Formación Ética
Los contenidos que a continuación se plantean, tienen como objetivo que Ud. reflexione sobre algunos
aspectos que hacen a su vida en sociedad y adquiera competencias para contribuir al desarrollo de una
convivencia armónica en lo social y laboral.
Entraremos, al campo de lo que es común, de lo público, entendiendo por tal ese ámbito de convivencia que a
todos nos pertenece y sobre el cual todos somos responsables. La convivencia de la que hablamos se
desenvuelve y está ordenada por el Estado en cuyo marco nos reconocemos como ciudadanos, ejerciendo
nuestros derechos y obligaciones, siendo deseable que se realicen en un espacio democrático.
La Ética. Disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento
humano. Conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una
comunidad.
Ética es una rama de la filosofía dedicada a las cuestiones morales. La palabra ética proviene del latín ethĭcus,
y esta a su vez procede del griego antiguo ἠθικός (êthicos), derivado de êthos, que significa 'carácter' o
'perteneciente al carácter'.
Referida al ámbito laboral, se habla de ética profesional y que puede aparecer recogida en los códigos
deontológicos que regulan una actividad profesional. La deontología forma parte de lo que se conoce como
ética normativa y presenta una serie de principios y reglas de cumplimiento obligatorio.
El término ética proviene de la palabra griega ethos, que originariamente significaba “morada”, “lugar donde
se vive” y que terminó por señalar el “carácter” o el “modo de ser” peculiar y adquirido de alguien; la
costumbre (mos-moris: la moral).
La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante
frecuencia. En la actualidad se han ido diversificando, la Ética son el conjunto de normas que vienen del
interior y la Moral las normas que vienen del exterior; es decir, de la sociedad.
Se considera una rama de la filosofía relacionada con la naturaleza del juicio moral, que medita sobre lo que es
correcto o incorrecto (lo bueno y lo malo) en nuestra sociedad y en nuestra conducta diaria.
Metafóricamente hablando, la Ética es la “Morada del ser”, el hogar de todos los seres, reserva moral y último
resguardo de la humanidad. Una humanidad sin hogar, sin ética, afectaría a toda la bioesfera, al mundo
entero. Recordemos que al ser humano también se le conoce como “El Pastor del ser”, el cuidador de la
realidad circundante, del ambiente. Los conceptos de morada, casa, hogar, tienen significados ancestrales,
acogedores y cálidos: hoguera, lar, casco protector del guardián del ser y de todo lo que cuida (“ética del
cuidado”), requisito necesario para la seguridad y supervivencia, esperanza y fortaleza del cosmos. Y si
ampliamos un poquito más el significado nos sale al paso el término “hábitat“, “ambiente“, del griego oikos
(eco-hogar).
No hay forma de librarse de la dimensión global y cósmica de la ética. Quien construya, aprenda y enseñe
ética, como lo hacemos tú y yo, tiene que construir, enseñar y aprender “eco-ética”, la ética de la convivencia
con la realidad circundante, ética de la circustancialidad.
Se define la ética como la ciencia que se refiere al estudio filosófico de la acción y la conducta humana,
considerada en su conformidad o disconformidad con la recta razón (razón que se dirige a la verdad). O, dicho
de otro modo, la ciencia que ordena los actos libres del hombre en cuanto se encaminan a su fin último, que
es la felicidad.
Por recta razón entendemos el medio a través del cual se descubre la moralidad. Pero, ¿a través de qué medio
conocemos si una acción es o no conforme al verdadero bien de la naturaleza humana? La respuesta es la
inteligencia, en cuanto es quién advierte lo adecuado o inadecuado de una acción en orden al verdadero bien
de la naturaleza humana. Si la inteligencia alcanza esa comprensión sin error, se le denomina recta razón.
Ética y moral
La ética es diferente de la moral, porque la moral se basa en la obediencia a las normas, las costumbres y
preceptos o mandamientos culturales, jerárquicos o religiosos, mientras que la ética busca fundamentar la
manera de vivir por el pensamiento humano.
En la filosofía, la ética no se limita a la moral, que generalmente se entiende como la costumbre o el hábito,
sino que busca el fundamento teórico para encontrar la mejor forma de vivir, la búsqueda del mejor estilo de
vida.
La ética puede confundirse con la ley, pero no es raro que la ley se haya basado en principios éticos. Sin
embargo, a diferencia de la ley, ninguna persona puede ser obligada por el Estado o por otras personas a
cumplir las normas éticas, ni sufrir ningún castigo, sanción o penalización por la desobediencia de estas, pero
al mismo tiempo la ley puede hacer caso omiso a las cuestiones de la ética.
Ética nicomáquea
La ética nicomáquea hace referencia a la obra Ética para Nicómaco, escrita por el filósofo Aristóteles. Se trata
de su principal obra sobre ética; es de gran importancia, ya que es el primer tratado sistemático sobre este
tema.
En su ética nicomáquea Aristóteles identifica como finalidad suprema la felicidad individual y colectiva. Para
alcanzarla, sitúa a la razón, la virtud y la prudencia por encima de las pasiones, ya que para él los seres
humanos viven en sociedad y sus actitudes deben ser dirigidas hacia un bien común.
Para Aristóteles, toda racionalidad práctica busca un fin o un bien, mientras que la ética tiene como propósito
establecer la finalidad suprema que está por encima, que justifica todas las demás, y ayudar a conocer la
manera de alcanzarla.
Ética en el servicio público
El tema de la ética en el servicio público está directamente relacionada con la conducta de los funcionarios
que ocupan cargos públicos. Tales individuos deben actuar conforme un patrón ético, mostrando valores
morales como la buena fe y otros principios necesarios para una vida sana en la sociedad.
Cuando una persona es elegida para un cargo público, la sociedad pone en ella su confianza. Así, esa persona
debe de estar al mismo nivel de esa confianza y ejercer su función siguiendo ciertos valores, principios, ideales
y normas.
Del mismo modo, los trabajadores de un servicio público deben asumir un compromiso ético y social hacia los
ciudadanos, como la promoción de la igualdad social y el fortalecimiento de la democracia. Para esto debe
estar preparado para poner en práctica políticas que beneficien al país y a la comunidad en los ámbitos social,
económico y político.
Fenómenos como la corrupción en el ámbito del servicio público muestran que en ocasiones no se actúa de
forma ética.
¿En qué contexto aparece Formación Ética y Ciudadana?
El mundo actual en el que todos nos encontramos ha cambiado y lo continúa haciendo de manera
ininterrumpida en todos los órdenes de la vida. Las distintas sociedades no pueden dejar de verse afectadas
por estas transformaciones, que en muchos casos destruyen la posibilidad de una convivencia social justa que
respete la dignidad humana. Así, la historia nos muestra que, en ocasiones, los sistemas políticos, los avances
científico-tecnológicos, los procesos de producción industriales y la actividad mediática se asocian generando
desigualdades económicas, discriminaciones culturales y pobreza crónica. Esta realidad se explica a partir de la
muerte de ciertos valores morales y la consolidación de relaciones de dominio socio-cultural.
Es evidente que esta preocupante situación nos involucra a todos en un camino de reconstrucción de nuestro
ethos cultural, partiendo de aquellos aportes válidos realizados por tradiciones éticas y teorías sobre la moral.
La Declaración de los Derechos Humanos es un legado que en el área de Formación Ética y Ciudadana debe
actuar como herramienta que vincule el desarrollo moral del alumno con su actuación social, con la intención
de hacer posible que la moral pública realice lo que ella misma pone como guía e ideal. Por otra parte el
desafío de defender los derechos humanos contra una realidad fáctica adversa, que se manifiesta aún desde
las estructuras de poder socio-político, implica el reconocimiento consensuado y culturalmente pluralista de
que han de existir puntos mínimos de los cuales una sociedad no debe escapar; como el respeto y la
solidaridad. Un imperativo es en todos los ámbitos de la vida, el reconocer en todas las discusiones normativas
la participación de todos los afectados, pero considerando a su vez el posicionamiento real de los
involucrados, lo que solidariamente nos lleva a escuchar y valorar al más débil. Esta voz es a veces, la de los
alumnos mismos en las instituciones o la de grupos sociales, como los aborígenes en nuestra provincia.
El desafío del docente que enseñe los contenidos de Formación Ética y Ciudadana no es sólo comprender
cuáles son los actos inmorales, ni siquiera ver por qué la humanidad degenera en barbaries tan cotidianas a
nosotros como la violencia y la discriminación. Disertar sobre los problemas morales no es una solución, ni
tampoco lo es educar a los individuos para mejorar la moral privada sin atender a la realidad social. Es
necesario por ello, crear proyectos educativos en el área que encaminen a los sujetos, en tanto que
ciudadanos, a la participación democrática para que la misma contribuya a superar un orden socio-económico,
político y jurídico injusto. Cuatro variables son las que el Estado y la educación pública deben considerar como
condicionamientos materiales e ideológicos que impiden el progreso humano: los modos indiscriminados de
producción industrial (el hombre se transforma en un objeto, pierde creatividad, no es dueño de su propio
obrar), la división social del trabajo, el consumismo, y la alineación promovida desde la actividad mediática
que hoy tanto afecta a los jóvenes. La indiferencia y el escepticismo imperantes están en correspondencia con
estos factores.
La escuela deberá continuar en forma sistemática y progresiva el desarrollo de la persona humana que se
inicia en la familia, comprendiendo los distintos momentos vitales que atraviesa el alumno, sobre todo
orientando a éste en la etapa de transición en que se integra a grupos sociales más amplios y complejos, con
nuevas características y con un contexto normativo diferente. Se debe buscar que los sujetos se tornen
conscientes de que la familia, la amistad, las instituciones educativas, políticas, laborales, pueden involucrar
obligaciones y contratos que se han asumido libremente. Que las leyes concretas y los acuerdos sociales, son
válidos porque descansan en principios universales aceptados en cualquier contexto socio-cultural. Hay que
mantener con firmeza la universalidad de principios como la justicia en relación a los conflictos sociales y
considerar a estos como la base sobre la cual hay que edificar el ethos de una cultura dada.
El desarrollo de contenidos éticos y políticos en este currículo escolar tiene como punto de partida la realidad
social en la que convivimos. Por ende la reflexión de toda la comunidad educativa tendrá que dirigirse hacia la
cultura con que se expresan los grupos sociales. El respeto por la pluralidad cultural que intentamos
promover, se concreta en la posibilidad de los pueblos de que se respete y se valore su tradición, su identidad
cultural. En contraste con ello, el avance científico-tecnológico en nuestro propio contexto, en ocasiones se ha
constituido como un elemento de dominación antes que de integración. El concepto de ciudadanía para ser
consistente en la realización de los derechos que engendra, debe considerar que el progreso material que
favorece a ciertos grupos de poder repercute negativamente en otras clases sociales, hasta la propias
creaciones artísticas se han adaptado a las necesidad de competencia, y los trabajadores a los intereses
puramente individualistas.
Los alumnos deben ser conscientes de su identidad cultural; comprenderla en relación a los valores éticos los
llevará a reflexionar sobre la concepción de hombre subyacente. La búsqueda de la utilidad y el beneficio
individual que priman en nuestras relaciones interpersonales están en relación con la visión economicista con
que nos manejamos. La estructura de la vida económica en la cultura actual es un factor determinante para la
misma actividad educativa y un desafío: ¿Cómo educar para la formación de una conciencia crítica en el
mundo laboral sobre los problemas de la globalización, la desocupación, la enajenación y a la vez superar la
exclusión del mercado actual del trabajo?. Los procedimientos de análisis, crítica e interpretación en el área de
Formación Etica y Ciudadana apuntan a que los chicos puedan abordar en forma dialógica y pacífica estos
problemas morales históricos de la sociedad en general; la masificación del individuo, el empleo destructivo
de la fuerzas sociales, la explotación del trabajador, la distribución injustas de las riquezas. La educación
misma debe oponerse a ser una mera instancia de capacitación, que no respeta la dignidad humana y atenta
contra la existencia auténtica del hombre. La educación es una praxis social, por la que el sujeto se proyecta
en relación a otros individuos y un mundo de vida. En esta red de interrelaciones ni la persona individual ni
los grupos pueden relativizar a su prójimo, tomarlo como un mero medio.
Para qué Formación Ética y Ciudadana
Teniendo en cuenta estos aspectos de la demanda personal y social de educación, la Ley Federal de Educación
dice en su artículo sexto:
“El sistema educativo posibilitará la formación integral y permanente del hombre y la mujer, con vocación
nacional, proyección regional y continental y visión universal, que se realicen como personas en las
dimensiones cultural, social, estética, ética y religiosa, acorde con sus capacidades, guiados por los valores de
vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia. Capaces de elaborar, por decisión
existencial, su propio proyecto de vida. Ciudadanos responsables, protagonistas críticos, creadores y
transformadores de la sociedad a través del amor, el conocimiento y el trabajo. Defensores de las instituciones
democráticas y del medio ambiente”.
El área de Formación Ética y Ciudadana parte de la realidad de los individuos, y desde este plano pretende un
proceso de formación que tienda a la superación de la persona misma, en sus afectos, conocimientos, normas,
valores y su creatividad. Pero al mismo tiempo promueve el desarrollo del conjunto de la comunidad
educativa para que esta construya su vida social desde criterios éticos.
La moral de la sociedad es el cúmulo de normas y valores concretos por los que se guía la conducta de los
grupos sociales. Nuestra moral aparece dilemática, pues se sustenta en los valores de la moral occidental: el
amor, la fraternidad, la libertad, pero explícitamente se disgrega en el escepticismo, el consumismo y el
individualismo. La educación en contenidos éticos que propone el área, es la reflexión sobre nuestras normas
y valores. La intención del análisis ético es guiar al hombre en todo el proceso de construcción de la realidad
social, permitiendo la felicidad personal y el bien común.
Formar ciudadanos conlleva al necesario debate público sobre cuáles son los obstáculos que obstruyen la
realización individual y colectiva. La actividad educativa de esté área no debe constituirse en un intento por
enseñar contenidos de teorías éticas a los alumnos, ni mucho menos una igualdad y libertad solo discursiva. La
autonomía moral del alumno se tiene que edificar en su propio contexto vital. La autonomía moderna en la
que se asienta la democracia actual implica la posibilidad de construir una sociedad con normas propias que
respondan a nuestros propios ideales y a nuestras necesidades históricas.
En nuestro tiempo, urge que los alumnos reflexionen como ciudadanos y establezcan una
complementariedad entre las normas morales y las normas jurídicas, pues estas últimas tienen que ser
revisadas a la luz de principios éticos como la justicia y la solidaridad.
Hoy el Estado y todos nosotros como miembros de la sociedad asumimos el compromiso de transformar la
educación y con ello cambiar a su vez la realidad, nuestra cultura, acercándonos más a formas plenamente
democráticas; alentando los procedimientos de justificación racional de los actos, responsabilidad ante las
consecuencias prácticas de los mismos, y generando actitudes de respeto y cooperación.
La concepción pedagógica de esta propuesta educativa, no es aquella que pone al docente como el portador
de los conocimiento, ubicado en un lugar jerárquico ante el alumno que ignora y espera adaptarse; el
aprendizaje sólo adquiere sentido en un contexto real donde participan todos los sujetos de la práctica
educativa y donde cada uno con su palabra en la intercomunicación la llena de significado.
Formación Ética y Ciudadana posee cuatro núcleos conceptuales que atraviesan toda el área articulando sus
contenidos:
• Las acciones individuales y sociales en relación a principios, normas y valores morales ( positivos y
negativos).
• Desarrollo de la responsabilidad ciudadana y la participación democrática (análisis crítico de la realidad
política actual)
• El estudio de las normas socio-jurídicas, el Estado de Derecho, la Constitución (visión reconstructiva).
• El estudio y ejercicio de los Derechos Humanos en relación a problemas de la comunidad: salud, medio
ambiente.
ETICA DOCENTE:
“Educar en valores es una misión enormemente difícil. Sin embargo, se trata de una misión irrenunciable.
En la sociedad los individuos deben ser capaces de afrontar nuevos desafíos constantemente. La misión del
"profesor-mediador" no es sólo instruir en un cuerpo de conocimientos más o menos científico, sino
coadyuvar para que el educando descubra por sí mismo los valores y las herramientas que le permitan poner
en práctica esos conocimientos, así como descubrir por sí mismo otros nuevos”
La ética profesional no es simplemente una deontología o un conjunto de normas para regir la conducta de
quien ejerce una labor profesional; es un compromiso vivencial que va más allá de la norma escrita y debe
hacerse efectivo teórica y prácticamente. En el ámbito de la educación, para cumplir con ese compromiso el y
la docente han de ser conscientes de sus tenencias prácticas, intelectivas y morales, así como del deber de
desarrollarlas constantemente para ponerlas a disposición de sus estudiantes y ayudarles a crecer cognitiva,
afectiva y moralmente de manera integral.
Las profesiones en su sustrato fundamental –se supone- deben llenar necesidades sociales, por ende, tender
hacia el bien de la comunidad sin dejar de lado la realización personal. Aunque la profesión se ha configurado,
desde Lutero, como prestataria de servicios, en la actualidad y para una sociedad que día a día se torna más
compleja y globalizada, la profesión interpretada como una parcela especializada de conocimientos interesa
más por la cantidad de saber que se torna rentable que por la vocación misma. No puede haber humanización
sin una perspectiva integral del sujeto, de ahí que, las instituciones educativas, en este caso, la universidad, no
deben prescindir de su finalidad propia, cual es, la formación humanista. Educar, sin duda alguna, es
humanizar.
Toda persona que inicia una carrera toma una decisión –es de esperarse que libremente – y en conjunto con
esa decisión la responsabilidad futura que esta conlleva al incorporarse al campo laboral. Aquí, el profesional
establece un compromiso consigo mismo y con el grupo social. Un compromiso que implica la búsqueda
constante de superación y excelencia en la labor por realizar; una constante actualización de los
conocimientos y una dignificación permanente de su práctica. En el buen ejercicio de su labor profesional
hallará la autorrealización pero también beneficiará de todos aquellos y aquellas que acudan a la prestación
de sus servicios.
La ética general es aquella que se refiere a los principios universales del actuar humano (valores, diferencia
entre bien y mal, libertad, responsabilidad, acto humano) Entonces ¿en qué se diferencia esta ética general de
la ética especial o profesional? La respuesta, sin lugar a dudas, es que, la ética especial o moral profesional
aplica los principios de la ética general a situaciones particulares o coyunturales, según sean sus coordenadas
espacio – temporales.
Hasta mediados del siglo XX, en Costa Rica, era usual que los y las docentes aplicasen algún castigo físico a sus
estudiantes con el aval de los padres y madres de familia, es más, hasta era bien visto por ellos (as) El hecho
de que el o la docente impusiesen su autoridad con ese margen de rigor venía con su práctica docente, dado
su carácter vicariante. Así, moralmente ese comportamiento gozaba de la aprobación tácita, si se puede así
decir, del conglomerado (adulto) costarricense. Hoy día, esa conducta es moralmente sancionable e
improcedente tanto humana como psicológica y pedagógicamente. En este caso, tal y como se aprecia, la
coyuntura ha cambiado de forma notable, y las decisiones, en este aspecto, se ven condicionadas por las
circunstancias actuales. Sería conveniente preguntarse por qué el castigo físico sigue siendo, en el plano
general de la sociedad, y no en el particular docente, una opción válida y casi irrenunciable de muchos padres
y madres de familia para educar a sus hijos e hijas.
El compromiso del docente consigo mismo y con el conglomerado social es evidente; este compromiso
contempla tanto la aptitud como el cultivo de la misma mediante una actitud constante hacia el crecimiento y
la humanización. La auto exigencia y la conciencia crítica se revelan así como consustanciales a la práctica
docente. En todo profesional, pero en particular el que está involucrado en la docencia, los conocimientos o
habilidades deben ir acompañados de una sólida formación ética que le permitan ponderar juiciosamente las
implicaciones de sus acciones para consigo mismo y para con los demás.