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En Esto Creemos

Este documento presenta el canon doctrinal de las Asambleas de Dios desde 1916. Introduce 12 puntos fundamentales que serán explicados en clases posteriores, incluyendo la Biblia, la Trinidad, la deidad de Cristo, los ángeles, la creación y caída del hombre, la salvación a través de la fe, la santificación, el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad divina, las ordenanzas de la iglesia, la iglesia y la esperanza bendita. La primera clase se enfoca en la Biblia como la

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En Esto Creemos

Este documento presenta el canon doctrinal de las Asambleas de Dios desde 1916. Introduce 12 puntos fundamentales que serán explicados en clases posteriores, incluyendo la Biblia, la Trinidad, la deidad de Cristo, los ángeles, la creación y caída del hombre, la salvación a través de la fe, la santificación, el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad divina, las ordenanzas de la iglesia, la iglesia y la esperanza bendita. La primera clase se enfoca en la Biblia como la

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EN ESTO CREEMOS

CLASE 1:

Introducción

En este curso conoceremos durante 8 clases, las VERDADES FUNDAMENTALES


consideradas por las Asambleas de Dios desde 1916.

Actividad: Se recortan en papelitos las siguientes frases y se entregan a los asistentes de


manera aleatoria para que cada uno lea las que le correspondan y sobre ellas traigan un
logo o figura representantiva el día de la clase en la que se tratará el tema.

1. La Biblia
Es la palabra inspirada e infalible de Dios y es superior a la conciencia y a la razón.

2. El único Dios verdadero


Creemos en un solo Dios manifestado en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
como una Deidad adorable.

3. La deidad del Señor Jesucristo


Creemos que Jesucristo es Dios y que de manera sobrenatural se encarnó.

4. Los ángeles
Creemos en la existencia de los ángeles como mensajeros y ministradores de Dios.

5. El hombre
Creemos en la creación divina del universo y del hombre, la santidad original, su caída y su
redención.

6. La salvación del hombre


Creemos que la salvación se obtiene por medio de la fe en Cristo Jesús.

7. La santificación del hombre


Creemos que el hombre puede alcanzar la santificación por medio de la obra de Jesucristo,
del Espíritu Santo y de la Biblia.

8. El Bautismo en el Espíritu Santo


Creemos en el bautismo en el Espíritu Santo, como una promesa de Dios el Padre y la señal
física inicial es el hablar en otras lenguas.

9. La sanidad divina
Creemos que las personas pueden llegar a ser sanas por medio de la obra de Jesucristo.

10. Las ordenanzas de la iglesia


Practicamos dos ordenanzas de Cristo (que no se consideran ni sacramentos, ni rituales)
• El bautismo en agua por inmersión.
• La Cena del Señor.

11. La iglesia
Creemos que la iglesia es el cuerpo místico de Cristo; creemos que los Ministerios son
ordenados divinamente y creemos que la misión de la iglesia es evangelizar.

12. La bendita esperanza:


• Creemos en la resurrección de los redimidos y en el arrebatamiento de la iglesia antes de
la Gran Tribulación.
• Creemos en la Segunda Venida de Cristo para establecer su reinado milenial sobre el
planeta Tierra
• Creemos que el Lago de Fuego es el castigo eterno de los impíos, Satanás y los ángeles
caídos.
• Creemos que el cielo será el lugar en donde vivirán todos los que fueron salvos por la fe
en Jesucristo.
• Creemos en la restauración de todas las cosas, en cielos nuevos y una tierra nueva.

Hoy iniciaremos con el primer punto del canon doctrinal:

1. LA BIBLIA
Es la palabra inspirada e infalible de Dios y es superior a la conciencia y a la razón.

Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas
por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y
conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21).

Los participantes podrán leer de manera voluntaria los versículos bíblicos.


Inspirada: Influencia divina a los hombres que la escribieron

Infalible: Que no puede fallar o equivocarse

Conciencia: Conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y
de sus actos.

Razón: Capacidad de la mente humana para establecer relaciones entre ideas o conceptos y
obtener conclusiones o formar juicios.

“La verdadera doctrina, cuando se entiende, cambia la actitud y la


conducta. El estudio de las doctrinas del Evangelio mejorará la conducta
más rápido de lo que el estudio del comportamiento mejorará el
comportamiento”.

CLASE 2:

Hoy daremos continuidad a nuestro canon doctrinal con los puntos 2 y 3:

2. EL UNICO DIOS VERDADERO

Creemos en el Único Dios verdadero, manifestado en tres personas: El Padre, el Hijo y


el Espíritu Santo como la Deidad adorable.

El único Dios Verdadero se ha revelado como el Eterno existente en sí mismo “YO SOY”,
el Creador del cielo y de la tierra y Redentor de la humanidad. Se ha revelado también
encarnando los principios de relación y asociación como el Padre, el Hijo, y el Espíritu
Santo.

Sustento bíblico: Deuteronomio 6:4; Isaías 43:10; Marcos 12:29; Lucas 3:22; Mateo 28:19
(se distribuye la lectura de las citas entre los participantes)

LA DEIDAD ADORABLE

Definición de vocablos: Los vocablos “trinidad” y “personas”, según se relacionan


con la Deidad, aunque no se encuentran en la Biblia, están en armonía con ella.
Podemos hablar debidamente del Señor nuestro Dios, que es un solo Señor como una
Trinidad o como un Ser de tres personas, sin apartarnos por ello de las enseñanzas
bíblicas (Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 14:16,17).

Distinción y relación en la Deidad: Cristo enseñó una distinción de personas en la


Deidad que expresó en términos específicos de relación: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Que esta distinción y relación, en lo que a su forma se refiere es inescrutable e
incomprensible, pues la Biblia no lo explica (Lucas 1:35; Mateo 11:25-27; 1 Juan 1:3,
4).

Unidad en la Trinidad: La Trinidad es un misterio en si misma. Es una doctrina bíbli-


ca ampliamente sustentada (Mateo 3:16-17; Mateo 28:19-20; Juan 1:18; 15:26; 17:11,
21) Las tres personas de la Deidad están en un estado de unidad, por lo que sabemos
que no son tres dioses diferentes. Ninguna de las personas de la Deidad existe ni
opera separada o independientemente de las otras (Juan 5:17-30).

Dios es trascendente: Es decir, está por encima y más allá del universo que creó y es
mayor que él. Es inmanente, está presente en el universo y participa en él. Aunque
Dios está presente en toda su creación, la creación no es Dios.

ATRIBUTOS DE DIOS

1. Atributos naturales: Aquellos que definen lo que Dios es en sí mismo, aparte de la


creación. Responden a la siguiente pregunta: ¿qué cualidades caracterizaron a
Dios antes de existir lo creado? Dios es espíritu, Dios es uno y Dios es infinito.

2. Atributos activos: Muestran lo que Dios es en relación con el universo. Dios es


omnipotente, Dios es omnipresente, Dios es omnisciente, Dios es sabio y Dios es
soberano.

3. Atributos morales: Caracterizan lo que Dios es en relación con los seres humanos.
Dios es santo, Dios es justo, Dios es fiel, Dios es misericordioso, Dios es amor y
Dios

3. LA DEIDAD DEL SEÑOR JESUCRISTO

Creemos en la Deidad del Señor Jesucristo y su encarnación sobrenatural.

El Señor Jesucristo es el eterno Hijo de Dios. En Juan 1:1-18 se expresa su Deidad de una
manera muy explícita. El versículo 18 declara “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito
Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Su posición “en el seno del
padre” expresa, no una distinción en cuanto a esencia ni alguna clase de inferioridad, sino
una estrecha relación con el Padre y una participación en la autoridad de Él.

Jesús mismo reconoció su deidad cuando dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”
(Juan 14:9). También recibió adoración (Mateo 2:2; 11; 14:33; 28:9) y ejerció autoridad
divina perdonando pecados (Marcos 2:1-12). Y sus discípulos lo reconocieron como el Hijo
de Dios (Mateo 16:16).

La Biblia declara muchos aspectos en relación a su vida, entre ellos:


1. Su nacimiento virginal (Mateo 1:23; Lucas 1:31-35).
2. Su vida sin pecado (Hebreos 7:26; 1 Pedro 2:21,22).
3. Sus milagros (Hechos 2:22; 10:38).
4. Su obra vicaria en la cruz (1 Corintios 15:3; 2 Corintios 5:21).
5. Su resurrección corporal de entre los muertos (Mateo 28:5-6; Lucas 24:39; 1 Co-
rintios 15:3-4).
6. Su exaltación a la diestra de Dios (Hechos 1:9, 11; 2:33; Filipenses 2:9-11;
Hebreos 1:3).

La expiación es la eliminación de la culpa o pecado a través de un tercero


Vicaria: del latín vicarius ‘el que hace las veces de otro’

LOS OFICIOS DE CRISTO

El concepto de los oficios de Cristo tiende un puente entre la enseñanza de quien es Él y lo


que vino a hacer. Hay tres términos que designan estos oficios:
Él es “profeta”, “sacerdote” y “rey” y cada uno de estos términos enfatiza la obra
mediadora de Cristo entre el Padre y los seres humanos.

 Él es profeta en la medida que habló toda palabra que el Padre le indicó (Juan
14:24), predijo hechos del porvenir (Mateo 24) y cumplió la labor como ungido
(Isaías 42:1-7).

 Él es sacerdote porque fue consagrado y representa a los hombres delante de Dios y


a Dios delante de los hombres. Jesús es el sacerdote por excelencia, el Gran Sumo
Sacerdote por encima de cualquier sacerdote humano porque no simplemente
ofreció un sacrificio, sino que, se ofreció a si mismo como sacrifico puro y su
muerte trajo perdón de pecados (Hebreos 4:14-16) Es ahora nuestro amigo y
abogado a la diestra del Padre e intercede por nosotros (Rom 8:34; Je 7:25; 1 Jn.
2:1).

 Él es rey, es quien ha quebrantado el poder del pecado, la muerte, la tumba y el


infierno. Él reina a la diestra del Padre en los lugares celestiales, reina como cabeza
de la iglesia (Efesios 1:22-23) y está declarado que todo será sometido bajo su
dominio (Apocalipsis 5:6-13; 11:15).

CLASE 3:

Hoy nos corresponde aprender sobre las verdades fundamentales de los puntos 4 y 5,
primero repasemos los primeros 3 puntos… creemos en…:

4. LOS ÁNGELES

Creemos en los ángeles como mensajeros y ministradores de Dios.


El vocablo ángel, se deriva del hebreo mal’ak del A.T., y aggelos del griego del N.T.,
quiere decir mensajero (Éxodo 23:20; Jueces 2:1; Lucas 2:11; Hechos 7:38; Hebreos
1:14).

NATURALEZA DE LOS ÁNGELES.


En cuanto a la naturaleza de los ángeles son espíritu. Esto es, seres inmateriales e
incorpóreos (Hebreos 1:14). A diferencia de los hombres, no están limitados por las
condiciones naturales o físicas. Tienen la capacidad de asumir una forma humana a
fin de ser vistos por los hombres (Génesis 19:1-3).

1. Son seres creados por Dios: No se dice el momento exacto de su creación, pero son
anteriores a los hombres. Por ser criaturas no aceptan adoración (Apocalipsis 19:10;
22:8-9).
2. Son inmortales: Es decir, no están sujetos a la muerte. En Lucas 20:34-35 Jesús
explica que los santos resucitados serán como los ángeles en el sentido que no pueden
morir más.
3. Son numerosos: Las Sagradas Escrituras nos enseñan que el número es muy ele-
vado, millares de millares, millones de millones (Daniel 7:10; Mateo 26:53; Lucas
2:13; Hebreos 12:22).
4. Sin sexo: Describe a los ángeles como si fueran varones, pero son seres asexuales
(Lucas 20:34-36).

CLASIFICACIÓN DE LOS ÁNGELES


Puesto que el orden es la primera ley del cielo, la Biblia implica una organización de
estos seres en cuanto a su función.
1. El Ángel del Señor: Es distinguido de cualquier otro ángel pues tiene funciones
particulares. Por sus funciones descritas en el Antiguo Testamento entendemos que es
una manifestación de nuestro Señor Jesucristo ya que recibió adoración, perdonó
pecados y el nombre de Dios está en él (Exodo 23:20-23).
2. Arcángel: Miguel es mencionado como arcángel o ángel principal (Judas 9; Apo-
calipsis 12:7). Aparece en estrecha relación con la nación israelita (Daniel 12:1). La
manera como se menciona a Gabriel implica que tiene una posición muy elevada.
Está en la presencia de Dios (Lucas 1:19) y entrega mensajes que tienen gran impor-
tancia respecto al Reino de Dios (Daniel 8:16; 9:21).
3. Querubines: Son ángeles de elevada posición relacionados con los fines redentores
de Dios respecto al hombre (Génesis 3:24; Éxodo 25:22).
4. Serafines: Son mencionados en Isaías 6. Sabemos muy poco de ellos. Su nombre
significa “Seres ardientes” y están relacionados con el trono de Dios.

OFICIOS DE LOS ÁNGELES


Las Escrituras enseñan que los santos ángeles ministran:
1. En el culto y servicio de Dios. (Ap. 5:11-12; Sal. 148:1-2 Mt. 4:11)
2. En la ejecución de la voluntad de Dios. (Sal. 103: 20-21; 2 Cr. 32:21)
3. En la ministración de los herederos de Salvación (He. 1:14):
a. Ayudaron a Daniel en el foso de los leones (Dn. 6:22).
b. Sacaron a Pedro de la cárcel (Hch. 12:7-11).
c. Conducen al Seno de Abraham, a los que mueren en Dios.(Lc. 16:22).
d. Uno de ellos fortaleció a Jesús en Getsemaní (Lc. 22:43).
e. Uno de ellos fue enviado a Pablo con un mensaje (Hch. 27: 23-24).
f. Acompañarán a Cristo en su segunda venida (Mt. 13:39-42; 16:27).

5. EL HOMBRE

Creemos en la creación divina del universo y del hombre, la santidad original, su


caída y su redención.

El libro de Génesis parte de la premisa que “En el principio Dios creó los cielos y la
tierra” (Génesis 1:1). Concebimos que la creación no fue producto de un accidente
cósmico o producto de una evolución involuntaria. Sabemos que todas las cosas
fueron creadas en Él, por Él y para Él (Colosenses 1:15-17). Vemos en la naturaleza
misma un orden establecido por Dios y una armonía que él mismo sustenta. Al saber
que Dios, en su sabiduría misericordiosa, ha creado todas las cosas, podemos
entender fácilmente que todo, incluyendo y sobre todo el hombre, fue creado con un
propósito divino. (Génesis 1:1,26; 2:17; 3:1-7; Romanos 5:12-21)

CREACIÓN DEL HOMBRE


El hombre no fue producto de la casualidad. Dios mismo ideó, diseñó y creó al ser
humano. El Señor lo formó del polvo de la tierra sopló en su nariz aliento de vida y el
hombre fue hecho un alma viviente (Génesis 2:7). Dios hizo al hombre a su propia
imagen (Génesis 1:26, 27). Esto evidentemente hace referencia a la naturaleza espi-
ritual del hombre, y no a su cuerpo. El ser humano, aunque posee forma física, no es
sólo un ser material. El género humano fue formado como un ser espiritual, estaría
incompleto sin alguna de estas partes. Con ello, Dios le ha dotado de “inmortalidad”.
(Eclesiastés 3:11). Esto indica que tuvo un origen pero vivirá eternamente. Cada ser
humano elige en su vida terrenal dónde ha de pasar la eternidad. Dios hizo al hombre
a su propia imagen (Génesis 1:26, 27). Esto evidentemente hace referencia a la
naturaleza espiritual del hombre, y no a su cuerpo.
En su sabiduría perfecta, Dios formó una pareja, hombre y mujer, como el diseño
para la familia. Ambos géneros son igual de valiosos ante Dios, poseyendo igual-
mente cada uno la imagen de su Creador. La expresión de “imagen” también es
aplicada a ciertas cualidades del hombre como son el intelecto, la voluntad, las emo-
ciones y los sentimientos.

CAÍDA DEL HOMBRE


El hombre fue creado bueno y justo; porque Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza”. Sin embargo, el ser humano por su propia
voluntad cayó en trasgresión, incurriendo así no sólo la muerte física sino también la
espiritual, que es la separación de Dios (Génesis 1:26, 27; 2:17; 3:6; Romanos 5:12-
19).

Literalmente pecado significa “errar en el blanco”. Esto da la idea de alguien que


lanza la flecha a un objetivo, mas no acierta. Pecado en ese orden es fallar en el pro-
pósito divino para el hombre. Por tanto, pecado es todo aquello que va en contra de la
voluntad divina. La Voluntad de Dios no es caprichosa ni egoísta. Dios aborrece el
pecado porque destruye al que lo practica y a sus semejantes y aparta a la creación de
su creador. El pecado tuvo su origen en el mal uso de la libertad que Dios les
concedió a las criaturas dotadas de voluntad. El pecado tuvo su origen en la libre
elección de las criaturas de apartarse de Dios, primero Satanás y otros ángeles, luego
el hombre y la mujer.
Dios advirtió claramente las consecuencias de la desobediencia. Sin embargo el ser
humano cedió a la tentación y recibió la justa retribución. Estas consecuencias
afectaron su vida espiritual al perder la comunión con Dios y provocando muerte es-
piritual. Afectó las relaciones interpersonales al generarse conflictos entre la pareja.
Produjo consecuencias de juicio en la tierra misma y consecuentemente ocasionó la
muerte física.

REDENCIÓN DEL HOMBRE


Dios, que es rico en misericordia, no abandonó a su creación ni la destruyó por el
pecado. Antes proveyó túnicas que cubrieran la vergüenza y malicia que produjo el
pecado. Consideramos también que la referencia de Génesis 3:15 es una declaración
profética respecto a la obra de Cristo. Dios siguió cerca de los hombres pese a que los
hombres se alejaban de Él. Frecuentemente hacía llamado a los hombres de volverse a
él. Enoc, Noé y Abraham son ejemplo de ello. Dios da promesa a este último de
formar a partir de él una generación que conociera la Palabra de Dios para que la
declarara al mundo. Por esta promesa se origina el pueblo hebreo, los israelitas, los
judíos.

Dios guió a Moisés para establecer rituales y sacrificios descritos en el Antiguo


Testamento con el fin de prefigurar la obra que, en el cumplimiento del tiempo, haría
nuestro Señor Jesucristo. Él es el sacrificio perfecto que restaura la comunión entre
Dios y los hombres, entre los hombres y sus semejantes y ha dado promesa de
restauración para la creación y victoria sobre la muerte al prometer Vida Eterna para
todos aquellos que creen en Su Nombre. El camino hacia nuestro Señor fue de nuevo
abierto. Jesús murió siendo inocente para que nosotros, aún siendo pecadores,
tuviésemos posibilidad de acceder al trono de la Gracia (Romanos 5:8; Hebreos 4:16).

CLASE 4:

Realizaremos un recuento de los primeros 5 puntos vistos hasta el momento, validando el


aprendizaje de cada punto y la interiorización de sus conceptos generales (Se preguntan
aleatoriamente a los participantes, cada punto y su definición)

Continuaremos con los puntos 6 y 7 que permiten resaltar en gran manera la obra de Cristo
en la cruz…

6. LA SALVACIÓN
Creemos en la salvación por medio de la fe en la obra redentora de Jesucristo.

La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de


Jesucristo, el Hijo de Dios. (Lucas 24:46-47; Juan 3:3,16; Romanos 10:13-17; Efesios
2:8; 1 Tesalonicenses 5:9). En ningún otro tenemos salvación (Hechos 4:12). La ex-
presión “salvación” significa ser librado de la muerte. Para el caso de la raza humana,
esta salvación no se refiere únicamente al aspecto físico, sino a la muerte espiritual
que entró en el hombre por causa del pecado (Romanos 5:17).

ASPECTOS GENERALES DE LA SALVACIÓN

1. Condiciones para la salvación: La salvación se recibe a través del arrepen-


timiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. Arrepentimiento (del griego
metanoia) significa un cambio de dirección, un cambio de idea respecto a la manera
de vivir y de conducirse. Un verdadero arrepentimiento requiere un reconocimiento
de nuestro pecado y nuestra condición de pecadores y pedir una transformación para
vivir en santidad a fin de agradar a Dios. El arrepentimiento implica volverse del
pecado y volverse a Dios. Con ello, el hombre se convierte en hijo y heredero de Dios
según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación
del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe (Lucas 24:47; Juan
3:3; Tito 2:11; 3:5–7).

2. Evidencias de la salvación: La evidencia interna de la salvación es el testimonio


directo del Espíritu (Romanos 8:16). La evidencia externa ante todos los hombres es
una vida de justicia y verdadera santidad (Efesios 4:24; Tito 2:12). La persona ex-
perimenta una transformación sobrenatural en la cual día a día se va manifestando el
carácter de Cristo y el fruto del Espíritu Santo, convirtiéndose en testimonio para
otros. Para ello es indispensable la fidelidad y la permanencia en Dios. lmj
Nuestra salvación fue conquistada por Cristo. Jesús mismo declaró que el Hijo del
hombre había venido a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Ello de-
muestra que Jesús hizo lo que fue necesario para nuestra liberación del pecado. Jesús
nos redimió “de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).
Como nuestro Sumo Sacerdote “entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido
eterna redención” (Hebreos 9:12, 26).59

7. LA SANTIFICACIÓN

Creemos en la Santificación por la obra de Jesucristo, del Espíritu Santo y de la


Biblia.

La santificación es un acto de separación de todo lo malo, y de dedicación a Dios


(Romanos 12:1, 2; 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12). La Biblia prescribe una
vida de “santidad sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Por el poder del
Espíritu Santo podemos obedecer el mandato que dice: “Sed santos porque yo soy
santo” (Juan 17:17; Romanos 12:1,2, 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 12:14; 13:12; 1
Pedro 1:15, 16).

PROCESO EN LA SANTIFICACIÓN

La santificación se efectúa en el creyente cuando este reconoce su identidad con


Cristo en su muerte y su resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión
con Cristo, y somete todas sus facultades al dominio del Espíritu Santo (Romanos
6:1–11, 13; 8:1, 2, 13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12, 13; 1 Pedro 1:5).

Cuando nos convertimos nacemos de nuevo y somos librados de la tiranía del pecado.
Sin embargo, debemos reconocer que aún quedarán muchas cosas por cambiar en
nuestra vida. Por la Gracia de Dios somos llamados santos, pero aún necesitamos ser
perfeccionados. La palabra “santo” significa literalmente apartado, escogido, se-
parado. Esta expresión nos conduce a dos aspectos: Separados de y separados para.
Los creyentes han sido separados del pecado y separados para Dios y su servicio. A
fin de cumplir estas expectativas Dios nos enseña en la Biblia que la santificación es
de posición e instantánea y es práctica y progresiva.
Cuando hablamos de que es de posición e instantánea reconocemos que, en el mo-
mento en que la persona se arrepiente, experimenta una transformación sobrenatural
en la que, ante los ojos de Dios es perdonado, justificado y llamado santo. Esta es la
posición que adquirimos. Muchos en el momento de su arrepentimiento sienten una
limpieza interior, una paz y una libertad que evidencian la obra de Dios.
No todos han de experimentar esta sensación, pero todo aquel que se arrepiente y
recibe al Señor recibe estos beneficios.
El segundo aspecto de la santificación es el ser práctica y progresiva. Esto implica
que, desde el momento de nuestra conversión, el Señor nos guiará en un proceso de
continua purificación. Este, por dar una ilustración, es ir ascendiendo en la santidad.
Este ascenso no es por medio de escalones (por etapas o ciclos) más bien es como
ascender por una colina.

MEDIOS DE SANTIFICACIÓN
El proceso de santificación, tanto la inmediata como la progresiva, es logrado gracias
a tres fuentes divinas. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, del Espíritu Santo y de
la Palabra de Dios. Nuestro Señor Jesucristo ha pagado el precio al morir en la cruz y
por su sacrificio, por la sangre derramada en la cruz nosotros somos santificados. Su
obra purifica nuestra vida de nuestros pecados pasados y trasciende para ser suficiente
ante cualquier pecado que cometamos en este mundo. La Biblia nos advierte de no
pecar deliberadamente justificando nuestras acciones con la muerte de Cristo. La
Biblia considera tal pecado voluntario como menosprecio a la sangre del pacto y
afrenta para el Espíritu de Gracia (Hebreos 10:29). Los méritos de Cristo no operarían
entonces por no haber un genuino arrepentimiento.

CLASE 5:
Continuaremos con los puntos 7 y 8, donde podremos ver el rol tan importante que
tiene el Espiritu Santo:

8. EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO

Creemos en el Bautismo en el Espíritu Santo, como la Promesa del Padre, con la


señal física inicial de hablar en otras lenguas.

Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la


promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del
Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia
cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y
la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos
1:4, 8; 1 Corintios 12:1–31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y
subsecuente a ella (Hechos 8:12–17; 10:44–46; 11:14– 16; 15:7–9).
Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como:
 Ser lleno del Espíritu (Juan 7:37–39; Hechos 4:8),
 Reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28),
 Consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42)
 Amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20).

LA EVIDENCIA FÍSICA INICIAL DEL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU


SANTO

El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de
hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en
este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas (1 Corintios 12:4–10, 28), pero
es diferente en propósito y uso.

9. LA SANIDAD DIVINA

Creemos en la Sanidad Divina por la obra redentora de Cristo.


La sanidad divina es una parte integral del evangelio. La liberación de la enfermedad
ha sido provista en la expiación y es el privilegio de todos los creyentes (Isaías 53:4,
5; Mateo 8:16, 17; Santiago 5:14–16;
1 Pedro 2:24).

CAUSAS DE LA ENFERMEDAD
Primariamente, la enfermedad y la muerte han venido sobre el hombre debido al
pecado “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado
la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.
(Romanos 5:12). El cuerpo fue sometido a los estragos de la enfermedad y esta se
convirtió en uno de los medios de ejecutar la sentencia de la muerte por causa del
pecado. Es un error suponer que toda enfermedad proviene de un pecado cometido
recientemente.
Las enfermedades están en el mundo y afectan a la humanidad en general sin importar
justicia o pecado personal (Lucas13:1-4). Es importante aclarar que la enfermedad
tiene varias razones:

1. Por las consecuencias de la caída: Hasta que se acabe el orden presente, la


humanidad está destinada a sufrir enfermedades y dolencias. Damos gracias a
Dios que por nuestro Señor Jesucristo podemos recibir sanidad, mas esta no
implica inmunidad.
2. Por causa del pecado: Una de las consecuencias del pecado es la muerte.
Esta se da generalmente por las enfermedades. Muchos de los pecados que el
hombre comete atacan directamente su cuerpo, lo que le ocasiona enfer-
medades.
3. Por causa del descuido: La Biblia nos recuerda que somos Templo del Espí-
ritu Santo. Si bien ahora entendemos este principio, muchas veces no cuidamos
adecuadamente nuestro cuerpo, lo que le hace propenso a enfermedades,
accidentes y dolencias. De alguna manera el descuido es una forma de pecado,
mas no es algo intencional.
4. Por la influencia de demonios: La Biblia registra algunos casos en los que
la enfermedad de alguna persona tenía un trasfondo espiritual demoniaco5.
5. Para fortalecer nuestro espíritu: La Biblia describe el caso de Job, al cual
Dios permitió una serie de calamidades y enfermedad que produjo realmente
una mayor bendición y enseñanza espiritual. El ciego de nacimiento recibió
respuesta a su enfermedad “Para que la Gloria de Dios se manifieste en el”.
Incluso el apóstol Pablo habla de un “aguijón en la carne” (posiblemente una
enfermedad) que Dios permitió para que Pablo no se vanagloriara por todas las
revelaciones recibidas.

ESPERANZA FRENTE A LA ENFERMEDAD


Nuestro buen Dios ha provisto la sanidad por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Incluso desde el Antiguo Testamento la posibilidad de sanidad estaba al alcance de
los hombres en cuanto a la protección. Dios dijo: “Si escuchas atentamente la voz de
Jehová, tu Dios, y haces lo recto delante de sus ojos, das oído a sus mandamientos y
guardas todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié sobre los egipcios
traeré sobre ti, porque yo soy Jehová, tu sanador” (Éxodo 15:26; Deuteronomio
28:15-68).
En la descripción profética de Isaías respecto a la obra de nuestro Señor Jesucristo se
declaró “por sus llagas fuimos nosotros curados”, esto fue confirmado en el Nuevo
Testamento (Isaías 53:4-5; Mateo 8:17;
1 Pedro 2:24). Esta promesa alentadora confirmada por la multitud de testimonios
bíblicos, históricos y actuales nos hacen ver la realidad de la sanidad divina por la
obra de Cristo. En su ministerio en la tierra Jesús realizó muchos milagros “cómo
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo
haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con él.” (Hechos: 10:38, Lucas: 13:11-38)
CLASE 6:

Con la clase de hoy, entramos a la recta final del módulo En esto Creemos, conoceremos lo
que nos traen los puntos 10 y 11 de esta lección:

10. LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA

Creemos en el bautismo en agua por inmersión y la Cena del Señor como ordenanzas de
Cristo.

El Nuevo Testamento describe dos ordenanzas dadas por nuestro Señor Jesucristo a la
Iglesia. Deben entenderse como un recordatorio, no como poseedoras de un poder salvador.
Se recibe gran bendición al cumplirlas por la obediencia que en si implican y por la gracia
de Dios. Cuando el creyente participa de estas ordenanzas está confesando verdades
espirituales que ya cree y práctica, y por ellas recibe las bendiciones prometidas. (Mateo
28:19; Lucas 22:14-16; Romanos 6:4; 1 Corintios 11:23-26; 2 Pedro 1:4)

 EL BAUTISMO EN AGUA POR INMERSIÓN

Las Escrituras establecen la ordenanza del bautismo en agua por inmersión. Todos los
que se arrepienten y creen en Cristo como Salvador y Señor deben ser bautizados
(Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 10:47, 48). Existe un profundo simbolismo en
el bautismo (Romanos 6:4). El bautismo es la identificación del creyente con Cristo y
una confesión pública de Su obra. El creyente declara ante el mundo que ha muerto
con Cristo. Una muerte no física, sino muerte a sus pecados y a una vida en desobe-
diencia y alejada de Dios. Somos, en sentido simbólico y espiritual, sepultados con
Cristo para resucitar por la fe. Estamos confesando el nuevo nacimiento y la nueva
vida que tenemos en Cristo. En el bautismo hacemos una renuncia pública a nuestra
vida lejos de Dios y nos comprometemos en fidelidad al Señor. Esta declaración es
muy seria por lo que tiene que hacerse con madurez y conciencia. Por tal razón no
avalamos el bautizo de recién nacidos, entendiendo que ellos no tienen la madurez
suficiente para tomar esta decisión. Entendemos la necesidad de la salvación para los
niños y no la negamos, mas sabemos que el bautismo no es para salvación, sino para
compromiso. De esta manera declaran ante el mundo que han muerto con Cristo y
que han sido resucitados con Él para andar en nueva vida
Practicamos como principio bíblico el bautizar la persona en el Nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo.

 LA CENA DEL SEÑOR

La Cena del Señor consiste en la participación de elementos simbólicos –el pan y el


fruto de la vid– como expresiones de nuestra participación de la naturaleza divina de
nuestro Señor Jesucristo (2 Pedro 1:4); un recordatorio de sus sufrimientos y su
muerte (1 Corintios 11:26); una profecía de su segunda venida (1 Corintios 11:26); y
un mandato para todos los creyentes “¡hasta que él venga!”.
La Cena del Señor ocupa en los cristianos el lugar que ocupa en los judíos la pascua
(1 Corintios. 5:7). No tenemos una periodicidad específica en cuanto a su práctica,
aunque regularmente se hace una vez al mes. Esta es una ceremonia conmemorativa
de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo quien dijo “Hace esto en
memoria de mi” (Lucas 22:19). Nos recuerda su vida en la tierra y su obra en la cruz
muriendo en nuestro lugar y para nuestra salvación.

De igual manera es una ceremonia instructiva que nos recuerda la encarnación de


Cristo y la expiación por nuestros pecados. Es también inspirativa, porque nos re-
cuerda que es por fe que podemos recibir los beneficios de la muerte y resurrección
de Nuestro Señor. Nos recuerda que Él murió y resucitó para darnos nueva vida y que
nos abstengamos de toda especie de mal. La cena del Señor proclama el Nuevo Pacto
que Dios ha hecho por medio de la sangre de Cristo y nos invita a permanecer fieles
al Señor “hasta que él vuelva” y estemos con él en el Reino Celestial.
La cena del Señor es una ceremonia de koinonía. Se declara la -reconciliación que
ahora tenemos por Dios, teniendo entrada ante el trono por la sangre de Cristo y la
comunión que experimentamos entre hermanos. Es una celebración de acción de
gracias a la que se invita a participar dignamente (1 Corintios 11:27-29). Hay senten-
cia divina contra aquel que participe de ella indignamente.

11. LA IGLESIA

Creemos en la Iglesia como el Cuerpo Místico de Cristo; Los Ministerios


divinamente ordenados y su misión evangelizadora.

La palabra Iglesia proviene del término griego ekklessia que traduce “congregación
llamada”. Está constituida por todos aquellos que creen en el Señor en todo lugar, en
todo tiempo de la historia. Este término tiene tres connotaciones. Se llama habitual-
mente “Iglesia” al lugar donde la iglesia habitualmente se reúne. Este es un espacio
dedicado para la exaltación al Señor y la proclamación de Su Palabra. Aunque no es
la definición bíblica, no es delito el así llamarla. Se define “Iglesia Local” como el
grupo de creyentes que se reúnen frecuentemente en un mismo sitio. También son
llamadas congregaciones y están lideradas por un pastor o grupo de pastores. Sin
embargo, el término más acertado es el de “Iglesia Universal” que es el conjunto de
creyentes en todo tiempo y todo lugar que han aceptado al Señor como soberano en
sus vidas, se han arrepentido y viven una vida de santidad aguardando la promesa de
la Vida Eterna. (Mateo 28:19-20; Marcos 3:13,14; 16:15-20; Romanos 1:1; Efesios
1:22,23; 4:11,12; Hebreos 5:4; 12:23)

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el en-
cargo divino de llevar a cabo su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu
Santo, es parte integral de la asamblea general e iglesia de los primogénitos, que están
inscritos en los cielos (Efesios 1:22, 23; 2:22; Hebreos 12:23).
Siendo que el propósito de Dios en relación con el hombre es buscar y salvar lo que
se había perdido, ser adorado por el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la
imagen de su Hijo, la principal razón de ser de las Asambleas de Dios como parte de
la Iglesia es:

1. Ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8;
Mateo 28:19, 20; Marcos 16:15, 16).
2. Ser un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a Dios (1
Corintios 12:13).
3. Ser un canal para el propósito de Dios de edificar a un cuerpo de santos
siendo perfeccionados a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11–16; 1 Corintios
12:28; 14:12).

Las Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo énfasis a esta razón de ser
según el modelo apostólico del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y
alentándolos a que sean bautizados en el Espíritu Santo. Esta experiencia:

1. Los capacita para evangelizar en el poder del Espíritu con señales y milagros (Marcos
16:15–20; Hechos 4:29–31; Hebreos 2:3, 4).
2. Agrega una dimensión necesaria a la adoración y a la relación con Dios (1 Corintios
2:10–16; 1 Corintios 12–14)
3. Los capacita para responder a la plena manifestación del Espíritu Santo en la expresión
de frutos, dones y ministerios como en los tiempos del Nuevo Testamento para la
edificación del cuerpo de Cristo (Gálatas 5:22–26; 1 Corintios 14:12; Efesios 4:11, 12; 1
Corintios 12:28; Colosenses 1:29).
Nuestro Señor ha provisto un ministerio divinamente llamado y ordenado con el triple
propósito de dirigir a la iglesia en: (a) la evangelización del mundo (Marcos 16:15–20), (b)
la adoración a Dios (Juan 4:23, 24) y (c) la edificación de un cuerpo de santos, para
perfeccionarlos a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11, 16).

Dios ha permitido que sus hijos participemos en la labor evangelizadora. Él llama a todos
sus hijos a cumplir el ministerio de la reconciliación. Esta es una labor para todos y cada
uno de los miembros de la iglesia. Sin embargo, hay quienes tienen un llamado especial
para servir al Señor. Efesios 4:11 reconoce que Dios ha constituido a apóstoles,
evangelistas, profetas, pastores y maestros para perfeccionar a los santos y para la
edificación del cuerpo de Cristo. Estos ministerios están vigentes. Aunque no hay que
tomarlos como un título para oficiar, sino como un llamado a cumplir. Más que recibir
reconocimiento y prestigio, un siervo de Dios ha de procurar cumplir el llamado divino. La
Biblia presenta algunas analogías para explicar lo que significa la iglesia. La más
importante es la figura de la iglesia como Cuerpo. De hecho, es llamada el cuerpo de
Cristo. El significado de ello apunta que Jesús es el líder y cabeza y cada creyente es parte
del cuerpo mísitico en el cual y a través del cual Dios obra. Jesús no instituyó una
organización, sino que creó un organismo. Da sentido de vida y movimiento y de
importancia. Otras ilustraciones bíblicas son las de la iglesia como una vid, un edificio, un
ejército, una novia, todas ellas con aplicaciones particulares.

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