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Beneficios de la Fe en Romanos 5

Este documento resume tres beneficios principales de la salvación según Romanos 5:1-7. 1) Paz, que se refiere al estado de estar reconciliado con Dios a través de la fe en Jesucristo. 2) Acceso, que significa tener acceso a Dios mediante la oración. 3) Esperanza, que se refiere a la esperanza bienaventurada en la gloria de Dios y la segunda venida de Cristo.
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Beneficios de la Fe en Romanos 5

Este documento resume tres beneficios principales de la salvación según Romanos 5:1-7. 1) Paz, que se refiere al estado de estar reconciliado con Dios a través de la fe en Jesucristo. 2) Acceso, que significa tener acceso a Dios mediante la oración. 3) Esperanza, que se refiere a la esperanza bienaventurada en la gloria de Dios y la segunda venida de Cristo.
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LA FE SALVADORA

LA FE: RESPUESTA QUE DEBE DAR EL HOMBRE

DIOS PIDE FE A LOS HOMBRES PARA SU


SALVACIÓN (ROMANOS 5:1,2)

Romanos 5:1-7
Y llegamos hoy al capítulo 5 de esta epístola a los
Romanos. Y aquí tenemos los beneficios de la salvación, y
la base del proceso de la santificación del creyente. La
primera sección de este capítulo, concluye el tema de la
salvación, mientras que la última sección comienza a tratar
el tema de la santificación. La salvación y la santificación
son temas diferentes, pero no contrarios, porque la
santificación surge de la salvación como el agua del
manantial. Es necesario mantener separados el manantial y
la corriente, puesto que son dos temas diferentes. Bueno,
como dijimos entonces, es en la primera división de este
capítulo 5, que el apóstol Pablo concluyó el tema de la
salvación o de la justificación por la fe, que fue presentado
por primera vez en el capítulo 3 de esta epístola, versículo
21.
Y Pablo trató ahora el tema del futuro de la justificación por
la fe. Este es un sistema maravilloso, como Pablo ya nos lo
ha mostrado; pero, ¿Resistirá las presiones y los choques
de la vida? ¿Tendrá el mismo valor después de pasar por el
crisol de la prueba y la dificultad? ¿Habrá seguridad en tal
sistema? Y Pablo contestó a estas preguntas en la primera
sección de este capítulo 5 de su epístola a los Romanos.
Los beneficios que se enumeraron aquí no son frutos, sino
más bien los resultados lógicos de la justificación por la fe.
Hemos sido salvados por la redención que tenemos en
Cristo. Esta redención fue comprada con gran precio en la
cruz. Nos libra de la culpa del pecado. La cuestión del
pecado ya ha sido arreglada. Eso quiere decir que no
compareceremos ante el juicio de Dios. Quiere decir que
todos aquellos que han confiado en Cristo ya tienen un
hogar eternal en el cielo.
Pablo ahora nos muestra que hay 8 beneficios aquí y ahora,
o sea en esta vida, que le corresponden al que confía en
Cristo como su Salvador. Ello no significa que todos los
creyentes los estén disfrutando. Sin embargo, Dios los ha
colocado como sobre una mesa servida para cada creyente;
y todo lo que tiene que hacer es extender la mano para
tomarlos. Leamos, pues, el primer versículo de este
capítulo 5 de la epístola a los Romanos, para comenzar a
considerar
Los beneficios de la salvación
1. Paz.
"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios
por medio de nuestro Señor Jesucristo"
La frase "Justificados, pues, por la fe" se refiere al acto de
fe que tiene lugar en el momento en que confiamos en
Cristo. Así que, en primer lugar, tenemos la paz. Existe
varias clases de paz. Por ejemplo, hay ese sueño de la paz
mundial. Las Naciones Unidas se han esforzado por obtener
la paz en el mundo, así como antes la había procurado la
Liga de las Naciones. No lograron la paz en el pasado, y no
la están logrando en el día de hoy, estimado oyente.
Muchos creen que si uno promueve esta paz por todos los
medios a su alcance, irá creando una conciencia social a
todos los niveles y, entonces, por último, habrá paz en el
mundo. Sin embargo, mientras haya pecado en los
corazones de los hombres, estimado oyente, nunca habrá
paz en el mundo. Solamente el Príncipe de Paz puede traer
esa paz a esta tierra. Pero ésta paz mundial no es la clase
de paz de la cual Pablo habló en este versículo.
También tenemos esa paz que se conoce como la
tranquilidad del alma. Esa es la paz que el Señor Jesucristo
mencionó en el evangelio según San Juan, capítulo 14,
versículo 27, cuando dijo: "La paz os dejo, mi paz os doy;
yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro
corazón, ni tenga miedo". Esta paz viene a aquellos
creyentes que no solamente han confiado en Cristo, sino
que también descansan en Él y están cumpliendo Su
voluntad.
Ojalá yo pudiera decir que experimento esta paz
continuamente desde que soy creyente. Pero, no ha sido
así. Reconozco que la paz está disponible hoy para el
creyente. La mayoría de los creyentes tenemos nuestros
momentos altos y bajos; a veces, esta paz inunda nuestra
alma y esa es una hermosa experiencia. Pero a hay
ocasiones en las que estamos bajo presión o tensión, o
dificultades o ante los efectos del cansancio, y no
experimentamos esta paz. Bueno, pues esta paz de la
tranquilidad personal, no es aquella de la que Pablo habló
aquí.
La paz de la cual Pablo habló en este versículo como primer
resultado de la salvación, es el estado de estar
reconciliados con Dios. Es la paz que resulta entre el
pecador reconciliado y Dios. El pecador ya no es enemigo
de Dios, que lucha contra Él. El creyente en Cristo tiene paz
con Dios, quien ha extendido Su misericordia al pecador.
Dios ya no tiene ningún cargo alguno contra el pecador. El
pecador ya no es culpable; y sabe que Dios, que en el
pasado estaba en contra de él, ahora está a favor de él.
Tiene una salvación que es permanente y eternal. Esta paz
resulta de tener perdonados los pecados y de estar el
pecador en buena relación con Dios. Observemos que Pablo
mencionó una y otra vez que tenemos paz por medio de la
sangre de Jesucristo en su sacrificio. Es una paz
extraordinaria.
Cuando el hombre pecó en el huerto de Edén, no sólo huyó
de Dios, sino que también se halló distanciado de la vida de
Dios, sin capacidad ni inclinación para volverse a Él. Y Dios
tuvo que alejarse del hombre. Ahora, cuando Cristo murió
en la cruz, Dios se volvió y entonces, a Dios Santo, con Sus
brazos extendidos, le fue posible decirle al pecador perdido:
"Ven a Mí". El eco de estas palabras resonó en Mateo
11:28, cuando Jesús dijo: "Venid a mí todos los que estáis
muy cansados y cargados, y yo os haré descansar". Esta
paz, es el resultado de la redención.
Usted, estimado oyente, no tiene que hacer nada para ser
reconciliado con Dios. Algunos creen que es necesario
derramar muchas lágrimas para poder reconciliarse con
Dios. Usted no necesita esas lágrimas para enternecer el
corazón de Dios. Usted no tiene que hacer nada para ser
reconciliado con Dios. Porque Cristo murió por nosotros en
la cruz del calvario, Dios es reconciliado con el hombre y el
mensaje del evangelio, según Pablo en su segunda carta a
los Corintios, capítulo 5, versículo 20, se expresó de esta
manera: "Así que, somos embajadores en nombre de
Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os
rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios". El
próximo movimiento le toca realizarlo a usted. Cuando
usted acepta Su salvación, entonces experimenta paz,
porque sus pecados han sido personados.
Hay personas que, incluso de noche, no pueden apartarse
de la inquietud, no sabiendo lo que es disfrutar de paz en
sus corazones. Cuántas almas cansadas sobrellevan un
complejo de culpa y quisieran encontrar un lugar para
remover el peso de esa culpa que agobia sus almas. Un
psicólogo declaró una vez que el único lugar para librarse
de ese peso es a los pies de la cruz de Cristo. Así que, la
paz es el primer beneficio que le corresponde al hijo de
Dios. El segundo privilegio es
2. Acceso. Leamos el versículo 2:
"Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia
en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza
de la gloria de Dios".
Este acceso se refiere al hecho de que tenemos acceso a
Dios mediante la oración. Es maravilloso tener alguien a
quien acudir y con quien poder hablar acerca de uno
mismo, de los seres queridos, amigos, y de los problemas
de la vida. El hijo de Dios puede dirigirse a su Padre
Celestial en cualquier momento, y Él escuchará y
contestará sus oraciones. Claro que eso no quiere decir que
Dios siempre contestará las oraciones de la manera en que
nosotros queremos que sean contestadas, pero siempre nos
oye y demuestra que Él es un buen padre celestial diciendo
que no a alguna petición nuestra. Dios responderá de
acuerdo con Su voluntad, y no según la nuestra. Así que,
por la fe tenemos este acceso en base a la gracia, que nos
ha colocado en el lugar de hijos. El tercer beneficio es
3. Esperanza.
Dice también el versículo 2 ya leído: "nos gloriamos en la
esperanza de la gloria de Dios". La esperanza aquí
mencionada es aquella expuesta en las Sagradas
Escrituras. Pablo le dijo al joven predicador que se llamaba
Tito, en el capítulo 2 de su carta, versículo 13: ". . .
aguardamos la esperanza bienaventurada y la
manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo". El hijo de Dios tiene una esperanza. Tiene un
futuro. Tiene algo que esperar, qué anticipar en los años
venideros. El esperar la venida del Señor para recoger a Su
iglesia de este mundo, es una gloriosa esperanza que se
cumplirá cuando Él aparezca. Es decir que el creyente tiene
ese futuro, tiene algo por lo cual esperar. Pero vivimos en
un mundo en el que el hombre vive en una sociedad
afluente y tiene todas las comodidades de la vida. Lo
interesante, sin embargo, es que no tiene ningún futuro.
James Rustin, escritor del diario The New York Times, ha
declarado que hay una creencia hoy en día de que los
problemas se han acumulado y multiplicado hasta tal
punto, que el hombre es totalmente incapaz para resolver
los problemas de la vida. Como usted sabe, la Biblia está de
acuerdo con esa línea de razonamiento.
Antes de morir, George Bernard Shaw dijo que había
puesto toda su esperanza en el ateismo, y que había
descubierto que tal filosofía no había resuelto los problemas
del mundo. Luego, hizo la siguiente y notable declaración:
"Ustedes están viendo a un ateo que ha perdido su fe".
Esta cita nos lleva a concluir que cuando un ateo pierde su
fe, en verdad ya no tiene nada más de lo cual pueda asirse.
El mundo hoy en día está buscando una esperanza y un
futuro. Esto explica la inquietud evidente por todo el mundo
y gran parte de los movimientos que surgen en la hora
actual. La falta de esperanza ha conducido a muchos al
vicio de las drogas, y a otros recursos que les conducen a
callejones sin salida, es decir, a situaciones sin solución.
¿Por qué? Porque el hombre ha perdido su esperanza en el
futuro.
Los creyentes tienen una esperanza bienaventurada. Ellos
sí saben que "a los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien". Y también, como dice Pablo en el capítulo 8
de esta misma epístola a los Romanos, versículo 28.
También saben que "ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna
otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que
es en Cristo Jesús Señor nuestro". Es maravillosa esta
esperanza que tiene la iglesia y los creyentes.

LA FE: RESPUESTA QUE DEBE DAR EL HOMBRE

APOCALIPSIS 3:20
20
  He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz
y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
(Ap. 3:20)
Este es un hermoso cuadro del Señor Jesucristo, esperando,
golpeando suavemente la puerta del corazón del pecador. Es
una ilustración preciosa de la amorosa y tierna paciencia del
Señor Jesucristo. El artista inglés Holman Hunt pintó un
cuadro de Cristo frente a una puerta, según su imaginación.
Cuando finalizó su obra, la expuso e invitó a sus amigos
artistas a que lo vieran, y expresaran su opinión al respecto.
Uno de ellos le dijo: "Holman, no incluiste una parte muy
importante de la puerta. Te has olvidado de pintar un
picaporte, o un pomo en la puerta". Y Holman contestó:
"Bueno, es que esa puerta es un cuadro del corazón humano,
y el pomo, el picaporte de la puerta, se encuentra por el lado
de adentro de la puerta". Y, sí, estimado amigo oyente, eso
es exactamente lo que quiere indicarnos este versículo. Él,
Jesucristo está a la puerta y llama. Él no derriba ninguna
puerta. Él no impone Su presencia, ni obliga a nadie "alojarlo"
en su vida íntima, en su corazón. El Señor Jesucristo moverá
el cielo y la tierra para llegar a la puerta de su corazón,
estimado oyente, y cuando Él se encuentra cerca de usted, Él
se detiene y llama suavemente, pero con paciencia. Usted es
quien tiene que decidir si abrirá su corazón, su vida, o si por
el contrario, se niega a escuchar esa voz, y le grita para que
Él se marche, y le dice que le deje en paz, que no le necesita,
que se encuentra bien, y que no tiene ninguna necesidad de
Su compañía. Pero, aunque le hayamos rechazado una y otra
vez, Jesucristo siempre continuará esperando. Su más
ferviente deseo es transformarnos en verdaderos hijos de
Dios, perdonándonos, y amándonos.
Y Él dice: Entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Esto nos
habla de comunión, de comunicación, y de interacción con el
Ser Supremos de todo el Universo. El "cenar", indica el
alimentarse de la Palabra de Dios. Indica llegar a conocer a
Jesucristo más íntimamente, personalmente. 

ROMANOS 10:9,10
"Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu
corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás
salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la
boca se confiesa para salvación".
Lo que Pablo estaba diciendo era que la persona debía poner
de acuerdo su confesión de fe y su vida. Su boca y su corazón
deben de estar en completa armonía, expresando lo mismo.
Es con el corazón que se cree. El corazón implica la
personalidad total, la totalidad del ser. Algunas personas hoy
dicen algo con sus bocas, incluso utilizan un vocabulario
piadoso de devoción a Dios, pero sus corazones están lejos de
Él. Cuando usted exprese una confesión de su fe, es decir lo
que usted cree, asegúrese de que su corazón exprese lo
mismo, para que no esté usted pronunciando palabras que no
significan realmente nada para usted personalmente. Una
confesión expresada sin fe, se debe a que alguien se está
engañando a sí mismo, o está cayendo en la hipocresía. Por
otra parte, si hay fe sin confesión, puede deberse a cobardía.
Y nos parece que el apóstol Pablo estaba diciendo que el
apóstol Santiago tiene toda la razón cuando dijo en el capítulo
2 de su carta, versículo 20 que: "La fe sin obras es muerta".
Es decir, que si la fe no va acompañada de hechos, es una fe
inútil. Estimado oyente, aquí tenemos las más grandes
verdades de la fe cristiana, tales como que Jesús es el Señor
(lo cual es admitir que Dios se encarnó en Jesucristo y por lo
tanto Jesucristo es Dios) y que Dios le resucitó de los
muertos, que es la verdad esencial del Evangelio. Si usted
expresa esta confesión con fe en su corazón, la promesa de
Dios va dirigida personalmente para usted, y se resume en
las siguientes palabras: "Si cree . . . será salvo".

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