La religión en “La Máscara de la Muerte Roja”
En este análisis parto con la definición de religión, el teólogo alemán Friedrich D. E.
Schleiermacher (1768-1834) en su libro Sobre la religión. Discursos a sus menospreciados
cultivados (1799) se refiere a la religión como algo esencial, de esta forma la autonomiza y
hace fuertes críticas a los autores que la mezclan con otros temas como la metafísica y la
moral.
La religión consiste en concebir todo lo particular como parte del Todo, todo lo
limitado como una manifestación de lo Infinito. De modo que, querer ir más lejos y penetrar
profundamente en la naturaleza y en la sustancia del todo, no es religión. (p.53)
Para Schleiermacher la esencia de la religión es intuición y sentimiento. Toda intuición
está unida según su naturaleza a un sentimiento. Nuestros órganos sensoriales sirven de
mediadores entre el Universo y nosotros. El Universo nos interpela y nos revela su existencia,
la cual nos estimula de múltiples maneras creando en nosotros un sentimiento que emerge de
nuestro interior. La postura de Schleiermacher sobre la religión se inscribe en el pensamiento
romántico y valora aquella dimensión del hombre omitido por los ilustrados. El problema de
la concepción de la religión planteado por este teólogo, es que tiende a una subjetivación de
la religión, ya que esta ha de surgir de la intuición inmediata del ser humano con el universo.
Sin embargo, en el romanticismo no todos los autores compartieron este pensamiento
de Schleiermacher, este fue un movimiento en el que la duda y la frustración fueron factores
claves al referirse a la religión en el siglo XVII y XIX. Uno de ellos fue Alfred Víctor de Vigny
(1797-1863), quien debido a sus razones más profundas de melancolía, como su sentido de
aislamiento, la presión que sentía más allá del privilegio por pertenecer a la élite intelectual,
la mala salud de su madre y de su esposa, además de sus propios sufrimientos por el cáncer
de estómago nació en él una actitud violenta y rebelde hacia Dios, a diferencia de
Scheiermacher, quien fue un promotor casi individual de autonomizar la religión y darle
importancia, Vigny no estuvo sólo en su actitud de desafío, Lenau, Musset y Mickiewicz
tocaron la misma nota, pero ninguno como Vigny, como lo dice H.G. Schenk en su ensayo
sobre historia de la cultura El espíritu de los románticos europeos (1966), « Pero Vigny,
aunque no el primero, sí demostró ser el más audaz campeón de aquella revuelta romántica
contra Dios, llamada a veces titanismo romántico. » (p. 105). Entonces la duda estaba
presente en la mente de los autores de la época pero los que desafiaron a la iglesia fueron
más, y esta es una de las principales características del romanticismo, las duras críticas contra
los representantes de la iglesia. A raíz de este movimiento y con estos autores la importancia
de la iglesia se fue debilitando como lo afirma H.G. Schenk:
Por primera vez desde el advenimiento del cristianismo, el siglo XVII había presenciado
un considerable debilitamiento de la religión cristiana en los espíritus de los hombres. En la
misma medida en que vida y muerte estaban perdiendo un significado, los hombres
empezaban a anhelar un significado. (p.114)
El romanticismo es, sin duda, un movimiento que sienta sus bases en un profundo amor
por la naturaleza, en una exaltación del espíritu humano. Todo esto enmarcado en una
constante presencia de lo religioso.
Por otra parte, se presentan manifestaciones tipo contraste en el romanticismo como
vida y muerte, felicidad y tristeza, luz y oscuridad. Edgar Allan Poe (1809-1849), autor
romántico, fue uno de los escritores que abarcó todos estos contrastes, además de su propia
visión y sus posiciones revolucionaras frente al quehacer poético y hacia la iglesia. Sus
narraciones son hasta ahora monumento por excelencia de los valores estéticos del
romanticismo, pues toma la tradición de la época y su pensamiento en sus obras. Poe maneja
una estructura bastante compleja principalmente en sus cuentos y este análisis trata
particularmente de su cuento “La Máscara de la Muerte Roja” (1842) en el cual se evidencia
su posición frente a la religión en forma de crítica a los representantes de la iglesia, y al
comportamiento de estos. Con respecto a la estructura del cuento, Ricardo Piglia (1941)
escritor y crítico literario argentino, en su obra Formas breves (1999) plantea una tesis sobre
el cuento, dice que el cuento clásico siempre cuenta con dos historias, una evidente y una
secreta, la clave es saber cifrar la historia secreta en los intersticios de la historia evidente y el
efecto se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie:
Cada una de las dos historias se cuenta de un modo distinto. Trabajar con dos historias
quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos
entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales del
cuento tienen doble función y son usados de manera distinta en cada una de las dos historias.
Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción. (p.106)
En “La Máscara de la Muerte Roja”, al comienzo del cuento está claro el inicio de la
historia secreta cuándo E. A. Poe menciona « La «Muerte Roja» había devastado el país
durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa» (p.90). Esta
mención es imprescindible para la construcción de la historia secreta, inmediatamente da
detalles acerca de esta “Muerte Roja” para centrarnos sólo en esa historia. Al mismo tiempo
Poe nos distrae de la historia secreta cuándo menciona el principio de la historia evidente,
«Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz» (p.90). Esta última cita refleja la
posición crítica de Poe frente a la iglesia, pues en el cuento, aunque se presenta una peste que
devasta al país durante largo tiempo, al príncipe poco le importa y además hay un factor muy
importante, el príncipe se encuentra en una abadía. De esta forma el autor continúa con la
historia evidente, la cual tiene que ver con una fiesta que el príncipe Próspero organiza sólo
con cortesanos y personas elegidas, así lo cuenta Poe, «El príncipe había reunido todo lo
necesario para los placeres» (p.90).
Así, el cuento se desarrolla aparentemente sólo con la historia evidente, Poe en este cuento
hace una fuerte crítica al comportamiento de las personas que se encuentran dentro de las
abadías, y así lo confirma Friedrich D. E. Schleiermacher en su libro Sobre la religión:
Allí donde el regocijo y la risa también están en su elemento, y la seriedad misma ha de
coexistir de una forma condescendiente con la broma y la chanza, no puede haber espacio
alguno para aquello que siempre ha de estar rodeado de un santo pudor y de una santa
veneración. (p.117)
Así, en este cuento tanto la historia evidente como la historia secreta hacen referencia a
una fuerte crítica a la iglesia por parte de Poe, pero dentro de la historia son dos situaciones
diferentes. Mientras el cuento transcurre (con la historia evidente como superficie), retomo a
Piglia con su tesis sobre el cuento, pues en “La Máscara de la Muerte Roja” los puntos de
cruce de las dos historia son claves en la construcción del cuento y la capacidad de Poe es
inigualable cuándo nos referimos a entrelazar las dos historias, en el cuento tratado en este
análisis, la peste y la fiesta se entrelazan perfectamente cuándo el enmascarado irrumpe en la
fiesta.
En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una
aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella
mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba, incluso, más allá de
lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. (…) Pero el enmascarado se había atrevido a
asumir las apariencias de la Muerte Roja. (p. 92)
El final del cuento cumple perfectamente con la tesis del cuento de Piglia mencionada
anteriormente, la historia secreta, en este caso la peste o la «Muerte Roja», aparece en la superficie
de la historia y acaba por completo con la historia evidente, la fiesta. De esta manera:
Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón
en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre,
y cada uno murió en la desesperada actitud de su caída. Y la vida del reloj de ébano se apagó
con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las
tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo. (p.93)
Entonces, este gran cuento de Edgar Allan Poe es un excelente ejemplo de la
autonomía de un autor romántico, de su posición crítica ante la religión y de una estructura
perfecta del cuento clásico. La figura de Poe marcó profundamente la literatura de Estados
Unidos y el mundo. Ejerció gran influencia en la literatura simbolista francesa y, a través de
ésta, en el surrealismo; pero su legado va más allá, es influencia de otros grandes autores
como Baudelaire, Dostoyevski, Kafka, H. P. Lovecraft, Ambrose Bierce, Guy de
Maupassant, Thomas Mann, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
Finalmente, la religión fue un tema de mucha duda y crítica para los románticos. El
romanticismo fue un movimiento en el cual el debilitamiento de la religión cristiana en los
espíritus de los hombres fue inminente y muchos autores fueron participes de este
acontecimiento.
Referencias Bibliográficas
Schleiermacher, F. (1999). Sobre la religión. España: Editorial Tecnos, S.A.
Schenk, H. (1983). El espíritu de los románticos europeos. México: Fondo de Cultura
Económica.
Cerezo, P. (2003). El mal del siglo. España: Editorial Universidad de Granada.
Poe, E. (1956) Cuentos. España: Alianza Editorial.
Piglia, R. (200) Formas breves. España: EDITORIAL ANAGRAMA.