Evolución de los Derechos Humanos en México
Evolución de los Derechos Humanos en México
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Epígrafe “En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también
tiene deberes y responsabilidades es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los
políticos.”
“Sostengo que cuanto más indefensa es una criatura, más derechos tiene a ser protegida por el
hombre contra la crueldad del hombre.” Mahatma Gandhi.
1. Introducción
Con motivo de los debates que se han efectuado en México, con la implementación de los derechos
humanos internacionales a la constitución del Estado mexicano, en la que se ve obligado a
garantizar siempre los derechos humanos intrínsecos del hombre, respetando la dignidad del
mismo, frente aún gobierno desenfrenado, que puede perjudicar al gobernado, afectando
directamente o indirectamente su esfera jurídica, por lo que me he cuestionado si en realidad el
sistema jurídico mexicano ofrece algún mecanismo eficaz de protección de los derechos humanos,
no solo de corte individual, como serían los derechos de propiedad, de libertad, de igualdad, de
seguridad jurídica o políticos, sino además de aquéllos derechos de corte social, como serían los
culturales y sociales.
En ese sentido el juicio de amparo permite tutelar la mayoría de los derechos de corte individual; sin
embargo, no sucede lo mismo con los derechos políticos, sociales y culturales, pues el primero de
ellos ha sido vedado por la legislación mexicana al conocimiento del juicio de amparo y, los últimos,
encubriendo limitaciones de tipo presupuestal, se alegan impedimentos sustantivos y procesales
para negar el acceso a esta forma de protección de estos derechos fundamentales vía juicio de
amparo, y la intromisión de la aplicación de convenios y tratados internacionales a favor del
garantista mexicano, asimismo observaremos los antecedentes en México de la protección de los
derechos humanos, anteriormente denominadas garantías individuales, y en base a la reforma, los
nuevos paradigmas de los derechos humanos.
Por ello, en estas líneas pretenderé estructurar un razonamiento que sirva de apoyo para plantear
ante la justicia constitucional mexicana el juicio de amparo, como medio de defensa no solo de los
derechos humanos de tipo individual, malamente llamados “garantías individuales”, sino además de
los derechos humanos de carácter económicos, sociales, culturales e incluso políticos, humanos en
el ámbito internacional que hoy en día la reforma constitucional prevé la desaplicación de leyes
federales para la aplicación de convenios, tratados internacionales, en la que se apliquen derechos
humanos, “hablamos del instrumento de convencionalidad, y bloque constitucional”, principios que
contempla en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
1
1.1- Estatus de los derechos humanos en México
En México los Derechos Humanos se reconocen constitucionalmente en la reforma a su Carta
Magna el 10 de junio del 2011, incorporándolos en su artículo primero y elevando a nivel
constitucional la tutela de estos.
Las Leyes de Indias, tenían como finalidad la protección de los naturales a través de Encomiendas,
figura que fue desvirtuada por los encomenderos, quienes lejos de tomar bajo su protección a los
indígenas, los explotaban y disponían de ellos como si fueran cosas y no personas.
Ya en 1847, con la vigencia del México independiente, nace en San Luis Potosí, siendo gobernador
Ponciano Arriaga, la llamada Procuraduría de los Pobres, que tuvo como acción principal, ocuparse
de las personas de clase social baja que hubieran sufrido agravios por alguna autoridad, además de
contar con facultades para denunciar y solicitar la reparación del daño que correspondiera.14
Esta constitución tuvo a bien recoger un proyecto en el artículo 53, elaborado por Manuel
Crescencio Rejón, que expresaba textualmente: «Corresponde a este tribunal [la Corte Suprema de
Justicia] reunido: 1º. Amparar en el goce de sus derechos a los que pidan su protección contra las
providencias del Gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ellas se hubiese infringido el Código
Fundamental o las leyes, limitándose en ambos casos a reparar el agravio en la parte que
procediere».
En esa misma Constitución de 1857 se instituyen en el Título I Sección I llamada De los Derechos
del Hombre, 29 artículos que trataban de el derecho a la libertad, a la enseñanza, a la justa
retribución por el trabajo, a la libre manifestación de las ideas, la libertad de escribir o publicar, el
derecho de petición, el de reunión y asociación pacíficas, el libre tránsito, no ser molestado sin que
exista previamente motivación judicial, las garantías para el acusado de un delito, a la propiedad
personal, entre otros.
Con la entrada en vigor de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, se
instituyen en su Título Primero llamado De las Garantías Individuales, 38 artículos que tratan de la
obligatoriedad de su cumplimiento, del derecho a la libertad, a la educación, de la igualdad entre
ambos sexos, a la libre profesión, a la libre manifestación de las ideas, a publicar o escribir, del
derecho de petición, de libre asociación o reunión, al libre tránsito, del derecho a ser juzgado, a no
verse afectado por la retroactividad de las leyes, a no ser molestado por autoridades sin previo
mandamiento de la autoridad competente, a las garantías dentro de un juicio, de la libertad
religiosa, el derecho a la nacionalidad, entre otros.
Fue hasta 1989 que se creó la Dirección General de Derechos Humanos de la Secretaría de
Gobernación del Poder Ejecutivo mexicano.
En el texto original de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 los
llamados derechos humanos aparecen con el nombre de garantías individuales, lo que a la postre lo
haría en apariencia no estar homologados a los derechos humanos que se firmarían en los diversos
tratados internacionales, por lo que el 10 de junio de 2011 se publica reforma constitucional que
cambia el título del Título Primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de
1917, para sustituir: De las Garantías Individuales, por: De los Derechos Humanos y sus Garantías.
A favor de la homologación del derecho mexicano, con el derecho internacional, fue la resolución de
la Corte que en junio de 2011, determinó que los jueces deben ejercer control de manera oficiosa,
de los derechos adquiridos por México a través de los tratados internacionales.
En sus inicios hubieron diversas cartas constitucionales, que motivaron la idea de defender los
Derechos Humanos, que éstos son las principales garantías con las que cuenta todo ser humano
solo por el hecho de nacer: derecho a la vida, la libertad, la dignidad, la igualdad, la seguridad, la
integridad física y la propiedad de ser humano.
La Constitución de 1917, nos abre un panorama extenso de los principales derechos de los
ciudadanos. los primeros 29 artículos de ésta Carta Magna, que son los derechos civiles, se
describen en lo siguientes enunciados:
Art. 1.” En los Estados Unidos Mexicanos, todas las personas gozarán de los derechos humanos
reconocidos en esta Constitución y en los Tratados internacionales de los que el Estado Mexicano
sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni
suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.”
Art. 4. La equidad de los hombres y las mujeres será por igual, así como las garantías y derechos
de todo ser humano por buscar su protección y satisfacer sus necesidades de alimentación, techo,
seguridad y el Estado es su deber protegerlos y proporcionar estos servicios.
Art. 6. Derecho a las manifestaciones de ideas sin que haya coacción por parte del Estado sobre su
persona, siempre y cuando se actúe conforme a Derecho. Los ciudadanos tienen derecho a la
información.
Art. 7. Libertad de escritos sobre cualquier materia, sin cesura por parte de la autoridad.
Art. 11. Derecho al libre tránsito de los ciudadanos dentro del territorio nacional.
Art. 16. Nadie puede ser molestado en su persona, familia, trabajo domicilio, papeles y posesiones,
así como el derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación
de los mismos.
Art. 24. Todo hombre es libre de profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar
las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo.
Art. 27. Derecho a la propiedad de las tierras. hora, vayamos a nuestra realidad, la relación Estado-
Individuo; veremos que lejos de ser de los mejores pactos o matrimonios es por sí solo una utopía
bien definida, los derechos humanos marcan los límites de acción que tiene el Estado hacia los
Individuos, sabemos que el estado se maneja por preceptos normativos, que lo delimita una ley y
que los individuos también deben seguir, para evitar el rompimiento de la línea de paz entre estos
dos entes. Pero ¿qué se puede hacer o con quién debe acudir cuando alguna de las partes antes
mencionadas tienen un conflicto entre sí?
4. El Ombudsman en México
Afortunadamente tras la reforma constitucional del 28 de enero de 1992 (art. 102 apartado B) fue
creada la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), órgano que aunque creado por el
Estado se le dio el poder de ser “agencia descentralizada” con personalidad jurídica propia.
Ahora bien, ¿de qué se encarga? ¿o cuál es misión? Se encarga de defender los Derechos en los
artículos que mencioné anteriormente y su misión es velar porque se cumplan.
La CNDH es una Institución Integral ya que: • Recibe la queja • Investiga las causas de la violación
de derechos • Formula recomendaciones públicas sobre la denuncia y la queja con la autoridad
competente. • Procura la conciliación entre los quejosos. • Tiene el carácter de impulsar la
observancia de los derechos humanos en México y tiene programas de prevención del delito.
La comunidad internacional debe tratar los Derechos Humanos en forma global y de manera justa y
equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso. Debe tenerse en cuenta la
importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios
históricos, culturales y religiosos, pero los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas
políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los Derechos Humanos y las
libertades fundamentales (Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, Viena, del 14 al 25 de
junio de 1993).
La lucha por la defensa y promoción de los Derechos Humanos se enfoca de manera preferencial a
las personas y grupos vulnerables.
Durante la última década la atención a grupos vulnerables, ocupa un espacio creciente en las
agendas legislativas de las políticas públicas, con especial atención a los procesos de
vulnerabilidad social de las familias, grupos y personas. México participa en el objetivo universal de
difundir y proteger el pleno goce de los derechos humanos. Por eso ha promovido la creación de
organismos que se encargan de velar por ellos, tanto en el orden federal como en los estados de la
República.
Es por ello que en el Plan Nacional de Desarrollo (PND 2013-2018) incluye dentro de sus diversos
objetivos y estrategias uno que está encaminado a priorizar la atención de grupos vulnerables para
prevenir la violación de sus derechos humanos. Asegurar el respeto a los derechos humanos
constituye una tarea que no solamente implica la restitución en el goce de tales derechos, sino
desarrollar esquemas mediante los cuales sea posible prevenir su violación.21
DERECHOS HUMANOS EN MEXICO PRINCIPIO PRO HOMINE La definición del principio PRO
HOMINE, se define de la siguiente manera «implica que la interpretación jurídica siempre debe
buscar el mayor beneficio para el hombre, es decir, que debe acudirse a la norma más amplia o a la
interpretación extensiva cuando se trata de derechos protegidos y, por el contrario, a la norma o a la
interpretación más restringida, cuando se trata de establecer límites a su ejercicio» Principio pro
homine.
En esta nueva reforma del artículo primero de nuestra constitución política, la cuál es un cambio
trascendente en materia de derechos humanos, puesto que se busca dar prioridad al principio pro
homine el cual es en favor de la persona, es decir que en la interpretación en materia de derechos
humanos se respetara en orden supremo el que beneficie más a la persona, sea el caso de la
constitución o de tratados internacionales de los cuáles México sea parte, esto da una protección
más amplia. cabe destacar también que el artículo primero incluye una cláusula de integración de
los derechos humanos, y que cualquier derecho humano que no esté contenido en la constitución
política, serán considerados como incluidos, es decir que si en la constitución no viene expresado la
protección de un derecho humano y en un tratado si, se le interpretará de acuerdo al tratado
internacional. De ahí la importancia de crear organismos que se encarguen de la protección de los
derechos humanos, en México está la Comisión Nacional de Derechos Humanos la cuál debe
garantizar el cumplimiento y respeto de los mismos,a cualquier grupo vulnerable. Es un cambio de
los más grandes que el país ha experimentado en materia de derechos humanos pero hay que
seguir trabajando para lograr mayor protección y argumentar las controversias que se puedan
generar a nivel internacional siempre buscando la equidad y la protección del principio pro-persona.
Sin embargo, cuando se considera la posibilidad de promover un juicio de amparo por violación a
derechos sociales, económicos, culturales o políticos previstos en la Constitución Mexicana, como
serían el derecho a la vivienda digna y decorosa, el derecho a la alimentación, el derecho a la salud,
el derecho a votar y ser votados, por ejemplo, surgen varias objeciones que se oponen a esta idea:
De esa forma, intentaré despejar cada una de estas objeciones que se formulan a la posibilidad de
reclamar mediante juicio de amparo, el respeto a los derechos sociales, económicos, culturales y
políticos.
A partir de este supuesto, pareciera que este juicio constitucional no es apto para reclamar el
respeto a los derechos sociales, económicos y culturales que plantea la Constitución Federal. [iv]
Esto es así por que, aparentemente, tales derechos sociales no son Garantías Individuales.
Sin embargo, sería conveniente cuestionarnos qué debemos entender por garantías individuales, o
cuáles son las garantías individuales, o bien, dónde se encuentran éstas.
A primera impresión, la respuesta pareciera sencilla: “Las garantías individuales”, están contenidas
en el primer capítulo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, compuesto de 29
artículos.
Tal respuesta no es exacta, ya que en el capítulo primero de la Constitución Federal no están todos
los derechos fundamentales que conocemos como “garantías individuales”, ni todos los artículos
que integran el primer capítulo de la carta magna encierran derechos fundamentales, dicho de otra
forma, ni están todos los que son ni son todos los que están.
En efecto, si nos limitásemos a considerar que las “garantías individuales” son los derechos
previstos en el primer capítulo de la Constitución Mexicana, no podríamos por ejemplo, reclamar en
vía de amparo violaciones a los derechos laborales previstos por el artículo 123 de la ley
fundamental; tampoco podríamos reclamar a través del juicio de amparo la protección de la justicia
de la Unión contra el cobro de impuestos, alegando violaciones a los principios de justicia y equidad
que consagra el artículo 31 de la Constitución Federal.
De la misma forma, no todos los artículos que contiene el primer capítulo de la Constitución
Mexicana son propiamente derechos mínimos del individuo conocidos tradicionalmente como
“garantías individuales”. Así tenemos por ejemplo el artículo 27 que consagra un verdadero derecho
social, al regular el sistema de tenencia de la tierra, donde coexisten el régimen de propiedad
privada con el sistema ejidal y comunitario.
Así por ejemplo, en el derecho civil, la garantía sirve para asegurar el cumplimiento de una
obligación; en el derecho procesal, las medidas precautorias son garantías para ejecutar una
eventual sentencia favorable.
En ese orden de ideas, utilizando un símil del derecho civil, no sería lo mismo el contenido de una
obligación (por ejemplo entregar el precio en la compraventa) que el mecanismo o garantía que las
partes acuerdan para hacer efectivo ese derecho.
De esa manera como ejemplo diremos que el artículo primero de la Constitución no es la “garantía
de igualdad”, sino el derecho fundamental de igualdad ante la ley; de igual modo el artículo 14 no es
la “garantía de audiencia”, sino el derecho fundamental de debido proceso.
Por ello, los derechos consagrados en la Constitución, tienen varios tipos de mecanismo tendientes
a asegurar el respeto de esos derechos. Tal es el caso del juicio de amparo que sirve para forzar a
la autoridad a que respete el derecho de audiencia, de libertad, de propiedad, de posesión, etc.
Ahora bien, la diferencia entre derechos humanos y derechos fundamentales, estriba en que los
últimos están previstos en las Constituciones y en los Tratados Internacionales; aparecen por
primera vez en Francia (droits fundamentaux) a finales del siglo XVIII dentro del movimiento que
culmina con la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789.
En cambio, los derechos humanos, comprenden una categoría más amplia y que en síntesis, son
facultades inherentes a la condición humana, que por obvias, generalmente no está comprendidas
en los textos constitucionales.
De esa manera, debemos considerar que las facultades que consagra nuestra constitución a favor
de los gobernados no son garantía, sino derechos fundamentales.
Entonces si los derechos que consagra el primer capítulo no son “garantías individuales” sino
derechos fundamentales y si además, tales derechos están dispersos a lo largo del texto
constitucional, debemos preguntarnos: ¿A qué se refiere la fracción I del artículo 103 Constitucional
cuando establece la procedencia del juicio de amparo por violación a las “garantías individuales”?
Si consideramos que todo derecho fundamental debe estar recogido por “una disposición de
derecho fundamental” y que un precepto de este tipo es precisamente el enunciado previsto por la
constitución o en los tratados internacionales que “tipifican” esos derechos, concluimos que por
“garantías individuales” debemos entender todo derecho fundamental incorporado como tal en el
texto constitucional, o incluso, en los tratados internacionales que celebre el estado mexicano en los
términos que señala el artículo 133 de Constitución Mexicana.
Ahora bien, no solo una reflexión doctrinal nos lleva a tal conclusión, sino que la Suprema Corte de
Justicia de la Nación se ha pronunciado en el sentido de considerar que el juicio de amparo procede
por violación a los derechos fundamentales previstos en la Constitución. [vi]
De esa forma, la actual redacción de la fracción I del artículo 103 de la constitución mexicana, (que
es coincidente con la fracción I del artículo 1° de la Ley de Amparo,) no debería ser un impedimento
para plantear el juicio de amparo por violación a cualquier derecho fundamental, ya sea de corte
civil y político, o de corte social, como sería los derechos sociales, económicos y culturales
previstos.
Finalmente habrá que recordar que el Estado Mexicano ha celebrado mas de cincuenta Tratados
Internacionales en materia de Derechos humanos y su entrada en vigor exige de las partes, según
Carmona Tinoco [vii], a).- un deber genérico de respetar, proteger, satisfacer y garantizar los
derechos en ellos tutelados; b ).- la obligación de adecuar el ordenamiento interno a los fines del
tratado; c).- la obligación de modificar las pautas administrativas, para que sean congruentes con el
acuerdo; y d).- la necesidad de establecer políticas públicas que permitan la implementación del
tratado.
Por ello, considero que a través del artículo 133 Constitucional, puede reclamarse a través del
amparo la violación a cualquiera de los derechos humanos previstos en los tratados de esta materia
celebrados por el Estado mexicano.
a). PRIMER MITO: LOS DERECHOS SOCIALES, ECONÓMICOS Y CULTURALES SON MERAS
NORMAS PROGRAMÁTICAS TENDIENTES A DIRIGIR LAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y POR ELLO
NO COMPRENDEN DERECHOS QUE LOS PARTICULARES PUEDAN EJERCER FRENTE AL
ESTADO.
Al respecto cabe aclarar que cualquier concepto de derecho lleva implícita la idea de exigibilidad, es
decir, no podemos concebir un derecho sin que exista alguien obligado a observarlo.
En ese orden de ideas debemos entender que si bien es cierto la Constitución Mexicana es un
documento político y por ello varias de sus disposiciones tienen por ello una redacción poco clara,
inspirada mas en factores políticos que jurídicos, también lo es que se trata de la “ley de leyes”, un
conjunto de disposiciones jurídicas que deben ser aplicadas, correspondiendo generalmente al
poder judicial precisar su alcance.
De esa forma, todos los derechos fundamentales establecidos en la Constitución Mexicana
encierran un derecho a favor del gobernado, que necesariamente se traduce en una obligación para
el poder público.
Es idea generalizada que el estado cumple con el derecho a la libertad no privando a nadie de ella;
cumple con el derecho a la propiedad no impidiendo su disfrute; que cumple con la libertad de
expresión no impidiendo que las personas se expresen, etc.; en cambio, hablando de derechos
sociales, económicos y culturales, para hacer efectivo el derecho a la vivienda el estado tendría que
dotar de casas a todos sus habitantes; para cumplir con el derecho a la alimentación, tendría que
dar de comer a todos, etc.
Tal concepción solo responde a una visión decimonónica del Estado Liberal, cuando al triunfo de la
revolución francesa, la preocupación principal era reivindicar al individuo de sus derechos mas
elementales, como eran el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la igualdad de
los hombres ante la ley, sin que en esa época hubiese preocupación alguna por tutelar derechos de
tipo social, ya que estas inquietudes empezaron a gestarse hasta mediados del siglo XIX y fueron
concretándose a lo largo del siglo XX.
En realidad, es verdad que el estado cumple con los derechos civiles y políticos absteniéndose de
impedir su goce; sin embargo, también debe llevar a cabo una serie de tareas que llevan como fin el
respeto a esos derechos.
Así por ejemplo, para respetar el derecho a la seguridad, debe establecer todo un sistema de
seguridad pública, creando cuerpos policíacos, estableciendo leyes que den un marco de
seguridad, construyendo y manteniendo cárceles.
Para respetar el derecho a la propiedad debe establecer todo un sistema registral y catastral que
permita identificar quién es el dueño de cada predio.
Para permitir el ejercicio del derecho a la justicia, el estado debe mantener todo un aparato de
procuración y administración de justicia.
Así pues, el respeto a los derechos civiles y políticos no solo implica una actitud negativa o
abstencionista del estado, sino que supone una postura activa, creativa, participativa del poder
público, que desde luego ocupa una parte muy importante del presupuesto del Estado.
Ahora bien, el respeto a los derechos sociales, económicos y culturales, como lo establecen Courtis
y Abramovich [viii] no solo implica proveer de satisfactores materiales a la población, sino que
además, el estado debe abstener de llevar a cabo políticas que impidan o estorben el goce de los
derechos sociales y por el contrario llevar a cabo acciones de gobierno (legislativas y
administrativas) que favorezcan el disfrute de este tipo de derechos.
De esa forma, el estado debe abstenerse de emitir una ley que provoque deterioro de la ecología,
que dificulte el derecho a la educación; que afecte a las viviendas, que lesione los procesos
productivos de alimentos, etc.
Por ello, resulta falso pretender que el respeto a los derechos civiles y políticos solo implica una
abstención del estado, mientras que el respeto a los derechos sociales supone una actuar del poder
público.
Finalmente, habría que entender que aún tratándose de conductas positivas del estado para
respetar los derechos sociales, éstas podrían ser de carácter administrativo, de planeación, que
favorezcan el respeto a este tipo de derechos.
Sin tanto peso jurídico como los anteriores mitos, pero sí con mas contenido pragmático, se ha
llegado a considerar que resulta materialmente imposible que el Estado cumpla con todos los
derechos sociales plasmados en la Constitución, y más aún en los previstos en los tratados
internacionales, ya que presupuestalmente sería imposible dar vivienda a todo mundo, dar de
comer a todos, dar escuela a todos, etc.
Efectivamente, primero habría que aclarar que el respeto a los derechos civiles y políticos de los
ciudadanos, lejos de lo que se piensa, resulta sumamente caro.
Para respetar el derecho al sufragio, derecho político por excelencia, es necesario establecer todo
un sistema electoral, con órganos ciudadanizados de control de los procesos electorales, partidos
políticos financiados con recursos públicos que resultan sumamente caros [ix].
Para brindar seguridad, se requiere montar y sostener un aparato judicial que igualmente resulta
caro; ni qué decir sobre los recursos que se destinan al rubro de seguridad pública, que cada vez
son mayores, sobre todo a la luz de los resultados que ofrece.
De la misma forma, para proteger los derechos de propiedad y posesión, el estado destina una
cantidad muy importante de sus recursos para establecer los sistema registrales y catastrales; en
caso de que esos derechos sean violados, dispone de recursos importantes para implementar un
aparato de procuración y en de administración de justicia.
Por todo ello, el respeto de los derechos civiles y políticos, AL IGUAL QUE EL RESPETO DE LOS
DERECHOS SOCIALES, supone una erogación de recursos importantes.
De esa manera, ¿qué justifica sacrificar el respeto a los derechos sociales, para permitir
presupuestalmente el respeto a los derechos civiles y políticos?
La respuesta es clara: Nada, simplemente inercias en la visión de los derechos fundamentales, sin
sustento social ni jurídico nos han orillado a tal determinación.
Sostener lo contrario sería tanto como aceptar que un padre de familia deje de dar alimentos a sus
hijos simplemente por que es muy caro.
En ese sentido, para llevar ante tribunales el reclamo de respeto a los derechos sociales, requiere
una actitud inteligente y propositiva del abogado postulante y del juzgador, donde no
necesariamente ordene al estado a destinar recurso para respetar el derecho violado, sino a llevar a
cabo tareas de gobierno tendientes al respeto a esos derechos de corte social.
Hay quienes ven en esta posibilidad el riesgo de que el poder judicial se convierta en el rector de las
políticas públicas; en lo personal, no me incomoda esa posibilidad, pues haciendo un balance de
resultados, considero que es un mal menor que el sistema que actualmente impera en el tema de
respeto de los derechos sociales.
En efecto, los ataques a los derechos político-electorales de las personas no pueden ser
combatidos a través de los mecanismos jurisdiccionales que establece el sistema jurisdiccional
mexicano.
Por lo que ve al primero de dichos instrumentos, la fracción VII del artículo 73 de la ley de amparo
expresamente prohíbe la procedencia de este juicio contra las resoluciones o declaraciones de los
organismos y autoridades en materia electoral.
Esta limitación ha querido justificarse con la idea de que si el poder judicial federal y, más
propiamente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se abocaran a conocer asuntos en materia
electoral, vía juicio de amparo, se podría “politizar” la función judicial.
Tal idea, comprensible en un principio, no puede subsistir por dos razones a saber:
En primer lugar, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a querer o no, está obligada a tomar
decisiones que necesariamente trascienden al campo de lo político, como por ejemplo, decidir una
controversia constitucional entre el legislativo y el ejecutivo sobre el tema del presupuesto; resolver
una acción de inconstitucionalidad en contra de una norma general de carácter electoral o proponer
al senado las ternas de los candidatos a Magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación.
Tales actividades, baste consultar los medios, tienen un impacto y una trascendencia política
enorme.
Por otra parte, impedir por ley a la Suprema Corte de Justicia de la Nación el actuar en materia
política, pareciera ser una idea arcaica que debe ser superada.
En efecto, como lo reseña José Woldenberg, hasta 1986 no existía tribunal alguno que conociera de
impugnaciones en materia electoral, pues antes de esa fecha, este tipo de inconformidades era
ventiladas mediante una apelación que promovían los partidos políticos ante el propio órgano
electoral (la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación) por lo que el
recurso, en la práctica, era materialmente inútil.
Cabe reconocer que desde 1977 se le otorgó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación la
posibilidad de conocer a través del recurso de reclamación, de inconformidades en materia
electoral, solo que sus resoluciones únicamente tenían la categoría de “observaciones” dirigidas a
los colegios electorales, quienes eran los encargados de calificar las alecciones.
La reforma política de 1989-1990, que crea al Instituto Federal Electoral (IFE), también crea al
Tribunal Federal Electoral (TRIFE); sin embargo se mantuvieron los colegios electorales, por lo cual
el TRIFE no tenía la última palabra en conflictos electorales.
En 1993 se eliminaron los colegios electorales y el TRIFE tuvo la última palabra en los conflictos
electorales, salvo la calificación de la elección del Presidente de la República, que siguió siendo
realizada por la Cámara de Diputados.
Finalmente, en 1996, se créale Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación, que adquiere
tiene como función la decisión final de todos los conflictos electorales, incluyendo la calificación de
la elección presidencial, ejerciendo esa función por primera vez en las elecciones federales del año
2000.
De esta forma, si bien parecía que la justicia electoral podría ser un medio eficaz para combatir
violaciones a derechos políticos de las personas, por decisión de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, se prohibió al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la federación valorar la
constitutucionalidad de leyes en materia electoral.
De esa, al igual que el amparo, el juicio de revisión constitucional en materia electoral, fue vedado a
las personas como medio para atacar la inconstitucionalidad de leyes electorales.
Sin embargo, al revisar los supuestos de procedencia vemos que esta acción está vedada para las
personas, en lo individual, ya que solo puede ser ejercitada por la tercera parte de la legislatura que
la promulgó, por el Procurador General de la República o por las dirigencias de los partidos
políticos.
10. Conclusión
En base a las reflexiones anotadas, debe concluirse que el amparo procede no solo por violación a
“garantías individuales”, sino también por violación de derechos humanos, incluidos desde luego los
derechos sociales, económicos y culturales, alegando que su desconocimiento transgrede el
artículo 133 de la Constitución Federal, por lo que el acto de autoridad que desconociera estos
derechos, carecería de la debida fundamentación que obliga el artículo 16 de la Constitución
Mexicana; podría igualmente, si el derecho humano violado encierra reglas de procedimiento,
alegarse violación a la garantía de debido proceso que establece el artículo 14 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Solo es necesario satisfacer requisitos procesales del amparo, como identificar a la autoridad
responsable y la existencia del agravio personal y directo.
Así por ejemplo, Carbonell [xi] refiere un antecedente en el que el Pleno de la Suprema Corte de
Justicia, en ejecutoria de fecha 25 de octubre de 1999, resolvió conceder el amparo y protección de
la Justicia de la Unión a un quejoso que reclamaba violaciones al derecho a la salud previsto por el
artículo 4° Constitucional.
Ello significa que para el máximo tribunal mexicano, los derechos sociales, económicos y culturales
sí son justiciables.
Por lo que hace a la violación de derechos político-electorales, dado que su tutela está
expresamente prohibida por la fracción VII del artículo 73 de la Ley de Amparo vigente hasta el dos
de abril de dos mil trece, cabe la posibilidad de acudir ante los mecanismos internacionales de
protección de derechos humanos, al no existir en el ámbito nacional un medio eficaz para su tutela,
sin embargo hoy en día con la reforma constitucional de junio de 2011, y su ley reglamentaria a los
artículos 103 y 107 constitucional “Ley de Amparo con entrada en vigor el tres de abril de dos mil
trece, hoy en día estos casos, el Estado mexicano opto la facultad a los juzgadores federales y
locales, como secretarias de estados y personas físicas con carácter de autoridad responsable, de
salvaguardar la tutela de los derechos humanos del ser humano, desaplicando la ley general o
dispositivos legales con la salvedad de que tenga mejores beneficios que nuestra propia ley, para
aplicar un derecho difuso, de convencionalidad y bloque constitucional a favor de las personas que
se vean afectados en una instancia judicial o administrativa”, generando un mecanismo de defensa
con mayores amplitudes en beneficio de todo ser humano, mediante el JUICIO DE AMPARO.
Por lo que México hasta antes de la reforma constitucional y como su ley reglamentaria estaba
limitada en proteger la tutela de los derechos humanos, pues contemplaban simple garantías
individuales, hoy en día el paradigma ha revolucionado y gracias a la acumulación de
consideraciones de los organismos internacionales realizadas a México, hoy en día esta al a par de
los países capitalista, en la que realmente garantizan la tutela de los DERECHOS HUMANOS, en
un ámbito supranacional.
Sistema de convencionalidad que vendremos aplicando con el tiempo en plazos muy cortos y que el
Máximo Tribunal de Justicia, vendrá ponderando la protección de derechos humanos a toda la
republicana mexicana, garantizando los principios y fundamentos para un debido proceso.
Hoy en día, la Constitución mexicana a partir de junio de 2011 y la Ley de Amparo que entro en
vigor el tres de abril de dos mil trece, incluye como objeto de protección del juicio de amparo la
violación a cualquier derecho humano tutelado mediante algún instrumento internacional celebrado
por el estado mexicano o por la constitución local, ya que busca el mayor beneficio del ser humano
al garantizar los derechos humanos reconocidos por estos organismos internacionales, siempre que
México sea parte, ya que genera una mayor defensa amplia, que obliga al estado una tutela de
derechos humanos universal.
Así como un procedimiento totalmente garantista de derechos humanos, mediante el juicio de
amparo como medio de control constitucional y de derechos humanos. Pues la misma no dejo a
fuera los derechos humanos de los discapacitados, ciertos derechos de los niños, de las mujeres, y
de grupos vulnerables, así como la facultad de poder instar juicio de amparo al tener un interés
legítimo o jurídico, por ejemplo.
Ahora bien atendiendo al principio de agotamiento de los medios de defensa internos que rige en el
sistema de protección internacional de los derechos humanos, como lo sostiene Carmona Tinoco
[xiii], sería conveniente que al menos, se incluyeran en este supuesto de protección los
instrumentos que contienen un mecanismo de queja.
Por lo que si existe un sistema de protección de los derechos humanos efectivo, que se apreciará
como vaya marchando con el tiempo, este es el JUICIO DE AMPARO. Pues su sentencia es
vinculatoria y obliga al estado mexicano dentro de sus tres entes poder judicial, legislativo y
ejecutivo, el de aplicar en beneficio del ser humano los principios y derechos humanos que los
mismos tienen derecho a no ser vulnerados ante estos entes de poder.
Así como otras instancias como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que emite
consideraciones al estado mexicano por vulnerar los derechos humanos , mismas que no son de
carácter coercitivo, bueno pero que hoy en día el estado mexicano esta obligado a salvaguardar, a
diferencia del juicio de amparo que su resolución si es de carácter coercitivo, beneficiando al ser
humano con la protección más amplia de los derechos humanos.
Pero aún con la reforma reglamentaria de los artículos 103 y 107 constitucional, referente a Ley de
Amparo, que contempla y regulariza la reforma constitucional, para la aplicación del mecanismo de
convencionalidad, bloque constitucional, el estado mexicano realizó un progreso jurídico, sin
embargo, demasiado tardío, pues en otras legislaciones hispanas desde hace más de cuarenta
años sus legislaciones constitucionales ya adoptaban la aplicación de los derechos humanos, aun
cuando el Estado no lo reconocía en sus legislaciones o disposiciones procedimentales, ya que en
el estado mexicano, en cuestiones de derechos humanos electorales, y fiscales, se quedó muy
ambiguo, pues hoy en día tratándose de materia electoral no existe la protección de los derechos
humanos implementados en el juicio de amparo, medio de control constitucional que debería
conocer la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pues como bien sabido existe un Tribunal
Federal de Materia Electoral, autónomo, conteniendo su debido proceso, sin embargo no hay esa
facultad constitucional de que la corte proceda el juicio de amparo.
Por lo que alude en el ámbito fiscal la nueva ley de amparo vigente, por lo que respecta a
la declaración de inconstitucionalidad de una ley, no prospera para la materia fiscal, cuyo
procedimiento que realiza la Suprema Corte de Justicia de Nación, no exonera a los legisladores,
haber no ampliado para presupuestos fiscales, consideró que debió haber contemplado esta
premisa, aún cuando las consecuencias del estado en materia tributaria, se indemnizara a costos
muy altos.
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CONTRA LOS ACTOS DE PREPARACIÓN DE LAS ELECCIONES” en la Compilación Oficial
de Jurisprudencia y Tesis Relevantes 1997-2002, volumen de jurisprudencia, pp. 155-157.