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Ayuno

El documento discute el tema del ayuno mencionado en Marcos 2:18-22. Explica que los fariseos ayunaban dos veces por semana para parecer piadosos, mientras que los discípulos de Jesús no ayunaban. Los discípulos de Juan preguntan a Jesús sobre esto. Jesús responde con una parábola sobre bodas para indicar que ahora se debe disfrutar del perdón y la gracia de Dios, en lugar de ayunar para expiar pecados. También se discuten las motivaciones correctas e incorrectas para el ayuno.

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Ayuno

El documento discute el tema del ayuno mencionado en Marcos 2:18-22. Explica que los fariseos ayunaban dos veces por semana para parecer piadosos, mientras que los discípulos de Jesús no ayunaban. Los discípulos de Juan preguntan a Jesús sobre esto. Jesús responde con una parábola sobre bodas para indicar que ahora se debe disfrutar del perdón y la gracia de Dios, en lugar de ayunar para expiar pecados. También se discuten las motivaciones correctas e incorrectas para el ayuno.

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LA PREGUNTA SOBRE EL AYUNO Marcos 2:18-22.

Los discípulos de Juan el Bautista se ponen a observar las costumbres de los


fariseos, que para parecer piadosos ayunan dos veces a la semana (Lucas
18:12 a pesar de que el AT enseñ a que se ayunaba solo una vez al añ o en el Día
de la Expiació n, Levítico 16:29-31). Veían, en contraste, a los discípulos de
Jesú s y se admiraban porque no ayunaban y se presentan a Jesú s y le piden
una explicació n. La respuesta que da es una ilustració n de una boda y la
felicidad del esposo y de todos los invitados, que Cristo tiene en mente un
contraste con el ayuno. Para la gente, ¿qué significaba el ayuno? Que tenían
que hacerse limpios, lamentar su mala vida, con el ayuno se hacía expiació n
por los pecados delante de Dios. Recordemos que para los fariseos el ayunar -
dos veces a la semana - era la mayor expresió n de su devoció n a Dios. Pero
aquí Cristo les está indicando que hay una manera mucho mejor y mucho má s
correcta para adorar a Dios y mostrarle nuestra devoció n: esta es la de
disfrutar de la gracia y de la dicha del perdó n que él traía al mundo. Este
perdó n es tan completo que ahora consideramos una vida de servicios en su
causa (cosa que nos llena de satisfacció n), el gozarnos de ser Hijos de Dios, de
vivir en alegre comunió n con él, de saber que todos nuestros pecados han sido
perdonados, de disfrutar de la alegría que vamos a la fiesta eterna que él tiene
preparada para nosotros en el cielo). Esto los confronta al decir: “Nadie echa
vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres,
y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres
nuevos se ha de echar”.
Ahora que Cristo ha venido y ha completado el camino para nuestra salvació n,
vivimos para disfrutar de la nueva vida en el Espíritu.
Ya no vivimos bajo las reglas y condiciones de la ley del Antiguo Testamento.
Hoy es momento para gozar y disfrutar de todo lo que Cristo nos ha dado. No
es un día para luto, ni para mirar todo lo feo de nuestro pasado, ni para pasarlo
lamentando nuestro pecados, puestos que estos ya han sido limpiados —eso
sería igual a derramar el vino de los odres (despreciar todo lo que Cristo ha
hecho). La solució n de vida nueva nos la regaló Jesucristo.
Es para ser vivida ahora, para celebrar y gozarnos con el esposo, para
gloriarnos en todo lo que significa Cristo para nosotros sus hijos.
El hecho de que el Señ or Jesucristo se sentara a la mesa en casa de Leví en
compañ ía de muchos publicanos y pecadores, esto desagradó profundamente
a los escribas y fariseos. Segú n su punto de vista, al Señ or no parecía
importarle el pecado de aquellas personas. Pero eso era totalmente falso. Tal
como el Señ or explicó , el veía el pecado de todos ellos, y lo comparó con una
terrible enfermedad, ¿qué médico podría hacer su trabajo sin acercarse al
enfermo?
Sin embargo, era la actitud de los fariseos la que nunca lograría llevar
salvació n a ese tipo de pecadores. Los despreciaban y se alejaban de ellos
como personas despreciables para la moral y fuera de toda posibilidad de
salvació n. Pero el Señ or no los veía como causas perdidas. De hecho, queda
claro que el Señ or había venido a ocuparse del pecado y de los pecadores, pero
como hemos venido considerando, el camino que iba a seguir sería muy
diferente al de los religiosos de su tiempo.

LA QUEJA DE LOS FARISEOS


Ante la excelente comida que Leví había preparado en su casa para que sus
amigos conocieran a Jesú s, los fariseos no tardaron en manifestar su malestar.
Pronto llegaron con su inquietud al Señ or: "¿Por qué los discípulos de Juan y
los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?".
Ellos se sentían muy confundidos por el hecho de que el Señ or frecuentara ese
tipo de compañ ías. Pero desde la perspectiva del Señ or, la comida en casa de
Leví había producido gozo y alegría hasta en el mismo cielo.
Recordemos sus palabras: "Así os digo que hay gozo delante de los ángeles
de Dios por un pecador que se arrepiente." Lc 15:10. 
El Señ or no había hecho nada malo en la casa de Leví por lo que pudieran
acusarle, así que optaron por plantearle el asunto de otra manera. Es aquí
donde surge el tema del ayuno.
Lo que quieren a decirle es que en lugar de estar de comilonas con gente tan
poco recomendable como los publicanos, debería dedicarse a una vida de
ayuno y oració n como había hecho Juan el Bautista y sus discípulos.
Con su actitud volvían a demostrar que eran unos hipó critas consumados.
¿Acaso ellos habían escuchado a Juan el Bautista?
Recordemos una vez má s las palabras del Señ or: "Porque vino a vosotros
Juan en camino de justicia, y no le creísteis" (Mt 21:32).
Es verdad que en este sentido Juan el Bautista y el Señ or manifestaron algunas
diferencias, pero los fariseos no creyeron a ninguno de los dos:
"Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre
comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
Pero la sabiduría es justificada por sus hijos." (Mt 11:18-19)
El problema de los fariseos era que no querían creer en el Señ or, así que, como
muchas otras personas de nuestro tiempo, buscaban cualquier excusa para
desviar la atenció n del verdadero asunto, que no era otro que su incredulidad.
EL AYUNO
1. El ayuno no es una prá ctica distintivamente judía o cristiana, existe en
muchas religiones. Por ejemplo el ayuno musulmá n durante el Ramadá n, así
como el ayuno propio de la casta brahmá nica del hinduismo, o la cuaresma
cató lica.
En ocasiones se ha utilizado también como arma política de protesta, conocido
también como huelga de hambre.

2. La prá ctica del ayuno estaba muy extendida entre los judíos a nivel nacional,
la religió n judía só lo tenía un día de ayuno obligatorio, el de la expiació n.
(Lv 16:29-34) (Lv 23:26-32).
Era el día en que la nació n entera confesaba su pecado Pero para muchos
judíos el ayuno era una prá ctica regular que tenía gran reconocimiento social.
Era como un indicador que servía para medir su espiritualidad.
Recordemos las palabras del fariseo en el templo y có mo se enorgullecía de
que "ayunaba dos días a la semana" (Lc 18:12).
Y también su prá ctica de "demudar sus rostros para mostrar a los hombres
que ayunaban" (Mt 6:16). Por lo tanto, no es de extrañ ar que en su actitud
legalista llegaran a censurar al Señ or y sus discípulos porque no mostraban el
mismo nivel de ascetismo que ellos observaban: "¿Por qué tus discípulos no
ayunan?".

3. El ayuno por causas equivocadas.


Como ya sabemos, el ayuno implica abstenerse de cosas legítimas como comer,
beber o mantener relaciones sexuales dentro del matrimonio, con el fin de
buscar a Dios. Por lo tanto, de todo lo anterior se desprende que lo realmente
importante no es ayunar, sino la razó n por la que ayunamos.
Si nuestras motivaciones no son las correctas, no agradaremos a Dios.
Pensemos en algunas de estas causas equivocadas:
En el Nuevo Testamento se dice de cuarenta hombres que se juramentaron
bajo maldició n para no comer ni beber hasta que hubieran dado muerte al
apó stol Pablo. (Hch 23:21).
Este es un ejemplo extremo de una malvada motivació n para el ayuno.
También, como hemos mencionado antes, muchos judíos en la época de Jesú s
ayunaban con el fin de aparentar ser superiores a los demá s.
Los musulmanes está n obligados a ayunar durante todo el mes de ramadá n.
Durante ese período está prohibido comer o beber durante el día, pero no por
la noche. Curiosamente, hablando en una ocasió n con un cristiano de
Marruecos, afirmaba que estaba comprobado que durante el mes de ramadá n
se consumían muchos má s alimentos que en cualquier otro mes del añ o.
El Señ or contó una pará bola de un fariseo y un publicano que entraron en el
templo a orar (Lc 18:9-14). Mientras que el publicano sentía vergü enza por
sus pecados y no se atrevía a levantar sus ojos al cielo, el fariseo fue adelante
para explicar las buenas obras que hacía y por las que se creía merecedor de
ser justificado. Notemos que una de esas buenas obras de las que presumía el
fariseo era el ayuno, que practicaba dos veces por semana. Quedaba claro que
él pensaba que podría salvarse por sus buenas obras, aunque el Señ or dejó
claro, que quien salió del templo justificado fue el publicano. Unido a lo
anterior, en la mente del religioso está el pensamiento de que el ayuno y otras
obras similares sirven para compensar aquellos incumplimientos de la ley
divina.
A un musulmá n al que le preguntaron qué hacía cuando pecaba para conseguir
ser perdonado por Dios, a lo que él contestó que buscaba la forma de
compensar su mala obra con otra buena como el ayuno. Pero esto no es
posible. Por ejemplo, en el supuesto extremo de que una persona matara a
otra, aunque ayunara miles de veces no podría de manera alguna compensar
ese pecado.
Realmente, aunque los religiosos tienen la tendencia a razonar así, la Biblia
insiste en que cada pecado ha de ser castigado con la muerte.
Recordemos lo que el apó stol Pablo escribió :
"Porque la paga del pecado es muerte" (Ro 6:23).
No hay otra compensació n posible.
Otros, creyendo que el cuerpo es malo y que hay que castigarlo, practican el
ayuno y otras formas de ascetismo con el fin de castigarlo y doblegarlo.
Sin embargo, el apó stol Pablo advirtió que esto no sirve contra los apetitos de
la carne (Col 2:20-23).

¿POR QUÉ DEBEMOS AYUNAR?


Llegados a este punto debemos preguntarnos cuá les serían las razones por las
que deberíamos ayunar.
La Biblia nos ofrece varias:
1. En ocasiones tenía que ver con la negación y humillación de uno mismo
como expresió n de arrepentimiento Nehemías reunió al pueblo "en ayuno y
cilicio", y "estando en pie, confesaron sus pecados" (Neh 9:1-2).
La ciudad de Nínive, arrepentida por la predicació n de Joná s, proclamó ayuno
y se vistió de cilicio (Jon 3:5).
Daniel buscó a Dios en oració n y ruego, con ayuno, cilicio y ceniza, oró al Señ or
su Dios e hizo confesió n de los pecados de su pueblo (Dn 9:3-4).
Saulo de Tarso después de su conversió n, afligido por su persecució n de Cristo,
durante tres días no comió ni bebió  (Hch 9:9).
2. También se relacionaba con la dependencia de Dios. Tiene que ver con
ocasiones especiales en las que necesitamos buscar a Dios para pedir alguna
direcció n o bendició n particular. Para ello nos alejamos del alimento y otras
distracciones para concentrarnos en ello. Es por esta razó n que el ayuno y la
oració n aparecen normalmente juntos.
Moisés ayunó en el monte Sinaí inmediatamente después de que fue renovado
el pacto mediante el cual Dios tomaba a Israel para ser su pueblo (Ex 24:18).
Josafat, viendo los ejércitos de Moab y Amó n que avanzaban hacia él, "humilló
su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá" (2
Cr 20:1-3).
La reina Ester, antes de exponer su vida al acercarse al rey, instó a Mardoqueo
a reunir a los judíos y "ayunar" por ella, mientras ella y sus doncellas hacían lo
mismo (Esther 4:16).
Esdras "publicó ayuno" antes de conducir a los desterrados de vuelta a
Jerusalén, "para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino
derecho" (Esd 8:21-23).
Nuestro Señ or Jesucristo mismo ayunó inmediatamente antes de comenzar su
ministerio pú blico (Mt 4:1-2).
La iglesia de Antioquía ayunó antes de enviar a Pablo y Bernabé en el primer
viaje misionero (Hch 13:1-3).
Pablo y Bernabé ayunaron antes de designar ancianos en cada nueva iglesia
que fundaban (Hch 14:23).

3. El ayuno de Juan el Bautista y sus discípulos.


En el pasaje que estamos estudiando vemos que Juan el Bautista es presentado
como un hombre que ayunaba. De él se dice que "ni comía ni bebía" (Mt
11:18), lo que indica que practicaba el ayuno con mucha frecuencia. En su
caso, el ayuno reflejaba un deseo de buscar a Dios y esperar ansiosamente la
manifestació n del reino de Dios. Y como vemos, enseñ ó a sus discípulos a
hacer lo mismo.

¿Por qué no ayunaban los discípulos de Jesús?


Esta fue la pregunta que le hicieron a Jesú s los fariseos y los discípulos de Juan
el Bautista. É l les respondió con una metá fora: "Los amigos del novio no
pueden ayunar mientras el novio esté con ellos". Como ya hemos señ alado
má s arriba, el ayuno en el Antiguo Testamento se asociaba, por lo general, con
el luto.
Era una expresió n de pena y desesperació n, en muchos casos debido a algú n
pecado.
Pero en ese momento en que el Mesías ya había venido, era una situació n
demasiado alegre como para mezclarla con el ayuno. Al mismo tiempo que
contestaba a su pregunta, Jesú s estaba haciendo una tremenda afirmació n
sobre sí mismo: en el A.T. Dios se presentaba con frecuencia como el esposo de
su pueblo Israel. (Is 62:5) (Ez 16:8) (Os 2:19-20), y en este momento Jesú s
está diciendo que él mismo era ese Esposo que Israel estaba esperando.
Juan el Bautista ya había reconocido este mismo hecho (Jn 3:28-29).
Por lo tanto, la pregunta que hicieron los fariseos acerca de por qué los
discípulos de Cristo no ayunaban, indicaba con claridad que no entendían que
el Mesías ya había venido y que estaba en medio de ellos en la Persona de
Jesú s.

¿Deben ayunar los cristianos en la actualidad?


Algunos piensan que el ayuno no es para la iglesia, y argumentan diciendo que
en el Nuevo Testamento apenas se menciona. Ademá s, la comida se presenta
como algo positivo, y se trata el ascetismo como un arma débil contra los
apetitos de la carne (Col 2:20-23).
Incluso hay algunos que advierten de que en los ú ltimos tiempos vendrían
apó statas que prohibirían abstenerse de alimentos (1 Ti 4:1-5).
Sin embargo, estos argumentos parecen muy débiles cuando los comparamos
con la evidencia positiva. Por ejemplo, el Señ or Jesucristo en el Sermó n del
Monte incluyó el ayuno entre los pilares de la piedad juntamente con la
oració n y la limosna (Mt 6:1-18).
Y dio por hecho que sus discípulos sí que ayunarían. Fijémonos có mo
comienza su exhortació n: "Cuando ayunéis" (Mt 6:16). De hecho, él mismo
ayunó en algunas ocasiones de las que tenemos constancia (Lc 4:2). Y también
encontramos diversas ocasiones en que la iglesia ayunaba después de la
ascensió n de Cristo (Hch 13:1-3) (Hch 14:23) (2 Co 6:5) (2 Co 11:27).
Es má s, en el pasaje que estamos considerando ahora, dice lo siguiente: "pero
vendrá n días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunará n". Ahora
bien, ¿qué quiso decir el Señ or con esto?
El Señ or estaba anticipando que llegaría el momento en que les sería quitado.
Eso hace referencia en primer lugar a su muerte, pero en este contexto, quizá
sea preferible pensar mejor en su ascensió n al cielo.
En este período de ausencia del Señ or, mientras la Iglesia espera su segunda
venida, es cuando los creyentes son llamados a ayunar. Con esto coincide el
hecho de que Jesú s definiera su segunda venida como la venida del esposo:
"¡Aquí viene el esposo; salid a recibidle!" (Mt 25:6). Así que, desde su
ascensió n al cielo, los creyentes ayunan a fin de concentrarse má s en la oració n
que clama por el retorno de la segunda venida de Jesú s.

Jesú s frente al judaísmo de su tiempo


Pero la pregunta de los fariseos dio lugar a que Jesú s aclarara cuá l era su
posició n frente al judaísmo. Y rá pidamente vemos que él no había venido a
reformarlo, sino a hacer algo completamente nuevo, tanto en la forma externa
(el vestido) como en el contenido interno (el vino). Veamos có mo lo expresó :
"Nadie pone remiendo de pañ o nuevo en vestido viejo"
"Nadie echa vino nuevo en odres viejos"

1. El vestido nuevo
Una vez má s, la ilustració n que Jesú s empleó era fá cil de entender: un pedazo
de pañ o recio cosido a una prenda desgastada no hacía má s que empeorar la
rotura. Había llegado el momento en que ya no se podían seguir poniendo
parches y había que plantearlo todo nuevo, prescindiendo totalmente de lo
viejo.
Esta era precisamente su misió n en relació n con el judaísmo. Cristo no
pretendía "remendar" el judaísmo con la ayuda de algunos elementos nuevos
tomados del cristianismo. Ni siquiera su pretensió n es mejorar al "viejo
hombre", sino que se propone hacer una "nueva creació n", no quiere
"reformar" al pecador, sino "regenerarlo".

2. Los odres nuevos


¿Qué es un odre? En aquellos días no tenían botellas, por lo que usaban las
pieles de los animales cosidas, estos eran los odres a los que se refiere Jesú s.
Cuando los odres eran nuevos tenían cierta elasticidad; pero al hacerse viejos
se ponían duros y no cedían. Si el mosto en estado de fermentació n se echaba
en odres viejos y débiles, éstos se reventaban. La fuerza del vino nuevo exigía
odres nuevos y resistentes.
Aunque la lecció n es paralela a la del remiendo nuevo que se ponía en el
vestido nuevo, sin embargo, aquí se subraya el poder interno y espiritual del
nuevo orden que Cristo había venido a establecer.
El ayuno cristiano

En conclusió n, debemos decir que el ayuno cristiano no puede ser planteado


como una buena obra que nos ayuda a ganar la salvació n. Somos salvos por la
obra de Cristo en la cruz, y no podemos añ adir nada a esto. Tampoco puede ser
practicado con el fin de ganar el favor de Dios, puesto que ya contamos con él
desde el mismo momento en que aceptamos a Cristo. Recordemos el
razonamiento del apó stol Pablo: "si Dios nos dio a su propio Hijo, ¿có mo no
nos dará con él todas las demá s cosas?" (Ro 8:32). Desde esta perspectiva, es
absurdo plantear el ayuno como una forma de forzar a Dios para que haga lo
que le pedimos, puesto que él nos ama y desea intensamente bendecirnos.

Pero como hemos visto, la iglesia debe ayunar en este tiempo como una
expresió n de su anhelo por estar con el Esposo. Desea la consumació n final del
matrimonio ya establecido. En este sentido, podríamos decir que el ayuno
cristiano es hambre de la plenitud de Dios (Ef 3:19).

Preguntas

1. Enumere dos razones por las que se practicaba el ayuno en el Antiguo


Testamento y cite algú n ejemplo de cada una de ellas.

2. ¿Por qué no ayunaban los discípulos de Jesú s? En su contestació n a los


fariseos, ¿Có mo se presentó Jesú s?

3. ¿Debemos los cristianos ayunar? Si piensa que sí debemos hacerlo, ¿Cuá ndo
hay que hacerlo? Explique su respuesta.

4. ¿Có mo debe ser el ayuno cristiano?

5. ¿Qué quería enseñ ar el Señ or con las dos ilustraciones que puso del
remiendo en el vestido y la del vino
¿Deben ayunar los cristianos en la actualidad?
Algunos piensan que el ayuno no es para la época de la iglesia, y argumentan
diciendo que en el Nuevo Testamento apenas se menciona. Ademá s, la comida
se presenta como algo positivo, y se trata el ascetismo como un arma débil
contra los apetitos de la carne (Col 2:20-23). Incluso hay algunos que
advierten de que en los ú ltimos tiempos vendrían apó statas que prohibirían
abstenerse de alimentos (1 Ti 4:1-5).
Sin embargo, estos argumentos parecen muy débiles cuando los comparamos
con la evidencia positiva. Por ejemplo, el Señ or Jesucristo en el Sermó n del
Monte incluyó el ayuno entre los pilares de la piedad juntamente con la
oració n y la limosna (Mt 6:1-18). Y dio por hecho que sus discípulos sí que
ayunarían. Fijémonos có mo comienza su exhortació n: "Cuando ayunéis" (Mt
6:16). De hecho, él mismo ayunó en algunas ocasiones de las que tenemos
constancia (Lc 4:2). Y también encontramos diversas ocasiones en que la
iglesia ayunaba después de la ascensió n de Cristo (Hch 13:1-3) (Hch 14:23) (2
Co 6:5) (2 Co 11:27).
Es má s, en el pasaje que estamos considerando ahora, dice lo siguiente: "pero
vendrá n días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunará n". Ahora
bien, ¿qué quiso decir el Señ or con esto?
El Señ or estaba anticipando que llegaría el momento en que les sería quitado.
Eso hace referencia en primer lugar a su muerte, pero en este contexto, quizá
sea preferible pensar mejor en su ascensió n al cielo.
En este período de ausencia del Señ or, mientras la Iglesia espera su segunda
venida, es cuando los creyentes son llamados a ayunar. Con esto coincide el
hecho de que Jesú s definiera su segunda venida como la venida del esposo:
"¡Aquí viene el esposo; salid a recibidle!" (Mt 25:6). Así que, desde su
ascensió n al cielo, los creyentes ayunan a fin de concentrarse má s en la oració n
que clama por el retorno de la segunda venida de Jesú s.

Jesú s frente al judaísmo de su tiempo


Pero la pregunta de los fariseos dio lugar a que Jesú s aclarara cuá l era su
posició n frente al judaísmo. Y rá pidamente vemos que él no había venido a
reformarlo, sino a hacer algo completamente nuevo, tanto en la forma externa
(el vestido) como en el contenido interno (el vino). Veamos có mo lo expresó :
"Nadie pone remiendo de pañ o nuevo en vestido viejo"
"Nadie echa vino nuevo en odres viejos"

1. El vestido nuevo
Una vez má s, la ilustració n que Jesú s empleó era fá cil de entender: un pedazo
de pañ o recio cosido a una prenda desgastada no hacía má s que empeorar la
rotura. Había llegado el momento en que ya no se podían seguir poniendo
parches y había que plantearlo todo nuevo, prescindiendo totalmente de lo
viejo.
Esta era precisamente su misió n en relació n con el judaísmo. Cristo no
pretendía "remendar" el judaísmo con la ayuda de algunos elementos nuevos
tomados del cristianismo. Ni siquiera su pretensió n es mejorar al "viejo
hombre", sino que se propone hacer una "nueva creació n", no quiere
"reformar" al pecador, sino "regenerarlo".

2. Los odres nuevos


¿Qué es un odre? En aquellos días no tenían botellas, por lo que usaban las
pieles de los animales cosidas, estos eran los odres a los que se refiere Jesú s.
Cuando los odres eran nuevos tenían cierta elasticidad; pero al hacerse viejos
se ponían duros y no cedían. Si el mosto en estado de fermentació n se echaba
en odres viejos y débiles, éstos se reventaban. La fuerza del vino nuevo exigía
odres nuevos y resistentes.
Aunque la lecció n es paralela a la del remiendo nuevo que se ponía en el
vestido nuevo, sin embargo, aquí se subraya el poder interno y espiritual del
nuevo orden que Cristo había venido a establecer.

El ayuno cristiano
En conclusió n, debemos decir que el ayuno cristiano no puede ser planteado
como una buena obra que nos ayuda a ganar la salvació n. Somos salvos por la
obra de Cristo en la cruz, y no podemos añ adir nada a esto. Tampoco puede ser
practicado con el fin de ganar el favor de Dios, puesto que ya contamos con él
desde el mismo momento en que aceptamos a Cristo. Recordemos el
razonamiento del apó stol Pablo: "si Dios nos dio a su propio Hijo, ¿có mo no
nos dará con él todas las demá s cosas?" (Ro 8:32). Desde esta perspectiva, es
absurdo plantear el ayuno como una forma de forzar a Dios para que haga lo
que le pedimos, puesto que él nos ama y desea intensamente bendecirnos.
Pero como hemos visto, la iglesia debe ayunar en este tiempo como una
expresió n de su anhelo por estar con el Esposo. Desea la consumació n final del
matrimonio ya establecido. En este sentido, podríamos decir que el ayuno
cristiano es hambre de la plenitud de Dios (Ef 3:19).

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