La
polinización entomófila es aquella realizada por insectos que visitan las flores
en busca del néctar o el polen para su alimentación. Además de mantener la
variabilidad y diversidad de las plantas, la polinización entomófila es fundamental
para la producción de muchos cultivos. En efecto, alrededor del 75% de las especies
cultivadas dependen de este tipo de polinización y el 35% de la producción de
alimentos de origen vegetal proviene de plantas polinizadas por insectos
En su búsqueda de alimento, los insectos polinizadores trasladan (unos con más eficacia que otros)
el polen entre las flores y hacen así posible su fecundación. Este transporte se conoce como
‘polinización entomófila’ y es el resultado de un ‘flechazo a primera vista’ entre plantas e insectos
que se remonta 140 millones de años atrás.
En la mayoría de las flores, las glándulas productoras de néctar (nectarios) están ubicadas de tal
modo, que obligan al insecto a rozar su cuerpo contra los estambres, quedando el polen adherido.
Entre los insectos que actúan como agentes polinizadores están algunos escarabajos, polillas,
mariposas, moscas, avispas y abejas. De todos ellos, las abejas (superfamilia Apoidea) son los
más eficientes, pues visitan una gran cantidad de flores, para poder satisfacer los requerimientos
alimenticios (néctar y polen) de su prole (larvas).
Las especies entomófilas tienen flores con cualidades que las hacen atractivas a los insectos:
colores brillantes, perfume, néctar, formas y diseños especiales que guían al insecto. Los granos de
polen son en general más grandes que los de flores anemófilas (polinizadas por el viento) y suelen
ser más pegajosos tendiendo a unirse en grupos y a adherirse al cuerpo del insecto en vez de flotar
fácilmente en el viento. Además suelen tener más valor nutritivo para el insecto.
Desaparición de insectos Sin embargo, el grupo de seres vivos más numeroso del planeta, los
insectos, se encuentra seriamente amenazado. Una reciente publicación revela que el 40% de las
especies pueden desaparecer en los próximos 100 años. Entre ellas se incluyen todos los grupos
de polinizadores: mariposas, polillas, abejas, moscas y escarabajos.
Las poblaciones de polinizadores están reguladas por varios factores: la abundancia de flores, la
disponibilidad de ambientes de nidificación, los depredadores y patógenos, y los pesticidas. Las
prácticas agrícolas intensivas tienen un efecto negativo en al menos dos de estas variables: por un
lado, al transformar los hábitats de los insectos en monocultivos hacen que los recursos florales
disminuyan; y, por otro, conllevan el uso generalizado de plaguicidas. Otros fenómenos que
contribuyen a la
pérdida de biodiversidad de insectos son la incidencia de parásitos, las especies invasoras o el
cambio climático.
Para evitar este colapso anunciado es necesario comenzar a tomar medidas de forma urgente,
principalmente sobre la forma de realizar las prácticas agrícolas. Favorecer la agricultura ecológica
frente a la agricultura intensiva tiene grandes beneficios para las poblaciones de polinizadores.
Por una parte, la agricultura ecológica produce alimentos sin emplear pesticidas y fertilizantes
sintéticos, lo que permite mantener la fertilidad del suelo y conservar la biodiversidad. Además,
promueve un menor laboreo de la tierra y, por tanto, disminuye las perturbaciones en el suelo y el
riesgo de destrucción de nidos de abejas.
Por una parte, la agricultura ecológica produce alimentos sin emplear pesticidas y fertilizantes
sintéticos, lo que permite mantener la fertilidad del suelo y conservar la biodiversidad. Además,
promueve un menor laboreo de la tierra y, por tanto, disminuye las perturbaciones en el suelo y el
riesgo de destrucción de nidos de abejas.
Si queremos seguir escuchando el zumbido de las abejas y el canto de las aves, debemos pensar
en otras formas de manejar el campo más respetuosas con la vida silvestre. Es posible una
convivencia más amable con estos seres que, además de realizar un servicio ecosistémico
fundamental, son fuente de alimento de miles de especies.