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Descanso Espiritual en Jesús

1) Jesús invita a todos los que están cansados y cargados por el pecado a venir a él para encontrar descanso. 2) La invitación de Jesús es misericordiosa, generosa y sincera. 3) Jesús ofrece precisamente lo que los pecadores necesitan desesperadamente: descanso para sus almas atormentadas.

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Descanso Espiritual en Jesús

1) Jesús invita a todos los que están cansados y cargados por el pecado a venir a él para encontrar descanso. 2) La invitación de Jesús es misericordiosa, generosa y sincera. 3) Jesús ofrece precisamente lo que los pecadores necesitan desesperadamente: descanso para sus almas atormentadas.

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VEN A JESÚS!!!

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” -


Mateo 11:28

¿Necesita usted descanso?

En el mundo abundan los trabajados y cargados. Sufrimiento y dolor, aflicción y


muerte han sido la terrible secuela del pecado de Adán, y no se puede disfrutar de
ningún descanso real hasta que el pecado sea quitado del culpable.

Los hijos de esta tierra han tenido siempre una percepción general que en ellos había
algo malo, y han hecho repetidos esfuerzos por cambiar su condición y obtener paz
para sus almas; pero todos estos han sido infructuosos:

El mal no ha cesado, y el paraíso no ha sido restaurado. El mundo no ofrece la paz


que solo Jesucristo pueda dar.

Cada corazón conoce su propia amargura, y cada individuo siente su propio dolor.

No todos llevan la misma carga y el mismo tipo de mal. Para uno, la carga puede ser
una aflicción personal; para otro, un problema familiar y económico.

Las palabras dichas por el Señor Jesús “Venid a mí todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar”, seguramente comunican a un mundo como el
nuestro una invitación extraordinaria.

¿Quién extiende esta invitación?

Es la voz de Emanuel que llega a nuestros oídos.

Éstas son las palabras del Redentor compasivo que el ojo del cansado ve.

Fue la Palabra encarnada quien dijo estas preciosas palabras. Deje que su
pensamiento reflexione en esa asombrosa realidad. “¡Jamás ninguna persona ha
hablado como JESUS!” Juan 7:46 “los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno
ha hablado como este hombre!” Pero no se puede esperar que ningún hombre hable
como él, porque aunque había tomado la forma de siervo y la semejanza del hombre,
es, no obstante, el Hijo de Dios y, como tal, conocía perfectamente al Padre.
Esto es lo que dijo con respecto a sí mismo: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al
Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” [Mat.
11:27]

¡Que descubrimiento es éste en cuanto a la obra de Jesús! Él revela a Dios como un


Padre para los pobres pecadores. És No sólo da a conocer la mente de Dios, sino que
también revela su corazón;

Es él, entonces, el que vino del Padre para declarar su amor y testificar de él, quien
aquí habla. Justamente Aquél que vino para revelar la gracia y el amor de nuestro
Padre en el cielo, invita a los pecadores cansados a venir a él.

¿A quiénes invita Jesús?

“Todos los que están trabajados y cansados”, es su propia respuesta.

Antes de que él viniera, los judíos estaban trabajados y cargados.

Jesús, al verlos gimiendo bajo la carga más pesada del pecado y sufrimiento, anheló
darles libertad. Les presentó un yugo que era fácil, y una carga que era liviana. [Mat.
11:29-30 “llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde
de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera
mi carga,”]

Ésta es, sin lugar a dudas, una invitación general, pero creemos que nadie la aceptará
mientras no sienta el pecado como una carga.

¿Siente usted remordimiento en su corazón, y está listo para clamar con los
pecadores de Jerusalén: “Varones hermanos, ¿qué haremos?”en Hechos 2:37 El
Salvador le habla a usted especialmente. ¿Siente usted sus pecados como una carga
pesada sobre su cabeza”? Las palabras del Salvador fueron dirigidas a usted.

Observemos las palabras “trabajados” y “cargados” y notemos qué expresivas son.

La palabra “trabajados” significa aquí más que trabajar.

La expresión “todos los que están trabajados” significa “Ustedes que han estado
trabajando hasta estar muy desgastados, agotados por el arduo trabajo y cansados”.

Los hombres pecan contra Dios con la misma energía como si estuvieran trabajando
para ganarse el pan diario.

Se desgastan cometiendo iniquidades. Trabajan arduamente como si creyeran que su


paga sería la vida --no la muerte.
¿Es usted un pecador agotado por este arduo trabajo? ¿Se siente exhausto y
extenuado bajo el peso de sus transgresiones? Entonces entiende también lo que
significa estar “cargado”.

La referencia original a “cargado” es al cargamento de un barco --cuanto más se


carga más se hunde.

Esto representa la condición de un pecador que ha despertado. Se ha estado


llenando de un “cargamento” de pecado, y lo ha hecho durante tanto tiempo que siente
que ya no puede cargar más.

Su caso quizá pueda ser representado mejor por Pedro cuando caminando sobre el
agua hacia Cristo, empezó a hundirse, y clamó: “pero al ver el fuerte viento, tuvo
miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame” (Mat. 14:30)!
Si es usted sensible a sus pecados, siente que se está hundiendo por su propio peso
en una perdición merecida.

Llamado a la conversión….

Pero viene del cielo, una gran y poderosa invitación de Dios para su vida, ¿que son las
invitaciones de Dios?

La invitación es misericordiosa

Lo primero que quiero que note sobre esta invitación de Jesús es


lo misericordiosa que es. Es por amor y misericordia que invita de esta manera a los
pecadores perdidos. La gracia lo trajo a este mundo; y por su gracia anduvo haciendo
el bien. ¡Cuánto ha de haberse conmovido su corazón al mirar las multitudes y ver que
eran como ovejas que no tienen pastor! Fue por verdadera misericordia que anduvo
por sus ciudades y aldeas enseñando y predicando el evangelio de salvación. ¡Fue a
oídos de los infieles e impenitentes desde Corazín, Betsaida y Capernaum que
extendió esta invitación! ¡Y con cuánta misericordia nos extiende ahora esta misma
invitación! Él está “lleno de gracia y de verdad”. Tiene la misma compasión ahora que
en aquel entonces: y su gracia fluye con la misma plenitud en el cauce de su Palabra
que cuando se encarnó y anduvo entre nosotros. ¿Acaso no es un llamado lleno de
misericordia el que le extiende el Salvador? Usted no es digno de su consideración
--usted no vale nada, ¡y aún así lo llama! Y él da el primer paso en esto. Usted no lo
está buscando a él, pero él lo busca a usted. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar
y a salvar lo que se había perdido.” ¡Qué misericordia! “Venid a mí..., y yo os haré
descansar.” [Mat. 11:21-23, Juan 1:14, Luc. 19:10]

La invitación es generosa

La segunda cosa que quiero que note aquí es la generosidad de la invitación. No tiene
un fin sórdido al llamarle. Su intención es únicamente buena. No tiene más que
considerar lo que Jesús ha hecho, para ver lo sacrificado que es su amor. Cuando
hace propuestas para recibirlo y bendecirle a usted, un pecador perdido, puede estar
seguro de que es por el amor más puro. Piense en el Getsemaní y en el Calvario, y
podrá percibir cuán generoso es al salvar a pecadores. El carácter egoísta por lo
general no gusta y es rechazado, mientras que el generoso recibe aprobación y
respeto universal. ¿Quién puede enterarse, y no aprobar, del trabajo sacrificado del
filántropo Howard, quien tanto hizo para mejorar la condición de los presos y para
reformar las cárceles? ¿Y qué mujer, al saber las circunstancias, no siente que todas
las mujeres han sido ennoblecidas por las labores de la Sra. Fry entre las pobres
mujeres confinadas en la cárcel en Newgate? Pero ese hombre y esa mujer no eran
más que imitadores del Filántropo Divino, Jesucristo. Lo siguieron a lo largo de una
distancia infinita.

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros
se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”
¡Para salvar enemigos, tomó sobre sí la forma de un siervo, se humilló a sí mismo y
fue obediente hasta la muerte, aun la muerte de cruz! Piense en el generoso amor de
Emanuel cuando lo llama a fin de que acuda a él para ser salvo, ¡y permanezca
indiferente si puede! [2 Cor. 8:9; Fil. 2:5-11]

La invitación es sincera

La tercera cosa que quiero que note en esta invitación es su sinceridad. Hay mucha
falta de sinceridad entre los hombres. Muchos extienden invitaciones que esperan no
sean aceptadas. Hasta se sentirían molestos si las aceptaran. Pero éste nunca puede
ser el caso con Cristo Jesús porque él es llamado “Fiel y Verdadero”. Demostró su
propia veracidad cuando andaba sobre la tierra, y hasta se denominó a sí mismo “la
Verdad”. Él es “el Verdadero” y, al invitar a pecadores, es sincero. Cuando dice
“Venid” significa justamente eso. Cuando vino a los suyos fue rechazado, demostró su
sinceridad al procurar la salvación de ellos, porque no se dio enseguida por vencido
con ellos, sino que continuó con ellos enseñando y predicando y haciendo milagros de
amor. Y sus agonías en el Getsemaní y en la cruz demostraron poderosamente la
sinceridad de su corazón. Por lo tanto, no le es indiferente si usted acude a él o no; y
es sincero al invitarle a venir a él. Dice “Venid” desde lo más profundo de su corazón
lleno de amor. No se trata de una expresión de que le desea bien: es auténtica; y será
usted su propio enemigo si no acepta su invitación sincera “con corazón
sincero”. [Apoc. 19:11, Juan 14:6, Jer. 10:10, Heb. 10:22]

La invitación es adecuada

La cuarta cosa que quiero que note en esta invitación es que es adecuada. Va
acompañada de la promesa de aquello que necesita usted con la mayor urgencia:
“Venid a mí, y yo os haré descansar”. Si ya desmaya y se siente cargado, ¿qué puede
necesitar más que un descanso? “Y os haré descansar” es la promesa. El descanso
es justo lo que necesita el hombre agotado por su arduo trabajo y ninguna otra cosa
puede sustituirlo. Por lo tanto descanso espiritual es lo que necesita el pecador
trabajado y cargado, y ninguna otra cosa puede llenar esa necesidad. Cuando la
tormenta de la convicción ruge contra él y las olas de culpa están por vencerlo, nada
anhela con más intensidad que el descanso. El regalo de Jesús --descanso para el
alma atribulada-- es el favor más preciado otorgado a los hijos de los hombres. Y es
bueno recordar siempre que es un regalo. “Os haré descansar.” El significado literal es
“Yo causaré que descanses”. [Heb. 4:1-11]

Esto le muestra a usted no sólo que de una manera u otra usted puede obtener
descanso por medio de Jesús, sino que muestra cuán completamente tiene que
debérselo a él. Si llega a obtener esta inestimable bendición, él tiene que ser la causa,
y la fuente, y el dador de su descanso. Cristo se encuentra ante usted y lo invita, no
como una verdad abstracta, sino como una persona viva. Cristo andaba sobre la tierra
cuando por primera vez dijo estas palabras y, aunque no vemos ahora su forma ni
oímos su voz, hemos de creer, porque es realmente cierto que vive y nos habla a
través de su Palabra como el que vive. La salvación no puede estar desconectada del
Salvador personal. Usted tiene que venir a él si quiere que le dé descanso; y si de
veras viene a él, descubrirá que el que prometió es fiel.

El descanso es triple

El descanso que usted necesita es triple: descanso de su inquietud con respecto a su


culpabilidad; descanso de la esclavitud de la tiranía de su corrupción y descanso del
cansancio causado por luchar con el pecado y el mal. La pena, el poder y la presencia
del pecado son los motivos principales de inquietud, y de todos ellos nos libra Jesús.

Si acude usted al Señor Jesús, él hará que deje de preocuparse por el castigo de sus
pecados al mostrarle cómo su muerte fue expiación por el pecado. Si él afirma el pie
de usted sobre la roca de la obra completada, entonces su alma puede sentirse
segura. Si lo viste a usted de la justicia de él, podrá recostar su cansada sien en su
pecho bendito y disfrutar de refrescante descanso, porque sentirá que el Señor lo
sostiene. Cristo es nuestra paz. Él es quien reconcilia con Dios y, por lo tanto, puede
brindar paz al hombre. Él ha efectuado la reconciliación por medio de la sangre de su
cruz, y ahora viene y predica paz, y todo el que viene a él viene a la paz. La inquietud
de su alma desaparece por el rociamiento de esa sangre que nos limpia de todo
pecado. “Si él diere reposo, ¿quién inquietará?” (¿quien puede declararnos
culpables?) [Job 34:29, Rom. 5:1]

Él también le dará descanso de la esclavitud del pecado. Usted ha sido esclavo


obsecuente del pecado. Le encantaba y usted le servía ávidamente antes de llegar al
punto de alarmarse por su alma. El pecado se enseñoreaba de su naturaleza carnal.
Le era imposible dejar de pecar, así como es imposible que una piedra que suelta de
su mano, a menos que se tope con un obstáculo, deje de caer al suelo. Si no se ha
convertido, se encuentra en una inclinación que desciende desde la tierra hasta la fosa
sin fondo, e inevitablemente se deslizará hacia abajo y perecerá a menos que sea
rescatado de su peligrosa posición. Puede usted anhelar salvarse a sí mismo, pero
todos sus esfuerzos, sin ayuda, serán inútiles. Aun puede orar contra sus peores
pecados, pero, aparte de la interferencia divina, seguirán siendo sus peores pecados.
Puede resolver y esforzarse cien veces para dejar de pecar, pero descubrirá que
Satanás no puede echar fuera a Satanás. Sólo Cristo puede hacerlo. Él dice:
“Separados de mí nada podéis hacer”, pero también dice: “Venid a mí, y yo os haré
descansar”. [Juan 15:5, Mat. 11:28]

Querido amigo pecador, ¿anhela que sus corrupciones se debiliten y que el cuerpo de
pecado sea destruido de modo que de aquí en adelante no sirva al pecado? Entonces,
acuda a Cristo para que le dé un nuevo corazón porque, al dárselo, lo librará de esta
terrible esclavitud. El pecado no se enseñoreará sobre usted si está en Cristo Jesús.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he
aquí todas son hechas nuevas.” “Pondré mi Espíritu dentro de ti y te haré andar en mis
estatutos.” Cuando el Señor Jesús vence al pecado con su Espíritu todopoderoso,
entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” guardará su corazón y
su mente. “La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús” lo “librará de la ley del pecado y
de la muerte”. [2 Cor. 5:17, Rom. 8:2]

También le dará descanso de todas sus luchas agotadoras con el pecado y el mal. No


es fácil ser cristiano. Tenemos que librar una lucha constante contra el pecado. La
experiencia del Apóstol Pablo que describe en Romanos 7:22-25, es la de todos los
creyentes: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo
otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” Y bajo el sentimiento de esta
lucha --la carne forcejeando contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne-- exclama:
“¡Miserable de mí! ¿quien me librará de este cuerpo de muerte?” Sabe que hay quien
puede salvarlo y por lo tanto agrega: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor
nuestro.” La hora viene cuando disfrutaremos de un descanso sin interrupciones.
Ningún pecado nos molestará, y ningún mal nos afligirá jamás. Con Jesús, en su
reino, disfrutaremos del descanso que brinda al pueblo de Dios. Ahora es el momento
para que los pecadores trabajados y cargados acudan a Cristo con el fin de que su
culpa sea quitada y obtengan una renovación y un refrigerio para sus almas. ¡Qué bien
se adapta a nuestra condición esta preciosa invitación!

La invitación es para todos

Además, es una invitación general a los pecadores trabajados y cargados: “Venid a mí


todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. No hay en
nuestro Señor falta de compasión. Está llamando a pecadores perdidos con una
invitación general a acudir a él para ser salvos. Pero, como hemos dicho, nadie tomará
la misericordia ofrecida sino los que tienen conciencia de su condición miserable y
cargada. Los exhaustos son los que valoran el descanso, y los sanos no tienen
necesidad de un médico, sólo los que están enfermos. Es muy importante saber que
todos los trabajados y cargados espiritualmente pueden venir a Cristo. Todos los
enfermos que se acercaron a él, o que fueron llevados a él cuando andaba sobre la
tierra, eran curados de sus enfermedades; de la misma manera, todos los enfermos
espirituales pueden acudir ahora con la seguridad de que serán sanados. Todos
pueden venir --todos están invitados; y al que viene él no le echa fuera.

Pobre torturado y cargado por el pecado, ¡he aquí las buenas nuevas! Ha llegado el
Señor, y lo llama. Alégrese, levántese y acuda a él. Él siente compasión por usted.
¡Ah! No demore; no vacile. Usted ha sido llamado, y llamado por Cristo mismo, tan
ciertamente como si hubiera estado usted entre los que lo rodeaban en los días de su
encarnación cuando, con su propia voz, extendió esta invitación divina cerca del mar
de Genesaret. Usted se siente muy inquieto y muy atribulado. Él tiene para usted una
cariñosa palabra de invitación; “Venid a mí y yo os haré descansar”. Él le dará paz y
refrescante descanso. Él le otorgará descanso y gozo y consuelo en una medida que
usted no puede concebir. Así como él se esta acercando a usted y hablándole a
usted, acérquese usted a él y hable. Exprese toda la causa de su dolor y aflicción
--cuéntele todo. Clame al nombre del Señor, y cuéntele en sus propias palabras que
ha venido para aceptar el descanso que él ofrece gratuitamente. No guarde silencio.
Confiese sus pecados (1 Juan 1:9). Busque la misericordia perdonadora. Póstrese a
sus pies en su profundo dolor, e implore a él para que sane y bendiga su alma, y no se
irá con las manos vacías. ¡Vengan todos, es la invitación divina!

La invitación es incondicional

Queremos también que comprenda y sepa que esta invitación es


absolutamente incondicional. Es extendida gratuitamente; no está cargada de
condiciones. El evangelio de la gracia de Dios llega a usted tan gratis que no se puede
describir. No le exige que haga nada para merecerlo o a fin de calificar para recibirlo.
Existe el deseo en los pecadores que han despertado de recibir una misericordia
basada en ciertas condiciones; pero la misericordia de Dios es otorgada a todos los
que la quieren “sin dinero y sin precio”. “A todos los sedientos: Venid a las aguas.”
(Isa. 55:1). Uno pensaría que no hay nada más incondicional que una invitación así;
no obstante, los hombres han intentado convertir esto en algo meritorio. Repitiendo el
llamado generoso de Dios, queremos exhortar a pecadores que acudan a las aguas y
beban gratuitamente para obtener refrigerio para sus almas. “A todos los sedientos:
Venid a las aguas” es la palabra de la gracia incondicional; pero el corazón legalista,
por temor o perversidad, o por ambas cosas, se centra en la sed y se queja de estar
sediento o de tener el tipo adecuado de sed, como si fuera un precio por el cual las
aguas sin precio pudieran ser compradas. El llamado no es así. ¡Atención! Todos los
que tengan una auténtica sed espiritual, vengan a las aguas. Las personas llamadas
son amonestadas por gastar dinero en lo que no es pan y trabajar para aquello que no
satisface.

Si usted ha estado centrando sus pensamientos en el “Venid” de la invitación del


Salvador, preguntando: “¿Cómo tengo que venir?” recuerde que esto procede del
estado legalista del corazón. Resista al diablo: él quiere que se centre en su “venir” y
descuide al glorioso Emanuel que lo invita. “El Espíritu Santo”, como bien se ha dicho,
“ha utilizado una variedad de expresiones a fin de evitar este error; pero no obstante,
los hombres caen en él. Por ejemplo, dice en este lugar: venid; en otro lugar dice:
mirad; en otro, creed; en otro, oíd; todo para prevenir que se centre en la acción de su
propia mente. En cambio, centre toda su atención en el objeto, el cual es Jesucristo.
Es Cristo quien lo salva.

Es Cristo quien le da descanso --no el que usted acuda a Cristo. La fe no es una


condición para ser salvo, si lo fuera “la gracia ya no es gracia”. Es verdad que hemos
de acudir a Cristo para ser salvos; pero nuestro venir no ha de constituir la razón por la
cual hemos de ser salvos: debemos venir porque es algo natural y no puede ser de
otra manera. Es por fe, a fin de que pueda ser por gracia. La fe es uno de los dones
que otorga Dios; y, sin duda, no puede ser que poseer uno de sus dones sea el mérito
por el cual otorgar otros: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no
de vosotros, pues es don de Dios”. [Rom. 11:6, Ef. 2:8]

La invitación puede ser aceptada ahora

Lo último que deseo que note sobre esta invitación es que es una que puede ser
aceptada inmediatamente. Cualquiera en el gentío que se sentía cargado pudo
haberse abierto camino y venido a Jesús en cuanto pronunció las palabras, pidiéndole
que le diera la bendición prometida. No especificó un tiempo y, sin duda quiso decir, y
así lo comprendieron, que debían venir a él ese mismo día. Éste sigue siendo el caso.
“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” La exhortación
de venir a Cristo no es para mañana o para algún momento en el futuro. Es “hoy, si
escucharen su voz.” ¿Se está hundiendo usted bajo su carga? ¿Está cansado, y
necesita descansar inmediatamente? Entonces, ¡seguramente es para usted una
buena noticia que le digan que Cristo le quitará su carga hoy! No puede ser tan
insensible a la =ecesidad de su propia alma como para desear que Cristo hubiera
extendido su invitación para mañana o algún día en el futuro. “Cuando no sabéis lo
que será mañana.” “Porque no sabes que dará de sí el día.” Usted recibe el llamado
ahora. Le exhortamos que crea en Jesús ahora, para la salvación de su alma. Cristo le
llama para darle dicha en el presente. Él levantará su carga aplastante ahora, y le
brindará inmediatamente perdón y paz. ¡Oh pecador cansado! Ábrase paso entre el
gentío con su carga de pecado, sufrimiento, problemas, dolor y contaminación, y lo
encontrará generosamente dispuesto a “darle descanso”. [2 Cor. 6:2, Stg. 4:14, Prov.
27:1]

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