El credo es un dogma de fe
Un dogma es una verdad que pertenece al campo de la moral y la fe que ha sido
revelada por Dios, transmitida desde los apóstoles a través de las Escrituras, la
tradición, y propuesta por la iglesia para su aceptación por parte de los fieles. Un
dogma es una verdad revelada
Fe viene del latín fides y significa confianza, fe; es la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve, Hb 11,1
“CREO, CREEMOS”
La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo
tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida. Quien
dice “Yo creo,”, dice “Yo me adhiero a lo que nosotros creemos
Los símbolos de la fe que se conocen son:
El Símbolo apostólico: el mas antiguo, son las verdades de la fe transmitidas por los
apóstoles de Jesucristo. Que constituye por así decirlo “el más antiguo catecismo
romano”
El símbolo de Nicea-Constantinopla: son las mismas verdades autorizadas y
explicadas en los dos primeros Concilios Ecuménicos: Nicea (325) y Constantinopla
(381)
El Credo del Pueblo de Dios: son las mismas verdades, con expresiones renovadas
en el Concilio Vaticano II (1968).
La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe.
La primera profesión de fe se hace en el Bautismo, puesto que el Bautismo es dado “en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” en el caso de Bautismo de niños, es a
través de sus Padres y Padrinos.
CREO EN UN SOLO DIOS
la Revelación
La revelación es, ante todo, la manifestación y comunicación personal de Dios mismo, que
ha querido darse a conocer al ser humano y comunicarle sus sentimientos e intenciones
en una historia concreta. Dios ha querido darnos a conocer su intimidad, su ser trinitario:
Dios se revela como Padre que comunica su designio salvador en el Hijo por el Espíritu
Santo.
“Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio
de su voluntad (Cfr. Ef 1,9); por Cristo, la Palabra hecha carne y con el Espíritu Santo,
pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina” (Concilio
Vaticano II, Dei Verbum, 2)
Atributos de Dios
Desde la revelación de su nombre a Israel hasta la revelación del Dios-Amor en Jesucristo,
la Sagrada Escritura va desgranando y presentándonos todos los atributos de Dios.
Lo conoce y lo sabe todo: omnipresente y omnisciente
Lo puede todo, pero su omnipotencia no consiste en coaccionar o en oprimir,
sino en defender los derechos del hombre contra la injusticia u opresión, porque es
el Dios Justo que cumple siempre sus promesas por ser fiel y veraz.
Se vuelve hacia los pequeños, pobres, huérfanos y viudas.
Perdona los pecados e infidelidades, porque es un Dios de bondad y
misericordia.
Su amor y su justicia no se oponen entre sí, pues si por amor Dios acepta
incondicionalmente al hombre, este amor incluye la justicia por la que Dios hace
justo al hombre pecador.
• El Señor es la roca, la fortaleza (Cfr. Sal 18)
• Es único e incomparable (Is 49,18)
• Trasciende todo lo humano y terreno, por eso es “El Señor” de los señores
(Sal 8,2)
• Es un Dios Santo, porque está más allá del mundo y de lo creado; su
gloria llena la tierra (Is 6,3)
• Elohim el fuerte divino Gn1.1
• Adonai Ex 4;10,13
• Elyon es decir el altisimo, el mas fuerte Is14;20
• El Roi el fuerte que ve Gn16;13
• Shaddai todopoderoso Gn17;1
• Olam dios eterno Is 40;20
• Yahve Señor Yo soy Ex 3:13,14
• El alfa y omega
• Padre creador
Yahvé, el Dios de Israel, es un Dios vivo, que ve la miseria del hombre (misericordioso),
escucha sus clamores (paciente y clemente), se interesa por su vida (bueno y justo), le
guía y salva (fiel), abriendo la vida y el camino del pueblo a una nueva historia.
1. Que significa DIOS, CREADOR
Los cristianos, cuando confesamos que Dios es creador, queremos afirmar que:
El mundo no es fruto del azar, Dios lo ha creado, elegido y amado . “Porque tu has
creado el universo, por tu voluntad, no existía y fue creado” ( Apoc. 4,11)
En la palabra creadora de Dios se funda la verdad y el sentido de lo creado. “Todo lo
creaste con tu palabra” (Sb 9,1)
Las cosas proceden de la bondad de Dios y participan de ella “Y vio Dios que era
bueno”
Dios crea con plena soberanía. “Y dijo Dios...hágase...y fue hecho” por eso, para
expresar el carácter único de la creación de Dios, la Sagrada Escritura y la doctrina de
la Iglesia hablan de la creación de “la nada”.
El primer sentido de la creación, es para la gloria de Dios y como la gloria de Dios es
la gloria de su amor, la gloria de Dios es la salvación del hombre.
La fe en Dios creador no incluye solamente el acto de la creación realizado una vez para
siempre. Esta incluye, al mismo tiempo, la conservación del mundo por parte de Dios.
En la conservación del mundo, el acto de la creación se hace siempre presente: Dios lo
cuida todo, lo sostiene todo, da vida a todo. Sin la continua conservación de Dios, el
mundo, las cosas, volverían a la nada. El soplo de su Espíritu rodea y penetra las
criaturas, las sostiene y las hace vivir.
CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA
En la Sagrada Escritura, la expresión “cielo y tierra” significa todo lo que existe, la creación
entera: las criaturas espirituales y corporales. Y para determinar y concretar el sentido de
estas palabras, el credo las interpreta diciendo: “de todo lo visible e invisible”.
Cuando decimos lo visible nos referimos la tierra (montañas, océanos, hombre), y cuando
decimos que Dios ha creado el cielo (invisible) afirmamos
La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama
habitualmente ángeles, es una verdad de fe y cuando el credo afirma que Dios creó el
cielo, se refiere también a estos seres que están especialmente cerca de Dios y le
glorifican perpetuamente.
Los ángeles son:
seres espirituales, no son materia, por lo tanto son inmortales
Tienen inteligencia y libre voluntad, muy superior al hombre
Viven en sociedad, se dividen en órdenes y grados (ángeles, arcángeles querubines,
serafines, tronos, dominaciones, principados y potestades.)
Su misión: celebración de la Gloria de Dios. (Sal 148). Toman parte del gobierno
de Dios sobre la creación.
Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque “contemplan constantemente
el rostro de mi Padre que está en los Cielos” ( Mt 18,10). Son “agentes de sus
órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103,20).
Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el Hijo
del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles” (Mt 25,31). Le
pertenecen porque fueron creador por y para Él” (Col. 1,16).
Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, encontramos a los
angeles, anunciando de lejos o de cerca, la salvación y sirviendo al designio divino de su
realización: cierran el paraíso terrenal (Cfr. Gn 3,24). Protegen a Lot (Cfr. Gn 19), salvan
a Agar y a su hijo (Cfr. Gn 21,17), detienen la mano de Abraham (Cfr. Gn 22,11) anuncian
nacimientos (Cfr. Jc. 13) y vocaciones (Cfr. Is 6,6), asisten a los profetas (Cfr. 1 R 19,5).
Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y del mismo Jesús.
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.
En los relatos de la creación el hombre aparece como culminación de la creación y como
centro de la misma.
El hombre, imagen de Dios
El primer relato de Génesis afirma que Dios creó al hombre a “su imagen y semejanza”.
pero ¿en que consiste esta imagen y semejanza?
Significa que el hombre es constituido como señor de la tierra y de los demás seres vivos;
que ha de cuidarla y servirse de ella, que es el “administrador” del dominio de Dios en la
tierra; que se distingue por su alma espiritual, está dotado de razón y voluntad libres.
Dos consecuencias prácticas se pueden deducir de la creación del hombre como imagen y
semejanza de Dios:
La dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la dignidad del hombre
ante los hombres; y es también la razón última de la igualdad y fraternidad de
todos los hombres. Por eso la vida del hombre es sagrada e inviolable, porque en
el rostro de cada hombre hay un destello de la gloria de Dios. Solo Dios es el
señor de la vida y de la muerte.
De la dignidad del hombre ante Dios se sigue la dignidad del hombre ante sí
mismo, el derecho y el deber de la autoestima y del amor a sí mismo. Y más aún,
le debemos amor al prójimo como a nosotros mismos. De donde se deduce que
el hombre ha de buscar su realización plena no en lo que tiene, sino en lo que es.
“el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene” (Gaudium et spes, 35)
CREO EN JESUCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS.
“Cuando llegó la plenitud de los tiempos” –es decir el tiempo del cumplimiento
de las promesas mesiánicas – Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo
la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, y para que recibiéramos el ser
hijos por adopción (Gal 4,4s) Dios envió a su propio Hijo en una carne semejante a la
carne pecadora (Rom. 8,3). “Dios amó al mundo hasta el extremo de entregarlo a su
Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga una vida
eterna” (Jn 3,16)
Jesus es el Hijo Único de Dios (primogénito, Unigénito) es lo central en la persona de
Jesús.
Al Hijo eterno de Dios, hecho hombre, despojado de su rango, débil sometido al
sufrimiento y a la muerte, Dios lo ha constituido, por la resurrección de entre los muertos,
en el rango del Hijo poderoso.
. En el comienzo de su vida pública, en su Bautismo por Juan, y en su transfiguración, la
voz del Padre designa a Jesús como su “Hijo amado” (Mt 3, 17; 17,5). “Padre” era
sencillamente el título que Jesús daba a Dios.
En la oración, Jesús se dirige a Dios en una forma inmediata, llena de familiaridad y
confianza, con las invocaciones “Padre” o “Padre mío”.
Jesús es la imagen del Padre
Jesús hace presente a Dios Padre y su Reino en este mundo. Jesús puede decir con toda
verdad “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (Jn 5,19) “El Padre y yo somos
uno” (Jn 10,30) y “Quien me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,10)
Jesús, el Hijo, revela el amor del Padre, entregándose total e incondicionalmente a él en
amor y obediencia.
1. ATRIBUTOS DE JESÚS
Es el Mesías el Cristo
Los cristianos confesamos que Jesús es el Cristo. Muy pronto las dos palabras de esta
confesión de fe “Jesús” y Cristo”, se fundieron en una. Jesucristo, con la que desde los
tiempos del Nuevo Testamento venimos nombrando a Jesús.
Jesús quiere decir en hebreo “Dios salva”. En su nombre está su identidad y su misión.
Mesías quiere decir “ungido”. En Israel eran ungidos en nombre de Dios los elegidos los
consagrados por el Señor para ejercer una misión señalada en su pueblo. Eran ungidos
los reyes y los sacerdotes. Muy excepcionalmente lo eran los profetas.
En su bautismo por Juan, cuando “Dios lo ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hch
10,38), para presentarlo a Israel. Así Jesús es el Mesías prometido, el Ungido por
excelencia.
JESÚS ES EL SEÑOR
Esta es una de las más importantes confesiones de fe cristiana. Pablo resume el mensaje
de la fe de este modo:
“Porque si proclamas con tu boca que Jesús es el Señor y crees con tu corazón que
Dios lo ha resucitado de entre los muertos, te salvarás” (Rm 10,9).
En el Antiguo Testamento se le llamaba a Dios, Yahvé, este nombre se traduce al griego
por Kyrios, que en castellano significa Señor. A Jesús le pertenece el mismo honor,
alabanza, gloria y poder que a Dios Padre . Ante Jesús, resucitado y exaltado, doblan su
rodilla en adoración y le proclaman Señor todos los seres (Fil 2, 9-11; Is 45,23). Nadie
que ponga su confianza en el Señor, quedará decepcionado. Todo el que invoque el
nombre del Señor, se salvará.
EMANUEL Dios con nosotros, Dios hecho hombre, Dios hecho carne
CORDERO DE DIOS Jesus se presenta como el único sacrificio perfecto para el perdón de los
pecados
REDENTOR es el único digno de pagar nuestras deudas espirituales y darnos la libertad
CAMINO VERDAD Y VIDA Jesus no nos muestra el camino, El es el camino Jn14,6
Jesus no nos muestra donde encontrar la verdad, sino que el mismo es la verdad col 1, 15-16
Y jesus dijo yo soy la resurrecion y la vida, y el que cree en mi vivira aunque muera Jn 11, 25-
26
VERBO DE DIOS, es decir el pan vivo bajado del cielo que se nos ofrece para la salvación del
mundo
REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES toda rodilla a de doblarse en el cielo, en la tierra y
debajo de la tierra
EL BUEN PASTOR Jesus esta dispuesto dar su vida por sus ovejas, es el que si se le estravia
una deja las otras y va en busca de la otra.
LUZ DEL MUNDO quien me sigue no andaran en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida Jn
8,12
PRINCIPE DE PAZ porque vino a establecer la paz del ser humano con Dios
JESÚS ES VEDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE
“Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María
Virgen
En el Credo Niceno-Constantinopolitano respondemos confesando:
“Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación
bajo del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”.
Juan, en el Prólogo de su evangelio del Hijo único de Dios a quien llama ahí mismo el
Verbo, confiesa:
“Y el Verbo se hizo carne, y acampó entre nosotros; y hemos visto su gloria, la gloria
propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14)
El Verbo se encarnó para:
Que nosotros conociéramos así el amor de Dios ( 1 Jn 4,9)
Para ser nuestro modelo de santidad (Mt 11,29; Jn 14,6)
Para hacernos partícipes de la naturaleza divina (2 Pe 1,4;
Esta expresión de fe nos presentan a Cristo como verdadero Dios Hijo del Padre y, al
mismo tiempo, como verdadero Hombre, Hijo de María Virgen
JESUS ES DIOS (YO SOY)
JESUS era el Hijo de Dios en el sentido literal de la palabra: es decir, que era una sola
cosa con el Padre y por tanto: también El era Dios, como el Padre. Veamos algunas
afirmaciones de Cristo relativas a este tema:
“YO SOY” en contextos muy significativos.
“antes que Abraham naciese, YO SOY (Jn.
8,58)
“Si no creyeres que YO SOY, moriréis en vuestros pecados” (Jn 8,24)
“Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, entonces, conoceréis que YO SOY” (Jn
8,28)
“Yo y el Padre somos una misma cosa” (Jn 10,30).
“Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16).
APUNTES IMPORTANTES ACERCA DE JESUS
nace en Belen , sus padres son
María ,
quien en oración descubre el proyecto de Dios
mujer valiente que asumió con amor ser madre
mujer humilde y de ración
primera discipula de Jesus, aquien nunca abandono
la virgen, la inmaculada, la que vencio a satanas covirtiendose en la nueva eva
mujer creyente e intercesora
JOSE
Es el padre adoptivo de Jesus
Carpintero de profesión
Fiel esposo
Hombre orante, aquien Dios hablaba a travesa de los sueños
Siervo humilde que lo entrego todo por su familia
La vida publica de Jesus inicia a sus 33 años
Nos invito a vivir el mandamiento del amor
Utilizo las parabolas como herramientas para predicar
Dio a conocer el reino de Dios a los pobres y pecadores
Siempre estaba rodeado de humildes, pobres enfermos y pecadores quien los acojio y les mostro
el amor misericordioso de Dios
Nos mostro señales y prodigios a traves de los milagros
Nos enseño la bienaventuranzas
Nos regalo el milagro mas grande que fue la Eucaristia
Sintió el dolor, la traición, el abandono, las criticas y humillaciones como cualquier humano, pero
jamás se cometió pecado sino que cargo con nuestra miseria
Formo su iglesia a traves de sus apóstoles quien les enseño a vivir el reino de los cielos
Fue obediente al ´padre hasta el punto de cumplir su misión de dar su vida por la humanidad
JESUCRISTO “PADECIO BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE
CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO.
1. EL SIGNIFICADO DE LA MUERTE DE JESUS
Dios entregó a su propio Hijo
La muerte de Jesús no fue fruto del azar sino que Pertenece al misterio del designio de
Dios, como lo explica San Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de
Pentecostés. “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de
Dios” (Hch 2,23).
Dios ha permitido, en quienes llevaron a la muerte a Jesús, acciones inspiradas por su
ceguera, el endurecimiento de su corazón, su miedo a una desestabilización por un
eventual movimiento mesiánico, etc. Para realizar su designio de salvación
Hay en el Nuevo Testamento una expresión muy importante “entregar”. Acción en la que
coinciden todos los protagonistas de la pasión del Señor:
Judas entrega a Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo
Estos lo entregan a Pilato
Pilato lo entregó a los soldados
Pero es Dios quien domina y dirige: el entrega a su propio Hijo
Y el Hijo, obediente al designio del Padre y por amor a los hombres, se entrega a sí
mismo.
2. EN LA CRUZ, JESÚS CONSUMA SU SACRIFICIO.
La cruz es el único sacrificio de Cristo “Único mediador entre Dios y los hombres”. Todo lo
que Jesús enseñó e hizo durante su vida mortal, en la cruz llega al culmen de la verdad y
la santidad. Recordemos las palabras que Jesús pronunció y que constituyen su mensaje
supremo y definitivo.
“Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,24).
“En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43) “Mujer ahí tienes a
tu hijo, . “Ahí tienes a tu Madre”
Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado” (Mc 15, 34)
.
“Tengo sed” ( Jn 19,28)
“Todo está cumplido...Padre en tus manos pongo mi Espíritu” (Jn 19,30).
3. MUERTO POR NUESTROS PECADOS SEGÚN LAS ESCRITURAS.
El verdadero sentido y valor de la muerte de Jesus fue para manifestarnos el amor
perfecto, un amor que se desprende de si para los demás “servir y dar su vida en
rescate por muchos” (Mc 10,45)
El amor con que Jesús nos ha amado, es humilde y tiene carácter de servicio. “El hijo del
hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por
muchos” (Mc 10,45). A la luz de este modelo de humilde disponibilidad que llega hasta el
servicio definitivo de la cruz, Jesús puede dirigir a los discípulos la siguiente invitación:
“Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón” (Mt 11,29).
4. JESUCRISTO FUE SEPULTADO
El Bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa eficazmente la bajada
del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una nueva vida. “Fuimos,
pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue
resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros
vivamos una vida nueva”
5. “JESUCRISTO, DESCENDIO A LOS INFIERNOS”
En la existencia terrena Jesús fue solidario con los vivos, “en los infiernos” lo fue con los
muertos, y que por su muerte a favor nuestro, ha vencido a la muerte y al diablo “señor
de la muerte” (Hb 2,14).
Jesus baja a los infiernos (purgatorio) lugar donde reposaban aquellas almas en la espera
del Salvador, quien los redime y los lleva a la gloria de los cielos
Desde su resurrección Cristo tiene en su poder las llaves de la muerte y del abismo (Cfr Ap
1,18) y ante el nombre de Jesús toda rodilla se dobla en los cielos, en la tierra y en los
abismos (Cfr. Fil 2,10)
LA RESURRECCIÓN DE JESÚS
1. “AL TERCER DIA RESUCITO DE ENTRE LOS MUERTOS”
El primer y más antiguo testimonio escrito sobre la resurrección de Cristo se encuentra en
la Primera carta de San Pablo a los Corintios (hacia la Pascua del año 57 d.C.) “Porque os
transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros
pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucito al tercer día, según
las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a mas
de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros
murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a todos los Apóstoles. Y en último
lugar a mí como un abortivo” ( 1 Cor 15, 3-8 ).
RELATOS DE LAS APARICIONES DEL RESUCITADO
El sepulcro de Jesús abierto y vacío.
El sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los
discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección.
“¿Por qué buscar entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado” (Lc
24,5-6).
Los relatos de las apariciones
María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús
enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado, fueron las
primeras en encontrar al Resucitado. Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la
Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles. Jesús se aparece en seguida a ellos,
primero a Pedro, después a los doce. Pedro llamado a confirmar en la fe a sus hermanos,
ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la
comunidad exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!”
(Lc 24,34)
2. “JESUCRISTO SUBIO A LOS CIELOS, Y ESTA SENTADO A LA DERECHA DE
DIOS, PADRE TODOPODEROSO”
Según los Hechos de los Apóstoles, Jesús fue llevado al cielo (Hch 1,2) en el Monte de los
Olivos (Hch 1,12): efectivamente, desde allí los Apóstoles volvieron a Jerusalén después
de la Ascensión. Pero antes que esto sucediese, Jesús les dio las últimas instrucciones:
por ejemplo, “Les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la
promesa del Padre” (Hch 1,4). Esta promesa del Padre consistía en la venida del Espíritu
Santo “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y seréis mis
testigos” (Hch 1,8). Y fue entonces cuando “Dicho esto, fue levantado en presencia de
ellos y una nube le ocultó a sus ojos”
Lo había predicho Jesús “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Padre y
venir entre las nubes del cielo” (Mc 14,62). “El Hijo de Dios estará sentado a la diestra
del poder de Dios” (Lc 22,69).
Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías,
cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto al Hijo del Hombre: “A el se le dio
imperio, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio
es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás” (Dn
7,14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del “Reino
que no tendrá fin”
3. “DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y
MUERTOS Y SU REINO NO TENDRA FIN"
Cristo es el Señor de la Vida Eterna y tiene el pleno derecho de juzgar definitivamente las
obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo.
Adquirió este derecho por su Cruz. Entonces se pondrán a la luz la conducta de cada uno
y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha
tenido en nada la gracia ofrecida por Dios. La actitud con respecto al prójimo revelará la
acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino. Jesús dirá en el último día: “Cuanto
hicisteis a uno de estos hermanos míos mas pequeños, a mi me lo hicisteis.” (Mt.
25,40).
El Padre también ha entregado “Todo a juicio al Hijo” (Jn 5,22). Pues bien, el Hijo no ha
venido a juzgar sino a salvar y para dar la vida que hay en él. Es por el rechazo de la gracia
en esta vida por lo que cada uno se juzga ya así mismo. Es retribuido según sus obras y
puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor. “CREO EN EL
ESPIRITU SANTO”
“Creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que procede del Padre y del
Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que
habló por los profetas”.
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no
vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré” (Jn 16,7).
La venida del Espíritu Santo sucede después de la Asención al cielo. La pasión y muerte
redentora de Cristo producen entonces su pleno fruto.
El Espíritu Santo presentado por Jesús especialmente en el discurso de despedida del
Cenáculo, es evidentemente una Persona diversa de El:
“Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito” (Jn 14,16).
“Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, El os lo
enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14,26)
“El convencerá al mundo en lo referente al pecado” (Jn 16,8).
“Cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa” (Jn
16,13)
“El me dará gloria” (Jn 16,14)
EL NOMBRE Y LOS APELATIVOS DEL ESPIRITU SANTO
El Espíritu Santo es el nombre propio de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, a
quién también adoramos y glorificamos, junto con el Padre y el Hijo. En la Sagrada
Escritura encontramos otros apelativos:
Paráclito:
Palabra del griego “Parakletos”, que literalmente significa aquel que es invocado, es por
tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta el Espíritu
Santo diciendo: “El Padre os dará otro Paráclito” (Jn 14,16
El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables
debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la
vida y la salvación eterna..
El Espíritu de la Verdad
“Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros siempre, el
Espíritu de la verdad” (Jn 14, 16-17). El Espíritu Santo es quien después de la partida de
Cristo, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que El ha anunciado y revelado. El
Paráclito, es la verdad, como lo es Cristo.
l Espíritu de la verdad mostrará la culpa del “mundo” al rechazar a Cristo, o, mas
generalmente al volver la espalda a Dios. Pero puesto que Cristo no ha venido al mundo
para juzgarlo o condenarlo, sino para salvarlo, en realidad también aquel “convencer
respecto al pecado” por parte del Espíritu de la verdad tiene que entenderse como
intervención orientada a la salvación del mundo, al bien último de los hombres.
Señor y dador de vida
El término hebreo utilizado por el Antiguo Testamento para designar al Espíritu Santo es
“ruah”, este término se utiliza también para hablar de “soplo”, “aliento”, “respiración”. El
soplo de Dios aparece en el Génesis, como la fuerza que hace vivir a las criaturas, como
una realidad íntima de Dios, que obra en la intimidad el hombre.
Santificador
Es Espíritu Santo es fuerza que santifica porque El mismo es “Espíritu de Santidad” (Cfr. Is
63,10-11).
En el Bautismo se nos da el Espíritu Santo como don, con su presencia santificadora.
Desde ese momento el corazón del bautizado se convierte en Templo del Espíritu Santo, y
si Dios Santo habita en el hombre, éste queda consagrado y santificado.
LOS SÍMBOLOS DEL ESPIRITU SANTO
Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas:
El Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el
Bautismo ya que el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.
El agua es símbolo de purificación como se lee en Ezequiel “Os rociaré con agua pura
y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras
os purificaré” (Ez 36,25).
La Unción: En su intervención en la sinagoga de Nazaret, Jesús se aplica a sí mismo
el texto de Isaías que dice: “El Espíritu del Señor Yahvé, está sobre mí, por cuanto
que me ha ungido Yahvé” (Is 61,1). Se refiere a la fuerza de naturaleza espiritual
necesaria para cumplir la misión confiada por Dios a una persona a quien eligió.
Esa participación tiene lugar a nivel sacramental en las unciones con aceite, cuyo rito
forma parte de la Iglesia, en el Bautismo, la confirmación, Unción de los Enfermos y el
Orden Sacerdota.
El Fuego: simboliza la energía transformadora de las actos del Espíritu
Sabemos que Juan Bautista anunciaba en el Jordán; “El ( Cristo) os bautizará en
Espíritu Santo y fuego” (Mt 3,11) el bautismo en Espíritu y fuego indica el poder
purificador del fuego: de un fuego misterioso que expresa la exigencia de santidad y
de pureza que trae el Espíritu de Dios.
Jesús mismo decía: “He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía
que ya estuviera encendido!” (Lc 12,49).
La Nube y la Luz: símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo.
Así desciende sobre la Virgen María para “cubrirla con su sombra”. Así mismo se
manifiesta En el Monte Tabor, en la Transfiguración. El día de la Ascensión, aparece
una sombra y una nube.
El viento: símbolo central en Pentecostés, acontecimiento fundamental en la
revelación del Espíritu Santo: “De repente vino del cielo un ruido como el de una
ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban los
discípulos con María (Hch 2,2) .
Jesús en la conversación con Nicodemo, cuando usa la imagen del viento para hablar
de la persona del Espíritu Santo: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero
no sabes de dónde viene ni a dónde vá. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn
3,8)
La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y
se posa sobre Él. En el antiguo Testamento, la paloma había sido mensajera de la
reconciliación de Dios con la humanidad en los tiempos de Noé. En el Nuevo
Testamento, esta reconciliación tiene lugar mediante el Bautismo
La Mano: mediante la imposición de manos, los Apóstoles y ahora los Obispos,
transmiten el “Don del Espíritu”
EL ESPIRITU SANTO EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
1. LAS PROMESAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Leemos en el libro del Profeta Joel: “Sucederá después de esto que yo derramaré mi
Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizaran, vuestros ancianos
soñaran sueños y vuestros jóvenes verán visiones” (Jl. 3, 1-2). Precisamente a este
texto del Profeta Joel hará referencia Pedro en el primer discurso de Pentecostés.
Y luego promete: “Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu
nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra. infundiré mi espíritu en
vosotros yo haré que os conduzcáis según mis
preceptos y observéis y practiquéis mis normas...seréis mi pueblo y yo seré vuestro
Dios. (Ez 36, 26-28)
EL ESPIRITU SANTO EN LA ENCARNACIÓN Y LA MISIÓN DE JESÚS.
El primero de estos momentos es la misma Encarnación, es decir, la venida al mundo
del Verbo de Dios, que en la concepción asumió la naturaleza humana y nació de
María por obra del Espíritu Santo.
En el episodio de la Visitación: María “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en
su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo”
(Lc 1,40-41). Isabel experimenta de modo sensible aquella presencia del Espíritu
Santo. Ella misma lo atestigua en el saludo que dirige a la joven madre que llega a
visitarla
En la Presentación de Jesús en el Templo: “He aquí que había en Jerusalén un
hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la
consolidación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo” (Lc 2,25). Es decir,
actuaba en él de modo habitual y “le había revelado por el Espíritu Santo que no
vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor” (Lc 2.26)
En el crecimiento espiritual del joven Jesús: “El niño crecía y se fortalecía,
llenándose de sabiduría ; y la gracia de Dios estaba sobre El” (Lc 2,40). En el
lenguaje del evangelista el “estar sobre” una persona elegida por Dios para una
misión suele atribuirse al Espíritu Santo, como en el caso de María y Simeón.
En el Bautismo de Jesús:
“Se abrió el cielo y se oyó una voz que venía de los cielos: Tú eres mi Hijo
amado, en ti me complazco” .(Mc. 1,11)
El “abrirse el cielo”, significa, en aquel momento, una iniciativa de comunicación del
Padre y del Espíritu Santo con la tierra para la inauguración religiosa de la misión
mesiánica del Verbo encarnado.
En la experiencia del desierto: “El Espíritu le empuja al desierto” (Mc 1,22). Por lo
tanto Jesús sigue el impulso interior y se dirige adonde le sugiere el Espíritu Santo.
Ese desierto, además de ser lugar de encuentro con Dios, es también lugar de
tentación y de lucha espiritual.
En la Oración : Jesús permanece profundamente entregado a la oración. San Lucas
nos informa que se retiraba a los lugares solitarios donde oraba. Sus ratos de oración
duraban a veces toda la noche. Los evangelistas destacan algunos de estos ratos, por
ejemplo: la oración que hizo antes de la transfiguración en el monte Tabor, la que
realizó durante la agonía de Getsemaní, etc.
Existe un caso en el que el evangelista atribuye explícitamente al Espíritu Santo la
oración de Jesús. “Y Jesús, después de haberles asegurado que había visto a
Satanás caer del cielo como un rayo” (Lc 10,18), se llenó de gozo del Espíritu Santo
y dijo: “Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado
estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí Padre,
pues tal ha sido tu beneplácito” (Lc 10,21)
En la predicación mesiánica de Jesús: En la Sinagoga de Nazaret, Jesús había
aplicado a sí mismo la profecía de Isaías que comienza con las palabras “El Espíritu
del Señor está sobre mí” (Lc 4,18). Aquel “estar el Espíritu sobre El” se extendía a
todo lo que El hacía y enseñaba (Hch 1,1). En efecto escribe San Lucas: que “Jesús
volvió (del desierto) a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por
toda la región. El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos” (Lc 4, 14-
15). Aquella enseñanza despertaba interés y asombro “ Todos daban testimonio de El
y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca” (Lc
4,22). Lo mismo nos dice de los milagros y del singular poder de atracción de su
personalidad: toda la multitud de los que “habían venido (de todas partes) para oírle
y ser curados de sus enfermedades....procuraba tocarle porque salía de El una
fuerza que sanaba a todos (Lc 6, 17-19).
“A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero
al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará (Lc 12,10; Mt 12,32;
Mc 3,29). La blasfemia a la que se refiere es en el rechazo de aceptar la salvación que
Dios ofrece al hombre por medio del Espíritu Santo, que actúa en virtud del sacrificio
de la cruz.
En el sacrificio de Jesucristo: Fijemos la atención en las últimas palabras que
pronunció Jesús en su agonía en el Calvario. En el texto de Lucas se escribe: “Padre,
en tus manos pongo mi Espíritu” (Lc 23,46). Jesús encomienda (es decir, entrega) su
espíritu al Padre con la perspectiva de la resurrección. Confía al Padre la plenitud de
su humanidad.
En el Evangelio de Juan leemos “Cuando tomó Jesús vinagre, dijo: “Todo está
cumplido”. E inclinando la cabeza entregó el Espíritu” (Jn 19,30).
Es, pues, justo ver en el sacrificio de la cruz, el momento conclusivo de la revelación
del Espíritu Santo en la vida de Cristo.
En la resurrección de Cristo: En la Carta a los Romanos(1,3-4) el Apóstol Pablo
escribe: “El evangelio... acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la
carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su
resurrección de entre los muertos. Jesucristo Señor nuestro” . Por consiguiente
podemos decir que Cristo, que en el momento de su concepción en el seno de María
por obra del Espíritu Santo ya era Hijo de Dios, en la resurrección es “constituido
fuente de vida y de santidad, lleno de poder de santificación, por obra del mismo
Espíritu Santo.
EL ESPIRITU SANTO EN LA IGLESIA
Pentecostés - : El día de Pentecostés, el espíritu Santo Se hizo patente en los Apóstoles
y comenzaron a “dar testimonio” del misterio pascual de Cristo.
La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Asocia a
los fieles en una comunión en Cristo con el Padre en el Espíritu Santo.
La Iglesia es capacitada por el Espíritu para realizar en la liturgia las “obras de Cristo”
(Cfr. Jn 1412), a través de la liturgia, principalmente de los sacramentos, Cristo continúa
realizando en la historia, por medio del Espíritu su obra de redención y santificación de
todo el género humano. Por esto, la liturgia de la Iglesia, el “nuevo culto en el Espíritu y
la verdad”, es a la vez, obra de Cristo y acción de la Iglesia.
La Iglesia afirma que para los creyentes, los Sacramentos son necesarios para la
salvación, que en cada uno de ellos otorga el Espíritu Santo, esto nos transforma y nos
configura con Jesucristo.
El don del Espíritu Santo es el que:
Nos eleva y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar
Nos hace partícipes de su conocimiento y de su amor
Hace que nos abramos a las personas divinas y que se queden en nosotros.
La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu
hacia la santidad o perfección de la caridad. El Espíritu Santo es el principio de acción y
lucha contra lo que:
intenta separarle de su condición de hijo
le impida amar y servir a Dios en el orden nuevo del Espíritu (Cfr. Rm 7,6).
Gracias al Espíritu y guiados por El, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra
todo lo que se opone al Espíritu.
Los cristianos creemos firmemente que el Espíritu Santo está y camina con nosotros, nos
acompaña a lo largo de nuestro camino de santificación, obra y actúa en lo más íntimo de
cada uno: es a lo que llamamos las gracias actuales.
2. LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO
Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son
disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del
Espíritu, los donnes son regalos de Dios para con su hijos y estos dones son:
Sabiduría:
Ciencia:
Consejo
Piedad:
Temor de Dios
Entendimiento:
Fortaleza:
“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo
como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce:
‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad,
mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gálatas 5,
22-23)” (Catecismo, 1832).
Son los frutos que produce el Espíritu Santo en la vida del cristiano a lo largo
de su vida después de recibir sus 7 dones, dones que son recibidos, junto a las
virtudes teologales(fe, esperanza y caridad)
Carimas de Espiritu santo son gracias del Espiritu Santo y están ordenadas para la edificación
de la iglesia y el bien de los hombres
INSPIRACION
Hablar en lenguas
Interpretaciones de las lenguas
PODER
Milagros
Sanación y liberacion
Discernimientos de espíritus
Enriquecer la fe
REVELACION
Profecia
Palabra de conocimiento
Palabra sabiduría
Frutos del espíritu santo
CREO EN LA IGLESIA
1. EL NOMBRE DE LA IGLESIA
Iglesia proviene del término griego “ekklesia”, que significa asamblea (convocada). Y en
el Antiguo Testamento se usaba para designar a la comunidad del pueblo elegido,
especialmente en el desierto (cfr. Dt. 4,10; Hch 7,38). También Jesús usa este término
para hablar de “su comunidad mesiánica”, la nueva asamblea convocada por la alianza en
su sangre, alianza anunciada en el Cenáculo.
La Iglesia, sacramento universal del misterio de la salvación
Misterio: es el término que designa el plan por el que Dios quiere salvar a la
humanidad
Sacramento: es la realidad que manifiesta y hace presente la salvación de Dios
entre los hombres
El Concilio Vaticano II (1962-1965) enseña que la Iglesia es, en Jesucristo, el sacramento,
es decir, el signo y el instrumento, de la salvación universal del hombre.
Esto significa que:
La Iglesia es fruto de la obra salvífica de Jesucristo y que su función es
manifestar y hacer presente la salvación de Dios a todos los hombres.
La realidad profunda de la Iglesia ha de estar inspirando constantemente sus
manifestaciones externas para poder ser expresión de “la unidad íntima con
Dios y la de todo el género humano”
El acontecimiento de la salvación se trata de vivir en la Iglesia a través de
la comunión de vida, la oración, el compartir los bienes, la escucha constante
de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.
La misión de la iglesia es anunciar e instaurar el Reino en todos los pueblos
Pablo describe la Iglesia, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo.
La Iglesia, Pueblo de Dios de la Nueva Alianza
La Iglesia es el pueblo que Dios elige y llama entre los pueblos, con el que establece una
Alianza, pueblo de su propiedad:
Abierto a todos los hombres y mujeres, sin importar la raza, la nación, o
clase social a la que pertenezcan.
Al que se nace por la Fe y el bautismo
Que se reúne para escuchar la Palabra de Dios y darle gracias por sus
obras de salvación
Enviado al mundo para dar testimonio del Evangelio con obras y palabras
La Iglesia: Cuerpo místico de Cristo
El Hijo de Dios encarnado en la naturaleza humana, redimió al hombre y lo transformó en
una nueva criatura (Cfr. Gal. 6,15), superando la muerte con su muerte y resurrección. A
sus hermanos convocados de entre todas las gentes, los constituyó místicamente como su
cuerpo comunicándoles su Espíritu.
“Es un hecho que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, pero los
miembros, aun siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo. Pues
también Cristo es así, porque también a todos nosotros, ya seamos judíos o
griegos, esclavos o libres, nos bautizaron con el único Espíritu para formar un
solo cuerpo”.
Cuando se dice que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, se quiere afirmar que:
Todos los creyentes forman un solo cuerpo, lo que significa que la Iglesia es una
comunión donde:
Han quedado superadas todas la diferencias y distancias (Cfr. Gal 3,28)
Se comparte la vida y todos viven poniendo en común las preocupaciones y
alegrías, haciendo realidad la atención y mutua entrega
Jesucristo, como “cabeza del cuerpo de la Iglesia”, imagen del Dios invisible (Cfr.
Ef 1,22-12; 4,15-16; Col 1,18; 2,19 ) distribuye su vida divina a todos sus
miembros, capacitándoles para que sean presencia actual de su amor en el mundo
(Jn 15, 1-5)
La Iglesia está sometida a los criterios, escala de valores y la Palabra exigente de
Jesucristo, su Cabeza, en quien reside la plenitud (Cfr. Col. 1,18; 2,10)
ATRIBUTOS DE LA IGLESIA
Un redil
“Así la Iglesia es un Redil, cuya única y obligada puerta es Cristo (Cfr. Jn 10, 1-10), es
también una grey, de la que el mismo Dios se profetizó Pastor (Cfr. Is 40,11; Ez 34,11ss)
y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos, son, no obstante,
guiadas y alimentadas por el mismo Cristo, buen Pastor y Príncipe de pastores que dio su
vida por las ovejas”
Campo Cultivado
“La Iglesia es campo cultivado... El agricultor celestial la plantó como viña escogida. La
verdadera vid es Cristo, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos
nosotros, que permanecemos en El por medio de la Iglesia, y sin El nada podemos hacer.”
Edificación de Dios
“A veces también la Iglesia es designada como edificación de Dios. El mismo Señor se
comparó a la piedra que rechazaron los constructores, pero que fue puesta como piedra
angular. Sobre este fundamente los Apóstoles levantan la Iglesia y de él recibe esta
firmeza y cohesión. Esta edificación recibe diversos nombres: Casa de Dios, habitación
de Dios en el Espíritu, Tienda de Dios entre los hombres y sobre todo Templo Santo.
La Iglesia, Templo de Dios en el Espíritu Santo
la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
1. LA IGLESIA ES UNA
La Iglesia es Una debido a su origen. “El modelo y principio supremo de este
misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad
de personas”.
La Iglesia es Una debido a su fundador. “Pues el mismo Hijo encarnado por su
cruz reconcilió a todos los hombres con Dios, restituyendo la unidad de todos en un
solo pueblo y en un solo cuerpo”
La Iglesia es Una debido a su “alma”: El Espíritu Santo que habita en los
creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles
y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia”
Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una. (CIC, 813)
La Iglesia es Una. Cristo no fundó muchas, sino UNA Iglesia, dijo que quería formar
un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor (Cfr.Jn. 10)
La única Iglesia de Cristo, Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a
Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás Apóstoles que la extendieran
la gobernaran
LA IGLESIA ES SANTA
La Iglesia es Santa, porque Cristo “la amó y dió su vida por ella”. Esto lo hizo para
consagrarla.
De ahí que podamos afirmar que la Iglesia es santa porque:
Es de Dios y para Dios. El la elige y crea un pueblo santo, al que es
incondicionalmente fiel y no abandona a los poderes de la muerte y de la contingencia
del mundo (Mt 16,18)
Jesucristo, el Hijo amado de Dios, se entregó por la Iglesia para hacerla santa e
inmaculada (Cfr. Ef 5,27), uniéndose con ella de forma indisoluble (Cfr. Mt 28,20)
El Espíritu Santo, prometido por Jesucristo (Jn 14,26; 16,7-9), está presente
en ella, actuando con poder y haciéndola depositaria de los bienes de la salvación que
debe transmitir; la verdad de la fe, los sacramentos de la nueva vida, los ministerios.
Sin embargo, al acoger a hombres y mujeres pecadores, la propia Iglesia es pecadora,
necesitando convertirse al Evangelio para manifestar con su vida lo que es su ser mas
profundo.
El Apóstol Pablo nos recuerda a los cristianos que, por el bautismo, hemos nacido a una
nueva vida que transforma nuestro modo de obrar y que hace de nuestra existencia
cotidiana un servicio a Dios. Esta conversión de actitudes, valores y comportamientos no
es fruto de un empeño personal, sino efecto del Espíritu Santo que actúa en nosotros si
somos capaces de dejarnos transformar por El.
2. LA IGLESIA ES CATÓLICA.
Porque la salvación que Cristo nos trajo se dirige a todos los hombres sin excepción. Es
Universal. Por esto la Iglesia es Católica. A partir de la Ascensión del Señor, se rompieron
las fronteras de Israel para “ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio a todas las
gentes” Y en orden histórico los apóstoles serían los testigos de Jesús en Jerusalén en
Judea y Samaria y hasta las regiones más lejanas de la tierra (Hch 1,8)
La palabra “Católico” no se encuentra en el Nuevo Testamento. Será Ignacio de Antioquia
quien, hacia el año 110, aplique por vez primera este calificativo a la Iglesia (Carta a los
de Esmirna 8,2). Originalmente significaba “la que expresa todo”, “la plenitud de la fe”,
pero con el tiempo ha pasado también a denominar su extensión por todo el mundo.
LA IGLESIA ES APOSTÓLICA
Apóstol quiere decir enviado. Los cuatro evangelios señalan que Dios, el Padre, ha
enviado a Jesús, su hijo como Salvador del mundo. A su vez, Jesucristo confió a los
apóstoles la misión que había recibido del Padre, encargándoles predicar en su lugar el
Evangelio a todos los pueblos, con el poder del Espíritu Santo, hasta la consumación del
mundo:
“Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra, Id y haced discípulos de todas
las naciones, bautizadlos y consagrárselos al Padre y al hijo y al Espíritu Santo, y
enseñadles a guardar todo lo que os he mandado, mirad que yo estoy con vosotros cada
día hasta el fin del mundo” ( Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-20; Lc. 24, 47-48; Hch 1,8).
Su función apostólica Testigos inmediatos de la Resurrección del
intransferible, consistió Señor
precisamente en ser: Fundamentos de la Iglesia
Hoy como ayer y siempre, el Espíritu Santo mantiene a la Iglesia en comunión con los
Apóstoles y, gracias a esta comunión, en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
El Espíritu Santo es el principio de la comunión de todos los miembros de la Iglesia en la
fe y en el testimonio de vida de los Apóstoles. En este sentido toda la Iglesia es
apostólica, manteniéndose en ella la vitalidad del Evangelio.
La misión de los apóstoles se ha transmitido hasta nuestros días a través de los obispos y del
Papa, sucesor del apóstol Pedro. Los obispos son sucesores de los Apóstoles no en lo que a
éstos les fue propio y exclusivo: ser testigos de Cristo Resucitado y ser fundamentos de la
Iglesia. Los obispos suceden a los Apóstoles en su función de Pastores de la Iglesia; a través de
ellos se manifiesta y se conserva en el mundo entero la Tradición Apostólica
¿POR QUÉ DECIMOS QUE LA IGLESIA ES ROMANA?
Un hecho histórico vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo: San Pedro, el primero
entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí murió.
Este puesto importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo el sucesor de El en
Roma, porque ahí murió en el año 67 dando su vida por Cristo como testimonio final de su
amor al Maestro. Conocemos los nombres de todos los sucesores de Pedro hasta el
presente. Hoy también los cristianos conservamos la comunión con la Iglesia de Roma.
Por eso decimos que la Iglesia es Romana.
“FUERA DE LA IGLESIA NO HAY SALVACIÓN”
¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia?
Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la
Iglesia que es su cuerpo:
El santo Sínodo “basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia
peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el Único Mediador y
Camino de Salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al
inculcar con palabras bien explícitas, la necesidad de la fe y del Bautismo, confirmó al
mismo tiempo la necesidad de la iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo
como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó por
medio de Jesucristo la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no
hubiesen querido entrar o perseverar en ella”. (Conc. Vat. II Lumen Gentium 14)
LA COMUNION DE LOS SANTOS
La palabra santo, derivada del latín, describe a toda alma cristiana que, incorporada a
Cristo por el Bautismo, es morada del Espíritu La palabra “comunión” significa, claro está,
“unión con”, y con ella queremos indicar que existe una unión, una comunicación, entre
las almas en que el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, tiene su morada.
La expresión "comunión de los santos" tiene entonces dos significados estrechamente
relacionados
Comunión en las cosas santas
Comunión entre las personas santas.
COMUNION DE LOS BIENES ESPIRITUALES
En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos " acudían asiduamente a la
enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones" (
Hch 2,42)
La comunión de la fe.
La fe de los fieles de la Iglesia recibida de los apóstoles, tesoro de vida que se enriquece
cuando se comparte.
La comunión de los sacramentos.
"El fruto de todos los sacramentos pertenece a todos". Porque los sacramentos y sobre
todo el Bautismo que es como la puerta por la que los hombres entran en la Iglesia, son
otros tantos vínculos sagrados que unen a todos y los ligan a Jesucristo.
La comunión de los santos es la comunión de los sacramentos....el nombre de comunión
puede aplicarse a cada uno de ellos, porque cada uno de ellos nos une a Dios. Pero este
nombre es más propio de la Eucaristía que de cualquier otro, porque ella es la que lleva
esta comunión a su culminación.
La comunión de los carismas.
En la comunión de la Iglesia, el Espíritu Santo "reparte gracias especiales entre los fieles"
para la edificación de la Iglesia. (Lumen Gentium 12). Pues bien, a cada cual se le
otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. ( 1 co 12,7)
"Todo lo tenían en común" ( Hch 4,32).
Todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien en común con
los demás y debe estar dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria
del prójimo. El cristiano es un administrador de los bienes del Señor. (Cfr. Lc. 16, 1.3.)-
La comunión de la caridad.
En la comunión de los santos, "ninguno de nosotros vive para sí mismo, como tampoco
muere nadie para sí mismo" (Rm 14,7). "Si sufre un miembro, todos los demás sufren
con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora
bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte" (1 co
12, 26-27). "La caridad no busca su interés" ( 1 Co 13,5)
El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta
solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los
santos. Todo pecado daña a esta comunión.
La intercesión de los santos
Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan
más firmemente a toda la Iglesia en la santidad.... no dejan de interceder por nosotros
ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo
Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra. su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho
a nuestra debilidad ( Lumen Gentium, 49)
La comunión con los santos
"No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre
todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del
amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos
lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana,
como de Fuente y Cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios" (Lumen Gentium,
50).
La comunión con los difuntos.
"La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo
místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad
el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones pues es una idea santa y
provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados" (Lumen
Gentium, 50).
Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su
intercesión en nuestro favor.
Como miembros de la comunión de los santos, los que aún estamos en la tierra debemos
orar además por las benditas ánimas del purgatorio. Ahora ellas no pueden ayudarse: su
tiempo de merecer ha pasado. Pero nosotros sí podemos hacerlo, pidiendo para ellas el
favor de Dios. Podemos aliviar sus sufrimientos y acortar su tiempo de espera del cielo
con nuestras oraciones, con las misas que ofrezcamos o hagamos ofrecer por ellas, con
las indulgencias que para ellas ganemos.
Es evidente que, los que estamos todavía en la tierra, debemos rezar también los unos por
los otros si queremos ser fieles a nuestra obligación de miembros de la comunión de los
santos.
EL PERDON DE LOS PECADOS, LA RESURRECCION DE LOS
MUERTOS Y LA VIDA DEL MUNDO FUTURO. AMEN
"Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a
quien se los retengáis, les quedan retenidos (Jn 20, 22-23).
1. CONFIESO QUE HAY UN SOLO BAUTISMO PARA EL PERDON DE LOS
PECADOS
Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: "Id por todo el
mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se
salvará" (Mc 16, 15-16)
El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos
une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (Cfr. Rm
4,25), a fin de que "vivamos también una vida nueva" (Rm 6,4).
Por medio del sacramento de la Penitencia, el bautizado puede reconciliarse con Dios y
con la Iglesia en esto consite el poder de las llaves que Cristo entrego a Pedro
No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar: "No hay nadie
tan perverso y tan culpable, que no debe esperar con confianza su perdón siempre que su
arrepentimiento sea sincero". Cristo que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en
su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del
pecado" (cfr. Mt 18, 21-22).
2. ESPERO LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS
Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado
verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos
después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en
el último día (Cfr. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la
Santísima Trinidad.
"Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.
Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros
cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros" (Rm 8, 11)
El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad. La
"resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida
del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" volverán a tener vida.
"¿Como andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?.
Si no hay resurrección de muertos tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo
vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe.... ¡Pero no! Cristo resucitó de
entre los muertos como primicias de los que durmieron. ( 1 Co 15, 12-14. 20).
¿Cómo resucitan los muertos?
¿Qué es resucitar?. En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre
cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de
reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a
nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la
Resurrección de Jesús.
¿Quién resucitará?.
Todos los hombres que han muerto: "Los que hayan hecho el bien resucitarán para la
vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5,29)
¿Cómo?
Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo" (Lc
24,39).; pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El "todos resucitarán
con su propio cuerpo, que tienen ahora", pero este cuerpo será " transfigurado en cuerpo
de gloria" (Flp. 3,21), en "Cuerpo espiritual" ( 1 Co 15,44)
¿Cuándo?
Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54). En efecto, la resurrección de los
muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
"El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios,
bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar" ( 1 Ts. 4,16).
El sentido de la muerte cristiana
La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de
misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y
para decidir su último destino.
La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte "De la muerte
repentina e imprevista líbranos Señor", (Letanías de los santos) A pedir a la Madre de
Dios que interceda por nosotros "en la hora de nuestra muerte" (Ave María), y a
confiarnos a San José, patrono de la buena muerte.
ESPERO LA VIDA DEL MUNDO FUTURO. "VIDA ETERNA"
El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia El y
la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón
de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una
unción fortificante y de da a Cristo en el viático como alimento para el viaje.
El juicio particular
Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la
relación de cada hombre con Dios.
El cielo
Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven
para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo ven "tal cual es",
cara a cara (Cfr. 1 Co 13, 12; Ap 22,4).
Vivir en el cielo es "estar con Cristo" (Cfr. Jn 14,3). Por su muerte y Resurrección
Jesucristo nos ha abierto el cielo
El infierno
Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no
podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra El, contra nuestro prójimo o contra
nosotros mismos
La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien
únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las
que aspira.
Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que eso suceda es necesaria una aversión
voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final.
El juicio final
Entonces, Cristo vendrá en su gloria acompañado de todos sus ángeles.... Serán
congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros,
como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las
cabras a su izquierda. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una
vida eterna" (Mt 25, 31. 32. 46.)
El juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Solo el Padre conoce el día y la hora
en que tendrá lugar; sólo El decidirá su advenimiento. Entonces, el pronunciará por medio
de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia.
La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva
Al fin de los tiempos el Reino de Dios llegará a su plenitud. Después del juicio final, los
justos reinarán para siempre con Cristo, glorificado en cuerpo y alma, y el mismo universo
será renovado.
La Sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que
transformará la humanidad y el mundo. En este "universo nuevo" la Jerusalén celestial,
Dios tendrá su morada entre los hombres. "Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no
habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap
21,4).
Y así termina la historia de la salvación del hombre, esa historia que la tercera Persona de
la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, ha escrito
3. AMEN
El Credo, como el último libro de la Sagrada Escritura (Cfr. Ap 22,21), se termina con la
palabra hebrea “Amén”. Se encuentra frecuentemente al final de las oraciones del Nuevo
Testamento. Igualmente, la Iglesia termina sus oraciones con un "Amén".
En hebreo "Amén" pertenece a la misma raíz que la palabra "creer". Esta raíz expresa la
solidez, la fiabilidad. Así se comprende por qué el "Amén" puede expresar tanto la
fidelidad de Dios hacia nosotros como nuestra confianza en El.
Amen también significa el Dios fiel a sus promesas
Así pues, el "Amén" final del Credo recoge y confirma su primera palabra: "Creo". Creer
es decir "Amén" a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse
totalmente de El que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. La vida cristiana
de cada día será también el "Amén" al "Creo" de la Profesión de fe de nuestro Bautismo.