0% encontró este documento útil (0 votos)
58 vistas102 páginas

Apurimac

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
58 vistas102 páginas

Apurimac

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

APURIMAC

La tierra donde habla


el Dios de la montaña

VIGILADA MINEDUCACIÓN - SNIES 1705


Serra, David J.

Apurimac: la tierra donde habla el Dios de la montaña / David J. Serra; diseño Fulvio Serra ; edición María Rosa
Gasparetti; Traducción Lucía Estévez Pedraza. - Bucaramanga (Colombia): Universidad Santo Tomás, 2020.

100 páginas: ilustraciones a color. -(Colección selecciones de investigación; 15)

Incluye referencias bibliográficas (páginas 92-93).

ISBN: 978-958-8477-79-4 e-ISBN: 978-958-8477-91-6

Contenido: Los Andes y el microcosmos cultural quechua. - Herencias coloniales y violencia simbólica en el
conflicto armado peruano. - Un breve contexto histórico. - Manchay Huatacuna. - Etnografía del conflicto. - Un
ojo que llora. - Algunas palabras acerca de un mundo que está desapareciendo.

1. Conflicto armado – Aspectos sociales – Perú 2. Desplazados por la violencia – Aspectos sociales – Relatos – Perú
3. Sendero Luminoso – Actividades subversivas – Perú 4. Derechos humanos – Perú 5. Apurimac (Perú) – Vida social
y costumbres I. Serra, Fulvio II. Gasparetti, María Rosa III. Estévez, Lucía Pedraza, IV. Serra, David Jonathan, V.
Universidad Santo Tomás VI. Título.

323.6 SDD 23
CO-BuUST

Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación CRAI, Universidad Santo Tomás, Bucaramanga.

Directivos Centro de investigación


Universidad Santo Tomás Gloria Judith Palacio Osorio
Seccional Bucaramanga Directora

Fray Oscar Eduardo GUAYÁN PERDOMO, O.P. Departamento de Publicaciones


Rector Seccional Freddy Luis Guerrero Patarroyo
Director
Fray Mauricio GALEANO ROJAS, O.P.
Vicerrector Académico Diseño y producción gráfica
Centro de Diseño e Imagen Institucional - CEDII
Fray Rubén Darío LÓPEZ GARCÍA, O.P. Olga Lucía Solano Avellaneda
Vicerrector Administrativo Financiero Directora

ISBN: 978-958-8477-79-4 María Amalia García Núñez


e-ISBN: 978-958-8477-91-6 Corrección de Estilo

Edición
Luis Alberto Barbosa Jaime
© Universidad Santo Tomás,
Diseño y Diagramación
Bucaramanga, Colombia
2020
Impresión
Libro Distrigraf
APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña Cl. 41 #18-77
Bucaramanga, Colombia
Autor
Hecho el depósito que establece la ley
David Jonathan Serra
Primera edición, 2020
Ilustrador
Fulvio Serra
© Derechos reservados
Universidad Santo Tomás,
Montaje y retoque digital
Seccional Bucaramanga, Colombia
María Rosa Gasparetti
Carrera 18 No. 9 -27
PBX: (57 7) 698 58 58 Exts.: 6737 - 6864
Traducción italiano - español
Lucía Estévez Pedraza

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio,


sin la autorización expresa del titular de los derechos.
A María Rosa, sin la cual nada hubiera sido posible.
Contenido

Introducción 9
Apurimac - La tierra donde habla el Dios de la montaña 13
Apéndice 71
Los Andes y el microcosmos cultural quechua 71
Herencias coloniales y violencia simbólica en el conflicto armado peruano 74
Un breve contexto histórico 79
Manchay Huatacuna – Etnografía del conflicto 80
Un ojo que llora 87
Algunas palabras acerca de un mundo que está desapareciendo 89
Referencias 95
Agradecimientos 99
Introducción

Detrás del noble lienzo del maestro Fulvio Serra y de sus trazos elabora-
dos a pincel y tinta china, se encuentra un extenso trabajo de investigación
antropológica que ha permitido reconstruir, a partir de los testimonios de las
víctimas, los trágicos acontecimientos que por dos décadas han asolado el
normal transcurrir del tiempo en la olvidada provincia peruana de Aymaraes.

Con este experimento de graphic journalism se ha querido restituir la voz


de las áfonas víctimas del conflicto armado interno peruano (CAIP) de la
región Apurímac, la tierra donde habla el Dios de la montaña1. Más precisa-
mente, este reportaje gráfico, es el fruto de un año de investigación de campo,
durante el cual, colaborando con una ONG comprometida en la defensa de los
derechos humanos de las víctimas del CAIP, ha sido posible visitar algunas de
las comunidades mayormente afectadas por el conflicto.

1 El término Apurimac nace de la fusión de dos palabras quechua: apu, que significa al mismo tiempo Dios y
montaña, rimac, voz del verbo hablar.
10 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

Estefa, víctima del conflicto, Iscahuaca, Perú. Foto: David Serra, diseño Fulvio Serra.

La región Apurímac es una zona extremadamente rural, completamente


fuera de las rutas turísticas, donde resulta inusual encontrar un forastero, más
allá de los pocos funcionarios de las ONG que trabajan en la zona. Práctica-
mente la totalidad de la población es de lengua y cultura quechua y la escasa
infraestructura existente hace que los lugares de las comunidades andinas sean
muy aislados y difícilmente accesibles. Para llegar a estas aldeas, partiendo
de Abancay, capital del departamento de Apurímac, es necesario atravesar un
tramo de la inhóspita carretera provincial que une Cuzco con Lima, la capital
del país, para después desembocar en vías apenas esbozadas por trochas, que
se encumbran por los relieves andinos hasta donde el destartalado carro local
logra continuar. Después de esto, en muchos casos, resulta necesario conti-
nuar a pie. Una vez se llega a la comunidad uno se encuentra ante un mundo
arcaico, donde no existen medios de transporte a motor, ni aparatos eléctricos
y la comunicación se produce mirándose a los ojos.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 11

La historia narrada en esta obra ha sido reconstruida a partir de los testi-


monios recolectados en cinco comunidades ubicadas en los extremos límites
de la región Apurímac, cerca de la frontera que la separa del departamento de
Ayacucho. Estos pueblos son Ischahuaca, Quilcaccasa, Totora, Pisquiccocha
y Lahua lahua. Estas comunidades son consideradas “hermanas”, porque to-
das se encuentran ubicadas en el mismo altiplano, están unidas por innume-
rables relaciones de parentesco y siempre han compartido un destino común.
En Lahua Lahua las alpacas superan en gran medida el número de habitantes
y durante nuestras visitas hemos sido siempre gentilmente acogidos por los
comuneros, quienes se esmeraban por ofrecernos un poco de su comida y
generosa hospitalidad en sus casas tradicionales, construidas con ladrillos de
barro y paja.

En estos bucólicos pueblos de montaña, que difícilmente descienden de los


4.000 metros de altura, el quechua es aún hoy en día la lengua madre y buena
parte de la población mayor de cuarenta años no habla español; por este mo-
tivo, para realizar algunas de las entrevistas que los comuneros han decidido
cordialmente concedernos, nos hemos valido de la ayuda de un intérprete.
Gracias a sus testimonios hemos logrado reconstruir los trágicos eventos que
han perturbado el secular equilibrio de la zona y esperamos haber consegui-
do, al menos en parte, restituirles una fugaz percepción de lo que comportó
para los habitantes de la región la llegada de Sendero Luminoso y de las
Fuerzas Armadas peruanas, en lo que fue el encantado y duro mundo andino
antes del conflicto.
APURIMAC
La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 15
16 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 17
18 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 19
20 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 21
22 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 23
24 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 25
26 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 27
28 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 29
30 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 31
32 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 33
34 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 35
36 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 37
38 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 39
40 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 41
42 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 43
44 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 45
46 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 47
48 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 49
50 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 51
52 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 53
54 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 55
56 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 57
58 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 59
60 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 61
62 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 63
64 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 65
66 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 67
68 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 69
Apéndice

Los Andes y el microcosmos cultural quechua

Buena parte de las tradiciones, de las creencias religiosas y de las mani-


festaciones culturales que contribuyen a construir la visión del mundo de las
poblaciones andinas, son el fruto de un largo proceso sincrético, que tuvo
inicio alrededor del siglo XVI a causa del violento impacto de la conquista del
imperio incaico por obra de poco más de un centenar de españoles comanda-
dos por Francisco Pizarro.

No obstante el esfuerzo de los conquistadores de erradicar cualquier forma


de culto precolombino, muchas tradiciones sobrevivieron al violento impacto
de la colonización española gracias a la extraordinaria tenacidad de los habi-
tantes de la sierra, a la inhóspita orografía del territorio y a las aisladas condi-
ciones geográficas de las aldeas; dando forma a un original e híbrido micro-
cosmos cultural, en el que a menudo es posible reconocer el origen incaico o
preincaico de muchas costumbres. Por ejemplo, todavía hoy los danzantes de
tijera hacen su particular baile en honor a la Pachamama (madre naturaleza)
72 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

y en muchos pueblos se puede observar el Harawi una reminiscencia de una


antigua forma de culto al maíz, artísticamente representada en las primeras
páginas de esta obra.

En este contexto la comunidad, que representa la unidad de asentamiento


base del sistema habitacional andino desde antes de la llegada de los conquista-
dores, ha permitido transmitir oralmente estas antiguas creencias hasta nuestros
días. Estos pequeños pueblos, de aproximadamente 300/500 habitantes, conste-
lan el aislado relieve andino y están conectados entre ellos por una densa red de
senderos que históricamente permitieron, a través de largos y extenuantes días
de camino, el florecimiento del intercambio de productos y noticias dentro del
vertical mundo quechua.

Las comunidades andinas son sistemas sociales y productivos práctica-


mente autónomos que producen localmente casi la totalidad de los productos
que consumen, compuestos principalmente de la innumerable cantidad de pa-
pas autóctonas de la Sierra, de algunos cereales como la quinua y el choclo, el
exquisito maíz andino del cual se produce la chicha, típica bebida alcohólica
local. Otro aspecto importante del sistema productivo de la Sierra peruana
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 73

está representado por la crianza de animales endémicos como los camellos


andinos, sobre todo llama y alpaca, pero también ovejas, cuy, vacas y suinos.

La organización del trabajo viene gestionada mediante antiguas tradicio-


nes precolombinas (Hemming, 1992, p. 49) como el Ayni un ancestral sistema
de colaboración expresado por los mismos comuneros con la fórmula “hoy
por ti, mañana por mí”. Siguiendo esta tradición los habitantes de la comuni-
dad ofrecen espontáneamente su propio trabajo a otro comunero que tenga la
necesidad de ayuda. Otra práctica muy difusa de la organización del trabajo
en la comunidad es la Minka, que consiste en la costumbre de reunirse y tra-
bajar todos juntos para la realización de una obra útil a toda la colectividad.

La comunidad andina tiene una organización social y laboral muy soli-


daria, sin duda indispensable para la sobrevivencia en las agrestes alturas de
Los Andes peruanos. En este contexto, el comercio interno y externo, como
por ejemplo con otra comunidad limítrofe, se produce mediante el trueque,
debido a que el dinero solo recientemente, y de todas maneras siempre en
cantidades limitadas, ha entrado a ser parte de la vida de los comuneros.

La difícil conformación geográfica, la falta de infraestructura y el histórico


olvido político y administrativo del Estado peruano hacia las comunidades an-
dinas han permitido que estos pueblos vivieran por siglos en una relativa condi-
ción de aislamiento al margen de la jurisdicción del ausente Gobierno peruano.
En ese sentido las comunidades han debido siempre auto administrarse según
lógicas y tradiciones ancestrales que, también en este caso, evocan el antiguo
sistema organizativo incaico (Hemming, 1992, p. 50). En las comunidades apu-
rimeñas que hemos tenido la oportunidad de visitar, la organización social es
dirigida por un Varayoc (presidente de la comunidad) que viene electo, cada
dos años, por los habitantes del pueblo.

Antes del conflicto, a comienzos de los años Setenta, los testimonios de


los comuneros concuerdan acerca de la total ausencia del Estado en la zona
“aquí no había Estado”, siendo este aspecto uno de los prerrequisitos funda-
mentales que permitió la expansión de Sendero. En este contexto la autoridad
era representada por el respetado Varayoc, “era muy respetado y obedecido”,
y por los intereses de las influyentes familias de latifundistas que se repartían
la mayoría de los territorios productivos de la Sierra.
74 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

Para profundizar sobre el origen del conflicto armado peruano y el im-


pacto que tuvo en el departamento de Apurimac, a continuación se presenta
un extracto del artículo “Herencias coloniales y violencia simbólica en el
conflicto armado peruano” (Serra, 2015).

Herencias coloniales y violencia simbólica en el conflicto armado


peruano1

Con el estallido del enfrentamiento armado interno en 1980, Perú entró


en una etapa sumamente trágica de su historia, de enormes costos en tér-
minos humanos, materiales, institucionales y morales. Un largo conflicto
armado que comportó la ruptura del tejido social en su forma más directa
y desgarradora, e implicó el desmembramiento de familias y comunida-
des, así como el debilitamiento de los lazos culturales que garantizaban su
cohesión.

El 28 de agosto de 2003 la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)


peruana publicó su monumental Informe Final y, por primera vez en la
historia del país, se escuchó la voz de los históricamente excluidos y mar-
ginados. Este considerable trabajo ha permitido restituir verdad histórica
y dignidad a los 69.000 peruanos y peruanas muertos o desaparecidos a
manos de las organizaciones subversivas o por obra de las Fuerzas Ar-
madas peruanas, durante veinte años de conflicto (Comisión de la Verdad
y Reconciliación, 2004). La CVR ha constatado que el conflicto armado
interno que vivió el Perú entre 1980 y 2000 constituyó el episodio de vio-
lencia más intenso, más extenso y más prolongado de toda la historia de
la república. Se supone que la cifra de víctimas fatales de la violencia es
estimable en 69.280 personas. Esta cifra supera el número de pérdidas hu-
manas sufridas por el Perú en todas las guerras externas y guerras civiles
ocurridas en sus 198 años de vida independiente (Comisión de la Verdad
y Reconciliación, 2004).

En este contexto se ha confirmado que la población campesina fue la prin-


cipal víctima de la violencia. De la totalidad de víctimas reportadas, el
79% vivía en zonas rurales y el proceso de violencia puso de manifiesto la

1 Las tesis y los conceptos expuestos en las páginas siguientes han sido previamente publicados (Serra, 2015).
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 75

gravedad de las desigualdades de índole étnico-cultural que aún prevale-


cen en el país. Del análisis de la CVR resulta que el 75% de las víctimas
fatales del conflicto armado interno tenían el quechua u otras lenguas na-
tivas como idioma materno. Esto significa que de cada cuatro víctimas,
tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua natal era el quechua. Se
trata de un sector de la población históricamente ignorado por el Estado y
por la sociedad urbana. Esto no significa que fue un conflicto étnico. Pero
sí tiene fundamento para aseverar que estas dos décadas de destrucción y
muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la población
más desposeída del país, demostrado igualmente tanto por los miembros
del PCP-Sendero Luminoso como por los agentes del Estado peruano
(Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004).

En los testimonios de víctimas del conflicto que se recolectaron durante la


investigación, es común encontrar frases que dan cuenta del sentimiento
de exclusión e indiferencia experimentado por las personas y comunidades
que fueron las víctimas mayoritarias del conflicto armado interno. Muchos
de ellos sintieron que para el resto del país, en particular para los princi-
pales centros del poder político y económico, lo ocurrido en sus pueblos,
casas y familias sucedía en “otro país”, un Perú ajeno a la modernidad y el
poder (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004). 

La tragedia que sufrieron las poblaciones del Perú rural, andino, quechua,
campesino, pobre y poco escolarizado, no fue sentida ni asumida como
propia por el resto del país. Ello delata el velado racismo y las actitudes
de desprecio subsistentes en la sociedad peruana casi dos siglos después
de nacida la República (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004).

Una de las polifacéticas causas que ha permitido el surgimiento de fenó-


menos de violencia masiva contra los campesinos peruanos de idioma y
cultura quechua, durante los veinte años del conflicto armado, ahonda sus
raíces en el contexto social y cultural característico de la sociedad peruana
y en particular en la histórica condición de exclusión y discriminación de
una gran parte de la población. El proceso de despersonalización y deshu-
manización de los habitantes de la Sierra peruana, que se ha ido desarro-
76 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

llando y sedimentando en el imaginario colectivo, a partir por lo menos


de la época colonial, representó un requisito previo para el surgimiento,
durante el conflicto armado, de fenómenos de violencia masiva dirigidos
contra los segmentos más vulnerables e históricamente marginados de la
sociedad peruana.

En este entorno resulta interesante intentar entrelazar el históricamente


perpetuado horizonte discriminatorio, latente en la sociedad peruana, con
las teorías del filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu. Para los fi-
nes de nuestro discurso se demostrará de particular interés su parcial e
inacabada teoría de la violencia y los fundamentales conceptos de misre-
cognition (falta de reconocimiento, reconocimiento erróneo) y violencia
simbólica. Con estas nociones, Bourdieu intenta interpretar todas aquellas
formas de violencia latente –diariamente perpetuadas por las practicas so-
ciales– que encontramos interiorizadas, por ejemplo, en la arquitectura de
los hogares, en las relaciones de género, en la experiencia laboral y, desde
un enfoque interpretativo más extenso y macroscópico, en la misma vi-
sión del mundo de una determinada sociedad (Bourdieu, Wacquant, 1992).
Bourdieu nos induce a reconsiderar, desde una perspectiva más amplia,
el significado y estatus de la violencia; especialmente los vínculos entre
violencia cotidiana y explícitas políticas de terror o estados de represión
(Scheper-Hughes y Bourgois, 2004). Bourdieu, con su noción de violencia
simbólica, pone el acento precisamente en el aspecto cotidiano de las cau-
sas de la violencia que, no obstante puedan ser evidentes, muchas veces
pasan inadvertidas. Parafraseando a Wittgenstein (1997), a veces las cosas
más evidentes pueden convertirse en las más difíciles de entender.

Bourdieu propone el concepto de Habitus, costumbre, que permite expli-


car cómo un sujeto social interioriza la cultura dominante reproducién-
dola. En este entorno la violencia simbólica lleva a los dominados y los
dominantes a reproducir, de manera inconsciente, los esquemas y las es-
tructuras simbólicas de la dominación (Bourdieu y Wacquant, 2004). De
este modo Bourdieu nos invita a reflexionar sobre el significado de vio-
lencia, subrayando las relaciones estructurales entre la violencia de la vida
cotidiana y sus formas más explícitas.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 77

Otro interesante concepto ha sido formulado por la antropóloga estadouni-


dense Nancy Scheper-Hughes mediante el término continuum de la violen-
cia (Scheper-Hughes y Bourgois, 2004). Con esta noción se sintetiza el
papel que tienen todas las prácticas de discriminación, exclusión social,
deshumanización, despersonalización o en general todas las conductas
que clasifican a un individuo o a un grupo social como pertenecientes a
una condición humana inferior. Estos habitus culturales, perpetuados co-
tidianamente en tiempos de paz, representan un prerrequisito fundamental
para el surgimiento de fenómenos de violencia masiva. Como evidencia
Nancy Scheper-Hughes:

There is no primary impulse out of which mass violence and genocide are
born, it is ingrained in the common sense of everyday social life (Sche-
per-Hughes, Bourgois, 2004, p. 21).

Es entonces esta violencia estructural o la condición de apartheid simbó-


lico –para usar un concepto de Philipe Bourgois (1995)–, que se conforma
alrededor de un grupo social que permite, en determinadas coordenadas
espacio-temporales, el surgimiento de la violencia en su forma más directa
y desgarradora.

Volviendo al caso peruano, fue precisamente este apartheid simbólico,


esta violencia simbólica, esta escasa consideración, históricamente per-
petuada, por la vida de los campesinos andinos de idioma y cultura que-
chua, lo que condujo durante los años del conflicto armado interno, a la
masacre de millares de habitantes de los Andes, tanto por los integrantes
de Sendero Luminoso como por las Fuerzas Armadas peruanas, sin que la
población urbana del país se enterase de lo que estaba pasando.

El origen, la génesis de este horizonte cultural discriminatorio, ahonda


sus raíces en el imaginario colectivo colonial y, en un nivel analítico más
empírico, en el violento impacto de la conquista del imperio incaico por
parte de poco más de cien españoles al mando del conquistador extreme-
ño Francisco Pizarro, ocurrida alrededor del siglo XVI. Precisamente en
esta época comenzó a conformarse el proceso de deshumanización de los
78 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

pobladores de los Andes, considerados más cercanos al estado de natura-


leza que al humano. Sobre este tema son alumbrantes las obras de autores
como Buffon y De Paw.

Es en el contexto colonial donde podemos encontrar otro factor clave para


entender el surgimiento de conductas de violencia masiva, dirigidas contra
los segmentos más excluidos de la sociedad peruana, durante el conflicto
armado. Fue Francisco Pizarro quien, una vez conquistado el impero in-
caico, dividió el territorio en encomiendas entre sus soldados (Hemming,
1992). Las encomiendas eran prácticamente latifundios al estilo medieval,
administrados con poderes absolutos por parte de los soldados españoles,
los cuales podían disponer a voluntad de los recursos y de las personas
contenidas en sus territorios, con la única tarea de cristianizar a la pobla-
ción (Hemming, 1992).

El sistema de las encomiendas, posteriormente substituido por los repar-


timientos de indios y las haciendas, contribuyó a perpetuar este discri-
minatorio horizonte cultural hasta 1821, año en el cual el país obtuvo la
independencia y se proclamó como república. En este contexto histórico
los antiguos latifundios de los españoles fueron heredados por las fami-
lias más influyentes del país, en muchos casos vinculadas o descendientes
de los conquistadores. De esta manera se conformó el nuevo sistema de
haciendas que influenció el sistema agropecuario y la organización social
de la zona andina hasta la reforma agraria del presidente Juan Francisco
Velasco Alvarado, en 1972.

En este horizonte histórico, no obstante el país se liberó del secular yugo


español, los campesinos quechua se encontraron inmediatamente subyu-
gados a otra élite latifundista y, de hecho, en las aisladas comunidades
de la sierra prácticamente no se percibió la diferencia entre los dos siste-
mas políticos, económicos, sociales y territoriales. En este contexto vale
la pena evidenciar cómo en la recién conformada República, se plasmó un
oligárquico sistema de poder coercitivo, en muchos aspectos parecido al
antiguo modelo colonial.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 79

En este entorno será relevante subrayar cómo esta generalizada falta de


consideración por los campesinos de cultura quechua, que ahonda sus
raíces en el discriminatorio horizonte cultural colonial, sucesivamente
perpetuado por las inicuas relaciones de poder instauradas por las élites
latifundistas de los hacendados, fue una de las causas determinantes que
condujeron a la masacre de millares de habitantes de la sierra peruana
durante los años del conflicto armado interno. Un sistema de violencia
estructural y simbólica que representó uno de los prerrequisitos funda-
mentales que llevaron al exterminio de millares de peruanos habitantes de
la zona andina.

Un breve contexto histórico

En los inicios de los años Sesenta la situación internacional era propicia


para la formación de grupos subversivos de matriz marxista y leninista,
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en Europa demos-
traba que, por lo menos formalmente, el comunismo no era una utopía y
la Revolución cubana de 1959, comprobaba que esto era posible también
en América Latina. En los años Sesenta y Setenta, el surgimiento de los
grupos guerrilleros colombianos, como las FARC, el ELN y M-19 (Serra,
2017), el éxito electoral de Salvador Allende en Chile y la Revolución
sandinista en Nicaragua alimentaban ulteriormente el sueño marxista y
leninista en el continente suramericano.

En este contexto internacional, entre el final de los años Setenta e inicio


de los Ochenta, en Perú comenzó a tomar forma, alrededor del docen-
te universitario ayacuchano Abiamael Guzmán Reynoso un movimiento
armado de inspiración maoísta denominado Partido Comunista del Pe-
rú-Sendero Luminoso que nació desde una escisión del Partido Comunista
del Perú-Bandera Roja2. El objetivo de Guzmán era subvertir el sistema
político peruano e instaurar el socialismo a través de la lucha armada; un
proceso que, guiado por la doctrina maoísta, debía comenzar en el campo
para sucesivamente extenderse a las ciudades.

2 Para profundizar en el tema del surgimiento de Sendero Luminoso ver: Degregori (2010), Portocarrero (2012)
y Stern (1999).
80 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

El grupo guerrillero tuvo su origen e inicial epicentro de acción en la región


andina de Ayacucho, confinante con Apurímac. Desde esta zona los exponen-
tes del grupo subversivo iniciaron su propia lucha armada buscando apoyo
inicialmente en las comunidades ayacuchanas y sucesivamente expandién-
dose en las regiones limítrofes. Los años Ochenta fueron los más sangrientos
del conflicto peruano y es precisamente en esta época que se registró el mayor
número de casos de violencia contra la población civil por parte de los sende-
ristas y de las Fuerzas Armadas peruanas, que actuaron con ferocidad contra
los habitantes de las comunidades andinas, acusándolos indiscriminadamente
de apoyar los subversivos. La degradación del conflicto condujo al autogol-
pe de Estado del 5 de abril de 1992 del presidente Alberto Fujimori, quien
asumió poderes dictatoriales. Todo eso llevó a un ulterior recrudecimiento
del conflicto. El 12 de septiembre de 1992 fue capturado Abimael Guzmán y
sucesivamente muchos exponentes del grupo guerrillero. Estos hechos con-
dujeron a una gradual disminución de las hostilidades, no obstante Sendero
Luminoso nunca fue completamente derrotado.

Manchay Huatacuna3 – Etnografía del conflicto

A continuación se presentarán los resultados de más de un año de investi-


gación de campo efectuada en la provincia apurimeña de Aymaraes, Perú.
Se procederá reconstruyendo, a partir de una perspectiva metodológica
microhistórica, local y antropológica, la historia del conflicto armado in-
terno peruano en el departamento de Apurímac, con el objetivo de restituir
la voz de las áfonas y olvidadas víctimas de esta zona. La región de Apu-
rímac fue el segundo departamento, después de Ayacucho –epicentro de la
expansión del grupo subversivo Sendero Luminoso– más afectado por el
conflicto y actualmente presenta una de las tasas más elevadas de extrema
pobreza del país. Prácticamente la totalidad de la población del depar-
tamento es de idioma y cultura quechua y consecuentemente representa
perfectamente aquel segmento de la sociedad peruana históricamente mar-
ginado y excluido. La escasa presencia de infraestructuras condena a las
comunidades andinas apurimeñas a una condición de aislamiento y olvido
institucional, transformándolas en islas perdidas entre los Andes, ajenas a
la globalización y a la modernidad.

3 El tiempo del miedo, en lengua quechua.


Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 81

Los testimonios que se utilizaron para reconstruir la memoria histórica del


conflicto fueron recolectados en las comunidades de Ischahuaca, Quilcac-
casa, Totora, Lahua lahua y Llinque, provincia de Aymaraes. Estas olvi-
dadas comunidades de la sierra central peruana tienen una altura promedio
de 4000 metros sobre el nivel del mar y la totalidad de sus habitantes
pertenecen a la cultura quechua. Gracias a los testimonios de los comu-
neros se ha podido en parte reconstruir los trágicos eventos que asolaron
los seculares equilibrios de la zona, restituyendo una fugaz percepción de
lo que significó, para los habitantes, la llegada de Sendero Luminoso y de
las Fuerzas Armadas peruanas y de lo que fue el encantado y duro mundo
andino antes del conflicto.

En las comunidades examinadas fue entre el final de los años Setenta y


el inicio de los Ochenta, que los comuneros comenzaron a oír las pri-
meras noticias alrededor de la existencia del grupo guerrillero Sendero
Luminoso. De acuerdo con los testimonios de los habitantes de la zona
fue precisamente en este periodo que algunos comerciantes ayacuchanos
empezaron a visitar la región llevando informaciones acerca del grupo
revolucionario.

Se quedaban dos días, después volvían y hablaban y murmuraban sobre


Sendero Luminoso y el pensamiento Gonzalo4.

Alrededor de mediados de los años Ochenta estos comerciantes iniciaron


a presentarse explícitamente como militantes de Sendero Luminoso (SL)
e intensificaron la labor de proselitismo político. Empezaron a repartir
panfletos y a pintar en las casas escritos como: “Viva la lucha armada, viva
el pensamiento Gonzalo”. A partir de este momento la presencia de SL en
el área se convirtió en algo más estable y se comenzó a hablar de “juicios
populares” para amenazar a los comuneros que no querían cooperar con
la lucha armada. Florentino recuerda así los primeros años del conflicto:

Los terrucos5 han entrado primero, más o menos por los años de 1983. Los
de Sendero venían del lado de Ayacucho, es la frontera con Parinacochas.

4 Entrevista a Martín, víctima del conflicto, Totora, 2012.


5 Término con el cual se identificaba a los militantes del grupo guerrillero Sendero Luminoso.
82 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

De sorpresa llegó, primero tranquilamente llegaron, diciendo que nosotros


hacemos política, nosotros somos los compañeros. Ellos han entrado pi-
diendo apoyo, nos reunían en la escuela. Nos decían que todos somos muy
pobres, por ello vamos a pensar diferente, vamos a valorar a nuestros an-
tiguos Apus6, todos vamos a mejorar, decían en las asambleas. Nos decían
que vamos hacer fuerza local, nos decían todo eso con engaño y con cariño
nomas todavía. Luego nos amenazaban, por ello a veces les ayudábamos.
Nos trataban así con cariño unos dos, tres años, luego poco a poco han
aparecido más fuertes. De miedo teníamos que darles de comer y alojarles7.

Durante este periodo comenzaron a producirse incluso los primeros casos


de reclutamiento forzado y de violencia contra los habitantes de las comu-
nidades. El miedo comenzó a extenderse.

Los terrucos venían una vez por mes más o menos. Nos reunían para hablarnos
de la subversión, más bien cada vez que venían nos saqueaban nuestras cosas y
a vista de nosotros se las llevaban, se llevaban nuestros zapatos, casacas, entra-
ban a la tienda y agarraban lo que querían, mataban las gallinas y carneros, no
podíamos decir nada porque estábamos entre la espada y la pared8.

Los comuneros recuerdan la segunda mitad de los años Ochenta como


el periodo de mayor violencia y terror. De hecho esta fase coincide con
la instalación de cinco bases militares en la región y con el comienzo de
la etapa más sangrienta de la guerra. Alrededor de 1985 la estrategia de

6 Palabra quechua que significa al mismo tiempo Dios y montañas.


7 Entrevista a Florentino, víctima del conflicto, Lahua Lahua, 2012.
8 Entrevista a María Dolores, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 83

SL se hizo notablemente más agresiva y la guerrilla comenzó a nombrar


delegados en los pueblos con la tarea de mantener el orden e informar a
los compañeros en caso de llegada de los militares o si algún miembro de
la comunidad colaboraba con las Fuerzas Armadas. A la resistencia inicial
de los comuneros Sendero Luminoso respondió rápidamente con las ame-
nazas, la tortura y la violencia.

Los senderos nos decían que si no apoyábamos nos iban a matar como en
otras partes habían matado a los abusivos, a los terratenientes, a los abigeos,
a los brujos y a los que no colaboraban9.

Con la llegada de los militares en la zona la situación para los habitantes


de las comunidades de Aymaraes se hizo inmediatamente insostenible. El
Ejército acusaba de colaboracionismo de manera indiscriminada a todos
los habitantes de las comunidades:

Cuando entran los militares nosotros no sabíamos qué hacer, por parte de
los dos nos acusaban; los militares nos decían que ustedes son zona roja,
terrucos prácticamente, entonces por fin a cuál de ellos defendemos pues…
luego algunos se fugaron a la costa y otros hemos resistido nomás, que más
podemos hacer10.

Entrevista a los esposos Condori, víctimas del conflicto, Linque (foto David Serra, diseño Fulvio Serra)

9 Entrevista a Florentino, víctima del conflicto, Lahua Lahua, 2012.


10 Entrevista a Florentino, víctima del conflicto, Lahua Lahua, 2012.
84 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

En esta situación, los comuneros se encontraron entre dos fuegos, presio-


nados por los grupos armados: de un lado por el Ejército y de otro por los
miembros de Sendero Luminoso.

A veces venían hasta dos o tres veces por semana… Mientras los terrucos
venían de noche para hacer discursos y reclutar a la fuerza a los jóvenes de
la comunidad, los militares venían de día averiguando de los senderos11.

En las comunidades se instaló una generalizada situación de inestabilidad


e inseguridad en la cual los más vulnerables eran precisamente los habi-
tantes de las mismas, que fueron objeto de acusaciones y agresiones por
parte tanto de los militares como de Sendero Luminoso. En este contexto,
los comuneros se encontraron solos en medio de un conflicto ajeno a ellos
y sin la posibilidad de denunciar los hechos.

Luego los soldados nos tildaban de que éramos terrucos, a la vez los te-
rrucos nos tildaban de que éramos gente que apoyaba al gobierno y que
avisábamos a los soldados de lo que hacían. Comenzaron a ser violentos
en los años 84 y 85 más o menos... Toda la gente tenía miedo hacia los dos,
no había apoyo a ninguna de las partes por parte de la comunidad, porque
los dos venían a golpearnos para matarnos. Incluso los militares llegaban
acá haciéndose pasar como senderistas: “compañero, dígame” decían los
militares y sin embargo nunca le contestábamos compañeros, sino que le de-
cíamos señor. A los dos les decíamos señor, nunca le decíamos compañeros,
porque sí decíamos compañeros era de frente la muerte12.

Durante la segunda mitad de los años Ochenta, la paulatina degradación


del conflicto desembocó en los más graves casos de violencia. Marcos
tenía seis años durante el conflicto:

En ese tiempo mi papá era una autoridad... el día en que lo mataron yo esta-
ba con mi abuela, y cuando me desperté recordé que me había soñado avio-
nes rojos, no sé cómo fui a la casa de mi abuela, o sea la mamá de mi papá,
y cuando he llegado ya lo habían detenido a mi papá, eran unos hombres

11 Entrevista a Mariano, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.


12 Entrevista a Estefa, víctima del conflicto, Iscahuaca, 2012.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 85

armados quienes lo golpeaban. Lo colgaban de sus brazos y lo golpeaban,


luego lo llevaron a la chacra donde le hicieron escarbar su propia tumba, mi
papá ha escarbado con pico y pala al mismo tiempo en que medía la tumba
como para él. Eso lo hicieron los soldados13.

La violencia alcanzó su nivel más alto durante el final de los años Ochenta.
En este periodo los comuneros, exhaustos de vivir en un perpetuo esta-
do de terror, abandonaron las comunidades y huyeron hacia las montañas
para escapar de las represalias de los grupos armados:

Nos fuimos a dormir en las cuevas de los cerros con los niños, llevando
algunos alimentos y cuando se terminaba comíamos lo que había en las al-
turas, plantas y algunos animales. Nos teníamos que quedar ahí y no bajába-
mos por miedo. Después algunos bajaban a ver cómo estaba la comunidad.
Así de cualquier manera teníamos que sobrevivir; así hemos vivido como
dos años. Cansados de vivir como animalitos14.

Avelino así recuerda el trágico epílogo de Lahua Lahua:

Los militares llegaron en helicópteros y han quemado este pueblo. En el


año de 1989 más o menos. Aquí dicen que habían encontrado una bandera.
Por todo eso los militares habían quemado el pueblo, habían dicho que aquí
viven puros terroristas. Los militares habían quemado las casas, luego han
ido al frente e igualito han quemado. En Totora Pampa y en Peruanawasi
todito lo han quemado15.

Entonces ese día de los incendios, cada uno estaba en los cerros y al día
siguiente hemos ido a ver cada uno su casa, nos hemos reunido como en
una asamblea, ahí hemos acordado qué vamos hacer, hemos tratado el tema
de quedarnos o irnos. Entonces, hemos dejado solo a los ancianos, les de-
jamos las comidas que habíamos escondido en los huaycos, los animalitos
que quedaban los hemos dejado recomendados y entre nosotros nos hemos

13 Entrevista a Marcos, víctima del conflicto, Llinque, 2012.


14 Entrevista a María, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.
15 Entrevista a Avelino, víctima del conflicto, Lahua Lahua, 2012.
86 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

quitado. Después de esas cosas hubo desplazamientos. Ahora en el pueblo


solo hay galpones como unas ruinas. Al pueblo le han hecho desaparecer16.

Durante el conflicto se desvanecieron los límites entre militares y subver-


sivos, y se produjo una generalizada situación de desconfianza e impo-
tencia en la población civil, la cual no tuvo otra alternativa que escapar
–abandonando sus tierras y los escombros de todo lo que una vez formaba
sus vidas– para iniciar un triste éxodo hacia los grandes centros urbanos
del país.

Las remotas comunidades andinas se quedaron prácticamente desiertas


y solo en el departamento de Apurímac, a causa del conflicto interno, se
desplazaron más de 60.000 personas de una población total de poco más
de 400.000 habitantes.

Los senderos eran como Dios, hacían lo que querían… y los militares se
creían como reyes, en todo tenías que obedecerles sino igual nos torturaban17.

16 Entrevista a Florentino, víctima del conflicto, Lahua Lahua, 2012.


17 Entrevista a Martín, víctima del conflicto, Totora, 2012.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 87

Un ojo que llora

Con la captura de Abimael Guzmán y la progresiva reducción del conflic-


to, muchos comuneros regresaron a sus tierras e intentaron reconstruir las
comunidades abandonadas. En el Informe Final de la Comisión de Verdad
y Reconciliación (CVR) de Perú en las cifras oficiales acerca de las vícti-
mas del conflicto, se atribuía a Sendero Luminoso la responsabilidad de la
muerte de 12.564 personas, a las cuales hay que añadir 7.334 ejecuciones
arbitrarias cometidas por las Fuerzas Armadas peruanas. Sin embargo, es-
tas cifras solo se refieren a los casos de muerte oficialmente registrados y
la misma CVR estima que el número real de víctimas del conflicto armado
interno oscila alrededor de las 69.000 personas, de las cuales el 54% es
atribuible a Sendero Luminoso y el restante 46% al Ejército peruano. Casi
todas las víctimas (75%) pertenecían a comunidades indígenas andinas
de lengua quechua. Los daños materiales e inmateriales causados por el
conflicto son enormes y difíciles de estimar.

En esos tiempos hemos perdido todo. Hemos perdido muchos animales,


alpacas y vacas. Cuando he vuelto no tenía nada, todas mis cosas y animales
los he perdido18.

El conflicto, además de haber aniquilado y destruido una cultura y un sis-


tema social, ha condenado a toda una generación de niños a abandonar la
escuela, provocando el aumento de la ya elevada tasa de analfabetismo
entre la población de las regiones andinas de Perú.

Es muy triste la vida en esos años, esta comunidad ha sido muy golpeada, la
gente ha quedado muy traumada, tienen miedo de hablar. Debido a eso yo
no he podido estudiar a pesar de que mi madre me ha puesto en la escuela,
no puedo retener los conocimientos. Ahora me encuentro muy mal19.

De esas cosas nosotros hemos quedado totalmente traumados y debido a


ello nosotros ni siquiera hemos terminado nuestros estudios; en esos tiem-
pos dormíamos en los cerros, los militares cuando venían nos acusaban de
esconder y mantener a los terroristas, pero luego de igual manera venían los

18 Entrevista a María, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.


19 Entrevista a Mercedes, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.
88 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

senderistas a acusarnos de que nosotros estábamos contando a los militares


lo que pasaba20.

Sin embargo, tal vez, el daño más generalizado e intangible causado por el
conflicto consiste en el trauma psicológico que se ha producido en casi la
totalidad de la población.

Así estoy, me encuentro muy mal, traumada a partir de un incendio que


me ha pasado, cuando veo fuego o incendio en alguna casa, me parece que
estaría quemándose mi casa, desde esa vez soy muy olvidadiza, me olvido
de las cosas, no me doy cuenta de lo que me pasa, así de repente mis ojos se
nublan, es que antes andaba llorando nomás21.

20 Entrevista a María, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.


21 Entrevista a Mercedes, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 89

Hoy la antigua tierra de los Chancas es la segunda región más pobre


de Perú, con una tasa de pobreza que alcanza el 60%, de la cual una de
cada cinco personas se encuentra en condiciones de extrema pobreza y
sobrevive con un salario de 30 o 40 dólares mensuales. Con el inicio del
nuevo milenio termina el período de la violencia, dejando daños mate-
riales e inmateriales incalculables y una profunda cicatriz en la memoria
colectiva del país que difícilmente se podrá superar en el arco de una
sola generación.

Cuando me acuerdo no me puedo olvidar y después me sueño, mira que ya


son veintidós años…22.

Algunas palabras acerca de un mundo que está desapareciendo

Entre las innumerables consecuencias del conflicto armado interno perua-


no es pertinente también evidenciar la pérdida de tradiciones y costumbres
de la cosmovisión andina. Si el primer duro golpe al universo cultural que-
chua fue seguramente producido por el violento impacto de la conquista
española, el conflicto interno peruano, masacrando y desplazando millares
de habitantes del vertical mundo andino, causó una segunda grave pérdida
cultural. La prematura muerte violenta de muchos adultos, el abandono de
las comunidades y los desplazamientos masivos han causado la interrup-
ción de un sistema de transmisión oral del conocimiento que, en la sierra,
había permitido, a lo largo de los siglos, transmitir, de generación en gene-
ración estas antiguas costumbres. La fractura de este frágil sistema oral ha
provocado la definitiva extinción de innumerables tradiciones ancestrales
que milagrosamente sobrevivieron al violento impacto de la conquista es-
pañola. Desde una perspectiva antropológica, el conflicto armado interno
peruano, ha producido una pérdida cultural de inestimable valor simbóli-
co, privando a la humanidad de las últimas sobrevivencias de ese original
patrimonio cultural.

En esta última parte nos gustaría restituir al lector algunos desteñidos re-
cuerdos de lo que fue el encantado y atemporal mundo andino antes del
conflicto reconstruyendo, a través del testimonio de los comuneros ma-

22 Entrevista a Mercedes, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.


90 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

yores, algunas costumbres ya abandonadas, de las cuales el recuerdo está


destinado a desvanecerse junto con la voz de sus propios narradores y en
el olvido de las nuevas generaciones.

En muchas comunidades de la provincia de Aymaraes, las numerosas fies-


tas que se celebraban antes del conflicto escandían todo el ciclo producti-
vo, sobreponiéndose con las fechas más importantes del año agrícola. En
un cristianismo eminentemente sincrético y en un contexto social profun-
damente rural y campestre, los tradicionales santos cristianos fueron ree-
laborados dando forma a un original retrato cultural, que hunde sus raíces
en la autóctona cosmovisión andina.

Los pongos (chamanes) eran los


depositarios y protectores del
“mágico” mundo andino. Ellos
eran los encargados de realizar
los diferentes pagos (ofertas) a
la pachamama (madre naturale-
za) y a los apus (palabra que en
quechua significa a la vez Dios
y montaña). En el horizonte
cultural andino los cerros, y en
particular algunos cerros, son
considerados lugares sagrados,
donde reside una deidad espe-
cífica (apus, precisamente). Los
chamanes apelaban a estos pi-
cos por diversas razones, como
para pedir la lluvia o el remedio
para algún mal. Si se camina por los remotos senderos de la sierra, se
puede tener la posibilidad de ver cómo se “ofrecen” alimentos o bebidas
a la pachamama, dejando caer una pequeña cantidad en el suelo y sucesi-
vamente brindando en dirección de un apu. Este pequeño ritual diario es
un reflejo del tradicional pago a la pachamama, que puede ser realizado
solamente por los pongos en determinadas circunstancias. Este ritual ha-
bitualmente consiste en cavar un agujero en el suelo en el cual se inserta
una ofrenda, por lo general maíz, hojas de coca y algunas conchas. Estos
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 91

pagos eran acompañados con particulares oraciones que conocía solo el


chamán23.

Antes del conflicto, los chamanes eran también los encargados de curar a
los comuneros a través de ciertos rituales. Grimaldo, por ejemplo, recuer-
da así uno de estos rituales:

Nos hacíamos curar con curanderos naturistas quienes nos sanaban de todo
mal utilizando culebras, lagartijas, cuy, etc. Primero, el curandero hacia
previamente sus visiones, tiraba coca o maíz para decidir el medicamento
que se va utilizar, puede elegir entre tantas opciones a través de la coca o
el maíz. Cuando ya sale la cura que va utilizar recién pide los instrumentos
e insumos que va utilizar, puede pedir como piedritas, culebra, vizcacha u
otros animales. El ritual se hacía con el animal vivo, donde te pasaba todo el
cuerpo, después de ello lo abría al cuy y revisaba su organismo y las partes
del cuy, luego detectaba algún mal en el cuerpo del cuy, en el cuy sale clari-
to; una vez yo me hice curar con el cuy, donde me dijo que yo estaba mal de
mi riñón y me he curado, porque cuando una persona está mal de una cosa
sale todo herido el pobre cuy24.

Una indisposición muy común en el universo cultural andino es represen-


tada por el susto o alma mala. Con esta palabra se definen todos aquellos
casos en los que algún espíritu posee o molesta a una determinada perso-
na. En estas circunstancias, el pongo recurría a algunos remedios especia-
les. Viviana Huamaní así describe algunos de estos remedios:

Antes se curaban con curanderos. Curaban a base de hierbas, miraban la


coca para presagiar y ver cuál era la medicina a aplicar. Por ejemplo para el
susto curaban con mariposa, luego lo pasaban por un pan, azúcar, caramelo,
incienso, plumas de cóndor y otros; con esas cosas se curaba del susto. O
le pasábamos con huevo y, con un vasito bonito de cristal, en agüita, ahí
se podía observar fácilmente si había algo y luego lo llevas a un lugar por
donde nunca vas, nunca a un lugar por donde caminas, solo con eso curaba
a mis hijos, porque antes no habían más cosas25.

23 Para profundizar en el tema, ver Degregori (2000).


24 Entrevista a Grimaldo, víctima del conflicto, Pichihua, 2012.
25 Entrevista a Viviana, víctima del conflicto, Quilcaccasa, 2012.
92 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

Intentar devolver una, aunque parcial y desenfocada, percepción de la cos-


movisión andina no es tarea fácil por el simple motivo de que está com-
puesta por una miríada de pequeños rituales, costumbres y supersticiones
cotidianas que terminan insertándose en los rituales más importantes, que
son puestos en escena solamente durante determinadas circunstancias. El
trasfondo de este universo cultural está compuesto por los apus y la pa-
chamama, que probablemente representan los elementos más importantes del
sentimiento religioso andino: una cosmovisión animista en la cual las perso-
nas viven en una relación simbiótica y empática con el territorio que les rodea.

Uno de estos rituales, en todo


el sentido de la palabra, es sin
duda representado por el harawi,
la fiesta de la siembra. Con este
ritual, las mujeres de la comu-
nidad, cantan y danzan distribu-
yendo flores en honor del maíz,
con la esperanza que “el maíz se
alegre y crezca mucho mejor26”.
El maíz representa uno de los
elementos recurrentes y más im-
portantes del universo religioso precolombino y, también en este caso,
el trasfondo cultural animista –que carga de vida y sacralidad a todas las
infinitas manifestaciones de la naturaleza– es evidente. El mismo hatun
pukllay, el carnaval andino, debe ser interpretado como un intento de re-
incorporarse simbólicamente a la pachamama. De acuerdo con los testi-
monios, durante este evento la gente solía vestirse con pieles de animales
y adornar su cuerpo con plantas enredaderas. De esta manera deseaban
acercarse simbólicamente a un inasible estado de naturaleza, en el intento
de reunirse, de conectarse con la pachamama, madre tierra, la que alegó-
ricamente encarna lo sagrado, lo divino que se esconde en todo lo que nos
rodea.

Precisamente esta es la esencia, el tema recurrente de todos los rituales del


mundo andino. La unión con la naturaleza y con todo lo que la compone,

26 Entrevista a Julia, víctima del conflicto, Llinque, 2012.


Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 93

en una visión del mundo esencialmente animista y panteísta, donde la hierofanía


más importante, la pachamama, es también la que nos engloba, a la cual todo y
todos pertenecemos. Cada cosa es hija de la pachamama y cada expresión de la
naturaleza es dotada de vida y tiene la misma importancia en el universo cultural
quechua. En la cosmovisión andina el ser humano y la naturaleza hacen parte
de una sola entidad. Los seres humanos, las plantas, los animales, las montañas
y en general cualquier expresión del universo está dotada de vida. Todo existe
como expresión de un todo y es percibido como una parte, un “momento” de la
pachamama.

“Cada persona tenía su apu a donde ofrendar...cuando pasaba el cóndor decían


que el apu Tayta está pasando, era como si un cerro estaría pasando; se quemaban
inciensos, hacíamos alcanzos, hacíamos alcanzos a los cerritos”
Referencias

Bacci, M. L. (2005). Conquista. La distruzione degli indios americani. Bologna:


Il Mulino.

Bacci, M. L. (2007). Eldorado nel pantano. Oro, schiavi e anime tra le Ande e
L’Amazonia. Bologna: Il Mulino.

Bourdieu, P. y Wacquant, L. (1992). Symbolic violence. En An Invitation to Re-


flective Sociology. Chicago: University of Chicago Press.

Bourdieu, P. y Wacquant, L. (2004). Symbolic Violence. En Scheper-Hughes, N. y


Bourgois P. (2004). Violence in war and peace. Singapore: Blackwell Publishing,
p. 272-275.

Bourgois, P. (1995). In Search of Respect: Selling Crack in El Barrio. Cambridge:


University Press.
96 APURIMAC - La tierra donde habla el Dios de la montaña

Comisión de la Verdad y Reconciliación (2004). Hatun Willakuy. Version abrevia-


da del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lima: CVR.

Cuturi, F. (2004). Adattarsi, modellare e convertire. En In nome di Dio. L’impresa


missionaria di fronte all’alterità. Roma: Meltemi.

De Certau, M. (2005). La scrittura dell’altro. Milano: Raffaello Cortina Editore.

Degregori, C. I. (2010). El surgimiento de Sendero Luminoso. Lima: IEP.

Degregori, C. I. (2000). Qué difícil es ser Dios. Lima: IEP.

Diamond, J. (2006). Armi, acciaio e malattie. Breve storia del mondo negli ultimi
tredicimila anni. Torino: Giulio Einaudi Editore.

Eco, U. (2001). Il cimitero di Praga. Milano: Bompiani.

Farinelli, F. (2003). Geografia. Un introduzione ai modelli del mondo. Torino:


Giulio Einaudi Editore.

Foucault, M. (1977). Microfisica del potere. Interventi politici. Torino: Giulio


Einaudi Editore.

Foucault, M. (2004). Nascita della biopolitica. Corso al Collège de France


(1978-1979). Milano: Feltrinelli Editore.

Galeano, E. (2007). Las venas abiertas de América Latina. México: Siglo XXI
Editores.

Greenblatt, S. (1994). Meraviglia e possesso. Lo stupore di fronte al Nuovo Mon-


do. Bologna: Il Mulino.

Hemming, J. (1992). La fine degli Incas. Milano: Biblioteca Universale Rizzoli.

Marchetti, G. (1980). Cultura indigena e integrazione nazionale. La “Storia anti-


ca del Messico” di F. J. Clavijero. Abano Terme: Piovan Editore.

Marleau Ponty, M. (2003). Fenomenologia della percezione. Milano: Bompiani.

Matelart, A. (2003). Storia dell’utopia planetaria. Dalla città profetica alla socie-
tà globale. Torino: Giulio Einaudi Editore.

Portocarrero, G. (2002). Raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso. Lima:


Fondo Editorial.

Scheper-Hughes, N. (2005). Questioni di coscienza. Antropologia e genocidio.


En Dei, F. Antropologia della violenza. Meltemi: Roma.
Colección Selecciones de Investigación Edición Especial 97

Scheper-Hughes, N. y Bourgois, P. (2004). Violence in war and peace. An antho-


logy. Singapore: Blackwell Publishing.

Scheper-Hughes, N. Bourgois P. (2004). Introduction: Making sense of violence.


En Scheper-Hughes, N. y Bourgois, P. (2004). Violence in war and peace. An
anthology. Singapore: Blackwell Publishing.

Serra, D. (2017). L’El Dorado e il mito dell’eterno ritorno. Eziologia della guerra
e prospettive di pace in Colombia. Bogotá: CRAI USTA.

Serra, D. (2015). Herencias coloniales y violencia simbólica en el conflicto ar-


mado peruano. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 36 (113). Ediciones
USTA.

Stern, S. J. (1999). Los senderos insólitos del Perú: guerra y sociedad, 1980-
1995. Lima: IEP.

Taussig, M. (2005). Cultura del terrore, spazio della morte. En Dei, F. Antropolo-
gia della violenza. Roma: Meltemi Editore.

Wittgenstein, L. (1997). Ocasiones filosóficas. Madrid: Cátedra.


Agradecimientos

Un agradecimiento a la Asociación Pro-Derechos Humanos (APRODEH) y


a la Asociación Solidaridad Países Emergentes (ASPEm) por el apoyo que
brindaron durante el proceso de investigación.

A Stefano, Lillo y Matilde con quienes recorrí el río Madre de Dios, siguiendo
las huellas de Paititi, la legendaria ciudad perdida de los Incas.

A Marta, Enver, Pedro, Víctor y Lino por haberme acompañado en muchas


de las largas caminatas por los senderos del altiplano andino apurimeño y a
Paolo, que es como si estas tierras las hubiera pisado por años.

A Lucy, que tiene el don de transformar los sueños en realidad.

Un agradecimiento especial a los amigos de las comunidades apurimeñas de


Llinque, Toraya, Totora, Lahua Lahua, Quilcaccasa e Iscahuaca por la hospi-
talidad, la disponibilidad y la amabilidad con la cual siempre nos acogieron.
Esta obra se terminó de editar
en la Universidad Santo Tomás,
Bucaramanga, Colombia
Julio de 2020

También podría gustarte