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(Julio Cortazar) Axolotl

Este documento describe la fascinación de Julio Cortázar con los axólotl, un tipo de anfibio que observaba en el acuario del Jardín des Plantes en París. Cortázar iba a verlos todos los días y se quedaba horas observando su inmovilidad y sus ojos dorados. Aunque los axólotl parecían inertes, Cortázar sentía que había una conexión entre él y las criaturas, y que sus ojos revelaban una vida diferente. La falta de semejanza entre los axólotl y los humanos le probó a Cort

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(Julio Cortazar) Axolotl

Este documento describe la fascinación de Julio Cortázar con los axólotl, un tipo de anfibio que observaba en el acuario del Jardín des Plantes en París. Cortázar iba a verlos todos los días y se quedaba horas observando su inmovilidad y sus ojos dorados. Aunque los axólotl parecían inertes, Cortázar sentía que había una conexión entre él y las criaturas, y que sus ojos revelaban una vida diferente. La falta de semejanza entre los axólotl y los humanos le probó a Cort

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Prof. Javier Soto Ortega

amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos,


por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto
Axólotl del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África
capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que
continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias.
Julio Cortázar Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son 1
(Argentina, 1914 — 1984) comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa
Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axólotl. Iba a más) como el de hígado de bacalao.
verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas
mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros No quise consultar obras especializadas, pero volví al
movimientos. Ahora soy un axólotl. día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las
mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la
en que París abría su cola de pavo real después de la lenta barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos.
invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y No hay nada de extraño en esto porque desde un primer
L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los momento comprendí que estábamos vinculados, que algo
leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca infinitamente perdido y distante seguía sin embargo
había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera
Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua.
leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los Los axólotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo
acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo
los axólotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la
otra cosa. cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que
En la biblioteca Saint—Geneviève consulté un se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una
diccionario y supe que los axólotl son formas larvales, provistas impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles
de branquias, de una especie de batracios 1 del género aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una
situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla
1
Batracio: anfibio, animal semiacuático, que respira por branquias durante mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en
su primera edad y se hace aéreo y respira por pulmones en su estado adulto.
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las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas,
pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.
de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible
Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la
de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente
primera vez que vi a los axólotl. Oscuramente me pareció
que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron
comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo
las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, 2
con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la
en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus
contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las
ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente
piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la
de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando,
simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de
dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del
evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras.
punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un
Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los
delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la
restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple
carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular
estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los
pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total
ojos de los axólotl me decían de la presencia de una vida
semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca
diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a
estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de
veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los
perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina
diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente
hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de
lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el
la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres
dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor
ramitas rojas como de coral, una excrecencia 2 vegetal, las
reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce,
branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o
terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad
quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y
insondable que me daba vértigo.
volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía
los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto,
que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan antes de ser un axólotl. Lo supe el día en que me acerqué a
mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos3 de un mono

2
Excrecencia: protuberancia, inflamación, apéndice. 3
Antropomórfico: que se asemeja a la apariencia del ser humano.
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revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué
de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los imagen esperaba su hora?
axólotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era
Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad
válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las
de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a
manecitas… Pero una lagartija tiene también manos así, y en
quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me
nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axólotl, 3
decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco
esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y
desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me
sabía. Eso reclamaba. No eran animales.
devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro.
Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé Lejos del acuario no hacía más que pensar en ellos, era como si
viendo en los axólotl una metamorfosis que no conseguía me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche
anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando
esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro.
abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para
diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente ellos indefinidamente. Los ojos de los axólotl no tienen
lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». párpados.
Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía
pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de
que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el
pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En
reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo
ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían,
alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el
captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus
fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado,
vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había
un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los
encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axólotl
axólotl. No era posible que una expresión tan terrible que
eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces.
alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de
Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa
piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa
en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir
condena eterna, de ese infierno líquido que padecían.
máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas
Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad
proyectaba en los axólotl una conciencia inexistente. Ellos y yo
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sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la
Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban cara del hombre pegada al acuario.
una vez más de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa
y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axólotl inmóvil
semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue
junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el
bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por
vidrio, en vez del axólotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera 4
nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que
del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se
hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al
apartó y yo comprendí.
principio continuamos comunicados, que él se sentía más que
Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes
saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es
horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi ahora un axólotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al
cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios principio yo era capaz de volver en cierto modo a él —ah, sólo
apretados por el esfuerzo de comprender a los axólotl. Yo era en cierto modo—, y mantener alerta su deseo de conocernos
un axólotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna mejor. Ahora soy definitivamente un axólotl, y si pienso como
comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su un hombre es sólo porque todo axólotl piensa como un hombre
pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto
Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axólotl y estaba en alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era
mi mundo. El horror venía —lo supe en el mismo momento— todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me
de creerme prisionero en un cuerpo de axólotl, transmigrado a consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros,
él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axólotl, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los
condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. axólotl.
Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara,
cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axólotl junto a mí
que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación
posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos
nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión,
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