MORFOLOGÍA SOCIAL Y CONTEXTUALIZACIÓN TOPOGRÁFICA: LA
MICRO-HISTORIA DE EDOARDO GRENDI
Matteo Giuli*
En el panorama académico internacional, sobre todo fuera de Europa, la palabra
“micro-historia”, en el sentido particular de su origen italiano, es casi automáticamente
asociada a las propuestas teóricas y a la producción científica de dos historiadores:
Giovanni Levi y, aún más, Carlo Ginzburg. El enorme éxito editorial de sus trabajos –
sobre todo de los libros Il formaggio e i vermi de Ginzburg1 y L'eredità immateriale de
Levi2, traducidos en todo el mundo y leídos también por un público no especialista–
explica y en parte justifica este reconocimiento.
Mucho menos extensa, al contrario, es la difusión de los escritos de Edoardo
Grendi, que involucró sólo una mínima parte de ellos. Esto es cierto también con
respecto al contexto académico brasileño, y más generalmente sudamericano, donde las
propuestas de la micro-historia italiana fueron recibidas, no pocas veces, por la
mediación lingüística, intelectual e interpretativa de la historiografía francesa, española
y estadunidense. Es suficiente observar las referencias bibliográficas de varios textos
sobre micro-historia producidos por especialistas y estudiosos latinoamericanos para
notar esta situación: además de algunos casos específicos, la disparidad de tratamiento
reservada a los trabajos de Levi y Ginzburg, por un lado, y de Grendi, por otro, se revela
evidente. La producción científica de este último –numerosa y diversificada desde el
punto de vista temático3– permanece muy poco conocida o, en el mejor de los casos,
subestimada.
También ocurre en el caso de Grendi cuando su papel dentro de la micro-historia
italiana es recordado, pues las referencias son casi siempre sucintas y superficiales, las
citas son hechas de forma insatisfactoria y las alusiones se mantienen indirectas 4.
Emblématico de ello, es el exitoso libro de Ronaldo Vainfas publicado en 2002 sobre
“los protagonistas anónimos de la historia”, donde hay, además de algunas
consideraciones discutibles e imprecisas al tratar la génesis de la micro-historia, una
evidente subestimación de la contribución de Grendi, resumida en apenas dos páginas
que prácticamente no dicen nada sobre sus propuestas teóricas y metodológicas5.
Las excepciones a esta situación son pocas, aunque sean notables: los trabajos de
Carlos Antonio Aguirre Rojas, los cuales tienen también el mérito de resaltar las
diferencias entre la simple “microhistoria local” mexicana, propuesta por Luis González
y González, y la “microhistoria de escala” italiana, más elaborada y “cosmopolita” 6; la
compilación mexicana Ensayos sobre microhistoria, donde se reeditan los artículos del
dossier “La microhistoria en la encrucijada” de la revista argentina Prohistoria7; la
compilación brasileña Ejercicios de micro-historia, que presenta la primera traducción
portuguesa de dos textos fundamentales de Grendi, es decir, “Microanálisis e historia
social” y “Paradojas de la historia contemporánea” 8; y, aún más, algunos importantes
trabajos de Henrique Espada Lima, capaces de destacar en detalle la influencia ejercida
por la historia social británica y por la antropología económica sobre el pensamiento de
Grendi9.
Estas contribuciones son sin duda significativas, pero no eliminan el evidente
desequilibrio que existe, en el contexto académico sudamericano y aún más brasileño,
entre la difusión y el conocimiento de las obras de Ginzburg y Levi, por un lado, y de
Grendi, por otro. Se trata de una situación bastante paradójica, pues este último fue, al
mismo nivel de los otros dos, el padre fundador de la micro-historia italiana; y tal vez,
en cierta medida, su más precoz teorizador.
Seguramente, el lenguaje complejo usado por Grendi –poco “apetecible”, según
él mismo10– pudo haber dificultado la traducción de sus trabajos y perjudicado su
difusión11; la falta de entrevistas donde él pudiese hablar de sus trayectoria personal,
exponer sus métodos de investigación y esclarecer sus propuestas, así como lo han
hecho muchas veces Ginzburg y Levi, con certeza no colaboraron a mejorar esa
situación; la especial atención que dedicó a la historia local –en particular, sobre la
República de Génova–, uno de los Estados regionales de Italia del Antiguo Régimen,
puede haber limitado la recepción de su producción en términos de representatividad; y,
con certeza, su muerte precoz, ocurrida en 1999, a los 67 años, interrumpió
anticipadamente su recorrido de investigación, impidiéndole perfeccionar sus exigentes
reflexiones teóricas.
El presente artículo, por lo tanto, pretende reconstruir, de la forma más completa
posible, el perfil profesional, la propuesta metodológica y la producción científica de
ese historiador no convencional, analizando las modalidades por las cuales su lección
fue aprehendida y considerada en Italia y en el extranjero. El objetivo no es hacer una
presentación apologética de su trabajo de historiador, un elenco cronológico de sus
resultados o un homenaje retrospectivo de sus intuiciones heurísticas (basadas sobre
todo –como veremos– en la morfología social y en la contextualización topográfica). Se
trata de reconocer el papel que le pertenece en el contexto de la propuesta micro-
histórica y de su problematización, así como rescatarlo, al menos en parte, de la
posición de marginalidad en que ha quedado, sobre todo fuera Europa, con respecto a
los historiadores consagrados como Levi y Ginzburg.
En el análisis de lo que Grendi produjo cuando “hizo historia” –parafraseando la
célebre pregunta de Michel de Certeau12– puede haber, en última instancia, también un
modo de atar los hilos con el microanálisis histórico de los orígenes, aquel nacido en la
Italia de los años 1970, por el cual muchos historiadores continúan siendo fascinados, y
sobre cuyas posibilidades metodológicas y epistemológicas, a menudo polémicamente,
siguen cuestionándose13.
Las ciencias sociales aplicadas a la historia
La sensibilidad historiográfica de Edoardo Grendi fue siempre marcada por un
fuerte interés por las ciencias sociales y por el debate teórico-metodológico
internacional. Un momento crucial en la formación de esta actitud fue, sin duda, la
experiencia que tuvo como investigador en la London School of Economics, entre 1958
y 1960, cuando trabajó sobre la historia del movimiento obrero inglés. Para la
realización de su proyecto de investigación, además de la orientación de Ralph
Miliband, en aquellos años autor de algunos estudios notables sobre el laborismo
británico, Grendi se benefició de la colaboración de Eric Hobsbawm, interesado, sobre
todo, en el análisis de los aspectos sociales y culturales del proceso de
industrialización14. Fue un verdadero “baño de ciencias sociales”, que lo llevó a la
redacción de algunos artículos consagrados al cartismo y al socialismo fabiano,
publicados en varias revistas italianas, así como a la edición, en 1964, de su primer
libro, L'avvento del laburismo15. El movimiento obrero inglés desde 1880 a 1920
construido con base en un “diálogo profundo con la sociología”16.
Este último fue un trabajo innovador en muchos aspectos, pues pretendía superar
los debates políticos e ideológicos aún vivos en el contexto universitario italiano, de
inspiración marxista o liberal, que Grendi conocía bastante por haberse formado sobre
el idealismo estético de Benedetto Croce17. El objetivo de su libro sobre el laborismo
inglés era justamente diferente, pues se interesaba por el estudio de las variedades
“funcionales y culturales” del movimiento obrero, reconstruidas por medio de un
enfoque prosopográfico y geográfico “subalterno”, es decir, desde abajo 18. Grendi, en
ese sentido, quería evitar cualquier lectura mecánicamente positivista del proletariado
inglés, proponiendo una interpretación original, basada en algunas características que se
harían típicas en sus siguientes investigaciones: la negativa al uso apriorístico de
criterios jerárquicos de relevancia, la integración de la disciplina histórica con otras
ciencias sociales, la importancia metodológica atribuida a la variación de la escala de
observación, la voluntad de reconstruir la morfología de los comportamientos sociales
dentro de su espacio material (un abordaje topográfico) y, de manera aún más peculiar,
“la vocación a la contextualidad”19.
Los trabajos de Edward P. Thompson sobre la formación de la clase obrera
inglesa –ellos también– representaron un punto de referencia constante para la
construcción de esa perspectiva metodológica, incluso si Grendi consideraba sus
análisis descontextualizados y excesivamente ideológicos, porque estaban basados en
una interpretación marxista de la sociedad. La reseña crítica que él publicó en 1970 en
la Rivista Storica Italiana sobre el libro The Making of the English Working Class, es
ilustrativa en este sentido: de acuerdo con Grendi, la “economía moral” propuesta por
Thompson no representaba una red de solidaridad y reciprocidad, sino sólo una
“economía política socialista”; el mismo concepto de “clase”, por lo tanto, permanecía
inapropiado para explicar la pluralidad de las lógicas de los trabajadores desde una
perspectiva dinámica, hasta el punto de ser considerado mejor sustituirlo con el
concepto de “grupo social”20. Es precisamente por esas diferencias que Grendi quiso
siempre mantener cierta distancia de los trabajos de Thompson, bastante influenciados
por su compromiso político en las filas del Partido Comunista Británico y luego dentro
de la nueva izquierda anti-estalinista y pacifista21.
De acuerdo con Grendi, la organización del proletariado no era sólo la expresión
de una “relación salarial”, sino también el resultado de una “producción socializada”,
cuyos miembros debían ser estudiados como hombres, además de ser activistas
políticos: la historia del laborismo debía ser, sobre todo, la historia de los trabajadores y
de los laboristas. Un enfoque heurístico de ese tipo podía permitir, en la perspectiva de
Grendi, la reconstrucción de tipologías fuertemente contextualizadas, es decir,
“individualmente, regionalmente, ocupacionalmente caracterizadas”22. La historia del
movimiento obrero inglés, en esa óptica, tenía que basarse en el análisis sociológico y
geográfico de las ciudades y de los lugares donde el laborismo se había manifestado con
más fuerza (Londres, Sheffield, Birmingham, Manchester). Era necesario prestar
atención a las dimensiones locales para la comprensión del origen de ese movimiento,
así como habían demostrado las reflexiones de Asa Briggs sobre el carisma23.
Grendi utilizó esa perspectiva metodológica también para trabajar sobre el
proletariado urbano en la Italia del siglo XIX, basándose en una intensa investigación
archivística, relacionada con la realidad regional de Liguria. En ese sentido publicó
algunos artículos sobre las relaciones entre las organizaciones sociales del mundo
popular y las formas de solidaridad de la burguesía, reconstruidas por el análisis de las
sociedades mutualistas y de las compañías profesionales; sobre la configuración de la
ciudad industrial, destacando la importancia creciente de las actividades ejercidas por
los cargadores y maleteros en Génova; sobre los motines insurreccionales de mediados
del siglo, interpretados en una accesión polémica con respecto a la historiografía
“resurgimental” más tradicional; sobre la difusión de las cofradías laicas, analizada por
medio de una perspectiva desde abajo, de tipo sociológico y geográfico, ampliamente
influenciada por los trabajos de Maurice Halbwachs y Gabriel Le Bras. En todos estos
trabajos, la atención por la morfología de las relaciones sociales representó el punto de
partida constante de sus reflexiones24.
Otro libro innovador de Grendi apareció en 1973, con el título Introduzione alla
storia moderna della Repubblica di genova, presentándose como una contribución
crítica –no institucional de la enseñanza tradicional de la historia en las universidades.
El texto evidenciaba problemas peculiares de método y de investigación, prestando
mucha atención a la descripción y al comentario de la documentación utilizada. Esta
estaba formada por fuentes consultadas en archivos periféricos y privados, las únicas, de
acuerdo con Grendi, que podían permitir un trabajo de reconstrucción histórica de las
prácticas comunitarias locales y de los relativos mecanismos sociales 25. Incluso en este
libro, la voluntad de instaurar un verdadero diálogo con las otras ciencias sociales fue
clara (sobre todo con la economía, la demografía y la etnología), siguiendo a este
respecto la lección propuesta por la Escuela de los Annales, en particular por las
investigaciones que, Emmanuel Le Roy Ladurie estaba conduciendo sobre Languedoc y
el pueblo de Montaillou26.
El estudio –incluso cuantitativo– de las fuentes fiscales y militares, de los censos
y de los registros parroquiales permitió a Grendi la reproducción de datos estadísticos
útiles para la comprensión de la estructura demográfica y de las actividades económicas
de los habitantes de Génova y de Liguria en la Edad Moderna. Al mismo tiempo,
siguiendo en particular los trabajos antropológicos de Bronislaw Malinowski, Alfred
Kroeber, Raymond Firth y Fredrik Barth, destacó la importancia epistemológica de un
análisis dinámico de las relaciones entre grupos sociales y espacio físico, por medio de
la cual podía evidenciarse la existencia de “cambios y jerarquías más o menos intensas”
entre comunidades rurales y mercados centrales 27. De eso derivó una interpretación
generativa de la organización social del Antiguo Régimen, estudiada en sus
características morfológicas y topográficas con respecto a las cuales el papel estratégico
era desempeñado por las familias y por los parentescos locales28. El modelo propuesto
por Grendi, al final, rompía con la historiografía tradicional de tipo político-
institucional; era un modelo en el que el diálogo con la antropología asumió, cada vez
más, relevancia estratégica, hasta convertirse en el punto de apoyo en el que basó su
propuesta de microanálisis histórico.
Los laboratorios del microanálisis: Quaderni Storici y Microstorie
Grendi entró en el comité de la redacción de Quaderni Storici en 1970,
ofreciendo un estímulo innovador al debate historiográfico de esa revista. Con él
también estaba Carlo Ginzburg, que en aquella época ya había publicado su trabajo
sobre “los caminantes”29 y estaba aún conduciendo las investigaciones sobre las
vicisitudes del molinero Menocchio, luego inmortalizadas en el libro Il formaggio e i
vermi30. Desde el comienzo, las discusiones sobre qué línea editorial seguir fueron muy
animadas, transformando la revista en un verdadero laboratorio colectivo
historiográfico, donde se podía proponer, evaluar y revisar materiales, teorías y
reflexiones sobre varios temas de investigación, nuevos o tradicionales. De acuerdo con
las últimas tendencias científicas, el consejo editorial decidió ocuparse predominante de
la historia social, es decir, del “estudio de las relaciones entre personas y grupos” 31. Esa
elección fue seguramente influenciada por los propósitos de Grendi, interesado en
trabajos basados en la aguda exégesis de las fuentes y en reconstrucción analítica de
“fragmentos de vida” y “acciones individuales”32.
El modelo de referencia estaba constituido por las reflexiones de Karl Polanyi
sobre las consecuencias sociales y culturales de las leyes del mercado en las
transacciones económicas, reflexiones con las que Grendi tenía una “concordancia
sustancial”, como demostró en la reseña del libro The Great Transformation, publicada
en 1976 por la Rivista Storica Italiana33. Del estudioso húngaro se publicaron, más o
menos en la misma época, algunos textos de antropología económica en los que se
encuentra el término “microanálisis histórico”, citado por Grendi y Levi34. Desde el
punto de vista léxico, sin embargo, la palabra “micro-historia” apareció por primera vez
en 1978, en el título de un dossier organizado por Carlo Poni para Quaderni storici35.
En el año anterior, en la misma revista, Grendi había publicado el artículo
“Micro-análisis e historia social”, en el que sugería una reducción de la escala analítica
de observación de los comportamientos sociales –el prefijo “micro” se refiere,
metafóricamente, al uso del microscopio36. Este artículo, casi un manifiesto de la
propuesta micro-histórica italiana, recomendaba un tipo de investigación relacionada al
estudio de espacios territoriales y grupos humanos pequeños, tales como las
comunidades, las ciudades y las corporaciones profesionales. Sobre todo, en él, Grendi
propuso su más célebre paradigma, basado en el oxímoro “excepcional normal”:
reflexionando sobre el uso de las fuentes históricas como “testimonios indirectos”,
evidenció que cualquier documento aparentemente excepcional puede resultar, en
realidad, “excepcionalmente normal” por lo tanto, ser “revelador”, proporcionando así
las claves de lectura para decodificar lo que quedaría escondido si se analiza sólo desde
el punto de vista de la repetitividad de los factores.
La referencia a la excepcionalidad de algunas fuentes expresaba la idea de que
un comportamiento generalizado a menudo no está documentado exactamente por su
condición de normalidad, lo que puede llevar a un texto que lo registre a tener carácter,
al mismo tiempo, excepcional y normal. Así, lo que a primera vista aparece insólito,
extraordinario o contingente podría ser considerado, por el contrario, el síntoma de una
normalidad alternativa, de una serie de regularidades invisibles a los ojos de la
historiografía tradicional37.
El interés por las relaciones entre realidades sociales y dimensiones espaciales,
por la reconstrucción analítica de los contextos y por los recorridos individuales, marcó
desde el principio el distanciamiento entre la micro-historia y la historia tradicional de
tipo macro (cuantitativa y serial), acostumbrada a usar indicadores simplificados,
conceptos abstractos y categorías interpretativas aceptadas a priori. El paradigma micro-
histórico, por el contrario, criticaba las definiciones preestablecidas de los objetos de
estudio (por caso, Estado, mercado, comunidad, familia y clase social), las visiones
analógicas del pasado (inducidas para encontrar en el pasado una anticipación del
presente), las lecturas evolutivas basadas en el principio de la continuidad del tiempo
histórico y los modelos interpretativos de tipo estructuralista y funcionalista38.
Una de las ideas más importantes, en ese sentido, fue la de verificación empírica
de las propuestas teóricas, relacionada a algunos problemas epistemológicos
fundamentales, tales como el significado de prueba en la investigación histórica y la
reconstrucción genética de la documentación. La producción de esta última tenía que ser
interpretada en sentido sociológico y, posteriormente, contextualizada, pues las fuentes
archivísticas representaban, en la perspectiva microanalítica, el resultado de la actividad
institucional de transcripción y certificación de las prácticas sociales. Era el único
método concebido para reconstruir la manera en que los hombres del pasado percibían,
practicaban y expresaban la propia realidad.
En el marco de la revista Quaderni storici, además de seguir publicando sus
propios trabajos sobre la República de Génova, Grendi se ocupó de la edición de
algunos dossier temáticos sobre las estructuras familiares en el Antiguo Régimen (con
Giovanni Levi y Gérard Delille), sobre los sistemas asistenciales locales y sobre el uso
de las fuentes criminales dentro de la historia social39. Esto es muy significativo, pues en
el curso de los años los intereses de Grendi se movieron cada vez más hacia las crónicas
locales, los procesos judiciales y los conflictos jurisdiccionales, cuya documentación
consideraba útil para la “reconstrucción de la cultura a través de la explotación de las
prácticas sociales” y capaz, al mismo tiempo, de explicitar las “formas de acción” de los
individuos40.
Se trataba también de una estrategia epistemológica para reflexionar sobre la
relación entre dos tradiciones jurídicas diferentes: por un lado, la “ley comunitaria”, que
“explicaba, en particular, los modos de solución de los conflictos y, en general, el
control social informal”; por otra, la “ley del Estado”, que “postulaba, para su ejercicio,
una aculturación radical de los ciudadanos”41. En ese sentido, de acuerdo con Grendi, las
prácticas sociales interactuaban con los poderes formales, creando un discurso político
de legitimación jurídica.
Las propuestas (y las provocaciones) de la micro-historia fueron recibidas, sobre
todo al comienzo, con escepticismo y también hostilidad por el mundo académico
italiano, donde hacer historia todavía significaba trabajar sobre los grandes
acontecimientos políticos y económicos, de forma muchas veces connotada
ideológicamente42. En ese contexto, el interés del consejo editorial de Quaderni storici
por la antropología y las otras ciencias sociales era juzgado como algo extravagante.
Sin embargo, las reflexiones micro-históricas nunca se cristalizaron en una
verdadera escuela. Los intereses temáticos permanecieron claramente distintos, llevando
a un progresivo distanciamiento entre una micro-historia de tipo cultural, basada en los
trabajos de Ginzburg, y una de tipo social, representada por las investigaciones de
Grendi y Levi43. Esa evolución del paradigma originario –tal vez producto de un
equívoco interpretativo, enfatizado por la recepción extranjera44– fue ligada a la reacción
crítica para con ls nuevas orientaciones de las ciencias sociales, en particular contra el
relativismo de la historia interpretativa, afectada por la antropología simbólica de
Clifford Geertz; un tipo de historia que, según Grendi y Levi, consideraba en términos
autorreferenciales el sentido de las prácticas sociales, proponía casos de estudio no
significativos desde el punto de vista epistemológico y, sobre todo, ignoraba el
problema de la contextualización de las fuentes, que no debían ser concebidas como una
simple “concreción sustitutiva” de la realidad45.
Globalmente, los dossier propuestos por Quaderni storici manifestaron lo que,
para Grendi, era “el carácter colectivo de la propuesta historiográfica del microanálisis
en Italia”46. Los artículos publicados representaban el producto de una correspondencia
redacción densa entre organizadores y autores, de una serie exasperada de lecturas y
relecturas, confrontaciones y discusiones, críticas y correcciones; un verdadero
enfrentamiento entre propuesta programática y resultados concretos, entre metodología
y trabajo de investigación.
La misma actitud dialéctica fue utilizada en el marco de la colección
Microstorie, inaugurada en 1981 por la editorial Einaudi de Turín, bajo la dirección de
Ginzburg y Levi, y con la colaboración de Simona Cerutti. Activa hasta 1991, en ella se
publicaron 21 libros originales italianos (entre ellos, L'eredità immateriale de Levi, en
1985) y traducciones extranjeras (por caso, la edición italiana, en 1984, del famoso libro
The Return of Martin Guerre, Natalie Zemon Davis). El papel de Grendi en esa
colección también fue importante. Fue, de hecho, quien se ocupó de la publicación de
los principales ensayos de Edward P. Thompson sobre la “cultura plebeya” inglesa,
retomando así, con ese historiador, un diálogo a la distancia que en los años precedentes
solo se había resuleto en una serie de críticas a su evidente marxismo, sino también en
una apreciación sincera por el libro Whigs and Hunters y, más esfecíficamente, por su
interés por el human agency [accionar humano]47.
Microstorie publicaba monografías densas sobre temas circunscritos, en las
cuales el razonamiento teórico era plenamente explicitado. El consejo editorial quería
proponer una verificación concreta de los materiales de análisis, cruzando dimensiones,
personajes y puntos de vista. No se trata sólo de contar la historia de los pequeños y de
los excluidos, sino de reconstruir, sobre todo, acontecimientos, situaciones y
trayectorias individuales que podían asumir una connotación inesperada, permitiendo el
descubrimiento de nuevas categorías interpretativas, nuevos contextos casuales y
nuevos terrenos de indagación.
La actitud experimental de esas monografías, basadas en la investigación
archivística y en la confrontación con la historiografía internacional, fue su más
evidente denominador común; por el contrario, desde el punto de vista temático y de la
periodización histórica, las diferencias aparecieron con más fuerza. Esto, al final,
reflejaba coherentemente la mayor lección de la propuesta micro-histórica italiana:
aquella de enfrentar el análisis de asuntos heterogéneos por medio de instrumentos
metodológicos comunes, basados en la reducción de la escala de observación y en el uso
intensivo de la documentación disponible, además de las dimensiones y de la calidad
intrínseca del objeto estudiado48.
Los trabajos mayores sobre Génova
El recorrido editorial de Microstorie concluyó en 1993, paralelamente a la
publicación de un libro de Grendi –Il Cervo e la repubblica– que salió a la luz cuando
esa colección ya había sido absorbida por la serie Paperbacks. El libro proponía el
análisis intensivo de un poblado de la República de Génova (Cervo mismo, El Ciervo en
el dialecto lígure), que debía representar, en las intenciones del autor, un modelo válido
para el estudio de varias de las comunidades de ese Estado: “el litigio interno provocado
por la metrópolis es idéntico” –explicaba Grendi– y “las estructuras asociativas y
políticas conectadas con las formas de ocupación del espacio son análogas” 49. Un libro
importante por la investigación archivística sobre la cual estaba sostenido, no era un
texto fácilmente comprensible, ni de comprensión inmediata, presumiblemente también
por la falta de suficientes citas bibliográficas.
En él se evidenciaba la ambigüedad de las relaciones entre Génova y Ciervo,
cuyos elementos de contraste eran causados por las ambiciones locales, dentro de una
comunidad donde el poder era disputado entre varias agregaciones parentales 50. Centro y
periferia, en ese sentido, representaban dos categorías interpretativas que no podían ser
aceptadas a priori, pero debían ser deconstruidas, contextualizadas y reconstruidas. Era
un modo para comprender el sentido cultural de la relación entre “conflictos locales” e
“idiomas políticos”, frente a la convicción de que el problema “de la construcción
histórica” no podía reducirse a “una dinámica de fuerzas a ser tratada
metafóricamente”51.
Grendi prestó gran atención al análisis del derecho posesorio, al ejercicio de la
posesión como “producto de la territorialidad”, cuyas manifestaciones rituales podían
ser analizadas en una relación estricta con las dinámicas de ocupación del espacio físico.
Al interior de sus reflexiones estaban las acciones –individuales o colectivas– que
correspondían a un sistema de valores culturales específicos y que, por lo tanto,
resultaban comprensibles sólo si eran contextualizadas. Eran temas ya abordadados
precedentemente, en un artículo que hizo escuela, publicado en Quaderni Storici en
1986, relacionado con la conflictividad jurisdiccional entre Mioglia y Sassello, dos
comunidades del Apenino lígure52; temas sobre los cuales, en la misma época, Grendi
estaba dialogando con Levi y con algunos de los más brillantes representantes de la
segunda generación de micro-historiadores italianos53.
La conflictividad política, reconstruida por medio de la documentación judicial,
había sido objeto central también de Lettere Orbe, libro publicado en 1989 y basado en
el análisis de la función de las cartas anónimas de denuncia cuestionando la gestión de
las dinámicas locales de poder. El problema de la contextualización seguía siendo el
objeto de la investigación, pues las fuentes archivísticas habían desvelado una diferencia
tipológica entre las cartas provenientes de Génova y aquellas venidas del territorio rural:
casi todas las primeras eran heterogéneas y no firmadas, mientras que las segundas
buscaban la propia legitimación por medio de la “colectividad de quienes eran los que
firmaban”54. Estas últimas eran cartas que testimoniaban la existencia de una
criminalidad ligada a las rivalidades de la aristocracia de Génova y a la protección
garantizada a los bandidos, reflejando así la turbulencia continua que caracterizaba a las
comunidades locales, siempre en busca de una mediación política con el poder de la
capital. Sobre todo, a través del análisis de la llamada “cartografía pobre” (es decir, de
los mapas y dibujos de los terrenos disputados, que se adjuntan a las mismas cartas), se
destacaba una vez más la importancia epistemológica de distinguir el concepto de
“confín” del de “frontera”, pues su “antinomia” reflejaba aquella “entre comunidad y
Estado”55.
Esta referencia constante a la historia local, de acuerdo con Grendi, no era en
absoluto algo autorreferencial, sino que debía, por el contrario, dialogar con el debate
historiográfico internacional; un debate que, con respecto a Génova y su República, sin
duda no faltaba, aunque aún permaneciera centrado, sobre todo, en las actividades
económicas de la aristocracia local en el Antiguo Régimen y en sus capacidades de
movilizar el crédito a nivel europeo. Se trataba del “mito del mercader”, es decir, del
paradigma del “virtualismo” financiero genovés, propuesto por Fernand Braudel y por
sus seguidores en una óptica macroscópico-cuantitativa que, sin embargo, según Grendi,
no había sido capaz de atribuir la importancia correcta al verdadero contexto socio-
político de aquella República56. Los negocios económicos de Génova y de su
aristocracia, de hecho, estaban estrictamente ligados a la necesidad de resolver, por
medio de intercambios comerciales y operaciones financieras, una situación agrícola
deficitaria, en particular con respecto a la producción de trigo. En esa perspectiva, las
actividades de los mercaderes genoveses a nivel internacional podían ser comprendidas
solamente mediante referencia contextualizada a la situación económica local.
Tales temas fueron analizados en un libro de 1987, La repubblica aristocrática
dei genovesi, donde Grendi recogió algunos ensayos ya publicados anteriormente en
algunas de las principales revistas italianas (en particular, Rivista Storica Italiana y,
como siempre, Quaderni storici). En ellas fueron consideradas, sobre todo, las
relaciones entre grupos sociales y espacio local, con peculiar atención a los elementos
socioculturales y topográficos de la aristocracia local, para cuya comprensión resultó
imprescindible reconstruir también las formas de emulación existentes, a nivel
internacional, entre nobleza genovesa y nobleza española57. La República de Génova, en
la óptica de Grendi, constituía una “realidad social y política rica en paradojas”, capaz
de estimular una serie de reflexiones generalizables en forma de modelo. Entre los
miembros de la aristocracia local, obviamente se dio un espacio importante a la figura
del famoso almirante Andrea Doria, del que se reconstruyó la compleja trayectoria
individual, que lo convirtió en un caso a mitad de camino entre un patriota y un tirano58.
Fue el preludio de un interés cada vez más fuerte hacia la biografía histórica, que
en el contexto de la micro-historia italiana ya había sido experimentada, por caso, por el
libro L'eredità immateriale, de Levi59. En ese sentido, las investigaciones de Grendi
culminaron en la publicación de un trabajo de “historia privada” –la última monografía
de su producción– sobre la familia Balbi, una de las más importantes de la aristocracia
de Génova. Una biografía colectiva, entonces, basada en el análisis morfológico de las
prácticas sociales y de las experiencias culturales de esa familia, con el objetivo de
proponer –en este caso también– un modelo de referencia para el estudio de la sociedad
aristocrática ligure en la Edad Moderna60. A pesar de la indudable dimensión
internacional de sus propios intereses económicos (detectables en París, Viena, Madrid,
Sevilla y Amberes), los Balbi jamás habían interrumpido los vínculos concretos con su
ciudad, donde habían seguido adquiriendo bienes inmuebles y erigiendo palacios61.
Después de una reconstrucción precisa de los acontecimientos que los habían
llevado hasta el punto máximo de las actividades comerciales y financieras de Europa,
por medio, sobre todo, del paso de las inversiones en la producción de la seda para los
asientos españoles, Grendi investigó, en una perspectiva etnológica, su estilo de vida,
sirviéndose de una serie heterogénea de fuentes archivísticas, de tipo público y privado:
no sólo registros fiscales, escrituras notariales y actos judiciales, sino hasta inventarios
de bibliotecas y de obras de arte –un conjunto documental necesario para reconstruir
también la relación de amistad y colaboración con el famoso pintor flamenco Antoon
van Dyck, autor de varios retratos de los miembros de esa familia62.
El objetivo era delinear “un perfil civil de la aristocracia genovesa percibida
como sistema cultural unitario”, donde se destacaban, sin embargo, diferentes
experiencias individuales y colectivas. Desde esa óptica es significativo el capítulo de la
conclusión, dedicado a las mujeres del hogar Balbi, donde se propone un cuadro
original del componente femenino de esa familia y de su papel específico. El análisis
morfológico de prácticas, experiencias y comportamientos presentado en ese libro
reflejaba la propuesta metodológica de Grendi, para quien era importante desmentir la
tradicional idea -hija de los trabajos macro-históricos y de las interpretaciones
cuantitativas- de la incultura de los genoveses, es decir, de su cultura exclusivamente
mercantil63.
La propuesta didáctica de una nueva historia social
La microhistoria italiana no se interesó solamente por la esfera epistemológica y
metodológica de la investigación historiográfica, sino también por los aspectos
didácticos de la enseñanza universitaria y de la divulgación científica. En ese sentido,
hizo una crítica fuerte con respecto a la corporación académica, a la que atribuía la
responsabilidad de haber favorecido y consolidado una representación unidireccional
del tiempo histórico, basada en un discurso teleológico y jerárquico de desarrollo
diacrónico, generalmente etnocéntrico y eurocéntrico. Era una posición polémica en
relación a las síntesis interpretativas de tipo historicista, consideradas como el producto
del denominado “sentido común historiográfico”, que envolvía todos los paradigmas
ideológicos, “liberal, marxista o socialdemócrata”64.
Como titular de la cátedra de Historia Moderna en la Facultad de Letras y
Filosofía de la Universidad de Génova, Grendi fue uno de los mayores protagonistas de
tales polémicas, que animaron varios números de la revista Quaderni storici entre 1979
y 1981. Se dirigió sobre todo contra el uso tradicional del manual didáctico de base (que
no quiso emplear en sus cursos, porque lo consideraba un instrumento obsoleto), contra
el alejamiento, en el nivel académico, entre enseñanza y actividad de investigación, y
contra la persistencia, epistemológicamente perjudicial, de “arquetipos historiográficos
desaparecidos”65.
Sus propuestas didácticas encontraron un eco significativo, a partir de 1989, con
la realización del Seminario permanente de Storia Locale, paralelo al curso institucional
y organizado con algunos colegas del Departamento de Historia Moderna y
Contemporánea de la Universidad de Génova. Este seminario de historia local
representaba, de acuerdo con Grendi, un importante momento de confrontación entre las
actividades de enseñanza y de investigación, donde él podía estimular la implicación
directa de los estudiantes en el análisis de las fuentes y en el debate historiográfico
sobre los temas propuestos66.
La pasión de Grendi por la historia local había madurado durante su estancia en
Inglaterra, donde esta disciplina, desde la posguerra, había encontrado la propia
legitimación también en el nivel académico, sobre todo en la Universidad de Leicester.
En el contexto británico, la historia local era considerada una alternativa viable a la gran
historia nacional, que no siempre había sido capaz de revelar las informaciones más
importantes para el conocimiento de los pueblos y de los territorios ocupados por ellos.
Aquellos que se dedicaban a English local History, en ese sentido, tenían que investigar,
sobre todo, sobre los asuntos económicos, para reconstruir las actividades por las cuales
los hombres del pasado alcanzaban lo necesario para sobrevivir 67. En este sentido, a
través del impulso de Herbert Finberg, William George Hoskins y Oliver Rackham, se
daba gran importancia al enfoque topográfico, basado en la investigación de campo
(field work) y en la “conexión con el espacio físico”68.
Se trataba de una propuesta que Grendi compartía y a la que dedicó mucho
tiempo en el marco de su seminario genovés. No estaba en juego sólo un problema de
escala de observación, sino también un problema de construcción de un nuevo modelo
analítico del territorio, para que las disciplinas más tradicionales, relacionadas con la
historia de las comunidades, con la historia regional o con la historia de los antiguos
Estados (modelo predominante en las universidades italianas), fueran consideradas
superadas. De acuerdo con Grendi, sólo un abordaje topográfico, así como el propuesto
por la escuela inglesa, podía permitir una contextualización refinada del territorio,
“identificado precisamente en sus límites, pero también estudiado en la variedad de los
elementos materiales presentes a su interior”, a través del cruce entre disciplinas
diferentes, tales como la geografía, la arqueología y la historia 69. El propósito era
interpretar el territorio y sus elementos materiales (mencionemos, sus confines) como el
producto de interrelaciones sociales y fenómenos culturales, analizando la relativa
dialéctica, basada en “conflictos vinculados a la activación de los recursos”: era el
intento, típicamente, “Grendiano”, de relacionar morfología social y contextualización
topográfica70.
Por lo tanto desde esa perspectiva, el trabajo de los historiadores no tenía que
basarse sólo en las fuentes escritas, sino también en los materiales, detectables en el
paisaje local y en los relativos elementos a las formas de ocupación del espacio, de los
artefactos urbanos y rurales, de las representaciones iconográficas y cartográficas -todo
ello podía contribuir a la renovación de la historia local como norma modélica, así como
a la integración “entre conocimiento del territorio y de la sociedad territorial, entre
historia y estudios del territorio”71.
En ese sentido, en los cursos del Seminario permanente de Storia Locale se
enfrentaron y cruzaron varios asuntos, con el objetivo de corregir el “analfabetismo
visual” de la historiografía tradicional: la genealogía, la historia jurisdiccional local, la
sabiduría agronómica, la arqueología, el conocimiento de las prácticas constructivas y el
estudio de los productos artísticos, que no eran más que considerados en su aspecto
exterior, técnico o alegórico. Era la historia que se tornaba ecistica storica [erística
histórica], es decir, “eco-historia”72, aunque Grendi nunca había usado esos términos.
Las propuestas provenientes de la Universidad de Leicester y reelaboradas en el
seminario genovés permitieron a Grendi profundizar sus propias reflexiones, hasta la
publicación, en 1996, del libro Storia di una storia locale, centrado en la “experiencia
lígure”. Un trabajo en el que se desarrollaron críticas epistemológicas importantes para
con la denominada “historia patria”, modelo nacido en el curso del siglo XIX y aún muy
en boga en Italia. Grendi apreciaba su pluralidad de intereses por tipologías
documentales heterogéneas (ligadas también a la numismática, a los códigos, a los
pergaminos, a las ilustraciones y a los pequeños objetos de arte y artesanía), así como su
libertad de aquellas “jerarquías de las relevancias” que paralizaban el sistema
académico italiano. La “historia patria”, sin embargo, tenía el límite de presentarse
como una simple disciplina “coleccionista y clasificatoria”, ajena al problema de la
contextualización de la producción documental y al abordaje topográfico propuesto por
la escuela inglesa. Además, ella seguía existiendo como una disciplina para
historiadores no profesionales, sin conseguir relacionarse con el mundo universitario
italiano, a su vez cerrado a los estímulos externos y aún insensible ante los progresos
posibles de la historia local73.
Frente a estos obstáculos, para Grendi fue mucho más fácil y espontáneo
dialogar con el mundo universitario británico, al que siempre estuvo ligado por
relaciones de fecunda colaboración científica y didáctica. Una muestra de ello está
representado por las visitas anuales a la Universidad de Nottingham, donde se
realizaban varias investigaciones en el campo, basadas en el abordaje topográfico con
respecto a la historia local; y precisamente en la ocasión de uno de esos eventos, en
1999, Grendi falleció imprevisiblemente, víctima de un ataque al corazón, poco antes de
comenzar una conferencia dedicada al paisaje ligure74.
Conclusiones
Es practicamente banal afirmar que Edoardo Grendi ocupó un lugar destacado en
el contexto académico italiano entre los años 1970 y 1990, siendo un historiador capaz
de encuadrar las propias reflexiones epistemológicas en el debate científico
internacional. Su sensibilidad por el diálogo interdisciplinario lo llevó a enfrentarse,
también de manera polémica, con algunas de las mayores figuras de la historiografía y
de las ciencias sociales de su tiempo, tales como Edward P. Thompson, Eric
Hobsbawm, Natalie Zemon Davis, Karl Polanyi y Clifford Geertz, y también con los
estudiosos más cercanos a la Escuela de los Annales. Esto le permitió unir investigación
de archivo y teoría metodológica, ofreciendo contribuciones que eran “sociológicas,
antropológicas y (más raramente) económicas, al mismo tiempo que eran históricas”75.
Su trabajo, con certeza, encontró numerosas voces discordantes, algunas de las
cuales lo acusaron de dedicarse a una historia local poco representativa, o de
desinteresarse excesivamente de los grandes acontecimientos de la historia política.
Muchas propuestas asociadas al nombre de Grendi marcaron, en Italia, un momento de
discusión incluso provocativo, pues ellas se presentaban como un modelo alternativo a
las impostaciones historiográficas hasta entonces predominantes (en primer lugar,
aquellas de orientación marxista). De acuerdo con Osvaldo Raggio y Angelo Torre,
“Grendi intentó reconstruir la sociedad y las culturas del pasado por medio de un prisma
inusual”, provocando “un fuerte efecto de desorientación” y recibiendo,
consecuentemente, sino no siempre justamente, varias críticas y objeciones76.
También es cierto que algunos conceptos básicos de su propuesta metodológica
no se han aclarado suficientemente, ni han encontrado una explicación adecuada a
través de contribuciones específicas. Sus discusiones sobre la micro-historia quedaron
expuestas, sobre todo, en textos de carácter teórico y metodológico, más que en trabajos
concretos de investigación archivística. Por consiguiente, el plan propositivo y el plan
empírico de su producción quedaron, muchas veces, separados, sin mostrar una real
influencia recíproca en términos de aplicación. En particular, su idea de enfoque
topográfico no logró respetar los intentos programáticos y terminó siendo empleada en
trabajos de investigación tradicional en los archivos, carente de una actitud
verdaderamente “eco-histórica”.
El paradigma del “excepcional normal” tampoco fue sondeado en todas sus
posibilidades epistemológicas, a tal punto que su interpretación originó varios
malentendidos. Este paradigma, que de acuerdo con Grendi, “fue sin la menor duda
subestimado”77 –tal vez ha sido excesivamente focalizado en el uso de las fuentes
jurisdiccionales, sin favorecer una reflexión profunda sobre el problema de las series
archivísticas y sobre la importancia de la comparación analógica de contextos
documentales diferentes.
Globalmente, sin embargo, la propuesta teórica y la producción científica de
Grendi merecen ser destacadas claramente en el contexto de la micro-historia italiana y
en las reconsideraciones que de ella se continúan efectuando por la historiografía
internacional. Ya ha sido citado el libro que él escribiera sobre la familia Balbi, allí
radica un caso, que puede constituir un buen punto de partida para intentar utilizar el
método microanalítico en perspectiva transnacional y para relacionar la micro-historia
local (cualitativa e individual) con la macro-historia global (cuantitativa y serial).
Dentro del actual panorama historiográfico, caracterizado por un verdadero
global turn, uno de los desafíos más prometedores desde el punto de vista
epistemológico es precisamente aquel de enfrentar asuntos de tipo extralocal por medio
de microanálisis circunscritos. En este sentido, el enfoque biográfico y también el
prosopográfico, pueden ofrecer posibilidades interesantes para una nueva micro-historia
global, permitiendo resituar vidas individuales y relaciones sociales dentro de contextos
translocales, para destacar la capacidad de acción de las personas (agency) y el
sincretismo cultural que siempre existió en la historia, a pesar de las barreras
geográficas, lingüísticas y religiosas78.
Se trata, pues, de reconstruir verdaderas biografías micro-históricas en
movimiento, lo que Grendi supo anticipar, al menos en cierta medida, en el libro sobre
los Balbi, relacionando la dimensión internacional y aquella local de los intereses
económicos y de los lazos culturales de esa familia. En esa misma lógica de
reevaluación de los encuentros transculturales en la historia –encuentros interculturales
(cross-cultural encounters), típicos del cosmopolitismo comunitario (communitarian
cosmopolitanism) de algunos grupos particulares, por caso los mercaderes, los esclavos
y los judíos79– que el método microanalítico puede tener un futuro fecundo frente a la
vuelta global del debate historiográfico.
Es también por estas razones que el papel de Grendi merece destacarse
específicamente en el contexto de la micro-historia italiana y en sus actuales
evaluaciones internacionales. Analizando retrospectivamente sus trabajos, es posible ver
que ellos se colocan en el mismo plano de aquellos de Levi y de Ginzburg, además de la
separación entre micro-historia social y micro-historia cultural en el ámbito de la cual
tales historiadores fueron apresuradamente insertados. Por medio de instrumentos
diferentes, con intereses y sensibilidades diferentes, esos tres fundadores de la micro-
historia italiana fueron protagonistas de la misma batalla, aquella relativa a la
“representación de la realidad” del pasado, es decir, a las posibilidades concretas del
conocimiento histórico.
**
Matteo Giulu, “Morfologia social e contextualização topográfica: a micro-história de Edoardo Grendi” en Revista
Brasileira de História, Vol. 37, Nro. 76, setembro- dezembro 2017, pp. 137-162. Traducido del portugués por Miguel
Ángel Ochoa.
11
Carlo Ginzburg, Il formaggio e i vermi: il cosmo di un mugnaio del Cinquecento, Torino, Einaudi, 1976.
22
Giovanni Levi, L’eredità immateriale: carriera di un esorcista nel Piemonte del Seicento, Torino, Einaudi, 1985.
33
Osvaldo Raggio, “Bibliografia degli scritti di Edoardo Grendi” en Quaderni storici, Vol.105, Nro. 3, 2000, pp. 823-
834.
44
Hebe Castro, “História social” en Ciro F. Cardoso – Ronaldo Vainfas (Org.) Domínios da História: ensaios de teoria
e metodología, Rio de Janeiro, Campus, 1997, pp.76-96; Sandra J. Pesavento, “O corpo e a alma do mundo. A micro-
história e a construção do pasado” en História Unisinos, Vol. 8, Nro. 10, 2004, pp.179-189; Ligia B. de Mendoça,
“Entre leões e caçadores: a micro-história como aporte teórico-metodológico para (na) história da educação brasileira”
en Congreso Brasileiro de História da Educaçao, Aracaju, 2008, pp. 1-21; José Carlos da S. Cardozo, “Reflexões
sobre a abordagem macro e micro na História” en Mneme. Revista de humanidades, Vol. 11, Nro. 28, 2010, pp. 31-46;
Eder da Silva Silveira, “Estudo de caso e micro-história: distanciamentos, características e aproximações” en Revista
Eletrônica História em Reflexão, Vol. 4, Nro. 8, 2010, pp.1-10; Sérgio Ricardo Coutinho, “Por uma micro-história pós-
metafísica. As posibilidades do agir comunicativo em estudos de ‘história ao rés-do-chão’” en Revista de Teoria da
História, Vol 5, Nro. 1, 2011, pp. 83-117; Ronen Man, “La microhistoria como referente teórico-metodológico. Un
recorrido por sus vertientes y debates conceptuales” en Historia Actual Online, Nro. 30, 2013, pp. 167-173; Eulalia
Hernández Ciro, “Microhistoria italiana, antropología y archivos judiciales” en Historia y Sociedad, Nro. 30, 2016, pp.
75-104.
55
Algunas de las imprecisiones sostenidas son: Vainas plantea el surgimiento de la micro-historia en la década de 1980,
relacionándolo casi exclusivamente con la crisis de la historia de las mentalidades (“el recorrido que vimos reconstruir
de la historia de las mentalidades a la historia cultural es de suma importancia para la localización de la génesis de la
‘micro-historia’”) y sobretodo, de forma imprecisa, a la difusión de la colección Microstorie de la editorial turinesa
Einaudi (“la micro-historia –la italiana Microstorie– surgió en la década de 1980 como iniciativa editorial de Einaudi,
antes de ser un género o una corriente historiográfica”). Ronaldo Vainfas, Os Protagonistas Anônimos da História:
micro-história, Rio de Janeiro, Campus, 2002, pp. 68-75, 105-116, 152.
66
Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Invitación a otra microhistoria: la microhistoria italiana” en Historica, Vol. 27, Nro.
2, 2003, pp. 283- 317; Carlos Antonio Aguirre Rojas, Micro-história italiana: modo de uso, Londrina, Eduel, 2012, pp.
50-91.
77
Darío Gabriel Barriera (comp.), Ensayos sobre microhistoria, Morelia, Red Utopía, 2002, pp. 7-59.
88
Carla Maria C. de Almeida – Mônica R. de Olivera (Org.) Exercícios de micro-história, Rio de Janeiro, Ed. FGV,
2009, pp. 19-49.
99
Henrique Espada Lima “E. P. Thompson e a micro-história: trocas historiográficas na seara da história social” en
Esboços, Vol. 11, Nro. 12, 2004, pp. 53-74; Henrique Espada Lima, A micro-história italiana: escalas, indícios e
singularidades, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 2006, pp. 153-223.
1010
Vittorio Tigrino, “La vocazione alla contestualità. Ricerca e didattica in Edoardo Grendi (1932-1999)”, 2011,
[Link]
1111
“En Grendi, el deseo fortísimo de comunicarse enfrentaba obstáculos de todo género que él mismo interponía a la
comunicación. La dificultad de su estilo, en el cual los anglicismos se mezclaban con genovesismos de algunos siglos,
era legendaria (...) Pero el eco de su enseñanza y de sus escritos, programáticos o no, fue profundo. Ellos contribuyeron
de manera decisiva a la elaboración del proyecto micro-histórico”. Fue Carlo Ginzburg quien lo recordara en el prefacio
al libro La micro-historia italiana, Henrique Espada Lima, A micro-história italiana…, pp. 9-12.
1212
Michel de Certeau, L’écriture de l’histoire, Paris, Gallimard, 1975, pp. 63-65.
1313
Elena Hernández Sandoica, Los caminos de la historia: cuestiones de historiografía y método, Madrid, Síntesis,
1995; Luciano Allegra, “Ancora a proposito di micro-macro” en Paola Lanaro (a cura di), Microstoria: a venticinque
anni da L’eredità immateriale, Milano, FrancoAngeli, 2011, pp.59-68; Anaclet Pons – Justo Serna, Cómo se escribe la
microhistoria: ensayo sobre Carlo Ginzburg, Madrid, Cátedra, 2000; Anaclet Pons – Justo Serna, “Nota sobre la
microhistoria. ¿No habrá llegado el momento de parar?” en Pasado y memoria. Revista de Historia Contemporánea,
Nro. 3, 2004, pp. 255-263; Tonio Andrade, “A Chinese Farmer, Two African Boys, and a Warlord: Toward a Global
Microhistory” en Journal of World History, Vol. 21, Nro. 4, 2011, pp.573-591; Francesca Trivellato, “Is There a Future
for Italian Microhistory in the Age of Global History?” en California Italian Studies, Vol. 2, Nro. 1, 2011, pp.1-24;
Christian G. De Vito, “Verso una microstoria translocale (Micro-spatial history)” en Quaderni storici, Vol. 150, Nro. 3,
2015, pp. 815-833; Henrique Espada Lima, “No baú de Augusto Mina: o micro e o global na história do trabalho” en
Topoi, Vol. 16, Nro. 31, 2015, pp. 571-595.
1414
Ralph Miliband, Parliamentary Socialism: A Study in the Politics of Labour, London, George Allen & Unwin,
1961; Eric John Hobsbawm, Labouring Men: Studies in the History of Labour, London, Weidenfeld and Nicolson,
1964.
1515
Edoardo Grendi, L’avvento del laburismo: il movimento operaio inglese dal 1880 al 1920, Milano, Feltrinelli, 1964.
1616
Henrique Espada Lima, A micro-história italiana…, pp.154-163; Vittorio Tigrino, “La vocazione alla
contestualità…”, Op. Cit.; Osvaldo Raggio, “Microstoria e microstorie” en Enciclopedia Italiana di Scienze, Roma,
Istituto della Enciclopedia Italiana, 2013.
1717
Paolo Palumbo, “Le dialettiche della microstoria. Edoardo Grendi e l’interdisciplinarità nel mestiere dello storico”
en Balbisei. Ricerche Storiche Genovesi, Nro. 0, 2004, p. 2.
1818
Edoardo Grendi, L’avvento del laburismo…, pp. 24-30.
1919
Chris Wickham, “Edoardo Grendi e la cultura materiale” en Quaderni storici, Vol. 110, Nro. 2, 2002, pp. 323-332;
Osvaldo Raggio – Angelo Torre, In altri termini: etnografia e storia di una società di antico regime, Milano,
Feltrinelli, 2004, pp. 5-38.
2020
Henrique Espada Lima, A micro-história italiana…, pp. 163-173.
2121
Edward P. Thopmson, The Making of the English Working Class, London, Victor Gollancz, 1963; Edoardo Grendi,
“E.P. Thompson e la ‘cultura plebea’” en Quaderni storici, Vol. 85, Nro. 1, 1994, pp. 235-247.
2222
Edoardo Grendi, “Una prospettiva per la storia del movimento operaio” en Quaderni storici, Vol. 20, Nro. 2, 1972,
pp. 597-618; Giuseppeta Berta, “Una prospettiva per la storia del movimento operaio: Edoardo Grendi e il laburismo”
en Quaderni storici, Vol. 110, Nro. 2, 200 pp. 553-561.
2323
Asa Briggs (comp.) Chartist Studies, London, Macmillan and Co., 1959.
2424
Paolo Palumbo, “Le dialettiche della microstoria…”, Op. Cit.; Vittorio Tigrino, “La vocazione alla contestualità…”,
Op. Cit.
2525
Edoardo Grendi, Introduzione alla storia moderna della Repubblica di Genova, Genova, Fratelli Bozzi, 1973, pp.
42-43; Osvaldo Raggio, “La storia come pratica. Omaggio a Edoardo Grendi (1932-1999)” en Quaderni storici, Vol.
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2626
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2727
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1981, Vol. 1, pp. 14-75; Paul-André Rosental, “Construire le ‘macro’ par le ‘micro’: Fredrik Barth et la microstoria” en
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2828
Edoardo Grendi, Introduzione alla storia moderna…, p. 213; Osvaldo Raggio, Faide e parentele: lo stato genovese
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2929
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3030
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Nro. 1, 1999, pp. 13-29.
3131
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3232
Ibíd., p. 21.
3333
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pp. 1-18; Henrique E. Lima, A micro-história italiana…, pp. 174-187.
3434
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dall’antropologia economica alla microanalisi storica, Milano, Etas Libri, 1978; Carlo Ginzburg, “Microstoria: due o
tre cose che so di lei” en Quaderni storici, Vol. 86, Nro. 2, 1994, pp. 511-539; Osvaldo Raggio – Angelo Torre, In altri
termini…, pp. 5-38; Osvaldo Raggio, “Microhistorical Approaches to the History of Liguria: From Microanalysis to
Local History. Edoardo Grendi’s Achievements” en Ross Balzaretti – Mark Pearce – Charles Watkins (dirs.), Ligurian
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Research Institute, 2004, pp. 97-104.
3535
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3636
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3737
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3838
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729-737; Carlo Ginzburg – Carlo Poni, “Il nome e il come: scambio ineguale e mercato storiografico” en Quaderni
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3939
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4242
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4343
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4444
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(and a Few Reflections)” en Netværk for Historieteori og Historiografi, Nro. 3, 2000, pp.28-40; Carlos Antonio Aguirre
Rojas, “Invitación a otra microhistoria: la microhistoria italiana” en Op. Cit.; Sigundur G. Magnússon, “Social History
as ‘Sites of Memory?’. The Institutionalization of History: Microhistory and the Grand Narrative” en Journal of Social
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4545
Giovanni Levi, “I pericoli del geertzismo” en Quaderni storici, Vol. 58, Nro. 1, 1985, pp. 269-277; Edoardo Grendi,
“Storia sociale e storia interpretativa” en Quaderni storici, Vol. 61, Nro. 1, 1986, pp. 201-210.
4646
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4747
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Settecento, Torino, Einaudi, 1981 (edición a cargo de Edoardo Grendi); Paolo Palumbo, “Le dialettiche della
microstoria. Edoardo Grendi e l’interdisciplinarità nel mestiere dello storico” en Op. Cit., pp. 13-14; Henrique Espada
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4848
Winfried Schulze, “Mikrohistorie versus Makrohistorie? Anmerkungen zu einem aktuellen Thema” en Christian
Meier –Jörn Rüsen, Theorie der Geschichte: Beiträge zur Historik. 5. Historische Methode, München, Deutscher
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