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Mapa Conceptual de Descartes

Este documento es un resumen de tres puntos clave sobre el pensamiento de Descartes: 1) Descartes usa el argumento ontológico para probar la existencia de Dios, afirmando que como tiene la idea de un Dios perfecto, este debe existir para ser la causa de dicha idea. 2) Descartes plantó las semillas de la filosofía moderna al poner al sujeto en el centro, aunque consideraba que las ideas innatas reflejaban la realidad y no eran meras convenciones como pensaban los nominalistas. 3) A diferencia del ideal

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Este documento es un resumen de tres puntos clave sobre el pensamiento de Descartes: 1) Descartes usa el argumento ontológico para probar la existencia de Dios, afirmando que como tiene la idea de un Dios perfecto, este debe existir para ser la causa de dicha idea. 2) Descartes plantó las semillas de la filosofía moderna al poner al sujeto en el centro, aunque consideraba que las ideas innatas reflejaban la realidad y no eran meras convenciones como pensaban los nominalistas. 3) A diferencia del ideal

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Parcial de Historia de la filosofía

moderna y Gnoseología

Profesor: Miguel Ángel Nesprías

3º Año. Carrera: Profesorado de filosofía.

Instituto: instituto superior de formación docente


Nº 41

Alumno: Thomas Rios

Localidad: Almirante Brown

Año lectivo: 2021


1)

Este principio causal admitido como presupuesto será la base de la demostración cartesiana de
Dios. El argumento, como hemos visto, parte de la doctrina escolástica sobre la causalidad, según
la cual nada puede provenir de la nada y la causa contiene tanta realidad como su efecto.
Considerando esto, Descartes se preguntará si la realidad objetiva de alguna de sus ideas excede la
realidad formal contenida en su mente humana (sustancia finita) y que, por tanto, su origen no
puede estar en él. Y se responderá que sí, que existe una idea de esas características, que es,
evidentemente, la de Dios. Según el argumento, Descartes no ha podido ser la causa de la idea de
Dios, pero constata que posee dicha idea cuando mira en su interior. Si esto es así, Dios mismo es
la causa de mi idea y, por tanto, ha de existir.

“ahora bien: entre todas las ideas que están en mí, además de la que me representa a mí mismo,
la cual no puede aquí ofrecer dificultad alguna, hay otra que me representa a dios, y otras que me
representan cosas corporales e inanimadas, ángeles, animales y otros hombres como yo, y en lo
que toca a las ideas que me representan a otros hombres o animales o ángeles, concibo
fácilmente que puedan haber sido formadas por la mezcla y composición de las ideas que tengo de
las cosas corporales y de la de dios, aun cuando fuera de mi no hubiese hombres en el mundo, ni
animales ni ángeles. Y en lo que toca a las ideas de las cosas corporales, no me parezca poder
provenir de mí mismo, pues si considero de cerca y las examino, como hice ayer con la idea de la
cera, encuentro que no se dan en ellas sino poquísimas cosa que yo conciba clara y
distintamente.” 1

Descartes asumirá, pues, que Dios es la causa que origina su idea en el sujeto y que, además, es la
causa de la existencia de ese sujeto. Como el yo es imperfecto y limitado, se reconoce incapaz de
ser el autor del propio ser. Por tanto. Dios existe y es nuestro creador.

El pensamiento de Descartes es el que sigue: Dios no puede haberme hecho de un modo que me
engañe siempre, de forma sistemática y sin remedio; tampoco cabría suponer que permitiera que
un genio maligno derrotase mi capacidad racional una y otra vez. Al contrario, la benevolencia y la
veracidad de Dios, así como su inmutabilidad, deben hacernos pensar que ese genio no existe y
que cuando percibimos las cosas con evidencia, como sucede en las matemáticas, esa evidencia
tiene que ser un índice de su verdad. En consecuencia, Descartes concluye que no puede ser el
caso que las intuiciones de la razón, así como sus operaciones lógico-matemáticas, no sean válidas,
si Dios es perfecto y es nuestro creador. Dicho de otra forma: Dios es la realidad cierta que
desmiente los efectos devastadores introducidos por la hipótesis del genio maligno. Puede existir
el error, qué duda cabe, pero Dios no es engañador; al contrario, Él es el que garantiza que todo
aquello que la mente capta con certeza, si procede correctamente según el método, ha de ser
verdadero.

Dios se convierte así en la garantía de la verdad de los enunciados cuya evidencia o certeza es
señalada por la luz de nuestra razón. Es la instancia que certifica que lo concebido con claridad y
distinción, es realmente verdadero, auténtico conocimiento que se corresponde con el ser de las
cosas. De forma un tanto sorprendente, para nuestro filósofo el conocimiento de Dios es más
cierto que el de las matemáticas; y de hecho, no es solo más cierto y anterior, sino que es la
condición de su validez.
1
Rene descartes, meditaciones metafísicas, pág. 144/145, editorial austral, buenos aires, 2006.
Sea como fuere, Descartes ya había dado con el punto firme que necesitaba sobre el cual construir
su sistema. Dios le permite pensar que el conocimiento humano es posible, siempre, claro está,
que la razón se atenga a las reglas dictadas por el método o no se enturbie o se use
incorrectamente. En resumen, siempre que la razón opere adecuadamente (según su naturaleza
matemática), que lo haga dentro de los límites de lo que concibe con claridad y distinción, y que se
abstenga de juzgar de modo precipitado, entonces el conocimiento será posible.

2) Descartes plantó las semillas de la filosofía moderna en la medida que, al considerar al sujeto
como punto de partida del pensamiento, puso las bases para el desarrollo del empirismo inglés
(Locke, Hume) o el idealismo alemán (Kant. Fichte, Hegel). Ahora bien, a diferencia del empirismo,
Descartes no consideró que las ideas procedían de fuera, que venían dadas en la experiencia, sino
que eran innatas a la capacidad racional del hombre, rasgo propio por lo demás de todo
racionalismo. Las ideas más fundamentales no provenían entonces de lo meramente fáctico, de los
puros hechos, como pensó Hume, por ejemplo, sino de la misma facultad de pensar, por la cual, y
gracias a Dios, se revelaba al sujeto lo necesario y esencial, esto es, la estructura última del
mundo. Por ello, ante los meros hechos y su contingencia (o carácter relativo), el racionalismo
pudo hacer valer lo absoluto: lo esencial y necesario del orden del ser. En esa medida, Descartes
tampoco consideró a las ideas desde el punto de vista nominalista, según el cual las ideas serían
tan solo nombres, puras construcciones del sujeto, meras convenciones para representarnos el
mundo y entendernos. Para Descartes, las ideas seguían reflejando la realidad, eran la clave para
el acceso a su estructura y funcionamiento más fundamentales.

En Descartes pensamiento y realidad seguían todavía unidos, al modo antiguo. El pensamiento era
ya realidad, las ideas de las cosas no se habían escindido todavía de las cosas que
pretendidamente representaban. Pero las ideas del sujeto empezaban a ganar protagonismo
respecto al mundo objetivo que representaban. Este giro subjetivista anticipó el idealismo alemán,
del que en cualquier caso lo separarían innumerables aspectos.

En el idealismo alemán, como se sabe, las ideas del sujeto se convirtieron en las hacedoras del
mundo. En esta filosofía, el mundo debía ser entendido en tanto que constituido por el sujeto,
esto es, configurado a partir del aparato categorial de la razón. Lo que se nos aparecía como
mundo era en realidad el mundo que el sujeto construía o conformaba a partir de sus ideas, de
acuerdo con ellas. Pues bien, respecto a la filosofía idealista, Descartes mantuvo una postura
realista, es decir, siguió considerando que existía una realidad objetiva fuera de nosotros,
existente en sí, de las que nuestras ideas, en caso de ser verdaderas, serían el reflejo. Tampoco en
este punto se alejó por consiguiente de los parámetros antiguos.

Para Descartes, la idea de conocimiento no puede concebirse al modo idealista, partiendo del
objeto en tanto que configurado por el sujeto y, por tanto, renunciando de antemano al
conocimiento de las «cosas en sí». Para él, la mente, que cuando opera bien lo hace de acuerdo
con el método, construye ciertamente el objeto, en el sentido de que solo los objetos acordes con
las facultades de la razón caen en el campo de demarcación de la ciencia. (Solo los objetos que
aparecen tal como se dan en nuestras ideas claras y distintas son objetos reales y cognoscibles).
Pero la razón no es todavía la instancia que da forma al mundo, que lo constituye o informa, como
será el caso más tarde en el idealismo. En Descartes las exigencias de la razón de inteligibilidad
deslindan el objeto ilusorio del pseudo conocimiento del objeto verdadero del conocimiento
(científico), de modo que lo que encontramos de verdadero en las cosas es lo que se ajusta a
nuestras ideas evidentes. Pero con el matiz, nada desdeñable, que en él las ideas no son solo ideas
de la mente, sino que se corresponden con la realidad. O en otros términos, no es que la realidad
se ajuste a los ideales y procederes matemáticos de nuestra razón sino que de hecho solo lo en sí
matematizable es lo real, puesto que solo lo cuantitativo es lo verdadero de las cosas.

En la filosofía cartesiana es Dios la instancia que asegura que las ideas del sujeto no solo se
avienen al natural proceder de la razón sino que son también, y fundamentalmente, realidad, esto
es, ideas verdaderas, que se corresponden al «en sí» de las cosas. No es verdadero aquello que el
sujeto posee con evidencia, como si la verdad fuera tan solo un asunto de la mente, como será el
caso en el idealismo, sino que las ideas claras y distintas son verdaderas porque se corresponden
al «en sí» de las cosas, a la estructura y funcionamiento de la realidad.

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