ÍNDICE
Introducción
1. ¿Qué es la
Eutanasia?..........................................................................................1
1.1. Concepto amplio
1.2. Concepto restringido
1.3. Elementos y
casuística……………………………………………………….2
2. Tipos de Eutanasia……………………………………………………………………..3
2.1. Voluntaria e involuntaria
2.2. Activa y Pasiva
3. Argumentos a
favor……………………………………………………………………..4
4. Argumentos en contra………………………………………………………………….5
Conclusión (Opinión personal)
…………………………………………………………...6
Bibliografía………………………………………………………………………………….
INTRODUCCIÓN
El presente ensayo tiene como propósito ofrecer un panorama general sobre la
eutanasia desde el punto de vista Bioético. Se pretende caracterizar de forma
clara y concisa los elementos que caracterizan esta práctica, así como exponer las
diferentes consideraciones éticas, médicas y filosóficas para su evaluación.
Mediante el análisis de diferentes posturas, se plantea una posible solución al
debate bioético, sustentada en la valoración personal. Se espera que el lector
pueda encontrar en este ensayo una mayor comprensión respecto a uno de los
temas más complejos y controvertidos que se debaten en la actualidad.
1. ¿QUÉ ES LA EUTANASIA?
La palabra “eutanasia” proviene del griego eu (bien) y thánatos (muerte), que
quiere decir buena muerte. Su definición o concepto general sería el siguiente:
“privación de la vida de un ser humano al que se consideró condenado a muerte
cercana e inevitable o a una existencia de terrible dolor o de definitiva
inconsciencia, por otro hombre que, por misericordia, problemas económicos o por
respuesta reiterada persistente de la víctima, se creyó facultado para decidir y
1
privar de la vida al mismo pasivo mediante una acción o una omisión.” Es
también llamada “muerte piadosa” porque es la que se provoca por compasión
cuando han fracasado otros intentos para evitar la muerte y el sufrimiento.
1.1. Concepto en sentido amplio
De acuerdo con la Encyclopedia of Bioethics existen cuatro significados de
euthanatos:
1. Inducir la muerte a quieres están sufriendo
2. Terminar con la vida de quienes son indeseables
3. Dar atención a los moribundos
4. Dejar morir a las personas
Este concepto da cabida a que la eutanasia pueda tener un objetivo eugenésico o
seleccionador, comprendiendo además los procedimientos de mejorar la especie
mediante la eliminación de los menos aptos, basándose en un criterio de inutilidad.
1. 2. Concepto en sentido restringido
1
León y Rábago, Diego. (1998) “La bioética para el Derecho” pág. 255. Universidad de Guanajuato Facultad
de Derecho, México.
“Se entendería por “eutanasia” el privar de su vida sin sufrimiento físico a otra
persona, a su requerimiento y en su interés.” 2 Bajo este concepto, queda
entendido que es voluntaria y que debe excluir toda acción violenta que provoque
una muerte dolorosa, o “distanasia” que implica la agonía y los dolores físicos y
morales.
1.3. Elementos y casuística
A través de la definición anterior se pueden inferir los siguientes elementos: a) la
ntención del médico de terminar con la vida del paciente porque busca poner fin a
su sufrimiento; b) petición por parte del paciente (justificación moral): Debe ser
voluntaria, explícita y repetida; c) el médico es a quien corresponde realizarla y se
descarta a cualquier otro para hacerlo, pues de otra forma constituiría homicidio.
Circunstancias fácticas necesarias3:
El paciente está gravemente enfermo
Su enfermedad es incurable
El paciente está soportando un gran dolor
Es imposible aliviarlo de ese dolor mediante tratamiento médico
La mera interrupción del tratamiento ocasionaría una larga y dolorosa
agonía
El paciente es un adulto que está en posesión de sus facultades mentales
El paciente requiere que el médico ponga término a su vida de forma
indolora.
De esta caracterización pueden inferirse los siguientes casos 4:
2
Farrell, Martín Diego (1993) “La ética del aborto y la eutanasia” Cap. II. pág. 49. Abeledo-Perrot, Argentina.
3
Farrell, Martín Diego (1993) “La ética del aborto y la eutanasia” Cap. II. pág. 112. Abeledo-Perrot,
Argentina.
4
Jiménez de Asúa, Luis (1992) “Libertad de amar y derecho a morir” 7a edición, pág. 340. Ediciones Depalma,
Argentina.
a) El médico otorga a un enfermo insalvable la ayuda para morir que el paciente,
en la plenitud de sus facultades mentales, le demanda seria y expresivamente.
b) El médico da una muerte buena a un enfermo mental incurable, que sufre
dolores insoportables, el cual en modo alguno puede expresar una petición seria
de ayuda para morir.
c) El médico da muerte a un enfermo incurable, a solicitud de un tercero, sin
importar si está o no en posesión de sus facultades mentales.
2. TIPOS DE EUTANASIA
2.1. Voluntaria e Involuntaria
a) Eutanasia voluntaria: Terminación de la vida de un paciente en respuesta a
la petición de éste expresada libremente.
b) No voluntaria: Terminación de la vida de un paciente sin que el afectado lo
solicite expresamente, por encontrarse incapacitado para hacerlo.
c) Involuntaria: Terminación de la vida de un paciente que se lleva a cabo en
contra del deseo o decisión del enfermo.
2.2. Activa y Pasiva
a) Activa: Finalización deliberada de la vida por medio de una acción
encaminada a procurar la muerte (como sería la administración de una
droga).
Se equipara a la acción de matar, con lo cual se lesiona el principio ético de
no maleficencia.
b) Pasiva: Es la que provoca la muerte como efecto de la omisión o
suspensión de acciones médicas que permitirían preservar la vida.
Pretende recuperar la capacidad para decidir el momento en que es
conveniente dejar que sobrevenga la muerte de un enfermo.
c) Indirecta: Dar tratamientos a la persona para aliviar el dolor aunque su
consecuencia secundaria sea la muerte “La diferencia que existe entre
morir y dejar morir, entre actos y omisiones. No hay diferencia moral entre
ellas.”5
3. ARGUMENTOS EN CONTRA
Pronunciarse en contra de la eutanasia implica la creencia en el carácter sagrado
de la vida como un valor intrínseco, absoluto e inviolable en cualquier
circunstancia. “Se entiende el valor de la vida humana como un valor
6
independiente del valor instrumental o subjetivo”. Así, la vida humana vale por el
hecho de que existe, y una vez que existe, importa que perdure.
Esta postura niega la existencia de alguna circunstancia en que el dolor pueda ser
tan intolerable que sea preciso acallarle con la muerte o su aceleramiento,
advirtiendo que no podemos confiar al dolor el decisivo influjo de decidir la
eutanasia. Sostiene que es posible combatir el dolor por medios morales,
fortificando la resignación del enfermo y consolándole con esperanzas de alivio
que hagan más llevaderos sus sufrimientos.
M. de Hennezel señala que precipitar la muerte como si la eutanasia fuera la única
opción para poner fin al sufrimiento es un error. Esto puede suceder debido a la
escasa formación que tienen los médicos en cuanto a cuidados paliativos, lo cual
impide que los brinden a los enfermos que los requieren. El pedido de la eutanasia
puede surgir porque los pacientes se sienten desesperanzados y rezagados.
Frecuentemente los argumentos contra la eutanasia están basados también en
cuestiones religiosas. La Iglesia Católica se ha pronunciado estrictamente en
contra de la eutanasia por considerar que atenta contra el quinto mandamiento
que prohíbe matar, caracterizándola como homicidio. Además, la considera
5
Farrell, Martín Diego (1993) “La ética del aborto y la eutanasia” Cap. II. pág. 113, 114. Abeledo-Perrot,
Argentina.
6
Dworkin, Ronald (1994), “Life’s Dominion. An argument about abortion, euthanasia, and individual
freedom” pág. 82. Vintage Books, Nueva York.
contraria a lo que Dios espera del hombre al final de su vida, especialmente
cuando sufre y se siente débil. Para el cristianismo el sufrimiento tiene valor,
implica un sacrificio que agrada a Dios, a la vez que una purificación del alma.
Principio de santidad de la vida. Dios es el único que puede decidir sobre el fin
de la vida humana. No le toca al hombre decidir sobre su paso de la vida a la
muerte.
Principio de administración. El hombre no es dueño de su vida, sino su
administrador. No puede disponer de su cuerpo y de su existencia libremente.
4. ARGUMENTOS A FAVOR
Dworkin hace ver que resulta imposible defender incondicionalmente el valor
intrínseco, no sólo de la vida, sino de toda proposición axiológica. Así, resulta
insostenible la absoluta afirmación de un valor sobre todos los demás, siendo
insuficiente como único principio orientador.
Principio de compasión. “Cuando sea posible debemos aliviar el dolor o el
sufrimiento de otra persona, si esto no contraviene los deseos de esa persona,
cuando podamos hacerlo sin imponernos costos excesivos, cuando no vulneremos
otras obligaciones morales, cuando el dolor o el sufrimiento mismo no sea
necesario para que quien lo padece alcance algún bien mayor, y cuando el dolor o
el sufrimiento pueda ser aliviado sin anular la posibilidad de que quien sufre
alcance algún bien mayor”.7
Principio de autonomía. Cada persona debe tener la libertad de elegir sobre su
vida y muerte, por lo que la voluntad del paciente no debe estar afectada por la
decisión de otros, ni debe imponérsele acción alguna. Las decisiones sobre el final
de la vida reflejan una idea de lo que consideramos bueno para nosotros y son
una manifestación del libre desarrollo de la personalidad.
7
Pabst Margaret (1994) “La menos mala de las muertes” pág. 146. Paidós, México.
La vida de una persona puede resultar insoportable y no se puede exigir el martirio
o la prolongación de la agonía a nadie. En circunstancias como éstas, el paciente
tiene el derecho moral a ser muerto y reside en el médico la obligación correlativa
de proveer esa muerte.
5. CONCLUSIÓN (OPINIÓN)
El valor de la vida humana es innegable. El mismo de que veamos necesaria la
justificación de le eutanasia revela que casi todos nosotros tenemos la convicción
la muerte es un mal. Causarla es una práctica deleznable y desearla es casi
inconcebible. En oposición a la vida, el bien supremo, la muerte nos resulta
indeseable, algo que debe ser postergado en la mayor medida posible.
Sin embargo, existen situaciones extremadamente críticas en las que la vida de
una persona puede encontrarse amenazada por una enfermedad verdaderamente
grave, que compromete su existencia. O bien, puede verse acompañada de un
insoportable dolor físico y moral que le imposibilita llevar su vida de manera digna.
Cada ser humano crea en su mente un concepto de vida digna, compuesto por
diversos elementos que individualmente son indispensables para valorar la propia
vida. A falta de estos elementos, la existencia resultaría más bien tortuosa, carente
de sentido para él mismo y para otros.
En circunstancias como estas, el sujeto que se encuentra comprometido puede
encontrar la motivación para querer renunciar a su vida, más que para perpetuarla.
Considero que, cuando el paciente ha manifestado una voluntad informada,
inequívoca, reiterada y absoluta de querer renunciar a su vida, esa voluntad debe
ser respetada por sobre todas las cosas. Sería incorrecto exigir a un sujeto que se
encuentra condenado y que sufre irremediablemente que continúe atándose a una
vida que no considera digna de vivir.
Sin embargo, considero que la opción de la eutanasia debe ser planteada y
tratada con mayor prudencia y escrutinio. La comunidad médica debería
encargarse de que esta decisión únicamente sea tomada como último recurso,
cuando todos los demás medios se hayan agotado.
Para llegar a tal decisión, primero el paciente debería tener un acceso adecuado a
los cuidados paliativos que le permitan llevar su enfermedad de manera más
tolerable. Pero estos cuidados no deberían ir dirigidos solamente a la reducción
del dolor físico, sino también a la solvencia de las necesidades morales del
paciente. Así, el personal médico deberá buscar brindarle esperanza y alivio para
que logre recuperar el sentido en la etapa final de su vida.
Ningún paciente debería verse obligado a optar por la eutanasia sólo porque no
existen a su disposición los recursos adecuados para prolongar su vida de manera
digna. La voluntad debe ser auténtica y no forzada ni por terceros ni por sus
propias circunstancias de vida.
Aun en las situaciones más críticas y desesperanzadoras, las vidas humanas no
deberían perder su calidad de bien jurídico. Las instituciones de todos los ámbitos
deben obligarse hacia los pacientes para garantizarles los mejores servicios para
la preservación de sus vidas, y no proceder en la realización de prácticas
eutanásicas en las que falte alguno de los elementos necesarios para su
fundamentación.
La eutanasia se presenta como un verdadero reto para la medicina moderna. La
ciencia debe trabajar para realizar diagnósticos más certeros en cuanto a lo que
se caracteriza como enfermedad incurable. De esta forma, el tratamiento y los
cuidados paliativos podrían resultar más esperanzadores, en lugar de
manifestarse como intentos infructuosos.
Una orientación más adecuada de la ciencia médica implicaría hacer todo lo
posible para que el paciente continúe con vida, mas no debería aferrarse a la vida
de forma absoluta. La medicina debe mejorar en el reconocimiento de sus propios
límites para dilucidar cuándo puede hacerse más por el paciente y cuándo los
esfuerzos resultarían más bien inútiles, derivando en la degradación de su calidad
de vida y dignidad.
Por demás queda decir que se sostiene la absoluta repulsa de la eutanasia
eliminadora y económica, por ser contrarios a todo principio de solidaridad, y
constituir prácticas que, cuando menos, son discriminatorias y, cuando más, son
verdaderos crímenes contra la humanidad. Obligar a alguien a morir es una
práctica que debe ser rechazada en todo caso.
De la misma forma, obligar a alguien a vivir puede constituir un acto inhumano. Al
evaluar problemáticas tan complejas como la que plantea la eutanasia, es
inadecuado establecer máximas generales que apliquen a todos los casos. Cada
individuo puede motivar bajo muy diversos argumentos su decisión, ya sea que
esta implique seguir luchando por su vida o deliberadamente renunciar a ella. Por
esto, cada caso debe evaluarse individualmente, poniendo en consideración todas
las condiciones físicas y morales del enfermo.
Sin importar cual sea la decisión final, el criterio a seguir debe ser la voluntad del
paciente, la cual no debe ser contaminada por persona o factor externo. La
eutanasia sólo puede ser ética cuando se encuentra fundamentada en el deseo
auténtico del sujeto, clamando siempre por el mayor de los beneficios y teniendo
como objetivo la preservación de la dignidad humana por sobre toda consideración
absolutista.
La vida no siempre es un bien y la muerte no siempre es un mal. Ambas pueden
constituir la solución idónea para el individuo que, aun encontrándose en una
posición biológica y moralmente desfavorable, sigue siendo un ser humano libre y
digno de consideración.
6. BIBLIOGRAFÍA
1. Jiménez de Asúa, Luis (1992) “Libertad de Amar y Derecho a Morir.
Ensayos de un criminalista sobre eugenesia y eutanasia” 7ª edición.
Ediciones Depalma. Buenos Aires, Argentina.
2. Farrell, Martin Diego (1993) “La ética del aborto y la eutanasia”. Abeledo-
Perrot. Buenos Aires, Argentina
3. Álvarez del Río, Asunción (2005) “Práctica y ética de la eutanasia” Fondo
de Cultura Económica, México.
4. Pabst Margaret (1994) “La menos mala de las muertes”. Paidós, México.
5. León y Rábago, Diego. (1998) “La bioética para el Derecho”. Universidad de
Guanajuato Facultad de Derecho, México.