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Ensayo Encerrados Gaudencio Rodríguez

Este documento discute la violación del derecho a la convivencia familiar y comunitaria de niños y adolescentes en México que son privados de cuidados parentales y encerrados en instituciones. Señala que el Estado mexicano carece de información precisa sobre el número de menores institucionalizados y sus condiciones de vida. También describe las consecuencias negativas de la privación de cuidados parentales y la institucionalización, y propone alternativas como la desinstitucionalización para restablecer el derecho de los niños a crecer en familia.
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Ensayo Encerrados Gaudencio Rodríguez

Este documento discute la violación del derecho a la convivencia familiar y comunitaria de niños y adolescentes en México que son privados de cuidados parentales y encerrados en instituciones. Señala que el Estado mexicano carece de información precisa sobre el número de menores institucionalizados y sus condiciones de vida. También describe las consecuencias negativas de la privación de cuidados parentales y la institucionalización, y propone alternativas como la desinstitucionalización para restablecer el derecho de los niños a crecer en familia.
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Encerrad@s

Violación al derecho a la convivencia familiar y


comunitaria y alternativas de solución.
Gaudencio Rodríguez Juárez

Comentario de Matilde Luna1

Celebramos la oportunidad de contar con esta publicación, que sin dudas


es un valioso aporte a nuestra comunidad latinoamericana, profundamente
preocupada por la niñez privada del derecho a la vida familiar y comunitaria.

Es Gaudencio Rodríguez Juárez un miembro activo de nuestro colectivo de


pertenencia, espacio en el que sostenemos el intercambio en torno al dere-
cho a la convivencia familiar y comunitaria y en el que trabajamos para la
adecuación de nuestros sistemas para poder garantizarlo. En el marco de este
diálogo latinoamericano, Gaudencio Rodríguez Juárez toma la palabra y lo
hace desde una perspectiva conceptual, pero sin eludir abarcar también el
aspecto emocional del tema que nos convoca, con la clara intención de llevar
a sus interlocutores a ponerse en el lugar de las niñas y niños que padecen a
diario la violación de un derecho humano tan básico, como el derecho a crecer
en una familia y comunidad. Hace esfuerzos para ello y realmente lo logra,
nos transmite lo que las niñas y niños en situación de encierro tienen para
decirnos.

Con la metodología de la “disociación instrumental” acuñada por Pichón


Riviere, los profesionales que nos ocupamos de actuar en este campo
ponemos alguna distancia de aquellos que sufren, buscando comprender
mejor cada situación particular para actuar adecuadamente en el cese de
la injusticia. Sin embargo, no es posible comprender y abordar las situa-
ciones en las que debemos actuar si no nos podemos poner en el lugar del
otro. Y menos aún si no ejercemos su representación, reivindicando dere-
chos cuya propia titularidad ellos desconocen, o en el caso de saberlos, no
cuentan con las herramientas que nosotros tenemos y debemos activar,
con las que hemos sido formados.

Si bien actuamos para posibilitar la activa participación de las niñas y niños,


y lograr que se posicionen desde su autonomía, señalamos lo perverso que
podría resultar responsabilizarlos por establecer y utilizar sin el acom-
pañamiento profesional activo mecanismos de exigibilidad. Trabajar en la
protección de los derechos de la infancia requiere de nosotros una actividad
muy específica, con sensibilidad hacia las niñas y niños pero también con mu-
1 Experta internacional, conduce la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar. www.relaf.org [email protected]
cha firmeza e iniciativa para hacer visible, proponer, reparar y evitar tanto
padecimiento infantil. Es nuestro desafío resolver esa “tensión” existente
entre quien padece la vulneración de derechos y quien lo representa pro-
moviendo la restitución, trabajar para preparar una institucionalidad que
abra vías mediante las cuales sea posible reclamar y acompañar a los niños y
niñas exigiendo la restitución de sus derechos humanos vulnerados. En esa
línea “se ubica” Gaudencio Rodríguez Juárez.

La invisibilización de “los encerrados” trae a la escena la inconsistencia de la


información sobre “¿cuántos son y donde están?”, no hace más que propiciar
la negación de una realidad existente que resulta a las claras vergonzante.
Ningún Estado de derecho, ninguna sociedad civil, estarían dispuestos a
asumir esa vergonzante realidad si no tuvieran conjuntamente una firme
decisión y preparadas medidas concretas para cesar la violación de dere-
chos que padecen las niñas y niños encerrados, no sólo por las condiciones
en las que se encuentran, sino también por la ilegitimidad de la medida de
encierro y por el olvido al que son sometidos ellos y sus familias. Lamenta-
blemente, todavía no encontramos en el Estado mexicano ni en el conjunto
social dicha firme decisión.

No desconocemos que la práctica del encierro responde a variables comple-


jas, difíciles de erradicar con la celeridad que se debiera. Sin embargo ciertos
aspectos de la política pública pueden adecuarse para mejorar de modo
urgente la situación de vida de las niñas y niños que se encuentran requeridos
de protección en situaciones de extrema vulnerabilidad. Sin dudas el contexto
adverso de graves problemas estructurales de violencia social, pobreza, nar-
cotráfico y migraciones, afecta directamente la capacidad del Estado para
prevenir las situaciones que dan origen a las separaciones de las niñas y
niños de sus entornos, generando grandes masas de familias cuyos niños y
niñas son encerrados innecesariamente, por causas que podrían prevenirse.
Sin embargo, hay mucho que podríamos hacer para interrumpir la recreación
de mecanismos revictimizantes, privatorios de derechos humanos básicos.

Si bien existen tímidos avances, señales recogidas por el autor desde una
mirada esperanzada, debemos reconocer con pena que no están dadas las
condiciones “estructurales” que se requieren para garantizar el derecho a
la convivencia familiar y comunitaria de modo universal a todas las niñas y
niños mexicanos y que éstos pronunciamientos son débiles y ampliamente
insuficientes frente a la dimensión del problema del encierro de las niñas y
niños en México, tanto en lo que respecta a su aspecto cuanti como cualitativo.

Esto es reflejo del doble estándar vigente en México, como en otros países
de la región: encontramos los derechos consagrados en los instrumentos
legales vigentes, pero sin un cumplimiento universal, en donde las prácticas
tutelares de marginación se “disfrazan” con el discurso de los derechos
humanos, aunque sin poder esconder a pesar de su disfraz el claro incum-
plimiento del principio de la universalidad de los derechos humanos: estos
deben ser respetados sin discriminación alguna, sin distinción de naciona-
lidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión,
lengua, o cualquier otra condición.

Con su metodología expositiva el autor es didáctico, enseña otras formas


posibles de operar en México. Recorre descriptivamente, toma los distintos
aspectos complejos del tema, desde el plano de lo vincular - familiar, al plano
de los mecanismos repetitivos de internamiento a la puesta en la mesa de las
condiciones sociales y culturales que legitiman el encierro en su país. Él busca
un cambio ¿Encontrará destino su “mensaje en la botella”?

Finalmente, nos preguntamos ¿cómo se puede seguir justificando el encierro,


la privación del derecho a la libertad, bajo argumentos de “protección”, de
“cuidado”, de “hacer el bien”? Es insostenible tamaña hipocresía social. La
humanidad ha intentado establecer barreras simbólicas a estas formas de
avasallamiento: he ahí los derechos humanos establecidos, y el derecho a la
libertad como uno de los pilares de su sistema.

Es hora de hacerlo valer, restituyendo el derecho a la libertad de todos los


niños y niñas hoy encerrados. Tal como nos dice el autor, el reconocimiento
efectivo de la titularidad de los derechos, es la condición básica para decirnos
seres humanos. En este sentido, proponerse la desinstitucionalización, es
proponenrse el desencierro, lo cual no es sólo poner en acto el derecho a la
convivencia familiar y comunitaria de las niñas y niños, sino también cumplir
con un derecho humano básico: el derecho a la libertad.
Encerrad@s
Violación al derecho a la convivencia familiar y comunitaria y alternativas de solución.
1

2
Gaudencio Rodríguez Juárez

Sumario: Introducción. I. El derecho a la convivencia familiar y comunitaria.


II. Niñas, niños y adolescentes privados de cuidados parentales y encerrados.
III. Consecuencias individuales y sociales de la privación de cuidados paren-
tales y de la institucionalización. IV. Alternativas para el restablecimiento del
derecho a crecer en familia y en comunidad. V. Reflexiones finales: sin familia
y comunidad no hay humanidad.

Introducción
—¿Qué quieres ser cuando crezcas?
—le preguntó la educadora a un niño de cuatro años de una casa cuna.
—Hijo
—respondió con seguridad y firmeza.

En nuestro país tenemos un serio problema: el Estado mexicano carece de


información precisa sobre el número de niñas, niños y adolescentes alber-
gados en instituciones de acogida y sus condiciones de vida. El primer censo
de la historia de México de albergues públicos y privados, realizado por el
Sistema Nacional DIF en el 2011, reportó la cantidad de 18 mil 533 menores
de edad viviendo en 633 centros asistenciales en 30 entidades federativas del
país.3 Siete años antes la estudiosa del tema de la adopción, Norma Mendoza
(2004), había calculado que para entonces vivían en algún albergue 34 mil
650; casi el doble.

El pasado 2012 el titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de


Jalisco, Felipe de Jesús Álvarez Cibrián, reconoció que de acuerdo con dos
diagnósticos elaborados por dicha Comisión para valorar en qué condiciones
laboran y el grado de cumplimiento de los derechos humanos en los centros
infantiles, el primer problema fue el desconocimiento del número real de
albergues. Aún así establecieron la cantidad de 6 mil 500 menores de edad
institucionalizados tan sólo en ese estado; considerando el margen de con-
fianza, esta cifra podía aumentar hasta los 7 mil. “Ni siquiera tenemos definido
con toda certeza cuántos niños institucionalizados hay en Jalisco”, concluyó el
comisionado (Comunicación Social del Congreso del Estado de Jalisco, 2012).
O sea que en una sola entidad federativa se calcula casi la mitad del total de
menores de edad que estimaba el censo del Sistema Nacional DIF del 2011.
1 Mención Especial en el Concurso “Género y justicia” 2013, categoría ensayo, convocado por el Poder Judicial de la Federación, la Unidad de Igualdad de Género
y la Dirección General del Canal Judicial de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos, ONU Mujeres. Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, Ambulante, Periodistas de
a Pie y Mujeres en el Cine y la Televisión A.C. Ceremonia de premiación 3 de abril de 2014.
2 Psicólogo diplomado en derechos humanos y asesor de equipos que atienden a niños, niñas y adolescentes en ámbitos residenciales. [email protected]
3 Recuperado el 21 de noviembre de 2012, de: http://web.dif.gob.mx/?titular=realiza-dif-nacional-censo-de-ninas-ninos-y-adolescentes-albergados-en-el-pais.
6 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

El problema radica en que si no se tiene


identificado con precisión ¿cuántos son,
No se tiene
dónde están y en qué condiciones viven?,
tampoco puede haber supervisión y se- identificado con
guimiento efectivo de los casos. precisión cuántos son,
Tal escenario motivó la observación dónde están y en qué
número 37 del Comité de los Derechos condiciones viven
del Niño de la ONU del año 2006,4 donde
dejó clara su preocupación al respecto y
recomendó a nuestro país: reforzar las medidas vigentes para impedir la
separación de los niños de sus familias, adoptar medidas eficaces para evaluar
el número y la situación de los que viven en instituciones, lo mismo que apro-
bar un programa para reforzar y aumentar las oportunidades para que tengan
otros tipos de tutela, por ejemplo, promulgando leyes eficaces, fortaleciendo
las estructuras existentes como la de la familia extensa, capacitando mejor al
personal y asignando más recursos a los órganos correspondientes.

A siete años de dicha recomendación los esfuerzos no han sido suficientes.


A pesar de las acciones emprendidas por nuestro Estado mexicano la situación
de este sector de la población infantil sigue siendo grave, sobre todo por
invisible ante la carencia de información y ante la falta de una política públi-
ca encaminada al restablecimiento del derecho a la convivencia familiar y
comunitaria de estas niñas, niños y adolescentes encerrados. Esto puede
constatarse al revisar el Informe de México: avances y desafíos en materia
de derechos humanos, publicado en el 2011. En él podemos observar el
reporte de importantes iniciativas implementadas por parte de nuestro Estado
en temas de salud, educación y protección: acciones especialmente dirigidas
a niñas y niños indígenas, migrantes o en situación de calle, pero no hacia
quienes perteneciendo a este grupo etario se encuentran privados del cuidado
de sus padres y viviendo en ámbitos residenciales; al respecto solo se informa
del trabajo realizado en materia de adopción, alternativa insuficiente porque
dicha institución no es una opción para todas estas niñas y niños.

En el presente trabajo constataremos, pues, que como Estado carece-


mos de información precisa, suficiente y fidedigna acerca de la situación
de las niñas, niños y adolescentes sin padres e institucionalizados. Compro-
baremos también que quienes ingresan a los ámbitos residenciales viven ahí
un segundo abandono, un segundo maltrato —ahora institucional—, una
segunda culpabilización —activada por algo que las internas e internos no
siempre viven como medida de protección integral, sino como un encierro
del que se sienten responsables ante la falta de explicación de tal medida—,
una segunda violación a sus derechos que obstruye su desarrollo humano
al impedir la conformación de una identidad sólida y una personalidad bien
4 Comité sobre los Derechos del Niño, 42º periodo de sesiones, Examen de los informes presentados por los estados partes en virtud del artículo 44 de la
Convención. Observaciones finales México, 8 de junio de 2006.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 7

integrada. Afirmo que el encierro los excluye de la sociedad; su acceso a la


justicia queda obstaculizado por las paredes que los confinan e invisibilizan,
condenándolos además a la privación de la vida en familia y en comunidad.
Expondré las causas y consecuencias que tal situación tiene para estas niñas,
niños y adolescentes, así como para la sociedad en su conjunto, y lo más impor-
tante, señalaré alternativas y líneas de acción para su solución.

I. El derecho a la convivencia familiar y comunitaria


No puede haber una tarea más noble que la de dar a todos los niños un futuro mejor.
Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño

Con la reforma constitucional en derechos humanos publicada el 10 de junio


de 2011 los tratados internacionales en la materia se convirtieron en un refe-
rente obligado para quienes imparten justicia. En su artículo 1° establece que
todas las personas gozan de los derechos reconocidos tanto en la Constitución
como en los tratados internacionales ratificados por el Estado mexicano.

Numerosos tratados internacionales y regionales de derechos humanos, así


como las declaraciones e instrumentos complementarios vinculantes y no vin-
culantes, formulan principios que enfatizan la importancia de la familia y la
comunidad para el sano desarrollo de las niñas, niños y adolescentes.

En los tratados e instrumentos internacionales

El derecho a la convivencia familiar y comunitaria está consagrado en la Con-


vención sobre los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, y que entró en vigor el 2
de septiembre de 1990 en México. Desde su preámbulo se reconoce “que el
niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en
el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”. Por
lo que “la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural
para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de
los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir
plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad”. El artículo 5 de
la Convención traza la línea de responsabilidad en cuanto al cuidado infantil se
refiere, teniendo como prioridad en todo momento a los padres y a los miem-
bros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre
local, luego a los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño.

El derecho a ser cuidado por unos padres está signado en el artículo 7; la ob-
ligación común de ambos o, en su caso, de los representantes legales, se en-
cuentra en el 18.1, lo mismo el interés superior del niño como preocupación
fundamental de aquellos. En el inciso siguiente se establece que los Estados
8 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

Partes prestarán la asistencia apropiada para el desempeño de las funciones


parentales en lo que respecta a la crianza del niño, y velarán por la creación de
instituciones, instalaciones y servicios para su cuidado.

De la mano del anterior viene el artículo 27, en cuya fracción 1 señala que a
los padres u otras personas encargadas del niño les incumbe la responsabilidad
primordial de proporcionar, dentro de sus posibilidades y medios económicos,
las condiciones de vida que sean necesarias para el desarrollo del niño, y en su
fracción 2 que los Estados Partes, de acuerdo con las condiciones nacionales
y con arreglo a sus medios, adoptarán medidas apropiadas para ayudar a los
padres y a otras personas responsables por el niño a dar efectividad a este
derecho y, en caso necesario, proporcionarán asistencia material y programas
de apoyo, particularmente con respecto a la nutrición, el vestuario y la vivienda.

El derecho a la convivencia familiar y comunitaria se encuentra asentado


también en los instrumentos internacionales en que se apoya la Convención
sobre los Derechos del Niño:

• En la Declaración de los Derechos del Niño encontramos que éste, para


el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, necesita amor y com-
prensión, y que siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo
la responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto
y de seguridad moral y material. Salvo circunstancias excepcionales no de-
berá separarse al niño de corta edad de su madre. “La sociedad y las auto-
ridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños
sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia”.5

• En el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos se reconoce


a la familia como el elemento natural y fundamental de la sociedad y
que tiene derecho a la protección por parte de la sociedad y del Estado.6
Asimismo todo niño tiene derecho “a las medidas de protección que su
condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la
sociedad y el Estado”.7

• Los Estados Parte del Pacto Internacional de Derechos Económicos, So-


ciales y Culturales, “reconocen que se debe conceder a la familia, que
es elemento natural y fundamental de la sociedad, la más amplia protec-
ción y asistencia posibles, especialmente para su constitución y mientras
sea responsable del cuidado y la educación de los hijos a su cargo”.8

• En la Convención Americana sobre Derechos Humanos —Pacto de San


José de Costa Rica—, se reconoce a la familia como el elemento natural y
fundamental de la sociedad.9 En su artículo 19 queda asentado que todo
5 Principio 6
6 Artículo 23.1
7 Artículo 24.1
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 9

niño tiene derecho a las medidas de protección que su condición de menor


requieren por parte de su familia, de la sociedad y del Estado.

En la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo


del Niño, aprobada el 30 septiembre de 1990 en la Cumbre Mundial en favor
de la Infancia, se reconoce a la familia como grupo fundamental y entorno
natural del crecimiento y el bienestar de los niños, por lo que se debe dar
toda la protección y la asistencia necesarias.10 En ella el compromiso 20.5 ex-
presa que “nos esforzaremos porque se respete la contribución de la familia
al cuidado de los niños y prestaremos apoyo a los esfuerzos de los padres, las
demás personas que se ocupan del cuidado de los niños, y las comunidades,
por criarlos y atenderlos desde las primeras etapas de la infancia hasta el fin
de la adolescencia. También reconocemos las necesidades especiales de los
niños separados de su familia”.

En el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos


Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el artículo
15.1 también reconoce a la familia como el elemento natural y fundamental
de la sociedad y que debe ser protegida por el Estado, quien deberá velar por
el mejoramiento de su situación moral y material. Y en el artículo 16 reconoce
que “todo niño sea cual fuere su filiación tiene derecho a las medidas de
protección que su condición de menor requieren por parte de su familia, de
la sociedad y del Estado”, así como también “tiene el derecho a crecer al
amparo y bajo la responsabilidad de sus padres; salvo circunstancias ex-
cepcionales, reconocidas judicialmente, el niño de corta edad no debe ser
separado de su madre”.

Las Directrices sobre las modali-


dades alternativas de cuidado de los
Salvo circunstancias
niños, establecen pautas adecuadas
de orientación política y práctica con excepcionales,
el propósito de promover la aplicación reconocidas judicialmente,
de la Convención sobre los Derechos
del Niño y de las disposiciones perti- el niño de corta edad
nentes de otros instrumentos interna- no debe ser separado
cionales relativas a la protección y al
bienestar de las niñas y niños privados de su madre
del cuidado parental o en peligro de
encontrarse en esa situación. Y aunque aún no es un documento vinculante,
el Comité de los derechos del Niño de las Naciones Unidas ya elabora sus in-
formes para los Estados miembros, tomando como medida de evaluación los
estándares que de ahí resultan.

8 Artículo 10.1
9 Artículo 24.1
10 Artículo 14
10 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

En el marco jurídico nacional

A partir de la reforma constitucional del 10 de junio de 2011, el artículo 1°


mandata:

“en los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los dere-
chos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados interna-
cionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías
para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse,
salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.”

Significa, pues, que el derecho a la convivencia familiar y comunitaria debe


ser garantizado para cada niña y niño mexicano, toda vez que —continúa el
párrafo segundo—, “las normas relativas a los derechos humanos se interpre-
tarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales
de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más
amplia”.

A partir de la reforma constitucional que se realizó al artículo 4° en el


año 2000 quedó establecida la obligación del Estado de proveer lo necesario
para propiciar el respeto a la dignidad de niñas y niños y el ejercicio efectivo
de sus derechos, con énfasis en el cumplimiento del principio del interés
superior de la niñez (sic), el cual guiará el diseño, ejecución, seguimiento y
evaluación de las políticas públicas dirigidas a este sector; instituye el de-
ber de los ascendientes, tutores y custodios de preservar esos derechos, y
determina la obligación del Estado de otorgar facilidades a los particulares
para que coadyuven al cumplimiento de tales derechos.

La Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes tiene


como principios rectores vivir en familia —espacio considerado primordial para
el desarrollo (artículo 3.d)—, así como el de corresponsabilidad de los miembros
de la familia, Estado y sociedad (artículo 3.f). La garantía de crecer en un ámbito
familiar y comunitario la encontramos en su artículo 4: “De conformidad con el
principio del interés superior de la infancia, las normas aplicables a niñas, niños y
adolescentes, se entenderán dirigidas a procurarles, primordialmente, los cuidados y
la asistencia que requieren para lograr un crecimiento y un desarrollo plenos den-
tro de un ambiente de bienestar familiar y social”. En este sentido, las obligaciones de
los padres son: “proporcionarles una vida digna, garantizarles la satisfacción de ali-
mentación, así como el pleno y armónico desarrollo de su personalidad en el seno
de la familia, la escuela, la sociedad y las instituciones”.11

El derecho a vivir en familia merece un capítulo completo en la presente


ley,12 el cual contiene cincos artículos:

11 Artículo 11.A
12 Capítulo 7
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 11

Artículo 23. Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a vivir en familia.


La falta de recursos no podrá considerarse motivo suficiente para sepa-
rarlos de sus padres o de los familiares con los que convivan, ni causa de
la pérdida de la patria potestad.

El Estado velará porque solo sean separados de sus padres y de sus madres
mediante sentencia u orden preventiva judicial que declare legalmente la
separación y de conformidad con causas previamente dispuestas en las
leyes […]. Las leyes establecerán lo necesario, a fin de asegurar que no se
juzguen como exposición ni estado de abandono, los casos de padres y
madres que, por extrema pobreza o porque tengan necesidad de ganarse
el sustento lejos de su lugar de residencia, tengan dificultades para aten-
derlos permanentemente, siempre que los mantengan al cuidado de otras
personas, los traten sin violencia y provean a su subsistencia.

Artículo 24. Las autoridades establecerán las normas y los mecanis-


mos necesarios a fin de que, siempre que una niña, un niño, una o un
adolescente se vean privados de su familia de origen, se procure su
reencuentro con ella […]

Artículo 25. Cuando una niña, un niño, un o una adolescente se vean


privados de su familia, tendrán derecho a recibir la protección del Estado,
quien se encargará de procurarles una familia sustituta y mientras se en-
cuentre bajo la tutela de éste, se les brinden los cuidados especiales que
requieran por su situación de desamparo familiar.

Las normas establecerán las disposiciones necesarias para que se logre


que quienes lo requieran, ejerzan plenamente el derecho a que se refiere
este capítulo, mediante:

A. La adopción, preferentemente la adopción plena.


B. La participación de familias sustitutas y
C. A falta de las anteriores, se recurrirá a las Instituciones de asistencia
pública o privada o se crearán centros asistenciales para este fin.
Artículo 26. Las autoridades federales, del Distrito Federal, estatales y
municipales en el ámbito de sus atribuciones, velarán porque en las adop-
ciones se respeten las normas que las rijan, las cuales serán diseñadas a
fin de que niñas, niños, y adolescentes sean adoptados en pleno respeto de
sus derechos […].

La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación promueve las condi-


ciones para que las niñas y niños puedan convivir con sus padres o tutores;13 así
como “la recuperación física, psicológica y la integración social de todo menor
víctima de abandono, explotación, malos tratos o conflictos armados”.14
13 Artículo 11.IV
14 Capítulo 11.VII
12 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

Con el fin de desalentar el tráfico de niñas y niños, la Ley General para


Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y
para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, en su artículo
26 impone “penas de 20 a 40 años de prisión y de 2 mil a 20 mil días multa,
al padre, madre, tutor o persona que tiene autoridad sobre quien se ejerce la
conducta que entregue o reciba de forma ilegal, ilícita, irregular o incluso me-
diante adopción, a una persona menor de dieciocho años con el fin de abusar
o explotar de ella sexualmente o cualquiera de las formas de explotación a
que se refiere el artículo 10 de la presente Ley”. Así como una pena de 3 a 10
años de prisión y de 500 a 2 mil días multa “al que entregue en su carácter
de padre o tutor o persona que tiene autoridad sobre quien se ejerce la con-
ducta o reciba a título oneroso, en su carácter de adoptante de forma ilegal,
ilícita o irregular, a una persona menor de dieciocho años”.15

Finalmente, los Códigos Civiles y Familiares de las entidades federativas


contienen los aspectos en materia familiar al ser esta, preponderantemente,
del fuero local.

II. Niñas, niños y adolescentes privados de cuidados


parentales y encerrados
—Que los que nos traen al albergue no digan que nos traen solo
por unos días y después nunca más los volvemos a ver.
Adolescente de 15 años, internado desde los 4.

¿Cuál es la situación? ¿Cuál es la dimensión del problema? Sin tener cifras


exactas —y éste es el primer problema— sino solo aproximaciones, se calcula
que en México existen más de 412 mil
niños, niñas y adolescentes que viven Se calcula que en
sin el cuidado de sus padres (Red Lati-
México existen más de
noamericana de Acogimiento Familiar,
2010). De esta cantidad, y de acuerdo 412 mil niños, niñas y
con cifras del Sistema Nacional DIF, adolescentes que viven
entre 18 mil 533 y 29 mil se encuen-
tran en instituciones residenciales, y sin el cuidado de
sus principales causas de ingreso son: sus padres
abandono, maltrato y exposición. De
ahí que las preguntas sean: si los padres no tienen las competencias para la
crianza o si los han maltratado, o abandonado en un albergue ¿por qué no
pueden tener una nueva familia? ¿Porqué en los casos en que no han sido
maltratados y cuentan con familia tienen qué vivir largos años encerrados?,
¿porqué no se les reintegra a su familia?

15 Artículo 27.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 13

Existen leyes e instrumentos jurídicos para la protección de las niñas


y niños, desde la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos hasta
los códigos civiles y penales estatales, pasando por tratados y documentos
internacionales vinculantes y no vinculantes. Desafortunadamente dichos
instrumentos no se aplican. O se aplican con criterios dispares y desde la
perspectiva del adulto que muchas veces termina por hacer primar los
derechos de los padres/madres sobre los derechos de las niñas y niños. El
adultocentrismo y la doctrina de la situación irregular aún corren por las
venas de las y los responsables de velar por el interés superior del niño que
está desprovisto de cuidados parentales.

Por otro lado, la reintegración con la familia de origen o la extensa y la


adopción son las únicas dos alternativas formales a las que suele recurrirse en
nuestro país para sacarlos del internamiento.16 Ambas figuras tienen prácticas
ineficientes que fueron reconocidas por el propio Sistema Nacional DIF en su
Diagnóstico de la Adopción en México (2009) —en el caso de la adopción. Por
su parte la reintegración tiene resultados funestos cuando no se elaboran
diagnósticos de riesgo precisos, cuando no se trabaja en la rehabilitación de las
habilidades parentales o cuando no
existen estrategias para que la revin- “Debido a que la
culación del niño con la familia sea mayoría de los niños
benéfica. Es por estas deficiencias
en las intervenciones que el estudio maltratados son
de la Secretaría de Seguridad Pública devueltos a sus
Federal, Maltrato y Abuso Infantil
en México: Factor de Riesgo en la progenitores, muchos
Comisión de Delitos (2010) encontró casos terminan con
que “debido a que la mayoría de los
niños maltratados son devueltos a la muerte del menor por
sus progenitores, muchos casos ter- las lesiones infringidas”
minan con la muerte del menor por
las lesiones infringidas”. SSPF

El destino de muchas niñas, niños y adolescentes es la instituciona-


lización permanente en lugares que, es necesario decirlo, no siempre
cuentan con las condiciones suficientes para garantizar la seguridad y el
desarrollo infantil debido a la carencia de recursos humanos, profesionales
y materiales, masificación, internación de bebés, ausencia de proyecto de
vida y en ocasiones incluso de expedientes, entre otros.

Muchas niñas y niños fueron internados en centros de atención origi-


nalmente para protegerlos de los abusos de sus padres. Con tal medida las
autoridades les garantizaron el derecho a una vida libre de violencia. Pero
16 Con algunas excepciones, por ejemplo, Nuevo León donde desde hace algunos años se ha dado a la tarea de instituir el acogimiento familiar y el Distrito
Federal donde el lunes 9 de junio de 2014, se aprobó la Ley de Cuidados Alternativos para niñas, niños y adolescentes en el Distrito Federal, la cual tiene
como fin proteger de manera integral los derechos humanos de por lo menos 5 mil 500 niñas y niños sin cuidados parentales que se encuentran en ámbitos
residenciales en la Ciudad de México.
14 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

la falta de seguimiento redunda en violación de otros de sus derechos, por


ejemplo a la convivencia familiar y comunitaria, a la salud, a la educación, a
la participación, a la no discriminación, a la justicia (Red Latinoamericana de
Acogimiento Familiar, 2010).

El Sistema Nacional DIF mantiene un cierto control de la situación de los


menores de edad a su cargo en instituciones residenciales gracias a que cuenta
con diversas casas hogar y casas cuna, así como convenios con instituciones
privadas. No obstante, cada estado de la República tiene su propia realidad
caracterizada por el exceso de responsabilidades y de trabajo, falta de personal,
acciones, programas y políticas públicas específicas para el restablecimiento
de la vida en familia de este sector de la población infantil que carece del
cuidado de sus padres.

Causas de la pérdida de cuidados parentales, y de la institucionalización


excesiva e injustificada

Las razones por las que existen en nuestro país miles de niñas, niños y ado-
lescentes viviendo en instituciones son múltiples. Por ejemplo, las modalidades
por las que ingresan a los centros de atención del Sistema Nacional DIF son a
solicitud de: a) instituciones públicas tales como, Procuraduría General de Jus-
ticia del DF, Instituto Nacional de Migración, Tribunal Superior de Justicia del
DF, Sistemas Estatales y Municipales DIF, Procuraduría General de la República;
b) instituciones privadas; c) los familiares: padres, abuelos, hermanos, tíos, en
tanto se resuelve una situación psicosocial y/o familiar; d) por exposición volun-
taria: padres que ingresan a sus hijos para que sean dados en adopción.17

Aunque separar de su familia a una niña o niño, e ingresarlo a una insti-


tución debe ser una intervención de último recurso, la realidad nacional es otra.
Mientras que algunos son rescatados de la violencia familiar, el abandono o la
situación de calle e internados para su protección, otros ingresan a solicitud de
los propios padres y familiares. En estos últimos casos el problema radica en la
falta de análisis de las causas del internamiento en cuestión, pues muchos de
ellos se podrían evitar si a las familias se les apoyara de otras maneras para que
no tengan que separarse de sus hijas e hijos. Otro problema es la falta de segui-
miento a cada uno de los casos una vez que ingresan al ámbito residencial, lo
cual redunda en la falta de una estrategia para que la estancia sea temporal.

¿Cómo llegamos a tal punto? ¿Por qué tenemos decenas de miles de niñas,
niños y adolescentes internados? Las siguientes son algunas de las problemáti-
cas que contribuyen a esta realidad nacional (con base en Rodríguez, 2007):

17 Regularización jurídica de niñas, niños y adolescentes albergados en los centros nacionales modelo de atención, investigación y capacitación (CNMAIC)
del sistema nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), ponencia impartida por personal del DIF en el Congreso Nacional: Mi derecho a la
convivencia familiar y comunitaria, en agosto de 2012, en Guanajuato capital.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 15

1. En muchos casos se sigue considerando que el problema de la niña o del


niño violentado o en situación de abandono queda resuelto al colocarlo en
una institución. Aunque la separación del medio familiar es útil y necesaria en
los casos donde la violencia o el descuido ponen en riesgo su vida, de ninguna
manera resuelve la situación. Las Directrices de las Naciones Unidas sobre las
modalidades alternativas de cuidado de los niños, enfatizan la importancia de
que la institucionalización sea una medida de último recurso y con estancias
breves; cuando se trata de lactantes o niños muy pequeños, las modalidades
de atención basadas en la familia deberían ser la única opción,18 a través de,
por ejemplo, la participación de familias sustitutas,19 el acogimiento familiar,
padrinazgo, crianza compartida, entre otras.

2. Falta de un proyecto de vida. El objetivo de todos los involucrados en la


atención de un niño separado de sus padres debe ser el de elaborar —junto
con la misma niña o niño y en función de su nivel de desarrollo—, lo más
pronto posible, un proyecto de vida definitivo dentro de una familia. Natu-
ralmente dicho proyecto de vida se debe determinar solo después de hacer
una amplia, ágil y sólida investigación psico-social-familiar. De acuerdo con
UNICEF y el Servicio Social Internacional (2004), para que el proyecto tenga
éxito necesita basarse en determinados criterios y ser llevado a cabo por per-
sonal calificado, en amplia consulta con los padres y el niño y, por supuesto,
las opciones deben ser propuestas viables. De acuerdo con estos organismos
internacionales esto no siempre se lleva a cabo en muchos países. El nuestro
es uno de ellos, lamentablemente.

La falta de un proyecto de vida que apunte a reintegrarse pronto a la


comunidad y bajo el cobijo de una familia trae como consecuencia el encierro
duradero de muchos bebés, niñas y niños pequeños que ahí se convierten en
jóvenes. La promoción de las condiciones para “la integración social de todo
menor víctima de abandono, explotación, malos tratos […]” del artículo 11,
fracción IV de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación no se
cumple con ellos.

3. Aumento en la demanda de acogimiento residencial. La pobreza, la


violencia en general y el maltrato infantil en particular, son factores que pre-
disponen a las niñas y a los niños a la pérdida de los cuidados parentales.
Ambos fenómenos van a la alza en nuestro país20 y a ellos hay que sumarles
la falta de alternativas de cuidados parentales para los niños que se han
separado de sus familias. Al ser la institucionalización una de las pocas
opciones, la demanda de protección y asistencia a las víctimas infantiles
rebasa por mucho a la capacidad instalada, con dos consecuencias: 1) el
poco personal queda rebasado por el sobrecupo y la sobrecarga de trabajo;
18 Recomendación 112.A del Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y Niñas de la Organización de las Naciones Unidas (2006).
19 Figura considerada en el artículo 25 de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
20 Entre 2008 y 2010 hubo un incremento en el número de personas en situación de pobreza, pasando de los 48.8 millones de personas a los 52 millones,
respectivamente; y de acuerdo con CONEVAL y UNICEF (2012), 21.4 millones de niñas, niños y adolescentes viven en pobreza.
Cifras de UNICEF ponen a nuestro país dentro de los primeros lugares entre los países de la OCDE en violencia física, abuso sexual y homicidio de niñas y
niños menores de 14 años, infligidos principalmente por sus padres o progenitores (Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno Federal, 2010).
16 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

2) las autoridades dejan de rescatar a más niñas y niños ante la falta de


opciones residenciales y entonces éstos permanecen en familias y lugares
peligrosos. Parafraseando a Fontana (1989) diré que si no hay una maqui-
naria para efectuar el salvamento, si no hay los adecuados y suficientes
servicios preventivos, protectores y curativos, y si no hay suficiente personal
adiestrado para cumplir el mandato, las leyes son palabras vacías.

4. Una vez que los niños son rescatados y llevados al ámbito residencial,
ahí viven el abandono. Miles de jóvenes cruzaron las puertas de la institución
cuando tenían pocos meses o años de vida, y ahí cumplieron la mayoría de
edad sin que nadie hiciera algo por restablecer su derecho a vivir en familia.
Entraron bajo el supuesto de que su estancia sería provisional, pero el tiempo
pasó y crecieron sin que nadie los vinculara a unos padres, a una familia ni a
la comunidad. Todo debido a que en los hechos la institución sigue siendo
considerada como un sistema válido y definitivo.

Para estos jóvenes hoy resulta complicado dar el salto de la institución


donde crecieron hacia la sociedad donde nadie los espera. Para ellos alcanzar
la mayoría de edad no es atractivo, sino atemorizante y angustiante, porque
salir de la casa hogar significa salir hacia la nada… y solo.

“Un caso de estancia prolongada


por lo general es un caso de estancia “Un caso de estancia
breve que ha sido mal manejado”,
prolongada por lo general
dijo un funcionario inglés hace más
de medio siglo (en Bowlby, 1979). Y el es un caso de estancia
problema continúa repitiéndose. De breve que ha sido mal
estos casos siguen habiendo muchos
en nuestro país. ¿Quién hace justicia a manejado”
estos jóvenes con infancias robadas?
¿Quién se responsabiliza por estos malos manejos? ¿Porqué suceden?
¿Porqué tienen que crecer asilados de manera permanente? Con relación a
la última pregunta Chantal Saclier (1999), del Servicio Social Internacional,
proporciona, sin rodeos, un listado de las principales causas: falta de segui-
miento a los procesos de los niños por parte de las autoridades, burocracia,
falta de recursos humanos que realicen los trámites correspondientes para
proporcionar alternativas familiares, así como por ideologías contrarias a la
adopción (y a otras alternativas familiares y comunitarias como el acogimiento,
por ejemplo), falta de responsabilidad individual de los profesionales cuando
ejercen sus funciones, el que los niños desamparados son una población
rechazada por la sociedad y el temor de dar prioridad a los derechos del niño
sobre los derechos de los padres abandonantes o maltratadores.

Cifras de UNICEF ponen a nuestro país dentro de los primeros lugares entre los países de la OCDE en violencia física, abuso sexual y homicidio de niñas y
niños menores de 14 años, infligidos principalmente por sus padres o progenitores (Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno Federal, 2010).
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 17

Muchas veces las funcionarias y funcionarios de los ministerios públicos,


DIF, juzgados, encargados de la protección y atención no conocen físicamente
a las niñas y niños durante todo el proceso. Si los conocieran podría aumentar
la empatía y sensibilidad hacia sus asuntos porque, definitivamente, el
compromiso es diferente cuando lo que se ve es un expediente sobre un
frío escritorio que cuando se ve directamente al niño y sus circunstancias.
En otras ocasiones quienes conocen las vicisitudes de las y los internados, es
decir, quienes cuidan de ellos en las instituciones, muy pocas veces fungen
como portavoz ante la autoridad correspondiente para hacer llegar las de-
mandas y necesidades de niñas y niños; en ocasiones por desconocimiento
de las leyes, reglamentos, y responsabilidades del Estado, otras veces por
falta de tiempo para realizar tal acercamiento, pues la carencia de personal
termina por consumirlos.

5. Insuficiente articulación de los programas entre las instituciones y entre


las y los profesionales de las áreas de la salud, educación, justicia y del sector
privado. El avance que se ha tenido suele reflejarse en el aumento de las
denuncias y detección de casos de maltrato infantil por parte de la ciudada-
nía, el servicio sanitario o educativo, y su respectiva derivación al Ministerio
Público o a los centros de atención a la violencia de los sistemas DIF y de
éstos a los albergues (vale decir que una mínima proporción de estos casos
son consignados ante una autoridad judicial. Entonces las niñas y niños una
vez internados no cuentan con mecanismos para llegar a los ámbitos de jus-
ticia). Pero el acto de denunciar sigue siendo una acción parcial, aislada,
fragmentada, sin suficiente articulación entre sus actores, ni con protocolos
de intervención suficientes. Todo esto a pesar de que cuando se identifica
una niña o un niño en riesgo se hace necesaria una respuesta coordinada
para garantizar su protección efectiva, en un momento en que la evaluación
de la víctima infantil y de su familia requiere los aportes y la participación de
diferentes sectores que hayan tenido contacto con el niño o la familia.

El Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y Niñas (2006),


sugiere que para minimizar el riesgo de que un niño o niña “se pierda entre
los entresijos” del sistema, los diferentes sectores con responsabilidades de
protección deben compartir la información acerca de casos individuales de
violencia familiar. Pero también debe haber claras líneas de responsabilidad
en la actuación y mecanismos para la rendición de cuentas por los fallos del
sistema. Tales cosas no suceden en nuestro país. Aquí aún no contamos con
la elaboración diagnósticos eficientes, tampoco con articulación suficiente ni
información compartida; aquí la responsabilidad se difumina entre las y los
trabajadores del Estado y de las instituciones privadas; por lo mismo la ren-
dición de cuentas solo es un verso. Al día de hoy nadie se responsabiliza por
el encierro excesivo y muchas veces injustificado de miles de niñas, niños y
adolescentes, ni por obstruirles —voluntaria o involuntariamente— el acceso
a la justicia.
18 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

6. Cuando la adopción se desvirtúa. Como consecuencia de las fallas e


inconsistencias del proceso de adopción,21 no todas las niñas y niños que
necesitan una adopción la tienen y no todos los que la tienen la necesita-
ban. Me explico: existen niños que son maltratados gravemente y que por
seguridad y protección deberían ser separados, vía judicial, de sus familiares
agresores, recurrir al depósito judicial de persona, y una vez garantizada su
seguridad, trabajar un proyecto de vida que contemple la integración a un
ámbito familiar que le garantice su sano desarrollo. Sin embargo, nadie toma
la iniciativa. Por lo que su vida termina por transcurrir en el internado.

Otros niños, en cambio, se fueron en adopción sin antes haber agotado


las posibilidades para que pudieran ser criados por sus progenitores o por la
familia extensa. Generalmente se trataba de casos de pobreza y que fueron
desvinculados de sus padres, criminalizando, de esta manera, la miseria, en
lugar de proporcionarles asistencia social; y no hay que olvidar que la pobreza
no es un delito, sino una violación a los derechos humanos (Smith & Castle-
man, 2006). Dichas personas no necesitaban que les retiraran a sus hijos —o
no de manera definitiva— sino que el Estado cumpliera con su obligación
de proveerles la protección y asistencia social necesarias para que pudieran
asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad, tal y
como lo exige nuestra Constitución Política. La creencia de que las familias
biológicas que pasan por periodos de dificultad, conflicto o disfuncionalidad
no tienen remedio, provoca que se les descarte con prontitud, y entonces se
prefiera la adopción, dando la impresión de que la postura es: para qué traba-
jar tanto con una familia rota si en otro lado existen muchas familias, parejas
o individuos adoptantes estables y con recursos suficientes para darle una
buena vida a un niño. Cambiar al niño de una familia disfuncional a una
funcional sin que medien diagnósticos e intervenciones de fortalecimiento
familiar deviene en injusticia y violación de derechos.

7. Discriminación en la adopción. A pesar de que los tratados internacionales


y las leyes nacionales y estatales estipulan que la adopción es una institución
para las niñas y niños sin padres y no una práctica para dotar de hijos a los padres
que no pueden tenerlos de manera biológica, la realidad es que aún se sostiene
la selectividad en la adopción. Acaso menos burda que en décadas anteriores
cuando los adoptantes se daban el lujo de escoger al niño; ahora la selec-
tividad es más sofisticadas y, por lo mismo, en ocasiones imperceptible. Se
evidencia en el hecho de que en los últimos años el Sistema Nacional DIF
reporta decenas de niñas y niños liberados jurídicamente y que podrían irse
en adopción, pero que siguen viviendo en las instituciones debido a que no
coinciden con las expectativas de los adoptantes (y lo mismo sucede en los
sistemas DIF de los diferentes estados de la República y en las instituciones
21 Fallas e inconsistencias que el Sistema Nacional DIF reconoció como resultado de las Mesas Regionales de Trabajo sobre la Agilización del Proceso de
Adopción, llevadas a cabo entre los meses de mayo y junio de 2007, y las resumió en seis grandes retos: 1) Heterogeneidad de modelos de adopción: uno
del sistema nacional DIF, 31 de los sistemas DIF estatales, uno del Distrito Federal y 514 instituciones de asistencia privada. 2) Vacíos e incertidumbre en
la dimensión jurídica. 3) Ausencia de un procedimiento documentado en todos los sistemas estatales. 4) Ausencia de cuerpos colegiados para la toma
decisiones. 5) Tiempos prolongados: la diferencia de tiempo entre un proceso y otro pueden ser hasta de cinco años. 6) Ausencia de información y registro.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 19

privadas). Se trata de niñas y niños grandes, grupos de hermanos, con alguna


enfermedad o discapacidad, o de aquellos que tienen una característica muy
poco reconocida en la sociedad —pero quienes participamos en la gestión
de adopciones encaramos constantemente—: las niñas y los niños feos.

La selectividad, o para ser más preciso, la discriminación que se refleja


en la preferencia por la adopción de bebés o niños muy pequeños, sanos,
blancos y que cubren los estándares de belleza contemporáneos, es una
evidencia de que la adopción en muchos casos sigue siendo más para los
adultos que para las niñas y niños. Las instituciones se convierten en cómplices
de los adoptantes cuando entregan niños “a la carta”, es decir, cuando las
asignaciones parten de las peticiones específicas de éstos, y no de la búsqueda
del interés superior de aquellos, o cuando no ponen “atención a la conveniencia
de que haya continuidad en la educación del niño y a su origen étnico, religioso,
cultural y lingüístico”, tal y como establece la Convención sobre los Derechos
del Niño en su artículo 20 fracción 3, pervirtiendo de esta manera el principio del
“interés superior del niño” al transformarlo en el “interés de los adoptantes”.

Falta de enfoque de derechos

Las causas de la pérdida de cuidados parentales y de la institucionalización


excesiva e injustificada arriba expuestas tienen otra raíz en el desconocimiento
o en falta de reconocimiento de los derechos de las niñas y niños. La investiga-
dora Valeria Llobet (2010) afirma que si bien la Convención introdujo el proble-
ma de los derechos humanos como un prisma para considerar los problemas
de la infancia, parece estar lejano el momento en que este paradigma sea la
matriz en la que se construyen los significados sobre tales problemas.

El discurso y las prácticas no caminan de la mano. La postura imperante


que dejan ver los procedimientos implementados en la atención y protección
infantil siguen siendo, predominantemente, de corte asistencialista, de ahí
que sean consideradas como caridad otorgada a niñas y niños necesitados de
ayuda. Ante la escasez de recursos se priorizan solo las necesidades infantiles
más urgentes, por ejemplo: alimento, techo y vestido, pero no las de vincu-
lación, afectivas o de una familia; las metas de atención son parciales, no hay
proyectos de vida a mediano y largo plazo, solo tratan los problemas en su
superficie sin ir a su origen.

En ocasiones en el marco del asistencialismo las personas encargadas de


las instituciones residenciales —públicas o privadas— tienen necesidades
emocionales no resueltas que suelen cubrir con el cariño que las niñas y niños
les prodigan.22
22 De ahí que, por ejemplo, inviten o hasta exijan que les llamen “mamá” o “papá”. La relación afectiva forzada redunda en apegos excesivos e indiscrimi-
nados que atrapan al niño en una relación ambigua donde al final no sabe si realmente los cuidadores son sus padres, experiencia altamente confusa que
afecta sobremanera su subjetividad. De tal forma que cuando la adopción es su alternativa real, el exceso de apego indiscriminado con el personal de la
institución imposibilita la vinculación afectiva con los nuevos padres porque en su corazón se pone en acción el siguiente juego de fidelidades: “¡Cómo dejar
a mi mamá del albergue para irme con otros papás?” “¿Cómo abandonar a quien me ha dado comida y cariño?”; así me lo expresaba un niño de ocho años
de edad durante el proceso de preparación para su adopción.
20 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

En otros casos se les mantiene encerrados en ámbitos residenciales no


por desconocimiento de sus derechos, sino simple y lamentablemente para
satisfacer necesidades económicas, sociales o psicológicas de los directivos o
del personal de las instituciones —sobre todo de las privadas cuando carecen
de supervisión por parte del Estado—, o para poner en práctica creencias o
ideologías que muchas veces están lejos de los intereses y necesidades de
desarrollo de los niños. “Secuestro filantrópico” lo llama el neuropsiquiatra y
terapeuta infantil Jorge Barudy (2005): “secuestro que trae como consecuencia
una idealización patológica y una dependencia de los niños hacia estos personajes
carismáticos y narcisistas que impide que estos se sepan víctimas de este mal-
trato institucional”. Muchas de estas niñas y niños no tendrán una alternativa
familiar porque intereses de estos líderes se verían afectados si regresaran
con sus padres biológicos que solo habían pedido apoyo mientras superaban
sus problemas, o si fueran asignados en adopción —cuando los bio-padres
han perdido la patria potestad—. En este sentido, Casitas del Sur es un caso
emblemático y ampliamente documentado (Martínez, 2009).

III. Consecuencias individuales y sociales


de la privación de cuidados parentales y
de la institucionalización
Hay niños que tienen cariño de hijos porque son de “sangre pura”, nosotros no tenemos de
ese cariño de los que nos cuidan porque no somos de “sangre pura”.
Joven de 17 años, internado a los 8

La importancia de la familia en el desarrollo del individuo quedó ampliamente


probado a partir del siglo XX gracias a los aportes de la medicina, la psicología
y el psicoanálisis. Burlingham y Freud (1967), Spitz (1990), Winnicott (1956),
Mahler (1972), Ainsworth y Bowlby (1979) e innumerables integrantes de la
comunidad científica demostraron las consecuencias negativas que provocan
las separaciones tempranas.

En la tercera sesión de la Comisión Social de las Naciones Unidas, que se


celebró en abril de 1948, se decidió hacer un estudio de las necesidades de
los niños sin hogar. El doctor John Bowlby fue el encargado de tal tarea que
comenzó en 1950, de donde se desprendió el informe: Cuidado maternal y
salud mental. Ahí quedó documentada la afectación emocional de los niños
criados en instituciones, el retraso en el desarrollo físico, intelectual y social y la
aparición de síntomas de padecimientos físicos y mentales como consecuencia
de la falta de cuidado materno (sic). La separación temprana, a largo plazo,
trae como resultado el deterioro de la capacidad de establecer y mantener
lazos afectivos significativos, profundos y duraderos (“carácter insensible”, fue
como lo calificó Bowlby), y en cuanto a los procesos intelectuales se refiere,
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 21

las afecciones aparecen sobre todo en


el área de lenguaje y en la capacidad de
La separación temprana,
abstracción.
a largo plazo, trae como
En las siguientes décadas se continua- resultado el deterioro
ron registrando los efectos negativos de
la separación y la institucionalización, de la capacidad de
los cuales configuran una larga lista: de- establecer y mantener
tención del desarrollo cerebral, afectivo
y cognitivo; perturbaciones somáticas: lazos afectivos
vulnerabilidad a las infecciones y enfer- significativos,
medades frecuentes; trastornos psico-
somáticos: anorexia, enuresis; trastornos profundos y duraderos
del sueño; síntomas depresivos, baja
autoestima y depresión clínica; dificultades para la adaptación a la escuela y
trastornos de comportamiento; sentimiento de profunda soledad, de incom-
prensión y rechazo, afecciones derivadas de los problemas de apego debidas
a la internación excesiva como tendencia a establecer relaciones interperso-
nales desorganizadas, inseguras, ambivalente o disruptivas...

Los estudios sobre el tema en el presente siglo ratifican los resultados antes
mencionados. Por ejemplo, el Informe Mundial sobre la Violencia contra los
Niños y Niñas (2006) concluye que el uso excesivo de la institucionalización
genera grandes costos para los menores de edad, sus familias y la sociedad,
derivados de una salud física deficiente, graves retrasos en el desarrollo,
discapacidad y daño psicológico potencialmente irreversible. Los efectos son
más severos cuanto más tiempo se prolongue la institucionalización y cuanto
más deficientes son las condiciones de los centros de atención. Un estudio
de instituciones residenciales en Europa incluido en el Informe advierte que
los niños pequeños (0-3 años) institucionalizados y sin progenitores corrían el
riesgo de sufrir trastornos de la vinculación, retraso en el desarrollo y atrofia
neuronal en el cerebro en proceso de desarrollo, concluyendo que el descuido y
el daño causados por la privación temprana de los progenitores es equivalente
a la violencia contra un niño pequeño. Disminución del funcionamiento social
y psicológico, pérdida de habilidades básicas que poseían al entrar al albergue:
como la capacidad de cuidarse a sí mismos y de crear relaciones afectuosas,
deterioro de la condición física, auto-agresión, son otras consecuencias
reseñadas por el Informe, junto con la afirmación de que las niñas y niños
institucionalizados tienen mayor probabilidad de hacerse daño a sí mismos
o ser agresivos con otros, de involucrarse en el crimen, ser víctimas de
explotación sexual o abusar de sustancias.

En México llama la atención el aumento de niños y jóvenes (principal-


mente varones, aunque no exclusivamente) que participan activamente en
actividades del narcotráfico: “batos de 13, 14, 15 y hasta 21 ó 23 años actúan
22 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

alucinados y con feroz valentía en levantones, asesinatos, decapitaciones,


transporte de droga y secuestro” (Valdez, 2011). ¿Quiénes son estos niños?
¿Qué tienen en común? ¿Qué los convierte en blanco del crimen organizado?
Con base en la documentación y seguimiento de decenas de casos, el periodista
Javier Valdez (2011) concluyó que terminan metiéndose en esta vida brutal
“por una profunda falta de amor, por abandono, por la asfixia de vivir en
familias disfuncionales, por arrastrar un alma descoyuntada y sin afecto, por
saber que pueden vivir de lujo algunos años sin importar la violenta factura,
para tragarse de una buena vez tanta jodida tristeza y miseria, hambre y falta
de afecto, no importa que se atraviesen las balas”.

A través de testimonios grabados y de lectura de documentos sobre decenas de


adolescentes en conflicto con la ley, el periodista Julio Scherer (2013) constató
lo mismo que Valdez, es decir, que el abandono llevó a las y los adolescentes
por él estudiados “a la tragedia de la drogadicción, el alcoholismo, el robo, el
secuestro, el crimen. […] Sus delitos se confunden, de tan parecidos que son
entre sí. Pero cada uno entraña una tragedia personal, familiar y social. Una
línea los marca: el abandono. Y un afán los identifica: ser ellos mismos, así
sea vaciándose, muriendo”.

Los periodistas dedujeron lo mismo que las y los estudiosos del comportamiento
humano. Por ejemplo, la especialista en neuropsicología, Feggy Ostrosky (2011),
afirma que es frecuente hallar que entre las mentes criminales exista una falta
de atención paterna y que la relación que tuvieron con la madre esté marcada
por la frialdad, la distancia y el abandono, y por la falta de calor emocional o
contacto corporal.

El trauma ocurre ante los eventos adversos que no pueden ser expresados,
simbolizados y dotados de un sentido. De un grupo de ocho jóvenes de entre 15 y
21 años que llevan viviendo entre 4 y 16 años en una institución residencial, solo
la mitad ha podido darle un sentido a aquella experiencia de vida que los llevó a
la internación. Ante la inminente mayoría de edad que anuncia el próximo egreso
de la institución, sus principales e intensas preocupaciones están relacionadas con
la incertidumbre de no saber por cuánto tiempo más les proporcionarán apoyo,
temor a que los echen sin estar preparados, con no saber qué harán al salir de
ahí, el desempeño escolar, el manejo del enojo y de la impulsividad. Su temor a
la muerte y “a que las cosas se salgan de control” es excesivo, y comprometen
el pronóstico de autonomía, debido a que, de acuerdo con Bourdieu, “quienes no
tienen un mínimo control sobre el presente no serán capaces de reunir el coraje
necesario para controlar el futuro” (en Bauman, 2006).

Las instituciones pueden cubrir las necesidades fisiológicas y de resguardo


de las y los internos de manera suficiente: vestido, alimentación, descanso,
salud y todas aquellas cosas necesarias para garantizar su sobrevivencia. Lo
que no pueden cubrir adecuadamente son las necesidades de afiliación, de
reconocimiento, de autorrealización. Es decir, aquellas más elevadas en la
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 23

escala de las necesidades humanas, me refiero al afecto, la intimidad, el


autorreconocimiento, la confianza, la seguridad, la identidad, el éxito, la reso-
lución de problemas complejos, la trascendencia.23

Las voces de las y los protagonistas

A pesar de que las niñas, niños y adolescentes tienen el derecho a participar


en todos aquellos asuntos que les afectan,24 la voz de quienes viven insti-
tucionalizados se ahoga entre las cuatro paredes que los encierran. Encierro
que termina por excluirlos de la socie-
dad. Exclusión que resulta peligrosa Los muros de las
porque los convierte en un ente invisi-
ble, inexistente —probablemente ese instituciones los excluyen,
sea uno de los motivos por los que a la
los apartan de la sociedad,
fecha ni siquiera sabemos, con exacti-
tud, cuántos son—. Los muros de las los desaparece de la vista
instituciones los excluyen, los apartan
de la sociedad, los desaparece de la de las personas
vista de las personas. Acaso existen
como un grupo con quien se puede practicar la caridad, a quienes hay que
tutelar o proteger de manera paternalista, recluirlos para que no manchen
el paisaje urbano como a la fecha sigue ocurriendo sobre todo en ciudades
grandes cuando se convierten en anfitrionas de eventos nacionales o inter-
nacionales, controlarlos para que no sean un peligro para la sociedad el día
de mañana; todo esto aún al estilo de la doctrina de la situación irregular.

No obstante, escucharlos es la obligación de las y los encargados de


garantizar su protección porque, ¿quién mejor que ellos, los niños, para
saber qué necesitan? ¿Quién mejor que ellos para dotar de sentido el
principio multinombrado: “interés superior del niño”? Resulta esclarecedor
e impresionante lo que pueden hacer y decir cuando se les proporciona el
espacio para la expresión en un ámbito de libertad y confianza que estimula
su participación:

•“No nos deben sacar de nuestras casas cuando hay problemas y


llevarnos a un albergue, sin antes investigar y explicarnos bien qué pasa;
porque sentimos que nos están robando”.
•“En ocasiones sí nos deben llevar a un albergue porque nuestra vida
corre peligro en la casa”.
•“Necesitamos una familia para aprender, para tener alguien con quien
platicar, alguien que nos quiera y nos dé amor”.
•“Nos deben preguntar qué queremos: si vivir en una institución bonita o
quedarnos en nuestra casa aunque esté fea”.
23 No es que el personal de las instituciones no quiera dotarlos de ello. Lo que sucede es que el niño requiere, para su sano desarrollo, del acompañamiento
personalizado de unos padres, tutores o guías que puedan caminar a su lado tejiendo un vínculo a través del cual le transmitan mensajes positivos que lo
fortalezcan y le enseñen habilidades necesarias para la vida. En un albergue tal cosa es imposible, son muchas niñas y niños para tan pocos adultos.
24 Artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño.
24 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

•“Ni los abogados ni los psicólogos ni nadie sabe más que nosotros
acerca de lo que nos pasa”.
•“Necesitamos espacios donde nos escuchen”.25

También es necesaria la creación de sistemas sencillos, accesibles y seguros


para que puedan informar la manera en que son tratados en los ámbitos
residenciales sin riesgo de sufrir represalias. Deben tener oportunidades
para expresarse libremente y manifestar verbalmente sus preocupaciones.
Los niños, las niñas y sus familias también deben tener derecho a apelar si
no están satisfechos con la respuesta a su queja.

Las siguientes son las voces de algunos adolescentes institucionalizados.


Me las compartieron para que fuera su portavoz en el Congreso Nacional
“Mi derecho a la convivencia familiar y comunitaria”. Hoy, a través de este
ensayo, pueden llegar aún más lejos:

•“En algunos albergues te pegan. Te saliste de donde te golpeaban


para caer en lo mismo aunque peor, porque de tu casa te podías
escapar a la calle si te pegaban pero del albergue ni eso puedes
hacer, no te puedes escapar”.
•“Lo peor es cuando te separan de tus hermanos. El vínculo con ellos
era todo lo que yo tenía. No nos separen”.
•“Algunas personas que nos cuidan no fueron personas felices y se
desquitan con nosotros (…) Pedimos que se les demande y se les
corra del albergue, para que ya no se pasen de lanzas”.
•“Les pedimos que traten bien a los niños albergados; no los traten
como animales”.
•“Los niños de los albergues no son sus hijos, ¡no los maltraten!,
¡ayúdenlos!”

IV. Alternativas para el restablecimiento del derecho a la


convivencia familiar y comunitaria
A las autoridades les pedimos que cuiden a los niños que están en las calles y
cambien su manera de pensar; no dejen de esforzarse en recuperar al chavo que está
en una situación difícil como las adicciones, y necesita de su ayuda. No olviden
que vale la pena intentarlo pues sí cambiamos para bien.
Joven de 17 años, internado a los 8

Con la finalidad de brindar una protección integral y adecuada a las niñas,


niños y adolescentes en situación de maltrato y privados del cuidado de sus
padres, es necesaria la aplicación de diversas acciones y estrategias por parte
25 Expresiones de niñas y niños en edad escolar que viven en algunas de las instituciones residenciales del estado de Guanajuato, vertidas en un taller de
aplicación de las versiones amigables de las Directrices de Naciones Unidas sobre las modalidades alternativas de cuidado de los niños, coordinado por
Matilde Luna y Federico Kapustiansky, con el apoyo de Gaudencio Rodríguez e Hilda Díaz, llevado a cabo el 15 de agosto de 2012.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 25

de todas las instituciones públicas y privadas comprometidas con la atención


y protección de este sector de la población, así como de la implementación
de políticas públicas específicas. Su situación exige dar un viraje significativo
consistente en dejar de pensar en la institucionalización, la reintegración fa-
miliar y la adopción como los únicos recursos para ellas y ellos, pues esta es
una visión que se queda corta ante una realidad que hoy exige más. La pro-
tección integral, la búsqueda del interés superior del niño, debe ser la nueva
vía porque eso es lo que mandata nuestro marco jurídico, que si bien no es
un marco acabado, sí contiene bases amplias para mejorar las prácticas de
atención y protección integral. Se requiere, también, fomentar una cultura de
la legalidad entre todas las personas del sector público y privado implicados.

México es un país caracterizado por el altruismo y la solidaridad con las


personas en situación de vulnerabilidad. De ahí que la atención hacia este
sector infantil haya sido constante a través de la historia, y que al día de hoy
la mayoría de los centros de acogimiento residencial sean de la sociedad civil,
para ser precisos el 72%, de acuerdo con DIF Nacional. No obstante, estamos
atascados en una tradición que se traduce en prácticas asistencialistas, de
asilamiento, tutelaje y minoridad que, aun de manera involuntaria, termina
por perpetuar el desamparo (Gómez & Zanabria, 2013).

Afortunadamente existen recomendaciones puntuales de organismos


internacionales, nacionales, gubernamentales y de la sociedad civil que
dan las pautas a seguir para logar un cambio de paradigma ahora basado
en un enfoque de derechos. Es decir, no estamos en cero sino en mar-
cha. De tal manera, a continuación haré un compilado de las alternativas
para la erradicación de la internación prolongada e injustificada de niñas,
niños y adolescentes, que se suman a las ya mencionadas páginas atrás.
Las siguientes propuestas son producto del trabajo de muchas personas
y de décadas de labor en el tema. Se trata de alternativas que posibilitan
garantizar el ejercicio pleno de los derechos en cuestión. Algunas pueden
sonar reiterativas en este ensayo, reiteración que decido conservar inten-
cionalmente para evidenciar la urgencia de las mismas.

Las primeras recomendaciones las encontramos en el Informe Mundial


sobre la Violencia contra los Niños y Niñas (2006): separar un niño o niña
de su familia debe ser una intervención de último recurso; solo se deben
considerar alternativas a largo plazo. El cuidado alternativo se puede propor-
cionar tanto de manera formal: a través de la colocación en un hogar sustituto
o de guarda, el acogimiento familiar y la adopción, como informal: por ejem-
plo, la colocación de un niño con su familia extensa. Tres principios deben
guiar las decisiones relativas a las alternativas de cuidado para los niños y
niñas: 1) normalmente las soluciones basadas en la familia son preferibles a
la colocación en una institución; 2) las soluciones sostenibles con vocación de
permanencia, pero con supervisión regular, son preferibles a las temporales;
26 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

3) las soluciones basadas en el propio país del niño o niña generalmente


son preferibles a aquellas que involucran a otros países (por ejemplo, la
adopción internacional).

Todas las formas de cuidado alternativo implican riesgo para el niño o


niña, incluido el riesgo de sufrir más violencia, explotación y otras viola-
ciones de sus derechos. Es importante, por lo tanto, que los Estados registren
y regulen todas las formas de cuidado alternativo, con vigilancia continua de
la situación y el trato hacia los niños y niñas y con la plena participación de
éstos.

Otras recomendaciones concretas del Informe son:

• Asegurar que la institucionalización sea siempre el último recurso.


• Asegurar la calidad del personal y de la capacitación.
• Sensibilizar a la policía, agencias de referencia, abogados,
jueces, administradores de las instituciones y a todo el personal
que trabaja en ellas.
• Revisar las medidas de protección y las decisiones de internamiento
de manera regular.
• Asegurar la existencia de mecanismos efectivos, sencillos,
seguros y accesibles para los niños y niñas, de denuncia,
investigación y aplicación de la ley.
• Asegurar la supervisión a las instituciones.
• Registro y recopilación de datos de los niños y niñas internados.
• Apoyar a los progenitores para que puedan cuidar de sus hijas e
hijos para reducir las tasas de abandono e institucionalización,
dando prioridad a las familias de niños y niñas con discapacidades y
a los de alto riesgo de abandono o institucionalización.

Declaratoria del Primer Congreso Nacional sobre la Situación de Niños,


Niñas y Adolescentes Institucionalizados. “Mi derecho a la convivencia
familiar y comunitaria”

Dicho congreso se llevó a cabo el 16 y 17 de agosto de 2012 en Guanajuato


capital. Su objetivo general fue sensibilizar a las personas involucradas en
programas de atención a niños, niñas y adolescentes privados del cuidado
de sus padres y que viven en los albergues, para generar acciones puntuales
que deriven en acciones, programas o políticas públicas que promuevan su
derecho a la convivencia familiar y comunitaria. Uno de los frutos del con-
greso fue una declaratoria donde se presentan los ejes rectores sobre los
que habremos de trabajar autoridades, grupos de la sociedad civil y todas
y todos los involucrados, a favor de este grupo en riesgo. Las siguientes son
algunas de sus cláusulas y dan pistas sobre el rumbo a tomar:
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 27

• Trabajar por el cambio del modelo asistencialista que prevalece


actualmente en nuestro país, por un modelo que promueva la
cultura de derechos humanos y el interés superior del niño, con
énfasis en el derecho a la convivencia familiar y comunitaria.
• Apoyar los esfuerzos para que los niños, niñas y adolescentes
permanezcan bajo el cuidado de su propia familia, o que se
reintegren a ella; y si esto no es viable ni posible por atentar
contra sus intereses, trabajar para encontrar otra solución
apropiada y permanente, incluidas la adopción, el acogimiento
familiar y aquellas prácticas de cuidado comunitario, padrinazgo,
crianza compartida y otras que forman parte de la identidad
cultural de nuestra región latinoamericana.
• Que se desarrolle una política nacional para el cumplimiento
del derecho a la convivencia familiar y comunitaria y la promoción
de la desinstitucionalización, y que las entidades federativas se
adhieran a ella.
• Que para la implementación de la estrategia nacional se
cuente con los recursos materiales y humanos necesarios para
capacitación de los responsables del sector público y privado
que atienden esta problemática.
• Que la autoridad a quien le corresponde la atención de los niños,
niñas y adolescentes en situación de riesgo, establezca lineamientos
técnicos y garantice su aplicación a través de mecanismos de
monitoreo y supervisión constantes.
• Que se generen acciones de prevención de la separación de las niñas
y niños de sus padres a través del fortalecimiento familiar.
• Que se brinde la provisión de cuidados alternativos adecuados.
• Que se tenga una base de datos actualizada de los niños, niñas y
adolescentes en cuidado alternativo tanto de tipo familiar como
institucional.26
• Que se tome en cuenta la participación de las comunidades
en la resolución de las problemáticas familiares.
• Que se garanticen espacios de participación de los niños, niñas y
adolescentes.
• Que exista una articulación entre los distintos actores de gobierno y
sociedad civil para lograr el fortalecimiento de las redes de atención
de personas y organismos que trabajan con niños, niñas y
adolescentes privados de cuidados parentales.

El Llamado a la Acción 27

Otra alternativa consiste en apoyar el Llamado a la Acción lanzado el 18


de octubre de 2013 por parte de la Comisión Interamericana de Dere-
chos Humanos, el Movimiento Mundial por la Infancia de América Latina
26 Todavía más preciso sería contar con un sistema de información nacional, confiable, actualizado y sostenible.
27 En http://www.hablapormi.org
28 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

y El Caribe, la Red Latinoamericana


de Acogimiento Familiar, la Represen-
tante Especial del Secretario General 1) por cada año que
de la ONU sobre Violencia contra los una niña o un niño de
Niños y UNICEF para acelerar la rein-
tegración al ámbito familiar y poner
corta edad reside en una
fin a la colocación de niñas y niños institución, pierde cuatro
menores de tres años en instituciones
meses de desarrollo;
de protección o cuidado en América
Latina y El Caribe. 2) la violencia en
las instituciones es
El Llamado a la Acción fue origina-
do debido a que en la mayoría de los seis veces más
países de esta región —nuestro país frecuente que en los
incluido— se advierte una utilización
desmedida de la institucionalización hogares de acogida;
de niñas y niños menores de tres años 3) la violencia sexual es
por razones de protección, pese a que
debería recurrirse a ella únicamente seis veces más frecuente
en casos excepcionales y de forma que en las alternativas de
provisional, pues está comprobado
que una institucionalización precoz protección basada en el
y prolongada tiene graves efectos, cuidado familiar
sobre todo en las niñas y los niños
más pequeños, que pueden llegar a
ser irreversibles. Tres evidencias preocupantes: 1) por cada año que una
niña o un niño de corta edad reside en una institución, pierde cuatro
meses de desarrollo; 2) la violencia en las instituciones es seis veces más
frecuente que en los hogares de acogida; 3) la violencia sexual es seis
veces más frecuente que en las alternativas de protección basada en el
cuidado familiar.

La propuesta a los Estados consiste en poner fin a la institucionalización de


niñas y niños muy pequeños, lo cual implica implementar reformas inmediatas
en sus sistemas de protección a través de las siguientes acciones:

• Aprobar legislaciones pertinentes para limitar la internación


de niñas y niños menores de tres años en instituciones de
protección o cuidado, incluida su protección frente a todas las
formas de violencia.
• Asignar recursos técnicos y financieros para priorizar la
protección de la primera infancia, apoyar a las familias en el
cuidado y crianza de los niños y desarrollar programas específicos
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 29

para prevenir la separación de niñas y niños de sus familias; así


como para implementar programas de cuidado alternativo de tipo
familiar con personal competente para el cuidado de niñas y niños
en riesgo de ser privados de su familia.
• Establecer programas y medidas para la reunificación de niñas y
niños con sus familias, su inclusión en programas de acogimiento
familiar o su incorporación definitiva a un medio familiar.
• Desarrollar estándares y protocolos de actuación para regular la
práctica hacia niñas y niños en riesgo de separación familiar.
• Llevar a cabo campañas de información y sensibilización públicas.
• Establecer mecanismos de monitoreo y evaluación de las
condiciones y programas de cuidado alternativo de niñas y niños
separados de sus familias.

Implementación de las Directrices de las Naciones Unidas sobre el cuidado


alternativo de los niños

Para que las medidas y los cuidados proporcionados a las niñas, niños
y adolescentes privados de cuidados parentales sean adecuadas, apega-
das a los derechos humanos y realmente benéficas, deben considerar los
procedimientos previstos en las Directrices, pues proporcionan criterios
puntuales para una toma de decisión apegada a sus derechos.

El objeto de las Directrices es promover la aplicación de la Convención


sobre los Derechos del Niño y de las disposiciones pertinentes de otros
instrumentos internacionales relativos a la protección y al bienestar de
los niños privados del cuidado de sus padres o en peligro de encontrarse
en esa situación. Han sido concebidas, entre otras cosas, para apoyar los
esfuerzos encaminados a lograr que el niño permanezca bajo la guarda de
su propia familia o que se reintegre a ella o, en su defecto, a encontrar
otra solución apropiada y permanente, incluidas la adopción y la kafala
del derecho islámico. Asimismo, velar porque mientras se buscan esas
soluciones permanentes se determinen y adopten, en condiciones que
promuevan el desarrollo integral y armonioso del niño, las modalidades
más idóneas de acogimiento y cuidados alternativos.

Mejorar la adopción

La adopción ha tenido avances significativos en los últimos años. Aún así


persisten fallas y limitaciones. El Diagnóstico de la Adopción en México,
elaborado por el Sistema Nacional DIF (2009), concentra múltiples pro-
puestas que marcan una ruta precisa para su corrección, lo cual exige que cada
estado de la República haga sus respectivas adecuaciones para hacerla viable,
accesible, ágil y benéfica para el adoptado:
30 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

• Promover Ministerios Públicos y Juzgados para adopciones y


capacitarlos en el tema, así como sensibilizarlos en cuanto a la
importancia e implicaciones de tiempo y atención respecto de
las partes involucradas en el proceso.
• Mayor coordinación técnica entre los tres niveles del sistema DIF
(y estos con las instituciones privadas que albergan a los niños).
• Crear consejos técnicos de adopciones a nivel estatal o municipal
para evaluar los procedimientos internos y externos de adopción.
• Promover la adopción de niños y niñas mayores de seis años y/o
con discapacidad.
• Facilitar procedimientos para padres y madres biológicas que
deseen ceder hijos en adopción y ofrecerles apoyo psicológico.
• Capacitar al personal de los tres niveles de DIF para que conozcan
a detalle el trámite y se sensibilicen sobre la importancia del mismo,
gestión de mayores recursos humanos y sobre todo de especialistas
para agilizar el trámite de adopción.
• Permitir la intervención de organismos ciudadanos que contribuyan
a la transparencia de los trámites adoptivos.

De la investigación, “Discriminación en las instituciones de cuidado de


niñas, niños y adolescentes” (Luna, 2013) se desprende el llamado para
que los gobiernos tomen medidas adecuadas para erradicar las prácticas
discriminatorias de sus sistemas de adopción,

“las cuales se expresan en la selección a la que son sujetos los niños al


momento de ser adoptados. Esto quiere decir que las entidades responsables
por las adopciones deben actuar con el fin de contrarrestar la selección
discriminatoria de las características del niño que son aceptadas o no por
sus futuros padres adoptivos, promoviendo la adopción de niños más allá
de su etnia, su edad o su condición psicofísica.”

Para evitar la revictimización


Atender de manera
Atender de manera individualizada la
situación de cada niña o niño, abordar
individualizada la situación
caso por caso, exige dedicación y de cada niña o niño,
personal suficiente y especializado.
Las decisiones que las autoridades y abordar caso por caso,
demás personas que participan en la exige dedicación y personal
asistencia, protección e impartición
de justicia son de importancia crítica. suficiente y especializado
La falta de madurez física y mental
pone fácilmente a las niñas y a los niños en situaciones de vulnerabilidad, por
lo mismo toda violencia es grande y destructiva para ellos. De ahí que errar,
postergar u omitir una decisión traiga como consecuencia no solo violaciones
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 31

a sus derechos sino la exposición a peligros lamentables, por ejemplo, cerrar


una investigación sin resolver la situación parental o familiar del niño, no
encontrar pruebas o testigos que expliquen las lesiones y reintegrarlo a los
agresores por esta razón, tipificar erróneamente el delito, minimizar el daño
—producto de revisiones médicas y psicológicas superficiales, insuficientes o
apresuradas—, prolongarle su situación de espera o incertidumbre u olvidarlo
sin futuro digno en una institución (Rodríguez, 2007).

La complejidad y delicadeza del tema requiere que el perfil de las personas


encargadas de auxiliar y procurar asistencia, protección y justicia sea muy
específico. Deben ser adultos responsables, compasivos y reflexivos que
hablen en favor de las niñas y niños indefensos (Fontana, 1989), que estén
dispuestos a darle prioridad a los asuntos de éstos, tal y como manda la ley;28
con suficiente experiencia, capacitación y dedicación, además de contar
con un adiestramiento especial no solo en temas jurídicos, sino también
en temas de infancia, familia y desarrollo humano. La juez de lo familiar,
Lorena Rábago (2007), advierte que:

“si como Jueces no respetamos los derechos fundamentales de los niños,


consagrados inclusive en la ley, si no prestamos especial atención a los
asuntos que tengan que ver con ellos, si no aplicamos leyes que favorezcan
al menor en lugar del adulto, si no tomamos conciencia y agilizamos los
procesos, si no nos involucramos, si no visitamos los albergues donde van
a parar los niños abandonados, y que son sujetos de algún proceso judicial,
y escuchamos a las personas que los cuidan y nos damos cuenta de lo que
viven, si no logramos sensibilizarnos ante tales situaciones, si no tomamos
en cuenta el interés superior del niño sobre el interés de los adultos,
incurrimos en maltrato institucional.”

Aunque las decisiones en la protección de niñas, niños y adolescentes


que han sido violentados y privados del cuidado de sus padres son com-
plejas y de importancia crítica, suelen aclararse cuando se tiene presente
que la responsabilidad de los adultos es la búsqueda del interés superior
del niño. Cuando dejamos de verlos como propiedad de sus padres y
reconocemos sus derechos como independientes de los de los progenitores,
cuando nos convencemos de que no hay violencia pequeña, cuando se
cuenta con formación, experiencia, empatía y conocimiento del proceso
evolutivo infantil y de los vínculos humanos, cuando se tiene presente la
importancia de dar agilidad a los procesos jurídicos y administrativos para
evitar los efectos negativos que en el desarrollo de las niñas y niños tiene
la separación de sus padres y la institucionalización prolongada, cuando
existe apego a las leyes, reglamentos y protocolos,29 cuando el depósito
judicial de niñas y niños se utiliza como excepción y tomando en cuenta el
28 Artículo 14 de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.
29 En este sentido festejamos la elaboración por la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación del Protocolo de actuación para quienes
imparten justicia en casos que afecten a niñas, niños y adolescentes (2012); lo mismo que los Sistemas de Justicia Oral que operan en varios estados de
la República, resolviendo con celeridad los asuntos de niñas, niños y adolescentes privados de cuidados parentales.
32 PROCURADURÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL ESTADO DE GUANAJUATO

principio de mínima separación de su padre y de su madre (Suprema Corte de


la Nación, 2013), pero sobre todo, cuando nos convencemos de que tener una
vida llena de amor, felicidad y comprensión es su derecho, y hacerlo realidad,
nuestra obligación. Tal cosa suele ocurrirle principalmente a las personas que
tienen la convicción de que “el futuro de nuestros niños y el futuro de nuestro
mundo son una sola cosa” (Kempe & Kempe, 1998).

V. Reflexión final: sin familia y comunidad


no hay humanidad
Para un año, plantad cereales.
Para una década, plantad árboles.
Para una vida formad y educad a la gente.
Comisión de las Comunidades Europeas

La formación y educación de los seres humanos es un proceso donde la


presencia de vínculos humanos seguros, constantes y disponibles es condi-
ción necesaria. Si en nuestra sociedad existen altos niveles de destructividad
humana son, en gran parte, porque estamos violentando a las niñas y a
los niños. No debemos olvidar que los criminales de hoy son los niños
que ayer tuvieron un arranque de vida caracterizado por la violencia, el
descuido, el abandono. Fueron niños carentes de vínculos humanos que
los humanizaran.

Los procesos de institucionalización


afectan los procesos de construcción Sin familia y
identitaria (Di Iorio & Seidmann, 2012).
El neurólogo, psiquiatra y fundador comunidad
de la etología humana, Boris Cyrulnik
(2005), nos recuerda que así como un no hay humanidad,
mono no puede llegar a serlo sin la
presencia de otro mono, un hombre no hay civilización,
(o una mujer) sin alteridad humana
no puede desarrollar sus promesas no hay vida
genéticas, no se puede humanizar.

Al nacimiento biológico le sigue el nacimiento humano. El primero ocurre


en el perímetro de la progenitora, el segundo en la familia y en la comunidad.
Por eso la convivencia en estos ámbitos es uno de los derechos fundamentales
de niñas y niños. Porque sin familia y comunidad no hay humanidad, no hay
civilización, no hay vida.
ENCERRAD@S . VIOLACIÓN AL DERECHO A LA CONVIVENCIA FAMILIAR Y COMUNITARIA Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN 33

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