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B. Descripción de Los Planteamientos de Tomas de Aquino

Tomás de Aquino sigue la filosofía de Aristóteles, viendo al ser humano como una unidad de alma y cuerpo. Sin embargo, modifica esta teoría para dar cabida a la inmortalidad del alma y su existencia independiente del cuerpo después de la muerte. Defiende que el alma es una sustancia que puede existir sin el cuerpo aunque su destino final es estar unida a él. Propone que la vida buena se logra siguiendo la ley natural dictada por Dios y cultivando virtudes como la prudencia, la justicia y la fort

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B. Descripción de Los Planteamientos de Tomas de Aquino

Tomás de Aquino sigue la filosofía de Aristóteles, viendo al ser humano como una unidad de alma y cuerpo. Sin embargo, modifica esta teoría para dar cabida a la inmortalidad del alma y su existencia independiente del cuerpo después de la muerte. Defiende que el alma es una sustancia que puede existir sin el cuerpo aunque su destino final es estar unida a él. Propone que la vida buena se logra siguiendo la ley natural dictada por Dios y cultivando virtudes como la prudencia, la justicia y la fort

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B.

Descripción de los planteamientos de Tomas de Aquino


Tomás de Aquino sigue en las líneas fundamentales el pensamiento de Aristóteles. Las personas
están constituidas por una unidad de alma y cuerpo, en la que la primera es la forma-esencia
(creada por Dios) y el segundo el elemento material.

Pero como filósofo y teólogo cristiano necesita modificar esta teoría para dar cabida a la
inmortalidad del alma y a la posibilidad de que esta exista temporalmente de forma independiente
mientras el cuerpo muere, hasta la resurrección de los cuerpos. Por ello afirma que el alma es
también una sustancia que por tanto puede existir sin el cuerpo. Pero su destino definitivo es
completarse con él y existir unidos.

El alma, como en Aristóteles, es única y en ella residen las tres funciones: vegetativa, sensitiva y
racional. La racionalidad es el rasgo definitorio de la vida humana y por ello debe ser el criterio de
la vida para alcanzar la felicidad y la dignidad humana. El comportamiento humano (ética y moral):
entendimiento, voluntad y libertad. Dimensión social de la vida humana.

La Ética de Santo Tomás

Tomás de Aquino, de acuerdo con las líneas generales de su pensamiento sobre el ser humano, el
mundo y Dios, intenta conjugar los planteamientos filosóficos propios y de Aristóteles, con sus
creencias religiosas y el contenido de la teología cristiana, para dar una visión de cómo debe ser la
vida humana para alcanzar el bien y llevar una vida virtuosa.

La concepción tomista de la vida buena se enmarca dentro de su visión general sobre el gobierno
de Dios sobre el mundo y el lugar que en relación a ellos ocupa el ser humano:

Dios gobierna y organiza el mundo con la ley eterna, dictada desde siempre para todos los seres.
Su reflejo en la naturaleza y en los seres naturales es la ley natural, que dirige el funcionamiento
de los seres, las plantas, los animales y el ser humano (único capaz de conocerla a través de la
razón).

Contenidos de la ley natural: conservación, reproducción, y vida racional y social.

Los humanos crean leyes para organizar su vida terrenal, son las leyes positivas o humanas que
para ser justas deben ajustarse a la ley natural racional.

Siguiendo a Aristóteles da una importancia fundamental a las virtudes entendidas como hábitos
adquiridos, modos de actuar encaminados a obrar bien (evitando el mal), dirigidos por la razón y la
inteligencia, buscando un justo medio y evitando los extremos. Como Aristóteles, diferencia entre
virtudes intelectuales y morales. A diferencia de aquel a las morales les llama cardinales y se fija
fundamentalmente en la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Sigue considerando a la justicia
como virtud clave, por la repercusión que tiene en las demás personas.

Santo Tomás considera que en todo ser humano está la disposición y la capacidad de conocer y
entender los principios morales con los que debe dirigir su conducta para obrar bien y realizar
acciones buenas. El ser humano es capaz de conocer la ley natural con la que debe guiar su vida,
tiene conciencia moral (sindéresis).
El conocimiento
Sto. Tomás no se ocupó
específicamente de desarrollar una
teoría del conocimiento, del modo
en que se ocuparán de ello los
filósofos modernos. Al igual que
para la filosofía clásica, el problema
del conocimiento se suscita en
relación a otros problemas en el
curso de los cuales es necesario
aclarar en qué consiste conocer. En
el caso de santo Tomás esos
problemas serán
fundamentalmente teológicos y
psicológicos. No obstante, la
importancia que adquirirá el
estudio del conocimiento en la
filosofía moderna hace aconsejable que le dediquemos un espacio aparte.

Todo nuestro conocimiento comienza con los sentidos; siguiendo la posición aristotélica al
respecto, santo Tomás, habiendo rechazado las Ideas o formas separadas, estará de acuerdo con
los planteamientos fundamentales del estagirita. El alma, al nacer el hombre, es una "tabula rasa"
en la que no hay contenidos impresos. Los objetos del conocimiento suscitan la actividad de los
órganos de los sentidos, sobre los que actúan, produciendo la sensación, que es un acto del
compuesto humano, del alma y del cuerpo, y no sólo del alma como pensaba Platón. Para que
haya conocimiento es necesario, pues, la acción conjunta de ambos, por lo que la posibilidad de
una intuición intelectual pura, que ponga directamente en relación el intelecto y el objeto
conocido, queda descartada.

Fachada de la catedral de Estrasburgo, comenzada a construir en 1015.

Santo Tomás seguirá la explicación del conocimiento ofrecida por Aristóteles. El objeto propio
reconocimiento intelectivo es la forma, lo universal; pero esa forma sólo puede ser captada en la
sustancia. Por lo tanto, es necesario que la sustancia, la entidad concreta e individual, sea captada
mediante los sentidos, para poder ofrecer al entendimiento su objeto propio de conocimiento.
Esta actividad primaria es realizada por los sentidos, quienes, en colaboración con la imaginación y
la memoria, producen una imagen sensible ("phantasma") de la sustancia, que sigue siendo una
imagen concreta y particular; sobre esa imagen actuará el entendimiento agente, dirigiéndose a
ella para abstraer la forma o lo universal, la "especie inteligible", produciendo en el entendimiento
paciente la "species impressa" quien, a su vez, como reacción producirá la "species expressa", que
es el concepto universal o "verbum mentis". El proceso de abstracción consiste, pues, en separar
intelectualmente lo universal, que sólo puede ser conocido de esta manera. La consecuencia es la
necesidad de tomar como punto de partida la experiencia sensible en todo conocimiento.
También en el conocimiento de las cosas divinas, por lo que Sto. Tomás adoptará el método "a
posteriori" en su demostración de la existencia de Dios a través de las cinco vías.
Al igual que para Aristóteles, pues, el objeto del verdadero conocimiento es la forma, lo universal,
y no lo particular: de la sustancia concreta: conocemos la forma, no la materia, que en cuanto
materia prima resulta también incognoscible. Por lo demás, aunque el punto de partida del
conocimiento sea lo sensible, lo corpóreo, su objeto propio es la forma, lo inmaterial. ¿Qué ocurre
entonces con aquellas sustancias no materiales? Para Sto. Tomás está claro: no es posible tener en
esta vida un conocimiento directo de ellas (los ángeles y Dios). El conocimiento de estas sustancias
sólo se puede obtener por analogía, en la medida en que podamos tener un conocimiento de los
principios y de las causas del ser.

El ser humano
Para santo Tomás, hombre intelectual del medioevo, filósofo y teólogo, el hombre es una creatura
que se encuentra por encima de las demás creaturas entendido esto no como el dominio que
puede tener sobre aquéllas, sino como aquél que tiene una capacidad intelectual mayor, por lo
que en lugar de aprovecharse de su entorno, deberá responder por el mismo con conocimiento de
causa puesto que todas sus acciones deberán dirigirse de acuerdo a su naturaleza la cual debe
estar en correspondencia con quien le ha creado.

Para el Aquinate, el ser humano es un todo y, fuera de ello debe estar ordenado a un fin. No es un
alma encerrada en un cuerpo (Platón), ni mucho menos alguien que se reduce meramente al plano
físico (Aristóteles), es una unidad que a través de los sentidos y de la entelequia deberá obedecer
a su naturaleza. ([Link], I, q76, art.5). La visión del hombre que tiene el filósofo dominico como un
todo unitario, le permite además dar a entender quién es y cuál debe ser el direccionamiento de
todos sus actos, puesto que no deberá obrar para algo mediático, sino que, cada acción debe
tener un fin último y, a su vez, corresponder a lo que él es como animal racional y trascendental. El
ser humado dotado de cuerpo y alma debe saber muy bien que será a través de su cuerpo que
podrá transmitir lo que surge de su propia inteligencia, dado que entre todas las creaturas, sólo él
tiene tal disposición y por ende, cada acción deberá estar marcada por su racionalidad, o como el
también teólogo lo sostiene, por su inteligibilidad. ([Link]. I, q76, art. 1) Pero no basta resaltar la
unidad del hombre y cómo es que éste se encuentra en una posición superior con relación a las
demás especies, dado que esto aún no permite comprender cuál es su razón de ser en este
mundo. Si algo existe en este plano universal es porque en cada ente existente hay un llamado con
el fin de que toda la naturaleza se realice de acuerdo con su orden establecido. Por tal razón, el
hombre es un ser vocacional.

Está llamado todo el tiempo a realizarse y dicha realización incluye al resto de creaturas,
comenzando incluso por sus semejantes, con quienes se puede comunicar porque hay un
lenguaje, el cual, por pertenecer al plano inteligible, es más comprensible e influyente en los
demás. El ser humano, se comunica, haciéndose entender, con el fin de generar una reacción y
respuesta de quien se encuentra frente a él, dado que de todos los seres creados es el más
comunicativo (De Reg. Princ. I, I, c1) Cuando se habla de la comunicabilidad del ser humano, Fray
Tomás se refiere a la disposición que hay en el hombre para relacionarse con su entorno debido a
que todo corresponde a una naturaleza universal. Entre más inteligible, más cuidado y reflexión
deberá existir, puesto que la disposición de la mente con el mundo material y metafísico es mucho
más amplia.

Sostiene Santo Tomás que gracias a la composición del hombre como ser inteligible, aquella
comunicabilidad y relacionalidad de la que se habla deberá estar mediada por la acción. En este
sentido, el mismo Dr. Angelico1 sabe muy bien diferenciar entre lo que él llama como actos del
hombre y acciones humanas. Cuando se habla de actos del hombre se refiere a aquellas
operaciones que biológicamente están impresas en todas las creaturas, en otras palabras, lo que
en el lenguaje común se identifican como necesidades básicas y sobre las cuales no hay elección.
Por ejemplo, no está en la elección de las personas el comer, dormir o ir al baño, puesto que hace
parte de la misma naturaleza y que, en razón de ello, no hay mucho qué pensar. Quizás se puede
decidir en qué momento hacerlo – hasta cierto punto – pero tarde o temprano se tendrá que
efectuar. Por otra parte, al hablar de las acciones humanas, el Aquinate se está refiriendo
propiamente a aquellas operaciones que se enmarcan en el campo del libre albedrío del ser
humano; aquello que necesita de una decisión y que tiene toda una intencionalidad. (Echegoyen,
s.f.)

Dentro de las acciones humanas, santo Tomás resaltará y diferenciará el “Hacer (Facere)” y el
“Obrar (Agere)”. El hacer se refiere a aquellas acciones que incluyen un trabajo, una tarea, algo
que tenga presente la relación de la persona con su entorno, donde además, se da una
transformación del mismo. Se sostiene que en el hacer, el hombre imprime una pasión en algo
externo con el fin de imponerle una fuerza, es todo un movimiento ad extra. En la acción que tiene
que ver con el obrar entra a jugar la interioridad del hombre, es el plano de la ética y la moralidad,
aquello que pregunta por lo que está bien o no.

Ya en esta dimensión, no se da un movimiento ad extra, sino ad intra. (S. Th. I-II, q6, art.1) Es el
lugar de la conciencia, el campo del alma, de la espiritualidad e incluso de la trascendencia, punto
fundamental en la mente del fraile dominico, creador de la suma teológica y de la suma contra
gentiles, puesto que hace parte de lo que él mismo llama la inteligibilidad del hombre y lo que
también ayuda a responder la pregunta ¿Qué muev al ser humano a actuar de determinada
manera?
Las 5 vías
Las cinco vías de la demostración de la existencia de Dios

En la "Suma Teológica", primera parte, capítulos 2 y 3, encontramos formuladas las cinco pruebas
tomistas de la demostración de la existencia de Dios, (conocidas como las "cinco vías"), que se
exponen a continuación:

Primera vía

Movimiento: nos consta por los sentidos que hay seres de este mundo que se mueven; pero todo
lo que se mueve es movido por otro, y como una serie infinita de causas es imposible hemos de
admitir la existencia de un primer motor no movido por otro, inmóvil. Y ese primer motor inmóvil
es Dios.

La primera y más clara se funda en el movimiento. Es innegable, y consta por el testimonio de los
sentidos, que en el mundo hay cosas que se mueven. Pues bien, todo lo que se mueve es movido
por otro, ya que nada se mueve mas que en cuanto esta en potencia respecto a aquello para lo
que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer
pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto, a la manera
como lo caliente en acto, v. gr., el fuego hace que un leño, que está caliente en potencia, pase a
estar caliente en acto. Ahora bien, no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en acto y en
potencia respecto a lo mismo, sino respecto a cosas diversas: lo que, v. gr., es caliente en acto, no
puede ser caliente en potencia, sino que en potencia es, a la vez frío. Es, pues, imposible que una
cosa sea por lo mismo y de la misma manera motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí
misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro. Pero, si lo que mueve a otro
es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, ya éste otro. Mas no se puede seguir
indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor
alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben
del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es
necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y éste es el que todos entienden
por Dios.

Segunda vía

Eficiencia: nos consta la existencia de causas eficientes que no pueden ser causa de sí mismas, ya
que para ello tendrían que haber existido antes de existir, lo cual es imposible. Además, tampoco
podemos admitir una serie infinita de causas eficiente, por lo que tiene que existir una primera
causa eficiente incausada. Y esa causa incausada es Dios.
La segunda vía se basa en causalidad eficiente. Hallamos que en este mundo de lo sensible hay un
orden determinado entre las causas eficientes; pero no hallamos que cosa alguna sea su propia
causa, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible. Ahora bien, tampoco
se puede prolongar indefinidamente la serie de las causas eficientes, porque siempre que hay
causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, sea una o muchas, y ésta
causa de la última; y puesto que, suprimida una causa, se suprime su efecto, si no existiese una
que sea la primera, tampoco existiría la intermedia ni la última. Si, pues, se prolongase
indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni
efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces. Por consiguiente, es necesario
que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.

Tercera vía

Contingencia: hay seres que comienzan a existir y que perecen, es decir, que no son necesarios; si
todos los seres fueran contingentes, no existiría ninguno, pero existen, por lo que deben tener su
causa, pues, en un primer ser necesario , ya que una serie causal infinita de seres contingentes es
imposible. Y este ser necesario es Dios.

La tercera vía considera el ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así.
Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se producen
y seres que se destruyen, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Ahora
bien, es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene
posibilidad de no ser hubo un tiempo en que no fue. Si, pues, todas las cosas tienen la posibilidad
de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Pero, si esto es verdad, tampoco debiera existir
ahora cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya
existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir cosa alguna, y, en
consecuencia, ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los
seres son posibles o contingentes, sino que entre ellos forzosamente, ha de haber alguno que sea
necesario. Pero el ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su
necesidad depende de otro, como no es posible, según hemos visto al tratar de las causas
eficientes, aceptar una serie indefinida de cosas necesarias, es forzoso que exista algo que sea
necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de
la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.

Cuarta vía

Grados de perfección: observamos distintos grados de perfección en los seres de este mundo
(bondad, belleza,...) Y ello implica la existencia de un modelo con respecto al cual establecemos la
comparación, un ser óptimo, máximamente verdadero, un ser supremo. Y ese ser supremo es
Dios.
La cuarta vía considera los grados de perfección que hay en los seres. Vemos en los seres que unos
son más o menos buenos, verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas
cualidades. Pero el más y el menos se atribuye a las cosas Según su diversa proximidad a lo
máximo, y por esto se dice lo más caliente de lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto,
ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues, como
dice el Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad. Ahora bien, lo máximo en cualquier
género es causa de todo lo que en aquel género existe, y así el fuego, que tiene el máximo calor,
es causa del calor de todo lo caliente, según dice Aristóteles. Existe, por consiguiente, algo que es
para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos
Dios.

Quinta vía

Finalidad: observamos que seres inorgánicos actúan con un fin; pero al carecer de conocimiento e
inteligencia sólo pueden tender a un fin si son dirigidos por un ser inteligente. Luego debe haber
un ser sumamente inteligente que ordena todas las cosas naturales dirigiéndolas a su fin . Y ese
ser inteligente es Dios.

La quinta vía se toma del gobierno del mundo. Vemos, en efecto, que cosas que carecen de
conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que
siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por
donde se comprende que no van a su fin obrando al acaso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo
que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la
manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas
naturales a su fin, ya éste llamamos Dios.

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