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S3 MCS24

Este documento discute los hábitos alimenticios de los estudiantes universitarios. Señala que los adolescentes y jóvenes tienden a comer fuera de casa con frecuencia y consumen mucha "comida basura" en lugar de alimentos nutritivos. Esto los predispone a problemas de salud como la obesidad. Aunque los jóvenes tienen conocimiento sobre una dieta saludable, no siempre la aplican debido a factores como el precio, la publicidad y su nueva independencia. Se necesita más educación sobre una alimentación balanceada durante la etapa

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Este documento discute los hábitos alimenticios de los estudiantes universitarios. Señala que los adolescentes y jóvenes tienden a comer fuera de casa con frecuencia y consumen mucha "comida basura" en lugar de alimentos nutritivos. Esto los predispone a problemas de salud como la obesidad. Aunque los jóvenes tienen conocimiento sobre una dieta saludable, no siempre la aplican debido a factores como el precio, la publicidad y su nueva independencia. Se necesita más educación sobre una alimentación balanceada durante la etapa

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Hábitos de Alimentación en Estudiantes Universitarios


1 1 1
Jorge Antonio Ramos Vázquez , María Teresa Lidia Salazar Peña , Guillermina García Madrid ,
1 1 1
Margarita Concepción Hernández Gutiérrez , María de la Luz Bonilla Luis , Erika Pérez Noriega .

1Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. [email protected]

1. Introducción

La alimentación humana se define como un proceso voluntario consiente y educable. El concepto


de la FAO acerca de una alimentación adecuada involucra los siguientes elementos: 1) la oferta de
alimentos debe ser adecuada, es decir, que los tipos de alimentos disponibles en el país y en los
mercados locales así como en los hogares deben ajustarse a la cultura alimentaria o dietética
existente; 2) la oferta disponible debe cubrir todas las necesidades nutricionales desde el punto de
vista de la cantidad y calidad de los alimentos; 3) los alimentos deben ser seguros (inocuos) sin
elementos tóxicos o contaminantes. Por lo tanto la nutrición alimenticia es el conjunto de procesos
que comprende la digestión de los alimentos, la absorción de sus componentes, su utilización por
los tejidos y la eliminación de los desperdicios por parte de estos. Las necesidades energéticas de
las personas varían dependiendo de varios factores: la estatura, la composición corporal, la edad,
el ritmo de crecimiento, sexo, tipo de actividad física, condiciones fisiológicas o de salud entre
otras.
La dieta promedio del mexicano no es equilibrada ni variada según estudios realizados por la FAO
en 1995, algunos expertos en nutrición recomiendan que una dieta equilibrada en calidad y
cantidad así como la variedad de los alimentos satisfagan las necesidades nutricionales de cada
persona. Es importante recalcar que el consumo de alimentos está en función del estrato
socioeconómico, educación y ocupación del jefe de familia, así como otras características
adicionales como el número de miembros en el hogar y su composición por edad y sexo.
La adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo de la persona e implica múltiples cambios
fisiológicos y psicológicos. La valoración del estado nutricional como un indicador del estado de
salud, es un aspecto importante en la localización de grupos de riesgo de deficiencias y excesos
dietéticos que pueden ser factores de riesgo en muchas de las enfermedades crónicas más
prevalentes en la actualidad. Las Naciones Unidas establecen que los adolescentes son personas
con edades comprendidas entre los 10 y los 19 años. (Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia [UNICEF], 2011).

La juventud se define como la población comprendida entre los 15 y 24 años, un momento muy
especial de transición entre la infancia y la edad adulta, en el que se procesa la construcción de
identidades y la incorporación a la vida social. (Organización de la Naciones Unidas [ONU], 1985;
UNICEF, 2002).
De acuerdo con el Censo de Población 2010, en México habitan 36.2 millones de jóvenes entre 12
y 29 años, hoy representan más de 30.0% del total de los mexicanos, casi cuatro de cada diez
(37.1%) son adolescentes de 15 a 19 años, uno de cada tres (33.3%) son jóvenes de 20 a 24 años
y casi tres de cada diez (29.6%) tienen entre 25 y 29 años de edad. (Instituto Nacional de
Estadística Geografía y Estadística [INEGI], 2010-2011).

Hoy en día, los jóvenes cada vez son más autónomos a edades más tempranas y uno de los
aspectos de esta autonomía es la alimentación; deciden qué comer, dónde, cómo y cuándo
quieren comer. En esta época los jóvenes tienen una tendencia muy marcada hacia sus hábitos
alimenticios, no comen a horas adecuadas, se saltan alguna de las comidas, ingieren mucha
comida “basura” en vez de nutrirse adecuadamente, y hay que recordar que cantidad no es igual a
 
calidad. Cabe destacar el hecho de que los jóvenes prefieren la comida “rápida” debido a sus
precios relativamente económicos y su disponibilidad en cualquier hora y en cualquier lugar. Pero
está es la comida menos saludable que puedan consumir, ya que en muchas ocasiones tienen
grandes cantidades de grasas, además que la calidad de los ingredientes con las que preparan no
son sanos.
En general los adolescentes tienen unas preferencias alimentarias muy definidas, prefieren la
carne más que el pescado, son ávidos consumidores de leche y derivados lácteos, mientras que la
ingesta de vegetales es mínima, no cubren las cinco raciones diarias recomendadas y la presencia
de alimentos integrales como el pan, los cereales, el arroz o la pasta, es muy escasa en sus
menús.
El consumo inadecuado de alimentos en adolescentes va en aumento, las causas son variadas, la
influencia de los compañeros, enfermedades, tendencias sociales y los mensajes de los medios de
comunicación. Estos dos últimos cobran una gran importancia por el estilo de vida actual en el cual
la preparación y selección de alimentos que favorecen la ingestión de comidas rápidas (por falta de
tiempo) y con mayor cantidad de calorías, colesterol y grasas. Por lo tanto la independencia
aumentada por una mayor participación social y sus horarios más ocupados influyen en la
selección de alimentos y en sus hábitos, la mayoría suele comer fuera y con rapidez.
Es preocupante saber que la mayoría de los adolescentes tengan un consumo bajo de verduras,
frutas o cereales con un aumento en el consumo de comida chatarra o rápida, sumadas a bebidas
azucaradas con alto contenido energético.
La selección inadecuada de alimentos y menor actividad, predisponen al niño y al adolescente a
padecer enfermedades como la obesidad, hipercolesterolemia, hipertensión arterial que afectaran
directamente su salud, disminuyendo la cantidad y calidad de años por vivir.

La actividad física tiene un efecto paradójico sobre la masa mineral ósea. No todos los
adolescentes que realizan actividad física importante, lo hacen por medio de la práctica de algún
deporte. Tanto en las ciudades como en las zonas rurales es frecuente encontrar adolescentes que
desempeñan alguna actividad laboral que puede incrementar en forma considerable sus
requerimientos nutricios. (Casanueva E, Kaufer M, Pérez AB, Arroyo P. 2006.)
En un estudio realizado en niños y adolescentes demuestran que los hábitos alimenticios no están
relacionados estadísticamente con el estado nutricional; sin embargo, clínicamente los autores
observaron que cuando los hábitos son deficientes el adolescente presenta desnutrición,
sobrepeso u obesidad. Castañeda S., Rocha D., Ramos A. (2008)
En colegios públicos y privados de Bogotá, Bucaramanga, Cali, Manizales y Valledupar. Se realizó
la Encuesta Mundial de Salud a escolares en 2007 a 9.907 estudiantes, de los cuales 6.833
estaban en el rango de los 13 a los 15 años de edad. El porcentaje de mujeres que completaron la
encuesta fue mayor que el de hombres encontraron que la mayoría tienen patrones alimentarios
que no cumplen con las recomendaciones nutricionales; los hábitos de alimentación reportados
fueron preocupantes. (Marion P., Constanza P., Elpidia P. (2011).
(Juárez C., Luna R., Salazar P., Soriano S. 2010) en su estudio encontraron que la alimentación
saludable en la juventud contribuirá a reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares en
cualquier etapa de la vida. Los resultados obtenidos muestran que los jóvenes tienen información
de cómo efectuar una alimentación saludable pero no lo concretan en sus prácticas cotidianas. Los
jóvenes cubren la necesidad de alimentarse por tres razones: de acuerdo a sus requerimientos
nutritivos, su presupuesto económico, y el efecto de la publicidad en los diferentes medios de
comunicación, por lo anterior es importante tomar en cuenta la influencia que ejercen los factores
antes mencionados en los hábitos de alimentación.
Un estudio realizado en 200 adolescentes de ambos sexos entre 15 a 18 años de edad en 2
colegios de la parroquia Sayausí investigaron la actividad física, patrones de ingesta alimentaria,
estado nutricional los resultados fueron: la edad 17.07 años para ambos sexos. El sexo masculino
 
represento el 59%, femenino el 41% de la población, el estado nutricional resulto normal en un
78.5% de la población. El tipo de alimentación preponderante más frecuente fue la dieta integral
con el 37% de la población, el 52% de la población estudiantil es activa físicamente sólo un 22%
presento inactividad. Pacheco A., Palacios J. (2012).

El aprendizaje de los hábitos alimentarios está condicionado por numerosas influencias


procedentes, sobre todo de la familia, la cual desempeña un papel fundamental en la configuración
del patrón alimentario del niño, sin embargo, al alcanzar la adolescencia realizan un cambio en sus
diferentes hábitos como jóvenes universitarios. (Montero A, Úbeda N, García A. 2006.)
Dentro de estos cambios, la alimentación resulta uno de los factores menos visibles en los
estudiantes, pero que generan mayores problemas en la salud a mediano y largo plazo. (Ibáñez E.,
Thomas Y., Bicenty A., Barrera J., Martínez J, Gerena R. 2008.)
La adolescencia es una etapa de la vida marcada por importantes cambios emocionales, sociales y
fisiológicos. Es una época de poca conciencia sobre la salud y los buenos hábitos. De los muchos
aspectos que hay que cuidar en esta etapa la alimentación cobra una especial importancia, ya que
la mayoría de los jóvenes desconoce que la dieta que tengan el día de hoy repercutirá en la salud
de mañana, a esto hay que sumar que se está es la edad en la que se empieza a ser
independiente, a tener disposición de tomar decisiones y evidentemente, éstas no siempre son
acertadas.

2. OBJETIVO GENERAL
Identificar los hábitos de alimentación en estudiantes universitarios de las ciencias sociales y
humanidades.
OBJETIVOS ESPECIFICOS:
1.-Cuantificar el consumo de alimentos en estudiantes universitarios
2.- Identificar la frecuencia de los alimentos en estudiantes universitarios
3.- Relacionar los hábitos de alimentación de los estudiantes universitarios de las ciencias sociales
y humanidades y la relación con el origen natal, sexo, actividad física e índice de masa corporal.

3. Metodología

Estudio descriptivo y longitudinal.


La población de estudio fueron estudiantes de entre 17 a 23 años de edad, del turno matutino y
vespertino, inscritos en el primer semestre de la licenciatura de Ciencias Sociales y Humanidades
de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
El tamaño de la muestra fue de 218 alumnos inscritos oficialmente en el primer semestre de una
licenciatura de ciencias sociales y humanidades.
El muestreo fue no probabilístico por conveniencia.

4. Resultados
La edad de los participantes en el estudio, el 67% es de 15 a 18 años, y el 25% de 19 a 21 años.el
78% nació en el Estado de Puebla,El 76% del género de los participantes es femenino y el 24%
masculino, la mayoría de los encuestados prefiere “mucho” a los lácteos, esto se ve reflejado en
que entre el 45% de los encuestados consume lácteos diario, en el consumo de carnes (rojas, de
ave y frías) la mayoría dijo preferirlas entre “mucho” y “poco”, el 41% las consume por lo menos
tres veces a la semana, más de la mitad de los encuestados (60%) prefiere “mucho” a las frutas y
verduras, además de consumirlas entre 3 y 5 veces por semana, sin embargo este consumo no es
diverso, referente a los aceites y otro tipo de grasas el 30% las prefiere “casi nada” y el 37%
“poco”; la mayoría las consume entre 1 y 3 veces por semana, en las mujeres el 69% tiene un IMC
 
normal, el 14% tiene sobrepeso y el 5% obesidad; En los hombres el 81% tiene IMC normal, el
15% sobrepeso y ninguno padece obesidad. Prevalece el IMC normal para ambos sexos (75.5%),
esto no significa que tengan un buen estado de salud nutricio, más de la mitad (62%) realiza
ninguna actividad deportiva, sólo el 38% realiza algún deporte, es necesario promover la actividad
física porque como lo mencionábamos anteriormente, el hecho de que la mayoría de los
encuestados tenga un IMC normal, no significa que tengan buena salud.
El estado nutricional presenta relación con el IMC puesto que mostró una normalidad en un 69%
en mujeres y un 81 % en varones coincidiendo con los resultados del estudio realizado en la
Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Rivera Barragán M. 2006.
En lo referente al consumo de frutas, verduras, carne y cereales concuerda con Castro, González,
Vacio (2008) el 37% de los jóvenes encuestados ingieren estos alimentos tres veces a la semana.

5. Conclusión
En la investigación realizada en 218 estudiantes, podemos concluir que los hábitos de alimentación
que tienen son saludables porque cumplen con las leyes de la alimentación siendo esta: adecuada,
variada, equilibrada, balanceada e inocua. En relación a las mediciones antropométricas el
resultado del IMC en un 75.5% está dentro del rango normal, sin embargo, estos resultados no
significan que dichos estudiantes tengan una salud adecuada, los alimentos que consumen con
mayor frecuencia son: la leche, embutidos y carnes rojas, y los de menor frecuencia: pescado,
frutas y verduras.
Es necesario continuar evaluando el estilo de vida y el estado de nutrición de los universitarios, ya
que esto nos permite conocer cómo se van modificando. Con esta evaluación favorecemos el
diseño de estrategias para la promoción de hábitos saludables.

Figura 1

Figura 2 y 3
 

 
 

 
 
 
   

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