Vía Crucis de Esperanza para Enfermos
Vía Crucis de Esperanza para Enfermos
Queridos hermanos, nos disponemos a iniciar el Vía Crucis de nuestro Señor Jesucristo, por
los enfermos de la RED MUNDIAL CRISTIANA DE ORACIÓN , vecinos, amigos y
enemigos, recordando a cada paso, su camino hacia su crucifixión, en la cual pagó con su
muerte y resurrección el perdón de nuestros pecados.
Todos tenemos nuestro propio Vía Crucis que andar. Todos tenemos nuestro camino
personal de seguir a Jesús. Es un mismo camino y es también un camino diferente para todos,
porque cada uno estamos llamados a Seguirle desde nuestra propia realidad.
Nos da miedo el Vía Crucis, porque todos tenemos miedo al dolor. Todos sentimos nuestros
rechazos a la Cruz. Sin embargo, el camino de la Cruz, más que un camino de dolor y
sufrimiento debiera ser un camino de esperanza.
La Cruz de Jesús no es la Cruz que invita a la muerte sino la Cruz que invita a la vida. Es el
camino de lo nuevo. Juan Pablo II llamaba a la Cruz “la cuna del cristiano”. Y las cunas,
más que de muerte hablan de vida, de futuro, de esperanzas.
Nadie como el que sufre comprende la realidad del camino de la Cruz, porque nadie como él
sabe cuánto pesa el madero del dolor y de la enfermedad. Nadie como él vive colgado de la
esperanza de que esto termine. Pero también nadie como el enfermo sabe comprender la
realidad de Jesús camino del Calvario. Mientras los sanos miramos, desde la acera, a Jesús
caminando bajo la Cruz, el enfermo lo ve desde su propia experiencia.
El Vía Crucis que ofrecemos a nuestros enfermos no quiere ser una llamada a la pasividad
frente al dolor. No quiere ser una resignación sin esperanza. Al contrario, quiere llevar un
poco de luz, allí donde el sufrimiento ha cubierto con sombras su vida. Este Vía Crucis
quiere ayudar al enfermo a poner luz donde hay oscuridad, a poner esperanza donde el
cansancio de la enfermedad invita a la desesperanza. Y sobre todo, quiere ser una invitación
a sufrir, no en la soledad, sino en compañía de Jesús. Jesús se hace enfermo con el enfermo
y el enfermo se siente identificado con Jesús.
La Pasión de Jesús, como decía San Pablo de la Cruz, es un “mar de dolor”, pero
inmediatamente, en ese mar de dolor él veía “un mar infinito de amor”. La Pasión como la
revelación del amor de Dios al hombre.
POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ, DE NUESTROS ENEMIGOS LÍBRANOS
SEÑOR DIOS NUESTRO. EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL
ESPÍRITU SANTO, AMEN.
La mejor manera de prepararnos para iniciar este vía crucis es comenzar reconociendo
nuestros pecados.
PÉSAME
Pésame Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. pésame por el
infierno que merecí y por el cielo que perdí pero mucho más me pesa porque pecando
ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos. antes querría haber muerto que haberos
ofendido. y propongo firmemente no pecar mas y evitar todas las ocasiones próximas de
pecado. Amen.
Sánalos Señor, por intercesión del Inmaculado Corazón de tu madre, la Virgen María,
llévalos hacia tu sagrado corazón. Sánalos Señor.
QUERIDOS HERMANOS:
Nos encontramos hoy aquí reunidos para reflexionar juntos la pasión, muerte y resurrección
de Jesús, poniendo frente a nosotros la realidad sufriente de los rostros de las personas
enfermas que actualmente cargan con su pena camino de la cruz iniciemos pues, este camino
con el firme propósito de retomar la enseñanza que nos dejó Jesús de compasión y ayuda por
los enfermos, para que una vez comprometidos, seamos portadores de la esperanza en la
resurrección del señor. señor escucha a nuestros enfermos, que te imploran por su salud:
El señor es azotado y sentenciado a muerte. alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo. y los dolores de su Santísima Madre.
“El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos
sacerdotes y los escribas, y ser condenado a muerte y resucitar, al tercer día”. (Lc 9, 22)
Señor: Nos parecemos. Recién me doy cuenta de que en algo somos iguales tú y yo. Tú
condenado a muerte. Yo condenado a vivir con esta enfermedad en mi cuerpo, que también
me duele en el alma. Los dos corremos la misma suerte y andamos el mismo camino.
Desde que te veo a ti condenado a muerte, ya no me atrevo a preguntarle más a Dios sobre el
porqué de mi enfermedad.
Yo me creía bueno, y por tanto con derecho a una buena salud. Pero al verte a ti, inocente,
condenado a la muerte, ¿qué derechos me asisten a mí para quejarme de mi dolor?
Señor, te pido que me des la capacidad de decir sí a mis sufrimientos, como tú dijiste sí a tu
condena a muerte.
Señor Jesús, que fuiste ultrajado ante el pueblo, coronado de espinas y condenado a muerte,
te ruego que logre yo dominar mi soberbia, con tu ayuda, para que, sufriendo con humildad
las afrentas de esta vida, logre gozarte en la vida eterna. el dolor incomprensible nos une
íntimamente con nuestro señor y nos asemeja a él.
Mi Jesús, el mundo aún te enjuicia. Sigue preguntando Quién eres y por qué exiges lo que
exiges. Se hace una y otra vez la misma pregunta: “Si eres el Hijo de Dios, ¿por qué permites
que el mundo esté en este estado? ¿Por qué tanto silencio?”
Aunque la arrogancia del mundo me irrita, debo admitir que en silencio, en lo profundo de
mi alma, yo también tengo estas mismas preguntas. Tu humildad me frustra y me incomoda.
Tu fortaleza ante Pilato según bebiste profundamente del poder del Padre, me da la respuesta
a mi pregunta: La Voluntad del Padre. El Padre permite muchos sufrimientos en esta vida,
pero todo es para mi bien. Si sólo pudiera guardar silencio también ante la prudencia del
mundo- firme en la fe cuando todo parece perdido- calma cuando acusado injustamente- libre
de la tiranía del respeto humano- dispuesto a hacer la voluntad del Padre no importa cuán
difícil.
Jesús silencioso, danos las gracias que necesitamos para enfrentar la burla del mundo. Dé al
pobre la fortaleza para no sucumbir a su privación, pero ser muy concientes de su dignidad
como hijos de Dios. Concédenos que no nos dobleguemos ante la enfermedad de la gloria
mundanal, pero estar dispuestos a ser privados de todo tipo de cosas en vez de perder Tu
Amistad. Mi Jesús, aunque seamos acusados diariamente de ser unos tontos, permite que la
visión de la Dignidad Callada de pie ante la Injusticia Monstruosa, nos dé la valentía de ser
tus seguidores. Amén.
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Señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos despreciado a nuestros hermanos por su
apariencia, raza, creencia, o errores. te pedimos valor para aceptar cuando hemos fallado y
fuerzas para cambiar. no permitas que sigamos condenando injustamente.
Oración: Señor, a pesar de que todos estaban en contra tuyo y pedían tu muerte, tú te
mantuviste firme hasta el final, sosteniendo que tú habías venido al mundo para dar
testimonio de la Verdad. Sólo Tú, Señor, eres la Verdad y sé que Tú, que eres la Verdad,
escuchas mi voz. Yo también me siento a veces “condenado” por mi enfermedad, al igual
que tú te sentiste condenado por el pueblo judío. Ayúdame a tener Tu fortaleza y a dar
testimonio de Ti, Verdad absoluta, ante mis familiares y amigos, desde mi enfermedad. Te
pido también por los cristianos de todo el mundo que hoy son perseguidos, encarcelados y
hasta asesinados por dar testimonio de la Verdad, para que les des la fortaleza necesaria para
no dejarse vencer.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Por soportarlo todo en santo silencio, Perdón Señor, Piedad si grandes son mis dolores,
mayor es tú bondad. SEÑOR PEQUE TEN PIEDAD Y MISERICORDIA DE
NOSOTROS.
“Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevó y nuestros dolores los que
soportó. Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido por
nuestros pecados, molido por nuestras culpas”.
También aquí nos parecemos tú y yo, Señor. Tú llevas la Cruz sobre tus espaldas. Yo pongo
mis espaldas sobre esta mi cruz. Tú llevas la Cruz. A mí me lleva mi cruz. Y los dos
caminantes por la vida pegados a la cruz.
A veces quisiera desapegarme de ella, tirarla lejos, no volver a verla más. Pero cuanto
más la rechazo más me duele. Pienso que la única manera de hacerla menos pesada es
quererla, abrazarla, convertirla en mi propio camino.
Estoy convencido que el dolor no se vence dándole de patadas, sino luchando por superarlo,
y si no se puede, aceptarlo como tú lo aceptaste.
Señor, te pido que me des la gracia de ser más fuerte que la cruz que llevo en mi cuerpo de
enfermo.
Señor que con la cruz cargaste el peso de nuestros pecados, te ruego que me abraces a la cruz
de la penitencia, para abrir mi corazón a tu redención. Dios está particularmente cerca de los
que sufren.
Cómo un ser humano pudo imponerte esa carga sobre tu cuerpo despedazado y sangriento,
Señor Jesús? Cada movimiento de la cruz clavaron más las espinas en Tu Cabeza. ¿Cómo
pudiste evitar que el odio no creciera en tu corazón? ¿Cómo es que toda esta injusticia no
confundió toda tu paz? La Voluntad de Dios fue duro para Ti- ¿Por qué me quejo cuando se
me hace difícil?
Veo injusticia y me frustra y cuando mis planes para aliviarlo parecen inútiles, me desespero.
Cuando veo aquellos que cargan con la pobreza sufren cada vez más se añade más cruz para
cruzarse sobre mi corazón lejos de la serenidad. No logro ver del todo la dignidad de la cruz
mientras se lleva con amor. Preferería estar sin ella.
Mi concepto del mundo es que el sufrimiento, como el alimento, debe ser compartido en
partes iguales. Qué ridículo soy, Señor amado. De la misma manera que todos no necesitamos
la misma cantidad de alimento material, tampoco necesitamos la misma cantidad de alimento
espiritual y eso es la cruz en mi vida, ¿no?- un alimento espiritual proporcional a mis
necesidades. Amén
Señor Jesús, perdónanos por las veces en que hemos sido nosotros mismos quienes no
cumplimos con nuestras obligaciones y dejamos que carguen la cruz los más inocentes.
Te pedimos por todas las personas que no han podido reconocer su enfermedad, dales fuerza
para no seguir fallando en el cumplimiento de sus obligaciones.
Señor, por los enfermos alcohólicos, te rogamos tu ayuda, consuelo y esperanza para
sus familiares.
Oración: Señor, esa cruz que cargaste sobre tus hombros eran todos nuestros pecados, mis
pecados. ¿Qué amor es más grande que aquel que es capaz de asumir las culpas
ajenas? Bien sabes Señor que yo también cargo una pesada cruz: mi enfermedad.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Por tu cruz y tus clavos, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es tú
bondad. SEÑOR PEQUE TEN PIEDAD Y MISERICORDIA DE NOSOTROS.
Tercera Estación : Jesús cae por primera vez bajo la Cruz
Jesús cae por primera vez. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo: y los
dolores de su Santísima Madre.
“fue oprimido y él se humilló y no abrió la boca. como un cordero al deguello Fue llevado,
y como oveja ante los que la trasquilan está muda, tampoco abrió la boca”. (is 53, 7)
Señor, pensaba que solamente yo era débil. no siento alegría por tu debilidad. pero sí siento
la alegría espiritual de verte a ti tan parecido a mí.
Tampoco Tú quisiste aparentar ser un forzudo a quien la cruz no le duele. veo que también
Tu eres tan humano como nosotros. la verdadera fortaleza ante el dolor es no dejarse aplastar
por él sino ser capaz de cargar con él.
Señor, quiero pedirte por todos mis hermanos enfermos, por todos aquellos que como yo se
cansan de su enfermedad, para que encuentren en Ti una palabra de liento.
Señor que caíste en tierra, fatigado por el peso de la cruz, te ruego que me levante yo de la
culpa y que este firme en el cumplimiento de tu voluntad. el dolor, aceptado con amor y
resignación, es una reparación de los pecados propios y ajenos, nos acerca a la cruz de Cristo.
Mi Jesús, me parece, que como Dios, hubieras cargado tu cruz sin vacilación, pero no lo
hiciste. Te caiste bajo su peso para enseñarme que entiendes cuando yo caigo. ¿Será el orgullo
lo que me hace querer brillar aún en el dolor? Tú no te avergonzaste en caer- en admitir que
la cruz era pesada. Hay personas en el mundo que mi orgullo no tolera, ya que espero que
todos sean fuertes, mientras yo soy débil. Me avergüenzo admitir un fracaso en cualquier
cosa.
Si el Padre permite fracasos en mi vida según Él permitió que Tú cayeras, entonces tengo
que saber que hay bien en ese fracaso en que mi mente nunca comprenderá. No puedo
concentrarme en los ojos de los demás mientras se fijan en mis caídas. Antes bien, debo
extenderme hacia arriba para tocar esa mano invisible y beber de esa fortaleza invisible por
siempre a mi lado.
Jesús débil, ayuda a todos los hombres que tanto intentan ser buenos, pero que su naturaleza
está constantemente en oposición a que anden derecho bajo el camino estrecho de la vida.
Levante sus cabezas para ver la gloria por venir más que en la miseria del momento presente.
Tu amor por mí te dio fortaleza para levantarte de tu caída. Vigile sobre aquellos quienes
para el mundo son considerados como siervos inútiles y dales la valentía para ser más
interesados en cuanto a cómo están delante de Ti, más que en su prójimo. Amén.
Señor, Te pedimos por los que caen en la drogadición, para que reciban ayuda
hospitalaria y concédeles amor y cariño.
Oración: Señor, Tú
nos dijiste que para seguirte era necesario abandonarlo todo, cargar nuestra cruz y
caminar tras de ti. Yo ya tengo la cruz de mi enfermedad sobre mis hombros. Pero no
siempre te la ofrezco a Ti. ¡Cuántas veces no me aferro a ella y me dejo vencer por el miedo
y la desesperanza y caigo por tierra! Te pido Señor que me ayudes a renunciar a mí mismo,
a mis miedos, a mis egoísmos, a mis exigencias, a pensar solamente en mis necesidades
cuando hay muchos a mi alrededor que también tienen sus problemas y preocupaciones.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Por tu paciencia inmensa, Perdón Señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es
tú bondad. SEÑOR PEQUE TEN PIEDAD Y MISERICORDIA DE NOSOTROS.
Te adoramos, Cristo, y Te bendecimos. Porque por tu Santa cruz redimiste al mundo. Jesús
encuentra a su madre, maría santísima. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo. : y los dolores y lagrimas de su santísima madre.
“Y a ti misma una espada te atravesará el alma”. (Lc 2, 35)
Señor, a veces uno no sufre tanto por el hecho mismo de sufrir, sino porque se siente estorbo
y fastidio que hace sufrir a los demás. Yo creía que eso sólo me pasaba a mí. Ahora veo que
esa fue también tu historia.
No sólo sufrías tú, cargado con tu Cruz, sino que eras ocasión de dolor para el corazón de tu
Madre. Tu dolor, de alguna manera también hería y santificaba el corazón de la Madre.
Pareciera que esto me alivia un poco. Yo no quiero sentirme un estorbo. Prefiero pensar que
en mis sufrimientos, también los demás encuentran su propio camino de gracia. Si yo me
parezco a ti en mi dolor, quiero que los demás se vean a sí mismos como los representantes
de tu Madre.
Señor, te pido por aquellos que me cuidan y atienden. Que en mis sufrimientos encuentren
ellos el camino que los lleva a ti.
Madre mía, por el cruel dolor que traspasó Tu corazón al ver a Tu hijo abatido y desfigurado
por todos los hombres, Te ruego que sepa siempre reconocer mis culpas.el dolor tiene
secretos e inefables consuelos, nos inspira un amor más sincero y puro hacia Jesús.
Mi Jesús, era una gran tristeza considerar que Tu Dolor causó tanta pena. Como Redentor,
Tú quería que Ella compartiera Tu dolor para la humanidad. Cuando tus miradas cruzaron en
este momento de sufrimiento indecible, ¿qué fue lo que les dio la valentía para seguir sin
alivio- sin enojo por tanta injusticia?
Parece como si desearas sufrir todos los dolores posibles para darme un ejemplo de cómo
sufrir cuando llega mi tiempo. Qué humillación para Ti cuando tu Madre te vio en este estado
tan penoso- débil – indefenso – sujeto a la misericordia de hombres pecadores- la santidad
expuesto a lo maligno en toda maldad.
Cada momento de ese breve encuentro, ¿te pareció una eternidad? Como he visto tanto
sufrimiento en el mundo, hay veces que creo que ya no hay esperanzas. Hay un elemento de
letargo en mis oraciones por la humanidad que dice: “Oraré, pero ¿de qué servirá? Los
enfermos se enferman más y los hambrientos se mueren de hambre. Pienso en esa mirada
entre Tú y María- la mirada que dijo: “Demos este padecimiento al Padre por la salvación de
las almas. El poder del Padre toma todos nuestros dolores y frustraciones y renueva las almas,
los salva para una vida nueva- una vida de alegría eterna, dicha eterna. Vale la pena todo
esto.” Dale perseverancia a los enfermos para que puedan cargar con su cruz de frustración
y agonía con amor y resignación por la salvación de otros. Amén.
Aceptar a Cristo puede significar, en ocasiones, compartir con El el dolor. por eso
frecuentemente preferimos rechazarlo, sin querer ver que al final, la alegría será mayor.
Señor Jesús, perdónanos por las veces en que no hemos apoyado a las mujeres solteras
embarazadas en su camino por defender la vida de sus hijos.
Señor, por las madres solteras que no rechazaron a su hijo por nacer, y le dieron la
vida, que el Inmaculado Corazón de tu Madre las proteja.
Oración: Señor, Tu Madre María te acompañó en todo momento, hasta en los más duros.
Ayúdame a imitar su ejemplo, acompañándote Yo también. Sé que cuando me siento solo,
no es porque Tú dejaste de acompañarme, sino porque yo dejé de acompañarte a Ti. Dame
fuerzas para perseverar junto a Ti y nunca renegar de Tu Amor infinito, por más difíciles que
sean las situaciones que me toque vivir.
Te ofrezco mi enfermedad Señor diciendo, al igual que María: “Yo soy la esclava del Señor,
que se haga en mí su Voluntad”. Yo también quiero ser tu Madre y tu hermano, Señor, por
eso escucho tu Palabra y te pido que me des fuerza y coraje para practicarla. Te pido Señor
por todos los hombres del mundo que no te conocen, para que encontrando a María, tu Madre,
te encuentren también a Ti.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Por Tu gran misericordia, Perdón Señor, piedad si grandes son mis dolores, mayor es
Tú bondad. SEÑOR PEQUE TEN PIEDAD Y MISERICORDIA DE NOSOTROS
Quinta Estación : El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
“Cuando lo llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le
cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús”.
Un hombre cansado, ayudando a llevar la cruz a otro más débil aún. El camino de la vida no
es competencia de fuertes, sino solidaridad de los débiles. Ahora veo claro que el camino de
la vida no es competencia de poderes, sin comunión en las debilidades.
Es maravilloso descubrir que los débiles, los que nos consideramos ya indefensos, también
servimos para algo.
También los enfermos podemos ser una ayuda para otros que como nosotros llevan una vida
de sufrimiento y nos necesitan,los enfermos podemos ser apoyo para los sanos.
Señor, ¿cómo podría yo hoy prestar mi ayuda a otros tan débiles como yo?,que hoy pueda
sonreír a los demás, para hacerles más llevadera su carga.
Señor Jesús, que quisiste que en la persona del Cireneo todos te ayudásemos a llevar tu cruz,
te ruego que me permitas abrazar la cruz de cada día con abnegación, para que siguiendo tus
pasos consiga la vida eterna. el dolor nos une a nuestro Señor y nos asemeja a El.
Mi Jesús, tus tormentadores reclutaron a Simón de Cirene para ayudarte a cargar la cruz. Tu
humildad está más allá de mi comprensión. Tu poder mantuvo todo el Universo y aún así
permites que una de tus criaturas te ayude a llevar una cruz. Me imagino que a Simón le
repugnaba tomar parte en tu vergüenza. No tenía idea que todos que miraban y se mofaban
pasarían al olvido mientras que su nombre pasaría a la historia y a la eternidad como el que
ayudó a su Dios en necesidad. ¿No pasa lo mismo conmigo Jesús amado? Aún cuando cargo
mi cruz con repugnancia como Simón, esto beneficia mi alma.
Si mantengo mis ojos fijos en Ti y miro cómo sufriste, podré soportar mi cruz con mayor
fortaleza. ¿Estabas acaso intentando decirles a aquellos que sufren por el discrimen que
tengan valentía? ¿Acaso Simón fue un símbolo para todos aquellos que son odiados por su
raza, color y creencia?
Simón se preguntaba mientras tomaba los maderos en sus hombros, cómo fue escogido él
para una carga tan pesada y ahora lo sabe. Ayúdame Jesús, a confiar en tu amada Providencia
según permites que el sufrimiento entre y salga de mi vida. Hazme entender que Tú lo miraste
y lo aguantaste muy a gusto antes de pasármelo a mí. Tú me miras y me das fuerzas tal como
hiciste con Simón. Cuando entre en Tu Reino sabré, como él lo sabe, las maravillas que Tu
Cruz efectuó en mi alma. Amen.
Señor, te pedimos por los enfermos abandonados en los hospitales, para que nuestra
visita les de consuelo y los aliente a una pronta recuperación.
Oración: Señor, aquel Cireneo fue capaz de salir de sí mismo para ir a Tu encuentro y
ayudarte. Enséñame a descubrir que yo también puedo ser Cireneo en mi
vida ayudando en la medida de mis posibilidades a aquellos que me necesitan. Mi
enfermedad no debe ser una excusa para que los demás tengan que ayudarme siempre a mí.
Los que me rodean, también tienen problemas y preocupaciones, y yo puedo encontrar
muchas maneras para ayudarlos: escuchando, aconsejando, o simplemente apoyando y
amando…
Ayúdame a ser como el Cireneo para las personas que me rodean. Te pido también Señor por
todos los Cireneos del mundo, que trabajan día a día por la propagación del Evangelio y de
tu Iglesia por el mundo y, especialmente, por aquellos que dedican su vida a la atención
pastoral de los enfermos y ancianos: agentes de Pastoral de la Salud, Ministros de la
Eucaristía y Legionarios de María, que día a día, llevan Tu presencia a los hogares y
hospitales donde hay enfermos y ancianos que te esperan, dales fortaleza y perseverancia
para cumplir con su misión.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Por soportarlo todo en santo silencio, perdón señor, piedad si grandes son mis dolores,
mayor es tú bondad. SEÑOR PEQUE TEN PIEDAD Y MISERICORDIA DE
NOSOTROS.
La verónica limpia el rostro de Jesús. Alabada sea la pasión y muerte de nuestro Señor
Jesucristo. y los dolores y lagrimas de su santísima madre.
“Nosotros los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro
propio agrado”. (rom 15, 1)
A veces, las cosas sencillas tienen un gran valor. la verónica limpió tu rostro sucio por la
sangre y el polvo. cuántas veces la gente que me atiende viene y lava mi rostro, me quita el
sudor. casi nada. y sin embargo siento que mi cara queda más fresca, y como que la fiebre
se aligera.
Tú dejaste estampado tu rostro en aquella tela con que la caridad de una mujer limpiaba tu
cara. yo quisiera que cuantos vengan a hacerme algún servicio regresen con más paz en su
corazón y con más alegría en el alma.
Jesús fatigado, cansado, ultrajado, a quien la verónica limpió su rostro desfigurado por el
dolor, polvo y bofetadas, te suplico estampes en mi alma tu santísima imagen y me otorgues
la gracia de conservarla siempre.
Mi Jesús, ¿dónde estaban los cientos de personas a quienes les curaste el cuerpo y el alma?
¿Dónde estaban cuando necesitabas a alguien que diera la más mínima muestra de consuelo?
Ingratitud habría envuelto Tu Corazón haciendo la cruz casi imposible de llevar. Hay
ocasiones en que yo también siento que todos mis esfuerzos para Tu Reino son estériles y
terminan en nada. ¿Vagaron tus ojos por la multitud buscando el consuelo de un individuo-
una señal de pena – una muestra de tristeza?
Mi corazón se recocija con una alegría triste cuando pienso que una mujer, rompiendo contra
el miedo y respeto humano te ofrece su lienzo para enjugar Tu Rostro sangriento. Tu amado
corazón, velando por la más mínima señal de amor, ¡imprimió la Imagen de tu Rostro
despedazado sobre el lienzo! ¿Cómo es que Te olvidas por completo de Tí y recompensas un
acto tan pequeño de bondad?
Debo admitir, que he estado entre aquellos que han temido conocerte en vez de ser como la
Verónica. A ella no le importó que todo el mundo supiera que te amaba. Jesús descorazonado,
dame esa calidad de alma tan necesaria para testimoniar para difundir Tu Palabra- decirles a
las personas de tu amor hacia ellos. Envía a muchos a tu Viña, así las personas de todas las
naciones puedan recibir las Buenas Noticias. Imprima tu Imagen Divina sobre mi alma y
permita que el lienzo de mi condición humana lleve una semejanza perfecta de tu Espíritu de
amor.Amén.
Señor Jesús ayúdanos a comprometernos a llevar tu palabra a todos los que no te conocen o
que conociéndote se han olvidado de Ti, especialmente a nuestros hermanos enfermos.
Oración: Te doy gracias Señor porque en el mundo existen personas capaces de “secar el
rostro de los demás”. Te doy gracias especialmente por las personas que me rodean y que me
brindan su apoyo: ya sean familiares, amigos, conocidos, médicos, enfermeros. Bendícelos
y recompénsalos Señor por el apoyo que me dan. Y si yo puedo ser útil a los que me rodean
tal vez brindándoles consuelo o alguna palabra de aliento, muéstramelo Señor. Te pido por
los agentes sanitarios, médicos y enfermeros de todo el mundo, para que ilumines su accionar,
y sean instrumentos tuyos a través de sus acciones y recomendaciones.
. PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
(2 Cor 4, 8-10)
Señor el camino se hace largo y las fuerzas son cada vez más débiles. El tiempo para el que
sufre es un sufrimiento más. Uno se va cansando de todo. El cuerpo ya no da para
más. Todas las posturas son incómodas. La Cruz nos parece cada vez más dura.
Tú besas por segunda vez el polvo del camino. Y yo una vez más siento que algo me grita
dentro: ¡hasta cuándo voy a estar así! Comienzo a perder la fe en las medicinas y en los
médicos y hasta siento una rebeldía contra Dios.
Señor, te admiro porque tú no protestas contra los que te cargan la Cruz ni tampoco contra
tu debilidad. Que yo no proteste contra mis sufrimientos, ni contra los que me atienden. Y
sobre todo, que no proteste contra Ti.
SEÑOR JESÚS, QUE CAÍSTE POR SEGUNDA VEZ, ABRUMADO POR EL PESO DE
NUESTROS PECADOS, TE SUPLICO ME HAGAS CONOCER LA GRAVEDAD DE
MIS CULPAS Y ME DES TU GRACIA PARA CONVERTIRME CADA DÍA .MAS EL
VOLVER A CAER NOS PRODUCE UN GRAN DOLOR, EL CUAL NOS PURIFICA Y
NOS FORTALECE EN LA VIRTUD.
Mi Jesús, una de las cualidades hermosas que las personas admiraban en Ti era tu fuerza en
el momento de burla- Tu habilidad de levantarte en la ocasión. Pero ahora, Te caes una
segunda vez -aparentemente vencido por el dolor de la Cruz. Las personas que te juzgaron
por las apariencias cometieron un terrible error. ¡Lo que parecía debilidad era fortaleza sin
igual!
Con frecuencia yo también juzgo por las apariencias y casi siempre me equivoco. El mundo
juzga enteramente por este engañoso método de discernimiento. Desprecia a aquellos que
aparentemente dieron lo mejor de sí y que ahora están en necesidad. Juzga a los pobres como
fracasados, los enfermos como inútiles y los ancianos como una carga. ¡Cuán equivocada es
este juicio a la luz de tu segunda caída! Tu mejor momento fue la más débil. Tu mayor triunfo
fue en el fracaso. Tu mayor acto de amor fue en la desolación. Tu mayor prueba de poder fue
en esa carencia de fuerza que te tiró a la tierra.
Jesús débil y poderoso, dame la gracia de ver más allá de lo visible y ser más cauteloso de
Tu Sabiduría en medio de la debilidad. Dé a los ancianos, a los enfermos, minusválidos,
atrasados mentales, sordos y ciegos el fruto de la alegría para que ellos sean más concientes
del regalo de Dios y la gran diferencia entre lo que el mundo ve y lo que el Padre ve, que
puedan gloriarse en su debilidad para que el poder de Dios se manifieste. Amén.
Oración: Señor, dame la fuerza para afrontar las dificultades, tal como tú lo hiciste en tu
camino hacia la cruz. Y lo que es aún más importante, lo hiciste por amor. Lo soportaste
todo por mí y por mis pecados. Y yo, a pesar de saber esto, sigo pecando una y otra vez,
renegando de Ti, de mí mismo y de mi enfermedad, y de los que me rodean.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
“Le seguía una multitud de pueblo y de mujeres, que se dolían y se lamentaban por
él”. (Lc 23, 27-32)
Señor, Eres maravilloso, incluso cargado con la Cruz. Eres capaz de olvidarte de ti, olvidarte
del peso de la Cruz, olvidarte de tus flaquezas y debilidades, para preocuparte de los demás.
¿Crees que es el momento de pensar en esas mujeres que se quedan a la vera del
camino? ¿Crees que es el momento de consolar a los que sufren a tu lado?
Una de mis grandes tentaciones, es utilizar mi dolor para que todo el mundo se preocupe de
mí, piense en mí, esté a mi servicio. Es la tentación del egoísmo. Es la tentación de convertir
mi dolor en mi carta de derechos frente a los demás. Yo sé que mi único derecho es ayudar
y servir a los demás.
Señor, dame la gracia de no caer en la tentación del egoísmo de utilizar a los demás a mi
servicio. Dame la gracia de olvidarme de mí y preocuparme de los demás.
Mi Jesús, me asombra tu compasión por otros en tiempo de una necesidad tuya. Cuando
sufro, tengo la tendencia de pensar sólo en mí, pero Tú te olvidaste por completo. Cuando
viste a las mujeres santas llorando por tus tormentos, Tú las consolaste y les enseñaste a
profundizar más en Tu Pasión. Querías que entendieran que el verdadero mal de que tenían
que llorar era el rechazo que sufriste del pueblo Escogido- un pueblo separado de otras
naciones, quienes se negaron aceptar el Hijo de Dios.
El Acto de Redención daría lugar y nadie sería capaz de quitarte la dignidad de ser Hijo de
Dios, pero la maldad, la avaricia, el celo y la ambición en los corazones de aquellos que
debieron reconocerte era la causa de llorar. Estar tan cerca a Dios hecho hombre y echarlo a
un lado por completo era el crimen verdadero.
Mi Jesús, temo que hago lo mismo cuando cuelo mosquitos y trago camellos – cuando saco
una estilla del ojo de mi hermano y me olvido de la viga en el mío. Es un gran regalo – este
regalo de la Fe. Es una gracia tan sublime de poseer tu propio Espíritu. ¿Por qué no adelanto
en la vida de la santidad? No me doy cuenta de los muchos disfraces que utilizas y sólo veo
personas, circunstancias, eventos humanos, y no veo la mano querida del Padre guiando todas
las cosas. Ayuda a aquellos que están desanimados, enfermos, solos y viejos para reconocer
Tu Presencia en medio de ellos. Amén.
Oración: A aquellas mujeres les dijiste que era inútil lamentarse en vano, que más
valía preocuparse por cambiar la vida. Ayúdame a no ser como aquellas mujeres, a no vivir
quejándome y lamentándome por mi enfermedad, por sentir que los que me rodean no me
quieren lo suficiente, o preguntándome: “¿Por qué a mí?”. Sé que eso es inútil Señor y que
solo contribuiría a hacerme infeliz. Enséñame, por el contrario, a buscar primero tu Reino,
convencido que todo lo demás me será dado por añadidura y a esforzarme por llevar una vida
santa y que sea testimonio de amor para quienes me rodean.
Te ofrezco Señor mi enfermedad. No reniego de ella, no, sino que por el contrario, te
agradezco porque es la manera que tengo de estar unido a Ti y a Tu pasión y muerte. Mi
enfermedad es la manera que tengo de participar de tu Cruz y de contribuir ofreciéndola con
amor, por la conversión de los que no Te conocen.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
“Pues llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que la extraordinaria
grandeza del poder es de Dios y que no viene de nosotros”.
(2 Cor 4, 7)
Señor, muchas veces siento rabia conmigo mismo, porque me siento dependiente de
todos. Los necesito para todo. Y eso me hace sentir muy mal. Sé que en el fondo es mi
orgullo que me grita dentro porque no quiero aceptar mis limitaciones de enfermo.
Y ahora te veo a ti, caído en tierra, una vez más. Una vez más tienen que ayudarte a
levantarte, a ponerte en pie. Una vez más, necesitas de los otros para poder andar tu
camino. Una vez más necesitas de la mano y la fuerza de los otros para no quedarte en el
camino. Y no protestas ni gritas contra tu impotencia y flaqueza. Al contrario, agradeces la
mano que se tiende.
Mi Jesús, aún con la ayuda de Simón te caiste una tercera vez. ¿Me estabas diciendo que hay
muchas veces en mi vida que caeré una y otra vez a pesar de la ayuda de mis amigos y seres
queridos? Hay veces cuando las cruces que permites en mi vida son más pesadas que lo que
puedo cargar. Es como si todos los sufrimientos de toda una vida de pronto son comprimidos
en el momento presente y es más de lo que puedo soportar.
¿Cuando lloro desde las profundidades de mi alma, “Este sufrimiento es más de lo que puedo
soportar,” susurras, “Sí, entiendo”? Cuando me desanimo después de muchas caídas, ¿me
dices en lo más íntimo de mi ser, “Sigue adelante, sé lo difícil que es volver a levantarse”?
Hay muchas personas que son probadas dolorosamente en cuerpo y alma con las debilidades
del alcohol y las drogas, quienes intentan una vez tras otra y caen una y otra vez. A través de
la humillación de esta tercera caída, dales la valentía y perseverancia para tomar su cruz y
seguirte. Amén.
Señor, que sepa aceptar con cariño, con amor los servicios que con tanta generosidad
me brindan los míos. Que sienta más su amor que mi propia necesidad.
Oración: Señor, a pesar de haber caído por tercera vez, te levantaste y seguiste
adelante. A veces me cuesta tanto perseverar en tu camino… Bien sé que mi enfermedad
no es ningún castigo, porque Tú no eres un Dios vengativo, sino que es una circunstancia
desagradable de la vida que me ha tocado padecer. Precisamente por eso, tiene mérito
soportar este sufrimiento inmerecido, al igual que Tú tuviste que soportar tu cruz.
Ayúdame a nunca dejar de seguirte, por más que mi enfermedad se prolongue, que nunca me
canse de ofrecértela con paciencia y con amor. Tú lo hiciste como ejemplo para que yo
siguiera tus huellas. Te pido Señor por todos los enfermos y ancianos del mundo que se han
dado por vencidos y que solo desean morir para acabar con su sufrimiento: dales una luz de
esperanza y muéstrales que nunca está todo perdido, mientras nos quede un aliento de vida.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
MISERICORDIA DE NOSOTROS.
“Ni ofrezcáis vuestros miembros como armas de injusticia al servicio del pecado; sino mas
bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida, y vuestros
miembros, como armas de justicia al servicio de Dios”. (Rom 6, 13-14)
¡Despojado de todo! Despojado de tus derechos. Despojado de tu inocencia. Despojado de
tu vida. Y ahora, despojado hasta de los trapos polvorientos que cubren tu cuerpo. A la
muerte no se lleva nada. Para morir todo estorba. Estorban las fuerzas. Estorba el
poder. Estorba la riqueza. Hasta los trapos estorban.
Cada día que se prolonga esta mi enfermedad tú, Señor, me vas despojando de todo. Ya no
mando en mi casa. Otros administran lo mío por mí. Ya no tomo las decisiones, otros las
toman por mí. Cada día me van sobrando más las cosas de que disponía.
Señor, que mis sufrimientos que no me dejan, me vayan despojando de mí mismo, de mis
orgullos, de mis pecados, de mis rebeldías, para que cada día esté más dispuesto a lo que tú
quieras de mí.
Parece que cada paso hacia el Calvario te trajo una nueva humillación, mi Jesús. Cómo se
retorció tu naturaleza sensible al ser despojado de tus vestiduras ante una multitud. Deseabas
dejar esta vida según entraste- completamente apartado de todas las comodidades de este
mundo. Quieres que sepa sin duda que me amaste con un amor desinteresado. Tu amor para
mí te causó sólo dolor y pesadumbre. Lo diste todo y recibiste nada a cambio. ¿Por qué me
cuesta tanto ser desprendido?
En tu mente amable, querido Jesús, ¿miraste al Padre según estabas levantado en ese monte
ventoso, estremeciendo del frío y vergüenza, temblando del miedo, para pedirle que tenga
piedad sobre aquellos que violarían su pureza y convertiría el amor en una burla? ¿Pediste
perdón por aquellos que la avaricia les haría mentir, engañar y robar por unas cuantas
monedas de plata fría?
Perdónanos a todos, querido Jesús. Mira al mundo con pena, pues la humanidad ha perdido
el camino y los principios de este mundo hacen de la lujuria un juego divertido y el lujo una
necesidad. Desprendimiento se ha convertido simplemente en otra opresión de los pobres y
la obediencia la falta de los débiles. Ten misericordia de nosotros y concede a las personas
de hoy día la valentía para ver y conocerse y luz para cambiar.Amén.
Oración: Señor, en tu cruz, te quitaron hasta lo último que tenías: tus ropas, tu túnica, pero
no pudieron quitarte lo más grande que tenías y que era el AMOR tan grande a los hombres,
que fue capaz de llevarte hasta la muerte. Te pido Señor que me ayudes a no aferrarme a las
cosas materiales, a no depender de ellas, a no desesperarme si a veces no son suficientes, o a
no almacenarlas inútilmente si son demasiadas.
Enséñame a ser pobre, Señor, como Tú lo fuiste en la cruz. Te pido por todas las personas
que sufren la pobreza en el mundo, para que no les falte lo indispensable. Y te pido también
por aquellos que tienen de sobra, para que no se pierdan en su egoísmo y aprendan a compartir
con los que no tienen.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
“Con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en
mí”. (Gál 2, 20)
Señor, ya no eres tú quien lleva la Cruz. Ahora te han clavado a ella. Irás a donde te lleve
tu Cruz. Clavadas las manos, que ya no pueden extenderse a otras manos para
estrecharlas. Clavados los pies, que ya no pueden caminar a ninguna parte. Unos clavos y
unos maderos son los únicos dueños de tu cuerpo y de tu vida. ¡Qué poca cosa basta para
crucificarnos!
Ya no sé cuánto tiempo llevo clavado en esta cama. Ya he olvidado el tiempo que llevo
clavado a esta silla de ruedas. Mis manos ya no tienen fuerza para nada. Y mis pies casi ya
no me sirven de nada. Ya no voy a ninguna parte por mí mismo sino que me llevan. Todo
me lo tienen que hacer los demás. Total que estoy crucificado como Tú.
Señor, gracias porque esta cama no se queja y me aguanta tanto tiempo. Gracias por esta
silla de ruedas que es la que camina por mí y no se queja. Tú crucificado en mí y yo
crucificado contigo.
Es difícil imaginar a un Dios clavado en una cruz por sus propias criaturas. ¡Es más difícil
aún entender un amor que permitiera que una cosa como esa ocurriera! Según esos hombres
clavaron esos clavos pesados en tus manos y tus pies, querido Jesús, ¿ofreciste el dolor como
reparación por algun pecado o debilidad humana en particular? ¿El clavo derecho era por
aquellos que se dedican a la disipación y al aburrimiento?
¿El clavo de la mano izquierda era en reparación por todas las almas consagradas a Ti que
viven en tibieza? ¿Tus brazos extendidos era para enseñarnos lo mucho que nos amas? Los
pies que caminaron esos caminos calurosos y polvorientos se clavaron rápidos, ¿se
encogieron en un mortal desgarro doloroso para reparar por todos aquellos que ágilmente
corren por el camino ancho del pecado y propia complacencia?
Parece, querido Jesús, que tu amor te amarró manos y pies mientras tu corazón pedía una
devolución de amor. Parece que gritas desde la cima del monte “Te amo – ven a mí – ves
estoy amarrado – no puedo hacerte daño – sólo tú puedes hacerme daño a Mí.” Cuán duro es
el corazón que ve tal amor y se aparta. ¿No es cierto que yo también me he apartado cuando
no acepté la Voluntad del Padre con amor? Enséñame a mantener mis brazos abiertos al amor,
a perdonar y dar un servicio – dispuesto a ser herido más que en herir, satisfecho en amar y
no ser amado en recompensa. Amén.
Oración: Señor, hasta en el último momento mientras sufrías los dolores de los clavos que
te traspasaban, pensaste en cada uno de nosotros suplicando a tu Padre que nos perdonara.
Enséñame a perdonar a mis hermanos. Desde mi enfermedad, tengo la enorme y maravillosa
posibilidad de identificarme contigo, doliente en la cruz, y hacer carne propia las palabras de
san Pablo: “Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí. Vivo de
la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí“. Quiero compartir tu cruz, Señor.
Y que como tu muerte, mi vida sea útil a los demás, por eso te ofrezco mi enfermedad, Señor,
por mis pecados y por los pecados de todos los hombres del mundo.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
“O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su
muerte? … Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la
suya, también lo seremos por una resurrección semejante”. (Rom 6, 3-5)
Lo único que te pido, Señor, es que también mi muerte sea signo de fidelidad a mi fe
bautismal, signo de mi fidelidad a la Iglesia.
Dios está muerto! Con razón la tierra se estremeció, el sol se escondió, los muertos
resucitaron y María estaba ahí de pie aterrada. Tu cuerpo humano cedió su alma con la
muerte, pero tu Divinidad, querido Jesús,continuó manifestando su poder. Toda la creación
se rebeló según la Palabra hecha carne partía de este mundo. El hombre simplemente era muy
orgulloso para ver y muy obstinado para aceptar la verdad.
¡La Redención se logró! La humanidad ya no tendría una excusa para olvidar cuánto les ama.
El ladrón a tu derecha vio algo que no podía explicar – él vio a un hombre en un árbol y sabía
que era Dios. Su necesidad hizo que viera su propia culpabilidad y Su inocencia. La Promesa
de vida eterna hizo las horas restantes de su tortura soportables.
Un ladrón común respondió a tu amor con profunda Fe, Esperanza y Caridad. Él vio más de
lo que sus ojos le mostraban – él sintió una Presencia que no podía explicar y que no discutiría
Él estaba en necesidad y aceptó el camino de Dios diseñado para ayudarle.
Perdone nuestro orgullo, querido Jesús mientras gastamos horas especulando, días
discutiendo y muchas veces la vida entera en rechazando tu muerte, el cual es un misterio
sublime. Tenga piedad de aquellos a quienes su inteligencia les lleva al orgullo porque nunca
sintieron la necesidad de acudir al Hombre de los Dolores para consolación.Amén.
Oración: “No hay mayor amor que dar la vida por los que se ama”, nos dijiste una vez, y
no fueron sólo palabras sino que lo comprobaste con hechos, muriendo por nosotros. Tú
lo diste todo, sin medida, diste tu propia vida. ¿Qué soy yo capaz de dar por Ti y por los que
me rodean? Enséñame a amar como Tú lo hiciste: a todos por igual y sin medida, y que
sea capaz de entregarlo todo por todos.
Te pido Señor por todos aquellos que en distintos lugares del mundo, entregan su vida por
amor a los demás a través de su trabajo, especialmente a los que ofrecen su tiempo para cuidar
y atender a los enfermos y ancianos. Fortalécelos, Señor, y haz que la entrega de sus vidas
no sea en vano.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
“Hijo, ¿porqué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos
buscando. Y El les dijo: ¿Y por que me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en las
cosas de mi Padre?”. (Lc 2, 48-49)
Señor, a la hora de tu muerte no estabas solo. Allí estuvo ella. Tu Madre. Ella te recibió en
sus entrañas de virgen por obra del Espíritu Santo, en la encarnación. Y ella te recibe ahora
en sus brazos, bajado muerto de la Cruz. Es tan bello que alguien nos ame hasta darnos la
vida… Y es tan bello que alguien nos ame hasta recibir nuestros despojos de muertos en sus
brazos calientes de Madre…
Que cuando yo muera, Señor, tenga la dicha de morir en brazos de mi Madre María y de esta
otra mi Madre que es la Iglesia. Quiero que también entonces mi Madre la Iglesia que me
concibió en su seno por el Bautismo, ahora me arrope con su fe, su amor y su esperanza.
Señor, a la hora de mi muerte que mi último suspiro sea un acto de fe en ti, un acto de fe en
mi Madre la Iglesia.
Mi Jesús, con profundo dolor María te recibió en sus brazos y vio todas las llagas que el
pecado te había infligido. María Magdalena miró Tu Cuerpo muerto con terror. Nicodemo,
el hombre tan lleno de respeto humano, quien vino a Ti por la noche, de pronto recibió la
valentía para ayudar a José bajarte de la cruz. Una vez más te rodea sólo algunos de tus
seguidores. Cuando la soledad y fracaso cruzan mi camino, que piense en este momento de
abandono y total fracaso – fracaso ante los ojos de los hombres. ¡Cuán equivocado estaban –
cuán erróneo es su concepto de triunfo! El mayor acto de amor fue dado en desolación y la
misión más exitosa fue cumplida y terminada cuando parecía que todo estaba perdido. ¿No
es esto cierto en mi vida, querido Jesús? Juzgo mis fracasos severamente. Exijo perfección y
no santidad. Mi idea de éxito es que todo termine bien – de acuerdo a mi gusto.
Oración: Señor, con tu muerte nos diste la Vida, y Vida en abundancia. Tu muerte nos
trajo la salvación. Ayúdame a se digno merecedor de tu salvación buscando siempre
la santidad en las cosas de todos los días. Señor, tu muerte no ha sido en vano. Gracias a Ti,
muchos hoy podemos vivir la alegría de ser hijos de Dios.
Te doy gracias porque con tu muerte en la cruz nos reconciliaste con Dios y hoy podemos
ser sus amigos. Te pido Señor por todos los hombres del mundo que no te conocen, que no
saben de esta obra maravillosa que hiciste por la humanidad, para que reciban esta Buena
Noticia y lleguen al conocimiento de la Verdad.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
“Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, … su muerte fue un morir al
pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios”. (Rom 6, 8-11)
Ahora recuerdo lo que tú mismo dijiste un día: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere
queda solo y no da fruto, pero si muere dará mucho fruto”. Tú eres ese grano sepultado en
la tierra. Un grano que ya está brotando en nueva vida. El domingo por la mañana, cuando
las piadosas mujeres vayan a tu sepulcro, ya habrás brotado. La muerte se habrá hecho vida
y el crucificado habrá resucitado.
Me cuesta morir. Me cuesta ser grano, porque aún estoy creyendo que esta vida que vivo es
la única y verdadera vida. Pero quiero pedirte que me hagas tú mismo, grano que muere,
para que sea grano que brota y vive la nueva vida de resucitado contigo.
Señor, que mi esperanza sea más fuerte que mis miedos. Que mi deseo de resurrección sea
más grande que mis miedos a morir.
Mi Jesús, fuiste colocado para descansar en la tumba de un extraño. Naciste sin bienes de
este mundo y moriste desprendido de todo. Cuando veniste al mundo, hombres durmieron y
ángeles cantaron y ahora cuando te despides, la Creación se mantiene en silencio y pocos
lloran. Ambos sucesos estaban envueltos en la oscuridad. La mayoría de los hombres viven
en la misma forma. La mayoría de nosotros vivimos y morimos conociendo y conocidos de
pocos. ¿Nos quieres decir, querido Jesús, lo importante que son nuestras vidas sólo porque
estamos cumpliendo la Voluntad del Padre? ¿Aprenderemos alguna vez la lección de la
humildad que nos hace contentos con quiénes somos, dónde estamos y qué somos?
¿Nuestra Fe será lo suficientemente fuerte para ver poder en la debilidad y el bien en los
sufrimientos de nuestras vidas? ¿Nuestra Esperanza confiará lo suficiente como para
depender de tu Providencia aún cuando no tenemos dónde reclinar la cabeza? ¿Nuestra
Caridad será lo suficientemente fuerte como para no escandalizarse de la cruz?
Mi Jesús, esconde mi alma en tu corazón mientras estás tendido en el sepulcro solo. Permita
que mi corazón sea como el fuego para mantenerte caliente. Permita que mi deseo de
conocerte y amarte sea como una antorcha para encender la oscuridad. Permita que mi alma
cante suavemente un himno de amor arrepentido según pasan las horas y tu Resurrección se
acerca. Permítame que me regocije, querido Jesús, con todos los Ángeles en un himno de
alabanza y acción de gracias por tan gran amor – un Dios tan grande – un día tan grande!
Amén.
ROLO Y CHELA SON DOS JÓVENES A QUIENES LA VIDA LES HA JUGADO UNA
MALA PASADA, O MÁS BIEN MUCHAS. HAN INTENTADO MUCHAS
SOLUCIONES, Y TODAS HAN FALLADO.YA NO PUEDEN MÁS. CRISTO
RESUCITADO ES LA VERDADERA Y ÚNICA SOLUCIÓN PARA EL PROBLEMA DE
LA VIDA. HAY MUCHAS PUERTAS FALSAS. EL ALCOHOL, LAS DROGAS, LA
DIVERSIÓN POR LA DIVERSIÓN, Y OTRAS. TODOS CONSTITUYEN UN INTENTO
DESESPERADO POR ENCONTRAR UN CAMINO. SI DEJAMOS A CRISTO
SEPULTADO, CUALQUIER SOLUCIÓN QUE ENCONTREMOS NOS LLEVARÁ,
TARDE O TEMPRANO A LA MUERTE.
PADRENUESTRO.-
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Amén.
AVEMARÍA.-
Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre
todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
GLORIA.-
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén
Jesús tomó su Cruz y se encaminó al Calvario. Desfiló por las angostas calles de Jerusalén.
Las gentes lo miraban. Y su Madre, María, lo veía también. Caminaba junto a las mujeres
piadosas que seguían sus pasos, sus caídas, su sufrimiento. En ese camino lo encontró la
Verónica. Y enjugó su rostro herido, con su propio velo .Y Jesús le regaló su rostro impreso
en la tela, agradecido a su compasión.
Y llegó al fin del camino, que era la muerte en la Cruz.la humanidad. También por mí. Cristo
me redimió, Cristo me salvó. Yo no estaba allí .Veintiún siglos después, ocupo en el mundo
el lugar elegido por la Divina Providencia.El lugar y el momento. Y me siento en deuda con
quien dio la vida por mí.
Por eso, cada vez que la enfermedad me visite, sentiré que estoy sanando las heridas del
Salvador. Cada vez que la limitación me prive, sentiré que estoy limpiando el Rostro del
Salvador .Cada vez que un dolor moral me apriete, sentiré que estoy aliviando los
sufrimientos de las espinas del Salvador. Cada vez que el cansancio debilite mis fuerzas para
seguir mi camino, estaré besando los pies lastimados del Salvador, que seguían caminando
hacia el sacrificio final. Por todos. Por mí, también.
Señor, Jesús, caminando contigo el mismo camino del sufrimiento, uno se siente más
aliviado. El dolor sigue siendo el mismo. Pero tu presencia lo hace más llevadero.
Al teminar mi Via crucis, yo sigo clavado en mi cruz de la enfermedad, pero siento que me
duele menos. Porque tu presencia y tu compañía ponen luz y esperanza en mi camino. Sé
que tú no me descolgarás de mi cruz, como tampoco tú quisiste bajar de la tuya. Pero ya es
bastante saber que mi dolor no te es ajeno sino que tú mismo has querido compartirlo.
Te pido, Señor, que así como tú compartes mi dolor me enseñes a compartir tu esperanza
pascual. Juntos los dos por el mismo camino de la Cruz, pero juntos también los dos camino
de la pascua. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.
Mi Jesús, he viajado Tu Camino de la cruz. Parece tan real y me siento tan avergonzado.
Me quejo de mis sufrimientos y encuentro difícil obedecer la Voluntad del Padre. Mi mente
está oprimido por la pobreza, enfermedad, hambre, codicia y odio en el mundo. Hay
muchas personas inocentes que sufren injustamente. Hay quienes nacen con defectos físicos
y mentales. ¿Entendemos que continúas cargando Tu cruz en las mentes y cuerpos de cada
ser humano? Ayúdame a ver la Voluntad del Padre en cada suceso de mi vida diaria. Esto
es lo Tú hiciste – viste la Voluntad del Padre en tus perseguidores, en tus enemigos y en tu
dolor. Viste la hermosura de la cruz y la abrazaste como un tesoro deseado. Mi mente
mundana es opacada por la injusticia y sufrimiento y pierdo de vista la gloria venidera.
Ayúdame a confiar en el Padre y reconocer que hay algo grande detrás del más
insignificante sufrimiento. Hay Alguien levantando mi cruz para acomodarlo a mis
hombros – hay Sabiduría Divina en todas las molestias pequeñas que fastidian mi alma
todos los días. Enséñame las lecciones contenidas en mi Cruz, la sabiduría de su necesidad,
la hermosura de su variedad y la fortaleza que acompaña hasta la más pequeña cruz. María,
mi Madre, alcánzame la gracia para ser Jesús para mi vecino y ver a Jesús en mi vecino .
Amén.
Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te
dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y
bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.