Psicología y
marginalidad social.
Evaluación del efecto de las
condiciones de pobreza
sobre la conformación del psiquismo. (*)
Psic. Victar A. Giorgi (**), Psic. Gradela Dilacio.
RESUMEN
La estructura socio-econónúca latinoamericana deternúna que im-
portantes sectores de la población vivan en condiciones precarias confi-
gurando los fenómenos de "marginación social" y "pobreza crítica",
Diversos estudios enfatizan la incidencia de las experiencias de pri-
vación durante la infancia en la futura vida social, comprometiendo la
capacidad de reflexión, futurización y adaptación social dandole a las
relaciones interpersonales una particular forma de "utilitarismo e inme-
diatismo".
Este trabajo ilÍtenta comprender, desde la teoría psicoal1a1Ítica y
los aportes de la psicología social, la incidencia de estas condiciones
de vida sobre la estructuración de la personalidad, el ftmcionamiento de
las estmcturas eognitivas y las modalidades vi'1culares.
Se parte del análisis de la "familia marginal" cuya inserción en la
estructura social detennina una dinámica particular que condIciona la
socialización y los procesos de identificación del niño.
La Teoría de las Funciones de Bion sirve de modelo para compren-
der las distorsiones producidas en la capacidad de aprendizaje social de
este fenómeno.
*Comunicación libre presentada en el Primer Congreso Sobre Actualización en Técni-
cas de Evaluación Psicológica, realizado en la Universidad de Belgrano, Buenos Aires del
9 al 12 de noviembre de 1983.
**Luis P. Ponce 1252/802, Montevideo.
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"...quien asume la responsabilidad de
ayudar a quebrar la incomunicación de
otro hombre, debería tener obligada-
mente conciencia de la existencia de
múltiples planos de la realidad huma-
na: conciencia del profundo estado de
enfermedad de una sociedad que muti-
la la vida del hombre concreto".
E. Pichón Riviére 20
INTRODUCCION
. Esta comunicación intenta compartir una serie de reflexiones sobre la ex·
periencia de tres años de trabajo psicológico y social con habitantes de los
"cantegriles" montevideanos.
No es el resultado de una investigación sistemática, sino una elaboración en
base a la experiencia acumulada que intenta comprender el efecto de ciertas
condiciones de vida sobre el psicquismo.
IMPORTANClA DEL TEMA
Los fenómenos de la pObreza y la marginación social son largamente cono-
cidos en América Latina.
La estructura socio.económica de nuestro continente determina que im·
pOrtantes sectores de la población vivan en condiciones precarias.
Ecológicamente estos grupos tienden a acumularse en las llamadas "áreas
de pobreza" dentro de las ciudades o en la periferia, en asentamiento s precarios
que reciben distintos nombres según los países: "favelas" en Brasil, "villas mi-
seria" en Argentina, "callampas" en Chile, "barriadas" en Perú, "cantegriles"
en Uruguay.
La sociología ha empleado el término "marginados" para designar estos
sectores que parecen carecer de papel protagónico en la sociedad. No obstante,
numerosos estudios3/4 muestran que lejos de estar "al margen" de la eco-
nomía son producto de~ésta. Tienen una inserción particular en los procesos
productivos ocupando un lugar especialmente desventajoso, pOr debajo del res-
to de los trabajadores asalariados en cuanto a su acceso al "producto social".
Sus ocupaciones son inestables, sus salarios bajos e irregulares, insuficientes
para cubrir las necesidades básicas: alimentación, vivienda, cobertura sanitaria,
educación. El déficit en el acceso a bienes y servicios configura lo que Altimir
denomina "síndrome de pobreza crítica". 1
En estas condiciones se desarrolla una "cultura", una "forma de vida" cuyo
"tema eje" es la preocupación por la sobrevivencia, sobre un horizonte de ca-
rencia e insastifacción de necesidades básicas.
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El niño marginado se socializa en un ambiente de inestabilidad bajo la per-
manente amenaza del hambre que marca una existencia insegura y resentida,
desprovista de ese apoyo significado por el alimento seguro.
Esto genera una suerte de "hambre crónica" que signa el inmediatismo, di·
ficulta la reflexión y la futurización y otorga a las relaciones interpersonales
una particular forma de utilitarismo. 1 7
En este trabajo nos proponemos comprender como se opera el proceso de
constitución del psiquismo en condiciones de "pobreza crítica"; las modalida-
des vinculares que determina y la significación que dicho funcionamiento psí-
quico adquiere inserto en la estructura social.
BASES TEORICAS -
LA PROPUCCION DEL SUJETO PSIQUICO
Partimos de la hipótesis de que el sujeto psíquico se produce en el inter·
juego de dos materialidades. A partir de un organismo que, en función de las
contradicciones internas inherentes a la materia viviente experimenta la "tensión
de necesidad" cuyo opuesto es la satisfacción. Esto requiere de un "objeto ex-
terno" proveniente del contexto.
En el hombre ese "contexto proveedor de objetos" está organizado como
una trama de relaciones sociales de diversa índole: relaciones afectivas, de con-
sumo, de intercambio, de producción.
Así entra en escena la estructura socio~conómica que hace directamente a
la "producción de la vida" en tanto condiciona la satisfacción de las necesiáades
básicas. Determina experiencias de gratificación o frustración cuyo registro cris-
taliza en estructuras de acción y pensamiento a través de un progresivo proceso
de conformación del "mundo interno". 15
Entre el sujeto y la estructura social se abre un espacio físico, psicológico y
social ocupado por el grupo familiar, cuya función es preservar la vida y cuma
plir las demandas sociales mediante la regulación de las actividades de procrea-
ción, afectivo·sexuales y educativas prescriptas por el sistema socio-cultural en
que está inmersa.
Es el agente socializador básico, en cuyo ámbito el sujeto construye su
identidad y su posición individual en la red de relaciones sociales.
La familia como grupo está sometida a una doble dinámica: interna entre
los roles y las personalidades de quienes los desempeñan y externa en sus víncu-
los con la estructura social.
Para analizar la producción del "sujeto psíquico" en condiciones de "mar-
ginación social" nos centraremos en el estudio de la familia marginada concebi-
da como "unidad reproductora de sujetos" e intentaremos comprender cómo
se opera esta doble dinámica.
Posteriormente describiremos las modalidaes expresivas: comunicación y
pensamiento, y el significado social de las mismas.
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EL HABIT AT DE LA FAMILIA "MARGINADA"
Resultaría difícil referimos a la familia sin mencionar la vivienda como
escenario donde se desarrolla su vida cotidiana.
La antropología aporta estudios transculturales que muestran una íntima
relación entre la valoración, apropiación y uso de los espacios domésticos y fac-
tores culturales y psicosociales. (Levi Strauss, 1963; Tambiah, 1969; Lawrence,
1980) 11
Podría decirse que la ubicación espacial y la forma que toman los asenti-
mientos marginados son la expresión metafórica del lugar que estos sectores
ocupan en la estructura social: el de un desarrollo urbano defectuoso y falli-
do en ese "cinturón de pobreza" que rodea a las ciudades o en los "espacios
urbanos" dejados por el deterioro de esa misma estructura: derroídos edificios
céntricos convertidos en "conventillos" u "hogares de emergencia".
Son ocupantes, intrusos, simples pobladores sin derecho de propiedad ni
de uso reconocido sobre su vivienda, expresando así la negación de un lugar
social.
La propia vivienda precaria con escasa privacidad e indiferenciación de es-
pacios internos condiciona el hacinamiento y la indiscriminación de roles fami-
liares. No existe un lugar para cada uno.
Este tipo de vivienda resulta insuficiente como protección ante las incle-
mencias del entorno, deficitaria como continente, lo que constituye una clara
metáfora de cómo la familia marginada cumple su función de protección y
sostén durante el período de socialización del niño.
FUNCIONAMIENTO DE LOS ROLES FAMILIARES
En nuestra cultura el padre aparece como responsable absoluto del sostén
económico del grupo y nexo entre éste y la cultura.
La inserción laboral del hombre marginado, caracterizado por la sub o de-
socupación y el salario bajo, hace que esta responsabilidad económica resulte
excesiva para sus reales posibilidades.
Esta situación socialmente determinada genera fuertes sentimientos de cul-
pa e inferioridad que se refuerzan con la desvalorización de los roles laborales
que debe desempeñar. Muchas veces realiza trabajos infrahumanos, socialmente
despreciados y hasta negados como ''trabajo'' confundiéndose con la mendici-
dad. Esta encubre la fantasía de que no es capaz de ganar su sustento pudiendo
aspirar solo a lo que otro le da.
Esto lesiona la autoestima del hombre marginado que, compensatoriamen-
te recurre a la mística del "machismo" como forma de sostener su "ser hom-
bre" y a actuaciones agresivas con la fantasía de imponer ante sus iguales el res-
peto y el temor que el experimenta frente a quienes vive como superiores (pa-
trones, autoridades).
Dentro de la familia, el fracaso en su rol de sostén económico conlleva la
pérdida de autoridad. El grupo deposita en él la frustración y la agresividad que
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su inserción social genera y aparece como responsable de las carencias materia-
les.
De esta manera, en el padre de familia se superponen las responsabilidades
del sustento del núcleo, la real imposibilidad de cumplir esa demanda y el des-
precio que recibe tanto del exogrupo como de su propia familia.
En estas condiciones se produce lo que podemos denominar "avasallamien-
to del Yo". Sus dispositivos de adaptación y manejo de la realidad se ven total-
mente superados quedando la negación y la evasión como únicos mecanismos
de sobrellevar tal situación.
El abandono del hogar y el alcoholismo son actuaciones frecuentes. Duran-
te las crisis alcoholicas suelen darse agresiones a mujer e hijos como fallido in-
tento de recuperar su autoridad a la vez que descarga en ellos la agresividad
acumulada en sus relaciones con la sociedad.
Esto da a la figura paterna carácter inestable, el abandono del hogar ante
el fracaso deja lugar a una nueva unión, muchas veces concebida utilitaria-
mente como "alianza para la sobrevivencia" y que en general tiende a reeditar
la situación anterior.
Estas características de la función paterna hacen que la madre adquiera un
poder casi absoluto sobre los hijos. Siente que debe protegerlos de un entorno
cargado de peligros, tratando más de aislarlos y preservarlos que de elaborar su
crecimiento buscando la inserción en el medio que los rodea.
En estas madres se observa un fuerte componente narcisista, sienten que
sus hijos les pertenecen y fantasean lograr a través de ellos su propia realiza-
ción, revivir su infancia, superar la situación de sometimiento. Expectativas és-
tas destinadas a frustrarse en el choque con la realidad.
A su vez estas madres son portadoras de conflictos internos básicos, deri-
vados de su propia infancia, que limitan su capacidad de matemalización.
M. Langer (1951) insiste en que la aceptación de la maternidad se basa en
la identificación con los aspectos buenos de su propia madre. Una imago ma-
terna destruída y destructora, asociada a experiencias de privación, desprotec-
ción y vivencias persecutorias se convierte en obstáculo que interfiere el víncu-
lo materno-filial. 2
Cabe señalar que en este medio la maternidad no es un hecho esperado ni
anticipado sino el resultado de una actuación sexual generalmente ocurrida du-
rante la pubertad. Marca el fm de la niñez y el abrupto pasaje a una adultez sig-
nada por la frustración, la carencia y la impotencia de pertenecer a un sector
socialmente marginado.
Al entrevistar a estas madres púberes vivimos contratransferencialmente
un sentimiento confuso. El de estar frente a una personalidad infantil en un
cuerpo adolescente con una problemática adulta que gira en tomo a la materni-
dad y el sustento.
El embarazo es vivido inicialmente como un castigo ante la actuación se-
xual, moviliza fantasías de competencia con la propia madre y luego, a través
de una identificación de los aspectos infantiles de ella con su bebé se convierte
en una especie de proyección que da continuidad a la propia infancia perdida.
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En esta dinámica inconsciente el lugar del hijo como "sujeto deseante"
queda negado y cubierto por la proyección de deseos matemos. El vínculo sim-
biótico entre madre e hijo se prolonga más de lo habitual. Las condiciones de
vida, las características de la vivienda, el hacinamiento, el colecho múltiple, son
factores que favorecen la indiscriminación y dificultan la individuación del ni-
ño.
El niño no tiene un lugar en su casa como no lo tiene en su familia. Esto
anticipa y condiciona un proceso que culminará con la conformación de un
adulto negado como sujeto de deseos y necesidades, invalidado como agente
social, en síntesis: un marginado.
El desarrollo del niño marginado no se da por el interjuego entre madura-
ción psicofísica y adjudicación de roles sociales, sino que está dado por una ca-
dena de actuaciones y hechos biológicos que marcan un proceso irreversible,
no deseado ni acompañado de una elaboración interna.
De bebé pasa el tiempo dentro de los estrechos límites de su vivienda. El
"cajón" usado como cuna o el lecho compartido pueden interpretarse como
una prolongación del "útero materno", pero por sobre todas las cosas implican
carencia de estímulos que favorezcan su desarrollo.
Cuando adquiere la marcha, el rancho ya no resulta un continente adecua-
do para sus actividades produciéndose un precoz pasaje al exterior, en general
sin el apoyo de personas adultas.
Esta precocidad se alterna con el restablecimiento de la simbiosis en el co-
lecho nocturno o el hacinamiento que se produce cuando las condiciones climá-
ticas obligan a refugiarse en la vivienda.
También el pasaje a la adultez surge abruptamente, el cuerpo y las exigen-
cias sociales marchan a un ritmo inexorable mientras el desarrollo personal pa·
rece detenerse.
El fm de la niñez en este ámbito está marcado por la primera unión, mu-
chas veces precipitada por un "embarazo accidental" producto de actuaciones
sexuales mediante las cuales el adolescente busca salir de su confusión y obte-
ner gratificaciones inmediatas, pero que no hacen sino reiniciar un ciclo que
marca su real e inequívoca pertenencia a este sector social.
Ahora deberá asumir roles paren tales sin haber elaborado sus conflictos
infantiles, los cuales fatalmente se reeditarán desde el nuevo rol.
Los núcleos simbióticos no resueltos se expresan fenoménicamente de las
dos formas descriptas. por Bleger 4 : el vínculo afectivo estable es visto como al-
go que atrapa y agobia por lo tanto se evita fóbicamente, es la "familia esqui-
zoide o dispersa" en que cada miembro funciona para sí. Esta familia no existe
como continente ni puede hacerse cargo de sus responsabilidades grupalmente.
Esto puede ser compensado por el retorno a vínculos infantiles, es la "fa-
milia aglutinada" generalmente rnatrilocal donde varias generaciones conviven,
indiscriminadamente en forma de ''racimo'' en tomo a una ''madre fuerte" y
muchas veces sin figuras que cumplan la "función paterna".
De este modo se opera la "reproducción de los sujetos psíquicos" condena-
dos a ocupar ese "lugar social" de la marginación.
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CARACTERISTICAS DE LA COMUNICACION
y EL PENSAMIENTO
En nuestra práctica clínica hemos observado que en estos sectores predo-
mina un pensamiento de tipo concreto y pragmático, en general inmediatista
con escasa capacidad de simbolización. Esto se asocia un "código verbal" res-
tringido con predominio de elementos preverbales y corporales. La expresión
gestual y la "actuación" son las formas de decir 10 que se piensa, siente o de·
sea.
Usandibaras habla de un "estilo expresivo motro" característico de quié-
nes usan cotidianamente su musculatura como actividad principal y 10 dife-
rencia del "estilo conceptual" predominante en trabajadores intelectuales y sec-
tores medios. 9
Se daría un predominio de las áreas dos y tres (cuerpo y mundo externo)
en desmedro de la actividad intelectual y la verbalización de los afectos (área
uno).
En un primer abordaje el pragmatismo y el inmediatismo se presentan
como rasgos adaptativos propios de esta sub-cultura. "El que esté inmerso en
la preocupación primaria de comer, abrigarse, hallar un techo ve esto como ab-
soluto. La subsistencia es absoluta y urgente a tal punto que uno no puede re·
trotraerse de ella porque retrotraerse es morir" 17
El horizonte de carencia hace que el manejo diferido de la realidad opera-
do mediante el pensamiento parezca superfluo. De este modo se privilegia un
modelo de conducta que condiciona otras áreas de la existencia funcionando
como modelo identificatorio en la socialización de las nuevas generaciones.
Sabemos que en su génesis los procesos de simbolización descansan sobre
la mediatización básica del deseo que permite pensar 10 ausente en base a la di·
ferenciación palabra-cosa. Las representaciones de palabra pemuten manipular
a nivel del pensamiento objetos y situaciones sin necesidad de su presencia
real y concreta. Se accede así al orden de 10 simbólico.
Cabe preguntarse si puede desarrollarse este proceso en condiciones de in-
satisfacción de las necesidades básicas.
Esta situación social, sumada a la historia personal dificulta la "continen-
cia" materna ante las ansiedades infantiles, con impsibilidad de metabolizar la
angustia y devo1verla en térn1inos de proceso secundario, 10 cual explicaría las
deficiencias en el desarrollo de la función simbólica y la tendencia a la actua-
ción irreflexiva.
En térn1inos de Bion 5 no se produciría una adecuada "relación comen-
sal" entre continente (madre) y contenido (bebe) que al ser introyectada por
e11actante establezca las bases de la capacidad de pensar y aprender.
No se desarrollaría 10 que el denomina función "alfa", función ordenadora
que sostiene el logro de la simbolización y posibilita el aprendizaje a través
de la experiencia.
Cuando la ansiedad paranoide es muy intensa y el continente materno
no logra mitigarla, el lactante inhibe su capacidad de incorporar no obstante
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el instinto de conservación lo fuerza a alimentarse.
Se daría así una división ("split") entre satisfacción material (alimento) y
psíquica (afecto). Toma de su madre los "cuidados materiales" sin rncorporar
el "objeto vivo" que los proporciona.
Los vínculos se cosifican, las relaciones materiales se desligan de las afec-
tivas. Se pierde la "función alfa" y el sujeto solo podrá incorporar elementos
"beta" no pensables, destinados a ser evacuados mediante la actuación. Pierde
así la posibilidad de "aprender de la experiencia".
Esto explicaría, desde la óptica psicogenética, lo que puede denominarse
"carácter social" S_lO de los sectores marginados: el inmediatismo, la difi-
cultad de expresión simbólico-verbal, el utilitarismo de los vÚlculos, la difi-
cultad de aprender de las experiencias e incluso la patología predominante:
histeria, psicopatía, conductas antisociales; es decir "patologías actuadoras".
Pero nuestro análisis sería incompleto si dejaramos de ver la significación
que este funcionamiento del psiquismo adquiere inserto en la estructura so-
cial.
El vínculo utilitario desconoce el valor del otro como persona pero se
vuelve sobre el propio sujeto quién pierde su condición de ser pensante y de-
seante. Crea así las condiciones para establecer relaciones de sobre-explotación.
Es esta peculiar organización del mundo interno la que predispone al hom-
bre marginado a asumir el rol socialmente adjudicado. El de un ser desvaloriza-
do, negado en sus derechos y necesidades, con aspiraciones solo inmediatas, dis-
puesto a hacer sin pensar, proporcionando mano de obra barata a cambio de la
mera sobre vivencia, cuyas rebeldías están condenadas a agotarse en actuaciones
impulsivas, sin ningún poder transformador y lo que resulta aún más claro, con-
denado a no aprender de la experiencia.
Es decir, a no descubir por sí solo el hondo significado social que encierran
sus experiencias cotidianas. Es por tanto, un hombre sometido, anulado en su
capacidad de pensar, crear y transformar.
CONCLUSIONES
De nuestra experiencia, así como del análisis realizado podemos inferir la
existencia de un "carácter social" defIDido como un conjunto de rasgos comu-
nes a la mayoría de los individuos que desarrollan su existencia en las condicio-
nes económicas, sociales y culturales que rodean la ''pobreza crítica".
Más allá de la inscripción particular que estas experiencias tengan en el
"mundo interno" de cada sujeto, sus rasgos comunes se originan en la "prác-
tica social" que caracteriza a estos grupos y por tanto debe comprenderse a
través del análisis del eje hombre-trabajo, hombre-mundo, hombre-sociedad.
Su ontogénesis se explica a través del análisis de los vínculos primarios,
las relaciones objetales y los procesos identificatorios que condicionan la re-
producción de "sujetos psíquicos" y la reedición de esta peculiar organiza-
ción de su ''mundo interno" de generación en generación.
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Dicho "carácter" es un "producto social" que si bien cuestiona a la estruc-
tura que 10 produce, es en última instancia funcional a ella en tanto neutraliza
el potencial transformador propio de todo ser humano y crea las condiciones
psíquicas para la asunción de un rol sociahnente adjudicado.
Podemos así postular una complementariedad entre alienación social y
empobrecimiento del funcionamiento psíquico. El segundo surge como conse-
cuencia del primero pero a su vez 10 refuerza y reproduce presentándolo como
hecho natural y por tanto inmutable. Como dice Bleger:
"Mucho del sometimiento del hombre a la situación de alie-
nación, se deb.e a que no es posible salir de la estereotipia
interna lo que a su vez profundiza la estereotipia externa ...
después tenemos una regulación mutua en la que funciona
todo como una sola estructura. "
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