por los actos presidenciales que refrenden.
Todos los ministros son solidariamente responsables por los actos delictivos o violatorios de la Constitución o de las leyes
en que incurra el Presidente de la República o que se acuerden en Consejo, aunque salven su voto, a no ser que renuncien
inmediatamente».
(El subrayado es nuestro).
19
En opinión de Bustamante Belaunde (2009: 34), la redacción del aludido art. 128 de la Constitución de 1993 resulta defectuosa,
en tanto podría llevar a entender que un Ministro asume responsabilidad por actos presidenciales o del propio Consejo de
Ministros, así no haya participado de la decisión (ej.: estando fuera del país y en una decisión alejada del ámbito competencial
de su Sector); razón por la cual considera, en posición de compartimos, que dicho dispositivo solo genera la responsabilidad
de los partícipes efectivos en dichas decisiones o sesiones, más no de los miembros integrantes del Consejo de Ministros por
el solo hecho de serlo.
53
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Rubio Correa (1999, T. IV: 311) sostiene que las atribuciones y prerrogativas del presidente de
la República no son exclusivas de él, sino del Poder Ejecutivo en forma institucional, en virtud
del art. 120 de la Constitución de 1993 que consagra el «refrendo ministerial», institución que
impide al primero ejecutar alguna de sus atribuciones sin contar con la firma concurrente de un
ministro, y que surge, siguiendo a Villarán y Godoy (1962: 74-75), de la aplicación en el Perú del
ya aludido principio de irresponsabilidad del presidente de la República.
En nuestra opinión, tal afirmación es errada por quedarse en un plano estrictamente jurídico-
formal que impide advertir la diferenciación que existe entre la «decisión de gobierno» de su
respectiva «formalización», distinción que salta a la vista a partir de una lectura sistematizada
de los arts. 118 inciso 3 (función presidencial de dirigir la política general de Gobierno), 119
(función administrativa de dirección y gestión de los servicios públicos confiadas al Consejo de
Ministros y a los ministros), 120 (refrendo ministerial) y 122 (atribución presidencial de nombrar y
remover, en forma discrecional, al presidente del Consejo de Ministros y a los ministros) del Texto
Fundamental de 1993; de donde es posible colegir que, una vez adoptada la decisión gubernativa
por parte del presidente, la refrendación ministerial formal requerida para instrumentalizarla
a nivel normativo también depende de su decisión, al tener capacidad de remover, sin causa
alguna, al ministro que se oponga a aquella.
Por esta razón, y tal como la práctica política lo ha demostrado en diversas oportunidades, tanto
los ministros de Estado como el Consejo de Ministros y su presidente están lejos de ser una real
y efectiva forma de controlar los posibles excesos presidenciales, en tanto éstos se encuentran
condicionados por el poder que tiene el presidente de la República, en su calidad de supremo
54
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
director de la política nacional (inc. 3 del art. 118),20 de nombrarlos y removerlos de manera
discrecional (art. 122), a lo cual se suma la obligación que tienen los ministros de renunciar para
evitar su responsabilidad si no están de acuerdo con las medidas a adoptar por el presidente, en
tanto no basta salvar el voto (art. 128), o inclusive si desean permanecer en el cargo; tal y como
se consagrara en la forma de solución de discrepancias contempladas en las Leyes de Ministros
de 1856, 1862, 1863 y las modernas normas que regulan el Poder Ejecutivo, donde se consagra
que dichas controversias culminan siempre, de una forma o de otra, con la salida del ministro
discrepante.
Sobre el particular, Pérez Serrano (1984: 732) sostiene que, en los regímenes presidenciales, el
refrendo constituye una mera formalidad administrativa y homologadora de escasa importancia
práctica, en virtud de que la confluencia formal de voluntades no significa que el acto presidencial
sea necesariamente resultado de dos voluntades político-gubernativas concordantes, ya que, en
los hechos, siempre prima la voluntad del presidente, en tanto el desacuerdo del ministro puede
llevar a su relevo y reemplazo por otra persona dispuesta de refrendar el acto presidencial (Helio
Zarini, 1992).
Desde una perspectiva administrativa, Serra Rojas (2001: 577-578) asigna al refrendo ministerial
las siguientes funciones: i.) idoneidad, en tanto permite constatar que un acto ha sido hecho
en la esfera de competencias del Presidente y del Ejecutivo (acto notarial de certificación);
ii.) seguridad de implementación, respecto del cumplimiento de la resolución del Ejecutivo,
proporcionando los medios y mecanismos de la Administración Pública para hacerlo; iii.)
asunción de responsabilidad por los actos materia de refrendo, por parte del Ministro refrendante
(asunción de responsabilidad por los actos presidenciales); y iv.) delimitación de competencias,
en tanto obliga al Presidente de la República a sujetar sus actos al imperio de la ley y al ámbito
competencial administrativo del Ministro refrendante (requisito de validez del acto presidencial).
El refrendo ministerial permite la función adicional de ser un acto limitativo del ejercicio del
poder del presidente que, al no poder actuar solo, habrá de requerir la participación, a modo de
requisito de validez, del ministro respectivo, conforme lo han señalado Rubio Correa y Bernales
Ballesteros (1988: 406), Fernández Segado (1990: 182-183) y tal como lo destaca también
Santistevan de Noriega (2015 b) cuando afirma:
Sin embargo, como también hemos señalado antes, la discrecionalidad del presidente de la
República para nombrar a los ministros y removerlos de la misma manera, hace que el refrendo
20
En nuestra opinión, no hay otro artículo constitucional que grafique mejor la real posición y alcances de los ministros y el
Consejo en nuestra forma de gobierno que el inciso 3 del art. 125 de la Constitución de 1993, donde se establece como
atribución del Consejo de Ministros la de «deliberar» sobre los asuntos de interés nacional que consideren necesario, pero sin
dejar de tener claro que quien decide ha sido, es y será el presidente de la República.
55
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
a) El nombramiento y remoción de los miembros del gabinete sujetos a ratificación del Congreso.
En el que, si bien la designación de los integrantes del Gabinete es decisión del presidente,
se establece la necesaria conformidad del Congreso, siendo éste el modelo consagrado en
el régimen presidencial puro estadounidense, donde el Senado es el encargado de ratificar
la inicial designación presidencial.21
En nuestro país, el art. 122 de la Constitución de 1993 señala que el presidente de la República
«nombra y remueve al Presidente del Consejo» y «nombra y remueve a los demás ministros, a propuesta
y con acuerdo, respectivamente, del Presidente del Consejo».
Sin embargo, un enfoque de análisis formal como el generalmente utilizado para abordar esta
atribución presidencial, parece olvidar que si bien el presidente de la República debe contar
con el «asentimiento» del presidente del Consejo de Ministros para «nombrar» a los demás
ministros, no es menos cierto que precisamente aplicando la primera parte de dicho artículo
constitucional al propio nombramiento del presidente del Consejo de Ministros, en la práctica, es
muy difícil que éste pueda oponerse a la propuesta presidencial, teniendo una suerte de espada
de Damócles sobre su cabeza que puede ser soltada cuando el presidente de la República llegue
el convencimiento que no será posible ningún acuerdo al respecto con dicho funcionario.
El citado art. 122 también consagra un mecanismo similar al del nombramiento para el caso de
la remoción de los ministros de Estado, estableciendo —en la práctica— la posibilidad que ésta
sea decidida con total discrecionalidad del presidente de la República, a pesar de la exigencia
formal de contar con el «acuerdo» del presidente del Consejo de Ministros, siendo válida para
este supuesto la crítica realizada en el acápite anterior.
Es por esta razón que Rubio Correa (1999, T. : 395) plantea que la remoción del gabinete o de
los ministros en forma individual, no dependa únicamente del presidente de la República, lo
cual resulta absolutamente lógico y coherente con la dinámica de nuestro modelo de gobierno,
sobre todo luego de que el Congreso aprueba la cuestión de confianza colectiva obligatoria
contemplada en el art. 130 de la Constitución de 1993.
Sin embargo, en un enfoque innovador del refrendo ministerial, Santistevan de Noriega (2015 b:
434-435) destaca un aspecto que ha pasado desapercibido: el presidente de la República realiza
algunos actos de representación y de gobierno que no se llevan a cabo necesariamente a través
21
En estos casos, es necesario diferenciar la «ratificación» del gabinete por el Congreso del régimen presidencial puro aludido,
de la típica «investidura» del gabinete por el Parlamento en el régimen parlamentario clásico, pues en ésta última una
mayoría de legisladores —que pueden ser de un solo partido o de una alianza multipartidaria— nombra al Primer Ministro o
Jefe de Gobierno; mientras que en la forma presidencial el jefe del Ejecutivo es elegido en una elección separado.
56
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
de formalidades y que, por ende, no requieren del refrendo ministerial para su validez, como el
conjunto de actuaciones políticas que van desde discursos pronunciados como jefe de Estado
hasta actos propios de su función contemplados en el art. 118 de la Constitución de 1993 que
son propias de la dirección política o de representación, que no se traducen necesariamente
en firmas de decretos o resoluciones, tales como representar al Estado dentro y fuera de la
República (inc. 2), dirigir la política exterior y las relaciones internacionales (inc. 11), recibir a los
agentes diplomáticos extranjeros (inc. 13), y otras contempladas en el art. 8 de la Ley n.º 29158,
LOPE, tales como: observar y promulgar las leyes aprobadas por el Congreso (inc. 2.c), administrar
la Hacienda Pública (inc. 2.d), negociar empréstitos (inc 2.f), regular tarifas arancelarias (inc. 2.h),
entre otros.
57
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Y es que, nuestro modelo de gobierno consagra una «artificial responsabilidad política del Poder
Ejecutivo», como nos lo advierte Delgado Guembes (2012) cuando señala:
Sin embargo, Cavero Cárdenas (2005) afirma que la responsabilidad política exclusivamente
ministerial resulta inadecuada:
Por tal razón, se puede sostener que la Constitución ubica a los ministros en una posición bastante
incómoda que les genera poca independencia y autonomía, así como una irreal capacidad de
decisión, en virtud de la doble confianza a la que se encuentran sujetos: i.) por un lado, su absoluta
subordinación al Presidente de la República dentro del Ejecutivo —pues es él, quien los nombra
58
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
y remueve con total discrecionalidad— y ii.) por otro lado, son susceptibles de responsabilidad
política ante el Congreso desde el momento de su propia designación y a lo largo del desempeño de
sus funciones, por actos donde no tienen injerencia directa, salvo a nivel de ejecución, en virtud
del refrendo ministerial. Por tal razón, y con acierto, Pareja Paz Soldán (1988, T. I: 356) señala
que «un Ministro debe cuidar de agradar y servir al Presidente de la República y de gozar de
su confianza y al mismo tiempo, ganar el beneplácito y el apoyo del Congreso lo que le impide
realizar una política propia e independiente».
A nuestro modo de ver, el diseño del modelo de gobierno peruano desvía intencionalmente la
atención de la ciudadanía y la opinión pública hacia los Ministros, haciéndolos aparecer como
personajes o actores políticos claves en la dinámica de toma de decisiones, cuando en realidad
son simples colaboradores y ejecutores de las decisiones del presidente de la República, actor
político que —como hemos visto— se agazapa detrás de ellos y no es pasible de ningún tipo de
control político ni exigencia de responsabilidad alguna, ni por el pueblo que lo eligió y, mucho
menos, por el Congreso, órgano de representación ciudadana que sólo podrá llamar, interpelar y
eventualmente censurar a los ministros de aquél, los mismos que —conforme se ha sostenido—
solo son meros colaboradores o ejecutores de la voluntad presidencial.
22
Para nosotros, existiendo otros medios que buscan promover un espacio de entendimiento, comunicación, diálogo o
negociación políticas en los que el presidente de la República, a través de sus ministros, puede recibir críticas, sugerencias,
alternativas de solución distintas y hasta información que puede ser valiosa para las mejor implementación y/o ejecución
de su política general de gobierno —como son la estación de preguntas, invitación para informar, interpelación, pedidos de
información, entre otros—; no es posible considerar a la moción de censura y a la cuestión de confianza como instrumentos
de «acercamiento» entre los poderes Legislativo y Ejecutivo.
59
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Ante la falta de argumentos y la clara tensión que generan en el plano de la realpolitik, es válido
preguntarse si, a lo mejor, el verdadero propósito —soterrado, por cierto— de haber mantenido
las figuras de la moción de censura y la cuestión de confianza en nuestro de modelo de gobierno,
introduciendo en forma adicional la disolución parlamentaria en los Textos Fundamentales de
1979 y 1993, era única y exclusivamente dotar al presidente de la República de instrumentos
adicionales para consolidar su hegemonía política ante un Congreso que pudiera resultar
incómodo. Y es que, al no concebir y menos exponer al presidente de la República como el
verdadero conductor del gobierno y potencial generador de conflictos políticos con el Congreso
—el órgano contralor político por antonomasia— en virtud de las decisiones de gobierno que
adopta; su impunidad es prácticamente inevitable no sólo por no ser políticamente responsable,
sino —y aquí lo peligroso para el sistema— porque al permitir que otro dé la cara por él y, por
ende, asuma su responsabilidad política —el presidente del Consejo de Ministros, cualquier otro
ministro de Estado o inclusive la totalidad del Consejo de Ministros—, consideramos que ello
genera dos (2) efectos nocivos en la dinámica del sistema político: i.) no permite que el pueblo
conciba al presidente de la República como «actor político» definitivo, lo cual hace que el modelo
sea percibido como una suerte de hipocresía innata que lo vicia de cualquier análisis objetivo; y
ii.) como lo destaca Espinosa-Saldaña Barrera (2003: 19, nota 6), se generan escenarios políticos
que perjudican la imagen de la institución parlamentaria ante la ciudadanía, al presentar al
Congreso y a sus miembros como un cuestionador antojadizo y carente de propuestas alternativas
de la política que desea implementar el gabinete, cuando a quien realmente busca controlar es
al primer mandatario.
A estas alturas, tal vez sea conveniente recordar la afirmación realizada por Toribio Pacheco
(1996) al comentar la Constitución de 1826 —primera de nuestra historia que consagró la
irresponsabilidad política del Presidente—, en el sentido de que hubiera sido mejor que los
ministros fuesen independientes del presidente y capaces de obrar por sí, como sucede en las
monarquías constitucionales, pues:
Sobre el particular, en una cita extensa pero indispensable, Delgado Guembes (2005) señala en
forma categórica:
(…) toda vez que nuestra Constitución y nuestra práctica política nos muestra
que es el Presidente de la República el que gobierna y dirige de modo efectivo
en el país, pero a la vez no es procesal, institucional ni constitucionalmente
60
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
61
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
poder real que tiene, y para aparentar los decoros de una civilidad que esconde
y en la que está ausente la sinceridad del uso efectivamente descontrolado del
poder (pp. 423-425).
En la misma línea, Espinosa-Saldaña Barrera (2008) tiene dos referencias que nos parece
necesario citar:
En nuestra opinión, este mal diseño del régimen de exigencia de responsabilidad política genera
—por lo menos— dos (2) graves disfuncionalidades en el modelo gubernativo peruano: i.) por
un lado, somete a consideración del Congreso la actuación y la exigencia de responsabilidad
política de una persona (los ministros) o un órgano (el Consejo de Ministros) que no detenta
62
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
real y efectiva alguna capacidad de decisión y dirección políticas; y ii.) por otro lado, lo anterior,
hace consiguientemente irresponsable al verdadero decisor político del sistema y, por ende, actor
principal de la dinámica gubernativa: el presidente de la República, quien —al no estar sujeto
a reelección inmediata, no responder ante el Congreso porque sus ministros lo hacen por él, y
sólo ser pasible de acusación constitucional y juicio político por pocas causales taxativamente
contempladas en el art. 117 de la Constitución de 1993 durante su período gubernamental— se
convierte en un actor político difícil, sino imposible, de controlar. En tal sentido, de acuerdo
con Eguiguren Praeli (2002: 108), la «irresponsabilidad» del presidente de la República resulta
injustificada en un régimen democrático y constitucional, porque mal «puede aceptarse que
quien ostenta el mayor poder dentro del Estado carezca casi totalmente de una razonable
responsabilidad, en los planos político y penal, como elemento de contrapeso y equilibrio».
De esta manera, el modelo de gobierno peruano, una vez más, se aleja radicalmente de los
tres (3) regímenes de gobierno típicos del Derecho Constitucional comparado (parlamentarismo,
presidencialismo y semi-presidencialismo), cuya principal característica común en este tema
consiste en exigir la responsabilidad política a quién efectivamente detenta la capacidad de
decisión política y de gobierno: el Primer Ministro y el Gabinete (en el régimen parlamentario);
el presidente (en el régimen presidencial), y —finalmente— tanto el presidente de la República
como el primer ministro en sus respectivos ámbitos competenciales (dentro del régimen semi-
presidencial), respectivamente.
Así las cosas, negado el control del accionar presidencial a través de la exigencia de su
responsabilidad política, adquiere relevancia lo que bien podemos denominar como control
jurisdiccional de la actuación presidencial, según el cual, al igual que cualquier otro funcionario
público en el Estado Constitucional de Derecho, el desempeño del presidente de la República
se encuentra sujeto a fiscalización judicial, no en su calidad de decisión política en aquellos
ámbitos de discrecionalidad, conveniencia u oportunidad políticas que son incuestionables
conforme a la doctrina de las political questions —que, aunque mediatizada, aún inspira buena
parte de los postulados básicos de la organización del poder constitucional—; sino al momento
en que dichas decisiones se materializan y operativizan como normas jurídicas, lo que las hace
susceptibles de análisis jurisdiccional, como expresión moderna de una ancestral lucha por
someter al gobernante a un control objetivo e imparcial de carácter jurídico, en aras de garantizar
debidamente los derechos ciudadanos.23
Como se puede colegir de lo señalado, si bien no está mal que nuestro ordenamiento jurídico
contemple mecanismos jurídico-procesales capaces de cuestionar el desempeño o la actuación
presidencial, menos aún en un Estado constitucional de derecho donde el Texto Fundamental
es el referente obligado de todo ejercicio de poder; lo que resulta absolutamente perturbador,
distorsionante y hasta nocivo para la necesidad de los controles político y jurídico del poder, es
que el propio modelo de gobierno no contemple, en su diseño normativo-institucional, ninguna
institución, instituto, mecanismo o instrumento capaz de exigir, de manera oportuna, real y
23
En nuestra opinión, nuestro ordenamiento constitucional contempla cuatro (4) mecanismos de control jurisdiccional que pue-
den ejercerse respecto de la actuación presidencial: i.) el proceso de inconstitucionalidad (art. 200 inc. 4 de la Constitución de
1993), mediante el cual se puede cuestionar las normas que tienen rango de ley de directa incidencia presidencial, tales como
los Decretos Legislativos, los Decretos de Urgencia y los Tratados Ejecutivos que contravengan la Constitución, en la forma
o en el fondo; ii.) el proceso de acción popular (art. 200 inc. 5 de la Constitución de 1993), que procede contra reglamentos,
normas administrativas y resoluciones y decretos de carácter general, cualquiera sea la autoridad de la que emanen, por in-
fracción de la Constitución y de la ley; iii.) el proceso competencial (art. 202 inc. 3 de la Constitución de 1993), que define los
conflictos suscitados sobre las competencias o atribuciones asignadas directamente por la Constitución o las leyes orgánicas
que delimiten los ámbitos propios de los poderes del Estado, los demás órganos constitucionales y los niveles de gobierno
sub-nacional; y iv.) el proceso contencioso-administrativo (art. 148 de la Constitución de 1993, y Ley n.º 27584), que permite
la impugnación ante de las resoluciones administrativas que causan estado.
63
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
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66
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
67
EL CONCEPTO DE IDENTIDAD COMO
LÍMITE MATERIAL A LA REFORMA
CONSTITUCIONAL EN EL ORDENAMIENTO
PERUANO
OSCAR ANDRÉS PAZO PINEDA1
Docente universitario
SUMARIO
RESUMEN
Este artículo explora y desarrolla el concepto de identidad constitucional. De esta forma, y a través
del estudio del derecho comparado, se pretende indagar respecto de sus raíces, ya que ello puede
ser valorado tanto por los parlamentos como por los tribunales al momento de decidir emprender
un proceso de reforma constitucional. En similar sentido, se advertirá la forma en que este concepto
ha sido empleado en otras latitudes, a fin de enriquecer su contenido y evitar un uso indebido a
nivel nacional. Finalmente, se brindarán algunas pautas que harán posible facilitar a los operadores
jurídicos un adecuado acercamiento a los rasgos centrales de la identidad constitucional en el
ordenamiento peruano.
1
Abogado y magíster en derecho constitucional por la Universidad de San Martín de Porres. Asesor del Tribunal Constitucional.
Cuenta con estudios de especialización en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante (España) en convenio con la
Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido docente del curso de Derecho Constitucional Comparado en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos y de Teoría Constitucional en la Academia de la Magistratura. Miembro de la Asociación
Peruana de Derecho Constitucional. Actualmente es docente de Historia Constitucional Peruana y Derecho Constitucional
Comparado en la Universidad de San Martín de Porres.
69
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
I. INTRODUCCIÓN
El asunto relativo a los límites materiales a la reforma constitucional ha sido objeto de múltiples
investigaciones, tanto en el Perú como en el derecho comparado. La cantidad de estudios no refleja,
sin embargo, la presencia de algún acuerdo o consenso sobre su contenido o, inclusive, respecto
de la posibilidad de su existencia misma. Algunos tribunales, por ejemplo, han sostenido que, a
falta de cláusulas expresas, no pueden examinar la validez de alguna enmienda constitucional.2
En otras experiencias, por el contrario, pese a la existencia de alguna disposición explícita que
limitaba la competencia de las altas cortes en estos quehaceres, estas últimas han establecido
su competencia para controlar los límites a la reforma constitucional.
Es por ello que este artículo pretende indagar el origen de esta idea, para lo cual será
fundamental examinar su uso en el derecho comparado. De este modo, se advertirá que la
identidad constitucional ha tenido un uso polivalente en otras latitudes. Se le ha empleado,
por ejemplo, como límite al proceso de integración regional (a propósito de la articulación y el
desarrollo de las relaciones entre le Unión Europea y los países miembros), como límite material
a la reforma constitucional o, tal cual acaba de ocurrir recientemente en el caso peruano con
el pronunciamiento del Tribunal Constitucional en el caso de la disolución del Congreso de la
República, como un límite a la cuestión de confianza planteada por el Poder Ejecutivo.
Una vez desarrollados estos puntos, esta investigación busca coadyuvar en la delimitación de lo
que es posible entender por «identidad constitucional» en el ordenamiento peruano. Para ello,
será indispensable acudir a disciplinas afines, tales como la historia constitucional peruana o
la historia de las ideas políticas, al igual que el análisis de los pronunciamientos del Tribunal
Constitucional. Esta labor, estimamos, se torna en indispensable para entender, en sus adecuados
términos, lo que puede abarcar (y, fundamentalmente, lo que no puede) el poder reformador de
la constitución.
2
En el derecho comparado, existen diversos ordenamientos que han hecho operativa la diferencia entre lo que sería una
«enmienda» y una «reforma» constitucional. Por lo general, se suele asumir que, en el primer grupo, se encuentran agrupadas
todas aquellas materias que no comprometen algún aspecto importante de la norma fundamental (es decir, su estructura
constitucional). Mientras tanto, en el caso del segundo, se estima que debe existir un procedimiento diferenciado por la
relevancia de las materias que podrían ser alteradas. Sin embargo, en este trabajo se emplearán de manera indistinta estos
términos, ya que el constituyente de 1993 no ha efectuado algún tratamiento diferenciado respecto de lo que puede ser
objeto de reforma.
3
Como se advertirá con posterioridad, las constituciones de 1839 y 1933 implementaron límites expresos a lo que podía ser
objeto de reforma constitucional.
70
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Estos límites de carácter material pueden ser explícitos e implícitos. Los primeros se relacionan
con las que suelen ser conocidas como «cláusulas pétreas», cuya problemática no será objeto de
estudio en esta investigación. En todo caso, son los límites implícitos los que han recibido una
generosa atención a nivel de la doctrina, ya que son los que han despertado un mayor interés
de la academia por la polémica que genera su aplicación por parte de los tribunales de justicia.
Esto obedece a que se tratarían de construcciones jurisprudenciales que no cuentan con un
directo o explícito reconocimiento que se pueda desprender de la norma fundamental. En ese
sentido, y antes de explorar el caso peruano, es conveniente analizar cómo estas discusiones
han evolucionado en el derecho comparado, ya que ello puede ser una herramienta útil para
anticiparnos a los debates que, seguro en algún momento, se puedan desarrollar en el ámbito
nacional.
4
Tribunal Constitucional del Perú. Sentencia 00014-2002-AI, fundamento 74.b.
71
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Un ejemplo paradigmático del primer grupo de países lo es, sin duda, el de la Corte Suprema
Federal de los Estados Unidos. El debate en ese país alcanzó uno de sus niveles más importantes
a propósito de la adopción de la famosa décimo octava enmienda, la cual pretendía prohibir
la fabricación, venta o transporte de licores embriagantes dentro de los Estados Unidos o
de cualquier territorio sometido a su jurisdicción, así como la importación de los mismos. Se
cuestionaba que esta modificación podía suponer una severa restricción de diversas libertades,
por lo que surgieron interrogantes respecto de si las enmiendas constitucionales podían suponer
(o no) una potencial amenaza para otras cláusulas de la norma fundamental.
En el fondo, este no era sino el debate sobre de la posibilidad de reconocer límites materiales
a la reforma constitucional, ya que los de carácter formal que existían en ese país no eran
relevantes para analizar este caso.5 Se generaron, de este modo, dos fuertes y excluyentes
posturas, las cuales se encontraban representadas por las posturas de Marbury y Frierson, dos
académicos de la época que intercambiaron pareceres en la prestigiosa Harvard Law Review.
El primero de estos autores sostenía que la enmienda no debería estar facultada de destruir
el «espíritu de la Constitución», por lo que era conveniente facultar a las cortes de justicia (y
particularmente a la Corte Suprema Federal) de los poderes necesarios para poder examinar
esta clase de situaciones.6 Por el contrario, en su réplica a Marbury, Frierson consideraba que
el poder de controlar la validez de la reforma no debería estar encargado a los tribunales, ya
que la Constitución preveía un procedimiento de enmienda lo suficientemente complejo como
para asumir que los framers (padres fundadores) deseaban que esta clase de cuestiones sean
debatidas únicamente en la arena política.7
Pese a lo intenso del debate estadounidense, la posición general de la Corte Suprema de los
Estados Unidos ha sido la de no conocer de casos en los que pudieran estar involucrados
supuestos límites materiales al poder de reforma. Es de conocimiento general que, en ciertas
materias, este tribunal suele ser especialmente sensible respecto de la competencia ejercida
por otros órganos, por lo que no sorprende que, al igual que lo ha hecho en otras controversias,
considere que estos casos son un típico ejemplo de political questions (cuestiones políticas
no judicializables).8 Se puede advertir, por lo expuesto, que este órgano no ha desarrollado
alguna teoría que justifique su competencia para analizar la validez material de las enmiendas
5
Los únicos ejemplos de límites formales a la reforma no podrían ser invocados en este caso. Como recuerda Richard Albert,
estos eran los relativos a las cláusulas de tráfico de esclavos y de tributación en función del censo (los cuales fueron
inalterables hasta el año 1808), así como el caso de aquellas propuestas que buscaban alterar la composición del Senado, las
cuales requerían un consentimiento especial. ALBERT, Richard: Formas y función de la enmienda constitucional, Fondo Editorial
de la Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2017, p. 144.
6
Marbury, William. «The limitations upon the Amendment Power». En: Harvard Law Review n.° 33 (2). 1919. pp. 223-235.
7
Frierson, William. «Amending the Constitution of the United States. A reply to Mr. Marbury». En: Harvard Law Review n.° 33 (5).
1919. pp. 659-666.
8
Escapa a los propósitos de este trabajo reseñar cada uno de los casos en los que la Corte Suprema se pronunció respecto de
enmiendas constitucionales. Entre los fallos más importantes podrían destacarse, por ejemplo, el de Coleman v. Miller (1939),
Dillon v. Gloss (1921) y Leser v. Garnett (1922). En todo caso, para un prolijo análisis de la polémica estadounidense y los casos
más emblemáticos (porque no es del todo claro para la doctrina que la lectura de la jurisprudencia de este órgano genere que
nos encontremos frente a una materia no justiciable), se recomienda consultar: STOKES, Michael. «A General Theory of Article
V: The Constitutional Lessons of the Twenty-Seventh Amendment». En: The Yale Law Journal n.° 103. 1993. pp. 677-789.
72
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Al igual que en el caso de los Estados Unidos, es ciertamente difícil explicar cada uno de los giros
jurisprudenciales de la Corte Suprema de la India.10 En todo caso, es importante precisar que este
órgano ha atravesado una primera fase de negación de este tipo de control, hasta lo que sería
la actual basic structure doctrine, la cual fue desarrollada en el caso Kesavananda Bharati v. State
ok Kerala. Es importante entender el contexto previo a este caso para comprender el choque de
poderes dentro de la India. En efecto, en el caso Golak Nath, la Corte Suprema había indicado
que las cláusulas relativas a derechos fundamentales no podían ser sometidas a procesos de
reforma, lo cual generó una reacción inmediata por parte de los órganos políticos. De este modo,
se aprobó la vigésimo cuarta enmienda a la Constitución, la cual habilitaba al Parlamento a
modificar cualquier cláusula de la norma fundamental y, entre ellas, claro está, aquellas relativas
a los derechos fundamentales.
9
Se podría sostener que, en estas construcciones jurisprudenciales, no debería dejarse de lado la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional Federal de Alemania. Sin embargo, de manera deliberada se ha decidido no explorar este modelo, ya que la
Ley Fundamental de Bonn (LFB) cuenta con cláusulas especiales que sí facultarían la competencia de este órgano para cues-
tionar las leyes de reforma constitucional (artículos 23.1 y 79.3 de la LFB). Esto lo diferenciaría de casos como el de la India
o Colombia, cuyas autoridades jurisdiccionales supremas han actuado aún en ausencia de cláusulas que puedan activar su
competencia. En todo caso, para explorar el modelo de este país, se puede consultar: POLZIN, Monika. «Constitutional identity,
unconstitutional amendments and the idea of constituent power: the development of the constitutional identity in German
constitutional law». En: International Journal of Constitutional Law n.° 14 (2). 2016. pp. 411-438.
10
Por ejemplo, en el caso Sankari Prasad v. Union of India, se precisó que la expresión «law» del artículo 13 de la Constitución no
incluía a las leyes de reformas de la Constitución. Este criterio sería ratificado en el caso Sajjan Singh v. State of Rajasthan. Sin
embargo, en la sentencia Golak Nath v. State of Punjab, la Corte Suprema de la India, por una mayoría de 6 contra 5, declaró que
los derechos fundamentales, en virtud del artículo 13, eran inmodificables. Para una explicación del desarrollo histórico de la
jurisprudencia de este órgano, se recomienda consultar: GANDHI, Pathik. «Basic Structure and Ordinary Laws (Analysis of the
Election Case & the Coelho Case». En: Indian Journal of Constitutional Law n.° 4 (1). 2010. pp. 47-70.
73
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Sin embargo, esta doctrina, atractiva en un inicio, deja más dudas que respuestas. Como han
sostenido Mohammad Moin y Rakiba Nabi, los jueces no pudieron mencionar con precisión cuáles
eran los componentes de esa estructura básica, ya que existió un importante nivel de desacuerdo
en relación con este punto. Se destacaron principios que no solo eran considerablemente
abstractos, sino que muchos de ellos no eran necesariamente similares. En el repertorio se
pueden citar ideas como la de la forma de gobierno republicano y democrático, la supremacía
de la Constitución, el carácter secular del Estado, la forma federal de la India, la separación de
poderes, etc.11 De esta forma, se genera la impresión de que el mensaje final de la Corte Suprema
es que el análisis de la validez material de las leyes de reforma constitucional se debe realizar
caso por caso.
Por otro lado, otro modelo llamativo respecto del control de la validez material de las leyes de
reforma se presenta a propósito de la jurisprudencia de la Corte Constitucional de Colombia. En
este país, la Constitución de 1991 prevé, en su artículo 241 (1), que le corresponde a la Corte
Constitucional «[d]ecidir sobre las demandas de inconstitucionalidad que promuevan los ciudadanos
contra los actos reformatorios de la Constitución, cualquiera que sea su origen, sólo por vicios de
procedimiento en su formación» (las negritas son nuestras).
La particularidad del caso colombiano es que, a diferencia de lo que pudo apreciarse en la India,
existe una cláusula que especifica la competencia de la Corte Constitucional en los casos en
los que se cuestionen leyes de reforma de la norma fundamental. El mensaje del constituyente
parece evidente: solo pueden ser objeto de conocimiento por este tribunal las demandas que se
relacionen con vicios formales, mas no aquellas que impugnen aspectos de índole material. La
opción del constituyente no se encuentra fuera de los cánones de la lógica, ya que hemos visto
que existen órganos que, como el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, se niegan a analizar
la posible existencia de límites materiales a la reforma constitucional.
Sin embargo, todo lo hasta aquí expuesto no ha sido un impedimento para que la Corte
Constitucional de ese país aplique lo que se conoce actualmente en su jurisprudencia como el
test de sustitución. El caso que originó este desarrollo jurisprudencial de la Corte Constitucional
fue la impugnación que se efectuó de la Ley 796 de 2003, a través de la cual se sometía a
referéndum una serie de reformas a la Carta de 1991. Lo importante de esta demanda, y que
debía ser examinado por la Corte, era si es que resultaba factible que este órgano efectuara un
control de carácter material de la reforma aprobada.
Ciertamente, el artículo 241 (1) se presentaba como un impedimento para efectuar esta labor,
por lo que la Corte Constitucional empleó una fórmula que fue tan ingeniosa como polémica.
En efecto, el supremo intérprete de la norma fundamental colombiana indicó que «[u]na cosa
es que cualquier artículo de la Constitución pueda ser reformado, lo cual está autorizado puesto
en eso consiste el poder de reforma cuando la Constitución no incluyó cláusulas pétreas ni
11
Moin, Mohammad y Nabi, Rakiba. «Judicial Review of constitutional amendments in light of the Political Question Doctrine: a
comparative study of the jurisprudence of Supreme Courts of Bangladesh, India and the United States». En: Journal of the Indian
Law Institute. n.° 58. 2016. p. 323 (pp. 313-336).
74
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
De este modo, lo que sería objeto de conocimiento en este alto tribunal no sería, propiamente,
un vicio de carácter material, sino una conducta en la que un órgano no reconocería los límites
de sus atribuciones, lo cual podría considerarse principalmente como un cuestionamiento
formal (lo que, en los términos de la Carta de 1991, sí justificaría el control por parte de la Corte
Constitucional).
Ahora bien, y al igual que en el caso de la India, también existen serias dudas respecto de lo
que puede ser o no un acto que exceda el marco de las competencias del poder reformador.13
De hecho, uno de los principales estudiosos de esta temática en Colombia ha sostenido que este
test de sustitución no solo sirve para proteger propiamente a la Constitución de 1991, sino que
también puede ser empleado para proteger la esencia misma de cualquier norma fundamental.
Sobre ello, señala que «[s]i tomamos como base la idea de Constitución el poder de reforma se
encontrará restringido en primer lugar por los aspectos generales que conforman el concepto
de Constitución concebido desde la confluencia entre el aspecto democrático y la supremacía en
permanente tensión».14
Ahora bien, si se observa con detenimiento, tanto la basic structure doctrine como el test de
sustitución no son sino modelos que pretenden resguardar y proteger lo que en la doctrina se ha
entendido como la identidad de la constitución. En ese sentido, es conveniente efectuar un breve
recorrido para examinar lo que ha ocurrido con este concepto a nivel supranacional y local, ya
que esto coadyuvará a comprender su verdadera dimensión e impacto en lo relacionado con la
reforma constitucional en el Perú.
12
Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-551 de 2003, fundamento 33.
13
La jurisprudencia de la Corte Constitucional también ha empleado este concepto para, por ejemplo, indicar que una reforma
no podría cambiar el régimen político o alterar severamente el principio democrático. Para un profundo repaso de la casuís-
tica de este tribunal, se puede consultar: RAMÍREZ CLEVES, Gonzalo. «El control material de las reformas constitucionales
mediante acto legislativo a partir de la jurisprudencia establecida en la Sentencia C-551 de 2003». En: Revista Derecho del
Estado n.° 18. 2006. pp. 3-32.
14
Ramírez Cleves, Gonzalo: Límites de la reforma constitucional en Colombia, Fondo Editorial de la Universidad Externado de
Colombia, Bogotá, 2005, p. 494.
75
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
una zona inmune a alguna clase de modificación por parte del poder reformador en el ámbito
nacional o local.
15
Rodríguez, Miryam: Primacía y subsidiariedad en la Unión Europea, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2011,
p. 200.
16
El panorama europeo cuenta con diversas soluciones respecto de la articulación de estas relaciones. Un detallado estudio
de diversos países europeos se puede consultar: GRABENWARTER, Christoph. «National Constitutional Law Relating to the
European Union». En: VON BOGDANDY, Armin y BAST, Jürgen (editores): Principles of European Constitutional Law, Hart Publishing,
Portland, 2005, pp. 95-144.
76
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Piénsese, por ejemplo, en las denominadas cláusulas pétreas. Nuestro constitucionalismo ha sido
ciertamente algo ajeno a su utilización. Sin embargo, cuando lo ha hecho, las ha implementado
de forma deficiente. Si nos remontamos a la historia de las constituciones nacionales, tenemos
como claros ejemplos de esta clase de disposiciones el artículo 182 de la Constitución de 1839,
así como el artículo 142 de la Carta de 1933. La primera de ellas establecía que era «inalterable
la forma de Gobierno Popular Representativo, consolidado en la unidad, responsable y alternativo,
y la división de poderes e independencia de los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial». Por su
parte, la segunda disponía que la prohibición de la reelección presidencial inmediata no podía ser
«reformada ni derogada». Si se advierte la técnica de los constituyentes, es posible apreciar que
no incorporan fórmulas que eviten la posible modificación de la disposición constitucional que,
precisamente, incorpora la cláusula pétrea. Esta ha sido la forma en que un sector de la doctrina
plantea eludir la problemática que genera esta clase de límites expresos. Ciertamente, para
evitar esta clase de cuestionamientos, también debieron añadir las disposiciones examinadas
que tampoco podían ser objeto de reforma los artículos que establecían las cláusulas pétreas.
Por otro lado, si se explora el caso de la Constitución de 1993, se puede advertir que no se ha
regulado ningún supuesto de límite expreso de la reforma constitucional. Sin embargo, uno de
los temas pendientes para la agenda política debería ser explorar la modificación de las reglas
que disciplinan, precisamente, el propio proceso de reforma. El artículo 206, por ejemplo, dispone
un solo quórum de votación para la implementación de las modificaciones constitucionales, por
lo que, en general, el constituyente nacional ha asumido que todas las cláusulas constitucionales
tienen el mismo nivel de importancia.
Una rápida revisión del derecho comparado nos demuestra que existen diversos países en los
que ciertos valores, bienes o instituciones se encuentran protegidos por un procedimiento
más complejo de reforma, lo cual refleja la relevancia que estas materias tienen para los
constituyentes.17 Esto, a su vez, puede ser un importante indicio de los elementos que pueden
ser considerados como la identidad de un documento constitucional, pero que, lamentablemente,
no ha sido una herramienta considerada en nuestras cartas nacionales.
17
Un interesante repaso del derecho comparado, y que permite conocer la forma en que otras constituciones abordan este
asunto, puede consultarse en: ALBERT, Richard. «Amending Constitutional Amendment Rules». En: International Journal of
Constitutional Law n.° 13 (3). 2015. pp. 655-685.
77
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
restricción temporal para su aprobación, por lo que bien podría ocurrir que las modificaciones
emprendidas tengan una estabilidad considerablemente endeble. Por ejemplo, en los últimos
meses ha surgido nuevamente el debate relacionado con la reelección de congresistas, pese a
que esta materia ha sido objeto de una reciente reforma constitucional. En otros ordenamientos,
estas discusiones difícilmente se presentan, ya que sus ordenamientos garantizan que el
proceso de reforma se desarrolle con la suficiente ecuanimidad y espacio temporal como para
evitar que se emprendan alteraciones vertiginosas y abruptas de la ley fundamental. Se puede
apreciar, sobre ello, lo que ocurre en los países en los que la reforma constitucional que ha
sido aprobada por un órgano legislativo solo podrá entrar efectivamente en vigor cuando el
siguiente Parlamento efectúe la ratificación respectiva; o en aquellos otros en los que iniciar el
procedimiento de enmienda supone la disolución del órgano que representa el poder legislativo.
En el caso peruano, esta clase de garantías temporales son considerablemente escasas.18
Todo esto repercute, como no podía ser de otro modo, en la posibilidad de encontrar alguna
idea de identidad constitucional, ya que nuestras cartas nacionales no han diseñado técnicas de
protección especiales que puedan coadyuvar a la labor de identificar la existencia de algunos
valores o principios que hayan sido considerados como primordiales. En todo caso, y sin perjuicio
de lo hasta aquí expuesto, el Tribunal Constitucional ha intentado descifrar, de manera preliminar,
esta clase de contenido. Por ejemplo, en la STC 00014-2002-PI, al hacer referencia a los límites
materiales a la reforma, el supremo intérprete de la norma fundamental nacional indicó que
estos son «aquellos valores materiales y principios fundamentales que dan identidad o que
constituyen la esencia del texto constitucional (la primacía de la persona, la dignidad, la vida, la
igualdad, el Estado de Derecho, la separación de poderes, etc.)» (la negrita es puesta por el autor
del presente artículo).19
Por otro lado, un segundo uso del concepto de identidad constitucional en el ordenamiento
peruano ha sido esbozado por el supremo intérprete de la norma fundamental en el caso
relacionado con la disolución del Congreso de la República. En esta oportunidad, el Tribunal
Constitucional señaló que el Poder Ejecutivo no puede efectuar cuestiones de confianza
direccionadas a alterar la identidad de la Constitución.20 Una primera lectura de este punto
puede invitar a considerar que, en este punto, el concepto se encuentra direccionado a frenar el
poder que, con esta clase de pedidos, puede ejercer el Consejo de Ministros.
18
Sobre esto, el profesor Kenneth Wheare presenta diversos ejemplos que se han advertido en el derecho comparado en la
década de los setenta del siglo pasado, ya que recuerda que «[e]n Bélgica, cuando se presenta una propuesta de enmienda de
la Constitución, hay que disolver las dos Cámaras legislativas y tras nuevas elecciones ésta debe ser aprobada cuando menos
por dos terceras partes de la mayoría en cada Cámara, en una sesión cuya validez requiere que por lo menos dos terceras
partes de sus miembros estén presentes […]. En Holanda también hay que hacer elecciones generales de ambas cámaras y
después dos terceras partes de la mayoría de éstas deben aprobar la enmienda». Ver: WHEARE, Kenneth: Las Constituciones
modernas, Editorial Labor S.A, Barcelona, 1971, p. 90.
19
Tribunal Constitucional del Perú. Sentencia 00014-2002-AI, fundamento 75.
20
De manera específica, el Tribunal indicó que «el Poder Ejecutivo no podría plantear una cuestión de confianza que suponga
un desconocimiento manifiesto de los principios que, asentados en nuestra historia republicana, perfilan la identidad de la
Constitución peruana. No sería válido, por ejemplo, plantear una cuestión de confianza para suprimir la cláusula de Estado de
Derecho, del principio democrático, la separación de poderes, o para despojar de cualquier contenido a los derechos funda-
mentales de la persona». Ver, al respecto: Tribunal Constitucional del Perú. Sentencia 00006-2019-CC, fundamento 190.
78
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Sin embargo, si se efectúa un análisis más detenido, lo que está precisando el supremo intérprete
de la norma fundamental es que esta herramienta no puede ser empleada para que, por ejemplo,
se solicite una reforma constitucional que pueda afectar la identidad de la Carta de 1993.
Piénsese, por ejemplo, en algún pedido —con considerable respaldo popular— por el que se
pretenda garantizar la reelección presidencial, eliminar el control que pueda ejercer el Congreso
sobre el Ejecutivo, o que pueda ser una iniciativa en beneficio propio. En estos casos, no se
trataría de cualquier reforma, sino de una direccionada a alterar el equilibrio de poderes que
establece la Constitución de 1993. De esta forma, el concepto de identidad permite la protección
de los puntos neurálgicos de este documento.
21
Sin perjuicio de lo expuesto, es interesante advertir cómo es que el Tribunal Constitucional ha reforzado sus criterios
interpretativos apelando al concepto de identidad. De este modo, en un caso relativo al cuestionamiento a la presencia de
crucifijos al interior de los juzgados, mencionó que «no es extraño sino, más bien, bastante frecuente, que determinadas
costumbres de base esencialmente religiosa hayan terminado por consolidarse como parte de la identidad que como país nos
caracteriza. La presencia, entre otras cosas, de procesiones y festividades en específicas fechas del año o de templos y símbolos
religiosos en determinados lugares públicos demuestran palmariamente que de modo paralelo al fervor religioso que les
sirve de sustento, se asumen éstos como elementos vivenciales de nuestra propia realidad» (las negritas son nuestras). Ver, al
respecto: Tribunal Constitucional del Perú. Sentencia 05416-2009-PA, fundamento 37. Se puede apreciar, así, cómo el supremo
intérprete de la norma fundamental recurre a este concepto para reforzar la protección de ciertos bienes y/o instituciones.
22
En la doctrina existen muchos estudios que intentan explicar la durabilidad de las constituciones nacionales. En este caso, los
factores relacionados con el diseño de las cartas y los elementos contextuales —que se han puesto como referencia en este
estudio— pueden consultarse en: GINSBURG, Tom, et al: The endurance of National Constitutions, Cambridge University Press,
Nueva York, 2009.
79
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
de qué podría ser considerado como parte de ella. Es evidente que no todas las cláusulas o
disposiciones de la carta magna reflejan la identidad constitucional. Ahora bien, esta primera
exclusión poco o nada dice en relación con su contenido definitivo. En todo caso, esta no es una
preocupación que solo existe a nivel local. En la India, Alemania, Italia, o cualquier otro país en
el que se ha discutido acerca de los límites materiales de la reforma, este sigue siendo, aún, un
tema en la agenda tanto de los políticos como de la academia.
Se podría señalar que este es un punto negativo, ya que, al no existir parámetros manifiestamente
establecidos sobre lo que es la identidad, eso podría brindar un poder inigualable a las cortes
de justicia, las cuales, de desearlo, podrían bloquear una reforma que ellas no comparten.23 No
obstante, estas preocupaciones de indeterminación y abstracción suelen estar recurrentemente
presentes en los debates de carácter constitucional. De hecho, quizás sea conveniente que así
lo sea, ya que en muchos casos la imaginación humana no termina de anticipar los futuros
escenarios que puedan presentarse, y que demandan que las cortes cuenten con importantes
herramientas en el escenario que el poder intente desbordarse.
Ahora bien, la historia constitucional y la historia de las ideas políticas son dos disciplinas
que pueden brindar importantes aportes a la configuración de la identidad constitucional.
Lamentablemente, no existe mucha preocupación en el debate nacional sobre ellas, y eso se
refleja en los escasos estudios que existen sobre estas materias.24 A ello pueden agregarse los
problemas —bastante frecuentes— relacionados con la escasez de documentos que permitan
reflejar la evolución del pensamiento peruano. Sin embargo, todas estas limitaciones no deberían
mermar los esfuerzos para explorar lo que puede entenderse como la identidad constitucional.
Es importante recordar que analizar las notas esenciales de la Constitución de 1993 también
demanda una prolija exploración de nuestras cartas políticas precedentes, pues muchas de
nuestras instituciones cuentan con un importante arraigo. Quizás este pueda ser un importante
punto de partida para iniciar un debate que se presenta como necesario en una sociedad tan
fragmentada como la nuestra.
VII. BIBLIOGRAFÍA
ALBERT, Richard
2017 Formas y función de la enmienda constitucional, Bogotá: Fondo Editorial de la Universidad
Externado de Colombia.
ALBERT, Richard
2015 «Amending Constitutional Amendment Rules». En: International Journal of Constitutional
Law n.° 13 (3).
23
En ese sentido, no es sorprendente que existan diversos estudios en los que se justifique la idea de que el desarrollo de lo
que deba entenderse como identidad constitucional tiene que alejarse de los tribunales de justicia. Para un mayor desarrollo
de estas posturas, se puede consultar: FARAGUNA, Pietro (2015) «Taking Constitutional Identities Away from the Courts». En:
Brooklyn Journal of International Law n.º 41 (2), pp. 491-578.
24
Los estudios en historia constitucional son escasos. Sin embargo, para un primer abordaje de la historia constitucional peruana
se recomienda consultar: PAREJA, José: Historia de las Constituciones Nacionales (1812-1979), Fondo Editorial de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, Lima, 2005; CARPIO, Edgar y PAZO, Oscar. «Evolución del constitucionalismo peruano». En:
GARCIA, Francisco et al.: Historia Constitucional de Iberoamérica, Tirant lo blanch, Valencia, 2019, pp. 597-631; y ,
Manuel: Páginas Escogidas, Talleres Gráficos P.L Villanueva, 1962. Similares consideraciones existen sobre los estudios de las
ideas políticas. En todo caso, se puede consultar: SALAZAR, Augusto: Historia de las ideas en el Perú contemporáneo, Fondo
Editorial del Congreso de la República del Perú, Lima, 2013.
80
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
FARAGUNA, Pietro
2015 «Taking Constitutional Identities Away from the Courts». En: Brooklyn Journal of
International Law n.º 41 (2).
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1919 «Amending the Constitution of the United States. A reply to Mr. Marbury». En: Harvard
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1919 «The limitations upon the Amendment Power». En: Harvard Law Review n.° 33 (2).
PAREJA, José
2005 Historia de las Constituciones Nacionales (1812-1979), Lima: Fondo Editorial de la
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2016 «Constitutional identity, unconstitutional amendments and the idea of constituent
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81
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
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2011 Primacía y subsidiariedad en la Unión Europea, Madrid: Centro de Estudios Políticos y
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2013 Historia de las ideas en el Perú contemporáneo. Lima: Fondo Editorial del Congreso de la
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1993 «A General Theory of Article : The Constitutional Lessons of the Twenty-Seventh
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, Manuel
1962 Páginas Escogidas. Lima: Talleres Gráficos P.L Villanueva.
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1971 Las Constituciones modernas. Barcelona: Editorial Labor S.A.
82
PERMANENTE INCAPACIDAD MORAL
COMO CAUSAL DE VACANCIA
PRESIDENCIAL
JOSÉ ALBERTO ESTELA HUAMÁN1
Doctor en Derecho por la UNMSM
SUMARIO
RESUMEN
El presente artículo tiene como objetivo analizar la institución de la vacancia presidencial por
permanente incapacidad moral que actualmente se viene cuestionando por su falta de definición
y contenido. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el caso de la destitución de los
magistrados del Tribunal Constitucional, señala que el procedimiento tiene que estar dotados de
las garantías mínimas del debido proceso. Además de ello, en el trabajo podremos concluir si el
procedimiento de la vacancia presidencial es un juicio político y si el Congreso de la República tiene
las competencias para vacar al presidente por la causal subjetiva prevista en el artículo 113, inciso 2,
de la Constitución Política vigente.
I. INTRODUCCIÓN
En el Perú se viene invocando y aplicando el procedimiento de la vacancia presidencial por la
casual de permanente incapacidad moral regulado en el artículo 113, inciso 2, de la Constitución
Política de 1993; no obstante, es necesario saber en qué consiste esta causal.
1
Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Magíster en Derecho con mención en Ciencias Penales y Magíster
en Derecho con mención de Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la UNMSM. Doctor en Derecho y Ciencia Política
por la UNMSM. Docente Universitario en la UNMSM y UNFV.
83
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Debe precisarse que, en mi opinión, esta casual no tiene una definición objetiva, precisa y libre
de discusión cuando el presidente de la República se encuentra en una permanente incapacidad
moral como para ser vacado del cargo de jefe de Estado.
A lo antes expuesto, debemos considerar que esta causal contradice lo regulado por el artículo
111 de la Constitución Política, dado que el presidente de la República es elegido por el plazo de
cinco (5) años y que existe los supuestos normativos previstos en el artículo 117 de la Constitución,
por los que puede ser acusado y, consecuentemente, vacado en el cargo, considerando que el
Perú tiene un régimen político de tipo presidencial.
Por ello, debe diferenciarse entre el presidencialismo y el parlamentarismo como dos regímenes
de gobierno. Con respecto al Perú, nos encontramos frente a un caso de régimen presidencialista
con particularidades del parlamentarismo, lo que en palabras de Quiroga (2020) se traduce en
un régimen de «tipo presidencial parlamentarizado» o «atenuado», o lo que señala el magistrado
Eloy Saldaña como un «presidencialismo asimétrico» o «intermitente».
Por otro lado, hacemos un breve resumen del juicio político, el cual se encuentra regulado en la
Constitución Política y en el Reglamento del Congreso de la República, para luego analizar si la
vacancia presidencial viene a constituir un tipo de juicio político.
84
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
En este punto surge el cuestionamiento de cuáles son las características y diferencias entre el
sistema presidencialista y parlamentarista, información importante para poder determinar cuál
es la relación que se presenta entre el poder ejecutivo y el poder legislativo.
2.1. PRESIDENCIALISMO
El presidencialismo, como forma de gobierno, es definido por Maurice Duverger, citado por
Carpizo (1995), como:
85
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Gonzales (2013), citando a Valencia (1979), señala que en la mayoría de los países latinoamericanos
se puede observar que las facultades conferidas al presidente de la República van más allá de las
funciones representativas, pues se le otorga un amplio poder para dirigir el gobierno, empezando
por sus colaboradores inmediatos (ministros), que le están estrictamente subordinados (p. 449).
Liz (1994), citado por Lago (1998), considera como elementos característicos del presidencialismo:
2.2. PARLAMENTARISMO
El parlamentarismo es el sistema de gobierno más antiguo que se genera a partir del modelo
de gobierno británico, el mismo que se encuentra vigente en gran parte de Europa, con algunas
diferencias en su aplicación en los países o reinos.
Esta forma de gobierno se caracteriza, de acuerdo a lo señalado por Carpizo (2007), por lo
siguiente:
a) Los miembros del gabinete (poder ejecutivo) son también miembros del
Parlamento (poder legislativo).
b) El gabinete está integrado por los dirigentes del partido mayoritario o por
los jefes de los partidos que por coalición forman la mayoría parlamentaria.
86
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
a) Un jefe de Estado independiente, bien sea por sucesión o por herencia (en
las monarquías), bien por elección (repúblicas parlamentarias).
Todos los actos del jefe del Estado deben estar refrendados por un ministro
que, por esta formalidad, endosa la responsabilidad política (en Gran
Bretaña, «el Rey o la Reina no pueden equivocarse»).
b) Unos ministros responsables políticamente antes las Cámaras, que por su
voto de censura o de desconfianza pueden obligarles a dimitir.
c) Los ministros forman un órgano colectivo, el Gabinete, responsable en
bloque ante el Parlamento.
d) El jefe de gobierno o premier puede disolver el Parlamento y convocar a
nuevas elecciones (p. 24).
Como se puede ver en este sistema de gobierno, la legitimación es brindada por la elección
democrática, pero esta es exclusiva del parlamento, pues ellos representan a la población, eligen
al jefe de gobierno o primer ministro, y este último escoge su gabinete.
Considerando que el gobierno surge del parlamento, se justifica que el mismo sea políticamente
responsable ante este órgano. Entonces, es característico que en un gobierno parlamentario sea
precisamente el legislativo el que controle y juzgue los actos del poder ejecutivo, en cuyo caso la
legitimidad de este último siempre estará pendiente de la aprobación por parte del parlamento.
Por lo tanto, en el modelo parlamentario, el jefe de gobierno debe contar necesariamente con
el respaldo de la mayoría de los miembros del parlamento para mantener su cargo de manera
legítima, cesando este una vez que dicho requisito haya sido perdido.
Luego de revisar la doctrina respecto de estas dos formas de gobierno y dadas las características
antes descritas, podemos concluir y compartir lo expresado por Gonzales Ojeda, quien concluye que
el sistema de gobierno en el Perú es semipresidencialista, porque tiene un sistema presidencial
con matices parlamentarios, lo que se evidencia lo desarrollado en nuestra Constitución Política
en el artículo 111, que prescribe:
87
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
A ello, debe agregarse lo señalado por Bernales (1998) en cuanto a las atribuciones que la
Constitución Política de 1993 otorga al presidente de la República:
que otorga al Presidente son mayores, inclusive, que las que reconoce la
Constitución de Estados Unidos. Esta última, como se sabe, contiene el modelo
presidencial por antonomasia, que no por ser tal se aleja de criterios de
racionalidad en la distribución y equilibrio de poderes entre los órganos del
Estado (p. 555).
En ese sentido, en nuestro modelo de gobierno el presidente de la República solo puede ser
vacado por las causales establecidas en el artículo 113 de la Constitución Política:
88
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Ministros y los ministros de Estado, estos tienen que, de acuerdo a lo previsto en el artículo
130 de la Constitución Política, exponer la política general de gobierno y solicitar el voto de
confianza del Congreso de la República. Asimismo, el Congreso tiene las atribuciones de realizar
control político respecto de las actividades que realizan los ministros. De lo antes expuesto,
podemos concluir que el sistema de gobierno que tenemos es el presidencialista con algunas
características del sistema parlamentario.
Resulta necesario definir qué entendemos por el control político. Es el rol que tiene el Congreso
de la República de fiscalizar las funciones de los funcionarios públicos, conforme lo establece el
artículo 2 del Reglamento del Congreso de la República.
La Constitución Política y el Reglamento del Congreso establecen cuáles son estos procedimientos
de control político, siendo estos: a) Investidura al Consejo de Ministros; b) Interpelación; c) Voto
de Censura; d) Acusación Constitucional o Antejuicio Político; e) Comisiones y Subcomisiones
de Investigación; f) Comisión de Fiscalización; g) Revisión de actos legislativos del Ejecutivo;
h) Control del presupuesto; i) Pedidos de informes; j) Invitación a informar y k) Estación de
Preguntas.
Por otro lado, el juicio político es definido por Cairo (2013) como:
Sagüés (1993) agrega que este juicio político es el instrumento más significativo de control que
tiene el parlamento sobre los poderes ejecutivos y judiciales (p. 514).
Valle-Riestra (1998), citado por Eguiguren (2008), nos dice que el Juicio Político:
89
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Como se puede ver, el juicio político es un procedimiento político —no es uno judicial ni un
procedimiento administrativo— que tiene como objetivo sancionar a los altos funcionarios por
hechos, actos u omisiones en el ejercicio del cargo.
Al analizar lo previsto en los artículos 99 y 100 de la Constitución Política, podemos concluir que
nuestro sistema constitucional también contiene el juicio político con la acusación constitucional,
que sería una forma de juicio político considerando que, de acuerdo a las normas antes citadas,
estos funcionarios, como los ministros de Estado, serán sancionados con la suspensión e
inhabilitación para el ejercicio de la función pública hasta por el plazo de diez (10) años, o
destituirlos de la función por infracción constitucional, debiendo hacerse mención que todas las
responsabilidades que incumplan no necesariamente serán penales, esto es, que el Congreso
de la República sancionará a los funcionarios por infracción de la Constitución, supuesto que
no se aplicaría en el caso de la responsabilidad penal, que sería competencia del poder judicial
determinar su responsabilidad, para lo cual en el Congreso de la República se procederá con el
antejuicio.
90
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Como se puede colegir de las definiciones antes esbozadas, la vacancia presidencial implica que
el Congreso de la República cese en el cargo al jefe de Estado por haber incurrido en una causal
prevista en el artículo 113 de la Constitución Política. Es necesario precisar que, de las causales
prevista en el artículo antes indicado, solo cuatro (4) causales son objetivas y una causal es
subjetiva, como es el caso de la permanente incapacidad moral o física prevista en el inciso 2 de
la acotada norma.
La incapacidad moral, como una causal de vacancia, se encuentra regulado en el artículo 113,
inciso 2, de la Constitución Política:
91
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
¿Cómo debemos entender la permanente incapacidad moral? Para ello deberemos realizar una
interpretación literal de la norma.
Ahora, ¿qué entendemos por permanente? En cuanto a este término, el Diccionario de la Lengua
Española lo define como sin limitación de tiempo, esto es, que perdura en el tiempo.
La moral es un concepto muy amplio, no existe una definición uniforme de lo que se entiende por
moral. El Diccionario de la Lengua Española la define como perteneciente o relativo a las acciones
de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función
de su vida individual y, sobre todo, colectiva.
De lo expuesto, se puede afirmar que el concepto de moral está relacionado con lo que las
personas entiendan o establezcan como reglas de convivencia en una sociedad, siendo esto muy
subjetivo, esto es, que el concepto de moral está relacionado con las conveniencias culturales de
un grupo, pueblo, comunidad, lo que genera una incertidumbre en la calificación que podamos
hacer de la permanente incapacidad moral.
92
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
La moral social expone los principios rectores de vida sobre los que se sostiene
la convivencia de una sociedad específica. Estos atienden a los fundamentos del
obrar humano en los planos de la existencia y coexistencia social, aceptados en
un tiempo y lugar determinado (p. 30).
Por otro lado, Quiroga (2020) define a la incapacidad moral de la siguiente forma:
Como se puede ver, el concepto de permanente incapacidad moral es algo que no tiene un
contenido preciso, no está tipificado de forma clara y precisa cómo se puede interpretar está
causal, más aún cuando se busca aplicar una sanción muy grave como es la vacancia presidencial;
por lo que, su aplicación, sin saber cuál es el contenido exacto de la causal de permanente
incapacidad moral, vulneraría el principio del debido proceso, legalidad y tipicidad previstos en
nuestra Constitución Política. A ello hay que agregar que la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, en el caso del Tribunal Constitucional versus Perú en su fundamento 68, señala:
93
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Por otro lado, Delgado (2012) hace mención a la responsabilidad política del presidente de la
República señalando que:
94
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Por otro lado, debemos mencionar que la causal de la vacancia por permanente incapacidad moral
no está definida cómo se configura; por tanto, aplicar el artículo 113, inciso 2, de la Constitución
Política vendría a vulnerar el derecho al debido proceso y los principios de legalidad y tipicidad,
al no estar previamente definida cuál es el supuesto de hecho de la norma y la consecuencia
jurídica que haga reprochable la conducta con la sanción de vacancia.
V. CONCLUSIONES
El sistema de gobierno que tiene el Perú es un sistema presidencialista en donde el jefe de
Estado es elegido por sufragio directo de la ciudadanía, con algunas particularidades del
parlamentarismo, dado que tanto la Constitución Política como el Reglamento del Congreso
definen los controles políticos a los que están sometidos el presidente del Consejo de Ministros
y sus ministros, como, por ejemplo, el voto de confianza, la interpelación, entre otros.
Por otro lado, el juicio político, que regula la Constitución Política en los artículos 99 y 100, es la
acusación constitucional; y cuando se refiere al antejuicio, es el permiso que otorga el Congreso
de la República para que el poder judicial investigue a los funcionarios referidos en el artículo
99, esto es, que el Parlamento no puede aplicar una sanción sin que se haya determinado su
95
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
responsabilidad penal en un proceso penal, el mismo que debe estar dotado de las garantías
mínimas del ejercicio de su derecho.
En ese sentido, y dado el supuesto previsto en el artículo 113, inciso 2, es una causal subjetiva y
que no se encuentra dotado de contenido, esto es, no está definido de forma clara y precisa en
qué consiste la casual de permanente incapacidad moral, por lo que correspondería derogar este
inciso, conforme a lo opinado por la Comisión de Estudio de Bases de la Reforma Constitucional,
que trabajó durante el gobierno del presidente Paniagua, así como por lo que propuso la Comisión
de Reforma Política del año 2019.
VI. BIBLIOGRAFÍA
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media_forseti/revista-articulos/10._Sentencia_Cuestion_de_Confi[Link].
97
LA LEGITIMIDAD DEL CONGRESO DE LA
REPÚBLICA EN CONTEXTOS DE CRISIS Y
CAMBIOS SOCIALES1
MANUEL BERMÚDEZ TAPIA2
Abogado
SUMARIO
RESUMEN
El Congreso de la República tiene por función natural elaborar las leyes que el país requiere, adaptando
la legislación a los requerimientos sociales en función a las exigencias económicas y políticas de la
comunidad, especialmente en épocas de crisis social.
Sin embargo, esta actividad no debe limitarse solo al ámbito legislativo; el Congreso de la República
debe tener una visión del modo en el cual deba funcionar el Estado y el sistema normativo nacional
para afrontar el proceso de cambios estructurales en todos los sentidos de la vida del país, evitando
situaciones que incidan negativamente en la comunidad.
Palabras clave: Congreso de la República, ley, sistema jurídico normativo, legitimidad del poder,
representatividad social, representación popular.
1
Documento vinculado al proyecto de investigación «Análisis de la institucionalidad democrática en el Perú», desarrollado en la
Facultad de Derecho de la Universidad Privada San Juan Bautista, aprobado por Resolución de Vicerrectorado de Investigación
n.º 061-2019-VRI-UPSJB. [Link]
2
Abogado graduado con la mención de Summa Cumme Laude por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Magister en
Derecho, doctorado en Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Profesor investigador de la Universidad
Privada San Juan Bautista y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Contacto:
[Link]@[Link], mbermudeztapia@[Link] RENACYT PO140233, ORCID: [Link]
1576-9464
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CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
I. INTRODUCCIÓN
A la disolución del Congreso de la República en el año 2019 por parte del Poder Ejecutivo, se
generó el quiebre del equilibrio de poderes entre los órganos estatales más importantes del
país por primera vez en los últimos cuarenta años sin existir la referencia de un golpe de Estado.
Las condiciones sobre las cuales se desarrollaba el rol político-jurídico del Congreso,
correspondiente a la legislatura 2016-2021, fue determinante en la decisión del presidente de la
República, la cual fue respaldada por la población y confirmada por el Tribunal Constitucional.3
La ciudadanía criticaba que el Congreso se había limitado a una serie de factores negativos que
reducían su rol en la vida política del país, identificándose referencias cuestionables en varias
bancadas.
Se propone un texto bajo una metodología hermenéutica, de tipo cualitativo con un enfoque
sistemático, sociológico y jurídico que plantea la evaluación de la realidad social por parte del
Parlamento para así generar una mejor acción legislativa e institucional que permita optimizar
las funciones de representación política y de control de poderes en el Estado. De este modo,
el objetivo del presente trabajo es desarrollar la importancia que adquiere la legitimidad de
la autoridad política e institucional de este poder del Estado ante los otros poderes públicos y
especialmente ante la sociedad nacional.
3
Tribunal Constitucional (2019). Sentencia del caso sobre la disolución del Congreso de la República. Expediente n.º 0006-
2019-CC/TC. Recuperado de: [Link]
100
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Paulatinamente, estas condiciones fueron empeorando y por ello es que en las últimas
representaciones se han registrado congresistas con un perfil personal, familiar, profesional
o laboral limitados o condicionados, al estar vinculados a grupos vinculados al narcotráfico, a
casos de corrupción e inclusive a situaciones judiciales en donde las evidencias significan una
condición ajena a todo margen de evaluación previsto.
4
Cairo Roldán, O. (2016). «La disolución parlamentaria en el Perú», en Pensamiento Constitucional. (21), pp. 27-44. Lima: Pontificia
Universidad Católica del Perú.
5
Pásara, L. (2019). De Montesinos a los Cuellos Blancos: la persistente crisis de la justicia peruana. Editorial Planeta Perú S.A.
6
González, J. (2018). Odebrecht: la historia completa. Los secretos de un escándalo de corrupción que desestabilizó a América Latina.
Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial.
7
Bermúdez-Tapia, M. (2007). «El procedimiento parlamentario para nombrar altos funcionarios públicos en el Perú». En revista
Estudios Constitucionales, número 2, pp. 275-288. Santiago: Centro de estudios Constitucionales de Chile.
8
Bermúdez-Tapia, M. (2007). La constitución a través de las sentencias del Tribunal Constitucional. Lima: Ediciones Legales.
9
Wieland Conroy, H. (2011). «Representación, mandato imperativo e inmunidad parlamentaria». Gaceta Constitucional y Procesal
Constitucional, tomo 40.
101
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Una realidad que se puede observar en la mayoría de países occidentales donde los parlamentos
han dejado de ser los naturales legisladores para ejecutar otras actividades, usualmente
consideradas «secundarias», como:
En este sentido, a raíz de las crisis democráticas en Bolivia, Ecuador y Chile, en particular
en el último país, se observó la ejecución de acciones proactivas a favor de poblaciones
vulnerables que han sido significativas para la ejecución de las agendas de debate
parlamentario.
De este modo, el rol parlamentario en las iniciativas legislativas había sido condicionado por las
propias organizaciones porque valoraban una mejor rentabilidad de otras de sus actividades en
el juego político, y esto se evidenció en el bajo debate técnico que se se registra en la mayoría
de los dabetes en los parlamentos a nivel mundial.
a) Argentina. El debate por la legalización del aborto fue un momento histórico, social y
político significativo en este país, en el cual fue el mismo parlamento el que polarizó al país.
b) Bolivia. Con la cuarta elección presidencial sucesiva del mandatario de dicho país, Evo
Morales, la presidenta del Congreso altiplánico terminó ejerciendo la presidencia de la
República por un período superior al de una «transición» a raíz de la renuncia al cargo por
parte de Evo Morales.
c) Chile. Respecto de la crisis social provocada por el derrumbe del modelo económico liberal,
que hace no mucho convulsionó al país, cuestionaba la legitimidad del presidente de la
República y permitió la ejecución de un proceso constituyente para la formulación de una
nueva Constitución.
102
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
problema de las guerrillas no había sido atendido porque sólo se pactó con la organización
mencionada.10
Como puede observarse, el análisis de las crisis sociales no es una referencia que permita
una evaluación objetiva porque los elementos que las fundamentan o desarrollan son
significativamente diferentes en cada país,11 en función a los contextos coyunturales y también
en cada legislatura parlamentaria,12 los cuales en esencia trasladan a la población de manera
amplificada los problemas que se registran en la comunidad.
La ley, como producto social, deja de ser una prioridad en los parlamentos que optan por trasladar
al Poder Ejecutivo un mayor protagonismo en la redacción de normas que puedan regular
diferentes ámbitos, validándose un allanamiento legislativo que resulta peligroso para la misma
institucionalidad del país.
Lo detallado permite ubicar una referencia puntual: durante la pandemia provocada por el
COVID-19 (entre el 16 de marzo al 30 de junio del 2020), el Congreso de la Repúbica solo había
promulgado una única ley (y en condición de insistencia) que posteriormente fue decretada como
inconstitucional por el Tribunal Constitucional.13
10
Sierra-Zamora, P.A., Bermúdez-Tapia, M. y Karán Benítez, C. A. (2020) (Eds.). En Las consecuencias del conflicto armado interno en
el posacuerdo colombiano. Bogotá: Sello Editorial ESMIC.
11
Fernández Osorio, A. E., Sierra-Zamora, P.A. y Bermúdez-Tapia, M. (2020) (Eds.) El Estado ante emergencias sociales. Bogotá: Sello
Editorial ESMIC
12
Jiménez Mayor, J. (1994). «Las relaciones Parlamento-Ejecutivo y el sistema legislativo: algunas explicaciones en torno a la
crisis política peruana». En Pensamiento Constitucional, (1), pp. 147-176.
13
Bermúdez-Tapia, M. (2020). «El control político del congreso del Perú a las acciones del ejecutivo en estados de emergencia en
ocasión a una pandemia». En Opinión Jurídica, vol. 19, número 40, pp. 341-367. Recuperado de: [Link]
v19n40a17
14
Bermúdez-Tapia, M. (2020). «La emergencia sanitaria y el impacto en la evaluación en la evaluación de derechos de naturaleza
familiar en el Perú», en: Blume Fortini, E. y Sáenz Dávalos, L. (Eds.). Emergencia Sanitaria por COVID 19. Lima: Asociación Peruana
de Derecho Constitucional-Adrus Editores, pp. 245-254.
103
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
d) La insistencia del Congreso de la República, que terminó por ocasionar la aprobación de una
ley que posteriormente fue decretada como inconstitucional.
Referencia que no excluye el registro de otras situaciones en las cuales los problemas sociales se
van incrementando progresivamente,16 tal como se está dando desde el 2006:
Un error compartido con el sistema judicial, en particular porque las estadísticas están
permitiendo detallar que la visión sobre el mismo problema se asume que solo debe
ser judicial y normativo, sin tener una proyección en el ámbito de las políticas públicas
educativas, sociales y de promoción de la igualdad y equidad entre géneros en el país.
15
Campos, M. (2014). Relaciones Ejecutivo-Parlamento: grupos parlamentarios y mecanismo de control político al Poder Ejecutivo.
Lima: Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
16
Chávez Torres, S. C. y Medrana Recuay, U. (2008). «El Parlamento Peruano y las funciones del Parlamentario: lo que se puede
mejorar». En revista Derecho & Sociedad, número 31, pp. 15-21. Recuperado de: [Link]
derechoysociedad/article/view/17383
104
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
En este ámbito, la principal norma jurídica civil en el país no logra atender satisfactoriamente
las múltiples necesidades de la sociedad nacional.
Las elevadas presiones en casi todos los contenidos de los Libros del Código Civil permiten
proyectar la inminente reforma de dicho cuerpo normativo y probablemente se asuma
nuevamente el traslado de dicha responsabilidad al Poder Ejecutivo, a través de una cesión
de facultades legislativas.17
En este ámbito, los anacronismos normativos están provocando una crisis de legitimidad del
propio Estado en el país y las consecuencias negativas se pueden observar en el ámbito del
servicio de impartición de justicia,18 como puede detallarse en la negligente evaluación del
Pleno Casatorio de la Corte Suprema de Justicia de la República, que tomó cinco años en
«evaluarse».
Las funciones de la Contraloría General de la República están limitadas, tanto por las acciones
de corrupción como también por los propios defectos del procedimiento administrativo de
control preventivo.
En este ámbito, hasta octubre del 2020, la promoción normativa al desarrollo económico del
país permite detallar que las acciones normativas emprendidas se han reducido por atender
los efectos de la pandemia provocada por el COVID-19, por lo que la reacción normativa es
limitada.
17
Escamilla Cadena, A. (2016) Las facultades constitucionales del Ejecutivo en América Latina: entre la concentración y la
dispersión del poder, en Estudios políticos, número 37, pp. 111-141. México D.F.: Universidad Autónoma de México.
18
Arango Calderón, I. Y., Sierra-Zamora, P. A. y Bermúdez-Tapia, M. (2020) (Eds.) Elementos judiciales y procesales en contextos de
cambios sociales. Bogotá: Sello Editorial ESMIC.
19
Bermúdez-Tapia, M. (2007). «La responsabilidad parlamentaria y los procedimientos parlamentarios sancionatorios». Revista
Jurídica del Perú, número 76, pp. 19-25. Trujillo, Perú: Editora Normas Legales S.A.
105
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
La poca experiencia profesional en este ámbito se evidencia cuando se observa los sucesivos
periodos de gestión del Congreso en los últimos años.
a) Positivizar el derecho natural, para así poder extender el alcance de la legislación que
pueda hacer mucho más previsible y predictible el ámbito de acciones de las personas que
desarrollan diferentes situaciones y ámbitos de evaluación en la comunidad.
Dos ámbitos que permiten entonces proyectar el alcance de la ley en la sociedad nacional, para
así poder complementar una doble dimensión:
b) La provisión de condiciones de estabilidad social, en todos los ámbitos posibles para que
así el Estado de derecho democrático y social no solo sea un ideal sino un objetivo a ser
alcanzado en una sociedad en desarrollo y constante transformación.
Condiciones que imponen al Congreso de la República asumir un rol que permita proyectar una
imagen totalmente distinta a la que venía desarrollando en los últimos cuarenta años porque
se está en un momento previo al Bicentenario, y el país todavía asume muchos problemas muy
similares a los ocurridos durante el periodo de emancipación e inicios de la república.
Por tanto, el nivel de evaluación que se deba producir sobre la ley debe ser significativo porque
en esencia es por la regulación jurídica de la sociedad y del modo que el Estado desarrolla sus
funciones, dado que el modo de entender esta función permitirá identificar tres ámbitos en los
cuales la sociología ha evaluado el funcionamiento de la ley:
a) La manera de producir normas jurídicas, por cuanto en los últimos años se ha observado
que el Congreso de la República ha emitido normas blancas lo que ha generado que el
106
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
Poder Ejecutivo tenga facultades legislativas, con lo cual se observa una autolimitación de
competencias que resulta contrario a la propia naturaleza de un órgano parlamentario.
Considerando el alcance de la ley en la sociedad, se debe tener en cuenta que una norma
promulgada contiene una proyección de legalidad que no puede ser cuestionada porque su
evaluación preliminar ha sido técnica y funcional. Caso contrario, una sentencia que decreta la
inconstitucionalidad de una ley por parte del Tribunal Constitucional genera algo más que un
control negativo porque evidencia la negligente función de la principal actividad parlamentaria.
c) Desde el punto de vista del reconocimiento de los derechos de los ciudadanos, de las
comunidades vulnerables o de las personas en situación de riesgo, del control de la
criminalidad y de la adaptabilidad a la normatividad progresiva de los Derechos Humanos.
En este ámbito, el contrato social que se desarrolla entre la población y el Estado permite sustentar
el desarrollo de la gobernabilidad y la gobernanza, así como la vigencia de un sistema democrático
esencial en un Estado de derecho democrático y social, con lo cual no es viable trasladar una
responsabilidad política y social a la población, porque esa es función del Congreso de la República,
sin importar el modo en el cual se han elegido o de que línea política sean los representantes.
A la asunción del cargo, los congresistas peruanos asumen una responsabilidad no solo con
respecto de sus electores,20 sino con todo el país,21 por tanto no pueden tener un rol negligente
20
Landa Arroyo, C. (2008). «Desafíos y Perspectivas para la representatividad Parlamentaria en el contexto de la Sociedad
Global». En revista Derecho & Sociedad, número 31, pp. 38-44. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Recuperado de:
[Link]
21
Bermúdez-Tapia, M. (2008). «Los próximos nuevos retos del Derecho Parlamentario en contextos de postmodernidad». En
revista Derecho & Sociedad, número 31, pp. 145-150. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.
107
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
o pasivo en la evaluación del Derecho, como disciplina, porque las consecuencias se extienden a
todas las entidades del Estado y a la población.
VII. BIBLIOGRAFÍA
ARANGO CALDERÓN, I. Y., Sierra-Zamora, P. A. y Bermúdez-Tapia, M. (Eds.)
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B444AEF007BF345405257C05005B9992/$FILE/[Link]
109
CONTEXTO HISTÓRICO DEL SISTEMA
POLÍTICO PERUANO (1978 - 2000)
SUMARIO
RESUMEN
En el presente artículo desarrollamos el contexto del sistema político del Perú, considerando
mecanismos jurídicos ineficientes e ineficaces que debilitan el sistema y dan lugar a un desinterés en
la política por parte de la sociedad peruana. Más aun, cuando el Perú ha tenido gobiernos de dictadura
al igual que varios países de América Latina, que cuando tenía gobiernos democráticos el sistema
económico se hundía en una hiperinflación o en corrupción, como sucedió en el decenio de 1990-
2000. Actualmente, el Perú carece de un sistema de partidos institucionalizado, es atomizado y con
factores como el clientelismo, el padrinazgo, el transfuguismo, la volatilidad electoral o los grandes
índices de la destrucción del sistema partidario, a raíz de los nacimientos de los partidos «catch all»,
que desvirtúan los verdaderos conceptos de la definición de partido político.
Palabras claves: institucionalización, partidos, políticos, Perú, sistema, jurídico, factores, leyes.
1
Abogado por la Universidad de San Martin de Porres. Magíster en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Com-
plutense de Madrid (España). CEO de la Consultora Italo Félix Abogados. Coordinador Distrital de la Dirección Distrital de la
Defensa Pública y Acceso a la Justicia de Lima Centro del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Docente de la Facultad de
Derecho de la Universidad de San Martin de Porres y Docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos.
111
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
I. INTRODUCCIÓN
En el presente artículo narraré el espacio–tiempo–histórico de los sucesos ocurridos en el
sistema político peruano, entre los años 1978 hasta 2000.
La renuncia de Fujimori nos hizo entrar en una etapa de transición liderada por Valentín Paniagua
Corazao, cuyo objetivo principal era devolverle al país un orden y un régimen democrático, el
cual había sido violentado en la década de los noventa. Este proceso transitorio nos devolvió la
democracia en la que actualmente se vive en el país; pero también se abrieron espacios para que
el sistema político y de partidos se vuelva multipartidista, en donde el grado de fragmentación
se fue incrementando.
Por estas razones, y siguiendo con nuestro estudio de la institucionalización del sistema de
partidos políticos en el Perú, veo fundamental relatar brevemente como se ha dado este proceso
histórico, a fin de ubicarnos en los antecedentes y acontecimientos que se llevaron a cabo durante
el periodo en cuestión, en un país que busca consolidarse democráticamente.
2
Militar y dictador del Perú que gobernó desde el 29 de agosto de 1975 hasta el 28 de julio de 1980, luego de darle un golpe
de estado a su antecesor el militar Juan Velasco Alvarado. Su gobierno era conocido como la “segunda fase” del Gobierno
Revolucionario de las Fuerzas Armadas.
3
El 4 de octubre de 1977 el gobierno militar promulgó el Decreto Ley n.° 21949, que formalizaba esta convocatoria incorporando
algunas particularidades al sistema del sufragio: elección de 100 representantes a nivel nacional por distrito electoral único,
aplicación de la cifra repartidora, incorporación por primera vez del voto preferencial, y otorgamiento del derecho a voto a las
personas mayores de 18 años (Tuesta, 1995). La Asamblea estuvo presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre, líder y fundador
del Partido Aprista Peruano.
112
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
competitivas.4 Cabe acotar que el APRA5 fue el partido en el que la junta gobernante confió
para que contribuya a establecer una cierta gobernabilidad y coadyuve en la contención del
movimiento social organizado y dé respuesta a la izquierda marxista (Tuesta, 1995).
El 18 de junio 1978, con una fuerte tensión política y grandes manifestaciones opositoras, se
realizaron los comicios electorales para la Asamblea Constituyente, con la participación de cerca
de 5 000 000 de electores. Los resultados favorecieron al APRA con el 35%, con lo cual obtuvo
la primera mayoría con 37 representantes. El líder de esta organización, Víctor Raúl Haya de la
Torre,6 fue elegido presidente de dicho órgano representativo. Seguidamente, quedó el Partido
Popular Cristiano (PPC),7 con el que el APRA entabló una alianza para dirigir la asamblea y
obtener la mayoría (Tuesta, 1995).
Con la Constitución Política de 19798 en vigor, se establecieron diversos cargos para elección
popular: presidente de la República y dos vicepresidentes de la República; como representantes
de las cámaras: 60 senadores (elegidos en distrito electoral único) y 180 diputados (elegidos por
jurisdicción departamental); así como los concejos municipales provinciales y distritales en todo
el país (Meléndez, 2007).
Asimismo, se fijó que las elecciones presidenciales y legislativas se llevaran a cabo cada cinco
años, siendo requisito indispensable que el ganador debiera de obtener el 50% más uno de los
votos válidos para ser electo presidente de la República. En caso que no sucediera este hecho, los
dos candidatos más votados pasarían a una segunda vuelta electoral9 (Meléndez, 2007).
De esa manera, con la nueva Constitución Política ya aprobada, el gobierno militar convocó
a elecciones generales10 (Grossi, 1988) para mayo de 1980 (Tuesta, 1995). El APRA lanzó la
candidatura de Armando Villanueva del Campo, por ese entonces secretario general de esta
agrupación, acompañándolo como primer y segundo vicepresidentes, Andrés Townsend Ezcurra
y Luis Negreiros Criado (Tuesta, 1995). El mayor competidor por ese entonces era Acción Popular
4
Se inscribieron 12 listas de partidos y alianzas de partidos. Pocos días antes del cierre de la inscripción, Acción Popular daba
a conocer su decisión de abstenerse de participar en los comicios, señalando que el gobierno militar no iba a respetar la
soberanía de la Asamblea (Tuesta, 1995).
5
Alianza Popular Revolucionaria Americana, fundado el 7 de mayo de 1924 por Víctor Raúl Haya de la Torre en la ciudad de
México D.F, México. El 20 de septiembre de 1930, se funda el Partido Aprista Peruano en Lima, Perú. De corriente ideológica
social-demócrata.
6
Fundador y líder máximo del APRA, obtuvo la primera votación preferencial con más de un millón de votos. Fue la primera vez
que el ya octogenario líder aprista alcanzaba un puesto por vía electoral, luego de sus frustradas candidaturas presidenciales
en 1931 y 1962, que fueron seguidas por golpes de Estado (Tuesta, 1995).
7
El Partido Popular Cristiano, con su líder y fundador Luis Bedoya Reyes, de inspiración social-cristiana, obtuvo 24% de los votos,
porcentaje que incluía el voto de Acción Popular que se había excluido del proceso. Este voto se concentraba preferentemente
en Lima, en ciudades importantes y en el sur del país. En todos aquellos lugares se asentaba en las capas medias y altas de la
burguesía (Tuesta, 1989).
8
Fue promulgada el 12 de julio de 1979 y entro en vigencia el 28 de julio de 1980, con el ingreso a la presidencia de
Fernando Belaunde Terry. Resulta ser la primera Carta democrática del siglo , y que hace mención a los partidos políticos
(era republicana) (Haya de la Torre, 2004).
9
Solo para las elecciones de 1980, la quinta disposición general y transitoria consideraba como barrera para ser elegido
Presidente era superar el 36% de los votos válidos. De otro modo, la designación estaría a cargo del Congreso de la República.
Fernando Belaúnde obtuvo 45,3% y se exoneró de la aprobación congresal. En 1985, se siguió considerando como votos
válidos a todos los emitidos, es decir, también a los votos nulos y en blanco, producto de lo cual se hubiera requerido de una
segunda vuelta si el candidato que obtuvo la segunda votación no hubiera renunciado (Meléndez, 2007).
10
Con la inscripción de los analfabetos se incrementó el número de electores que llegó a 6 485 680, cifra que incluye a los
peruanos residentes en el extranjero. Se inscribieron un total de 15 listas y alianzas electorales (Tuesta, 1995).
113
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
(AP),11 liderado por Fernando Belaunde Terry,12 que por cuarta vez lanzaba su candidatura
presidencial. Otros competidores fueron el PPC, con Luis Bedoya Reyes como candidato
presidencial; y la izquierda, que luego de su relativamente exitosa participación en 1978 no
pudo lograr una candidatura unitaria y su caudal electoral se disgregó en cinco candidaturas
(Tuesta, 1995).13
Así fue que el domingo 18 de mayo de 1980, en las primeras elecciones en la fase de
democratización,14 resultó vencedor a Fernando Belaunde Terry con el 46% de los votos válidos,
derrotando al candidato aprista que era su rival más próximo. En el Parlamento, AP obtuvo la
mayoría absoluta en la cámara de diputados y la primera mayoría relativa en el senado. Logró
la mayoría en la cámara de diputados, no obstante no obtuvo la mayoría absoluta de los votos,
debido a la imperfección de la forma de distribución de las bancadas en las circunscripciones.
En el senado tuvo que contar con el apoyo del PPC para lograr mayoría absoluta (Tuesta, 1995).
El primer gobierno democrático, después de 12 años de dictadura, enfrentó una serie de problemas
graves, por ejemplo, una crisis económica que recrudeció a la mitad del periodo presidencial, la
aparición y desarrollo del grupo terrorista Sendero Luminoso,16 ambos elementos claves a los
que tenía que enfrentar una joven democracia peruana (Tuesta, 1995).
11
Acción Popular: partido político peruano con ideología de liberalismo y humanismo, con posición centrista. Fundado por
Fernando Belaúnde Terry, el 7 de julio de 1956 en Chincheros (Apurímac). Llego a la presidencia de la República en tres
ocasiones: 1963-1968, 1980-1985, 2000-2001.
12
Líder y fundador de Acción Popular. Ocupo la presidencia de la República en dos mandatos no consecutivos en 1963-1968 y
1980-1985.
13
Se divide en cinco listas (UNIR, PRT, UDP, FOCEP, UI) auto eliminándose de esta manera como carta de triunfo político y
permitiendo la holgada victoria electoral de Belaúnde Terry (Tuesta, 1979; Nieto, 1983).
14
Los 3 factores que entrecruzaron el entorpecer el nuevo transito democrático: la crisis de la deuda externa, la acción terrorista
de Sendero Luminoso y la crisis económica que llevo a la hiperinflación de fines de los ochenta (Haya de la Torre, 2004).
15
Izquierda Unida: fundado por Alfonso Barrantes Lingán en 1980 y tuvo como año de disolución en 1995. En 1983, una fuerza
de izquierda conquistó Lima por primera vez en la historia, cuando el candidato de IU, Alfonso Barrantes, fue elegido alcalde.
16
Organización terrorista de tendencia ideológica marxista, leninista y maoísta originada en el Perú. Liderado y fundado por
Abimael Guzmán Reynoso. Fue la organización terrorista que mantuvo al Perú en la década de 1980 en terror y el pánico.
Su primera acción armada se realizó en la localidad andina de Chuschi, departamento de Ayacucho, el mismo día que se
realizaron las elecciones que reinstalaban el régimen democrático. Como símbolo de aquella acción, quemaron ánforas
electorales, hecho que marcaría la lucha abierta contra el régimen democrático.
17
Expresidente constitucional del Perú, en dos periodos no consecutivos 1985-1990 y 2006-2011. Conductor del APRA y
candidato a la presidencia en las elecciones generales 2016. Cuando llegó por primera vez a la presidencia, era el joven
líder que subordinaba las tendencias al interior de su partido, enterró símbolos y emblemas. Su protagonismo juvenil encajo
en un país de un mayoritario electorado joven. Manejó su campaña en forma efectista, opositora con moderación, pero
agresivamente retórica. Asumía que la gente requería, ante la carencia de alternativas resueltamente transformadoras, un
mensaje esperanzador en medio de un nuevo y definitivo fracaso belaundista (Coder, 1988; Tuesta, 1986; López, 1991).
114
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
El APRA ganó y obtuvo la primera mayoría a nivel nacional y conquistó la mayoría absoluta en
las dos cámaras legislativas (de senadores y de diputados) (Tuesta, 1995). El gobierno de García
Pérez, al igual que de Belaúnde Terry, empezó con mucho apoyo ciudadano, pero a mitad de su
gestión se vio imposibilitado de cumplir promesas ofertadas (política de súper ofertas). A pesar
de ganar las elecciones municipales en 1986, en la mayoría de provincias y distritos del país,
posteriormente tuvo que enfrentar una situación crítica en el ámbito económico, derivada del
fracaso de su modelo. Con un fuerte estilo populista se enfrentó a la banca internacional con la
consigna del no pago de la deuda externa y un intento de la nacionalización de la banca, medida
que sirvió para reagrupar sectores de la derecha del espectro político, desplazando a IU y a
las izquierdas en general del rol opositor nato del aprismo, aunque estaba en serios conflictos
internos (Tuesta, 1995).
Con vísperas a las elecciones generales de 1990, un sector de la derecha, encabezado por el
escritor Mario Vargas Llosa,20 en los últimos dos años de gobierno de García Pérez le hizo una
oposición ininterrumpida, a pesar de no tener representación en las cámaras legislativas. Para el
destacado escritor, ello fue el inicio de su carrera a la presidencia para las elecciones de 1990,
las cuales fueron convocadas por el entonces presidente García, en un periodo en el que su
popularidad decayó a niveles significativos.
Esas elecciones, celebradas en abril, dieron como resultado que el FREDEMO, que obtuvo 32,6%,
quedara en la primera posición; mientras que Cambio 90, con un 29,2% de la votación, quedara
en segundo puesto; el APRA consiguió un 22,5% del favor electoral, y la IU recibió el respaldo
18
En esas elecciones municipales, la alcaldía de Lima, la ganaría Ricardo Belmont; y, a partir de allí, varios sectores de la
ciudadanía empezaron a creer que no se necesitaba tener una trabajada formación orgánica ni doctrina o programa elaborado
para intervenir en política; ni si quiera planes de gobierno resultarían necesarios para convencer a los electores. Bastaba un
rostro conocido que hablara en términos generales e hicieran promesas generales sin mayores precisiones (Haya de la Torre,
2004). A lo cual, en 1990, se le suma el fenómeno Alberto Fujimori.
19
Son considerados partidos tradicionales: APRA, PPC, AP y en ese entonces, IU.
20
Premio Nobel de Literatura 2010. Escritor y político peruano-español que se presentó a las elecciones generales de 1990, que
perdió con Alberto Fujimori.
21
Frente Democrático: alianza electoral que agrupa a los siguientes partidos políticos: AP, PPC y Libertad, en cara a las Elecciones
de 1990 y apoyo la candidatura de Mario Vargas Llosa. De tendencia conservadora y con una posición ideológica de derecha.
22
Expresidente de la República, considerado autócrata después del cambio de la Constitución Política en 1993. Gobernó el Perú
toda la década de 1990. Actualmente se encuentra preso por delitos de lesa humanidad y corrupción, en una cárcel de alta
seguridad en Lima.
23
Fue el primer partido fujimorista y con el cual llega a la presidencia Alberto Fujimori en 1990. Es de posición ideológica centro
derecha.
115
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
de un 8,2% del electorado. Como ningún partido había logrado la mayoría del 50% más uno de
los votos válidos, correspondía ir a una segunda vuelta electoral entre los dos partidos políticos
más votados.
El proceso electoral de 1990, era el tercero en la era que regresó la democracia al país. Hubo un
resultado sorprendente, un candidato desconocido lograría la presidencia, derrotando nada más
ni nada menos que a un prestigioso escritor y el favorito de la derecha. En un fenómeno difícil
de repetir, durante el último mes de campaña electoral el candidato de Cambio 90 arrebató el
triunfo que parecía inminente del candidato del FREDEMO, que había estado preparándose con
tres años de anticipación y agotando altos recursos económicos. Las preferencias de los apristas y
de los izquierdistas, inclinaron la balanza a favor de Fujimori, contra un candidato con propuestas
neoliberales; en tanto, Fujimori ofreció contraponer un programa distinto al duro y castigador
que anunciaba el afamado escritor. Sin una organización partidista, sin pasado político y con
pocos recursos, el candidato Fujimori dio la sorpresa, en tanto los partidos políticos tradicionales
sufrían una gran pérdida impensada en las preferencias electorales (Tuesta, 1995).
El nuevo presidente inicio su mandato con una política económica neoliberal, la cual
había rechazado durante la campaña electoral: una apertura económica que liberaba los
precios, reducía el gasto público, el déficit fiscal y el aparato estatal mediante un proceso de
privatizaciones. El empresariado que apoyó a Vargas Llosa, fue apoyando estas iniciativas
económicas. Paralelamente, Fujimori desató, desde el inicio de su gobierno, una campaña en
contra de los partidos políticos tradicionales, el Poder Legislativo y el Poder Judicial (Tuesta,
1995), en momentos que la población manifestaba su rechazo a esas instituciones.
La situación del país era difícil, una aguda crisis económica y una sanguinaria lucha contra el
terrorismo de Sendero Luminoso, el presidente Fujimori trató de imponer la idea de que la
estabilidad y el orden no se pueden lograr con estas instituciones desprestigiadas y que él se
encontraba imposibilitado para alcanzar los objetivos trazados por su gobierno con reglas de
juego mal establecidas que, además, son burladas (Tuesta, 1995).
24
Para la segunda vuelta, la militancia aprista y de la IU, voto masivamente por el outsider Fujimori para «cerrarle el paso a la
derecha» (Haya de la Torre, 2004).
25
Las medidas más importantes que el gobierno de Fujimori tomó luego del golpe de Estado fueron: el cierre del Parlamento, la
intervención de los aparatos judiciales y electorales, la clausura definitiva del Tribunal de Garantías Constitucionales y de los
gobiernos regionales (Tuesta, 1995).
116
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
El Perú fue aislado internacionalmente de varias cumbres latinoamericanas, por lo que Fujimori se
vio obligado adquirir algunos compromisos26 (Ferrero, 1992); así, a los siete meses de efectuado
su golpe de Estado se realizaron elecciones constituyentes.27 Una de las características de estas
elecciones fueron las irregularidades de sus reglas de juego cambiadas hasta último momento
por el gobierno y que obligaron a la abstención de los partidos políticos28 más importantes. En
un contexto que incluía a partidos políticos desprestigiados y fuera de juego, la competencia
electoral disminuyó, la incertidumbre electoral desapareció y los resultados pudieron, incluso, no
ser respetados29 (Tuesta, 1995).
En menos de un año se aprobó la nueva Constitución, que fue sometida a referéndum, en donde
el SÍ [en favor de] obtuvo el 52% contra un NO [en contra de], obtuvo 48% (Tuesta, 1995). El
presidente Fujimori, tuvo un abrumador (Tuesta, 1995) apoyo del ciudadano a su nueva propuesta
legislativa (López, 1993).
26
Ante una comisión de la OEA, Fujimori se comprometió a un retorno al Estado de derecho vía elecciones, mediante un
Congreso Constituyente que elaboraría una nueva Carta Magna, la que debería ser sometida a un referéndum y cumpla función
legislativa hasta la conclusión del periodo del anterior parlamento, es decir hasta 1995. Asimismo, convocó a elecciones
municipales de acuerdo al cronograma democrático preexistente (Ferrero, 1992; Tuesta, 1995).
27
Las elecciones se realizaron el 22 de noviembre de 1992, y eligieron un Congreso Constituyente compuesto por 80
representantes, elegidos en un distrito electoral nacional único bajo el sistema proporcional. La distribución de escaños, que
no estaba limitada por ninguna barrera mínima, se desarrollaba bajo el formato de la cifra repartidora, en el método D’hondt.
Al interior de las listas se aplicaba el método del voto preferencial doble opcional (Tuesta, 1995).
28
Se abstuvieron de participar el socialdemócrata APRA, el centro-derechista AP, el liberal Movimiento Libertad y los izquierdistas
Partido Unificado Mariateguista (PUM) e Izquierda Unida (IU). De los partidos importantes sólo participó el socialcristiano PPC
y un grupo de izquierda agrupado en el Movimiento Democrático de lzquierda (MDI). Los grupos abstencionistas argumentaron
que Fujimori intentaba legitimarse ante la comunidad internacional sobre la base de un proceso electoral amañado, que
elegiría un Congreso Constituyente Democrático que elaboraría una Constitución a su gusto (Tuesta, 1995).
29
Fujimori declaró que él se opondría a cualquier resultado que configure un escenario igual al anterior al golpe de Estado del
5 de abril de 1992. En pocas palabras, no permitiría un triunfo de la oposición (Tuesta, 1995).
30
Por ejemplo, Ricardo Belmont, alcalde de Lima (1990-1995), conocido empresario de medios de comunicación que dirigía
programas benéficos en la televisión limeña, había ganado la primera elección en 1989, derrotando a los candidatos de los
llamados partidos grande. En esta oportunidad, no solo volvió a derrotar a los candidatos de los partidos, sino al apadrinado
por Fujimori (Tuesta, 1995; Miró Quesada, 1993; Thorndike; 1994).
31
Bajo este esquema han sido elegido los Congresos desde 1995 hasta nuestra actualidad, la única variante es que en las
elecciones generales de 2011 ya no se eligieron 120 congresistas, sino 130.
117
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
A pocas semanas del referéndum, el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán32 envió cartas33
a Fujimori para encaminar un acuerdo de paz. Lo cual fue tomado por el gobierno como un
triunfo (Tuesta, 1995), porque se sabía que estaba próxima la caída del terrorismo en el territorio
nacional. En efecto, el 12 de septiembre de 1992 se realizó la captura del líder terrorista y otros
dirigentes de la cúpula senderista, con lo cual se sobrevino un periodo de cierta tranquilidad y
por primera vez la política estatal tuvo la iniciativa en materia antisubversiva.
Por otro lado, la inflación había sido controlada —aunque sobre la base de una recesión muy
severa—, lo que contribuyó a dar imagen de estabilidad que tanto anhelaban los peruanos, luego
de la hiperinflación del gobierno aprista.
A los dos éxitos alcanzados por Fujimori, habría que sumarle su intensa campaña populista de
obras de infraestructura educativa, sobre todo en las zonas donde había ganado el NO en el
referéndum. Fueron dos años de campaña proselitista con miras a la reelección —la cual permitía
la nueva Constitución— (Tuesta, 1995). Todo ello explica la popularidad de Fujimori mostradas en
las encuestas de opinión34 (Busse, 1992).
Para las elecciones de 1995, en donde el presidente en funciones era candidato a la vez, tuvo que
competir en desigualdad de condiciones con el embajador Javier Pérez de Cuéllar35 de UPP.36
Pero, era de esperarse, el triunfo de Fujimori el 9 de abril de 1995, fue inobjetable (Tuesta, 1995)
con un 65%, seguido de Pérez de Cuellar con un 22%, es así que conquista su segundo mandato
presidencial bajo las reglas de la nueva Constitución y en primera vuelta37. La lista parlamentaria
tuvo mayoría absoluta con 67 escaños en el Congreso nacional, frente a los 17 obtenidos por UPP,
que era máxima oposición junto con el APRA que apenas tenía 8 congresistas.
Fujimori consolido su liderazgo personalista a costa de socavar las adhesiones de los partidos
políticos tradicionales, que como hemos dicho apenas tuvieron representación en el Poder
Legislativo, perdiendo incluso algunos su inscripción en el registro de organizaciones políticas. El
antipartidismo profesado por Fujimori fue negativo para la formación del sistema político, pues
acabó por repetir el viejo discurso de raíz oligárquica y militarista, contraria a la participación
ciudadana en la gestión pública; impidiendo en todo momento que se aprobase alguna Ley de
partidos (Haya de la Torre, 2004).
A partir de julio de 1995, se abre el segundo periodo gubernamental de Alberto Fujimori, con su
figura consolidada, con una mayoría en el Parlamento y una oposición dispersa: una agrupación
32
Fundador y líder de la agrupación terrorista Sendero Luminoso. Conocido bajo el seudónimo de Presidente o Camarada
Gonzalo. Fue capturado el 12 de septiembre de 1992, en Lima; y se encuentra recluido en la Base Naval del Callao, cumpliendo
condena perpetua por el delito de terrorismo agravado.
33
«Señor Presidente: Acudimos a usted en su condición de Jefe de Estado Peruano, para solicitarle, celebrar conversaciones
que conduzcan a un Acuerdo de Paz cuya aplicación lleve a concluir la guerra que por más de trece años vive el país». En la
segunda carta Guzmán señala: «...los hechos muestran que su gestión ha logrado objetivos avances, especialmente después
de los sucesos del 5 de abril del 92, situación que claramente se veía venir como una necesidad del estado peruano, a cuyo
efecto se han puesto las bases para el proceso económico y llevado, adelante el reajuste del Estado», Idéele n.° 58, noviembre
de 1993, p. 13 (Tuesta, 1995).
34
Durante gran parte de la gestión presidencial el ingeniero Fujimori mencionaba el apoyo ciudadano mostrado en las
encuestas, lo que originó que algunos hablaran de la era de la «encuestocracia» (Álvarez, 1993; Duran, 1993; Tuesta, 1995).
35
Exsecretario general de las Naciones Unidas (1982-1991). Abogado y diplomático peruano que postuló a la presidencia del
Perú en 1995, sin éxito. Fundador de Unión por el Perú en 1994.
36
Unión por el Perú: partido político peruano, de ideología socio liberalismo. Fundado el 21 de septiembre de 1994 por Javier
Pérez de Cuellar. Su actual presidente es José Vega Antonio. Ha participado en procesos electorales para la presidencia de la
República sin éxito.
37
Poco usual conseguir un mandato presidencial en el Perú en primera vuelta, salvo el de Belaúnde donde las reglas de juego
eran distintas, sólo se pedía obtener el 36% de los votos válidos; y el caso de Alan García en 1985, en donde su contendor
renuncia a una segunda vuelta.
118
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
mediana, pero heterogénea (UPP) y diez pequeños grupos parlamentarios. La elección de 1995
constitucionaliza nuevamente a Fujimori, pero muestra la debilidad de las instituciones peruanas,
así como termina de articular un nuevo formato de sistema de partidos. Este es multipartidista
moderado, con una tendencia hegemónica de Cambio 90/Nueva Mayoría,38 pero por las
características de sus componentes, de cierta precariedad.
En 1998, se dieron las elecciones municipales en todo el país, donde la presencia de las
agrupaciones independientes era mayoritaria y la «cultura anti partidos» de Fujimori daba éxitos
rotundos. Por esas razones, en la gran mayoría de capitales de las provincias los independientes,
de la mano del personalismo, se hacían del triunfo, relegando a los partidos tradicionales, que
ya habían perdido gran parte de terreno en la política peruana. El movimiento político que
formo el presidente Fujimori, Vamos Vecinos40 obtuvo una alta votación en los distritos limeños
obteniendo 15 municipios y quedando como la segunda fuerza dentro de la capital (la primera
fue Somos Perú).
También, durante ese segundo quinquenio, empezó el manejo y control de los medios de
comunicación para obtener el apoyo de estos a su gobierno y el ocultamiento de los actos de
corrupción, que presidia en ese entonces el asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos Torres,41
quien sería posteriormente el hombre que trajo abajo el régimen fujimorista. Cabe recordar que
en el año 1996, Fujimori, ya pensando en su tercera reelección, inició maniobras legales como la
promulgación de la Ley n.° 26657 —Ley de Interpretación Auténtica de la Constitución—, la cual
exponía que, si bien es cierto Fujimori fue elegido por primera vez en el año 1990, con vigencia de
la antigua Constitución 1979, la nueva Constitución de 1993 señalaba que el presidente puede ser
reelegido solo para un periodo inmediato o después de transcurrido otro periodo constitucional.
En ese sentido, Fujimori argumentó sustentado en la referida Ley, que se había presentado como
candidato solo una vez con la nueva Constitución, por lo que lanzar su candidatura presidencial
en el año 2000 estaba dentro de los parámetros de la Ley y la Constitución.
Fue así que el domingo 9 de abril de 2000, se realizaron las elecciones generales en donde el
entonces presidente Alberto Fujimori se relanzaba a su (re)reelección, obteniendo el 49,87%
38
Es la segunda fuerza que crea el fujimorismo (1992) para encarar las elecciones para la Constituyente de 1992. Participó en las
elecciones generales de 1995 en alianza con Cambio 90, logrando la reelección de Alberto Fujimori; y en el 2000, en alianza
con Sí Cumple y Cambio 90 formando la alianza Electoral Perú 2000. Es tendencia conservadora, neoliberal y de una posición
ideológica de derecha.
39
Organización terrorista de corte marxista y leninista, fundada en 1984, liderada por Víctor Polay Campos hasta 1992, año de
su captura y, luego, por Néstor Cerpa Cartolini, hasta la muerte de este, en 1997, durante la toma de rehenes de la embajada
de Japón en Lima.
40
Agrupación política formada por el presidente Alberto Fujimori, para encarar a las elecciones municipales de 1998. Es de
corriente neoliberal y conservadora.
41
Expolítico y militar peruano, que trabajó durante el gobierno de Alberto Fujimori. Se desempeñó como jefe del SIN y como
asesor presidencial hasta la caída del régimen. Fundador del paramilitar «Grupo Colina». Actualmente, se encuentra recluido
en una prisión de alta seguridad, sentenciado a 25 años de pena privativa de la libertad por los delitos contra los derechos
humanos, homicidio calificado, terrorismo de estado y corrupción. Aunque aún tiene que enfrentar ocho juicios más.
119
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
de los votos válidos; seguido por Alejandro Toledo Manrique42 de Perú Posible (PP)43 con un
40,24%; Alberto Andrade44 de Somos Perú (SP)45 con un 3%. Lo que correspondía era una
segunda vuelta electoral, la cual fue realizada el 28 de mayo de 2000, entre los dos candidatos
más votados.
Para la segunda vuelta electoral, el entonces candidato Toledo pidió a sus electores que vicien
sus votos, ya que manifestaba que el proceso carecía de transparencia, igualdad y credibilidad.
Para lo cual, anuncio que iba a retirar su candidatura por esos motivos, lo que nunca se llegó a
realizar, de manera formal, ante las autoridades electorales. Llegada la noche del 28 de mayo de
2000, se conocen los resultados oficiales por parte de la ONPE,46 en donde le daba al presidente
y candidato a la (re)reelección Alberto Fujimori de Perú 200047 un 51,2%; contra un 17,7% de
Alejandro Toledo de PP; lo sorprendente fue el altísimo 29,9% de los votos viciados o nulos.
Con ese resultado, Fujimori iniciaría el 28 de julio de 2000 su tercer y último mandato presidencial
consecutivo. Apenas duró cuatro meses, por los escándalos de corrupción que salieron a la luz; en
este tercer gobierno lo resaltante fue la aparición de los famosos «vladivideos»,48 grabados por el
entonces jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) Vladimiro Montesinos Torres, colaborador
cercano del presidente. Montesinos Torres, mediante cámaras ocultas, se grababa sobornando a
congresistas, jueces, fiscales, directores de radio y televisión, periodistas, empresarios, actrices,
futbolistas, entre otras personalidades, para que apoyen a Alberto Fujimori. Fue así que el 14
de septiembre de 2000, aparece el primer «vladivideo» denominado Kouri-Montesinos,49 en
donde el jefe del SIN soborna a un congresista de Perú Posible para que se pase a las filas del
fujimorato en el Parlamento a cambio de una retribución económica, la cual fue aceptada por el
parlamentario. Posteriormente, fueron apareciendo diversos videos que denotaba el alto índice
de corrupción del gobierno fujimorista.
A pesar que en las elecciones legislativas del 2000, el partido de Fujimori, Perú 2000, obtuvo la
mayoría parlamentaria con 52 escaños congresales, frente a unos 29 escaños de PP, 9 del FIM,50
6 del APRA; la ambición de Fujimori por manejar el aparato legislativo lo llevo a comprar o
sobornar parlamentarios de las distintas bancadas de oposición.
El 16 de septiembre de 2000, Fujimori aparece en cadena nacional51 por todos los medios de
información emitiendo un mensaje a la nación, en la cual anuncia la desactivación del SIN y la
42
Expresidente constitucional del Perú, en el periodo 2001-2006. Fundador y líder de Perú Posible. Candidato presidencial a las
elecciones generales 2016. Economista de profesión.
43
Perú Posible: partido político peruano, fundado en 1994 como País Posible. Luego, cambia su denominación por Perú Posible,
es de corriente ideológica de la democracia liberal. Fundado por Alejandro Toledo Manrique. Ha llegado a la presidencia de la
República solo en el quinquenio 2001-2006.
44
Fue un político peruano, que ocupó el cargo de alcalde metropolitano de Lima en el periodo 1996-2003. También fue alcalde
del distrito limeño de Miraflores entre los años 1990-1996. Fundador de la agrupación Somos Lima, que luego cambiaria de
nombre a Somos Perú. Congresista de la República por el Frente de Centro que postulo a Valentín Paniagua en las Elecciones
Generales 2006. Falleció el 19 de junio 2009 en los Estados Unidos de América.
45
Somos Perú: fundado por Alberto Andrade Carmona el 5 de mayo de 1995, como Somos Lima. Cambio de nombre en junio
1997, es de ideología social cristiana.
46
Oficina Nacional de Procesos Electorales: organismo constitucional autónomo, que forma parte del sistema electoral peruano.
Su finalidad principal es planificar, organizar y ejecutar los procesos elecciones.
47
Alianza electoral que formó Fujimori para los procesos electorales del año 2000, que agrupa a todos los partidos fujimoristas
como Cambio 90, Nueva Mayoría y Vamos Vecino.
48
Es una denominación que se le dio a la colección de videos en formato casero que grabó Vladimiro Montesinos en las
instalaciones del SIN, a los personajes que acudían para ser sobornados.
49
Véase, en: [Link]
50
Fundado en 1990 por Fernando Olivera Vega, de ideología de derecha y disuelto en el 2006.
51
Véase, en: [Link]
120
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
convocatoria en un mediano plazo a elecciones generales, en la cual hace énfasis al anunciar que
él ya no participará. El 13 de noviembre del mismo año, Fujimori viaja a la Cumbre de APEC52
en Brunéi como presidente del Perú. Posteriormente, viaja a Tokio (Japón) porque desde allí iba a
emprender un viaje a Panamá para la Cumbre Iberoamericana; sin embargo, ya en Tokio remite
un fax a la presidenta del Congreso peruano, Martha Hildebrandt, para anunciarle su renuncia
formal al cargo de presidente de la República, la cual es denegada por el Pleno del Congreso por
carecer de refrendación ministerial, declarando vacante la Presidencia de la República aduciendo
incapacidad moral permanente. Por lo tanto, el Congreso declaró la destitución de Fujimori como
primer mandatario.
Fue así que llegó el final de 10 años de un gobierno corrupto, inestable, antipartidocracia,
populista, demagogo, personalista, entre otros factores. El cargo de presidente de la República
estaba vacante, los vicepresidentes habían renunciado a asumir la presidencia, y por orden
jerárquico constitucional y ser tercero en la línea de sucesión presidencial, le correspondía al
presidente del Congreso de la República asumir la primera magistratura del país; es por ello que
el 22 de noviembre de 2000 asume la Presidencia de la República, el congresista y presidente del
Parlamento, Valentín Paniagua Corazao,53 perteneciente al partido Acción Popular.
IV. CONCLUSIONES
En este breve artículo, hemos querido dar a conocer los acontecimientos políticos que se dieron
entre 1978-2000, periodo de 22 años que refleja un sistema político inestable con 12 años de
dictadura y 10 de democracia, en un país donde el sistema de partidos se encuentra atomizado y
completamente inestable, las propuestas de planes de trabajo han quedado de lado para pasar a
un show mediático por llegar a la Presidencia de la República.
En aquellos 22 años se estuvo bajo las reglas de dos Constituciones Políticas, cada una en
su debido momento, que fue aprovechada por los políticos para poder utilizar herramientas
jurídicas como la interpretación auténtica para poder reelegirse y seguir generando inestabilidad
e inseguridad jurídica.
No hay dudas, que este contexto histórico nos sirve para enseñar lecciones que se deben de
contar para no cometer los mismos errores en futuros inmediatos, lo que se debe de garantizar
en estas circunstancias es la institucionalidad de la administración pública y de los partidos
políticos, que al fin y al cabo aspiran a llegar a estos puestos de decisión para ejecutar sus
programas de gobierno.
52
Asia Pacific Economic Cooperation, en español Foro de Cooperación Económica Asia Pacifico. Creado en 1989, es un foro
multilateral que vela por temas relacionado al crecimiento e intercambio comercial de los países del Pacifico, para su
desarrollo y prosperidad con la promoción de inversiones que concerté desarrollos económicos.
53
Expresidente transitorio del Perú, durante el 22 de noviembre de 2000 hasta el 28 de julio de 2001. Se convierte en presidente
luego de la caída del régimen fujimorista. Pertenecía a las filas de Acción Popular. Postuló en 2006 a la presidencia con la
alianza Frente del Centro, pero no tuvo éxito. Falleció el 16 de octubre de 2006 en Lima.
121
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
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2020 Regulación Jurídica de los partidos políticos en Perú. Regulación de los partidos políticos en
América Latina. UNAM. Acceso el 28 de junio de 2020: [Link]
123
OPINIONES INSTITUCIONALES PARA
DICTAMINAR PROPOSICIONES DE LEY
JUAN FRANCISCO LOAYZA LORA1
Profesional del Congreso de la República
SUMARIO
RESUMEN
Las comisiones ordinarias del Congreso de la República están encargadas del estudio y dictamen de
las proposiciones de ley que les decretan como parte del procedimiento legislativo que se sigue para
aprobar una ley.
1
Secretario técnico, exjefe del Departamento de Comisiones. Economista por la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Magíster en Administración por ESAN y máster en Derecho Parlamentario, Elecciones y Estudios Legislativos por la Universidad
Complutense de Madrid.
125
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Las opiniones aportan en la visión y alcance de la materia que se pretende legislar y son indispensables
para enriquecer el debate y el dictamen. En resumen, contribuyen en la formación de una ley.
El Reglamento del Congreso de la República, que tiene fuerza de ley y naturaleza de ley orgánica,
regula los procedimientos parlamentarios. Estos procedimientos son el conjunto de actos
sucesivos e integrados que se realizan para promover el debate y los acuerdos del Congreso
destinados a producir leyes y resoluciones legislativas, actos de control político, y designaciones
y nombramientos.
Según las funciones que realiza el Poder Legislativo, los procedimientos parlamentarios pueden
ser legislativos, de control político y especiales.
Según el citado Reglamento del Congreso, los procedimientos legislativos tienen las siguientes
etapas: iniciativa legislativa; estudio en comisiones; publicación de los dictámenes en el Portal
o en la Gaceta del Parlamento, o en el diario oficial El Peruano; debate en el Pleno; aprobación
por doble votación y promulgación. Puede haber excepciones o exoneraciones de alguna de estas
etapas, que no alcanzan ni a la primera ni a la última.
El estudio en comisiones es la etapa del procedimiento legislativo que está cargo de una o dos
comisiones ordinarias a las que les ha sido decretado el o los proyectos de ley precisamente para
que sean estudiados y dictaminados.
II. EL DICTAMEN
El diccionario usual de la RAE define el dictamen como la opinión y juicio que se forma o emite
sobre algo.3
2
Reglamento del Congreso de la República. Congreso de la República. Lima, 2020, artículos 1, 2, 64 y 73.
3
Diccionario de la Lengua Española. Disponible en: [Link]
126
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
El diccionario del español jurídico de la RAE señala que el dictamen parlamentario es el texto
aprobado por una comisión parlamentaria que recoge los acuerdos de este órgano redactados
por los letrados de las Cortes.4
El diccionario jurídico del Poder Judicial del Perú menciona que el dictamen constituye la opinión
sustentada que emite un especialista jurisconsulto acerca de una cuestión de hecho o de derecho,
sometida a su consideración y parecer; por lo general esta opinión debe ser por escrito.5
El Reglamento del Congreso de la República del Perú7 define los dictámenes como instrumentos
procesales parlamentarios que contienen una exposición documentada, precisa y clara de los
estudios que realizan las comisiones sobre las proposiciones de ley y de resolución legislativa, así
como sobre los decretos legislativos, decretos de urgencia y tratados internacionales ejecutivos,
de los que el Poder Ejecutivo da cuenta, que son sometidos a su conocimiento, además de las
conclusiones y recomendaciones derivadas de dicho estudio.
Esto significa que esta función recae en el servicio parlamentario; sin embargo, en la práctica,
los asesores de la organización parlamentaria también elaboran predictámenes, debido a la gran
carga procesal que tienen las comisiones ordinarias, sin que ello constituya una obligación, ya
que dichos asesores carecen de funciones predeterminadas.
4
Diccionario Español Jurídico RAE. Disponible en:
[Link]
5
Diccionario jurídico del Poder Judicial. Disponible en:
[Link]
orientacion_juridica_usuario/as_diccionario_juridico/
6
El dictamen legislativo. S.f. Cámara de Diputados del Congreso de la Unión de México. Recuperado de: [Link]
[Link]/biblioteca/bibdig/dictamen/concep_defi[Link]
7
Reglamento del Congreso de la República. Congreso de la República. Lima, 2020, artículos 35, 70, 90, 91 y 92.
127
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Esta práctica constituye un acto democrático, participativo, transparente y legítimo, que permite
conocer los diferentes puntos de vista de los actores sociales, a los que de una u otra forma les
alcanzará los efectos de la futura ley.
Contar con opiniones supone haberlas solicitado o que llegaron de oficio, esto es, que el proyecto
de ley fue decretado a una determinada comisión ordinaria y que su contenido es de conocimiento
público, es decir, que está publicado en la página web del Congreso de la República.
La solicitud de opinión tiene como paso previo la calificación de la admisibilidad del proyecto
de ley por la comisión dictaminadora, siguiendo lo establecido en los artículos 75 y 76 del
Reglamento del Congreso de la República, así como su compatibilidad constitucional. Admitido
el proyecto de ley, se selecciona a las entidades públicas e instituciones privadas a las que se
les pedirá opinión, tomando en cuenta la materia a legislar, y se pone en conocimiento del
presidente de la comisión ordinaria para su aprobación, a partir de la cual se elaboran los
oficios mediante los cuales se solicita las opiniones sobre el proyecto de ley. También es viable
pedir información cuantitativa o cualitativa a las entidades que la tienen oficialmente como
información de origen o fuente primaria, y opcionalmente a las entidades que la procesan y
constituyen fuentes secundarias.
8
Negrita y subrayado por el autor.
128
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
IV. OPINIONES PARA PROYECTOS DE LEY DEL PODER EJECUTIVO Y DE ÍNDOLE TRIBUTARIA
Los proyectos de ley del Poder Ejecutivo no necesitan opinión de los organismos públicos que
conforman el gobierno central pues cuentan con la aprobación del Presidente de la República
y del Consejo de Ministros. Para estos proyectos puede pedirse opinión a los organismos
constitucionales autónomos, a los gobiernos regionales, a los gobiernos locales y a las
instituciones privadas; también es válido pedir información al Poder Ejecutivo.
De acuerdo con el artículo 79 de la Constitución Política, las leyes de índole tributaria referidas
a beneficios o exoneraciones requieren previo informe del Ministerio de Economía y Finanzas
(MEF). La opinión contenida en el informe no obliga a las comisiones dictaminadoras. Según la
Ley 27886, el MEF tiene treinta días calendario para informar y en el caso de reiteración siete
días calendario adicionales para opinar; vencido el plazo, la comisión procederá a dictaminar sin
la opinión solicitada en su momento.
Puede ocurrir y se acepta recoger opiniones que llegaron a otra comisión dictaminadora u
opiniones que se recibieron para proyectos de ley con materia similar que fueron estudiados o
dictaminados en el período anual de sesiones pasado.
Al amparo de lo dispuesto por el artículo 71 del Reglamento del Congreso, podría requerirse
eventualmente una consulta especializada a una comisión especial, ya que esta tiene una
finalidad específica y su ámbito se circunscribe a determinadas materias, además de que posee
conocimiento acumulado y actualizado.
Las opiniones no tienen efecto vinculante, pero resultan importantes por sus consideraciones
conceptuales, legales y técnicas, y por los aportes que pudieran recogerse en el dictamen;
igualmente, son valiosas por la representatividad ciudadana de quienes las emiten.
Las opiniones son voluntarias para el sector privado. En el caso de las entidades públicas, el
Reglamento del Congreso de la República no establece la obligatoriedad de que ellas respondan
129
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
los pedidos de opinión ni fija plazos para ese efecto. Cuando estas lo hacen, alcanzan un informe
técnico-legal en un tiempo variable, que en muchas ocasiones supera los treinta días. También
ocurre que algunas entidades públicas nunca remiten su opinión.
Algunas entidades públicas concluyen declarando viable o no viable el proyecto de ley, alcanzando
sus análisis, fundamentos, observaciones, conclusiones y recomendaciones. Otras mencionan no
ser competentes para opinar por no ser materia de su ámbito y, por consiguiente, sugieren o
recomiendan las entidades a las que se les debería pedir opinión.
Quienes opinan lo pueden hacer sobre un proyecto de ley o una autógrafa observada a pedido de
la comisión; también con referencia a un predictamen o un dictamen, lo que ocurre normalmente
de oficio.
Como regla general, un dictamen tiene mayor sustento y credibilidad con opiniones, que sin
ellas; y, por transparencia y ética, es necesario presentar en el dictamen las opiniones a favor y
en contra. Un dictamen puede recoger opiniones que llegaron a otra comisión dictaminadora.
Normalmente es poco probable que se apruebe un dictamen que tiene todas las opiniones
negativas; contrariamente, es altamente posible que se apruebe un dictamen que cuenta con
todas las opiniones favorables.
Cuando un proyecto de ley es retirado por su autor, las solicitudes de opinión quedan sin efecto;
y en el caso de que las opiniones lleguen extemporáneamente, es decir, luego de aprobado el
dictamen, ya no se registran en este, pudiendo darse cuenta de ellas en el Pleno del Congreso o
en la Comisión Permanente, según sea el caso.
130
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
También el marco legal que menciona la opinión, el cual debe cotejarse con el que se tiene en
el proyecto de ley y los encontrados durante el estudio de la iniciativa, el mismo que, de ser
procedente, se incorpora en el marco legal del dictamen.
De igual manera, los principales análisis que contienen los informes técnicos que acompañan
a la opinión, destacando los argumentos técnicos y legales relevantes que sustentan el sentido
de la opinión, las observaciones o los aportes. Se puede transcribir textualmente párrafos de
la opinión o resumir aquello que apoya la conclusión que tendrá el dictamen. Si las opiniones
contienen gráficos, tablas, cuadros, etc., estos pueden reproducirse en el dictamen. Finalmente,
se recoge las conclusiones a las que llega la opinión institucional.
Cuando las opiniones sugieren o recomiendan un texto sustitutorio, puede recogerse en los
términos propuestos o haciendo ciertas modificaciones.
En términos generales, se tiene amplia libertad de recoger los argumentos o elementos que
se consideren más apropiados para sustentar el dictamen. En ningún caso el contenido de una
opinión institucional obliga o es vinculante con la conclusión del dictamen.
Tanto la opinión como la información proporcionan elementos de juicio para tomar decisiones y
enriquecer el dictamen.
Luego de dar dos lecturas al texto completo del proyecto de ley, la primera para saber de qué se
trata y la segunda para descubrir realmente qué se quiere con la norma, quién se beneficia y a
quién se afecta, se deduce la información que nos falta o que se necesita. A partir de ello se hace
el requerimiento a las entidades públicas competentes, que puedan proporcionar información,
sea cuantitativa o cualitativa.
131
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Para lograr una respuesta rápida de la entidad pública, se puede invocar el cumplimiento del
plazo que fija el Texto Único Ordenado de la Ley 27806, Ley de Transparencia y Acceso a la
Información Pública.
Existen además fuentes internas del Congreso de la República que nos pueden suministrar
información con celeridad, estas son: el Departamento de Investigación y Documentación
Parlamentaria, a través de sus áreas de Estadística, de Biblioteca, de Servicios de Investigación
y Seguimiento Presupuestal; y el Departamento de Gestión Documental, a través de su Área de
Archivo. Lo disponible es amplio, diverso y ordenado por temas y sectores.
Según el Manual de Comisiones, las solicitudes de informes, realizadas usualmente por las
comisiones, tienen por objeto obtener información técnica vinculada con la materia de una
determinada proposición para facilitar su estudio.9
Si bien no existe un procedimiento específico para los pedidos de información sobre proposiciones
de ley que solicitan los presidentes de las comisiones ordinarias a los funcionarios de las
entidades públicas, en la práctica se solicita la información con un oficio y se apela al artículo 96
de la Constitución Política y a los artículos 69 y 87 del Reglamento del Congreso de la República.
En el caso de los dictámenes sobre las autógrafas observadas por el Poder Ejecutivo, generalmente
se elaboran sin opiniones, sea que se trate de un allanamiento o una insistencia; sin embargo,
es posible y hasta conveniente invitar a los representantes del Ejecutivo para que sustente sus
observaciones, ya que ello enriquece el debate, la comprensión y los argumentos para allanarse,
insistir o simplemente archivar los proyectos de ley que dieron origen al dictamen y luego a la
autógrafa.
Ello contribuirá, en primer término, a mejorar los términos de la relación y coordinación entre
el Congreso y el Poder Ejecutivo; y, en segundo lugar, hará que los instrumentos parlamentarios
9
Manual de Comisiones. Giovanni Forno Flórez. Segunda edición. Lima, Congreso de la República, Oficialía Mayor, agosto 2012,
pág. 40.
132
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
que se generen en los correspondientes procesos legislativos determinen, con mayor claridad,
la posición institucional del Poder Legislativo sobre las referidas observaciones, según lo
establecido por la Constitución Política y el Reglamento del Congreso.
Si bien este acuerdo del Consejo Directivo sigue vigente, convendría volvérselo a comunicar al
Poder Ejecutivo por cuanto se omite ese detalle en las autógrafas observadas.
También puede invitarse a los representantes de las entidades o las instituciones que no
participaron en el debate que dio origen a la autógrafa, o a aquellos que con legítimo interés
tienen derecho a opinar en un sentido u otro.
Para ello existe el Parlamento Virtual Peruano, a través del cual cualquier ciudadano puede opinar
sobre los proyectos de ley dando a conocer sus observaciones al articulado, sus propuestas y sus
comentarios. Se accede a través de la página web del Congreso de la República y se visualiza en
la sección del Expediente Virtual del Proyecto de Ley, Opiniones ciudadanas recibidas.
1. Todos los proyectos de ley que sean presentados y publicados en el Portal del Congreso de la
República ingresen inmediatamente al sistema de foros legislativos virtuales, administrado
por la Oficina de Participación, Proyección y Enlace con el Ciudadano, con la finalidad de que
los ciudadanos puedan expresar sus opiniones, puntos de vista, sugerencias y propuestas
sobre las iniciativas legislativas que se encuentran dentro del proceso legislativo y evaluar
su probable impacto en el país si se convierten en leyes.
Muchas veces se reciben opiniones de oficio de las comunidades, las organizaciones sociales o
los gremios que tienen interés en la materia que contiene el proyecto de ley, o también solicitan
participar en una sesión de la comisión para dar a conocer su punto de vista, sus aportes o sus
observaciones. En este último caso, se les puede dar un espacio durante las sesiones que permita
canalizar los requerimientos ciudadanos.
133
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
A la fecha no está diseñado un sistema para recoger opiniones ciudadanas a través de las redes
sociales, ni hay personas responsables de esta tarea en las comisiones ordinarias, por lo que se
recomienda seguir los procedimientos actualmente establecidos.
Las opiniones, aunque no tienen efecto vinculante, resultan importantes por sus consideraciones
teóricas, así como por las sugerencias o aportes que podrían introducirse en el debate.
Las opiniones son solicitadas por el presidente de la comisión, mediante oficio. Además, cualquier
congresista puede solicitar que, sobre una propuesta, se pida opinión a una determinada
institución o entidad pública.
Si bien el artículo 77 del Reglamento del Congreso de la República señala que las comisiones
tienen un máximo de treinta días útiles para expedir el dictamen respectivo, en la práctica se
10
Manual de Comisiones. Giovanni Forno Flórez. Segunda edición. Lima: Congreso de la República, Oficialía Mayor, agosto 2012,
pp. 39 y 40.
11
Manual de Técnica Legislativa - Manual de Redacción Parlamentaria. Segunda edición. Lima: Congreso de la República del Perú,
2013. Aprobado por Acuerdo de Mesa Directiva 242-2012-2013/MESA-CR, pp. 58 y 60.
134
SECC IÓN I: ARTÍC ULOS
dictamina en un plazo mayor, entre otras razones porque las opiniones llegan después de los
treinta días de haberse solicitado y a veces nunca llegan. Otras veces llegan después de haberse
dictaminado, por lo que no son tomadas en cuenta.
Esto ocasiona que muchas veces se dictamine una proposición de ley con una o dos opiniones,
restando pluralidad y diversidad de posiciones, y solo por el hecho de no recibir opiniones o
recibirlas tardíamente.
Se considera que hay espacio para mejoras en este aspecto, por lo que es necesario recordar
que la importancia y el contenido de las opiniones en la formación de las leyes, así como de los
plazos para responder, son tareas pendientes.
Por otro lado, el artículo 70 del Reglamento del Congreso de la República, en lo que concierne
a las opiniones, debería modificarse y adecuarse a la práctica parlamentaria actual, tomando
en cuenta las innovaciones y variantes que se observan en la elaboración y aprobación de los
dictámenes.
[Link]ÍA
Cámara de Diputados del Congreso de la Unión de México
S.f. El dictamen. Recuperado de: [Link]
concep_defi[Link]
Congreso de la República
2020 Reglamento del Congreso de la República. Lima, Perú.
PODER JUDICIAL
2020 Diccionario Jurídico del Poder Judicial
RAE
2020 Diccionario de la Lengua Española.
Diccionario Jurídico Español
135
Sección II
PARLAMENTO
Camino al Bicentenario
LA PROCLAMA DEL 28 DE JULIO DE 1821
SUMARIO
RESUMEN
El presente artículo trata sobre un hito trascendental en la historia de nuestra Patria, el cual será
recordado de múltiples maneras durante la conmemoración del Bicentenario de la Proclamación de
la Independencia de Perú. Me refiero a la histórica proclama realizada por el General San Martín
en la Plaza Mayor de Lima, el 28 de julio de 1821. ¿Qué palabras utilizó el Libertador? ¿En qué
circunstancias? ¿Qué reflexiones podemos extraer de cada una de las frases de su famosa proclama?
1
General de División del Ejército de Perú en retiro y doctor en Administración. Ha ocupado puestos de significativa
responsabilidad en la Casa Militar del presidente de la República, en el Ministerio de Defensa y en el Ejército de Perú.
Actualmente, es el primer vicepresidente del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, presidente de la Comisión
de Estudios Estratégicos de la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes – ADOGEN PERÚ. Es miembro del Consejo
Directivo de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia, consultor y colaborador en diferentes medios. Para más
información: web: [Link]
139
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
I. INTRODUCCIÓN
El Centro de Estudios Constitucionales y Parlamentarios del Congreso me honra al invitarme
a disertar sobre uno de los eventos más importantes de la historia de mi patria, el cual para
muchos historiadores marca el final del virreinato y el inicio de nuestra etapa republicana.
Me refiero a la histórica proclama realizada por el capitán general don José Francisco de San
Martín y Matorras, que, como todos conocen, se realizó en la Plaza Mayor de la ciudad de Lima,
el sábado 28 de julio de 1821, sobre un tabladillo mandado a construir por el Cabildo a la altura
del callejón de Petateros (hoy pasaje Olaya) con frente al Palacio, ligeramente cerca de la esquina
de la Catedral.
La historia de los países y de todo grupo humano está compuesta por hechos, eventos que están
en el pasado y que no se pueden modificar, ya sucedieron y no se pueden cambiar.
Estos acontecimientos han sido narrados por los mismos protagonistas, por estudiosos e
historiadores; ante ello, comprobamos que el relato de estos hechos, que son inmodificables,
podría ser modificado, según la ideología y el sistema de ideas del que escribe. La narrativa
puede tener matices de un escritor a otro.
140
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
Por ejemplo, es conocido que los libros que tratan acerca de guerras tienen una inclinación
particular si el escritor pertenece al bando vencedor o al vencido; y si el autor es un tercero
neutral, habrá otra visión –tal vez– más objetiva.
En este sentido, presento una atrevida síntesis, en la que observamos varias historiografías, cada
una con sus particulares matices de la historia peruana, y donde cada exponente le ha puesto un
sello propio a sus escritos. Entre otras, podemos distinguir:
• Historiografía Tradicional
De corte positivista. Tiene una versión idílica, romántica y algo irreal de los hechos históricos. Creó
la historia de la nación mestiza, para no sentirse «españoles de segunda». Algunos exponentes
de ella: José de la Riva Agüero, Víctor Andrés Belaúnde, César Pacheco Vélez.
• Historiografía Marxista
De tendencia negativista. Con una versión deprimente, sostiene que la aristocracia limeña apoyó
la causa realista, que el Perú es un país abortado y que no somos una nación. Ve el futuro de
Perú como una derrota, no como un derrotero. Afirma que somos un país donde se debe cambiar
todo. Algunos exponentes: José Carlos Mariátegui, Alberto Flores Galindo, Pablo Macera, Heraclio
Bonilla, Julio Cotler. En esta corriente destacan los llamados «Modernos Sociólogos».
• Historiografía Indigenista
Busca destacar lo nativo. Resalta a Juan Santos Atahualpa como restaurador del Tahuantinsuyo y
a José Gabriel Condorcanqui como continuador de Túpac Amaru . Algunos exponentes: Atusparia,
Gamaniel Churata (Arturo Peralta), Dora Mayer, Pedro Zulen, José Uriel García, Luis E. Valcárcel.
• Historiografía Hispana
Resalta lo hispano; sostiene que los españoles que conquistaron el Tahuantinsuyo eran
aventureros audaces que vencieron a unos nativos que luchaban entre sí; y que nos trajeron su
cultura y religión. Sus ideas están presentes en muchos libros de historia para colegiales.
Esto es un primer punto a tener en cuenta: cada escritura de la historia, cada historiografía tiene
el sello particular de cada autor; son diferentes, no obstante que tratan sobre los mismos hechos.
Ello complica la investigación histórica, pero a la vez la hace más emocionante.
Por otra parte, es importante señalar que el estudio de la historia comprende básicamente tres
niveles: descriptivo, explicativo y reflexivo.
En el nivel descriptivo, se registran los hechos tal cual ocurrieron: actores, fechas, lugares,
batallas, circunstancias, documentos, entre otros aspectos.
Sobre este primer nivel se construye un segundo nivel —el explicativo— donde se trata de
determinar los procesos que se dan a lo largo del tiempo, sus causas y sus consecuencias. En este
nivel se encuentra el proceso de independencia de Perú.
141
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Y sobre este segundo nivel, se levanta el nivel reflexivo, donde se ubican los pensamientos, las
enseñanzas, y las lecciones que nos ofrece el estudio de la historia.
Entonces, al encontrar diversos matices y diferencias en el nivel descriptivo de los hechos –el
primer nivel–, cuando pasamos al segundo nivel —el explicativo— y buscamos establecer los
procesos que se dieron, descubrimos una mayor riqueza de posiciones. Y luego, al construir el
tercer nivel –el reflexivo– detectamos una significativa cantidad de pensamientos y lecciones,
algunos de ellos enfrentados entre sí, sobre un mismo hecho.
Por ello es que, debido a la gran cantidad de historiografías existentes, desde los más diversos
puntos de vista, el definir el proceso de la independencia de Perú constituye una tarea
controvertida, pero a la vez muy interesante.
Como notarán, todo esto hace que el realizar un viaje a través de la historia del proceso de
independencia de Perú signifique una aventura muy emocionante y hasta apasionante.
Proclama que recordamos todos los años, y es el punto central de todas las celebraciones de
las Fiestas Patrias en Perú, y que será conmemorada hasta la saciedad en las actividades por el
Bicentenario de la Proclamación de la Independencia de Perú durante el año 2021.
Al hablar de la proclama, vienen a mi mente las imágenes de algunas pinturas que representan
este momento, en la cual se observa al Libertador con una bandera similar a nuestro actual
símbolo patrio, es decir con franjas verticales con los colores rojo, blanco y rojo. Sin embargo, esto
es incorrecto, debido a que el 28 de julio de 1821 estaba vigente la primera bandera (de cuatro
triángulos) y el primer escudo nacional (ovalado), que tuvo validez desde el 21 de octubre de
1820 hasta el 15 de marzo de 1822.
142
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
Esta primera bandera de Perú fue creada por decreto firmado por el general San Martín en Pisco,
el 21 de octubre de 1820, que en su considerando señala: «Es incompatible con la independencia
del Perú la conservación de los símbolos que recuerdan el dilatado tiempo de su opresión».
Un detalle más, en Perú conocemos a San Martin como un general argentino, pero —en estricto—
en 1821 no existía Argentina como tal, existían las Provincias Unidas de Rio de la Plata, que
después de una serie de eventos, recién a partir de 1826 pasan a llamarse Argentina. Por lo tanto,
el Libertador San Martín era rioplatense. Habrá que corregir muchos libros de Historia en Perú.
Empecemos, «EL PERÚ, DESDE ESTE MOMENTO…». ¿Desde este momento? Esta primera frase del
general San Martín nos lleva a reflexionar sobre la variable tiempo.
143
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Recordemos que dos semanas antes, exactamente el 15 de julio de 1821, los cabildantes y otros
notables de Lima habían firmado el Acta de Declaración de la Independencia, importantísimo
evento que en otros países es considerado como la creación del nuevo Estado. En la primera
página de dicha Acta firmaron las personas más ricas y poderosas de la ciudad, al final la
rubricaron 3504 personas de diversos sectores sociales; entre ellos firmaron gente de elevado
espíritu patriota, y otros por miedo a las tropas de ocupación. Algunos firmaron por ambición de
recompensas y nombramientos, y también había un buen grupo de españoles y criollos que se
escondieron para no firmar este documento, temerosos de las represalias de los realistas.
Pero, antes del Acta del 15 de julio de 1821, muchas ciudades habían proclamado su independencia,
como la Villa de Supe, que declaró su libertad el 5 de abril de 1819, más de dos años antes que
San Martín, gracias a la presencia de la escuadra comandada por Lord Cochrane. Le seguiría la
proclamación de la independencia de Guayaquil por el Coronel peruano Gregorio Escobedo, el
9 de octubre de 1820: asimismo, Pisco e Ica el 20 de octubre, Huamanga el 1° de noviembre,
Huancayo el 20, Huaura el 26, y Tarma el 28 del mismo mes; luego Huánuco el 15 de diciembre
y Lambayeque el 27 del mismo mes.
Para algunos historiadores, la gesta independentista comenzó con los levantamientos de los
criollos, ellos consideran que el primer grito de libertad fue realizado por el prócer Francisco
Antonio de Zela, el 20 de junio de 1811, en Tacna; y, luego, continuaron José Crespo y Castillo con
los alcaldes indios, en 1812, en Huánuco; Enrique Paillardelli en 1813, Mateo García Pumacahua,
los hermanos Angulo y el sacerdote Muñecas, en Cusco, en 1814.
Para otros estudiosos el proceso se inició en España con la instalación de las Cortes de Cádiz, el
24 de setiembre de 1810, y con las consecuencias del Congreso de Viena de 1814.
Otros historiadores sostienen que dicho proceso de independencia comenzó con las insurrecciones
indígenas del siglo ; la primera, la de Juan Santos Atahualpa en la selva central en 1742;
luego, la de José Gabriel Condorcanqui, proclamado como Túpac Amaru desde 1780 a 1783.
Para un cuarto grupo, este trascendental curso independentista empezó desde la captura misma
de Atahualpa en Cajamarca en 1532, la que dio inicio a 40 años de heroica resistencia inca, que
la historia escrita por los españoles nos trata de esconder. Cuando los escolares peruanos recitan
la lista de incas, terminan con Huáscar y Atahualpa; sin embargo, deberían incluir los cuatro incas
de la resistencia, que mantuvieron la bandera de rebeldía inca hasta 1572: Manco Inca, Sairi
Túpac, Tito Cusi y Túpac Amaru .
144
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
Finalmente, otros consideran que este proceso se prolongó hasta la firma del Tratado de Paz
y Amistad de París, el 14 de agosto de 1879, por el que el Reino de España reconoce que Perú
es una república; asimismo, reconoce la independencia peruana, y se establecen relaciones
diplomáticas entre ambos países.
Como apreciamos, el proceso de independencia de Perú duró muchos años y no hay acuerdo
sobre cuando fue su comienzo y su fin; lo que nos hace pensar que el 28 de julio es una fecha
representativa de este largo y complicada lucha.
Continuemos con las palabras del general San Martin. Él dijo: «El Perú, desde este momento, ES
LIBRE E INDEPENDIENTE…». Ante ello, podemos preguntarnos: ¿El 28 de julio de 1821, Perú era
libre?
Recordemos que, en 1821, el ejército realista ocupaba aproximadamente las dos terceras partes
del territorio, controlaba todo el sur del país, se mantenía la mita, el tributo indígena, y la lealtad
al rey de España.
Realmente, en esa fecha, todo Perú no era libre; y es que la libertad de un país no se consigue con
una declaración; es necesario lograrla y mantenerla.
Aún hoy, es lícito preguntarnos: ¿Perú es libre? Es decir, es libre para decidir qué hacer o no
hacer, para aceptar o no aceptar según su conveniencia; en buena cuenta ¿es capaz de tomar sus
propias decisiones, y tiene la capacidad para hacer respetar sus intereses y sus derechos ante los
otros Estados, ante las transnacionales, y ante las cortes internacionales?
¿Y por otra parte, Perú es independiente? Nuestra Patria ¿es un Estado soberano, autónomo y
no tiene subordinación respecto de alguna potencia extranjera, organización no gubernamental
(ONG) u otra organización internacional?
Recuerdo que un dilecto historiador, que fue mi profesor, hace una distinción entre independencia
y emancipación; y lo explica con un ejemplo: un joven cumple 18 años, entonces, se independiza;
pero sus padres siguen proporcionándole alimentación, vestido, alojamiento y le pagan su
pensión universitaria; ese joven se ha independizado, pero no se ha emancipado.
Entonces, aparentemente, Perú tampoco se ha emancipado, eso lo hace quien se libera de una
tutela de alguien mayor; nuestro país sólo recuperó su independencia, perdida en 1532.
145
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Continuando con la proclama del Libertador: «El Perú, desde este momento, es libre e independiente,
POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS…»
Es probable que, ante esta declaración, el general San Martín haya decidido incluir esta frase
en su proclama. Sin embargo, valdría preguntarnos: ¿Si realmente en 1821, todos los peruanos
querían la independencia?
Al respecto, las opiniones están divididas. El Perú era el centro del poder español, muchos no
querían perder sus privilegios; y en la guerra por la independencia pelearon hermano contra
hermano, primo contra primo, y las familias se dividieron. Realmente no había una voluntad total,
integral, ni general de todo el pueblo peruano.
Finalmente, el general San Martín dijo: «Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE».
Evidentemente, la causa de la libertad era justa, y lo será siempre. Al respecto, recordemos una
definición sencilla de justicia: «Justicia es dar a cada cual, lo que le corresponde»; en ese sentido,
a los peruanos nos correspondía poder decidir nuestro propio destino, y no estar sometidos a
poder extranjero.
El General San Martin rubricó su proclama gritando con gran energía: «¡VIVA LA PATRIA! ¡VIVA LA
LIBERTAD! ¡VIVA LA INDEPENDENCIA!»
El primer viva lanzado por el Libertador es dedicado a la patria, es decir, a la tierra de nuestros
padres; resalto que no dice «¡Viva el Perú!» porque con ello se podría entender al Estado peruano,
porque aún estaba finalizando el periodo de gobierno virreinal.
El segundo viva es a la libertad, entendida en sentido amplio como un valor supremo que implica
la capacidad de las personas de obrar según la propia voluntad. En las circunstancias en que
146
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
se dio la proclama del 28 de julio de 1821, la libertad era un bien anhelado por muchísimos
peruanos.
En resumen, propongo que el proceso de independencia de Perú duró muchos años y no hay
acuerdo sobre cuando fue su comienzo y su fin; este gran proceso fue una mezcla de procesos
sociales, políticos, económicos y militares; comprendiendo a la vez varias guerras, de liberación,
de ocupación, guerras civiles y la guerra entre realistas y patriotas; lo que hace que el 28 de julio
de 1821 sea una fecha simbólica y representativa, donde la proclama del general San Martín, es
el momento cumbre de este gran proceso.
Primero, propongo que el proceso de independencia de Perú duró muchos años y no hay acuerdo
sobre cuando fue su comienzo y su fin.
Y es que no hay consenso en la extensión del proceso de independencia de Perú, que puede ser
de cinco años y medio, desde la primera proclamación de independencia en la Villa de Supe en
abril de 1819, hasta la batalla y capitulación de Ayacucho en 1824.
O puede ser de tres siglos y medio (347 años), desde la captura de Atahualpa en 1532 hasta
la firma del Tratado de Paz y Amistad de París el 14 de agosto de 1879. Cinco años o 347 años,
dependiendo de la historiografía, o sea de la escritura de los hechos.
La extensión en el tiempo es clave, porque si el proceso fue de solo cinco años, entonces las
previas guerras de resistencia y de liberación, los precursores, así como la posterior consolidación
militar del 2 de mayo de 1866 y la definición jurídica de 1879, todos estos eventos y muchos más
quedarían fuera del proceso de independencia, y serían motivo de otros estudios.
147
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
En cambio, si consideramos tres siglos y medio, desde 1532 a 1879, tendríamos un panorama de
estudio mucho más amplio y completo de la gesta libertaria.
Segundo, propongo que el gran proceso de independencia de Perú fue una mezcla de procesos
políticos, sociales, económicos y militares.
La independencia de Perú –como muchos creen– no fue un asunto exclusivamente militar. Así,
en el campo político, hubo procesos internos que condujeron a cambios en los sistemas de
gobierno: del gobierno dictatorial y caudillista de la conquista, al gobierno virreinal, gobernados
por un rey que nunca vimos; luego vendrá la proclamación de la independencia y el rechazo a la
idea de implantar una monarquía constitucional, entonces asumimos una república en medio de
una situación muy difícil y caótica, como muchos países en sus inicios.
El periodo de 1822 a 1842 fue denominado por Basadre como la Época Fundacional de la
República o la Iniciación de la República, pues fue una etapa en el que Perú no solo se libró de la
dominación española y definió su sistema de gobierno, sino que consolidó su espacio territorial,
rechazando los intentos de países vecinos de fracturar su integridad. Luego vendría la Etapa de
Anarquía, como producto de la situación generada a la muerte del presidente, General Agustín
Gamarra.
El doctor Raúl Chanamé Orbe considera que el primer periodo republicano se le puede asignar
el nombre de república utópica; luego vendrían la república práctica, la tutelada y la República
Inconclusa, título de un libro célebre de su autoría. También en lo político, encontramos diversas
constituciones, leyes, enmiendas, convenios y tratados que influyeron en el devenir de los hechos
históricos. Como apreciarán, solo en lo político, tenemos tema para un artículo aparte.
En el aspecto social, durante el periodo considerado, se dieron una serie de situaciones, entre
ellas, la tremenda segregación por razas y castas, a partir de la aparición de los llamados
«españoles americanos» y los «peruanos españoles».
En medio de este país de todas las sangres, va surgiendo –o resurgiendo– un débil sentimiento
de aprecio a la tierra que los vio nacer, un cariño a la tierra de los padres, una conciencia de Perú
como patria. Los sociólogos han escrito muchos libros tratando de demostrar que aquí, en esta
época, aparece la identidad nacional; aunque también existe la posición totalmente contraria,
que afirma que no somos una nación, sino varias naciones.
También es muy apasionante investigar sobre los procesos mentales a favor de la libertad, que
pudieron darse en esta población tan dividida, gracias a la influencia de una serie de documentos
que promovían las ideas de libertad, entre ellos:
148
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
En lo económico, encontramos también procesos muy interesantes camino a ser república, como
la transición de una economía en base a la agricultura y al trabajo comunitario de los incas, que
pasó a ser una economía de irracional explotación de los recursos mineros con una agricultura
de subsistencia.
El gran proceso de independencia de Perú también tiene un aspecto militar; este es el más
conocido, las guerras siempre tienen un lugar especial en los libros de Historia. Por la extensión
de este aspecto, lo trato en el siguiente párrafo.
Como Tercer punto, propongo que el gran proceso de independencia de Perú comprendió varias
guerras a la vez.
Así registramos:
El Dr. Hugo Neira, en su libro Las independencias2 señala: «Vemos varias guerras simultáneas en
torno a varias ideas de independencias, entremezcladas».
2
Neira Samanez, Hugo. Las independencias. Doce Ensayos. Serie Obras escogidas. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca
Garcilaso de la Vega. 1ª. ed., p. 40.
149
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Podríamos seguir conversando hasta el infinito, porque nuestra historia es así de rica, compleja y
controvertida, y se presta a innumerables conversaciones, deliberaciones y también a discusiones.
V. CONCLUSIONES
El 28 de julio de 1821 es una fecha simbólica y representativa del gran proceso de independencia
de Perú, y la proclama del general San Martín en la Plaza Mayor de Lima es el momento cumbre
de dicho proceso.
La gesta de la independencia de Perú duró muchos años y no hay acuerdo sobre cuando fue su
comienzo y su fin; en consecuencia, no existe consenso sobre su extensión en el tiempo.
El gran proceso de independencia de Perú fue una combinación de procesos sociales, políticos,
económicos y militares; comprendiendo a la vez varias guerras: de liberación, de ocupación,
guerras civiles, la guerra entre realistas y patriotas, así de como otros enfrentamientos.
El 28 de julio de cada año es una fecha propicia para reflexionar sobre la proclama del Libertador
San Martín, como asunto de fondo, antes que las consabidas ceremonias, más cercanas a la forma.
VI. RECOMENDACIONES
Hago votos para que estas reflexiones contribuyan para demostrar de qué estamos hechos los
peruanos, y nos comprometan a construir un mejor país con pleno bienestar y seguridad para
todos sus habitantes; una nación representada por nuestro bicolor flameando imponente en lo
más alto de los Andes, y que, desde allí, ilumine a los casi treinta y tres millones de compatriotas
para perseguir, juntos y en armonía, nuestro deslumbrante futuro, bajo el lema nacional «Firme y
feliz por la unión». Como lo idearon los prohombres que forjaron nuestra independencia.
150
SECC IÓN II: CAM IN O AL BIC ENTERARIO
Por encima de las ceremonias, verbenas, banderas y discursos, que son del agrado de todos, creo
que lo verdaderamente trascendental sería hacer un compromiso colectivo por construir un mejor
país, un Perú verdaderamente «libre e independiente». Esa sería la mejor manera de recordar la
proclama del 28 de julio de 1821, y de conmemorar el Bicentenario de nuestra Independencia
Nacional. Sus hijos y sus nietos lo agradecerán.
Solo quiero terminar afirmando que, si todos estos pensamientos y reflexiones han logrado mover
la conciencia del respetable lector, entonces habré conseguido los fines del presente artículo.
VII. BIBLIOGRAFÍA
BASADRE GROHMANN, Jorge
1978 Perú, problema y posibilidad. Lima: Impreso en Talleres de Editorial Rocarme S. A.
151
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
RAE
2020 Diccionario de la Lengua Española Disponible en: [Link]
152
Sección III
MISCELÁNEAS
Actividades académicas
del Centro de Estudios
Constitucionales (CECP)
La etapa de pandemia no ha menguado el compromiso y esfuerzo del equipo del CECP que no es
otro que contribuir en la formación académica del personal del Congreso de la República. Lo que ha
cambiado es el énfasis que se le daba a los cursos presenciales por una propuesta que ha optado
resueltamente por la enseñanza online y el uso de programas, soportes y aplicaciones que brindan las
nuevas tecnologías. Todo ello iempre con la colaboración de la cooperación internacional y el apoyo
estratégico de SERVIR.
Es así que el Centro planificó y ejecutó, sin pausa, capacitación especializada no presencial desde
marzo hasta diciembre de 2020. Cabe destacar que la Clausura del año Académico se realizó el lunes
28 del dicho mes.
Captura de pantalla durante la ceremonia de Clausura del Año Académico 2020 del CECP.
155
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
Las actividades académicas que desarrolló el CECP, entre otras, fueron las siguientes:
156
Sección IV
LEYES Y
RESOLUCIONES
LEGISLATIVAS
PUBLICADAS
(Desde el 1 de setiembre al 22 de diciembre de 2020)
157
PERÍODO PARLAMENTARIO 2016-2021
PERÍODO COMPLEMENTARIO DE SESIONES 2020-2021
(Del 1 de setiembre al 22 de diciembre de 2020)
Leyes
1 Ley 31041 Ley de urgencia médica para la detección oportuna y Congreso 02/09/2020
atención integral del cáncer del niño y del adolescente.
2 Ley 31042 Ley de Reforma Constitucional que incorpora el artículo Congreso 15/09/2020
34-A y el artículo 39-A sobre impedimentos para postular
a cargos de elección popular o ejercer función pública.
3 Ley 31043 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 19/09/2020
(1) la creación del distrito de Sangani.
4 Ley 31044 Ley que declara de necesidad pública y de interés Congreso 25/09/2020
nacional la construcción del aeropuerto de Vicco en el
departamento de Pasco.
5 Ley 31045 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 25/09/2020
la creación del distrito de Cascabamba.
6 Ley 31046 Ley que modifica el Título VI “Del Financiamiento de los Congreso 26/09/2020
Partidos Políticos” de la Ley 28094, Ley de Organizaciones
Políticas.
7 Ley 31047 Ley de las trabajadoras y trabajadores del hogar. Congreso 01/10/2020
8 Ley 31048 Ley que declara el 18 de mayo de cada año Día Nacional Congreso 01/10/2020
de la Mujer Indígena u Originaria.
9 Ley 31049 Ley que declara el 25 de julio de cada año Día Nacional Congreso 01/10/2020
de la Mujer Afroperuana.
10 Ley 31050 Ley que establece disposiciones extraordinarias para Congreso 08/10/2020
la reprogramación y congelamiento de deudas a fin
de aliviar la economía de las personas naturales y las
MYPES como consecuencia del COVID-19.
11 Ley 31051 Ley que amplía las medidas de Protección Laboral para Congreso 08/10/2020
Mujeres Gestantes y Madres Lactantes en casos de
Emergencia Nacional Sanitaria.
12 Ley 31052 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 10/10/2020
la creación del distrito El Tambo, en la provincia de
Hualgayoc, departamento de Cajamarca.
13 Ley 31053 Ley que reconoce y fomenta el derecho a la lectura y Poder 15/10/2020
promueve el libro. Ejecutivo
14 Ley 31054 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 16/10/2020
la ejecución del proyecto “Ampliación y Mejoramiento de
los Servicios de Salud del Hospital Goyeneche, Nivel III-
1, del distrito de Arequipa, provincia de Arequipa, Región
Arequipa”.
15 Ley 31055 Ley que declara de necesidad pública e interés nacional Congreso 21/10/2020
la construcción del Hospital II-1 en la provincia de Calca
de la región Cusco.
16 Ley 31056 Ley que amplía los plazos de la titulación de terrenos Congreso 21/10/2020
ocupados por posesiones informales y dicta medidas
para la formalización.
159
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
17 Ley 31057 Ley que declara de necesidad pública e interés nacional Congreso 21/10/2020
el uso de medios de pago electrónicos para facilitar el
intercambio de bienes y la prestación de servicios.
18 Ley 31059 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 25/10/2020
la creación del distrito de Chopcca.
19 Ley 31060 Ley de ejercicio profesional del licenciado en administración. Congreso 25/10/2020
20 Ley 31061 Ley de movilización para la defensa nacional y el orden Congreso 31/10/2020
interno.
21 Ley 31062 Ley que declara de interés público nacional la creación Congreso 04/11/2020
del distrito Ciudad de Dios en la provincia de Pacasmayo,
departamento de La Libertad.
22 Ley 31063 Ley que declara de interés nacional la construcción y Congreso 04/11/2020
equipamiento del Hospital Papa Francisco de Manchay.
23 Ley 31064 Ley que modifica el artículo 5 del Decreto de Urgencia Congreso 05/11/2020
016-2019, Decreto de Urgencia para el Endeudamiento
del Sector Público para el Año Fiscal 2020.
24 Ley 31065 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 14/11/2020
la creación del distrito de Palma Real.
25 Ley 31066 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 14/11/2020
la creación del distrito de Unión Chanka de Cupisa.
26 Ley 31067 Ley que declara de necesidad pública e interés nacional Congreso 14/11/2020
la creación e implementación del Parque Científico-
Tecnológico de Arequipa.
27 Ley 31068 Ley que faculta el retiro de los fondos privados de Congreso 18/11/2020
pensiones en el contexto de la pandemia COVID-19.
28 Ley 31069 Ley que fortalece los ingresos y las inversiones de Congreso 18/11/2020
los gobiernos regionales a través del Fondo de
Compensación Regional (Foncor).
29 Ley 31070 Ley que declara de necesidad pública e interés nacional Congreso 21/11/2020
el proyecto de inversión represa La Polvareda en la
provincia de Pisco, departamento de Ica.
32 Ley 31073 Ley que modifica la Ley 29676, Ley de Promoción Congreso 24/11/2020
del Desarrollo de los Mercados de Productores
Agropecuarios, para incorporar la implementación de los
mercados itinerantes.
35 Ley 31076 Ley que declara de interés nacional la creación del Congreso 24/11/2020
museo de sitio en el Santuario de la Pampa de la Quinua
en conmemoración del Bicentenario de la Batalla de
Ayacucho.
160
SECC IÓN IV: LEYES Y RESOLUCIONES LEGISLATIVAS PUBLICADAS
36 Ley 31077 Ley que declara de interés nacional la rehabilitación Congreso 24/11/2020
y conservación de los andenes a nivel nacional por su
utilidad e importancia en la producción agrícola.
37 Ley 31078 Ley que promueve, difunde e incentiva el consumo del Congreso 28/11/2020
café peruano “Cafetea Perú”.
38 Ley 31079 Ley que modifica la Ley 27972 , Ley Orgánica de Congreso 28/11/2020
Municipalidades, respecto de las municipalidades de
centros poblados , modificada por la Ley 30937, y la Ley
28440, Ley de Elecciones de Autoridades Municipales de
Centros Poblados.
39 Ley 31080 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 04/12/2020
la creación del distrito de Chinche.
40 Ley 31081 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 04/12/2020
la creación del distrito de Pulpera Condes.
41 Ley 31082 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 04/12/2020
la creación del distrito de Santa Rosa, en la provincia de
Huaura, departamento de Lima.
42 Ley 31083 Ley que establece un régimen especial facultativo de Congreso 04/12/2020
devolución de los aportes para los aportantes activos e
inactivos bajo el Decreto Ley 19990 administrados por la
Oficina de Normalización Previsional (ONP).
43 Ley 31084 Ley de Presupuesto del Sector Público para el Año Fiscal Poder 06/12/2020
2021. Ejecutivo
44 Ley 31085 Ley de Equilibrio Financiero del Presupuesto del Sector Poder 06/12/2020
Público para el Año Fiscal 2021. Ejecutivo
45 Ley 31086 Ley de Endeudamiento del Sector Público para el Año Poder 06/12/2020
Fiscal 2021. Ejecutivo
46 Ley 31087 Ley que deroga la Ley 27360, Ley que aprueba las Congreso 06/12/2020
Normas de Promoción del Sector Agrario, y el Decreto
de Urgencia 043-2019, Modifica la Ley 27360, para
promover y mejorar las condiciones para el desarrollo de
la actividad agraria.
47 Ley 31088 Ley que modifica la Octava Disposición Complementaria Congreso 08/12/2020
Final de la Ley 30512, Ley de Institutos y Escuelas de
Educación Superior y de la Carrera Pública de sus
Docentes.
48 Ley 31089 Ley que enfrenta las prácticas de Elusión de Derechos Congreso 12/12/2020
Antidumping y Compensatorios.
49 Ley 31091 Ley que garantiza el acceso al tratamiento preventivo y Congreso 18/12/2020
curativo de la enfermedad por coronavirus SARS-CoV-2
y de otras enfermedades que dan origen a emergencias
sanitarias nacionales y otras pandemias declaradas por
la Organización Mundial de la Salud.
50 Ley 31092 Ley de creación del distrito de Lambras en la provincia de Poder 19/12/2020
Tayacaja del departamento de Huancavelica. Ejecutivo
51 Ley 31093 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 19/12/2020
la creación del distrito de Pacanguilla.
52 Ley 31094 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 19/12/2020
la creación del distrito de Santa Lucía.
161
CUADERNOS PARL AMENTARIOS N° 25
53 Ley 31095 Ley que declara de interés nacional y necesidad pública Congreso 19/12/2020
la creación del distrito El Ron.
Fuentes: (1) Sistema de Proyectos de Ley del Área de Trámite y Digitalización de Documentos (2) Boletín de Normas Legales del
diario oficial El Peruano.
Elaboración: Área de Estadística.
NOTA: (1) Fe de Erratas de la Ley 31043, publicada el 20 de setiembre de 2020.
Resoluciones Legislativas
Fuentes: (1) Sistema de Proyectos de Ley del Área de Trámite y Digitalización de Documentos (2) Boletín de Normas Legales del
diario oficial El Peruano.
Elaboración: Área de Estadística.
Fuentes: (1) Sistema de Proyectos de Ley del Área de Trámite y Digitalización de Documentos (2) Boletín de
Normas Legales del diario oficial El Peruano.
Elaboración: Área de Estadística.
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Diseño, diagramación e impresión en la
Imprenta del Congreso de la República
Abril, 2021
CENTRO DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES
Y PARLAMENTARIOS
CARÁTULA
Escaño de Miguel Grau