Los primeros tiempos de la humanidad
En el año 2005 el geólogo Frank Brown de la Universidad de Utah (Estados Unidos), el geólogo
Ian Mc Dougall de la Universidad Nacional de Australia y el antropólogo John Fleagle de la
Universidad de Stony Brook (Estados Unidos) comunicaron a la comunidad científica
internacional resultados de pruebas de laboratorio que establecían que los restos fósiles de un
individuo conocido como Omo I tenían unos 195.000 años de antigüedad. Estos resultados
convertían a Omo I en el Homo sapiens más antiguo conocido hasta el momento.
Omo I fue hallado en 1967 por una expedición de paleontólogos dirigida por Richard Leakey.
Recibió su nombre del río Omo, en Etiopía, en cuyo valle se produjo el descubrimiento. Cerca
del lugar donde estaba enterrado Omo I los científicos encontraron los restos de otro
individuo, al que bautizaron Omo II. El esqueleto de Omo II tenía características más primitivas
que el de Omo I.
Brown, Mc Dougall y Fleagle iniciaron sus expediciones al valle del río Omo en 1999 y volvieron
los años siguientes para estudiar minuciosamente el entorno y hacer nuevas dataciones. Sus
trabajos aportaron algunas novedades y confirmaron varias teorías de los científicos que
estudian las especies que nos precedieron en el camino de la evolución.
Los restos de los Homo sapiens (los humanos modernos, como nosotros) encontrados
en África son mucho más antiguos que los hallados en los otros continentes. Con Omo
I esa diferencia temporal se amplió.
Los primeros Homo sapiens convivieron con una o más especies de homínidos, como
aquella a la que pertenecía Omo II.
Si bien los primeros Homo sapiens tenían rasgos físicos propios de los hombres
modernos, aún no contaban con los rasgos culturales que caracterizan a estos. Junto a
Omo I no había ni agujas, ni arpones, ni arcos, ni puntas de flechas, ni instrumentos
musicales, ni adornos, ni indicios de prácticas religiosas. Todos estos elementos sí
aparecen en yacimientos arqueológicos posteriores, de hace 50.000 o 40.000 años.
Estos 150.000 años que pasaron entre la aparición de los rasgos físicos y el surgimiento de las
características culturales propias de los humanos modernos plantean numerosos interrogantes
a los investigadores y suscitan apasionadas controversias. ¿Por qué se necesitaron tantos años
para que nuestros antepasados desarrollaran esas características culturales? ¿Cuáles fueron
los desencadenantes del proceso?
Más allá de las diferentes explicaciones, lo cierto es que hace unos 10.000 años los Homo
sapiens se constituyeron en los únicos homínidos que quedaban sobre la Tierra. Y no porque
fueran más fuertes, sino porque contaban con una ventaja fundamental: tenían lenguaje
simbólico (eran capaces de hablar de ideas y de cosas que no estaban presentes) y, gracias a
él, podían aprender unos de otros.
En este capítulo daremos una mirada a la larguísima historia que se inicia con la aparición de
los homínidos, hace unos seis millones de años, y se cierra con el surgimiento de las primeras
sociedades que utilizaron la escritura. Esta extensísima etapa de la historia de la humanidad de
la que carecemos de testimonios escritos suele denominarse Prehistoria.
Nuestros más primitivos ancestros no eran los “hombres de las cavernas” que se ven en
algunos cómics, y quizás hasta nos sería difícil diferenciar a un grupo de ellos de una banda de
monos grandes. Con estos primeros homínidos comenzó un período conocido como
Paleolítico, que concluyó cuando algunas comunidades comenzaron a domesticar plantas y
animales. Ese cambio en las formas de vida, ocurrido hace entre 7000 y 12.000 años, según las
zonas, es conocido como revolución neolítica.
Los orígenes del hombre
Estudiar los orígenes del hombre es una tarea muy compleja y apasionante. ¿Cómo hacerlo si
no tenemos documentos escritos que nos den testimonios de la vida de nuestros
antepasados? A lo largo de los últimos siglos, los paleontólogos y los arqueólogos han
encontrado numerosos restos materiales -objetos, restos humanos y vestigios de la fauna y la
flora- que han tratado de ordenar en una secuencia evolutiva que ayude a esclarecer la historia
de nuestros orígenes.
Uno de los antecedentes más relevantes del estudio de la evolución del hombre fue, sin duda,
la labor del científico inglés Charles Darwin, que en el siglo XIX formuló la teoría de la
evolución. Esta teoría permitió interpretar los mecanismos de adaptación de los seres vivos a
las grandes modificaciones ambientales que se sucedieron en la Tierra. A través de estos
mecanismos, las especies se originan y se transforman y dan lugar a otras nuevas a partir de
antepasados comunes. Algunas especies lograron adaptarse con éxito y sobrevivieron; otras no
lo lograron y se extinguieron. Darwin llamó a este proceso selección natural.
Los homínidos
Hace alrededor de seis millones de años, algunos primates comenzaron a experimentar una
serie de cambios físicos y de conducta. Este proceso, llamado hominización, que duró millones
de años, dio como resultado la aparición del hombre tal como lo conocemos hoy. Los humanos
y todos sus antecesores ya desaparecidos forman el grupo de los homínidos.
Un conjunto variado de rasgos, que no aparecieron de manera simultánea, fueron
diferenciando a los primeros homínidos del resto de los primates. La posición erguida y la
bipedación (caminar sobre los dos miembros inferiores) fueron elementos de gran
importancia. Al aumentar su altura, podían observar más fácilmente por encima de los pastos
o de otros obstáculos del terreno, y anticipar la huida o protegerse de los depredadores.
Además, al estar erguidos, los primeros hombres podían liberar sus manos y, entonces,
manipular objetos y mantener una postura apta para saltar. La manipulación de objetos fue
posible, también, gracias a la evolución de la anatomía de las manos.
La ubicación de los ojos en el frente de la cabeza posibilitó la visión tridimensional y una buena
coordinación de esta con las manos.
Los australopitecos
Australopiteco es una palabra de origen latino que significa “mono del sur”. Los primeros
australopitecos habitaron la sabana africana hace aproximadamente cuatro millones de años.
Los fósiles de estos pequeños bípedos tenían un volumen cerebral reducido -alrededor de 500
cm3 frente a los cerca de 1450 del hombre actual-, una frente estrecha y grandes molares. Los
restos fósiles fueron hallados en los ricos yacimientos paleontológicos de África oriental
(principalmente en el valle etíope de Afar, el valle del Rift y el sudeste del continente) y en el
Chad.
Todo indica que los australopitecos caminaban en dos pies y que apenas utilizaban las manos
para apoyarse. El desarrollo progresivo de la bipedación significó una etapa esencial para dar
lugar, más adelante, a la adquisición total de la postura erguida del cuerpo. De todos modos,
los australopitecos aún seguían adaptados a la vida en los árboles. En su dieta prevalecían los
vegetales y su dentadura robusta les permitía romper la cáscara de los frutos secos y deshacer
los que eran muy fibrosos o duros. No hay indicios de comunicación oral entre ellos;
seguramente se comunicaban a través de gestos. Todavía no poseían el aparato laríngeo
indispensable para hablar ni el desarrollo cerebral necesario para transmitir abstracciones.
Junto a los restos de estos homínidos se descubrieron piedras talladas muy toscamente.
Caminar erguido, sin bamboleos
Las partes del cuerpo de los homínidos que experimentaron grandes cambios cuando
nos volvimos bípedos son la columna vertebral, el cráneo y las caderas. Para favorecer
el equilibrio, pero también para permitirnos mirar al frente mientras caminábamos
erguidos, la columna pasó de ser un arco en forma de C a adquirir forma de S. como
parte de este cambio, el agujero de la base del cráneo que permite la conexión de la
médula espinal con el cerebro se desplazó hacia adelante. Esto permitió que la cabeza
se equilibre perfectamente sobre la columna vertebral. Las grandes placas de hueso
que forman la pelvis pasaron de ser largas y planas a hacerse más robustas, cortas y
cóncavas, y de estar situadas cerca de la espalda a orientarse en los costados de
nuestro cuerpo. Esto contribuyó a sostener y equilibrar el tronco y modificó ciertos
músculos para la marcha bípeda.
Christopher Sloan, La historia del origen del hombre.
Los primeros hombres
A partir de los australopitecos se originó un nuevo género, el Homo, cuyas especies
comenzaron a poblar el continente Hola africano hace unos 2,5 millones de años. Los seres
humanos actuales pertenecemos a la última especie de este género.
El Homo habilis
en el sudeste del continente africano se encontraron los primeros restos fósiles de la especie
más antigua del género Homo. a esta primera especie se la denominó habilis. Estos y otros
restos hallados en África oriental (principalmente en la garganta de Olduvai, la meseta de
serengueti, el valle del Rift y el valle de Afar) revelaron que los Homo habilis eran más altos
que los australopitecos, caminaban erguidos y tenían un cerebro más grande.
El rasgo mas sobresaliente de habilis fue la fabricación y el uso de herramientas de piedra, de
ahí su nombre. La realización de estas adquirió complejidad y sus métodos se volvieron
progresivamente más sistemáticos. Estas características innovadoras de habilis son fruto, en
parte, de los cambios ecológicos que en ese momento comenzaban a gestarse en la Tierra: el
inicio, paulatino, de la llegada de los intensos fríos característicos de los períodos glaciales.
Si bien no eran buenos cazadores, los Homo habilis sabían aprovechar los restos de animales
muertos que otros depredadores dejaban. El uso de herramientas les permitió trocear la carne
para alimentarse.
Los progresos de habilis
Algunos investigadores sostienen que, gracias a los nuevos hábitos alimentarios, habilis
se abasteció de las proteínas necesarias para el desarrollo y crecimiento del cerebro,
cuyo volumen oscilaba entre 600 y 800 cm 3. Un cambio anatómico que vino de la mano
del crecimiento del cerebro fue la división de este en dos hemisferios (derecho e
izquierdo). Este rasgo evolutivo fue crucial en la creación y manipulación de
herramientas y es probable que haya contribuido, también, a un mayor desarrollo
intelectual. Los científicos conjeturan que, al lograr estos avances, habilis comenzó a
establecer rudimentarias formas de relaciones sociales a través de un incipiente patrón
de comunicación oral.
El Homo erectus
Posterior en su aparición, pero contemporáneo a habilis, fue el Homo erectus. Los restos
fósiles hallados en 1984 en el yacimiento Nariokotome (en el norte de Kenia) datan de hace
1,8 millones de años. Esta especie desplazó, un millón de años atrás, a las demás especies
homínidas anteriores al género Homo. Los erectus eran totalmente bípedos y de mayor altura
que los habilis. El volumen cerebral oscilaba entre 850 y 1000 cm 3 (tamaño mucho más
cercano al del hombre actual).
Las producciones realizadas en piedra por erectus eran más sofisticadas, y hasta puede
apreciarse cierta estética en sus formas. En general eran hachas de mano (también llamadas
bifaces) que consistían en una piedra que, tallada en sus dos caras, tomaba forma almendrada.
Los bordes se afilaban con piedras y, eventualmente, con un martillo de hueso. Las hachas
eran utilizadas para la caza, que se iba perfeccionando poco a poco. Es muy probable que
erectus conociera el fuego, aunque no lo dominara del todo. El uso de este parece no haber
sido sistemático sino ocasional. Seguramente utilizaban las brasas producidas en los incendios
que comenzaban a causa de fenómenos naturales, como la caída de un rayo o la erupción de
un volcán.
El Homo sapiens
Los Homo sapiens -cuyos rastros son los de los seres humanos actuales- tuvieron su origen en
África hace alrededor de 200.000 años y hasta hace 100.000 no salieron del continente. A
partir de ese momento se dispersaron por otros lugares de la Tierra: Europa, Asia, Australia, las
islas del Pacífico y, por último, América.
Con la aparición del Homo sapiens los cambios se aceleraron -si los comparamos con el tiempo
que llevaron las transformaciones de las especies previas a sapiens-. Aun así, llevaron miles de
años.
El volumen cerebral, ya como el del hombre actual, permitió a estos individuos un desarrollo
más amplio y complejo. En los yacimientos que datan de hace unos 50.000 años se
encontraron nuevos tipos de objetos y herramientas, fabricados con materiales como el marfil,
el asta y el hueso. En efecto, los restos arqueológicos asociados con los Homo sapiens no se
limitan a los aspectos utilitarios: por primera vez aparecen adornos personales, pinturas y
vestigios de ceremonias de entierro de los muertos.
Una rama del Homo sapiens fue la de los Homo neandertalensis o neandertales. Sus restos
fueron encontrados en 1856 a lo largo del valle de Neander -de ahí su nombre-, muy cerca de
la actual ciudad alemana de Dusseldorf. Según el registro arqueológico, los neandertales
aparecieron probablemente hace unos 130.000 años y desaparecieron hace alrededor de
25.000. Los neandertales coexistieron con los Homo sapiens y se dispersaron mayormente por
Europa y Asia meridionales.
Homo sapiens
La palabra Homo deriva de una raíz indoeuropea que significa “tierra”. Designa al ser
humano en general (hombre o mujer) como ser nacido de la tierra o terrestre, para
contraponerlo a los seres celestes -es decir, los dioses- y a los seres ultraterrenos, los
muertos. El participio sapiens proviene del verbo sapere, origen de nuestro verbo
saber. Ya el verbo latino poseía el doble significado que mantiene hoy en día: tener
sabor y tener inteligencia, conocimiento; el sabio es quien “saborea” la vida, quien la
explora mediante los sentidos y la razón. Homo sapiens significa hombre que sabe, que
razona”.
El Paleolítico
Durante centenares de miles de años los seres humanos dependieron solo de su capacidad
para cazar animales y recolectar plantas que aseguraran su sustento.
Los hombres del Paleolítico eran excelentes conocedores de los ciclos ecológicos de las áreas
por donde habitualmente vivían y se desplazaban para cazar. Aprendieron los movimientos
migratorios de las aves y otros animales, los ciclos vitales de muchos vegetales, y sabían cuáles
eran los recursos disponibles en el lugar que habitaban. Por estas razones en muy raras
ocasiones les faltaba alimento.
Los cazadores y recolectores del Paleolítico eran nómadas. ¿Qué quiere decir nómada? Es una
característica que tienen ciertos pueblos que no permanecen asentados en un mismo lugar
durante un tiempo prolongado. Como viven principalmente de la caza de animales salvajes y la
recolección de frutos y semillas silvestres, están obligados a moverse periódicamente según la
abundancia o escasez de alimento.
El mundo griego
Desde 1975, un grupo de especialistas integrado por arqueólogos, arquitectos e ingenieros
civiles y químicos lleva adelante las tareas de restauración de uno de los sitios más
significativos de la Antigüedad, la acrópolis de Atenas. El Partenón es, seguramente, el más
conocido de todos los edificios que forman el conjunto mandado a construir por Pericles.
El Partenón fue construido a mediados del siglo V antes de nuestra era en reemplazo del
templo destruido por los persas durante las Guerras Médicas. Fue erigido en honor de Atenea
Parthenos (Atenea Virgen) y contenía en su interior la estatua de la diosa realizada por Fidias
-el eximio escultor amigo de Pericles-, director de los trabajos de la acrópolis.
En los siglos que siguieron el templo sufrió varias transformaciones. En la época del Imperio
bizantino se transformó en una iglesia cristiana y muchas de sus esculturas fueron removidas o
destruidas. A mediados del siglo XV, cuando Atenas cayó en manos de los otomanos, el
Partenón fue convertido en una mezquita, y aunque los invasores no destruyeron las obras de
la Antigüedad, tampoco se ocuparon de conservarlas.
En 1687, durante los enfrentamientos entre turcos y venecianos, una explosión destruyó la
parte central del templo y comprometió seriamente toda su estructura. Luego el edificio cayó
en desuso y sufrió las consecuencias de la falta de mantenimiento.
A principios del siglo XIX, Thomas Bruce, conde de Elgin, que era el embajador británico ante el
Imperio otomano, trasladó muchas esculturas y gran parte de los frisos del templo a Londres.
En la actualidad esos frisos están expuestos en el Museo Británico y son materia de disputa
entre los gobiernos de Grecia y Gran Bretaña.
También durante el siglo XIX se realizaron algunos trabajos de restauración. Sin embargo, con
el tiempo esos trabajos ocasionarían serios problemas, ya que la herrumbre producida por los
refuerzos de hierro que se agregaron a las columnas y a las vigas dañó seriamente la
edificación. La contaminación atmosférica y la reubicación equivocada de partes del edificio,
realizada en intervenciones anteriores, fueron otros de los problemas que el equipo de trabajo
tuvo que enfrentar a la hora de encarar el proyecto de restauración.
El Partenón -declarado por la Unesco patrimonio de la humanidad- fue testigo de buena parte
de la historia de Occidente, a la que los griegos han hecho aportes invalorables. Aun en la
actualidad, en nuestra vida cotidiana están presentes las huellas de la cultura griega: tenemos
un sistema de gobierno democrático, vamos al teatro, nos seguimos haciendo las mismas
preguntas filosóficas que se hacían los griegos y nuestros atletas quieren participar de los
Juegos Olímpicos. A la antigua Grecia y su cultura está dedicado este capítulo.
Grecia en el espacio y en el tiempo
Este capítulo expone los aspectos fundamentales de la civilización griega, que se desarrolló en
la parte meridional de la península de los Balcanes -la península griega-, las islas del mar Egeo y
la costa del Asia Menor, además de numerosos puntos ubicados en las costas del mar
Mediterráneo y del mar Negro, donde los griegos fundaron colonias.
Toda el área mediterránea es predominantemente montañosa, con llanuras costeras y otras
encerradas entre relieves más altos, y de un clima templado, con precipitaciones que se
concentran en los meses más fríos; los veranos, en cambio, son cálidos y secos. En el Jónico, y
sobre todo en el Egeo, las islas son numerosas y constituyen pequeños espacios con rasgos
propios.
Si bien se ocupa de la civilización griega, este capítulo incluye también las culturas cicládica y
minoica, que florecieron antes de la griega en el mismo espacio geográfico. En cuanto a la
civilización griega, es posible distinguir en ella diferentes períodos.
La época de los reinos micénicos, que se caracteriza por la formación de reinos
independientes en la península griega.
La época oscura, llamada así por la escasez de testimonios que permitan reconstruirla.
La época arcaica, caracterizada por la aparición de las polis y la expansión de los
griegos por todo el Mediterráneo.
La época clásica, período en el que la civilización griega alcanzó su máximo desarrollo.
La época helenística, cuyos rasgos fundamentales fueron la formación del imperio de
Alejandro Magno y la extensión de la cultura griega por todo el Mediterráneo oriental
y el Cercano Oriente.
De origen griego
La cultura griega tuvo una enorme influencia sobre la latina -y por ende en la cultura
occidental- en todos los aspectos: legislación, religión, política, arte, literatura, lengua. Es así
como son de origen griego la mayoría de las palabras cultas relacionadas con la ciencia
(philosophía, mathematiké, physiké, techniké, etc.), con la enseñanza (grammatiké, scholé,
paidagogía, etc.), con el arte (mousiké, chóros, symphonía, poiesis, poietés), con la literatura
(tragodía, comodía, protagonistés, rhetoriké, etc.), con el deporte (gymnastía, athletés,
olympikós, etc.), con el gobierno y la milicia (politikós, kybernétes, strategós), entre otras.
Otros términos ingresaron en el vocabulario cotidiano y se mantienen hasta hoy en día: por
ejemplo, la preposición griega katá derivó en nuestro distributivo cada; el adjetivo maniático
se origina en el verbo griego maínomai (estar loco); el tratamiento cariñoso “mamá” proviene
de mámme, que origina también la palabra latina mamma que se refiere a las mamas que
posee una hembra.
Diversos sustantivos también provienen del griego, como fantasía o fantasma (del verbo griego
phaíno, “aparecer”), ídolo o imagen de un dios (de eídolon), lámpara (de lampás), saco (de
sákos), pantera (de pánther), etcétera.
El mundo egeo en la Edad del Bronce
Cuando se cuenta la historia de los antiguos griegos, se suele comenzar por las civilizaciones
que se desarrolaron durante la Edad del Bronce en las islas ubicadas en el mar Egeo, al este y
al sudeste del continente: las islas Cícladas y la isla de Creta. En el mundo griego la Edad del
Bronce se extendió entre los años 3200 y 1200 de nuestra era.
La cultura cicládica
Las Cícladas son un conjunto de pequeñas islas de costas rocosas que forman una especie de
puente entre Grecia y Asia, desde Kea y Andros hasta Tera (Santorini). En la Antigüedad, la
mayor parte de sus habitantes vivía de la agricultura, el pastoreo de animales pequeños y la
pesca; ni sus asentamientos ni las concentraciones de población eran grandes.
Los habitantes de las Cícladas, que mantenían contacto con el Asia Menor y con la Grecia
continental, desarrollaron una cultura propia, cuyo aspecto más destacado fue el trabajo de la
piedra y los metales. Para ello contaron con los yacimientos minerales que había en varias de
las islas, como los de obsidiana, en Milo, o los de mármol, en Naxos y Paros. Un rasgo
característico del arte cicládico es la escultura de este período, que incluye una serie de
estatuillas humanas, planas y estilizadas, de tamaños variados. Aparentemente, representaban
dioses funerarios y estaban destinadas a acompañar a los muertos en sus tumbas.
La civilización minoica
La isla de Creta está ubicada al sudeste de la península griega y es más grande que las que
integran el conjunto de las Cícladas. Allí se desarrolló una civilización que tuvo su apogeo entre
los años 2000 y 1400 a.C. El arqueólogo Arthur Evans, que descubrió los primeros restos de
esta civilización a principios del siglo XX, la denominó minoica en honor a Minos, un rey
legendario de Creta.
Gracias a los restos arqueológicos, sabemos que los cretenses viajaban mucho por mar y
comerciaban en todo el Mediterráneo oriental. El descubrimiento de palacios -especialmente
el de Cnosos- permite suponer, además, que se trataba de una rica y próspera civilización,
gobernada por reyes con el auxilio de numerosos funcionarios. Desde Cnosos, la civilización
minoica se extendió, primero, hacia otros lugares de Creta y, luego, hacia las islas del Egeo, al
sur de la Grecia continental y hasta el Asia Menor y Palestina.
En los palacios se encontraron restos de jarrones decorados, pequeñas esculturas de marfil,
sellos y joyas y, en las paredes, frescos que mostraban acontecimientos deportivos (episodios
de caza, juegos con toros, acrobacias) y escenas de la naturaleza.
Los cretenses tuvieron varios sistemas de escritura, como lo testimonian las tablillas de arcilla
halladas en los palacios. El primero fue pictográfico, es decir, que representaba mensajes por
medio de dibujos. Luego adoptaron un sistema silábico, denominado Lineal A. Más tarde, del
Lineal A derivó el Lineal B, que es el único que se ha podido descifrar hasta ahora. Se ha
descubierto que el Lineal B representa la lengua griega, lo que quiere decir que estas tablillas
son posteriores a la llegada de los griegos del continente a Creta. Según se cree, el pueblo
micénico de habla griega (proveniente de la Grecia continental) invadió la isla e incendió sus
palacios hacia el 1400 a.C. A causa de los incendios, las tablillas -que contienen inventarios,
listas de productos y censos de personal- llegaron hasta nosotros. ¿Por qué se preservaron?
Porque la acción del fuego coció la arcilla y así conservó las tablillas que entonces estaban en
uso.
Cnosos, el palacio de los reyes del mar
La disposición del palacio de Cnosos era compleja, con muchas salas, vestíbulos, puertas,
atajos y corredores. Su recorrido era dificultoso en extremo. Según lo describe sir Arthur Evans
-el arqueólogo que lo descubrió en 1921- tenía cinco pisos donde se distribuían 1300
habitaciones de amplias dimensiones y muy ventiladas. En las paredes se hallaron magníficos
frescos de colores vivos con pinturas de animales, flores, peces y escenas marinas alusivas a la
vida cotidiana de los cretenses. Además, contaba con almacenes donde se guardaban
inmensas vasijas con aceite de oliva y alimentos.
Ante la invasión micénica, el de Cnosos fue el único palacio que se conservó, aun cuando no
tenía murallas.
De los reinos micénicos a la época oscura
Hacia el año 1900 a.C. llegaron a la península griega pueblos indoeuropeos procedentes del
norte de Grecia, de la cuenca del río Danubio, de los Balcanes y del Asia Menor, especialmente
del Cáucaso: los aqueos, los jonios y los eolios. Eran pueblos guerreros que montaban a
caballo, trabajaban la cerámica y hablaban una lengua indoeuropea. Al mezclarse con la
población que entonces habitaba la península, los nuevos pobladores crearon la lengua griega,
que evolucionó en distintas variedades o dialectos.
Los aqueos recibieron una fuerte influencia de la civilización minoica. Con la fusión de ambas
culturas, floreció una nueva civilización, que fue denominada micénica por el nombre de
Micenas, el primer centro que excavaron los arqueólogos y que, se supone, fue el más
poderoso y rico de la región entre los años 1450 y 1200 a.C.
La organización política, social y económica
La civilización micénica estaba integrada por un conjunto de poderosas monarquías, cuyas
sedes eran centros palaciegos, como los hallados en Micenas, Tirinto, Pilos, Tebas y
Orcómenos.
Los micénicos eran un pueblo guerrero. A diferencia de los frescos de Cnosos, los murales
micénicos muestran, sobre todo, escenas de guerra y de caza. Son característicos de esta
civilización los palacios fortificados, construidos sobre las montañas. En ellos vivían la familia
real, los jefes militares y los artesanos. El resto de la población lo hacía en aldeas ubicadas
fuera de los muros de los palacios, ceca de las tierras de cultivo.
En la organización de la sociedad micénica el rey -el wanax- era la autoridad principal. Le
seguían en importancia los comandantes del ejército, los sacerdotes y los funcionarios. Luego
estaban los ciudadanos libres, entre los que se incluían los campesinos, los soldados y los
artesanos. Dentro de este último grupo se