TUCUME
TUCUME
THOR HEYERDAHL
DANIEL H. SANDWEISS
ALFREDO NARVÁEZ
LUIS MILLONES
COLECCION
ARTE Y TESOROS DEL PERU
Indice
Presentación IX
Palabras liminares XIII
Agradecimiento XXV
Introducción XXIX
CAPITULO 1
Túcume y la herencia marítima de la costa norte del Perú 1
CAPITULO 2
Túcume, Santuario llamado Purgatorio 33
CAPITULO 3
Antecedentes culturales y prehistoria regional 55
CAPITULO 4
Las pirámides de Túcume: El sector monumental 83
CAPITULO 5
La conexión marítima: Huaca Las Balsas 153
CAPITULO 6
La vida en el antiguo Túcume: Sector V 167
CAPITULO 7
La muerte en el antiguo Túcume: El Cementerio Sur
y la Huaca Facho 207
i CAPITULOS
Pico del pasado: El Cerro La Raya 221
CAPITULO 9
El pasado de Túcume 235
CAPITULO 10
Túcume y la continuidad de la cultura peruana 247
CAPITULO 11
Túcume: 500 años después 279
Anexo: ampliación de ilustraciones 317
Bibliografía 333
Indice onomástico y toponímico 339
Indice de Ilustraciones 345
Registro de Autores 347
Créditos 351
ÍNDICE VII
Pa abras ¡minares
/ . ^ .
S
e cerró un círculo para el autor de estas líneas cuando regresó al
Perú para organizar excavaciones arqueológicas en Túcume. Al
momento de editarse en Lima el informe sobre los resultados de
las excavaciones, habrán transcurrido cincuenta años desde la
primera vez que llegué al Perú a fin de obtener la autorización del Presi-
dente Bustamante y Rivero para construir la balsa Kon-Tiki en los astilleros
navales del Callao y navegaren ella, a través del Pacífico, hasta la Polinesia.
Hace cincuenta años, la verdadera grandeza de las primeras civilizacio-
nes marítimas del Perú aún permanecía sepultada bajo la arena de la
infinita costa desértica. Sólo las pirámides de adobe erosionadas y los
. ; asombrosos tesoros artísticos vendidos a los museos y a los coleccionis-
tas privados daban fe de que el Perú tenía un pasado olvidado que""se'
remontaba hasta antes del imperio incaico. La grandeza de este país se
encontraba en las serranías cuando los ejércitos de Pizarro conquistaron
el poderoso imperio. El alto nivel cultural y la increíble riqueza de los
incas eclipsó todo lo que los invasores europeos habían visto en la costa
y fuera registrado por sus cronistas cuando llegaron en el siglo XVI y
asumieron el gobierno del territorio, escribiendo su propia versión de la
historia peruana. Para los navegantes españoles recién llegados, el pue-
MLABKAS UMINARES •Xllí
Escena de pesca con a n z u e l o y c o n j e l
desde un caballito de totora. CántaiD
escullórico M o c l i e . Musc-o A r q u c o l á g i c o
Rafael Larco Herrera - L i m a .
blo andino era una nación mediterránea constituida por indios de las
serranías, con un litoral de pescadores pobres y primitivos ignorados por
los conquistadores y que no ofrecían ningijn interés a la mayoría de los
primeros cronistas.
Hace cincuenta años, poco era lo que se habi'a encontrado para cambiar
esta impresión original de los primeros que escribieron la historia del PeriJ
para sus propios descendientes y sus familiares europeos. Empero, la ma-
yoría de ellos estaban muy impresionados por la historia oral que les ha-
bían relatado los doctos, maestros y amautas de estas sociedades altamen-
te desarrolladas. Los incas admitieron llanamente que no eran los prime-
ros gobernantes de una comunidad civilizada en el Perú. Otros mitimaes
habían llegado y partido antes de los españoles. Su cultura y su sangre
habían sido heredadas por las clases gobernantes del país. Establecieron
su gobierno en Tiahuanaco, pero eran navegantes como los españoles y se
les llamaba Viracocharunas, el pueblo de Viracocha, o "Espuma del Mar".
Aparecieron por primera vez, en sus balsas de totora, procedentes de la
Isla del Sol, y la última vez que se les vio se dirigían hacia el poniente por
el Pacífico. Cuando el Inca Túpac Yupanqui unió los diversos e indepen-
dientes reinos andinos en una sola nación quechuahablante, fue informa-
do de que los pobladores de la costa recordaban a su primer antepasado
inmigrante con el nombre de Can o Con, mientras que en su abandonada
capital de Tiahuanaco se le conocía como Tiki. Para complacer a todo el
reino, los incas dijeron a los españoles que su nombre completo era Con
Tiki-Viracocha y confundieron a los navegantes blancos y barbudos de
Europa con sus propios antepasados legendarios que habían regresado a
su tierra.
YIV TÜGUM
Al llegar al Perú en 1946, ya había estado en la Polinesia en 1937-38
cuando era un joven biólogo de la Universidad de Oslo. Llegué de Norue-
ga para indagar cómo las plantas, los animales y las primeras familias
humanas habían arribado a esas apartadas islas oceánicas mucho antes de
que llegaran los primeros europeos y se enteraran de su existencia por los
amautas incaicos. Para entonces, ya sabía que el perro polinesio y algunas
de las más importantes plantas alimenticias cultivadas en toda la Polinesia
antes de la llegada de los españoles debían haber provenido del Perú,
aunque todos los científicos decían que las balsas sudamericanas se hun-
dirían después de dos semanas en el mar y que los primitivos pescadores
peruanos temían aventurarse mar adentro en sus caballitos de totora. Pero
yo sabía que el sacerdote-rey navegante, Tiki, aparecía en la genealogía
de todas las islas como el antecesor divino que había llevado a sus antepa-
sados cruzando el océano desde un gran país situado al este por donde
salía el sol. Y también sabía que el camote y la calabaza eran las plantas
alimenticias más antiguas e importantes de todas las islas de la Polinesia a
pesar de su origen sudamericano, y sólo podían haber llegado en balsas
del Perú. En la isla de Pascua, las balsas de totora cultivada en los lagos de
los cráteres, que se construían exactamente como en el Perú y Bolivia,
aún se utilizaban cuando llegaron los europeos. •, • .
Todos los científicos del mundo, los expertos en balsas así como los técni-
cos navieros estaban contra mí cuando llegué al Perú como biólogo para
demostrar que, antes de la llegada de los españoles, debía haber sido po-
sible para los peruanos descubrir la Polinesia y establecerse en ella con
anterioridad a la conquista incaica de la costa. No sabía nada sobre la
madera de balsa ni sobre la navegación y todos los arqueólogos contem-
poráneos consideraron absurda la idea de que había alguna razón para
creer que hubo navegantes en el Perú antes de la época incaica. Mi mayor
problema era la falta de contacto interdisciplinario entre los científicos en
esa época. Ningún antropólogo creía que un estudioso de otro campo de
la ciencia podía decirle algo sobre los viajeros y los contactos culturales
que él no supiera. Y ningún arqueólogo podía imaginar que los perros y
las plantas que vivían en la superficie de la tierra podían predecir lo que
ellos encontrarían al excavar buscando directamente el pasado enterrado.
Empero, fue mi capacitación en genética lo que me dio valor para cons-
truir la balsa y alzar velas mar adentro. De los historiadores había aprendi-
do que, a su llegada, los europeos encontraron el camote y la calabaza de
América del Sur en todas las islas de la Polinesia. De los botánicos, que
sólo el hombre podía haber llevado estas especies de plantas cultivadas
del Perú a la Polinesia y, de los antropólogos, que las balsas de troncos y
de haces de totora eran las únicas embarcaciones del antiguo Perú. Como
nadie en ese momento tomaba en consideración las embarcaciones de
totora, la conclusión lógica sólo podría ser: "las embarcaciones de troncos
eran aptas para la navegación".
Cinco años después de la expedición Kon-Tiki, comencé a llenar el vacío
existente entre la biología y la antropología al llevar a los primeros
arqueólogos a las Islas Galápagos. Con el viaje de la Kon-Tiki del Callao al
XV
/
/
atolón de Raroia en el archipiélago de Tuamotú sólo se había demostrado
que la Polinesia estaba al alcance de las típicas embarcaciones peruanas. ' C
Mis adversarios sostenían ahora que tanto yo como mis cinco acompa-
ñantes en la balsa éramos descendientes de los vikingos y, por lo tanto, ^
nos habíamos ingeniado para sobrevivir, pero ningún peruano antiguo se
hubiera atrevido a alejarse del litoral aunque su embarcación fuera apta O
para la navegación. En 1952, los dos arqueólogos de mi equipo de ^
Galápagos, E. K. Reed y A. Skjólsvoid, encontraron una impresionante ,^
cantidad de fragmentos de cerámica en cuatro diferentes sitios prehistóri-
cos de las Islas Galápagos. Estos fragmentos fueron identificados por los ,
mejores expertos en cerámica del noroeste de América del Sur, del
Smithsonian Institution en Washington, D.C., quienes comprobaron que '•
dichos fragmentos eran evidencia incontrovertible de las frecuenles visitas -
efectuadas desde la costa norte del Perú y la costa sur del Ecuador en ^
tiempos preincaicos. El período incaico tenía una representación
sorprendentemente pobre entre los fragmentos de cerámica, que eran, por ^
los menos, 1 31 ollas rotas identificables, originarias de la zona de la bahía
de Guayaquil al norte hasta el valle de Casma al sur.
Debido a la falta de provisión de agua permanente, el grupo de las
Galápagos era inhabitable en tiempos antiguos, pero el hecho de que sim-
pies pescadores y cazadores de tortugas hubieran frecuentado este árido
archipiélago indicaba que los poderosos gobernantes de los antiguos esta-
dos costeños habían construido embarcaciones capaces de realizar largas
travesías. La historia incaica relataba el viaje de exploración de Túpac ••~\
Yupanqui, con toda una flota de balsas, que duró muchos meses y los
dibujos lineales mochicas de sus reyes-sacerdotes divinos los mostraban
-oavegando en el océano en embarciones de totora con una cubierta supe-
rior y otra inferior; a menudo se veían a sus pies jarras de agua y hasta
prisioneros. Sin embargo, la creencia de que el conocimiento de la nave-
gación fue introducido en el Perú por los europeos medievales era tan
firme que pocos creían en los historiadores de los incas y nadie interpretó
los dibujos lineales mochicas sino como fabulaciones mitológicas del ar-
tista.
Cuando construimos la balsa Kon-Tiki en 1947, hicimos el tipo de embar-
cación plana de troncos de madera de balsa atados con cuerdas al igual
que las embarcaciones del Inca Túpac Yupanqui y tal como lo describie-
ran detalladamente los primeros conquistadores españoles. Yo, como los -
demás, no confiaba en un bote de totora tierna para efectuar un viaje del
Perú a la Polinesia. Fue sólo en 1955, cuando llevé una expedición de
. arqueólogos a la isla de Pascua, que empecé a percatarme de que los •
constructores de embarcaciones y los científicos modernos subestimaban
la capacidad de navegación de los barcos de totora que habían utilizado
los fundadores de la civilización peruana durante siglos y los sumerios y
egipcios desde los comienzos de la historia de la navegación. Ningún
arqueólogo había intentado hacer excavaciones estratigráficas en la isla
de Pascua porque ésta se encontraba muy cerca de América del Sur y
demasiado lejos de Asia. Pero hallamos que el tipo de construcción
ke|)i'esenLit ion de b.ilsa vn lornid de lobo megalítica de los Andes que había en la isla era más antigua que cualquier
marino y personaje de rasgos felínicos.
Botella escultórica M o c h e . Museo Ar(|ueo-
templo encontrado hasta entonces y hasta hoy día en cualquier otra par-
lí'jgico Raí.iel L.irco I Icrrcra - Lim.i. le de la Polinesia, y no sólo las construcciones de templos con terraple-
nes como las huacas, sino también las primeras estatuas gigantescas de
piedra erigidas en la isla eran del mismo tipo que las de los Andes, com-
pletamente diferentes a lo que se podía encontrar en cualquier otro lugar
del Pacífico.
La isla de Pascua era famosa por sus gigantescas «cabezas» de piedra
ubicadas en las laderas del volcán Rano Raraku. Nuestras excavaciones
revelaron que no eran de ninguna manera "cabezas" sino bustos comple-
tos con las manos apretadas debajo del vientre y uno de ellos tenía inciso
en el pecho, como un petroglifo, un enorme barco de totora. Este era el
tipo de embarcación de grandes dimensiones en la cual, de acuerdo a la
tradición local, había llegado a la isla su primer antepasado, el rey Hotu
Matua, con un séquito de 200 personas en cada uno de sus dos barcos.
Los primeros visitantes europeos habían sido informados de que los des-
cubridores de la isla eran gente que tenía los lóbulos de las orejas
artificialmente extendidos y que habían venido de una extensa costa
desértica situada al este, navegando durante dos meses hacia donde se
ponía el sol.
La totora peruana todavía crecía en los lagos de los cráteres de la isla de
Pascua, y después de probar en alta mar un barco de totora construido por
PALABRAS LIMINARES XVII
algunos de los isleños de mayor edad, me convencí de que los inventores Representación mitológica de balsa en
forma de pez, con personaje de rasgos
de este tipo sorprendente de embarcación estaban más seguros en alta
felínicos. Botella escultórica M o c h e . Museo
mar que los que navegaban en un barco vikingo abierto o en una vulnera- Arqueológico Rafael Larco Herrera - L i m a .
ble carabela.
Sólo en el lago Titicaca encontré artesanos de nuc>slra époc a mic aún con-
servaban la tradición y la habilidad de sus antepasados para construir bar-
cos de totora capaces de resistir cualquier mar tempestuoso. Los pescado-
res aymarás, quechuas y urus de Bolivia y el Perú no han olvidado la
ingeniosa técnica de construcción de embarcaciones,(|ue les enseñaron
los Viracocharuna cuando llegaron navegando, por el gran lago, para fun-
dar Tiahuanaco con sus paredes megalíticas y sus gigantescas estatuas de
piedra. En 1970, cuatro constructores aymarás de barcos de la isla Suriqui
y su intérprete boliviano construyeron para mí el barco de totora Ra II en
Marruecos, y en él navegamos durante 57 días a través del Atlántico, des-
de el Africa hasta Barbados en América. En 1977, los mismos artesanos
andinos construyeron mi barco de totora Tigris en el río del mismo nom-
XVIII
bre en Iraq, y navegamos en él durante cinco meses en el Océano Indico,
primero a Pakistán y luego a Djibouti a la entrada del Mar Rojo. Con este
viaje habíamos unido las más antiguas civilizaciones conocidas en
Mesopotamia: tanto aquéllas del valle del Indo como la del antiguo Egip-
to. La embarcación dibujada por los antiguos mochicas había demostrado
ser apta para la navegación en cualquier océano del mundo y capaz de
unir cualquiera de las civilizaciones conocidas de la antigüedad.
No sabemos cuándo los primeros barcos de totora oceánicos comenzaron
a navegar a lo largo de la costa abierta peruana. Con toda probabilidad,-la
primera población humana del Perú, al igual que en el resto de América
del Sur, estaba constituida por los descendientes de familias no organiza-
das de cazadores y pescadores que habían llegado a pie del norte luego
. de ingresar a Alaska, la ruta Artica por la vía de Siberia, posiblemente en
' un período muy temprano aún no establecido por los estudiosos. La evi-
dencia genética reciente, derivada de los estudios mitocondriales, revela
que un grupo secundario y mucho más tardío de inmigrantes llegó,direc-
tamente del sudeste de Asia, desviándose de Siberia por el mar y llegando
directamente al noroeste de América con la corriente del Japón. El mtDÑA,
ausente en los pobladores de Siberia, fue introducido en América hace
^ unos 6000 a 12000 años por navegantes que llegaron en embarcaciones
primitivas, posiblemente los predecesores de las canoas dobles-de los in-
dios de la costa noroccidental de Norteamérica. "'•
Pero estos inmigrantes originarios del noreste y sudeste de Asia no lleva-
o s ron al Nuevo Mundo semilla alguna para crear una civilización avanzada.
i, i Y la mayor parte de América del Norte, al norte de México, así como de
América del Sur, al este y sur de los Andes, siguieron teniendo un modesto
nivel de cultura hasta el advenimiento de los primeros europeos. Este he-
cho es notable e invita a la reflexión ya que una auténtica civilización se
desarrolló en México y el Perú mucho antes de que llegara a Europa desde
Africa del Norte y Asia Occidental. En México, la verdadera civilización
con escritura, construcciones piramidales, monumentos monolíticos y astro-
^ nomía se esparció con los fundadores de la cultura olmeca de la costa
selvática y pantanosa mexicana, desde tiempos tan remotos como 1200
a . C , aproximadamenle, y había llegado a las costas de Guatemala y El
Salvador en el Pacífico quinientos años antes d& que la escritura y otra
j evidencia de civilización se propagaran con los descendientes de los na-
vegantes del Medio Oriente desde la isla de Malta hasta la antigua Grecia
• y el resto de Europa. En el Perú, la construcción de pirámides, combinada
con otras características complejas de civilización, comenzó en el año
, 2500 a.C. si no antes; y cuando finalmente los navegantes de Creta lleva-
^^
. ron las semillas de la civilización a Europa en el año 600 a . C , ya se había
. desarrollado a lo largo de la costa andina y en las serranías adyacentes
toda una cadena de c i v i l i z a c i o n e s diferentes y, sin embargo,
interrelacionadas e interconectadas.
ó Por consiguiente, se deberá desechar la idea de que el comienzo de la
- civilización en América estuvo inspirada en patrones europeos. En efecto,
PALABRAS LIMINARES XIX
cuando finalmente Cortés y Pizarro llevaron la Biblia a México y al Perú
a comienzos del siglo XVI d . C , fueron portadores de la herencia cultural
de las antiguas civilizaciones del Medio Oriente. La Santa Biblia que
introdujeron en el Nuevo Mundo llevaba el nombre del viejo puerto
fenicio Biblos, de donde también se diseminó a Europa el arte de fabri-
car papel junto con el arte de escribir con letras fenicias un texto que
consistía en el Viejo y Nuevo Testamento de los antiguos escribanos del
Asia Menor. Los conquistadores españoles, al igual que todos los otros
europeos, habían obtenido de civilizaciones asiáticas mucho más anti-
guas los caballos en los que cabalgaban, las espadas de fierro y la pólvo-
ra para sus cañones.
Ninguna nación de Europa puede jactarse de haber creado una civiliza-
ción propia que floreciera con todas sus características regionales y nacio-
nales una vez que las semillas maduras fueron plantadas entre ellos por
viajeros que provenían de centros culturales bien establecidos en islas del
Mar Mediterráneo. Hasta entonces, los antepasados de los aztecas, mayas
e incas les llevaban muchos siglos de ventaja en asuntos culturales a los
antepasados de los conquistadores y los vikingos y, asimismo, estaban
mucho más adelantados que todos los indios americanos vecinos del nor-
te y sur. Podemos preguntarnos: ¿eran los otros indígenas americanos de
clase inferior o tenían una desventaja geográfica por estar a mucha distan-
cia del centro de cultura? ¿Sus parientes en la zona restringida del Golfo
de México, el angosto Istmo y la costa andina recibieron el impulso que
los lanzó hacia el camino de las altas culturas en la misma forma como
sucedió más tarde cuando la inspiración cultural fue llevada a Europa a
través del Mediterráneo?
Dicha posibilidad ya no puede ser ignorada por quien ha navegado perso-
nalmente desde Africa del Norte hasta las islas del Caribe en un barco de
totora. No podemos pasar por alto la cronología del crecimiento cultural
hasta llegar a una civilización plena en la perspectiva global, ya que ello
ocurrió casi simultáneamente en todo el mundo en la época en que se
empezó a utilizar el primer barco apto para la navegación oceánica y
luego de interminables eras de recolección primitiva de alimentos. El hom-
bre, como especie aparte, es mucho más viejo de lo que pensábamos
hasta hace poco. El Homo sapiens anduvo errante por lo menos durante
dos millones de años, lo que le proporcionó tiempo suficiente para la
domesticación independiente de su entorno y el perfeccionamiento de
sus herramientas y vehículos. Pero sólo durante cinco mil años, más o
menos, la civilización aparentemente floreció con plenitud en islas
desperdigadas por doquier y en los valles de tres ríos situados en las inme-
diaciones de la península arábiga. La fecha en la que la civilización
faraónica alcanzó su pleno florecimiento en Egipto se estima que haya
sido alrededor del año 3100 a.C. al igual que la civilización sumeria en
Mesopotamia y, aproximadamente en la misma época, la civilización
Mohenjo-Daro del valle del Indo, todas las cuales, desde el comienzo,
dejaron representaciones artísticas de barcos de totora con cabinas y ve-
las. Por razones desconocidas, el año en que se inicia el calendario maya
YY
es 311 3 a . C , convertido al tiempo cristiano estimado, mientras que el del
calendario hindú es 3119 a.C. Una fecha estimada de 3000 a.C. es la que
también dan los arqueólogos para el comienzo de las civilizaciones tem-
pranas de las islas de Chipre, Creta y Malta en el Mediterráneo y las islas
de Failaka y Bahrain en el Golfo Pérsico, todas las cuales muestran
petroglifos e incisiones en los sellos de cerámica que representan barcos
de totora.
Toda la evidencia disponible sobre la supuesta cuna de la civilización en
Africa del Norte y las áreas adyacentes de Asia Occidental muestra que
los impulsos de alta cultura y civilización se extendieron rápidamente hacia
el este a través de Indonesia y llegaron a China y el Japón en el segundo
milenio a.C.
Todavía se conoce muy poco sobre el comienzo de la navegación fuera
de Gibraltar y en el Atlántico. Muchos arqueólogos modernos sostienen
que los navegantes que alcanzaron un alto grado de civilización y expe-
riencia en tecnología y arquitectura megalíticas se habían refugiado en
las islas cercanas a la Gran Bretaña y en el Mar Mediterráneo aún antes
de tiempos faraónicos y sumerios. Es bastante probable que los navegan-
tes, relacionados con la gran cantidad de marineros diversificados y no
identificados que comerciaban y asimismo guerreaban entre sí en todo
el Mar Mediterráneo hace cinco mil años, hayan también explorado las
costas alejadas de Gibraltar mucho antes de la época en que los fenicios
y los aún desconocidos "Pueblos del Mar" asolaran el antiguo Egipto.
Sabemos que en el siglo XII a . C , en la época en que los olmecas funda-
ron sus asentamientos en la costa del Golfo de México, los fenicios esta-
ban enviando grandes flotas a través de Gibraltar para explorar el resto
del mundo y fundar colonias y ciudades-estados como centros comer-
ciales, tales como Lixus y Cádiz en la costa atlántica de Marruecos y
España, respectivamente.
Los arqueólogos italianos acaban de descubrir en Cerdeña lo que han
identificado como una pirámide escalonada sumeria o zigurat con rampa
y con un templo quemado en la cima, que data del año 2700 a . C , aproxi-
madamente. Una pirámide escalonada sorprendentemente similar, tam-
bién orientada hacia el sol como la de Cerdeña, se ha encontrado actual-
mente en Tenerife, en las Islas Canarias, y es indistinguible de las pirámi-
des de México. Esta pirámide aún no datada puede no ser necesariamente
más antigua que sus contrapartes de la América precolombina, dado que
las tribus indígenas Guanche aún gobernaban Tenerife en 1492 cuando
Colón emprendió su viaje a América desde la vecina isla de Gomera.
La arqueología es una ciencia joven y la mayor parte del pasado del hom-
bre aún yace sepultado y olvidado. En años recientes, arqueólogos perua-
nos y extranjeros han contribuido enormemente a incrementar nuestro
conocimiento del pasado mediante extensas excavaciones de los
asentamientos preincaicos ubicados a lo largo de toda la costa. Los sensa-
cionales descubrimientos de las tumbas de Sipán abrieron los ojos de
muchos y me decidieron a investigar el sitio de pirámides de Túcume. El
XXI
resultado de todas estas excavaciones nos está proporcionando una nueva
y diferente visión de la América precolombina. El nivel impresionante de
las antiguas civilizaciones del Perú se iguala al de los períodos contempo-
ráneos en Egipto y Mesopotamia. Sólo la arqueología futura podrá deter-
minar si hay un origen común entre ellas. ,,4 ^ M)iiis¡fn}*Kí
En cuanto a las excavaciones en el valle de Lambayeque, la costa norte
del Perú mantenía relaciones comerciales con lugares tan meridionales /"^
como las canteras de lapislázuli en Chile y al norte hasta las aguas trópica-
les del Ecuador y Panamá. Nuestras excavaciones en Túcume demostra-
ron que los navegantes de la región no solamente efectuaron navegación
de cabotaje. En Túcume descubrimos las respuestas a los cinco enigmas /~^.
principales de la isla de Pascua: ¿Cuál era el origen del culto al hombre- ' _~<
pájaro que se rendía en esta pequeña y más oriental de todas las islas
polinesias? Criaturas agachadas con cabeza de ave, cuerpo humano y un
huevo en la mano, según el típico estilo de la isla de Pascua, estaban
representadas en los relieves de las paredes de adobe de Túcume al igual ^
que en las rocas sagradas de Orongo en la isla de Pascua. ^
¿De dónde habían obtenido los pobladores de la isla de Pascua la idea _
de construir barcos de totora hechos de haces de totora sudamericana y í
utilizar "caballitos" en forma de colmillo para nadar, como elemento .'^
principal de sus importantes competencias del hombre-pájaro? Los re- —s
lleves de Túcume representalian hombres con cabe/a d(> .ive reamando ^
en embarcaciones de totora y, hasta el presente, en la costa más cercana '
a Túcume, los pescadores nadan en "caballitos" al igual que en la isla de
Pascua.
'¿Dónde se originó el remo ao de doble pala de la isla de Pascua ya que ese
tipo de remo era desconocido en todas las otras islas del Pacífico? El ao
era la vara tradicional que portaban los jefes de la isla de Pascua como
distintivo de rango y siempre tenía la pala superior decorada con una cara
estilizada coronada de plumas y con orejas colgantes. El remo ao tenía
una larga tradición en el valle de Lambayeque. Se muestra con todas sus
características típicas de la isla de Pascua como decoración en los relieves
del período prechimú más temprano, y nosotros encontramos un remo de
plata en miniatura enterrado con ofrendas del período incaico. Y, ¿de don- r'^
de se les ocurrió a los pobladores de la isla de Pascua tallar sus pequeños
remos rapa ceremoniales también con doble pala pero con un mango
demasiado pequeño para otro propósito que no fuera hacerlo girar en la
mano durante las danzas tradicionales? Un remo idéntico, absolutamente
inútil para uso práctico, fue también excavado en Túcume. —^
¿De dónde adquirieron los habitantes de la isla de Pascua la costumbre de , -^^
alargar artificialmente los lóbulos de sus orejas hasta que llegaran al hom- ^
bro, como se puede apreciar en sus estatuas y figuras de madera, tal como
usaban los "orejones" cuando llegó el Capitán Cook? En el valle de
Lambayeque, la costumbre de alargar las orejas que adoptaron más tarde -"^
los incas de sangre real era común desde los tiempos más remotos. El jefe
de alto rango que descubrimos en nuestras excavaciones efectuadas en la
rÚCUMH
cima de la pirámide más grande de Túcume era un "Orejón" con enormes
orejeras de plata, y todas las doncellas aristocráticas que se enterraron con
él llevaban en las orejas orejeras de madera con bellas decoraciones de
conchas importadas.
En Túcume se encontró la respuesta a preguntas que habían desconcerta-
do a los científicos estudiosos del Pacífico durante más de un siglo. Para
mí el círculo se cerró c:uando regresé al Perú y mi equipo de arqueólogos
peruanos y extranjeros descubrió algunos de los secretos de la olvidada
ciudad-estado de Túcume.
THOR HEYERDAHL
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Paita
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Fuente:
Atlas del Pe
Instiluto Gr
Nacional