Manuel Alberto Vargas Hernández
Narratología: análisis de Pedro Páramo
La narratología es una teoría literaria que parte de algunas de las nociones más
fundamentales del estructuralismo y la semiótica para analizar los textos narrativos. No
obstante, aporta nuevas ideas al análisis de textos al enfatizar la relación de la estructura del
relato con los llamados elementos de la fábula; a saber, el tiempo, el lugar y los actores. Del
mismo modo distingue entre las nociones de historia, texto y fábula. Según Mieke Bal, la
diferencia entre fábula e historia es, básicamente, que la primera está relacionada con el
tratamiento artístico del relato, y, la segunda, con el discurso en sí mismo. Una responde a
la pregunta ¿cómo se dice? Y la otra a ¿qué se dice? En ambas nociones, sin embargo,
existe la idea de la unión intrínseca entre la estructura adyacente y la forma:
Sin salimos de lo que es esta introducción, entonces, un texto es un todo finito y
estructurado que se compone de signos lingüísticos. Un texto narrativo será aquel
en que un agente relate una narración. Una historia es una fábula presentada de
cierta manera, una fábula es una serie de acontecimientos lógica y
cronológicamente relacionados que unos actores causan o experimentan. Un
acontecimiento es la transición de un estado a otro. Los actores son agentes que
llevan a cabo acciones. No son necesariamente humanos. Actuar se define aquí
como causar o experimentar un acontecimiento. La afirmación de que un texto
narrativo es aquel en que se relata una historia, implica que el texto no es la historia
(Bal 13).
Para Mieke Bal, la mayoría de las fábulas están compuestas por una serie de
acontecimientos ordenados en el tiempo. Estos acontecimientos pueden ser elecciones,
confrontaciones o cambios. En Pedro Páramo, en particular en el caso de Susana San Juan,
estamos frente a un proceso de cambio en el cual el actor experimenta la pérdida de su
amor, Florencio, y sufre la violación de su padre, Bartolomé. Susana se ve forzada a estar
en una relación incestuosa con su padre por años. Por consiguiente, el actor es sometido a
un proceso de deterioro –esto es el ciclo narrativo- donde la salud mental y espiritual de
Susana la conducen a la muerte.
Esperó a que Pedro Páramo la levantara recostándola contra el respaldo de la cama.
Susana San Juan, semidormida, estiró la lengua y se tragó la hostia. Después dijo:
“Hemos pasado un rato muy feliz, Florencio”. Y se volvió a hundir entre la
sepultura de sus sábanas.
[…]
“El me cobijaba entre sus brazos. Me daba amor” (Rulfo 117, 121).
Manuel Alberto Vargas Hernández
Así, Susana es un sujeto actancial que tiende a la búsqueda del objeto deseado,
Florencio, su amor verdadero. En su búsqueda, se presentan obstáculos. En este sentido, su
padre, Bartolomé, y tal vez el mismo destino trágico son oponentes a su estado ideal.
Entonces, el destino es dador, en este caso, de situaciones adversas que privan al sujeto de
su objeto deseado. Por otra parte, al presentarse Pedro Páramo en su vida ya de adulta
Susana desea otra cosa: la muerte. Éste es su nuevo objeto y Pedro Páramo junto con
Justina son una suerte de ayudantes.
El tiempo y el espacio en que ocurren los acontecimientos a menudo son
indeterminados en Pedro Páramo. Por ejemplo, desconocemos en que momento muere
Florencio. ¿Antes o después de la violación1? El romance de Susana y Florencio, del mismo
modo, ocurre en un entorno idílico allá cuando jóvenes en el mar. No sabemos lo que
ocurrió entre la infancia de Susana y Pedro Páramo y la muerte de la madre de Susana San
Juan. Las elipsis y el resumen son usados con habilidad por Rulfo a ratos extendiéndose en
una escena entrañable en el mar o en una conmocionante habitación oscura en las entrañas
de la tierra con Bartolomé. De tal modo que dichas escenas son anacrónias externas con
respecto a la fábula principal, la de Pedro Páramo, que nos permiten entender por qué Pedro
Páramo nunca pudo tener el amor de Susana San Juan. Las analepsis a lo largo de la
historia, tanto la de Susana San Juan como la de los demás personajes, nos ayudan a
interpretar el porqué del ‘rencor vivo’ de Pedro Páramo.
Existe también una oposición espacial entre la casa lejos en el cerro donde vive
Susana con Bartolomé y la casa de Pedro Páramo en la Media Luna donde Susana vive sus
últimos días. Mientras que una representa el martirio en vida de Susana, la otra representa
la expiación de sus culpas.
El uso de narradores y focalizaciones múltiples en la obra de Rulfo es asunto bien
conocido. Por ejemplo, en el siguiente fragmento Susana San Juan, o lo que parece ser su
voz desde el más allá, como narrador en primera persona, autodiegético, con focalización
externa, habla de la muerte de su madre. Después, Dorotea como narrador homodiegético
1
Según comenta Aurora Pimentel, algunas elipsis en la historia son usadas con el fin de enfatizar lo fuerte,
trágico o cruel de un evento. En este caso, el autor omite un hecho que es evidente pero traumatizante del
mismo modo: la violación de Susana San Juan a manos de su padre en un cuarto obscuro.
Manuel Alberto Vargas Hernández
en tercera persona –cuando hablan de la última esposa de Pedro Páramo- cuenta detalles de
la vida de Susana San Juan a Juan Preciado desde una perspectiva o focalización externa:
Estoy acostada en la misma cama donde murió mi madre hace ya muchos años;
sobre el mismo colchón; bajo la misma cobija de lana negra con la cual nos
envolvíamos las dos para dormir. Entonces yo dormía a su lado, en un lugarcito que
ella me hacía debajo de sus brazos.
Creo sentir todavía el golpe pausado de su respiración; las palpitaciones y suspiros
con que ella arrullaba mi sueño…Creo sentir la pena de su muerte…
[…]
-¿Eres tú la que ha dicho todo eso, Dorotea?
-¿Quién, yo? Me quedé dormida un rato. ¿Te siguen asustando?
-Oí a alguien que hablaba. Una voz de mujer. Creí que eras tú.
-¿Voz de mujer? ¿Creíste que era yo? Ha de ser la que habla sola. La de la sepultura
grande. Doña Susanita. Está aquí enterrada a nuestro lado. Le ha de haber llegado la
humedad y estará removiéndose entre el sueño.
-¿Y quién es ella?
-La última esposa de Pedro Páramo. Unos dicen que estaba loca. Otros, que no. La
verdad es que ya hablaba sola desde en vida.
-Debe haber muerto hace mucho.
-¡Uh, sí! Hace mucho. ¿Qué le oíste decir?
-Algo acerca de su madre.
-Pero si ella ni madre tuvo…
-Pues de eso hablaba (Rulfo 80, 83).
Después Juan Rulfo usa el estilo indirecto para referir, en boca de Juan Preciado, los
amores de Susana San Juan y Florencio. De este modo la narración se vuelve aun más
subjetiva por medio del uso de narradores múltiples, según señala Aurora Pimentel (156).
De modo que la voz de Susana, desde la muerte, habla de Florencio, pero es Juan Preciado
quien lo refiere, aparentemente, a Dorotea. Así, Juan Preciado, como narrador
heterodiegético –ya que él no participó en los hechos ocurridos-, con focalización externa,
relata en tercera persona lo que escucha a lo lejos:
-¿Qué es lo que dice, Juan Preciado?
-Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como
piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. Dice
que él le mordía los pies diciéndole que eran como pan dorado en el horno. Que
Manuel Alberto Vargas Hernández
dormía acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se
quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego
tibio, luego dulce, dando golpes duros contra su carne blanda; sumiéndose más,
hasta el gemido. Pero que le había dolido más su muerte. Eso dice.
-¿A quién se refiere?
-A alguien que murió antes que ella, seguramente.
¿Pero quién pudo ser?
-No sé. Dice que la noche en la cual él tardó en venir sintió que había regresado ya
muy noche, quizá de madrugada. La notó apenas, porque sus pies, que habían
estado solos y fríos, parecieron envolverse en algo; que alguien los envolvía en algo
y les daba calor. Cuando despertó los encontró liados en un periódico que ella había
estado leyendo mientras lo esperaba y que había dejado caer el suelo cuando ya no
pudo soportar el sueño. Y que allí estaban sus pies envueltos en periódico cuando
vinieron a decirle que él había muerto.
-Se ha de haber roto el cajón donde lo enterraron, porque se oye como un crujir de
tablas.
-Sí, yo también lo oigo (Rulfo 105, 106).
En un texto narrativo tanto la forma como el fondo son importantes. Hay escritores
que le dan más importancia a una u otra cosa. Sin embargo, la narratología, en mi opinión,
trata de mostrar que la estructura no puede separarse de la forma. Dicho de otro modo, los
actores ejecutan acciones dentro de una disposición espacial y temporal determinada. La
diégesis sólo puede tener lugar dentro de un marco espacial y temporal concreto. La manera
en que están dispuestos estos elementos de la fábula es lo que hace particular una obra y es
en sí misma prueba de la habilidad de un escritor para contar una historia. En otras
palabras, el arte o técnica del autor radican en su capacidad de manejar estos elementos; es
decir, el tiempo, el lugar, los actores y los acontecimientos (Bal 14, 15). Esto es el
tratamiento artístico de un texto: la disposición de los acontecimientos en un marco espacial
y temporal determinado.
Manuel Alberto Vargas Hernández
Bibliografía
Bal, Mieke. Teoría de la narrativa (una introducción a la narratología). Madrid: Cátedra,
1998. Impreso.
Pimentel, Aurora. “Narrador”. El relato en perspectiva. México: Siglo XXI, 1998. Impreso.
Rulfo, Juan. Pedro Páramo. México: Editorial RM, 2010. Impreso.