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Besos y Confusiones en la Adolescencia

El documento relata tres encuentros entre dos personas que se besan y coquetean, pero el hombre duda sobre iniciar una relación debido a la diferencia de edad. En el primer encuentro se besan en el baño y él le pide que no vea a otros, en el segundo hablan incómodamente en la terraza y él dice que no debió besarla, y en el tercero ella va a su casa por un paquete y vuelven a besarse.
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Besos y Confusiones en la Adolescencia

El documento relata tres encuentros entre dos personas que se besan y coquetean, pero el hombre duda sobre iniciar una relación debido a la diferencia de edad. En el primer encuentro se besan en el baño y él le pide que no vea a otros, en el segundo hablan incómodamente en la terraza y él dice que no debió besarla, y en el tercero ella va a su casa por un paquete y vuelven a besarse.
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Crónica de sueños

I
Él entra en el baño sin pedir permiso. Yo estoy terminando
de lavarme los dientes. Ninguno rompe el silencio hasta que
termino el último enjuague. Cuando me doy vuelta y le estoy
por preguntar qué le pasa, me besa. Es un beso corto pero
que me deja queriendo más. Me agarra de la cara y no llego
ni a acercarme ni a agarrarlo que ya me suelta de nuevo.
No entiendo nada. Lo miro, esperando que diga algo, una
pregunta, una explicación, algo... ¿Ese fue nuestro primer
beso? ¿Así iba a ser?
- No quiero que veas a otras personas - me dice mirándome
fijo.
Yo me estaba preparando para salir a dar una vuelta con
Facundo, un compañero de la facultad. Lo anuncie recién en
la cena.
- ¿Qué estás celoso? - me río, en chiste.
- No
- ¿Y entonces qué te pasa?
- Me pasa eso Cami, que no quiero que te veas con otra
gente.
- ¿Por qué me besaste? Vos me dijiste que no te pasaba nada
conmigo, que soy muy chica, que nos llevábamos muchos
años... ¿Qué onda?
- Te bese porque te quería besar.
Hay un silencio de unos minutos, él se sienta en el
inodoro, agacha la cabeza, se toca el pelo y alza la vista.
Nos miramos un rato.
Sin pensarlo mucho me acerco y lo beso.
Me siento sobre sus piernas, él se estira hacia atrás para
apoyar la espalda. Con una mano me toma de la cintura y la
otra va hacia mis piernas descubiertas por la falda. Mis
manos se posicionan en su nuca, en su cuello, subiendo por
su cabeza y acariciando su pelo. Me muevo sobre él para
acercarme a su pecho y abrazar su espalda. Él mueve sus
manos hacia la mía para abrazarme también.
Profundizamos el beso.
Sus manos viajan desde mis piernas a mi culo, a mi cintura,
a mi espalda y a mi cara. Le tomo la cara, le acaricio el
pelo, le tiro suavemente del pelo. Él gime entre besos y me
aprieta más. Empiezo a moverme contra él, sus manos bajan a
mis caderas para controlar mis movimientos. Me aprieta el
culo, yo gimo y me acerca más contra su cuerpo.
Tocan la puerta del baño y dejo de besarlo. Mi respiración
está agitada y no sé qué responder.
- Ocupado. - atino a decir - Ya salgo.
Me muevo levemente para pararme, pero él corta mis
movimientos.
- Espera
- Que?
- Tengo una erección
- Pero tenemos que salir...
- Si, ya sé, pero ahora no puedo.
- Bueno... salgo yo primera, distraigo a las familias y
salís vos.
Él asiente con la cabeza. Me levanta de sus piernas. Yo
trato de no mirarle la entrepierna, pero es imposible. Sé
nota bastante.
Todavía estamos muy cerca, siento su mano acariciando mis
brazos y su frente descansa sobre la mía.
- Pensá en tu vieja - le digo.
Se ríe.
Me arreglo la ropa, me acomodo el pelo y me miro en el
espejo. Estoy presentable. Apago la luz y salgo del baño
como si yo fuera la última.
Por suerte no hay nadie cerca asique camino hacia la mesa
tranquila.
En el comedor están las familias tomando café. Me siento en
mi lugar y acompaño un rato más mientras ellos terminan sus
postres.
Tiempo después él vuelve a la mesa con la azucarera.
- Cami, ¿vos no te ibas? - me pregunta su mamá.
- Sisi, ahora en un rato salgo con la bici.
- Pero te llevamos, ¿querés?
- Nono, gracias. El plan es pasear en bici.
- Que delicia este postre, Jorge -dice mi mamá
- Si, la verdad todo muy rico -agrega mi hermana
- Que bueno! Me alegro que les gustara. Tenemos que hacer
esto más seguido. No puede ser que seamos vecinos hace
tantos años y nos hayamos juntado a comer tan pocas veces.
II
Estamos en la terraza de su casa, solos. Su familia está en
el otro departamento y la mía duerme la siesta. Hace un
rato yo estaba en la terraza de mi casa y él, en la suya.
Cruzamos miradas y me invitó a su casa. Asique acá estamos.
Los dos sentados con las piernas colgando del borde.
Me prendo un cigarrillo.
- No habías dejado? - me pregunta. Es lo primero que me
dice desde que entre a su casa. Es lo primero que me dice
desde que nos besamos en realidad.
- Cada tanto me fumo uno...
- ¿Cuándo estas nerviosa?
- No, cuando pinta en realidad. ¿Te jode?
- No no, no me molesta. Sólo preguntaba.
Un silencio incómodo nos rodea. No sé si empezar a hablar o
seguir en silencio. Veo que mueve sus manos sobre sus
piernas, como secándose sudor. Tiene la respiración agitada
también.
- No te debí besar - me dice.
Sabía que se venía algo de esto. Sin darme cuenta inspiro
sonoramente, revoleo los ojos y me muerdo la boca para no
preguntarle qué carajo significa eso. Me fumo otra pitada.
¿A que me voy a quedar acá? A volver a escuchar que soy muy
chica? ¿Que nos llevamos muchos años? No, yo me voy.
Apago el pucho en el piso, me levanto y bajo de la terraza
al jardín. Me encuentro a la gata que se me pasea entre las
piernas y me retiene un momento.
- Pará - me dice y se me acerca - No te vayas.
- ¿A qué querés que me quede, Emanuel?
- No sé pero no te vayas. Quedate un rato.
Yo dudo. Dudo porque no sé por qué me quedaría.
Dudo porque si me voy, todo queda en ese beso furtivo, en
ese encuentro extraño. Dudo porque si me quedo podemos
aclarar o terminar las cosas.
- Me tengo que ir
- Pero, esperá. Hablemos.
- ¿De qué querés hablar?
- No sé, vos no sentís que tenemos que hablar de lo que
pasó.
- Del beso? ¿De eso querés hablar? Ya me dijiste que no
debías. No hay mucho más.
- Si ya sé, pero...
- Yo ya se cómo sigue esta charla - lo interrumpo – Vos me
vas a decir que te equivocaste, que flashiaste con besarme,
que no te pasa nada, que soy muy chica y que no puede pasar
nada. Y yo no tengo ganas de escuchar eso. Me voy.
Intento abrir la puerta del jardín, pero está cerrada con
llave. Mierda. Me tiene que abrir él. Me doy vuelta y lo
miro.
- Me abrís?
- De verdad te queres ir?
- Sí, de verdad me quiero ir.
Él asiente con la cabeza. Se acerca hacia mí, yo me corro.
Me mira. Su pecho sube y baja visiblemente. Coloca la llave
y me mira. Yo mantengo el mismo gesto que tenía antes. Gira
una vez la llave y me mira. La gira de nuevo y está vez yo
me acerco. Gira el picaporte y abre la puerta, yo salgo sin
mirarlo.
III

Suena mi celular. Un nuevo correo. "Llegó tu compra, ¡que


la disfrutes! Hicimos la entrega en XXX. Esperamos que
estés conforme con el producto. Si no es así, contáctanos
antes del 22 de octubre y te ayudaremos".
Genial. Llegaron mis libros.
Bajo de mi cuarto al comedor, busco los libros en las
diferentes mesas, pero no están.
- Ma, ¿sonó el timbre?
- No... ¿Por?
- Porque estoy esperando un paquete que ya está en camino y
me dijeron que ya está entregado.
- ¿Indicaste el timbre?
Mierda. Mierda. Mierda.
Niego con la cabeza.
- Pregúntale a Emanuel. Está en la casa.
Mierda. Mierda. Mierda.
Me cambio el piyama por ropa más presentable y salgo al
pasillo. Le tocó el timbre y espero en la puerta.
- ¡Pasá! Está abierto.
Entro a la casa. Busco con la mirada el paquete. Lo
encuentro en la mesada de la cocina.
Él viene desde el jardín. Está en cuero. No voy a negar que
eso me distrae.
- Hola
- Hola
- Venís por los libros no? Bah... ¿son libros no? Estaba
por mandarse un mensaje…
- Sisi. Son libros. Gracias por recibirlos. A veces me
olvidó de poner el timbre y bueno...
- Tranqui. No te preocupes. Vos me recibiste la tarjeta el
otro día así que estamos a mano.
Le sonrío. Me entrega los libros.
- Además es una oportunidad para verte.
- Me querías ver?
- Sí, te quería ver.
- Y esto te vino como anillo al dedo - me río.
- Sisi totalmente. Además, no tengo tu número...
- ¿Me lo estás pidiendo?
- Sí
Dudo unos instantes. ¿Por qué le sigo el jueguito si ya sé
cómo termina? Bueno, pero es tu vecino, tiene que tener tu
número por si hay alguna urgencia...
- Dame tu celular.
Lo saca de su bolsillo, lo desbloquea y me lo da.
- ¿Cómo me agendo?
- La linda del fondo
Lo miro, subo las cejas. Rebollo los ojos.
- En serio te digo
- No seas meloso
- No soy meloso. Digo la verdad - me sonríe y me acomoda el
pelo atrás de la oreja - Meloso sería si te dijera por
ejemplo que no pongas nunca el timbre así me da la chance
de verte.
- Ah, ¿sí?
- Claro. O que no puedo dormir sin soñar con vos. Con tu
boca. Con tus besos.
Cierra la distancia entre nosotros y se acerca hacia mí. Lo
que nos separa son los libros que sostengo con las manos.
- Aja. Estas viendo mucho Pasión de gavilanes vos.
- Si, tenes razón. Estoy viendo mucha pasión - me saca los
libros de la mano y los apoya en una mesa que estaba cerca.
Toma mi cintura y cierra la última distancia que hay entre
nosotros - Pero no de gavilanes.
Me mira y me sonríe. Se muerde la boca y yo también. Tengo
muchas ganas de besarlo, pero probablemente no sea una
buena idea.
Retrocedo un par de pasos hacia la puerta y él avanza. Con
un brazo se apoya sobre la puerta cerrada y el otro no deja
de tocarme la cintura. Su frente descansa contra la mía.
Mis manos están apoyadas en su pecho que sube y baja. Los
dos respiramos sonoramente.
- Me vas a besar?
- Te puedo besar?
- Si. Bésame.
Nos acercamos mutuamente y nos besamos una vez más.

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