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Principios de Servicio según Esdras

Este documento resume 9 principios para servir a Dios según el capítulo 8 de Esdras. Estos principios incluyen tener un corazón dispuesto, amar al pueblo de Dios, reconocer la soberanía de Dios, orar por todos, dar testimonio de Dios, hacer solo lo que Dios autoriza, servir con devoción y corazón quebrantado, y reconocer el llamado de Dios para cada persona. El documento enfatiza la importancia de obedecer a Dios antes que seguir la sabiduría humana.
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Principios de Servicio según Esdras

Este documento resume 9 principios para servir a Dios según el capítulo 8 de Esdras. Estos principios incluyen tener un corazón dispuesto, amar al pueblo de Dios, reconocer la soberanía de Dios, orar por todos, dar testimonio de Dios, hacer solo lo que Dios autoriza, servir con devoción y corazón quebrantado, y reconocer el llamado de Dios para cada persona. El documento enfatiza la importancia de obedecer a Dios antes que seguir la sabiduría humana.
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San Juan de Pasto-05-febrero-2019

9- Principios para servir según Esdras capitulo 8

1- DISPOSICION DE CORAZON.
Dejando toda sabiduría humana despojándose del yo y entregando
todo a EL esperando la oportunidad de DIOS, para esto hay que
esperar con paciencia la prueba
2- AMOR POR SU PUEBLO POR LA OBRA DEL SEÑOR.
Reconociendo que DIOS cuando dispones tu corazón y te dueles por
su obra y reconoces su soberanía, toda circunstancia la va a
cambiar.
3-RECONOCER QUE DIOS ESTA SOBRE TODA SOBERANIA
EN EL CIELO Y EN LA TIERRA.
Solo ahí la mono de DIOS obrara, y te dará gracia para que puedas
utilizar a los reyes de esta tierra, para que le sirvan a DIOS. Te dará
gracia y sabiduría así pasó con el gran Artajerjes término aceptando
que solo hay un DIOS verdadero, y no solo se contentó con eso sino
que dio una cuantiosa ofrenda para el templo, y para la ciudad

4- ORACION POR TODOS.


Esto nos motivó a orar por las autoridades, sabiendo que esto agrada
a DIOS por que demuestra fe
Aquí nos damos cuenta que no solo ESDRAS oro por sus hermanos
sino por aquellos que habían destruido su ciudad y su gente.
5-TESTIFICAR Y DAR TESTIMONIO
Nos damos cuenta que a ESDRAS no le importo lo que le pasara,
testifico del señor nunca se olvidó de EL, ni en la prueba ni en la
abundancia para el su abundancia se llama CRISTO deseaba
servirle DIOS con todo sin importar lo que pasó y DIOS lo
respaldo por su testimonio y amor
6- DEBEMOS HACER SOLO AQUELLO QUE DIOS NOS HA
AUTORIZADO HACER.
Este principio lo encontramos en los vv. 15-20. Allí vemos que en
primer lugar, Esdras dice: «… habiendo buscado entre el pueblo y
entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví» (v. 15).
Sabemos que los sacerdotes debían ser también de la tribu de Leví,
específicamente descendientes de Aarón. Sin embargo, aquí se
refiere al resto de los hijos de Leví, que eran aquellos que se
dedicaban al servicio del templo, y que habían sido designados por
Dios para esta labor.xxxxxxxxx
«27 De acuerdo con las últimas disposiciones de David, fueron
censados los levitas mayores de veinte años, 28 y su función
consistía en ayudar a los descendientes de Aarón en el servicio
del templo del Señor. Eran los responsables de los atrios, de los
cuartos y de la *purificación de todas las cosas *santas; en fin,
de todo lo relacionado con el servicio del templo de Dios.29
También estaban encargados del *pan de la Presencia, de la
harina para las ofrendas de cereales, de las hojuelas sin
levadura, de las ofrendas fritas en sartén o cocidas, y de todas
las medidas de capacidad y de longitud. 30 Cada mañana y cada
tarde debían estar presentes para agradecer y alabar al Señor.
31 Así mismo, debían ofrecer todos los *holocaustos que se
presentaban al Señor los *sábados y los días de luna nueva, y
durante las otras fiestas. Así que siempre servían al Señor, según
el número y la función que se les asignaba. 32 De modo que
tenían a su cargo el cuidado de la *Tienda de reunión y del
santuario. El servicio que realizaban en el templo del Señor
quedaba bajo las órdenes de sus hermanos, los descendientes de
Aarón»
I Cr. 23:27-32, NVI.
Eran ellos quienes debían realizar esta labor, que era esencial para el
correcto funcionamiento del templo. Esto no podía llevarlo a cabo,
por ejemplo, alguien de la tribu de Judá, o de la tribu de Rubén.
Tenía que ser alguien de la tribu de Leví.
Esto lo sabía Esdras, quien no quiso ser desobediente al Señor, y
ordenó buscar y reclutar levitas para que retornaran también a
Jerusalén. Él no fue “pragmático”, algo que nos gusta tanto por estos
días. Al pragmático solo le interesa lo práctico, lo que funciona, lo
que es más eficiente. En la iglesia el pragmatismo se traduce en
hacer lo que funciona, lo que atrae a más personas, lo que mantiene
a todo el mundo entretenido, sin importar si Dios lo ha ordenado o
no, o si es el medio y la forma en que Él determinó que las cosas
debían ser hechas. Si Esdras hubiera sido pragmático, él habría
dicho: «no importa que no hayan levitas. Necesitamos que el templo
funcione, así que reclutemos gente de las otras tribus para que
cumpla la función de los levitas. Lo esencial es comenzar a
funcionar cuanto antes».
En contraste con la disposición anterior, Esdras dio una orden
distinta: «Entonces mandé llamar a Eliezer, Ariel, Semaías,
Elnatán, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, que eran jefes
del pueblo, y también a Joyarib y Elnatán, que eran maestros, 17 y
los envié a Idó, que era el jefe de Casifia. Les encargué que les
pidieran a Idó y a sus compañeros, quienes estaban al frente de
Casifiá, que nos proveyeran servidores para el templo de nuestro
Dios» (vv. 16-17). Esto, por supuesto, retrasó algo el viaje, pero era
más importante hacer lo correcto que hacer algo rápido. Era más
importante obedecer a Dios que hacer simplemente que las cosas
funcionaran.
Desde luego, el Señor nos deja un ejemplo muy claro con esta
opción adoptada por Esdras. Digo “opción” porque podría haber
escogido otro camino. Ante nosotros, también se presenta la opción
de hacer las cosas según la sabiduría humana, la oportunidad de
tomar un camino con resultados más rápidos a corto plazo y que
haga las cosas funcionar de una manera que a simple vista nos
parece más eficiente. Podemos llenarnos de actividades todos los
días, tener toda una maquinaria eclesiástica andando, tener números
promisorios y alentadores; tener a cada uno haciendo “algo”, y sin
embargo estar secos y muertos por dentro. Si lo que hacemos no es
“en” y “según” la verdad, no vale la pena, es solo paja que será
consumida por el fuego que probará toda obra. Si Jehová no edifica
la casa, en vano trabajan los que la edifican.
La misma opción de Esdras fue la que adoptó Pablo en su
ministerio.
«Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de
Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. 2 Me propuse
más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna,
excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. 3 Es más, me
presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de
miedo. 4 No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y
elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, 5 para
que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino
del poder de Dios».
I Co. 2:1-5, NVI
De esta manera, siguiendo el ejemplo de Esdras, debemos procurar
hacer solo lo que Dios nos ordenó hacer, y de la forma en la que Él
dispuso para que lo hiciéramos. No debemos inventar nuevas formas
de adorar, ni debemos agregar palabras al mensaje que debemos
predicar, ni ingeniar nuevas estrategias para alcanzar a quienes están
en tinieblas.
En otro sentido, cada uno debe servir en aquello para lo cual fue
llamado por Dios. Desde luego hay muchas labores de servicio que
podemos y debemos realizar, pero si Dios no me ha llamado a servir
en algo y la iglesia tampoco reconoce ese llamado, no debo yo
procurar ocupar ese lugar. Muchos se ven atraídos por las funciones
más visibles como la enseñanza y la predicación, pero en numerosas
ocasiones esa atracción es solo una ilusión producto del orgullo y las
ansias de reconocimiento y poder.
Lo cierto es que el Señor nos ordena reconocer a quienes predican y
enseñan, pero también enaltece las labores de servicio que no son
tan notorias o prestigiosas a ojos de los hombres: «Bien saben que
los de la familia de Estéfanas fueron los primeros convertidos de
Acaya, y que se han dedicado a servir a los *creyentes. Les
recomiendo, hermanos, 16 que se pongan a disposición de aquéllos
y de todo el que colabore en este arduo trabajo. 17 Me alegré
cuando llegaron Estéfanas, Fortunato y Acaico, porque ellos han
suplido lo que ustedes no podían darme, 18 ya que han
tranquilizado mi espíritu y también el de ustedes. Tales personas
merecen que se les exprese reconocimiento» (I Co. 16:15-18, NVI).
No podemos negar que esto es particularmente relevante cuando se
trata del liderazgo, y ya hemos visto muchas consecuencias nefastas
de poner en posiciones de gobierno a quienes no están calificados
para desempeñar dicha función. El hacer esto solo dañará a quien
realiza esa función, y a la iglesia toda. Esto no significa que el
hermano no sirva para nada, sino que no debe ejercer esa función
para la que Dios no lo ha llamado. Un engranaje puede ser muy útil
e importante, pero si lo pongo en el lugar equivocado, se destruirá el
engranaje junto con el resto de las piezas que lo rodean, y finalmente
se arruinará el funcionamiento de toda la máquina. Eso ocurre
cuando alguien no calificado para una función, es puesto allí para
realizarla.
7- Debemos servir con devoción y corazón quebrantado
Esto lo vemos en los vv. 21-23. Aquí vemos una práctica que por
estos días nos parece bastante ajena y desconocida: el ayuno.
Lamentablemente no tenemos tiempo hoy para hacer un estudio
detallado sobre el ayuno, pero ante todo debemos aclarar que el
ayuno no es una huelga de hambre, como muchos lo utilizan, para
forzar a Dios a acceder a mi voluntad y a mis deseos, como premio
por haber sufrido el hambre.
También aclaramos que, tal como ocurre con la oración, el ayuno
está presente en otras religiones. De hecho, el Islam es famoso por
tener un mes especial en el que se recomienda el ayuno. Sin
embargo, el ayuno cristiano es completamente distinto, ya que es el
verdadero ayuno. Como decíamos, es similar a lo que ocurre con la
oración, ya que en otras religiones también se ora, pero solo en el
cristianismo la oración es genuina y se dirige al Dios verdadero.
El ayuno en la Biblia siempre estuvo relacionado con afligir y
humillar el cuerpo y el alma, ya sea por un pecado personal o del
pueblo, o por un dolor muy grande provocado por una tragedia
individual o nacional. También se realizaba como una disciplina
espiritual que ayudaba a mantener el alma saludable y enfocada en
Dios, y que acompañaba a la oración, muchas veces para pedir
dirección o tomar una decisión importante.
Esto porque el ayuno, al restringir los apetitos del cuerpo, ayuda a
enfocarse en nuestra necesidad de Dios, sabiendo que «… no sólo
de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de
Jehová vivirá el hombre» (Dt. 8:3). Así, quien ayuna
apropiadamente está reconociendo con ello que no depende de las
cosas materiales y de la comida que perece

ara vivir, sino que su verdadero alimento es el Señor y su Palabra.


Un ejemplo de esto lo encontramos en el mismo Esdras, quien
publicó este ayuno «… para afligirnos delante de nuestro Dios,
para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros
niños, y para todos nuestros bienes» (v. 21). Es decir, lo hizo con el
propósito de humillar el alma y el cuerpo, demostrando con esto
sumisión a Dios y a su Palabra.
Además, este ayuno tuvo otra particularidad: la de ser público. Esto
con el fin de incentivar el fervor del pueblo, de promover el
quebrantamiento delante del Señor y el temor de Dios. También este
ayuno público, es decir, compartido, tendría el efecto de promover la
unidad y la unanimidad en el pueblo, en el propósito de seguir la
voluntad del Señor.
Ahora, ¿Cómo cambia Cristo el ayuno?
«14 Un día se le acercaron los discípulos de Juan y le
preguntaron:
—¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos, pero no así
tus discípulos?
Jesús les contestó:
15 —¿Acaso pueden estar de luto los invitados del novio
mientras él está con ellos? Llegará el día en que se les quitará el
novio; entonces sí ayunarán».
Mt. 9:14-15, NVI.xxxxxxxxxxxx aquí quedamos para el lunes 25
Centrándonos en el punto del texto, vemos que Cristo nos revela
más bien el verdadero sentido del ayuno, el que tal como todas las
cosas en la vida cristiana, tiene que ver con Él mismo. El verdadero
sentido del ayuno es lamentarnos porque Cristo ha partido,
demostrando así que estamos incompletos en tanto Él no venga, y
que no dependemos ni necesitamos nada en esta tierra, sino que Él
regrese por nosotros y por su novia, la Iglesia.
En el ayuno, entonces, nos negamos a nosotros mismos, y
confesamos con el salmista: «¿A quién tengo yo en los cielos sino a
ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra» (Sal. 73:25). Es un
recordatorio de que las cosas terrenales no pueden satisfacernos, y es
fundamental para la salud del alma, ya que nos mantiene enfocados
en nuestra dependencia y necesidad de Cristo, y nuestra esperanza y
anhelo ferviente de su retorno.
Vemos que para Cristo no fue opcional el que los cristianos
ayunaran. Él dijo: «… Llegará el día en que se les quitará el novio;
entonces sí ayunarán» (Mt. 9:15). Es decir, a pesar de que
actualmente se trate de una práctica algo olvidada, vemos que para
Cristo fue seguro que su iglesia ayunaría luego de su partida. Los
santos del Antiguo Testamento ayunaron, Cristo ayunó, los
apóstoles y la iglesia primitiva ayunaron. Y nosotros, ¿Ayunamos?
Si no lo hacemos, es tiempo de incorporarlo a las disciplinas
espirituales, ya que es tan distintivo del cristiano como la oración,
aunque no deba practicarse con tanta frecuencia como ésta.
Otro asunto que desprendemos de Esdras respecto del ayuno es que
realizar un ayuno público es perfectamente bíblico. Respecto de este
texto, Matthew Henry afirma: «Si se trata de rogar misericordias
públicas, se deben realizar oraciones públicas, para que todos
quienes compartirán los beneficios [de esas misericordias] puedan
unirse en la súplica por ellas». Desde luego, Matthew Henry
incluyó aquí el ayuno público, como acompañante de la oración.
Entonces, si como iglesia local debemos pedir dirección, o estamos
rogando a Dios que nos conceda su favor, es perfectamente bíblico
publicar un ayuno del cual todos debemos participar, para estar
unánimes, en un mismo sentir, siendo compañeros en la aflicción y
en la consolación.
De esta manera, el ayuno verdadero refleja devoción personal en el
servicio, así como un corazón quebrantado.
8- Debemos servir consagrados al Señor
Esto lo vemos en el v. 28. Esdras deja claro a los sacerdotes que
ellos estaban consagrados al Señor, es decir, apartados para su
servicio, tal como lo estaban los utensilios del templo. Es decir, tal
como esos utensilios del templo eran santos y no debían ocuparse en
usos comunes o triviales, ni como utensilios ordinarios y corrientes,
así ellos como sacerdotes estaban consagrados a Dios, por tanto no
podían servir como si fueran hombres comunes y corrientes, ni
ocupar sus pensamientos, sus fuerzas ni su propia vida como lo
hacen todos los hombres, puesto que ellos estaban santificados para
Dios.
Pero, ¿Qué relación tiene esto con nosotros? Es importante para
nosotros porque fuimos hechos un reino de sacerdotes. Esto es lo
que nos dice Apocalipsis: «9 Y entonaban este nuevo
cántico: «Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus
sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para
Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación. 10 De ellos
hiciste un reino; los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios, y
reinarán sobre la tierra»» (Ap. 5:9-10).
La iglesia, entonces, es un reino en donde cada creyente es un
sacerdote, lo que se denomina la doctrina del sacerdocio universal, y
esto es porque podemos presentarnos delante de Dios en los méritos
de Cristo y de su sacrificio en nuestro lugar, siendo rociados y
purificados por su sangre.
En consecuencia, debemos recibir este mensaje de Esdras como
sacerdotes que somos, sabiendo que estamos «consagrados a
Jehová», santificados para el Señor, y que por tanto no podemos
vivir de una manera común, como lo hacen quienes no conocen a
Dios. Eso es justamente lo que ordena Dios por boca del Apóstol
Pablo: «17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis
como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente 18
teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios
por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón»
(Ef. 4:17-18).
Esto no para creernos mejores que otros, sino porque hemos recibido
la verdad de Dios, y se nos ha revelado a Cristo, en quien habita la
plenitud de Dios. Luego de esto no podemos ni debemos vivir como
quienes no han visto esta luz admirable, incomparable y eterna. Si
hemos recibido la antorcha de eterno fulgor, no podemos caminar a
tientas como si estuviésemos en completa oscuridad. Si hemos
recibido la verdadera vida, no podemos todavía oler a muerte y
pudrición.
Debemos, por tanto, servir consagrados al Señor, separados para su
servicio.
9- Debemos servir reconociendo nuestra necesidad de la gracia de
Dios
Esto lo vemos en el v. 35. Los holocaustos no son otra cosa que el
reconocimiento del propio pecado, y no solo eso, sino que también
de la paga del pecado, que es la muerte (Ro. 6:23). Al realizar el
holocausto, reconozco que yo he desobedecido la ley de Dios, y que
por tal desobediencia debo morir, mi sangre debe ser derramada,
porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado. Pero
ofrezco un sustituto en mi lugar, que en el caso del texto de Esdras,
es un animal.
Sin embargo, sabemos por lo que se nos revela en el Nuevo
Testamento que la sangre de los animales no podía limpiar real ni
permanentemente el pecado, por lo que era totalmente inútil para
salvar a quien practicaba esos sacrificios en su nombre.
Por eso apareció el Hijo de Dios, para tomar nuestro lugar como
hombre, y para que ese sacrificio fuera suficiente y definitivo. Es lo
que nos dice el libro de Hebreos «12 pero Cristo, habiendo ofrecido
una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha
sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta
que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados»
(vv. 12-14).
Por eso, en el servicio cristiano debemos reconocer a cada instante
que dependemos total y absolutamente de la gracia de Dios, y que
sin este sacrificio de Cristo en nuestro lugar, no tendríamos perdón
alguno, ni posibilidad de contar con el favor de Dios, pero que
gracias a esta ofrenda que hizo Cristo de su propia vida, hemos sido
hechos perfectos delante de Dios, y podemos andar delante de Él
confiados en su obra y agradecidos por su misericordia.
Conclusiones
• Debemos hacer solamente aquello que Dios ordena y establece en
su Palabra, y no tratar de complementar lo que Él ha revelado, ya
que su Palabra es suficiente.
• Debemos servir en aquello para lo cual Dios nos ha llamado,
sabiendo que cada uno de nosotros ha recibido un don. Como
iglesia, no debemos llamar a servir a quien no está calificado, para
hacerlo
• Como cristianos debemos ayunar, sabiendo que Jesús mismo lo
hizo, y declaró que sus discípulos lo harían.
• Al ayunar declaramos que estamos incompletos sin Cristo, y que
realmente no necesitamos nada sino a Él.
• Ayunar nos ayuda a humillar y quebrantar nuestro corazón delante
de Dios, lo que es importante a la hora de tomar decisiones
trascendentales.
• Como creyentes, somos sacerdotes consagrados al servicio del
Señor, por lo cual debemos vivir vidas apartadas para Él.
• Como cristianos, dependemos de la gracia de Dios, y sin el
sacrificio de Cristo no podríamos contar con el favor del Señor.
Reflexión final
Los principios del servicio cristiano que revisamos hoy se oponen a
todo lo que el mundo nos enseña como valores en el trabajo. Por
ejemplo, el mundo nos llama a ser pragmáticos. Es decir, si algo
funciona es bueno, y si no funciona, es malo. Sin embargo, la Biblia
nos llama a actuar según la verdad, independientemente de si
“funciona” o trae los resultados que como humanos esperamos o
valoramos.
Por otra parte, el ayuno no cuadra en una iglesia moderna que ha
adoptado una filosofía “exitista”, de la eterna felicidad. En algunas
congregaciones incluso es mal visto decir que uno está triste, o se
siente angustiado, pese a que son sentimientos que vemos
recurrentemente en los salmos, y que incluso el mismo Cristo
expresó. En ese contexto del sueño americano, la prosperidad y el
éxito, el afligir el cuerpo y el alma mediante el ayuno se ve como
una práctica medieval de fanáticos religiosos que han entendido mal
el cristianismo. Sin embargo, es todo lo contrario: un distintivo de
los verdaderos creyentes, y una disciplina espiritual deseable para la
salud del alma.
Así, vemos que las directrices para servir a nuestro Señor no deben
basarse en criterios mundanos, que vienen de una mente caída y
muerta por el pecado. Los principios para nuestro servicio cristiano
deben basarse en la Palabra de Dios, y ante todo, en el ejemplo
supremo de servicio: Cristo. Nuestro Salvador, siendo el más alto y
sublime, se humilló a sí mismo tomando forma de hombre, y
haciéndose obediente hasta la cruz. En Él encontramos al Siervo de
Dios por excelencia, aquel que dio su vida en obediencia a su Padre,
que menospreció la cruz porque tuvo por algo mucho más sublime y
deseable la gloria que le esperaba. Sigamos, entonces, el ejemplo de
nuestro Maestro, tomemos nuestra cruz con gratitud, y vayamos en
pos de Él junto a nuestros hermanos.

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