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Virtud Tema 04

El documento define el concepto de virtud y describe diferentes tipos de virtudes como las intelectuales, morales, teologales y cardinales. Explica que las virtudes cardinales son prudencia, justicia, fortaleza y templanza y brinda una breve descripción de cada una.

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Virtud Tema 04

El documento define el concepto de virtud y describe diferentes tipos de virtudes como las intelectuales, morales, teologales y cardinales. Explica que las virtudes cardinales son prudencia, justicia, fortaleza y templanza y brinda una breve descripción de cada una.

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VIRTUD

DEFINICIÓN:

Del latín virtus, el concepto de virtud hace referencia a una cualidad positiva que permite


producir ciertos efectos. Existen distintos usos del término vinculados a la fuerza,
el valor, el poder de obrar, la eficacia de una cosa o la integridad de ánimo.
Una virtud es una cualidad estable de la persona, ya sea natural o adquirida.
Existen virtudes intelectuales (vinculadas a la inteligencia) y virtudes
morales (relacionadas con el bien). Una virtud es una cualidad humana que permite a
quien la posee tomar y llevar a término las decisiones correctas en las situaciones más
adversas para cambiarlas a su favor. Las virtudes se consideran cualidades positivas, y
se oponen a los vicios. Una virtud es una característica del carácter moral del agente
que no puede reducirse exclusivamente a sus actos específicos sino que es parte de su
personalidad.
Se diferencia de los hábitos en la medida en que no solamente es una costumbre, sino
que es una disposición que se encuentra bien arraigada en su poseedor. Para
Aristóteles, virtud es simplemente aquello que hace que cada cosa sea lo que es, es
decir, la excelencia misma de esa cosa, aquélla que la hace apta para cumplir con su
función natural. Si lo aplicamos al ser humano, virtud es lo que caracteriza a lo propio del
hombre. Esta condición se expresa a través del “justo medio”. Se trata de un hábito o
cualidad que depende de nuestra voluntad. La virtud es un medio entre dos vicios que
pecan uno por exceso y otro por defecto. Pero la virtud concierne a todas las actividades
humanas y no sólo a las llamadas morales. La virtud es una cualidad potencial; no se
realiza más que cuando se actúa adecuadamente, puesto que hay que ser entrenado en
ella. La virtud es una cualidad que se adquiere voluntariamente, pero requiere que uno
sea justo, mesurado y razonable. En Ética a Nicómaco se describen ciertas virtudes
éticas (que rigen la vida activa o apetitiva del alma) que es necesario poseer como
templanza, honradez, magnanimidad, sinceridad y virtudes dianoéticas (que rigen la vida
intelectual), que son cinco y están descritas en el Libro VI y son la ciencia, el arte, la
prudencia (phrónesis), la inteligencia (nous) y la sabiduría (sophía).

CLASES DE VIRTUDES
Los seres humanos necesitamos guía. La buscamos en el ejemplo de nuestros
familiares, en los consejos de los amigos, en la religión y en general, en personas que
admiramos. Nos formamos un criterio, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Por
eso la importancia de saber qué son las virtudes humanas. ¡La vida no viene con un
manual! Las virtudes humanas son aquellas convicciones o actitudes que nos permiten
conducirnos por la vida moralmente. Es decir, teniendo claro qué son las virtudes
humanas, estaremos preparados para desarrollarnos, abrirnos camino y tomar las
mejores decisiones para nosotros y los que nos rodean. Esto significa vivir
manteniéndonos firmes en nuestra postura según las diferentes situaciones que
experimentemos, con diferentes personas.
En pocas palabras, las virtudes humanas nos llevan a hacer el bien. Para comportarnos
debidamente, éstas deben ponerse en práctica diariamente. Hay dos tipos principales de
virtudes que como seres humanos adoptamos: las teologales, que nos llegan por
nuestra doctrina religiosa, y las cardinales:

 Teologales:
 Fe
 Esperanza
 Caridad

 Cardinales:
 Prudencia
 Templanza
 Justicia
 Fortaleza

LAS VIRTUDES CARDINALES


Llamadas también virtudes morales, son aquellas virtudes que son esenciales para las
relaciones humanas y el orden social. Reciben su nombre de la palabra latina “cardo”,
que quiere decir principal o fundamental. Así, se entiende que las virtudes cardinales son
aquellos valores principales y fundamentales.
Estas virtudes, asociadas también a las virtudes teologales, son punto de referencia para
la orientación de la conducta de la persona hacia una plena humanización, así como
hacia la construcción de una sociedad más justa y sana.
Las virtudes cardinales son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Se
complementan con las virtudes teologales, que son la fe, la esperanza y la caridad.
Se dice, además, que las virtudes cardinales son una respuesta a las heridas
propiciadas en el ser humano por el pecado. Así, cada una de ellas corresponde a la
sanación de un elemento en particular. Veamos ahora cada una de las virtudes
cardinales por separado.

PRUDENCIA
La prudencia es una virtud que tiene como propósito enmendar o sanar la ignorancia de
entendimiento. La prudencia es la capacidad de reflexionar antes de hablar o actuar, así
como de evaluar el modo y los medios adecuados para intervenir en una situación.
Implica, por lo tanto, el sentido de la oportunidad, es decir, de juzgar cuál es el momento
adecuado para actuar o hablar. La práctica de la prudencia implica seguir al menos tres
elementos esenciales, los cuales son: pensar con madurez, decidir con sabiduría y
actuar para el bien. Todo ello implica un proceso de reflexión continua. La persona
prudente actúa de acuerdo a lo qué es mejor en cada situación con la finalidad de
conseguir un resultado deseado, de acuerdo a las circunstancias que rodean a ese
hecho concreto al cual se enfrenta. Imaginemos que somos los responsables de
notificarle a una persona que ha sido despedida hoy “viernes” de una organización. Esta
persona sufre depresión y se encuentra actualmente medicada. Pero no solo eso, sino
que sabemos qué actualmente se encuentra viviendo un episodio de depresión fuerte
porque su esposa lo ha dejado el día anterior. ¿Será razonable notificarle “de golpe” qué
ha perdido su trabajo? ¿No será mejor esperarnos al lunes para decírselo?
Es cierto que cada caso es distinto. También es cierto que cuando una persona dentro
de una organización no ha cumplido las expectativas esperadas se le debe relevar del
cargo (siempre de una manera justa y digna) por el bien de las personas que lo rodean y
de la organización. Sin embargo existen formas de hacer las cosas.
Siempre hay que pensar en las consecuencias que nuestras palabras y nuestros actos
generan en las personas. La virtud cardinal de la prudencia nos ayudará a saber en qué
momento decir y hacer las cosas con la finalidad de hacer el mayor bien posible, o en su
caso el menor daño posible. La virtud cardinal de la prudencia nos humaniza.

JUSTICIA
La justicia es una virtud que surge para contraponerse a la malicia de voluntad. Así, la
justicia se comprende como la voluntad manifiesta de una persona de que cada quien
reciba lo que merece y es justo, es decir, que cada quien reciba lo que le corresponde.
Por lo tanto, el justo respeta los derechos adquiridos del otro. Por ejemplo, el justo
respeta el derecho de propiedad tanto como el derecho de fama y la honra del prójimo.
Asimismo, el justo respeta la autoridad que corresponde a cada quien según el rol que
cumpla. El justo respeta la autoridad de padres hacia hijos, La justicia es un conjunto de
valores esenciales sobre los cuales debe basarse una sociedad y el Estado. Estos
valores son el respeto, la equidad, la igualdad y la libertad. En un sentido formal, la
justicia es el conjunto de normas codificadas que el Estado, a través de los organismos
competentes, dicta, hace cumplir y sanciona cuando son irrespetadas, suprimiendo la
acción o inacción que generó la afectación del bien común. La palabra justicia proviene
del latín iustitia que significa “justo”, y deriva del vocablo ius.

FORTALEZA
La fortaleza es la virtud que se contrapone a la debilidad. Se trata de la virtud de tener
fuerza para luchar por el bien difícil, es decir, por aquellas metas constructivas o
principios nobles que requieren esfuerzo. Asimismo, la fortaleza ayuda a la persona a
moderar su audacia cuando esta es excesiva. La fortaleza implica actuar en dos
sentidos: atacar y resistir. Atacar se refiere a actuar de inmediato para conquistar lo
deseado. Junto a esto es necesario resistir a la desesperanza y al temor. Para ello, es
necesario que la persona tenga también un camino en el autoconocimiento. También Se
conoce como fortaleza a la fuerza, vigor, firmeza, resistencia. En la doctrina cristiana,
fortaleza es la tercera virtud cardinal que trata de vencer el temor y eludir la temeridad.
No todos los seres humanos poseen esta virtud, pero quienes la contemplan demuestran
firmeza en las dificultades que se van presentando a lo largo de la vida y constancia por
buscar el bien. Asimismo, son capaces de afrontar los problemas con valentía sin dejar a
un lado la razón que le permite obrar bajo ciertos principios.
TEMPLANZA
La templanza es una respuesta al desorden de la concupiscencia. Se trata de la virtud
de moderar los apetitos desordenados, así como las tentaciones de los sentidos. Para
ello, la persona antepone el uso de la razón. Mediante el ejercicio racional, la persona
logra el dominio de sus pasiones para preservar el bien común.

Los medios de la templanza son la abstinencia, la sobriedad, la castidad y la continencia.


Otras virtudes que suelen acompañar a la templanza son la humildad y la mansedumbre.
El término templanza es una cualidad humana que consiste en actuar o hablar de forma
cautelosa y justa, con sobriedad, con moderación o continencia para evitar daños,
dificultades e inconvenientes. Proviene del latín templararia.

La templanza es una virtud que permite al individuo controlar las pasiones, vicios e
impulsos frente a las seducciones de los deseos, placeres o instintos. La templanza
requiere buen juicio, prudencia, discernimiento, precaución y sabiduría. Es un valor que
permite al individuo tener dominio y control sobre sus actos, logrando mantener el
equilibrio a través del disfrute de las cosas buenas, sin caer en el exceso, ya que se
puede transformar en un daño. Por ejemplo: el alcohol, la comida o el sexo, que pueden
ser peligrosos si se deja a un lado la templanza.

VIRTUDES TEOLOGALES

En el cristianismo se llaman virtudes teologales al conjunto de valores y actitudes que


facultan al ser humano para acercarse a Dios y relacionarse con él. La observancia de
las virtudes teologales anima a practicar las virtudes cardinales, por lo cual se
complementan. Esto se fundamenta en la II carta del apóstol Pedro: “Con ellas [Dios]
nos ha otorgado las promesas más grandes y valiosas, para que por ellas participen de
la naturaleza divina” (2 Pedro 1, 4).

Desde el punto de vista de la teología cristiana, las virtudes teologales son inspiradas en
el entendimiento del ser humano por el Espíritu Santo, lo que le permite a las personas
actuar como “hijos de Dios”.

Las virtudes teologales fueron resumidas por San Pablo en la I carta a los corintios: “En
una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad, pero la más
grande de todas es la caridad” (1 Corintios 13, 13).
Estas serían unas de las primeras formulaciones teológicas del carácter fundador y
animador de las virtudes teologales en la experiencia cristiana.
LA FE
La fe es creer en Dios y confiar en su revelación. Esto supone, por lo tanto, la apertura
espiritual necesaria para poder reconocer la manifestación de Dios en la vida cotidiana y
en la comunidad de creyentes, esto es, en la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia
Católica define la fe como “la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que
Él nos ha dicho y revelado” (artículo 1814). Como acto de confianza en la verdad
revelada, la fe anima a actuar concretamente de acuerdo a los principios espirituales
inspirados por Dios y motiva a profesarla abiertamente, esto es, dar testimonio de ella y
difundirla. La fe es la creencia, confianza o asentimiento de una persona en relación con
algo o alguien y, como tal, se manifiesta por encima de la necesidad de poseer
evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree. La palabra proviene
del latín fides, que significa ‘lealtad’, ‘fidelidad’.
Fe también significa tener confianza plena en algo o alguien: “Yo tengo fe en que los
políticos encontrarán una solución a los problemas del mundo”.
En la práctica religiosa, la fe es fundamental. En este contexto se denomina fe
al conjunto de creencias de una religión, en cuyo caso es equivalente a doctrina. Todas
las religiones requieren de la fe. Así, fe puede referir a la vez a 1) creer en algo y, 2) las
cosas o principios en los que creemos. Es, pues, bajo la fe que los creyentes aceptan
como verdad absoluta los principios difundidos por la religión que profesan: la creencia
en un ser supremo y el sometimiento a su voluntad divina. Por otro lado, también
es sinónimo de religión o culto: fe islámica, fe cristiana, fe judía. Asimismo, como fe se
denomina la credibilidad que se ha otorgado a algo o alguien debido a la autoridad, fama
o reputación de quien lo afirma: “El ministro dijo tener fe en que las negociaciones
llegarían a buen término”. Una fe, finalmente, es también un documento que certifica la
verdad de algo y que solo puede ser emitido por funcionarios públicos debidamente
autorizados: fe de soltería, fe de vida.

LA ESPERANZA
La fe infunde la esperanza. La esperanza es la espera confiante en el cumplimiento de
un determinado horizonte que, en el caso de la teología cristiana, se refiere al
cumplimiento de las promesas de Jesús: el reino de los cielos y la vida eterna, en
función de lo cual el cristiano se conduce espiritualmente.

El Catecismo de la Iglesia Católica sostiene que la esperanza “corresponde al anhelo de


felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre”

La esperanza, animada por la fe, permite al ser humano comprometerse con los cambios
necesarios para construir el reinado de Dios, así como encontrar sentido al trabajo,
fuerzas para enfrentar las dificultades y paciencia para esperar. La esperanza es
un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece
posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas
con aquello que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos.
La esperanza es lo contrario a la desesperanza, y, como tal, muchas veces sirve como
asidero moral para no caer en el desaliento, para no perder la serenidad ni perder de
vista aquello que se anhela alcanzar. De allí que la esperanza alimente positivamente
nuestras [Link] mismo modo, desde un punto de vista más pragmático, la
esperanza se puede asociar con la idea vana de lograr cosas o realizar nuestros deseos,
dejándolo todo a la espera y olvidando la acción, como si pudiéramos conseguir
nuestros objetivos sin intervenir para su concreción.
CARIDAD
La caridad (el amor) es el centro del corazón cristiano. En ella se expresa plenamente la
fe y la esperanza y, por ende, ordena y articula todas las virtudes.

La caridad (amor) se define como la virtud que permite a las personas amar a Dios por
sobre todas las cosas y, en nombre de este vínculo, amar al prójimo como a sí mismo.
Sus frutos son el gozo, la paz y la misericordia.

Esto corresponde al mandamiento fundamental que Jesús comunica a sus apóstoles:


“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he
amado, ámense también ustedes los unos a los otros” (Juan 13, 34).

Para el apóstol San Pablo, la caridad es la más importante de las virtudes teológicas, tal
como se deja ver en el siguiente versículo: "Aunque repartiera todos mis bienes para
alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve
para nada" (1 Corintios 13, 3). Como caridad se conoce la actitud de quien obra
desinteresadamente, en favor del prójimo, sin esperar nada a cambio. Como tal, puede
entenderse como sinónimo de altruismo, filantropía, generosidad o solidaridad. La
palabra proviene del latín carĭtas, caritātis.
En este sentido, la caridad es aplicable a las distintas acciones solidarias mediante las
cuales se brinda apoyo a quienes lo necesitan. Ofrecer comida y refugio a los sin techo,
proporcionar ropa a las víctimas de un desastre natural, donar cierta cantidad de dinero
a fundaciones benéficas, son todas acciones de caridad.

La caridad está muy asociada a los valores que preconiza la religión cristiana,


fundamentalmente el del amor al prójimo. Sin embargo, la caridad se expresa
básicamente en la disposición de ayudar y apoyar al otro, al más necesitado, sin esperar
recompensa.

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