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Kafka: Burocracia y Justicia Inaccesible

1) La novela El Proceso de Kafka presenta un proceso judicial absurdo y burocrático en el que Joseph K. es acusado de un crimen desconocido y no puede acceder a un juicio justo. 2) La obra critica los principios de debido proceso y defensa que se violan en el tribunal ficticio descrito. 3) Finalmente, Joseph K. es asesinado sin haber conocido los cargos en su contra o tener la oportunidad de defenderse, lo que representa la falta de justicia en el sistema.
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Kafka: Burocracia y Justicia Inaccesible

1) La novela El Proceso de Kafka presenta un proceso judicial absurdo y burocrático en el que Joseph K. es acusado de un crimen desconocido y no puede acceder a un juicio justo. 2) La obra critica los principios de debido proceso y defensa que se violan en el tribunal ficticio descrito. 3) Finalmente, Joseph K. es asesinado sin haber conocido los cargos en su contra o tener la oportunidad de defenderse, lo que representa la falta de justicia en el sistema.
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La importancia de Kafka se basa en el momento “oscuro” de la burocracia presentado en

todos los procesos productivos, transacción y comunicación de todas las personas. Ya que,
la obra es realmente dolorosa y aterradora, ya que su personaje principal, Joseph K, quien
era funcionario de un banco despierta un día descubriendo que es acusado y entra a un
proceso de inculpabilidad, del cual jamás se supo porque lo acusaron e intenta acceder a la
ley y no puede.
A partir de allí, se transmite una sensación de ruina y soledad inmensa, cuando se pierden
los Derechos en el interior de los laberintos burocráticos de los abogados. Lo cual,
indistintamente direcciona el debate a una reflexión del sociólogo alemán, Max Weber,
cuando afirmaba que “el futuro de la sociedad moderna no va a ser el socialismo [,] si no el
largo invierno de la burocracia”. Pues, era Kafka quien vivía en el interior del infierno de
los procesos jurídicos y del anonimato de una ley corrupta.
De este análisis surge un modelo procesal jurídico donde se pone en debate la libertad del
hombre. Es así, como existen en la novela de Kafka tres personajes claves, quienes son,
Joseph K el acusado, el abogado y el tribunal. Al entrar en un análisis profundo de cada uno
de los elementos, se evidencia la confrontación entre el Derecho Procesal Penal y lo que
significa un modelo absurdo de un proceso judicial llevado a cabo burocráticamente por
Kafka.
Pues, en este proceso penal creado por Kafka se violan todos los principios universales de
los Derechos Humanos como son el Principio de la Defensa, al Juez Natural y al Debido
Proceso. Todo esto se evidencia cuando el abogado que defiende a Joseph tenía ciertas
prohibiciones que el abogado de hoy no tiene, como es tener acceso a las pruebas. En este
tribunal no se respeta el Principio de la Cosa Juzgada, pues, en este escenario cada
sentencia puede ser suplida por otra sentencia y por otra, y así sucesivamente. Finalmente,
Joseph K lo terminan matando y es condenado por un proceso que nunca pudo tener el
Debido Proceso a tener un juicio, nunca pudo conocer los cargos que se le acusaban.
Desde otro punto de vista, cuando hacia 1865 en San Petesburgo, el escritor ruso Fiodor
Dostoievski comienza la escritura de Crimen y Castigo, cuya novela se transforma en la
columna vertebral sobre la cual se sostiene la trama dada a El Proceso (1925), pues, esta
obra junto a las demás escritas por Kafka son un espejo que refleja múltiples aristas del
pensamiento de este literato ruso.
Además, para Kafka, Crimen y Castigo (1865), es el texto que lo impulsa a construir la
estructura y los personajes de todas sus obras. Dado que la concepción literaria kafkiana
tenía más una función epistemológica que pretensiones artísticas. Pues, gran parte de la
obra literaria de Kafka era la búsqueda de las posibilidades para intentar y buscar la salida.
Adicionalmente, en la literatura kafkiana se encuentran varias adaptaciones realizadas por
este literato checo al conjugar la obra de Dostoievski con vida íntima reflejada en la figura
de Joseph K. quien es Kafka, pero también es Raskolnikov, que si se pone en un juego
prismático surgen unos destellos que trazan vínculos entre los tres despertares de esta
persona y la obra del checo como son el animal en La Metamorfosis (1915), asesino en La
Condena (1912) y culpable en El Proceso (1925).
Cuando Kafka se dedica solamente a escribir, con el objetivo de “liberarse del mundo”,
pues, la familia, los estudios y la oficina se convertían en un estorbo para obtener su fin. No
obstante, se apoya en su íntima y firme convicción de que, al escribir automáticamente, “lo
escrito sucederá en realidad”. Por ello, la búsqueda de una salida se a partir del ejercicio de
escribir. Ahora bien, la manera como transforma a Crimen y Castigo (1865) en su “Carta
de Navegación” se debe a su gusto por dicha novela, pero no le satisfacía. El gusto se debía
a ser escrita por Dostoievski, y porque el tema de la culpa y su relación con el poder y la
ley era el núcleo de su obra, fundamentado en la dicotomía entre los seres superiores y los
inferiores. Pero no le satisfacía el desarrollo de la obra. La percepción de Dostoievski sobre
la religión cristiana se fundamentaba en una promesa de redención y de salvación frente al
sufrimiento y al pecado que inundan al mundo. Pero, fue incapaz de darle a su protagonista
una suerte distinta a la de la culpa. Pero, esto no lo hizo el “insatisfecho” Kafka, quien antes
de someter a la suerte de Raskolnikov, por extensión a la suya misma, juega a ser Dios y se
propone darle otro destino.
En cuanto al estudio realizado por otros autores, como es el caso del filósofo francés
Michael Foucault en su obra Vigilar y Castigar. Nacimiento de la Prisión (1976). Con base
en dicha obra, se han abierto puertas para entender como la Justicia Penal se inscribe en los
cuerpos donde se dan las diferentes maneras como la Ley se relaciona con el concepto de
Igualdad. Por tales razones, cada aproximación realizada a la obra kafkiana propondrá. Por
ende, cada aproximación al tema formulará variaciones frente a los territorios y las formas
discursivas que cobran sentido a partir de las manifestaciones generadas en esta relación. Es
decir, cada acción que se emprende coloca en distintos lugares a los límites a la actividad
creadora de los sujetos.
Desde otra perspectiva, se da la posibilidad de cristalizar las manifestaciones literarias
cristalizadas en el interior de los imaginarios de disciplinamiento que se asocian con el
pensamiento foucaultiano. Este es el caso de El Proceso (1925), escrita desde el horror de
las máquinas disciplinadoras antes que de una concepción foucaultiana. Por tales razones,
para Foucault adicionales la “realidad” no es más que una red de objetos sociales cuya
equivalencia fundamental es similar. Dado que, la “realidad social” concebida por Foucault
no solo consiste en distinguir entre niveles que se articulan con los regímenes de práctica y
el conjunto de discursos que producen lo que es lícito designar como la “realidad” en un
momento dado, en el cuento kafkiano, la metáfora deviene pura representación.
Igualmente, surge la posibilidad de pensar en un recorrido que va de la inscripción literal en
el cuerpo del condenado de El Proceso (1925) a la ley, que permite el juego heterónomo de
la creatividad de los dominados y su articulación con la memoria histórica, cruzando por la
interiorización de la legalidad en el nivel de las conciencias. En este recorrido, el trabajo de
Foucault se sustenta la densidad de los argumentos y les sirve como telón de fondo.
El padre opresor y autoritario en la raíz de esa persecución injustificada y cruel,
magnificada por la débil constitución física y mental del enfermizo Kafka, que en El
Proceso adoptaría la forma de un Estado y una Ley de tiranos.
La situación de Joseph K. desde la perspectiva de su relación conflictiva con el orden de la
Ley, es decir, del derecho. Como también, en su relación con la violencia, o la fuerza de
aplicabilidad de ley, es decir el doble valor de la Gewalt en el sentido benjaminiano, se
debe también analizar la falta de una causa para la detención y el proceso. Dado que,
implica un cuestionamiento radical del concepto de ley, cercana al que motivará en buena
medida, aunque desde otro enfoque y sobre otras oposiciones. ¿En qué se diferencia una
situación de persecución judicial en que existe un claro delito, reconocido y atestiguado,
quizás comprobado, a una en que ese motivo se desconoce? La diferencia es enorme, claro,
y pasarla por alto supone caer en un estado de pesimismo y confusión kafkianas. Un
proceso judicial más justificable o más legítimo sería entonces uno en que conocemos el
motivo, la razón, el principio, y, con ello, de alguna forma, el origen de la ley que se aplica.
Y en cuanto al origen, siempre se debe remitir a un problema de violencia inaugural y por
lo tanto permanente, y también a un problema de fuerza de aplicación de la ley establecida
en principio, es decir, un problema del Derecho. A este problema se agrega, un problema de
justicia, que es un problema diferente del Derecho o de la Política tradicionalmente
considerados, cercano a cierta ética que a veces es derivada de una fuerte ontológica sobre
el lenguaje y las formas de constitución de los fenómenos a través suyo. Es por eso, que se
puede identificar a la justicia y su persecución imposible como la deconstrucción misma.
Por otra parte, el problema cuestionado en Kafka, es un elemento constitutivo de la esfera
del Derecho; de eso que está escrito, el cual actúa como código de aplicación, que puede
conservarse o modificarse en su letra, y que puede condenar a alguien. Igualmente, se
puede observar simultáneamente, un problema de Justicia. El cual se centra en la
deconstrucción misma y es su espíritu lo que está en juego. No obstante, este problema en
Kafka, se encuentra ausente. Como lo manifiesta la enfermera Leni (amante de Joseph K.),
lo mejor es preocuparse por uno mismo, no intentar cambiar nada, tratar de adaptarse lo
mejor posible a esa situación, que en definitiva es necesaria. Ya que, para el escritor de
Praga no existe más que la imposibilidad de alcanzar la justicia es sinónimo de un profundo
desconcierto y pesimismo.
En cuanto a la Administración de Justicia, Kafka contribuye a la comprensión como
mientras los operadores jurídicos se esfuerzan por ocultar sus imperfecciones e
inclinaciones subjetivas a través de una ficción llamada Justicia, lo cual permite invadir,
reducir, encauzar, objetivar y regular con una apariencia de legitimidad todos los aspectos
de la libertad humana. Mientras tanto, la literatura, como es el caso de El Proceso, tiene la
libertad creadora en sí misma, con todo y su estructura ficticia, puede penetrar la realidad
del Derecho, revelando otras ficciones que el poder del Derecho no está dispuesto a aceptar,
por cuanto estatuyen el ejercicio de su violencia como algo necesario, objetivo, legítimo y
natural.
En El Proceso, Kafka ilustra cómo externamente el sistema judicial se configura a manera
de dispositivo burocrático. Pues, como la afirma el sociólogo alemán Max Weber, la
burocracia es un tipo de dominación cuyo éxito consiste en su propia deshumanización.
Toda la supresión, de toda sensibilidad personal y de todo elemento irracional que escape al
cálculo caracterizan a la máquina burocrática. Por eso, el sociólogo español José María
González García, formula los principios de jerarquía funcional, competencia, cargo,
expediente, eficacia, aprendizaje profesional, dedicación y reglamentación; principios a los
cuales el abogado colombiano Aquiles Arrieta le añade los de totalidad, atracción y
necesidad. En esta medida, Kafka presenta la administración de justicia como una máquina
que impone la totalidad burocrática, movida por una racionalidad fundada en la necesidad y
que se ve atraída por la culpa del detenido. Este dispositivo está en capacidad de saberlo y
verlo todo, extendiendo constancia de ello en el expediente. Opera por su propia inercia,
delimitada en competencias y jerarquías cuya legitimidad reside en una concepción
trascedente y grandilocuente de la Ley.
Por tales razones, Kafka recuerda a través de esta idea como la concepción burocrática de la
administración de justicia no es más que otra ficción del Derecho. Es así, como en El
Proceso queda claro como la pretendida deshumanización del dispositivo burocrático es tan
anhelada como inútil. No importa lo que diga la “Ley”, lo que interesa, finalmente, es el
carácter altamente influenciable de los funcionarios. Kafka lo hace notar con la metáfora de
la presencia femenina, como quiera que el deseo por las mujeres guía, en la obra, las
decisiones de los administradores de justicia.
De igual modo, la necesidad, como criterio de racionalidad, también se diluye con solo
indagar más allá de la superficie. Detrás de la necesidad, subyace, realmente, el capricho.
Plegando el hábito de la necesidad y objetividad de la justicia. Así es como, Kafka pone en
evidencia la contingencia, la arbitrariedad y el capricho de los funcionarios. Las referencias
continuas que en El Proceso se encuentran sobre lo infantil, la presencia de niños en el
interior del tribunal y la ejemplificación de las leyes como cuadernos de colegio insinúan el
carácter inmaduro de la racionalidad judicial.
De este modo, Kafka hace patente que la finalidad del dispositivo burocrático de justicia no
es la trascendencia de la ley, sino la inmanencia del deseo, como lo manifiestan los
filósofos franceses Gilles Deleuze y Felix Guattari, “La justicia sólo es un proceso, un
desarrollo inmanente del deseo”. Por esta razón, en la obra kafkiana los funcionarios se
representan como guardianes corruptos, inspectores ridículos y jueces mediocres que tienen
por misión procesar a Josef K. funcionarios mal pagados, tentados a cometer actos de
corrupción, que trabajan en condiciones infrahumanas, que sufren y que, como cualquier
persona, no pueden hacer a un lado sus deseos y sentimientos.
Es este el crimen que comete Josef K. y por el cual es procesado. Como diría el filósofo
francés Michel Foucault, descalificar a quienes ejercen el poder es sumamente peligroso
porque implica poner en duda la necesidad misma del ejercicio del poder. Sin embargo,
Josef K. constantemente somete a interrogación la integridad moral y la idoneidad de los
funcionarios de la Ley, develando aquello que alienta en el dispositivo burocrático: El
deseo. No es K. quien está ante la ley; es la ley la que está ante la duda de K.
En este orden de ideas, El Proceso muestra la naturaleza dual del dispositivo burocrático en
su unidad deseante: Justicia (Diké) y Victoria (Niké). Este carácter bicéfalo se representa en
una pintura de Titorelli, quien le expresaría a K.

“–Es la Justicia–, dijo el pintor por fin. –Ahora la reconozco–, dijo K., –aquí está la venda
en los ojos y aquí la balanza. Pero ¿no tiene alas en los talones y no está corriendo? –. –
Sí–, dijo el pintor, –tengo que pintarla así por encargo; en realidad; en realidad es la
Justicia y la diosa de la Victoria al mismo tiempo–. –No es buena combinación–, dijo K.
sonriendo, –la Justicia tiene que reposar, si no, se moverá la balanza y será imposible una
sentencia justa”.

En la obra de Kafka, el dispositivo burocrático tiene tanto de Justicia como de Victoria. A


diferencia de Diké, Niké no tiene los ojos vendados. Pero, en oposición a esta, aquella
reposa y juzga en su balanza el comportamiento de los hombres. La pintura de Titorelli es
reveladora, pues combina los defectos de una y de otra deidad: La ceguera y el movimiento.
Ciego y apresurado, así es el dispositivo burocrático de la aparente justicia que Kafka
presenta, porque así es, también, la realidad del deseo.

Esta representación un tanto grotesca de la justicia le hacía pensar a Josef K. que la figura
retratada en la pintura se trataba, realmente, de la diosa de la caza. Porque si los
funcionarios actúan movidos por la venganza, el dispositivo burocrático lo hará motivado
por la caza de su presa. No en vano, esta es la máxima jurídica que impulsa todo en El
Proceso: “–para el sospechoso el movimiento es mejor que el reposo, porque quien reposa,
sin saberlo, puede estar en una balanza y ser pesado con sus pecados–”. Así pues, ¿cómo
podría ser justa una justicia ciega y en movimiento? En la obra de Kafka, la sospechosa es
la justicia y no el procesado. De allí que sea siempre oportuno recordar la pregunta más
inquietante y real que El Proceso plantea: “¿Cómo puede ser si quiera culpable el ser
humano?”.
El filósofo alemán Walter Benjamin en su artículo “Franz Kafka. En el décimo aniversario
de su muerte”, que el “Nuevo Abogado” debe profesar “ese derecho que ya no se ejerce y
que solo se estudia es la puerta de acceso a la justicia”. De este modo, la idea de estudio
parece tener una doble implicancia: supone una vuelta al pasado que le hace frente a la
marcha del olvido y, además, constituye “la puerta de la justicia”.
Por otro lado, el literato alemán Werner Kraft piensa que el Nuevo Abogado constituía una
“contundente” crítica del mito y, si bien el término justicia no aparece en la historia, según
Kraft, era esta la que fundamentaba dicha crítica. Benjamín parte de esta clave
interpretativa que opone “mito” y “justicia”, aunque de manera explícita se opone a Kraft
en un punto central. Ante la pregunta “¿Es realmente el Derecho eso que… en nombre
de la justicia, movilizaremos contra el mito?”, Kraft responde afirmativamente, mientras
que Benjamin mantiene lo contrario. Si Kraft asocia la justicia con el Derecho, Benjamin
sostiene que el sistema jurídico forma parte de la esfera del mito y, por lo tanto, un abismo
se extiende entre la Ley Positiva y la Justicia. Esta adscripción del Derecho al reino del
mito, así como su distancia con relación a la Justicia, son tópicos que ya habían ocupado a
Benjamin, especialmente en algunos de sus textos tempranos tales como Destino y carácter
o Hacia la crítica de la violencia, dos escritos cercanos tanto temática como
temporalmente.
De hecho, Benjamin establece un posible puente entre ellos y Kafka en una de las
anotaciones en torno al ensayo de 1934. Allí sostenía que Kafka tiene ante sí, de manera
constante, un derecho de “naturaleza demoníaca” respecto del cual sería conveniente
consultar las reflexiones que había desarrollado, hacía más de una década, en su texto sobre
la violencia.
Cuando Benjamin sostiene que en la obra de Kafka el Derecho tiene una configuración mítica,
significa que hallamos allí un Derecho caracterizado por el complejo demoníaco de destino, culpa y
expiación. Las leyes en Kafka condenan al inocente a la culpa y la expiación, del mismo modo que
en el pasado mítico: “‘Es propio de este sistema judicial que uno es condenado no solo siendo
inocente, sino, además, siendo ignorante’; así sospecha K.” en El Proceso. Si bien es cierto que en
el mundo de Kafka las leyes están ya inscriptas en códigos, al ser las mismas secretas e inaccesibles
funcionan, en realidad, de manera arbitraria y discrecional, pudiendo infringírselas sin saberlo
provocando un castigo análogo al de la ira de los dioses que, sin justificación racional alguna,
podían instituir Derecho en cualquier momento. Así, también en el universo de Kafka la pena es un
destino. Con base a un derecho oculto, los sujetos “inocentes” e “ignorantes” pueden de un instante
a otro ser culpados, viéndose supeditados a lo que los funcionarios y burócratas establezcan. Por
eso, desde la posición de los acusados, su culpa es destino. De esta manera, el mundo jurídico
kafkiano da cuenta del “modo mítico” en que opera la ley.

La visión kafkiana sobre el Derecho se da por su titulación como abogado en 1906 de la


Universidad Real Imperial Alemana Carlos Fernando de Praga y, se había especializado en Derecho
de Seguros, trabajando con la firma Assicurazioni Generali; posteriormente pasaría a desempeñar
otro trabajo en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, hasta el fin
de sus días.
Jorge Luis Borges, habla de las situaciones externas que rodearon a la literatura de Kafka:
“[...] la primera guerra europea, la invasión de Bélgica, las derrotas y las victorias, el
bloqueo de los imperios centrales por la flota británica, los años de hambre, la revolución
rusa, que fue al principio una generosa esperanza y es ahora el zarismo, el
derrumbamiento, el tratado de Brest-Litvsk y el tratado de Versalles, que engendraría la
segunda guerra (...) asimismo los hechos íntimos que registra la biografía de Max Brod:
La desavenencia con el padre, la soledad, los estudios jurídicos, los horarios de una
oficina, la profusión de manuscritos, la tuberculosis”.

Desde obras tan complejas como Crimen y Castigo, y El Proceso hasta tan polémicas en su
tiempo como La Familia de Pascual Duarte; se puede establecer un marco básico para la
interpretación jurídica de las obras literarias en general, y es tal vez este principio el no
forzar la interpretación. Por ello, se busca así un punto medio donde confluirán ambas y se
dará la relación.
La principal fuente para entender el concepto de ley en Kafka, el cual se repetirá con ciertos
matices, a lo largo de su obra; como es este caso El Proceso, es el texto Sobre la cuestión
de las leyes.
Las leyes en Kafka son un instrumento de la aristocracia.
Están para dificultarle a la gente la resolución de sus conflictos, no facilitan la vida, no
regulan aspectos diarios sino más bien tienden a ser abstracciones elevadas de la realidad
que viven las personas, Kafka a través de sus relatos expresa una insatisfacción frente a las
leyes.
“[...] la imprecisión de las palabras, la incapacidad de los enunciados para reflejar la
realidad, no aparecen como una limitación contra la cual se está en lucha permanente, sino
más bien como una facultad que hace posible el ejercicio de relaciones de poder, sin que
ello implique el recurso a la violencia física
Derivado de esto; en Kafka, sí hay una lucha permanente (la de K), pero sí es una facultad
donde se establecen relaciones de poder: A pesar que K sabe que su proceso se extiende
paradójicamente e injustamente, sobre él está recayendo una especie de poder que lo obliga
a ir a las diligencias, a contratar abogados, e inclusive a seguir a la calle a sus verdugos; él
es consciente de esa relación de poder que debería ser recíproca pero no lo es, finalmente
hay una separación completa de la teoría anteriormente citada cuando pasa esa relación a un
marco estrictamente violento, es en este caso donde se nota que se pasa de ese marco
teórico de la realidad, al de la novela con sus exageraciones, que dentro del proceso lo
hacen trágico; pareciera que el mismo sistema en un intento desesperado por reducir al
hombre que tiene en frente, y demostrar que en efecto monopoliza las relaciones de poder,
termina con K.
Uno de los casos en Kafka donde podemos ver que la ley es prácticamente inexistente es:
En la Colonia Penitenciaria, donde se verá más adelante las decisiones las toma un sujeto;
donde hace prácticamente cumplir su voluntad con la temible máquina de la rastra.
Para Kafka, los abogados se podrían dividir en dos tipos; aquellos que se apegan
irrestrictamente a la ley, y aquellos que constantemente alargan los procesos con
interminables argumentos, llenos de dudosos y paradójicos intereses.
El apego a la ley, es una de las principales preocupaciones de Kafka; y trae implícita la idea
de los procesos interminables y los argumentos complejos.
Kafka parece criticar la no consideración de otros elementos en la aplicación de la ley tales
como la Sociología, la Historia, la Economía; en el momento que le toca vivir el Derecho
no ha llegado a desarrollarse de la manera como se conoce hoy, esta situación se da porque
antes de la Segunda Guerra Mundial el panorama del hombre frente al Derecho era
restringido.
Sobre el apego a las leyes encontramos la siguiente cita:
“[...] el doctor Bucéfalo enfrascado en los códigos […]”
El estar enfrascado en los códigos puede ser señal de ese apego irrestricto de los abogados a
la letra de la Ley, pero no a su realidad que para nadie es un secreto que es en constante
movimiento. La posición del hombre frente al Derecho y aquellos que son abogados, es
clara cuando en el relato Abogados; el personaje afirma:
“¿Por qué buscaba yo aquí a un abogado? Porqué lo buscaba por todas partes; después
de todo, en todas partes es necesario, se lo necesita más fuera de un tribunal que dentro de
él, pues se supone que el tribunal dicta su sentencia según la ley... la intervención aquí de
una persona en forma individual sería un sacrilegio”.
Es así como la opinión de un hombre no contaba para Kafka frente a los tribunales, esto es
muy claro en El Proceso; donde K es impotente al poder de la ley, podemos decir que
Kafka ve el Derecho como una élite, como un medio de exclusión; de ahí que la figura del
abogado para él busque siempre mostrarlo como alguien que posee un conocimiento
exclusivo, e inclusive algunas veces único:
“Las conversaciones verdaderamente serias, profesionales, eran prerrogativa exclusiva de
ellos [los abogados]”.
La obra fundamental para entender el sistema jurídico kafkiano, es El Proceso;
complementada en algunos aspectos con En la Colonia Penitenciaria.
El Proceso revela todas las instancias de las que consta el Derecho Kafkiano, es decir;
infinitas. Muestra también la forma en que Kafka concebía muchas facetas del Derecho, a
diferentes niveles; en El Proceso se percibe sobre lo paradójico y lo incierto en distintas
ramas del derecho.
Uno de los apartes más interesantes en El Proceso, es cuando se habla de la ignorancia de
la ley; K nunca conocerá la ley con la que se le juzga, y en el momento en que quiere
acceder a ella se le prohíbe:
“[…] ¿puedo mirar esos libros? preguntó K. (...) No dijo la mujer cerrando la puerta. No
está permitido: esos libros pertenecen al juez de instrucción.
Ah sí asintió K. moviendo la cabeza, estos libros son evidentemente códigos y el modo de
ejercer la justicia que aquí se tiene, exige que se condene al inocente sin que éste conozca
la ley”.
Se relaciona esto con la concepción de ley que era percibible en otros relatos de Kafka, de
los cuales ya hemos hablado: La ley es un elemento de un grupo reducido de personas con
el cual buscan dominar a las personas, no dejarlas vivir bien y alejarlas de lo que pueden
lograr.
El final de El Proceso, deja muchas preguntas por ser una novela inconclusa; ¿tenía Kafka
pensado un fin para el proceso de K, o iba a dejar en suspenso de todas formas la obra?; la
muerte de K refleja muchas incógnitas; él mismo se pregunta segundos antes de morir (sin
saberlo) si acaso habría otro recurso dentro de su proceso para encontrar claridad sobre lo
que estaba pasando, y como un hombre desesperado empieza a repasar todo lo que creía
debía ser aclarado: “¿dónde estaba el juez que nunca había visto? ¿dónde estaba el alto
tribunal a donde nunca había llegado?”.
Frente al Derecho se pueden observar todas las injusticias humanas y procesales a las que el
sistema jurídico enfrentó a K, ante lo cual, pueden haber muchas preguntas; sin embargo, es
inconcebible en estos días que un sistema llegue en su totalidad a parecerse al que juzgó a
K, dejándolo abandonado a la suerte de la injusticia; alejándolo de la protección y defensa
del Estado. En la actualidad desde el interior del Derecho, por ejemplo, en un
Constitucionalismo Antropocéntrico, donde el hombre y sus derechos deben estar
protegidos por el Estado; y no sólo estudiando la organicidad, evitando así abusos como los
que sufrió K.
En la advertencia preliminar de la primera edición de El Castillo (novela póstuma e
inacabada, al igual que El Proceso), Max Brod sostiene que una afirmación errónea de la
crítica frente al El Proceso era: La descripción de Kafka había sido, una forma de condenar
la corrupción de la Justicia, y que esa interpretación es un despropósito completo. Alejados
del protagonismo de Brod frente a la obra de su célebre amigo, consideramos que sí se
puede hacer
esa lectura del texto; debido a la universalidad que ha ido ganando desde su publicación, y
que dichos análisis pueden ser útiles para la actualidad y preguntarse cuál es el papel de la
Justicia en la actualidad.
El sistema descrito En la Colonia Penitenciaria, es un sistema radical, complejo fuera de su
aparente simpleza. En primer lugar, todos los poderes se
reunían en el comandante de la colonia, pues era: Soldado, juez y ejecutor de la sentencia.
En segundo lugar, la pena es terrible: Consiste en escribir sobre el cuerpo del condenado,
mediante la rastra, la disposición que él mismo ha violado, esto en un período aproximado
de 12 horas. En tercer lugar, el acusado (de desobediencia e insulto a sus superiores), no
conoce su sentencia; con el pretexto que cuando la tenga escrita en la piel la conocerá en
carne propia.
Hoy en día es prácticamente imposible, encontrar esas tres situaciones ya que, el Derecho
(especialmente el Penal) ha evolucionado de manera importante. Dado que, se pueden
encontrar principios ampliamente reconocidos que buscan detener este tipo de situaciones;
como el Nullum crimen nulla poena sine lege, que consiste en evitar que la gente sea
condenada por un hecho que no esté expresamente previsto como infracción por ley; este
principio le hubiera sido muy útil al condenado de la colonia.
También podemos citar otros de los principios fundamentales del derecho penal: El de
Tipicidad, el que consiste en que no hay delito sin Antijuricidad, el que consiste en que no
hay delito sin culpabilidad, el de Igualdad ante la Ley Penal y sobre todo el principio que
supone la Proporcionalidad entre la infracción y la sanción, que es el más vulnerado en el
caso de En la colonia penitenciaria desde la óptica del Derecho Penal:
Así pues, más fuertes deben ser los motivos que retraigan a los hombres de los delitos a
medida que son contrarios al bien público, y a medida de los estímulos que los inducen a
cometerlos. Debe por esto haber una proporción entre los delitos y las penas.
En el caso de K, no sabríamos si se aplicaría porque en ningún momento se sabe qué tipo
de proceso es; si es penal o civil, por ejemplo. Además de estas normas penales, podemos
decir que también la Constitución Política es una herramienta útil; gracias a la revolución
de los Derechos se han instituido mecanismos que pudieron ser útiles para el acusado de la
colonia penitenciaria, como también hay establecidos principios y derechos para la
prevención y protección de situaciones como ésta.
Todo este sistema se fundamenta en el principio: La Culpa es siempre indudable, teoría
procedente del consejero en temas penales de La Colonia Penitenciaria, ahora encargado
orgulloso de la rastra, su operación y defensor de este procedimiento judicial y de castigo.
Este principio es extensible al resto del Sistema Kafkiano de Derecho, en El Proceso parece
ser que la culpa de K es indudable; y parece ser la base de todas las
actuaciones de los funcionarios, desde los que lo arrestan en el capítulo primero a los
encargados del juzgado, como también en aquellos que misteriosamente ejecutan a K y
finalizan el proceso.
En El Proceso, se afirma:
Posiblemente alguien había calumniado a Josef K., pues sin que éste hubiera hecho nada
malo, fue detenido una mañana,
El narrador nos da la clave más importante del libro: La inocencia de K; de donde se puede
afirmar que todo el proceso que se inicia contra él se basa en que su culpa es indudable,
completamente distinto al actual sistema donde el Principio de Legalidad afirma:
Toda persona se presume inocente mientras no se le haya declarado judicialmente culpable.

El Proceso es “la más impresionante reflexión literaria sobre la justicia”. Y “sigue


conmoviendo igual que cuando se escribió porque, aunque resulte asombroso, los hechos
que en la novela se describen aún no han sido erradicados totalmente de las prácticas
judiciales de nuestro tiempo”. La pesadilla que Kafka narra en El Proceso, lejos de ser
mera fantasía alegórica, está más cerca de la realidad de lo imaginable. El proceso penal
estadounidense, reproduce algunas de los vicios que Kafka satirizó: Atributos propios de un
sistema de dominación, leyes procesales y sustantivas oscuras e insondables, limitación del
papel de la defensa, burocratización creciente. Pese a ello, cree que en la tradición procesal
americana es posible encontrar antídotos contra los aspectos más sombríos de la visión
kafkiana de la ley; se refiere a instituciones como el jurado o los tribunales de apelación,
que el legislador debe cultivar y proteger. Por ello, se siente esperanzado y cree que, al
final, la sociedad estadounidense será capaz de evitar los aspectos negativos del
distorsionado mundo judicial kafkiano. La novela contiene una crítica y a la vez una
advertencia sobre las tendencias y peligros del Sistema Legal, peligros que amenazan cada
vez más; la visión de Kafka señala los peligros latentes y al acecho de cualquier sistema
legal, incluido el estadounidense.
El Proceso es más que una obra de arte un documento que muestra, “no una época, nación
o sociedad, sino a toda la especie humana del siglo XX”. La historia es conocida. Josef K.
es detenido inesperadamente por dos hombres que una mañana entran abruptamente en su
habitación. No le explican la causa de su detención. A partir de aquí empieza una lucha
desesperada de Josef K. que se ve cercado por un proceso de todo punto irregular,
absolutamente huérfano de garantías, y seguido por un tribunal al que no logra ver en
momento alguno. Al final, termina por ser condenado a muerte, condena que ejecutan dos
sicarios-funcionarios que le llevan a un descampado y allí le acuchillan vilmente. Nunca
consiguió Josef K. saber de qué delito se le acusaba. Pero tampoco lo sabrá el lector que
comparte con el protagonista de la historia la angustia de esa ignorancia y la irritación por
el modo de proceder y juzgar de un tribunal arbitrario, desconocido, todopoderoso, lejano,
inescrutable.
Aparece aquí El Proceso como expresión del poder del Estado que sume al individuo en un
estado de desvalimiento, indiferente ante la angustia e incertidumbre del acusado. A Kafka
le interesa, sobre todo el hombre, su existencia de textura esencialmente dramática, o si se
prefiere, trágica, su desoladora situación de desabrigo. Para ello lo coloca en una situación
límite que por momentos adquiere una densidad y deformación oníricas. Con ese fin, Kafka
se vale de un proceso penal que se erige en circunstancia envolvente y opresiva. El Proceso
es un turbador encuentro del individuo con un poder del Estado que sumerge al primero en
una atmósfera de pasajes desconocidos, incertidumbres y desasosiegos, por los que transita
sumido en la aflicción y en una lacerante incertidumbre. No es casual, por ello, que para
trasladarnos el estado de angustia y desamparo del hombre moderno, Kafka se haya
servido, como clarividente recurso literario, del proceso penal para colocar al protagonista,
Josef K., en la vorágine de esa atribulada experiencia. O tal vez haya buscado ese
escenario, esa angustiosa peripecia vital porque en El Proceso convergen varios elementos
propios y característicos del mundo kafkiano: La autoridad, la idea de dominación del
poder del Estado sobre el hombre, la burocracia, la inaccesibilidad de quienes ejercen el
poder, un poder oculto, indescifrable y desconocido, la misma inaccesibilidad de la norma
como instrumento de dominación sobre el individuo, y, en suma, un sentimiento de culpa
consustancial al hombre, adherido a su propia existencia. Esta trágica peripecia de Josef K.
“se podría comprender como metáfora de la crisis existencial de una persona atrapada, que
busca la lógica de una estructura de poder cuyo sentido no consigue desvelar”.
Kafka utiliza los elementos dramáticos propios de todo proceso, pero distorsionados, a
veces hasta lo grotesco, dotándole así de una espesura alucinada con la que construye la
gran metáfora procesal del drama del hombre contemporáneo, enigmática parábola de
lecturas diversas Josef K bracea a través de un proceso absolutamente huérfano de
garantías, enfrentado a un sistema de normas inescrutable, arrastrando una culpa original,
acusado de un delito que ignora y del que tiene que defenderse, sin saber cómo, frente a un
extraño y desconocido tribunal que se siente atraído por la culpa. Josef K parece ya
condenado de antemano por un poder extraño y por una razón que ni conoce ni acierta a
entender; nadie le puede ayudar; y así, en esa desventurada ignorancia, cercado en el
laberinto que una fuerza, una voluntad dominadora y extravagante le ha tendido, avanza en
la opacidad de su proceso, de su vida, hasta la muerte a manos de unos esperpénticos
verdugos; real y absurdo, como la vida misma. La realidad auténtica, dijo Kafka, es siempre
irreal.
Según algunos, para escribir la novela, Kafka habría partido de un hecho real que apareció
en la prensa. Se trata del proceso seguido contra un parlamentario checo, Karel Sviha,
acusado de espionaje. Al parecer la acusación era ciertamente dudosa, pero su vida y
reputación quedaron destruidas para siempre. No cabe duda de que una acusación
calumniosa aireada suficientemente y que haya dado lugar a la puesta en marcha de un
proceso, puede desbaratar la vida de una persona inocente. Lamentablemente, en la
envilecida vida política asistimos a diario a la repetitiva e interesada aireación de
acusaciones y procesos, utilizados, manipulados, exhibidos, magnificados, siempre en
contra del adversario y con olvido de la presunción de inocencia, creando expectativas de
delitos que resultan, a la postre, improbados, para, al final, cargar en la cuenta de los
tribunales la decepción por el castigo que tan insistentemente se había hecho esperar y no
llegó.
Ni que decir tiene que esta novela ha dado pie a diversas y variadas interpretaciones. Primo
Levi cuenta hasta veinte, y Hannah Arendt dice que “se ha publicado toda una biblioteca de
interpretaciones”. Cada lector; el sociólogo, el jurista, el psicólogo, el filósofo; afrontará el
drama de Josef K. desde la perspectiva de sus saberes o incluso de su experiencia.
El Proceso para un lector contemporáneo por el sentido anticipatorio de la peripecia que le
toca vivir al personaje. Lo que en la novela ocurre parece prefigurar “la vida bajo los
regímenes totalitarios del siglo XX, con sus leyes secretas y su terrorismo de Estado
policial”. Era inevitable, dice, que “los lectores se preguntaran por la clarividencia de Kafka
en materia de historia y política.”. Piénsese que Kafka escribe El Proceso en 1914 y que
nazismo y bolchevismo son de gestación y auge posterior. Son varios los comentaristas de
la obra de Kafka que atribuyen a la novela un sentido premonitorio de los horrores del
nazismo y de los regímenes totalitarios.
La tragedia política de El Proceso, anticipa
la imagen visionaria del terror totalitario experimentado en Europa durante el ascenso del
nazismo. (…) Así nos encontramos ante la premonición del Holocausto que hundió las
cimas de la cultura germana en un
sistema político de ´relaciones inhumanas´, en el que desaparecen los
derechos y libertades cívicos

Del relato de la detención de Josef K. se desprende que aquella se produce en el marco de


una ruptura con el orden jurídico precedente, de modo que el Derecho es desplazado por la
fuerza y la arbitrariedad, como ocurrió con el nazismo. “K. vivía aún en un Estado de
Derecho, reinaba una paz general, todas las leyes se mantenían vigentes. ¿Quién se
atrevía a asaltarle en su propio domicilio?” Lo que está ocurriendo no corresponde a un
Estado de Derecho: Una detención arbitraria, sin explicación alguna, sin información del
delito que se imputa al detenido, ni de la autoridad que la ordena. Tan absurdo es todo
aquello, tan falto de razón, que K. llega a pensar que se trata de una broma de sus
compañeros de trabajo. “¿Cómo puedo estar arrestado? ¿Y de esta forma?”
La tragedia política de El Proceso, anticipa la imagen visionaria del terror totalitario
experimentado en Europa durante el ascenso del nazismo. Así Kafka realizó la premonición
del Holocausto que hundió las cimas de la cultura germana en un sistema político de
“relaciones inhumanas”, en el que desaparecen los derechos y libertades cívicos.
Algunos de los detalles de la detención de Josef K., recuerdan a la irrupción violenta de los
nazis en la intimidad de los hogares para llevarse detenidas a las personas por la sola razón
de ser judíos, sin delito o falta alguno que lo justificase. Decía a este respecto Max Brod
que Kafka debió escribir el capítulo de la detención “en estado de trance, de clarividencia;
¿existían acaso en el año 1914 aquellos ajustados uniformes negros, llenos de broches,
bolsillos y botones?
Al escribir en las primeras décadas de este siglo, a caballo de la Primera Guerra Mundial,
previó muchas cosas. En medio de muchas otras señales confusas, en medio de un cruce de
ideologías, explicó, identificó las señales de lo que sería el destino de Europa veinte años
después de su muerte. En El Proceso hay una intuición precoz, que la violencia procede de
la burocracia, ese poder creciente, ese poder irresistible que es fruto del siglo XX. Las
hermanas de Kafka murieron todas en el Lager, víctimas de esta máquina corrompida y
abyecta que él había previsto.
Sobre ese sentido anticipatorio se puede interpretar la muerte de Josef K. una aniquilación
que es profecía de los campos de exterminio y del terror vivido en la Europa dominada por
el totalitarismo.
Formas de alineación que, durante los primeros dos decenios del siglo XX, es decir, durante
los años de su formación y de su trabajo, estaban aún en período naciente.
Kafka tenía una hipersensibilidad que le permitía percibir el leve susurro subterráneo de la
historia y captar las vibraciones de esa invisible inflexión social que solo los hombres más
esclarecidos llegan a registrar. Oía lo que los demás no alcanzaban a oír, y la agudeza de su
mirada interior llegaba más allá del horizonte donde se detenía la mirada de los otros.
El carácter premonitorio del nazismo cobra especial dramatismo si se recuerda que después
de la muerte de Kafka sus tres hermanas murieron asesinadas en el campo de exterminio de
Auschwitz. También murieron a manos de los nazis otros miembros de su familia. Milena
Jesenská, detenida por la Gestapo en noviembre de 1939, fue recluida en el campo de
concentración de Ravensbrück donde murió a causa de una infección renal. Muy
probablemente el propio Kafka habría perecido víctima de la barbarie nazi si hubiera
llegado con vida a los años del exterminio y holocausto. De hecho, su obra fue prohibida en
Alemania y algunos de sus libros y papeles destruidos por los nazis; también el apartamento
que Dora Diamant ocupaba en Berlín fue registrado por la Gestapo.
La fuente de inspiración de la novela; se encuentra ya en hechos históricos
contemporáneos; “los grandes procesos antisemitas de su época fueron un ejemplo
flagrante de injusticia de Estado”, y cita como los más célebres el proceso de Tiza
(Hungría, 1882), el proceso Dreyfus (Francia, 1894-1899), el proceso Hilsner
(Checoslovaquia, 1899-1900) y el proceso Beisliss (Rusia, 1912-1913). A pesar de las
formas de Estado: Absolutismo, Monarquía Constitucional, República. El sistema judicial
condenó, incluso a la pena de muerte, a víctimas inocentes cuyo único crimen fue el de ser
judíos.
Kafka contaba con abundante material extraído de su experiencia personal. Ya que, como
súbdito de los Habsurgo y su servicio en prácticas en los tribunales de Praga, bajo la
esclerótica pero aún todopoderosa burocracia imperial y sus “kafkianos” procedimientos; el
conocimiento directo y profundo de la burocracia y las arcanas reglas del Instituto de
Seguros; su trato con las víctimas de accidentes laborales, cuyas reclamaciones pasaban por
sus manos y contra los que se veía en ocasiones obligado a litigar; el presente y tóxico
antisemitismo checo, que le enseñó lecciones inolvidables sobre lo que significa ser
rechazado y despreciado por los propios vecinos; y, naturalmente, todo aquello que
reprochaba a su padre; su brutalidad, su arbitrariedad y lo injusto de sus actitudes.
El ambiente de la novela se asocia al estado de excepción inaugurado por el estallido de la
Primera Guerra Mundial, a consecuencia del cual se impuso la ley marcial por la que se
redujeron y suprimieron en Austria y Hungría libertades individuales y se concedieron
plenos poderes a las organizaciones militares y paramilitares, incluidos los de arrestar y
ejecutar a civiles. Es decir, con la guerra, toda Europa se convirtió en una “colonia
penitenciaria” y el ejército constituyó un enorme aparato de destrucción y de muerte ante el
que la imaginación de Kafka se habría quedado incluso pequeña.
Kafka no profetizó. Vio únicamente lo que estaba “ahí detrás”. No sabía que su visión era
también una pre-visión. No tenía intención de desenmascarar un sistema social. Sacó a la
luz los mecanismos que conocía por la práctica íntima y microsocial del hombre, sin
sospechar que la evolución ulterior de la Historia los pondría en movimiento en su gran
escenario.
La coincidencia que pueda advertirse entre la persecución injusta de que es víctima Josef K.
por un poder político absolutista y arbitrario y la posterior aparición del nazismo, no debe
leerse en clave de misteriosa capacidad profética por parte de Kafka sino más bien en
términos de precisa y clarividente observación de la realidad tal y como esta era ya en su
propio momento histórico.
La Europa dominada por los nazis, superó lo que Kafka ideó en la novela. El extraño
tribunal del relato kafkiano tuvo su paralelo real en los llamados Tribunales Especiales de
la Alemania nazi, que dictaron sentencia en todos los casos de “delitos políticos” y las leyes
que rigieron hasta entonces fueron reemplazadas por las “infamantes leyes de Nuremberg”
mera cobertura legal de los delitos y crímenes que cometieron a diario los dirigentes y las
fuerzas del “orden” del régimen hitleriano. Las extraordinarias peripecias del imaginario
Josef K. serán solo un pálido reflejo de lo que fue a partir de entonces la vida real de
millones de decentes ciudadanos.
De ahí que detención por asalto de Josef K. en su domicilio, sin información
del motivo o de la norma que la ampara, puede ser percibida como una
prefiguración de las detenciones llevadas a cabo por los nazis sin otra razón de
la disidencia política de los detenidos o la pertenencia al pueblo judío.
Aunque no es posible saber si Kafka concibió a su personaje como judío, sí
parece innegable que Josef K. habría experimentado, en la ficción, el mismo
tipo de arresto arbitrario e inmotivado y la misma clase de muerte vil que se
convertirían, bajo el nazismo, en elementos habituales de la nueva normalidad
política.

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