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Evolución de los Derechos Humanos en México

Este documento trata sobre la historia de los sistemas de protección de los derechos humanos en México. Detalla los antecedentes desde la época de la colonización, la independencia y las constituciones de 1857 y 1917, donde se incorporaron las garantías individuales. También describe brevemente la creación de instituciones como la Comisión Nacional de Derechos Humanos en 1990 y la reforma constitucional de 2011 que cambió el término 'garantías individuales' por 'derechos humanos'.

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Evolución de los Derechos Humanos en México

Este documento trata sobre la historia de los sistemas de protección de los derechos humanos en México. Detalla los antecedentes desde la época de la colonización, la independencia y las constituciones de 1857 y 1917, donde se incorporaron las garantías individuales. También describe brevemente la creación de instituciones como la Comisión Nacional de Derechos Humanos en 1990 y la reforma constitucional de 2011 que cambió el término 'garantías individuales' por 'derechos humanos'.

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2.

Historia de los sistemas de protección de los


derechos humanos en México
 J Julio Esteban López Ruiz

 37 minutos de lectura

Epígrafe “En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también
tiene deberes y responsabilidades es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los
políticos.”

“Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida por el
hombre contra la crueldad del hombre.” Mahatma Gandhi.

00:08/01:53éxico: la máxima autoridad judicial dictaminó que penalizar el aborto es inconstitucional

1. Introducción
Con motivo de los debates que se han efectuado en México, con la implementación de los derechos
humanos internacionales a la constitución del Estado mexicano, en la que se ve obligado a
garantizar siempre los derechos humanos intrínsecos del hombre, respetando la dignidad del
mismo, frente aún gobierno desenfrenado, que puede perjudicar al gobernado, afectando
directamente o indirectamente su esfera jurídica, por lo que me he cuestionado si en realidad el
sistema jurídico mexicano ofrece algún mecanismo eficaz de protección de los derechos humanos,
no solo de corte individual, como serían los derechos de propiedad, de libertad, de igualdad, de
seguridad jurídica o políticos, sino además de aquéllos derechos de corte social, como serían los
culturales y sociales.

En ese sentido el juicio de amparo permite tutelar la mayoría de los derechos de corte individual; sin
embargo, no sucede lo mismo con los derechos políticos, sociales y culturales, pues el primero de
ellos ha sido vedado por la legislación mexicana al conocimiento del juicio de amparo y, los últimos,
encubriendo limitaciones de tipo presupuestal, se alegan impedimentos sustantivos y procesales
para negar el acceso a esta forma de protección de estos derechos fundamentales vía juicio de
amparo, y la intromisión de la aplicación de convenios y tratados internacionales a favor del
garantista mexicano, asimismo observaremos los antecedentes en México de la protección de los
derechos humanos, anteriormente denominadas garantías individuales, y en base a la reforma, los
nuevos paradigmas de los derechos humanos.

Por ello, en estas líneas pretenderé estructurar un razonamiento que sirva de apoyo para plantear
ante la justicia constitucional mexicana el juicio de amparo, como medio de defensa no solo de los
derechos humanos de tipo individual, malamente llamados “garantías individuales”, sino además de
los derechos humanos de carácter económicos, sociales, culturales e incluso políticos, humanos en
el ámbito internacional que hoy en día la reforma constitucional prevé la desaplicación de leyes
federales para la aplicación de convenios, tratados internacionales, en la que se apliquen derechos
humanos, “hablamos del instrumento de convencionalidad, y bloque constitucional”, principios que
contempla en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

1
1.1- Estatus de los derechos humanos en México
En México los Derechos Humanos se reconocen constitucionalmente en la reforma a su Carta
Magna el 10 de junio del 2011, incorporándolos en su artículo primero y elevando a nivel
constitucional la tutela de estos.

2.- Antecedentes. Los derechos humanos en la


historia de México
Los Derechos Humanos pueden apreciarse en la historia de México, desde el momento en que los
indígenas nativos, son defendidos de los abusos que contra ellos cometían los colonizadores
peninsulares. Fray Bartolomé de las Casas y Fray Alonso de la Vera Cruz, se conmovieron al ver
que las arbitrariedades de los colonizadores no tenían ninguna justificación, por lo que optaron por
defender los derechos de los “naturales” considerándolos como sujetos mismos, como sus iguales.

Las Leyes de Indias, tenían como finalidad la protección de los naturales a través de Encomiendas,
figura que fue desvirtuada por los encomenderos, quienes lejos de tomar bajo su protección a los
indígenas, los explotaban y disponían de ellos como si fueran cosas y no personas.

Ya en 1847, con la vigencia del México independiente, nace en San Luis Potosí, siendo gobernador
Ponciano Arriaga, la llamada Procuraduría de los Pobres, que tuvo como acción principal, ocuparse
de las personas de clase social baja que hubieran sufrido agravios por alguna autoridad, además de
contar con facultades para denunciar y solicitar la reparación del daño que correspondiera.14

En la Península de Yucatán en su descontento por el régimen centralista enmarcado en la entonces


vigente Constitución de 1836, comúnmente conocida como Las Siete Leyes de 1836 amenazó con
su intención de separarse de la República mexicana. Con la consiguiente preocupación, se le
otorgó la facultad de legislar su propio régimen jurídico, como si se tratase de un Estado federalista
dando origen a la Constitución de Yucatán del 31 de marzo de 1841.

Esta constitución tuvo a bien recoger un proyecto en el artículo 53, elaborado por Manuel
Crescencio Rejón, que expresaba textualmente: «Corresponde a este tribunal [la Corte Suprema de
Justicia] reunido: 1º. Amparar en el goce de sus derechos a los que pidan su protección contra las
providencias del Gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ellas se hubiese infringido el Código
Fundamental o las leyes, limitándose en ambos casos a reparar el agravio en la parte que
procediere».

Posteriormente y gracias a la colaboración de Mariano Otero, el Juicio de Amparo se plasmó, sobre


el artículo 25 del Acta de Reformas 1847, con lo que se estableció este juicio a nivel Federal, para
después plasmarse en la Constitución Federal de 1857 y 60 años más tarde en la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, que actualmente sigue vigente en el país. 15

En esa misma Constitución de 1857 se instituyen en el Título I Sección I llamada De los Derechos
del Hombre, 29 artículos que trataban de el derecho a la libertad, a la enseñanza, a la justa
retribución por el trabajo, a la libre manifestación de las ideas, la libertad de escribir o publicar, el
derecho de petición, el de reunión y asociación pacíficas, el libre tránsito, no ser molestado sin que
exista previamente motivación judicial, las garantías para el acusado de un delito, a la propiedad
personal, entre otros.

Con la entrada en vigor de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, se
instituyen en su Título Primero llamado De las Garantías Individuales, 38 artículos que tratan de la
obligatoriedad de su cumplimiento, del derecho a la libertad, a la educación, de la igualdad entre
ambos sexos, a la libre profesión, a la libre manifestación de las ideas, a publicar o escribir, del
derecho de petición, de libre asociación o reunión, al libre tránsito, del derecho a ser juzgado, a no
verse afectado por la retroactividad de las leyes, a no ser molestado por autoridades sin previo
mandamiento de la autoridad competente, a las garantías dentro de un juicio, de la libertad
religiosa, el derecho a la nacionalidad, entre otros.

Fue hasta 1989 que se creó la Dirección General de Derechos Humanos de la Secretaría de
Gobernación del Poder Ejecutivo mexicano.

La creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos se registra en 1990 y surge el


Ombudsman nacional por decreto emitido por el Presidente de la República, con la aprobación del
Senado, celebrándose su primer sesión el 18 de junio de ese mismo año 16 ; sin embargo, el 13 de
septiembre de 1999 se estableció que el Presidente de la Comisión Nacional de Derechos
Humanos (CNDH) será elegido por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes del
Senado y durará en su cargo cinco años, pudiendo ser reelecto una sola vez.

En el texto original de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 los
llamados derechos humanos aparecen con el nombre de garantías individuales, lo que a la postre lo
haría en apariencia no estar homologados a los derechos humanos que se firmarían en los diversos
tratados internacionales, por lo que el 10 de junio de 2011 se publica reforma constitucional que
cambia el título del Título Primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de
1917, para sustituir: De las Garantías Individuales, por: De los Derechos Humanos y sus Garantías.

Esta nueva afirmación de los derechos humanos en la Constitución se considera enormemente


significativa, ya que consigue homologar con los derechos humanos que se promulgan
internacionalmente, ya que el término de garantías individuales no era utilizado internacionalmente,
lo que podía producir diferencias en su interpretación.

Estos primeros 38 artículos de la Constitución ha sufrido desde su promulgación inicial a la fecha,


125 reformas, que los han modificado sustancialmente.

A favor de la homologación del derecho mexicano, con el derecho internacional, fue la resolución de
la Corte que en junio de 2011, determinó que los jueces deben ejercer control de manera oficiosa,
de los derechos adquiridos por México a través de los tratados internacionales.

3. Los derechos humanos y la constitución


Los Derechos Humanos nacieron con la finalidad de reconocer las garantías a los seres humanos,
pero necesitaban todas éstas ideas plasmarse en un papel, con la finalidad de que éste fuera un
fundamento para la posterior y bien ejecución de lo que la ley dijera, se hiciera. Y que el propio
Estado reconociera esto como principio y los protegiera.

En sus inicios hubieron diversas cartas constitucionales, que motivaron la idea de defender los
Derechos Humanos, que éstos son las principales garantías con las que cuenta todo ser humano
solo por el hecho de nacer: derecho a la vida, la libertad, la dignidad, la igualdad, la seguridad, la
integridad física y la propiedad de ser humano.

La Constitución de 1917, nos abre un panorama extenso de los principales derechos de los
ciudadanos. los primeros 29 artículos de ésta Carta Magna, que son los derechos civiles, se
describen en lo siguientes enunciados:
Art. 1.” En los Estados Unidos Mexicanos, todas las personas gozarán de los derechos humanos
reconocidos en esta Constitución y en los Tratados internacionales de los que el Estado Mexicano
sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni
suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.”

Art. 2. Los derechos de los pueblos indígenas.

Art. 3. Todo individuo tiene derecho a recibir educación, laica y gratuita.

Art. 4. La equidad de los hombres y las mujeres será por igual, así como las garantías y derechos
de todo ser humano por buscar su protección y satisfacer sus necesidades de alimentación, techo,
seguridad y el Estado es su deber protegerlos y proporcionar estos servicios.

Art. 5. La libre elección de una profesión.

Art. 6. Derecho a las manifestaciones de ideas sin que haya coacción por parte del Estado sobre su
persona, siempre y cuando se actúe conforme a Derecho. Los ciudadanos tienen derecho a la
información.

Art. 7. Libertad de escritos sobre cualquier materia, sin cesura por parte de la autoridad.

Art.8. derecho de petición.

Art. 9. Derecho de asociación.

Art. 11. Derecho al libre tránsito de los ciudadanos dentro del territorio nacional.

Art. 16. Nadie puede ser molestado en su persona, familia, trabajo domicilio, papeles y posesiones,
así como el derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación
de los mismos.

Art. 24. Todo hombre es libre de profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar
las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo.

Art. 27. Derecho a la propiedad de las tierras. hora, vayamos a nuestra realidad, la relación Estado-
Individuo; veremos que lejos de ser de los mejores pactos o matrimonios es por sí solo una utopía
bien definida, los derechos humanos marcan los límites de acción que tiene el Estado hacia los
Individuos, sabemos que el estado se maneja por preceptos normativos, que lo delimita una ley y
que los individuos también deben seguir, para evitar el rompimiento de la línea de paz entre estos
dos entes. Pero ¿qué se puede hacer o con quién debe acudir cuando alguna de las partes antes
mencionadas tienen un conflicto entre sí?

4. El Ombudsman en México
Afortunadamente tras la reforma constitucional del 28 de enero de 1992 (art. 102 apartado B) fue
creada la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), órgano que aunque creado por el
Estado se le dio el poder de ser “agencia descentralizada” con personalidad jurídica propia.

Ahora bien, ¿de qué se encarga? ¿o cuál es misión? Se encarga de defender los Derechos en los
artículos que mencioné anteriormente y su misión es velar porque se cumplan.

La CNDH es una Institución Integral ya que: • Recibe la queja • Investiga las causas de la violación
de derechos • Formula recomendaciones públicas sobre la denuncia y la queja con la autoridad
competente. • Procura la conciliación entre los quejosos. • Tiene el carácter de impulsar la
observancia de los derechos humanos en México y tiene programas de prevención del delito.

5. Derechos humanos y grupos vulnerables


En México los Derechos Humanos constituyen uno de los ejes sobre los que descansa el Estado de
Derecho, los cuales han ido abriéndose paso con la participación de las diversas fuerzas políticas y
sociales. En este contexto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) juega un papel
determinante, porque tienen a su cargo, precisamente, la protección de esos derechos.17

La CNDH define a los Derechos Humanos como el conjunto de prerrogativas inherentes a la


naturaleza de la persona, cuya realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral
del individuo que vive en una sociedad jurídicamente organizada. Estos derechos, establecidos en
la Constitución y en las leyes, deben ser reconocidos y garantizados por el Estado.18

El reconocimiento de la diversidad cultural como rasgo inherente a la humanidad constituye un


potente argumento que ha condicionado el alcance de los Derechos Humanos. En efecto, desde la
década de los noventa se ha acentuado el debate acerca de la protección internacional de los
Derechos Humanos y del reconocimiento de las peculiaridades nacionales. La crítica al
universalismo y la quiebra del consenso ha quedado de manifiesto en el seno mismo de la
Organización de las Naciones Unidas, la cual acordó en la Declaración de Viena que:

La comunidad internacional debe tratar los Derechos Humanos en forma global y de manera justa y
equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso. Debe tenerse en cuenta la
importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios
históricos, culturales y religiosos, pero los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas
políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los Derechos Humanos y las
libertades fundamentales (Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, Viena, del 14 al 25 de
junio de 1993).

La lucha por la defensa y promoción de los Derechos Humanos se enfoca de manera preferencial a
las personas y grupos vulnerables.

El concepto de vulnerabilidad se aplica a aquellos sectores o grupos de la población que por su


condición de edad, sexo, estado civil y origen étnico se encuentran en condición de riesgo que les
impide incorporarse al desarrollo y acceder a mejores condiciones de bienestar.20

Durante la última década la atención a grupos vulnerables, ocupa un espacio creciente en las
agendas legislativas de las políticas públicas, con especial atención a los procesos de
vulnerabilidad social de las familias, grupos y personas. México participa en el objetivo universal de
difundir y proteger el pleno goce de los derechos humanos. Por eso ha promovido la creación de
organismos que se encargan de velar por ellos, tanto en el orden federal como en los estados de la
República.

Es por ello que en el Plan Nacional de Desarrollo (PND 2013-2018) incluye dentro de sus diversos
objetivos y estrategias uno que está encaminado a priorizar la atención de grupos vulnerables para
prevenir la violación de sus derechos humanos. Asegurar el respeto a los derechos humanos
constituye una tarea que no solamente implica la restitución en el goce de tales derechos, sino
desarrollar esquemas mediante los cuales sea posible prevenir su violación.21

DERECHOS HUMANOS EN MEXICO PRINCIPIO PRO HOMINE La definición del principio PRO
HOMINE, se define de la siguiente manera «implica que la interpretación jurídica siempre debe
buscar el mayor beneficio para el hombre, es decir, que debe acudirse a la norma más amplia o a la
interpretación extensiva cuando se trata de derechos protegidos y, por el contrario, a la norma o a la
interpretación más restringida, cuando se trata de establecer límites a su ejercicio» Principio pro
homine.

En esta nueva reforma del artículo primero de nuestra constitución política, la cuál es un cambio
trascendente en materia de derechos humanos, puesto que se busca dar prioridad al principio pro
homine el cual es en favor de la persona, es decir que en la interpretación en materia de derechos
humanos se respetara en orden supremo el que beneficie más a la persona, sea el caso de la
constitución o de tratados internacionales de los cuáles México sea parte, esto da una protección
más amplia. cabe destacar también que el artículo primero incluye una cláusula de integración de
los derechos humanos, y que cualquier derecho humano que no esté contenido en la constitución
política, serán considerados como incluidos, es decir que si en la constitución no viene expresado la
protección de un derecho humano y en un tratado si, se le interpretará de acuerdo al tratado
internacional. De ahí la importancia de crear organismos que se encarguen de la protección de los
derechos humanos, en México está la Comisión Nacional de Derechos Humanos la cuál debe
garantizar el cumplimiento y respeto de los mismos,a cualquier grupo vulnerable. Es un cambio de
los más grandes que el país ha experimentado en materia de derechos humanos pero hay que
seguir trabajando para lograr mayor protección y argumentar las controversias que se puedan
generar a nivel internacional siempre buscando la equidad y la protección del principio pro-persona.

6. El amparo como mecanismo de protección de


derechos humanos y no solo de garantías
individuales
El concepto de “Amparo”, según Fix-Zamudio [ii], debe ser asociado con la tutela de los derechos
humanos, ya que éste es el origen hispánico del vocablo y con dicho propósito fue creado no solo
en la Constitución Yucateca de 1841, sino desde el interdicto de amparo previsto por las Leyes de
Indias, el cual, según Jesús Ángel Arroyo Moreno [iii] era planteado ante los Virreyes o Capitanes
Generales, para proteger tanto la posesión de bienes, como derechos personales.

Sin embargo, cuando se considera la posibilidad de promover un juicio de amparo por violación a
derechos sociales, económicos, culturales o políticos previstos en la Constitución Mexicana, como
serían el derecho a la vivienda digna y decorosa, el derecho a la alimentación, el derecho a la salud,
el derecho a votar y ser votados, por ejemplo, surgen varias objeciones que se oponen a esta idea:

a. Primeramente se considera que los derechos sociales, económicos y culturales no son


justiciables, pues se trata de disposiciones meramente programáticas del Estado.
b. En segundo término, salta como impedimento procesal la redacción de la fracción I de los
artículos 103 Constitucional y 1° de la Ley de Amparo, según los cuales, “El juicio de amparo
procede solo por violación a garantías Individuales”.
c. De esta forma, si se parte del supuesto de que los derechos sociales, económicos y
culturales no son garantías individuales, no procede el juicio de amparo ante la violación de
tales derechos fundamentales.
d. Por otra parte se considera que permitir que el juicio de amparo sirviera de medio de
coacción al Estado para que cumpla con los derechos sociales que consagra la Constitución,
sería provocar un derrumbe del erario público, ya que resultaría sumamente costoso atender
las exigencias que se derivan de este tipo de derechos.
e. Mención especial merece la disposición expresa de la fracción VII de la ley de amparo,
reglamentaria de los artículos 103 y 107 de la Constitución Mexicana, según la cual este juicio
es improcedente contra las resoluciones o declaraciones de los organismos y autoridades en
materia electoral, lo que limita en grado extremo la protección de los derechos humanos de
corte político a través del amparo mexicano.

De esa forma, intentaré despejar cada una de estas objeciones que se formulan a la posibilidad de
reclamar mediante juicio de amparo, el respeto a los derechos sociales, económicos, culturales y
políticos.

7. Alcances de la fracción I del artículo 103 de la


constitución política de los estados unidos
mexicanos. (legislación anterior antes de la reforma
constitucional de junio de 2011 y de su ley
reglamentaria antes de dos de abril de 2013)
Como se expuso en líneas superiores, la fracción I del artículo 103 de la Constitución Federal y la
fracción I del artículo 1° de la Ley de Amparo, establecen que el juicio de amparo es procedente por
violación a las GARANTIAS INDIVIDUALES.

A partir de este supuesto, pareciera que este juicio constitucional no es apto para reclamar el
respeto a los derechos sociales, económicos y culturales que plantea la Constitución Federal. [iv]

Esto es así por que, aparentemente, tales derechos sociales no son Garantías Individuales.

Sin embargo, sería conveniente cuestionarnos qué debemos entender por garantías individuales, o
cuáles son las garantías individuales, o bien, dónde se encuentran éstas.

A primera impresión, la respuesta pareciera sencilla: “Las garantías individuales”, están contenidas
en el primer capítulo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, compuesto de 29
artículos.

Tal respuesta no es exacta, ya que en el capítulo primero de la Constitución Federal no están todos
los derechos fundamentales que conocemos como “garantías individuales”, ni todos los artículos
que integran el primer capítulo de la carta magna encierran derechos fundamentales, dicho de otra
forma, ni están todos los que son ni son todos los que están.

En efecto, si nos limitásemos a considerar que las “garantías individuales” son los derechos
previstos en el primer capítulo de la Constitución Mexicana, no podríamos por ejemplo, reclamar en
vía de amparo violaciones a los derechos laborales previstos por el artículo 123 de la ley
fundamental; tampoco podríamos reclamar a través del juicio de amparo la protección de la justicia
de la Unión contra el cobro de impuestos, alegando violaciones a los principios de justicia y equidad
que consagra el artículo 31 de la Constitución Federal.

De la misma forma, no todos los artículos que contiene el primer capítulo de la Constitución
Mexicana son propiamente derechos mínimos del individuo conocidos tradicionalmente como
“garantías individuales”. Así tenemos por ejemplo el artículo 27 que consagra un verdadero derecho
social, al regular el sistema de tenencia de la tierra, donde coexisten el régimen de propiedad
privada con el sistema ejidal y comunitario.

Tal confusión es provocada por la desafortunada denominación que se le da al primer capítulo de


nuestra ley fundamental, bajo el rubro “GARANTÍAS INDIVIDUALES”.
Para aclarar esta confusión es necesario establecer la diferencia entre Derecho Humano, Derecho
Fundamental y Garantía Individual.

Al respecto considera Miguel Carbonell [v] que el concepto de “garantía” no es equivalente al de un


derecho. Esto es así, por que el término garantía implica un mecanismo de aseguramiento o
protección de un derecho.

Así por ejemplo, en el derecho civil, la garantía sirve para asegurar el cumplimiento de una
obligación; en el derecho procesal, las medidas precautorias son garantías para ejecutar una
eventual sentencia favorable.

De lo anterior se desprende que el derecho consagrado en la ley puede tener instrumentos de


garantía.

En ese orden de ideas, utilizando un símil del derecho civil, no sería lo mismo el contenido de una
obligación (por ejemplo entregar el precio en la compraventa) que el mecanismo o garantía que las
partes acuerdan para hacer efectivo ese derecho.

De esa manera como ejemplo diremos que el artículo primero de la Constitución no es la “garantía
de igualdad”, sino el derecho fundamental de igualdad ante la ley; de igual modo el artículo 14 no es
la “garantía de audiencia”, sino el derecho fundamental de debido proceso.

Por ello, los derechos consagrados en la Constitución, tienen varios tipos de mecanismo tendientes
a asegurar el respeto de esos derechos. Tal es el caso del juicio de amparo que sirve para forzar a
la autoridad a que respete el derecho de audiencia, de libertad, de propiedad, de posesión, etc.

Ahora bien, la diferencia entre derechos humanos y derechos fundamentales, estriba en que los
últimos están previstos en las Constituciones y en los Tratados Internacionales; aparecen por
primera vez en Francia (droits fundamentaux) a finales del siglo XVIII dentro del movimiento que
culmina con la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.

En cambio, los derechos humanos, comprenden una categoría más amplia y que en síntesis, son
facultades inherentes a la condición humana, que por obvias, generalmente no está comprendidas
en los textos constitucionales.

De esa manera, debemos considerar que las facultades que consagra nuestra constitución a favor
de los gobernados no son garantía, sino derechos fundamentales.

Entonces si los derechos que consagra el primer capítulo no son “garantías individuales” sino
derechos fundamentales y si además, tales derechos están dispersos a lo largo del texto
constitucional, debemos preguntarnos: ¿A qué se refiere la fracción I del artículo 103 Constitucional
cuando establece la procedencia del juicio de amparo por violación a las “garantías individuales”?

Si consideramos que todo derecho fundamental debe estar recogido por “una disposición de
derecho fundamental” y que un precepto de este tipo es precisamente el enunciado previsto por la
constitución o en los tratados internacionales que “tipifican” esos derechos, concluimos que por
“garantías individuales” debemos entender todo derecho fundamental incorporado como tal en el
texto constitucional, o incluso, en los tratados internacionales que celebre el estado mexicano en los
términos que señala el artículo 133 de Constitución Mexicana.

Ahora bien, no solo una reflexión doctrinal nos lleva a tal conclusión, sino que la Suprema Corte de
Justicia de la Nación se ha pronunciado en el sentido de considerar que el juicio de amparo procede
por violación a los derechos fundamentales previstos en la Constitución. [vi]
De esa forma, la actual redacción de la fracción I del artículo 103 de la constitución mexicana, (que
es coincidente con la fracción I del artículo 1° de la Ley de Amparo,) no debería ser un impedimento
para plantear el juicio de amparo por violación a cualquier derecho fundamental, ya sea de corte
civil y político, o de corte social, como sería los derechos sociales, económicos y culturales
previstos.

Finalmente habrá que recordar que el Estado Mexicano ha celebrado mas de cincuenta Tratados
Internacionales en materia de Derechos humanos y su entrada en vigor exige de las partes, según
Carmona Tinoco [vii], a).- un deber genérico de respetar, proteger, satisfacer y garantizar los
derechos en ellos tutelados; b ).- la obligación de adecuar el ordenamiento interno a los fines del
tratado; c).- la obligación de modificar las pautas administrativas, para que sean congruentes con el
acuerdo; y d).- la necesidad de establecer políticas públicas que permitan la implementación del
tratado.

Si además tomamos en consideración que el artículo 8º de la Declaración Universal de los derechos


del Hombre, el artículo XVIII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre,
el artículo 2º fracción 3ª del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos de la
Organización de las Naciones Unidas y el artículo 25 de la Convención Americana sobre derechos
humanos establecen como derecho de toda persona el ocurrir ante órganos jurisdiccionales en
defensa de sus derechos, debiendo los estados proveer de un procedimiento ágil y eficaz que le
ampare por la violación a los derechos fundamentales consagrados en la Constitución, debemos
concluir necesariamente que el estado mexicano debe de contar con un procedimiento que proteja
a las personas no solo por violación a las “garantías individuales”, sino también de la trasgresión a
los derechos humanos previstos en los tratados celebrados en el concierto internacional.

Por ello, considero que a través del artículo 133 Constitucional, puede reclamarse a través del
amparo la violación a cualquiera de los derechos humanos previstos en los tratados de esta materia
celebrados por el Estado mexicano.

8. Mitos sobre los derechos sociales, económicos y


culturales
Ahora bien, en contra de la exigibilidad judicial de los derechos de tipo social, económicos y
culturales, se han construido una serie de argumentos o mitos, que considero no subsisten después
de una sencilla reflexión:

a). PRIMER MITO: LOS DERECHOS SOCIALES, ECONÓMICOS Y CULTURALES SON MERAS
NORMAS PROGRAMÁTICAS TENDIENTES A DIRIGIR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y POR ELLO
NO COMPRENDEN DERECHOS QUE LOS PARTICULARES PUEDAN EJERCER FRENTE AL
ESTADO.

Al respecto cabe aclarar que cualquier concepto de derecho lleva implícita la idea de exigibilidad, es
decir, no podemos concebir un derecho sin que exista alguien obligado a observarlo.

En ese orden de ideas debemos entender que si bien es cierto la Constitución Mexicana es un
documento político y por ello varias de sus disposiciones tienen por ello una redacción poco clara,
inspirada mas en factores políticos que jurídicos, también lo es que se trata de la “ley de leyes”, un
conjunto de disposiciones jurídicas que deben ser aplicadas, correspondiendo generalmente al
poder judicial precisar su alcance.
De esa forma, todos los derechos fundamentales establecidos en la Constitución Mexicana
encierran un derecho a favor del gobernado, que necesariamente se traduce en una obligación para
el poder público.

b).- SEGUNDO MITO: LOS DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS PUEDEN SER


PERFECTAMENTE EXIGIBLES AL ESTADO, POR QUE ÉSTOS SOLO IMPLICAN
OBLIGACIONES DE NO HACER, MIENTRAS QUE LOS DERECHOS SOCIALES, ECONÓMICOS
Y CULTURALES, IMPLICAN OBLIGACIONES DE HACER.

Es idea generalizada que el estado cumple con el derecho a la libertad no privando a nadie de ella;
cumple con el derecho a la propiedad no impidiendo su disfrute; que cumple con la libertad de
expresión no impidiendo que las personas se expresen, etc.; en cambio, hablando de derechos
sociales, económicos y culturales, para hacer efectivo el derecho a la vivienda el estado tendría que
dotar de casas a todos sus habitantes; para cumplir con el derecho a la alimentación, tendría que
dar de comer a todos, etc.

Tal concepción solo responde a una visión decimonónica del Estado Liberal, cuando al triunfo de la
revolución francesa, la preocupación principal era reivindicar al individuo de sus derechos mas
elementales, como eran el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la igualdad de
los hombres ante la ley, sin que en esa época hubiese preocupación alguna por tutelar derechos de
tipo social, ya que estas inquietudes empezaron a gestarse hasta mediados del siglo XIX y fueron
concretándose a lo largo del siglo XX.

En realidad, es verdad que el estado cumple con los derechos civiles y políticos absteniéndose de
impedir su goce; sin embargo, también debe llevar a cabo una serie de tareas que llevan como fin el
respeto a esos derechos.

Así por ejemplo, para respetar el derecho a la seguridad, debe establecer todo un sistema de
seguridad pública, creando cuerpos policíacos, estableciendo leyes que den un marco de
seguridad, construyendo y manteniendo cárceles.

Para respetar el derecho a la propiedad debe establecer todo un sistema registral y catastral que
permita identificar quién es el dueño de cada predio.

Para permitir el ejercicio del derecho a la justicia, el estado debe mantener todo un aparato de
procuración y administración de justicia.

Así pues, el respeto a los derechos civiles y políticos no solo implica una actitud negativa o
abstencionista del estado, sino que supone una postura activa, creativa, participativa del poder
público, que desde luego ocupa una parte muy importante del presupuesto del Estado.

Ahora bien, el respeto a los derechos sociales, económicos y culturales, como lo establecen Courtis
y Abramovich [viii] no solo implica proveer de satisfactores materiales a la población, sino que
además, el estado debe abstener de llevar a cabo políticas que impidan o estorben el goce de los
derechos sociales y por el contrario llevar a cabo acciones de gobierno (legislativas y
administrativas) que favorezcan el disfrute de este tipo de derechos.

De esa forma, el estado debe abstenerse de emitir una ley que provoque deterioro de la ecología,
que dificulte el derecho a la educación; que afecte a las viviendas, que lesione los procesos
productivos de alimentos, etc.

Por ello, resulta falso pretender que el respeto a los derechos civiles y políticos solo implica una
abstención del estado, mientras que el respeto a los derechos sociales supone una actuar del poder
público.
Finalmente, habría que entender que aún tratándose de conductas positivas del estado para
respetar los derechos sociales, éstas podrían ser de carácter administrativo, de planeación, que
favorezcan el respeto a este tipo de derechos.

En este último sentido, sí estaríamos hablando de normas de carácter programático tendientes a


regir las políticas públicas.

c).- TERCER MITO: EL CONDICIONANTE ECONÓMICO.

Sin tanto peso jurídico como los anteriores mitos, pero sí con mas contenido pragmático, se ha
llegado a considerar que resulta materialmente imposible que el Estado cumpla con todos los
derechos sociales plasmados en la Constitución, y más aún en los previstos en los tratados
internacionales, ya que presupuestalmente sería imposible dar vivienda a todo mundo, dar de
comer a todos, dar escuela a todos, etc.

Tal argumento parte de una visión sesgada de la realidad.

Efectivamente, primero habría que aclarar que el respeto a los derechos civiles y políticos de los
ciudadanos, lejos de lo que se piensa, resulta sumamente caro.

Para respetar el derecho al sufragio, derecho político por excelencia, es necesario establecer todo
un sistema electoral, con órganos ciudadanizados de control de los procesos electorales, partidos
políticos financiados con recursos públicos que resultan sumamente caros [ix].

Para brindar seguridad, se requiere montar y sostener un aparato judicial que igualmente resulta
caro; ni qué decir sobre los recursos que se destinan al rubro de seguridad pública, que cada vez
son mayores, sobre todo a la luz de los resultados que ofrece.

De la misma forma, para proteger los derechos de propiedad y posesión, el estado destina una
cantidad muy importante de sus recursos para establecer los sistema registrales y catastrales; en
caso de que esos derechos sean violados, dispone de recursos importantes para implementar un
aparato de procuración y en de administración de justicia.

Por todo ello, el respeto de los derechos civiles y políticos, AL IGUAL QUE EL RESPETO DE LOS
DERECHOS SOCIALES, supone una erogación de recursos importantes.

De esa manera, ¿qué justifica sacrificar el respeto a los derechos sociales, para permitir
presupuestalmente el respeto a los derechos civiles y políticos?

La respuesta es clara: Nada, simplemente inercias en la visión de los derechos fundamentales, sin
sustento social ni jurídico nos han orillado a tal determinación.

Sostener lo contrario sería tanto como aceptar que un padre de familia deje de dar alimentos a sus
hijos simplemente por que es muy caro.

Finalmente, ya se ha explicado que el respeto a derechos sociales, no necesariamente supone la


erogación de recursos para proveer de satisfactores a la población.

En ese sentido, para llevar ante tribunales el reclamo de respeto a los derechos sociales, requiere
una actitud inteligente y propositiva del abogado postulante y del juzgador, donde no
necesariamente ordene al estado a destinar recurso para respetar el derecho violado, sino a llevar a
cabo tareas de gobierno tendientes al respeto a esos derechos de corte social.
Hay quienes ven en esta posibilidad el riesgo de que el poder judicial se convierta en el rector de las
políticas públicas; en lo personal, no me incomoda esa posibilidad, pues haciendo un balance de
resultados, considero que es un mal menor que el sistema que actualmente impera en el tema de
respeto de los derechos sociales.

9. La imposibilidad de tutelar a través del amparo los


derechos político-electorales
A pesar de las obligación del estado mexicano de tutelar, entre otros, los derechos políticos de las
personas, de establecer políticas públicas que permitan su disfrute, de ajustar el marco legal para
que sea efectiva su vigencia y de modificar la legislación estableciendo mecanismos jurisdiccionales
que permitan su pleno goce, deberes que adquiere todo estado que signe un pacto de derechos
humano, como se expuso en líneas precedentes, el marco legal mexicano impide que las personas,
en forma individual, acuden en defensa de sus derechos políticos ante la justicia en contra de leyes
en materia electoral.

En efecto, los ataques a los derechos político-electorales de las personas no pueden ser
combatidos a través de los mecanismos jurisdiccionales que establece el sistema jurisdiccional
mexicano.

Esto es así, por que ni el juicio de amparo, ni la acción de inconstitucionalidad, ni el juicio de


protección de los derechos políticos puede servir para atacar de inconstitucional leyes en materia
electora.

Por lo que ve al primero de dichos instrumentos, la fracción VII del artículo 73 de la ley de amparo
expresamente prohíbe la procedencia de este juicio contra las resoluciones o declaraciones de los
organismos y autoridades en materia electoral.

Esta limitación ha querido justificarse con la idea de que si el poder judicial federal y, más
propiamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se abocaran a conocer asuntos en materia
electoral, vía juicio de amparo, se podría “politizar” la función judicial.

Tal idea, comprensible en un principio, no puede subsistir por dos razones a saber:

En primer lugar, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a querer o no, está obligada a tomar
decisiones que necesariamente trascienden al campo de lo político, como por ejemplo, decidir una
controversia constitucional entre el legislativo y el ejecutivo sobre el tema del presupuesto; resolver
una acción de inconstitucionalidad en contra de una norma general de carácter electoral o proponer
al senado las ternas de los candidatos a Magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación.

Tales actividades, baste consultar los medios, tienen un impacto y una trascendencia política
enorme.

Por otra parte, impedir por ley a la Suprema Corte de Justicia de la Nación el actuar en materia
política, pareciera ser una idea arcaica que debe ser superada.

En efecto, como lo reseña José Woldenberg, hasta 1986 no existía tribunal alguno que conociera de
impugnaciones en materia electoral, pues antes de esa fecha, este tipo de inconformidades era
ventiladas mediante una apelación que promovían los partidos políticos ante el propio órgano
electoral (la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación) por lo que el
recurso, en la práctica, era materialmente inútil.
Cabe reconocer que desde 1977 se le otorgó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación la
posibilidad de conocer a través del recurso de reclamación, de inconformidades en materia
electoral, solo que sus resoluciones únicamente tenían la categoría de “observaciones” dirigidas a
los colegios electorales, quienes eran los encargados de calificar las alecciones.

En 1986 se le quitó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación toda competencia en materia


electoral y se creó un tribunal de lo contencioso electoral, aunque sus decisiones seguían
supeditadas a las que tomaran la cámara de diputados y senadores, ya que eran ellos, erigidos en
colegios electorales, los encargados de autocalificar las elecciones de Diputados federales,
Senadores y Presidente de la República.

La reforma política de 1989-1990, que crea al Instituto Federal Electoral (IFE), también crea al
Tribunal Federal Electoral (TRIFE); sin embargo se mantuvieron los colegios electorales, por lo cual
el TRIFE no tenía la última palabra en conflictos electorales.

En 1993 se eliminaron los colegios electorales y el TRIFE tuvo la última palabra en los conflictos
electorales, salvo la calificación de la elección del Presidente de la República, que siguió siendo
realizada por la Cámara de Diputados.

Finalmente, en 1996, se créale Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación, que adquiere
tiene como función la decisión final de todos los conflictos electorales, incluyendo la calificación de
la elección presidencial, ejerciendo esa función por primera vez en las elecciones federales del año
2000.

De esta forma, si bien parecía que la justicia electoral podría ser un medio eficaz para combatir
violaciones a derechos políticos de las personas, por decisión de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, se prohibió al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación valorar la
constitutucionalidad de leyes en materia electoral.

De esa, al igual que el amparo, el juicio de revisión constitucional en materia electoral, fue vedado a
las personas como medio para atacar la inconstitucionalidad de leyes electorales.

Finalmente, la acción de inconstitucionalidad prevista por la fracción II del artículo 105 de la


Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que tiene por objeto plantear ante la
Suprema Corte de Justicia de la Nación la posible contradicción entre una norma de carácter
general y la constitución, pareciera ser la única vía para atacar la inconstitucionalidad de una ley en
materia electoral.

Sin embargo, al revisar los supuestos de procedencia vemos que esta acción está vedada para las
personas, en lo individual, ya que solo puede ser ejercitada por la tercera parte de la legislatura que
la promulgó, por el Procurador General de la República o por las dirigencias de los partidos
políticos.

De esa forma, ni el juicio de amparo, ni el juicio de revisión constitucional en materia electoral ni la


acción de inconstitucionalidad pueden son eficaces para combatir, por las personas, la
inconstitucionalidad de una norma general que les vulnere derechos político-electorales.

10. Conclusión
En base a las reflexiones anotadas, debe concluirse que el amparo procede no solo por violación a
“garantías individuales”, sino también por violación de derechos humanos, incluidos desde luego los
derechos sociales, económicos y culturales, alegando que su desconocimiento transgrede el
artículo 133 de la Constitución Federal, por lo que el acto de autoridad que desconociera estos
derechos, carecería de la debida fundamentación que obliga el artículo 16 de la Constitución
Mexicana; podría igualmente, si el derecho humano violado encierra reglas de procedimiento,
alegarse violación a la garantía de debido proceso que establece el artículo 14 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Solo es necesario satisfacer requisitos procesales del amparo, como identificar a la autoridad
responsable y la existencia del agravio personal y directo.

Así por ejemplo, Carbonell [xi] refiere un antecedente en el que el Pleno de la Suprema Corte de
Justicia, en ejecutoria de fecha 25 de octubre de 1999, resolvió conceder el amparo y protección de
la Justicia de la Unión a un quejoso que reclamaba violaciones al derecho a la salud previsto por el
artículo 4° Constitucional.

En este caso, el quejoso señaló como autoridad responsable a la Secretaría de Salud,


reclamándole como violación al derecho fundamental a la salud la falta de inclusión en el cuadro y
catálogo básico de medicamentos del Instituto Mexicano del Seguro Social, los fármacos necesarios
para tratar el VIH.

Ello significa que para el máximo tribunal mexicano, los derechos sociales, económicos y culturales
sí son justiciables.

Por lo que hace a la violación de derechos político-electorales, dado que su tutela está
expresamente prohibida por la fracción VII del artículo 73 de la Ley de Amparo vigente hasta el dos
de abril de dos mil trece, cabe la posibilidad de acudir ante los mecanismos internacionales de
protección de derechos humanos, al no existir en el ámbito nacional un medio eficaz para su tutela,
sin embargo hoy en día con la reforma constitucional de junio de 2011, y su ley reglamentaria a los
artículos 103 y 107 constitucional “Ley de Amparo con entrada en vigor el tres de abril de dos mil
trece, hoy en día estos casos, el Estado mexicano opto la facultad a los juzgadores federales y
locales, como secretarias de estados y personas físicas con carácter de autoridad responsable, de
salvaguardar la tutela de los derechos humanos del ser humano, desaplicando la ley general o
dispositivos legales con la salvedad de que tenga mejores beneficios que nuestra propia ley, para
aplicar un derecho difuso, de convencionalidad y bloque constitucional a favor de las personas que
se vean afectados en una instancia judicial o administrativa”, generando un mecanismo de defensa
con mayores amplitudes en beneficio de todo ser humano, mediante el JUICIO DE AMPARO.

Por lo que México hasta antes de la reforma constitucional y como su ley reglamentaria estaba
limitada en proteger la tutela de los derechos humanos, pues contemplaban simple garantías
individuales, hoy en día el paradigma ha revolucionado y gracias a la acumulación de
consideraciones de los organismos internacionales realizadas a México, hoy en día esta al a par de
los países capitalista, en la que realmente garantizan la tutela de los DERECHOS HUMANOS, en
un ámbito supranacional.

Sistema de convencionalidad que vendremos aplicando con el tiempo en plazos muy cortos y que el
Máximo Tribunal de Justicia, vendrá ponderando la protección de derechos humanos a toda la
republicana mexicana, garantizando los principios y fundamentos para un debido proceso.

Hoy en día, la Constitución mexicana a partir de junio de 2011 y la Ley de Amparo que entro en
vigor el tres de abril de dos mil trece, incluye como objeto de protección del juicio de amparo la
violación a cualquier derecho humano tutelado mediante algún instrumento internacional celebrado
por el estado mexicano o por la constitución local, ya que busca el mayor beneficio del ser humano
al garantizar los derechos humanos reconocidos por estos organismos internacionales, siempre que
México sea parte, ya que genera una mayor defensa amplia, que obliga al estado una tutela de
derechos humanos universal.
Así como un procedimiento totalmente garantista de derechos humanos, mediante el juicio de
amparo como medio de control constitucional y de derechos humanos. Pues la misma no dejo a
fuera los derechos humanos de los discapacitados, ciertos derechos de los niños, de las mujeres, y
de grupos vulnerables, así como la facultad de poder instar juicio de amparo al tener un interés
legítimo o jurídico, por ejemplo.

Ahora bien atendiendo al principio de agotamiento de los medios de defensa internos que rige en el
sistema de protección internacional de los derechos humanos, como lo sostiene Carmona Tinoco
[xiii], sería conveniente que al menos, se incluyeran en este supuesto de protección los
instrumentos que contienen un mecanismo de queja.

Por lo que si existe un sistema de protección de los derechos humanos efectivo, que se apreciará
como vaya marchando con el tiempo, este es el JUICIO DE AMPARO. Pues su sentencia es
vinculatoria y obliga al estado mexicano dentro de sus tres entes poder judicial, legislativo y
ejecutivo, el de aplicar en beneficio del ser humano los principios y derechos humanos que los
mismos tienen derecho a no ser vulnerados ante estos entes de poder.

Así como otras instancias como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que emite
consideraciones al estado mexicano por vulnerar los derechos humanos , mismas que no son de
carácter coercitivo, bueno pero que hoy en día el estado mexicano esta obligado a salvaguardar, a
diferencia del juicio de amparo que su resolución si es de carácter coercitivo, beneficiando al ser
humano con la protección más amplia de los derechos humanos.

11. A manera de sugerencia


Finalmente, el proyecto auspiciado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación para reformar el
juicio de amparo y en su artículo primero, se incluye la procedencia del amparo no solo en contra la
violación de “garantías individuales”, sino también por la violación de derechos humanos
reconocidos en estado constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano
sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni
suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que la propia carta magna establece, fue
una revolución para bien el genera certeza jurídica en los procesos judiciales y no jurisdiccionales,
para el ser humano que se situé en este caso concreto .

Pero aún con la reforma reglamentaria de los artículos 103 y 107 constitucional, referente a Ley de
Amparo, que contempla y regulariza la reforma constitucional, para la aplicación del mecanismo de
convencionalidad, bloque constitucional, el estado mexicano realizó un progreso jurídico, sin
embargo, demasiado tardío, pues en otras legislaciones hispanas desde hace más de cuarenta
años sus legislaciones constitucionales ya adoptaban la aplicación de los derechos humanos, aun
cuando el Estado no lo reconocía en sus legislaciones o disposiciones procedimentales, ya que en
el estado mexicano, en cuestiones de derechos humanos electorales, y fiscales, se quedó muy
ambiguo, pues hoy en día tratándose de materia electoral no existe la protección de los derechos
humanos implementados en el juicio de amparo, medio de control constitucional que debería
conocer la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pues como bien sabido existe un Tribunal
Federal de Materia Electoral, autónomo, conteniendo su debido proceso, sin embargo no hay esa
facultad constitucional de que la corte proceda el juicio de amparo.

Por lo que alude en el ámbito fiscal la nueva ley de amparo vigente, por lo que respecta a
la declaración de inconstitucionalidad de una ley, no prospera para la materia fiscal, cuyo
procedimiento que realiza la Suprema Corte de Justicia de Nación, no exonera a los legisladores,
haber no ampliado para presupuestos fiscales, consideró que debió haber contemplado esta
premisa, aún cuando las consecuencias del estado en materia tributaria, se indemnizara a costos
muy altos.

12. Bibliografía
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México d) 16 Véase tesis S3ELJ 15/2000, publicada bajo el rubro “PARTIDOS POLÍTICOS
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CONTRA LOS ACTOS DE PREPARACIÓN DE LAS ELECCIONES” en la Compilación Oficial
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