100% encontró este documento útil (1 voto)
299 vistas5 páginas

Cosas Adorables y Festividades

Este documento contiene extractos del libro "La almohada" de Sei Shōnagon, una cortesana y poetisa que vivió en la corte japonesa a finales del siglo X. En él, Shōnagon describe cosas que considera adorables, como niños jugando o pájaros, así como lugares y festividades que le gustan como los jardines imperiales o el festival de los lirios. También menciona árboles y plantas, incluyendo detalles sobre sus usos y significados culturales. El documento ofrece una mira

Cargado por

Laurita20
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
299 vistas5 páginas

Cosas Adorables y Festividades

Este documento contiene extractos del libro "La almohada" de Sei Shōnagon, una cortesana y poetisa que vivió en la corte japonesa a finales del siglo X. En él, Shōnagon describe cosas que considera adorables, como niños jugando o pájaros, así como lugares y festividades que le gustan como los jardines imperiales o el festival de los lirios. También menciona árboles y plantas, incluyendo detalles sobre sus usos y significados culturales. El documento ofrece una mira

Cargado por

Laurita20
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Fragmentos del Libro de la almohada

de Sei Shônagon

132. UTSUKUSHIKI-MONO (COSAS ADORABLES)

El rostro de un niño dibujado en un melón.

Un polluelo de gorrión que se aproxima dando de saltitos cuando una imita el chillido
de un ratón; o también este mismo gorrioncillo cuando una lo ha colocado en un lugar
conveniente, luego de haberle aplicado un poco de carmín sobre la cabeza. Es
arrobador ver que los padres de este pajarillo le traen insectos o gusanos y se los
ponen en el pico.

Un pequeñín de unos dos años que gatea lo más rápidamente que puede, y cuyos ojos
penetrantes son atraídos por cualquier baratija menuda que halla en su camino. La
toma con sus delicados deditos y la muestra a las personas mayores. ¡Es adorable!

Una niña, cuyo cabello ha sido cortado como el de una monja, intenta inclinarse a
mirar alguna cosa, mas se ve impedida por el pelo que le cae sobre los ojos, y en lugar
de apartarlo con la mano ladea una y otra vez la cabeza. ¡Qué cuadro encantador!

Así mismo es seductor admirar los blancos cordones, tan bonitos, que sostienen sus
faldones, atados en torno a sus hombros. Un joven paje del palacio, no muy crecido,
que pasa ataviado en traje ceremonial.

Una torna a una hermosa criaturita en brazos por un momento, y mientras que le hace
cariños pone sus bracitos en torno al cuello de una y se duerme. ¡Es delicioso!

Los objetos empleados para la fiesta de las muñecas.

Una recoge de un estanque una hoja pequeña de loto que flota y la contempla.
También las flores de la malva rosa son arrobadoras cuando están en botón. Se trate de
lo que fuere, poco importa, puede decirse que todo lo que es pequeño es adorable.

Una criatura regordeta, de casi un año, de una preciosa tez clara, que se acerca a una
gateando, vestida de un ropón de gasa violeta, con las mangas levantadas.

Un muchachito de unos ocho años que, con voz infantil, lee en voz alta un libro.

Preciosos polluelos blancos, erguidos sobre sus patas, aún no totalmente cubiertos de
plumas, que lucen como si su ropaje fuera demasiado corto para ellos; pían
fuertemente y siguen a la gente o marchan cerca de la madre gallina. ¡Es un espectá-
culo deleitoso!

Huevos de oca.
Una urna que contiene reliquias. Clavelinas silvestres.

19. IE WA (CASAS)

El pórtico de la guardia imperial. El palacio de la segunda avenida y aquel de la


primera son también hermosos.

Los palacios de Somedono, de Seikain, de Sugawara, de Reizei. El palacio de


Shujaku: el Tôin.

Los palacios de Ono, de Kôbai, de Agata-no-ido; el palacio de la tercera avenida


oriental, el palacete de la sexta avenida y aquel de la primera avenida.

23. HITO NI ANAZURARURU-MONO (COSAS QUE SE DESPRECIAN)

Una casa cuya fachada mire al norte.

Una persona cuya excesiva bondad conoce toda la gente.

Un viejo ya decrépito.

Una mujer frívola.

Una pared de barro desmoronada.

6. SECHI WA (FIESTAS)

No hay nada semejante en belleza al festival que se celebra en la quinta luna, cuando
los perfumes de lirio y salvia se mezclan tan encantadoramente. Desde los nueve
recintos del palacio hasta las cabañas del común, no hay sitio en el que la gente no
esté atareada cubriendo sus tejados con hojas de lirios y ramos de salvia. Todos
desean que su propia casa esté decorada del modo más lujoso. Esto es algo espléndido
que nunca ocurre en ninguna otra ocasión.

En el propio día del festival, el cielo está a menudo nublado. El Despacho del
Vestuario ha hecho traer al palacio de la Emperatriz bolas de hierbas, engalanadas con
cuerdas de diversos colores, y ahora están sujetas a los pilares de ambos lados del aula
principal en la que se levantan estrado y cortinaje ceremonial de Su Majestad. Ellas
reemplazan a los crisantemos que han colgado allí desde el noveno día de la novena
lunación, envueltos en sencillas fundas de seda cruda. Las bolas de hierbas están
destinadas a permanecer en los pilares hasta el siguiente Festival del Crisantemo; pero
en cualquier circunstancia en que la gente requiere una cuerda, tiran de las bolas de
hierba. Así, al poco tiempo nada queda.

Durante el transcurso de este día festivo se intercambian regalos y los jóvenes adornan
sus cabellos con lirios, cuelgan talismanes de sus ropajes y guarnecen sus capas y
chaquetas chinas con largas raíces de lirio o brotes de azaleas, mandarinos y otras
plantas atractivas, las que aseguran a sus mangas con trenzados cordones teñidos en
desigual contraste. Aunque no hay nada nuevo en todo esto, es muy encantador.
Después de todo, ¿se cansa la gente del cerezo porque florece cada primavera?

Las niñas que marchan por las calles llevan también lirios como adorno, pero las
flores que emplean son más pequeñas que las usadas por la gente grande. Los niños se
muestran ufanos y la pasan mirándose las llores de sus mangas, comparándolas con las
de sus compañeros. Todo esto es delicioso como lo son los pajecillos que juegan con
las niñas y les arrebatan sus lirios, haciéndolas prorrumpir en lágrimas.

También me gusta ver las flores del cinamomo envueltas en papel púrpura; hojas de
lirios enrolladas finamente, arregladas en papel verde y sujetas a la indumentaria de la
gente; y raíces de lirios atadas con papel blanco. Algunos caballeros elegantes
adjuntan raíces de lirio a sus cartas, y es un deleite observar a las damas que han
recibido el contenido comentarlo con sus compañeras, mostrándose unas a otras sus
respectivas réplicas. La gente que ha elegido este día para enviar cartas a una dama de
buena cuna o a un cortesano de alto rango trasunta una gracia particular.
Verdaderamente, el festival de los lirios no es sino una delicia hasta que el hototogisu
pone fin al día al anunciar su nombre.

37. KI WA (ÁRBOLES)

El arce y el pino de cinco agujas, el sauce y el mandarino. El espino chino tiene un


nombre bastante vulgar, pero cuando todos los otros árboles han perdido sus flores, el
resplandor de sus hojas granates sobresale entre el verde entorno de forma
impresionante.

Nada tengo que decir sobre el bonetero.

Me doy cuenta, no es un árbol particular, pero debo mencionar el nombre: árbol


parásito, pues lo encuentro tan patético.

Particularmente disfruto del sakaki en ocasiones como las Sagradas Danzas


Imperiales, durante las festividades especiales. Entre todos los árboles éste es el que la
gente ha mirado siempre como el árbol de la Presencia Divina, un pensamiento muy
placentero.

El alcanfor tiende a crecer solo, evitando la cercanía de otros árboles. Hay algo más
bien aterrador en sus enmarañadas ramas y hace que una se aleje de él; empero, es
porque el árbol está dividido en millares de ramas que ha sido evocado para describir
a los que están enamorados. Por cierto, me pregunto quién fue el primero en saber
cuántas ramas tenía.

Uno no ve el ciprés hinoki muy a menudo, pero el palacio de “tres crestas, cuatro
crestas” fue construido con la madera de este árbol. Durante la quinta luna este ciprés
remeda placenteramente el sonido de la lluvia.

El arce es un árbol insignificante por sí mismo, pero sus hojas teñidas de rojo, todas
extendidas en la misma dirección, lucen muy hermosas en sus ramas, y hay algo
encantador en sus flores, que parecen ser tan frágiles como insectos disecados.

Es raro encontrarse con un ciprés de hojas largas, y no se habla mucho de él, pero
tengo entendido que los peregrinos que regresan de Mitake a menudo traen ramas de
este árbol como recuerdo. Se dice que estas ramas son ásperas y desagradables al
tacto. Con todo, a este árbol se le llama “el que mañana será ciprés”. ¿Cuál es el
propósito de esta predicción? ¿Y a quién se le ocurrió? Verdad que me gustaría
saberlo.

La alheña también es un árbol poco común. Su mayor peculiaridad son sus delgadas y
delicadas hojas.

El cinamomo y el peral silvestre.

El castaño de fruto comestible. Es extraño que sólo éste, entre todos los otros siempre
verdes, sea mencionado como aquel cuyas hojas jamás cambian.

De los árboles que crecen lejos, en las colinas, los llamados castaños blancos son los
menos comunes: en efecto, la única vez que una ve sus hojas es cuando las usan para
teñir las vestiduras de los caballeros de segundo y tercer rango. Aunque no hay nada
espléndido o inusual acerca de este árbol, una siempre tiene la impresión de que está
cubierto de nieve -y me provoca mucho el recuerdo del poema que Hitomaru
escribiera sobre el viaje del dios de las tempestades, Susano no Ô no Mikoto, a Izumo.

Ya sea una planta o un árbol, un ave o un insecto, nunca puedo ser indiferente ante
algo que esté relacionado con una ocasión especial, o que alguna vez me conmovió o
deleitó.

El yuzuriha tiene abundantes hojas verdes y brillantes, pero su tronco es muy diferente
de lo que una podría esperar, pues es rojo y resplandeciente. Hay algo un poco vulgar
en su color, pero en realidad me gusta este árbol. Nadie pone la mínima atención en él
durante la mayor parte del año, pero el último día de la duodécima luna es su día.
Tengo entendido que las comidas que ofrecen a los muertos en aquel día se colocan
sobre hojas de yuzuriha y esto lo encuentro muy conmovedor.

Tal parece que las mismas hojas son usadas para servir alimentos que endurecen los
dientes, lo que prolonga la vida. ¿Cómo puede ser? Es sobre este árbol que el poeta
escribiera:
Cuando las hojas enrojecen». Verdaderamente, el yuzuriha está lleno de promesas.

El roble común es un árbol magnífico. ¡Y pensar que el dios de las hojas vive en él!
También es fascinante que los capitanes y tenientes de la Guardia del Palacio Medio
deban ser nombrados en honor a este árbol.

La palma cañamera está mal formada, pero es del gusto chino; y es un árbol que no ha
de verse a la entrada de las casas de la gente común.

28. KOKOROYUKU-MONO (COSAS QUE ALEGRAN EL CORAZÓN)

Muchas figuras femeninas, hábilmente dibujadas, con muy bonitas leyendas.

Al regreso de alguna fiesta, los carruajes están llenos; se ve que de ellos se desbordan
los vestidos de las dantas. Numerosos servidores los escoltan, los conductores guían
bien a los bueyes y hacen correr a las comitivas.

Una carta escrita en papel de Michinoku: blanco y bello, con un pincel tan fino que
parecería no ser capaz de delinear el más ligero trazo.

El aspecto de una barca que navega río abajo.

Dientes bien ennegrecidos.

En el juego de «igual o desigual», optar más por «igual». Una tela de seda muy
flexible, tejida con lindos hilos surtidos.

Las prácticas mágicas de purificación, destinadas a impedir los efectos de la mala


suerte, ejecutadas a la orilla de un río por un adivino que hable bien.

El agua que una bebe al despertarse por la noche.

En un momento en que una se aburre, llega un visitante que no es ni muy íntimo ni


muy extraño: él refiere las últimas de la sociedad, cuenta lo que ha pasado
recientemente, cosas amenas, detestables o curiosas, tocantes a esto o aquello, asuntos
públicos o privados: él habla sin ambages, pero dice justo todo lo que una puede
escuchar. Esto alegra el corazón.

Cuando una visita un santuario shintoísta o un templo budista, y hace elevar plegarias,
una está feliz de escuchar a los bonzos, si es en un templo, o a los sacerdotes menores,
si en un santuario, que recitan con agradable voz, mejor incluso de lo que una había
esperado.

También podría gustarte