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Patrimonio Provincial

Este documento presenta un resumen de la monografía "Nuestra Señora de la Candelaria, ruinas jesuíticas de la Compañía de Jesús. Contextualización, formación y estructuración". Explica brevemente el modelo de reducciones jesuíticas, su génesis y el papel de las encomiendas. Luego contextualiza la fundación de la reducción Nuestra Señora de la Candelaria y describe su trazado urbano original, estado actual de las ruinas y función como centro administrativo. Por último, aborda la etapa posterior

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Patrimonio Provincial

Este documento presenta un resumen de la monografía "Nuestra Señora de la Candelaria, ruinas jesuíticas de la Compañía de Jesús. Contextualización, formación y estructuración". Explica brevemente el modelo de reducciones jesuíticas, su génesis y el papel de las encomiendas. Luego contextualiza la fundación de la reducción Nuestra Señora de la Candelaria y describe su trazado urbano original, estado actual de las ruinas y función como centro administrativo. Por último, aborda la etapa posterior

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MONOGRAFÍA

“NUESTRA SEÑORA DE LA CANDELARIA”, RUINAS


JESUÍTICAS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
CONTEXTUALIZACIÓN, FORMACIÓN Y
ESTRUCTURACIÓN.

PROFESOR DE LA CATEDRA:

PIRIZ, MIRTA GLADIS

ADSCRIPTO A LA CATEDRA:

LEAL. GABRIEL H.

AUTORES:

AGUIRRE, SIRENE CRISTINA

LOVATO, BRENDA MICAELA

UNIVERSIDAD DE MISIONES

FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIA SOCIALES

DEPARTAMENTO DE HISTORIA

CÁTEDRA ARCHIVÍSTICA

DICIEMBRE DE 2020
Contenido
Prefacio................................................................................................................................................................................ 3
El modelo reduccional................................................................................................................................................... 4
La génesis............................................................................................................................................................................ 4
La encomienda el inicio del accionar de las ó rdenes religiosas....................................................................5
Reducciò n Nuestra Señ ora de la Candelaria: aproximaciones a la fundació n.........................................7
Trazado urbano................................................................................................................................................................ 8
Arquitectura de las Ruinas:..................................................................................................................................... 8
Esquema bá sico de la Reducció n:......................................................................................................................... 9
Estado actual de las ruinas :................................................................................................................................. 10
Observatorio astronó mico :.................................................................................................................................. 10
Papel preponderante como epicentro administrativo................................................................................... 10
Etapa Post-jesuítica...................................................................................................................................................... 11
Conclusió n........................................................................................................................................................................ 13
Prefacio

En la presente investigación abordaremos el modelo reduccional en términos generales con


el objetivo de contextualizar el proceso histórico que da como resultado las actuales ruinas
de la Reducción Jesuítica de Nuestra Señora de la Candelaria, hoy en día declarado lugar
Histórico Nacional, que será nuestro tema específico.

La razón que motivó la elección de este tema fue la firme creencia que los sitios Jesuíticos
Guaraníes ocupan un lugar transversal dentro de la construcción de nuestra identidad
cultural, constituyen una de las mayores riquezas al componer gran parte del proceso
histórico de nuestra provincia y los sucesos relacionados con el modelo reduccional son
claves para entender de dónde venimos y de esa manera proyectar hacia dónde vamos.

Por otro lado, la elección de “La Reducción Jesuítica Nuestra Señora de la Candelaria” en
particular, fue un reto debido a la escasez de información y esta situación nos lleva a
plantearnos como futuros historiadores, la deuda en alguna medida tenemos con las
historias de los pueblos en su especificidad. Ahora bien, la finalidad de este trabajo es
describir los distintos ámbitos en los que se logró un avance en relación el conocimiento de
esta reducción jesuítica.
El modelo reduccional

Las misiones jesuíticas guaraníes constituyen una experiencia religiosa, sociológica,


económica, territorial y política original. En cuanto tal es también un ejemplo de
planeamiento territorial a gran escala.

Es fundamental destacar que su realización sólo fue posible en el marco de la acción


colonizadora española, por las especiales concepciones éticas y humanísticas que la
caracterizaron y que contrastan vivamente con el proceso ocupacional de América por parte
de ingleses y holandeses, basado fundamentalmente en el lucro crematístico. Un ejemplo
de esto es el fenómeno particular del mestizaje que caracteriza a toda América hispana, y
manifiesta una particular concepción del encuentro de dos culturas diversas.

La génesis

El proyecto tiene relación directa con la decisión política y está a su vez con la cosmovisión
y los valores que influencian la acción en los encargados de tomar las decisiones. Las
misiones jesuíticas guaraníes, en este sentido, se comprenden en el contexto de las
condiciones impuestas por la Iglesia católica y España, país defensor del catolicismo, con
relación a los aborígenes americanos.

La Bula emitida 4 de mayo de 1493 por el Papa Alejandro VI, ordenaba al rey a enviar a
tierras americanas “hombres doctos, sabios y expertos, para que instruyan a los susodichos
naturales y moradores en la fe católica y les enseñen buenas costumbres”. Por su parte
España destaca claramente la necesidad de evangelizar al aborigen y establece la igualdad
jurídica de españoles e indígenas basadas en el concepto evangélico de fraternidad
universal. En este sentido, la Real Cédula de Carlos V, fechada en Granada el 17 de
noviembre de 1526 y reafirmada por Felipe IV un siglo después, declara sobre los
aborígenes que: “al atraerlos a nuestro señorío fuesen tratados, favorecidos y defendidos
como los otros nuestros súbditos y vasallos del territorio español”.

Según los dictámenes reales el buen trato de los aborígenes debía ser el tono entre los
colonizadores, así lo destacan claramente las Instrucciones a los adelantados “Proveeréis
que los que ansí poblaren, procuren paz y amistad con los Indios que en aquella tierra
moraren, haciéndoles buenos tratamientos y obras…, procuraréis con gran diligencia que
los españoles no hagan a los indios ninguna injuria, fuerza ni den herida, ni hagan otro mal,
ni les toman sus haciendas, sino que les hagan todo buen tratamiento”.
Ahora bien, la distancia entre la metrópolis y las colonias hacían imposible llevar un estricto
control sobre las mismas y en ese momento es donde la difería en gran medida de la
práctica.

La encomienda el inicio del accionar de las órdenes religiosas

Cada una de las órdenes religiosas comenzó su labor con su método particular como guía
con marcadas diferencias entre sí. Los franciscanos accionaron en 1590 en la gobernación
del Tucumán con la figura de San Francisco Solano. Los mercedarios se establecieron a
partir del año 1599 y los dominicos en 1724.

En 1585 llegan los jesuitas a Córdoba desde Lima, donde se instalaron desde 1568 y dos
años más tarde a Santa Fe. En 1587 se establecen en la provincia del Paraguay que
comprendía los territorios de ésa actual república, el norte de Chile y las provincias de
Tucumán y el Río de la Plata. En febrero de 1579 es favorecida la Compañía con una Real
Cédula de Felipe II por la cual ordena “introducir a la religión de la Compañía en las
provincias del Tucumán y Río de la Plata desde el Perú.

En el análisis de las formas que adquieren las relaciones de producción en la época


colonial, es evidente que se pueden visualizar dos procesos contradictorios frente a la
comunidad indígena: uno de ruptura y destrucción de esa comunidad y otro, que podemos
llamar centrípeto, en el cual se “protege” la existencia de la comunidad indígena.

En realidad, estos dos movimientos conviven durante la mayor parte de la era colonial y su
realidad contradictoria constituye todo un capítulo de la historia de nuestras formaciones
sociales.

Con las encomiendas nacen los primeros pueblos de indios, es decir, la fijación-control de la
primitiva aldea guaraní. La reducción era un asentamiento urbano-rural estable constituido
por indígenas con un gobierno civil a cargo de los mismos aborígenes y el gobierno
espiritual encomendado a un misionero.

Ahora bien, la reducción como institución de control de la mano de obra indígena, es


anterior a las primeras misiones fundadas por los padres de la Compañía de Jesús en por lo
menos unos treinta años. Particularmente la reducción reviste importancia desde el punto
de vista de la organización territorial.

La población debía estar conformada exclusivamente con indígenas. La Real Cédula 21,
Título 3º, del Libro VI prohibía la radicación, en ciudades aborígenes de todo otro tipo de
personas no eclesiásticos, medida inspirada sin dudas en un intento de protección de los
naturales como se desprende del texto de la citada Ley: “Por diferentes cédulas de los
señores reyes mis predecesores, está prohibido que en las reducciones y pueblos de indios
puedan vivir o vivan españoles, negros, mulatos o mestizos porque se ha experimentado
que algunos españoles que tratan, trajinan, viven y andan entre los indios son hombres
inquietos, de mal vivir, ladrones, jugadores, viciosos y gente perdida y por ver a los indios
de ser agraviados dejen sus pueblos y provincias y los negros, mestizos y mulatos, además
de tratarlos mal se sirvan de ellos, enseñen sus malas costumbres y ociosidad y también
algunos excesos y vicios que podrían estragar y pervertir el fruto que se desea en orden a
su salvación, aumento y virtud”.

Este texto fundamentó la estructuración sociológica de las ciudades jesuíticas, pero con el
tiempo favorecieron el aislamiento de las comunidades aborígenes.

El régimen de encomiendas, que tuvo en el Virreinato del Perú un desarrollo acorde a las
directivas reales, fue desvirtuado en el Paraguay donde desarrolló características y
condiciones que aún prohibidas por la legislación, conservaban su vigencia en esta última
región. Debido a la carencia de recursos mineros, el tributo que los indígenas debían pagar
a sus encomenderos en compensación de sus cuidados, se constituyó en trabajo personal.
Y como además dicho tributo no había sido cuantificado o establecido, el trabajo personal
se convirtió en una prestación indefinida y gravosa a voluntad del encomendero, dando
lugar a injusticias llegando a constituir una auténtica servidumbre indígena de por vida:
“aunque reglamentada y privada de sus alcances iniciales, la encomienda paraguaya era, a
principios del siglo XVII un régimen anacrónico y opresivo para la sociedad guaraní”.

“Los jesuitas y en particular sus provinciales habían tenido oportunidad de pronunciarse en


ese sentido. Diego de Torres lo había descrito crudamente en su carta de 1603 y más tarde
en su “Instrucción para las conciencias de los encomenderos”, texto de moral práctica
donde explicaba como enmendar los abusos de este servicio personal por parte de quienes
los disfrutaban y en 1610 otro jesuita de Asunción, el padre Diego González, volvió sobre el
tema al contraponer la práctica de la encomienda peruana y paraguaya”.

La intención de remediar estos abusos dio origen a las ciudades jesuíticas. La primera
misión tuvo como destinataria la zona ubicada al sudeste del Paraguay, entre los ríos
Tebicuray y el Paraná. Después de no pocas dificultades se fundó la reducción de San
Ignacio del Paraná conocida más como San Ignacio Guazú. La expansión se desarrolló
hacia la zona conocida como el Guairá, en el sur de Brasil, por entonces territorio indefinido
entre Portugal y España, allí se fundaron San Ignacio Itaumbuzú y Nuestra Señora de
Loreto del Pirapó (Mano de piedra en guaraní) en 1610. La acción de los jesuitas no tardó
en despertar rispideces entre los encomenderos que veían en la mano de obra indígena la
única vía para enriquecerse. Fue así que en pocos años y desde el ámbito portugués una
serie de expediciones armadas dirigieron sus pasos hacia las reducciones guaraníes. El
ciclo de las “bandeiras” paulistas fue particularmente intenso entre los años 1628 y 1640. La
palabra “bandeira” significa en portugués formación militar y sus componentes podían ser
tanto militares regulares o meros particulares encuadrados en esa formación para ocupar el
territorio. Tuvieron su origen en la ciudad de San Pablo, centro entonces de aventureros y
piratas.

La necesidad de mano de obra esclava y la caída de la entrada de africanos producida por


la invasión holandesa en Bahía (1630-1654) dio lugar a que el gobierno portugués
autorizara excursiones de robo y captura de guaraníes para su venta a los ingenios
azucareros del litoral brasileño.

Reducción Nuestra Señora de la Candelaria: aproximaciones a la fundación

La reducción jesuítica de Candelaria fue fundada por el Padre Pedro Romero a principios de
1628, en Caazapaminì. La Carta Latina de Candelaria, documento que data de comienzos
de 1627 refiere: “se fundó en el Caazapaminì en frente del pueblo que es ahora de S. Luis.
El pueblo de Candelaria tomó el nombre de la Candelaria porque se fundó el 2 de febrero”.

El Padre Nicolás Mastrilli considera la fundación como el traslado del frustrado intento del
1627 a orillas Ibicuy al hacer alusión a una carta del Padre Roque González: “Por esta
carta…se entiende el estado de esta provincia y el origen que tuvo que mudarse esta
reducción de Nuestra Señora de la Candelaria, de donde la primera vez se fundó, a otro
puesto que ahora tiene”.

Estos dos actos fundacionales a los cuales se hacen referencia en 1627 y 1628, ha sido la
causa del error que se menciona en la “Carta Latina” de 1736 dando a entender que la
fundación de Candelaria de Caazapaminì tuvo lugar el 2 de febrero de 1627. Por otro lado,
tampoco fue la fundación del Ibicuy la primera Candelaria de los Guaraníes, pues existió
otra fundada por el Padre Gonzalez de Santa Cruz a principio de 1616 en el sitio
denominado Yaguapocha, a seis leguas de Itapuá y un paso obligado que facilitaba la
comunicación de las dos residencias de la Asunción y San Ignacio.

Los avances bandeirantes a fines 1636 en la zona de Tape representaron una amenaza
para los pueblos situados en los márgenes de los rio Piratini e Iyuì, si bien se encontraban
alejados de las más expuestas avanzadas de los pinares y del valle Igay.
Los habitantes de Caazapaminì huyeron con rapidez hacia el Paraná en 1637 junto a los
pobladores Caaroò. Este suceso produjo una repercusión en la organización de las
misiones guaraníes y en el Gobierno, pues a partir del mismo se replegaron hacia una zona
más resguardada entre los grandes rio Uruguay y Paraná. La desaprobación de esta
estrategia por parte del Provincial Diego de Boroa, sumado a la presión externa imposibilito
la derrota de los Paulistas en 1641 en la Batalla de Mbororé e impuso una nueva
concepción de las Misiones Jesuíticas.

Caazapaminì en ese momento una sede estable al ser abandona a pesar de su prosperidad
marca el cierre de la etapa de los pioneros y el comienzo de ese estado dentro del estado
denominado por algunos historiadores como “Imperio Jesuítico” o “Republica de guaraníes”.

A partir de 1627 los habitantes de Candelaria de Caazapaminì quedaron a inmediaciones de


Encarnación con una localización más idónea para sostener la relevante función que había
tenido y que segura sosteniendo como sede de la administración religiosa y temporal de la
extensa región.

Al poco tiempo de llegar al Paraná constituyeron un nuevo pueblo del lado la actual
República del Paraguay, frente a Candelaria.

Posteriormente se situarían en lo que hoy es la Provincia de Misiones en un asentamiento


provisorio desde el cual construyeron lo que sería el núcleo urbano definitivo que hoy
representan las ruinas que se pueden apreciar parcialmente en la actualidad. Estos tres
sitios, muy cercanos entre sí, situaron a Candelaria en el punto donde el Paraná deja su
estrecho cause para transformarse en rio de llanura, en la intercepción de vía fluvial y el
camino natural que conducía a los pueblos del Uruguay.

Trazado urbano

Arquitectura de las Ruinas:

El diseño que corresponde a esta Reducción fue el habitual: residencia y talleres a un lado
del templo, el cementerio y Cotiguazu del lado opuesto, y una amplia huerta que se
extendía en la ladera que baja al río. Las particularidades del trazado urbano de Candelaria
se encuentran en primer lugar en su orientación, ya que la vivienda y la plaza,
habitualmente al norte de los edificios principales, fueron dispuestas al sur. Esta orientación
es opuesta a otros pueblos de similar trazado como Santa Ana, San Ignacio mini, Corpus,
Apóstoles, por citar solamente lo de Misiones; estos tenían la huerta al sur y las viviendas al
norte.
De este modo, desde lo alto de la residencia de Candelaria se dominaba el rio y su
magnífico panorama. Los grandes edificios en lo que dominaban el templo y la larga tira de
la residencia de cuyas dimensiones hoy nos dan ideas la ruinas, estaban en lo más alto y
próximo al rio. Las dependencias de la administración general fueron dispuestas en una
segunda planta sobre los talleres y su galería, era también de planta alta. A pesar de sus
funciones diferentes, el “casco” de Candelaria era similar al de los otros pueblos.

El P. Jaime Oliver nos permite tener una idea de lo que fue la iglesia de Candelaria en
1.768: “… tenía tres naves… con 16 columnas, bien adornadas y en cada una, una hermosa
estatua de cuerpo entero: el pulpito de jaspe, y talla dorada; el retablo mayor bien dorado, y
de hermosa echura con 6 estatuas de cuerpo entero. Los 4 altares colaterales son buenos,
y dorados con sus respectivas estatuas, y todo el cuerpo de la iglesia bien adornada de
pinturas…”.

La organización territorial de la Misión Jesuítica de Nuestra Señora de la Candelaria fue


destruida en 1665 por los indígenas a la que se ajustaban, en líneas generales, los
restantes pueblos guaraníes en la provincia jesuítica de Paraguay.

Esquema básico de la Reducción:

- Plaza: constituía el núcleo central de la Reducción y su organización cívica y religiosa

- Templo: con rasgos del período barroco y creada por el arquitecto Hermano Coadjutor
José Brasanelli, ha sido reconocida como una de las Iglesias más elaboradas de las
Reducciones en Misiones.

- Colegio o Residencia: era el lugar de vivienda de los Padres Jesuitas

- Cotyguazú: constituía el lugar donde se cobijaba a las viudas, los huérfanos y los
desvalidos

- Cementerio: con su capilla propia, estaba subdividido en sectores segun el sexo del
fallecido (hombre - mujer, niño - niña)

- Huerta: situada en torno a la iglesia y colegio, su producción era abundante con el objetivo
de poder sustentar las necesidades de la Reducción en su totalidad

- Viviendas: el lugar de descanso de los indígenas guaraníes estaba constituido alrededor


de la plaza y en hileras, constituyendo "manzanas''.
Estado actual de las ruinas:

Actualmente, la unidad penal 17 de Candelaria, perteneciente al Servicio Penitenciario


Federal obra de custodio de la histórica edificación que correspondió a los talleres de la
comunidad jesuítico-guaraní que habitó allí hace más de 400 años. Debido a la falta de
adecuado mantenimiento, las paredes sufrieron un grave deterioro, al punto que una de
ellas se derrumbó en febrero del 2018, después que una tormenta azotó la zona. Este
hecho había sido preanunciado por los equipos técnicos que realizaron estudios en el lugar.

Los trabajos también señalaron que el peligro de más derrumbes sigue latente y
aumentando y éstos serán inevitables si no se toman acciones concretas y urgentes para
realizar los trabajos de contención de lo que aún queda en pie.

Observatorio astronómico:

El inventario de Candelaria correspondiente a 1768 da cuenta de restos del observatorio


astronómico construido por el jesuita santafesino Buenaventura Suárez, en San Cosme.
Esto se debe a que ambas reducciones se habían fusionado entre 1665 y 1718 y la última
permaneció hasta 1740, en el actual departamento de Candelaria. La capital misionera era
reservorio de una peculiar producción de ciencia y tecnología.

Papel preponderante como epicentro administrativo

Candelaria representaba el lugar del poder, pues el Superior de todos los pueblos residía
allí. Cuando este recibía la visita del Padre Provincial, que tenía su sede en Córdoba, se
ponía al día con las determinaciones que había asumido últimamente la Compañía de
Jesús.

Según Cardiel, el Superior no residía por periodos muy extensos en la capital debido a que
habitaba en medio de los pueblos, en Nuestra Señora de la Candelaria, pero de igual
manera, constantemente visitaba los pueblos, controlando que todos cumplieran con sus
obligaciones.

Debido al papel fundamental que cumplía Candelaria como centro de poder, en 1.696
comenzó a fijar su morada allí el denominado Medico del Rio Paraná, que cumplía un rol
fundamental como médico general en toda la región paranaense.

Durante el denominado periodo hispánico, alterno con Yapeyú el tirulo de capital de los
pueblos misioneros. Tenientes de gobernadores y gobernadores interinos fueron delineando
desde su seno, una historia administrativa y política con diversos altibajos.
Etapa Post-jesuítica

Luego de la expulsión de los Jesuitas en 1767, de forma inmediata el gobernador Buscarelli


instauro en Candelaria el Gobierno del capitán Francisco de la Riva Herrera. Su jurisdicción
estaba dada sobre todos los pueblos del Paraná, así como San Carlos, San José,
Apóstoles, Mártires, Concepción, Santa María la mayor y San Javier.

Posterior a la renuncia de Riva Herrara y al cumplir el interinato de Añazco, el gobierno


unificado de las misiones recayó en Francisco Bruno de Zabala y fue subdividido en cuatro
departamentos. Candelaria siguió encabezando uno de ellos, pero su jurisdicción se vio
limitada por la creación del departamento de Santiago, perteneciente a los pueblos
conocidos como “del Paraná abajo”.

La reorganización del virrey Vertìz separo de Candelaria a los pueblos del Uruguay con los
que se formó el departamento de Concepción.

A pesar de la creación de la gobernación de Misiones con dependencia a la de Buenos


Aires y Asunción, no se logró el propósito de recuperar a los pueblos fundados por los
Jesuitas.

La designación del gobernador de Misiones, Bernardo de Velazco, como titular del


Paraguay y su negativa en adherir a la Junta de Mayo dio lugar a designación de Tomas de
Rocamora.

Los cabildante y caciques gobernados por Rocamora reconocieron y declararon obediencia


a la Junta de Buenos Aires, no incorporándose a los pueblos del departamento de
Concepción que aún eran controlados por lugartenientes de Velazco. Tiempo después,
tropas paraguayas se internaron al sur de Paraná. Rocamora pidió ayuda a la junta de
Buenos Aires, la cual envió a Manuel Belgrano. Este cruzo el rio Paraná con su ejército;
vencido en Campichuelo, fue derrotado al internarse en el Paraguay y dio en Tacuarí su
reglamento provisional para la reorganización de Misiones. Al retirarse tropas paraguayas
ocuparon nuevamente candelaria hasta que fue reconquistada por Andresito.

Mientras tanto Gervasio de Posadas decretaba en 1814 la incorporación de Misiones a


Corrientes. Fijando en Candelaria la sede del Gobernado Intendente en tiempos de guerra,
medida que no llego hacerse efectiva.
Andresito instalo allí su gobierno durante un año entre 1815 y 1816. Mientras contenía a los
portugueses en los pueblos de Uruguay, finalmente saqueados e incendiados por las
partidas de Chagas, el gobierno paraguayo ordenaba la destrucción de las misiones de la
margen izquierda del rio Paraná, y la internación de sus pobladores en el Paraguay.

Juan Robertson dejo un testimonio acerca de la destrucción pues había visitado los pueblos
desde San Ignacio Guazú hasta Candelaria, detallando la situación lamentable en la que
estos se encontraban en comparación con el esplendor que estos habían conocido:
“Candelaria bajo los Jesuitas tenían tres mil y seiscientos habitantes a la sazón disminuidos
a setecientos. Había un templo esplendido ricamente adornado, un amplio colegio, ancho
jardines y extensas chacras de su vecindad. La iglesia estaba cayéndose; la lluvia se
derramaba por los agujeros del techo; los muros roídos, y aun el altar disimulado por un
lienzo. No habiendo sido blanqueado durante años, los muros se hallaban no solamente
gastados si no negros. De su parte con humedad, en intervalos no muy separados, surgía
moho verde, formado un suelo de que colgaban ortigas y otros yuyos dañinos. El colegio se
encontraba casi lo mismo; y lo que había sido patio enladrillado estaba tan completamente
cubierto con pasto y yuyos que no se descubría huella de su piso primitivo. Se hallaban
torcidas, algunas inclinándose a un lado, otras a otro y todas indicando la apurada intención
de depositar sus huesos y polvo en el seno de la Madre Tierra, junto a la morada que ya
había enmohecido para caer”. (J.P y N. Robertson: “La Argentina en los primeros años de la
revolución”).
Conclusión

En base a la investigación realizada podemos destacar que el éxito del modelo reduccional
de “La compañía de Jesús” en particular se debió al contexto mismo en el cual, la reducción
pasaba a ser un oasis en medio de un sistema donde su fuerza de trabajo era desde la
perspectiva de los españoles, la principal forma de riqueza del momento, que posibilitaría no
solo su permanencia en la zona sino también su enriquecimiento a través del sistema de
encomienda. Esta situación explicaría el éxito de esta orden en comparación a otros
modelos, pues la protección de los aborígenes por parte de la misma, la diferencia. La
reducción como institución, tal y como pudimos comprobar, ya existía como forma de
control, pero en los otros casos coexisto con el sistema de encomienda, no interviniendo en
los objetivos de los encomenderos y sus abusos.

Por otro lado, esta realidad protección del aborigen dentro de los pueblos, también influyo
en situaciones posteriores, como los ataques que sufrieron los mismos, en manos de
españoles y portugueses (bandeirantes) y que a su vez sería la razón de los
desplazamientos que originaron las refundaciones de los pueblos en el actual territorio
misionero.

Otro aspecto a destacar es la escasa información que hay sobre las Ruinas Jesuíticas
Nuestra Señora de Candelaria y de otros pueblos, lo cual nos deja ver, que las mismas son
estudiadas en su conjunto, pero no en sus individualidades, a pesar de constituir un
patrimonio Histórico Nacional. Si bien, las excavaciones arqueológicas provinciales iniciaron
en Candelaria, estos proyectos no continuaron, al igual que en otros pueblos, como Santa
Ana por citar un ejemplo.

En base a estos puntos, llegamos a la conclusión de que es fundamental plantearnos la


necesidad de revalorizar estos espacios que aún no se han analizado en profundidad y que
forman parte importante de nuestro pasado; esa es nuestra tarea como historiadores y
como docentes, poner el foco en nuestra historia regional; nuestro enfoque historiográfico
debe ser darles voz a los actores que no se encuentran plasmados en los documentos
oficiales, leer entre líneas.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

 Bueseck, E. (2018). Candelaria: el predio de la reducción jesuítica pasará a manos


de la comuna. El territorio.
[Link]
la-reduccion-jesuitica-pasara-a-manos-de-la-comuna
 Cambas, G. (2005) “La capital Olvidada”
 Heguy, S. (2012). “Misiones, Jesuitas y Guaranies, una experiencia unica”
 Levinton, L. y Snihur, E. (2015) “Misiones, Territorio de Fronteras (1609-1859).
Entidad Binacional Yacyreta.
 Maeder, E. “Aproximación a las Misiones Guaranicitas
 Ramos, R. (1929). “Apuntes históricos sobre Misiones”. Madrid
 Rolon, A. “Conjuntos Jesuíticos de Guaranies en la Provincia de Misiones”. Dirección
General de cultura de la Provincia de Misiones.
 Rovira, B. (1989). Arqueología Histórica del Conjunto Jesuítico de Nuestra Señora
de la Candelaria, provincia de Misiones (tesis doctoral). Universidad Nacional de La
Plata, Argentina

ANEXO

Figura 1: Regiones de fundación de Misiones Jesuíticas.


Figura 2: observatorio astronómico en Candelaria
Figura 3: Misión Jesuítica Nuestra Señora de la Candelaria: (I) Iglesia, cementerio (II) y
la casa parroquial (III); adosadas a estas estaban las oficinas del pueblo (IV). En el
ángulo opuesto el Cotyguazú destinado a las viudas y doncellas huérfanas (VI). Ante
la iglesia había una plaza (VII) con monumento en el centro (VIII) y generalmente con
cuatro cruces en los ángulos. En la parte opuesta a la entrada de la iglesia había dos
capillitas (IX). Alrededor de la plaza se levantaban las casas, todas poco más o menos
iguales, agrupadas en manzanas. Peramás, J.M. (1946) [1763]

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