Cuento: La amistad que salva vidas
La amistad que salva vidas
La amistad es uno de los sentimientos más bellos y poderosos que existen.
Dan igual las diferencias o semejanzas que posean dos amigos, ya que la
fuerza que les une es superior a todo lo demás. Y esto lo saben muy bien
una paloma y una hormiga que, de no conocerse, pasaron a ser dos
grandes e inseparables amigas.
Un día la hormiga se vio atacada por una terrible sed y decidió acercarse a
una charca cercana para poder saciarla. A pesar de los intentos de la
pequeña hormiga para no caer al agua, el tronco sobre el que procuró
deslizarse para beber giró con tan mala suerte, que finalmente cayó. ¡Qué
miedo sintió la hormiguita, tan pequeña y sin saber nadar en el agua!
Por suerte una paloma pasaba por allí y pudo ver el miedo de aquella
hormiguita intentando salir del agua sin ningún éxito. Y, rápida como el
mismo viento, se aproximó volando hasta alcanzar a la hormiga con el
pico y posarla en tierra firme para ponerla a salvo.
Muchísimas gracias paloma. Estaba a punto de ahogarme y tú me has
salvado. Te debo la vida – Dijo la hormiga.
No me debes nada, todos debemos ayudarnos si estamos en peligro, y tú
lo estabas. Seguro que harías lo mismo si se diese la ocasión – Respondió
la paloma.
Y aquella ocasión de la que hablaba la paloma en sentido figurado, tuvo
lugar no lejos de aquel día. Todo ocurrió cuando un cazador, una tarde de
domingo, salió a buscar presas para el almuerzo, con tan mala suerte de
encontrarse con la paloma. Pero finalmente, y a pesar de tener a la
paloma completamente indefensa y a una distancia perfecta, no pudo
darle caza. El cazador, de repente, sintió un dolor en la mano que le llevó a
soltar la escopeta de un golpe.
¿Queréis saber qué pasó? Pues que la hormiguita, que desde el día en que
fue salvada de las aguas seguía a la paloma sin hacer ruido, pudo
comprobar el peligro tan grande en el cual se encontraba inmersa su
amiga. Y no dudó en subir por la pierna del cazador hasta alcanzarle la
mano y darle un buen bocado.
Gracias a la intervención de la hormiga la paloma pudo escapar y,
finalmente, la hormiga pudo cobrar su deuda.
Una deuda que quedó, a partir de entonces, sellada con una amistad
eterna.
La importancia de los valores en la infancia
Los valores no se enseñan, se transmiten. Y esto puedes hacerlo tanto con
el ejemplo diario, como narrando cuentos con valores donde se deje ver
la acción de poner en práctica el valor en distintas circunstancias. Las
historias no solo son narrativas entretenidas, sino que son leyendas con
enseñanzas para toda la vida. Los cuentos cortos con valores permiten a
los niños integrarse mejor en la sociedad, sociabilizar mejor con otros
niños y caminar sin traumas hacia un futuro lleno de esperanza, equilibrio
y respeto.
Los cuentos con valores para niños y niñas deben tener un vocabulario
adaptado a ellos sabiendo que, a partir de un año, ya nos encontraremos
ante la edad perfecta para comenzar a leer junto a los peques cuentos de
este tipo.
Cuento para niños: La mentira de María
Las mentiras no son buenas, pero a veces nos podemos sentir tentados por
decir una muy pequeña. Y es que a veces las mentiras parece que pueden
salvarnos de alguna que otra regañina y sacarnos de problemas en unos
segundos, facilitando así muchas cosas, como por ejemplo el hecho de
recibir regalos, dulces o mimos.
Pero lo que es verdaderamente cierto, amiguitos, es que las mentiras
tienen las patas muy cortas, y siempre se descubren y convierten una
pequeña situación incómoda en un problema muy grande, sin contar que a
menudo lastimamos a los demás al decir mentiras y ya nadie confía en
nosotros por engañar. Y esa dura lección fue la que tuvo que aprender una
niña llamada María, gracias a una terrible mentira que la metió un día en
un problema muy grande.
La historia comienza en un día cualquiera en la escuela cuando María, que
era muy traviesa y le gustaba mucho hacerles bromas a sus compañeros,
hizo que su amiga Tania llorara, se enfadara con ella y le contara a la
profesora su travesura. Entonces la maestra habló con María seriamente y
le dijo que llamara a sus padres, que quería hablar con ellos al día
siguiente en la escuela:
Oh, eso no podrá ser de momento -contestó María ideando una mentira
para escapar de la situación- , mamá ha estado un poco delicada de salud
y papá la tiene que cuidar.
Inmediatamente la maestra se preocupó y preguntó a María que era lo
que tenía su madre:
No estoy muy segura, pero no puede levantarse de la cama y papá no
puede dejarla, solo para ir al trabajo– respondió María.
Al día siguiente, a la hora de pasar lista, la maestra muy atentamente
preguntó a María si su madre ya se encontraba mejor, a lo que ella
respondió:
Muy mal, no creo que pueda venir a la escuela estos días.
Una respuesta que alarmó mucho a sus compañeros de clases, que fueron
muy atentos con ella colmándola de atenciones para animarla. A María la
mentira le hacía sentir un poco mal, pero en el fondo le gustaban mucho
los dulces y los mimos, por lo que no había mal que por bien no viniera y
decidió mantener la mentira durante bastante tiempo.
Al igual que una bola de nieve rodando, cada vez la mentira se hacía más
grande y todos pensaban que la mamá de María estaba muy mal en casa,
por lo que se sentían muy preocupados por ella. Sin embargo, como
siempre pasa con las mentiras, finalmente la verdad salió a la luz el día
que la maestra de María se encontró con la mamá en el supermercado.
Cuando la maestra de María preguntó preocupada por su salud, la madre
respondió:
No he estado enferma desde hace mucho tiempo… ¡estoy tan fuerte como
un roble!
Aquella frase dejó al descubierto la fatal mentira de María.
Al día siguiente, y como siempre cuando se pasaba lista, la maestra
preguntó por su mamá a María y la niña contó lo mal que estaba, como
venía haciendo desde semanas atrás.
¿En serio, María? – Preguntó la maestra muy molesta.
Sí – Respondió la niña algo confundida.
Tras aquella respuesta la maestra se levantó y salió del salón. Cuando
volvió la sorpresa fue enorme para todos, pues la mamá de María entró en
el aula detrás de ella. Parecía muy disgustada, y en aquel momento la
maestra aprovechó la oportunidad para enseñarles una lección
importante a todos:
Las mentiras son malas y tienen las patas muy cortas. Lastiman a quienes
más queremos y terminan empeorando una situación, porque la verdad
siempre sale a la luz, no importa cuánto tarde.
Ningún compañero se dio cuenta de lo que había pasado, pues pensaron
que por fin la mamá de María se había curado, pero aprendieron también
aquel día que las mentiras nunca son una buena opción. María, por su
parte, que sí sabía muy bien de que hablaba su maestra, se acercó a pedir
perdón a su mamá y a su profesora al término de la
clase comprometiéndose a no decir mentiras nunca más. Aquel apuro
había sido una lección suficiente para María, que vio en la cara de su
mamá la realidad de que lastimar a alguien con una mentira no vale nada
la pena.
Cuento de Navidad: La increíble historia de dos pingüinos del Polo Norte
En el Polo Norte, y a pesar del frío, también se cuentan historias unos a
otros. Una de las que circulan trata sobre dos pingüinos que vivieron por la
zona. Aparentemente eran dos pingüinos cualesquiera, pero se
caracterizaban por el fuerte desagrado que sentían el uno por el otro. ¿La
razón? Pues en realidad ninguna, ya que estos dos animales jamás habían
cruzado palabra en toda su vida. Sin embargo, se regalaban miradas
desafiantes y de completa enemistad cada vez que coincidían en alguna
tienda o paseo. Eran tales las miradas que se dedicaban, que por lo visto
más de una vez estuvieron a punto de derretir toda la nieve del Polo. ¿Os
imagináis? ¡Hubiese sido un completo desastre!
Y en esas andaban cuando un día coincidieron en el baile de Navidad que
todos los años se organiza en el Polo Norte por cortesía de Papá Noel. A
Aquella fiesta la mayoría de los invitados solían ir disfrazados con
máscaras, trajes de elfos, vestimentas como la de Papá Noel…y esto hizo
que los dos pingüinos entablasen conversación aquel día sin poder
reconocerse el uno al otro.
¡Este año se han superado! ¡Qué fiesta tan grandiosa! - Dijo uno de los dos
pingüinos.
Desde luego. Estoy de acuerdo contigo, amigo- Contestó el otro.
Y así hasta altas horas de la noche. No dejaron de hablar y de disfrutar de
la fiesta ni un momento, y al darse por finalizado el evento, decidieron
volver a verse e intercambiaron sus direcciones. En tan solo una noche se
habían dado cuenta de que estaban hechos el uno para el otro, y
comenzaron lo que parecía ser una excelente amistad.
Cuando a la mañana siguiente uno fue a buscar al otro para salir y charlar
un rato, descubrieron sus verdaderas identidades. ¡No podían creerlo!
Y tras el asombro inicial rompieron en una gigantesca carcajada. Se
habían comportado de forma ridícula e inmadura, y estaban dispuestos a
no repetir aquella actitud nunca más y a recuperar el tiempo perdido.
La de aquel año, sin duda, había sido una fiesta increíble.
LA AYUDA DE LOS DEMÁS
A veces, cuando nos ponemos enfermos y estamos solos, solemos
agradecer la compañía de otros para llevar con mayor facilidad nuestra
recuperación. Esto era lo que pensaba un día de verano una gallina en su
casa, atacada por una tremenda gripe, al tiempo que se lamentaba por no
tener a nadie de confianza a su alrededor.
Un día, mientras la pobre gallina se recuperaba sola de su molesto
resfriado, su vecino, un gato muy egoísta y con ideas escasamente buenas,
decidió visitar a la gallina para ver cómo se encontraba o si podía ayudarla
en algo para que se recuperase más pronto y con más tranquilidad.
Lamentablemente, esta tan solo era la excusa que el gato había
perpetrado para presentarse ante su vecina, y no la pensaba cumplir.
¡Conseguiré engañar a mi vecina, y esta, con el juicio nublado a causa de
la fiebre, me dejará entrar sin problemas! Cuando esto ocurra, me
abalanzaré sobre ella hasta que tan solo queden las plumas – Pensaba el
despiadado del gato, que llevaba días sin comer y cada vez se sentía más
atrevido.
Al verle, la gallina, que era muy lista, supo muy bien a qué se debía aquella
visita y decidió exagerar los síntomas de su gripe para engañar al gato:
¡Qué bien que me visita! ¿Podría usted ayudarme, don gato? Necesito
poner agua a calentar para calmar mi garganta. ¿Podría usted hacerlo?-
Preguntó la gallina.
El gato, convencido de que había conseguido engañar a la gallinita
enferma, decidió poner el agua a calentar. Una vez lista y bien calentita el
agua, pidió al gato que le acercase su tacita con una rica infusión. Al
acercarse, la gallina batió sus alas sacando fuerzas de flaqueza, hasta
verter el agua casi hirviendo de la taza sobre la cola de su vecino. ¡Cómo
aullaba de dolor!
Y de esta forma, el gato jamás volvió a molestar a su vecina, ni mucho
menos, a provecharse de las debilidades de los demás.