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Verdugo, Pfeffer y Nogueira - Derecho Constitucional

Este documento describe la nacionalidad y ciudadanía en el derecho constitucional chileno. Explica que la nacionalidad es el vínculo jurídico entre una persona y un Estado, y que la Constitución chilena reconoce como chilenos a quienes nacen en Chile, con excepciones. También cubre las fuentes de la nacionalidad, como el lugar de nacimiento (ius solis) y la filiación (ius sanguinis), así como los requisitos para optar a la nacionalidad chilena.
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Verdugo, Pfeffer y Nogueira - Derecho Constitucional

Este documento describe la nacionalidad y ciudadanía en el derecho constitucional chileno. Explica que la nacionalidad es el vínculo jurídico entre una persona y un Estado, y que la Constitución chilena reconoce como chilenos a quienes nacen en Chile, con excepciones. También cubre las fuentes de la nacionalidad, como el lugar de nacimiento (ius solis) y la filiación (ius sanguinis), así como los requisitos para optar a la nacionalidad chilena.
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© MARIO VERDUGO MARINKOVIC


EMILIO PFEFFER URQUIAGA
HUMBERTO NOGUEIRA ALCALA
© EDITORIAL JURIDICA DE CHILE
Av. Ricardo Lyon 946, Santiago
[Link]
info@[Link]
Inscripción N° 89.432,1994
Se terminó de reimprimir festá segunda edición actualizada
de 800 ejemplares en el mes de abril de 2002
IMPRESORES: Imprenta Salesianos S. A.
IMPRESO EN CHILE / PRINTED IN CHILE
ISBN 956-10-1172-7
MARIO VERDUGO MARINKOVIC
EMILIO PFEFFER URQUIAGA
HUMBERTO NOGUEIRA ALCALA

DERECHO
CONSTITUCIONAL
TOM O I

EDITORIAL JURIDICA DE CHILE


Sección Tercera

NACIONALIDAD Y CIUDADANIA

1. LA NACIONALIDAD

L 1. El c o n c e p t o d e n a c io n a l id a d

De los diferentes conceptos dados de nacionalidad, el que tiene


mayor aceptación general es aquel que sostiene que es “el vínculo
jurídico que u n e a una persona con un Estado determ inado”.
Hay autores que sostienen que este vínculo no es con el Estado
sino con la Nación. Ello pone el énfasis en elementos sociológicos
como la raza, el idioma, la cultura, las costumbres, la historia, el
pasado común, sentido de pertenencia, etc. Nos indica que hay fac­
tores objetivos y subjetivos presentes en el concepto de Nación. ¿Cuál
de ellos prima? La respuesta es diferente según distintos autores.
Todo ello hace dificultoso vincular la persona en forma jurídica a la
Nación. Por otra parte, hay naciones que se encuentran divididas en
diferentes Estados, como asimismo Estados plurinacionales.
Por todas estas razones, la nacionalidad debe vincularse al
Estado y no a la concepción am bigua y cam biante de Nación.
Además, debem os señalar que no sólo los nacionales tienen
u n vínculo jurídico con el Estado; tam bién lo tienen los extranje­
ros, los cuales son sujetos de derechos y obligaciones en relación
con éste.
Lo que diferencia esencialmente la calidad de nacionales y de
extranjeros se encuentra, más que en el vínculo jurídico, en la natu­
raleza de los derechos que genera ese vínculo. Normalmente el Esta-
142 HUMBERTO NOGUEIRA A.

do reconoce derechos civiles, libertades públicas y garantías constitu­


cionales similares a nacionales y extranjeros, aunque se consignan
algunas limitaciones o excepciones. En el caso chileno, el Código
Civil establece que los extranjeros no pueden pescar en el m ar terri­
torial (art. 611), como asimismo tienen prohibición de actuar como
testigos en testamentos solemnes otorgados en el país (art. 1012).
Sin em bargo, los derechos políticos norm alm ente se reservan
a los nacionales; entre ellos, el derecho de sufragio, el optar a
cargos de elección popular, afiliarse a partidos políticos y ejercer
funciones públicas, entre otros. En nuestro país este principio fue
aplicado bajo el im perio de la Constitución de 1925, con la sola
excepción de que se perm itía a los extranjeros residentes en el
país ejercer el derecho de sufragio en las elecciones municipales;
bajo el im perio de la Carta de 1980 se posibilita el ejercicio del
derecho de sufragio para elecciones presidenciales y parlam enta­
rias a los extranjeros residentes por más de cinco años en el país.
La nacionalidad tiene relevancia no sólo respecto de los dere­
chos y obligaciones políticas en relación con un Estado determinado,
sino también para el derecho internacional público y privado, el
derecho penal, el derecho del trabajo, el derecho civil, entre otros.
En derecho constitucional, la nacionalidad es un requisito de
la ciudadanía (art. 13 de la Constitución de 1980).
El derecho civil, respecto del m atrim onio no se reconoce su
disolución conform e a la legislación extranjera (art. 121 del C.
Civil). En m ateria sucesoria, tam bién se hacen distingos entre los
nacionales y extranjeros (art. 998 del C. Civil; art. 1012, N2 10, no
podrán ser testigos de u n testam ento solem ne los extranjeros no
domiciliados en Chile; art. 1028 Ns 1, el testam ento otorgado en
país extranjero valdrá en Chile si el chileno o extranjero tienen
domicilio en Chile).
El Código Orgánico de Tribunales se refiere a la nacionalidad
en los artículos 42, 6S, 252, 253, 254.
El Código de Procedim iento Penal alude a ella en el artícu­
lo l 2, al referirse a la jurisdicción em plea las voces chilenos y
extranjeros. Igualm ente al referirse a las extradiciones activas
(art. 635) y pasivas (art. 644).

1 .2 . S o b e r a n ía de cada E stad o pa r a d ete r m in a r s u sistem a


DE NACIONALIDAD

Cada Estado regula la adquisición, conservación y pérdida de la


nacionalidad.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 143

En la m edida que existe u n a gran diversidad de legislaciones


en m ateria de nacionalidad, pudiendo generarse situaciones que
produzcan como consecuencia la pérdida de nacionalidad para
ciertas personas, el derecho internacional público y el derecho
internacional privado se preocupan de regular esta situación. En
tal sentido, se han establecido diversos tratados internacionales
tendientes a evitar y solucionar los conflictos de nacionalidad.
En esta m ateria sobresale el Código de D erecho Internacional
Privado, denom inado tam bién Código de Bustamante, el que en
su Título Preliminar y Libro I trata de la nacionalidad.

1.3. L as FUENTES DE LA NACIONALIDAD

Las fuentes de la nacionalidad son los medios a través de los


cuales se adquiere la nacionalidad. Ellas pueden clasificarse en:
a) Naturales, biológicas u originarias.
b) Derivadas, adquiridas o legales.
a) Las fuentes naturales, biológicas u originales, son aquellas que
confieren la nacionalidad de un hecho natural, el nacim iento.
Las fuentes naturales pueden seguir dos principios:
1) El principio de “ius solis” otorga la nacionalidad atendiendo
al lugar donde se produce el nacim iento.
El concepto de territorio de Chile se debe entender en el
sentido amplio que le da el derecho internacional; abarca así el
suelo, subsuelo, espacio aéreo, m ar territorial com prendido den­
tro de los límites geográficos del Estado, pero tam bién las naves y
aeronaves de guerra chilenas en cualquier lugar que se encuen­
tren. A ello deben agregarse las representaciones diplomáticas
acreditadas ante otros países.
2. El principio de “ius sanguinis ”otorga la nacionalidad en aten­
ción a la filiación que se origina con el nacim iento. Los ascen­
dientes directos determ inan la nacionalidad de sus hijos.
b) Fuentes derivadas, adquiridas o legales, otorgan la nacionali­
dad exclusivamente en función de los hechos o actuaciones que
prescribe la Constitución o la ley, adquiriéndose una nacionali­
dad distinta de la del nacimiento.

1.4. La n a c io n a l id a d e n la C o n s t it u c ió n c h il e n a

El artículo 10 de la Constitución regula esta materia señalando: “Son


chilenos: l e Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de
144 HUMBERTO NOGUEIRA A.

los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su


Gobierno, y de los hijos de extranjeros transeúntes, todos los que, sin
embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena”.
La prim era frase afirma el principio del ius solis, al expresar
que son chilenos los nacidos en el territorio de Chile. A su vez,
establece dos excepciones. La prim era de ellas dice que no son
chilenos los nacidos en el territorio de Chile si la m adre y el
padre son extranjeros. Si sólo uno de ellos es extranjero y el otro
chileno, se aplica la regla general, y el hijo que nace en Chile es
chileno. El segundo requisito, copulativo con el prim ero, es que
el padre o la m adre, o ambos, se encuentren al servicio de su
Gobierno. De aquel G obierno del cual el padre y la m adre o
alguno de ellos sean nacionales.
Ejemplo: Un hijo de padre venezolano y m adre colom biana
requiere que se encuentre el padre al servicio del Gobierno vene­
zolano o la m adre al servicio del G obierno colom biano en Chile.
La segunda excepción establecida en el artículo 10 N2 1 se
refiere a los hijos de extranjeros transeúntes. Podem os considerar
que transeúnte es “el que transita o pasa p o r un lugar”; “el que
está de paso, que no reside sino transitoriam ente en un sitio”. La
redacción de esta norm a excepcional exige que ambos padres
deben ser extranjeros y transeúntes. Si sólo uno de los padres es
extranjero o uno solo de ellos transeúnte, el hijo será chileno.
En todo caso, en ambas excepciones se establece la posibilidad
de optar por la nacionalidad chilena. El Decreto Supremo N2 142
del Ministerio del Interior, modificado p o r la Ley N2 18.005, del 25
de junio de 1981, consigna las normas para realizar dicha opción.
El interesado tiene plazo fatal de u n año a contar desde el día
que cumpla 21 años de edad, para presentar por escrito una de­
claración de que opta por la nacionalidad chilena, ante el inten­
dente o gobernador correspondiente si se encontrare en Chile, o
ante un agente diplom ático o consular de la República en caso de
encontrarse en el extranjero. La solicitud debe acom pañar la do­
cum entación necesaria para acreditar que el interesado nació en
Chile y que sus padres eran extranjeros transeúntes, o estaban en
Chile al servicio de su G obierno cuando él nació.
¿Cuál es la nacionalidad de quien no ha llegado a la edad en
que term ina su derecho de opción? En tal caso, la nacionalidad del
afectado será la de sus padres, ya que pese a haber nacido en Chile,
está dentro de las excepciones que establece la Constitución. Su
nacionalidad no está en suspenso, ella es extranjera, sin perjuicio
del derecho a adquirir la chilena al cumplir 21 años de edad.
El artículo 10, Nos 29 y 32, de la Constitución contem pla como
fuente de la nacionalidad tam bién el ius sanguinis, al prescribir:
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 145

“Son chilenos: 2QLos hijos de padre o m adre chilenos nacidos en


territorio extranjero, hallándose cualquiera de éstos en actual ser­
vicio de la República, quienes se considerarán para todos los efec­
tos como nacidos en el territorio chileno;
32 Los hijos de padre o m adre chilenos, nacidos en territorio
extranjero, p o r el solo hecho de avecindarse p o r más de un año
en Chile”.
En el caso del artículo 10 N2 22 es necesario señalar que:
a) debe tratarse de hijos de padre o m adre chilenos; no se
exige que ambos sean chilenos, como disponía la Constitución de
1925; b) el hijo o hijos deben haber nacido en territorio extranje­
ro, y c) el padre o la m adre ha de hallarse en actual servicio de la
República. La naturaleza del servicio no está precisada. Se trata
de un caso de ius sanguinis al cual se le atribuyen efectos de ius
solis, es decir, se considera al hijo como nacido en el territorio
nacional para todos los efectos constitucionales y legales.
N acer en el territorio de Chile es necesario para ser elegido
Presidente de la República (art. 25 de la Constitución).
En el caso del artículo 10, N2 3e, para que el hijo sea chileno
se requiere que: a) el padre o m adre deben ser chilenos, no
im portando si la nacionalidad es de origen, por nacionalización
o por gracia; b) que el nacim iento se produzca en territorio ex­
tranjero, y c) avecindamiento p o r más de u n año en Chile.
Al analizarse tal disposición es necesario tener presente que
no corresponde hablar de domicilio, ya que el m enor de edad
tiene el domicilio de sus padres, el hijo natural el de su m adre
natural, el hijo ilegítimo el del padre que lo haya reconocido. El
domicilio no cabe respecto del incapaz, sino que es atributo pro­
pio de los mayores de edad.
Así el requisito de avecindamiento com plem enta el principio
del ius solis con el de ius sanguinis.1

1 En el derecho comparado latinoamericano se establecen también casos de


nacionalidad de origen, como ocurre en la Constitución de Costa Rica de 1949,
artículo 13 N3 4-, “El infante, de padres ignorados, encontrados en Costa Rica”. A
su vez, la Carta Fundamental de Perú de 1979 señala como norma similar que en el
caso de menores de edad, hijos de padres desconocidos encontrados en Perú, se
presume su nacionalidad peruana.
Por su parte, la Constitución de Guatemala, en su artículo 145, dispone:
“También se considerará guatemaltecos de origen, a los nacionales por naci­
miento, de las repúblicas que constituyeron la Federación de Centroamérica, si
adquieren domicilio en Guatemala y manifestaren ante autoridad competente
su deseo de ser guatemaltecos. En este caso podrán conservar su nacionalidad
de origen, sin peijuicio de lo que se establezca en tratados o convenios centro­
americanos”.
146 HUMBERTO NOGUEIRA A.

1.5. L as f u e n t e s leg a les , d eriv ad a s o a d q u ir id a s , d e n a c io n a l id a d

La Constitución chilena consagra fuentes derivadas o adquiridas


cuyo origen es el precepto jurídico:
a) Nacionalización p o r carta;
b) Nacionalización por gracia o p o r honor.
La nacionalización en térm inos amplios consiste en adquirir
u n a nacionalidad distinta de la originaria, y, en general, en substi­
tución de ella.
a) Carta de nacionalización
El artículo 10, N2 4a, de la Constitución señala que son chilenos:
“Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en con­
form idad a la ley, renunciando expresam ente a su nacionalidad
anterior. No se exigirá esta renuncia a los nacidos en país extran­
je ro que, en virtud de un tratado internacional, conceda este
mismo beneficio a los chilenos”.
El constituyente desechó la posibilidad de extender la doble
nacionalidad a países latinoam ericanos. El único tratado existente
sobre doble nacionalidad vigente es con España.
El Decreto N 2 5.142 del Ministerio del Interior, del 29 de oc­
tubre de 1960, y la modificación de la Ley N2 18.005, del 25 de
ju n io de 1981, establecen los demás requisitos para obtener la
nacionalidad; ellos son:
1) Q ue el extranjero haya cum plido 21 años de edad. Hay
u n a excepción respecto de los hijos de padre o m adre chilenos
nacionalizados, quienes deben haber cum plido 18 años de edad;
2) Q ue tengan más de cinco años de residencia continua en
el territorio nacional. Corresponde al Ministerio del Interior cali­
ficar si ciertos viajes accidentales al extranjero interrum pen o no
la residencia continuada (art. 22, inc. 22, del Decreto N2 5.142).
3) Q ue renuncien p o r instrum ento otorgado ante notario pú­
blico a su nacionalidad de origen o cualquiera otra adquirida.
La renuncia a la nacionalidad anterior no se exige respecto de
los nacidos en países extranjeros, cuando en tales países tam poco
se exige la renuncia a la nacionalidad chilena a los que se nacio­
nalicen en dichos Estados.
Para que opere la excepción, la Carta de 1980 exige dos requi­
sitos: 1) existencia de u n tratado internacional, y 2) que en él se
establezca que las partes se com prom eten recíprocam ente a no
exigir la renuncia a la nacionalidad a quienes busquen incorpo­
rarse como nacionales a ellos.
De acuerdo al artículo, I O N 2 42, inciso 22, de la Constitución,
los nacionalizados chilenos pueden op tar a cargos públicos de
elección popular sólo después de cinco años de estar en posesión
de sus cartas de nacionalización.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 147

Los cargos públicos a los que p ueden optar los nacionalizados


son los de concejales, alcaldes, consejeros regionales, diputados o
senadores. El cargo de Presidente de la República requiere haber
nacido en el territorio de Chile.
La renuncia a la nacionalidad se hace por disposición del Mi­
nisterio del Interior una vez revisados sus antecedentes y acogida la
solicitud de obtención de nacionalidad chilena. Se trata de evitar
así el perjuicio que se ocasionaría al peticionario de una renuncia
anticipada a su nacionalidad anterior, ya que de no acogerse su
petición podría quedarse sin nacionalidad, lo que es contrario a las
normas internacionales en materia de derechos humanos.
La nacionalidad la otorga el Presidente de la República por
decreto refrendado por el Ministerio del Interior.
Del Decreto N9 5.142 y de la Ley N9 18.005 se infiere que es
facultativo para el Presidente de la República conceder o no la
carta de nacionalización. Hay norm as que señalan situaciones en
que el Presidente de la República siem pre deberá denegar la
nacionalización (art. 39 3 del cuerpo legal: a) caso de los procesa­
dos o condenados por simples delitos o crím enes, y b) caso de los
peticionarios que no estén capacitados para ganarse la vida).
La resolución que deniega la carta de nacionalización debe
ser siempre fundada y firmada por el Presidente de la República.
A los nacionalizados por gracia de nacionalización p o r ley no
les alcanza esta limitación. Para enfatizarlo, la Carta de 1980 utili­
za en el artículo 10, NQ49, inciso 29, la expresión “en conform i­
dad a este núm ero”.2

2 En el ámbito de los países latinoamericanos hay diversas Constituciones que


regulan la doble nacionalidad, especialmente con España y los otros Estados
latinoamericanos.
Así, la Constitución de Costa Rica de 1949, en su artículo 14, establece que son
costarricenses por naturalización “los españoles e iberoamericanos por naci­
miento que obtengan la carta respectiva ante el Registro Civil, siempre que
hayan tenido su domicilio en el país durante los dos años anteriores a su solici­
tud”. La Ley Fundamental de Bolivia, en su artículo 37, contempla una norma
similar: “Son bolivianos por naturalización los españoles y latinoamericanos que
adquieran la nacionalidad boliviana sin hacer renuncia de la de su origen,
cuando existan, a título de reciprocidad, convenios de nacionalidad plural con
los gobiernos respectivos”. La misma norma se encuentra en la Constitución
ecuatoriana de 1978, artículo 9e, para “los españoles e iberoamericanos de naci­
miento que se domicilien en el Ecuador”. La Constitución peruana de 1979, en su
artículo 92, prescribe que “los latinoamericanos y españoles de nacimiento domi­
ciliados en el Perú, pueden naturalizarse sin perder su nacionalidad de origen,
si expresan voluntad de hacerlo”. El inciso 2° de la misma disposición de la
Carta del Perú agrega que el peruano que adopte la nacionalidad de otro Esta­
do latinoamericano o la española no pierde la nacionalidad peruana.
148 HUMBERTO NOGUEIRA A.

b) Nacionalización por ley


En esta m odalidad, el extranjero no solicita su adquisición, no
tiene requisitos ni form alidades que cum plir y no renuncia a su
nacionalidad anterior.
Las Constituciones de 1828 y 1833 otorgaban esta facultad al
Congreso Nacional. La Constitución de 1925 innovó en la m ate­
ria, estableciendo que se requería ley, lo que im plicaba la partici­
pación en el acto del Presidente de la República.
La nacionalización p o r gracia de la ley se concede a extranje­
ros ilustres y grandes servidores públicos. E ntre ellos se encuen­
tran los casos de José Joaquín de Mora, Andrés Bello, Claudio
Gay, entre otros.

c) Otras formas de nacionalización en el derecho comparado

En el derecho com parado latinoam ericano se consideran otras


formas de nacionalización o naturalización, no consagrados en la
Constitución chilena.
En efecto, diversas Constituciones establecen como form a de
nacionalización el matrimonio o la adopción.3

3 Así, la Constitución de Costa Rica, en su artículo 14 N° 5, dispone que es


costarricense por naturalización “la mujer extranjera que al casar con costarri­
cense pierde su nacionalidad, o que manifiesta su deseo de ser costarricense”.
La Constitución de Bolivia, en su artículo 38, además de establecer que “la mujer
boliviana casada con extranjero no pierde su nacionalidad”, agrega que “la
mujer extranjera casada con boliviano adquiere la nacionalidad de su marido,
siempre que resida en el país y manifieste su conformidad; y no la pierde aun en
los casos de viudez o divorcio”. La Constitución venezolana de 1961, artículo 37,,
prescribe que es venezolana por naturalización “la extranjera casada con vene­
zolano”.
Las Constituciones hasta aquí analizadas se refieren sólo a la mujer; la
Constitución peruana de 1979, artículo 93, es más amplia al considerar que “el
cónyuge extranjero, varón o mujer, puede optar la nacionalidad peruana, si
tiene dos años de matrimonio y de domicilio en el Perú”.
Finalmente, entre otras, la Constitución de Ecuador de 1978, artículo 7°, N e 3,
preceptúa que es ecuatoriano por naturalización “quien hubiere sido adoptado
como hijo por ecuatoriano mientras sea menor de edad. Conservará la naciona­
lidad ecuatoriana si entre 18 y 21 años expresa su voluntad de mantenerla”.
En el derecho europeo no es usual que el tema de nacionalidad sea tratado
por la Constitución; normalmente se remite la materia al legislador, tal como
ocurre en los casos de Alemania Federal, Austria, Bélgica, Dinamarca, Grecia,
Holanda, para solo señalar algunos ejemplos.
Constituyen excepciones a la norma antes mencionada las Constituciones
de España y Finlandia. Dentro de las normas constitucionales españolas que
regulan la materia destacan el artículo 11 Ns 2, que establece categóricamente
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 149

ESQUEMA EXPLICATIVO DE LA NACIONALIDAD SEGUNDA


CONSTITUCION CHILENA: FUENTES DE NACIONALIDAD:

Son chilenos los nacidos


en el territorio de Chile.
Excepciones:
a) Los extranjeros que se
encuentren en Chile en
A) Caso de ius solis servicio de su Gobierno, y
(art. 10, Na Ia) b) Los hijos de extranje­
ros transeúntes. Las per­
sonas que se encuentren
en alguna de las situacio­
nes de excepción podrán
optar por la nacionalidad
1) Naturales, biológicas u chilena.
originarias
(art. 10, NOTIs, 2a, 3B) Son chilenos los hijos de
padre o madre chilenos,
nacidos en territorio ex­
tranjero, hallándose cual­
quiera de estos en actual
B) Casos de ius sanguinis servicio de la República.
(art. 10, Nos 2a y 3a)
Son chilenos los hijos de
padre o madre chilenos,
nacidos en territorio ex­
tranjero, por el solo he­
cho de avecindarse por
más de un año en Chile.

A) Son chilenos los que obtuvieren carta de nacio­


nalización en conformidad a la ley (art. 10, Ne 4a).
Se exige para tales efectos renuncia a la nacionali­
dad anterior, salvo tratado internacional por el cual
2. Derivados o legales se conceda el mismo beneficio a los chilenos.
(art. 10, Ne 4a)

B) Son chilenos los que obtuvieren especial gracia


de nacionalización por ley (art. 10, Na 5a).

que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”, como


asimismo el artículo 11 Na 3, que precisa que “el Estado podrá concertar trata­
dos de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que
hayan tenido o tengan una particular vinculación con España. En estos mismos
150 HUMBERTO NOGUEIRA A.

1 .6 . C a u sa l e s d e p é r d id a d e la n a c io n a l id a d

Se pierde la nacionalidad chilena, de acuerdo a la Constitución


chilena, en los siguientes casos:
a) Por nacionalización en país extranjero (art. 11, N e 1B);
b) Por prestación de servicios durante una guerra externa a
enemigos de Chile o de sus aliados (art. 11, N2 22);
c) Por comisión de delitos contra la dignidad de la patria o
los intereses esenciales y perm anentes del Estado (art. 11, N2 32);
d) Por cancelación de la carta de nacionalización (art. 11, N2 42);
e) Por ley que revoque la nacionalización concedida p o r gra­
cia (art. 11, N2 52) .

a) Por nacionalización en país extranjero

Para p erder la nacionalidad chilena por tal motivo se requiere:


1) Q ue el chileno haya adquirido la nacionalidad extranjera.
2) Q ue la haya adquirido voluntariam ente.
3) Q ue haya sido capaz de cambiar de nacionalidad.
Sin embargo, ella no se pierde:
1) Si el chileno adquiere la nacionalidad de un Estado con el
cual existe un tratado que perm ita no perd er la nacionalidad de
origen al adquirir la nueva (art. 11, N 2 l 2, inc. I 2).
2) Cuando el chileno en virtud de disposiciones constitucio­
nales, legales o administrativas del Estado en que resida, adopte
la nacionalidad extranjera como condición de su perm anencia
en él (art. 11, N2 l 2, inc. 22).
Esta disposición fue introducida a la Constitución de 1925 por
reform a constitucional Ley N2 12.548, del 30 de septiem bre de
1957, aun cuando el texto actual es más amplio, ya que considera
tam bién las disposiciones administrativas, además de las disposi­
ciones constitucionales o legales, que contem plaba el texto de la
reform a de 1957.

países, aun cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco, po­


drán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad de origen”.
Lo característico y propio de esta norma transcrita es que no exige de los
otros países un derecho recíproco para posibilitar a los españoles la doble
nacionalidad.
En el caso de Finlandia, la Constitución en su artículo 4a, además del principio
de ius sanguinis, establece el matrimonio con un ciudadano finlandés como fuente
derivada de nacionalidad, sin mayores requisitos. En efecto, el artículo 4a expresa:
“Ostentará los derechos de la ciudadanía finlandesa toda persona nacida de padres
fineses y toda mujer que haya contraído matrimonio con un ciudadano finlandés”.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 151

El concepto de perm anencia fue considerado el más adecua­


do p o r ser el más genérico, incluyendo la residencia, el domicilio
y el simple hecho de habitar.
3) Cuando el chileno adopte la nacionalidad extranjera, como
condición de igualdad jurídica en el ejercicio de los derechos civi­
les con los nacionales del respectivo país (art. 11, N2 l 2, inc. 22).
Esta es una disposición original de la Constitución de 1980 no
contenida en la Constitución de 1925.

b) Por Decreto Supremo, en caso de prestación de servicios durante guerra


exterior a enemigos de Chile o de sus aliados (art. 11, N a 2°)

Esta segunda causal requiere la existencia de u n a guerra exte­


rior del Estado de Chile con otro Estado.
La disposición constitucional no precisa la naturaleza de tales
servicios, pudiendo ser éstos de cualquier índole, aunque no ten­
gan carácter directam ente bélico; pero ellos deben ser durante el
conflicto bélico, no antes ni después.
Para perder la nacionalidad p o r esta causal se requiere de
decreto suprem o fundado, firmado p o r todos los Ministros de
Estado, en el que se deberá considerar un inform e escrito del
Ministerio de Relaciones Exteriores, em itido sobre la base de in­
formaciones oficiales que obtenga de las misiones diplomáticas u
oficinas consulares chilenas en el extranjero, o de otras fuentes
fidedignas que estime apropiadas.
El afectado podrá reclamar ante la Corte Suprema dentro del
plazo de 30 días, contado desde la fecha de su publicación en el Diario
Oficial del decreto supremo señalado anteriormente. La Corte resolve­
rá como jurado y en forma preferente. Se presume de derecho que el
referido decreto supremo es conocido por el afectado desde la fecha
de la mencionada publicación. El reclamante puede comparecer per­
sonalmente o mediante mandatario. La interposición del reclamo sus­
penderá los efectos de la pérdida de la nacionalidad.

c) Por sentencia judicial condenatoria por delitos contra la dignidad de


la patria o los intereses esenciales y permanentes del estado, así
considerados p o r ley aprobada con quorum calificado. En tales
procesos los hechos se apreciarán en conciencia.

d) Por cancelación de la carta de nacionalización (art. 11, N s 4°)

Dicha cancelación puede producirse p o r los siguientes motivos:


1) Cuando haya sido otorgada en los casos que la ley lo prohíbe;
152 HUMBERTO NOGUEIRA A.

2) C uando u n a perso n a se h a h ech o indigna de la naciona­


lidad;
3) Cuando el poseedor de la carta ha sido condenado por
alguno de los delitos contem plados en la Ley de Seguridad del
Estado.

e) Por ley que revoque la nacionalización concedida por gracia

En dicho caso, es el propio legislador el que deja sin efecto la


nacionalización concedida.
El artículo 11 en su inciso final establece que las personas que
h ubieren perdido la nacionalidad chilena por cualquiera de las
causales establecidas, sólo podrán ser rehabilitadas por ley.

f) Otras causales consideradas en el derecho comparado

En el derecho com parado latinoam ericano, fuera de las causales


de pérdida de la nacionalidad consideradas en la Constitución
chilena, pueden observarse causales especiales para los nacionali­
zados. Así la Constitución de Costa Fáca en su artículo 16 Ne 2
prescribe que la calidad de costarricense se pierde “cuando el
costarricense p o r naturalización, se ausente voluntariam ente del
territorio durante más de seis años consecutivos, salvo que de­
m uestre h aber perm anecido vinculado al país”.

1.7. R ecurso d e r ecla m a c ió n e n d e fe n sa d e la n a c io n a l id a d

Este recurso está establecido en el artículo 12 de la Constitución:


1) Esta disposición se refiere a un acto o resolución de autori­
dad administrativa que prive o desconozca la nacionalidad.
2) El recurso puede relacionarse incluso con el desconoci­
m iento de la causal de adquisición de la nacionalidad. (Ej.: desco­
nocim iento del hecho del avecindamiento en Chile).
3) El recurso es genérico, p o r ello se considera necesario po­
nerlo en artículo separado.
4) Se establece un plazo de 30 días para recurrir a la Corte
Suprem a en vez del plazo de 10 días establecido por el artículo 6°
N- 2 de la Constitución de 1925.
5) El recurso es conocido por el pleno de la Corte Suprema.
6) La interposición del recurso suspende los efectos del acto
o resolución recurrida.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 153

2. LA CIUDADANIA

La disposición constitucional que se refiere a la m ateria es el


artículo 13, el cual establece que “son ciudadanos los chilenos
que hayan cum plido dieciocho años de edad y que no hayan sido
condenados a pena aflictiva”. El inciso 22 del mismo artículo agrega
que “la calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio, de
optar a cargos de elección popular y los demás que la Constitu­
ción o la ley confieran”.
Los requisitos para ser ciudadano, son, así, tres: a) ser chile­
no; b) haber cum plido 18 años de edad, y c) no h aber sido con­
denado a pena aflictiva.
De acuerdo al artículo 37 del Código Penal, p o r penas aflictivas
deben entenderse, en general, aquellas penas iguales o superiores
a tres años y un día o las que el propio legislador considere tales.
La expresión “condena” implica la existencia previa de una
sentencia que debe encontrarse firme y ejecutoriada, no proce­
diendo respecto de ella recurso alguno ni reconsideración.

a) Ser chileno

El principio general es que para ser ciudadano se requiere ser


chileno. Ello implica la relación necesaria con el artículo 10 de la
Constitución de 1980, que establece quiénes son chilenos.
La expresión “chileno” que em plea el artículo 13 de la Consti­
tución se refiere genéricam ente tanto a varones como mujeres, de
lo cual quedó constancia expresa en la Sesión N 2 67, de 2 de
septiem bre de 1974, página 18, de la Comisión de Estudio de la
Nueva Constitución.
Esta constancia era necesaria, ya que la Constitución de 1925,
utilizando la misma expresión, se interpretó que se dejaba al legis­
lador la facultad de regular por ley la participación de las m ujeres
en las elecciones, lo que implicó su m arginación de los plenos
derechos políticos. Sólo en el año 1949, por Ley N 2 9.292, se les
otorgó a las m ujeres el derecho de participar en las elecciones
políticas (diputados, senadores y Presidente de la República).
En 1989 participaron en las prim eras elecciones presidencia­
les y parlam entarias que abren el paso al gobierno constitucional
democrático, luego de 17 años de autoritarism o, 3.427.798 varo­
nes y 3.729.927 mujeres, con un total sobre el universo de votan­
tes de un 47,89% y 52,11%, respectivamente, existiendo u n a abs­
tención de sólo un 5,30% de electores.
154 HUMBERTO NOGUEIRA A.

Es necesario señalar que los chilenos que han obtenido la


nacionalidad p o r carta se encuentran limitados en el ejercicio de
u n o de los derechos que otorga la ciudadanía, el de optar a car­
gos de elección popular, pudiendo optar a ellos sólo después de
cinco años de posesión de la carta de nacionalidad.

b) Haber cumplido 18 años de edad

La Constitución de 1925, en su texto original, estableció la mayo­


ría de edad a los 21 años, siendo rebajada a 18 años en la reform a
constitucional de 1970, además de otorgar derecho a sufragio a
los analfabetos.
El profesor Alejandro Silva Bascuñán, en la Comisión de Estu­
dio, dio las razones para m antener la ciudadanía a los 18 años de
edad, siendo ellas las siguientes: 1) el éxito de la democracia está
vinculado a la representatividad de los órganos políticos del Estado;
entre más amplia es la base de la representatividad gubernam ental,
mayor estabilidad tendrá la democracia; 2) a los 18 años se tiene
plena responsabilidad penal; por tanto, si incluso se puede llegar a
m orir por la aplicación del ordenam iento jurídico, es lógico que se
pueda participar en su gestación a través de las elecciones parla­
mentarias y presidenciales, y 3) el tiem po que transcurre entre los
18 y los 21 años es el período en que deben tener mayor fuerza los
valores colectivos, porque en esos años la persona pondera más
cuidadosamente los aspectos egoístas y exclusivistas de su personali­
dad, descuidando los valores colectivos. Debiendo a esa edad con­
tribuir a fortalecer los hábitos de bien colectivo y de apertura a la
sociedad, la preocupación cívica debe estimularse y no retardarse.
El m iem bro de la Comisión de Estudio de la Nueva Constitu­
ción señor Enrique Evans de la Cuadra, sostuvo que para ser
ciudadano la edad debe ser a los 20 años, dado que al establecerla
a los 18 años de edad, se producirían consecuencias negativas,
como es la politización del contingente militar, ya que se entraría
al servicio m ilitar teniendo derechos ciudadanos.
La Comisión de Estudio de la Nueva Constitución aprobó la
disposición con el requisito de 21 años, en atención a las siguien­
tes razones: 1) quien no tiene capacidad civil, es decir, quien no
puede adm inistrar sus asuntos privados, no debe participar en los
negocios públicos, donde se decide el destino del país; 2) la poli­
tización del contingente que cum ple con la conscripción militar,
y se politizaría el alum nado de enseñanza media, y 3) falta de
m adurez ante la vida para operar reflexivamente.
El Consejo de Estado modificó dicha posición dejando la ciu­
dadanía a los 18 años de edad.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 155

El derecho com parado m ayoritariam ente establece la ciuda­


danía a los 18 años: Estados Unidos, Francia, Italia y muchos
países latinoam ericanos, entre otros.

2.1. Los DERECHOS QUE OTORGA LA CIUDADANÍA

La ciudadanía, en general, confiere de acuerdo a la Constitución,


a las personas que la detentan, los derechos de:
a) Sufragio, en elecciones y plebiscitos;
b) Acceso a cargos públicos de elección popular;
c) Los demás que la Constitución y las leyes confieran (for­
m ar parte de los partidos políticos, ser vocal de mesa receptora de
sufragios, ser m iem bro de organismos electorales, optar a cargos
públicos, entre otros).

2.1.1. Concepto y características del sufragio

La Constitución no define lo que es el sufragio, por lo cual debe


recurrirse a la doctrina.

[Link]. Concepto

El sufragio es la expresión del poder electoral que fija la orienta­


ción política del Estado, teniendo p o r función la selección y no­
m inación de las personas que han de ejercer el poder del Estado,
como asimismo perm itir la m anifestación de la voluntad ciudada­
na ante plebiscitos o referendum s.

[Link]. Características del sufragio

El artículo 15 de la Constitución establece que el sufragio será perso­


nal, igualitario y secreto, y, además, será obligatorio para los ciudadanos.
Estos requisitos del sufragio son exigióles para las votaciones
populares, vale decir, para las votaciones en que se elige a los
titulares de los órganos del Estado y para los plebiscitos considera­
dos en la Constitución. De ello quedó constancia expresa en las
actas de la Comisión de Estudio de la Nueva Constitución (Sesión
N2 74, de 30 de septiem bre de 1974).
156 HUMBERTO NOGUEIRA A.

a) El sufragio es un acto personal, vale decir, que no puede


delegarse. Se trata sí de un derecho que debe ejercer el ciudada­
no por sí mismo, es un acto personalísimo. Se excluye el voto por
correspondencia y por procurador.
El artículo 63 de la Ley N9 14.852, de Elecciones, prescribía
que “el voto es un acto secreto y personal y sólo podrá emitirse
p o r el mismo elector, sin presión alguna”.
b) El sufragio es igualitario. El constituyente eliminó de esta ma­
n era la posible existéncia del voto plural (votos suplementarios), el
voto múltiple (un solo voto, pero puede emitirlo en diferentes
distritos), el voto familiar, el voto corporativo u otras formas de
voto calificado. Por m andato de la Constitución, cada elector cuen­
ta con un solo voto, con la misma influencia y valor de resultado.
c) El sufragio es secreto. Este principio ya estaba establecido en
la Constitución de 1925; buscaba resguardar la independencia en
la decisión y emisión del sufragio, evitando el cohecho y la intimi­
dación, como todo intento de m anipular la voluntad del ciudada­
no. Ello ha sido m antenido p o r la Constitución de 1980, siendo
requisito esencial de u n a elección o plebiscito democrático.
d) El sufragio es obligatorio para los ciudadanos. Bajo el im perio
de la Constitución de 1925, la Ley de Elecciones establecía sancio­
nes a los nacionales que no se inscribieran en los registros electo­
rales estando obligados a hacerlo, habiéndose establecido penas
de prisión conmutables por multas, además de exigirse la inscrip­
ción para realizar ciertos actos administrativos, notariales o para
obtener créditos (art. 62 de la Ley N9 14.852).
Bajo el imperio de la actual Constitución, la Ley de Votaciones
Populares y Escrutinios prevé que la persona que no vote siendo
ciudadano inscrito en los registros electorales, sin que tenga una
excusa válida, debe pagar una m ulta a beneficio municipal, cuyo
m onto es de m edia a tres unidades tributarias mensuales.
Hay que distinguir en nuestro ordenam iento jurídico la exis­
tencia de la obligación de los ciudadanos de sufragar, la que que­
da sin eficacia práctica, ya que la Ley de Votaciones Populares y
Escrutinios, se refiere a los inscritos en los registros electorales
que no voten sin causal justificada, pero no establece la obliga­
ción de inscribirse en los registros electorales. El Tribunal Consti­
tucional, en fallo rol N9 38, de 1986, consideró que la inscripción
en los registros electorales constituye sólo una m anera de acredi­
tar los requisitos de los artículos 13 y 14 de la Constitución.
En Chile hay así sufragio universal, lo que se deduce de los
requisitos para ser ciudadano; ellos son mínimos: nacionalidad,
edad razonable y m ínim o de idoneidad moral. Al sufragio univer­
sal se opone el sufragio restringido, que puede clasificarse en:
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 157

a) Sufragio censatario, cuando se restringe a quienes tienen


cierta renta, actividad económ ica o ciertas propiedades (es emi­
nentem ente antidem ocrático).
b) Sufragio de capacidades, cuando se restringe sólo a quienes
tienen cierto grado de instrucción. La form a más clara de él con­
siste en el requisito de saber leer y escribir.
El sufragio universal implica la eliminación de discriminacio­
nes económicas, culturales, sexuales y la ampliación del cuerpo
electoral a la edad de discernim iento. En Chile tienen derecho de
sufragio los analfabetos y los no videntes.
El inciso 2e del artículo 15 establece que “sólo podrá convo­
carse a votación popular para las elecciones y plebiscitos expresa­
m ente previstos en esta Constitución”. Dicha norm a im pide a cual­
quier autoridad legislar y convocar a votaciones populares para
casos no previstos expresam ente p o r la Constitución. El Tribunal
Constitucional, por sentencia rol NQ50, de 1988, declaró inconsti­
tucionales disposiciones de la Ley O rgánica Constitucional de Mu­
nicipalidades que establecían plebiscitos comunales, que no esta­
ban a esa fecha regulados en la Constitución.

2.1.2. Derecho de sufragio de los extranjeros

El derecho de sufragio de los extranjeros constituye una excep­


ción al principio general de que el voto pertenece a los naciona­
les. Bajo el im perio de la Constitución de 1925, los extranjeros
sólo podían sufragar para las elecciones m unicipales, los cuales
no superaron las 9.000 personas inscritas en los registros m unici­
pales establecidos para dichas elecciones.
La Comisión de Estudio de la Nueva Constitución estableció el
criterio inédito en Chile del derecho de sufragio de los extranjeros
en elecciones políticas, con el requisito de avecindamiento en Chile
por diez años, en los casos y formas que determ ina la ley. La Junta de
Gobierno bajó el plazo a sólo cinco años de avecindamiento.
Así, el artículo 14 de la Constitución prescribe que “los ex­
tranjeros avecindados en Chile p o r más de cinco años, y que
cum plan con los requisitos señalados en el inciso prim ero del
artículo 13, podrán ejercer el derecho de sufragio en los casos y
formas que determ ine la ley”.
La Ley de Votaciones Populares y Escrutinios autorizó a los
extranjeros que cum plieran con los requisitos de ser mayores de
18 años de edad y no estar condenados a pena aflictiva a inscribir­
se en los registros electorales previa certificación de la gobem a-
158 HUMBERTO NOGUEIRA A.

ción respectiva de cum plir el requisito de cinco años de avecinda-


m iento en Chile.
En la perspectiva clásica se establece que el derecho de sufragio
sólo puede ser ejercido por ciudadanos; se encuentra, entre otras,
en la reciente Constitución colombiana de 1991, en su artículo 99,
que expresa: “La calidad de ciudadano en ejercicio es condición
previa e indispensable para el ejercicio del derecho de sufragio...”

2.1.3. La suspensión del derecho a sufragio

El artículo 16 de la Constitución de 1980 establece como causales


de suspensión del derecho de sufragio las siguientes:
I a Interdicción en caso de dem encia.
2a Hallarse la persona procesada por delito que m erezca pena
aflictiva o p o r delito que la ley califique como conducta terrorista.
3a H aber sido sancionado p o r el Tribunal Constitucional en
conform idad al inciso 7e del NQ15 del artículo 19 de la Constitu­
ción. Los que p o r esta causa se hallaren privados del ejercicio del
derecho de sufragio lo recuperarán al térm ino de cinco años,
contados desde la declaración del Tribunal.

[Link]. Interdicción en caso de dem encia

El artículo 8° de la Constitución de 1925 prescribía la suspensión


del derecho de sufragio “por ineptitud física o m ental que im pida
obrar libre y reflexivam ente”.
La Constitución de 1980 sólo deja la causal de interdicción
p o r causa de dem encia, elim inando la causal de ineptitud física,
lo que constituye un error, por cuanto hay personas ineptas física­
m ente para sufragar; p o r ejem plo, parece difícil que u n a persona
ciega y sin m anos pueda sufragar sin violar el principio de que el
sufragio sea personal y secreto; como éste pueden imaginarse m u­
chos otros casos posibles.

[Link]. Hallarse la persona procesada p o r delito que m erezca


pena aflictiva o p o r delito que la ley califique como
conducta terrorista

Se trata de dos causales contenidas en un mismo num eral. La


prim era se refiere a los delitos que m erezcan pen a aflictiva. La
segunda se refiere a los delitos terroristas, cualquiera sea su pena.
NACIONALIDAD Y CIUDADANIA 159

En prim er lugar, es necesario señalar que se cambió en el


num eral analizado la expresión “ciudadano”, empleada por la Cons­
titución de 1925, p o r la de “persona”, ya que con la prim era
redacción quedarían fuera los extranjeros, los. cuales de acuerdo a
la legislación vigente tienen derecho a sufragio no siendo ciuda­
danos.
En segundo lugar, el vocablo “procesada” se refiere a la perso­
na sometida a proceso. A su vez, existe proceso cuando es dictada la
resolución respectiva por el juez, la que recibe el nom bre de auto
de procesamiento, el cual se dicta cuando está justificada la exis­
tencia del delito que se investiga, y que aparezcan, a lo menos,
presunciones fundadas de que el inculpado ha tenido participa­
ción en el delito como autor, cómplice o encubridor (art. 274 del
C. de Procedim iento Penal).
Es necesario precisar, asimismo, que una pena aflictiva es toda
sanción igual o superior a tres años y un día, como tam bién todas
las otras penas que la ley asimile a dicha categoría.
La suspensión del sufragio cesa inm ediatam ente desde que se
deje sin efecto la encargatoria de reo, lo que debe ser comunica­
do por el tribunal respectivo al Servicio de Identificaciones y al
Servicio Electoral para elim inar dicha limitación en el registro
correspondiente.

[Link]. H aber sido sancionado por el Tribunal Constitucional en


conform idad al inciso 7Qdel NQ15 del artículo 19 de la
Constitución

Constituye la sentencia del Tribunal Constitucional, más que una


privación, una suspensión del derecho de sufragio. El derecho se
recuperará al térm ino de cinco años contados desde la sentencia
del Tribunal Constitucional, salvo casos de reincidencia, donde la
sanción de suspensión del sufragio aum enta a diez años.
Quienes tienen suspendido el derecho de sufragio, además de
ello, no pueden optar a cargos de elección popular. Por estas
graves consecuencias, es la propia Constitución la que regula la
suspensión del derecho a sufragio.

2.2. PÉRDIDA DE LA CIUDADANÍA

El artículo 17 de la Constitución establece que la ciudadanía se


pierde:
160 HUMBERTO NOGUEIRA A.

I s Por pérdida de la nacionalidad chilena.


2e Por condena a pena aflictiva.
3S Por condena p o r delitos que la ley califique como conducta
terrorista.
En el caso del num eral 3e, lo que im porta es la calificación del
delito como conducta terrorista, lo que debe estar determ inado
p o r una ley de quorum calificado.

2.3. El ó r g a n o c o m p e t e n t e para o t o r g a r la r e h a b il it a c ió n
DE LA CIUDADANÍA

La rehabilitación de la ciudadanía va a depender de la causa que


motivó su pérdida. Si ella es la pérdida de la nacionalidad, deberá
previam ente recuperar la nacionalidad, lo que se puede hacer
p o r una ley de rehabilitación. Los que hubieren perdido la ciuda­
danía a causa de una condena o pena aflictiva, deberán solicitar
su rehabilitación al Senado, una vez extinguida la responsabilidad
penal.
La extinción de la responsabilidad penal se produce, de acuerdo al
Código Penal chileno (art. 93), por: m uerte del reo; cum plim ien­
to de la condena; amnistía (extingue la pena y todos sus efectos);
indulto (sólo conm uta la pena, pero no quita al afectado el carác­
ter de condenado para los efectos de la reincidencia u otros que
determ inen las leyes); el perdón del ofendido, respecto de los
delitos por acción privada; prescripción de la acción penal, y pres­
cripción de la pena.
Se ha discutido ante los tribunales de justicia si los favorecidos
p o r una ley de amnistía necesitan ser rehabilitados por el Senado.
La jurisprudencia no se ha uniform ado sobre el particular.

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