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SEMINARIO TEOLÓGICO DEL SUR
EVIDENCIAS BÍBLICAS DE LA DEIDAD DE CRISTO
Monografía
presentado en cumplimiento de la materia
Teología Propia y Cristología
Nelly Quispe de Valeriano
07 de septiembre de 2021
1
EVIDENCIAS BÍBLICAS DE LA DEIDAD DE CRISTO
En la actualidad existen multitud de personas que creen que existió un hombre
llamado Jesús. La historia puede confirmar su existencia. Muchas religiones y sectas en
el mundo, también evidencian su presencia en la tierra, ya sea que lo llamen profeta o el
maestro de los maestros que vivió sobre la base de una moral altamente ética. Algunos lo
consideran como un hombre que hizo revolución en el mundo al vivir bajo normas que
ningún otro hombre pudo hacerlo. En fin, hay tantas consideraciones sobre su persona
que no hay duda de su existencia.
No obstante, desde la llegada de Jesús a este mundo, muchos, incluidos sus
parientes más cercanos, no pudieron comprender su naturaleza tanto humana como
divina, las características de su persona como Dios-Hombre. Durante la historia de la
humanidad existieron diferentes corrientes teológicas y hasta sectas que difieren de los
argumentos de la personalidad de Cristo. Esto, por supuesto, conllevó a que de alguna
manera existieran una variedad de sectas con suposiciones basadas o no en la Palabra de
Dios.
De esta forma, es imprescindible como creyentes, tener bases bíblicas sobre quién
fue realmente Jesucristo. Comprender su deidad y al mismo tiempo su humanidad. Estos
fundamentos coadyuvan al creyente para la apología de su fe en el Cristo verdadero, tanto
como Hijo de Dios, el Hijo del Hombre y sus atributos divinos.
Jesucristo como Hijo de Dios
El Nuevo Testamento muestra a Jesús como Hijo de Dios, se analizará quiénes lo
llamaron así y los eventos donde fue denominado como hijo de Dios.
2
Dios, el Padre de Jesús
Dios, el Padre lo llamó en diferentes circunstancias. Primero, durante su bautismo
donde Jesús asumió la obligación de su pueblo a obedecer cada aspecto de la ley como
era el rito de la purificación de los pecadores en las aguas del bautismo. Mateo registra el
evento de la siguiente manera: “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia”;1 Segundo, en el monte de la transfiguración, el
Padre vuelve a decir “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mt
17:5). De esta manera, desde lo alto, Dios estaba declarando que Jesús era su hijo.
Los discípulos de Jesús
Aquellos hombres que estuvieron durante mucho tiempo con Jesús fueron quienes
más pudieron conocerle mejor tanto sus características humanas y divinas y son ellos
mismos quienes pueden dar un testimonio veraz sobre la persona de su maestro.
El apóstol Juan, uno de los más allegados a Jesús, manifiesta explícitamente el
propósito de sus escritos que lleva su nombre, el principal es, según 20:31 “Pero éstas se
han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo,
tengáis vida en su nombre”. Indudablemente, Juan creía en Jesús como Dios.
Aquí se presenta una declaración interesante sobre cómo los discípulos de Jesús lo
reconocieron como Dios:
…tenemos aquí a un grupo de hombres que caminaban con Jesús, y le vieron en
todos los aspectos característicos de su humanidad, y que sin embargo más tarde le
adoraron como divino, predicaron que su nombre era el poder para la salvación, e
invocaron su nombre en oración. Juan, que se recostó sobre el pecho de Jesús, no
vaciló en hablar de él como el eterno Hijo de Dios que creó el universo (Juan 1:1-
3), y relata sin vacilación ni disculpas el hecho de Tomás de adorarle y exclamar.:
1
La Santa Biblia, versión Reina-Valera 1960. Todos los textos bíblicos serán tomados de esta
versión.
3
“¡Señor mío, y Dios mío!” Juan 20:28. Pedro, que había visto comer, beber y
dormir a Jesús, que había estado consciente del hambre y la sed sufridas por el
Señor, que le había escuchado orar, y le había visto llorar, en otras palabras, que
había sido testigo de su humanidad toda, más tarde les dice a los judíos que Jesús
está a la mano derecha de Dios, de que posee la prerrogativa divina de impartir el
Espíritu Santo (Los Hechos 2:33, Los Hechos 2:36); de que es el único camino de
la salvación (Los Hechos 4:12), el Perdonador de pecados (Los Hechos 5:31) y el
Juez de los muertos. Los Hechos 10:42. En su segunda epístola (2 Pedro 3:18)
adora al Señor y le atribuye a él “gloria ahora y hasta el día de la eternidad”.2
Los discípulos de Jesús eran quienes podían afirmar con veracidad a Jesús como
Hijo de Dios, sin intermediarios alguno, porque ellos mismos vivieron con él durante
aproximadamente tres años. No hay mejor testigo que los escritos de los apóstoles,
amigos fieles del Señor Jesucristo.
Jesús mismo declaró ser Hijo de Dios
También Jesús mismo aceptó su posición como Hijo de Dios. El incidente que
ocurrió cuando tenía 12 años de edad (Lucas 2.41-50) explica que, desde su niñez, Jesús
supo quién era. La respuesta a su madre revela que Jesús entendió completamente quién
era Él y cuál era su misión. María le dijo con mucha naturalidad: “Tu padre y yo…” (v.
48), a lo que Jesús contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de
mi Padre me es necesario estar?” (v. 49). Lucas añade que sus padres “no entendieron las
palabras que les habló” (v. 50). A la luz de toda la narración, sin embargo, es claro que
Jesús entendió completa y conscientemente que en un sentido singular Dios era su Padre
y que Él tenía una misión divina y única.
Otra ocasión singular interesante fue cuando Jesús preguntó a sus discípulos en
Cesarea de Filipo el evangelista Mateo relata lo siguiente “…¿Quién dicen los hombres
que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16:13) después que Pedro expresó las opiniones de los
2
Myer Pearlan. Teología Bíblica Sistemática, (Florida: Vida, 199), 44.
4
hombres, Jesús preguntó otra vez, “Y vosotros, ¿…quién decís que soy Yo?” (Mt. 16:15)
Pedro respondió “…Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” (Mt. 16:16) a raíz de esa
confesión, Jesús dice a Pedro “…Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te
lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mt. 16:17).
El significado de Hijo de Dios
No se trata simplemente de que Dios tenga una relación de padre-hijo con Jesús,
esto tiene otra connotación más relevante en cuanto a su relación entre Dios y el Señor
Jesucristo, al respecto Carballosa dice:
La relación de Jesús con el Padre como Hijo Unigénito no tuvo comienzo,
sino que es una relación eterna. En Su oración sumosacerdotal, Jesús dijo: «Ahora
pues, Padre, glorifícame Tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes
que el mundo fuese» (Jn. 17:5). De modo que Jesús confiesa haber tenido una
íntima relación con el Padre, hasta el punto de compartir Su gloria, aun antes de la
creación del universo.3
En el contexto judío, la expresión Hijo de Dios, denominado por el mismo Jesús,
significaba hacerse igual que Dios. Esto resultaba inapropiado y hasta una blasfemia por
lo que fue una de las principales razones para perseguirle y crucificarle (Jn 5:17,18). Sin
embargo, Jesús realmente es el Hijo de Dios y esto implica absoluta deidad otorgándole
igualdad con el Padre en esencia, atributos y gloria.
Cristo como Hijo del Hombre
La expresión Hijo del Hombre suele ser algo enigmática y no podría ser entendida
sino se parte de los contextos donde fue mencionado. Uno de ellos es en el Antiguo
Testamento en Ezequiel (Ez. 2:1; etc); en este contexto se designa únicamente un
miembro de la raza humana y se enfatiza la precariedad del hombre.
3
Evis. L. Carballosa, La deidad de Cristo, (Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 1982), 61.
5
En libro de Daniel, la expresión tiene un enfoque diferente ya que aparece en el
contexto de la predicción respecto a la visión, estos pasajes indican implicaciones
mesiánicas cuando en 7:13 es presentado como alguien que tiene una autoridad que
sobrepasa la de cualquier gobernante humano. Esto distingue al Hijo del Hombre con
características de autoridad sobrenatural.
En lo que respecta a este título, el reconocido teólogo español Dr. Carballosa
realiza un excelente resumen para entender el panorama de la expresión a través del
Nuevo Testamento.
La expresión “el Hijo del hombre” aparece unas 55 veces en los evangelios y una
vez en Hechos 7:56. La expresión “el Hijo del Hombre” ha sido clasificada en tres
categorías distintas, según aparece en los evangelios sinópticos: 1. Referencias
relacionadas con las actividades del ministerio terrenal del Hijo del Hombre (Mr.
2:8, 28; Lc. 7:34; 9:58; 19:10). 2. Referencias tocante a los sufrimientos, muerte y
resurrección del Hijo del Hombre (Mr. 8:31; 10:45; 14:21, 41). 3. Referencias
relacionadas con la venida futura, la exaltación y los juicios del Hijo del Hombre
(Mr. 8:38; 13:26; 14:62; Lc. 12:8–12, 35–40; 17:22–30, 18:8; Mt. 10:23; 19:28)”.4
En el Nuevo Testamento el término “Hijo del Hombre” es utilizado exclusivamente
para Jesús a excepción de Hebreos 2:6-8 donde es empleado para referirse al género
humano en general. Es en los evangelios donde se presenta a Jesús como el hijo del
hombre con más énfasis y en cada caso siempre proviene de los labios del mismo Jesús,
excepto en Juan 12:34 cuando alguien le pregunta qué quería decir con ese título.
Ejemplos claros sobre por qué Jesús utilizó este título para autodenominarse se
puede encontrar en el evangelio según Marcos 2, donde Jesús sana al paralítico en el día
sábado y lo declara “Hijo, tus pecados te son perdonados” (2:5) Los escribas que estaban
presentes reaccionan y acusan a Jesús de blasfemia y dicen: “¿Quién puede perdonar
pecados sino sólo Dios?” (2:7). A raíz de esa pregunta, Jesús hace la siguiente
4
Íbid, 63.
6
afirmación: “Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para
perdonar pecados…” (2:10). La pregunta que se había producido giraba alrededor de la
cuestión que si Jesús tenía la autoridad de ejercer una prerrogativa que sólo corresponde a
Dios, es decir, la autoridad para perdonar pecados. Jesús usa el título de “el Hijo del
Hombre” para afirmar que, como tal, él posee dicha autoridad.
Otro pasaje importante donde la autoridad de Jesús es cuestionada aparece en los
sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas (Mt. 12:1-8; Mr. 2:23-28; Lc. 6:1-5). Los fariseos
acusan a los discípulos de Jesús de transgredir la ley del sábado, porque habían arrancado
espigas para comer. En respuesta a los fariseos, el Señor apela primero al testimonio del
Antiguo Testamento. David comió los panes de la proposición cuando tuvo hambre. Algo
que sólo era lícito a los sacerdotes. Los sacerdotes que servían en el templo tenían que
realizar sus funciones sacerdotales en el día de reposo, algo que requería trabajo. De
modo que aún la ley permitía la ejecución de ciertas labores en el sábado que eran
consideradas lícitas (Nm. 28:9-10).
El Dr. Carballosa en su obra maestra en el comentario del evangelio de Mateo, ha
hecho la siguiente explicación tocante al pasaje de Mateo 12:1-8.
En el versículo 3 el argumento es del mayor (el pan santo) al menor (las
espigas). En el versículo 5 el argumento es del menor (el Templo) al mayor (algo
mayor que el Templo). Ambos son del mismo modo incontestables. En el versículo
6 además, la completa autoridad divina de Jesús confronta a los engreídos fariseos.
Aquel que es mayor que el Tabernáculo y el Templo está aquí, el único que tiene
autoridad para juzgar lo que constituye una violación del sábado que es servido por
el Tabernáculo y el Templo.5
5
Evis L. Carballosa, Mateo: la revelación de la realeza de Cristo Tomo I (Gran Rapids, Michigan:
Editorial Portavoz, 2007), 400.
7
La expresión, “el Hijo del Hombre” es un título cristológico que identifica al
Mesías con la humanidad como el hombre perfecto, el Mesías, como el Hijo del Hombre,
nace, convive con los hombres, sufre, muere y resucita.
La unión de la naturaleza humana y divina de Jesús
Cristo dejó su gloria por un tiempo y en un acto de sometimiento voluntario aceptó
hacerse hombre y cumplir con los propósitos del Padre, a esto se le conoce como “la
Kenosis de Cristo.” Esta palabra derivada del griego “ekenosen”, que significa
vaciamento y que se traduce en Filipenses 2:7 como “se anonadó a sí mismo”. 6 El
término Kenosis tiene que ver con la interpretación de Filipenses 2:7 “se despojó a sí
mismo” la pregunta crítica es: ¿De qué se despojó Cristo?
En respuesta a estas preguntas hay muchas teorías que figuran a través de la
historia, las cuales son: Cristo se despojó a sí mismo al renunciar a algunos de sus
atributos divinos, Cristo se despojó a sí mismo al partir y renunciar a todos los atributos
de la deidad, y otros dicen que Cristo se despojó a sí mismo al abandonar el modo de
existencia divina para asumir la existencia humana. Respondiendo a estas preguntas el
Teólogo José Grau comenta de la siguiente manera, “las palabras ‘se despojó a sí mismo’,
en el contexto paulino, no dicen nada que pudiera significar el abandono de los atributos
divinos.” Y el Dr. Carballosa en su comentario en la epístola a los filipenses (2:7),
explica con amplitud esta cuestión. ¿De qué se despojó Cristo?
Cristo no renunció sus atributos, sino que depuso el uso voluntario de alguno
de ellos, y esto lo hizo del modo siguiente: 1) “tomando forma de siervo” un siervo
es un esclavo que renuncia, no a los atributos, sino al uso voluntario de ellos
cuando somete su voluntad a la de su dueño. Cristo no se vació de su forma de Dios
cuando tomó forma de siervo, sino que una perfecta humanidad fue añadida a su
persona divina. 2) Al hacerse “semejante a los hombres” en Ro. 8:3 dice que Dios
6
Justo L. González, Diccionario Manual Teológico (Barcelona: Editorial CLIE, 2010), 162.
8
envió a su Hijo “en semejanza de carne de pecado”. Todos los que vieron a Cristo
le catalogaron como hombre. El versículo 8 puede traducirse “y habiendo sido
hallado en la condición como hombre” La palabra “condición” es contraste directo
con la palabra “forma” se refiere a la manifestación externa en que algo aparece,
mientras que “forma” tiene que ver con la esencia. Así Cristo aunque tomo cuerpo
humano, vivió entre los hombres, fue visto y tratado como un hombre, en su
esencia y por su naturaleza divina, nunca dejó de ser verdadero Dios. 3) “se
humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte” Obviamente para morir,
tuvo que humanarse. Para hacerlo, tuvo que vaciarse de su posición pre-encarnada,
pero sin disminuir la Persona.7
La kenosis bíblica no significa en modo alguno que Cristo se vació de su esencia
divina ni que renunció a los atributos inherentes en su persona divina. La kenosis bíblica
significa que Cristo, sin disminuir en manera alguna su deidad, dejó su posición pre-
encarnada y tomó las características de perfecta humanidad para poder morir en la cruz
en lugar de los pecadores y así proveer el sacrificio perfecto demandado por la justicia y
la santidad de Dios. La kenosis llevó a Cristo a cambiar temporalmente de modo de
existencia, pero nunca de esencia. La kenosis hizo que Cristo apareciese como hombre
delante de los hombres y no como Dios. Aunque era Dios, Cristo obedeció como siervo.
La unión hipostática de Cristo
Finalmente, en esta sección concierne hablar acerca de la “Unión Hipostática” Este
término tiene la idea de fusión, es decir, la unión de las dos naturalezas de Cristo. La
humana y la divina en una persona. Sin duda alguna, este término ha sido también de
muchas controversias, debido a que la cuestión es difícil entender para el hombre ¿Cómo
es posible que un hombre pueda poseer dos naturalezas? El Dr. Carballosa respecto a esta
cuestión muy difícil de entender, explica de la siguiente manera.
La unión hipostática, se refiere a la unión de las dos naturalezas (divina y
humana) en Cristo. Esa unión es personal. Es importante entender la diferencia
7
Evis L. Carballosa, Filipenses un comentario exegético y práctico (Grand Rapids, Michigan:
Editorial Portavoz, 1973), 64-66.
9
entre la naturaleza y persona. Una persona posee naturaleza, pero ser persona
implica más que tener naturaleza. Persona que incluye naturaleza más una
subsistencia independiente o realidad que incluye intelecto, emoción y voluntad. La
segunda persona de la Trinidad es una persona divina que posee naturaleza divina.
Al encarnarse tomó una naturaleza humana, aunque permaneció siempre una
persona divina. El Hijo de Dios no se unió con una persona humana, sino con una
naturaleza humana. En esa unión cada naturaleza retiene sus propias características.
De manera que la unión hipostática es que Cristo posee dos naturalezas, la divina y
la humana, unidas no amalgamadas, pero Él sigue siendo y siempre será una sola
persona divina en pos de manifestar atributos o características humanas y divinas.8
La unión hipostática confiere las dos naturalezas de Cristo que están unidas de
forma inseparable sin mezcla o pérdida de su identidad. Aunque a veces Cristo operó en
la esfera de su humanidad y en otros casos en la de su divinidad, en todos los casos puede
atribuirse a una única persona lo que hizo y lo que era. Respecto a esta unión hipostática,
el afamado teólogo Lewis Sperry Chafer aporta lo siguiente. “Él es el Dios hombre,
misterioso en realidad para las mentes finitas, pero no menos real, según el testimonio de
las Escrituras. Si Él ha de servir como Mediador entre Dios y el hombre, debe esperarse
que haya complejidad en Él, más allá de toda compresión humana”.9
En resumen, solamente se puede anotar tres hechos fundamentales: primero, Cristo
tiene dos naturalezas distintas; segundo, no hay mezcla o fusión de las dos naturalezas; y
tercero, aunque tiene dos naturalezas, Cristo es una persona. La doctrina de las dos
naturalezas de Cristo proveen, en pocas palabras, la única posible solución para los
enigmas de la manifestación en la vida humana del Jesús histórico.10
La Biblia confiere a Cristo el nombre de Dios
8
Evis L. Carballosa, Cristo Rey de reyes: un estudio cristológico del milenio (Grand Rapids,
Michigan: Editorial Portavoz, 2002), 230.
9
Lewis Sperry Chafer, Teología sistemática vol. 1 (Georgia: Publicaciones Españolas, 1974), 380.
10
Ibid., 402.
10
Las Escrituras son una fuente inefable que le otorga a Cristo el nombre de Dios
como muestra de su divinidad y como una persona de la trinidad, aquello que a veces
causa muchas controversias entre algunas religiones o sectas cristianas.
Uno de los pasajes clave para comprender esta divinidad está en el evangelio de
Juan cuya explicación frente a una comparación con Génesis lo realiza Núñez de la
siguiente manera:
Juan inicia su Evangelio con la frase: "En el principio" y el relato bíblico del
libro del Génesis abre con una frase idéntica: "En el principio". Luego el texto del
Génesis continua diciendo: "creo Dios los cielos y la tierra". Esta comparación es
importante, porque mientras el Génesis habla de que Dios (Elohim) fue quien creo
los cielos y la tierra, Juan 1:3, establece a Cristo como la persona a través de quien
fue creado todo el universo, 10 que nos ayuda a entender que la frase "en el
principio" de Juan 1:1, hace referencia a los comienzos de la creación a la que alude
el Génesis 1:1. Juan hace esta introducción tratando de establecer que Jesús siempre
ha existido, y que en el momento de la creación É1 estaba presente junto al Padre
participando de la creación misma, tal como lo explica el versículo siguiente:
"Todas las cosas fueron hechas por medio de EI, y sin EI nada de lo que ha sido
hecho, fue hecho" (Jn 1:3).11
En cuanto a la identidad de Jesucristo, en el mismo capítulo, en los versículos 14 y
18 deja en claro a quién se refiere la palabra Verbo: a la persona de Jesús. El significado
de “La Palabra” en el idioma griego era una expresión que los judíos lo utilizaban para
referirse a Dios mismo. Por lo que se puede concluir que Jesús existió desde el principio,
estaba con Dios, era Dios y nada se hizo sin Él.
Algunos pasajes que contribuyen a que Cristo se identifique con el nombre de Dios
están en la epístola a los Romanos 9:5, donde el apóstol Pablo afirma “de quienes son los
patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las
11
Miguel Núñez, Jesús, El hombre que desafió al mundo y confronta tu vida, (Grand Rapids,
Michigan: Editorial Portavoz, 2013), 19.
11
cosas, bendito por los siglos. Amén”. Carballosa argumenta lo siguiente frente a este
texto:
En el texto griego, el sustantivo “el Cristo” (ho Christos) es el antecedente del
sustantivo “Dios” (ho theos). Es más, en el griego “Dios” va acompañado del
artículo definido. De modo que Pablo, literalmente, dice: “… el Cristo, el cual es el
Dios sobre todas las cosas …”.12
Indudablemente, el apóstol identifica al Mesías como Dios manifestado en la carne.
Por supuesto que este texto enfatiza tanto la humanidad como la deidad de Jesucristo,
algo que ocurre con bastante regularidad en el Nuevo Testamento.
A través del Nuevo Testamento se pueden citar diferentes versículos (Jn 20:28, Fil
2:5-11, Ti 2:13, 1 Jn 5:20, He 1:2) donde Jesús es asignado como Dios fortaleciendo el
argumento de su deidad y divinidad.
Cristo posee los atributos de Dios
De la misma forma existen evidencias de que Jesús poseía atributos de deidad,
atributos que sólo a Dios le concierne, puesto que sus mismas obras y acciones
demuestran ese carácter divino. Se explica los siguientes:
Jesús demostró el atributo de omnipotencia, su poder equivale a las mismas
características de Dios, pues en diferentes situaciones cambio las circunstancias con solo
decir o mencionar una palabra, tales son los casos cuando calmó la tormenta (Mt 8:2-27),
cuando multiplicó los panes y los peces (Mt 14:19), cuando cambió el agua en vino (Jn
2:1-11). Dios es todopoderoso y los milagros de Cristo evidencias su poder sobre el
mundo físico. Sus palabras y su resurrección proclamas una autoridad y poder sobre la
creación. Josh McDowell citando al Dr. John Walvoord escribe:
12
Evis. L. Carballosa, La deidad de Cristo, 112.
12
La evidencia de la omnipotencia de Cristo es tan decisiva como la prueba de
los otros atributos. Algunas veces adopta la forma de poder físico, pero con más
frecuencia se refiere a la autoridad sobre la creación. Cristo tiene el poder de
perdonar pecados (Mateo 9:6), todo poder en el cielo y en la tierra (Mateo 28: 18),
poder sobre la naturaleza (Lucas 8:25), poder sobre su propia vida (Juan10: 18),
poder para dar vida eterna a otros (Juan17:2), poder para curar físicamente, como lo
testifican sus muchos milagros.13
Jesús demostró ser omnisciente, es decir que lo sabe todo por toda la eternidad,
tiene posesión del conocimiento tanto del pasado, presente y futuro. Conocía a las
personas mejor que nadie aun sin que ellos pudieran decir algo, es el caso de Natanael
(Mr 2:8), conocía a todos, sabía desde un principio quiénes no le creerían. Juan confirma
que Jesús conocía el interior del ser humano (Jn 2:25). De la misma forma, después de su
resurrección Jesús le preguntó a Pedro sobre su amor hacia él y Pedro, tras haber
confirmado tres veces, declara “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero” (Jn
21:17). Esta es una declaración general donde reafirma la omnisciencia de Jesús.
La sabiduría de Jesús excede a las limitaciones humanas, ya que sabe y conoce,
primero, los pensamientos íntimos de los hombres, veía la maldad en el corazón de los
escribas. Segundo, tenía conocimiento de otros hechos más allá de la comprensión
posible. Tercero, poseía un conocimiento interior de la divinidad, puesto que conocía a su
Padre así como el lo conocía a Él.14
Jesús era omnipresente, lo cual significa que está presente en todas partes. Aunque
no se afirma directamente en cuanto a Jesús durante su ministerio terrenal. Sin embargo,
al mirar hacia el futuro en que la iglesia estaría establecida, Jesús pudo decir: “Donde dos
o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18:20). Además,
13
Josh McDowell y Bart Larson, Jesús: Una defensa bíblica de la deidad de Cristo (Terrassa,
Barcelona: Editorial CLIE, 1988), 61.
14
Ibíd., 60.
13
antes de dejar la tierra, les dijo a sus discípulos: “Les aseguro que estaré con ustedes
siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20).
Finalmente se le puede atribuir algunos atributos que le autentifican su divinidad,
por ejemplo, la soberanía divina, Jesús tenía la autoridad de perdonar pecados (Mr 2:5-7).
Su preexistencia (Jn 6:62). La eternidad (Miq 5:2, Jn 8:58). La inmutabilidad (He 13:8).
De esta forma se pudo observar que las Escrituras revelan que Jesús posee todos los
atributos del Dios eterno.
Conclusión
La Biblia como palabra de Dios da evidencias claras sobre la persona del Señor
Jesucristo. Desde el Antiguo hasta llegar al Nuevo Testamento, Jesús es presentado con
diferentes características que describen su naturaleza humana y divina. Definitivamente,
él no fue, no es una persona común y corriente sino que a través de sus obras y de sus
palabras demostró ser el mismo Dios encarnado que vino a este mundo para salvar a la
humanidad con poder y gloria otorgada por el mismo Padre. La fe cristiana descansa
sobre el hecho de que fue Dios mismo el único ser perfecto que vino y pagó por los
pecados de la humanidad, por lo que no se puede rechazar la humanidad de Cristo porque
si Jesús no fuera hombre, no sería el calificado para ir a la cruz; y, por lo contrario, si
Cristo no fuera Dios, tampoco calificaría para ser el redentor perfecto de los pecados del
mundo. No hay nada mejor para el creyente comprender estas verdades y agradecer al
único que se merece la gloria y honra por los siglos de los siglos. Amén.
14
BIBLIOGRAFÍA
Carballosa, Evis Luis. Filipenses: un comentario exegético y práctico. Grand Rapids,
Michigan: Editorial Portavoz, 1973.
__________. Cristo Rey de reyes: un estudio cristológico del milenio.Grand Rapids,
Michigan: Editorial Portavoz, 2002.
__________. La deidad de Cristo.Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 1982.
__________. Mateo Vol. 1 de la revelación de la realeza de Cristo. Grand Rapids,
Michigan: Editorial Portavoz, 2007.
Chafer, Lewis Sperry. Teología Sistemática. Vol. 1. Traducido por Evis Carballosa,
Rodolfo Mendieta y Francisco Lievano. Dalton, Georgia: Publicaciones Españolas,
1974.
González, Justo L. Diccionario Manual Teológico. Barcelona: Editorial CLIE, 2010.
Lacueva, Francisco. La persona y la obra de Jesucristo Vol. 4 de Curso de formación
teológica evangélica. Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1989.
McDowell, Josh y Larson, Bart. Jesús: Una defensa bíblica de la deidad de Cristo.
Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1988.
Núñez, Miguel. Jesús, El hombre que desafió al mundo y confronta tu vida. Grand
Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2013.
Pearlan, Myer. Teología Bíblica Sistemática, Florida: Editorial Vida, 1990.