Ciclo de Conferencias
Liderazgo Femenino
en la bíblia
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Mujeres protagonistas en la historia bíblica
Perspectivas de su rol como líderes
Es probable que ya supieras que las mujeres están presentes en relatos sobre la creación del mundo, la
formación del pueblo de Israel y su preservación de generación en generación, pero ¿sabías que su partic-
ipación fue decisiva en la conquista de la tierra prometida, en el establecimiento del Reino de Israel, en el
período del exilio, en la vida de Jesús, en su ministerio, en su muerte y resurrección? La mujer representa
autoridad y liderazgo en la vasta línea de tiempo que ofrece la Biblia sobre acontecimientos trascendentales.
Eva no solo representa la tentación del hombre; Sara, Rebeca, Raquel y Lea fueron más que ayudantes de sus
esposos, y la presencia de la jueza Débora fue trascendental para el ejército de Israel (Jueces 4:4). Hay cinco
profetisas en la Biblia hebrea: Débora, Miriam (Éxodo 15:20), Hulda (2 Reyes 22:14), Noadias (Nehemías
6:14) y una mujer anónima (Isaías 8:3). ¿Sabías que las mujeres participaron en la reconstrucción de los mur-
os de Jerusalén (Nehemías 3:12), construyeron ciudades (1 Crónicas 7:24); estuvieron presentes en las fiestas
judías (Deuteronomio 12:12) y en los sacrificios (Deuteronomio 12:18)?
En este documento vamos a hablar más sobre los hechos y nombres de quienes dejaron su huella en la his-
toria y que tal vez han pasado desapercibidas.
Las mujeres en la biblia
A primera vista, la Biblia parece ser un destacado libro que recopila historias de héroes, todos masculinos.
Los hay buenos y malos, patriarcas, reyes, sacerdotes y profetas. Aparentemente, las mujeres aparecen sólo
como una figura acompañante: la esposa de…, la hermana de…, la hija de...
Un examen del texto bíblico nos revelará que hay 88 nombres diferentes de mujeres en comparación con
cientos de nombres masculinos. Todo esto sobresale al primer vistazo como fue mencionado anteriormente.
Sin embargo, el estudio más profundo de las historias bíblicas, nos permitirá descubrir que el lugar de la mu-
jer en la realidad de antaño es de gran importancia.
Las veremos operando en todos los niveles de la sociedad, en los grandes momentos de la vida y en los
pequeños hechos cotidianos. Muchas mujeres bíblicas actúan con avasallante poder, gran sabiduría, astucia
y moralidad. Hay mujeres que salvan vidas, mujeres en la guerra y mujeres que aparecen en las victorias. Las
que se comprometen y casan, aquellas que luchan por el fruto de su vientre, las que engañan, seducen, son
infieles y caen como víctimas de una violación. Y entre todas ellas descubriremos que su magnitud y trascen-
dencia son mucho mayores que las que se despliegan entre los renglones de las Escrituras.
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Débora, la única jueza de Israel
Breve historia de la profetisa y líder militar
En la antigüedad, Débora fue la única jueza que tuvo Israel y la cuarta persona que se desempeñó en este
cargo antes de la monarquía (época del Tanaj o Biblia Hebrea). Entre otras cosas, Débora, quien además de
jueza era profetisa, es descrita como una persona hábil e inteligente, con notable liderazgo político y militar.
Cuenta el Libro de Jueces capítulo 4 que Débora impartía sus mandatos y atendía a quienes eran llamados a
juicio, sentada bajo una palmera, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín. Además, su liderazgo fue fun-
damental para que Israel lograra la victoria final sobre el general cananeo Sísara.
Sus dotes como profetisa fueron determinantes, pues ella presintió una amenaza: Los cananeos veían a los
israelitas como invasores de sus tierras y querían recuperar lo que consideraban de su propiedad. Débora
convocó al general Barac para librar esta batalla y profetizó que ganarían la gran batalla contra los cananeos.
También anunció que sería una mujer quien asesinaría al jefe del ejército enemigo, Sísara. Ese personaje fue
Yael, la esposa de Héber el Ceneo, quien le clavó una estaca en la cabeza al general Sísara mientras él dormía
(Jueces 4: 21-22).
Desde entonces, la nación vivió cuatro décadas de calma. Así lo registra uno de los pasajes más antiguos de
la Biblia: Canto de Débora y de Barac: “Y la tierra reposó 40 años” (Jueces 5: 31).
Sabías que:
En hebreo, el nombre Débora - הרובד- significa “abeja”, una alusión a la punzada viciosa que ella infligió a los
cananeos en una batalla importante en el valle de Jezreel (Jueces 4).
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DEBORA, UNA LÍDER MULTIFACÉTICA
Las Escrituras no dan muchos detalles sobre Débora. Según la descripción bíblica, es una jueza y es la esposa
de Lapidot pero también hace las veces de redentora del pueblo, profetisa y poeta.
Analizando a fondo estos pocos detalles, podemos aprender sobre la multifacética personalidad de Débora.
Débora como juez. “Los hijos de Israel subían a ella a juicio.” (Jueces 4:5). Como habitaba en los montes de
Efraín, bien al centro del territorio que ocupaban las 12 tribus, los hijos de Israel ascendían hasta donde ella
se encontraba para ser juzgados, a pesar de que este viaje para las tribus del norte o del sur implicaba una
distancia considerable.
La imagen de jueza en su “corte judicial” es maravillosa: “Débora se sentaba (se encontraba) bajo una palma
entre Ramá y Bet-El” (Ibid 4:5).
Débora como profetisa. Habla en el nombre del Señor: “Yaveh, Dios de Israel te ha ordenado…” (Ibid. 4:7). En
otras palabras, el llamado a la batalla contra el rey Hazor Yabín, es un mandamiento divino y no un capricho
de la profetisa. Así mismo ella muestra su capacidad para predecir los acontecimientos cuando le dice a Barak
hijo de Avinóam, el hombre que ella escogió para comandar a los guerreros: “atraeré a Sísara, jefe del ejército
de Yabín, con sus carros y sus multitudes, hasta el arroyo Kishón. Allí lo entregaré en tus manos” (Ibid. 4:7 y
también 4:14).
Débora como líder. A pesar de haberle asignado el puesto de comandante a Barak, él condiciona la acepta-
ción del mismo al involucramiento de la jueza en el campo de batalla. Sin embargo ella previene a Barak de
que la presencia de una mujer en la campaña militar puede afectar su imagen masculina. Barak no se echa
para atrás y le dice: “Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré”. (Ibid. 4: 8). Queda cla-
ro que la necesidad de Barak de ponerla frente a un “ultimátum” en el mundo machista del antiguo medio
oriente, atestigua sobre la eminente posición de Débora como líder. Así mismo podemos apreciar sus ca-
pacidades como estratega militar. Le da las órdenes a Barak de manera clara y sencilla, definiendo quién es
el enemigo (Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus carros y sus multitud de soldados) definiendo cuál
es el tamaño del contingente militar que debe llevar al campo de batalla (diez mil guerreros de las tribus de
Zabulón y Neftalí), y delimitando la zona donde se desarrollarán las acciones bélicas (al pie del Monte Tabor).
Débora como poetisa. Un capítulo completo del libro de Jueces (número 5) está dedicado al cántico de
Débora, pero es interesante que el curso del enfrentamiento está ampliamente descrito en él. Detalles e
imágenes sobre la gran batalla contra Sísara, están plasmados en el cántico quien además nos cuenta sobre
la vida diaria en los días anteriores a los de su ministerio: “cesaron (de viajar por) los caminos y los que and-
aban por las sendas se apartaban por torcidos senderos. Las aldeas habían cesado en Israel”. En términos de
hoy diríamos que el estado de la seguridad personal en las carreteras y la situación (socio-económica?) eran
pésimos hasta asumir la jueza el liderazgo del pueblo de Israel.
En resumen, se puede ver que Débora posee todos los atributos que son importantes para posesionarse
como caudillo del pueblo: carisma, coraje y capacidad para liderar, pero más allá de estos tres, nos muestra
su capacidad para hacer de la espada una pluma con la que escribe poesía y el poder de convertir la pluma
en la espada que se yergue victoriosa en tiempos de calamidad.
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Rahab, la mujer que ayudó a los
espías de Josué
Una historia de audacia y conquistas
De acuerdo con las escrituras, esta mujer, probablemente una prostituta, decidió desafiar la orden que el
rey le dio para que entregara a los espías. Por el contrario, Rahab los acogió en su casa y los ayudó a escapar
escalando una parte de la muralla de la ciudad.
A cambio, les pidió que la salvaran a ella y a su familia cuando los israelitas invadieran la zona. Los enviados
aceptaron y le pidieron colgar una cuerda en la ventana para reconocer la casa y no destruirla. Al caer Jericó,
se cumplió la promesa: Rahab y su familia se salvaron.
Esa es la historia que nos cuenta el Libro de Josué. Más adelante, esta mujer aparece en el Evangelio de
Mateo (1:5), en la genealogía de Jesús. De acuerdo con ese texto, de la descendencia de Rahab viene José,
esposo de María, madre de Jesús de Nazaret. Y en Hebreos 11:31 se destaca: “Por la fe, Rahab la ramera no
pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz”.
Sabías que
La figura de Rahab aparece en textos literarios como la obra La Divina Comedia, del poeta Dante Alighieri. Allí
se menciona en el canto IX del Paraíso.
RAHAB LA PROSTITUTA DE JERICÓ
De acuerdo a la Biblia, Rahab era una prostituta que residía en la ciudad de Jericó y fue quien escondió a los
espías que Josué envió para estudiar la situación de la ciudad antes de capturarla. Su ayuda fue determinante
en la misión de espionaje, aunque, según el relato bíblico, ella ya sabía que Dios había decidido entregar la
Tierra Prometida al Pueblo de Israel, lo que sucedería por medio de una campaña militar exitosa.
De la historia del capítulo 2 del libro de Josué podemos deducir varias conclusiones:
- La prostituta tenía su propia casa en un área de la ciudad donde (por lo menos) una de sus paredes form-
aba parte de la muralla periférica protectora e incluso una ventana (probablemente alta) se abría sobre esa
pared.
- Ella tenía una familia en la ciudad, padres, hermanos y hermanas.
- Rahab debía ser una prostituta cuya situación económica era buena. El teñido con color carmesí en épocas
bíblicas era sumamente caro y el uso de un cordón color grana, para ayudar a los espías a huir de la ciudad
no deja ninguna duda.
- El rey de Jericó la conocía e incluso confiaba en ella. Esto lo vemos cuando creyó la versión de Rahab quien
contó sobre la salida de los espías de la ciudad antes de caer la noche.
- La prostitución aparece en este texto como una ocupación legítima y aceptada por la sociedad.
Los burdeles en este período y en épocas posteriores eran consentidos, como lo demuestran las palabras del
profeta Jeremías(Jeremías 5: 7).
La literatura rabínica tardía sabe contar que después de los hechos narrados en las Escrituras, Josué se casó
con Rahab y de sus descendientes nacieron diez profetas- sacerdotes, entre ellos Ezequiel y Jeremías.
El Nuevo Testamento relata que Rahab era la madre de Boaz, el padre del abuelo paterno del rey David
(Mateo: 1:5). De modo que tanto la Biblia hebrea como el Nuevo Testamento llegan a la misma conclusión:
incluso los pecadores se pueden redimir.
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María Magdalena,
el apóstol de los apóstoles
Liderazgo, controversia y devoción
En medio de las versiones de cómo fue su vida, la figura de María Magdalena sigue despertando curiosidad
y generando debates en torno al papel de las mujeres en la época de Jesús.
Su vida no fue, al parecer, tan controversial como la fama ganada como prostituta a partir del año 591, cuan-
do el Papa Gregorio Magno identificó a María Magdalena como la “mujer pecadora” que aparece en Lucas
7:36-50. Además, asignando esos pecados como pecados de índole sexual. Según Lucas, María Magdalena
destuvo poseída por siete demonios y fue curada por Jesús de quien se transformó en su discípula y fiel se-
guidora. Tan determinante habría sido su presencia y autoridad, que también se le conoce como el “apóstol
de los apóstoles”.
Los evangelios también relatan que María Magdalena fue testigo de la crucifixión, muerte y descubrimiento
de la tumba vacía de Jesús. En compañía de otras mujeres, fue la primera testigo de la resurrección, según
una tradición en la que coinciden los cuatro evangelios. Después comunicó la noticia a Pedro y a los demás
apóstoles. Según un relato que solo aparece en el Evangelio de Juan, fue testigo ocular de una aparición de
Jesús resucitado.
Su nombre es uno de los que más veces aparece en los evangelios canónicos, su lugar de procedencia (Mag-
dala) representa uno de los sitios arqueológicos más importantes de los últimos tiempos y su historia se ha
adaptado en numerosas obras en la pintura, el cine y la literatura.
A María Magdalena se la describe como una mujer independiente, aparentemente soltera y con un carácter
fuerte. En varios textos bíblicos narran que ella decidió seguir a Jesús desde Galilea hacia Jerusalén (Mateo
27: 55-56) e incluso, ayudó a financiar sus actividades: “Ayudó con sus bienes al Maestro” (Lucas 8: 23).
En los evangelios apócrifos también hay citas importantes sobre este personaje que despierta tanto el interés
de los historiadores e investigadores que quieren seguir las huellas de este pasado bíblico. El Evangelio de
María Magdalena, nombrado así por las referencias que tiene sobre una discípula de Jesús, llamada María,
no es considerado un texto histórico y menos aún fidedigno. Aún así, este texto habla de las tensiones y re-
proches entre algunos discípulos por ser esta mujer la elegida para recibir las palabras y enseñanzas de Jesús.
Luego de que por siglos se le conoció como pecadora, hoy es considerada una santa por la iglesia católica, la
iglesia ortodoxa y la comunión anglicana.
Sabías que
El nombre de María Magdalena en hebreo es “Miriam Ha Migdalit” que bien puede ser interpretado como
“María de Magdala”, aunque algunos estudiosos creen que María no era necesariamente de Magdala, sino
que su nombre “Migdalit”, que proviene del hebreo “migdal”=torre, era llamada así por ser metafóricamente
como una torre, firme y que se destaca. Lo cierto es que en Magdala fueron encontrados los restos de una
torre en el puerto que, probablemente, de allí derivó el nombre de la ciudad.
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Hulda, la profetisa sabia y discreta
El mensaje para el Rey Josías
Se trata de una historia narrada en dos libros de la Biblia, en 2 Reyes 22: 11-20 y 2 Crónicas 34:22, protago-
nizado por un particular personaje femenino: la profetisa Hulda, quien, de acuerdo al texto bíblico, profetizó:
“Así dijo Jehová: He aquí yo traigo sobre este lugar, y sobre los que en él moran, todo el mal de que habla
este libro que ha leído el rey de Judá; por cuanto me dejaron a mí, y quemaron incienso a dioses ajenos,
provocándome la ira con toda la obra de sus manos; mi ira se ha encendido contra este lugar, y no se apa-
gará” (II Reyes, 22:16-17).
Según el relato bíblico, durante unas obras de reparación en el Templo de Jerusalén, servidores del Rey Josías
encontraron el “Libro de la Ley en la Casa de Jehová” (2 Reyes 22:8). Él interpretó semejante hallazgo como
una muestra de la ira divina “porque grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por
cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro, para hacer conforme a todo lo que nos fue
escrito” (2 Reyes 22:13).
Sumamente preocupado, el Rey mandó a varios de sus funcionarios a consultar a Hulda qué podía hacer para
remediar la situación.
De acuerdo al texto bíblico, Hulda era la esposa de Salum, el encargado de guardar las ropas del rey. Dios
entregó, a través de ella, la profecía de que aplicaría un castigo a toda la nación por los pecados del pueblo
en el pasado y que este llegaría solo después del mandato del Rey Josías. En efecto, el texto bíblico indica
que esta parte se cumplió con la destrucción de Jerusalén a manos de los babilonios; sin embargo, Hulda
profetizó que Josías moriría en paz sin ver semejante destrucción. Esta profecía no se cumplió, pues Josías
murió en Megiddo durante una batalla contra el Faraón Necao.
La pregunta que muchos exégetas en el pasado se hicieron fue, por qué Josías no acudió al gran profeta de
Israel del momento, Jeremías, y en cambio, acude justamente a Hulda, quien no solamente era menor que
Jeremías “en la jerarquía” sino que también era mujer, algo inusual para ese cargo en la época. Diferentes ex-
plicaciones se ofrecieron en la literatura rabínica sobre este caso; como por ejemplo, que Jeremías no estaba
en ese momento en Jerusalén o que Hulda, al ser mujer, iba a ser más “suave” que él a la hora de profetizar.
Sabías que
De acuerdo a una de las tradiciones rabínicas que se encuentra en el Talmud, Hulda era descendiente de
varias generaciones anteriores de la unión entre Josué y Rahab.
Además, sabías que hoy en día en Jerusalén se encuentran los restos de las “Puertas de Hulda”, que servían
como acceso al Templo y que, según algunos historiadores, el origen de ese nombre es por la cercanía de las
puertas a la Tumba de Hulda (una teoría no comprobada).
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¿Qué es Purim y por qué se celebra?
Purim es la fiesta que celebra los acontecimientos descritos en el Libro de Ester, que hace parte de la tercera
sección de la Biblia hebrea, los Ketubim, “Escritos” o Libros Hagiográficos. La Meguilá (rollo en hebreo) nos
cuenta los eventos que sucedieron en los días del rey Azuero y su visir real Amán.
En la ciudad de Susa, capital del imperio persa, había un judío llamado Mardoqueo, quien no le hacía la venia
a Amán a pesar de ser una obligación impuesta por la ley; de modo que Amán decidió exterminar a todos los
judíos del vasto imperio. Para esto “tira las suertes” (en hebreo, Purim, suertes) y fija el 14 del mes de Adar
para realizar su designio.
La intervención de Ester, la sobrina de Mardoqueo, ante su esposo el rey Azuero durante un banquete real,
le da vuelta al curso de los acontecimientos. Estos terminarán con Amán y sus 10 hijos colgados de la horca
sobre la cual el mismísimo visir se preparaba a ejecutar a los judíos; además con el nombramiento del tío
como nuevo virrey. Mardoqueo decide que a partir de ese año y en adelante, se deberían conmemorar los
sucesos que llevaron a la salvación de los judíos en la festividad de Purim.
Entonces, en Susa y en las 127 satrapías del imperio persa, los judíos celebraron con “banquete y alegrías,
compartiendo los alimentos los unos con los otros y dándoles regalos a los pobres” (Ester 9:18).
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Corazón de león
Por Ethel Barylka
La parashá de esta semana nos presenta dos episodios
“fuertes”: el relato acerca Yosef y sus hermanos y el relato
acerca de Tamar y Yehudá. Ambos quedaron registrados en
nuestra memoria dado su alto grado de dramatismo, sin
embargo, no siempre recordamos que un relato está en-
tretejido en medio del otro. La historia de Tamar y Yehudá
interrumpe de manera inesperada la secuencia de los acon-
tecimientos en torno a Iosef. Queda claro que este receso en
el relato no es un intervalo literario, sino una insinuación de un
mensaje más profundo. El midrash nos brinda una línea de proba-
ble respuesta “y enviaron la túnica de muchos colores y la llevaron a
su padre, y dijeron: Encontramos esto; te rogamos que lo examines para
ver si es la túnica de tu hijo o no” (Gén. 37:32).
Dijo Rabí Yojanán, le dijo el Santo Bendito a Yehudá: tú le has dicho a tu padre “te rogamos que lo examines
para ver “, así te dirán a ti “Te ruego que examines y veas” (Gén. 38: 35)” (Bereshit Rabá 24). Así como los
hijos de Iaakov enviaron la túnica de rayas y pidieron a su padre que la reconozca así Tamar envía a Yehudá la
prenda que le había dejado diciéndole: “Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió:
Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo” (Gén. 38:25).
Parecería que la amarga suerte de Yehudá que debe elaborar el duelo por su mujer y por sus hijos uno tras
otros, está relacionada de alguna manera a su participación y conducción en el terrible acto de la venta de
Yosef “Sucedió por aquel tiempo que Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un adulamita llamado Hira”
(Gén. 38:1), el rabino Shimshón Rafael Hirsch interpreta que Yehudá se había alejado de sus hermanos “aquí
hay un símbolo de la tensión y el desmembramiento que estalló entre los hermanos a consecuencia de lo
hecho a Iosef, esta tensión fue dirigida sobre Yehudá en especial, quien parece que era el de mayor influencia
sobre todos y bajo su conducción aconteció el triste episodio”. Yehudá desciende de su status de líder entre
los hermanos. La acción de los hermanos, y de Yehudá como figura conductora, es un descenso moral, la
mayor degradación y deshonra.
Puede ser que exista otra línea de similitud entre los personajes, y es la valentía y la fuerza espiritual que
éstos demuestran. Tanto Tamar como Yosef descubren su fortaleza en su soledad. Iosef se sobrepone y en-
frenta a la tentación de la mujer de Potifar. Su conducta es asombrosa. Un esclavo extranjero, solo y carente
de derechos se atreve a desafiar y negarse al deseo de la ama.
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Tamar, una mujer sola, doblemente viuda, no sólo se atreve a desafiar a su suegro sino que este es el jefe de
la tribu, la cúspide de la pirámide patriarcal, sobre el que descansa todo el orden social. Una mujer, solitaria,
carente de derechos que fue desposeída de todo.
Ambos, Iosef y Tamar, revelan fuerzas espirituales inmensas, uno en la abstención, la otra en la iniciativa y la
acción.
Tamar, como otras mujeres de la Biblia, utiliza la seducción para conseguir su objetivo, como Ester delante
de Ajashverosh, como Rut ante Boaz, pero Tamar a diferencia de ambas actúa desde un lugar de profunda
soledad, sino de profunda desesperación. No tiene “equipo”, sin Mordejai y sin Noemí. Está sola. Ante lo cual
resuenan aún más las palabras de Yehudá: “Ella es más justa que yo” (Gén., 38:26), no solo que tiene razón
que está embarazada de Yehudá sino que Judá reconoce que él no fue justo, al no entregarle a su hijo Shelá.
Es justa en el sentido que la justicia está con ella.
Tamar que está a punto de ser quemada en la hoguera sabe que está en lo justo y envía las pruebas a su
suegro. No desiste. Su ánimo no cae. Así lo dice el exégeta Sforno “que no cejó su corazón de esforzarse por
demostrar su inocencia, a pesar que iban a quemarla, porque su corazón era como el de un león”.
Corazón de león hace falta para perseguir la justicia. Corazón de león hace falta para actuar en contra de las
convenciones sociales e interpretar la palabra de Dios en su verdad eterna. No tendenciosamente, sin distor-
siones, sin intereses personales o grupales, a fin de traer una luz de humanidad a nuestro mundo.
M.A. Ethel Barylka
Graduada de la Universidad Hebrea de Jerusalén en Literatura Hebrea y Filosofía General y tiene una Mae-
stría en Judaísmo Contemporáneo de la misma Universidad. Ethel también es egresada de la escuela de
Abogacía Rabínica de Or Torah Stone de Jerusalén
Ethel tiene una amplia experiencia en educación no formal y formal, actualmente se desempeña como con-
sultora del colegio judío de Praga y el colegio judío de Roma, como parte del proyecto internacional Educat-
ing for Impact, después de haber concluido su labor como coordinadora de estudios judaicos en el Colegio
Judío de Madrid durante cuatro años.
Creadora y directora de “Mujer y Judaísmo”. Está profundamente involucrada el ámbito de la mujer judía y
su inclusión más significativa y equitativa en el mundo judío a partir de una visión de respeto al judaísmo
normativo.
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La Biblia como literatura y referente literario
Por Antonio Piñero
Hasta 1960, más o menos, la Biblia ha sido no sólo alimento espiritual de
millones de personas, sino también un referente literario importante: una
gran cantidad de alusiones literarias a personajes, situaciones, narraciones,
proverbios, etc., bíblicos han poblado nuestra literatura de todo tipo. Incluso
en novelas de tema nada religioso la atmósfera de alusiones a la Biblia era con-
stante… incluso en autores insospechados. ¿Por qué no ocurre esto ahora?
Un día, vi a un colega de Facultad, ilustre catedrático de francés, Javier de Prado, enfurecido por los pasillos.
Le pregunté:
– ¿Qué te pasa Javier?
– Pues que estoy sencillamente desperado. Estoy explicando en clase a Emilio Zola (novelista francés del siglo
XIX, muy famoso por haber dado carta importante de naturaleza en la literatura francesa al realismo más
inmoral…, al menos segú algunos: la Iglesia lo condeno al “Índice de libros prohibidos) y no consigo hacérselo
entender a mis alumnos… porque ¡no saben nada de Biblia!
Sin embargo, a partir de esa fecha mencionada, más o menos a mediados del siglo pasado, ha cambiado
notablemente esta circunstancia y puede decirse que a día de hoy el entorno bíblico ha desaparecido de la
literatura La Biblia ha casi muerto como referente literario. ¿Por qué?
Las causas son generales: un ambiente cada vez más laico, ante todo, con un evidente retroceso de las reli-
giones, unido a un notable aumento del interés por la ciencia como marco de nuestra curiosidad. La ciencia
en sentido amplio…, incluyendo la ciencia ficción, el espacio y el origen del universo, la electrónica…, la natu-
raleza como objeto de estudio… todo este conjunto “científico” es la que forma el espacio de alusiones más
abundante en las obras literarias de hoy.
En España ha influido también en el retroceso de la Biblia como lectura el que partiéramos de una posición
de desventaja respecto a otras naciones: ha sido una tradición inveterada de la Iglesia católica desanimar, o
casi prohibir en siglos pasados, la lectura privada de la Biblia, por temor a que los fieles pudieran malinter-
pretarla. En el semiconsciente de los españoles no existe –como ocurre en otros países, protestantes ante
todo- como una de las tareas cotidianas la lectura de un fragmento de la Biblia. La inmensa mayoría de los
españoles no la ha leído entera… y muchos también tampoco ni siquiera han leído los Evangelios.
Sin embargo, la Biblia además de un libro de ideas religiosas o de historia, es un libro de lectura entretenida.
No toda ella, ciertamente, pero sí en gran parte. Estoy persuadido de que el éxito, en parte de la religión es
ser vehicula por un bello elemento literario. En el cristianismo, sin duda alguna. Y en otras religiones tam-
bién. El Corán, en partes que contienen pocas historias, es un libro bello por su vocabulario, por su ritmo
poético, por sus rimas internas. La belleza de su lenguaje contribuye mucho a que la gente se lo aprenda más
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fácilmente de memoria y a fijar en las mentes el mensaje religioso que contiene.
Hay dos maneras de decir, “Fulanito de Tal es un perverso”. La primera es expresarlo así, tal cual, con una
formulación abstracta. La segunda consiste en construir una historia entretenida en la que se pintan unas
escenas o situaciones en las que Fulanito actúa como un perverso. No cabe duda de que es mucho más efec-
tiva la segunda manera.
Y eso es lo que hace la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento: contar historias en las que se transmiten
mensajes religiosos. Pienso que una buena parte de la pérdida de influencia de la Biblia en la sociedad espa-
ñola es la casi eliminación de la Biblia como lectura en forma de “Historia Sagrada” de los libros de religión
de escuelas, colegios e institutos. Con la Historia Sagrada se vehiculaban con facilidad los mensajes religiosos
a través del interés que las historias suscitaban en los niños.
No digo que los libros de religión no estén hoy bellamente ilustrados, bien pensados pedagógicamente. Al
contrario. En general los libros de texto son hoy mucho mejores que los de antaño tanto en su presentación
como en su técnica de comunicación. Pero observo una gran pérdida de influencia en la materia de Religión
lo que antes era Historia Sagrada.
Hoy escribe Gonzalo del Cerro a propósito de esta temática y nos ofrece un ejemplo de una bella historia
bíblica, que desconocen la mayoría de nuestros niños y que antes todos sabíamos: la de José, hijo de Jacob,
vendido por sus hermanos y su posterior buena en Egipto: cómo resiste los deseos de deshonestos de una
mala mujer y cómo es encarcelado. Entonces el Faraón tiene unos sueños que sólo José puede descifrar. El
monarca, admirado, lo nombra su consejero y primer ministro, cargo en el que triunfa en toda la línea. Sus
hermanos, impulsados por una hambruna que se había apoderado de las tierras israelitas deciden ir a com-
prar trigo a Egipto. José los reconoce y le tiene una trampa amorosa de modo que el final todos deciden irse
a vivir a Egipto donde el Faraón le concede una región entera del país para ellos.
Pues bien, esta historia es tan buena literariamente que cumple con ciertas normas que exige Aristóteles en
su Poética. (A propósito de la Poética: recordemos que en El nombre de la rosa los crímenes se cometen para
intentar que la segunda parte, perdida, de esta obra no llegue a manos del público… tan fundamental era el
efecto de la Poética, según pensaba el monje asesino).
Gonzalo del Cerro nos indica cómo
Una de las obras más trascendentales de Aristóteles es la Poética, no demasiado larga, pero especialmente
valiosa. Una obra que trata sobre la teoría de la obra literaria. Pues eso es lo que significa etimológicamente
Poética, no un tratado sobre “poesía” en el sentido que la palabra tiene en las lenguas modernas, sino un
estudio sobre la ”obra literaria” en general.
La Poética contiene palabras básicas que envuelven conceptos fundamentales. La primera es el término que
define la obra literaria: Mýthos (mito), exposición o relato de unos sucesos que el autor presenta mediante
la Mímesis o imitación de los hechos reales. En diversos pasajes de la Poética deja Aristóteles rastros de su
concepto de Mito: Es una “síntesis” de esos hechos imitados (Poét., 6, 1450 a).
En el desarrollo de los acontecimientos, distingue tres partes de la composición literaria, que vienen a ser los
elementos constitutivos de la misma: la peripéteia (peripecia), la anagnórisis (reconocimiento) y el páthos
(suceso patético). El páthos es el conjunto de hechos dolorosos (Poét., 11, 1452 b). La anagnórisis es “el
cambio (metabolé) de la ignorancia al conocimiento” (Poét., 11, 1452 a). La peripéteia es “el cambio de una
situación a su contraria” (Poét., 11, 1452 a). La anagnórisis alcanza su mayor belleza cuando va acompañada
de la peripéteia, es decir, cuando el reconocimiento provoca un cambio de fortuna en los actores del “mito”.
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La Poética de Aristóteles no es, ni en su intención ni en su realización, una Preceptiva Literaria. No establece
normas a las que se deban atener los autores de una obra literaria. Describe más bien el sistema que han
seguido en la práctica. No dice lo que debe hacer Sófocles en el Edipo Rey, sino lo que hizo. Y eso Aristóteles
lo toma y presenta como paradigma.
La Biblia es, al margen de otras consideraciones, una obra literaria en la que convergen grandes genios de
la literatura. En ella encontramos pasajes donde aparece reflejada la doctrina patentada por Aristóteles. La
historia de José y sus hermanos (Génesis 37-47) es uno de los más bellos relatos (mýthos¬ mitos) de toda la
Biblia. La narración goza de una venerable antigüedad, ya que está basada casi exclusivamente en las tradi-
ciones llamadas por los técnicos yahvista (para llamar a Dios utiliza preferentemente el nombre de Yahvé)
y elohista (para llamar a Dios utiliza preferentemente el nombre de Elohim), que son las más antiguas del
Pentateuco (de los siglos)
El páthos está reflejado en las numerosas pesadumbres que jalonan todo el episodio. La anagnórisis consti-
tuye el material de la narración en Génesis 45: los hijos de Jacob descubren que “el jefe de toda la tierra de
Egipto” era su propio hermano. La peripéteia, como prefería Aristóteles, es aquí la consecuencia inmediata
del reconocimiento. Sucede entonces un cambio radical (metabolé). Los hermanos de José pasan, sin solu-
ción de continuidad, de una situación desesperada a otra de gozo ilimitado, de la necesidad y el oprobio a la
opulencia y a la gloria.
Hasta aquí Gonzalo del Cerro
Es bien visible cómo esta historia de José y sus hermanos vehicula mucho mejor que cualquier formulación
abstracta la idea de la conveniencia del perdón fraterno y del premio que Yahvé otorga a los que le son fieles.
Y encima se pasa bien leyéndola.
Prof. Dr. Antonio Piñero
Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid.
Licenciado en “Filosofía Pura” (Universidad Complutense de Madrid), en “Filología Clásica” (Universidad de
Salamanca) y en “Filología Bíblica Trilingüe
(Universidad Pontificia de Salamanca).
Doctorado en Filología Clásica en 1974 por la Universidad Complutense de Madrid.
Premio extraordinario Fin de Carrera (“Filología Clásica”). Premio “Luis Vives” a la mejor tesis doctoral de
1974.
Premio “Finis Terrae”.
Premio Trithemius 2016.
Ha publicado unos 50 libros, tanto de edición de textos antiguos judíos y cristianos, de investigación y alta
divulgación y un centenar de artículos en revistas especializadas, tanto españolas como extranjeras.
Es asiduo comentarista de temas religiosos en las redes sociales, en donde pueden encontrarse más de un
centenar de videos suyos y unas 300 entrevistas radiofónicas sobre el Nuevo Testamento y el judaísmo del
siglo I.
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Antigüedades de la Biblia
El libro “Antigüedades de la Biblia”, es uno de los libros externos de la Biblia, al parecer escrito, a finales del
siglo I e.c. Es también conocido como “Pseudo-Filón” debido a su referencia al filósofo judío Filón de Alejan-
dría. El libro pertenece a un género conocido como la Biblia reescrita. En él se describe la historia del mundo
desde Adán, el primer hombre y termina de manera sorpresiva en el rey Saúl. Muchos expertos creen que los
manuscritos existentes son sólo fragmentos de un original.
El libro trae extensas interpretaciones de varios temas que la Biblia acorta o pasa por alto.
Asimismo, contiene relatos legendarios que aparecen por primera vez y adiciona muchos detalles “nove-
dosos” que no tienen paralelo en las Escrituras judías, pero sí tienen paralelos en otras tradiciones judías
tardías.
El libro Antigüedades de la Biblia, contiene también las historias de varias mujeres que aparecen en la Biblia;
por ejemplo, el matrimonio de Dina (la hija del patriarca Jacob) con Job o la pitonisa de En-Dor. Menciona
también la historia del sacrificio de la hija del Jefté y el lamento por el sacrificio humano que el juez bíblico
hace de su hija.
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