KATTY CAROLINA VILLEGAS LAMUS
U00096068
CUENTO DE TERROR
Son las 9:45 de la mañana de hoy martes 15 de un año que no puedo recordar, eran las
horas que citaba la radio en ese momento cuando de repente escucho a los locutores
invitando a la audiencia a una nueva atracción en la ciudad de Bucaramanga, un parque de
atracciones mecánicas que venía de la antigua Europa, así que decidí emprender la
búsqueda de mis viejos amigos para poder llegar a ver a las atracciones que vislumbraban
su espectáculo, los locutores de la radio extendían la invitación a que cada uno saliera esa
tarde con sus amigos a pasear y muchos antendimos al llamado sin darnos cuenta de que
la vida nos guardaba sorpresas de esas que nunca se esperan. Fuimos acercándonos al tan
nombrado lugar y conforme íbamos entrando miramos todas las novedades que traía el
parque, cuando de pronto se nos acerca un joven empleado de allí y se queda mirándome
fijamente.
Sentí un leve escalofrió porque fue como si me hubiese conectado con algo que no sabía
describir en ese momento, sin embargo, me agradó tal sensación porque era algo que no
había sentido antes. El joven empleado se me presenta de frente, nos dice que es el guía
del lugar y nos muestra todos y cada uno de los juegos mecánicos con los que contaba el
parque, recuerdo haber gritado de sorpresa al ver la rueda triple porque subirme en ella
había sido el sueño de mi vida, pero al mismo tiempo sentía temor por ver lo alto que esa
rueda podría llevarme, los cambios de posición hasta llegar al punto más alto, hasta sentir
poder tocar el cielo con las manos. De cualquier manera, me subí a dicha atracción, ya en
el punto más alto, miré hacia abajo y vi a la gente muy pequeña de un momento a otro
cuando de repente escucho a alguien gritar: “Pásame la llave que esto se ha averiado”,
mientras trata de acuñar la polea para que no puedan girarlas ruedas y por consiguiente
ocurra una desgracia… de repente todo se todo se tornó en un ruido y en un inmenso
caos, había gente que se soltaba del arnés de seguridad y se lanzaba al vacío, se oían
sirenas y se escuchaba el grito y los murmullos de la gente, cuando de un momento a otro
siento alguien detrás de mi silla, volteo a mirar y resulta ser el joven que nos había
invitado a seguir, me sopla en la cara y un sueño profundo me posee.
No sé cuánto tiempo estuve dormida, no sé en qué espacio del tiempo me he quedado
inconsiente, pero al despertar me levanté entorpecida para mirar dónde me encontraba,
así que camino hasta llegar a una azotea para darme cuenta de que estaba en uno de los
edificios más altos de la ciudad, me desespero porque deseaba saber a cerca de la suerte
de quienes estaban conmigo en ese lugar y de mis compañeros, ya que estaba totalmente
incomunicada. Me revisé y no encontré medio de comunicación alguno. Al voltear siento
la presencia de alguien que me miraba, fue entonces cuando me vi con él frente a frente,
era el mismo joven empleado que había visto cuando llegué al parque de atracciones, él
se acerca y me dice: “No temas, no te haré daño, soy una persona que viene de muchos
sigos atrás y he vivido de desgracia en desgracia porque siempre me he enamorado de
mujeres hermosas como tú y siempre he tenido que sentarme a verlas morir porque
envecejen y como sabes, el tiempo no perdona… pero creo que tu eres quien reinará
conmigo hasta el final de la existencia de este mundo”. No sabía de lo que me hablaba, así
que totalmente aterrada dije: “¿De qué estás hablando, qué locura es la que tratas de
decirme?”, le expliqué: “Soy una persona buena, no me hagas daño”, él sonrió y me dijo:
“Jamás te haría sufrir, jamás te haría llorar, porque una lágrima tuya vale la existencia mía
y si alguna vez te hiciera llorar, yo mismo me mataría del dolor de haberte causado una
sola tristeza”. Hablamos por tanto tiempo que olvidé por completo lo que había sucedido
en el parque segundos antes de perder la noción de la realidad.
Narró para mi muchas historias, entre ellas me confesó que sus abuelos eran de
Pensilvania, que venía de una familia de vampiros y que él era uno de esos del siglo XXI,
me sorprendí y quise que mi aturdida mente ordenara un poco las ideas para poder
entender lo que ese joven me estaba narrando porque realmente no lograba encontrar
lógica a lo que estaba sucediendo, pero les soy sincera, me atraía locamente porque nada
nada ni nadie me había hecho sentir lo que esa mirada profunda y fija clavó en mi corazón
y llegó hasta los tuétanos entre mis huesos haciéndolos temblar. Luego el joven me dijo:
“Te invito, si tú quieres, a que te hagas inmortal y vivamos hasta el final de la vida, del
sistema, de todo lo que hay hasta cuando llegue la hecatombe, cuando llegue la guerra, el
Armagedón y llegue la lucha, a ver si podemos alcanzar el perdón”, un susurro mío decía
que sí, de modo que se acercó, sonrió y alcancé a ver sus colmillos muy afilados agudos
penetra en mi cuello y me dormí.
No sé en que espacio ni tiempo desperté, pero ya convertida en la reina de la noche y de
la eternidades.
Esta es mi historia, la cual cuento hoy de la mano del joven que cambió mi vida para
siempre y creánme cuando les digo que “siempre” no es solo una manera romántica de
usar la expresión, porque literalmente es la mano que seguiré tomando por toda la
eternidad.