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ANACREÓNTICAS

Este documento contiene tres poemas de Juan Meléndez Valdés titulados "A Dorila - Oda anacreóntica VI", "El consejo del Amor - Oda IV" y "De un baile - Oda IX". Los poemas describen escenas de amor, primavera y bailes entre pastores y zagalas en la naturaleza.

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ANACREÓNTICAS

Este documento contiene tres poemas de Juan Meléndez Valdés titulados "A Dorila - Oda anacreóntica VI", "El consejo del Amor - Oda IV" y "De un baile - Oda IX". Los poemas describen escenas de amor, primavera y bailes entre pastores y zagalas en la naturaleza.

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ANACREÓNTICAS

de Juan MELÉNDEZ VALDÉS(1754-1817)


A Dorila - Oda anacreóntica VI

¡Cómo se van las horas, Si esto, pues, nos aguarda,


y tras ellas los días, ¿para qué, mi Dorila,
y los floridos años son los floridos años
de nuestra frágil vida! de nuestra frágil vida?
La vejez luego viene, Para juegos y bailes
del amor enemiga, y cantares y risas
y entre fúnebres sombras nos los dieron los cielos,
la muerte se avecina, las Gracias los destinan.
que escuálida y temblando, Ven ¡ay! ¿qué te detiene?
fea, informe, amarilla, Ven, ven, paloma mía,
nos aterra, y apaga debajo de estas parras
nuestros fuegos y dichas. do lene el viento aspira;
El cuerpo se entorpece, Y entre vinos suaves
los ayes nos fatigan, y mimosas delicias
nos huyen los placeres de la niñez gocemos,
y deja la alegría. pues vuela tan aprisa.
El amor mariposa - Oda Anacreóntica II

Viendo el Amor un día mariposa le juzgan


que mil lindas zagalas y en seguirle no tardan.
huían de él medrosas Una a cogerle llega,
por mirarle con armas, y él la burla y se escapa;
dicen que de picado otra en pos va corriendo,
les juró la venganza y otra simple le llama,
y una burla les hizo, despertando el bullicio
como suya, extremada. de tan loca algazara
Tornóse en mariposa, en sus pechos incautos
los bracitos en alas la ternura más grata.
y los pies ternezuelos Ya que juntas las mira,
en patitas doradas. dando alegres risadas
¡Oh! ¡qué bien que parece! súbito Amor se muestra,
¡Oh! ¡qué suelto que vaga, y a todas las abrasa.
y ante el sol hace alarde Mas las alas ligeras
de su púrpura y nácar! en los hombros por gala
Ya en el valle se pierde, se guardó el fementido,
ya en una flor se para, y así a todos alcanza.
ya otra besa festivo, También de mariposa
y otra ronda y halaga. le quedó la inconstancia:
Las zagalas, al verle, llega, hiere, y de un pecho
por sus vuelos y gracia a herir otro se pasa.
El consejo del Amor - Oda IV
Aun más fino que ardiente,
a nada más aspiran
que a un inocente beso
Pensativo y lloroso, las esperanzas mías.
contemplando cuán tibia
Dorila mi amor oye Por ti dejé en el valle,
por hermosa y por niña, por ti, beldad altiva,
con vuelo desdeñoso,
al margen de una fuente mil lindas florecitas.
me asenté cristalina,
que un rosal adornaba Tú sola me embebeces,
con su pompa florida. tú sola», repetía
el céfiro, y más suelto
El voluble murmullo en torno de ella gira,
de sus plácidas linfas,
de mis penas agudas cuando súbito noto
amainaba las iras; que la rosa rendida
le presenta su seno,
y en sus ondas rientes y él cien besos le liba,
encantada la vista,
invisibles cual ellas con los cuales mimosa
mis cuidados se huían, de aquí y de allá se agita,
otros y otros buscando
cuando en torno una rosa que muy más la mecían.
que besar solicita,
volar vi a un cefirillo Y en aquel mismo punto
con ala fugitiva, escuché que benigna
nueva voz me alentaba,
y entre blandos susurros, nuncio fiel de mis dichas:
en voz dulce y sumisa,
entendí que a la bella «No de tímido ceses;
cariñoso decía: insta, anhela, suplica,
cefirillo incesante
«¿Dó, insensible, te vuelves? de tu rosa Dorila;
¿Por qué, injusta, te privas
en mis juegos vivaces y en sus dulces canciones
de mil tiernas caricias? delicada tu lira
su tibieza y sus miedos
Mírame que rendido, cual la nieve derritan.
cuando humillar podría
con soplo despeñado Verás como a tus ansias
tu presunción esquiva, cede al fin y propicia
las finezas atiende,
que te tornes te ruego, por ti ciega suspira,
y a mis labios permitas
que los ámbares gocen apurando en mi copa
que en tus hojas abrigas. las inmensas delicias
que a mis más fieles guardo,
No temas, no, que ofendan que mi afecto le brinda».
con culpable osadía
su rosicler hermoso, Del Amor fue el consejo;
aunque blanda te rindas. y así luego entre risas
vi a la esquiva en mis brazos
como mil rosas fina.
De la Primavera – Oda V

Revolantes las aves


por el aura enloquecen,
regalando el oído
con sus dulces motetes.
La blanda primavera
derramando aparece Y en los tiros sabrosos
sus tesoros y galas con que el ciego las hiere,
por prados y vergeles. suspirando delicias,
por el bosque se pierden,
Despejado ya el cielo
de nubes inclementes, mientras que en la pradera,
con luz cándida y pura dóciles a sus leyes,
ríe a la tierra alegre. pastores y zagalas
festivas danzas tejen,
El alba de azucenas
y de rosa las sienes y los tiernos cantares
se presenta ceñidas, y requiebros ardientes
sin que el cierzo las hiele. y miradas y juegos
más y más los encienden.
De esplendores más rico
descuella por oriente Y nosotros, amigos,
en triunfo el sol, y a darle cuando todos los seres
la vida al mundo vuelve. de tan rígido invierno
desquitarse parecen,
Medrosos de sus rayos
los vientos enmudecen, ¿en silencio y en ocio
y el vago cefirillo dejaremos perderse
bullendo les sucede, estos días que el tiempo
liberal nos concede?
el céfiro, de aromas
empapado, que mueven Una vez que en sus alas
en la nariz y el seno el fugaz se los lleve,
mil llamas y deleites. ¿podrá nadie arrancarlos
de la nada en que mueren?
Con su aliento en la sierra
derretidas las nieves, Un instante, una sombra
en sonoros arroyos que al mirar desparece,
salpicando descienden. nuestra mísera vida
para el júbilo tiene.
De hoja el árbol se viste,
las laderas de verde, Ea, pues, a las copas,
y en las vegas de flores y en un grato banquete
ves un rico tapete. celebremos la vuelta
del abril floreciente.
De un baile – Oda IX

Ya torna mayo alegre si el rostro afable inclina!


con sus serenos días,
y del amor le siguen ¡Ay!, ¡qué voluptuosos
los juegos y la risa. sus pasos!, ¡cómo animan
al más cobarde amante
De ramo en ramo cantan y al más helado irritan!
las tiernas avecillas
el regalado fuego Al premio, al dulce premio
que el seno les agita, parece que le brindan
de amor, cuando le ostentan
y el céfiro jugando un seno que palpita.
con mano abre lasciva […]
el cáliz de las flores
y a besos mil las liba. Con timidez donosa
de Cloe simplecilla
Salid, salid, zagalas; por los floridos labios
mezclaos a la alegría vaga una afable risa.
común en sueltos bailes
y música festiva. A su zagal incauta
con blandas carrerillas
Venid, que el sol se esconde; se llega, y vergonzosa
las sombras, más benignas, al punto se retira.
dan al pudor un velo
y a amor nueva osadía. Mas ved, ved el delirio
[…] de Anarda en su atrevida
soltura; sus pasiones,
Huye veloz burlando ¡cuán bien con él nos pinta!
Clori del fino Aminta;
torna, se aparta, corre, Sus ojos son centellas,
y así al zagal convida. con cuya llama activa
arde en placer el pecho
¡Con qué expresión y juego de cuantos, ¡ay!, la miran.
de talle y brazos, Silvia,
en amable abandono, […]
su Palemón esquiva!
¡Qué dédalo amoroso!,
De Flora el tierno amante ¡qué lazo aquel que unidas
o la mariposilla, las manos con Menalca
la fresca hierbezuela formó amorosa Lidia!
con pie más tardo pisan.
¡Cuál andan!, ¡cuál se enredan!,
¡Qué ardiente Melibeo ¡cuán vivamente explican
a Celia solicita, su fuego en los halagos,
la apremia con halagos, su calma en las delicias!
y en torno de ella gira!
¡Oh pechos inocentes!,
Pero Dorila, ¡oh cielos!, ¡oh unión!, ¡oh paz sencilla,
¿quién vio tan peregrina que huyendo las ciudades
gracia?, ¿viveza tanta? el campo sólo habitas!
¡Cuál sobre todas brilla!,
¡Ah!, ¡reina entre nosotros
¡qué espalda tan airosa!, por siempre, amable hija
¡qué cuello!, ¡qué expresiva del cielo, acompañada
volverle un tanto sabe del gozo y la alegría!
De mis niñeces – Oda XV

Siendo yo niño tierno, Luego al darle las flores


con la niña Dorila el pecho me latía,
me andaba por la selva y al ella coronarme
cogiendo florecillas, quedábase embebida.

de que alegres guirnaldas, Una tarde tras esto


con gracia peregrina vimos dos tortolitas
para ambos coronarnos, que con trémulos picos
su mano disponía. se halagaban amigas,

Así en niñeces tales y de gozo y deleite,


de juegos y delicias cola y alas caídas,
pasábamos felices centellantes sus ojos,
las horas y los días. desmayadas gemían.

Con ellos poco a poco Alentonos su ejemplo,


la edad corrió de prisa, y entre honestas caricias
y fue de la inocencia nos contamos turbados
saltando la malicia. nuestras dulces fatigas;

Yo no sé; mas, al verme y en un punto, cual sombra


Dorila se reía, voló de nuestra vista
y a mí de sólo hablarla la niñez, mas en torno
también me daba risa. nos dio el Amor sus dichas.

Los besos de amor

Cuando mi blanda Nise y ella entre dulces ayes


lasciva me rodea se mueve más, y alterna
con sus nevados brazos, ternuras y suspiros
y mil veces me besa; con balbuciente lengua;
cuando a mi ardiente boca ora hijito me llama,
su dulce labio aprieta ya que cese me ruega,
tan del placer rendida ya al besarme me muerde,
que casi a hablar no acierta; y moviéndose anhela.
y yo por alentarla Entonces ¡ay! si alguno
corro con mano inquieta contó del mar la arena,
de su nevado vientre cuente, cuente, las glorias
las partes más secretas; en que el amor me anega.

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