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Pablo y el Concilio: Conflicto y Protección

El sumo sacerdote Ananías ordenó golpear a Pablo en la boca durante su interrogatorio ante el Sanedrín debido a su odio personal hacia él. Esto provocó una discusión entre Pablo y los presentes. Pablo luego mencionó la resurrección de los muertos, creando una controversia que dividió al concilio entre saduceos y fariseos. Como resultado, el tribuno romano sacó a Pablo de allí para protegerlo, ya que judíos conspiraron para asesinarlo. El tribuno envió a Pablo con soldados a Cesarea para su protección bajo el gobern
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Pablo y el Concilio: Conflicto y Protección

El sumo sacerdote Ananías ordenó golpear a Pablo en la boca durante su interrogatorio ante el Sanedrín debido a su odio personal hacia él. Esto provocó una discusión entre Pablo y los presentes. Pablo luego mencionó la resurrección de los muertos, creando una controversia que dividió al concilio entre saduceos y fariseos. Como resultado, el tribuno romano sacó a Pablo de allí para protegerlo, ya que judíos conspiraron para asesinarlo. El tribuno envió a Pablo con soldados a Cesarea para su protección bajo el gobern
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(Hechos 23:1) 

Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo


con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. 

Pablo sabía que él no había hecho nada incorrecto a los ojos de Dios; pero los líderes
religiosos no pensaban lo mismo… 

(Hechos 23:2) El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él,
que le golpeasen en la boca.

¿Por qué le molestó el sumo sacerdote por lo que dijo Pablo?  Para entenderlo debemos
conocer un poco de su historia.
Ananías fue sumo sacerdote en los años 47 al 58 d.C. Seguramente él compró esa
posición, como sucedía en esos tiempos.  [Nota: Durante los 420 años que estuvo de pie
el 2° Templo, hubo 300 sumos sacerdotes, lo cual es un número exorbitante ya que ese
puesto debía ser vitalicio.]  Ananías era conocido por su avaricia.  Josefo cuenta que él se
apropiaba de los diezmos que el pueblo dejaba para todos los sacerdotes.  No sólo eso
era injusto, sino que usaba ese dinero para pagar favores y corrupción.  Por su propio
beneficio, Ananías se puso del lado de los romanos, y por ello llegaron a odiarlo los judíos
nacionalistas. 

Es muy probable que Ananías se ofendió al oír a Pablo decir que él vivía como Dios
manda.  Tal vez lo tomó como un insulto personal, y por eso mandó a abofetearlo.

REACCIÓN DE PABLO
Pablo no reaccionó bien a la bofetada, pues no lo merecía, y seguramente lo tomó por
sorpresa.

(Hechos 23:3) Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú
sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear? 

Lo que Pablo no sabía era que le estaba respondiendo así al sumo sacerdote. 

(Hechos 23:4) Los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios injurias? 
(5)  Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No
maldecirás a un príncipe de tu pueblo. 

Todo había comenzado mal en el interrogatorio.  Pablo sabía de antemano que no iban a
ser justos con él en el juicio, por lo tanto se propuso crear un distractor…

(Hechos 23:6) Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de
fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo;
acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.

Sólo tenía que mencionar la palabra “resurrección” para crear controversia… 

(Hechos 23:7)  Cuando dijo esto, se produjo disensión entre los fariseos y los saduceos, y la
asamblea se dividió.  (8) Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu;
pero los fariseos afirman estas cosas.  (9) Y hubo un gran vocerío; y levantándose los escribas de
la parte de los fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si un
espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios. 
El tema controversial que había llevado a Pablo a estar bajo la custodia de los romanos
era la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios.  Pero ese tema ni se llegó a tocar
porque Pablo tuvo la astucia de mencionar otro tema controversial: la resurrección.  El
concilio estaba partido sobre este tema: los fariseos sí creían, mientras que los saduceos
no.  El conflicto entre ambos bandos era tan fuerte que a la sola mención provocó un caos
en el salón.  

(Hechos 23:10) Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo
fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio
de ellos, y le llevasen a la fortaleza. 

Al final, el Sanhedrín ya no juzgó el caso de Pablo.  Pero esa era la voluntad de Dios,
porque el Señor tenía otros planes para Pablo.

(Hechos 23:11) A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo,
pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también
en Roma. 

Pablo tenía una misión que cumplir en Roma.  Pero no es de extrañar que el enemigo
tratara de impedirlo…

COMPLOT CONTRA PABLO 


Pablo logró salir ileso de la confrontación en el Sanedrín, pero sus enemigos no se dieron
por vencido.  Estaban determinados no sólo a detener a Pablo sino que querían callarlo
para siempre.   

(Hechos 23:12-15) Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron


bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo.  
(13) Eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración, (14) los cuales fueron a los
principales sacerdotes y a los ancianos y dijeron: Nosotros nos hemos juramentado bajo maldición,
a no gustar nada hasta que hayamos dado muerte a Pablo.  (15) Ahora pues, vosotros, con el
concilio, requerid al tribuno que le traiga mañana ante vosotros, como que queréis indagar alguna
cosa más cierta acerca de él; y nosotros estaremos listos para matarle antes que llegue. 

Aunque el enemigo se proponga a destruir a un hijo de Dios, ése no podrá hacerle daño ni
tocarlo si no es la voluntad de Dios. 

De esto escribió David en los Salmos:

(Salmo 64:1-10) Escucha, oh Dios, la voz de mi queja; guarda mi vida del temor del enemigo.  (2)
Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la conspiración de los que hacen iniquidad, (3)
Que afilan como espada su lengua; lanzan cual saeta suya, palabra amarga, (4) Para asaetear a
escondidas al íntegro; de repente lo asaetean, y no temen. (5) Obstinados en su inicuo designio,
tratan de esconder los lazos, y dicen: ¿Quién los ha de ver?  (6) Inquieren iniquidades, hacen una
investigación exacta; y el íntimo pensamiento de cada uno de ellos, así como su corazón, es
profundo.  (7) Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas.  (8) Sus propias
lenguas los harán caer; se espantarán todos los que los vean.  (9) Entonces temerán todos los
hombres, y anunciarán la obra de Dios, y entenderán sus hechos.  (10)  Se alegrará el justo en
Jehová,  y confiará en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón.

El plan de Dios era que Pablo fuera a Roma, y para que se cumpliera el Señor movió las
piezas necesarias…
(Hechos 23:16-22) Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en
la fortaleza, y dio aviso a Pablo.  (17) Pablo, llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este
joven ante el tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.  (18) El entonces tomándole, le llevó al
tribuno, y dijo: El preso Pablo me llamó y me rogó que trajese ante ti a este joven, que tiene algo
que hablarte.  (19) El tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿Qué es lo
que tienes que decirme?  (20) El le dijo: Los judíos han convenido en rogarte que mañana lleves a
Pablo ante el concilio, como que van a inquirir alguna cosa más cierta acerca de él.  (21) Pero tú
no les creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales se han juramentado
bajo maldición, a no comer ni beber hasta que le hayan dado muerte;  y ahora están listos
esperando tu promesa.  (22)  Entonces el tribuno despidió al joven, mandándole que a nadie dijese
que le había dado aviso de esto. 

El tribuno pudo haberse puesto del lado de los judíos a quienes gobernaba.  Al contrario,
se dispuso proteger a Pablo. 

(Hechos 23:23-24)  Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora
tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que
fuesen hasta Cesarea; (24) y que preparasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le
llevasen en salvo a Félix el gobernador. 

El tribuno movió a mucha gente para proteger a Pablo, y esto lo propició Dios para que Su
propósito se cumpliera.

El tribuno también involucró al gobernador Félix para que ayudara a proteger a Pablo,
quien se había identificado como ciudadano romano.

(Hechos 23:25-30)  Y escribió una carta en estos términos: (26) Claudio Lisias al excelentísimo
gobernador Félix: Salud.  (27) A este hombre, aprehendido por los judíos, y que iban ellos a matar,
lo libré yo acudiendo con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano.  (28) Y queriendo
saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos;  (29) y hallé que le acusaban por
cuestiones de la ley de ellos, pero que ningún delito tenía digno de muerte o de prisión.  (30)  Pero
al ser avisado de asechanzas que los judíos habían tendido contra este hombre, al punto le he
enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tengan contra él.
Pásalo bien. 

El tribuno Claudio le trasfirió al gobernador Félix el caso de Pablo, no sin antes aclararle
que no había hecho nada malo en términos de la ley romana. 

(Hechos 23:31-35)  Y los soldados, tomando a Pablo como se les ordenó, le llevaron de noche a
Antípatris.  (32) Y al día siguiente, dejando a los jinetes que fuesen con él, volvieron a la fortaleza. 
(33) Cuando aquéllos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a
Pablo delante de él.  (34)  Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y
habiendo entendido que era de Cilicia, (35) le dijo: Te oiré cuando vengan tus acusadores.  Y
mandó que le custodiasen en el pretorio de Herodes.

Pablo no se había librado aún de sus enemigos, pero por lo menos estaba más lejos de la
esfera de control de los que le deseaban mal. 

En el siguiente capítulo veremos la audiencia que el gobernador dará a los acusadores de


Pablo antes de tomar una decisión sobre su caso.

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